Bien, ya estaba hecho.

Lo había logrado.

El dolor en su pecho parecía ser algo nimio en comparación con la algarabía que se vivía a su alrededor. ¡Había caído!

Recordó las veces que había jurado en nombre de la desigualdad confundiéndola con justicia, todas las veces que se había engañado a sí misma cuando caminaba por las calles de París, cuando veía el hambre y la desesperación, se había dicho mil veces que las cosas mejorarían, que los reyes madurarían. Que serían los mejores, que apoyarían al pueblo...

Que ilusa había sido.

Le había costado, había renunciado a su puesto como guardia, un puesto con tanto poder sobre la corona que a su padre le había parecido un chiste cuando le había dicho que se iría a la Guardia Nacional, al ejército de los pobres.

Sus soldados le habían abierto los ojos, ellos y... él.

Lo había despreciado tanto, que hasta cierto punto podía compararse con el comportamiento de la corona para con el pueblo llano; Ella había sido la reina ciega a las necesidades del único ciudadano de su reino o, por lo menos, el único que realmente valía la pena.

Cerró los ojos con una sonrisa, la herida latía y podía sentir su propia sangre manar y manchar su casaquilla azul. Increíblemente no dolía tanto como los ataques de tos, no quemaba su cuerpo, quizá porque sabía que era la llave para volver a verlo.

Escuchó esa voz que creyó jamás escuchar entre los gritos y los sollozos de Rosalie, esa voz calma, cálida, esa voz que significaba amor, un hogar y la paz verdadera.

Entreabrió los ojos y lo vio, con esa sonrisa que podía calentar hasta el más frío de los ambientes. Le sonrió de vuelta y alzó la mano, sintiendo la tibieza de su piel, el palpitar de su corazón.

—André...— Su sonrisa se ensanchó más, sus ojos brillando con todo el amor que le tenía.

—...— Apretó su mano, besándole la frente.

—Quédate conmigo. – Susurró ella, sintiendo como su cuerpo de volvía más liviano y la herida ya no dolía, es más, no sentía nada más que el calor de su André filtrándose en cada hueco de su cuerpo, calentando hasta su alma.

—Tranquila— Respondió contra su piel, respirando profundo el perfume que en vida tanto había amado. — Jamás nos separaremos de nuevo.

Volví con este cortito texto que escribí en la última media hora escuchando en bucle la canción que inspiró estas líneas, Stay versión de Patrick Wilson y Ghost, que es un cover y la original es de Shakespears Sister por si la quieren escuchar.

Por ahora me despido diciendo que ojalá nos leamos pronto.