Capítulo 25

Un escalofrío hizo tiritar a Demelza al salir al frío de la habitación principal. El contraste era muy notorio, el baño había sido caliente y exquisito. Había abierto su maleta sobre la cama y la había revuelto en búsqueda de su shampoo floral favorito que siempre llevaba con ella. Ahora el aire helado que se colaba por alguna grieta en la ventana rozaba su piel solo envuelta por una toalla. Aún llovía con fuerza, no parecía que fuera a parar en todo el día.

Demelza se acercó a la puerta entreabierta e intentó escuchar en dirección a la habitación de Valentine que estaba justo al lado. Al parecer los niños todavía dormían pues solo se escuchaba el golpeteo del agua sobre su cabeza. Debería abrigarse. Ross había salido a buscar a su madre y en búsqueda de provisiones para las comidas de navidad. Mientras revolvía de nuevo su maleta buscando algo de abrigo, distraídamente pensó en que afortunado era de poder ir a un supermercado así como si nada. A ella, por más que se cubriera los cabellos rojos y se pusiera gafas, seguro alguien siempre la reconocía. Quería a sus fans, pero le gustaría poder salir y hacer cosas normales sin que la gente la mirara de reojo o le sacaran fotos mal disimuladas con sus celulares. Había muchas de esas en Internet.

Ni siquiera tenía medias gruesas.

Solo encontró un jean y una remera. Judas. De verdad no quería revisar el ropero y los cajones de Ross, pero necesitaba algo de abrigo. Luego de sujetarse el pelo húmedo sobre la cabeza y de contemplar de pie con las manos en la cintura en medio de la habitación donde era más probable que Ross guardara sus pulóveres, abrió un cajón. Las medias prolijamente dobladas y ordenadas por colores la hicieron sonreír. Tomó un par. Los sweaters estaban guardados en el ropero, seguramente todos le quedarían grandes, así que escogió uno azul de algodón deportivo, con capucha y bolsillos, se sintió reconfortada tan solo al ponérselo. Era algo sobre el perfume, que ella no se puso. Le gustaba sentir su aroma.

Luego de controlar y arropar a los niños, la temperatura era cálida en su habitación pues Ross había encendido una estufa eléctrica, bajó de nuevo al living. No sabía cuánto tiempo tardaría Ross en volver, no sabía dónde quedaba el hogar donde estaba su madre y tenía que hacer las compras y con ese temporal. Le había dicho que condujera con cuidado cuando se fue, y seguramente faltaba un rato para que regresara, así que tenía que buscar algo que hacer. No tuvo pena en revolver los estantes de la cocina. No había mucho. Demelza tiró al tacho de basura algunas cosas que ya no olían bien en la heladera, lácteos y algunas frutas. Se agachó a limpiarla para eliminar cualquier resto de olor que quedara, seguramente Ross traería cosas para poner en ella. De seguro se acordaría de la leche de los niños, ojalá trajera yogur, era bueno para Jeremy y le gustaba. En una pequeña despensa encontró harina y levadura seca.

Mientras la masa leudaba volvió a mirar a los dormidos niños que se veían como un par de angelitos. Hasta donde ella sabía, Jeremy permaneció despierto durante todo el viaje y después de tantos días de sol cualquiera estaría cansado. Pero conociendo a su hijo seguramente cuando despertara tendría las mismas energías de siempre. Adoraba esta época del año, aunque en realidad sólo empezó a ser consciente de ella el año anterior. Apenas pudo comprender quiso saber todo sobre Santa Claus y se empecino en aprender de memoria los nombres de todos los renos. Y le fascinaban el árbol de navidad y todos los adornos, y los regalos, por supuesto. Y ahora todo eso estaba en Cornwall. Recién se percataba de eso.

Demelza titubeó un momento antes de llamar a Caroline. La relación con su mejor amiga y representante aún estaba tensa luego de que ella no le contara sobre su relación con Dwight. Estaba feliz por ella, por supuesto. Era el hecho de que no le hubiera contado lo que le molestaba. Ella sabía todo los detalles de su vida y su mejor amiga no le había contado que estaba enamorada de alguien. La vocecita de Jeremy cruzó por su cabeza, algo que había escuchado de algún lado y había repetido el año anterior: la Navidad es una época de perdón.

"Demelza, hola." – la voz de Caroline no se escuchaba tan cantarina como de costumbre tampoco.

"Hola."

"¿Cómo estuvo el vuelo?"

"Terrible. Bueno, no tan mal como de costumbre. Pero hay un temporal en Londres y quedamos atascados aquí."

"¿Porqué no volaron directo a Cornwall?"

"Tenía que dejar a Rosina y… Ross y Valentine venían con nosotros también."

"Oh. Que amable de tu parte llevarlos. Pero, ¿hay forma de ir a Cornwall? ¿Quieres que saque pasajes de tren o contrate un auto?"

"No, no. Los trenes no funcionan y a esta hora los caminos deben estar inundados también, no ha dejado de llover."

"¿Pasaras Navidad con Sam y Rosina entonces? ¿En qué hotel están?"

"Mmm… de hecho estoy en casa de Ross. Nos quedaremos aquí. Jeremy y Valentine se empecinaron en que querían pasar Navidad juntos." – agregó, intentando convencerse de que esto había sido idea de los niños. – "Nos iremos mañana si el clima mejora, aun podemos pasar la tarde de Navidad con mi familia."

Hubo un momento de silencio del otro lado de la línea.

"Eso es muy… amable de su parte."

"… ¿Y tú? Ross dice que Dwight viajó a Los Ángeles."

"Sí. Está… dormitando en el sillón, de hecho. Aún tiene algo de jetlag."

"Eso es… debes estar contenta. Estoy feliz por ti, Caroline."

"Demelza… siento mucho no habértelo dicho. No lo sé, creo que no estaba segura. Es… raro."

"¿Qué es raro?"

"Hay un hombre durmiendo en el sillón de mi departamento, ¿no escuchaste esa parte? Tiene olores y… necesidades. Y le gustan mucho los abrazos, y yo todavía no se lo que opino al respecto."

Demelza no pudo evitar sonreír.

"Estoy segura que estarás bien, siempre me pareció una buena persona."

"Lo es. Solo que estoy acostumbrada a que hablemos por teléfono, o a solo vernos durante unas horas. Y ahora estará aquí hasta después de año nuevo…"

"Piensas que te estás quejando, pero en realidad se te escucha feliz."

"Aun no logro descifrar como te escuchas tú. ¿Navidad con Ross Poldark? Me estoy conteniendo, lo sabes ¿verdad?"

"Pues continúa conteniéndote. Valentine ofreció y Jer dijo que sí. Creo que se vio obligado a invitarnos. Además, no quería que Jeremy pasara Navidad en un hotel. Esto no hubiera sucedido si no hubiera estado trabajando hasta último momento."

"Lo sé. Lo siento, cariño. Pero quizás es algo bueno. ¿No es así?" – el silencio que siguió a continuación fue la respuesta. - "Está bien, esta bien. Pretendamos que esto de pasar la Navidad en casa de Ross no es la gran cosa."

"No lo es. Pero en realidad…"

"¿Sí?" – Caroline preguntó intrigada.

"Bueno, llegamos tan de improvisto y solo con las maletas que llevábamos al Caribe…"

"Dime lo que necesitas y te llegará cuanto antes."


Ross estacionó lo mas cerca que pudo de su casa e intentaba proteger a su madre de la lluvia con un paraguas cuando Demelza salió por la puerta y la asistió tomándola del brazo y caminando junto a ella los últimos pasos hasta la puerta. De reojo observó que llevaba puesto uno de sus sweaters deportivos y se quedó en el umbral con el paraguas abierto mientras Demelza guiaba a su madre por el living lentamente, le quitaba el piloto mojado y la ayudaba a acomodarse en uno de los sillones.

"Dejemos esto mojado a un lado… esta agradable aquí, pero déjeme cubrir sus hombros por un momento, hasta que entre en calor." – la escuchó decir mientras cubría su espalda y sus hombros con una manta que había aparecido sobre el sofá.

"Iré a traer las cosas del auto, ¿están bien?"

Demelza se volvió hacia él con una sonrisa y asintió, su madre tenía los ojos clavados en la hermosa joven que por alguna razón estaba en su casa. Le había contado en el viaje que tendrían compañía esa Navidad, pero no sabía si lo había comprendido. Al verlo por primera vez después de varias semanas los ojos se le habían llenado de lágrimas y le había apretado fuerte la mano, pero no había hablado demasiado. No tenía un buen día.

Cuando terminó de acomodar los almohadones para que la mujer estuviera cómoda, Demelza se sentó en la mesita ratona frente a ella.

"Cuando venga Ross buscaremos unas pantuflas para que esté más cómoda. Mucho gusto, Grace. Mi nombre es Demelza." – le dijo con dulzura y tomando sus manos. La señora tenía la mirada clavada en su rostro, pero no dijo nada. Parecía estudiarla, así que Demelza se quedó allí frente a ella, devolviendo el leve apretón que sentía en sus manos. Se preguntó como habría estado todo ese tiempo sin su hijo, si estaría bien cuidada en ese hogar de ancianos. Sus ojos eran del color de las avellanas, iguales que los de Ross, pero su piel era más clara. Detrás de su piel arrugada podía ver la mujer hermosa que había sido, que aún era. Luego de un momento su rostro se iluminó y le regaló una gran sonrisa. Pero justo cuando estuvo a punto de decirle algo hubo un gran alboroto en la puerta que se abrió de par en par, y corriendo entró un animal que fue directo hacia ellas.

"¡Garrick, quieto!" – ordenó Ross que venía por detrás cargado de bolsas del mercado y con los cabellos y los hombros mojados.

El perro se detuvo y se sacudió desde la cabeza hasta la punta de la cola.

"¿Garrick? ¿Te quedaste con Garrick?" – la última vez que lo había visto era prácticamente un cachorro y no recordaba que Ross hubiera dicho que lo adoptaría. Ahora ya tenía sus propias canas, pero él pareció reconocerla también y se dejó acariciar las orejas cuando ella fue a arrodillarse junto a él.

"Nos encontramos en otro set no mucho después de Detrás de la Colina, por algún motivo no podía dejar que pasara el resto de su vida trabajando. Garrick, no." – Garrick se había parado en dos patas apoyándose en sus hombros y le lamia la mejilla, ella no podía parar de sonreír. – "Se acuerda de ti."

"Y yo de él. Garrick, sí, me acuerdo de ti." – dijo en una voz tonta.

"Me acuerdo de ti." – Grace repitió sus palabras y los dos se volvieron hacia ella. Garrick se acercó a la mujer y luego de olfatear sus manos se acomodó junto a sus pies. La mujer aún seguía mirándola, la pequeña sonrisa no se había borrado de sus labios. – "¡Eres la esposa de mi hijo!"

La frase fue seguida por un incómodo silencio. Demelza, que se había vuelto a poner de pie y estaba junto a Ross, abrió la boca para decir algo pero no estaba segura que. No quería disgustar a la anciana. Ross le había hablado lo suficiente sobre su madre como para entender que no tenía un buen día y no quería disgustarla contradiciéndola.

"N-no. No, mamá." – balbuceo Ross, dirigiéndole una mirada apenado y acercándose a su madre. La puerta aún estaba entreabierta, las bolsas con mercadería en el piso a los pies de la escalera. – "Ella es Demelza Carne. Es… una compañera de trabajo. Es una actriz muy famosa, ¿recuerdas? La has visto en películas."

Grace volvió a mirarla, así que Demelza se acercó a ellos y se detuvo junto a Ross.

"Trabajé con su hijo antes, en una serie que se llamaba Detrás de la Colina. Era su esposa en la televisión."

Demelza casi que pudo ver a través de sus ojos como sus pensamientos encastraban en su lugar.

"¡Por supuesto! Me encantaba esa serie, se veían tan felices juntos." – exclamó volviendo la mirada hacia su hijo que estaba de cuclillas frente a ella y acarició su mejilla con la palma de su mano. – "Ya estás de vuelta, hijo. ¿Cómo salió la película?" – preguntó con total lucidez. Demelza comprendió entonces un poco más de los altibajos de la enfermedad que la aquejaba y cuan difícil debía ser para Ross ver a su madre así.

"Todo salió bien. No hemos terminado aún, tengo que volver cuando comience el nuevo año." – dijo.

"Debe estar muy orgullosa de su hijo, Grace. Lo nombraron director de la película." – agregó ella. A la mujer se le volvieron a iluminar los ojos.

"¿De verdad? ¡Pero eso es maravilloso! Siempre estoy orgullosa de ti, pero me alegro mucho. Ahora no tendrás que preocuparte tanto por tu trabajo." – dijo. Ross continuaba tomando su mano con fuerza.

"No. Solo por todo lo demás." – Bromeó él y su madre exhalo y sacudió la cabeza. – "Debo ir a traer lo que falta y cerrar el auto."

Cuando Ross regresó, encontró a Demelza sentada en la mesa ratona de nuevo frente a su madre, conversando animadamente. Grace se veía lúcida y atenta, completamente distinta a como estaba mas temprano, y las dos levantaron la vista hacia él cuando se percataron de que las estaba observando.

"Parece que compraste el mercado entero." – Demelza dijo al ver la cantidad de bolsas que traía además de las que ya estaban junto a las escaleras. – "¿Ya trajiste todo? ¿Quieres que te ayude?"

"Esto es todo. No sabemos hasta cuándo estaremos aquí y no había nada en mi despensa." – estaba diciendo Ross, cuando vio movimiento al tope de la escalera.

Valentine se refregaba los ojos, Garrick levantó la cabeza también.

"¡Abuela!" – exclamó luego de bostezar y mirar con ojos adormecidos sobre la baranda.

Valentine bajó corriendo y haciendo ruido, Garrick se puso a ladrar también y la casa pareció cobrar vida.

"¡Hola, abu! Ya volvimos de la playa…" – dijo al llegar junto a la anciana y le dio un pequeño abrazo y besó su mejilla. – "Voy a pasar Navidad contigo y papá, porque mamá todavía está de viaje, ¿no es eso genial?"

"Lo es, querido. Estás bronceado…" – respondió Grace, inspeccionando a su nieto de la misma forma que había hecho a su hijo.

Ella aprovechó para mirar a Ross que le guiñó un ojo y ella le devolvió una sonrisa.

Era un panorama extraño. Era la mañana de Nochebuena, llovía y hacía frío. Sin embargo en su living todo era calidez. Su madre sentada en un sillón, parecía estar teniendo un buen momento que esperara que durara unas horas más. Su hijo pasaría Navidad con él por primera vez luego de años, y Demelza vestida en uno de sus sweaters le sonreía con dulzura. No tenía idea de cómo había sucedido esto, pero agradecía que Elizabeth no hubiera vuelto aún y que un temporal azotara a la ciudad también.

"Buen día, cariño." – por un momento pensó que le hablaba a él, pero luego se dio cuenta de que Demelza miraba a su hijo, que estaba descalzo a mitad de las escaleras con cara de sueño, observando lo que ocurría entre los barrotes de la baranda.

Demelza se puso de pie y fue hacia él. Jeremy terminó de bajar los últimos escalones y levantó los brazos hacia su madre que lo alzó con una facilidad que aún le sorprendía para ser un niño tan robusto.

"¿Cómo dormiste?" – preguntó después de besarlo en las mejillas y sobre sus cabellos. Jeremy la abrazaba con fuerza y escondía su rostro en el hueco de su cuello.

"El es Jeremy, mi nuevo amigo." – lo escucharon decir a Val. – "Jer, ven a saludar a mi abuela Grace. Ella tiene una casa en la playa, y ¡ovejas!"

"¿Ovejas?" – Jeremy salió de su escondite y preguntó con interés.

Ross no dijo nada acerca de que ya no había más ovejas. Solo observó en silencio como Demelza se acercaba con Jeremy en brazos hacia su madre y su hijo y decía: "Grace, te presento a mi hijo Jeremy. Jer, saluda a Grace." Y lo acercaba para que el niño besara su mejilla también.

"¿De verdad tienes ovejas?"

"Mucho gusto, Jeremy. Bueno, las tenía, cientos de ellas."

"Wow…"

"Y él es Garrick." – le dijo Val, acariciando las orejas del perro.

Entonces Jeremy se escabullo de sus brazos y fue con Valentine y el perro, la timidez olvidada.

"Tienes un hermoso niño." – comentó Grace.

"Gracias. Es la razón de mi vida."

"Como lo son todos los hijos. ¿Estás casada, Demelza?"

"¡Mamá!"

"¿Qué? Es solo una pregunta."

Ross puso los ojos en blanco.

"Mi esposo falleció hace unos años." – murmuró ella para que los niños no escucharan.

"¡Oh! Pero si eres tan joven… lo siento mucho, querida. Debe haber sido muy difícil para ti, y con un niño tan pequeño que cuidar. Mi Ross ya era un hombre cuando perdí a mi Joshua, él cuidó de mi."

"Jeremy cuida de mí también, a su manera." – dijo bajito también. La mujer le sujetó la mano y ella la cubrió con la suya, como si se conocieran desde hace años. Como si estuvieran unidas por ese acontecimiento en común y pudiera comprenderla mejor que ninguna otra persona.

"¿Qué es ese olor?" – preguntó Valentine luego de un momento.

"¡Oh! ¡El pan! Ya debe estar."

Los cinco desayunaron en la mesa del comedor. Las mujeres tomaron té con leche, Ross café y los niños chocolate y todos comieron con ganas el pan caliente con crema y mermelada que Ross había comprado.

"No sabía que podías hacer pan, mamá." – comentó Jeremy mordiendo un gran trozo.

"Mi mamá me enseñó a hacerlo cuando era pequeña. Lo hacía para el abuelo y tus tíos cuando vivía con ellos, pero hacía años que no amasaba. ¿Te gusta?"

Jeremy asintió con la boca llena.

"Está riquísimo, Demelza." – agregó Valentine.

No dejaron ni las migas.

Para la segunda tanda tuvo ayudantes que se llenaron de harina mientras amasaban sobre la mesa con Grace junta a ellos mientras Ross preparaba el almuerzo en la cocina.

Grace les habló a los niños de Nampara y de todos los animales que había tenido allí junto a su esposo. Le contó a Valentine que su padre tenía una yegua llamada Darkie y que solía cabalgar por la playa y los campos. Ella le contó que había crecido en Cornwall también pero que, aunque Illugan no quedaba muy lejos, no solía ir a la playa cuando era pequeña. Ya había oído a Ross hablar de Nampara, pero al escucharla a Grace se daba cuenta cuan feliz ella y su familia habían sido allí. Era muy triste que ahora que su esposo ya no estaba tampoco pudiera estar en su hogar.

Pareció que el desayuno y el almuerzo fueron una sola comida continuada. Y, si bien Ross había preparado una simple carne asada con papas y ensalada, todos suspiraron satisfechos al terminar. Incluso Jeremy, que una vez superada la timidez de conocer a una nueva persona, había escuchado todo atentamente y se había reído de las monerías de Valentine. Pero, principalmente, no podía ignorar como se comportaba con Ross. Su hijo era un buen niño, educado para ser tan pequeño, pero era como si se esforzara el doble frente a él. Comió toda su comida sin quejarse, agradeció cuando Ross le sirvió su plato o el jugo, le hacía preguntas y buscaba su atención. Y Ross, al ser padre, también era muy bueno con él. Demelza se preguntó entonces si Caroline no tenía razón. Desde que Hugh se había ido, siempre había estado tan segura de que lo mejor era que estuvieran ellos solos, pero quizás había estado pensando en que era lo mejor para ella, no lo mejor para su hijo.

"Uhmmm… ¿Demelza?" – Demelza había insistido en lavar los platos ya que él había cocinado, así se asomó al pasillo secándose las manos en un repasador cuando escuchó que Ross la llamaba.

"¿Sí?"

"¿Tú ordenaste algo?"

Casi que lo había olvidado. Un par de muchachos con pesados pilotos estaban bajando cajas de un camión de entregas.

"Oh, sí. Olvidé decirte. Le dije a Caroline que me enviara algunas cosas, ropa de abrigo para mi y para Jeremy y…"

"¡WOW!" – los niños exclamaron al unísono cuando los hombres bajaron un gran árbol y lo depositaron en el living junto a otro montón de cajas.

"Caroline es… un poco exagerada." – dijo cuando Ross cerró la puerta al frío y todos quedaron observando las cajas.

"¿Podemos armar el árbol?"

"¡Sí! ¿Podemos? ¿Podemos?"

Los niños saltaban de alegría.

Demelza revisó las cajas, con cuidado de no dejar ver a los niños los regalos que de seguro allí habría. Y, luego de ayudar a Grace a que se acostara a dormir la siesta, volvió con Ross, Garrick y los niños que desempacaban todos los hermosos adornos que había para decorar el árbol.

"No sabía si tenías un árbol. A Jeremy le encantan las decoraciones de esta época y, ya sabes, le pedí a Caroline que enviara uno por las dudas. Pensé que sería algo más pequeño." – le dijo mientras lo ayudaba a mover los sillones para hacer lugar en un rincón.

"En realidad no tengo uno. Es la primera navidad que Val pasará aquí, así que nunca le vi sentido."

"Bueno, te puedes quedar con este." – Ross le dedicó una media sonrisa en agradecimiento.

La tarde pasó rápido pero ninguno nunca la olvidaría. Cuando Ross acompañó a Grace de vuelta a la sala esta estaba completamente distinta, como si una bomba de Navidad hubiera explotado en medio del living y salpicado en todas direcciones. No sólo era el árbol y sus bellos adornos, también había guirnaldas y cintas en la baranda de la escalera, figuras de cerámica de forma de Santa, muñecos de nieve y renos que acomodaron en las pocas superficies de la sala y manteles y servilletas que vestirían la mesa de la cena.

"Abuela, te estábamos esperando para encender las luces." – afuera ya estaba anocheciendo y la tormenta había sido reemplazada por un fuerte viento que se colaba hasta por debajo de la puerta, pero la calefacción estaba encendida y la casa estaba repleta de una calidez que no tenía nada que ver con la temperatura.

Era la primera vez que armaba un árbol de navidad con Jeremy, y Valentine no recordaba haberlo hecho con Ross tampoco, aunque él le dijo que si lo habían hecho, cuando tenía la edad de Jeremy. Así que los niños estuvieron felices de poder hacerlo, prestaban atención a cada detalle y querían ver el efecto completo con las lucecitas encendidas. Los dos saltaron de alegría aplaudiendo cuando Ross las encendió.

"¡Es la mejor Navidad de toda mi vida!" – exclamó Jeremy, y ella, Ross y Grace no pudieron evitar echarse a reír.

"Le sacaré una foto para enviársela a mamá, ¿me sacas una foto con el árbol, Demelza?"

Un momento después Valentine recibió un mensaje de audio de Elizabeth que puso para que escucharan todos. Era la primera vez que escuchaba la voz de Elizabeth en años.

"Que hermoso árbol mi amor, y tu te ves como todo un hombrecito. Te extraño mucho y lamento no poder estar allí contigo, pero pronto volveré. Me alegra que te estés divirtiendo y que disfrutes de la Navidad. Te amo, Valentine. Pórtate bien, y hazle caso a tu padre. Hablamos más tarde."

Sonaba débil y al final pareció quedarse sin aliento. Ross pareció sorprendido por el mensaje, y le preguntó a su hijo si le había dicho a su madre que Jeremy estaba allí. Aunque lo que verdad preguntaba era si Elizabeth sabía que ella estaba allí. No que fuera de importancia para Elizabeth, Demelza la comprendía, de seguro lo único importante para ella era que su hijo estuviera bien y que pasara una feliz navidad. Había notado esa tristeza en su voz, la tristeza de cualquier madre que está lejos de su hijo.

Ross se encargó de la cena también, al parecer era todo un especialista en la cocina. Siempre le había gustado y al parecer había perfeccionado ese talento a lo largo de los años. Pero al menos ella colaboró con el pan que los niños esperaban de nuevo con ansias, y con su ayuda arreglaron la mesa. Habían dejado la corona de muérdago que iba en la puerta como centro de mesa, y en el medio pusieron esferas de colores y un cascanueces de madera que a Jeremy le causaba risa cada vez que Valentine le hacía mover la boca. Caroline les había enviado ropa también, así que antes de comer hizo que los niños se bañaran y se pusieran pulóveres de lana nuevos. Mientras Ross estaba en la cocina le preguntó a Grace si no quería arreglarse también, la mujer era delgada así que su ropa le quedaría bien. Juntas escogieron una camisa y un saco grueso color verde que hacía resaltar sus ojos. También pintó sus uñas y puso algo de rubor en sus mejillas. La mujer sonrió contenta y la tomó del brazo al mirarse al espejo. Ella eligió un sweater rojo y se pinto los labios haciendo juego.

"¿Quiénes son todos ustedes?" – preguntó Ross al salir a la sala y verlos a todos sentados en los sillones mirando una película navideña, de esas que pasan en la televisión en esa época. Abrió mucho los ojos y contuvo la risa al ver a los pequeños, Demelza los había peinado a los dos con una raya al costado. Dio un beso en la mejilla de su madre al notar que de había arreglado también. – "Te ves hermosa, mamá." – y también dirigió una mirada en su dirección. Esas que hacían arder sus mejillas. Quizás el rojo no había sido la mejor elección.

"Tú debes cambiarte también." – ordenó Grace.

"Supongo que sí. Uhmm…"

"¿Necesitas ayuda en la cocina?"

"Solo será un momento. El pavo está en el horno y aún le falta, pero el pastel estará en cualquier momento."

"No te preocupes, yo lo vigilo… ¿Qué?"

"No quiero que se queme."

"Soy perfectamente capaz de cuidar un pastel, Ross."

"No tengo pruebas de ello." – pero Ross ya estaba subiendo las escaleras.

Casi se le olvida. Un minuto más y se hubiera pasado, se había distraído con la película. Se había olvidado cuanto le gustaban las películas sobre la navidad. Pero cuando Ross regresó, con el cabello húmedo, un jean azul y un pulóver claro ajustado al cuerpo, el pastel estaba perfectamente dorado enfriándose sobre la mesada.

La cena fue tan acogedora como el resto del día. Los cuatro, incitados por ella, aplaudieron cuando Ross cortó el pavo. Ella sirvió las ensaladas y cortó a Jeremy su carne, el niño se chupo hasta los dedos y derramó medio vaso de jugo sobre la manga de su sweater recién estrenado en su entusiasmo. Luego de que ella lo secara pidió a Ross que lo arremangara hasta los codos tal como había hecho con Valentine.

"¡Nos quedaremos despiertos para ver a Santa!"

"¡Sí! Es una buena idea." – estuvo rápidamente de acuerdo Jeremy.

"Santa no vendrá si están despiertos."

"Pero si nos escondemos, él no nos podrá ver, pero nosotros a él sí."

"Si se dará cuenta, no es la primera vez que Santa hace esto y conoce todos los trucos de los niños traviesos. Además, la abuela dormirá en el sofá cama y no la tienen que molestar."

"Pero si no es molestia…"

"De todas formas, se irán a dormir a tu habitación luego del postre."

"¿Podemos terminar de ver la película al menos?" – acotó Jeremy.

"Sí. Y pueden dejar un vaso de leche y galletas junto al árbol para Santa." – dijo ella.

"Ross, ¿tu casa tiene chimenea?" – Jeremy preguntó muy serio volviéndose hacia Ross.

"No. Tengo dos aires acondicionados, y uno no funciona."

"¿Santa puede entrar por el aire acondicionado?"

"No, cariño. Pero no te preocupes, Santa encontrará la manera."

"Pero ¿cómo?"

"Jeremy, ¿alguna vez te preguntaste como hace Santa para ir a la casa de cada niño del mundo en una sola noche?" – Ross le preguntó. El niño frunció la cejas y pensó por un momento, luego negó con la cabeza.

"Pues, puede hacerlo porque Santa es mágico. Así que quédate tranquilo, Jer. Santa encontrará la forma de entrar."

"Y, él sabe que estoy aquí, ¿verdad?"

"Por supuesto que sí."

Jeremy se quedó más tranquilo al escuchar todo esto. De hecho, fue el primero en quedarse dormido en brazos de su madre, que esperó a que terminara la película para llevarlo a la cama.

"¿Tiene pijama?"

Ross había subido tras ellos, al parecer creía que podía caerse al cargar a su niño por las escaleras.

"Sí, por suerte había llevado uno de pantalón largo a la Isla."

"Encenderé la calefacción, estarán bien abrigados."

Ross abrió las sábanas y mantas para que ella acomodara a Jeremy. Lo ubicó lo más cerca de la pared que pudo, de modo de dejar lugar para Valentine que apareció bostezando un momento después.

"¿Fuiste al baño?" – Valentine volvió a salir de la habitación. Y Demelza tuvo un momento para inspeccionarla. Estaba pintada en colores marinos, la cama no era tan pequeña y hacía juego con los muebles.

"Es muy bonita habitación."

"¿Lo crees? Yo la pinté."

"¿De verdad? Pues lo hiciste muy bien, me gustan los colores."

"Color cielo de Cornwall…"

"Es cierto. Val está contento de quedarse aquí contigo." – dijo ella.

"Y yo de que este aquí."

"Siento si invadimos tu casa."

"No, de hecho hacía tiempo que…" – pero justo entonces Valentine apareció bostezando de nuevo junto a ellos. – "Te pondré el pijama y a la cama."

Demelza besó la cabecita de su hijo, y dio un beso en la mejilla de Valentine también.

"Hasta mañana, Val."

"Hasta mañana, Demelza." - Demelza los dejó solos y fue a ver a Grace.

La ayudó a cambiarse mientras Ross armaba el sofá cama y lo cubría con las sábanas y capa tras capa de mantas para no tuviera frío y dejó el aire acondicionado encendido. La mujer había disfrutado el día también, junto a su hijo y su nieto que siempre estaban pendientes de ella.

Demelza no había querido pensar mucho en eso durante el día, pero era obvio dado la poca cantidad de camas en esa casa que a ella le tocaría compartir una con Ross. Estaba maldiciendo internamente a Caroline que solo le había enviado un sugestivo camisón de seda y encaje cuando Ross entró a su habitación.

"Hmmm…"

"¿Estará cómoda allí abajo?" – preguntó con una remera de algodón grande y larga en la mano, era lo más apropiado que encontró en su maleta.

"Espero que sí. Nadie nunca uso ese sofá cama y la temperatura en la sala es agradable, no como aquí. La calefacción del aire se rompió hace un par de meses, iba a hacerlo arreglar, pero tuve que irme."

"Mientras tu mamá y los niños estén abrigados, no importa. ¿De casualidad tienes unas medias gruesas que puedas prestarme?"

"Sí, claro."

Ross revolvió un par de cajones hasta que encontró unas medias térmicas larguísimas.

"Gracias."

"Mmm… tú puedes dormir en la cama, yo tiraré una manta al piso y…"

"Ross, no seas ridículo. No es la primera vez que compartimos una cama." – fue lo último que dijo antes de meterse al baño a cambiarse.

La luz principal estaba apagado cuando salió, Ross ya estaba metido en la cama, en uno de los costados. Solo la luz de un velador iluminaba tenuemente la habitación, lo que era una fortuna, ya que de seguro se veía ridícula con esas medias que le llegaban hasta las rodillas. Dejó su ropa doblada en una silla y se apresuró a meterse del otro lado de la cama. Tirito al cubrirse con las mantas, estaba helada, y no creía que fueran suficientes para protegerla del frío que hacía en esa habitación.

"¿Crees que deba poner los regalos en el árbol ahora?" – preguntó Ross, volviendo su rostro hacia ella. Había disimulando bien cuando Demelza cruzó su pieza. Ella no había notado como había observado cada uno de sus movimientos, como le había llamado particularmente la atención la piel desnuda de sus piernas que llegaba a verse sobre sus propias medias. Necesitaba distraerse. Sí, ya habían compartido la cama como ella había dicho, pero no para dormir exactamente.

Habían acordado ser profesionales, no mezclar eso que había sucedido entre ellos en la isla con su amistad. Era lo mejor, él estaba de acuerdo con eso. Pero era un poco difícil no pensar en ella de esa forma cuando ella estaba metida a su lado en su propia cama.

"No lo sé. ¿Y si se despiertan y van a espiar? Creo que será mejor hacerlo en la madrugada. Pondré la alarma."

"Tú duerme tranquila. Yo me despertaré. Echaré un ojo a mi madre de paso también."

"A propósito, tu madre es una mujer encantadora, Ross." – Demelza se puso de costado y dobló sus piernas intentando entrar en calor.

"Tuvo un muy buen día. A veces tiene días buenos, a veces malos. Le caes muy bien. Gracias por, bueno, por lo que hiciste por ella hoy."

"No hice nada."

"Sí lo hiciste, y lo sabes."

"Bueno, tú hiciste mucho más que eso por nosotros hoy y te lo agradezco también."

"No tienes porqué hacerlo."

La risa de ambos hizo eco entre las sábanas.

"El año anterior pasamos la navidad en Los Ángeles solos con Caroline, quería que esta navidad fuera especial para Jeremy, que estuviera con su familia, pero creo que ha sido aún más especial aquí."

"Más especial de lo podría haber imaginado. Val está feliz también."

"Elizabeth debe extrañarlo tanto…"

"Él la extraña también."

"Por supuesto. Y tú. Has estado tan preocupado por ella…"

"Estoy más tranquilo ahora que volvió a tener contacto con Valentine… pondré el despertador para las 5. Es esa caja sobre el ropero, ¿verdad?"

"Sí."

Ross puso la alarma en sus teléfono, apagó la luz de su mesita y se puso de costado dándole la espalda y dejándole el mayor espacio que pudo para que estuviera cómoda. Ojalá tuviera una habitación de huéspedes, pero nunca había tenido tanta gente junta quedándose en su casa antes. Incluso la habitación de Valentine casi nunca se usaba.

"Me da pena no haber elegido el regalo de mi propio hijo yo misma…" – la escuchó decir a su espalda.

"Fue una emergencia, yo tuve que comprarlo en el mercado, tampoco es lo ideal. Y de seguro que Caroline eligió algo que le gustará."

"Sí, de eso no me cabe duda. Sólo que… lo siento, es una tontería."

"No, dime."

"Solo que, cualquier madre se tomaría el tiempo para estas cosas."

"Pero tú no eres cualquier madre y además, como dijiste, como dijo él, disfrutó mucho de este día y tú estás con él, eso es lo que importa. Créeme." – dijo alguien que había pasado muchas navidades sin su hijo.

"Sí… tienes razón. No quise decir… eso es lo que importa, es verdad."

Hubo un momento de silencio, solo se escuchaba el roce de las sábanas y Ross sentía el movimiento sobre el colchón detrás suyo.

"¿Tienes otra frazada?" – preguntó Demelza luego de unos minutos.

"Les puse las mas abrigadas a mi madre y a los niños."

"Lo siento, Ross. Pero me estoy congelando." – y apenas dijo eso la sintió acercarse a su espalda.

Ross giró la cabeza y atinó a darse vuelta, pero ella lo detuvo con una mano en su espalda.

"Solo quédate así." – susurró cerca de su oído mientras se acomodaba pegada detrás de él. Su mano estaba fría, y la sintió apoyar su mejilla cerca de su hombro sobre la almohada.

"¿Quieres que te preste algo más de ropa?"

"No. Solo… ¿te molesta esto?"

Si la pregunta era si le molestaba tener todo su cuerpo pegado la suyo, la respuesta era no.

"¿Está mejor así?"

"Sí, mucho mejor." – su cuerpo irradiaba calor.

"Entonces no me molesta."

"Buenas noches, Ross."

"Buenas noches, Demelza."


Cuando el despertador sonó a las cinco de la mañana, Ross estaba boca arriba, con Demelza acurrucada sobre su hombro, sus pies entrelazados y tomando la mano que descansaba sobre su pecho.

Apagó la alarma antes de que ella se despertara y a regañadientes y tratando de no molestarla se levantó de la cama. No pudo evitar sonreír en la oscuridad, estaba completamente de su lado. La volvió a tapar bien antes de buscar las cajas con los regalos. Aún él que tenía su propia temperatura corporal podía sentir el frío helado en el aire.

Antes de bajar revisó que los niños estuvieran durmiendo y bien tapados, aunque en su habitación no hacía tanto frío como en la suya. Tampoco en el living. Su madre dormía también, y con mucho cuidado de no despertarla Ross acomodó los regalos que él había comprado y que Caroline había enviado debajo del árbol. No le tomó mucho tiempo. Luego llevó el vaso de leche y el plato que los niños habían dejado para Santa a la cocina y los volvió a traer vacíos. Con una última mirada controló que todo estuviera en orden. Le costaba creer que esa fuera su sala, generalmente tan lúgubre y vacía, ahora parecía llena de vida y felicidad. Definitivamente tenía que conseguir que Val pasara más tiempo con él. Respecto a los demás huéspedes de su casa en ese momento, bueno, eso era algo temporal.

"¿Están dormidos?" – susurró Demelza cuando volvió a su habitación. Estaba casi sentada en medio de la cama, con el brazo estirado apoyado en el colchón y el cabello revuelto se había soltado de la coleta que lo sujetaba.

"Sí, tal como los dejamos. Siento haberte despertado."

"Me despertó el frío cuando te fuiste."

No supo porqué sucedió. O tal vez sí, tal vez porque esa mujer increíblemente hermosa estaba esperándolo en su cama en medio de la madrugada hablando en susurros de cómo lo extrañaba. Se olvidó. Se olvidó de que tenían un acuerdo, se olvidó de quien era ella fuera de su casa. Sucedió porque cuando él se acercó a la cama ella abrió las mantas para que él se metiera y él lo hizo, reuniéndose con ella mientras ella los tapaba a ambos hasta las orejas. La abrazó para darle calor, y ella lo abrazó porque quería hacerlo.

"¿Y tú mamá?"

"Duerme también."

"¿No hace frío en la sala?"

Ross negó moviendo la cabeza de un lado a otro y al hacerlo rozó su nariz. Ella curvo los labios en una sonrisa mientras movía su pantorrilla sobre la suya.

"Solo hace frío aquí, entonces." – y él la abrazó más fuerte, pegando su pecho al suyo, queriendo darle calor, sí, pero queriendo tomar lo que él quería también. Su cercanía, el aliento de su voz rozando su piel, ese primer beso tímido y los que le siguieron. Esos que él tanto le gustaban.

"¿Qué hay de nuestro acuerdo?" – murmuró él en un momento de claridad, o de locura total, mientras Demelza estaba escondida haciendo caricias en su cuello.

Se detuvo.

"Es Navidad, podemos hacer una excepción." – dijo apartándose un poco.

Y entonces él la besó de nuevo, tomando posesión de sus labios y de toda su boca. El beso más apasionado que habían compartido y no necesariamente porque estuviera repleto de lujuria. Había algo más, mucho más en él además de sus labios y lenguas moviéndose juntos. Fue él quien rompió el beso en busca de aliento, pero no pudo conseguir mucho ya que ella continuó dando besos en su mandíbula, bajo su mentón y regresó a su cuello. Y él continuó abrazándola, recorriendo con sus manos toda su columna hasta que llegó a su trasero. Demelza murmuró algo cuando sus manos hicieron contacto con la piel desnuda de sus piernas y volvieron a subir apretando sus mejillas.

"¿Qué dijiste?" – pero ella solo levantó su rostro y le sonrió con esa dulzura que lo desarmada por completo. Volvió a besarla.

Algo era distinto esta vez. Demelza lo sintió. No existía la urgencia de las veces anteriores, de hecho, ninguno se había quitado la ropa. Todo eran besos y caricias, sonrisas y risitas interrumpidas por más besos. Era lo más cerca que lo había sentido nunca. Ross Poldark estaba allí con ella de nuevo, y en ese instante toda su atención estaba enfocada en ella, como la de ella en él. El frío quedó olvidado, ahora parecía tener un fuego dentro de ella que la quemaba.

Sus manos apretaron su trasero una vez más antes de viajar por su abdomen hacia sus pechos. Estaba duro, sintió su calor cerca de su abdomen al rodear sus caderas con una de sus piernas. Pero no había prisa, era como si el tiempo hubiera dejado de existir.

Se detuvieron por un momento cuando él la tomó de la cintura. Los dos respirando agitados, mirándose a los ojos.

"Eres tan hermosa…" – y su voz grave pareció hacer eco en todo su cuerpo. Cuando quiso besarla ella se echó hacia atrás riendo, y con el ceño fruncido y una sonrisa maliciosa él la siguió y no la dejó escapar. Cuando se separaron ella soltó una carcajada que tuvo que tapar con una mano. Ambos miraron en dirección a la puerta que estaba entreabierta. – "Shhh…"

"Lo siento. Es tu culpa también." – Ross la siguió besando, con dulzura esta vez. En los labios, en sus mejillas, en los párpados y en todo su rostro mientras sus manos intrépidas retomaban su camino hacia sus pechos.

Los apretó despacio, casi con demasiado cuidado haciendo rodar el pezón entre sus dedos mientras ella retorcía sus piernas en búsqueda de alivio y a su ves acariciaba la piel ardiente de su abdomen bajo su remera.

Perdió noción de cuanto tiempo estuvieron así. Solo supo que cuando escucharon los primeros pasos apresurados por el pasillo y bajando las escaleras ellos aún no habían llegado al evento principal.

Ross levantó la cabeza. De un momento a otro había amanecido y podía ver con claridad los labios de Demelza rojos e hinchados de haber sido basados durante horas. Él seguía duro. Su erección insatisfecha no había sido su prioridad. Ella lo miraba como en un trance, con la misma sonrisa que él tenía también. Con sus delicados dedos corrió un mechón oscuro que caía sobre su rostro y lo corrió detrás de su oreja. Él aprovechó para tomar su mano y acercarla a sus labios para besar sus nudillos. Los pasos se volvieron a sentir en la escaleras.

"Val." – escucharon decir. Era Jeremy.

Ross volvió a besarla por última vez, la palma de su mano en su mejilla lo sostenía contra ella.

"Feliz Navidad, Ross." – le dijo al separarse.

"Feliz Navidad, Demelza Carne."