Bueno, agradezco a la gente que se da el tiempo de leer el fic. Daré lo mejor de poder darles una historia que los entretenga. Aquí vamos con un nuevo cap, disfrutenlo.
Capítulo 5
Encuentro Destinado
"Me encanta pensar que hay alguien especial por ahí, alguien con quien algún día me cruzaré"
Anonimo
Y era un día más en Hyrule, y ahora mismo alguien estaba sufriendo por lo que uno llamaría, la ira del sol.
-¡Hace calor! – Link estaba sudando con cada paso que daba.
-Pues vaya que si. – Navi estaba sentada en la cabeza del muchacho. Este calor era para morirse. – Y aún no veo el castillo a lo lejos.
-Creo que por eso el Búho dijo que sigamos el Río. Me iba a morir de sed antes de si quiera ver ese endemoniado castillo.
-Si. Parece que estaremos así unos días más. ¿Hm? ¿no oyes algo?
Link se detuvo de golpe a las palabras de Navi. La verdad, sí estaba escuchando algo…
El sonido de un animal atrás de ellos los hizo voltear y se asombraron de ver uno que nunca habían visto jalando algo.
-¿Qué es eso…? – Navi en su vida había visto un animal así.
-No tengo idea… ¡Pero viene hacia nosotros!
Link sintió pánico al ver que el animal no se detenía y saltó hacía un lado para evitar ser golpeado.
El animal se detuvo de golpe y Link notó que atrás del animal había una construcción de madera con ruedas y encima de este había dos personas.
-¡Woah, ten más cuidado pequeño! - Un hombre calvo con bigote y ojos azules que llevaba unas ropas rojas y azules era el que parecía dirigir al animal.
Link lo vio incrédulo. ¡Él era el que dirigió esta cosa hacia aquí! ¿¡Que culpa tiene él!?
-¡Papá! ¡Eres tú quien se debería disculpar! ¡No puedes hacer que el caballo corra así de rápido!- Detrás del hombre apareció una chica de cabellos rojos y ojos azules, llevaba un vestido y botas de cuero. – ¡Y mira nada más, nos hemos salido del camino!
La niña parecía lista para agredir al hombre, quien se mostraba algo apenado por lo que había pasado.
Link no sabía que opinar, en su vida había tratado con extraños. En eso, las largas orejas de ambos llamaron la atención del joven.
-Un Hyiliano…. son una raza que se dice fue bendecida por las Diosas y a diferencia de los Kokiri, ellos si crecen hasta volverse adultos. - Navi le habló al joven al oído y este agradeció la información.
Con que esta es la raza que tiene más domino en Hyrule, no lucen tan diferentes que él. En especial la niña, que le recuerda las niñas que están en el bosque Kokiri.
-Tú no eres de por aquí ¿verdad? – Fue la pregunta del hombre al muchacho, quien asintió varias. – ¿A dónde vas pequeño? Es raro ver a alguien en estos caminos. – Preguntó de nuevo, solo que esta vez Link le respondió con palabras.
-Bueno… me dirijo a la Ciudadela… - Dijo con algo de miedo, dado que no sabe que le dirá.
-¿¡A la Ciudadela!? ¿¡A pie!? ¡Jajajaja! – Ok, no le estaba gustando que se ría de él, ni un poco. - Sabes que no estás ni a medio camino.
-¿¡Ni a medio camino!? – Lleva dos días caminando y como que aun no está ni a medio camino… Esto debe de ser una broma. – Oh no…
El hombre miró al muchacho, se notaba que no pasaba de los 10 años. Una edad que era igual a la de su hija. La pasó a ver y pudo ver que ella también lo miraba, como diciendo que lo ayuden. Se le veía tan cansado y triste.
-Podemos llevarte hasta allá si quieres.
-¿¡De verdad!? - Link sonrió ante la oferta del hombre. - ¡Se lo agradecería enormemente!
-Pues sube muchacho, el tiempo apremia. Te aseguro que las cosas serán más sencillas a partir de ahora…
-Papá- Odio interrumpir tu momento de buena acción, pero ¿Debo de hacerte recordar que nos salimos del camino? – la niña frunció el ceño al ver la expresión de su padre. – Lo supuse…
-Jajajaja. Quizás debamos primero llevar esto a su lugar en el camino.
-Los puedo ayudar si lo desean.
No puede ser mal agradecido con estas personas que lo estaban ayudando. Y el hombre agradeció el gesto del muchacho, pidiendo que lo ayude a bajar unas cosas para que se más sencillo volver a poner la carreta en su lugar.
La niña se quedó viendo a Link tras bajar de la carreta. Lo miró de manera fija, a la vez que pensaba que era extraño que un niño vista ropas verdes.
Ella soltó un suspiro. Otro día más en su vida aburrida, pensar que el único día que se le ocurre aceptar la invitación de su padre venir a la Ciudadela y esto le pasa. Si que debe de tener mala suerte o las Diosas de verdad tienen un sentido del humor bien mórbido.
Fue en eso, que vio como el niño parecía susurrarle algo a su hombro. Ella afiló la mirada y… Vio como algo salía de manera simulada de su gorro tan raro.
Abrió los ojos con sorpresa al ver que era una…
-¿¡Hada!? – Señaló de manera en que Link se asustó a la vez que pasaba a verla con miedo y también…. – ¿¡eres un…!?
Link corrió hacia ella y le tapó la boca. Que niña más ruidosa. Pero eso bastó para que ella se quede en el silencio absoluto.
-¿Ocurre algo? – el hombre se giró a ver a esos dos, a la vez que estaba subiendo los enormes tarros de leche a la carreta.
-No. Nada. Parece que ella desea hablar conmigo. – Link dio una buena excusa, a la vez que… - No digas nada por favor.
La niña afiló la mirada, señaló la mano en su boca, como diciendo que se la quite de ahí. Link asintió apenado, dado que sentía que estaba siendo algo rudo con ella.
Le quitó la mano de la boca y ella solo…
-¿Eres un chico hada? – Malon había oído de esos seres que viven el bosque y que siempre tienen con ellos un hada. Pensó que eran solo leyendas.
-… Si. – No tenía nada más que decir y mentir sería contraproducente.
Link vio la cara de Malon iluminarse al oír ello. Era como una fantasía hecha realidad. Puede que ella sea la hija de un humilde granjero, pero tiene sus pequeñas fantasías y sueños. Uno de ellos era conocer un hada y ahí estaba la oportunidad.
-Pues más te vale que empieces a hablar chico hada. Porque mi silencio tiene un precio y esa es la verdad. – Link se tensó al oír ello. Esta chica… parece que tendrá serios problemas con ella. – Soy Malon, por cierto.
-… Link….
-Chico Hada suena mejor.
EL niño solo pudo tener la clara certeza de que ella solo le iba a dar dolores de cabeza…
-Vamos chicos, sigamos el camino. – el hombre llamó a los dos, quienes asintieron. – Por cierto, no sé tu nombre pequeño. Yo soy Talon, ella es mi hija Malon…
-… Soy Link. Es un placer. – El niño sabe que pase lo que pase, no puede ser descortés con los que parecen ser amables.
…
El camino hacia la ciudadela fue lento y calmado, pero mucho más relajante, Link pudo ver a un hombre corriendo las praderas de Hyrule, título que se le daba a estas tierras. Link bebía una botella de leche que Talon amablemente le había dado para saciar su sed y que él era el dueño del Rancho Lon Lon, conocido rancho en todo Hyrule por la crianza de caballos y la leche que dan a la Ciudadela.
Pensar que así son algunas cosas por la Ciudadela. El mundo exterior era en verdad increíble.
-¿Y para que vas a la Ciudadela "Chico hada"? – Malon lo seguía llamando de esa manera, aunque sabe su nombre.
Puede ver que es una niña muy alegre, se llevaría bien con Fado por lo poco que ha visto. Pero dejando eso de lado.
-Voy a cumplir una promesa….
-¿Promesa? - Malon miró con curiosidad al chico.
-Sí, le prometí a alguien cumplir un objetivo y pienso hacerlo.
-Ya veo… - Malon se le quedó viendo un rato, a la vez que pensaba que el niño era raro. – Espero que lo logres, las promesas son importantes.
-Jejeje. Eso mismo me decía alguien de donde vine. – El recuerdo de Saria era fresco en su memoria, a la vez que sentía la nostalgia al ver hacia atrás. Ya no veía el bosque… de verdad estaba lejos de su hogar.
Malon notó eso y sintió pena por él. No debe de ser sencillo irse de tu hogar. Puede que ella un día desee dejar el rancho en el que vive, pero es su hogar y le gusta volver a él siempre. Puede que él sienta algo similar.
-¿Extrañas tu casa?
Link pensó en la pregunta, a la vez que sentía que…
-No exactamente. Creo que extraño solo la sensación de que es algo que conozco. Ahora todo será nuevo para mí. – Se sinceró con ella. – Es solo eso, no sé que más puede ser.
-Hmmm. Puede que sea así. Pero de seguro ya te acostumbras con el tiempo, estoy segura que será así.
Link vio a la niña darle ánimos, por lo que el gesto era más que apreciado. A la vez, ella parecía querer ayudarlo a sentirse más cómodo.
-¿Cómo es la Ciudadela?
-Es enorme, si eso te preguntas. – Talon habló desde su lugar, dirigiendo a los caballos. – Es un lugar donde todas las razas se juntan para celebrar fechas importantes, a la vez que muchas fiestas pasan ahí. Sobre todo, en estas fechas.
-¿Fiestas? ¿Cómo cuáles? – Eso si le llamó la atención, dado que eso era nuevo para él. En el Bosque Kokiri no había algo así.
-Pues la más cercana es la que trata en relación a la misma Diosa con la que se nombró nuestro Reino. – Link no entendió a esas palabras.
-Habla de la Diosa Hylia. La que se dice, protegió estas tierras con su Héroe Elegido. – Malon soltó un suspiro, uno que pareció de ensoñación. – Ya quisiera yo tener mi caballero en brillante armadura.
Link tuvo una gota de sudor al verla en ese estado, a la vez que… su mente pareció jugarle una mala pasada, dado que..
-No soy digno de estar ante usted, su Divinidad. – Él se veía arrodillado frente a alguien, no sabía quien era… pero tenía la certeza de que era importante.
-No digas tonterías. No hay nadie más digno que tú en estas tierras, para estar frente a mí. – Una mujer, esa es la voz de una mujer. – Tras todo lo que hemos pasado… ¿No significa nada para ti…?
-Sabe que no es así. – Se apresuró a decir ello, dado que no quiere que crea mal. – Pero usted es una Diosa. Yo soy un mortal, no…
-… Hay algo que envidio de ustedes los mortales. Y es que a pesar de todo lo que pasan y sufren, son capaces de amar. Yo me pregunto, si eso los hace dignos de usar el poder que fue dejado atrás.
Él no sabía que responderle. Se sentía insignificante ante ella. Tanto que quiso najar más la cabeza y…
-… No quiero que te sientas mal. Si crees que lo mejor es que no nos veamos más, lo aceptaré.
-Por más correcto que eso sea… Sabe que no puedo. Usted… Yo la seguiré hasta el fin del mundo. Y me honra que me haya elegido.
Link alzó la mirada rápido y pudo ver como la mujer se daba la vuelta. Y al fin fue capaz de ver su cara.
Si había algo en este mundo que puede considerarse lo más bello, era ese rostro. Tan puro, pero que lo veía a él de una manera que jamás había visto hacia su persona. Ella le sonrió, mostrando esa bella y perfecta sonrisa que le sacaba el aliento. Y sabía que…
-¡Hey, te estoy hablando! – la voz de Malon lo sacó de su estado de ensoñación. Agh, eso fue algo penoso. - ¿Qué te pasa? Parecías ido.
-… Estaba pensando. – Aun no sabe que es eso… son imágenes que no conoce, a la vez que… son familiares. Y eso era lo extraño. – ¿Qué me decías Malon?
-Que me preguntaba si tendremos la suerte de ver a la misma Princesa Zelda. Dicen que es muy bonita. ¿Qué crees tú?
Link se encogió de hombros. No es que le interese la verdad. Y si la Princesa era bonita, duda que se le compare a la imagen de la mujer que tenía ahora en la cabeza.
Zelda no estaba teniendo un buen inicio del día. No solo porque había amanecido con los brazos adoloridos. Sino que también había oído de su padre algo que no le gustó durante el desayuno.
-Los Ganondorf vendrá el día de hoy a hablar de algunas cosas. – Fueron las palabras de su padre, a la vez que ella sintió que le habían dado en el estómago.
-Padre, ¿Cómo puedes dejar que ese hombre entre al castillo como si nada?
-Zelda, te aseguro que Lord Ganondorf está demostrando una actitud más que honorable. No solo ello, también nos ha dado buenas ideas para la mejora de ciertos tratados. Se ve que sabe su trabajo.
No lo podía creer, si padre estaba siendo engatusado. ¡Y estaba sirviendo!
-¡Padre, ese hombre es sospechoso!
-¡Suficiente Zelda! – Cuando oyó que alzó la voz, lo supo… no había más que discutir y él no la iba a oír. -¡Deja de lado tus berrinches infantiles!
-¡No lo son, sé que algo va mal con él! ¿¡Por qué no me crees!?
Selene miraba la discusión, sin saber que lado tomar. Puede que sí, Zelda no estaba siendo muy concisa con lo que estaba diciendo. Pero su esposo estaba confiando muy rápido en ese sujeto y eso era preocupante.
-¡Zelda, ya basta! ¡No estás siendo concisa con nada con lo que dices! – el Rey alzó la voz. - ¡Quizás deberías dejar de leer esas tontas leyendas! ¡Se ve que te están afectando el raciocino!
-¡Daphnes! – Selene alzó la voz, dado que su esposo si había llegado lejos con ello. Dado que Zelda ama esas historias, creció con ellas… que le haya dicho eso…
Zelda sintió que esas palabras fueron como una bofetada en la cara. En su vida su padre le había hablado de esa manera. Y menos había hablado así de las leyendas que tanto le gustan. Y aunque él no era religioso ni nada, ella… ella si veía algo de verdad en esas Leyendas.
Que aun ante el mal absoluto, la justicia debe de ser firme y luchar. Eso es lo que ella creía.
Sintió sus ojos humedecerse por lo reciente, se levantó de golpe y…
-¡No tengo más hambre! – Salió del comedor a toda velocidad, ignorando los gritos de su madre de que vuelva. Pero no quería…
Cerró la puerta con fuerza y caminó a donde estaba su habitación. Sentía las lágrimas salir de sus ojos por la frustración, la rabia y el dolor.
No le cree… ¡Su padre no le cree! Jamás en su vida pensó que se sentiría así. Jamás. Y ella misma sabe, que pase lo que pase… lo que ha hecho, no lo puede saber su padre. Nadie.
Debe de seguir con lo que está haciendo, aun sola. Porque cree que es lo correcto. Ese hombre del desierto no es lo que parece. Y que su padre sea ciego para verlo, no significa que ella también.
Llegó a su habitación, abrió la puerta y al entrar se vio con…
-¿¡Impa!? – Vio a la Sheikah en el interior de su habitación, a la vez que…. - ¿Qué estas…?
-La pregunta real princesa… Es ¿Qué estabas haciendo tú?
La mujer tenía en su mano la Ocarina del Tiempo y encima de la cama estaba el Escudo Hyliano.
Zelda tragó saliva, estaba en problemas…
De regreso a la sala del comedor…
-No puedo creer que le hayas dicho eso. – Selene miró a su esposo con molestia. – Sabes lo mucho que Zelda ama esas historias.
-Por favor… Ya deja de incitarla a leer esas cosas- Héroes y Princesas que salvan el mundo. Eso no existe en esta realidad.
-Pero no debes de quitarle esa ilusión que tiene. Por las Diosas Daphnes, ella solo deseaba que la escuchas. No que niegues sus palabras al instante.
La Reina pudo ver su esposo no estaba para esta discusión. Es más, parecía que no la quería ni tener.
-… Daphnes, ese sujeto jamás será Leon. – Esa pareció ser una bofetada en la cara del Rey. – Sé que se juraron mejorar el reino juntos y las Diosas saben que lo extrañas, pero no trates de llenar ese hueco con un tipo del que no sabemos nada. – La mujer se puso de pie. – No sabes lo mucho extraño a Mari y su modo de ser, tan alegre… Y lamento que el hijo de los dos haya tenido que sufrir el mismo destino que ellos.
-… ¿A dónde deseas llegar?
-… Que ya va siendo hora de que demos vuelta a esa página Daphnes. Ni Leon ni Mari habrían deseado que estemos así…. Iré a ver unos papeles, el festival de Hylia es pronto y creo que lo mejor sería que le demos algo de alegría al pueblo.
Sin más que decir, la mujer se fue de ahí. Sabiendo que las palabras de ella ya habían llegado a su esposo. Y espera que sirvan de algo.
Y puede que sea así, dado que se veía como Daphnes soltaba un suspiro y pensaba en su Mejor amigo.
-… No sabes cuanta falta me hace tu amistad Leon. – El Rey miró el techo, sabiendo que eso era lo único que podía hacer.
Por su lado, Zelda sentía que, si no dice algo pronto, va a estar en serios aprietos y eso es lo que menos desea. Diosas…
-Impa, puedo…
-¿Explicarlo? ¿Qué clase de razón puedes tener para entrar al almacén de los Tesoros Reales de Hyrule y llevarte no uno, sino dos de ellos como si fueras una ladrona?
Ok, suena mal cuando lo dice de esa manera. Puede que haya sido un mal plan después de todo. Agh…
-Impa te aseguro que es por una buena razón. Escúchame por favor. Y si… si no te convenzo se lo puedes decir a mis padres.
Impa estaba muy tentada a decir no. Había entrado a la habitación del Princesa para poder revisarla como siempre, dado que es su trabajo como la Nana de ella, pero a la vez uno jamás puede ser muy precavida.
Esas gerudos y su Rey no le dan buena espina, por eso es que hacía esto. Y se lleva con la sorpresa de que no uno, sino dos de los Tesoros de la Familia Real estaban aquí.
Pero el ver como la Princesa la miraba, casi en suplica, la hizo soltar un suspiro. Le dará la oportunidad. Veamos que tiene que decir.
-… Todo comenzó esa noche que ese sujeto llegó. Puede que sea raro, pero algo en mí me dijo que no debía de confiar en él. Menos acercarme a su presencia. – Zelda bajó la mirada. – Y ese sueño llegó… Veía como una gran oscuridad venía del desierto y consumía toda Hyrule. – La niña tembló un poco. – Y los sueños son constantes, no han dejado de aparecer… hasta hace dos días.
-¿Dos días?
-Si… Era el mismo sueño, pero de las profundidades del bosque un destello verde salía para empezar a disipar esa oscuridad. – Zelda solo pudo decir que… - Impa, puede que sea una locura. Pero es cierto… Algo en mí me dice que ese Ganondorf solo viene por algo del Reino, no para aliarse a mi padre. Y creo que puede ser la Trifuerza que se menciona en las leyendas.
-Princesa...
-Créeme Impa. Por favor…
La mujer quería decirle que le creía, porque lo de hace unos días demostraba que la princesa parece ser más especial de lo que pensó. Si las Leyendas Sheikah son de verdad, cuando un mal se asoma a Hyrule, el Héroe encarnado en la Línea de Sangre de los Caballeros Reales, aparecería.
Si era así. ¿Dónde puede estar ese Héroe? Sabe que siempre debe de estar en el rango de edad de la princesa de turno y Zelda tiene solo 10. ¿Acaso es Blason? No, lo duda… Ese niño no parece tener la madera para ser un héroe por lo que ha visto.
Se ha quedado tanto en silencio, que Zelda se mostraba impaciente y asustada. Genial….
-Ok Zelda. Hagamos que te creo un segundo. ¿Qué planeas hacer? Obviamente, no puedes simplemente ir y hacerte con la Trifuerza.
-Lo sé. No soy tonta Impa. Quizás solo hacernos de las Piedras Espirituales para evitar que…
-¿Hasta eso lo investigaste? Diosas, eso explica porque has estado encerrada aquí días. – la mujer puso sus dedos en el puente de la nariz.
Zelda se mostró apenada…
-Lo siento.
-Ok. Eso explica la Ocarina, dado que es la llave final según las Leyendas junto a una canción. Pero ¿Por qué el Escudo Hyliano que ha estado en manos de la Familia Real desde su fundación?
-… ¿Tan antiguo es…? Pero parece nuevo. – Zelda miró el escudo con asombro.
Impa puso una mano sobre el escudo, sintiendo la magia que envolvía el objeto. Era…
-… Según los records de la familia Real, este escudo es muy antiguo. Unos creen que fue el que usó el Héroe Elegido de Hyla.
-¿El Héroe del Cielo?
-No, mucho antes. Al que llamaban el Caballero de Hylia, el único mortal que la Diosa siempre tenía a su lado todo el tiempo. Ella le dio este Escudo como medio para que se proteja y por eso lo bañó en magia Divina, lo que lo hace inmune al paso del tiempo.
-Vaya… - Zelda si se mostraba muy impresionada. - ¿Por qué la Diosa Hylia iría tan lejos por un mortal? Si, puede que haya sido su Elegido, pero…
-Algunos dicen que fueron amantes, pero eso ya es exageración de los que son románticos. Ven satisfacción en un romance prohibido.
-¿Prohibido?
-… Ella era una Diosa y él un hombre mortal.
Zelda miró el escudo de nuevo, preguntándose si es verdad. ¿En verdad Hylia le dio esto a su Elegido?
Antes de poder preguntar más, sintió esa sensación de nuevo. Solo que esta vez, no fue abrupta. Fue como una brisa y…
-Ten. Pórtalo con la espada que te di. – Se vio viendo la espalda de alguien que se estaba ajustando su ropa. Eran verdes y portaba una tela roja en el cuello. – Este escudo te protegerá. Tiene mi bendición.
-A este ritmo pensaré que me estas consintiendo mucho… - ella oyó su voz y… sintió una sensación cálida rodearla. – Sabes que no…
-Por favor. – Su voz fue súplica. – No quiero que te pase nada, ahora que sé lo que… - Sus palabras se quedaron en su garganta. ¿Era vergüenza o timidez? – Solo llévalo, es una orden de tu Diosa.
Él rio, como viendo lo divertido y eso la molestó. Pero cuando se giró, ella lo vio. Y al hacerlo, jura que se quedó sin aliento.
Zelda había visto hombres guapos en su vida como princesa, pero ella como niña que es no le vio el interés… Hasta ahora….
El hombre que la miraba tenía la mirada azul como el cielo más claro, su cabello largo y rubio la hizo pensar que no había hombre más perfecto. Y lo peor de todo, era la sonrisa que le daba… la que la hacía perder la fuerza en las piernas.
Él tomo el escudo de sus manos, no sin antes darle un beso en el dorso de la mano derecha, haciendo que ella jadee.
-Como ordene mi Diosa.
No sabe que es esto, pero… le gusta que la llame así…
-Zelda… ¡Zelda!
La mirada de la chica volvió a la realidad. Lo que hizo que ella miré al frente y vea como Impa la había agitado con fuerza. ¿Qué…?
-¿Qué pasó Impa?
-Eso deseo saber. Te quedaste viendo al escudo con una mirada vacía por minutos. - ¿Lo hizo? Ya no estaba segura de nada… - Dime la verdad Zelda, ¿Esto te ha pasado antes?
La niña asintió…. Eso hizo que la Sheikah suspire.
-¿Desde cuando? – ella la miró con duda. – Dime Zelda.
-Dos días. Son… repentinos. Vienen de la nada. Y no siempre son claros… pero este caso si fue muy claro. No sé qué pasaba, pero me vi dándole el Escudo a alguien…. – Zelda se sonrojo al pensar en que estaba por decir. – Se lo di a un hombre muy apuesto.
Impa alzó la ceja. En su vida pensó oír eso venir de la boca de la princesa. Pero dejó ello de lado y se puso a pensar en que…
Si esto era lo que los archivos Sheikah decían, entonces la Princesa es…
-Muy bien princesa, no diré nada. – Zelda la miró con sorpresa. – Le creo. Dudo que haga todo esto como una mentira bien elaborada.
-¿De verdad me crees Impa? – la mujer asintió y la niña sonrió. - ¡Oh, gracias Impa!
-Pero… - ella alzó la mano. – No crea que su pequeña acción irá sin castigo. Aún con buenas intenciones, se metió e hizo algo que bien se puede considerar un crimen contra la familia Real, si no fueras la princesa.
Zelda bajó la mirada muy arrepentida, pero no importaba. Al menos Impa le cree. Y eso era suficiente para ella.
-Debemos de tener cuidado con ese sujeto. Y mi padre se quiere reunir con él de nuevo. No sé porque no lo manda de una vez al desierto.
-Su padre… parece extrañar los días en que podía hablar con alguien sobre el reino. – Zelda no lo entendió. Tenía a su madre. – Quizás no lo sepa, pero el amigo de su padre, Leon, era alguien con quién él hablaba de manera en que… podían decirse cosas sin tener el decoro de los títulos. Lo extraña y ver a alguien parece hacer lo mismo, es…
-Pero… no puede confiar en alguien que apenas conoce. Menos si es…
-Entiendo su pesar princesa. Pero eso es algo que pasa cuando estás sin un amigo de verdad. – Impa le hizo recordar ese detalle.
Zelda no lo sabía. Ella no tenía un amigo de verdad. A lo mucho ese es Blason. Pero ella duda poder decirle esto y que confíe en ella. ¿Acaso su padre desea eso con alguien? Pero, ¿qué hay de su madre?
-Mama…
-Su madre, es una persona que el Rey le tiene la mayor de las confianzas. Pero hay cosas que solo le puedes decir a un amigo de toda la vida. Eso era Leon para su padre. Un día lo entenderá. – Zelda no lo entendía del todo. – Ande, vayamos al jardín para que pueda tomar algo de aire. Ha estado encerrada aquí mucho tiempo. Y póngase su ropa para reuniones.
-¿Debo de hacerlo…? – Zelda odiaba esa tela en la cabeza. Aunque el ver como Impa alzaba una ceja. – Ngh, bien…
Jura que esto es peor que un castigo. Miró la Ocarina y decidió llevarla con ella. Siente que es mejor que esté cerca de ella.
En las praderas de Hyrule, Link había estado conversando varios minutos con Malon. La niña era divertida de hablar, pero se notaba que le gustaba hacer una que otra broma.
-Deberías un día ir a ver el rancho. Sé que te gustará. – la niña le dio la recomendación. – Incluso podrás ver más caballos. ¡te presentaré a Epona también!
-¿Epona? – Link alzó una ceja.
-Si. La yegua que tenemos que es solo una potrilla. Ya verás de que hablo si vienes al rancho.
Link lo pensó. Puede que sea divertido. Es más, quien sabe que estará haciendo tras cumplir su promesa de ver a la Princesa.
-Ok. Me parece bien. Suena divertido.
Malon sonrió con alegría al oír ello. Fue en eso que…
-Ya estamos aquí niños. – Talon llamó la atención de los dos, a la vez que ellos pasaban a ver la Ciudadela.
Era enorme y se notaba que estaba bien fortificada. Lo que llevó a Link pensar que debió de ser bien difícil construir esto en su día. Aunque, no pudo evitar pensar que se parecía mucho a la construcción que vio en su sueño…
Le quitó importancia al momento en que Talón estaba hablando con unos soldados que vigilan la entrada.
Parecía que querían confirmar la entrega de leche y cuando lo hicieron, le dieron el pase libre.
Y al entrar, Link se sorprendió al ver la gran cantidad de edificios y casas que había en la zona. Era increíble, además que había un bullicio que en su vida había escuchado.
Lo había logrado, estaba en la Ciudadela.
-Bueno Link, aquí estas. Espero que sea lo que viniste a hacer lo cumplas.
-Muchas gracias señor Talon y gracias de nuevo por su amabilidad.- el joven hizo una reverencia antes de empezar a retirarse.
-¡Nos vemos chico Hada! ¡No olvides tu promesa de visitarnos!
Link se giró y le sonrió a Malon a la vez que se despedía con su mano para seguir con su camino.
Al adentrarse más, esquivar gente y demás, Link pudo ver que este lugar si que era animado. Vaya que lo era…
El lugar estaba infestado de gente….
Por un lado, había un montón de mujeres algo gordas frente a un puesto de ropa que trataban de coger algunos vestidos por la fuerza. Y al ver tal escena el joven pensó que era mejor no acercarse, sus instintos le decían que era peligroso….
Al caminar un poco más vio a un hombre y una mujer que parecían estar en su propio Mundo. Una escena muy asquerosa para él….
En otro lado vio a un mendigo, a un hombre que corría con prisa con una bolsa en su espalda, un hombre viejo, uno que parecía, querer escuchar algo proveniente del cielo, una mujer que presumía de su mascota diciendo que era única cuando en verdad había más como el animal, una niña que perseguía un animal emplumado.
Y todo eso solo en el sector que estaba, tenía la seguridad de que hay más gente en los otros sectores. Pero tampoco quiere adentrarse tanto sin saber a dónde estaba yendo.
-Vaya…. hay más gente de lo que creí… - Link camino un poco al centro y al hacerlo escucho a dos hombres hablar.
-¡Te lo digo! ¡La seguridad en el castillo es muy estricta! ¡Ya nadie se puede acercar!
-Eso es normal, desde que tenemos a ese nuevo Capitán de la Orden. En momentos como estos se siente la ausencia del Lord Leon. Él sí era un Caballero en todo el sentido de la palabra. Lástima que murió tan joven con su esposa e hijo.
Link al oír ello, sintió que ese tal Leon debió de ser bien querido. Le quitó importancia y siguió avanzando, sólo que esta vez en dirección a lo que sería el enorme edificio que estaba a lo lejos.
-Parece que las consecuencias de la Guerra Civil aún no se van. – Oyó a alguien más hablar cerca de donde estaba caminando.
-Es natural, fue una guerra intensa. Sin contar que perdimos a muchos. Pensar que algo así pasaría hace pocos años. – Fue lo que oyó a la mujer responderle al hombre con quién hablaba.
-Guerra Civil… ¿Qué será eso?
-Según lo que me dijo el Gran Deku, hace casi 10 años unos tipos trataron de invadir Hyrule y solo fue hace unos pocos años que fueron derrotados. Por lo que veo las personas aún están afectadas por lo que paso…. - Navi le habló al joven, quien, al ver la cantidad de mendigos en las calles, pudo ver lo que decía era que el reino era fuerte solo por fuera, pero por dentro…
-Tal vez por eso ese hombre aprovecho en intentar conseguir lo que desea…- Link se alejó del centro del lugar. Tiene que seguir.
-Hey… muchacho…- una voz lo llamó y el chico volteó al ver en una esquina a un hombre con una sonrisa en el rostro y una gran maleta con varias máscaras…. -Acércate, tengo un favor que pedirte….
-¿Un favor?- Link se acercó al sujeto, ya que no parecía tener malas intenciones….
Al ver bien la maleta pudo ver una especie de máscara en forma de corazón rosa, con ojos y unas púas en un extremo, que por algún motivo le daba mala espina.
-Así es… verás, soy un vendedor de máscaras que otorgan felicidad y al verte, decidí que tú serías perfecto para llevar a cabo mi petición.
-¿Y esa es?
-Toma estas máscaras. - El hombre le dio al joven 4 diferentes máscaras.- Por favor dáselas a las persona que creas serán felices con ellas, al vender todas vuelve conmigo y te daré una recompensa.
La sonrisa eterna del hombre lo hacía sospechoso para Navi, pero Link asintió y guardó las máscaras en su alforja.
-Recuerda, hacer a otros felices te hará feliz muchacho, solo siendo feliz podrás despegarte del dolor que te aqueja por la soledad. Sé que podrás afrontar los cambios que se vienen a esta línea…
-¿Eh? ¿A qué se refiere con esta...? ¿Huh? - al levantar la mirada, el joven pudo ver que el tipo no estaba…
-Pero ¿¡cómo!?- Navi miró a todos lados, pero ni señal de él.
Ambos se adentraron al callejón y nada, parecía que la tierra se lo había tragado.
-Raro... uuhh solo espero que no haya sido un fantasma. - Navi tembló al pensar en esa idea, pero Link confirmó que no era eso al ver las máscaras.
Decidió dejar de pensar en eso. Iba a vender esas máscaras ya que prometió hacerlo… se giró para seguir su camino, no sin antes…
-¿Qué quiso decir con cambios a esta línea? – esas palabras lo hicieron dudar un rato, a la vez que sentía que no era la primera vez que lo vio.
Oh bueno, no importa. Se giró para poder ir en dirección de donde estaba el castillo y era la hora de que deba de hacer frente a lo que vino.
Zelda por su lado, estaba algo aburrida. Le gusta estar en el jardín real, pero ahora mismo estaba siendo algo aburrido.
No debería de estar aquí, sino que debía de seguir investigando las cosas en caso ese Ganondorf…
-¡Princesa!
Zelda miró en dirección de donde estaba la entrada al jardín y pudo ver a Blason. El chico se acercaba a ella con una sonrisa y ella se la devolvió como pudo.
-Hey Blason, ¿cómo estás? – la niña se puso de pie y saludó al muchacho, quien se mostró algo apenado.
-Muy bien. Mi padre decidió que puedo empezar a ver algo básico de la esgrima. – dijo ello con un tono de emoción que Zelda jamás había oído antes.
-¿En serio? ¡eso es genial! – La niña le dio una felicitación sincera, dado que en verdad le alegraba que su amigo esté avanzando en su camino. - ¿Qué le hizo cambiar de opinión?
-Dijo que así podría ser estar más centrado en las cosas. Creo que no le gusta que esté perdiendo el tiempo en otras cosas.
Ahora Zelda frunció el ceño. Ósea, que el tipo ese no lo hizo porque veía que su hijo se esforzaba, sino que hace esto para que este deje de perder el tiempo.
-Entiendo… - se tuvo que morder la lengua para no decir algo que puede ser mal interpretado.
Así que lo mejor era simplemente asentir, sonreír y hacer que todo está bien. Que mentira más vil…
¿Por qué debía de hacer esto por ser solo Princesa? Odiaba esto a veces.
-Princesa, Lady Impa dijo que la vería aquí. Quería darle esa noticia a usted primero. – Blason habló y ella se centró en verlo, no quiere pasar como malcriada enfrente de su único amigo.
-Me halaga que me digas eso. Me alegro mucho por ti. Tengo la certeza de que pronto serás el Nuevo Capitán de la Orden. – eso era mi que él siempre le decía.
Ser el Nuevo Capitán tras su padre, era su sueño, así como esperaba lograrlo a una edad joven. Todos hablaban de que Leon había sido el mejor y el más joven Capitán de la Orden de los últimos años, pero que murió al poco tiempo tras el año de servicio.
Y muchos lo veían como un ejemplo, algo que parece no ser del agrado del padre de Blason, quien pareció conocer al hombre y ambos habían luchado por el puesto en su tiempo.
De todos modos, a ella esas cosas no le importan. Resentimientos del pasado y demás…
-Daré lo mejor de mí para lograrlo Princesa. – Blason dio una reverencia y ella sintió el porque… él era su amigo, pero no tan cercano.
La trata como princesa antes, luego como amiga. Y eso era lo que le molestaba. Eso era lo que… ella quería que deje de hacerse. Quería poder decirle a alguien, aparte de Impa, lo que está haciendo. Lo que cree.
Ella solo…
-¿Princesa? – ella salió de sus pensamientos al oír que la llaman. - ¿todo bien? Espero que no la esté…
-No eres una molestia Blason, sólo estaba pensando en algunas cosas. Ha sido una semana extraña con los Gerudos aquí.
-Oh sí. Mi padre me dijo que las mujeres de ese clan han estado haciendo uno que otro disturbio en la Ciudadela. Parece que tratan de encantar a unos hombres. – Blason había oído de ellas de su padre.
Recuerda como las llamó y siente que eso puede ser muy ofensivo para cualquier mujer. Pero su padre era muy elitista, para él solo los Hylianos debían de estar en la Ciudadela y el resto de razas en sus respectivos lugares.
De todos modos, lo que se vino luego fue que…
-En fin, creo que sólo queda esperar a que ellas se vayan. Todos dicen que el Rey de los Gerudos no es lo que creyeron. Que parece ser un hombre amable. – Zelda frunció el ceño al oír ello. – Al parecer, quiere ayudar en algunas al reino y tiene varias ideas. La gente parece encantada con él.
No lo puede creer. No sólo su padre, sino ahora también la gente de la Ciudadela. Eso no podía ser…
Zelda tomó aire, tratando de calmarse. Ese sujeto… no importa lo que la gente diga, ella… su instinto le dice que no confíe en él. Y por ello es que….
-Me alegro que la gente vea eso Blason. – Mentir… debía de mentir. No puede mostrar lo que siente de verdad. No la pueden tildar de loca e irracional, no ahora. - ¿Qué opinas tú Blason?
-No lo sé. Cómo jamás lo he visto. Pero su buen nombre debe de ser por una razón, ¿No?
Zelda suspiró algo triste. Con que él también… sabía que sería así. Pero de verdad era algo triste pensar que… su amigo fuera alguien en quien no puede confiar.
Aún si le dice que piensa, él dirá que le cree porque son amigos y no porque en verdad lo crea al 100%.
-Gracias por tu visita Blason. Pero creo que me gustaría estar sola un rato. Quiero aprovechar el buen clima para pensar algunas cosas. Y no creo que a tu padre le agrade saber que estás aquí y dejas de lado tus entrenamientos.
Blason asintió, no sabiendo el porque sentía que la Princesa le dijo eso para que se vaya sin tener que ser muy directa.
-Por supuesto Princesa. Nos vemos. Disfrute su día.
Ella asintió con una sonrisa, para luego verlo irse. Una vez lo hizo, puso una expresión seria y se giró a ver la ventana por donde sabe, estaba el salón del trono.
No iba quitarle los ojos de encima a ese sujeto. De ninguna manera. No le importa lo que su padre diga, ella seguirá en lo suyo.
Por su lado, tras dar varias vueltas, Link al fin se vio en lo que sería el camino hacia el castillo. Al fin, ya se estaba preocupando de haberse perdido.
-Giraste tres veces en la misma esquina y por eso nos perdíamos. – Navi salió al fin del gorro del muchacho. – Te dije que no era por ahí.
Link miró al lado con un tono de perdón, pero a la vez estaba seguro de que ella se quería burlar un poco de él.
Mientras seguían su camino, es que oyeron a alguien.
-Buu, Link aquí arriba. - el joven levantó la mirada y pudo ver al gran búho sobre un árbol, solo que esta vez tenía la cabeza al revés…. - Felicidades por llegar hasta aquí. - Link se acercó al árbol donde estaba el búho. - ahora debes aprovechar el cambio de guardia e infiltrarte al castillo.
-Me parece algo extraño tener que hacer eso. ¿Por qué tanta seguridad?
-Es algo natural, dado que la familia Real esconde muchos secretos Link. – el búho dijo ello como si fuera un hecho. Y Link solo pudo callar. – Estás cerca Link, debes de ver a la Princesa. Al verla, entenderás todo.
Vio al búho dar un aleteo e irse lejos de ahí, a la vez que se ponía a pensar que era extraño, por alguna razón estaba algo ansioso de ver a la princesa.
Siguió su camino, ya estaba algo cerca de su destino, sólo para verse con…
-¿Malon? - el joven se asombró de ver a la pelirroja sentada en una pared de piedra tarareando algo.
-¿Chico hada?- Malon se vio asombrada de verlo tan pronto de nuevo, se levantó y miro a Link con una sonrisa. - ¿Qué te trae por aquí?
-Lo mismo digo… pensé que ya se habían ido. – han pasado unas horas desde que la vio a ella y su padre.
-Jeje… veras… mi padre fue a entregar leche al castillo y me pidió que lo esperara, pero ya lleva ahí tres horas.
-¿¡3 horas!?- Link gritó por la sorpresa. Que locura.
-¡Si! ¡Conociéndolo de seguro se fue a tomar una siesta y se olvidó que estoy aquí! ¡Es un irresponsable! - Malon fue incapaz de contener su rabia y empezó a pisar con fuerza el piso
Link sonrió nervioso ante la respuesta de ella… parece que si tiene un fuerte carácter.
-¡Y lo peor de todo es que no me dejan entrar a buscarlo! ¡Ya se hace tarde y me quiero ir a casa!
-Si quieres yo puedo buscarlo. – de todos modos, debe de entrar al Castillo para ver a la princesa, puede darse el trabajo.
-¿¡De verdad!? ¡Eso es genial! Ten. – ella le mostró un ave que tenía con ella desde hace rato. – Lleva este cuco contigo, al ver a mi papá lo despertara.
-… ¿Por qué llevas un Cuco contigo? – Esa era una muy buena pregunta.
-Lo cogí para usarlo para que mi papá se despierte. Dudo que se den cuenta de que no está. – ese no es el punto… - Anda, tómalo.
Link tomó al ave quien veía con seriedad al muchacho, él trago duro y guardo al animal en su alforja… ahí tendrá espacio. Alabada sea la magia Kokiri.
-Puedes usar estas plantas para subir y esquivar al guardia de la entrada, pero de ahí ya es cosa tuya.
Eso es lo que estaba esperando, así que…
-Muy bien…. vamos. Nos vemos Malon. - Link empezó a escalar y no tardó en llegar a la cima.
Ella alzó la mano y se despidió, él hizo lo mismo y siguió su camino para así cruzar el portón y evitar al guardia de ahí, la infiltración comenzaba.
Sólo esperaba que las cosas no le vayan mal.
Ya cerca a la entrada, tras haber esquivado ya varios de los guardias con mucha habilidad y algo de suerte, Link escaló una pequeña roca que le permitió cruzar la reja que era cuidada por dos guardias. Al ver que solo le quedaba lanzarse al agua que había alrededor del castillo para no ser visto solo saltó.
-A este paso necesitare un cambio de ropa urgente. - Link salió del agua tras ver que los guardias no lo verían donde estaba. – Sin duda es mucha seguridad…
-La Familia Real debe de ser muy importante para que haya esto. O quizás hay algo muy valioso en el Castillo. – Navi estaba volando encima de él, dado que no se desea mojar.
Link le debía de dar la razón a su amiga, ¿Qué puede ser tan importante? Bueno, no es que él entienda de la realeza.
Ya tras ver que podía salir del agua, dado que parece estar en una zona segura, es que vio a…
-Hey… mira a quien tenemos aquí… - Navi se acercó a un hombre que estaba en el suelo durmiendo…. era Talon….
Ambos tuvieron una gota de sudor al ver al hombre dormir como si nada. Diosas, se ve que es un hombre muy descuidado.
-Tal como Malon lo dijo… - Link miró con una sonrisa y los ojos entrecerrados al hombre.
Para luego dar una sonrisa algo maligna, a la vez que Navi entendía y ella hacía lo mismo. Esto puede ser divertido.
Sacó al Cuco de la alforja y lo puso frente a él. El animal al verlo, inhalo aire y soltó un fuerte cacareo.
-¿¡Qué demonios!? - Talon se levantó al segundo. - ¿¡Acaso nadie puede tomar una siesta!?
-Claro que si señor Talon, pero debería pensar en el lugar y el momento. - Link sonrió con gracia ante la pregunta del hombre.
Quien al ver de nuevo al muchacho pareció salir de su estado dormido.
-¿¡Link!? ¿¡Que haces aquí!? ¿Y a que te refieres con eso?
-De que Malon no está nada feliz de que la hayas hecho esperar tres horas. - Link contuvo la risa al ver el rostro de horror del granjero.
-¿¡Como!? ¡Oh no! ¡Ella no parara de gritarme! ¡Debo volver!- Tomando al Cuco en brazos, Talon empezó a correr a velocidad hacia la salida, pero el sonido de algo chocando hizo entender que no llegara en una pieza con su hija….
-Eso debió doler… - Fue lo que el niño y hada dijeron a la vez.
Ambos rieron al ver que había pasado, parecía que se estaban llevando mucho mejor.
-Hey, mira. – Link vio la dirección que Navi le señalo. – un ducto por donde podemos pasar.
-Si, pero está algo lejos. No puedo saltar tanto. – Link sabe que su altura no le ayuda para eso.
Fue en eso que vio unas cajas que parecían estar para tirar y tuvo una idea.
Las empujó una a una, dejando que una sea la que puedes llamar la base de la pequeña torre que deseaba crear. Empujó la segunda caja para que esté encima de la primera, se subió a ella y tras impulsarse, dio un salto para poder llegar a donde estaba el ducto.
-Bien pensado. – Navi admite estar impresionada.
-Gracias. Vamos, hay que entrar.
Link se adentró al ducto y a pesar de ser algo estrecho, logró llegar al otro lado. Viendo que era un enorme jardín. Y más guardias.
-… Grandioso…
Parece que deberá de tener cuidado al dar cada paso. No querrá dar un mal paso e irse al demonio… o al calabozo…
El muchacho dio pasos suaves, en un intento de que no lo vean o lo oigan. Cielos, esto no es para cualquiera.
Tras lograr cruzar lo que parecía ser un arbusto cortado de tal manera para que tenga una forma, logró ver que estaba frente a lo que parece ser una entrada a otra sección del jardín.
Tomó aire y avanzó, esperando que al menos esto signifique que…
En eso, en lo que parecía ser un pequeño jardín personal, con flores blancas con algo de azul. La flor era bella y sentía que era… especial.
Alzó la mirada para ver que había alguien viendo algo por la ventana al interior del castillo.
Dio unos pasos con calma, su mente tratando de darle una idea de que decir una vez la vea.
Pero en eso, ella pareció oír los pasos, se giró para ver quién era.
Y al hacerlo, ambos se quedaron en sus respectivos lugares. Dado que algo en ellos sentían que… se habían visto antes. Y no sólo ello, era una sensación de familiaridad que jamás habían sentido.
Ese día, el Espíritu del Héroe se encontró de nuevo con la Encarnación de la Diosa que juró proteger hasta el fin de sus días.
