Capítulo 24

"Judas." – murmuró por lo bajo.

Demelza se hundió en su asiento con el cinturón de seguridad bien apretado, los nudillos blancos sujetando con fuerza los apoya brazos, con los ojos bien cerrados. Iba a descomponerse, estaba segura.

De fondo escuchaba voces. Rosina que decía: "Ya sabes lo que tienes que hacer." Su niño que contestaba: "Sentarme quietito y no molestar a mamá." Ella quería decirle que no la molestaba, jamás la molestaba, pero estaba petrificada en su asiento.

"¿Qué le pasa a Demelza?" – preguntó otra voz.

"No le gusta volar." – respondió Jeremy. – "Pero a mi sí me gusta. No me da miedo. ¿A ti te gusta volar, Val?" – intentó enfocarse en las voces, pero no llegó a escuchar la respuesta del otro niño.

El avión se sacudió de nuevo y ella se sujetó con más fuerza.

"Hey." – una voz susurró cerca de ella a su vez que sintió posar su mano sobre la suya. Había sido una estúpida idea invitar a los Poldark a que viajaran con ellos. Invitar a Ross a que la vea así. – "Demelza, ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?"

Ross se sentó en el asiento junto a ella. El pequeño Jet tenía doce lugares, más que suficientes para todos ellos. Valentine no pudo contener una exclamación de asombro al subir. Jeremy había decretado que se sentarían uno junto al otro. Demelza se había quedado dormida apenas despegaron, Ross no vio la pastilla tranquilizante que tomó con un vaso de agua apenas abordar. Ya habían hecho buena parte del viaje y ahora que se acercaban a Inglaterra y a la tormenta una turbulencia la había despertado.

Demelza apenas asintió sin abrir los ojos.

"¿Tienes miedo a volar? Te descompusiste aquella vez que fuimos a América, ahora que lo recuerdo." - Tenía pánico, más bien. – "Pero tú debes viajar todo el tiempo." – dijo.

"Pues lo odio." – balbuceo ella entre dientes. – "Judas. Pensé que llegaríamos antes de la tormenta." – Demelza volvió a cerrar sus puños con fuerza en los apoyabrazos. El avión había dado otro salto, como un autobús con mala suspensión yendo por una calle en mal estado.

"Son solo unas nubes. Todo está bien, lo prometo. ¿Puedo hacer algo para ayudar?" – preguntó cerca de su oído. Ella negó con la cabeza, pero su voz tranquilizadora la distrajo por un momento y Demelza intentó relajar los tensos músculos de su espalda en el mullido respaldo de su asiento. – "¿Puedes abrir tus ojos?"

"Solo – solo cuida de los niños."

"Los niños están bien. Se están divirtiendo, en realidad. No hay ningún peligro, de verdad. Solo un avión algo pequeño entre las nubes, todo perfectamente normal… ¿Siempre has tenido miedo a volar? ¿Es la altura?"

"… no sé qué es. Odio estos aviones pequeños, se mueven demasiado."

"Pues deberías dejar de viajar en ellos y volar en primera clase en aviones comerciales. ¿Aún no puedes abrir tus ojos?"

"No." – Demelza volvió a sentir su mano sobre la suya, sus dedos intentando soltar su agarre.

"Aprieta mi mano."

"Estaré bien, Ross. Solo…" – pero él la interrumpió y ella apretó su mano y él la suya.

"¿No hay nada que te haga sentir mejor? ¿Has probado alguna técnica? Podríamos hablar de la película, ¿de los niños? Supongo que podemos poner alguna serie en esa pantalla de allí, aunque será difícil si no abres los ojos. ¿Qué tal algo música?"

"Hugh solía cantarle cuando viajaban, eso parecía funcionar." – dijo Rosina, que apareció tras ellos en el pasillo y dirigió sus grandes ojos claros a sus manos que estaban unidas. – "¿Quieres un vaso de agua, Demelza? ¿Quieres tomar otro pedacito de la pastilla?"

"¿Cuánto falta para llegar?"

"Algo más de una hora."

"Judas. No, estaré bien. Cuida a Jeremy."

Rosina volvió al fondo a sentarse frente a los niños.

"Jeremy está bien. ¿Qué… que canciones te cantaba tu marido?"

"Las suyas."

Las mías, una voz dijo en su mente.

Le tomó un momento a Ross acordarse de alguna de las canciones de Hugh Armitage, al menos de alguna de la que supiera más que el estribillo. Pero luego de unos minutos de silencio, volvió a acercar su rostro a su oído y comenzó a tararear una de las canciones más conocidas del grupo de Armitage.

Demelza giro su rostro de inmediato en su dirección. – "Ross, no…" – pero no podía hacer mucho para detenerlo, no al menos que abriera los ojos y se soltara del asiento, así que él continuó algo más fuerte.

La canción hablaba de fuego, de un fuego que quema con su ternura. Sólo entonces se dio cuenta que hablaba de ella. La describía de una manera perfecta sin siquiera mencionar que hablaba de una mujer. Fue la canción, o tal vez la sorpresa de Ross cantándole superaba su ansiedad, pero Demelza se relajó. Se concentró en su voz y dejó de prestar atención al ligero balanceo de la nave. Era grave, casi rasposa como su barba corta contra la piel de su mejilla. Y la hacía sentir de la misma manera que una de sus caricia.

Demelza abrió la palma de la mano que él sostenía, pero Ross no quitó la suya. Ya no era un apretón, más bien un ligero roce, tan íntimo como un beso. Sonrió cuando se equivocó en algunas de las palabras de la canción, pero solo era que ella las conocía tan bien. Despegó sus párpados cuando sintió el peso de Jeremy queriendo subirse a sus rodillas.

"¡Estás cantando una canción de papá!" – exclamó, mientras ella lo ayudaba a subirse y lo apretaba contra su pecho. Solo entonces lo miró.

"Sí, a tu mami le gustan."

"A mi me gustan también. ¿Puedo cantar yo también? ¡La de las frutillas!"

No verbalizo el "Gracias", pero Ross lo entendió de igual forma en la manera que lo miraba. Cantaron varias canciones más, cada uno con su hijo sentado en su regazo. Demelza tenía una hermosa voz que sonó más fuerte cuando se aproximaban a Heathrow y el avión comenzó a moverse de verdad mientras descendía entre las nubes de la tormenta. Había cerrado los ojos otra vez, pero volvió a abrirlos cuando él rozó sus dedos de nuevo.

"¡Judas! No hay manera que vuelva a subir en este avión." – exclamó al tocar tierra, cuando comenzaban a carretear hacia el aeropuerto mientras que fuera de la ventanilla la lluvia era tan densa que no se podía ver nada . – "Iremos en tren. Rosina, saca dos boletos por favor."

Rosina se puso de inmediato a buscar pasajes con su teléfono. Era la madrugada de Noche Buena.

"Me temo que son malas noticias, Señora Carne." – dijo el capitán una vez que frenaron sobre la pista y salió a la cabina. – "No podemos continuar hacia Cornwall, han cerrado el aeropuerto por la tormenta."

"Oh, no se preocupe. Viajaremos en tren." – respondió ella.

"Si, sobre eso. No se porqué no me deja sacar los tickets, la página no funciona…" – dijo Rosina sin despegar la mirada de la pantalla del teléfono.

"Creo que hay demoras en el transporte terrestre también. Cayó un rayo en una torre e interrumpió el servicio eléctrico del ferrocarril. Puedo averiguarlo, deme un momento."

Demelza intentó entrar a la página de Great Northern Rail pero sin éxito. El capitán regresó unos minutos después a confirmar la noticia.

"Bueno, iremos en auto entonces."

"Realmente no se lo recomiendo, Señorita Carne. Se esperan tormentas severas para las próximas horas, especialmente al sur del país."

"Pero es Navidad…"

"Deberán venir con nosotros." – dijo Rosina.

"Los autos ya está aquí, Señorita Carne."

"Sí, gracias." – respondió con amabilidad al piloto y se volvió hacia su cuñada de nuevo. – "No, Sam me matará. Viene planeando una navidad solo contigo desde hace meses. Me lo pidió especialmente, que te trajera aquí. De hecho…"

De hecho Sam estaba esperándola en uno de los autos y corrió escaleras arriba en medio de la lluvia cuando vio que se demoraban tanto.

"¡Tío Sam!" – exclamó Jeremy cuando el joven se asomó por la puerta.

"¡Jer!" – el niño corrió a sus brazos y su tío lo levantó en el aire. – "¡Mira lo grande que estás! ¿Acaso ya tienes 30 años?"

"¡No!" – respondió el niño riendo con deleite.

"¿Cómo estuvo la playa? Apuesto a que el clima era mucho mejor que aquí." – preguntó, bajándolo de vuelta al piso alfombrado del avión. Jeremy lo tomó de la mano y lo guio dentro de la cabina.

"Tengo un nuevo mejor amigo, tío Sam. Ven, te lo presentaré, se llama Valentine."

"Oh, eso es genial."

Pero Sam se detuvo al inicio del pasillo al ver a su hermana, su novia y, principalmente, al verlo a Ross Poldark.

"¡Sam!" – Rosina fue a su encuentro, ambos Ross y Demelza, apartaron la vista un momento para darles privacidad, lo que era difícil en un lugar tan pequeño y terminaron por cruzar miradas sonriendo apenados.

Luego de saludar a su hermana, estrechar la mano de Ross y de que Jeremy le presentara a su nuevo mejor amigo, Rosina le contó lo que sucedía e insistió en que Demelza tenía que pasar la Navidad con ellos.

"No. Rosina, no te preocupes, iremos a Cornwall en auto. Y si no, pasaremos Navidad en un hotel, nos divertiremos." – insistió ella, y por la cara de su hermano vio que era exactamente lo que él quería también. Tenía algo planeado, no lo podía ocultar.

"Es peligroso viajar con este mal tiempo, y no pueden pasar Navidad solos. Sam, dile."

Sam miró a su novia y vaciló por un instante.

"Erhmmm…"

"¿Porqué no vienen a pasar navidad con nosotros?" – ofreció Val y todos se giraron hacia los niños, que habían estado escuchando todo.

"¡Si!" – exclamó Jeremy.

"No… deben venir con nosotros."

"Papá…" – Valentine tironeo de la manga de su padre.

"No, Sam…"

"Demelza… pueden venir a mi casa. No es nada elegante pero…" – comenzó a decir Ross, sin poder creer que estuviera invitando a Demelza Carne a pasar Noche Buena en su pequeño hogar.

"¡Sí, mamá! ¡Sí, iremos contigo, Ross!" – Jeremy exclamó saltando de un lado a otro, con Valentine aplaudiendo junto a él.

"No, Jer. No podemos. Ross… gracias por la invitación, pero no podemos imponerte esto." – era muy consciente de que había sido Valentine quien tuvo la idea. – "De seguro tenías otros planes."

"No es ninguna imposición. Y no he tenido tiempo de planear nada. Sólo seremos Val, mi madre y yo, nada lujoso. Pero tal vez quieras ir a un hotel cinco estrellas…" – Demelza clavó sus ojos verdes en los suyos, pero él no creía haber dicho nada fuera de lugar. Después de todo aún estaban en su Jet privado, su pequeña casa parecía muy humilde para que una actriz de Hollywood pasara Navidad.

"Sí, podemos mamá. ¿Verdad que sí?"

"Uhmmm…"

"Son mas que bienvenidos." – agregó Ross, más cordial esta vez.

"¿De verdad no seremos una molestia?"

"Ninguna. Será un placer para nosotros… los niños se divertirán."

"Bueno, creo que en ese caso…"

Entonces estuvo decidido.

Lo que les impacto más no fue la cantidad de agua que caía si no la pared de frío que heló sus mejillas apenas se asomaron por la escotilla del avión. Tuvieron que retroceder para abrigar más a los niños, encimándoles ropa ya que todo lo que había en las maletas eran prendas de verano. Sam cubrió a Demelza que bajo con Jeremy en brazos con un paraguas, y el piloto hizo lo mismo con Ross y Valentine.

Cuando estuvieron en el auto los niños no dejaban de gritar y reír excitados por el hecho de que pasarían Navidad juntos.

"Nos iremos apenas pase la tormenta." – Ella dijo mientras los pilotos cargaban el equipaje.

"Pueden quedarse todo el tiempo que quieran, aunque no tengas muchas expectativas con las instalaciones."- Bromeó. Ella sonrió, recordando viejas conversaciones que solía tener con Ross cuando él se quedaba en su casa o ella en la de él.

"De seguro estará bien."

"Ha estado vacía durante un mes, puede haber pasado de todo. Es una construcción de los 60, la mitad de una casa."

"Suena encantador. ¿De verdad no seremos una molestia? Aun podemos ir a un hotel…"

"¿Y tú le dirás eso a Jeremy? No es ninguna molestia, de verdad. No podemos dejar que una tormenta arruine la Navidad."

Y era toda una tormenta. Se detuvieron por un momento en migraciones, un edificio a la salida del aeropuerto especial para los aviones privados, no hizo falta hacer largas filas ni esperar demasiado. Sellaron sus pasaportes y estuvieron rumbo a la ciudad en un abrir y cerrar de ojos. Estaba amaneciendo, o eso suponían, ya que el cielo estaba cubierto por densas y pesadas nubes que no dejaban pasar la luz del sol. Los niños, excitados al principio, se sentaron en sus regazos algo asustados y comenzando a ser vencidos por el sueño pues no habían dormido en todo el viaje.

"Ya estamos cerca." – dijo él al rato de que se hubieran adentrado en la ciudad. Era un bonito barrio de casas de no más de dos pisos, una junto a la otra con pequeños parquecitos cada algunas cuadras. Nada deprimente como él lo había descripto.

El auto se detuvo lo más cerca que pudo de la entrada. La fachada que Ross señaló era igual de pintoresca que todas las demás. Angosta, sí, pero eso no le quitaba el encanto.

"Iré a abrir y vuelvo a ayudarte con Jeremy."

"Está bien, yo puedo con él."

El chófer acompañó a Ross hasta la puerta, cubriéndolos con un paragua, tal como había sucedido en el aeropuerto. Por suerte el trayecto era corto, pues ni el paraguas los podía proteger del aguacero que caía en la ciudad. Dentro de su casa parecía hacer aún más frío que afuera. Luego de dejar a Valentine dormido en el sillón, encendió la calefacción rápidamente y volvió a la puerta. El chófer ya había vuelto a ayudar a Demelza, que se había puesto una gorra para cubrir su cabello y anteojos oscuros, aunque aún parecía de noche. Ross los encontró a medio camino y tomó a Jeremy de sus brazos. El niño ya estaba muy grande para que ella lo cargara, y era robusto, más pesado de lo que parecía, más cuando estaba durmiendo.

Ross colocó a Jer en la otra punta del sillón. Tenía que arreglar la cama de Valentine antes de ponerlos a dormir allí. Les pondría la estufa eléctrica que estaba en su habitación, pues recordó que se le había roto la calefacción del aire acondicionado.

"Buscaré el equipaje, Señorita Carne."

"Sí, gracias."

Demelza se había quitado las gafas y el gorro, era una costumbre cada vez que salía a la calle y no quería que la reconocieran. Lo vio a Ross moverse de aquí para allá encendiendo luces, quitando cosas del camino, llevándose ropa que estaba en el living hacia otra habitación. Hacía su izquierda había una angosta escalera, Demelza espió hacia arriba pero estaba muy oscuro para ver algo. El living adonde daba la entrada tenía pocos muebles, una biblioteca que ocupaba toda una pared estaba llena de libros, revistas y cds, parecido al que tenía en su departamento de soltero. Había un sillón de dos cuerpos donde los niños dormían y otro más pequeño, una mesa ratona, la TV colgada de la pared y no mucho más.

Ross levantó una remera y un short que habían quedado sobre el sillón y el plato de Garrick que estaba en medio del camino y fue a dejarlos al lavadero. Cuando regresó al living Demelza aún estaba junto a la puerta inspeccionando el lugar. De seguro no se imaginaba pasar Noche Buena en un lugar como ese.

"Bienvenida… ¿segura que no quieres ir a un hotel?" – preguntó en broma.

"Solo si tú no nos quieres aquí…"

"Aquí están las últimas valijas, Señorita Carne. ¿Puedo ayudarla en algo más?"

Demelza lo miró a Ross. Si no la quería allí, ese era el momento para decirlo.

"Creo que eso es todo." – respondió él.

"Le dejaré mi teléfono por si necesita salir o desea que le traiga algo. Seguramente recién llegan y no tienen nada de mercadería, puedo ir a buscar algo ahora si quieren."

"Que amable."

"Yo pensaba salir en un momento, gracias pero no creo que sea necesario."

"Lo llamaré si necesitamos algo. Si no, que pase una Feliz Navidad."

"Igualmente para usted Señorita Carne, Señor Poldark." – Ross acompañó al chófer a la puerta y la cerró tras él dejando fuera el aullido de la lluvia torrencial que había empeorado en los últimos minutos.

"Bueno, ahora sí está atascado con nosotros, señor Poldark." – Demelza dijo cuando Ross se volvió hacia ella.

"¿Segura que no es al revés?" – respondió él, y los dos se miraron con una tímida sonrisa. ¿Quién lo hubiera pensado? El día anterior estaban listos para despedirse por algunas semanas y ahora estaban encerrados en esa pequeña casita solos. – "Ya encendí la estufa en la habitación de Val, iré a tender la cama para acostarlos allí."

"Oh, sí. ¿Hay algo en lo que pueda ayudar?"

"Solo será un momento. Si quieres puedes poner agua para el té, la cocina está allí, es la primera puerta a la derecha."

Ross subió por las escaleras y Demelza se quedó sola otravez. Curiosa, se dirigió hacia donde Ross le había indicado dejando a los niños durmiendo en el sillón. Desde la sala, detrás de la escalera, continuaba un corto pasillo con una puerta hacia la derecha y otra más a la izquierda. La primera era la cocina. Demelza encendió la luz, y espió hacia dentro, pero no entró. Primero dio unos pasos más por el pasillo que desembocaba en un comedor del ancho del living pero angosto también. Había un escritorio con una computadora en un hueco hacia la izquierda y todo daba hacia unos grandes ventanales con vista a un patio verde con plantas que ahora estaba siendo ahogado por la lluvia, pero no por ello dejaba de ser muy pintoresco.

"¿De seguro no prefieres ir a un hotel?" – Ross preguntó a su espalda un momento después.

"Solo si somos una molestia para ti." – repitió.

"Ya te he dicho que no."

"¿Este patio es tuyo?"

Ross se acercó y abrió unas cortinas que ocultaban la puerta que daba al jardín trasero. El ruido de la lluvia volvió a invadir el lugar. Demelza se asomó por la puerta, con Ross detrás de ella pensando que apenas el césped se secara debería cortarlo. Unos escalones de madera bajaban al jardín.

"Es… encantador." – Ross no pudo evitar sonreír ante su tono de ensoñación.

"De seguro no puedes estar impresionada por esto. Debes haber visto jardines mucho más impresionantes."

Era extraño, sí, había visto muchos otros jardines antes. El suyo propio tenía un jardinero que se encargaba de cuidarlo todas las semanas. Y era muy consciente de que el que tenía frente a ella no era nada del otro mundo, tan solo un patio común, como los muchos otros que había detrás de todas esas casas. Sin embargo, algo en el le resultaba fascinante. Como si le trajera recuerdos, aunque no estaba segura de qué. Ganas de pasar el día entero en él plantando nuevas flores, cuidando de él…

"¿Tienes un perro?" – preguntó cuando noto la casita al fondo del terreno.

"Sí. Debo ir a buscarlo también. Dwight lo dejo en una guardería cuando se fue a América."

Allí estaban, apoyados en el marco de la puerta con el cielo cayendo a unos pasos de ellos.

"¿Qué?" – Ross preguntó cuando ella sonrió al mirarlo.

"Nada. Creo que siempre subestimas lo que tienes. Tu talento, tu capacidad de liderar. Y ahora esto. Tienes un hermoso hijo, y un hogar encantador…"

"No es nada lujoso…"

"No todo el mundo necesita lujos para ser feliz. Tú nunca los necesitaste. Tienes más tesoros aquí de los que el dinero puede comprar."

Ross se la quedó mirando durante un largo rato. Incluso cuando ella se volvió a mirar su jardín que tanto parecía gustarle por algún motivo que no llegaba a comprender. Su perfil sereno y sus largas pestañas apenas moviéndose, su pecho subiendo y bajando con calma. Y él también lo sintió. Sintió lo afortunado que era.