Capítulo 1: Enamorados de unos científicos

Una almohada le cayó en la cabeza y sintió que ya era el momento de despertar, pero sinceramente no estaba preparada para ello. La noche anterior se había dormido tarde porque había entrenado toda la noche para el torneo de artes marciales.

—Despierta, tonta, llegarás tarde —dijo una conocida voz quitándole la almohada de la cabeza y arrojándosela de nuevo.

—Sólo cinco minutos más —refunfuñó ella tapándose la cabeza con la misma almohada, mientras rogaba por no tener que ir a la escuela ese día.

Oyó un bufido molesto y poco después alguien le arrancaba la sábana para que despertara. Se enrolló sobre sí misma en ese momento, pero no pudo seguir en esa posición, porque momentos después un chorro de agua fría le cayó en su cuello descubierto por el pijama. Un quejido de enojo fue lo siguiente que salió de su boca y se levantó para perseguir a su hermanastro escaleras abajo, viéndolo correr con una semisonrisa divertida.

—¡Stanley Snyder! ¡Te juro que te mataré! —chilló completamente enojada, lanzándole todo lo que encontraba a su paso, pero él simplemente lo esquivó.

Finalmente llegó al comedor, donde una chica rubia con uniforme de preparatoria terminaba de servir la mesa a un pequeño de unos 3 años que empezó a reírse de la rubia con el cabello alborotado que acababa de entrar, mientras el llamado Stanley reía mientras fingía tomar agua.

—¿Qué pasa, Kohaku? ¿Por qué no estás lista? Hoy son las preliminares del torneo de artes marciales y si llegas tarde perderás tu plaza —informó la chica mayor.

—¡¿Qué?! ¡Oh, mierda! —exclamó corriendo nuevamente escaleras arriba, mientras el pequeño se reía de la situación, Stanley seguía fingiendo beber agua y la mayor negaba con la cabeza.

La casa de la familia Yamada era un lugar curioso, especialmente después de que Yamada Kokuyo decidiera casarse con una extranjera tras la muerte de su esposa, lo que había hecho que se convirtieran en una familia poco convencional.

Ese par de científicos lograban un nivel intenso de dedicación con cada cosa que hacían y eso era lo que convertía la casa de la familia Ishigami en un lugar tremendamente pacífico, salvo que ocurriera algún imprevisto.

—¡Xeno! ¡Senku! ¡Papá los llama! —gritó un pequeño de unos 3 años entrando en el laboratorio repentinamente y haciendo que la perfecta concentración de los jóvenes científicos se perdiera mientras manipulaban unos químicos importantes. Acto seguido, una nube de humo llenó la habitación y el mayor corrió a sacar al más pequeño, mientras el chico de cabello verdoso buscaba un extinguidor para arreglar el daño.

—Loyd… te hemos dicho un montón de veces que no es nada elegante entrar de improvisto —explicó el mayor con tranquilidad, quitándose unos lentes de protección y ya hablando directamente con el pequeño niño, que sólo puso ojos de borreguito—. Si Senku y yo hubiéramos estado manipulando algo peligroso, podríamos haber muerto, lo cual no es nada elegante —agregó dando un suspiro.

El chico de cabello verdoso, al cual habían llamado Senku, salió de la habitación tosiendo y finalmente suspirando profundamente.

—Creo que no podremos utilizar el laboratorio por unos días, y de paso Lillian nos matará al diez billones por ciento de seguridad —mencionó Senku acercándose a los otros dos y mirando a Loyd, que seguía con su mirada de borreguito—. ¡Oh, vamos, mocoso! ¿Por qué tienes que mirarme así? ¡Eres demasiado absurdo!

Loyd parecía a punto de llorar y el rubio platinado mayor lo cargó y empezó a mecerlo.

—Será mejor que lo lleve con Lillian. Ve alistándote para la escuela, que creo que llegaremos tarde y eso no es para nada elegante —aseguró, mientras seguía meciendo al pequeño niño.

—Te veo en diez minuto, Xeno, no demoraré. Pide a Lillian que el desayuno nos lo deje para llevar…

El mayor asintió, y Senku se fue hacia el piso superior de la casa, para ir a prepararse para la escuela. Esperaba sinceramente que su madrastra, Lillian Weinberg (en Japón, Ishigami Lillian), no se enojara demasiado con ellos, especialmente siendo que casi habían hecho llorar a Loyd por interrumpirlos de esa forma.

Que problemático era que su viejo se hubiera casado con una cantante famosa que había criado a un niño que perdió a sus padres a los 10 años. Aunque él no podía decir mucho sobre eso, ya que él también era el hijo adoptivo de Ishigami Byakuya.

Sonrió ladinamente. Quería más a su familia de lo que estaba dispuesto a aceptar.

—Por favor, compórtense el día de hoy, Kohaku y Stanley. No quiero problemas en la escuela ni que vuelvan a llamar a nuestros padres para molestarlos porque han hecho algún desastre —regañó la rubia mayor, mientras el chico rubio miraba hacia un lado con fastidio y la rubia más joven de cabello alborotado mostraba algo de enojo.

—¡Ja! ¡No puedo asegurar nada, Ruri! —se quejó Kohaku.

—Yo generalmente no me meto en problemas, sino que hay muchos matones de otras escuelas que me buscan problemas —aseguró con indignación Stanley.

—Sólo intenten no meterse en problemas, por favor —indicó Ruri, mientras una gota caía por su sien.

Otro día más de escuela en el que tenía que esperar que sus queridos hermanitos no fueran otros problemáticos más.

—Por cierto, Stan… ¿puedes recoger hoy a Haruo? —preguntó Ruri a su hermanastro, que finalmente volteó a verla—. Hoy debo salir tarde del Club de Manualidades, porque estamos preparando un proyecto grande Yuzuriha y yo, este será mi último año de escuela.

—Sí, sí, descuida, yo iré.

Stanley parecía más alegre de lo que hubiera imaginado Ruri con esa noticia. Por suerte entre ellos se llevaban mejor de lo que parecía. Tener una familia tan grande tenía algunas ventajas.

Después de eso, los tres hermanos se separaron en la preparatoria: Ruri al salón de tercer año, Stanley al salón de segundo año y Kohaku al salón de primer año.

—¿Quién irá hoy a buscar a Loyd al salir de la escuela? —preguntó Senku antes de separarse para ir cada uno a su respectivo salón de clases.

Xeno cursaba segundo año de preparatoria y Senku primer año, pero generalmente asumían con tranquilidad la responsabilidad de buscar a su pequeño hermano todos los días, lo que le daba tiempo a Lillian para practicar, especialmente cuando tenía alguna gira internacional.

—Pues… me toca a mí, así que no sería muy elegante que cambiara mi turno. No creo que haya problema en que te encargue por el día de hoy las actividades del Club de Ciencias, ¿no? —propuso Xeno y Senku negó con la cabeza, mientras se rascaba el oído con el meñique—. Pero mañana te toca —le advirtió.

—Ya, ya. Vamos a clases.

Después de un largo día de clases, en el que Stanley no podía evitar mirar inconscientemente a ese científico todos los días, finalmente fue la hora de la salida. Generalmente Senku y Xeno se turnaban para ir a buscar a su hermano pequeño, Loyd, que por suerte estudiaba con Haruo, y Stanley sabía que ese día le tocaba a Xeno, lo que lo había alegrado mucho cuando Ruri le pidió que buscara al más pequeño de la familia Yamada.

—¿Quieres ayuda con tus libros? —preguntó Stanley, al acercarse a su rubio platinado amigo.

—¡Oh, Stan! ¡Eso sería muy elegante! —afirmó Xeno, sonriéndole de una forma que aceleró su corazón, pero que él bien supo disimular.

—Hoy… me toca… buscar a Haruo —expresó Stanley intentando sonar tranquilo, pero su corazón realmente había enloquecido con la hermosa sonrisa de Xeno.

Estaba condenado desde que lo había conocido, pero ese científico lo enloquecía.

—¡Genial! Yo hoy iré por Loyd, podemos ir juntos —afirmó con emoción Xeno, terminando de meter sus pesados libros en una mochila y pasándoselos a Stanley para que lo ayudara.

Y así salieron de la escuela en dirección al preescolar donde estudiaban sus pequeños hermanitos, Stanley disfrutando totalmente de todo lo que Xeno estaba dispuesto a contarle sobre fórmulas matemáticas y físicas, cálculos de cohetes e increíbles historias de viajes a la luna.

—Ey, leona… ¿puedes ayudarme con unas cosas hoy en el laboratorio? A Xeno le tocó buscar a Loyd hoy y estaré en solitario —pidió Senku acercándose a Kohaku, que hablaba tranquilamente con sus amigas.

—¡No me llames leona! —protestó Kohaku—. Y pues no puedo… ¡ja! ¡Esta tarde entregan los resultados preliminares para el torneo de artes marciales! —exclamó muy motivada—, por eso llegué tarde esta mañana, porque fui a enfrentarme en las preliminares de la escuela. Debo ir al gimnasio.

—Ah… pues sé que quedarás, una leona como tú no tiene forma de ser eliminada, eres lo mejor que tiene la escuela —afirmó Senku con convicción, haciendo sonrojar a Kohaku, mientras sus amigas miraban fijamente la escena.

—G-gracias, Senku.

—Así que no pasa nada si me acompañas al Club de Ciencias. Le avisaré a Tsukasa para que me mande el listado por nuestro grupo de WhatsApp —expresó él, halando a Kohaku por la mano para arrastrarla al laboratorio, haciendo sonrojar mucho más a la rubia, pero también ganándose un sonrojo colectivo de parte de todas las amigas de la chica.

Kohaku no podía siquiera pensar en ese momento y sólo se dejó arrastrar tomada de la mano del científico.

—¡Kohaku! —intentó llamarla su mejor amiga, pero ella no estaba escuchando nada, sólo se estaba dejando llevar de la mano de ese chico con cabello de cebollín.

¡Y así termina el primer capítulo! Esta historia está bien extraña y se vienen muchas cositas divertidas con ella jejeje.

Este es mi regalo de Navidad con mucho amor para mi queridísima Inexsis, que sé que amará con todo su ser la escena de Stanley y Xeno.

En fin, como saben, los personajes de Dr. Stone no me pertenecen, son de Inagaki y Boichi. Yo sólo los estoy utilizando para crear esta historia.

Espero puedan dejarme comentarios que me motivan a seguir escribiendo, y aprovecho esta historia para desearles un… ¡feliz año nuevo 2023! ¡Larga vida al SenHaku y al StanXeno!