Disclaimer: Nada me pertenece. Todos los personajes así como el mundo en el que se desarrolla la trama le pertenecen a la grandiosa J.K Rowling. La historia es propiedad de Colubrina. Historia únicamente registrada en FanFiction. net.


Hermione Granger, viajera del tiempo y sangre sucia, quizá podía odiarlo, pensó Tom Riddle con cierta admiración, pero jugaba limpio. A ella le gustaba hacerle saber que podía maldecirlo en cualquier momento, a menudo lanzaba pequeñas maldiciones a sus subordinados, pero no había levantado una varita en su contra desde que había prometido no hacerlo.

Abraxas Malfoy era, de alguna manera, el más difícil de sobrellevar, y él estaba empezando a preocuparse de que Hermione en realidad matara a Dolohov.

Bueno, sí eso sucedía, sucedía y ya. Algunas cosas no podían ser evitadas.

Ella, además, había respondido a todas y cada una de las preguntas que él había formulado. Por supuesto, él no podía estar seguro de que ella no estaba mintiendo. Una búsqueda rápida en su cerebro le demostró que, a pesar de que no era una experta en el Arte de la Oclumancia, ella había aprendido algunas cosas. Sabía lo suficiente como para hacerlo hacer algo tan absurdo como confiar en ella. No le gustaba la sensación y él no tenía intención de tolerar a nadie más así en todo lo que restaba de su muy larga existencia.

— Los horcruxes fueron un error. — Ella también tenía sus opiniones. — Ya fue bastante malo hacer uno … -

— Tres. — La interrumpió él.

— Pero siete fue excesivo. No estoy segura, por supuesto, sí fue la repetida fragmentación del alma o carecer de cuerpo por tantos años lo que causó que te tornaras inestable, pero hiciste demasiados. Uno es más que suficiente.

— Tres. — Repitió él.

— Sin embargo ahora tienes un método a prueba de fallos. — Ella lo miró seriamente. — No hacer ni uno más. La serpiente fue – será – una idea particularmente estúpida.

— ¿Convertí a una serpiente mortífera en un recipiente para albergar un fragmento de mi alma? — Tom no podía creerlo.

— Te dije que eras inestable.


Ella también se regodeó.

Estaban sentados en uno de los muchos patios que la Mansión Malfoy tenía para ofrecer. Abraxas, a pesar de la tendencia de la bruja a apuntar continuamente su varita en su dirección, le había proporcionado un guardarropa aparentemente infinito, y ella se había aplacado ligeramente hacia él en respuesta. Esto no había funcionado tan bien para Antonin Dolohov, sin embargo su antipatía hacia ese mortífago en particular había dado a Tom la oportunidad de admirar su habilidad con las maldiciones. Ella era, él tenía que admitirlo, atractiva cuando arrojaba al hombre fuera de su camino con un ligero movimiento de su varita, golpeándolo contra armarios y puertas.

— Luces preciosa el día de hoy. — Dijo Tom.

Ella había hurgado a través de todos los vestidos que Abraxas le había proporcionado y optado por unos pantalones de cintura alta con un cinturón amplio y una camisa que jugaba con la posibilidad de ser transparente sí la luz la golpeaba adecuadamente. Hasta el momento la luz no la había tocado, sin embargo Tom descubrió que la esperanza era lo último que se perdía.

El hecho de estar mirando las curvas de una mujer desconcertó a Tom Riddle más de lo que debería, así que intentó resolver ese problema inclinándose hacia adelante y pasando los dedos a través del largo cabello al que ella le había dado completa libertad. — Muy hermosa. — Añadió.

— ¿Tienes que estar siempre tocándome? — Demandó ella. — Esto no era parte de nuestro trato y no tiene nada que ver con mi intención de hacerte, de alguna manera, menos violento.

Tom rozó con un dedo sus labios fruncidos antes de alejar su mano e inclinarse hacia atrás, ignorando el hecho de que tocarla, lejos de acabar con su indeseada fascinación por ella y su apariencia, había hecho que la sangre corriera hacia partes de él por las cuales no tenía control suficiente. — Habría parado sí no te gustara. — Dijo él.

Ella guió una mano hacia sus labios con un estremecimiento. — No me gusta. — Dijo ella.

— Estás mintiendo, eso te habría hecho menos interesante sí no fueras tú en particular. — Dijo Tom. — Pero no importa. Dime más sobre las cosas incorpóreas.

La observó removerse incomoda en su silla y ocultó su sonrisa. Ella parpadeaba demasiado a menudo. Apartaba la vista. Apoyaba su peso de lado a otro. Acerca de los Horcruxes, ella estaba diciendo la completa y absoluta verdad. En su mundo él había hecho demasiados. Sumando eso a su pobre elección de bando, le hacían pensar que él de verdad había perdido la cabeza. No más horcruxes, decidió. No quería correr el riesgo de quedarse demente. Una eternidad como un loco de atar no tenía ningún atractivo.

Acerca de su contacto, sin embargo, ella estaba mintiendo. Apenas podía contenerse a sí misma de apoyarse en su mano. Ella lo odiaba, era cierto, pero al mismo tiempo él la fascinaba, y ella se sentía atraída por lo interesante y lo complicado.

"Odi et amo." — Murmuró.

— ¿Qué? — Preguntó ella bruscamente.

— Un poema Muggle. — Dijo él con un encogimiento de hombros. — Teníamos un sádico aspirante a Profesor de Latín en el orfanato y existen ciertas cosas que uno no olvida, especialmente cuando la lengua menos poética resulta ser de utilidad en la creación de hechizos. No importa. Incorporal, ¿Recuerdas?

— Intentaste matar al niño que estaba destinado a destruirte. — Hermione comenzó.

— Un movimiento inteligente. — Dijo él.

— Y su madre se interpuso en tu camino.

Tom frunció el ceño. — Las personas lo hacen todo el tiempo. — Dijo él. — No quiero sonar obtuso aquí, Hermione, pero, al contrario de lo que las historias de amor cuentan, un sacrificio por amor en realidad no consigue nada. Si las madres que sacrifican sus vidas por sus hijos me volvieran incorpóreo, en este momento ya lo sería.

Hermione le envió una mirada cargada de odio y miedo. — Funcionó para ella. — Dijo. — Quizá hubieron factores atenuantes. Tal vez hiciste algo que lo enredo todo. No lo sé. Solo puedo decirte lo que pasó. Intentaste matar a Harry y su madre murió en su lugar, él permaneció ileso y tú te convertiste en un espíritu.

— Harry. — Susurró el nombre lentamente, envolviendo su lengua entorno a él. Esta era, de hecho, una información de valor incalculable, y algo que muy probablemente ella no había tenido intenciones de revelar. — Gracias, mi amor. Harry ¿eh?

— No soy tu amor. — Le espetó ella.

— Bastante cerca. — Dijo él. — Mi único amor surgido de mi …-

— Ni siquiera puedo presumir de ser la única cosa que odias. — Dijo ella. — Odias a las aves por volar, odias a …-

— No lo hago. — Dijo él. — ¿Por qué envidiaría a las aves por volar cuando volar es tan sencillo?

— Las escobas son incomodas. — Respondió ella.

Él la observó y empezó a sonreír. — Entonces no las uses. — Dijo él. — Solo no lo hagas.

— No todos somos Tom Riddle, el mago extraordinario. — Dijo ella.

Tom se echó hacia atrás e inclinó la cabeza para poder fijar su vista en el cielo. — ¿Por qué dejarles decirte cómo usar la magia? — Preguntó finalmente. Él había querido molestarla, sin embargo, se encontró a sí mismo genuinamente curioso. Ciertamente, ella era lo suficientemente poderosa como para prescindir de los libros de apoyo y los objetos mágicos pre-fabricados. — Si no deseas volar, no lo hagas. Pero si deseas hacerlo, no te detengas solo porque un objeto mágico no es de tu agrado. — Cerró los ojos y fingió caer dormido. — ¿O es que acaso eres solo otra de las brujas-fórmula que tiene Hogwarts? Buena para seguir las instrucciones pero no para nada más.

Él podía oírla ponerse de pie y avanzar hacia él, pero confiando en la promesa que ella le había hecho, mantuvo los ojos cerrados y los músculos relajados hasta que sintió el agua bajando por su cabeza. Tartamudeo, se quedo sin aliento y abrió los ojos para ver a la bruja flotando – casi volando – frente a él, vertiendo el contenido de la jarra de agua sobre él. Él se echo a reír e inclinándose hacia adelante, tiró de ella hacia su regazo. Inestable en el aire que hace unos segundo ella había pensando incluso en manipular, cayó hacia adelante y él estrelló su boca contra su piel mientras ella descansaba su peso en sus piernas. Colocó las manos alrededor de su espalda para evitar que cayera de espaldas sobre los adoquines de piedra; si ella se quebraba la cabeza en este momento, él perdería todo el conocimiento sobre el futuro que ella mantenía oculto. — Eres una mujer malvada. — Dijo él, aspirando su esencia. — ¿Cómo conseguiré secarme ahora?

— ¿Con magia? — Sugirió ella con una sonrisa traviesa.

Él se humedeció los labios antes de presionarlos contra su cuello. — Magia. — Concordó. Ella tenía la piel fría bajo su toque y sus manos, que estaban posadas en sus hombros para mantener el equilibrio, repentinamente se convirtieron en garras que se clavaron en su carne cuando él arrastró su lengua a lo largo de su piel. Esperó a que se alejara sin embargo ella no lo hizo por un largo, largo tiempo. Él casi podía oír la sangre corriendo en sus venas, podía oír como la duración de su respiración se reducía y aumentaba su velocidad mientras él saboreaba su piel. Ella sabía a sal y a ira, a poder y algo más.

Era un rompecabezas.

Él se puso de pie y la ayudo a hacer lo mismo. — Hoy ha sido de gran ayuda, Señorita Granger. — Dijo Tom. — Tiene razón, debería detenerme en tres horcruxes y, aparentemente, evitar bebés llamados Harry.

Ella se estremeció. — Creo que iré a recostarme. — Dijo ella. — Ayudar a las fuerzas de mal me hace sentir un poco mareada.

Él atrapó su muñeca. — Mientras te recuestas, piensa en cómo no te resististe a mi contacto. — Sugirió.

— Solo sí tú piensas en la forma en la que voluntariamente tocaste a una sangre sucia. — Respondió ella antes de alejarse.

Él la observó mientras se alejaba y murmuró. — "Nescio, sed fieri sentio et excrucior."El Señor Callahan se habría sentido complacido al saber lo bien que aún recordaba el poema. Catullus 85, sí mal no recordaba. Era curioso como las cosas podían sumergirse en la mente solo para surgir cuando fueran relevantes.


La manera en que Antonin Dolohov se apresuró a entrar a una habitación cuando la vio acercarse por el pasillo casi hizo a Hermione sonreír. En una ocasión, ella le había oído sisearle a uno de los otros mortífagos. — ¿Qué le he hecho yo a ella? — Y la poseyó el impulso de contestar. — Me arrojaste una maldición en el Departamento de Misterios cuando tenía quince años que dejó una cicatriz que jamás sanará. — Había hecho a su boca abrirse y luego contraerse en una mueca cuando pensó en que era exactamente lo que estaba haciendo. Envenenar la línea temporal e informar a Dolohov de algo parecía muy poco inteligente.

Las cosas ya eran diferentes.

Tom Riddle ya no planeaba fabricar más horcruxes.

Ella podría haber salvado a Harry de una vida en la que era perseguido por un demente. Así que, ¿Había valido la pena, verdad? ¿Cooperar con Lord Voldemort había sido lo correcto, verdad?

Se frotó las sienes y abrió la puerta de su habitación – ¿La habitación de Tom? Que Merlín no lo permita. ¿La habitación de ambos? – y luego, de una patada, la cerro tras de ella. Odiaba lo mucho que le gustaba el gusto sencillo del hombre, la habitación era relajante y agradable, y estaba demasiado cerca de la perfección. Todos los chicos que había conocido alguna vez habían decorado sus paredes a base de carteles de equipos de Quidditch y banderas de eventos escolares deportivos. Harry había hecho, al menos, un esfuerzo por limpiar los escombros dejados atrás en Grimmauld Place para luego instalarse en una consolidada soltería atestada de pizzas para llevar, platos de papel, y concursos de eructos con Ron.

Los amaba, sin embargo había veces en las que le daban ganas de gritar por lo idiotas que eran. Lo infantiles. Al principio lo atribuyó a una recuperación post-guerra; ninguno de ellos había vivido como niños normales desde que llegaron a Hogwarts y ahora que el mundo volvía ser un lugar seguro, ellos lo habían tomado como una oportunidad para actuar tan inmaduros como fuera posible. Ginny se había mostrado indiferente ante sus reclamos.

— Tienes un atizador metido en el trasero. — Había dicho ella. — Debes sacarlo antes de casarte o ambos serán miserables.

Hermione se dejó caer en la cama, empujando sus zapatos hacia afuera con la ayuda de los dedos de sus pies, y se preguntó qué demonios era lo que estaba haciendo. Se había dicho a sí misma que si podía alejar a Tom Riddle de su propia demencia sería capaz de crear un mundo mejor para todos. De no ser así, ella retrocedería en sus pasos e intentaría matarlo nuevamente. Solo deseaba que él no tuviera que ser tan guapo.

Tan encantador.

¿Por qué él tenía que ser tan encantador? ¿Por qué tenía que sostener su silla en la cena con una cortesía que jamás había experimentado y sonreírle con una burlona sonrisa ladeaba cuando ella se había mostrado sorprendida? ¿Por qué tenía que volcar perlas en sus manos y alentarla a empujar su magia más allá en lugar de llamarla empollona y gruñir sobre cuán aburrida era y si estaba de acuerdo en oír más acerca de Quidditch?

No era justo que un monstruo fuera tan inteligente y encantador, no era justo que fuera un monstruo el único que en verdad la escuchaba y definitivamente no era justo que fuera un monstruo el que hiciera a su sangre arder cuando sus dedos se posaban en su piel. — Amo a Ron. —Ella murmuró para sí misma. — Valiente, noble, virtuoso y heroico Ron. — Se llevó una mano a los labios y los limpio de nuevo, como sí con ello pudiera eliminar el recuerdo del pequeño roce en sus labios. — De hecho, odio y amo. — Dijo. — Como sí pudiera impresionarme con un poco de poesía en latín.

Rodó hacia un lado de la cama y oculto su rostro en la almohada. Estaba atrapada en el pasado con un brillante y peligroso hombre, así mismo ella también era brillante y peligrosa, y le había proporcionado suficiente información para desviar su camino. Lo había reconducido hacia algo menos turbulento, menos violento. Ella se aprovecharía de su desprecio por sus subordinados y su miedo a perder su mente y lo convertiría en alguien, bien, no bueno. Jamás nada ni nadie harían de Tom Riddle una buena persona.

Él no se parecía en nada a Ron. Nada como Ron, a quien ella amaba y extrañaba.

Nada como Ron, quien jamás recitaría una poesía en latín para ella.

Frotó sus labios de nuevo.

Ella estaba haciendo lo correcto. Un mundo con Tom Riddle como una persona funcional era lo mejor. Él incluso podía ser un político. Merlín sabía que después de la guerra más de la mayoría de los políticos eran poco más que sociópatas funcionales de todas formas. Él encajaría perfectamente.

Estaría bien.


Catullus 85.

"Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris?

Nescio, sed fieri sentio et excrucior."

Catullus 85.

Odio y amo. Quizás te preguntes por qué hago esto.

No lo sé, pero siento que así ocurre y me tortura.


Nota de la Traductora: Algunas palabras han sido cambiadas o reemplazadas por sus sinónimos y/o definiciones con el fin de que el lector pueda comprender y entender lo aquí narrado. Nada me pertenece. La traducción de esta historia es sin fines de lucro y tiene como único objetivo entretener al lector y dar la oportunidad a aquellas personas de habla hispana el poder de disfrutar de esta excelente historia. Esta historia está concluida en su idioma de origen. Cuenta con 12 capítulos y pertenece a Colubrina. Para hallar los enlaces a la historia, consultar perfil (historias favoritas y autores favoritos). Cualquier reclamo y/o consulta será bien recibida.