Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

¡Feliz cumpleaños, Izuku Midoriya!

«No hay banquete en este mundo que no llegue a su final». (Tian Guan Ci Fu, de MTXT). En fin, volveré. Con otras historias. En el momento de escribir esta nota (hace casi un mes) ya estaba en ello, esbozando, esquematizando y escribiendo los siguientes proyectos. Sigo en ello ahora mismo. Pero ahora todavía queda este capítulo por leer. Los agradecimientos, al final esta vez.

Trigger warning: Sexo explícito. Sexo oral, sexo anal, masturbación, Cum Play, uso de semen como lubricante, mordiscos, juego con pezones, pìercings, Belly bulge. Referencias a sexo rudo, también hay menciones a juegos sexuales con pies y sudor.


CAPÍTULO EXTRA. UN AÑO DESPUÉS (EPÍLOGO)

—Buenos días. —Izuku, intentando contener sin éxito un bostezo, se sienta a la mesa—. Kacchan ha madrugado mucho hoy.

—Lo mismo podría decirte —dice Katsuki, depositando con brusquedad una taza de café recién hecho ante Izuku, que vuelve a bostezar—. ¿Tostadas o arroz? También hay sopa de miso.

—¿Ambas? —pregunta Izuku con tono esperanzado, que se frota los ojos, intentando enfocar la mirada.

Katsuki no contesta, pero al cabo de un minuto deja un plato con tostadas y un bol de arroz e Izuku abre los ojos, sobresaltado al darse cuenta de que había vuelto a cerrarlos. El estómago le gruñe de hambre, pero no empieza a comer hasta que Katsuki se sienta delante de él, sirviéndose su propio desayuno y observándolo por encima del bol con una expresión de diversión por lo mucho que le está costando a Izuku despejarse esta mañana.

Vivir con Katsuki no es lo mismo que pasar con él algunas noches, por muchas que fuesen en los meses antes de mudarse con él. Izuku ya era consciente de ello, pero hasta que no empezaron a convivir no se había dado cuenta de lo arraigada que tiene su novio la costumbre de acostarse temprano. Quedarse con él a dormir cuando todavía vivían separados solía ser motivo de hacer cosas especiales, desde salir de fiesta, quedar con los amigos o cenar juntos en un restaurante a follar durante horas en la intimidad del apartamento de Katsuki, todas ellas actividades que requerían trasnochar, por lo que Izuku no había conocido esa faceta de dormir temprano. Tanto como madruga: al contrario que Izuku, cuyos hábitos de estudio durante toda la carrera han sido mayormente nocturnos, Katsuki es un ave diurna.

No le ha costado adaptarse, en cualquier caso. A Izuku le cuesta levantarse, pero si no necesita madrugar, Katsuki no lo despierta, permitiéndole dormir un rato más. Tampoco se queja si Izuku utiliza el móvil antes de dormir, conciliando el sueño más tarde. Y los excesos nocturnos, como las visitas al Ryūjin Studio con sus amigos, las noches de discoteca y las mañanas perezosas de sexo compartido bajo las sábanas tras acostarse tarde siguen dándose con la misma frecuencia que antes.

El café empieza a hacer efecto en Izuku, que se siente algo más despejado. Le está costando más que otros días, porque se acostó a las dos de la madrugada después de patrullar por media ciudad y ha dormido apenas cinco horas. Habitualmente, las noches que tiene patrulla duerme durante dos horas.

—Has madrugado mucho hoy —dice Katsuki cuando Izuku, más animado gracias a la cafeína, alcanza una segunda tostada y la mastica con ímpetu—. ¿Qué tal fue la patrulla?

—Tranquila —contesta Izuku, con la boca llena. Katsuki apura su taza de café, mirándolo por encima de ella con una expresión inquisitiva. Izuku tarda un par de segundos en comprender que sólo ha contestado a una de sus preguntas—. Iida me pidió que cubriese hoy la charla de uno de los institutos. Por lo visto, el encargado de impartir la de hoy está indispuesto tras un encontronazo con un Don infantil descontrolado y se lo pidió primero a Shinsou porque sabía que era mi cumpleaños, pero este tampoco podía y… —El rostro de Katsuki se ha ido ensombreciendo mientras habla.

—Es tu cumpleaños.

Izuku se sonroja. Es cierto que ambos han cuadrado sus horarios para poder disponer del día libre, igual que hicieron en el cumpleaños de Katsuki, pero no ha sido algo planificado y tampoco le ha dado más importancia. Iida le ha pedido ayuda la noche anterior, enviándole un correo electrónico urgente. Al ser la última charla que hacen este trimestre, pues dan las vacaciones al alumnado esa misma semana, no había tiempo de aplazarla unos días y esperar a la reincorporación del responsable de ella, así que Izuku había accedido a sustituirlo.

—Sólo son unas horas, terminaré antes de la hora de almorzar —explica. Por eso se ha levantado temprano, tiene la intención de colaborar con Katsuki para limpiar el apartamento antes de marcharse. No quería levantarse justo antes de marcharse, porque aprovechan los días que ambos tienen libres para hacer limpieza general. Además, Katsuki ya se había levantado, no quería quedarse solo en el futón vacío.

—¿Te lo pidió ayer? —Izuku asiente en silencio. Un destello de ira ilumina las pupilas rojizas de Katsuki—. ¡La madre que lo parió! ¡Voy a matarlo!

—¿Kacchan? —pregunta Izuku, un poco asustado por su reacción. Katsuki es perfectamente capaz de telefonear a Iida y mandarlo a la mierda.

—¡Es un imbécil estirado!

—Kacchan, no pasa nada —dice Izuku, tratando de suavizar la conversación—. Lo siento, no… pensaba que no teníamos planes. Quiero decir, ya sé que es mi cumpleaños y todo eso, pero sólo serán unas pocas horas y parecía apurado por encontrar a alguien que… —Enmudece, recordando de repente. que en la mañana del cumpleaños de Katsuki, este no había madrugado, dormitando un rato más al lado de Izuku, hasta que este se había despertado e, inspirado por una fantasía planteada la noche anterior, había reptado por debajo de las sábanas para introducirse la erección matutina de Katsuki en la boca y hacer que este se despejase del todo corriéndose en la calidez de su boca.

«Pero Kacchan ya se había levantado cuando yo me he despertado», piensa, descartando que ese sea el origen del malhumor de Katsuki al enterarse de que va a tener que ausentarse unas horas.

—No importa —interrumpe Katsuki, descartando sus disculpas.

Abrazando con las manos la taza de café, Izuku la apura, observando a su novio, que mastica los últimos restos de su desayuno. Cuando traga, su rostro tiene un rictus menos malhumorado y más conciliador.

El pelo rubio, despeinado en todas direcciones, se le pega en la nuca. Las mañanas son frescas, pero el verano está siendo tan caluroso como el del año anterior y que los mechones de la parte de atrás del cabello de Katsuki ya estén húmedos significa que va a ser un día de altas temperaturas. En los siete meses que llevan viviendo juntos, Izuku ha aprendido a leer el tiempo exterior en Katsuki con la habilidad de un meteorólogo.

Le encanta que Katsuki se mueva prácticamente desnudo por la casa. Fue algo que vivió por primera vez tras el festival de tanabata de Hiratsuka. Las gotas de sudor deslizándose por su piel, indicando que al calor todavía le quedan varias horas para arreciar, habían hecho que Izuku fuese incapaz de separar la boca del cuerpo de Katsuki durante las noches, cada vez más frecuentes, que pasaba con él en el apartamento, antes de mudarse. Una desnudez que provocaba tantos buenos polvos, en cualquier lugar de la casa, que echó de menos en otoño, cuando los días comenzaron a ser más cortos. Katsuki enseguida acusa el cambio de temperatura y, aunque sigue utilizando la versión veraniega de su traje de héroe profesional, en casa hacen su aparición calcetines y camisetas, buscando preservar la temperatura corporal a base de cubrir más piel.

En invierno, el grosor de las prendas de ropa aumenta. la enorme manta que ahora reposa al fondo de uno de los armarios no abandona el sofá desde marca el inicio de la temporada fría hasta bien entrada la primavera. Se mudaron al nuevo piso poco después de año nuevo, más lejos de Dynamight que el anterior apartamento de Katsuki, pero más cerca de la Comisión de Héroes, para facilitar a Izuku sus desplazamientos hasta allí, pues este sigue sin trabajar a tiempo completo en la agencia, complementándolo con su labor profesional como embajador de la Igualdad de Oportunidad de Dones para la Población Juvenil e Infantil, un rimbombante título idea de Iida. Durante los primeros y helados meses del año, había aprendido que el suelo radiante y la manta del sofá eran los mejores amigos de Katsuki durante la estación invernal. Los polvos llenos de jadeos y sudor se habían convertido en juguetones escarceos cobijados por la manta, menos fogosos y más tranquilos, pero igualmente deliciosos.

Durante los últimos meses de primavera el proceso se invierte y la ropa va desapareciendo del cuerpo de Katsuki al acercarse julio. La manta regresa al armario tras pasar por la lavandería y la piel de Katsuki queda de nuevo al alcance de los dedos de Izuku. Como ahora, que Katsuki sólo lleva puestos unos calzoncillos ajustados que no dejan nada a la imaginación mientras coloca los enseres sucios en el lavavajillas.

Mordiéndose el piercing del labio, un tanto excitado, Izuku se une a él, levantándose a abrir las ventanas y aspirar el suelo. El frescor matinal hace que Izuku se estremezca. El duerme en calzoncillos y con una enorme camiseta de Katsuki. Este, en cambio, hace su parte de las tareas sin vestirse, todavía en calzoncillos. Los acompaña el ruido de la ciudad, y el resto del edificio, poniéndose en marcha.

Le encanta la rutina de los días libres. No hay mucho que limpiar, pero para Izuku es parte de sentir el piso un hogar. Al principio, volver a él en lugar de a casa de su madre o el apartamento de Katsuki le causaba un sentimiento extraño. En una ocasión se sorprendió al abrir la puerta de la casa de su madre, que agradeció la inesperada visita tras aclarar el cómico despiste, pues había salido de trabajar distraído, pensando en sus cosas, y sus pasos le habían guiado hasta allí sin pensar. Ahora, en cambio, está en casa. La rutina de despertarse al lado de Katsuki todas las mañanas, repartirse las tareas domésticas, ayudar con las del otro al terminar las propias, sentarse juntos a jugar videojuegos o ver películas, follar en la ducha antes de ir a trabajar… Ambos han alcanzando un nuevo nivel de complicidad. No solo en la convivencia, también en el sexo, el trabajo, las aficiones… Se compenetran fácilmente y el carácter habitualmente irascible de Katsuki se suaviza en presencia de Izuku, dulcificándose.

—Yo limpiaré el baño después —dice Katsuki cuando Izuku está guardando el aspirador. Se sobresalta, porque no sabe cuánto tiempo lleva apoyado en el quicio de la puerta, observándolo con los ojos entrecerrados y una sonrisa amenazadora en los labios. Izuku frunce el ceño, porque el trato es que Katsuki se encarga de cocinar y él mantiene limpio el cuarto de baño y no quiere que su compromiso improvisado con Iida cargue de más trabajo a su novio.

—Todavía tengo…

—He dicho que yo lo haré luego —insiste Katsuki, acercándose a él. Izuku reconoce en sus pupilas dilatadas un deseo excitado reflejo del suyo propio—. Nos volvemos al futón, nerd —dice, alzándolo en vilo y cargándolo con brusquedad sobre el hombro.

Con un chillido, Izuku protesta entre carcajadas, fingiendo golpear la espalda de Katsuki. este le deja caer encima del futón, todavía sin recoger. Izuku no tiene tiempo de incorporarse, porque el cuerpo de Katsuki lo cubre y lo besa en el cuello con tanta fuerza que Izuku está seguro de que va a dejar marca, pero le da igual.

—Kacchan… —murmura, suplicante.

—Contaba con que no te despertarías hasta una hora más tarde, nerd. Pensaba prepararte el desayuno y llevártelo al futón. —«¡Por eso Kacchan no estaba en el futón!»—. Es tu cumpleaños y yo quería haberlo celebrado antes de levantarnos y quizá devolverte el favor que me hiciste en el mío —dice Katsuki en su oído, con una voz ronca de deseo que va directamente a la polla de Izuku.

—Lo siento —dice Izuku, al comprender que madrugar ha trastocado los planes de Katsuki.

—Sólo cállate, nerd, y déjate hacer. —Los dedos de Katsuki buscan el borde de la camiseta. Tira de ella hacia arriba, obligándolo a levantar los brazos y le arranca sin miramientos el pantalón corto.

Izuku gime, cerrando los ojos y moviendo la cabeza hacia atrás, excitado y ansioso por las impacientes y algo rudas caricias de los ásperos dedos de Katsuki en su piel, que pronto son sustituidos por sus dientes. Katsuki recorre con ellos las pecas de las mejillas de Izuku, bajan por el piercing de su labio y se hincan con fuerza en su cuello, succionando hasta dejar marca.

—Kacchan…

—Te pones el protector —dice este, refiriéndose al objeto de soporte de su traje de héroe profesional que usa en el cuello, diseñado por Mina y luego fabricado por él, que protege su cuello y mandíbulas si se produce una pelea.

Izuku abre los ojos y mira hacia abajo. los besos apremiantes de Katsuki descienden por sus pezones, tirando con los dientes gentilmente de los piercings de ambos. El derecho ahora es una diminuta barra que lo atraviesa de lado a lado, a juego con el del pezón izquierdo. Se lo hizo la noche que salieron a celebrar con sus amigos, que habían colaborado para hacerla más llevadera, la mudanza al nuevo piso. Katsuki se recrea en ellos durante unos segundos, utilizando los dientes en el izquierdo y pellizcando el derecho, complacido con los gemidos que extrae de Izuku, que mueve las caderas, suplicando silenciosamente por más.

Enreda los dedos en el cabello alborotado de Katsuki, despejándole la frente. Este deja de morderle el pezón el tiempo suficiente para sujetarle la muñeca de la mano izquierda, la artificial, y depositar un beso, mucho más gentil que todos los que ha ido regando por su piel, en la palma. La sensación es muy diferente a la que nota en su propia piel, más metálica, pero electrizante igualmente. Sobre todo, percibe los labios de Katsuki cuando lo besa, ardientes.

Los dientes de Katsuki siguen buscando nuevos trozos de piel sin marcar y más pecas que besar con los labios. Sus manos descienden por las caderas de Izuku hasta acariciar su pene. Se sirve de las pequeñas gotas de líquido que coronan el glande para lubricarlo y acariciarlo con las ásperas yemas de los dedos. A Izuku, que se retuerce bajo la mano de Katsuki, buscando incrementar el contacto, le encanta lo tosco de la caricia.

—¿Impaciente, nerd? —susurra Katsuki, sin dejar de masturbarlo.

—Un poco —admite Izuku con desparpajo, sonrojándose.

Le encanta el tacto de las manos de Katsuki. Al contrario que las suyas, una suave y pulida y la otra con un tacto más habituado al trabajo de precisión y a estar protegida por guantes, las manos de Katsuki están repletas de callos por el ejercicio, las explosiones y el roce continuo de los guanteletes de las granadas con su sudor. Por delicado que intente ser, y lo es, las caricias de Katsuki siempre son bruscas, toscas y enérgicas.

Justo como es él.

La boca de Katsuki llega por fin a la polla de Izuku, que se muerde el nudillo de la mano derecha para no gritar. Entierra los dedos de la otra mano en el cabello de Katsuki, tirando con fuerza de su pelo cuando este se introduce el glande en la boca, rozándolo ligeramente los dientes, y succiona con fuerza. Katsuki adopta un ritmo es apresurado, buscando certeramente los puntos más erógenos de su polla con la lengua. Izuku alza las caderas, gimiendo cada vez más y más alto.

—Así me gusta, nerd —susurra Katsuki cuando adivina que está cerca de correrse, dejando de chupársela y masturbándole con rapidez y firmeza.

Izuku se bebe a su novio con la mirada, perdiéndose en la sonrisa descarada y los ojos rojos de Katsuki, que no deja de masturbarlo ni siquiera al avisarle de que no puede resistir más. El semen de Izuku salpica la parte baja de su abdomen cuando se corre, y luego se derrama sobre los dedos de Katsuki y por su polla hasta llegar al vello púbico.

—Kacchan… Tú…

—No he terminado todavía. —Katsuki recoge el semen del abdomen de Izuku y lo frota con las yemas de los dedos, jugando con él. Izuku está a punto de reprenderlo, avergonzado y deseoso a partes iguales, suponiendo que ahora quiere que le lama los dedos, pero Katsuki lo mira con una sonrisa feroz y determinada—. Abre las piernas para mí, Deku.

Abre más las piernas, que ya tenía a ambos lados del cuerpo de Katsuki y las levanta, sujetándose la planta de los pies con las manos para aguantar la posición y exponer incondicionalmente el culo para su novio. Katsuki retándolo con la mirada a negarse, se lleva los dedos manchados de semen a los labios, rozándolos apenas con la punta de la lengua. Después, muy despacio para asegurarse de que Izuku no se pierde ningún detalle, los baja hasta su culo y este siente el líquido viscoso y tibio extenderse por la parte exterior de su ano.

—¡Kacchan! —Izuku pretendía que fuese un reproche escandalizado, pero el tono ahogado que se le ha escapado ha sonado a súplica.

Katsuki se ríe, complacido por su reacción, y busca con los dedos los restos de semen que han quedado en el vello púbico, en el abdomen y a lo largo del pene, recolectando lo máximo posible. Gracias a la lubricación que este le proporciona, enseguida dos de sus dedos están entrando y saliendo del culo de Izuku, que gime, tirando de sus pies para alzar las piernas todo lo posible, rogando por más.

—Por favor… Ya… Kacchan…

—Tú lo has querido —dice Katsuki con un tono amenazador que va directo a la médula espinal de Izuku y a su abdomen, que se contrae placenteramente, anunciando una nueva erección.

Afianzándose sobre las rodillas, Katsuki se saca la polla del calzoncillo y se masturba durante unos segundos con ayuda de un poco de saliva para ayudar a la escasa lubricación de la corrida de Izuku. Este le apremia con otro gemido. Sabe que sólo ha usado dos dedos y que no es suficiente, dado el tamaño de Katsuki, pero le da igual. Desde el día un año atrás, que follaron en el onsen, Izuku ha manifestado su predilección por los polvos intensos, con la cantidad justa y necesaria de lubricante. Este nuevo gusto, además, había rescatado un recuerdo más lejano, de Katsuki follándoselo con rudeza a petición suya, en uno de los mejores polvos que han compartido. Así que ahora contra el esfínter voluntariamente, cerciorándose de que Katsuki lo vea, notando el culo húmedo, y viscoso. El semen se seca con rapidez, así que lo urge con un mohín de súplica.

Katsuki sabe perfectamente qué desea y no duda en dárselo. Lo penetra con una embestida lenta, pero constante, abriéndose paso hasta el fondo del culo de Izuku, que suspira, extasiado por el placer. La postura de Izuku lo expone tanto, que el vello púbico de Katsuki le hace cosquillas en los testículos, que reposan contra su cuerpo. Embargado por la sensación de tener la polla de su novio completamente en su interior, Izuku deja caer las manos en su vientre. Va a rodear la cintura de Katsuki con las piernas, aunque eso implique una penetración menos profunda, pero este no se lo permite. Sujeta la planta de sus pies con las manos, húmedas por el sudor que revienta en minúsculas y agradables explosiones sobre la sensible piel de Izuku, y entrelaza con firmeza los dedos con los de sus pies.

Le abre más las piernas, sin soltar sus pies, y empieza a embestirlo con estocadas fuertes y firmes, sin darle tiempo a acostumbrarse a la invasión. Sale apenas de su culo, lo justo para volver a introducirse hasta el fondo. Izuku curva los dedos de sus pies, sollozando de placer, y Katsuki le besa el tobillo derecho antes de volver a entrelazar sus dedos con los de él, con fuerza. En menos de un minuto, Izuku jadea y gime, deshecho de placer por las explosiones involuntarias de Katsuki en las plantas de sus pies, su dedo pulgar acariciándole el dedo grueso y su polla follándole sin parar.

Está a punto de correrse. Sólo necesitaría bajar las manos, que tiene en el abdomen, para masturbarse uno o dos segundos y precipitar el orgasmo que está cerca de culminar. «Todavía no».

—¡Más! —pide en voz alta a Katsuki, articulando a duras penas las palabras entre jadeos suplicantes—. ¡Más fuerte, Kacchan!

—Das demasiadas órdenes —gruñe Katsuki, que aún así mueve las caderas con más fuerza.

Es suficiente para que Izuku se corra de nuevo. Con un gemido que es casi un aullido, aprieta el culo con fuerza alrededor de la polla de Katsuki, que no deja de follarlo ni le permite tomarse un respiro mientras el semen de Izuku, menos denso que el de unos minutos antes, cae sobre el dorso de sus manos.

Inmerso en una nube de relajado placer, todavía con Katsuki follándolo, Izuku mira embelesado los ojos rojos de Katsuki. Le encanta observar su expresión concentrada, intentando no correrse todavía, durar más tiempo, incluso aunque Izuku ya haya alcanzado su orgasmo. Aunque su culo sensible todavía le manda señales de desvaído placer, que Izuku disfruta tanto o más que el orgasmo en sí, los últimos retazos de este se desvanecen y le permiten recordar qué estaba buscando, por qué ha preferido dejar las manos en su abdomen en lugar de masturbarse.

Lo descubrió por primera vez hace unas semanas. Katsuki se la había chupado, de un modo similar al de hoy, hasta que Izuku se había corrido en su boca. Después, con este desmadejado de placer encima del futón, laxo, había decidido follárselo moviéndolo lo menos posible. Levantando las caderas de Izuku, se había arrodillado debajo de ellas, penetrándolo desde ahí. Había sido una postura intensa para Katsuki. Izuku tenía los pies y los hombros sobre el futón, con el cuerpo arqueado hacia arriba, y las embestidas de este se veían reverberadas por el movimiento inerte del cuerpo de Izuku en respuesta a ellas. O no tan inerte, porque Izuku había tanteado con los dedos, buscando su polla para estimularla y conseguir una nueva erección mientras Katsuki lo follaba. La postura hacía que, precisamente, fuesen las caderas de Izuku el punto más alto del arco que formaba su cuerpo y cuando su mano había rozando el lado izquierdo de su pubis, había abierto súbitamente los ojos de par en par.

«¿Qué ocurre?». Al ver su expresión de incredulidad, Katsuki se había detenido al instante, todavía con su polla dentro de él.

Izuku había guiado una de las manos de Katsuki, que tenía sujetándole las caderas, para ponerla justo encima del lugar donde había notado la sensación.

«Muévete». Una leve presión, prácticamente imperceptible, podía notarse bajo la mano cuando Katsuki se movía hacia adelante, penetrando lo más posible a Izuku. «Debí haber imaginado que esto era posible», se había reído Izuku, suponiendo que su natural delgadez y el tamaño del pene de Katsuki, junto con la postura, permitían poder percibir la polla de este mientras lo folla.

Embebido de curiosidad por la sensación, Izuku no se había vuelto a correr ese día. Katsuki había tratado de aguantar lo más posible, follándolo mientras Izuku se acariciaba el pubis, tratando de adivinar dónde podría notar la leve presión en la siguiente embestida, hasta que no pudo contenerse más.

Ahora lo nota también. O eso cree, porque la postura no permite acentuar el efecto y la leve presión bajo la piel no se siente en todas las embestidas, además de percibirse mucho más apagadas, pero le gusta igualmente. Katsuki suda profusamente, con regueros deslizándose por sus sienes, mejillas, cuello y pecho. Sus dedos se aprietan más sobre los pies de Izuku, un mudo aviso de que está cerca de alcanzar el orgasmo. Sin dejar de mirarlo, Izuku sonríe, mordiéndose intencionadamente piercing del labio. Las pupilas de Katsuki se dilatan y acelera el ritmo más el ritmo, ya demencial, con el que se lo folla.

Izuku se relaja sobre el futón, entregándose totalmente a él, encantado de que Katsuki se sienta tan libre de disponer de su cuerpo a placer. El sexo con él siempre ha sido generoso: desde el primer día se ha preocupado de que Izuku alcance su placer antes que él, incluso varias veces, dado que el periodo refractario de Izuku es menor al suyo, pero luego sentía la obligación de terminar inmediatamente después o de coordinar su orgasmo con uno de los de Izuku. Ahora, en cambio, Katsuki, que sabe que una vez eyacule tardará varias horas en estar listo para el siguiente asalto, ha permitido que Izuku lo convenza de relajarse cuando follan y alargar el placer previo al orgasmo todo el tiempo que desee, utilizando la boca o el culo de Izuku para correrse una vez este ha culminado el placer de su primer orgasmo, indiferentemente de si va a ser capaz de experimentar una nueva erección ese día o no.

A pesar de su aparente relajación externa, Izuku aprieta el esfínter con fuerza, tratando de ofrecer oposición a las estocadas de Katsuki. Este gime con un sonido gutural y cierra los ojos, encantado por la sensación. Las embestidas de sus caderas se vuelven caóticas cuando por fin llega al orgasmo. Izuku no pierde detalle de la forma en la que se contrae su rostro, su abdomen, sus dedos, cuando se corre dentro de su culo con intensidad, empujándose profundamente en su interior, hasta que se detiene, exhausto y cubierto de sudor.

Jadeando, Katsuki abre los ojos y esboza una sonrisa satisfecha dirigida a Izuku, que se la devuelve. Luego se inclina hacia adelante, sin soltar sus pies ni salir de su interior, para darle un beso en los labios.

—Joder, sí —murmura, con un suspiro satisfecho.

Suelta los pies de Izuku, que caen a ambos lados de su cuerpo, y se derrumba suavemente sobre él, cubriéndolo con su cuerpo, húmedo por el sudor del esfuerzo y el calor. Izuku lo abraza, acariciándole la espalda con movimientos largos, inspirando profundamente para deleitarse en el olor de Katsuki, que le encanta. Este esconde el rostro en el hueco del hombro de Izuku, que entierra la nariz en su cabello empapado de sudor, y le lame la sien, recogiendo una gota salada y solitaria en la lengua.

—Eres inagotable, nerd. —Es una queja fingida e Izuku lo sabe. A Katsuki le encanta que haga esto y a él le encanta hacerlo. Lamerle el sudor del cuello, el pecho, las axilas, el escroto e incluso el de la planta de los pies. Lo hace a menudo, la última vez hace dos noches, en plena ola de calor, pero ahora no busca excitarse de nuevo, está dulcemente agotado por el segundo orgasmo.

—Te quiero —susurra Izuku. Katsuki gruñe, desabrido. no es dado a decirle palabras románticas todo el tiempo, porque su forma de expresar cariño es más práctica e Izuku cada vez sabe leerla mejor, pero lo hace cuando intuye que las necesita.

O, aunque Izuku no le ha revelado que lo sabe, cuando cree que no lo escucha o está dormido.

Se quedan varios minutos abrazados, con la fresca brisa matinal que recorre la casa gracias a las ventanas abiertas secándoles y enfriándoles la piel. Con pesar, Izuku comprueba en el reloj despertador que es hora de salir en dirección al instituto donde tiene la charla a la que se ha comprometido con Iida si quiere llegar puntual.

—Tengo que marcharme —dice con voz pesarosa. Katsuki no se mueve. Izuku se rinde, aunque lo lamentará cuando deba disculparse por el retraso, y se relaja sobre el futón sin dejar de acariciar la espalda de Katsuki, pero este no tiene intención de entretenerlo, porque se incorpora unos segundos después.

—No sin ducharte primero.

—No me da tiempo —niega Izuku, pero Katsuki, que le tiende la mano para ayudarle a levantarse, no lo escucha.

—No vas a ir a un aula repleta de adolescentes hormonales oliendo a sexo y pareciendo que acaban de follarte, aunque sea exactamente lo que ha ocurrido, nerd. —Izuku se ríe, dibujando la imagen mental en su cabeza—. A la ducha.

—Si no llego al tren de…

—Recuerdas que tenemos moto, ¿no? —Izuku se encoge de hombros, porque no ha querido pedírsela para esto, ya que es un compromiso laboral y responsabilidad suya—. Vamos a ducharnos y luego yo mismo te llevaré en la moto. Te aseguro que llegarás a tiempo.

—Si no tengo que ir hasta la estación, y me ahorro el tiempo de espera del…

—¡A la ducha! —ordena Katsuki, interrumpiendo la retahíla de Izuku antes incluso de que comience. Con una carcajada, este se deja empujar en dirección al cuarto de baño.

—¡De acuerdo, de acuerdo!

Katsuki se mete en la ducha con él. Bañarse juntos es algo que les encanta, especialmente a su novio, que adora limpiarle con la esponja y frotar su piel hasta que enrojece y queda pulcramente limpia. Y a Izuku le gusta sentirse cuidado. Es excitante, además, cuando los días como hoy, que se duchan después del sexo, Katsuki borra los rastros de semen de su cuerpo con el jabón y el agua, limpia cuidadosamente su polla, casi con devoción, e introduce uno de sus dedos en el ano de Izuku para empujar fuera los restos de semen y que no salgan en un momento menos oportuno al cabo de un rato.

Es excitante. Tanto, que algunos días, si el cuerpo de Izuku está receptivo para un nuevo asalto, Katsuki lo masturba, se la chupa o le lame el culo hasta que vuelve a alcanzar el orgasmo. Hoy, dado que el tiempo apremia, no lo hace, pero sí se recrea en limpiarlo y le besa la parte baja de la espalda mientras mete y saca delicadamente su dedo del culo de Izuku, que suspira, henchido del íntimo placer que eso, por nimio que sea, le produce.

—Sécate bien y vístete, yo voy a ir a por la moto —le dice, no obstante, cuando terminan de ducharse, probablemente porque no hay tiempo de terminar ese particular ritual de cubrirlo con la toalla y frotarle la piel hasta que queda seca—. Te espero abajo.

Izuku asiente, de acuerdo y Katsuki abandona la habitación, vestido ya. Sacando el maletín donde guarda su traje de héroe, tranquilo al saber que gracias a que Katsuki le lleve tiene tiempo suficiente, procede a vestirse con él.

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La cara de sorpresa de Izuku cuando ha salido del portal del edificio donde viven y se ha encontrado a Katsuki montado encima de la moto y vestido con el traje de Dynamight, es una que Katsuki va a recordarle durante unas cuantas semanas.

Lo cierto es que llevaba un tiempo con el secreto deseo de ver una de las charlas de Izuku y saber cómo funcionaba el programa que coordina Iida. Sobre todo, porque a Izuku le entusiasman tanto que, los días que tiene una programada, parlotea todo el día sobre ella, lo que han hablado, la actitud de les chiques que han asistido a ella y cualquier tipo de anécdota que pueda ser susceptible de ser contada.

Un par de semanas atrás, la casualidad había querido que el aula en el que Izuku debía dar una de las charlas era la de la clase de Katsuma Shimano, el niño que Izuku había defendido de Spinner. Katsuki, no por primera vez, pero sí la más intensa, se había sentido frustrado de no haber estado allí. Él había sido quien había conseguido encontrar a su familia y reunirlo con ella y le habría gustado verlo, averiguar por sí mismo el impacto en su vida de Izuku, que es una llama que prende en el corazón de la gente, ahora que ha pasado el tiempo. El emocionado e incansable monólogo de Izuku, entusiasmado por la alegría del niño, le había informado detalladamente de los sueños de este de ser un héroe como Deku, de la forma en la que había corrido hacia las aulas de los cursos superiores para arrastrar a su hermana Mahoro, mayor que él, hasta donde Izuku estaba y así poder presentársela, de su fervorosa participación en la charla, del brillo de admiración en sus ojos y de su orgullo cuando sus compañeros se habían enterado de que Deku había sido el héroe que lo había salvado… Y de las tres veces que, nervioso, había preguntado por Dynamight, emocionado al enterarse que Deku y él eran amigos.

«Quiero asistir a la siguiente charla», había estado a punto de decir, pero había guardado silencio, permitiendo que Izuku hablase sin parar de Katsuma y del prudente recelo de su hermana Mahoro al conocerlo.

Al final, no ha necesitado hacerlo, pues tener uno de sus trajes de héroe a mano en el cuarto trastero que hay en el garaje donde guarda la moto y el fastidioso compromiso de Izuku con Iida le han proporcionado el momento perfecto para llevarlo a cabo. Además, quería asistir a una con Izuku, no con cualquier otra persona. Sabe que hay algún héroe más que las imparte, como Yaomomo, Togata o Shinsou, pero ni él ni Shouto habían accedido a ello. Amajiki sí, a regañadientes, arrastrado por Togata, incombustible e indiferente a la timidez crónica de su novio.

Se ha limitado, eso sí, a quedarse en un rincón del aula, fingiendo una sonrisa desdeñosa cada vez que alguno de los chicos y chicas le dirige una mirada de soslayo, sin interferir en la charla de Izuku. Tiene la sensación de que él es la razón por la que Izuku está tan nervioso. A pesar de que lleva todo el curso impartiendo esas charlas en diferentes centros escolares y ya tiene experiencia, le dirige las mismas miradas de reojo que los alumnos, ruborizado y tartamudeando cuando lo hace. Katsuki, apoyado en la mesa del profesor con los brazos cruzados, ignorando deliberadamente el resto de miradas, pone los ojos en blanco cuando ocurre, resistiendo la tentación de burlarse de él.

—Todo el mundo tiene un camino. No todos podemos elegir, desgraciadamente, por eso creo que es importante que desde las instituciones se trate a todo el mundo por igual y se brinden las mismas oportunidades y estamos trabajando en que la libertad de elección sea cada vez más un derecho garantizado —está diciendo en ese momento, imprimiendo contundencia a sus palabras. Habla deprisa, señal de que está entusiasmado y cree en lo que dice.

—¿Eso quiere decir que cualquiera de nosotros podrá entrar en una academia de héroes? —pregunta una alumna, con evidente escepticismo. Katsuki ladea la cabeza mientras la mira y se pregunta qué Don tiene o si es alguien que ha nacido sin él, como Izuku. La chica tiene redaños al hablar y eso es algo que le gusta, ha estado poniendo a Izuku contra las cuerdas durante toda la charla, aunque este ha solventado todas las intervenciones con soltura.

—No —responde Izuku con una sonrisa radiante que contrarresta la negativa—. Estoy diciendo que cualquiera de vosotres debería poder optar a entrar en una academia de héroes en igualdad con el resto. El Don, o no tenerlo, ya no será un motivo de descarte automático en la solicitud de acceso. Ni siquiera será una parte de ella, nadie tendrá que declarar su Don para solicitar ser examinado en las pruebas de acceso.

—¿A usted lo rechazaron? —En la clase se hace un silencio ominoso, porque la chica ha preguntado con tono insolente, y todos la miran, conmocionados. Sin embargo, Katsuki sonríe y, cuando la chavala mira en su dirección, asiente a modo de aprobación para espolearla a seguir cuestionándose cualquier cosa, por mucho que provenga de un héroe profesional.

—Sí —admite Izuku con sencillez, sentándose en el borde de la mesa. Todavía sonríe, sin pizca de preocupación o síntoma de sentirse incómodo—. Hasta en tres ocasiones. Todas por la misma razón: no tenía Don. Entre el primer rechazo y el segundo entré en la especialidad de soporte, pero tuve que interponer una solicitud especial argumentando que no precisaba de Don para ello. En aquel momento, era una anomalía, nadie antes lo había hecho y no había una razón clara que excusase mi rechazo y eso facilitó mi entrada, pero eso no debería funcionar así.

Katsuki presta atención, curioso por cómo maneja Izuku su información personal con franqueza y, al mismo tiempo, sin perder el foco. Este sigue hablándoles a los chicos y chicas de su experiencia personal y a Katsuki le gusta que no les adorne la profesión, ni el dolor ni lo que ha pasado para llegar a donde está ahora mismo. Aunque habla para toda la clase, se fija a menudo en la chica que ha estado preguntando todo el tiempo, como si quisiera animarla a no rendirse, convencerla personalmente.

—Vale, no pones que no tienes Don en la solicitud. —La chica vuelve a la carga. Izuku ensancha la sonrisa y Katsuki se pregunta por qué no está exasperado. Él lo estaría, si estuviese en su lugar. Únicamente está disfrutando porque es un mero espectador y le pone ver a Izuku responder con tanta agilidad—. ¿De qué sirve? No hay competencia justa, las pruebas de acceso seguirán siendo un impedimento, aunque nos permitan llegar a ellas. Lo llamarán igualdad, pero en realidad sólo es dejar que la gente se estrelle contra una pared infranqueable.

«No tiene Don», piensa Katsuki, entrecerrando los ojos y fijándose más detenidamente en la chica e intentando recordar las interacciones con el resto de sus compañeros en busca de pistas que delaten un comportamiento similar al que Izuku sufrió durante sus años de secundaria.

—El sistema de calificación y acceso a las academias de héroes está obsoleto, es cierto —dice Izuku, sencillamente. Un murmullo de sorpresa por la franqueza se extiende por el aula. Katsuki se pregunta cuántas veces habrá repetido Izuku esa frase con el mismo resultado, porque es obvio que espera ese efecto, ya que aguarda a que la clase vuelva a prestar atención antes de seguir hablando—. Habrá un proceso de transición, por supuesto. No sé cómo, así que no puedo decíroslo, pero sí que hay una cosa clara. Había gente válida con Don que se estaba quedando fuera por los absurdos criterios del examen práctico, como MindJack, así que el problema era mayor del que parecía. Una sociedad que sólo se basa en clasificar a las personas según un determinado talento de dichas personas está abocada a dejar gente atrás y eso no es algo que…

Katsuki deja de escuchar, observando la reacción de la chica que ha preguntado. Ella ya no mira a Izuku y está concentrada escuchándole, pero tiene la vista clavada en su pupitre, las manos escondidas debajo de la tabla de la mesa y, no por primera vez desde que conoció la verdad sobre Izuku, Katsuki se enfrenta a lo privilegiado que ha sido, lo fácil que lo ha tenido. A la cantidad de gente que ha agachado la cabeza a su alrededor mientras él alzaba la barbilla, orgulloso de tener lo que la sociedad premiaba, sin más mérito que ese. Fue una de las razones por las cuales se negó a dar las charlas: se habría sentido demasiado hipócrita.

Siente el impulso de hablar, de decirle a la chica que levante la barbilla, orgullosa, que diga qué necesita y aleccionar al resto del entorno a que se apoyen unos a otros en sus respectivos objetivos. De explicarles que él no lo hizo en su momento y que ahora le pesa no haberlo hecho. Que determinaciones como la suya y mentes capaces de preguntar y cuestionar las cosas son necesarias en todos los sitios. No lo hace, porque Izuku está dirigiendo el curso de la charla con gran profesionalidad y no quiere interferir, pero reconsidera la idea de decirle al pomposo de Iida que está dispuesto a asistir a las charlas que Izuku tenga programadas en el periodo de invierno.

—Por eso, para equilibrar las oportunidades de todo el mundo — Izuku continúa hablando—, varias agencias van a ofrecer diversos cursos y formaciones de las que podréis aprovecharos en los periodos de descanso escolar todes les que estéis interesades. Además, reprimir aquellos Dones con estimas negativos no ha dado buenos resultados, todo el mundo debería tener derecho a desarrollar y controlar…

Eso ha sido idea de Izuku, Shinsou, Yaomomo e Iida. O, al menos, quienes la han desarrollado, pero el nuevo Ministerio de Héroes, Dones y Soporte la han abrazado como si fuese propia. Afortunadamente. Dynamight será una de las primeras agencias en desarrollar dichas formaciones. Sus objetivos son dar entrenamientos básicos a las personas, ayudarlas a gestionar sus Dones, potenciarlos, controlarlos. En definitiva, crear un entorno seguro donde estudiantes, niños y personas adultas puedan disponer de la oportunidad de familiarizarse con sus habilidades y Dones, explorar facetas y usos y establecer rutinas de entrenamiento o buscar alternativas en el caso de los chicos y chicas que no tengan Dones de nacimiento a través de objetos de apoyo que les ayuden a presentar sus pruebas de acceso si deciden ser héroes profesionales.

Al principio a Katsuki la idea de ser parte del proyecto piloto le ha hecho poca gracia, por positiva que considere la iniciativa. La faceta de héroe de soporte de Izuku, nombre que le han dado a los inventores como él o Hatsume que se están incorporando profesionalmente a las agencias para trabajar desde dentro en el desarrollo de sus objetos de apoyo, ya le resta mucho tiempo para patrullar y realizar trabajo de héroe profesional en la agencia, algo que Katsuki no quiere que deje de lado, pues sabe lo importante que es para él. Y, una vez la experiencia piloto en formación de población comience, probablemente se lleve otra porción del tiempo de Deku.

Sin embargo, viendo su rostro sonriente e ilusionado mientras contesta la pregunta de un chico que quiere saber más sobre cómo le permitirán entrenar y utilizar su Don incluso si no desea ser un héroe en el futuro, sabe que Izuku ha tomado la decisión correcta para sí mismo y que será capaz de compatibilizar las tres facetas que quiere desempeñar como héroe. Y, en la medida de lo posible, Katsuki piensa estar a su lado para facilitárselo.

—¿Alguna pregunta más? —dice Izuku. Katsuki mira disimuladamente el reloj y comprueba que apenas quedan un par de minutos antes de que suene el timbre que marca el final de la clase. Había creído que esas charlas eran aburridas, pero se le ha hecho incluso corta. Y, por el aspecto entusiasmado de los chicos y chicas, a ellos también.

Una chica levanta la mano. No es la misma que ha interrogado a Izuku y su actitud es muy diferente. Manosea compulsivamente la carpeta que tiene en las manos. Está forrada con imágenes de Dynamight y un par de Deku, repartidas por toda la superficie procedentes de noticias, cromos y reportajes fotográficos de revistas. Una compañera, sentada detrás, le chista con cierta complicidad para que se apresure a hablar, tan ruborizada como ella. Katsuki ata cabos justo cuando Izuku le cede el turno de palabra. La carpeta, el tartamudeo avergonzado de la chica y los sonrojos de la amiga que le ha chistado son suficientes pistas.

—¿Dynamight y usted…? —Izuku sonríe, ingenuo y un poco perplejo, cuando el resto de la clase estalla en una carcajada, anticipando la pregunta también—. ¿Son… pareja?

—¡Oh! —Izuku se queda pensativo unos segundos, mordiéndose el labio, y Katsuki tiene la seguridad plena de que, esta vez sí, está asistiendo a la primera vez que le hacen esa pregunta, espoleados por su propia presencia silenciosa en el aula.

El nombre de Deku ha adquirido cierta popularidad entre la población joven, desplazando en ese sector a Dynamight y Shouto, que eran quienes obtenían hasta ahora toda la admiración de los chicos y chicas adolescentes, así como los niños y niñas que buscan héroes que admirar y merchandising que comprar. La historia de cómo llegó a ser un héroe para que su madre no tuviera que ponerse en riesgo, el brazo que atestigua el sacrificio que pagó por ello, la simpatía natural de Izuku, el secreto a voces de que tras salvar al primer ministro en la guerra contra la Liga de Villanos varios de los cambios actuales son peticiones que este le ha concedido han hecho que se convierta rápidamente en una referencia para ellos y, por lo que puede observar Katsuki, también para el colectivo de personas LGBTIQ+.

—Dynamight y yo… —comienza a explicar Izuku después de intercambiar una rápida mirada con Katsuki—. Nos une una relación estrecha, pero cualquier cosa que concierne a ella es un asunto privado. —El timbre suena y la clase empieza a moverse ordenadamente para salir del aula, impacientes por comenzar sus vacaciones de verano, lo cual permite a Izuku suspirar de alivio.

—Salvado por la campana —dice Katsuki, sonriendo con sinceridad, mientras todos los chicos y chicas se despiden de Izuku con una educada reverencia antes de salir del aula—. Lo has hecho muy bien.

—Gracias.

Katsuki quiere preguntarle por qué no ha contestado a la última pregunta con sinceridad. No se le ha escapado que algunos chicos y chicas han levantado la cabeza por interés y tiene la sensación de que no todos lo han hecho por el mero cotilleo, porque había ilusión y esperanza en sus miradas. Pero la chica que ha estado bombardeando a Izuku con preguntas se ha acercado a ellos en lugar de salir del aula y espera respetuosamente a un metro de distancia. En las manos lleva una carpeta forrada de manera similar a la de su compañera, con recortes de Deku y Dynamight, pero pegados con mucha más maña. En dos de las imágenes incluso parecen besarse, por la forma en la que están pegados. Con letras grandes y brillantes, la palabra «DynaDeku» encabeza la carpeta. Katsuki pone los ojos en blanco, pero Izuku ya se ha vuelto hacia a ella y la invita a acercarse.

—Muchas gracias por la charla, héroe Deku —dice la chica, inclinándose educadamente hacia Izuku, abrazando con fuerza la carpeta.

—A ti por escuchar. Espero que te haya sido útil. —Izuku se sonroja, pero es patente que está acostumbrado a este tipo de interacciones después de las charlas.

—Hay quien dice que los héroes acabarán desapareciendo, que si nadie es un villano por cómo usa su Don y la policía aprende a hacer uso de los suyos, no harán falta. Pero yo no lo veo así. Creo que ya son parte de la identidad del país, de la sociedad. Y quiero que sepa que algún día llegaré a ser una heroína profesional. —En su voz hay un tono de desafío, pero también es respetuosa, y Katsuki comprende que el agradecimiento a Izuku por ser parte de su inspiración queda implícito en sus palabras—. —El programa de formación del que ha hablado…

Izuku se embarca en una explicación sobre que todavía es pronto, pero que para el periodo de descanso de Año Nuevo seguramente haya más información disponible y que estén listos para comenzar el siguiente curso escolar, pero Katsuki lo interrumpe al ver el entrecejo fruncido, con fastidio, de la chica.

—Ven a Dynamight, encontraremos algo para ti. —Izuku lo mira con sorpresa y, antes de que pueda decir nada, Katsuki sigue hablando—. Extraoficialmente. Como prueba piloto de la prueba piloto. —En realidad, le ha gustado mucho la actitud combativa de la chica y la fe de Izuku lo inspira a hacer cualquier tontería que este crea que puede ser positiva para el mundo.

—¿Mañana? —propone la chica inmediatamente, poco dispuesta a dejar escapar la oferta.

—El lunes de la semana que viene —dice Katsuki, previendo que necesitará tramitar permisos con Iida y Yaomomo y organizar la agencia, aunque sólo sea para tener a una persona. Y averiguar qué demonios tiene pensado Izuku hacer en los programas de formación.

—¡De acuerdo! —asiente la chica con el tono de quien cierra una intensa puja.

—Seguro que Deku es capaz de encontrar algún invento que pueda potenciar alguna habilidad para suplir tu falta de Don, y yo puedo encargarme de planificarte una rutina de entrenamiento físico —añade Katsuki, pensando en cómo eso les funcionó a ellos dos y esperando que el programa de formación incluya esas partes. Y si no, las hará incluir, le parecen necesarias. A su lado, Izuku asiente, mostrándose de acuerdo.

—En realidad, sí tengo Don —aclara la chica, haciendo que Katsuki levante las cejas, sorprendido. Había dado por hecho, por sus intervenciones, que no era así. La chica se da cuenta, porque, con un gesto desdeñoso, lo aclara—. Es mi padre el que no lo tiene. Aunque el mío es un poco inservible. Puedo… provocar un cosquilleo en otra persona si establezco contacto físico con ella —dice ante las miradas curiosas e interrogantes de Izuku y Katsuki.

—¿Inservible? —ladra Katsuki, entrecerrando los ojos. A pesar del exabrupto, la chica no se asusta y le sostiene la mirada—. Eso ya lo veremos —dice con tono amenazador, pensando en las posibilidades potenciales de un Don que haga cosquillas, lo molestas e incapacitantes que estas pueden llegar a ser a partir de cierto punto y en cómo se han usado como instrumento de tortura.

No hablan mucho más. La chica reitera su agradecimiento, Katsuki le recuerda la cita que han acordado y pocos minutos después ambos abandonan el instituto. Izuku sonríe todo el tiempo, feliz, y Katsuki está seguro de que desea comentar su inesperada oferta, pero no le da tiempo a ello, porque ya llegan tarde y Hatsume va a matarlo si no cumple con la parte que le han asignado, así que lo arrastra hasta la moto, estampándole el casco en el pecho para instarle a que se lo ponga y se monte lo más rápido posible.

—¿Kacchan? —pregunta Izuku, extrañado por su actitud brusca.

—Monta y calla —dice Katsuki.

—Pero…

—Que te montes —insiste Katsuki, haciendo lo mismo y arrancando la moto con un rugido que escandaliza a las personas que caminan por la acera.

Katsuki conduce hábilmente por las calles hasta llegar a la agencia Dynamight. Aparca a la puerta e, ignorando las insistentes preguntas de Izuku acerca de por qué están allí en lugar de haber regresado directos a casa, lo guía con gentiles empujones a través de los pasillos en dirección al gimnasio. La cara de desconcierto de Izuku se transforma en una de sorpresa al escuchar el ruido de voces y música provenientes de la estancia, que a esas horas suele estar vacía.

—¡Katsuki Bakugou! ¿Es que no te han enseñado a responder las llamadas? —La voz de Hatsume, que está esperando en la puerta con el teléfono móvil en la mano, resuena en el pasillo.

—Las culpas por llegar tarde a él —gruñe Katsuki, señalando con la barbilla a Izuku—. Aceptó sustituir a Iida en una charla y tuve que acompañarlo para asegurarme de traerlo.

—¿Traerme? —pregunta Izuku, comenzando a entender qué está ocurriendo.

—No pienso echarle la culpa al cumpleañero —dice Hatsume, ignorando la pregunta de Izuku para lanzarse a sus brazos y estrecharle en un fuerte abrazo—. ¡Feliz cumpleaños! Ven, vamos, todo el mundo está esperando dentro —añade echando una mirada acusadora a Katsuki que, riendo burlonamente entre dientes, sigue a Izuku, arrastrado por Hatsume, al interior del gimnasio, donde todos celebran la llegada del protagonista de la fiesta sorpresa.

Intercambia una última mirada con Izuku, que por fin ha comprendido por qué se encontraba molesto e impaciente al enterarse de que tenía una charla improvisada en el último momento, antes de que el resto de asistentes lo rodee para felicitarlo. La idea original era que fuesen los últimos en llegar, algo que han cumplido con creces.

Hatsume y Uraraka, artífices de la fiesta sorpresa, ya que él sólo se ha limitado a proporcionarles un lugar donde todos cupieran con facilidad, han montado una mesa con aperitivos y bebidas coronada por una enorme tarta cuadrada con la imagen del logotipo de Dynamight en la superficie, detalle que no duda en atribuir al retorcido sentido del humor de Hatsume. En un rincón, sobre una mesa improvisada y con un par de enormes altavoces, Sero está haciendo las labores de DJ junto con Kaminari, que parece estar disfrutando muchísimo por la forma de moverse mientras maneja el ordenador y los altavoces. Son los dos únicos que no se han acercado a Izuku, aunque la voz de Kaminari pronto rebota en las paredes del gimnasio, amplificada por un micrófono, para liderar un entusiasmado, y sorprendentemente afinado para asombro de Katsuki, cumpleaños feliz al que casi toda la sala se une.

Se nota que todo el mundo está hambriento por la rapidez con la que los aperitivos y bocadillos desaparecen de las bandejas cuando por fin se terminan las rondas de felicitaciones. La gente se distribuye alrededor de la mesa que han montado, una tabla sobre caballetes. Hay más de una veintena de personas. Hatsume y Uraraka han invitado a un montón de amigos y conocidos: compañeros de Deku de la agencia y el ministerio, Shinsou, Eijiro y Mina, Inko Midoriya, sus propios padres, Masaru y Mitsuki, avisados por él mismo, Togata y Amajiki… También distingue el cabello de dos colores de Shouto destacando por encima de las cabezas del resto, inclinándose levemente para conversar con Yaomomo por encima del ruido de la música.

Entre tanto jaleo, Katsuki pierde de vista a Izuku rápidamente, así que se acerca a sus padres, que están en un extremo de la mesa, escoge un bocadillo y lo acompaña con una botella de agua.

—Le han preparado una buena fiesta —dice Masaru, su padre, con una sonrisa, observando a su alrededor. Katsuki asiente, orgulloso de Izuku y de su capacidad para rodearse de amigos allí donde va. Lo ve unos metros más allá, charlando con Hatsume, Uraraka, Shinsou y Kaminari, que ha abandonado la mesa de mezclas para robar un par de sándwiches.

—Y tiene un montón de amigos. A ver si aprendes y te aplicas tú también. —Mitsuki acompaña el gesto con una colleja cariñosa que apenas alcanza a darle por su altura. Hace muchos años que Katsuki dejó atrás la estatura de su madre, lo cual le proporciona ciertas ventajas en estas situaciones.

—Yo también tengo muchos amigos —gruñe Katsuki sin demasiada fuerza, observando todavía a Izuku, que lo saluda con una sonrisa radiante cuando cruza la mirada con él. No está mintiendo. No hace muchos meses, una fiesta sorpresa para él habría constado de seis o siete personas, a lo sumo. Gracias a Izuku, ahora se relaciona con más personas y ha creado nuevos vínculos. Probablemente no estaría tan repleta como esta, pero sí bastante concurrida.

—La verdad es que es un buen chaval. Al principio, tenía mis dudas sobre que fueses adecuado para él y fuese capaz de lidiar con tu personalidad, pero…

—Mamá… —protesta Katsuki, aunque se ríe entre dientes, poco sorprendido de que su madre se ponga de parte de Izuku y cuestione su propia idoneidad como novio, pues nadie mejor que ella conoce su carácter explosivo. Además, Mitsuki nunca se ha cohibido en decirle lo que piensa. Es Masaru quien atenúa su carácter, y lo hace también ahora, murmurando algo conciliador.

«Igual que el nerd conmigo», piensa Katsuki, riéndose a carcajadas por la repentina revelación.

En realidad, sus padres aceptaron a Izuku con la misma facilidad con que Inko aceptó a Katsuki aquella noche en que se quedó a cuidar de Izuku. Mitsuki había fruncido un poco el ceño cuando lo había llevado a cenar uno de los fines de semana, presentándolo como su pareja, por lo joven que Izuku parecía vestido con una camisa formal, pero pronto había sabido ver, igual que había hecho él, al chico brillante y excepcional que se esconde detrás de la sonrisa y las pecas y su aire inocentemente dulce. Y, aunque no lo parezca por sus palabras, Katsuki sabe que su madre habría respetado su decisión de estar con cualquier persona, independientemente de su opinión, pero se siente mucho más tranquilo sabiendo que cuenta con la aprobación de sus padres, que siempre ha sido importante para él.

—Venid —dice secamente, señalando con la cabeza a Inko Midoriya, que permanece de pie con una sonrisa cortés, un poco desubicada con respecto al resto, igual que les pasa a sus padres—. Voy a presentaros a su madre.

Espera que a Izuku no le moleste que lo haga sin avisarle primero, pero le parece lo más adecuado para el momento, así los tres podrán ir conociéndose y la fiesta sorpresa se les hará más amena si charlan con alguien de su edad. Terminadas las presentaciones, con la excusa de ir a por otro bocadillo, se aleja de ellos, dejándolos en una animada conversación donde, si no ha entendido mal, tanto Mitsuki como Inko compiten por enorgullecerse de sus respectivos retoños mientras Masaru asiente con una sonrisa apacible.

Escoge un bollo dulce y lo mordisquea distraídamente mientras camina por el gimnasio. Saluda con un abrazo a Eijiro y permite que Mina le dé un beso en la mejilla. Después, los tres se reúnen con Shouto y Yaomomo, que charlan a un par de metros de distancia.

—Su Don le permitía convertir cualquier material en una especie de membrana, como una mucosa flexible, que sólo él podía atravesar —está contando Shouto. Katsuki pone los ojos en blanco al reconocer la anécdota: Un ladrón que, técnicamente, estaba en la zona asignada a la agencia Endeavour, pero que habían interceptado Izuku y él en una de sus guardias nocturnas—. El ladrón, que se ve acorralado, no tiene mejor idea que lanzar un puñetazo contra Katsu. Dudo que lo rozase, la verdad, pero no lo vi con claridad, porque yo estaba llegando justo en ese momento. —Katsuki pone una sonrisa amenazadora, y los saluda a ambos con un gesto de la cabeza, pero eso no hace que Shouto deje de contar la historia, dirigiéndose también a Mina y Eijiro.

»Yo me lancé hacia Katsuki para detenerlo, temiendo que le reventase una explosión en la cara del cabreo, pero resulta que de quien me tendría que haber preocupado es de Deku, que en ese momento se acercó al ladrón y le dijo, muy serio: «No deberías haber hecho eso». Ya sabéis cómo es Midoriya, siempre sonriendo y siendo sumamente amable y cortés. Pues su cara daba miedo, parecía que le salían chispas de los ojos. Y le devolvió el puñetazo al ladrón con ese brazo izquierdo que se gasta, dejándonos a Katsu y a mí anonadados. Bueno, y al ladrón, que se sujetó la barbilla y lo miraba de hito en hito, desconcertado. En verdad, no le dio con mucha fuerza, porque con la fuerza que tiene ese brazo, le habría roto la mandíbula, pero suficiente para dejarlo atontado y un buen moratón. Arrestarlo fue sencillo después de eso, el hombre estaba totalmente acojonado y miraba de reojo a Deku, asustado, si este hacía algún movimiento brusco cerca de él. —Yaomomo, Eijiro y Mina celebran el final de la anécdota con una carcajada.

—Ahora vengo —dice Katsuki, renunciando a escuchar las burlas de Eijiro y Mina sobre la posesividad de Izuku y la correlación con su modosa apariencia, y camina en dirección a la mesa donde Sero, abandonado por Kaminari, controla la música.

—¡Eh! Para una vez que nos reunimos todos dentro de una agencia, no nos abandones tan rápido. —Katsuki escucha la protesta de Eijiro, aunque ya se haya alejado de él, gracias a los audífonos de Izuku.

Tal como este prometió, los revisó a fondo tras graduarse, introduciendo varios cambios. Ahora Katsuki ya no se desprende de ellos, ni siquiera cuando no está de servicio ni viste el traje profesional. Además de amortiguar el ruido de sus explosiones y las vibraciones que producen para proteger sus tímpanos, le permiten oír con nitidez en cualquier tipo de ambiente. Izuku le dio la explicación técnica, algo que tenía que ver con el procesamiento del sonido a través de canales, pero a él le basta con saber que puede escuchar con claridad a cualquier persona independientemente del ruido del entorno, como la música ahora.

Utilizar los inventos de Izuku se ha convertido en un hábito más. Ahora mismo, la cantidad de proyectos que desarrolla son inferiores a los que saca adelante Hatsume, que se dedica a ello a tiempo completo en la agencia de Yaomomo, pero sus objetos y licencias son bastante demandados en el mercado de objetos de soporte. Además de los audífonos, su camiseta para amortiguar el retroceso de las explosiones y las suelas que aligeran el peso de Izuku cuando pelea, ahora el traje de Dynamight está repleto de pequeños parches internos que cubren sus articulaciones, especialmente tobillos, rodillas y caderas, de un material similar al de la camiseta. Son prototipos, pero Katsuki insiste en probarlos, aportándole su experiencia de uso para que Izuku pueda optimizar el diseño.

—No sabía dónde estaba Kacchan. —La voz de Izuku lo detiene antes de que llegue a los grandes altavoces que flanquean a Sero. Katsuki se vuelve hacia él, correspondiendo a su sonrisa, deleitándose en lo feliz que parece.

—No quería interrumpirte —dice Katsuki, señalando con la cabeza a sus amigos, pero Shinsou y Kaminari están ahora besándose en un rincón apartado y Hatsume y Uraraka no están a la vista.

—Kacchan nunca interrumpe.

—¿Lo estás pasando bien en tu fiesta?

—Sí —dice Izuku, rodeándole la cintura con las manos y apoyando la cabeza en el pecho de Katsuki, que corresponde inmediatamente a su abrazo—. Gracias.

—La idea fue de Hatsume y Uraraka.

—Ellas dicen que sin tu ayuda no podrían haberlo hecho.

—Eso dicen, ¿eh? —Izuku levanta la vista y se ríe, haciendo que Katsuki sonría más. No miente, han sido sus amigas las que han querido organizar la fiesta, han elaborado la lista de invitados, le han pedido permiso para utilizar la agencia y han exigido a todo el mundo que lleve los regalos que ahora deben estar apilados en una montaña esperando a que llegue el momento de abrirlos—. He presentado a tu madre y mis padres.

—¿Y qué tal? —pregunta Izuku, oteando a su alrededor en su búsqueda, interesado.

—Tendremos que comprobarlo más tarde. —Los tres están donde Katsuki los dejó, todavía charlando animadamente—. Pero yo creo que bien.

—Kacchan… —La sonrisa de Izuku cambia. De radiante a… algo que Katsuki definiría como tierno si no fuese una palabra tan superficial—. Gracias por lo de esta mañana.

—¿La charla? —contesta Katsuki, encogiéndose de hombros, aunque el primer recuerdo que le viene a la mente relacionado con todo lo que han hecho durante la mañana no es precisamente ese, sino otro de un Izuku sudoroso y deshecho de placer encima del futón—. Ha sido interesante, menos aburrido de lo que esperaba

—Oh, eso también, gracias por acompañarme. —Katsuki levanta las cejas, intrigado—. Me refería a lo de la chica. Gracias por ofrecerle venir la semana que viene a la agencia a entrenar su Don para prepararse de cara a las pruebas de acceso.

—Lo cierto es que creí que no tenía Don —dice Katsuki con sinceridad, aunque probablemente se lo habría ofrecido igual, porque le ha gustado de la chica es su determinación, tan similar a la de Izuku y la suya propia.

—Yo también… Pero creo que la oferta se la habrías hecho igual —dice Izuku, que lo conoce demasiado bien, traduciendo sus pensamientos.

—Un Don basado en cosquillas bien entrenado tiene potencial. Hay Dones menos atractivos a primera vista que se han podido utilizar para ser héroes profesionales. —Izuku asiente y tira levemente de él dentro del abrazo. Antes de darse cuenta, Katsuki y él están bailando lentamente en pequeños círculos. Algo irónico, porque la canción que resuena en los altavoces tiene un ritmo trepidante, más propia de los gustos de Katsuki y Sero que de los de Uraraka e Izuku.

—Entonces… ¿te ha parecido interesante?

—Digamos que estoy planteándome acompañarte —responde Katsuki, deleitándose en la cara de genuina sorpresa de Izuku al escucharlo—. Al principio no quería dar esas charlas, me parecía hipócrita, pero… Después de ver cómo lo haces, creo que yo también puedo aportar cosas.

—¡Claro que puedes!

—Aunque no sé si yo sabría responder con tanta elegancia a las preguntas personales como tú —dice Katsuki, bromeando sólo a medias.

—Bueno, mi vida personal no tiene que interferir en las charlas, salvo cuando quiero crear una conexión de empatía con mi experiencia. Y es mejor dar respuestas concisas y cerradas, para que no se distraigan del foco principal —explica Izuku.

—¿No es la primera vez que te pasa? —pregunta Katsuki, que había tenido la impresión de lo contrario.

—Es la primera vez que me preguntan por ti, pero alguna vez me han hecho preguntas personales que no tienen que ver con el tema. A todos los que impartimos las charlas, en realidad. Es normal, son adolescentes, tienen curiosidad y les gusta ver hasta dónde pueden llegar —dice Izuku, dejándose guiar en una vuelta sobre sí mismos, completamente arrítmica, pero muy cerca el uno del otro.

—Puedes hacerlo público.

—¿Tú crees? —Izuku frunce el entrecejo, y Katsuki comprende que le preocupa algo más que simplemente exponer su relación sentimental al público.

—Decir «sí, somos pareja, pero mi vida personal pertenece a mi ámbito privado», me parece una respuesta igual de concisa que la que has dado. —Izuku no parece totalmente convencido—. Eres un nerd muy observador. Me juego a que tú también te has dado cuenta de que algunos de esos adolescentes curiosos e impertinentes estaban esperando una respuesta con la que identificarse. Y tampoco está de más que puedan forrar esas carpetas con algún beso de verdad en lugar de esos recortes mal hechos.

—¿Por qué tanto empeño en que me convierta en un referente de absolutamente todo? —pregunta Izuku, en tono burlón, y Katsuki comprende que su argumento ha calado en él, que lo tiene casi convencido.

—Eres mi referente, es normal que el resto de extras vea la misma calidad que yo veo.

—Tú también eres mi referente, Kacchan. —Izuku lo abraza con intensidad. Con la cabeza apoyada en el pecho de Katsuki, trata de explicarse—. Pero no me preocupa eso. Me refería a que la información es poder. ¿Y si un villano intenta sacar provecho de la situación? No sé, amenazarme con hacerte daño o al revés.

—Le pateamos en el culo —dice Katsuki, riendo al recordar la anécdota que estaba contando Shouto y el poco disimulo que le han puesto a su relación, en realidad—. A cambio, piensa en todos esos niños y niñas que se verán reflejados en el hecho de que sus héroes favoritos son como ellos y se muestran abiertamente.

—Yo también estoy dispuesto a correr el riesgo, entonces —murmura Izuku unos segundos después, poniéndose de puntillas y pasando los brazos por la nuca de Katsuki para darle un beso en los labios—. Va a ser la primicia del año, ¿sabes? Nunca se habían atrevido a preguntar hasta hoy, pero carpetas así las he visto en todas las aulas a las que he ido.

—¿Y no me lo habías contado hasta ahora? —Izuku se ríe, pasándole los brazos por detrás de la nuca y poniéndose de puntillas para pedirle un beso, pero Katsuki le muerde la punta de la nariz.

Hatsume los localiza con su zoom y se acerca a ellos. Uraraka transporta la montaña de regalos, todos aligerados por su Don, igual que una malabarista con cajas de tamaños diversos en lugar de pelotas. Al grito de «es la hora de la tarta», secuestra a Izuku y reúne a todos los invitados. Sero utiliza el micrófono para dirigir un cumpleaños feliz, más desafinado esta vez, y Katsuki observa cómo Izuku sopla las velas, con los ojos cerrados mientras se concentra en el deseo, y una expresión de felicidad que, sabe perfectamente, él también tiene en el rostro.

Y la tendrá por muchos años más, a su lado.


Notas finales:

- Si sois españoles, como yo, habréis pensado: ¿clases en julio? Parece que sí xD. Técnicamente, esta clase es justo antes de las vacaciones de verano, que empiezan sobre el 20 de julio en Japón.

- Es una tonteria, pero en la versión original de este capítulo se explicaba y aquí ha quedado fuera: Iida le ha pedido sustituir la charla primero a Shinsou, que le ha dicho que no porque... ya se había comprometido a ir a la fiesta de cumpleaños de Izuku. Irónico. ¿Escuchaste, Izuku? ¡No como otros!

- Muchísimas, muchísimas gracias por acompañarme en este viaje. Han sido más de 900 páginas de Word y de más de 525 000 palabras, que para mí es algo alucinante, porque jamás pensé que escribiría algo tan largo. Seguramente si lo revisase de nuevo, teniendo en cuenta que empecé a escribirlo hace dos años, a publicarlo hace uno y pico y que apenas acabo de cerrar la etapa, seguramente decidiría recortar muchas cosas, jajaja. Sé que leer una historia tan larga y durante tanto tiempo (tanto si lo hiciste semana a semana cuando publiqué, a ratitos acumulándote capítulos o ahora que ya está completa, tanto me da) es un sacrificio y un regalo que me hacéis como lectores. Lo agradezco infinitamente. Igualmente, yo qué sé, si alguien tiene interés en el proceso creativo y quiere leer el borrador "original" (son 500 páginas de Word, unas 400 menos que el definitivo), pues puedo enviárselo.

- Concretamente me gustaría agradecer a Nicangel, que diseñó el edit que forma parte de la portada del fic, así como a Ylsen, que hizo los separadores que figuran en Wattpad. Y a Arodnas, que me envió un edit que hizo hace ya casi un año, con un acierto impresionante en la caracterización del BakuDeku y que atesoro en mi correo con mucho cariño. Y a Evergreen, que contabilizó para mí todas las veces que Izuku se mordía el labio, consciente o inconscientemente. Y Patri, que con sus comentarios me ayudó a aguzar y limar durante la corrección el proceso de duelo de Izuku. Además de a ellas, también a todas aquellas personas, aunque no escriba aquí vuestros nicks (creedme que me acuerdo de todes) porque sois muches, más de las que podría haber esperado (y por eso no me atrevo a escribir una lista), que leyeron antes de que estuviese terminado con tesón. Y a todas las personas que habéis leído, leeis y leeréis esto algún día. Un abrazo, os quiero mucho.