Capítulo 23

"Así que, díganme. ¿Cómo fue para ustedes volver a trabajar juntos?"

Era el último compromiso que tenían en la isla antes del receso de Navidad. Entrevistas en el set, que luego se utilizarían para promocionar la película en diferentes medios. Ross y Demelza estaban sentado uno junto al otro en el deck de la terraza del hotel que los había recibido durante un mes. Frente a ellos, una docena de miembros del equipo entre camarografos, maquilladoras y técnicos de iluminación y de sonido. Desde su punto de vista los focos de las luces la encandilaban, pero detrás de ellos el atardecer del mar pintaba un paisaje perfecto como una pequeña muestra del hermoso lugar donde se situaba la historia. Jenny, Rhys, el productor Paul y otros miembros del cast ya habían pasado por esas sillas, ellos eran los últimos. El periodista que los entrevistaba había venido especialmente a la Isla para hacerlo. Había sido contratado por el estudio, así que se suponía que las preguntas serían profesionales y acerca de la película, pero apenas lo vio, Demelza había detectado un particular brillo en sus ojos. La codicia. Después de todo era un periodista, y tenía en frente a los protagonistas de unos de los rumores más comentados en las últimas semanas.

"Fue… bueno, creo que fue bastante sencillo. Siempre estuvimos cómodos trabajando juntos…" – comenzó Ross al ver que Demelza no respondía. – "… como volver a andar en bicicleta, nunca te olvidas."

El periodista la miró a Demelza esperando su respuesta.

"Eh, sí. Aunque fue algo extraño al principio. Hacía años que no nos veíamos. Creo que además de reencontrarnos, tuvimos volver a conocernos también. Somos personas muy distintas a lo que éramos años atrás. Pero luego, sí. Luego fue sencillo."

"De seguro este lugar paradisíaco y tan romántico ayudó." – comentó el periodista, y está vez Demelza tomó la palabra de inmediato.

"Es un lugar hermoso, sí. Y todos han sido muy cordiales con nosotros. Nos han hecho sentir como en casa. Pero al final del día tampoco deja de ser un lugar de trabajo. Las horas son largas, y fueron raros los momentos que tuvimos para disfrutarlo de verdad." – Ross permaneció con una sonrisa educada en su rostro, intentando ocultar que no estaba pensando en esos raros momentos que habían disfrutado juntos. Porque sí los había disfrutado, y los extrañaba un poco. O un poco mucho.

Las cosas con Demelza se habían enfriado desde que recibió la noticia de que Elizabeth estaba enferma. No que ella se hubiera enojado ni nada por el estilo, o eso quería creer. Esa noche que fue a su habitación lo había escuchado atentamente e intentado tranquilizar. Y en el día que siguió, mientras él intentaba llamarla y conseguir más información, Demelza siempre preguntaba como estaba su ex esposa. Incluso había estado allí cuando él habló con Valentine, y un momento antes de empezar la entrevista se sintió aliviada cuando le contó que su hijo había hablado finalmente con su madre.

"¿Y tú hablaste con ella también?"

"Brevemente. Todavía se está recuperando. Ella no sabe que es lo que fue o cuando, pero los médicos le dijeron que lo más probable es que algún insecto la haya picado y eso le ocasionó fiebre, lo que derivó en otros problemas."

"¿Estás seguro que está bien atendida? ¿No quieres que hable con alguien…? – ofreció.

"No, te lo agradezco. George se está encargando de todo. Y busqué la clínica privada adonde está en Internet, parece muy moderna. Está bien cuidada allí, ahora solo le queda que le den el alta para poder viajar."

"Me alegra saberlo. Tú estarás más tranquilo ahora."

Bueno, sí, estaba más tranquilo. Pero la forma en que Demelza dijo esa última oración le llamó la atención. No creía haber estado particularmente nervioso, quizás distraído. Pero era perfectamente normal, preocuparse por la madre de su hijo, eso es. De todas formas, tenía otras cosas de que preocuparse también. Val, en primer lugar, y su trabajo como director y todo lo que ello implicaba.

"Y de seguro mas ahora para ti, Ross, ¿Cómo fue que terminaste siendo el director?" – eso lo volvió al presente.

"Uhmmm… no estoy muy seguro en realidad. Creo que fue… no sé, ¿coincidencia?"

"El destino." – murmuró a su lado Demelza.

"Bueno, algo así. Malcolm no pudo seguir, y sucedió que yo estaba aquí. Creo que no tuvieron muchas alternativas."

"Pero este es tu primer trabajo como director…"

"No exactamente o, bueno, sí en una película, pero ya había dirigido algunos cortos cuando era más joven y un episodio de 'Detrás de la Colina'…"

"Fue el mejor episodio." – se le escapó a Demelza, a quien el periodista volvió su mirada.

"¿Tú tuviste algo que ver con su designación?" – preguntó intentando hacer parecer la pregunta como algo inocente, pero no la engañó.

"Yo no decido ese tipo de cosas. De eso se encargan los productores y el Estudio. Pero si creo que tomaron la decisión correcta, Ross está haciendo un gran trabajo y a fin de cuentas eso es lo que importa. Tenemos una ingeniosa historia que contar, y debemos hacer justicia al hermoso libro de la Señora Martin y Ross comprende que eso es lo más importante."

"¿Y Malcolm McNeil no lo hacía?"

Conscientemente, los dos evitaron mirar al otro. En vez de eso, dirigieron sus miradas al productor que estaba detrás de cámara escuchando la entrevista.

"Siguiente pregunta." – se lo escuchó decir, y el periodista tuvo la decencia de moverse incómodo en su silla.

"Sí, ehrm, claro." – Titubeó, arrastrando el dedo por la tablet que tenía en la mano donde estaban anotadas las preguntas. – "Además de una locación fantástica, también tienes un grupo talentosísimo de actores para dirigir, Ross. Empezando aquí por la hermosa Demelza Carne."

Por fortuna solo quedaba una sola pregunta incómoda, además de las típicas sobre el elenco, la historia, y como creían que el público iba a reaccionar a la adaptación de tan querido libro. Pero para esa estaban preparados.

"Es parte de la naturaleza de toda pareja. Lo que creo que hace la historia más real y por eso la gente se siente identificada y no queríamos huir de eso. Las escenas están en el libro, son una parte importante. Son divertidas y sexys y eso es lo que queremos lograr."

"Pero serán muy cuidadas, por supuesto." – agregó Ross.

"¿Eso quiere decir que no veremos desnudos?"

"Eso quiere decir que tendrán que esperar para ver."

"¿No te sentiste incomoda en esas escenas, Demelza?"

"Realmente, no. Tenemos una excelente coordinadora de escenas íntimas, Kitty Despard. Ya he trabajo con ella antes. Y todo tiene que ver con la confianza que tienes en tu compañero y, como ya lo mencionaste antes, Ross y yo hemos trabajado juntos durante varios años, así que esa confianza ya existía."

"Bueno, estoy ansioso por ver la película entonces."

Fue un extraño lugar adonde terminar la entrevista, hablando de las escenas de sexo. Lo fue para Ross también, de acuerdo la mirada que dirigió en su dirección mientras un asistente desconectaba los micrófonos sujetos a sus ropas.

"Tenemos que ser cuidadosos con eso, o de otra forma la publicidad de esta película se va a concentrar solo en esas dos escenas." – murmuró para que solo ella lo escuchara. – "Podríamos quitarlas del todo, si no son necesarias."

"Son importantes, lo eran en el libro. Pero tú eres el director, tienes la última palabra."

"Ya veré en la sala de edición. Seré cuidadoso con eso, no te preocupes."

Demelza sonrió con dulzura mientras se sujetaba el cabello.

"Sé que lo serás, y que harás lo mejor para la película."

Ross siguió tras ella mientras Demelza saludaba uno por uno a los miembros del equipo que se habían quedado hasta el último día. Solo un pequeño grupo volvería luego del descanso por las fiestas a terminar las escenas que faltaban. Él ya había dado su discurso de despedida y agradecimiento cuando aún estaban todos.

"Será extraño pasar de este clima a la fría y gris Inglaterra." – comentó ella mientras caminaban hacia el hotel. Últimamente sus conversaciones, aunque amigables, eran sobre cosas triviales. Tal vez sobre los niños, o sobre su preocupación por Elizabeth, mayormente sobre la película. La notaba algo distante, si eso quiere decir que no habían vuelto a estar juntos. Esa noche que ella fue a su habitación, su preocupación por la madre de su hijo había cancelado cualquier otra idea y después, tal vez tenía razón, tal vez había estado demasiado preocupado. No que la atracción que sentía por ella hubiera desaparecido, pero al fin y al cabo habían decidido mantener su relación profesional y así lo habían hecho. Era lo mejor. Si, era lo mejor, se dijo a sí mismo una vez más. Después de todo no tenía ninguna expectativa sobre algo más. Nunca la había tenido, ellos eran de mundos distintos. Simplemente coincidieron en un proyecto que tarde o temprano tenía que terminar.

Demelza miró sobre su hombro cuando no le contestó.

"Erhmm… será un verdadero cambio, no hay duda. ¿Irán a Inglaterra? ¿No volverás a tu casa?" – preguntó, dándose cuenta que no le había preguntado cuales eran sus planes para cuando terminaran de filmar.

"Iremos a Cornwall a pasar las fiestas con mi familia."

"Oh, por supuesto... ¿Con tu padre también?"

Ella levantó la vista. Recordó haberle contado a Ross de su complicada relación con su padre alguna vez.

"Sí. Se ha comportado mejor últimamente. Parece que al fin pareció entender que puedo ganarme la vida con esta profesión." – Ross emitió una risita, incrédulo de que alguien pudiera dudar de lo buena actriz que era. – "Y los arreglos que he hecho en su casa ayudaron a aplacarlo también. Además, adora a Jeremy. Y Jer adora a su abuelo también. Es bueno que tenga una figura paterna. Y están mis hermanos también, claro."

Ross frunció las cejas, pero no dijo nada. Recordaba lo que Demelza le había contado de su padre, no había sido una muy buena figura paterna con ella.

"¿Y ustedes? ¿Adonde van a pasar Navidad?"

"Uhmmm... en mi casa." - No había tenido mucho tiempo para pensar en que haría en Noche Buena ni Navidad. Todavía no sabía si Elizabeth volvería para Año Nuevo. Definitivamente serían unas fiestas distintas con Valentine en su casa. Desde que había nacido, solo en sus primeras dos años había pasado ambos días con él, cuando aun estaba casado con Elizabeth. Todos los años que siguieron fueron una constante pelea porque Elizabeth quería pasar las fiestas en casa de sus padres y llevarse a su hijo con ella. Ahora lo tendría consigo en Noche Buena y Navidad también, y algunos días más. Lo esperaba con ansias. Sería muy distintos a sus últimas Navidades.

"A tu mamá le encantará compartir la Navidad con su nieto."

Ni siquiera había pensado en ello.

"Supongo que sí. Será muy diferente que pasarla con su solitario y melancólico hijo."

"De seguro ella no lo ve así. Seguro atesora cada momento que pasa contigo."

"Cuando puede recordarlo..." - Demelza se detuvo y se dio la vuelta para mirarlo de frente. La terraza del hotel estaba prácticamente vacía, lo que era extraño. Solo los empleados del hotel iban apresurados de aquí para allá sin prestares atención. La mayoría del equipo ya se había ido, ellos lo harían pronto y esperaban un numeroso grupo de visitantes que llegarían pronto a la isla a pasar las fiestas en la playa. - "Lo siento, no quise..."

"¿Por qué lo sientes? No has dicho nada malo."

"No, solo que... no lo sé. No por eso, quería agradecerte por, bueno, por todo. Eres tan buena actriz, haces el trabajo de todos más fácil..."

"Ya dijiste eso, el otro día frente a todo el equipo."

"Lo sé, bueno, es la verdad. Pero es más que eso, lo sabes. Sin ti, yo no habría..."

"Ya hablamos de esto, Ross. No tienes nada que agradecer, te lo mereces. Lo estás haciendo muy bien. Espero con ansias ver tu película."

Ross soltó una risotada que nació desde el fondo de su pecho. Su película. Todavía no podía creerlo. Y más allá de lo que dijera, todo había sido gracias a Demelza.

"Lo que quería decir es que lo siento si es que se volvió raro entre nosotros."

"¿Qué parte exactamente?" - preguntó frunciendo las cejas. - "¿La parte en que dormimos juntos?" – agregó bajando la voz.

"No, no eso. Me refería a estos últimos días."

"Oh..." - Demelza pareció sorprendida. - "Pensé que estábamos siendo profesionales, como dijimos que haríamos."

"Sí, pero..."

"Ross, de verdad. No tienes nada porque disculparte. Somos amigos, ¿no es así? Has estado con mucho trabajo y con otras preocupaciones. No hay nada 'raro' entre nosotros..."

"Oh, disculpen." - los dos pegaron un brinco al oír la voz de Rosina, ninguno la había oído acercarse. - "Demelza, el avión ya está aquí. El piloto dice que deberíamos salir cuanto antes, hay mal pronóstico para Londres en las próximas horas."

"Judas. Uhmm... sí. Saldremos enseguida. Bueno... supongo que nos veremos cuando volvamos. Que pases una Feliz Navidad, Ross."

Ross titubeó un segundo, pero luego envolvió sus brazos alrededor de su espalda cuando ella lo abrazó. - "Nos vemos el próximo año." - dijo luego de que ella plantara un beso en su mejilla.

"Ustedes no son nada más que raros." - susurró Rosina cuando se le unió para regresar por última vez a la cabaña. Pero entonces, sin pensarlo, se volvió de nuevo. Ross no se había movido, las veía partir.

"¿A qué hora sale tu avión?"

"Uhmmm, tenemos que ir al continente. Creo que sale mañana a primera hora."

"Pero, apenas si llegarán para la tarde de Noche Buena."

"No te ofendas, pero no todos tenemos un jet privado a nuestra disposición."

"¿Quieren volver con nosotros? Hay lugar en el avión para dos personas más. Así evitarán la tormenta al llegar."

"Pensé que ibas a Cornwall."

"Tenemos que hacer una parada en Londres para dejar a Rosina, mi hermano la está esperando en la ciudad."

"Oh." - Pues la idea de evitar el viaje en barco y la espera en el aeropuerto era muy tentadora. Además de las horas extras que tendría para pasar con Demelza, claro. - "Sería genial, si no causamos ningún inconveniente."

"Ninguno. A los niños les encantará la idea. Deberías ir a empacar, no vamos apenas estemos listos."