Harry Potter: Una lectura distinta, vol. 7

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.


Las Reliquias de la Muerte

CAPÍTULO 1 El ascenso del Señor Tenebroso

Cuando se despertaron la mañana siguiente, Harry y Ginny se dieron cuenta que habían dormido desnudos, lo que les hizo sonreir, besarse y levantarse rápidamente, puesto que se escuchaban voces en el pasillo: JS, Al y Lilu tenían una nueva discusión sobre lo que leerían a partir de ese día.

—¡Yo no creo que papá fuera a hacer eso solo! —se oyo la voz de Al, argumentando— ¡Siempre había contado con tía Hermione y tío Ron!

—¡No digo que no, Al! —refutó JS— Pero mi duda es ¿cómo lo podían ayudar?

—Bueno —terció Lilu, calmada—, tía Hermione lo podría ayudar con su inteligencia.

—Ajá, esa te la compro —aceptó JS, sin darse cuenta que Harry y Ginny los veían desde la puerta de la sala-recibidor, donde estaban conversando—, pero ¿tío Ron? ¿En qué le podía ayudar?

—Quizás con la animosidad que siempre había mostrado —reflexionó Al—, esa buena vibra.

—Aunque tío Ron tiene sus arranques —reconoció Lilu.

—¡Verdad! —aceptó Al—, verdad que se ha leído que de vez en cuando se molestaba con papá.

—¿Nada más "de vez en cuando"? —preguntó Lilu sorprendida— ¡Casi todos los años! Creo que nada más en primer año no estuvieron peleados.

—Eso es verdad —reconoció JS—, tío Ron tiene un carácter volátil.

—Por decir lo menos —comentó Ginny entre sonrisas, haciendo sobresaltar a sus hijos.

—¿Vamos? —preguntó Harry—, porque creo que nos están esperando.

Los tres jóvenes, comenzando por Lilu, corrieron a abrazar a sus padres. Luego de este detalle, los cinco Potter salieron al espacio central de la Sala, se acercaron a desayunar junto al resto de los asistentes, y luego de un buen rato de conversación, se ubicaron en sus respectivos asientos. De pronto, la voz de la Sala dijo:

—Estamos a punto de iniciar la lectura del séptimo año en la historia de Harry James Potter en Hogwarts, un año en el que se enfrenta a su realidad y a su antagonista. Recordemos que estos acontecimientos son historia y como tal deben ser tratados, para entender lo vivido y aprender de esos acontecimientos. Pero antes, les invito a reflexionar sobre este poema de Esquilo, poeta de la Grecia clásica:

¡Ay! el tormento arraigado en el linaje,

el grito desgarrador de la muerte, el golpe que rasga la vena,

la sangre que nadie restaña, la pena, la maldición insoportable.

Pero hay un remedio en esta casa, no fuera de ella, no,

no venido de otros, sino de ellos mismos en su pugna sangrienta.

A vosotros clamamos, oscuros dioses que habitáis bajo la tierra.

Escuchad con atención, dichosos poderes subterráneos,

responded, enviad ayuda.

Amparad a estos muchachos, concededles la victoria ya.

Wow —exclamó James—, un poema muy premonitorio.

—Lo he leído una o dos veces —reconoció Samantha—, se llama Las coéforas, que significa "portadoras de libaciones", y si no me equivoco, narra la venganza de Orestes por la muerte de su padre Agamenón a manos de su madre Clitemnestra. Si pueden, léanlo, de verdad es interesante la lectura de los clásicos griegos.

—¡Vaya nombrecitos! —dijo Frankie, provocando risas en los más jóvenes.

—Muy a propósito de lo que pasó, ¿no? —reflexionó Frank—, Harry buscando la caída definitiva de Voldemort para vengar la muerte de sus padres.

—No sólo por eso —intervino Lily—, porque había mucho más en juego, creo.

—Así es —reconoció Harry—, aunque a ustedes los llevaba en mi pensamiento, estaba también esa profecía que me unía a Voldemort.

«El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca… —recitó Rose de memoria— Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes… Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce… Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida… El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes…»

—Exactamente —aprobaron a coro Harry y Dumbledore, mientras Hermione le hacía un cariño a su hija mayor.

—Por eso lo que nos comentaste cuando llegamos —recordó Al—, que no querías que te consideraran "el salvador de la Magia" o "el héroe del mundo mágico", ni que nos sintiéramos distintos por ser "los hijos del que venció a Voldemort".

—Así mismo, Al —aceptó Harry—, así mismo. Para mí era y sigue siendo mucho más importante que ustedes sean ustedes mismos por lo que valen, y no por un hecho que sólo tiene que ver con ustedes porque lo vivieron sus padres. Y eso es para todos, por lo que entiendo.

Todos los padres presentes, incluyendo a Draco, asintieron en silencio ante lo indicado por Harry, mientras que sus hijos aplaudían junto a los mayores, a excepción de los usuales.

—Tienes toda la razón —dijo James con seriedad, haciendo levantar una ceja a Snape—, cada uno debe construir su historia por su cuenta. Claro, hay cosas de familia que son innegables —sonrió al abrazar a Lily—, pero no es correcto cobijarse en eso para repetir lo pasado.

—Sabias palabras, Cornamenta —reconoció Sirius, haciendo sonreir a James—, creo que yo no lo hubiera dicho mejor. Creo que ya estamos listos para comenzar.

Hizo este comentario porque vió el atril ubicado delante de Astoria, quien miró con interés y curiosidad el pergamino con el primer capítulo.

—Este pergamino se titula "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte", y el primer capítulo se llama El ascenso del señor Tenebroso.

—No me extraña —comentó sombríamente James, a lo que Sirius, Remus y Frank asintieron en silencio. El ambiente se hizo pesado casi de inmediato. Astoria aclaró su garganta y comenzó a leer.

En un estrecho sendero bañado por la luna, dos hombres aparecieron de la nada a escasos metros de distancia. Permanecieron inmóviles un instante, apuntándose mutuamente al pecho con sus respectivas varitas mágicas, hasta reconocerse. Entonces las guardaron bajo las capas y echaron a andar a buen paso en la misma dirección.

¿Buenas noticias? —preguntó el de mayor estatura.

Excelentes —replicó Severus Snape.

—Tenía que ser —dijo Lily con pesar. Snape no se inmutó ante el comentario.

El lado izquierdo del sendero estaba bordeado por unas zarzas silvestres no muy crecidas, y el derecho, por un seto alto y muy cuidado. Al caminar, los dos hombres hacían ondear las largas capas alrededor de los tobillos.

Temía llegar tarde —dijo Yaxley, cuyas burdas facciones dejaban de verse a intervalos cuando las ramas de los árboles tapaban la luz de la luna—. Resultó un poco más complicado de lo que esperaba, pero confío en que él estará satisfecho. Pareces convencido de que te recibirá bien, ¿no?

Snape asintió, pero no dio explicaciones. Torcieron a la derecha y tomaron un ancho camino que partía del sendero. El alto seto describía también una curva y se prolongaba al otro lado de la impresionante verja de hierro forjado que cerraba el paso. Ninguno de los dos individuos se detuvo; sin mediar palabra, ambos alzaron el brazo izquierdo, como si saludaran, y atravesaron la verja igual que si las oscuras barras metálicas fueran de humo.

—La tarjeta de invitación es la marca tenebrosa —filosofó Remus.

—Lo que me gustaría saber es de cuál mansión se trataba —comentó Moody—, si la de los Lestrange o la de los Malfoy.

—Buena pregunta —saludó Sirius.

El seto de tejo amortiguaba el sonido de los pasos. De pronto, se oyó un susurro a la derecha; Yaxley volvió a sacar la varita mágica y apuntó hacia allí por encima de la cabeza de su acompañante, pero el origen del ruido no era más que un pavo real completamente blanco que se paseaba ufano por encima del seto.

Lucius siempre ha sido un engreído. ¡Bah, pavos reales! —Yaxley se guardó la varita bajo la capa y soltó un resoplido de desdén.

—Ya sabemos que es Malfoy Manor —comentó Moody, haciendo que Draco se removiera algo incómodo.

Una magnífica mansión surgió de la oscuridad al final del camino; había luz en las ventanas de cristales emplomados de la planta baja. En algún punto del oscuro jardín que se extendía más allá del seto borboteaba una fuente. Snape y Yaxley, cuyos pasos hacían crujir la grava, se acercaron presurosos a la puerta de entrada, que se abrió hacia dentro, aunque no se vio que nadie la abriera.

El amplio vestíbulo, débilmente iluminado, estaba decorado con suntuosidad y una espléndida alfombra cubría la mayor parte del suelo de piedra. La mirada de los pálidos personajes de los retratos que colgaban de las paredes siguió a los dos hombres, que andaban a grandes zancadas. Por fin, se detuvieron ante una maciza puerta de madera, titubearon un instante y, acto seguido, Snape hizo girar la manija de bronce.

El salón se hallaba repleto de gente sentada alrededor de una larga y ornamentada mesa. Todos guardaban silencio. Los muebles de la estancia estaban arrinconados de cualquier manera contra las paredes, y la única fuente de luz era el gran fuego que ardía en la chimenea, bajo una elegante repisa de mármol coronada con un espejo de marco dorado. Snape y Yaxley vacilaron un momento en el umbral. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, alzaron la vista para observar el elemento más extraño de la escena: una figura humana, al parecer inconsciente, colgaba cabeza abajo sobre la mesa y giraba despacio, como si pendiera de una cuerda invisible, reflejándose en el espejo y en la desnuda y pulida superficie de la mesa. Ninguna de las personas sentadas bajo esa singular figura le prestaba atención, excepto un joven pálido, situado casi debajo de ella, que parecía incapaz de dejar de mirarla cada poco.

—Pobrecito —dijo Alisu, acomodándose sus lentes—, tanto el colgado como ese joven en la mesa.

—¿Ese no sería el señor Draco? —preguntó Al con extrañeza.

—Es posible —respondió Harry. De pronto Daisy tomó la palabra.

—No sé si ustedes se han dado cuenta de algo, y me disculpa, señora Malfoy —Astoria sonrió y, como los demás, le prestó atención a la chica—, pero casi todos los años comenzaron con un capítulo donde no aparece el primo Harry.

—¡Es verdad! —exclamó Rose—, el primero tuvo el primer capítulo que narró la llegada de tío Harry a casa de los Dursley, en el segundo sí aparece porque se lee lo del "peor cumpleaños", igual que en el tercer año, que se narró la llegada de las lechuzas con los regalos de cumpleaños. En el cuarto año se narró en el primer capítulo la historia de la mansión de los Riddle —Ginny frunció el ceño, pero no interrumpió a su sobrina—, en el quinto libro se leyó el ataque de los dementores a tío Harry y al primo Dudley —el aludido se estremeció ligeramente—, y en el sexto se leyó cómo se presentaba el Ministro de Magia al "Otro Ministro", el primer ministro muggle.

—En tres libros se comenzó con hechos protagonizados por Harry —resumió Lily—, mientras que en los otros tres, y en este, lo que se narra no incluye directamente a Harry.

—Algo así —reconoció Harry.

—Lo que no entiendo —insistió Daisy—, es el por qué. ¿Cómo supo la persona que escribió los libros sobre esos hechos si no los vivió el primo Harry?

—Al menos no presencialmente —dijo Harry—, porque lo que pasó en la mansión de los Riddle lo soñé —Rose asintió en silencio—; ya lo demás no sé, imagino que la señora Rowling habrá hecho su investigación y se habrá inspirado para escribirlo.

Daisy asintió, aún sin convencerse, y le hizo señas a Astoria para que continuara leyendo.

Yaxley, Snape —dijo una voz potente y clara desde la cabecera de la mesa—, casi llegan tarde.

Quien había hablado se sentaba justo enfrente de la chimenea, de modo que al principio los recién llegados sólo apreciaron su silueta. Sin embargo, al acercarse un poco más distinguieron su rostro en la penumbra, un rostro liso y sin una pizca de vello, serpentino, con dos rendijas a modo de orificios nasales y ojos rojos y refulgentes de pupilas verticales; su palidez era tan acusada que parecía emitir un resplandor nacarado.

Aquí, Severus —dijo Voldemort señalando el asiento que tenía a su derecha—. Yaxley al lado de Dolohov.

—¡Vaya! —exclamó James, para después comentar con sarcasmo—, ¡que honor tan honorable, que te invitara a sentarte a su derecha!

Snape no respondió, sólo movió ligeramente una ceja. Se escucharon algunas risitas, pero no impidieron que Astoria continuara la lectura.

Los aludidos ocuparon los asientos asignados. La mayoría de los presentes siguió con la mirada a Snape, y Voldemort se dirigió a él en primer lugar.

¿Y bien?

Mi señor, la Orden del Fénix planea sacar a Harry Potter de su actual refugio el próximo sábado al anochecer.

El interés de los reunidos se incrementó notoriamente: unos se pusieron en tensión, otros se rebulleron inquietos en el asiento, y todos miraron alternativamente a Snape y Voldemort.

Conque el sábado… al anochecer —repitió Voldemort. Sus ojos rojos se clavaron en los de Snape, negros, con tal vehemencia que algunos de los presentes desviaron la vista, tal vez temiendo que también a ellos los abrasara su ferocidad. No obstante, Snape le sostuvo la mirada sin perder la calma y, pasados unos instantes, la boca sin labios de Voldemort esbozó algo parecido a una sonrisa.

—El maestro de la oclumancia —comentó Sirius con ironía.

—Ya lo habíamos comentado —dijo Harry mirando a Dumbledore directamente, pero ésta solo sonrió en silencio, aunque una sonrisa por compromiso.

Bien. Muy bien. Y esa información procede…

De esa fuente de la que ya hemos hablado —respondió Snape.

Mi señor… —Yaxley, sentado al otro extremo de la mesa, se inclinó un poco para mirar a Voldemort y Snape. Todas las caras se volvieron hacia él—. Mi señor, yo he oído otra cosa —dijo, y calló, pero en vista de que Voldemort no respondía, añadió—: A Dawlish, el auror, se le escapó que Potter no será trasladado hasta el día treinta, es decir, la noche antes de que el chico cumpla diecisiete años.

Snape sonrió y comentó:

Mi fuente ya me advirtió que planeaban dar una pista falsa; debe ser ésa. No cabe duda de que a Dawlish le han hecho un encantamiento confundus. No sería la primera vez; todos sabemos que es muy vulnerable.

Le aseguro, mi señor, que Dawlish parecía muy convencido —insistió Yaxley.

Si le han hecho un encantamiento confundus, es lógico que así sea —razonó Snape—. Te aseguro, Yaxley, que la Oficina de Aurores no volverá a participar en la protección de Harry Potter. La Orden cree que nos hemos infiltrado en el ministerio.

En eso la Orden no se equivoca, ¿no? —intervino un individuo rechoncho sentado a escasa distancia de Yaxley; soltó una risita espasmódica y algunos lo imitaron.

—Absolutamente —reconoció Moody—, ya sabíamos que no sólo la oficina de Aurores estaba comprometida, sino todo el ministerio.

—Por eso nos costaba confiar en cualquiera dentro del ministerio —confirmó Tonks.

Pero Voldemort no rió; dejaba vagar la mirada por el cuerpo que giraba lentamente suspendido encima de la mesa, al parecer absorto en sus pensamientos.

Mi señor —continuó Yaxley—, Dawlish cree que utilizarán un destacamento completo de aurores para trasladar al chico…

El Señor Tenebroso levantó una mano grande y blanca; el hombre enmudeció al instante y lo miró con resentimiento, mientras escuchaba cómo le dirigía de nuevo la palabra a Snape:

¿Dónde piensan esconder al chico?

En casa de un miembro de la Orden —contestó Snape—. Según nuestra fuente, le han dado a ese lugar toda la protección que la Orden y el ministerio pueden proporcionar. Creo que una vez que lo lleven allí habrá pocas probabilidades de atraparlo, mi señor; a menos, por supuesto, que el ministerio haya caído antes del próximo sábado, lo cual nos permitiría descubrir y deshacer suficientes sortilegios para burlar las protecciones que resten.

—Parece que estaba muy bien informado —comentó Al con molestia.

—Así es el trabajo de espionaje —reconoció Alice—, conseguir las fuentes más confiables y seguras, que no te vendan sino que te informen con precisión.

—Es un trabajo muy complejo —reconoció Frank.

¿Qué opinas, Yaxley? —preguntó Voldemort mientras el fuego de la chimenea se reflejaba de una manera extraña en sus encarnados ojos—. ¿Habrá caído el ministerio antes del próximo sábado?

Una vez más, todas las cabezas se volvieron hacia Yaxley, que se enderezó y replicó:

Mi señor, tengo buenas noticias a ese respecto. Con grandes dificultades y tras ímprobos esfuerzos, he conseguido hacerle una maldición imperius a Pius Thicknesse.

Los que se hallaban cerca de Yaxley se mostraron impresionados, y su vecino, Dolohov —un hombre de cara alargada y deforme—, le dio una palmada en la espalda.

Algo es algo —concedió Voldemort—. Pero no podemos basar todos nuestros planes en una sola persona; Scrimgeour debe estar rodeado por los nuestros antes de que yo entre en acción. Si fracasara en mi intento de acabar con la vida del ministro, me retrasaría mucho.

—En eso tiene razón —reconoció JS. Harry lo vio extrañado, pero no comentó nada.

Sí, mi señor, tiene razón. Pero Thicknesse, como jefe del Departamento de Seguridad Mágica, mantiene contactos regulares no sólo con el ministro, sino también con los jefes de todos los departamentos del ministerio. Ahora que tenemos controlado a un funcionario de tan alta jerarquía, creo que será fácil someter a los demás, y entonces trabajarán todos juntos para acabar con Scrimgeour.

Siempre que no descubran a nuestro amigo Thicknesse antes que él haya convertido a los restantes —puntualizó Voldemort—. En todo caso, sigue siendo poco probable que me haya hecho con el ministerio antes del próximo sábado. Si no es posible capturar al chico una vez que haya llegado a su destino, tendremos que hacerlo durante su traslado.

En eso jugamos con ventaja, mi señor —afirmó Yaxley, que parecía decidido a obtener cierta aprobación por parte de Voldemort—, puesto que tenemos algunos hombres infiltrados en el Departamento de Transportes Mágicos. Si Potter se aparece o utiliza la Red Flu, lo sabremos de inmediato.

No hará ninguna de esas cosas —terció Snape—. La Orden evita cualquier forma de transporte controlada o regulada por el ministerio; desconfían de todo lo que tenga que ver con la institución.

—Pobre Yaxley —comentó Molls—, por donde saque la cabeza, se la apalean.

Este comentario provocó algunas risitas en la Sala.

Mucho mejor —repuso Voldemort—. Porque tendrá que salir a campo abierto, y así será más fácil atraparlo —Miró otra vez el cuerpo que giraba con lentitud y continuó—: Me ocuparé personalmente del chico. Ya se han cometido demasiados errores en lo que se refiere a Harry Potter, y algunos han sido míos. El hecho de que Potter siga con vida se debe más a mis fallos que a sus aciertos.

Todos lo miraron con aprensión; a juzgar por la expresión de sus rostros, temían que se los pudiera culpar de que Harry Potter siguiera existiendo. Sin embargo, Voldemort parecía hablar consigo mismo, sin recriminar nada a nadie, mientras continuaba contemplando el cuerpo inconsciente que colgaba sobre la mesa.

He sido poco cuidadoso, y por eso la suerte y el azar han frustrado mis excelentes planes. Pero ahora ya sé qué he de hacer; ahora entiendo cosas que antes no entendía. Debo ser yo quien mate a Harry Potter, y lo haré.

—Estaba decidido —comentó con aprensión Lilu, para después levantar la voz—. Pero papá terminó dándole su merecido.

—Eso es lo que seguramente leeremos —dijo Harry, haciendo sonreir a sus hijos.

En cuanto hubo pronunciado estas palabras y como en respuesta a ellas, se oyó un gemido desgarrador, un terrible y prolongadísimo alarido de angustia y dolor. Asustados, muchos de los presentes miraron el suelo, porque el sonido parecía provenir de debajo de sus pies.

Colagusano —dijo Voldemort sin mudar el tono serio y sereno y sin apartar la vista del cuerpo que giraba—, ¿no te he pedido que mantengas callado a nuestro prisionero?

Sí, m… mi señor —respondió resollando un individuo bajito situado hacia la mitad de la mesa; estaba tan hundido en su silla que, a primera vista, ésta parecía desocupada. Se levantó del asiento y salió a toda prisa de la sala, dejando tras de sí un extraño resplandor plateado.

—Traidor —gruñeron en coro James, Sirius, Remus, Harry y JS.

Como iba diciendo —prosiguió el Señor Tenebroso, y escudriñó los tensos semblantes de sus seguidores—, ahora lo entiendo todo mucho mejor. Ahora sé, por ejemplo, que para matar a Potter necesitaré que alguno de ustedes me preste su varita mágica.

Las caras de los reunidos reflejaron sorpresa; era como si acabara de anunciar que deseaba que alguno de ellos le prestara un brazo.

¿No hay ningún voluntario? Veamos… Lucius, no sé para qué necesitas ya una varita mágica.

Lucius Malfoy levantó la cabeza. Tenía los ojos hundidos y con ojeras, y el resplandor de la chimenea daba un tono amarillento y aspecto céreo a su cutis.

—¿Tan mal se veía el abuelo Lucius? —preguntó Scorpius impresionado.

—Debo reconocer que no estábamos en nuesto mejor momento —dijo Draco sin mucha emoción.

Cuando habló, lo hizo con voz ronca:

¡Mi señor!

La varita, Lucius. Quiero tu varita.

Yo…

Malfoy miró de soslayo a su esposa. Ella, casi tan pálida como él y con una larga melena rubia que le llegaba hasta la cintura, miraba al frente, pero por debajo de la mesa sus delgados dedos ciñeron ligeramente la muñeca de su esposo. A esa señal, Malfoy metió una mano bajo la túnica, sacó su varita mágica y se la entregó a Voldemort, que la sostuvo ante sus rojos ojos para examinarla con detenimiento.

—Varón domado —gruñó Sirius, a lo que Snape replico:

—Lo dudo.

—Quizás estaba cuidando su pellejo más bien —comentó Moody—. Si no le hacía caso, seguramente no dudaría en exterminarlos. A los tres.

Varios se estremecieron ante ese comentario.

Dime, Lucius, ¿de qué es?

De olmo, mi señor —susurró Malfoy.

¿Y el núcleo central?

De dragón, mi señor. De fibras de corazón de dragón.

¡Fantástico! —exclamó Voldemort. Sacó su varita y comparó la longitud de ambas.

Lucius Malfoy hizo un fugaz movimiento involuntario con el que dio la impresión de que esperaba recibir la varita de su amo a cambio de la suya. A Voldemort no le pasó por alto; abrió los ojos con malévola desmesura y cuestionó:

¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita, precisamente? —Algunos rieron por lo bajo—. Te he regalado la libertad, Lucius. ¿Acaso no tienes suficiente con eso? Sí… es cierto, me he fijado en que últimamente ni tú ni tu familia parecen felices… ¿Tal vez les desagrada mi presencia en su casa, Lucius?

¡No, mi señor! ¡En absoluto!

Mientes, Lucius…

—Imagino que se les veía a leguas la felicidad de tenerlo de invitado en su casa —dijo James con sorna, lo que no pasó descuidado a Draco:

—Era lo mínimo que podíamos hacer por el Señor Tenebroso.

—No lo dudo —volvió a machacar James, por lo que Lily le puso una mano en el brazo como señal de detenerse.

La voz de Voldemort siguió emitiendo un suave silbido incluso después de que su cruel boca hubiera acabado de mover los labios. Pero el sonido fue intensificándose poco a poco, y uno o dos magos apenas lograron reprimir un escalofrío al notar que una criatura corpulenta se deslizaba por el suelo, bajo la mesa.

Una enorme serpiente apareció y trepó con lentitud por la silla de Voldemort; continuó subiendo (parecía interminable) y se le acomodó sobre los hombros. El cuello del reptil era tan grueso como el muslo de un hombre, y los ojos, cuyas pupilas semejaban dos rendijas verticales, miraban con fijeza, sin parpadear. El Señor Tenebroso la acarició distraídamente con sus largos y delgados dedos, mientras observaba con persistencia a Lucius Malfoy.

¿Por qué será que los Malfoy se muestran tan descontentos con su suerte? ¿Acaso durante años no presumieron, precisamente, de desear mi regreso y mi ascenso al poder?

Por supuesto, mi señor —afirmó Lucius y, con mano temblorosa, se enjugó el sudor del labio superior—. Lo deseábamos… y lo deseamos.

La esposa de Malfoy, sentada a la izquierda de su marido, asintió con una extraña y rígida cabezada, pero evitando mirar a Voldemort o a la serpiente. Su hijo Draco, que se hallaba a la derecha de su padre observando el cuerpo inerte que pendía sobre ellos, echó un vistazo fugaz a Voldemort y volvió a desviar la mirada, temeroso de establecer contacto visual con él.

—Parece que ya te había aplicado legeremancia —comentó sombríamente Ron.

—No es de tu interés —replicó groseramente Draco, lo que le reclamó Astoria.

—Draco, ¿qué pasó?

—Nada. Por favor, termina de leer. No me agrada que estos capítulos salgan a la luz pública.

—Dudo que salgamos a conversarlo más allá de estas paredes —comentó Harry, antes que Astoria siguiera leyendo.

Mi señor —dijo con voz emocionada una mujer morena situada hacia la mitad de la mesa—, es un honor que se aloje aquí, en la casa de nuestra familia. Nada podría complacernos más.

Se sentaba al lado de su hermana, pero su aspecto físico —cabello oscuro y ojos de párpados gruesos— era tan diferente del de aquélla como su porte y su conducta: Narcisa adoptaba una actitud tensa e impasible, en tanto que Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, pues las palabras no le bastaban para expresar sus ansias de proximidad.

«Nada podría complacernos más» —repitió Voldemort ladeando un poco la cabeza mientras la miraba—. Eso significa mucho viniendo de ti, Bellatrix.

La mujer se ruborizó y los ojos se le anegaron en lágrimas de gratitud.

En la Sala, todos los Longbottom fruncieron el ceño ante la mención de la actitud de Bellatrix.

Mi señor sabe que digo la pura verdad.

«Nada podría complacernos más…» ¿Ni siquiera lo compararías con el feliz acontecimiento que, según tengo entendido, se ha producido esta semana en el seno de tu familia?

Bellatrix lo miró con los labios entreabiertos y evidente desconcierto.

No sé a qué se refiere, mi señor.

Me refiero a tu sobrina, Bellatrix. Y también de ustedes, Lucius y Narcisa. Acaba de casarse con Remus Lupin, el hombre lobo. Deben estar muy orgullosos.

Hubo un estallido de risas burlonas. Los seguidores de Voldemort intercambiaron miradas de júbilo y algunos incluso golpearon la mesa con el puño. La enorme serpiente, molesta por tanto alboroto, abrió las fauces y silbó, furiosa; pero los mortífagos no la oyeron, porque se regocijaban con la humillación de Bellatrix y los Malfoy.

Aaaaauch! —exclamaron los bromistas, mientras Draco, con la cara descompuesta, intentaba mantenerse firme.

El rostro de Bellatrix, que hasta ese momento había mostrado un leve rubor de felicidad, se cubrió de feas manchas rojas.

¡No es nuestra sobrina, mi señor! —gritó para hacerse oír por encima de las risas—. Nosotras, Narcisa y yo, no hemos vuelto a mirar a nuestra hermana desde que se casó con el sangre sucia. Esa mocosa no tiene nada que ver con nosotras, ni tampoco la bestia con que se ha casado.

—Gracias a Merlín —comentó Tonks con orgullo—, mi madre fue mucho más inteligente que ese par de arpías —Draco miró a Tonks con molestia—. Lo siento, primito, pero sabes que digo la verdad.

—Es mi madre de la que hablas —replicó Draco.

—Sí, y recuerda donde estaban en ese momento. Astoria, por favor.

¿Qué dices tú, Draco? —preguntó Voldemort, y aunque no subió la voz, se le oyó con claridad a pesar de las burlas y los abucheos—. ¿Te ocuparás de los cachorritos?

La hilaridad iba en aumento. Aterrado, Draco Malfoy miró a su padre, que tenía la mirada clavada en el regazo, y luego buscó la de su madre. Ella negó con la cabeza de manera casi imperceptible y siguió contemplando de forma inexpresiva la pared que tenía enfrente.

¡Basta! —exclamó Voldemort acariciando a la enojada serpiente—. ¡Basta, he dicho! —Las risas se apagaron al instante—. Muchos de los más antiguos árboles genealógicos enferman un poco con el tiempo —añadió mientras Bellatrix lo miraba implorante y ansiosa—. Ustedes tienen que podar el suyo para que siga sano, cortar esas partes que amenazan la salud de las demás, ¿entendido?

Sí, mi señor —susurró Bellatrix, y los ojos volvieron a anegársele en lágrimas de gratitud—. ¡En la primera ocasión!

La tendrás —aseguró el Señor Tenebroso—. Y lo mismo haremos con las restantes familias: cortaremos el cáncer que nos infecta hasta que sólo quedemos los de sangre verdadera…

—Miserable sangre mestiza —replicó Ginny—, tan hipócrita que enferma.

—Todos los tiranos absolutistas son así —comentó Samantha—, ocultan sus falencias con una máscara de pureza y honestidad que da vergüenza, sólo para que sus seguidores crean que siguen al líder perfecto. La historia siempre nos ha dado ejemplos de ellos: Gengis Khan, Alejandro Magno, Cleopatra, Nerón, Cronwell, Hitler, Castro, Putin. Al menos nuestra historia —aclaró al ver las miradas confundidas de varios.

—La historia muggle —reconoció Hermione.

Acto seguido, levantó la varita mágica de Lucius Malfoy y, apuntando a la figura que giraba lentamente sobre la mesa, le dio una leve sacudida. Entonces la figura cobró vida, emitió un quejido y forcejeó como si intentara librarse de unas invisibles ataduras.

¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? —preguntó Voldemort.

Snape dirigió la vista hacia la cautiva colgada cabeza abajo. Los demás mortífagos lo imitaron, como si les hubieran dado permiso para expresar curiosidad. Cuando la mujer quedó de cara a la chimenea, gritó con una voz cascada por el terror:

¡Severus! ¡Ayúdame!

¡Ah, sí! —replicó Snape mientras la prisionera seguía girando despacio.

¿Y tú, Draco, sabes quién es? —inquirió Voldemort, acariciándole el morro a la serpiente con la mano libre. Draco negó enérgicamente con la cabeza. Ahora que la mujer había despertado, el joven se sentía incapaz de seguir mirándola—. Claro, tú no asistías a sus clases. Para los que no lo sepan, les comunico que esta noche nos acompaña Charity Burbage, quien hasta hace poco enseñaba en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

—La profesora de Estudios Muggles —comentó Percy con pesar—. Ya habíamos escuchado que había desaparecido, pero no sabíamos dónde estaba.

—Pues ya lo sabemos —dijo sombríamente Kevin, haciendo estremecer a sus hermanas.

Se oyeron murmullos de comprensión. Una mujer encorvada y corpulenta, de dientes puntiagudos, soltó una risa socarrona y comentó:

Sí, la profesora Burbage enseñaba a los hijos de los magos y las brujas todo sobre los muggles, y les explicaba que éstos no son tan diferentes de nosotros…

—Es que no lo somos —comentó Violet con irritación—. Lo único que nos diferencia es que sentimos y manejamos la magia, pero más nada. Tenemos dos ojos, dos orejas, un corazón, dos brazos, dos piernas, dos testículos u ovarios, dependiendo de quien sea. Es decir —insistió ante el alboroto de los más jóvenes—, me parece estúpido eso de discriminar a alguien por que sea de donde sea, o tenga algo o no lo tenga, o porque quiera a quien quiera, o porque maneje o no la magia.

—¡Así se habla, primita! —exclamó Al, iniciando los aplausos de los presente, que hicieron sonrojar a Violet. Luego de unos minutos, Astoria retomó la lectura.

Un mortífago escupió en el suelo. Charity Burbage volvió a quedar de cara a Snape.

Severus, por favor… por favor…

Silencio —ordenó Voldemort, y volvió a agitar la varita de Malfoy. Charity calló de golpe, como si la hubieran amordazado—. No satisfecha con corromper y contaminar las mentes de los hijos de los magos, la semana pasada la profesora Burbage escribió una apasionada defensa de los sangre sucia en El Profeta. Según ella, los magos debemos aceptar a esos ladrones de nuestro conocimiento y nuestra magia, y sostiene que la progresiva desaparición de los sangre limpia es una circunstancia deseable. Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles o, ¿por qué no?, con hombres lobo.

Esa vez nadie rió: la rabia y el desprecio de la voz de Voldemort imponían silencio. Por tercera vez, Charity Burbage volvió a quedar de cara a Snape, mientras las lágrimas se le escurrían entre los cabellos. Snape la miró de nuevo, impertérrito, mientras ella giraba.

¡Avada Kedavra!

¡La madre que lo…

Christina, en español, había expresado en palabras lo que varios mostraron en sus rostros: sorpresa, molestia y hasta asco. Draco y Astoria se giraron a ver a la chica, quien sólo comentó:

—Habíamos leído que Voldemort era un maldito, incluso con las noticias que leí en España, pero oírlo casi que de primera mano es terrible.

—Tiene toda la razón, señorita Vásquez —le reconoció Dumbledore.

Un destello de luz verde iluminó hasta el último rincón de la sala y Charity se derrumbó con resonante estrépito sobre la mesa, que tembló y crujió. Algunos mortífagos se echaron hacia atrás en los asientos y Draco se cayó de la silla.

A cenar, Nagini —dijo Voldemort en voz baja.

La gran serpiente se meció un poco y, abandonando su posición sobre los hombros del Señor Tenebroso, se deslizó hasta la pulida superficie de madera.

—¡De paso se la dio de cena a la serpiente! —exclamó Paula, con náuseas.

—Como vemos —reflexionó Dumbledore—, parece que Tom Riddle, o en este momento Voldemort, estaba más que dispuesto a atacar a Harry para evitar que la profecía se cumpliera. Y si eso incluía demostrar su punto asesinando delante de sus seguidores, no le temblaba el pulso para hacerlo.

Astoria colocó el pergamino en el atril, el cual se desplazó hasta el asiento de Lily, quien frunció el ceño al leer el título del capítulo.


Buenas tardes dsde San Diego, Venezuela! Comienza la verdadera acción de este séptimo volumen de "una aventura astral de tres generaciones y ocho libros", y para comenzar tenemos esa introducción del "leiv motiv" de Voldie, quien asegura que "va resolver por su cuenta" la presencia de Harry Potter como antagonista... Veremos como va reaccionando la asistencia a la Sala todos los acontecimientos que se van a ir leyendo, especialmente del lado de los más jóvenes... Como siemre comento, espero que me sigan acompañando en esta locura, como lo han hecho en los seis volúmenes anteriores y (espero que) como harán en este y en el octavo volumen... Pero no nos adelantemos, sino que permítanme agradecer a todos quienes me acompañan con sus vsitas, sus alertas activadas, sus marcas de favoritos y sus comentarios, como hicieron la semana pasada creativo (Exactamente, son combinaciones improbables), HpGw6 (Sí, como dice Luisito, "ahora se viene lo chido"...), un invitado anónimo (Sí, este libro da esas sensaciones, pero espero que la ansiedad no te supere...) y Andromeda (Me alegra que te haya gustado el capítulo "interludio", no fue de los mejores por temas personales, y tienes razón, de alguna manera, los asistentes a la Sala están enterándose de mucha información importante; igualmente, saludos para ti y para todos los lectores!)... De verdad, gracias por seguir, gracias por acompañarme semana a semana; me gustaría saber qué les va pareciendo, a quiénes considerarían para que la Sala les asigne la lectura de los próximos capítulos; para quien aún no lo sabe, todos los domingos en la tarde-noche venezolana estoy publicando capítulo nuevo, no importa que sea la final de la Copa del Mundo o haya elecciones, ahí van a tene el capítulo del día... Saludos y bendiciones para todos!