Disclaimer: Las cosas aquí contenidas son pura inspiración mía… y me parece una falta de respeto que Himaruya-Sama no haga canon a mi ship (¿?)
Notas de inicio:
Volví a leer un libro que es muy amado por mí y adivinen, recordé de donde había salido esto XDD
Aparte de que salió de una canción, pero esa es otra historia~
¿Cómo han estado? ¿Me han extrañado?
En esta sección pueden dejar sus inquietudes y mensajes de amor ¡Ya me hacen falta!
Más de una vez he pensado en dejar mi trabajo, porque en serio, mi pasión es esto, las letras, las historias y mi trabajo mata eso lentamente~ Pero estamos en plena pandemia, la economía se está yendo al desagüe y al menos en mi ciudad hay posible vuelta al semáforo naranja… así que estoy tratando de aguantar lo más que puedo, pero créanme, en cuanto exista un trabajo que no me consuma como el actual y que pueda estar ahí sin mucho riesgo a quedar en la calle, me cambiaré para venir aquí más seguido~
En serio, en serio extraño esto… Y estos días trabajando a full en estas historias me hacen darme cuenta lo abandonado que tengo este lado de mi vida… ahhh~ Pasemos a lo importante antes de que me ponga sad~
One, Two, Three ¡Go!
~*~ El Rey de Piedra ~*~
Arthur no iba a admitirlo, pero tener un inquilino nuevo en su hogar era algo a lo que definitivamente no podría acostumbrarse.
No era que Alfred le molestará, de hecho, el Rey había resultado bastante tranquilo, se la pasaba de visita en centros comerciales, parques y sitios públicos solo observando a la gente ir y venir. O quizás metido en la computadora de Arthur ya fuera probando con varios nombres en el buscador o simplemente poniéndose al día tomando como referencia películas que para nada reflejaban la realidad del tiempo en el que estaban.
Fue justo cuando Alfred cumplió una semana en aquel departamento con Arthur cuando en su aburrimiento descubrió un anuario de escuela básica en donde Arthur lucía como un nerd, paso de una imagen a otra y de pronto sus ojos se encontraron con la imagen que había estado buscando.
—¡Arthur! — Gritó levantándose del sofá y corriendo a la cocina con el álbum en mano. —¿Quién es él? — Preguntó poniendo la imagen demasiado cerca al rostro del otro, Arthur se alejó lo suficiente para poder ver la fotografía.
—¿Cómo se supone que lo sepa? Iba a una clase más avanzada que yo, seguramente jamás nos cruzamos en todo el ciclo escolar— Le dijo Arthur siguiendo con su intensión de organizar su alacena.
—Mira su nombre…— Insistió Alfred volviéndole a colocar el álbum enfrente.
—Wang Yao… Ni siquiera me suena…— Pero entonces tuvo un recuerdo repentino, en la feria de ciencias, quizás de la universidad, tenía sentido, si había asistido a la misma escuela básica no sería raro que también estuvieran juntos en la misma universidad. —Puede que estudie algo de ciencias en la universidad…— Sugirió inseguro, porque quizás el chico había vuelto a su país natal, nadie podría saberlo, Alfred asintió con más energía de la normal.
—Sé que hablamos sobre no molestarte en el campus, pero… Creo que él podría ser el Yao que estoy buscando, no, estoy un 80% seguro de que es el Yao correcto…— Arthur sintió un tirón extraño en el pecho con la información.
De alguna forma esa semana había bastado para acostumbrarse a la presencia de Alfred en su vida, y claro que lo había pensado, si Alfred lograba encontrar lo que buscaba se iría, eso era lo lógico, pero de alguna forma la búsqueda le había parecido tan irracional de la forma en la Alfred la llevaba que de alguna forma había creído que nunca tendría un desenlace, pero el verse equivocado lo tomó por sorpresa. Aun así, le dio una sonrisa ligera al otro.
—Por supuesto Alfred, mañana te puedo mostrar el área de Ciencias para que puedas buscar si quieres…— Le dijo con el corazón abatido, su mente se negaba a perderlo, pero se tuvo que recordar que era lo que había buscado desde el inicio. No había razón para retrasar a Alfred.
Entre más rápido encontrara lo que buscaba, más rápido se marcharía. Ese había sido el plan.
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Y así fue, a la mañana siguiente ambos tomaron el autobús a la universidad, Arthur demasiado adormilado para ser de utilidad y Alfred irradiando la decisión que lo invadía en ese momento.
Por alguna razón Arthur temía aquel encuentro, pero de igual manera se decidió a acompañar a Alfred en todo momento, aun cuando sus propias clases comenzaron y él fue consciente de que se las estaba saltando.
Pero de alguna forma se sentía con el deber de seguir a Alfred, no como un deber real, más bien como el deber de un dueño responsable de una estatua viviente.
Recorrieron todo el edificio de ciencias, salón por salón, asomándose por las puertas y escaneando a cada persona que estaba en el lugar.
Alfred se desilusionó bastante rápido después de no encontrar a Yao en los primeros pisos, pero entonces llegaron al laboratorio y su energía volvió a la vida con una intensidad clara, casi irradiando de él.
—Es él… ¡Lo encontramos! — Exclamó Alfred con la voz a medio grito, Arthur le murmuró que bajara la voz, pero era tarde, todos los presentes en el laboratorio miraban a su dirección, el profesor que impartía el curso se acercó con mala cara a la puerta, por lo que Arthur decidió hacerse cargo antes de que el Rey llamara más la atención y arruinará las posibilidades que tenían.
—Profesor, el director quiere ver a Yao…— Pidió con cierto nerviosismo porque era la excusa más usada en las películas/series escolares, se sorprendió bastante cuando de alguna forma funcionó, el maestro llamó al mencionado y le pidió que saliera porque el director lo solicitaba. Arthur suspiró con la ironía.
Hubo ciertos murmullos en el salón mientras Yao se acercaba a ellos, Arthur se retiró jalando a Alfred consigo para no levantar más sospechas, pero en cambio Alfred hizo lo que quiso.
—Yao…— intervino Alfred encarando al otro con el tono casi desesperado, Arthur se puso tenso esperando que nadie los escuchara, sin embargo, el otro lo corto antes de que siguiera hablando.
—Vengan…— Les dijo bajito mientras cerraba la puerta detrás de él y los guiaba por el pasillo a una puerta más allá que abrió con facilidad, era otro laboratorio, pero ese se encontraba vacío y solo después de que los tres entraron fue que Yao se arrodilló de forma súbdita. —Lo lamento Majestad, el mundo aquí se rige por otras reglas y tuve que adaptarme, le pido me disculpé por el desplante— A Arthur le costó un poco darse cuenta de que le hablaba a Alfred y aun cuando se dio cuenta su asombro fue demasiado grande como para controlarlo.
—Ponte de pie Yao…— Le pidió Alfred y el fiel sirviente lo hizo casi al momento, ambos se miraron unos segundos, reconociéndose. —Me alegra tanto encontrarte al fin— Y Alfred no se contuvo más tiempo, fue a abrazar al otro con una energía llena de alivio y felicidad.
—Yo debería decir eso Alteza, he pasado todo esté tiempo esperándolo y el mundo ha cambiado tanto, intenté por todos los medios regresarlo a la normalidad, pero los Jokers se negaron a ayudarme…— El chico pareció al borde del llanto, Arthur no lo podía creer, pero de alguna forma sabía que aquello era real. Estaba pasando, Alfred había encontrado al ser que estaba buscando y lejos de sentirse incomodo se sentía tan aliviado como Alfred mismo.
—¿Has hablado con ellos? — Preguntó Alfred recomponiendo su postura a ese aire de Rey que destilaba de él. Arthur en cambio veía la escena como algo se salía por completo de su control.
—Por supuesto que sí… pero la magia en los 4 Reinos se disolvió cuando usted recibió esa maldición…— Explicó Yao con cierto pesar. —Los Reinos se dividieron, hubo guerras y tratados de paz, la gente empezó a sustituir la magia con tecnología… Spades pereció en el olvido y el Reino se vio obligado a adaptarse para no desaparecer…— Alfred agachó la mirada y Arthur sintió verdadera pena por aquello, no conocía de nada lo que hablaban, pero él, como buen amante de la historia sabía lo que significaba la caída de un imperio o la simple desaparición de un país entero.
—Todo fue mi culpa…— Aceptó el Rey de forma suave, aun conservando ese aire digno pero teñido de la tristeza profunda que parecía haberlo acompañado siempre sin que Arthur la hubiese visto antes.
El hecho era que Alfred parecía de alguna forma magnético, con una atracción tan natural en la superficie que era difícil ver más allá de sus ojos llamativos o su cabello brillante, más allá aun de esa sonrisa perfecta y contagiosa.
Pero al ver la melancolía del Rey Arthur recordó todas las noches en las que Alfred se quedaba despierto revolviendo sus cosas, la forma incansable con la que había buscado a Yao, quizás era una forma de mantener a raya su culpa y su desesperación de hacer las cosas bien cuando se le había dado una segunda oportunidad.
—Fue esa maldición, nadie lo culpó, todos lo recordaron siempre como un Rey digno— Le aseguró la Sota demasiado indignado de que el Rey tomase la culpa de algo que había estado solo en manos de aquellos Dioses del tiempo que los habían condenado.
—No lo fui… si lo hubiese sido habría seguido las normas sin cuestionarlas— Rebatió Alfred con una sonrisa resignada.
—Solo era un niño cuando subió al trono— Justificó la Sota con solemnidad.
—Pero fui criado para ser Rey…— Sentenció Alfred sin dar más pie a esa discusión.
—¿A quién le importa eso? — Intervino Arthur que hasta ese momento solo se había mantenido en silencio, Alfred lo miró impresionado con la repentina declaración, Yao en cambio lo miro como si la ofensa fuese digna de una ejecución. —Es decir, eso fue hace siglos, pero ahora tienes una oportunidad y te estas esforzando por hacerlo bien, así que… ¿A quién le importa? Yao lo ha dicho, no hay más magia, entonces el destino ahora está en tus manos, "Majestad" — Alfred sonrió con verdadero deleite, era impresionante la cantidad de cosas que Arthur había encaminado dentro de él solo con aquellas palabras.
—Iba a preguntar antes pero ¿Quién es él? — Preguntó Yao casi a la defensiva, Alfred se tentó a decir la verdad, pero en cambio decidió ocultar lo que él ya sabía de sobra.
—Es Arthur, me da posada en su casa de momento… me ha ayudado mucho, estoy en deuda con él ahora mismo— Yao asintió y le dio una reverencia ligera al otro, Alfred quiso que fuera una reverencia como la que él mismo había recibido, pero decidió que aquello era mejor que nada.
—Yao, ayúdame a contactar a los Jokers, necesitó saber que hacer y recuperar mi reloj…— Mencionó Alfred una vez que las presentaciones parecieron hechas, Yao volvió a afligirse.
—Hace décadas que perdí el rastro de los Jokers, me bloquearon de sentir su presencia para que no los encontrara más, después de años buscando su ayuda por todos los medios de contacto posible se cansaron de mí…— Mencionó Yao con cierta vergüenza al admitirlo, sabía que había sido un error ser tan insistente con unos seres tan volubles, pero en su defensa diría que la situación lo requería. —Y me apena informarle mi Señor, que su reloj fue confiscado en ese museo al pie de la montaña, debe estar en condiciones indecibles… Y aun con ello no sabría si sería suficiente para devolver su magia… Ya lo sabe, su magia fue removida hasta que la marca de la Reina fuese otorgada— Arthur experimentó cierto pánico con todo aquello, en parte por el sueño y en parte por recordar el incidente del reloj.
—Ese reloj es tan antiguo como los Dioses del tiempo, su magia es el tiempo mismo— Yao asintió de inmediato con las esperanzas renovadas. —En cuanto a los Jokers, tendrán que escucharme, aunque no lo quieran, como dijo Arthur, planeo empezar a hacer las cosas a mi manera esta vez y ellos son los únicos a los que puedo pedir consejo ahora…— La Sota volvió a asentir, aliviado de que su Rey estuviera de vuelta y dispuesto a recuperar aquello que le había sido arrebatado y le pertenecía por derecho de cuna.
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El viento ruge furioso, eso es lo único que recuerda de la sima de la montaña en donde estuvo aquellos años inmóvil, sumido en un hechizo que nunca pidió. Un hechizo que más que imponerle respeto lo hizo consciente de que la magia no siempre era buena. Pero el viento, el viento es furia. El odiaba la furia.
No deseaba volver ahí, y de cierta forma un sentimiento de miedo nació y se arraigó en su pecho toda la semana. Después del encuentro con Yao los tres habían llegado a la conclusión de que debían volver al museo para hacerse con el reloj.
Alfred hubiese estado feliz de dejar que Arthur y Yao se encargaran de ello mientras él esperaba paciente con en el pasado, sentado en aquel trono, pero eso no iba a pasar.
—¿Qué se supone que hace ese reloj y porque es tan importante tenerlo? — Preguntó Arthur después de ver a Alfred pasear de un lado a otro de la habitación con el gesto casi ausente.
—¿Hacer? No podría explicarlo, es una reliquia familiar muy antigua, ha pasado de Rey a Rey durante milenios… Su poder es tan intimidante como su belleza— Alfred dio un suspiro, recordado cuando lo tocó por primera vez, el peso del objeto, su textura liza y fría, su conexión a el, la forma en la que su corazón se había acompasado al ritmo de aquellas manecillas. —Creo que… es un algo mágico que podría tomar cualquier forma, una palabra, un sueño, una estrella, un reloj… Y al mismo tiempo la magia contenida del tiempo, los espacios y bucles— Alfred frunció el ceño, pues ni él mismo podía entender siquiera la magnitud de aquel objeto sagrado.
Recordaba más bien la sensación indescriptible de ser uno con aquel reloj, como si aquello le hubiese cortado una parte de su alma, una parte que nunca regresaría a él. Apartó el recuerdo de aquella fría sensación y decidió seguir contestado las dudas de Arthur.
—Es importante porque podemos dar marcha atrás en el tiempo, recuperar lo perdido y corregir los errores que cometimos…— Aunque en un mundo que ya no se regía por la magia del tiempo le parecía una idea más bien arriesgada.
—De acuerdo… eso es ciertamente impresionante— Opinó Arthur sin el tono irónico que siempre acompañaba sus observaciones. Alfred volvió a suspirar. —Sí ese es su poder ¿Por qué te ves tan aterrado? ¿Temes que no funcione como la última vez? — Alfred recordó el incidente pasado y tuvo la decencia de sonrojarse.
—No, nada de eso, estoy seguro del poder del reloj, una grieta y un poco de polvo no podrían extinguir su poder, todo lo contrario, creo que el reloj puede ser el contenedor de algo mucho más poderoso… Es solo que…— Y tuvo que callar porque lo siguiente lo avergonzaba de una forma tan profunda que no deseaba admitir de ninguna manera.
Confiaba en el reloj, pero no en sí mismo para poder manejarlo. Y no dejaba de pensar en que aquella ocasión había sido la razón por la que no pudo hacer nada, la ocasión en la que Arthur y él lo habían recuperado solo para perderlo de nuevo. Y también, era posible que esa fuera la razón por la que no pudo luchar contra la maldición desde un inicio.
"No estas listo para esta carga"
Eso es lo que se había dicho justo antes de recibir la maldición.
"Necesita dos personas para soportarla"
Ese era su pensamiento actual, y ya no estaba solo, pero de alguna forma no se sentía listo y temía tener que arrastrar a Arthur a algo que ninguno de los dos había pedido.
—Deja de preocuparte, funcionará… y si no, será interesante golpearte en prisión una vez más— Alfred miró de lleno a Arthur y le sonrió ante lo dicho. Divertido por el comentario y aliviado por el apoyo que Arthur le daba sin esperar nada a cambio.
Arthur era un nuevo tipo de viento y furia. Pero soplaba en una dirección que no era en su contra y eso le gustaba.
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La noche antes del viaje al museo Alfred decidió volver a intentar con las cartas, espero hasta que Arthur se fue a dormir y bajo la luz de una lampara de lectura empezó a revolver las cartas y a extenderlas en el piso.
Probó con una figura y luego con otra, hasta que de pronto se le ocurrió una idea, las acomodo de modo que formaban una Pica y cerró los ojos para concentrarse en su reloj.
Los latidos eran como el movimiento de esas manecillas, era un parte de él y el reloj tenía una parte suya también.
Percibió aun con los parpados cerrados un brillo dorado que no tenía nada que ver con la luz blanca de la lampara que iluminaba la sala, y entonces lo vio al abrir los ojos, el reloj de picas estaba junto ahí, en el centro de su figura hecha de cartas, extendió la mano para tomarlo pero se arrepintió a último momento, dudando.
De su derecho a tocarlo, de su derecho a trono y de la capacidad de arreglar el pasado. Aquel mundo había nacido de las cenizas de su reino, al final, si él decidía volver el tiempo atrás iba a destruir un futuro.
Como si sus dudas se hubiesen expresado en voz alta una carta se pegó a su mano extendida de forma inesperada. Alfred la tomó y la observo con detalle, era por supuesto el Rey de Espadas, pero atrás de la carta tenía un mensaje escrito con tinta fresca.
"Salve el Rey de Picas"
Rezaba el mensaje de la carta, Alfred extendió la mano y tomó su reloj, justo en ese momento el portal se cerró y las cartas salieron volando casi empujadas por un viento furioso. Alfred presionó el reloj con fuerza, temiendo que fuera a desaparecer de su mano de nuevo.
"Salve el Rey de Picas"
Resonó en su pecho, con el frío tacto del metal en la palma de su mano, tres latidos, tres segundos. Alfred no se sentía capaz, pero el mensaje era claro, el reloj era suyo por derecho y aun sin una corona él era el Rey.
El Rey de Spades.
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Continuará…
Este capítulo fue confuso~ ¡Necesito más ideas! XDD
