Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de M. Kishimoto.

Advertencia:Uso de lenguaje inapropiado, así como de escenas violentas, leer bajo propio riesgo.


CAPITULO 4

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Hace mucho tiempo, ocurrió un suceso que para los Dioses fue imperdonable. Una princesa se enamoró de un Demonio.

Cada noche, los amantes se reunían no muy lejos del palacio del Daimyo, se encontraban cada luna para reafirmar los sentimientos que albergaban sus corazones. Algo imposible de pensar para la raza demoniaca, pero ese Demonio demostró que sí podía sentir más allá del desdén y odio.

La joven princesa no temía cuando se encontraba a su lado.

Pero como todo romance, no siempre termina con un feliz para siempre.

Las doncellas bailaban al compás de la música, el salón era iluminado por cientos de luces. Los generales se emborrachaban y se divertían. El consejero Naruto platicaba amenamente con una hermosa joven, se veía de linaje o al menos, así era ante los ojos de Sakura. Esos ojos color perla no eran comunes.

Sakura miró al otro extremo del salón, nada más que ebrios festejando un logro que no les correspondía, pero, ¿a ella que más le daba? Todos parecían estar contentos y concordaban con el Daimyo Uchiha. Eso explicaría el festejo que se estaba llevando a cabo en su salón principal.

Sintió movimiento a su izquierda, irguió su espalda, fijó la vista al frente y despejó su mente.

- Espero que no estés observando a alguien más o tendré que arrancarte esos ojos esmeraldas y sería una pena, porque son hermosos – pronunció la voz gruesa que se encontraba a un costado

- No tiene de que preocuparse mi señor – respondió calmadamente

Sintió una opresión en el pecho, odiaba decirle de esa manera.

- Hmp – Sakura no le miró, pero sabía que una estúpida sonrisa arrogante había aparecido en su rostro

A él le encantaba mostrar su poderío en público y ella, en verdad lo odiaba.

Adornada como una muñeca de porcelana, Sakura se encontraba a un lado de Sasuke, sentada sobre unos finos cojines, cual diosa belleza. Todo era hermoso por fuera.

No sonreía y a nadie le importaba. Se había cansado de llorar, se había cansado de suplicar, se había cansado de luchar.

Nadie le ayudaría y eso ya lo había confirmado cientos de veces. Nadie era capaz de ver el monstruo que era Sasuke Uchiha, parecían estar en una especie de trance, cada maldito movimiento que él hacía, era alabado como un Dios o un Demonio.

Nadie tenía el suficiente coraje como para enfrentarle, ni siquiera ella que se jactaba de ser valiente. Siempre que esos pensamientos volvían a ella, la rabia la invadía, pero siempre se diluía cuando el vacío la llenaba.

Estaba cansada de repetir el mismo ciclo. Tal vez era hora de aceptar que jamás escaparía de su destino.

- ¿Por qué esa cara larga?

Sakura soltó un mini grito y se alejó de él cuando la sorprendió. Sasuke la miraba sin expresión aparentemente, pero Sakura sabía que tenía curiosidad.

- N-Nada – respondió alejándose un poco más de él

Miró alrededor y al parecer no eran lo suficientemente importantes como para ser el centro de atención, pues no eran mira de nadie. Sakura lo volvió a mirar.

Él no dijo más, pero no se tragó ese cuento. De pronto, una idea apareció en su mente. Sonrió de lado. Tomó un mechón de su cabello y lo olio.

- ¿No es mejor que demos por terminado este banquete y me satisfagas en la cama? – preguntó con orgullo

El rostro de Sakura se tiño del más puro rojo visto. – No digas esas cosas – dijo entre dientes tratando de ocultar su rostro

La risa de Sasuke se dejó escuchar.

- Eres tan infantil – declaró y se alejó sin más de ella

El corazón de Sakura comenzó a latir desbocadamente, mirando fijamente su espalda ancha mientras se alejaba, se preguntaba a que se debía su constante cambio. No lo entendía.

- Sakura – ella miró a la dueña de esa voz y se sorprendió al admirar tal belleza

Una joven de ojos perlados la miraba con una sonrisa en el rostro. Le extendió una mano, Sakura, hipnotizada por semejante ángel la tomó sin ser consciente.

- ¿Quieres dar un paseo? – preguntó dulcemente

Sakura asintió y se dejó guiar por ella.

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En otra parte, no muy lejos del palacio, se encontraban dos sombras escondidas en la obscuridad.

- ¿Esa es la chica? – preguntó uno de ellos

- ¿Tanto alboroto por eso? Sólo es una humana cualquiera

- ¡Cállense! – de inmediato los dos sujetos se tensaron ante las palabras del tercero que había llegado

Conforme los pasos se acercaban, los otros dos sujetos se irguieron y se colocaron a los lados, inmóviles.

La luz de la luna era tenue, por lo que el rostro de aquel sujeto no se percibía con nitidez.

- Muy pronto, Sasuke Uchiha

Entre tanta obscuridad, sólo dos faros rojos destacaban.

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Un tintineo llegó a los oídos de Sasuke, alzó la mirada y observó más allá de lo que ofrecía el portón del salón, pero la obscuridad le impedía ver. Miró rápidamente a Naruto y este también miraba al exterior, también lo había sentido.

Naruto lo miró y asintió, le hizo señas a dos guardias que estaban cerca y con bastante sigilo, salió del salón en busca de eso.

Sasuke dejó de observar a Naruto para concentrarse en un punto en específico, frunció el ceño.

- ¿Mi señor? – preguntó uno de sus generales al observar la expresión de Sasuke

- Me retiro, ustedes continúen – y ante la mirada confundida de sus hombres, Sasuke Uchiha desapareció del salón

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Ambas jóvenes se encontraban en el jardín trasero del palacio, la calma y la leve brisa relajaban a Sakura, quien observaba el tenue resplandor lunar.

- ¿Sabes? – Sakura miró rápidamente a la otra joven – Yo era como tú – le dijo con una leve sonrisa y mirando fijamente el suelo. Sakura no entendía a que venían esas palabras – Yo… también estaba asustada la primera vez que me trajeron, estaba confundida y no sabía a donde correr, porque claro, nadie aquí te dice hacia donde ir o que hacer – en ese momento, al joven levantó su rostro y Sakura pudo notar leves restos de tristeza en él – Pasé muchos de mis días llorando, anhelando a que alguien me rescatara, pensaba que todo estaba perdido, pero cuando más profundo me encontraba en el abismo, alguien me rescató – Sakura abrió desmesuradamente los ojos

- ¡¿Quién fue?! – gritó, pero al instante se arrepintió, pues había gritado

La joven le restó importancia. – Fue alguien que ya estaba aquí, condenado como los demás

- ¿Qué? – preguntó Sakura confundida

- Ese joven me mostró todo lo que debía de saber, me enseñó el verdadero camino, Sakura… - ella retrocedió - …sé que estás asustada, pero no tienes de que preocuparte, muy pronto lo entenderás – Sakura alzó una ceja con escepticismo

Definitivamente todos lo que vivían aquí estaban locos.

- Y mientras eso sucede – la joven se apresuró a tomar las manos de Sakura, al principio las iba retirar, pero la sensación que sintió fue realmente tranquilizadora, más de la que proyectaba el follaje – Me tienes a mí – sonrió y un aura consoladora parecía rodear a la joven de cabellos azulados – Y tienes a Naruto

- ¿El principal consejero? – preguntó una vez más extrañada

Ella asintió. – Esa es su función ante todos, pero la verdad va mucho más allá del entendimiento

- ¿Qué es lo que…?

- Si necesitas de amigos, nosotros podemos serlo – Sakura no estaba segura de lo que estaba pasando, pero algo le decía que podía confiar en esa chica o en aquel rubio que siempre estaba al lado del bastardo

Sakura asintió y ese gesto fue suficiente para que la sonrisa de la peli azabache se agrandara más.

- ¡Excelente! – dio un saltó y abrazó a Sakura

- ¡Oye! – gritó mientras trataba de no perder el equilibrio

- Sólo confía Sakura – le dijo manteniendo el abrazo – Confía en que está vez será diferente

- ¿Qué estás…?

- Mi nombre es Hinata Hyuga – la interrumpió antes de preguntar nada

En ese momento los ojos de Sakura se agrandaron mucho más. - ¡¿Eres Hinata Hyuga?! – ese grito perfectamente se pudo haber escuchado más allá de los muros

El rostro de Hinata adquirió un leve tono rojizo. – Nunca me he acostumbrado a ese nombre

- ¡Pero tú eres…! – Sakura guardó silencio – Pero tú eres la descendiente del Clan Hyuga – dijo en un tono más decente – El poderoso Clan lunar, ¿cómo es que también terminaste prisionera en este lugar?

La risa de Hinata desconcertó a Sakura. – Yo no soy ninguna prisionera – dijo con certeza

- ¿Qué? ¿Pero…? ¡Estás aquí! – el cerebro de Sakura no podía procesar tal información

- Lo sé, pero no soy prisionera, en realidad, mi nombre ya no es ese, ahora es Hinata Uzumaki – su sonrisa resplandeció con todo el amor que había en el mundo

Sakura no podía articular palabra. – E-Eres… ¿esposa de Naruto?

Hinata asintió. – Mi llegada aquí fue como la tuya, pero después todo tomó lugar – explicó calmadamente

¿Qué se suponía que significaba eso? ¿Qué terminaría enamorada del maldito Uchiha? ¡No! ¡Eso jamás! ¡Primero muerta antes de que…!

- Sakura – regresó a la realidad al ver que Hinata la llamaba

Lejos de juzgarla, parecía que Hinata trataba de transmitirle algo, pero desconocía el qué. Nuevamente tomó sus manos entre las suyas.

- Sé que ahora nada tiene sentido y sé qué has sufrido mucho, pero créeme que él no te hará daño – Sakura procesó sus palabras y en un segundo frunció el ceño, apartó de un tirón sus manos

- ¿Cómo puedes estar de su lado después de lo que hizo? ¿Después de lo que me hizo? – la voz de Sakura sonaba rota y aunque ella no lo notara, Hinata sufría internamente por lo que le había ocurrido

- Sé que ahora lo ves así, pero…

- ¡No! – negó fuertemente, mordiéndose la lengua en un intento por detener las lágrimas que estaba a punto de resbalar por sus mejillas – No hay justificación por lo que me hizo, es un maldito bastardo que me arrebató de mi familia, me hizo daño y nunca lo perdonaré. ¡Jamás! – sentenció

Hinata guardó silencio ante lo que sus ojos veían. En esos ojos esmeralda se reflejaba el más puro odio que había visto en ninguna persona. Sintió un pequeño dolor en su corazón, pues no se merecían sufrir de esa manera.

Hinata cerró el puño y se lo llevó a su pecho.

- Todo aquel que lo defienda es una mierda al igual que él – dijo con desprecio y comenzó a avanzar, dejando a una silenciosa Hinata

Por su parte, Hinata observaba como Sakura se marchaba a paso veloz.

- Por favor, que esta tortura acabe ya – dijo y varias lágrimas comenzaron a caer.

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- ¿Señorita Sakura? – preguntó Jasmín al observa que llegaba echa una furia, como respuesta la puerta fue cerrada en sus narices.

Sakura comenzó a quitarse una a una las joyas, las aventaba y poco le importaba donde caían, sólo quería arrancarse esas vestiduras. Se estaba asfixiando.

En medio de su arrebato, miró su reflejo y se contempló. Mejillas sonrosadas, labios carnosos y brillantes, ojos delineados que hipnotizan, su cabello suave y sedoso. Frunció el ceño, no era ella. Nada de eso era ella.

Frunció más el ceño cuando vio más allá de su reflejo y una sombra estaba recargada en la pared del fondo.

- Cualquiera estaría feliz por portar lo que tú tienes, pero veo que tú no, Sakura – dijo con voz calmada, pero como la habitación estaba en completo silencio, tuvo un efecto abrasador

Sakura no dijo nada, simplemente le sostenía la mirada. Se escuchó un suspiro y avanzó unos pasos, cuando la luz de las velas lo alcanzó, se pudo observar el rostro de Sasuke Uchiha, gélido, sin expresión.

- No me compraras con regalos hermosos, no soy una de tus putas – le dijo con odio

Sasuke se sorprendió por el lenguaje que utilizó, pero no cambió de expresión.

- ¿No? – le siguió el juego

- ¡No! – gritó y giró encarándolo – No soy una maldita nena para que quede vislumbrada por la vida que podía tener, sé de donde vengo y no creas que con este juego de todos aman a Sasuke, harás que cambie de opinión – todo su odio salió a través de su boca

- ¿Juego? – esta vez, preguntó genuinamente confundido, pues de eso no estaba enterado

- No te hagas el imbécil. Puede que a los ojos de todos seas el salvador que tanto hayan esperado, pero ante los míos, sólo eres un maldito bastardo que me hizo daño – para cuando terminó de hablar, respiraba agitadamente

Sasuke se quedó unos segundos más en silencio, contemplando como su respiración agitada sólo la hacía ver más hermosa.

- Sakura – dijo, ella le miró fijamente

Al segundo, Sakura parpadeaba confundida y sentía presión en todo su cuerpo. Se sorprendió al ver los ojos rojos a centímetros de ella, pues Sasuke, de un solo movimiento y con una rapidez no detectable para el ojo normal, la había acorralado contra una pared, sosteniendo su mano con una de él y recargando todo su peso en el pequeño cuerpo de ella, imposibilitándole cualquier movimiento. Sakura sentía que se asfixiaba.

- No sé si eres muy valiente o muy estúpida – le dijo

Ella trataba de no temblar, pero a esas alturas, le era difícil. Sasuke lo sintió y se regocijó internamente, pues aún la ponía nerviosa.

- Debería castigarte por tu arrebato, por tus insultos, ¿no lo crees?

- No, yo…

- Shh – la calló colocando una mano en su boca

- No deberías de hablar cuando estoy intentando pensar en tu castigo – Sakura tembló más

Sasuke meneó la cabeza en un gesto de parecer pensándolo, cuando una sonrisa en su rostro, provocó el miedo en ella.

No.

- Creo que ya sé cómo voy a castigarte – Sasuke se acercó a su oído – Dices que no eres unas de mis putas, pero, ¿adivina qué, pequeña Sakura? Desde el momento en que te tocó – Sasuke le acarició la entrepierna, Sakura reaccionó – Desde el momento en que deseas más – Sasuke acarició su oreja – Desde que ya no puedes estar sin mí – Sin previo aviso, él metió un dedo en su vagina. Sakura gimió – Desde ese momento, tú fuiste y siempre serás mía – Sasuke comenzó a acariciarla lentamente – Y nadie, nunca, ni siquiera tú, podrás impedirlo

Sakura lo miró a través de la neblina del placer. Por más que intentaba cerrar sus piernas, no podía, pues él hallaba la forma de acariciar con más fervor. Se sentía extremadamente bien.

No.

No quería caer. No quería que sus palabras fueran ciertas. No quería ser suya.

Pero ella, ya estaba perdida, desde hace mucho.

Mientras trataba de mantener la poca cordura que le quedaba, Sasuke la besó. Era un beso demandante y Sakura no tardó en corresponder. El toque de Sasuke no bajaba de intensidad a este ritmo, ella…

Pero Sakura se sorprendió cuando Sasuke se alejó de ella. Él retrocedió limpiándose su dedo con sus ropas. Al contrario de lo que Sakura hubiera imaginado, en el rostro de Sasuke no se podía apreciar una sonrisa arrogante, al contrario, su rostro estaba serio. Ella no lo entendía, casi podía jurar que parecía herido.

Sakura se acomodó sus ropas, pero era evidente que la había dejado afectada.

- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó finalmente cuando se tranquilizó y al observar que él ya no diría más

Por un segundo pareció que él contestaría a su pregunta, pero no lo hizo. La habitación volvió al silencio.

Ella ya se sentía frustrada, en primer lugar, por dejarse llevar, en segundo porque la habían privado de un buen orgasmo y tercero, porque una vez más, no entendía la actitud de Sasuke.

- Ya no te tocaré – dijo

Sakura rápidamente dejó de divagar y tuvo que reunir mucha fuerza, para no quedarse con la boca abierta. ¿Había escuchado bien?

- De ahora en adelante, tú tendrás que venir a mí – fue todo, Sasuke comenzó a caminar hacia la salida de la habitación. Sakura lo seguía con la mirada – Pero espero, que no sea demasiado tarde – y con esto último, se fue

Sakura seguía estática. ¿Demasiado tarde? ¿Qué significaba?

Unos segundos más y cayó en cuenta. Abrió los ojos sumamente sorprendida.

Sasuke ya no la tomaría.

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- ¿Estás seguro de que fue lo correcto? – preguntó

Sasuke le daba la espalda, aunque Naruto no lo podía ver de frente, sabía que algo no estaba bien.

- Deberías…

- No – dijo antes de que Naruto terminara su frase

- Pero si no lo haces, ella…

- No la obligaré – declaró

- ¡¿Pero por qué?! – preguntó desesperado por entender – Ella está esperando por ti, como siempre lo ha hecho. Ella te necesita Sasuke – trató de razonar con él

- Ella ya no me necesita Naruto – finalmente, Sasuke dio media vuelta y Naruto pudo observar sorprendido a un Sasuke devastado, quien intentaba ocultarlo muy bien – Ella… ya ha encontrado su camino

- ¡Esto es ridículo! – Naruto explotó - ¡No puedo creer que con tan poco te rindas! ¡Eres un idiota! – esta vez, sí que Naruto estaba enojado.

Pero ni siquiera ese insulto pudo despertar la ira de Sasuke, al ver esto, Naruto se tranquilizó.

Sasuke observaba a la nada, perdido en su miseria.

- Espero que no te arrepientas de esto, Sasuke – Naruto bajó la mirada – Sabes que pasara si ella…

- Por eso mismo lo hago – le interrumpió – Ella ya no merece sufrir más

Naruto guardó silencio.

- Si pasa eso, en verdad te extrañaré – dijo y Naruto se encaminó a la salida – Pero de verdad espero – se detuvo en la puerta – que recapacites, no puedes abandonarla – y salió de la habitación

Sasuke se quedó con estas últimas palabras. No puedes abandonarla.

¿Y ella, lo abandonaría?

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Sakura no cabía de felicidad, al fin dormiría tranquilamente. Sin presiones, ni remordimientos. Su sonrisa se ensanchó más cuando miró la soledad en su habitación. Ya no se preocuparía por detectar pasos en los pasillos o suplicar que acabe para volver a hacerse un ovillo en su futón.

Ya no más.

Por primera vez, desde hace muchas lunas, dormiría sola.

Sakura se echó en el futón y se estiró despreocupadamente. Su sonrisa disminuyó, pero no se esfumó. No era su libertad, pero ya era algo. Tal vez Sasuke ya se había cansado de jugar con ella, tal vez ya le había aburrido acudir todas las noches a sus aposentos, en medio de sus pensamientos, Sakura frunció el ceño, ahora que lo pensaba, ¿Dónde estaban las demás concubinas? Desde que había llegado no había visto ninguna, pero él era el Daimyo de estas tierras, era lógico pensar que tenía muchas mujeres a su alrededor. Es como si…

Sakura sacudió la cabeza, a ella que le importaba si Sasuke se acostaba con otras mujeres, lo único que anhelaba desde que llegó era que la dejara en paz y por fin había ocurrido.

- Dormiré como un bebé – pronunció acomodándose y apagando las velas

Pronto me iré de aquí, pensó cerrando los ojos.

Un pájaro alcanza la libertad cuando traspasa los muros de su confinamiento.