Disclaimer: Nada me pertenece. Todos los personajes así como el mundo en el que se desarrolla la trama le pertenecen a la grandiosa J.K Rowling. La historia pertenece a Colubrina. Historia únicamente registrada en FanFiction. net.
Por la mañana, Hermione se envolvió en otro de los vestidos que Abraxas le había traído, pensando que se sentía muy parecido a llevar un traje, y Tom Riddle sugirió que deberían ir a dar un paseo por los jardines así podrían hablar en privado mientras tomaban aire fresco. Apenas habían puesto un pie fuera de la Mansión, y Hermione ya estaba deseando que Abraxas Malfoy hubiera conseguido su talle correcto de zapato y esperando no torcerse un tobillo en los caminos de grava que serpenteaban a través de los impresionantes jardines. Cuando Tom - con su mano puesta en su codo, con el fin de poder ayudar a "guiarla" a lo largo del paseo – dijo repentinamente.
— Horcruxes.
— Cosas malvadas. — Dijo Hermione. — La división del alma. — Ella le sonrió de nuevo. — Yo destruí uno de los tuyos.
— Destruirás. — Corrigió él. — Tal vez. — Él la ayudo a bajar por un escalón desigual. — Se cuidadosa. — Advirtió antes de añadir. — Yo podría matarte.
Ella se encogió de hombros. — Ya lo hice, mi amor, es demasiado tarde.
— Mmm… — Dijo él y la guió hasta un pequeño mirador, espantando a uno de los pavos reales blancos que se había acercado en busca de comida. — Cosas fastidiosas. — Dijo.
— ¿Los Horcruxes? — Preguntó ella. — Yo las llamaría malvadas y pobremente elaboradas, sin embargo "fastidiosas" no es una palabra que alguna vez hubiera contemplado.
— ¿Pobremente elaboradas? — Riddle sonaba ofendido aunque Hermione sospechaba que su tono era fingido. Él era un buen actor.
Ella se encogió de hombros y se apoyó en la barandilla de piedra y miró a través del extenso parque. — Tengo que admitir que nunca pude entender que era lo que en realidad querías. — Dijo. — Siempre que estaba frente a ti, te ponías como un demente, y uno no espera que un demente tenga sentido.
— Estoy bastante cuerdo ahora. — Señalo él.
— Cuestionable. — Dijo Hermione. — No importa, ¿Podrías explicarme que es lo que querías hacer? ¿Qué quieres hacer?
— Ser el mago más poderoso con vida. — Dijo Tom Riddle. — Nunca morir.
Ella lo miró. — ¿Estas mintiéndome a mí o a ti mismo? — Dijo. Él hizo un curioso sonido y ella dijo. — De acuerdo. ¿Tú tienes…? ¿Qué? ¿Dos Horcruxes por ahora?
— Tres. — Dijo él.
— Claro. — Negó con la cabeza. — El Relicario.
Él le dio una de esas sonrisas que parecían divertidas y enojadas al mismo tiempo. — Sí. — Le dijo. — Intenta no mencionarles eso a los caballeros en la Mansión. — Dijo él. — Me disgustaría mucho contigo sí lo hicieras y tiendo a hacer daño a las personas que me disgustan.
— ¿Caballeros? — Preguntó Hermione con tanto veneno como pudo reunir. — Y yo aquí pensando que había conocido a todos los invitados anoche. ¿Has estado escondiendo caballeros en algún lugar?
Tom tiró de su barbilla hacia él. — Eres linda cuando estás siendo inteligente, Señorita Granger. — Dijo él. Hermione se apartó de su roce con repulsión y, burlonamente, él arrastro su mano a lo largo de su mejilla como una caricia. Ella lo miró fijamente, su corazón palpitante y encerrado; sentía fuego en cada lugar que él tocaba y, en base a su repentina inhalación de aire, él también lo había notado. Mantuvo su mano en su mejilla por un largo tiempo como un desafío hacia la indeseada química y luego se apartó. — Explícame, ¿Por qué crees que estoy mintiendo?
Ella resistió el impulso de levantar una mano y limpiar el lugar donde él la había tocado. — Si todo lo que te importara fuera la vida eterna, tomarías tus sucios Horcruxes y buscarías una casa en algún desolado lugar y vivirías allí. Nunca envejecerías. Nunca morirías. Solo tú y tus dispersos trozos de alma para toda la eternidad.
Tom Riddle la miró con ojos firmes. — Eso no cumpliría con el requisito de ser el mago más poderoso. — Le dijo.
Ella se sentía atrapada en esa mirada. — ¿Acaso no lo eres ya? — Preguntó ella, odiando la forma en que su voz temblaba. — Me has desarmado sin siquiera esforzarte y yo he sobrevivido a una guerra. — Él hizo un sonido despectivo y ella dijo. — No. Soy muy, muy buena. Las personas solían llamarme la bruja más brillante de mi año, algunos incluso decían que de mi generación. Y tú silenciosamente me has arrebatado la varita de mis dedos sin en realidad intentarlo. Tienes poder e inmortalidad. — Su voz se había vuelto casi una plegaria. — Tómalos y se feliz y vete muy, muy lejos, Tom Riddle.
— ¿La más brillante? — Murmuró él, en un tono de incredibilidad y luego se encogió de hombros y se inclinó para recoger un puñado de grava. — Extiende tus manos. — Instruyó él y, confundida, ella lo hizo. Él volcó la grava en sus manos mientras que, cada piedra que caía, se transformaba en una perla.
Hermione sintió las perlas en sus manos y las observó, perpleja por el asombro. — ¿Una ilusión? — Preguntó.
— Transfiguración. — La corrigió él. — Son perlas reales.
— Hasta que yo realice un Finite. — Le dijo ella.
— Lo que tú, al menos, no puedes hacer sin varita. — Le dijo él. Extendió sus manos al frente. — Devuélvemelas.
Ella lo hizo, dejando que las gemas blancas se deslizaran a través de sus dedos con cierto pesar. Él observó su expresión con una de sus ilegibles miradas y luego, cuando tuvo todas las perlas en sus manos, las arrojo al aire y ella perdió el aliento cuando las perlas se transformaron en pétalos de flores blancas y cayeron a la deriva como nieve hacia sus pies.
— ¿En el futuro has olvidado lo maravillosa que la magia puede ser? — Preguntó él, divertido y satisfecho con su reacción.
Se sacudió el hechizo que él había tejido a su alrededor. — Si lo hice, fue por tu culpa. — Le dijo. — No tenía demasiado tiempo para jugar con perlas y flores mientras estaba intentando mantenerme con vida.
— A veces me pregunto. — Dijo Tom, como si ella no hubiera hablado. — Si aquellos que la poseen alguna vez aprecian verdaderamente lo increíble que en realidad es la magia.
— Tal vez no. — Dijo ella.
— Me gustaría regresarte tu varita. — Le dijo repentinamente. — Los hombres que he elegido respetan el poder más que cualquier otra cosa. Mientras no poseas una varita, eres completamente vulnerable y yo no puedo estar vigilándote a cada momento.
— ¿Por qué habría de importarte? — Preguntó ella, inclinándose para recoger uno de los pétalos y jugar con él entre sus dedos. —No haces más que seguir amenazando con matarme y sabes perfectamente que yo planeo hacer lo mismo.
— No necesitas entender cada una de mis motivaciones. — Le dijo él. — Y no tengo porque darte más explicaciones de las que ya te he dado. Prométeme que no me atacaras y yo te entregaré tu varita. — Él estiró una mano para dar un golpecito a su nariz, de nuevo en uno de sus pequeños gestos condescendientes y luego pareció pensárselo mejor. — Una semana. — Le dijo. — Prométeme una semana y puedes tener devuelta tu varita.
Hermione se alejó de él. — Ya está hecho. — Dijo él. — El Tiempo está cambiando y cambiando solo porque estás aquí. Iba a reunirme con un Mago Oscuro hoy y no lo hice porque tú eres un rompecabezas mucho más interesante. Eso ya es un cambio. ¿Será uno importante? Quizá esa reunión fue la que inicio la guerra en la que peleaste. Quizá ahora haré algo más. Tienes el poder de influir en mí.
— Quizá. — Concedió ella.
— Quizá. — Dijo él. — Sin embargo, ¿Eres tan cobarde que ni siquiera intentarías tomarlo? ¿Estás tan resignada a tu futuro que no intentarías siquiera convertirme en una herramienta que puedas manejar? — Él posó una mano sobre su hombro. — Tantas oportunidades. — Susurró en su oído. — Tantas posibilidades. ¿Cómo puedes resistirlas?
— Recordándome a mí misma que solo quieres usarme con el fin de ganar. — Le dijo Hermione. — El mundo que creaste tenía mendigos en las calles y las personas como yo no tenían hogares, no tenían varitas y estaban indefensos. Tu mundo era oscuro y …-
— Y aún no ha pasado. — El hombre deslizó su mano a lo largo de su brazo y mantuvo su boca cerca de su cuello y susurró. — Si no hicieras nada, eso es lo que sucedería. Sin embargo, si hicieras algo ¿Qué ocurriría?
— Algo peor. — Dijo ella. A pesar de estar temblando en contra de su voluntad, ella mantuvo su voz fría y firme cuando dijo. — Un mundo en el que no fuiste vencido. Un mundo donde …-
— O algo mejor. — La sensación de su cálida respiración en su piel hizo que apretara los puños. — Un mundo donde mi querida y dulce amada me guíe por el camino de la bondad.
— Tú no tienes bondad.
— Un mundo donde mi amor por ella …-
— Tampoco eres capaz de sentir amor.
— ¿Cómo estás tan segura? — Él posó una mano en su cadera, sus dedos presionando y tirando de ella hacia él. — E incluso si fuera cierto, incluso si las atenciones de una mujer bonita no tuvieran ningún poder sobre mí, ¿Crees que sería lo bastante tonto como para no tener en cuenta las advertencias de lo que hice mal? Si tu mundo de guerra y muerte termina conmigo vencido y muerto, tengo suficiente sentido común como para saber que debería escucharte. Tal vez un mundo sin guerra vaya tan bien conmigo como el poder y la inmortalidad.
— Una semana. — Dijo ella, tirando de sí misma lejos de él y casi cayendo por los grandes escalones cuando sus pies resbalaron un poco gracias a la grava floja. Se mantuvo apoyada en la barandilla y escondió el dolor del repentino impacto. — Una semana. — Repitió y se volvió hacia él con su mano extendida. — Ahora regrésamela.
— Rompe tu palabra. — Dijo Tom. — Y te torturaré.
— Habrá valido la pena sufrir si al final acabas muerto. — Murmuró Hermione.
— Horcruxes. — Le recordó él con una malvada sonrisa. — Y tú no sabes donde están. Así que puedes atacarme. Puedes hacer que me moleste contigo. Si tienes una suerte terrible, podrías incluso herirme. Pero no puedes matarme.
Ella mantuvo su mano extendida y dijo. — Prometo no intentar matarte por una semana.
Él extrajo su varita de su bolsillo y se lo arrojó a ella. Sus dedos se cerraron alrededor de la familiar vara de madera y se estremeció del alivió que la atravesó. — No prometo nada en cuanto al resto de tu tripulación. — Agregó ella mientras utilizaba un encantamiento para cambiar el tamaño de sus zapatos para que calzaran mejor en sus pies.
Él se encogió de hombros. — Yo mismo soy frecuentemente invadido por el desbordante deseo de utilizar un Cruciatus en uno o dos de ellos. Así que, difícilmente podría culparte por sentirte de la misma manera.
Hermione levantó su varita en su mano, la hizo girar de un dedo a otro, apunto con ella a Tom Riddle, y finalmente lanzó un Finite a los pétalos de flores que aún cubrían el suelo a sus pies y sonrió al verlos volver a su forma original.
— Muéstrame algo. — Sugirió él y ella lo miró y realizó un Patronus. Una nutria surgió de la punta de su varita y correteó por el aire entre ellos, ignorando al mago. Ella sintió que los extremos de sus labios tiraban hacia arriba de la manera que siempre lo hacían en presencia de la alegría pura que su nutria exudaba. Tom estudió al plateado animal y entonces dijo. — Podría apostar que no aprendiste eso en la escuela.
— No del profesorado, no. — Dijo ella, siguió sonriendo mientras recordaba a Harry enseñando a todos como controlar la felicidad a voluntad y usarla para luchar contra la desesperación que los rodeaba. Nada alguna vez había atenuado la luz de Harry, ni su horrible familia, ni los abusivos profesores, ni las manipulaciones de Dumbledore. Él había sido un chico, y luego un hombre, hecho de amor. Ella posó su mirada en Tom y su sonrisa se desvaneció mientras observaba al que en su tiempo había sido el némesis de Harry. — El chico que logró matarte me enseñó. — Le dijo ella.
— ¿Tu novio Sangre Pura? — Preguntó él, malinterpretando su expresión.
Ella se echó a reír y la nutria vibró con placer ante el sonido. — No. — Dijo ella. — Un mestizo. Un héroe.
— ¿No un villano como yo? — Preguntó Tom, con una media sonrisa divertida en su rostro.
— Nada como tú. — Le dijo, luego arrastró con pesar una mano sobre su rostro y admitió. — Nada como tú en las cosas que de verdad importan. Igual a ti de… forma diferente. — Ante el silencio de Tom, ella dijo. — Ambos eran huérfanos. Ambos crecieron en entornos diseñados para aplastar toda esperanza.
— Sabes demasiado sobre mí. — Dijo Tom. Ella lo observó mientras él se inclinaba lejos de ella. Ese gesto era, probablemente, el primer movimiento inconsciente que él hacía en su presencia.
— Sé que eres el último descendiente de Salazar Slytherin. — Le dijo Hermione, observando fijamente su rostro. — También sé que tu padre era un Muggle. — Sus ojos se estrecharon ante esa revelación y ella podía ver donde, suponiendo que envejeciera, él tendría líneas cuando fuera mayor. Él se vería bien con ellas. — Sé que lo mataste.
Él sonrió y ella se congeló.
— Sí. — Dijo él. — Lo hice. ¿Quieres que te relate cómo me suplicó clemencia? La niña idiota de la escuela había sido un error, pero pude tomarme mi tiempo con él y así lo hice.
Ella fue capaz de controlar un escalofrió y dijo. — Puedes guardar para ti mismo los detalles tediosos de cómo eres un monstruo. — La nutria le lanzó una mirada llena de reproche y se desvaneció, ella maldijo internamente de manera tan obvia que reveló sus propias emociones.
Tom dio un paso hacia ella. — ¿En qué estaba pensando, Señorita Granger? — Hermione no contestó, entonces él presionó. — ¿Qué recuerdo puede conjurar a un Patronus tan bonito? ¿Un recuerdo de la infancia? ¿Tu primer beso? ¿La primera vez que un muchacho deslizó su sudorosa mano bajo tu camiseta en busca del broche de tu sujetador? — Él dio un paso más cerca y curvó sus labios en una media sonrisa que él sabía, hacía que los corazones femeninos latieran con más prisa.
El de ella también, pero estaría condenada si le dejaba saber a él que la afectaba.
Literalmente, condenada.
— Recuerdo el sonido de tu cuerpo al caer al suelo. — Dijo ella mirándolo directamente a los ojos.
Tom Riddle no reaccionó como ella esperaba. Él levantó una mano y acarició sus labios con su pulgar y ella tuvo que forzar a sus propios labios a permanecer unidos en una línea cuando cada parte de su ser quería abrirlos nerviosamente y humedecerlos con la lengua que estaba mordiendo en ese instante. — Fascinante. — Fue todo lo que él dijo y ella no estaba segura si se refería al recuerdo que ella afirmaba utilizar para convocar la alegría o a la manera en que sus cuerpos se encendieron ante el roce del otro.
Nota de la Traductora: Algunas palabras han sido cambiadas o reemplazadas por sus sinónimos y/o definiciones con el fin de que el lector pueda comprender y entender lo aquí narrado. Nada me pertenece. La traducción de esta historia es sin fines de lucro y tiene como único objetivo entretener al lector y dar la oportunidad a aquellas personas de habla hispana el poder de disfrutar de esta excelente historia. Esta historia está concluida en su idioma de origen. Cuenta con 12 capítulos y pertenece a Colubrina. Para hallar los enlaces a la historia, consultar perfil (historias favoritas y autores favoritos). Cualquier reclamo y/o consulta será bien recibida.
P.D: Aquí la tercera parte de esta historia. Primero que nada lamento haber tardado tanto en subir este capítulo, aunque en mi defensa argumento motivos de fuerza mayor. Gracias a todos por sus grandiosos comentarios, que debo decir he leído todos y cada uno de ellos. Besos, comenten y suscribanse.
