La tarde estaba por dar su último halo de luz, y una perpleja Saori había quedado casi estática ante las palabras del santo de Aries, quien la interceptó cuando iba de salida en compañía de Shun. Mu por su parte, con la mirada le indicó a la diosa que necesitaba hablar a solas con ella y Saori comprendió de inmediato la señal.
—Shun, ¿podrías adelantarte al jet, por favor? Yo llego en un rato —susurró la diosa a su amigo.
—Oh... por supuesto —dijo el santo de Andrómeda, hizo una reverencia para despedirse de Mu y con paso ligero se alejó rumbo al jet que esperaba en una zona plana y desalojada, donde solían llegar los vehículos aéreos de Saori. Después de eso, ella se volteó para hablar con Mu.
—Athena, ¿a dónde cree que va? Su deber está ahora aquí, expresamente en el Santuario —habló Mu con serenidad y firmeza en su voz, mientras Kiki observaba expectante al lado del dorado, pero él le dio una señal para que los dejara a solas. Éste hizo un puchero, para luego retirarse arrastrando los pies hacia el templo de Aries.
—Pues... —Saori miraba a todos lados —Estaba por irme a la Mansión ¿Acaso hay algo de malo con eso? —inquirió Saori.
—La verdad sí... Todos la estamos esperando en la sala de Athena para recibir sus permanentes órdenes, como debe ser —replicó Mu sin ablandar sus gestos.
—Mu... yo sé exactamente a qué te refieres, pero necesito regresar a la Mansión. He dejado algunos asuntos pendientes y aunque no le agrade a nadie, la fundación está a mi nombre por herencia de mi abuelo —puntualizó su argumento la diosa.
—Créame que lo siento, pero usted prácticamente tiene este santuario y el bienestar de toda la tierra a su nombre. Estas responsabilidades necesitan su presencia... si lo quiere ver así —refutó el santo de Aries.
—Sí, y no me estoy desentendiendo del cargo que tengo conferido desde que nací, pero también sé que la Mansión me necesita en estos momentos ¿Te has dado cuenta de las necesidades que tiene a cargo la Fundación Graad?
—Pues la verdad no tengo idea, pasé de estar viviendo como ermitaño a estar aquí en este lugar y sabe que me siento con el deber de expresarle esto, porque el maestro Dohko me confirió el deber de cuidarla directamente, ya que soy el único que domina la diplomacia por estos lugares, créame —respondió Mu con firmeza.
—Entonces comprende un poco mi situación, Mu —Saori se aceró a él para hablarle con más confidencialidad—. Antes de estar aquí de manera permanente, como dices, necesito dejar todo en orden allá. No tienen una cabeza que los dirija y como Athena que soy, debo velar por el bienestar de esa fundación. Míralo de esta forma: es una misión más de Athena en esta tierra —dijo Saori suplicante y Mu dio un fuerte suspiro, debatiendo en su interior aquellas palabras.
—Me parece muy bien lo que plantea pero, aparte de eso siento que hay algo más que usted no me ha dicho —mencionó Mu, queriendo saber qué más podía querer Saori en Japón.
—En efecto, hay algo más. Mi corazón me dice que debo guiar a mis santos de bronce. Quisiera pasar un tiempo con ellos... convivir. No podría explicártelo mejor, pero siento que es algo que tengo que hacer. Llevo poco tiempo de enterarme que soy Athena, y me gustaría guiarme por mi intuición —esbozó Saori, tratando de que Mu comprendiera algo de lo que le dijo.
—Athena... Sabe que los demás no van a comprender eso, ¿verdad?, ¿conoce bien a Aioria? Me va a estrangular si sabe que la dejé ir ¿Sí sabe que a Shaka no se le escapa nada, aunque se la pase meditando en su templo? Y no digamos del resto de los que quedamos. Ellos confían en que yo seré su guía personal en el santuario, por eso es que me mantengo brindándole mi consejo y ahora quizá usted deba decirles directamente lo que planea hacer. Es mejor que usted lo explique, porque a mí no me van a creer ni de broma.
—Ellos tendrán que comprender, y yo en serio debo hacer esto —La diosa lo vio a los ojos y él se quedó un momento reflexionando y prosiguió.
—Supongo que para estos momentos ya los muchachos están rumbo a sus destinos elegidos por ellos mismos, ¿o me equivoco? No creo que sea capaz de traerlos aquí con poderes telequinéticos o contra sus voluntades, ¿qué hará al respecto, si ellos ya han decidido qué hacer?
—Yo me encargo de eso, pienso comunicarme con ellos de alguna manera en estos días y por eso no hay ningún problema —aseguró Saori.
—Solo respóndame algo más... —dijo Mu, y el corazón de Saori dio un brinco de nerviosismo— ¿Nada de esto tiene que ver con el santo de Pegaso, verdad? Lo digo con respecto a aquella plática que tuvimos sobre él... ¿O sí es lo que pienso? —la mirada de Mu era expectante, directa y Saori tragó grueso ante aquella comprometedora pregunta.
—¡Pero qué cosas dices!, no es nada de lo que estás pensando Mu —bufó Saori mientras rodaba los ojos con sutileza y volteaba a ver a otra parte para ocultar el rubor que quería formarse en su rostro—. Si voy a estar allá, todos lo harán, no estoy excluyendo a nadie. Te estaré llamando o tú puedes llamar a la Fundación, no estaré sola en ningún momento y mucho menos a solas con Seiya ¡Pero qué ideas tienes, Mu! —se cruzó de brazos, un poco exasperada.
—¿De cuánto tiempo hablamos, Athena? —lanzó la pregunta, casi sin querer, ya que evidentemente no era lo que deseaba decir.
—Dos meses a lo sumo —dijo con una sonrisa y cruzándo sus brazos.
—¿Tanto tiempo? Los demás lo sabrán irremediablemente, creo que una semana le quedaría bien.
—Una semana es muy poco... —reclamó Saori.
—Creo que lo máximo podrían ser dos semanas para que el Santuario esté en paz en lo que usted resuelve sus... asuntos —sugirió Mu.
—Un mes y es lo mínimo que consideraré —dijo Saori con firmeza.
—Bien Athena, yo solo quiero que sepa que estoy a punto de arriesgar mi pellejo con todo este asunto, pero está bien, usted es la diosa y tiene sus razones, no pretendo convertirme en su enemigo.
—Nunca te he visto como enemigo. No exageres, por favor —suplicó Saori al dorado.
—Considero que un mes es un tiempo prudente para que haga sus diligencias. Además, acabo de recordar que Shaka de Virgo está preparándose para su más larga y extraordinaria meditación que realiza una vez cada año —Se quedó analizando y asintió—. Sí... es el momento perfecto para que usted emprenda su viaje a la fundación —dijo con un tono casi optimista, aunque algo nervioso.
—Perfecto, mejor aún si Shaka está en sus labores espirituales —dijo la diosa.
—Pues quizá él no es quien más me preocupa —dijo Mu entre dientes, tragó grueso y aún no sabía cómo sacaría a Athena del santuario sin que ellos lo notaran.
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Continuará...
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Hola, aquí con un nuevo capítulo de esta pequeña historia. Agradezco mucho a MariNat (espero que así sea tu nombre de perfil jeje _), por leerme y por comentar, me has motivado mucho ¡Mil gracias por hacerme saber que te ha gustado!
¡Gracias a quien lee! Nos leemos pronto n.n
