El sonido de los animales era lo único que se escuchaba en el bosque. Musuko, el joven exterminador de cabello corto negro y ojos del mismo color, iba sumido en sus pensamientos, el reencuentro de su hermana le había traído los recuerdos que, él suponía, ya había desterrado de su mente
- Kohaku - dijo, al ver a su amigo, sentado sobre un tronco, esperándolo
- ¿Cómo te fue Musuko? - preguntó, poniéndose de pie
- Los rumores eran ciertos - suspiró - Soroshima está muerta
Kohaku lo sabia por su hermana, sin embargo, sentía que era algo que su compañero debía descubrir por su cuenta, al fin y al cabo, los problemas familiares entre ellos, no eran su problema
- Lo lamento Musuko
- Yo no - lo sorprendió - Soroshima no fue buena madre como para lamentarme, sin embargo, Yorunokagi...
- ¿Estas preocupado por ella?
- Mi hermana no es como mi madre - giró su cabeza, en dirección a la cueva - Sólo espero que no cometa los mismos errores
¿Qué es lo que está pasando conmigo?
Pensaba mientras miraba la pequeña mesa, en el medio de su casa
- ¡Kagome! - escucho la voz de su amiga
- ¿Sango? - dijo al salir - ¿Qué haces aquí?
- Qué alivio - suspiró - Estas bien
- ¿He? ¿Qué sucede?
- No me digas que no te percataste - agarró la mano de su amiga e ingresaron a la casa - Hay una fuerte presencia maligna que se extiende por toda la aldea, ¿Dónde esta Inuyasha?
- Salió hace un momento
- Quizás él también se percaté de esto - se paró delante de la puerta, con su arma en posición
¿Qué sucede? ¿Por qué ya no puedo sentir las energías malignas?
- ¡AHI VIENE! - grito al mismo tiempo en que un demonio con forma de oso derribaba la puerta - ¡HiraiKotzu! - lanzó el boomerang, el cuál hizo retroceder a la bestia
- DAME EL LIBRO DE LAS ALMAS - rugió
- ¡Sango! ¡Señorita Kagome! ¿se encuentran bien? - dijo el monje, apareciendo de repente
- ¡Su excelencia! Que alivio, está bien - dijo su esposa, al mismo tiempo en que volvía a lanzar su arma
- Esta bestia es muy difícil de vencer pese a no ser tan fuerte - se paró al lado de Sango
Está buscando el libro de las almas
Pensó la joven, mirando hacia un costado, en donde se encontraba escondido
- Monje Miroku, ¿Dónde esta Inuyasha?
- Se fue al bosque, siguiendo el rastro de la criatura que apareció anoche
- Este lugar huele a esa criatura - olfateaba el aire
- Perfecto, logramos atraerlo - murmuro Yorunokagi, quién se encontraba dentro de un campo protector, sin embargo, un manojo de pelos de su mascota, estaba fuera de el - Higi, ten - le entrego al gato una especie de hoja - Sólo necesito que me traigas una gota de su sangre y recuerda, si se te complica, yo estoy aquí para protegerte
El animal salió de entre los arbustos, quedando a unos metros del híbrido, quien lo miraba desconcertado
- ¿He? ¿Tu eres la criatura que merodeaba la aldea? ¡Ja! no eres mas que un gatito demonio
Sin previo aviso, el animal saltó y logró cortar una mejilla de Inuyasha, utilizando la pequeña hoja
- ¡Maldito! - gritó - ¡No me importa que seas solo un animal, ven aquí!
El animal desapareció entre los arbustos y, cuando el híbrido se acercó, una nube gris, que salió del lugar, lo envolvió, haciéndolo trastabillar y caer al suelo
- ¿Qué demonios es esto? - se tapó su nariz - No parece veneno
- ¡Bien hecho Higi! - susurró - Ahora sólo tenemos que ver que clase de miedos son los que atormentan a este mitad bestia
- No puedo... no puedo ver nada - giro su cabeza ante la presencia de una persona - ¡No puede ser! ¿Kikyou?
A unos metros, se distinguía la figura de la mujer, con su arco en posición de ataque
- ¡Muere Inuyasha!
- Kikyou... miserable ¿Cómo pudiste?
Recordó en ese momento
-No... imposible, Kikyou ya no está en este mundo - la niebla se disipó y el rostro de la mujer se fue transformando lentamente - ¡¿KAGOME?!
Se puso de pie e intento acercarse a la mujer, sin embargo, solo dio unos cuantos pasos
- Kagome, ¿Qué estás haciendo?
- ¡Muere, Inuyasha! - lanzó su flecha
Él hibrido cerro sus ojos, esperando el impacto que nunca llego
¿Qué está sucediendo?
Al abrirlos, pudo ver a la mujer, mirándolo fijamente
- Inuyasha - murmuró al mismo tiempo en que caía al suelo
- ¡KAGOME! - corrió a su lado, tomándola en sus brazos - ¡Kagome! Despierta por favor... Kagome - miró sus manos, manchadas de sangre y notó que el cuerpo de la joven tenía una herida en la espalda - No... no puede ser... Kagome... ¡KAGOME!
Abrió sus ojos para percatarse de que la niebla había desaparecido, al igual que el rastro de la criatura que había estado persiguiendo
- Fue... fue sólo una ilusión - miró a su alrededor, buscando alguna señal que le indicara lo contrario - No... ¡Fue una trampa! - volvió a correr en dirección de la aldea
- ¡Flecha sagrada! - lanzó la joven, atravesando al oso, sin herirlo - ¿No le hice ningún daño?
- Es imposible - dijo la exterminadora - Así jamás podremos acabar con él
- Claro - murmuró el monje - ¿Cómo es posible que no me haya percatado antes? - lanzó un pergamino a la frente del animal, haciendo que una de las piedras cercanas, comenzara a brillar - ¡Esa es su verdadera forma! - corrió a ella y la destruyo, desapareciendo a la bestia
- Entonces... ¿Fue todo una ilusión?
- Así es Sango, esto fue sólo una distracción, al parecer el objetivo no éramos nosotros
- ¡Inuyasha! - gritó Kagome al ver regresar al hibrido
- ¿Están todos bien? Kagome ¿te encuentras bien? - se acercó a la joven
- Si, ¿tu estas bien? - él asintió
- Inuyasha, ¿Qué sucedió en el bosque? al parecer, el monstruo de aquí, era solo una ilusión
- Miroku, ¿quieres decir que yo era su objetivo?
- Pienso que si, es decir, no fue casualidad que te apartara de nosotros el rastro de aquella otra criatura
- Inuyasha, ¿Qué ocurrió? - preguntó Kagome, observando el pequeño corte en su mejilla derecha
Él la miro, recordando la imagen que había visto en aquella ilusión: su rostro pálido, sin vida y la sangre que emanaba de las heridas de su espalda
- Nada - respondió, mirando hacía un costado - El rastro de la criatura desapareció de repente
Está mintiendo... algo le ocurrió en aquel lugar, sin embargo, no quiere decírmelo
Pensó ella
¿Cuál fue la finalidad de mostrarme esa ilusión? ¿Qué es lo que están buscando?
Pensó él
