--CAPITULO 7. Anécdotas y libros.--
—¿Te gusta mucho leer? —preguntó Loki con curiosidad.
—Mucho —contestó ella mientras sus ojos se maravillaban al ver la biblioteca.
Loki la miró con ojos entrecerrados, luego miró los estantes y bajó 3 libros del segundo nivel con su magia.
—Podrías leerte estos, te da una idea de todo —dijo Loki mostrando un enorme libro con una pasta color café con dorado, muy antiguo. Y otros 2 más, uno color ocre desvencijado otro azul que parecía estar forrado de terciopelo.
Claire miró los libro y Loki notó el brillo en sus ojos.
—Excelente —dijo ella sonriendo.
Claire trató de sostener uno de ellos pero era más pesado que el que cargaba.
—Te los llevaré yo —ofreció él. Ella le agradeció.
—¿Cuánto de todo esto has leído? —le preguntó ella mientras volvían al escritorio, donde tenía los demás libros.
—Mucho en verdad —contestó él—. De todo un poco. Hay una sección de libros de tu planeta también, midgardiana.
—¿Ah sí? ¿Has leído libros de La Tierra?... Midgard, quiero decir —preguntó ella arqueando una ceja.
—Algunos, sí. Debo darle un poco de crédito a los midgardianos, respecto a ciertos libros que han escrito muy bien.
—Suena a qué te sorprende que en mi planeta puedan hacer algo así... —comentó ella.
—¡Porfavor! Sabemos que Asgard está muy adelantado a Midgard en todo.
—¿Eso piensas? —preguntó Claire un poco seria—. Puede que en mucho sentidos estén muy adelantados, no lo dudo, a simple vista lo puedo aceptar. Pero no puedes ver de menos nuestros avances y tecnología si no la conoces y si nunca has estado en mi planeta.
Él la miró pensativo.
—No veo razón por la cual ir a tu planeta, Lady Claire —aseguró Loki. Ella giró los ojos hacia arriba y extendió sus brazos para que él le pasara los libros.
Loki se los entregó, de uno a uno, sus dedos rozaron los de ella. Claire, colocó los libros en el escritorio. Luego se sentó en una silla y se dispuso a abrir el libro.
—Si quieres saber algo de historia de Asgard, yo he prescenciado una parte de primera mano —agregó Loki cambiando el tema mientras se quedó de pie paseándose con las manos en la espalda.
—¿Cuánto has presenciado? —lo miró ella interrogante—. Es decir... ¿Qué edad tienes?
—Pues... adivina.
Claire rio. Él la miró.
—Temo decir una cifra que te ofenda —dijo Claire bromeando.
Loki se echó a reír. Era la primera vez que ella lo había escuchado reír. Él parecía siempre serio desde que lo vio.
—Tengo 1044 años.
—¡Eres un anciano! —exclamó ella.
—Estoy en mi juventud, por si quieres saberlo —dijo él arqueando una ceja—. Aunque por supuesto, comparado con la edad de los midgardianos, tengo muchísimos años. Y creo que tú tienes muy pocos, si no me equivoco.
—¿Cuántos crees que tengo? —preguntó Claire con seriedad.
Él la miró y lo pensó un poco.
—Temo decir una cifra que te ofenda, midgardiana mortal.
—¿Qué? —dijo ella medio sonriendo—. No. No me vas a ofender, aunque si me vuelves a decir midgardiana mortal, puede que sí.
Él sonrió y miró hacia otro lado.
—La vida de los mortales es muy corta —afirmó Loki.
—Pues si, lo es... ¿Cuánto se supone que vive un asgardiano?
—Al rededor de 5,000 años o más.
—¡Wow! ¿No es demasiado eso? —comentó ella, sonriendo mientras hojeaba el libro.
Loki no dijo nada y miró los libros que tenía en el escritorio, sobre sanación y medicina asgardiana.
—¿Así que vienes a robarte toda nuestra sabiduría de sanación para llevártela a Midgard? —cuestionó él, cambiando de tema.
—¿Es esa una acusación? —preguntó sin mirarlo, pasando la hoja que estaba viendo—. Porque me has hecho sentir como una criminal.
—Simple curiosidad —comentó Loki—. Pero si te sientes como criminal, talvez sea tu conciencia...
Claire rio con ganas. Él la escuchó reír por primera vez. Parecía muy divertida.
—No voy a robarme nada, si eso te preocupa —dijo ella viéndolo rápidamente y volviendo al libro—. Vengo a fusionar los conocimientos de tu planeta con los del mío. Pero eso ya lo sabes, ¿No?. Supongo que tu madre ya te lo ha informado.
Loki hizo una mueca sonriendo de lado y se adelantó unos pasos.
—Te dejaré para que leas, Lady Claire —dijo él girando para verla y luego continuó su camino.
Claire lo miró irse, luego se dedicó a leer un poco de la historia de Asgard. Era muy interesante, desde las historia del origen de los Nueve Reinos y el reinado de Bor, padre de Odín, las batallas, los tratados de paz con otros planetas y las conquistas.
Un par de horas más tarde,Lady Eir llegó a la biblioteca para llevarla a la hora del almuerzo con los otros sanadores. Estuvo con ellos compartiendo algunas cosas sobre medicina de Midgard que le preguntaban.
Inga, hablaba con ella, sobre la Terapia respiratoria y las diferencias de ambos planetas. Galt estaba muy animado, preguntando sobre los procesos quirúrgicos de Midgard.
En eso apareció Ulricka, la doncella, cerca de la mesa de los Sanadores. Claire la miró que trataba de llamarla. Galt volteó a ver que la doncella estaba ahí.
—Ulricka —dijo Claire, haciendo un ademán para que se acercase—. ¿Qué sucede?
—Lady Claire —dijo la chica con una reverencia—. Disculpe, es solo que tengo unas cosas para colocar en su habitación, pero necesito su autorización para entrar.
—No te preocupes, claro que puedes entrar —la miró Claire. La chica sonrió—. Pero no es necesario que las lleves en este momento. Digo, ¿no es tu hora de almuerzo?
—Sí, ya casi. Pero me pidieron que se las llevara inmediatamente —dijo Ulricka apenada.
—Mejor come tranquila y puedes llevarlas después —le dijo Claire sonriendo. Ulricka asintió e hizo la reverencia.
Galt miró de reojo a Claire, y luego siguieron en la plática con los otros sanadores.
Por la tarde, Claire, volvió a la biblioteca a leer.
Leía un poco sobre sanación y técnicas de medicina asgardiana. Por ratos volvía a la historia de Asgard.
Ulricka llegó a dejarle un té de jazmín y Claire lo agradeció mucho.
—Dejé sus cosas hace poco en su habitación, milady —dijo Ulricka con una reverencia.
—Gracias Ulricka. ¿Te puedo pedir un favor?
—Lo que sea, Lady Claire.
—¿Podrías, dejar de hacer esa reverencia? —preguntó Claire con una sonrisa—. Y me puedes llamar Claire, solo Claire.
Ulricka abrió grandes los ojos, como si Claire le hubiese pedido matar a alguien.
—Pero, milady, yo... no podría. Yo debo hacerlo. Usted...
—No te preocupes. En verdad me gustaría que me llamaras Claire, lo de milady... no es necesario, en serio.
Ulricka asintió dudando un poco.
—Debe llegar a la cena más tarde, no se olvide Lady Claire... Claire, digo.
Con una sonrisa, la doncella se despidió de ella, y con la reverencia. Claire la miró fijamente y Ulricka se fue apenada.
Claire continuó su lectura por un buen rato, perdió la noción del tiempo, se sentía un poco cansada y empezó a bostezar. Luego de un rato, se había quedado dormida sobre el escritorio.
Para cuando despertó, ya había oscurecido.
Abrió los ojos poco a poco, estaba recostada su cabeza en el escritorio y se levantó despacio. Miró por los ventanales que ya había anochecido y las antorchas de la biblioteca estaban encendidas. Se pasó entonces, las manos por el cabello.
Escuchó unos pasos y volteó a ver. Era Loki que venía apareciendo de un estante de atrás.
—¿Te has quedado aquí hasta esta hora, midgardiana? —preguntó él con curiosidad sosteniendo un libro.
—Debe ser el jet lag... ¿Qué hora es? —dijo ella con voz somnolienta.
—¿El qué?
—Ummm, el desfase de horas de aquí con respecto a Midgard —contestó Claire.
Oyeron un ruido, un golpe sordo de algo que había caído al suelo. Provenía de atrás del estante que estaba a unos metros al frente de ellos.
Loki miró hacia el lugar con ojos entrecerrados. Fue a ver y encontró un libro en el suelo, miró a ambos lados extrañado. Volvió al escritorio donde estaba Claire.
—Un libro nada más —le informó él—. Oh, la hora... son las 9 de la noche.
—¿Y tú no deberías estar en la cena de los Embajadores? —cuestionó ella.
—No me quedé más de lo que debía. Padre es el que lidia con ellos —contestó Loki con un ademán de su mano.
—¿Y un príncipe no debe quedarse a todas esas cuestiones diplomáticas?
Loki sonrió pero no contestó. Claire cerró el libro.
—Será mejor que me vaya a descansar —dijo ella poniéndose de pie.
—Por cierto, tu nombre... —dijo él, mirándola a los ojos. Ella lo miró interrogante—. Significa brillante, ilustre... luz.
Claire asintió con la cabeza, un poco extrañada.
—Interesante —concluyó Loki.
Los ojos verdes aún la miraban.
—Lady Claire —dijo la voz de Lady Sif en un pasillo, que resonó el eco en la biblioteca.
—Estoy aquí, Lady Sif.
—Te he buscado en el Ala de Sanación —comentó Sif—. Loki —añadió Sif dirigiéndose a él.
—Lady Sif —contestó él con un movimiento de cabeza.
—Me quedé dormida —aclaró Claire.
—Estas cansada, ven. Te guiaré a tu habitación.
Claire asintió y se fue con Sif. Loki volvió a su ventanal a leer.
Sif le dijo que si tenía hambre, podía decirle a Ulricka o si preferiría ir a las cocinas a la hora que fuera, a pedir algo. En el camino le mostró dónde estaba, para que no se perdiera, al regresar a su habitación.
Claire, se tiró sobre la cama, no se había dado cuenta que tan cansada estaba, a pesar de que su estómago rugía un poco.
Durmió unas cuantas horas pero despertó en la madrugada con mucha hambre.
En el momento que abrió los ojos se sintió confundida, hasta que fue conciente que estaba en Asgard. Decidió tomar el consejo de Sif y bajar a las cocinas. Se puso su bata de dormir, que Ulrika le había llevado, de una suave tela color azul marino con un estampado de circulos concéntricos plateados, sobre la pijama de pantalón que llevaba. Estaba oscuro afuera, pero el largo pasillo estaba iluminado con antorchas. Esperaba no perderse en el castillo. Pero para llegar a las cocinas era fácil, solo debía bajar las gradas de dos niveles.
Cuando entró a la cocina, Claire vio un inmenso lugar, dispuesto con varias mesas de preparación y y alrededor en las paredes, unos 12 fogones. Del otro lado habían 10 grandes hornos. Muchos gabinetes y alacenas dispuestos también.
La mezcla de aromas de lo que habían cocinado durante el día, inundaba el lugar. El estómago de Claire rugió más.
A un costado de las alacenas, Claire miró cerca de una mesa grande, a una mujer de estatura mediana, complexión gruesa y entrada en años y cabello cano, que terminaba de guardar unos manteles. Claire caminó hacia donde ella estaba.
—Lady ¿Qué hace aquí? —dijo asombrada la señora al verla.
—Perdón, no quiero molestar. Es que no cené y Lady Sif me dijo que podía bajar...
—Oh, claro, ¿Qué le apetece? —dijo la señora, abriendo unas alacenas repletas de comida.
—Solo un bocadillo, porfavor... Eh... ¿Cuál es su nombre?
—Helga, puede llamarme nana Helga, Lady...
—Mi nombre es Claire. Mucho gusto.
Otra señora entraba a la cocina llevando una gran olla de peltre. Era muy delgada y alta, peinada con su cabello negro en un moño.
—Esta es la última olla —dijo la señora.
—Bien, Ottilia, ya tendrás todo listo para mañana —dijo Helga. Ottilia se despidió y se fue.
Helga sonrió, sacando grandes cantidades de fruta, pan, queso y semillas.
Claire soltó una risita, moviendo ambas manos.
—No, no, porfavor. Señora Helga, ¡No voy a comerme todo eso!
—Llámame nana Helga, todos me llaman así aquí —dijo la señora muy alegre, mientras cortaba un poco de pan y queso—. Es usted la nueva Sanadora ¿No es así?
Ella agregó algunas uvas y manzana al plato de Claire y se lo ofreció.
—Gracias —dijo Claire tomando un bocado—. Sí, soy Sanadora.
—Bueno, cualquier cosa que necesite Lady Claire, no dude en decirme —dijo amablemente Helga—. Para hacer la estadía de la invitada de mi señora lo mejor posible.
Claire sonrió.
—¿Lleva mucho al servicio de la familia? —preguntó Claire, comiendo una uva.
—¡Oh, siglos! —respondió la señora, revisando un listado—. ¿O milenios? Ya a estás alturas, no recuerdo, ¿Sabes?
—¿Usted es la cocinera?
—No, no. Soy la Administradora de Cocina, Ottilia es la Cocinera en jefe. Pero ayudé a cuidar a los príncipes, fui nana de ambos cuando eran pequeños.
Claire no quería hacer desvelar a la señora, pero le dio mucha curiosidad la plática.
—¿Ah sí? —preguntó Claire—. Debió ser un trabajo arduo.
—Pues eran adorables —dijo nana Helga—. Eran muy lindos y aprendían rápido. Mi señora siempre le gustaba que ellos aprendieran las maneras de conducirse como príncipes, pero también, quería que disfrutaran como niños.
—¡Ay, no puede ser! —interrumpió Ulricka, entrando a la cocina con rostro preocupado—. Sabía que no había cenado. Lady Claire... Claire, yo hubiera podido llevarle algo a su habitación. ¿Qué hace aquí?
—Estoy comiendo, Ulricka. No debes preocuparte, además, estoy en una amena plática con nana Helga —dijo Claire sonriente.
Ulricka parpadeó un par de veces, muy seria.
—Ulricka, querida, Lady Claire está bien aquí, ya te lo dijo —dijo nana Helga poniendo su mano en el brazo de la chica—. Ve a descansar.
Ulricka miró a Claire, quien asintió. La doncella se tranquilizó y se fue.
—Cuesta imaginar a los príncipes siendo niños —reanudó Claire la conversación, riendo y dando otro bocado—. La de historias que ha de tener usted para contar.
—Demasiadas, sí —afirmó nana Helga—. Eran muy traviesos. Thor siempre era muy protector con el pequeño Loki, siempre lo cuidaba. Mi reina Frigga, siempre estaba pendiente de ellos, le gustaba enseñarles ella misma. Siempre fue muy amorosa con ambos, pero ya ve, sus ocupaciones como Reina le toman tiempo también. Allí es cuando yo le ayudaba.
Claire, comía su pan con queso escuchando a nana Helga. La señora tenía un brillo en sus ojos al recordar.
Pensó que literalmente tendría centurias de memorias.
Nana Helga le sirvió un vaso de jugo de manzana, que Claire agradeció.
—Thor tenía algo muy peculiar, cuando Loki era un bebé, quería pasar todo el tiempo junto a él. A veces, jugaba en la cuna, llevándole todos sus juguetes, uno a uno —contaba nana Helga sonriente—. De repente, Loki aparecía soterrado bajo varios muñecos. A Loki le encantaba y reía mucho. Thor lo entretenía.
Cuando a Loki le daba sueño, y la reina decía que ya era hora de dormir, el pequeño Thor, era el primero en ir a traer su mantita favorita y arropaba a Loki, cubriéndolo mucho para que no le diera frío.
—Aww, que cosa más dulce —dijo Claire.
—Sí, eran muy lindos —continuó la señora—. Cuando la reina les contaba historias para dormir, Thor se dormía sobre el regazo de su madre y a Loki le gustaba que Thor lo abrazara y se dormía acostadito en su pecho.
Claire trataba de imaginarse la escena y sonreía solo de pensar en lo tierno que habrá sido.
—¿No la sacaban de sus casillas? —preguntó Claire, arqueando una ceja.
Nana Helga rio con ganas.
—¡Por supuesto que sí! Muchas veces, a su madre, a mí... —comentó nana Helga—. Oh, al Rey Odín también, pero a él, le tenían mucho miedo, porque el Rey se enojaba fácilmente y los castigaba.
—Bueno, imagino que no es nada gracioso hacer enojar al rey.
Nana Helga empezó a contar, algunas anécdotas más de la infancia de Loki y Thor.
Claire, pudo notar que a la señora disfrutaba mucho contarlas. Así pasaron una media hora.
—Una vez, Thor se llevó a Loki de cacería, ya sabe, jugando a ser guerreros —contaba la señora—. Tenía alrededor de 5 años, Loki un poquito menos. Pues atravesaron un puente de piedra, bajo una cascada de uno de los jardines. Había un cocodrilo en el agua. Loki no quería pasar el puente y Thor estaba tan emocionado. Thor trataba de convencerlo, pero Loki tenía miedo del cocodrilo y estaba sujetándose, con sus bracitos y piernas, a un poste del puente. Thor le dijo que lo llevaría cargando de espaldas y que no le pasaría nada.
—¿Qué? ¿Se fueron solos?
—Se me escaparon, yo estaba ordenando unas cosas en el cuarto de juegos, cuando de repente, ya no estaban y corrí a buscarlos —explicó nana Helga—. Thor, lo convenció por fin y entonces, cargó al pequeño Loki en su espalda y corrió a través del puente, pero se tropezó y ambos cayeron al lago, que estaba en esa época seco y poco hondo. El cocodrilo estaba, por lo tanto, visible. Cuando yo los encontré, Loki no paraba de llorar, estaba sentado, con el agua cubriendo hasta la la cintura y un raspón en la frente, y Thor tenía atrapado en sus brazos el hocico del cocodrilo para mantenerlo cerrado.
—¡Oh no! ¿En serio? —dijo Claire, asombrada—. ¿Qué hizo usted?
—Grité llamando a los guardias y corrí bajo el puente a levantar a Loki, quien continuaba llorando y gritando mucho —contestó la señora haciendo ademanes con sus manos—. Thor apretaba fuerte al cocodrilo y tenía los bracitos con cortaduras. Un guardia llegó y agarró a Thor rápidamente y él soltó al cocodrilo, otros guardias llegaron a ayudarnos y salimos tan pronto del agua.
Mi señora nos vio y corrió a abrazar a sus pequeños y revisarlos por si estaban heridos.
—Menos mal no les pasó nada grave —comentó Claire.
—Cuando el rey se enteró —prosiguió nana Helga—, castigó muy fuerte a Thor, una semana entera sin ir a la habitación de juguetes y dos semanas sin salir de paseo fuera del castillo.
Thor siempre contará la historia de como salvó a su hermanito de ser comido por un cocodrilo. Para Loki, su versión de los hechos, fue siempre que su hermano lo tiró del puente para que el cocodrilo lo devorara.
Claire rio a carcajadas y nana Helga se unió a ella. La señora reía con lágrimas en los ojos.
De pronto, Loki entró a la cocina, se paró en seco al ver a las dos mujeres reír como si se conocieran de siglos.
