Disclaimer: Los personajes de Naruto NO me pertenecen, sino al mangaka Masashi Kishimoto.

¡Hola, hola! Aquí les dejo otro capítulo de esta historia. Espero que lo disfruten y les guste bastante.

¡Muchas gracias por los comentarios, las alertas y los favoritos!

Recuerden que todo tiene una razón de ser y los personajes actúan por metas en concreto, shalalá.

Sin nada más que decir...

¡A leer! :33

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En sus pacíficos inicios, el mundo entero era una gran masa de tierra que no se encontraba fragmentada ni separada por ningún tipo de materia. Las personas que convivían, todas unidas con otras, creían que eran pasajeros en un barco enorme rodeado de infinitas extensiones de agua salada. Todos hablaban la misma lengua y compartían una cultura universal que mantenía en armonía a toda la civilización. Sin embargo, un buen día, todo esto cambió.

Diferentes personas alrededor del mundo empezaron a manifestar diversas habilidades, tales como controlar el aire, reproducir el fuego o fragmentar la tierra; pero luego de muchos años de evolución, estos poderes comenzaron a hacerse más fuertes en cinco clanes específicos, cuyas relaciones no eran muy buenas entre sí.

Las disputas entre las personas con diferentes habilidades se hicieron aún más notables. Cada quién apoyaba a su clan defensor, a cuyos líderes se les conocía como "Supremos", aquellos únicos capaces de controlar su habilidad adquirida a la perfección; hasta que las palabras malditas de una vidente a punto de morir, hizo estragos en el mundo.

Aquellas palabras aclamaban que los cinco Supremos librarían una batalla mortal, que duraría doce días y once noches por el poder de controlar todo el territorio conocido. Y tal como ella lo había predispuesto, así ocurrió. Las tensiones entre los clanes eran cada vez más fuertes, por lo que los cinco líderes decidieron encontrarse en el centro de aquella tierra que por tantos milenios habían compartido.

Ya había llegado la hora de separarse.

Con el poder que confería a cada uno de ellos, la tierra empezó a temblar. Los Supremos hacían lujo de su destreza hasta que la tierra se fraccionó en pedazos, empezando así una nueva era para los cinco clanes que recién obtenían un pedazo propio de su amada tierra, no obstante, las pérdidas humanas habían sido seriamente catastróficas.

Los mares comenzaron a hacerse más grandes entre ellos, y las pequeñas civilizaciones, se convirtieron en varias ciudades con poderío, por lo que en busca de reconocimiento general, cada clan formó su propio imperio en sus tierras, representando al elemento que les había sido otorgado hace tantos siglos atrás. Sin embargo, luego de muchas décadas de paz, algunos imperios empezaron a tener problemas internos.

Uno de estos imperios, se separó en dos porciones de tierra alejadas entre sí para detener la guerra interna que estaban viviendo. Años después, los ambiciosos miembros del Imperio del Fuego se dividieron en cuatro ramas distintas, luego de que el Supremo de la nación fuese asesinado sin que nadie supiese nunca quién lo había hecho. Cada una se situó en un punto cardinal, llamándose a sí mismos como "reinos", los cuales se prepararon para luchar entre sí por el control del imperio. Al final de la batalla, el "reino del norte" resultó victorioso sobre las demás ramas, convirtiéndose así en la nueva sede del imperio, y por ende, su líder sería el nuevo emperador del fuego. Los otros tres reinos creían que ellos no merecían tal distinción, y fue así como el reino del oeste libró una cruenta batalla contra el reino del norte por el control de la nación.

La nueva guerra que se cocía, fue en vano.

El reino del oeste fue destruido totalmente, cortando así toda esperanza de poder en los reinos restantes, cuyos habitantes fueron relegados a un segundo plano dentro de su propio imperio. Aún ahora, años después, se dice que hay descendientes del reino extinto, pues sus miembros poseían un poder extraño que ningún otro clan conocía.

¿Podrían detener la guerra que se avecinaba?

...

...

Capítulo 1

Vivir para su excelencia

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El brusco frenazo del carruaje fue noticia suficiente para saber que ya había llegado al castillo. Empezó a sudar frío y a proclamar a los señores de los cielos todas las oraciones que su madre le había enseñado para su protección. Seguramente tendría mucho que hacer en el castillo antes de… antes de entregarse a aquel ser, las siervas nunca podían apartarse de su vida laboral en ese tiempo.

Si tan solo hubiera nacido siglos más tarde… Tal vez todo sería diferente y la vida sería más fácil para todo el mundo.

— Hemos llegado — farfulló Sasori con notable ira hacia su amo.

Abrió la puerta de la carroza con su mano derecha, bajó del carruaje con diplomacia y las expresiones en blanco (con aquella mirada cansada que parecía caracterizarlo), y luego la tendió hacia Sakura para que bajara. Cuando sus manos estuvieron en contacto, una corriente eléctrica los recorrió a ambos, sus miradas se cruzaron y se dijeron mucho más que las posibles mil palabras que habían compartido anteriormente. Lo que no se podían decir con frases en esas circunstancias, las miradas lo decían. Las miradas transmitían… Y Sakura se quiso echar a llorar en ese mismo instante, pero no lo haría. No allí frente a todos.

Al girar su rostro hasta la puerta de la imponente edificación, se dio cuenta de toda la injusticia que había en su ciudad hacia las mujeres. Alrededor de cincuenta jóvenes se encontraban alrededor de la entrada con pequeñas antorchas en sus manos, mirando directamente hacia el carruaje. Seguramente eran conscientes de que tenían otra compañera, una nueva condenada. Tragó grueso y siguió su camino al castillo escoltada por la mirada inquisidora de Sasori que la seguía con dos pasos de retraso.

— Buena noche. Lady Sakura — saludó de mala gana una pelirroja de ojos bastante rasgados y rojos en cuanto llegó a la gran entrada iluminada por las flamas, mientras inclinaba la cabeza hacia ella muy cínicamente —. Sígame por favor — concluyó dejando a la aturdida muchacha muchos pasos atrás.

— Será mejor que caminéis, o el emperador se desquitará conmigo — le susurró el muchacho pelirrojo al oído a la vez que pasaba una de sus manos por la cintura de ella muy delicada y discretamente. Sakura se sonrojó.

— Bien — respondió extrañamente aliviada.

Tener a Sasori cerca era un precipicio para salir de sus problemas, su sosegada voz la tranquilizaba. Luego, lo dejó muy atrás. Tenía que ser fuerte y soportar.

No le costó mucho alcanzar a la despeinada mujer de hebras rojas en el gran salón circular, oscuro y elegante rodeado con antorchas, cuyos ventanales estaban surcados por largas cortinas traslúcidas de un color violeta intenso. Sakura no hubiese creído nunca que estaría en alguna parte tan… desbordante de arrogancia. Sí, eso. La mujer a la que seguía se encontraba ahora entre tres jóvenes, todas bellas y, a simple vista, se podía deducir que estaban vestidas con las mejores telas de todo el imperio. Además, entre aquellas chicas estaba… ¿Hinata? ¿Cómo era aquello posible?

— Bien chiquilla — empezó a decir la de pelo rojo de nuevo causando que Sakura dejara de mirar a la muchacha que había reconocido —, nosotras somos las cuatro preferidas del emperador. Estáis aquí porque su majestad Itachi así lo quiso y no haréis preguntas ni incomodaréis con vuestros asuntos. ¿Entendido? — interrogó irónica mientras la muchacha asentía como la más viva autómata.

— Es necesario que sepáis que no podéis deambular por el castillo en esas fachas — intervino fríamente una mujer de un cabello larguísimo de color marrón, cuya coronilla estaba adornada por una tira carmesí de pétalos de rosa —. En vez de favorita parecéis pordiosera o criada — lanzó sin mirarla.

A pesar de que no lo dijo con ningún tipo de expresión, la pelirroja y otra castaña presente se echaron a reír a carcajadas, algo que molestó a Sakura, pero lo pasó por alto. Tenía cosas más importantes de las que preocuparse que una simple rivalidad o maldad hacia ella. Su supervivencia estaba tan en juego como su propia dignidad, por lo que debía mantener sus prioridades.

— Vuestro cuarto compartido está en el penúltimo piso. Éste mismo está ocupado por las veinticinco favoritas restantes a parte de nosotras — mencionó la segunda castaña en tono despectivo —. Ahora, debes irte con lady Hinata, la preferida de todas las preferidas — sonrió con malicia mientras se retiraba ondeando su largo y levemente rizado cabello marrón.

La pelirroja que la había recibido en la puerta y la otra castaña, la imitaron a los pocos segundos, dejando así a la joven Hinata con aspecto inseguro y a la mujer de pelo rosa en un profundo silencio en el cual solo se escuchó el cierre de la gran puerta.

— ¿Cómo habéis venido a parar aquí, Hinata? — preguntó la chica sin rodeos mientras fruncía el seño sin apartar la mirada de la chica de ojos perlados.

Había tenido la oportunidad de conocer a Hinata cuando tenía seis años. Ella había vivido en el centro del imperio desde que su reino, el del oeste, había sido derrotado. Tenía unos inconfundibles ojos rasgados con un color entre gris y azul muy claro, hermosos y tristes por todo lo que había perdido alguna vez. Sakura había estado acostumbrada a ver pieles pálidas o bronceadas, sin embargo, la de Hinata adquiría esa tonalidad como el color de la arena a media mañana, casi porcelánica y muy característica de su reino destruido.

La aludida suspiró con cansancio y se sentó en uno de los cojines como toda una dama y le indicó a la joven que ocupara un lugar a su lado. La mencionada así lo hizo.

— La vida juega con sus retoños como si estuviera jugando con muñecos… Sakura — le repuso como toda una joven sabia, causando que Sakura arrugara aun más el entrecejo.

— Los acertijos no me sirven de nada ahora — informó un poco disgustada.

A ella jamás le habían gustado las adivinanzas, nunca había sido muy perceptiva en ese sentido de averiguar las cosas a través de pistas clave cuando no estaba motivada. Tal vez era una falla grave si requería de tal percepción para poder escapar. Hinata le sonrió muy dulcemente como cuando eran niñas. Sakura relajó su expresión y le devolvió la sonrisa.

— Después de que mis padres quedaran en banca rota… huimos rumbo al Imperio del Aire — empezó a decir grácilmente sin tartamudeos, aunque su expresión se tornó tímida —, pero como mi señor padre tenía muchas deudas encima, su majestad, Itachi, mandó a sus cuervos de lava y a sus mejores hombres a atacarlo y presionarlo para que pagara — siguió relatando mientras tenía toda la atención de la chica de ojos jade sobre ella —. Como mi padre no tenía dinero, su majestad le ofreció un trato… aquello se trataba de que a cambio de que lo dejara libre de deudas, yo tendría que ser una de sus favoritas — concluyó con voz de extrema tristeza, no obstante, su expresión se observaba resignada.

Malnacidos — insultó mentalmente la chica de rosado cabello a aquellos dos hombres que no conocía personalmente, pero que la sola recitación los había dejado muy mal parados frente a sus principios.

— No entiendo como un padre puede vender a su hija — dijo Hinata inconscientemente con la mirada perdida.

Con eso, Sakura se sintió más que identificada. Aunque las circunstancias eran distintas, ella misma había escuchado el llanto y la llamada de su madre mientras se alejaba en la carroza. Lo que la unía a Hinata era que las dos estaban cumpliendo aquella función contra sus voluntades

— B-Bueno… basta de charlas — replicó y se levantó con delicadeza para luego buscar algo en los interminables gabinetes de la sala.

La muchacha de ojos perlados sonrió casi al instante al ver alguna cosa que Sakura fue incapaz de saber por su posición, pero toda la curiosidad se fue cuando iba sacando unos extraños mandiles de la gaveta y las colocaba a un lado en una pequeña mesa.

— ¿Y esas batas que son? — Preguntó a la expectativa.

Ante esto, la pelinegra extendió aún más su sonrisa, ella misma se encargaría de pulir su belleza, intelecto e iba a refinarla. Era necesario si quería sobrevivir al nepotismo y al veneno de las víboras entre las cuales viviría. Sabía que Sakura era inteligente, incluso más de lo que debería para ser una plebeya, aunque en ocasiones se dejaba llevar por la explosividad del momento y explotaba.

— No son unas simples batas, Sakura — adelantó suavemente con entusiasmo en su usual tono bajo —. Éstas son las dos capas que van debajo del k-kimono — le mostró tomando dos capas blancas con sus manos y observó como la chica de ojos como el jade enfocaba su vista y entera atención en aquellas togas.

— ¿Y las favoritas siempre andan con tres capas encima? — preguntó alarmada al pensar en el calor que el kimono le produciría.

Ante la pregunta, Hinata asintió tímidamente.

— Así es Sakura, nosotras usamos kimonos a toda hora — le informó tratando de darle una confianza que ni ella misma se tenía —. Este kimono, os lo pondréis ahora mismo p-para… presentarte ante el emperador — avisó con cautela.

A Sakura la recorrió un escalofrío de la cabeza a los pies, conocería al dueño de su cuerpo personalmente, al fin… por más que no lo quisiera. Algo parecido a la rabia se apresuró a través de su sangre. Sentía la presión familiar de la molestia en su cabeza, y entonces pensó en Sasori para calmarse, en esos ojos de miel que tanto le gustaban. Contuvo la necesidad de lanzar un suspiro lleno de resignación.

— Bien — respondió con monotonía y sin mucho entusiasmo en su expresión.

También debía admitir que su estómago se revolvía y que el oxígeno no era suficiente, pero se contuvo con todas las fuerzas de su dignidad. En ese momento, la muchacha de piel porcelánica la comprendió infinitamente. Ella había tenido esa misma expresión en cuanto llegó al castillo, hace ya un año y medio.

Ya tanto…; se dijo. Su rostro se tornó arrugado por el atisbo de llanto, pero ella lo contuvo. No era momento de llorar, debía apoyar a Sakura.

— No os preocupéis Sakura… me tenéis a mí — le sonrió con ternura, tratando de imbuir esa seguridad que ella no había sentido. La de cabellos rosados le devolvió la sonrisa desde su puesto. Sacó otro kimono en rojo y negro —. Este te lo pondrás esta noche… para c-complacer al emperador — comunicó más roja de lo normal y Sakura sintió que se moría allí mismo.

¡Esa misma noche tendría que hacer… hacer eso!

— B-Bien… y-ya entendí — empezó a tartamudear para luego colocarse en el lugar que Hinata le indicaba.

La pelinegra la empezó a vestir con toda la sutileza del mundo, como su madre la había enseñado y como sus antiguas doncellas la vestían de pequeña. La peinó y luego le dio una pequeña clase de cómo debía comportarse frente al emperador Itachi Uchiha.

Sakura aún quería que la tierra se abriera y la tragase, o que una mano oscura surgiera del cielo y la estrangulara hasta morir. Eso habría sido mucho mejor… tal vez si se comportaba de manera ordinaria y poco aceptable, tuviese una oportunidad de que la sacaran a patadas de allí. Pero entonces pensó en la muchacha cerca de ella. Si hacía algo así, entonces la culpa recaería en ella, y Sakura no soportaría otra injusticia más, y menos si era ella la que la cometía.

— Y eso es todo — afirmó dulcemente luego de terminarle de contar como habían sido sus primeros días en el palacio.

— Hinata… — habló la rosada después de largo rato — , ¿c-cómo… esto… c-cómo es eso? — preguntó con timidez extrema, más roja de lo que hubiese estado jamás.

La morena al comprender su pregunta, enrojeció hasta la punta de sus orejas. Había hecho eso muchas veces, sin embargo, no iba a acostumbrarse nunca a hablarlo abiertamente. Kami, ayúdeme.

— B-Bueno, veréis… S-Sakura — empezó a decir con vergüenza —; él te guiará y-y luego te llevará a la c-cama… y después s-se colocará sobre… — calló abruptamente cuando escuchó como la puerta se abría de golpe.

— ¿Cuánto pensáis durar con esta lady Hinata? — cuestionó una pelirroja despectivamente —. Su majestad espera con impaciencia — culminó mientras miraba a Sakura de arriba abajo para luego darse la vuelta y volver a salir dando un portazo.

— Creo que me tienen rabia — susurró la de ojos como joyas de jade mientras se levantaba de los cojines con la ayuda de Hinata.

— Es normal, formarás parte de las preferidas. Eso te lo aseguro yo — le recalcó con una sutil sonrisa artificial que fue devuelta amistosamente.

Aunque la mujer no estaba segura si ser una preferida entre las favoritas iba a ser algo positivo, y no era por aquella sonrisa autómata de Hinata. Oh, claro que no…

— Creo que ya es hora de ir… — mencionó Sakura con tono de tristeza extrema.

Se sorprendió al oírse. Ni ella misma estaba consciente de que estaba tan abatida hasta que había escuchado su tono de voz. Se dijo que no era el fin del mundo. Tenía que ser optimista, al menos hasta cierto límite.

— Antes de ir Sakura — escudriñó la de ojos grises —, quisiera deciros varias cosas — siguió mientras la pelirroja ponía total atención sobre ella —: no importa lo que digáis, no importa lo que pensáis. Aquí solo seréis un adorno, un objeto y ellos os verán así — replicó con frustración muy bien disimulada refiriéndose al emperador y a su hermano "El Príncipe Vengador" —. Sólo seréis una sierva, cuyo deber es "Vivir para su excelencia" ¿Estamos de acuerdo? — interrogó amargamente mientras Sakura abría mucho sus verdes ojos a la vez que asentía —. Ahora vamos — le ordenó mientras se adelantaba.

Cualquiera que escuchara las palabras amargas de la morena, podría darse cuenta de que ella no era nada feliz en ese lugar. Todo el rencor que cargaba en sus palabras daba mucha curiosidad y dolor. Hinata era como Sakura en ese mismo instante. Las dos albergaban odio hacia sus gobernantes, las dos querían huir lo más pronto posible. Sin embargo, sabían que aquellos sueños de libertad eran solo eso… sueños, cosas sin futuro, así como aquellos sentimientos que ella albergaba hacia Sasori.

Sintió un tirón doloroso en alguna parte de su cuerpo.

Sakura siguió a Hinata sin decir una palabra, no queriendo recordar en qué lugar estaba ni lo que tenía que hacer. Deseaba morir antes que entregarse a aquel hombre, pero no lo haría. No dejaría a una madre sin su hija. Al darse cuenta de que la pelinegra se había detenido, ella también lo hizo. Aquella estancia en dónde ahora se encontraban era mucho más elegante que la anterior en donde había estado. Hinata le indicó rápidamente que se encontraban en el tercer piso, en donde el emperador hacía de sus anchas con sus favoritas.

— Veo que habéis llegado por fin — habló el hombre sentado en el trono más grande mientras el de su derecha no le quitaba los ojos de encima a las recién llegadas.

Sakura al escuchar aquella voz sumamente fría con alguna pizca de crueldad, dio un respingo involuntario, se escondió instintivamente detrás de Hinata y esta enrojeció de la vergüenza.

— Parece que no le agradáis, Itachi — se burló un hombre sentado a su lado en son de arrogancia y burla.

El mencionado bufó fastidiado.

— Acércate Hinata — ordenó neutralmente —. Y tú también… Sakura — pronunció lentamente su nombre causando que a la joven la recorriera un escalofrío difícil de explicar.

Ante la orden, las dos obedecieron, pero para sorpresa de todos, Sakura fue quien avanzó delante de la muchacha de ojos grises. De nuevo, su sentido del deber parecía ser más fuerte que ella. Alguna parte de su subconsciente quería proteger a Hinata.

— Sois voluntariosa… — sonrió de medio lado Sasuke, el hermano menor del emperador; sin embargo, su voz era todo lo contrario a su linda sonrisa —. Karin, quítate de encima — empujó a la muchacha pelirroja que había recibido a Sakura sin mucha delicadeza y ella cayó al suelo estrepitosamente pero sin decir palabra alguna.

A Sakura le entraron ganas de matar a esos dos en ese mismo instante. ¿Cómo eran capaces de maltratar a una mujer de esa forma? Era cierto que aquella bonita pelirroja la había tratado cínicamente al llegar al palacio pero… era una mujer al fin y al cabo, y ese trato le daba cólera; mas ella no se iba a arriesgar a que la calcinaran viva en ese mismo momento ni que la llevaran a la guillotina por llevarle la contraria o gritarle a los Uchiha, la grandiosa familia imperial. Y un pepino.

— Todas ustedes, fuera — ordenó severamente el emperador a sus demás favoritas, dejando solamente a Hinata y a Sakura junto a ellos en esa sala.

— Venid aquí, Hinata — indicó el pelinegro menor mientras palmeaba su propia pierna derecha.

La aludida buscó la cara de su amo y vio como éste asentía levemente. Luego de la señal, la pelinegra se acercó rápidamente a sentarse en las piernas del hermano menor, aunque nadie lo hubiera notado, para Sakura era obvio el pesar que cargaba la joven encima. Definitivamente, esos hombres eran unos malnacidos sin piedad.

— Y dime Sakura, ¿se os hizo benévolo el viaje? — empezó Itachi con el interrogatorio mientras la inspeccionaba con la mirada para darle el visto bueno, que bien se lo merecía. Sakura era un pequeño tesoro a los ojos de Itachi.

— Sí, su majestad — respondió como androide al recordar la grata compañía de su amado en el carruaje.

Se permitió mirar un poco al hombre frente a él. Se veía que era muy alto y llevaba un atuendo extranjero que Sakura no supo identificar. Sus ojos oscilaban entre el color de la tierra profunda y el negro más tenebroso, no podría simplemente definir aquellas orbes tan oscuras, desprovistas de… nada. Llevaba el oscuro cabello liso y largo amarrado en una coleta, como casi todos los guerreros de la época. Sus facciones eran divinas, pero siniestras, remarcadas con aquellas líneas de expresión que simulaban grandes ojeras bajo sus ojos. La muchacha de hebras rosa contuvo un escalofrío.

Pero a pesar de su reacción (y de no haber sido por su situación actual), la muchacha podría casi decir que había visto un brillo amable detrás de los espejos de sus ojos. Pero debían ser ideas suyas. Ninguno de esos dos podía ser, ni remotamente, amable.

El pelinegro de coleta asintió complacido ante la determinación en la voz de su nueva favorita, e ignoró con intención la mirada discreta y evaluativa de Sakura sobre su persona. Sasuke había dejado de acariciar la pierna de Hinata y le había ordenado que se levantara para luego hacerlo él.

— Sois hermosa, extranjera — le murmuró el menor muy cerca del rostro causando que Sakura se sonrojara levemente.

Pero de rabia. La rabia la estaba carcomiendo de un segundo a otro.

— No os acerquéis tanto, Sasuke — decretó Itachi al ver la osadía de su hermano menor —. Si Ino os viese, seguro mataría a Sakura — aseguró con una inmutable expresión neutral que no parecía abandonar su rostro jamás.

— Con tal de que no la asesine antes de que yo la pruebe — susurró socarrón mientras tomaba un mechón de cabello rosa entre sus dedos y su mano izquierda viaja por el costado de la chica extranjera—. Aunque sería divertido ver como Ino la congela lentamente — lanzó una carcajada macabra antes de que su dedo índice se paseara obscenamente por la baja curvatura de su seno.

Sakura quiso gritarle que se detuviera y que dejara la inmoralidad de tocarla de esa manera, pero ninguna palabra salió de su boca. Pretendió darse una cachetada luego por su cobardía. ¿Era acaso mejor vivir de rodillas que morir con la dignidad intacta? Apretó la mandíbula y se tragó las palabras que le quemaban la garganta. A pesar de ir contra sus convicciones, algo le decía que si se dejaba llevar por la defensa de su honor, no moriría antes de recibir muchos abusos.

El sólo pensamiento, le hizo vibrar de pánico, pero al parecer, nadie lo había notado.

— Eso solo se cumplirá después de que yo la posea, hermano — recordó el mayor con suspicacia al ver como Sasuke envolvía la cintura de la chica petrificada con su brazo izquierdo.

La aludida estaba casi personificando a una estatua de mármol, parecía que tenía un exceso de sangre subiendo a su cabeza vertiginosamente, y es que no lo podía creer… ¡Se estaban disputando por ella como si fuese un objeto sexual o de colección! Se mordió el interior de las mejillas con la realidad abofeteándola de nuevo. Desde ese día era un objeto, un adorno. Un juguete que servía para complacer los deseos sexuales de aquellos dos malvados seres.

Malditos hijos del demonio, sois unas basuras — pensó Sakura con frustración al no poder hacer nada.

— ¡Su majestad! — un muchacho bastante joven entró a la sala dando gritos.

Estaba enfundado en una armadura de hierro característica del Imperio del Fuego. Se veía bastante pesada, pero el hombre apenas y mostraba cansancio con lo rápido que iba. Tenía el cabello dorado y la piel tostada por el sol, también era extranjero, esos ojos azules eran bastante comunes al otro lado del mundo. El emperador se giró y le observó furioso con el Sharingan girando con fuerza en sus relampagueantes orbes. El rubio tragó grueso.

Sakura jamás había visto a nadie con los ojos tan rojos y tan macabros, pero en un parpadeo, ya no estaban.

— Espero que traigas razones muy buenas para haber venido a interrumpir, Naruto — dijo muy lentamente mientras lo miraba con seriedad.

— Muy buena razón, su majestad Itachi, de veras — empezó nuevamente a decir el chico de ojos azules con premura, a la vez que le brindaba una mirada fugaz a la dulce Hinata que le miraba con ojos iluminados —. Los guardias ubicados en el sur han traído noticias sobre unos barcos guerreros que han llegado por el sureste — informó precipitado mientras Itachi se levantaba del trono de un solo golpe.

— Maldición — masculló por lo bajo para luego bajar los tres escalones que lo alejaban del piso —. Retiraos Naruto, decidles que ya voy — ordenó y el rubio salió en seguida portando el decreto.

Sasuke estrechó aún más a la mujer de exóticas hebras contra el costado de su cuerpo, se inclinó un poco y depositó un frío beso en su cuello mientras la sentía temblar. Sonrió al saber lo que causaba en ella, sabía que tenía miedo… y que sentía asco. Y eso era lo que más le gustaba, que le tuvieran terror de tan solo sentirlo cerca.

— Si me teméis a mí, entonces os vais a quedar fría con mi hermano, Sakura — trató de asustarla logrando su objetivo.

La joven de ojos como el jade se removió inquieta e intentó zafarse, pero él se lo impidió al ver que su hermano se acercaba hacia ellos. Lanzó una carcajada siniestra y enterró los dedos en la cintura de la muchacha, lastimándola. La joven se dijo que no era normal que alguien tuviese una temperatura tan alta, pero no dijo nada. Era obvio que Sasuke Uchiha estaba usando su destreza sobre el fuego para inquietarla y lesionarla. Malditos todos los que tenéis chakra; quiso decir, pero ni un sonido salió de sus labios.

El emperador tomó el mentón de la chica entre su gran mano sin previo aviso, e hizo que alzara el rostro para poder besarla y darse un aperitivo de lo que probaría esa misma noche. Sakura al no poder oponerse hizo lo más conveniente: dejarse guiar. El beso que recibió fue violento y poco convencional, Itachi se abrió paso en su boca brusca y rápidamente para luego empezar a jugar con la lengua inexperta de la chica causando que esta misma empezara a moverse para seguirle el juego, la mujer de ojos verdes ya tenía el corazón acelerado y estaba inquieta.

El pelinegro mordió su labio inferior y la rosada lanzó un fuerte gemido que encendió los sentidos de los hermanos Uchiha, luego de aquel arrebato despegó sus labios fríamente sin decir una palabra. Sakura estaba en shock y aún tenía su mentón entre la mano de su amo. Sakura no sintió lo mismo que había sentido con Sasori, el pelirrojo había sido dulce e Itachi había sido todo lo contrario a eso. Sentirse besada por aquel ser le daba repugnancia, solamente quería sentir los labios del chico de ojos miel sobre los suyos… únicamente los labios de Sasori. Algo que no sabía si volvería a hacer gracias a su atormentada condición. La vida se había ensañado con ella definitivamente.

— Esta noche, tu cuerpo será solo mío — susurró antes de pasar su lengua por los labios ya rojos de la chica, bajo la atenta y deseosa mirada de Sasuke que aún no la soltaba de la cintura.

Después de la situación, se despojó de su mentón y salió por la puerta grande bajo los ojos ágiles de todos. Sakura giró su visión hacia la pelinegra que la miraba con el rostro opacado por la tristeza. Se notaba a leguas que Hinata sabía algo que Sakura aún no.

Y tampoco deseaba saberlo.

Itachi y Sasuke Uchiha… nunca podría olvidar aquellas miradas maliciosas sobre ella.

Y mucho menos las de su amo después de esa noche. Después de que le entregara su cuerpo.

Todo era como se lo había dicho Hinata.

"Vivir para su excelencia".

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Por cada comentario, te ganas un Itachi con mirada amable, un Sasuke con sonrisa pícara y un Sasori sexymente despeinado.

¡Espero que les haya gustado!

Nos vemos en el próximo.

¡Saludos! c: