Disclaimer: Los personajes de Naruto NO me pertenecen, sino al mangaka Masashi Kishimoto.

Advertencias: El "Rated M" es por varias situaciones, desde las malas palabras hasta las escenas más hirientes o explícitas. Leer bajo un alto criterio.

¡Hola! Gracias por los comentarios, los favoritos y las alertas. ¡Gracias a los nuevos lectores!, ¡me alegran el día!:

beautiful girl red , angihe10 , Hiyoko-sama (¡Mujer, volviste! :3), Guest y adorelis.

Perdonen si encuentran dedazos, le he echado una tercera ojeada en cuanto lo he puesto aquí, así que creo que está perfecto.

En fin, sin nada más que decir…

¡A leer!

...

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Capítulo 11

El cautivo

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Comprobando que su abuela estaba completamente dormida, Sasori se deslizó por la ventana hacia el exterior, recibiendo el opaco brillo lunar parcialmente cubierto por las nubes. Las calles se encontraban completamente solas, debido a que Itachi Uchiha había decretado un estricto toque de queda, cuyo incumplimiento llevó a la muerte a más de veinte personas en lo que iba de semana.

Cualquiera que lo viese en la calle, se preocuparía por la suerte del escuálido niño pelirrojo de diez años, sin embargo, el mencionado tenía bastante en cuenta que era improbable que hasta los mismísimos guardias de élite, lo notaran entre las sombras de la noche. Había resultado demasiado fácil asesinar a dos de ellos la noche anterior, y aquello solamente aumentaba su superioridad de infante con respecto a, los que deberían ser, "eminencias" en detectar y matar a sangre fría.

Sasori veía un gran fallo del consejero al escoger una guardia tan enclenque y poco formada; no obstante, su ingenioso pensamiento, lo empujaba constantemente a pensar que todo aquello no era más que una estrategia de despiste.

Y no, no se refería al toque de queda en sí, sino a la mala distribución de las fuerzas sobre la ciudad. Había oído hablar de Madara Uchiha desde que tenía uso de razón, y por todo el caos que había causado con tanto ingenio, a Sasori le resultaba absurdo que dejara notar una debilidad así de patética.

Debe tener espías y soldados especiales en todos los rincones; se dijo con el ceño fruncido y completamente alerta, convencido de que allí había algo que no encajaba del todo en aquella situación.

Haciendo uso de su destreza de niño, el pequeño se asió de la rama de un árbol como un gato astuto. Desde aquella posición, podía notar perfectamente la luz de la vela que iluminaba tenuemente las cortinas traslúcidas de la ventana.

Visitaba con regularidad aquella pequeña casa, aun sin saber qué le motivaba a hacer aquello. Se había instalado un año atrás en el reino maldito, y conocido a la extraña niña de melena rosa "extravagante"; sí, extravagante, porque no encontraba un mejor adjetivo para describirla.

Sakura, como le había dicho que se llamaba a pesar de que él ni siquiera la miró, era capaz de trastocar sus nervios. Hablaba a su alrededor cuando no tenía que hacerlo, le perseguía en los momentos menos oportunos y vivía parloteando y hablando sola cual eco que resonaba eternamente. Sin embargo, con todo aquello, la niña había llamado su atención y apelado a los sentimientos casi petrificados dentro de su alma, y todo eso había pasado por notar aquel rostro triste y lejano que había contemplado cuando las niñas la habían empujado en la ciudadela.

Pero... ¿y qué hacía él frente a su ventana? Se sentía confuso y un poco cohibido, incapaz de profesar todos los pensamientos que se le cruzaban por la cabeza. No tenía explicación para su interés, pero uno de los aspectos fundamentales de su creciente curiosidad, se debía a que ella siempre podía traspasar sus defensas, incluso si estas eran cada vez más fuertes. ¿Cómo lo hacía? ¿Qué clase de capacidad en ella inhibía su red de chakra?

Sin duda alguna, la pequeña era un objeto de interés intelectual para comprender aun más el funcionamiento de los cuerpos comunes, los cuales no poseían ningún tipo de energía lo suficientemente fuerte como para exteriorizarla; pero, de alguna extraña forma, la chiquilla de cabello rosa tenía el don de pasar por encima de toda ley que conocía.

Le causaba demasiada curiosidad.

De un salto, Sasori cayó con un mortal silencio a pocos metros de la ventana y asomó levemente la cabeza sobre el marco de la misma. Del otro lado y a través de la cortina, pudo notar las pequeñas flamas de las velas agitándose bajo el golpeteo sublime del viento. De vez en cuando, la presencia del otro lado, suspiraba o bostezaba con ganas antes de volver a lo que estaba haciendo. ¿Qué podía hacer desvelarse a una niña tan pequeña y enérgica como ella? Otras veces en las que había estado allí, solía encontrarla profundamente dormida, sin embargo, aquella vez era bastante más distinta.

Decidido a ver lo que la niña hacía, Sasori subió al marco de la ventana en medio de una ventisca silenciosa. Sus hilos de chakra estaban tendidos como una telaraña a ciertas ramas de los árboles, listos para sentir la vibración si alguien se acercaba.

Cuando apartó la cortina con una mano, estuvo seguro de que Sakura gritaría y despertaría a medio imperio, no obstante, mucha fue su sorpresa cuando ella se mantuvo callada, sentada a un lado de una desgastada mesita mientras lo observaba con sus grandes ojos verdes.

El silencio que impregnó la habitación resultó ser hilarante. La cara aniñada de la muchacha permaneció lívida mientras veía el semblante y los ojos perpetuamente cansados del pelirrojo.

Así parecéis mucho más un muñeco enviado desde los avernos —susurró la niña con un leve tono de confidencia.

Sasori contuvo un desequilibrio y se quedó de piedra en su sitio, no pudiendo procesar tales palabras saliendo de la boca de una niña. ¿Qué clase de cosas escuchaba en el pueblo?

¿Lo parezco? —preguntó él con neutralidad.

Sakura hizo una circunferencia perfecta con sus labios y le señaló perpleja.

¡Hablasteis! ¡Habéis hablado! —Su tono francamente chillón, causó que el niño entrecerrara un poco los ojos con aturdimiento.

Me habéis escuchado hablar antes. ¿A qué se debe tanta sorpresa?

Ahora habláis demasiado. —La niña parpadeó muchas veces y él bajó del marco como si estuviese acostumbrado a invadir casas ajena, aparentando que su frase no le había hecho sonrojar mentalmente.

Sakura notó la intromisión, mas no se movió de la silla junto a la mesita. Tenía algo importante que hacer, así que ignorando a Sasori, se concentró en el viaje de tela que tenía sobre las piernas y se desparramaba por el suelo.

Sasori no había notado todo aquel viaje de lienzos de tela, sin embargo, colocó toda su curiosidad infantil en las pequeñas manos de la del objeto que consumía su atención.

El gracioso ceño fruncido resaltaba demasiado en su amplia frente, reflejando la concentración que colocaba en cada una de las puntadas. Sasori notó que estaba bordando el mismo patrón una y otra vez, lastimándose tanto, que los dedos tenían ciertas ronchas de sangre seca alrededor de las yemas.

Sakura lanzó un breve gritillo y se llevó el dedo lastimado hacia la boca. El muchacho junto a ella la analizó y sintió la necesidad de sentarse en el suelo mientras veía su larga melena rosada, la cual parecía crecer cada vez más deprisa.

Ha quedado terrible. —La escuchó murmurar Sasori cuando ella soltó la tela con un marcado puchero.

¿Qué se suponía que haciais? —La curiosidad había podido más que su necesario análisis, pero no le importó demasiado.

Una señora de alta cuna le ha dado trabajo a mi madre... pero entonces, su señor esposo le ha cortejado. —Mostró una tenue mueca de tristeza —. Madre ha llegado llorando a casa con lienzos de tela más pesados que que ella. Me gustaba su cabello largo, pero se lo ha cortado...

Sasori tensó los músculos un segundo antes de que la niña rompiera a llorar con todas sus fuerzas. Sakura tiró la tela al suelo y se levantó con toda la intención de correr hacia él. Para el pelirrojo, todo transcurrió en cámara lenta por un momento. Se había levantado de un salto y dispuesto a dejar la habitación en cualquier momento; sin embargo, Sakura arrastró todos sus planes por el suelo en cuanto se abrazó a su cuello mientras lloraba. Ni siquiera había tenido tiempo de levantarse.

El niño se quedó tieso en su posición, no sabiendo demasiado bien qué hacer y bastante incómodo por su contacto. No importaba las veces que dijera que despreciaba bastante el contacto físico, la pequeña parecía pasar de él como quien pasa al lado de una hormiga.

Madre siempre llora —mencionó entre hipidos —, dice que su vida es una piedra, pesada y difícil. — Apretó los brazos aún más alrededor del cuello del niño y sollozó con mucha pena.

Sasori abrió los ojos mucho más de lo normal, recordando la actitud de su mejor amigo, Komushi, cuando él se había ido con Akatsuki. Le había abrazado en medio de una llorantina incesante para después entregarle un retazo de pergamino muy amarillento y descuidado.

«Debéis aprender a consolar. ¿Siempre os vais a quedar tieso cuando alguien se eche en vuestros brazos?»; había reclamado con tono infantil.

Lo había conocido poco después de que Akatsuki lo rescatara de los guardias del emperador, y desde allí, su presencia no le había abandonado, incluso Sakura le recordaba un poco a él en ese mismo instante.

Mecánicamente, el niño de ojos color miel le dio una palmada sobre el hombro. La nena respingó y dejó de llorar en un santiamén, sorprendida por el toque. Sus ojos se cruzaron, los verdes muy perplejos y los marrones un poco caídos. Él creyó notar cierto brillo rodeando sus irises, pero desviaron la mirada demasiado rápido como para notar algo fuera de lo normal. Sasori se levantó de un salto al segundo siguiente de que Sakura lo soltara como si le quemara.

Se limpió las lágrimas y divagó antes de volver a tomar la tela y sentarse con las piernas cruzadas y un sonrojo demasiado notable en las mejillas. Por su parte, Sasori contuvo hasta la más mínima expresión, aunque podía sentir que sus pómulos estaban calientes como si hubiese pasado horas entrenando bajo el candente sol. Se sentía extrañamente mareado y un poco aturdido.

¿No lo dejáis ya? —habló Sasori cuando pudo recuperarse de su reciente conmoción.

Ella frunció el ceño con una determinación bastante marcada.

Madre está cansada y muy dormida. Tengo que ayudarla. —Pasó la aguja a través de la tela y bufó con decisión.

La nueva aura de fuerza, pareció inundar la habitación e hizo vibrar algo dentro del pecho del pelirrojo. Se suponía que era una niña, todas rehuían de las cosas difíciles esperando que alguien más resolviera sus problemas.

Pero Sakura no.

Estaba allí con el semblante más furioso que había visto en un rostro tan infantil, haciendo lujo de su fuerza de voluntad. ¿Por qué no se rendía si no podía acabar el trabajo? ¿Era porque tenía algo que atesorar o defender? Él había hecho muchas cosas por su abuela, y sin duda alguna las habría hecho por sus padres, no de la manera convencional, mas podía resolver ciertos problemas.

Pero nunca había tenido tanta voluntad como la diminuta fémina. Parecía transpirar fuego con cada puntada dada. ¿De dónde provenía esa voluntad? ¿Cuáles eran los sentimientos que la impulsaban?

Llevado por la curiosidad, Sasori se sentó junto a ella, no obstante, Sakura pareció no notarlo debido a su concentración. El mencionado estiró disimuladamente los dedos y sus hilos expertos se hicieron presente hasta llegar a la aguja de la niña, causando que hiciera un bordado perfecto que la hizo abrir los ojos con mucho asombro. El pelirrojo giró su rostro hacia otra dirección, consciente de que una pregunta más se agregaba a su lista.

La curiosidad era grande, y un genio, no podía quedarse sin darles respuestas a sus preguntas.

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Itachi cayó desde la rama de un árbol y asestó una patada certera en el cuello de un renegado antes de tocar finalmente el suelo. Madara envió una ráfaga de fuego con dirección hacia un grupo potencialmente peligroso de ninjas y les quemó hasta los huesos, sin detenerse a escuchar sus gritos que resonaban aun por encima del bullicio general de la batalla.

Unos pasos más allá, Tsunade libraba una pelea cuerpo a cuerpo con cuatro subordinados de Akatsuki, a los que, por supuesto, derrumbó de un estruendoso golpe cuando tuvo la mínima oportunidad. La tierra tembló y el polvo se dispersó hasta formar un extraño tornado de tierra. Itachi derrumbó al último de sus contrincantes de una estocada en el abdomen y miró la gran sombra que se proyectaba en el suelo incluso con toda aquella ráfaga de tierra.

Todos parecieron contener la respiración mientras miraban al ave planear por encima de sus cabezas. Tsunade elaboró un extraño símbolo en el aire y este brilló hasta desaparecer en medio de un chasquido; inmediatamente, una ráfaga inversa de viento amenazó con tragarse a todos los presentes, incluyendo al hombre rubio sobre el ave. Itachi hizo girar su Sharingan a la máxima velocidad mientras el horrible viento arremetía contra su cuerpo con una fiereza implacable.

Madara gritó algo que no alcanzó a escuchar y el torbellino cubrió casi por completo su visión. Itachi tuvo un segundo crucial que determinó su supervivencia cuando se encerró dentro de una esfera de fuego antes de que un montón de partículas de acero se estrellaran contra su escudo flameante con un sonido ensordecedor.

Diez segundos después, el ambiente se calmó. La niebla hecha de tierra se dispersó y el aire pareció volver a su ritmo natural; no obstante, los invasores ya no estaban.

Se habían ido.

El emperador desintegró su escudo de llamas y observó hacia todos lados con un semblante un poco intranquilo. Las profundas grietas de la tierra le devolvieron una sensación de vacío, y los cuerpos mutilados se desparramaban por todas partes y en todos los ángulos posibles.

Más allá, Tsunade mantenía la calma conscientemente mientras enviaba a ciertas babosas para que sanaran a los ninjas y guardianes heridos en batalla.

Sin un solo rasguño, el monarca ladeó la cabeza hacia donde debería haber estado Madara, dándose de bruces con la notable ausencia de este. Con la coleta totalmente desordenada y echándole un vistazo a la reina del Este, Itachi emprendió un viaje hacia las pesadas puertas del gran salón donde se había realizado el ritual ceremonial.

Colocando su ingenioso cerebro a trabajar a toda velocidad, Itachi se preguntó qué era más importante que permanecer en el punto central de una batalla como aquella.

Si Itachi no estuviese consciente de la tamaña soberbia que Madara poseía hacia el imperio en general y su propia estirpe, seguramente hubiese contratado a Akatsuki para causar todos los estragos que se vivía en el norte en ese preciso momento. Varias construcciones imperiales se encontraban totalmente destruidas y a punto de derrumbarse si no lo habían hecho ya.

Con cada paso dado y completamente alerta, Itachi frunció el ceño y se permitió relajarse un poco al ver que Sasuke se acercaba a él desde el bosque lateral de las dependencias imperiales. Tenía la katana en mano impregnada de sangre y el traje negro un poco rasgado a nivel de las piernas y el abdomen.

Por un breve instante, los intensos ojos verdes de Sakura se presentaron en su memoria, descontrolando un poco su corazón. ¿Dónde estaba Sakura? ¿Se encontraba bien?

—Itachi, ya hemos podido solventar la situación —dijo este con un tono frío y ojos penetrantes.

El monarca atinó a asentir antes de que la nueva princesa imperial, Ino, acudiera también a sus arremolinados pensamientos.

—¿Habéis encontrado el paradero de vuestra esposa? Este ataque puede traernos muchos problemas —preguntó el pelinegro de coleta.

Sasuke permaneció con los labios hechos una fina línea de marfil.

—La buscaré ahora. No nos conviene un mal entendido con el Hielo. —El menor de los hermanos agitó la katana hacia el suelo y las gotas de sangre se adhirieron a la tierra hasta que fueron absorbidas.

Itachi asintió y abrió las puertas con ayuda de un par de ninjas que se acercaron para ayudar a su señor.

Con el tétrico sonido de los portones al abrirse, todos se espabilaron un poco y enfocarnos las miradas hacia todos los rincones del gran salón. No se veía ni un alma, y los últimos vestigios de la unión de elementos sobre el cuenco, aún se hacía notar con bastante fiereza.

—Guardianes —nombró el moreno mayor y los dos guerreros se irguieron muy derechos en sus posiciones —, necesito que vayáis por las cámaras principales, busquéis a la princesa imperial y la llevéis hacia las cámaras traseras. —Ordenó con un matiz de dureza.

—Sí, su majestad. —Concedieron con reverencias idénticas y trotaron hacia las puertas laterales de la estancia.

Por un momento, todo sonido desapareció. Itachi se giró hacia Sasuke y este lo contempló sin emoción alguna.

—Pronto dejarás de ser emperador —soltó con cierto tono de suficiencia.

El Uchiha mayor se contuvo de apretar los dientes, mitad decepcionado y mitad alerta por el nuevo rumbo de los acontecimientos; no obstante, de ninguna manera iba a dejar que Sasuke creyera que lo tenía todo bajo su control.

En realidad, era Madara quien poseía tal control, pero Itachi solía adelantarse un poco a ciertos métodos, y por más que quisiera a su hermano menor, debía enseñarle que nadie amenazaba a Itachi Uchiha con una frase aparentemente obvia.

Haciendo uso de su altura, el aludido se acercó a Sasuke y colocó la mano sobre su hombro con una expresión de maldad escondida.

—Ahora que seréis el emperador, debéis cuidaros al doble. No será como cuando erais un príncipe. Todos intentarán matarte, todo el tiempo, a todas horas... —Fue bajando el tono de voz y apretando la mano alrededor del hombro de su hermano, notando que este se tensaba.

Lo soltó antes de brindarle una leve palmada en la espalda y caminó hacia una de las puertas por las cuales habían salido los ninjas.

Sasuke no le quitó la mirada de encima en ningún momento, siendo invadido por una sensación de suspenso a la vez que el aire a su alrededor se espesaba. Las palabras de Itachi habían sonado como una inconfundible advertencia que no podía ignorar, sin embargo, él seguía siendo el más habilidoso, el que siempre sería prodigio de los Uchiha.

Itachi se giró hacia él con los ojos del Sharingan, y Sasuke lo siguió de mala manera mientras maquinaba cuál sería el siguiente paso de sus acciones.

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Utilizando un oportuno despiste por parte de Itachi, Madara, junto a cinco de sus hombres más fieles, habían emprendido una carrera contra reloj hacia las cámaras traseras del castillo para caer directamente hacia el antiguo caserío de los Uchiha, sin embargo, cuando llegó a la zona previamente marcada, casi quiso gritar al cielo la frustración que estaba sintiendo en ese mismo momento.

Había cuerpos y sangre por todos lados en un perímetro más o menos amplio, y ninguno había quedado vivo para contar lo que había pasado.

¡Cuerda de inútiles!; gritó en su mente mientras el Sharingan de sus ojos giraba con una fiereza colérica.

Utilizando una bola de fuego, Madara mandó a volar la trampilla que cubría las celdas especiales bajo el suelo, no reparando en los hombres detrás de él en ningún momento. El mayor del clan Uchiha bajó las escaleras mugrientas con pesadas zancadas, liberando parcialmente su aura asesina con cada paso que daba hacia el prisionero.

—¡Maldita sea! —gritó con un tinte iracundo, arrasando con las rejas de las celdas a causa de que había empezado a lanzar llamas a diestra y siniestra.

El maldito prisionero no estaba, ¡Akatsuki había sido una simple distracción!, pero, ¿quién podría haber descubierto que él estaba allí? Había pasado demasiado tiempo para que alguien se acordara; aun así, ¿cómo había podido ser tan descuidado con respecto al tema? ¿Y cómo iba a proceder ahora?

—¡Venid aquí! —exclamó con tono de mandato, y en menos de lo que canta un gallo, los cinco hombres acudieron a su llamado.

—Madara-sama —dijo el que parecía ser el líder de la pequeña división.

Las facciones varoniles de Madara, se contorsionaron con una mueca de molestia imparable. Algo le decía que tendría que haber matado a cierta persona desde hacía demasiado tiempo.

—Buscad al capitán general de los escuadrones y traedle aquí. Si desertó, buscadle y matadle. —Antes de que alguien pudiese replicar algo o siquiera mover un músculo, Madara ya había emprendido su camino nuevamente hacia las dependencias imperiales, dispuesto a poner todo en orden y a matar a los posibles traidores.

Si ese tal Sasori tenía algo que ver con todo aquello, ni la mismísima oscuridad iba a poder ocultarlo de él.

Como que se llamaba Madara Uchiha.

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Sakura corrió entre el follaje con Sasori pisándole los talones, el cual se encontraba mirando constantemente hacia atrás y manteniendo los sentidos completamente alertas a cualquier tipo de amenaza sorpresiva. En determinado momento, se dio cuenta de que Sakura (que mantenía el entrecejo fruncido), estaba dejando que las ramitas rozaran constantemente la tela del kimono hasta hacer que un pedazo de tela se desprendiera.

—¿Qué hacéis? —preguntó mientras le tomaba de la mano.

Al cruzar el bosque, un caballo les esperaba para llevarlos lo más al sur que podían. Si tenían la oportunidad de cruzar las Islas Hostiles que dividían a los dos reinos, estarían totalmente seguros hasta que tuvieran la oportunidad de embarcarse hacia el Imperio del Trueno.

Sasori aún debía aclarar todo el tema de Akatsuki con ella y explicarle que irían a una de sus guaridas al otro lado del mundo; sin embargo, aquel no era el momento ni el lugar para hablar de tales asuntos.

—Estoy dejando una pista falsa —respondió ella cuando un pedazo de tela quedó suspendido en la rama.

—Nuestro camino es bastante lineal por precaución. No es una pista demasiado falsa. —El pelirrojo entrecerró los ojos y Sakura se recogió las incómodas mangas de su vestuario.

—Sois demasiado estricto y lógico de pensamiento. —La muchacha refunfuñó con una mueca infantil —. Si es demasiado obvia, no nos seguirán por este camino. —Argumentó con un leve tono de sabihonda.

Sasori había sopesado aquella opción sin llegar a exponerla, no obstante, poner en práctica cualquier estrategia en las profundidades del bosque, era una arma de doble filo; asimismo, no creía que los persiguieron por allí sin antes rodear todo el lugar, así que tenía que encontrar la forma de ir mucho más deprisa.

Sakura no ha recibido ni el más mínimo entrenamiento, tengo que llevarla; pensó antes de que ella dejará caer otro retazo de tela.

El hombre estuvo a punto de decir algo, sin embargo, de un momento a otro, cubrió la boca de Sakura y la hizo caer hacia el suelo con él. Los ojos de la muchacha se abrieron en sobremanera mientras Sasori trataba de no aplastarla con su cuerpo. El sonido de los cascos de los caballos alertó a sus nervios y la hizo temblar con premura. El pelirrojo clavó sus ojos de arena en las dilatadas pupilas y negó lentamente con la cabeza a la par que deshacía el agarre sobre su boca. Acarició su frente con un dedo y siguió negando con mucha lentitud. El nerviosismo se fue aplacando y la joven pudo volver a respirar tranquila mientras se mantenía en silencio con la vista fija sobre Sasori.

Por un momento, creyó que la imagen de él se distorsionaba hasta tergiversarse en otro rostro, sin embargo, tan rápido como tuvo ese desvario, este desapareció en medio de una prominente puntada en la cabeza.

Ahora no, debo estar bien por y para Sasori. También por mí; dijo mentalmente, asistiendo hacia el mencionado y notando que los caballos se alejaban con un repiqueteo ya leve y lejano.

"Sasori os calmará"; escuchó decir a la voz interior con cierta rigidez en la voz.

—Debemos partir. Ellos no tardarán en cazarnos. —Se levantó de un salto y tendió su mano.

Sakura no lo pensó dos veces antes de tomarla, sin embargo, al hacerlo, la inundó un extraño sentimiento de desasosiego que aceleró su corazón.

Estaremos bien; pensó con todo el optimismo que pudo al volver a retomar el viaje.

Estaremos bien; se repetía constantemente mientras se hundían en la lúgubre espesura del bosque.

Desde el fondo de su corazón, rogaba porque así fuera.

….

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Deidara observó el vacío bajo su altura mientras dirigía a su ave hecha de arcilla hacia una dirección en específico. Podía sentir que Konan volaba muy cerca de él camuflada con el aire y materializándose en momentos muy específico, como un ángel que anuncia la inminente caída de algo en específico.

El bosque era lúgubre y espeso, y mientras sobrevolara por aquel terreno, los ninjas de los Uchiha no tendrían demasiadas oportunidades de cazarlo y atraparlo con éxito. Antes de salir, Deidara se había asegurado de dejar unas cuantas bombas en los portones principales del Reino del Norte, asegurándose así que tuviesen bastantes dificultades a la hora de salir a perseguir a cualquier que hubiese escapado cuando el asedio estaba en auge.

Espero que Sasori-sama haya escapado... um; pensó el rubio con insistencia.

Sería realmente un desperdicio perder a un colega en el tema del arte y a un compañero esencial para la organización, no obstante, si Deidara realmente conocía a Sasori, entonces no tenía nada que temer con respecto al tema. Observó al prisionero que se mantenía dormido un poco más allá y entrecerró los ojos, intentando averiguar cuál era el verdadero motivo que el líder había tenido para mandarlos a aquella misión de rescate.

Enfocó su ojo azul hacia adelante y se frotó la barbilla con el dedo gordo y el índice, sopesando qué se diría en la reunión en cuanto todos llegaran a la guarida. No sabía dónde estaban Hidan y Kakuzu, pero con la certeza de que realmente eran el dúo zombi, definitivamente llegarían en menos tiempo del esperado, si es que no se mandaban mutuamente antes de hacerlo, claro.

—Debemos llevarlo con Jiraiya-sama. —El rubio saltó en su puesto y se giró hacia la dulce voz.

Konan se había sentado en la retaguardia con una pose sumamente derecha pero que se notaba relajada. Mantenía los ojos ámbar sobre el prisionero, con algo que a Deidara le pareció que también era curiosidad; sin embargo, cuando se trataba de ella o del líder, Pain, era difícil determinar lo que pensaban realmente.

—¿Jiraiya-sama sabía sobre el rescate? —preguntó él con un leve tono de sorpresa.

La joven de cabello azul, simplemente asintió sin despegar sus ojos del cuerpo durmiente. El muchacho de ojos azules la contempló por un momento antes de centrarse completamente en el camino.

—Debéis seguir derecho. Jiraiya-sama nos espera a unos kilómetros —informó a la vez que se iba quitando la túnica de nubes rojas.

Deidara obedeció con una mueca de resignación surcando sus labios, cuestionándose por qué siempre era el último en enterarse de los asuntos en torno a la organización.

Debería reclamar mis derechos, um; se dijo con un poco de diversión, la cual se cortó en cuanto la mujer entornó los ojos hacia él.

Después de unas cinco horas sobrevolando los pueblos hostiles y reticentes a obedecer las órdenes del emperador, Deidara, Konan, y el prisionero (el cual se había despertado parcialmente), aterrizaron junto a una modesta cabaña, cuyas escaleras estaban ocupadas por un hombre de larga cabellera albina y un rostro en camino de arrugarse a causa del paso de los años.

Konan bajó de un salto e hizo una respetuosa reverencia hacia quién había sido, y hasta cierto punto aún era, su maestro.

—Maestro Jiraiya. —Saludó ella con una sonrisa bastante tenue.

Deidara contuvo un quejido infantil y solamente refunfuñó por lo bajó debido a que tenía que llevar a cuestas a un ser que no conocía de nada.

—Jiraiya-sama —murmuró en modo de saludo mientras afianzaba el agarre sobre el desconocido.

—Debemos ingresar a la cabaña para medir su estado de salud —sugirió el hombre mayor mientras subía las pequeñas escalinatas de madera, seguido muy de cerca por su alumna y el rubio.

Una vez dentro de la estancia, Deidara recostó al desconocido sobre el primer tatami que encontró, casi cayéndose en el proceso por andar despotricando sobre que nadie le ayudaba con el peso.

Konan y Jiraiya facilitaron agua caliente y unas cuantas toallas para limpiar el rostro del antiguo cautivo. Superficialmente, Jiraiya se percató de que su estado físico y enérgico, se encontraban en una situación sumamente difícil. Habiendo sido su chakra absorbido constantemente, la regeneración de este había caido hasta dejarlo casi seco y sin posibilidad de usarlo, sin embargo, ya que había cortado aquella tortura, podría recuperarse a un ritmo regular, muy lento pero seguro.

El ex-prisionero, después de haber limpiado su rostro y la parte superior de su cuerpo, ahora respiraba profundamente y bastante aliviado por toda la atención, o al menos, eso se imaginaba Jiraiya mientras se sentaba en torno a la baja mesa de té de espaldas a él. Estaba demasiado demacrado y tenía tanto vello como para llenar el mundo, así que solamente podía imaginarse sus facciones hasta que él decidiera despertar del todo.

Después de limpiarlo, Konan y Deidara habían salido para mandar un mensaje al líder, así que, en cuanto volvieron Jiraiya les ofreció un té para calmar los vestigios de la lucha.

En medio de una animada pero confidencial conversación, el cautivo abrió sus empequeñecidos ojos y miró hacia el techo con la vista somnolienta. Todo parecía dar vueltas a su alrededor, sin embargo, fue capaz de ladear el rostro hasta el trío de voces que percibió en algún rincón de la estancia.

La cabellera blanca y larga lo devolvió a un momento de lucidez, en el cual tenía la sensación de haber visto ya ese estilo de cabello.

¿Dónde lo había visto?

Cuando una ráfaga de recuerdos acudió a su memoria, el hombre abrió mucho sus párpados y el corazón se le aceleró. Había estado encerrado por veinte años en una pútrida celda de los Uchiha, y Jiraiya había ido a rescatarlo, ¿era así como había ocurrido? Sus pensamientos no se organizaban y un nudo de palabras acudió a su garganta esperando ser soltado.

—Jiraiya-s... —alcanzó a decir antes de estirar la mano hacia el mencionado.

Las tres presencias restantes se colocaron en alerta, volteando hacia el hombre con miradas idénticas de perplejidad. Jiraiya dejó caer la pequeña taza al suelo cuando se levantó de un salto, no creyendo lo que sus ojos estaban observando.

Desde el tatami a unos cuantos metros, la mirada azul y acuosa de Minato Namikaze, le rememoraba un triste y lejano recuerdo.

...

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¿Y ahora qué pasará? ¿Alguien se imaginaba que era Minato? ¿Cómo llegó hasta las manos de Madara? D: Todo esto y mucho más en el próximo capítulo.

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