A/N: Los personajes y la trama original de Shingeki No Kyojin son propiedad de Hajime Isayama.


Una de sus piernas se había lastimado por aquel hombre que la arrojó con fuerza al suelo, por lo que levantó la mirada a su alrededor, aturdida.

Eran aproximadamente diez hombres y una mujer. A lo lejos, logró divisar a Farlan maniobrar por los aires y dirigir unos cuantos disparos, los cuales dieron con el blanco para herir a dos contrincantes en cuestión de segundos.

Con uno de sus brazos, logró arrastrarse a través del suelo y empujar al corpulento hombre a una esquina de la habitación. A decir verdad, no tenía experiencia ni la fuerza suficiente para pelear más contaba con las suficiente creatividad de salirse con la suya; después de todo su pequeña estatura y bonito rostro podían desarmar con facilidad a cualquier persona que se le presentase.

Escuchó un grito por parte de Isabel, la joven de coletas rojizas parecía tener problemas con dos rivales, uno frente a ella y el otro por detrás— por lo que con todas sus fuerzas se abalanzó sobre uno de ellos para que perdiese el equilibro y dejar que su compañera aventajase su propia pelea.

Isabel le respondió con una firme sonrisa de gratitud, mientras ambas jóvenes tiraban de unas sillas en los rostros de los dos hombres, que yacían adoloridos en el suelo, para después tomar posesión de las armas que colgaban en sus bolsillos. Las necesitarían.

Le dolía la cabeza… ¿Cómo fue que se metió en tan grande embrollo?

Imágenes de un viaje en un tren recorrieron su mente, el recuerdo de Eld, Gunther y Oruo dentro de un cubículo con una taza de té en sus manos, sonrientes en una animada conversación, mientras su destino final a la siguiente estación les esperaba. Pero luego, el chillido de los rieles resistirse ante el drástico cambio de velocidad, el aroma a gas y humo oscurecer su visión, los gritos desesperados de los pasajeros al intentar escapar, ella misma mover su cuerpo al siguiente vagón, asustada ante lo incierto.

Solo recuerda a Isabel y Farlan correr a lo lejos, intentar alcanzarlos y después el sonido de una explosión grabarse dentro de su mente inconsciente.

Su mirada buscó al hombre de ojos fríos, el cual peleaba en los aires con aquel artefacto en su cuerpo contra aquella mujer de cabellos rubios y ojos gélidos. De pronto, la mujer logró confundirlo con un disparo directo a su hombro, por lo que el hombre cayó al suelo y ella se le vino encima.

Sintió que el aire le faltaba, una vez que la mujer dirigió su arma en dirección a su pecho. Isabel y Farlan estaban lo suficientemente enfrascados con los hombres restantes, por lo que armándose de un valor que jamás había sentido en su vida, la joven sintió su cuerpo correr con el revolver en sus manos.

A la distancia, disparó directo a la cabeza de la mujer. Un sonido hueco y escalofriante. Más fue aún más terrible lo que sus ojos presenciaron por primera vez.

El cuerpo sin vida de la mujer descender del suelo en segundos. La voz de Levi indicándole que era momento de mover el trasero y desaparecer con el botín antes de que los encontrasen.

Petra Ral, joven proveniente de Karanese, hija de familia, con una vida por delante. Una asesina y ladrona.

Como ellos.

Era una de ellos y no había marcha atrás.

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.

Levi fumaba pensativo en la mesa, ante el silencio de la cocina. El maldito brazo aún se encontraba adormecido a causa de la herida, más se encontraba lo suficientemente vendado y limpio para que se recuperarse. Para él, una herida de ese calibre era un simple raspón.

Recordó a la mujer que yacía en el suelo, con la cabeza ensangrentada horas anteriores. Por alguna razón se le hizo muy familiar, como si en algún momento de su vida la hubiese visto. Ese tipo de personas que te cruzas, que pasan desapercibido pero que cuentan con un rostro memorable.

Los ojos gélidos, la expresión calculada, el rostro maquillado y conocedora del equipo tridimensional que cargaba. Ese patrón lo conocía a la perfección, el tipo de personas que te encuentras en el mundo subterráneo, que tienen un motivo ulterior escondido dentro de sus acciones. Esa mujer no era una guardia del establecimiento, al igual que el resto de esos hombres. Alguien mucho mayor estaba al mando de ellos, como si esperasen el momento que ellos actuaran para tomarlos por sorpresa.

Alguien de la milicia, un infiltrado dentro de la monarquía.

Erwin Smith podía ayudarlos. Pero él se encontraba en Marley, efectuando su plan maestro en silencio. Moviendo las piezas del tablero de ajedrez.

Y él era una de esas piezas.

Aniki. —la voz de Isabel interrumpió sus pensamientos, una vez que ingresó en la cocina. —Petra no quiso cenar.

—Pues, que se muera de hambre. —replico Levi con acidez.

—Deja de ser un amargado con ella, nos ha sido de mucha ayuda. —la muchacha posó sus manos en su cintura a la defensiva, mirándolo directamente.

Te salvó la vida.

Te ayudó a limpiar tu herida y a sacar la bala dentro de tu brazo también.

—Dile a Farlan, después de todo le gusta ella.

—No digas tonterías, a ella se le nota que…olvídalo. —suspiró Isabel con cansancio, cada vez que se metían en problemas su energía se agotaba. Había momentos en que deseaba solamente irse a dormir, pero personas como ellos apenas descansaban, no debían desviar la guardia, el tiempo valía oro y debían prepararse para el siguiente escape. —Ella no se siente bien, acaba de matar por primera vez.

— ¿Qué quieres que haga? —preguntó el hombre de cabellos oscuros un momento después.

—Habla con ella, lo necesita.

El rostro sereno de Isabel le hizo recordar que Petra provenía de un trasfondo diferente. Quizá era parte de su molestia, pues se encontraba en descuerdo que ella debía permanecer con ellos, sólo porque Isabel y Farlan se rehusaron a dejarla morir en aquel tren. Una joven como ella, no encajaba en el mundo de ellos. Para él, los rostros sin vida y los charcos de sangre era parte del instinto de supervivencia más para alguien que no se encontraba acostumbrado a ese tipo de circunstancias, la primera impresión tal como ella reaccionó era normal.

Que simples son los ciudadanos normales, pensó. O mejor dicho, cuan anormal era él.

—Vale, pero no vayas a husmear. —se levantó Levi de su asiento, dejando los rastros del cigarro en el cenicero.

—Hare mi rondín con Farlan, para que estén solos. —dijo Isabel con una sonrisa suspicaz.

Isabel era una tonta a veces, pero siempre lograba lo que se proponía. Maldita mocosa.

Cogió una fruta que habían conseguido durante el camino, para después dirigirse a la habitación donde la joven se encontraba. Era un departamento muy pequeño y descuidado, las habitaciones no contaban con puertas por lo que no necesitó pedir permiso para ingresar.

Ella se encontraba abrazada de las rodillas, al borde de la cama. Su mirada fija en el fuego que emitía el pequeño quinqué. Era una muchacha chiflada, pues se rehusaba a salir con pantalones como ellos y optaba por vestir faldas, lo cual lo contrariaba pues eso significaba problemas en una situación de peligro. No le dirigió la mirada una vez que se acercó a ella, por lo que se situó frente a la pequeña mesa de madera.

—Oi, cómete esto. —dijo Levi mostrando un sonrosado durazno en sus manos, situándolo en la mesa.

La joven de cabello anaranjado no respondió, solo negó con su cabeza como respuesta.

—Mañana debemos partir, si no te alimentas no vas a aguantar el trayecto. —intentó nuevamente, no le agradaba entablar conversaciones, en el caso de ella siempre terminaban en discusiones, por ende optaba por permanecer en silencio y escucharla conversar libremente con Isabel o incluso con Farlan.

—No tengo hambre. —replico Petra en voz baja.

—¿Acaso quieres morirte, mocosa?

—¡¿Y qué importa si quiero?! —exclamó la joven con frustración, para después su rostro llenarse de lágrimas. —Perdón…yo no…no pensé que sería tan horrible.

—Pero lo hiciste.

—Lo hice porque ella te iba a disparar. —declaró Petra con tristeza. El recuerdo de la mujer a punto de jalar el gatillo de su revólver, el cuerpo caer el suelo, la sangre esparcirse por el aire al igual que en su cabello. El vacío sonido del disparo. Sus manos temblando. —Más también era una humana.

—Que también pudo haberte matado. —dijo Levi cruzado de brazos. —Debes entender una cosa, el mundo está más torcido de lo que piensas.

Ella sonrió con amargura. Era muy bonita.

—Soy una asesina.

—Técnicamente lo eres, te acostumbrarás una vez que suceda de nuevo y luches por tu vida. —Después el peso del revolver o del cuchillo te parecerá ligero y ¿Qué crees? Te agradará hacerlo y más increíble será el hecho de que no sentirás nada. Porque no volverás a ser la misma persona.

—Quiero regresar a casa. —comenzó Petra a repetir, una y otra vez, sus ojos apagados, su mirada perdiéndose ante el color de sus ojos ámbar y el fuego del quinqué.

—No puedes. —espeto Levi con frialdad.

—¡Yo no quería esto! ¡Me da nauseas de solo pensarlo! Eld, Gunther…Oruo…—la joven mujer se quebraba dentro de sí, su dolor y pérdida de aquella anterior vida resurgía a través de su cuerpo que no dejaba de temblar y las lágrimas recorrer sus mejillas, mientras aceptaba la pérdida de su inocencia ante la crueldad de aquel mundo que le ofreció una segunda oportunidad de vivir.

Se miró a sí mismo, ante las sombras de la habitación una vez que se acercó a ella y la tomó de los brazos. La joven lloró desconsoladamente, aprisionando sus puños en su mucho, jalando con fuerza de su camisa. No le importó que el hombre se encontraba herido de uno de sus brazos, intercambiando su furia a cambio de aquella foránea calidez que le sorprendió por completo, una vez su quebranto comenzó a apaciguarse.

Levi permaneció en silencio con la mujer en sus brazos, hasta que la tomó de la barbilla y la obligó a que lo mirase.

—Petra. Eres una asesina y no hay marcha atrás. —su voz de mando le recordó a un lejano sueño, como si fuese la voz de un capitán de un escuadrón. —No podemos volver a ese día del tren.

—Extraño a mi padre. —dijo la joven con pesar, sin apartarse de él. Su mirada fija y cristalina por el llanto. El vivo recuerdo de su padre, esperando que ella volviese de aquel viaje en tren. — ¿Qué puedo hacer entonces?

—Vivir sin remordimientos. Y aunque los tengas, convencerte de que tu decisión fue la mejor.

'' —Señor, este no es el lugar adecuado para fumar. ''

'' —No veo un letrero por aquí. ''

La joven mujer se acercó a aquel hombre que miraba en silencio el blanquecino trayecto, sintiéndose atraída por alguna extraña razón ante aquella presencia que se le asemejaba a alguien muy familiar, como si toda su vida lo hubiese buscado sin querer.

'' —Me llamo Petra.''

'' —Hm. ''

—Eso haré. —dijo Petra finalmente, al intentar quebrar el extraño silencio entre ambos. Quizá no era tan terrible, después de todo se había encariñado lo suficiente con Isabel al igual que Farlan siempre se mostraba atento con ella. Mientras que Levi…sintió su corazón agitarse, al recordar cuan segura se sentía junto a él a pesar de su quieta pero violenta naturaleza.

Sintió como ella jugaba con su camisa, abstracta en sus propios pensamientos.

—¿Te vas a comer eso entonces?

Sintió un alivio al verla asentir, por lo que tomó el durazno y con una navaja partió el fruto en dos piezas. Ella sonrió una vez probo el dulce sabor por primera vez. Por alguna razón, Levi no pudo dejar de mirarla.

—Gracias Levi. —confesó Petra minutos después, una vez terminado el fruto.

—Duerme ya, que mañana debemos partir para llegar a Marley en unos días. —Lo que se avecinaba sería complicado, mucho más con un fuerte botín entre sus maletas, por lo que debían ser muy precavidos. Un paso en falso y estarían en graves problemas. Erwin no se los perdonaría.

—¿Puedes quedarte un momento más? Es decir…—titubeó Petra apenada ante su intensa mirada. Temía quedarse sola, como cuando buscaba el retorno sin salida de aquel tren a punto de estallar —Hasta que concilie el sueño.

Su petición era un tanto extraña, pero ella lentamente comenzaba a entretejer sus raíces dentro de él.

—De acuerdo.

—¡Y nada de fumar!

Levi no pudo evitar sonreír con sorna.

No transcurrió mucho tiempo hasta que Petra quedo finalmente dormida, por lo que le dirigió una mirada. Era tan joven, si bien ligeramente menor a Isabel. Su semblante vulnerable se mostraba agotado por el cambio en su estilo de vida, más en aquel momento aquel turbado rostro le pareció muy hermoso.

A la mierda todo. El hombre cerró aquel pensamiento por el momento, no podía permitirse esos sentimientos. No cuando el plan de llegar a Marley se acercaba, cuando se enfrentarían a un nuevo mundo desconocido. Una vez llegaran a la región, la dejaría en una región estable para que forjase su futuro y así se olvidaría de ella para siempre.

De aquel bonito rostro, sonrisa radiante y amable voz.

Pero se mentía a sí mismo, pues una vez Isabel y Farlan volvieron y le explicaron la información que acababan de encontrar sobre el paradero de la rubia mujer, supo que antes de que llegaran a Marley debían enfrentarse a un enemigo mayor.

Uno que conocía muy bien, desde que era un sucio niño en el mundo subterráneo.


A/N: Este capítulo es parte de la continuación del capítulo 8 – nombrado Tren. Me agradan mucho las historias con Petra, Isabel y Farlan (aunque son muy escasas) y el mundo gris en el que Petra comienza a entender. También la mente retorcida de Levi, es importante recordar que él es un personaje que ha vivido mucho por lo que su percepción sobre ciertos temas es cuestionable.

Les invito de igual forma leer mi nueva historia llamada Peregrino, la cual espero les agrade.