II. La inspiración de Izzy

Querido diario:

Ayer parecía un día como cualquier otro; ya sabes, el cielo azul, los ponis cumpliendo con cada una de sus obligaciones, y yo, queriéndole poner un poco brillo al Bosque de la Herradura. No voy a mentir, yo también estaba haciendo lo mismo de siempre. Pues como podrás suponer, no me fue difícil sumergirme en el mundo de la imaginación.

Me puse cascos a la obra y me fui a la parte trasera de mi casa, un lugar perfecto para que todo lo que traía guardado en mi mente saliera sin dificultad. Así que reuní todos mis materiales, puse en orden mi mesa de trabajo y escogí el mejor trozo de madera para poder tallar un árbol como los que hay aquí en Bridlewood; a forma de relieve, un tallado que no suelo practicar mucho, pero aun así me fascina.

Primero dibujé el árbol sobre la madera y enseguida dejé que la gubia y el mazo, igual que otros materiales, hicieran su trabajo, mientras que yo los manejaba de la mejor manera posible.

Ahí estuve por varias horas, acompañada de la simpleza y la naturalidad del bosque, que era como estar rodeada de una magnifica magia. Pero tuve que parar, cuando me di cuenta que no había traído mi gubia más pequeña, importante para que la imagen tuviera más profundidad. No me quedó de otra que regresar a la casa, pero al dar unos pocos pasos, miré hacia el frente, donde se encontraban todas mis figuras de madera, exhibidas como si estuvieran en un gran museo, entonces, vi a una poni muy misteriosa, que no dejaba de observarlas; yo me sorprendí, pues nunca antes la había visto. Y lo que me dejó con más preguntas, fue por qué miraba esas creaciones mías con tanta delicadeza; me pareció extraño, ya que siempre intentaba mostrárselas a los demás ponis; lo cual parecían no entender mi arte.

Me alteré un poco y me escabullí lentamente para que no se diera cuenta de mi presencia, no obstante, al estudiar su mirada, llegué a la conclusión de que su admirable estima, era realmente sincera, tal vez estaba perdida por el bosque y como mi casa está muy apartada de las demás, le fue fácil encontrarla.

Después de pensarlo detenidamente, creí que era una buena oportunidad para ganar un amigo, así que me armé de valor y me acerqué a ella.

"¡Hola! ¿Está todo bien?", le dije

La poni se asustó al escucharme, no sabía que decir, pero cuando me explicó por qué había llegado aquí, confirmé mis sospechas.

"Perdón por entrar a tu propiedad de este modo, no era mi intención molestarte, es que... estaba buscando algo y me topé con tu casa por accidente, pero ya no te preocupes, me iré ahora mismo".

Por supuesto que yo no quería que se fuera, parecía una yegua muy agradable, así que le dije:

"No, espera, no te vayas. No estoy molesta, nadie viene aquí en realidad. Tú eres la primera que parece gustarle mi arte y te agradezco que hayas venido; puedes quedarte aquí el tiempo que desees".

"¿¡En serio!?, pues... ¡me alegro tanto!, porque quería preguntarte sobre estas figuras, me parecen muy interesantes".

Ahí fue cuando empezó todo; encontramos nuestra propia conexión de inmediato. Y me emocioné aún más cuando me di cuenta que ella también era una poni creativa. Así que la invité a mi casa para que viera más de mi trabajo, ella se impresionó al entrar, no podía creer que hubiera tantas esculturas hechas de madera.

Luego entró su mejor amigo Toby, un pajarito con un cuerno y un plumaje azul muy hermoso. La poni amable me dijo que siempre lograba encontrarla y que no se le hacía raro que apareciera aquí, tan repentinamente. Ella me lo presentó y me hice muy amiga de él también.

Después de intercambiar varias palabras con aquella poni, quisimos compartir nuestros talentos. Para empezar, se nos ocurrió tallar a ese curioso pájaro en madera. Yo le enseñé como hacerlo y ella, con sus grandes conocimientos, me orientó lo mejor posible para que la figura fuera la más colorida y atractiva de todas. Tal vez no fue un diseño tan complicado, pero aun así no la pasamos muy bien. Y mientras tratábamos de crear nuestra propia arte, platicamos sobre miles de cosas, lo que me ayudó a darme cuenta que después de todo, sí pertenecía a este mundo.

Al final, todo salió muy bien, el pajarito parecía un pequeño adorno hecho por dos chicas que nunca dejaban de soñar; lo cual se convirtió el mejor trabajo de mi vida y mi favorito por haber nacido en un día muy especial, aparte de que significa la gran amistad que logré formar con aquella poni. Una amiga que no sé si volveré a ver, pero estoy segura que nuestra amistad seguirá viva de algún u otro modo. Porque cuando se despidió de mí, me dijo que yo era la mejor amiga que pudo haber conocido y que no me rindiera, que podía agradarle a cualquier poni.

Después de eso, todo sorprendentemente fue mejorando, conocí a otro poni muy especial ese mismo día, quien fue muy adorable conmigo desde el primer momento, pero esa historia es para otra página.

Se despide de ti, querido diario, tú más fiel y alegre unicornio.


Al acabar la historia, Izzy sintió una especie de aliento en su corazón. Le fascinaba el hecho de que su madre también había sido una poni con una imaginación sin límites, que veía el lado divertido de la vida y que no dudaba en demostrarlo con su preciosa arte. A ella tampoco la comprendían, sin embargo, eso no le quitaba su brillo, ni el anhelo de poder tener a alguien con quien ofrecer su amistad. Aprovechó los momentos que se le presentaron y logró aquello que quería, y que Izzy buscaba sin parar: tener unos amigos que la admiren por lo que es.

—¿Crees que algún día encontraré una amistad como la de mamá? —preguntó, esperanzada a que la respuesta de su amigo fuera verdaderamente sincera. Luego volteó a verlo, con unos ojos que confirmaban una vez más, su anhelo más grande.

—Tu mamá era igual de solitaria y sin duda lo logró, aunque los únicos amigos que tuvo, a parte de esa poni, fueron yo y tu papá.

—¿Tú conociste a aquella poni?

—No, nunca la vi, de hecho no sabía de ella, hasta que leí el diario.

—Esperaba que me dijeras que sí. He buscado por todo el bosque, pero parece que ningún poni hizo alguna amistad con mamá.

Luego tomó una breve pausa. Alphabittle pudo notar que la voz de Izzy no sonaba tan espontanea como otras veces. Ahora se detenía más al hablar, como si sus preguntas fueran importantes y necesitara reflexionar más sobre ellas.

—¿Mis padres, eran felices?

—Claro que sí, se querían mucho y lo fueron aún más cuando te tuvieron, nunca los vi tan dichosos.

—¿¡De verdad!? —exclamó la potrilla, devolviendo el tono habitual de su voz —. ¿Cuéntame más?

—Qué te puedo decir, yo estaba muy orgulloso de ellos, siempre fuimos muy unidos, a pesar de que ellos dos hayan hecho su vida; sin olvidar que tú parecías muy feliz a su lado.

Izzy al escucharlo soltó un suspiro, y en su mirada expresó el infortunio que nunca lograba salir de su semblante, debido a que tenía una actitud tan optimista.

—¿Por qué no los recuerdo?, a veces siento como si los extrañara, aunque nunca los haya conocido. Desearía que estuvieran aquí.

El unicornio se fijó en la mirada de Izzy, ahora estaba seguro que debía hacer más por ella, pero ¿cómo?, no podía darle el mismo cariño que sus padres pudieron haberle dado, realmente nunca se consideró un poni con un buen sentido paternal. Desde que Izzy perdió a sus padres él se ha encargado de ella, pero no como otros pudieran imaginar. Al principio sí la cuidaba mucho, aunque a veces recibiera ayuda de otros ponis, pero entre más crecía, esa ayuda ya no fue posible y él ha sido el único que no ha dejado de frecuentarla.

—No te culpes, apenas ibas a cumplir los dos años cuando pasó —dijo, deteniéndose por un momento —. Yo también lamento que ya no estén aquí.

Para Alphabittle, Bright Night era como su hermano, siempre ganaban todas las apuestas, se reían de cualquier tontería y se apoyaban en todo, pero cuando llegó Diamond todo fue mucho más divertido, ella sabía cómo ponerle color a los momentos que más lo necesitaban; y gracias a la influencia de su mejor amigo, Alphabittle logró conocerla mejor y se dio cuenta que nunca debió juzgarla. Es por eso que tolera tanto a Izzy, a diferencia de otros ponis, porque si no, estuviera defraudando a su vieja amiga. Además de ser el único que mantenía todas esas vivencias que Izzy lastimosamente no recordaba, y aunque a veces parecía ser un poco frío, la verdad, es que la quería más de lo que pensaba.

Después de tan profunda conversación, el unicornio reaccionó y dándose cuenta de la hora, se dirigió a la puerta otra vez, sin antes decir:

—Ya es hora de irme, no habrá más conversaciones por ahora, ¿entendido?

—¡Entendido! —le contestó.

Alphabittle se despidió, pero antes de cruzar la puerta, sintió el cálido abrazo de la potrilla.

—Gracias por ser tan considerado, fue grandioso que me hayas hablado más sobre mis padres, quisiera que hubiera más conversaciones así.

—Cuando quieras —le respondió Alphabittle, dándole unas leves palmadas en la cabeza y sin comprender por qué Izzy estaba tan agradecida con él.

—¿Puedo salir a fuera a jugar?

—Sí, pero no te vayas muy lejos.

—Prometido.

Después de eso, Alphabittle por fin se fue. Izzy se quedó sola una vez más, lo cual la entristeció un poco; e hizo que su ausencia se sintiera mucho más pesada.

Volteó a ver la casa y recordó que su pequeño amiguito de madera aún seguía con ella. Lo agarró entre sus cascos y dirigiéndose hacia él le dijo:

—Es hora de sorprenderlos.

Luego se llevó el pajarito a su cuarto, para que la acompañara a buscar los mejores utensilios y así, poder hacer realidad sus fantasías.