A/N: Los personajes y trama original son propiedad de Hajime Isayama.

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Después de correr alrededor de la pista de atletismo por media hora sin interrupciones, se detuvo satisfecha al ver la clase finalizada. La adrenalina por el ejercicio y aquella sensación de libertad aún se sentía palpitar en su interior, por lo que tomó una botella con agua para evitar sentirse deshidratada.

Puede que llueva, pensó la chica para sí misma al dirigir una mirada al grisáceo cielo. Aquella tarde pocos compañeros habían asistido a la clase, algunos por el cambio de estación, otros por enfrascarse en los proyectos de fin de temporada que se avecinaba, más ella disfrutaba lo suficiente cada vez que olvidaba sus preocupaciones y sentir el choque del aire en sus mejillas. Era tan cercano a volar por los aires.

Un poco después de asearse y dar por finalizada la rutina, la joven caminaba la habitual ruta que la dirigía a la parada del autobús rumbo a su casa. Isabel usualmente la acompañaba, más ésta se encontraba enferma desde la semana pasada por lo que había faltado a las clases. El sol la guiaba, por lo que podía detectar las sombras que se reflejaban bajo la estela solar.

Por alguna razón, tuvo la sensación de que alguien le seguía por lo que giró con tranquilidad. No encontró indicios de alguna persona que caminara por la misma ruta, por lo que continuó con su camino. Más su intuición le indicaba que alguna persona la vigilaba a lo lejos.

Ese sentir había aparecido unas cuantas semanas anteriores, generalmente el patrón se repetía cada vez que ella salía de sus clases o viajaba en bicicleta por el parque más cercano a su casa. Era curioso, pues a pesar de que era una situación muy extraña, Petra no sentía miedo alguno. Con una sonrisa en su rostro, subió al autobús que la llevaría a su hogar.

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Gruñó en frustración al no lograr interceptar a la joven y ver como su oportunidad se iba al caño una vez más. Miró al cielo con fastidio al sentir las primeras gotas de lluvia descender y musitó para sí mismo una vulgaridad.

Al inicio, no dejaba de culpar a Isabel y Farlan de su mala idea sobre emparejarlo con aquella chica, más el asunto se tornó más complicado una vez que Petra había confesado sus sentimientos y retirarse al no obtener una respuesta favorable semanas atrás. Lo cierto fue que en realidad la estructurada mente del joven de cabellos oscuros cayó en un estado de caos y desorden, pues ahora era ella la que no lo dejaba descansar.

O quizá era el vago recuerdo de una persona idealizada dentro de su mente, forjándose dentro de sí mismo una infatuación o como él lo consideraba, una pérdida de tiempo.

Sea lo que fuese, ella estaba dentro de sus pensamientos en todo tiempo, inclusive en sus sueños a pesar de lo poco que dormía. La recordaba bonita, con aquel sobre lavado uniforme de atletismo que portaba, con el corto cabello de zanahoria que brillaba con el sol, con los grandes ambarinos ojos que lo miraban enternecidos para después tornarse tristes y después sentirse señalado por cualquier ente divina si es que existía a causa de su ineptitud.

Desde aquel incómodo suceso, no la había vuelto a ver. Inclusive Isabel la había dejado de mencionar y por un periodo de tiempo se aseguró que era mejor así. Sin embargo, transcurrieron los días y cada vez se encontraba de mal humor; a tal grado que en una ocasión llegó a reñir fuertemente con un joven de dos años abajo—un tal Eren Jaeger—sin razón alguna por lo que el profesor Smith le dio una fuerte llamada de atención fuera del aula y fue suspendido por dos días.

Que importaban las suspensiones, si carecía de familia y su tío Kenny había desaparecido años atrás sin rastro. Bien es dicho que el tiempo de ocio es aún peor para los malos hábitos, aquellos días fuera de clases fueron aún peor para él, a tal grado que terminó regresando a la pista de atletismo como tiempos anteriores y fue ahí cuando la volvió a ver. Escondido en el asiento más lejano de las gradas, su interior cobró vida al verla.

Más estaba tan lejos de su alcance, a causa de su error.

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—Y bien, creo que ya es un buen momento para dejar de actuar como un psicópata y hablar con ella. —le enfrentó Farlan aquella tarde mientras regresaba de haberla seguido sin éxito, su vestimenta empapada de la lluvia y aún más malhumorado que de costumbre.

—No te metas en mis asuntos.—dijo Levi en voz defensiva, aventando su mochila con violencia al suelo.

—No es meterme en tus problemas, es hacerte entender.

—Todo es culpa tuya y de Isabel. —indicó Levi con cierta amargura.

—Puede que lo sea pero sé congruente contigo mismo. —le brindó una toalla para que al menos secase la humedad en su cabello y que aquella apariencia a rata de alcantarilla relamida disminuyese—¿Te gusta mucho Petra, no es así?

Tch.

La sonrisa de Farlan se tornó en una mueca de jactancia.

—Isabel dice que sigue preguntando por ti.

—Es mejor que se decepcionara, no soy una persona normal. —dijo Levi con abnegación y se sentó en el viejo sofá de la sala.

—¿Por qué mejor no enfrentar tu miedo de una buena vez y hablar con ella? —Levi era una de las personas más herméticas y testarudas que conocía, más también solitaria. Si bien el pasado como infantes ladrones era un vago recuerdo, tal parecía que el muchacho de cabello oscuro continuaba sintiéndose perseguido por ello. Pero había cuidado a Isabel de la mejor manera y lo continuaría haciendo por ella, habían logrado escapar de aquellos recuerdos turbios, y se había salvado él. Quizá asesinar a unos cuantos mafiosos de la región había funcionado de algo, al menos ahora podían vivir con ciertas comodidades.

El futuro era incierto, pero notaba como el rostro de Levi necesitaba de un consuelo y al menos éste regresaba a la vida cuando el nombre de Petra era mencionado. Los había observado desde el inicio, la manera en que la gentileza de la chica parecía calmar el estado de ánimo de su compañero, hasta llegar a un grado de comodidad a pesar de lo poco que conversaban.

Además, jamás pensó ver al huraño muchacho flechado por una chica. Más como Isabel decía, Petra era la pieza perfecta al rompecabezas de la vida de Levi.

Y entonces, la respuesta de su compañero le sorprendió por lo que no pudo evitar posar su mano en su hombro como señal de apoyo.

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Dirigiéndose rumbo a la pista de atletismo, Petra caminaba apresuradamente. Se le había hecho tarde, pues acababa de presentar un examen y le había dejado una mala impresión por la complejidad de la materia. Ella se consideraba una alumna promedio, con buenas notas y ortografía más tenía que admitir que las últimas semanas le había sido un poco complicadas. Esperaba obtener una nota aceptable para aprobar la materia y no tener que enfrentar los cuestionamientos de su padre en casa.

Al menos Isabel ya regresaba a la clase, había alcanzado a divisar su sonora risa a lo lejos por lo que con una pequeña sonrisa, giró en camino a los vestidores sin notar que alguien seguía su camino.

Fue entonces cuando antes de ingresar a la puerta, sintió su brazos ser empujados por una fuerza mucho mayor que ella rumbo a otra dirección.

Sus ojos se encontraron, por lo que Petra musitó a sí misma.

Entonces eras tú todo este tiempo.

—Si, era yo. —al responder su corto monólogo ella lo miró contrariada, para después cruzar sus brazos a la defensiva.

—¿Qué es lo que quieres?

—Hablar contigo.

—Pues debo ir a clase. —Petra desvió su mirada e intentó retirarse más nuevamente aquellos brazos le bloquearon el paso. Al mirarlo, se encontró con aquel frío e insípido rostro que el joven generalmente mostraba, inmune a las circunstancias, a los cambios de estación. Había quedado prendado de él desde que Isabel le había presentado por primera vez, si bien no era un joven de muchas palabras existía algo en él que le atraía al igual que tenía la percepción que era una persona muy solitaria. Por alguna extraña razón, ésto la hacía sentir triste por lo que una vez ambos entablaron una amistad—o así lo pensaba ella, aquel sentimiento de protección creció en algo mucho más genuino.

Aún así, siempre estuvo muy lejos de su alcance.

—Escúchame, Petra. —dijo Levi dejando escapar un tono de ansiedad al tenerla a esa corta proximidad. Se lamentó nuevamente al intentar recordar si en algún momento le había tenido tan cerca como hasta ahora, sin encontrar respuesta alguna. —Yo no quería esto.

—No entiendo.

—Déjame hablar.

—Se me hace tarde —intentó buscar una salida, más el joven de cabellos oscuros la tomó de los hombros con frustración.

Siempre estas en mis pensamientos, Petra.

Levi

Los ojos de Petra comenzaron a tornarse cristalinos momentos después.

—Yo no soy bueno en estas cosas. Yo pensé que la culpa era de Isabel y Farlan, porque no se callaban la boca. Pero tú...siempre has sido muy hermosa.

Con una de sus ásperas manos, intentó acariciarle la mejilla y sus ojos se dilataron al ver cómo se estremecía ante el contacto.

—Eh, no llores maldita sea. —dijo Levi con torpeza, suficiente tenía con el recuerdo de Isabel llorar la vez que la salvó de aquellos rufianes en su vida pasada.

—Lo siento, pero me duele mucho. —intentó cubrirse el rostro, más fue sorprendida por un fuerte abrazo.

—¿Está bien así? —preguntó Levi con cautela momentos después, acariciando el suave cabello de zanahoria de la chica, dejándose llevar por el aroma a limpieza y perfume floral.

—Si. —respondió Petra con timidez, sorprendida ante la intensidad de cómo lograba sentir el violento corazón del joven agitarse.

—Debes saber algunas cosas.—al separarse de ella y sin dejar de mirar su confundido rostro, fue así como le confesó la complejidad de su niñez y lo que tuvo que hacer a fin de sobrevivir para obtener un poco de comida. También le contó la historia de Isabel y Farlan, y el precio que tuvieron que pagar a fin de escapar de aquel pasado y comenzar una nueva vida.

Al finalizar en breves palabras, que lo que más le preocupaba era que Kenny regresara a causarle problemas, Petra lo calló con un beso. De aquellos besos húmedos, torpes y desesperados, en los que no se sabe que hacer más que infundir un poco de vida.

Y Levi sintió respirar en su interior, al sentir su gentileza y cariño envolverlo en una paz que sólo una vez sintió cuando era un niño arropado en una vieja sábana de algodón.


A/N: Eh, me gusta el romance pero soy torpe desarrollándolo. Algunos elementos me hicieron pensar en Sin Romanticismos I & II, donde la falta de romance es la ironía en esta historia pero al final no termina tan mal. Después de todo, el amor juvenil o el primer amor es una anécdota para contar o al menos en ellos dos, en algún universo sería una experiencia muy intensa pero genuina.

Esta sección lleva cuatro años, súmele los otras historias archivadas. Y aquí seguimos. Aunque dudo mucho volver a dedicarle todos estos años a otro pairing, le debo mucho a ellos dos y estos escritos pues hay muchas curiosidades/circunstancias de mi vida a lo largo de los años. De alguna manera, escribir ha sido un consuelo.

No sé que tanto escribiré, más tengo un par de historias que me gustaría publicar para ustedes por lo que esperemos la inspiración me ayude.