Disclaimer: Nada me pertenece. Todos los personajes así como el mundo en el que se desarrolla la trama le pertenecen a la grandiosa J.K Rowling. La historia pertenece a Colubrina. Historia únicamente registrada en FanFiction. net.


Abraxas Malfoy crispó los nervios de Hermione después de tan solo tres minutos; él era demasiado parecido a Draco. Ellos podrían haber pasado por gemelos; con sus cabellos casi blancos y sus ojos grises, y peor aún, tenían la misma arrogante creencia de ser superiores a cualquier en la habitación. Abraxas la adulaba en lugar de insultarla, sin embargo solo era la otra cara de la misma desagradable moneda y ella fantaseaba con golpearlo como lo había hecho – o lo haría – con su nieto. El resto de la banda de Tom Riddle era peor y se encontró a sí misma girándose hacia el atractivo hombre y preguntando — ¿Es en serio? — luego de una particular muestra de idiotez.

Él le sonrió. — Mulciber, estás aburriendo a mi dulce amor aquí. — Dijo él. — Detente.

El hombre lanzó una mirada indescifrable a Hermione, pero murmuró una disculpa.

— ¿De dónde has dicho que venias? — Preguntó Thoros Nott.

— Londres. — Dijo Hermione. — Desperté en la cama de Tom. No tengo idea de cómo llegue aquí.

— Y locamente enamorada. — Dijo Nott.

— Tom exagera. — Replicó Hermione y Nott resopló, evidentemente de acuerdo.

— No deberías dudar de la profundidad de mi interés en ti, mi amor. — Dijo Tom.

— No dudo de tu interés. — Le espetó Hermione. — Dudo de tu amor.

— Muy bien. — Dijo Tom. — Sin embargo, llamarte "Mi interés" te haría sonar como una línea en un estado de cuenta de Gringotts, así que por favor perdona mi uso del nombre más convencional para una mascota. Mi amor.

Enfatizó las últimas dos palabras y los labios de Hermione se apretaron en una línea. — ¿Tienes algo de beber? — Preguntó finalmente. — ¿Algo más fuerte que té, tal vez? — Miró alrededor, a la habitación en la que se habían reunido para algún tipo de pre-cena social. Donde quiera que estuvieran, lo que sea que esté castillo fuera, pertenecía a alguien con dinero. Las alfombras orientales eran gruesas, la chimenea lo suficientemente grande como para asar una cabra, y las paredes estaban cubiertas de estanterías hechas de algún tipo de hermosa madera oscura. Los dedos de Hermione picaban por ir y arrancar algunos volúmenes de sus estanterías y echarles un vistazo. Tom Riddle siguió su mirada y dijo, con perfecta cortesía. — Abraxas, trae a la Dama una copa de vino mientras yo le muestro tu colección.

— ¿Esta es la Mansión Malfoy? — Preguntó ella con repentino terror, su cicatriz ardiendo en su mente. Tom había llamado al lugar un castillo así que ella había asumido, tontamente, que él estaba siendo literal.

— Sí. — Dijo Tom. — ¿Algo que te gustaría decirme sobre eso?

— Hablaré por voluntad propia. — Murmuró, trazando con sus dedos la cicatriz que él había ocultado tras un Glamour y controlando su reacción hacía el lugar.

— Quizá ciertas cosas es mejor hablarlas con la almohada. — Dijo Tom. — Déjame mostrarte los libros.

Él parecía fascinado por su repentina retirada, convirtiéndolo en un amante solicito, conduciéndola hacia las estanterías, tirando de los volúmenes uno a la vez, y discutiendo el contenido. Le pidió que especificara sus intereses mágicos y cuando ella dijo, con los ojos entrecerrados. — Tengo un poco de práctica en la destrucción de Horrocruxes. — Él casi se humedeció los labios antes de seleccionar un libro acerca de los basiliscos.

— Puede que encuentres en este libro una interesante lectura, entonces. — Dijo él.

— Matamos a ese también. — Dijo ella, su voz lo suficientemente suave para que solo él pudiera oírla. — Lo despedazamos y usamos por partes.

Ella cerró sus dedos alrededor del libro y él dejo sus manos descansar sobre las suyas. — Sí continúa siendo tan interesante, Señorita Granger. — Dijo con su boca en su oído. — Jamás la dejaré ir.

— Vaya suerte la mía. — Murmuró y se alejó para volver con el grupo de mortífagos, todos luciendo la marca de la serpiente y el cráneo en sus brazos. Abraxas le entrego una copa de vino tinto, alabando una cosecha que ella estaba segura no habría sido capaz de apreciar en el mejor de los casos, aún menos mientras estaba en la Mansión Malfoy rodeada de aquellos repugnantes hombres. Ella echó un vistazo a su brazo y dijo, con la voz más dulce que pudo reunir. — ¿Es ese un tatuaje Muggle?

Thoros Nott parecía horrorizado. — No. — Dijo. — Nosotros somos un grupo dedicado a… No. No es una cosa Muggle. Es un símbolo mágico de nuestras creencias.

— ¿Crees en serpientes? — Preguntó Hermione. — ¿O en calaveras?

— Las serpientes son un símbolo tradicional de la reencarnación y la inmortalidad. — Dijo Tom Riddle. Él había vuelto a su lado y permaneció allí sin que ella lo hubiera notado. — El Ouroboros, por ejemplo, es un símbolo bien conocido del ciclo eterno.

— ¿Todo regresa de nuevo? — Preguntó Hermione. Tom empezó a negar con la cabeza cuando ella añadió. — Así que en realidad nada puede ser cambiado. ¿Lo que está destinado a suceder, sucederá? — Él apretó los labios.

— Esa sería una interpretación, sí. — Dijo él. — Prefiero pensar que nuestras vidas son un poco más flexibles. Notaras, estoy seguro, que nuestra serpiente no muerde su cola, sino más bien emerge de la muerte, sin restricciones.

— Un diseño interesante. — Dijo Hermione. Posó su mano sobre el brazo de Riddle. — ¿Dónde está el tuyo?

— Yo no tengo uno. — Dijo Tom.

— ¿No estás tú en el club? — Preguntó Hermione. — Cuán triste debe ser estar excluido.

Los mortífagos parecían horrorizados por su insubordinación.

— Lord… Tom Riddle es un gran hombre. — Dijo finalmente uno de ellos, Avery. — Él va a traernos grandes cosas a todos. Él es un líder brillante, el mago más poderoso que el mundo haya visto jamás. Eres…

— Adorable. — Dijo Tom, cortando al hombre. — Tan linda. — Él le dio un golpecito en la nariz. — Sin embargo, existen límites para mi sentido del humor, Hermione. — Dijo él. — No los pruebes. — Envolvió un brazo alrededor de su cintura. — ¿Quizá te gustaría una marca propia? — Sugirió él. — Ya que estás tan interesada en el diseño.

Ella sintió la sangre desvanecerse de su rostro.

Él sonrió al notar su palidez. — ¿No? — Preguntó. — Normalmente es considerado un honor.

— No me siento realmente digna, mi amor. — Dijo ella.

Él se rió y besó su frente; ella se puso rígida en sus brazos. — Yo decido de que eres digna. — Dijo él. — Sin embargo, creo que podemos esperar un poco más para cualquier tipo de iniciación, mi amor.

Después de la cena, Tom la acompaño de regreso a su habitación con gentil cortesía. Una vez dentro, él se apoyó contra puerta y apuntó su varita hacia ella. — Entonces, — Dijo él. — Háblame sobre la Mansión Malfoy y por qué la desprecias tanto.

Ella caminó lejos de él, dándole la espalda a su varita. Vamos a ver, pensó, cuán agresivo estaba dispuesto a ser. — ¿Crees que Abraxas fue lo bastante inteligente como para traer algún tipo de camisón? — Dijo ella mientras buscaba dentro de las bolsas. Cuando Tom no respondió, ella suspiró y arrojó una bolsa, luego otra, sobre la cama y comenzó a ordenar su nuevo vestuario.

— Hermione. — Dijo Tom, con una advertencia oculta tras la voz.

Ella levantó un vestido. — ¿Se supone que esto es ropa de dormir? — Preguntó.

— No. — Le espetó él. — Puedes dormir desnuda por todo lo que me importa. Háblame sobre la Mansión.

— Oh, ¿Este viejo lugar? — Hermione se sentó en borde de la cama y miró a Tom Riddle. — Uno de tus pequeños mortífagos me torturó aquí. Un pequeño Cruciatus, un pequeño grabado en mi brazo, ya sabes. Cosas cotidianas para ti, estoy segura, sin embargo yo las descubrí experimentándolas en carne propia.

— Interesante. — Dijo él lentamente. — No te asusto en lo absoluto, sin embargo una sala de dibujo lo hace. Me encuentro un poco desconcertado por eso.

— Técnicamente. — Admitió ella. — Tú y yo nunca hemos tenido contacto directo. Además, en el futuro te ves diferente. Por lo que es difícil recordar que no eres solo otro hombre de mi edad.

— ¿Me veo mejor? — Preguntó él, con un dejo de suficiencia en su voz como sí supiera la respuesta.

Ella resopló.

— No mejor. — Dijo él, obviamente un poco sorprendido por eso. Esté era un hombre que esperaba envejecer bien.

— No lo sé. — Hermione empezó a doblar la ropa. — ¿Cómo te sentirías si te dijera que eres calvo, de ojos rojos, con la piel de un blanco azulado, y que careces completamente de nariz?

Tom se echó a reír. Sin embargo, cuando ella lo miró y sonrió, él se detuvo. — Lo dices en serio. — Dijo él.

— No eres nada atractivo. — Dijo ella. Lo observó de arriba abajo. — Bueno, en el futuro.

Él le sonrió. — ¿Y ahora? — Preguntó.

— Encuentro que la parte sociópata del mal triunfa sobre los pómulos bonitos. — Dijo Hermione. — Además, asesinaste a mis amigos. Eso no algo que usualmente buscas en una pareja. Pero eso no es lo importante.

— No lo hecho todavía. — Dijo Tom. — Tal vez puedas convencerme de no hacerlo. — Caminó hacia ella. — Dime como ser mejor en lo que quiero, Hermione. — Él susurró, su voz enviando escalofríos a su columna vertebral. — Dime como alcanzar mis metas sin fallar y yo puedo perdonar a quien quieras.

— Podrías solo obligarme. Usar la Maldición Imperius en mí. — Dijo ella. — ¿Por qué ser tan civilizado como para preguntar cuando puedes tomar?

Él suspiró con fingido cansancio por su ignorancia. — No funciona así. — Dijo él. — Ciertamente, yo podría obligarte a que hicieras ciertas cosas. Yo podría obligarte a decirme todo lo que sabes y lo harías, pero sin ningún tipo de filtro critico, no sería más que ruido. Una mente bajo la Maldición Imperius no piensa muy bien. — Él empezó a doblar la ropa que Abraxas había traído. — Y la Legilimancia es igual de problemática. Hay demasiada información. ¿Dónde estabas el jueves a la hora del té? Sí, puedo pescar eso. ¿Cómo te sientes acerca de mí? Fácil. ¿Qué pasos debería seguir para asegurar que mi ascenso al poder va bien? — Él negó con la cabeza. — Demasiado complejo y mi evaluación de lo que vería en tu cabeza estaría demasiado influenciada por mis propios prejuicios como para ser útil.

— Así que tienes que ser amable conmigo. — Dijo ella, impresionada por eso. — Tienes que convencerme de que es de mi mejor interés ayudarte.

— Podría tortúrate. — Dijo él en voz baja.

Ella sonrió. — Se ha hecho antes, creo que acabo de mencionarlo. — Dijo ella, su voz serena. — ¿Sabes lo que hice?

— ¿Romperte? — Preguntó.

— Mentir. — Dijo ella. — Mentí a la mujer que se auto-proclamaba tu sierva más devota, más leal. Tenía una habilidad especial para la Maldición Cruciatus. Ella había conducido a hombres a la locura con esa maldición antes y yo le mentí a pesar de todo lo que lanzó hacia mí. — Ella le sonrió. — Me derrumbe en el suelo y lloré con más dolor del que sabía una persona podría experimentar jamás y mentí. Así que adelante, Tom Marvolo Riddle, tortúrame. Me romperás eventualmente, estoy segura, sin embargo me conducirás a la locura, no a la verdad.

Él dio un paso lejos de ella y la contempló, con los labios fruncidos. Deshizo el Glamour que cubría la palabra en su brazo y la estudió. — Muy interesante. — Dijo finalmente. Elevó un debo para trazar el contorno de cada letra y Hermione se congeló bajo su roce pero no se alejó, mientras un estremecimiento se arrastraba a lo largo de su cuerpo. — Cuando marque a Abraxas. — Agregó casualmente. — Lloriqueó con un bebé y luego se arrojó sobre sus bonitas alfombras. Él me habría prometido la luna y las estrellas con tal de hacer que se detuviera.

— ¿Duele? ¿Tomar la Marca? — Preguntó.

— Demasiado. — Dijo Tom. Su dedo se detuvo en la "A" al final de su cicatriz. — Así que no puedo romperte. — Murmuró. — No de una manera que resultaría útil para mí. Y aún no tengo idea de cómo llegaste aquí, o por qué. Tampoco creo que tú tengas alguna idea. ¿O es que hay algo que estás escondiendo de mí?

Hermione negó con la cabeza. — Yo… Yo fui a dormir en mi cama y desperté aquí. — Dijo. — Sí alguien me hubiera pedido que viajara al pasado para matarte, yo me habría negado. — Ella se estremeció. — Había terminado. — Murmuró. — Tú estabas muerto. Había terminado. ¿Por qué está sucediendo esto?

Tom se encogió de hombros y apartó su mano. — No tengo idea. — Dijo. — Pero tengo la intención de averiguarlo. ¿Eres un arma? ¿Un regalo? ¿Una herramienta o una trampa? — Frunció el ceño. — ¿Me darás tu palabra de no atacarme? No te quiero deambulando alrededor sin tu varita, pero tampoco me agrada la idea de mantenerte encerrada en esta habitación.

Hermione lo miró. — En el momento en que mis manos posean una varita, haré hasta lo imposible con el fin de matarte. — Dijo ella, las palabras tan cercanas a una promesa como pudo hacerlas. — Sí tengo un cuchillo a mano, lo usaré.

— Soy un hombre complaciente. — Dijo Tom mientras se pasaba una mano por el rostro. — Puedo complacerte por tanto tiempo como tú parezcas valer el esfuerzo, y tú sabes que tengo la intención de intentar convencerte de ayudarme por propia voluntad, especialmente teniendo en cuenta que parece que no tengo otra alternativa. Como sea, sí deseas hacer las cosas más difíciles para ti misma y prefieres vivir como una prisionera virtual sin magia, no voy a impedírtelo.

Hermione se puso de pie. — ¿Hay agua corriente? — Preguntó. — Me gustaría tomar una ducha y remover el hedor de la mera idea de colaborar contigo.

— Difícil, entonces. — Dijo Tom. Señalo a una puerta al otro lado de la habitación. — Enviaré a Abraxas a buscar algunos camisones para dormir.

— Gracias. — Dijo Hermione. — Eres muy amable. — Las palabras estaban repletas de todo el sarcasmo que pudo reunir.

— Le diré que busque el más sexy. — Dijo Tom. — No me gustaría que pienses que soy demasiado agradable.

— Existen pocas probabilidades de que eso ocurra. — Murmuró antes de desaparecer dentro del baño.


Nota de la Traductora: Algunas palabras han sido cambiadas o reemplazadas por sus sinónimos y/o definiciones con el fin de que el lector pueda comprender y entender lo aquí narrado. Nada me pertenece. La traducción de esta historia es sin fines de lucro y tiene como único objetivo entretener al lector y dar la oportunidad a aquellas personas de habla hispana el poder de disfrutar de esta excelente historia. Esta historia está concluida en su idioma de origen. Cuenta con 12 capítulos y pertenece a Colubrina. Para hallar los enlaces a la historia, consultar perfil (historias favoritas y autores favoritos). Cualquier reclamo y/o consulta será bien recibida.

P.D: Muchísimas gracias a todos lo que dedicaron un poco de su tiempo a leer y comentar esta humilde traducción. Sus comentarios han hecho que decidiera seguir con la traducción. Intentaré actualizar todos los lunes, sin embargo no prometo nada. Así que aquí esta el segundo capitulo de esta grandiosa historia de la mano de una mis escritoras preferidas, Colubrina. Esta es mi primera traducción. La traducción de esta historia era originalmente un regalo (por así decirlo) para mi hermana más pequeña, ya que ella quería leerlo, sin embargo el ingles no es precisamente su fuerte. Tenia el primer capitulo traducido desde hace ya mucho tiempo, no dejaba de pensar en él todo el tiempo y tenia que deshacerme él. Así que, pensé ¿Que demonios? ¿Por qué no solo lo publico? Y aquí esta.¡Que lo disfruten!