Capítulo 36. Un favor por otro favor.

Otousan y Olli se quedaron una semana entera con nosotros en casa.

Cada vez que salíamos debían de ser encubiertos bajo genjutsu, por las represalias de tener a ninjas de la Nube Oculta, dentro de Konohagakure, se les prohibió mostrar la cara. En el pasado, el antiguo Raikage había deseado poseer un Byakugan, uno original directo del cuerpo de la entonces pequeña Hyūga Hinata, una heredera del prestigioso clan. Si hubiera rumores de que Kumogakure esta hoy por hoy paseando por Konohagakure seria una cachetada en la cara del Hyūga.

Eso no detenía que Otousan y Olli tuvieran caras de decepción.

Los entendíamos. Nuestra vivienda actual no era nada parecido a Kumogakure donde la música corría por las calles y luces neón te dirigen el camino a cualquier lugar.

Sin embargo, no era nuestro pueblo realmente, así que nunca abogamos por su belleza.

Así entre noches con Olli tocando el shamisen, y comiendo tekkadon con leche, nos sentimos brevemente regresar en el tiempo, era básicamente como estar en casa.

Los días entrenando con ambos, lejos de las misiones, únicamente aprovechando el tiempo con ellos, fue maravilloso.

Incluso mis autores favoritos no alcanzaban para describir el montículo de emociones nostálgicas que me invadían especialmente los últimos dos días.

Sólo Yugito, tan intuitiva como siempre, pudo sentir mi desasosiego, me invitaba rondas de shogi, calmantes para el alma. Una diversión que hace años no disfrutaba.

Naruto ciertamente no le gustaba estar sentado mucho tiempo si no era para meditar, y a excepción de unas cuantas veces en Yugakure con Itachi-san, no tenía más medios para divertirme sanamente.

Otousan quería conocer, aparte, a nuestros… superiores. Así que los probo por si mismo. A todos y cada uno.

Duro. En el campo de entrenamiento.

Naruto y yo quedamos sorprendidos cuando a Otousan realmente le costó combatir contra Itachi-san y Shisui. Ambos Uchiha iniciaron su contienda pensando que la altura de padre sería su debilidad hasta que aprendieron que era su mayor fortaleza porque le encantaba crear clones y con Gyuu liberándolo de cada genjutsu que ellos le enviaron, vi a Taicho-san y a Shisui-senpai realmente sudar.

Jiraiya-sama fue el contrincante de Yugito, pero fue rápidamente aplastado por una cola de Matatabi-san, dejándolo enterrado seis metros bajo tierra.

Se lo merecía totalmente cuando la estrategia de ese pervertido era mirar los atributos femeninos de Olli y hablar de ellos de forma tan desvergonzada.

Sin embargo, a pesar de haber perdido, Kakashi-san se volvió prácticamente inseparable de Otousan.

Parecía ofuscado con él desde que escucho la historia sobre cómo conquisto la Isla Kyoshi, más que a Jiraiya-sama. Algo sobre un autógrafo para un héroe de otro tópico que no fuera el ninja o algo así.

Con ellos dentro de Konohagakure, poco nos importo pedir permiso desde el día uno para continuar con nuestra tradición familiar. Especialmente, porque Olli decía tener dolor en su pecho desde el ataque de Akatsuki.

Debíamos curarla como dictaba nuestra religión.

La primera noche, los seis, Otousan, Olli, Otouto, Bastet, Sacacorchos y yo, nos pusimos capuchas negras – sí, incluso mi neko tiene capuchita – y nos adentramos en la oscura noche hacia el bosque, cada uno con una vela y esencias para la ceremonia, además de una canasta con todo lo que necesitaríamos.

Sabíamos que los equipos Anbu de Itachi-taicho y de Kakashi-san nos seguían en las cimas de los árboles, tan curiosos como protectores por el problema que pudiéramos crear en su amada aldea.

La primera noche fue tensa. Encontramos un claro precioso donde incluso fluía un pequeño arroyo, a unos dos kilómetros de la casa Namikaze; y dispusimos todo conforme el ritual.

Las velas se colocaron estratégicamente en forma circular y estelar; los pétalos de las margaritas y de la ruda los repartimos alrededor de nuestro circulo protector; la esencia de muérdago y de avellana fue envuelto en nuestras manos a manera de crema.

Otousan se sentía oprimido por tanta vigilancia de los Anbu de Konohagakure, pero Naruto lo tranquilizaba con una sonrisa radiante que se veía por apenas de su capucha.

Entonces cada uno de nosotros, nos sentamos mirando únicamente a Sacacorchos alzando a Bastet en un pequeño cojín y dejándolo al centro de nuestro circulo, todos en silencio escuchando la iniciación:

- ¡Seikos! – maullo Bastet – Es grato para ustedes tenerme aquí para apoyarlos en esta magnífica noche. Ha hecho falta purificarnos, y, por tanto, purificar a los allegados a nosotros.

Bastet miro astutamente a los Anbu apostados arriba de nosotros en los elevados árboles.

- Este honor se nos ha encargado a nosotros y hace rato que hemos incumplido, por tanto, damos inicio a celebrar a partir de hoy y hasta que el mundo le plazca a nuestra fiesta pagana.

La tensión de los shinobi de Konohagakure era palpable, pero por lo demás nosotros estamos tranquilos, permitiendo que Bastet continue maullando:

- ¡Ustedes! Los terrenales no paganos, no se atrevan a interferir. Verán y olerán cosas que, sus frágiles mentes, prófugas del acido fólico no podrán entender aun, y, sin embargo, sean nuestros invitados, porque lo que experimentarán hoy, créanme – bajo la voz – no los dejará dormir tranquilos a partir de ahora.

Después Bastet comenzó a desaparecer del cojín donde estaba sentado cual príncipe.

Con esa introducción tan dramática, sentí la mano de Olli bañada en aceite cálido sobre la mía y al verla, pude observar una sonrisa suave adornando sus labios. Agradeciendo su apoyo, me levante en silencio y camine despacio descalza hacia el arroyo.

Nuestra tradición dicta que cada vez que tenemos dolor, podemos acudir a nuestros señores del cielo, a nuestros dioses y a cambio de un pequeño tributo, ellos nos sanarán.

Cuando niños, lo hacíamos prácticamente diario, y al poco tiempo, Otousan y Olli se nos unían bajo la atenta mirada de Obasan-sama. No tanto para proteger la pureza del ritual; sino para protegerlos a ellos del mismo.

Con la tierra húmeda bajo mis pies, respire hondo disfrutando del afrodisiaco olor de bosque. Había hecho esto tantas veces que incluso con los ojos cerrados podría ejecutarlo.

Llegue al arroyo y me arrodille ante él. Agache mi cabeza en señal de respeto y sumisión a la vez que susurro:

- Seiryu-sama.

Mi dios del agua, mi elemento principal.

Una segunda oración a la vez que lleve mis manos juntas a mi boca y deje salir un suspiro, como si escondiera un secreto entre mis palmas y no permitiera que el mundo lo viera hasta que baje las manos y las metí al agua.

El chakra que inyecte en forma de pelota entre mis palmas se desplazo suavemente por el agua iluminando al instante el pequeño arroyo de color verde.

Volví a susurrar:

- Seiryu-sama, vennligst kom til min samtale. – Por favor, acude a mi llamado, Seiryu-sama.

Acto seguido, sin necesidad de emitir poder alguno, una energía azulada emergió del agua y como pequeñas gotas empezaron a recorrer nuestro circulo protector limitado por las velas, los aceites y las flores.

Curiosearon entre mi familia, reconociéndolos, a la vez que se acercaban a las flamas de las velas y se podía ver como las flamas se convertían en pequeñísimas hadas rojas. Eran convocadas por el agua, pero al no ser evocadas por mí, no podían salir de su fuente natural, las velas.

Sabiendo que la puerta escucha con Seiryu-sama estaba abierto, me levanté y comencé con mi oración:

- Tilgi denne uvitende tjeneren, jeg har en tjeneste å be deg om - Perdona a esta ignorante sierva, tengo un favor que pedirte

Las hojas caídas en el suelo comenzaron a mecerse hacia arriba por un viento cálido que se incluyó en nuestro círculo.

- Som din datter tilkaller jeg din kjærlighet, vær så snill og hjelp til å lege disse vonde sårene jeg har forårsaket - Como hija tuya, convoco tu amor, por favor ayuda a sanar estas malas heridas que me he provocado a mí y a los mios.

Las hojas, rocas y el agua misma del arroyo se elevaron parsimonicamente por sobre el suelo, dando la impresión de que todo estaba levitando, incluyendo nuestras ropas. Finalicé mi oración con una voz suave y suplicante:

- Og til gjengjeld vil jeg danse for deg og gi tilbake gleden du har gitt meg, Seiryu-sama. - Y a cambio, danzare para ti, regresándote la alegría que me has dado, Seiryu-sama.

El aire arreció llevándose la capucha de Olli e inmediatamente el ninshu azulado se introdujo en su torso haciéndola exhalar un suspiro agradecido. Cerro sus ojos por unos minutos mientras el resto del ninshu hacía lo mismo con el cuerpo de Otousan y de Naruto. Incluso de Bastet y Sacacorchos que siempre miraban fascinados las formas espirituales que nos rodeaban.

Supe que el trabajo estaba hecho cuando el ninshu se soltó del cuerpo de Yugito y ella abrió los ojos entornados y agradecidos. Lo que sea que el ninshu le haya dicho es algo que sólo ella sabrá.

Sonó la música de campanas y el canto de los grillos se reanudo a la distancia, así como una casi suave voz femenina que parecía tararear en alguna parte del bosque; era mi turno.

Me retire mi capa negra, dejando ver que estaba vestida con el kimono ceremonial típico. El Hakama blanco y la falda roja larga desde mi cintura hasta mis tobillos.

- Taka, Seiryu-sama – Gracias, mi dios.

Con un movimiento de mi mano derecha, un hada de agua se poso en mi palma mientras me empecé a mover grácilmente sobre el piso encarpetado de hojas; me dispuse a bailar suavemente con los elementos. Era casi un vals, uno en donde cada espíritu deseaba bailar con el calor de chakra humano.

Baile suave y delicada, teniendo cuidado en no moverme muy rápido, pero al mismo tiempo, haciéndome la difícil, siendo perseguida por los espirituales que gustaban de bailar.

Las velas tenían flamas que bailaban entre sí, y los pétalos de las flores que habíamos arrojado hacían formas especiales en el aire, como cortinas de color que simulaban parvadas al vuelo.

Una flauta se unió a la fiesta. Otousan, como siempre, llevaba oculta una y la tocaba para acompañarnos. Entusiasmada, lo miré con tanto amor como pude y fue entonces cuando fui a por Naruto, sacándolo a bailar conmigo.

Mi bigotudo hermano, esa noche, estaba en buenos términos con Kurama-san; lo supe tan sólo ver sus ojos. No era con Naruto con quien bailaba. Los ojos zorrunos me decían que era Kurama-san quien estaba disfrutando de bailar junto al ninshu y mi oración.

Olli también había dejado un poco el control sobre Matatabi-san, dejando ver sus colas y sus propios bigotes sentada y tocando el pandero como lo estaba haciendo, junto a los tentáculos de Otousan.

Siempre habían dicho que los bijuus se sentían revitalizados cuando hacíamos estos rituales paganos. Se notaba cuando no se sentía aquella intención asesina que por lo general contenían cuando los dejaban controlar sus cuerpos.

Y dando una vuelta, atrapada entre los brazos de mi hermano, viendo el aire mecer las hojas y flores formando a otros espíritus bailando entre ellos, me permití disfrutar de esa noche.


Después de aquella noche, repetimos toda la semana.

Nunca incluimos a los shinobi de Konohagakure. No hasta que Otousan despertó el penúltimo día y dijo:

- Invítalos.

Naruto, Olli y yo lo vimos como si hubiera perdido la cabeza. Hasta que se explicó mirándonos con lo que creo fue una expresión triste:

- Si quieren ser aceptados por ellos – lo dijo mirando a Naruto – tendrán que ser abiertos también ustedes.

Y así, para mi hermano fue una oportunidad de oro para sentirse más aceptado. Para mí, una desazón. Mi familia, confirmé, no volvería a ser la misma.

Sabíamos que Itachi-san, Shisui, Kakashi-san, Jiraiya-sama y Sasuke estaban curiosísimos al respecto, en especial cuando sutilmente tanto Shisui como Kakashi-san dijeron que algunas dolencias suyas se habían curado desde la primera noche al igual que Olli. Nunca preguntaron directamente, pero pronto podrían hacerlo.

Y se veía que tenían muchas dudas porque no habíamos tenido ni un minuto cuando les dijimos que esta noche haríamos una última fiesta pagana con ellos incluidos cuando la voz de Kakashi-san hizo eco en nuestra casa:

- Pero dime que quieres decir con… ¿traer mi propia toalla? – pregunto frunciendo sus cejas.

- Tú tráelo ¡Konoyarō! – Kakashi-san casi cae ante el colosal brazo que cayó en sus hombros – y en cuanto a la ropa, holgada, fresca, informal. Considera que te vas a empapar.

- … Eso realmente no responde la pregunta… - Kakashi-san consiguió decir unas palabras antes de que Otousan se lo llevara a la esquina a seguir contando sus cosas de hombres.

- Entiendo que se celebraría cerca del río Nakano, ¿es así? – miro al pelinegro que me pregunta.

- No, será aquí en la sala, igual deberías traer una muda de ropa.

Fruncí el ceño, pensándolo mejor, corrigiendo mi respuesta:

- Puede que quieras traerte un abrigo también, por si nieva.

Ignorando la mirada casi confusa que me dio Itachi-Taicho, continue con mis deberes. Ese Sacacorchos realmente es necesario, pero le encanta hacerse el importante estos días en la oficina de Senju-sama.

- ¿Debo saber algo que pueda ponernos en peligro? – dice Itachi-san mientras paso mi trapo húmedo por la cocina limpiando las gavetas.

- La última vez allí nadie murió, pero – estoy peleando duramente con la gaveta arriba de la campana de la cocina – no te diré que pudiera haber… algunos brazos rotos… esta… noche…

Sentí su mano rozar la mía, arrebatando el trapo.

Desconozco el momento en que su cuerpo se pegó al mío a mis espaldas y me tensé de inmediato por el latigazo de electricidad que recorrió mi columna.

Sé que él lo sintió porque se congelo también levemente, pero no tardo ni un segundo en recuperarse y terminar de limpiar el mismo.

Baje mi brazo, viendo como limpiaba y el silencio, que nunca fue tenso entre nosotros, más que cuando amenazábamos con asesinarnos mutuamente, se instaló en la cocina.

Escuche su voz arriba de mi cabeza, continuando su pregunta:

- ¿Debo considerar que por eso invitaste a Hokage-sama?

Rodee los ojos.

- La invité porque Otousan lo pidió. Ella le agrada.

- Es una buena líder.

- No me refería como líder.

- … Oh – Itachi-san entonces bajo el trapo, sin querer susurrando a mi oído – …listo.

- Arigatou, Itachi-san.

Últimamente ese sentimiento tan errado me enturbiaba cada vez que Taicho estaba cerca, haciendo que los vellos de mis brazos se erizasen, suerte que usaba manga larga para disimular.

Yugito me conto incoherencias sobre que algunos hombres eran abejas y luego de decir que yo era una flor en brote, salió corriendo de la habitación con las orejas enrojecidas.

Nunca le he temido a las abejas y me aferro a esa convicción. Al día de hoy, no entiendo a qué se refería.

Ahora, por otro lado, tenerlo susurrando en mi oreja, le está haciendo cosquillas a mi piel. Cosquillas no bienvenidas.

Decidí aprovechar el momento para expresar algo que me estaba molestando.

- Itachi-san, ¿puedo pedirte un favor? – utilice mi voz muy baja, inclinando mi cabeza más cerca de la suya.

No dijo ninguna palabra, por lo que quise ver su expresión. Subí mi mirada lentamente, su barbilla a centímetros de mi frente, y más arriba su nariz aristocrática adornada con sus lagrimales cada vez más profundos, hasta llegar a sus ojos. Me sorprendí cuando observé que no eran totalmente negros, sino que tenían pequeñas pizcas pardas demasiado oscuras, matices que sólo de cerca podría ver. Fascinante.

Subí mi mano lentamente, mostrándole el trapo.

- Hay una lámpara justo a tres pasos detrás de ti – la señale – ¿puedes ver? Ahí encontrarás una cucaracha muerta. ¿Puedes tirarla al bote de basura por favor?

Él parpadeo una, dos, tres veces como búho hasta que abrió los labios luciendo una mínima sonrisa sardónica.

- Tu practicidad por hacer utilizable cualquier recurso es frecuentemente envidiable, Sakura.

- Lo dice el estereotipo del shinobi perfecto.

Tomo el trapo de mi mano y pareció resoplar mientras se giraba hacia la lampara.

- En cualquier caso, sigue la incógnita del porqué no retiraste dicho cadáver tu misma con tu ninshu - dice él mientras se coloca en puntillas para revisar la maldita cosa muerta.

- No es necesario dar detalles, Itachi-san, simplemente es desagradable.

Gira su cabeza para mirarme, levantando su ceja, con esa forma tan suya de preguntar sin hablar.

- No odio a las cucarachas, simplemente son… - me estremezco – …aborrecibles – tiemblo de nuevo.

- ¿Les temes? – me mira conmocionado.

- No les temo, simplemente una sana buena distancia entre ellas y cualquier cosa en mi espacio vital es preferible antes de un ataque imprevisto.

- ¿Ataque? – me mira interrogante.

- …Pueden volar… hacia mí – aprete mis labios impidiendo decir más.

Guardo silencio mientras mi cabeza está en alto, fingiendo no temer, sin mirarlo directamente.

- Sádicos, dementes, inmortales, titiriteros del infierno, cirugías ejecutadas con tus propias manos, aniquilación de todo aquel que se ponga en tu camino, son tus ruegos del día a día para continuar viviendo satisfactoriamente; en cambio, una vida tan pequeña, tan insignificante como un insecto que gusta por lo carroñero, puede derrotarte. Gracias por esa mina de información, Sakura. – volteo a verlo porque su voz sonaba demasiado burlona pero solo lo encuentro mirándome con disimulada indiferencia.

- … ¿Sabes? Cuando eres un sabelotodo, no eres tan genial como crees, Itachi-san - me enfurruñe cruzándome los brazos y sacándole la lengua, acto seguido, hizo una finta de lanzarme el putrefacto cadáver de la cucaracha.

Grité ridículamente vergonzoso mientras me teletransportaba al otro lado de la cocina.

- ¡Te odio! ¡Oficialmente! – le medio grite con voz oscura mientras le arrojaba otro trapo a la cara.

- En serio te asustan – murmuro incrédulo subiendo las cejas levemente, atrapando mi trapo en el aire. Tonta tela inútil.

- ¡Tírala, tírala, ahí, vamos Taicho-san! Ahora, yaaa – señale el bote de basura – El mejor momento es ahora, yaaaaa.

Una risa creció gradualmente en sus ojos, sin mayor expresión facial, mientras seguía con el horrible insecto entre sus dedos. Fue cuando vi su línea de pensamiento. ¡Me lo iba a aventar!

Oh no, no jugarás así conmigo.

- Si no lo haces, no concederé el favor – le señale asustada cuando justo alzaba su mano de nuevo, a punto de arrojármela.

Me miro confundido por varios segundos, mirando entre la cucaracha y yo, entonces creo verlo retroceder.

- Sí, ¿recuerdas? Te pedí un favor, y era que la quitarás y la quitaste.

- … ¿Eso cuenta como favor, para ti? – pregunta con cautela.

Incline mi cabeza para mirarlo, enderezándome.

- Si no lo tiras, no habrá favor entre nosotros.

Tuve toda la atención del pelinegro en cuanto me acerqué a donde él, recargándome en el desayunador:

- Funciona así: si yo quiero algo, lo ofreceré sólo a aquel a quien está dirigido. Si hubiera otras veinte personas en la habitación, nadie más podrá contestar más que aquel a quien yo le oferte.

- Por eso dices los nombres antes de pronunciar tu favor. – dedujo.

- Correcto, y sólo el destinatario decidirá si lo acepta o no, si se niega, evidentemente no hay favor entre nosotros y se cancela cualquier obligación. La voz es considerada tu firma para mí, así como el chakra es tu firma espiritual, es por ello por lo que pediré un poco de chakra o tu voz.

- ¿La sangre?

- ¿Qué con la sangre?

- ¿No te es funcional? Básicamente es más reconocida que la voz.

- Por supuesto Taicho-san, pero ¿dónde quedaría la diversión de atar a la gente en juegos mentales?

Me mira recordando que es conmigo con quien está hablando. Abrí las palmas para dar a entender mi punto:

- En este caso, sólo si tu deseas aceptar el favor, debes de aceptar por medio de la voz, en cambio, hiciste la acción sin decir nada, significaría que yo no te debería nada. Tú decidiste hacer algo, cumplir con mi petición, simplemente por hacerla. No habría forma de que pudieras cobrar el favor, no podrías obligarme.

- Aunque lo hiciera, no me deberías nada, por la falta de mi consentimiento vocal, de chakra o sanguíneo; al contrario del favor con Sasuke, que es bilateral.

- Así es. Entonces para finalizar, una vez aceptado, ambas partes están obligadas a cumplir, de cualquier manera, un favor es un favor, aunque claro, las condicionantes de tu favor no deben de estar en constante negativa contra aquellos favores presentes de alguno de mis contratantes anteriores.

- No puedes tener contraindicaciones con alguien con quien tengas pendientes.

- Sí, así es. Por ejemplo, si tu favor fuera que actúe en contra de Konohagakure, no podría hacerlo, no porque todas aquellas órdenes de Hokage-sama, a quien sirvo, como secuela de un favor anterior, me han negado hacer eso desde mi llegada.

- ¿Pero una vez cancelado el favor o cumplido?

- Entonces ahí puedo cumplir con el favor de atacar a Konohagakure, si esa fuera tu petición.

Itachi-san estuvo pensativo, su mirada me traspasaba como si tuviera millones de preguntas frente a él y las respuestas estuvieran detrás de mi cabeza.

- … Es peligroso, Sakura. – me mira con detenimiento demasiado reflexivo.

- Y por eso Taicho-san, debe de alegrarte que tengo solamente contrato con cuatro personas, si es que cuentas a Tsunade-sama como la cuarta por daño colateral con Sasuke-san. Y si aceptas, serás el quinto.

- ¿Quiénes son las otras dos personas?

Coloque mi mano derecha bajo mi barbilla, sosteniéndola.

- Esa es información que preferiría guardarme; sin embargo, te puedo garantizar que no buscan dañar a ningun ser vivo, ni buscan poder. De hecho, es todo lo contrario.

- …B-san y Yugito-san son tus otros contratantes - sus ojos están intentando perforar los míos al saber lo que puede o no ocurrir.

- ¿Entonces, aceptas mi favor?

Me mira sin ninguna expresión en el rostro por unos segundos antes de dejar salir su pregunta.

- No has explicado por qué he sido merecedor de un favor, Sakura.

Miré mi muñeca izquierda un momento.

La palabra musumesan en letras blancas y cursivas, visibles en la oscuridad, se podían leer tenuemente.

- Digamos que Otousan me hizo recordar ciertas… situaciones en donde logre un mejor resultado regresando las gracias como debe ser.

Levante la mirada, para encontrarlo con sus ojos oscuros entrecerrados uniformemente sobre mi rostro. Buscando signos de mentira en mi oración.

- Mi consciencia me dicta que te debo una, a ti y a tu familia. Mi forma de actuar desde el inicio fue descarada y cínica. Y no han hecho más que tratar de que todo transcurra en relativa tranquilidad para nosotros, así que puedes contarlo como una serie de acciones lo que han logrado suavizar mi negro corazón.

Me enderece, mostrando seriedad cuando declare:

- Excluyendo todo daño contra mi familia, puedes pedirme cualquier favor que este en mis manos. Podrías llamarlo un cheque en blanco, a tu nombre. El único que he hecho. A todos mis contratantes anteriores les impuse las condiciones a cumplir desde un inicio. En tu caso, será una excepción, Itachi-san.

Con la cucaracha en mano, él guardo silencio.

Nos miramos detenidamente el uno al otro. Sabía que él buscaba alguna trampa, la madriguera del conejo, pero en esta ocasión era un ofrecimiento franco. Por más que buscara en mis ojos, solo encontraría honestidad. Al menos en esta situación.

Cuando habían pasados dos sólidos minutos, supuse que él no quería nada que ver de esa manera conmigo, así que di media vuelta y continue a la sala para limpiar.

Entonces lo escuche decir muy bajo:

- Acepto.

Acto seguido, sentí el pinchazo de chakra verde en mi hombro, mientras que daba la vuelta y miraba como él removía suavemente su remera y veía su propia clavícula mostrando su nuevo tatuaje de ninshu.

Le sonreí levemente, viendo que la cucaracha ya no estaba en su mano.

- ¿Cómo lo cobro? ¿O debo engatusarte verbalmente como acostumbras? – rodee los ojos ante su pregunta.

- ¿Tienes algo preparado? ¿Algo que quieras que haga ahora?

Puso esa faz de cuando está pensando en algo muy lejano, como un recuerdo muy vago, pero negó con la cabeza lentamente. Me retire uno de mis brazaletes, uno sencillo con solo una esmeralda en su decoración.

- Bien, cuando lo tengas – le decía mientras se la colocaba en su muñeca, evitando tocar su piel – infunde el cristal con chakra, acudiré a ti entonces.

- ¿Invocación inversa? – mira de cerca la esmeralda.

Asentí.

- No es necesario chakra animal en este caso, Naruto encontró una configuración para llamarnos mutuamente.

Estaba sacudiendo las almohadillas del sillón cuando escuche su pregunta a mis espaldas:

- ¿Algún día dejarán de tratar de impresionar? – me pregunta con un tono divertido.

- ¿Algún día querrás dejar de impresionarte? – negó entretenido por mi contra respuesta.

- Puedes continuar ocultando las manchas de tu casa. – dijo mientras veía como ponía un cojín sobre una mancha del sofá.

Mi boca se abrió en indignación.

- No oculto las manchas.

- Claro, es por eso por lo que colocas servilletas encima de las manchas para no tener que limpiarlas sino hasta que ya no hay papeles o espacio.

Entrecerré los ojos:

- …Ya sabía yo que tenías una vena rencorosa, taicho. Shisui me advirtió, pero ahhh tonta de mí, no le hice caso.

- Shisui, ¿Qué…?

- Dame ese trapo, lo haré yo misma – le dije mientras levantaba mi brazo ignorando la pregunta sobre su primo chismoso.

- Por favor, permíteme, sin embargo, considera en poner en labores a Sacacorchos.

- Lo pondría a trabajar si Hokage-sama no nos lo hubiera raptado y lo tuviera haciéndole pedicure cada tarde.

- … Esa imagen es perturbadora, Sakura.

- También la depila.

Ambos nos miramos riéndonos suavemente mientras acomodábamos la cubierta de polar del sillón.

- Okasan desea agradecerte - dijo más serio.

Me enderece, de nuevo, e incline la cabeza preguntándole a que se refería.

- Por ciertas indiscreciones de cierto familiar, se enteró de algunas heridas fatales que fueron resueltas por ti, más específicamente, solicito encarecidamente entregarte una contribución.

Parpadee una, dos veces.

- Tenía entendido que nadie más que ustedes sabrían de nuestra identidad, al menos como shinobi.

- Es por ello por lo que ha decidido enviarte un regalo a través nuestro, Sakura. Tu anonimato está intacto, de eso no es necesario preocuparse.

- Oh, pero la retribución no es necesaria. Estoy al servicio de Hokage-sama y eso significa salvaguardar la integridad de cada uno de los miembros del equipo al que me asigne, a excepción de una petición explícita contraria.

Itachi-san entonces hizo algo que jamás ha hecho, nunca desde que lo conozco. El correcto y educado bien criado Uchiha Itachi ha puesto los ojos en blanco. El mundo se irá al carajo.

- Es su manera de agradecerte, no por salvaguardar a uno de los miembros de la aldea, sino, a uno de los miembros más amados de su familia, además de nuestro futuro patriarca.

Ahora eso, me hizo reír. ¿Shisui? Patriarca. Sí, el mundo se está yendo al infierno.

- No es para que te rías, Sakura.

- No, claro que no – pero mi sonrisa sólo parecía acrecentarse; y al parecer le he contagiado porque una minúscula sonrisa se deslizo de sus labios.

De pronto, parece recordar algo, y cierra su expresión nuevamente.

- Lo traeré esta noche, sería de invaluable aprecio que puedas aceptarlo como una ofrenda de gratitud, Sakura.

No podía negarme, no cuando esos ojos tan oscuros me veían de una manera tan… agradecida.

Recordé el aliento que dejo escapar cuando informe sobre la salud reestablecida de Shisui en aquella pelea con Kakuzu. Su mirada era de esperanza.

Asentí con la cabeza, resignada realmente, antes de recordar que los Uchiha son un clan poderoso. Por eso no dude en preguntar con entusiasmo:

- ¿Veneno? Lo es ¿verdad? ¿Tal vez de los desiertos árticos antinatura de Takigakure? Espera, ¿será un hacha de doble filo? Si es un hacha vikinga, pudiera ser fantástica en mi colección, una digna hermana para Kuriki-chan. – fue el turno de Itachi-san para parpadear con cada palabra emocionada que salía de mis labios – ¿El ojo del cíclope que todo lo ve? ¿Es el corazón de cerdo que palpita por si solo, es así? Lo he buscado por años, pero nadie lo ha podido corroborar…

- Sakura, es un portafolio de herramientas de metal Uchiha. – dijo Itachi-san, parando mi monólogo.

Parpadee una, dos y tres veces, procesando lo que me acababa de decir.

- Oh… un portafolio … de metal… - trate de que no se viera mi decepción, pero supongo que no funciono, que incluso yo misma sentí mis ojos apagarse.

- Es metal de alta calidad, noble, muy solicitado en la aldea… - incluso él luce un poco decepcionado.

- Está bien, Itachi-san, se agradece – mi voz más uniforme.

- Sakura… -

- Así que aquí estas Tachi-kun, debemos ir a arreglarnos, dice Naruto que... Oh hola, Sakura-chan, dice Naruto que debemos de traer toallas incluso, ¿puedes decirnos porque Saku-chan? – la voz de Shisui por alguna razón sonaba muy emocionada.

- Por la arena en la playa, Shisui – asentí respondiendo, mientras continuaba limpiando.

- ¿Escuchaste eso, Tachi-kun? ¡Arena y playa! No sé cómo lo hacen estos chicos, pero nunca decepcionan, vamos, debemos avisar a Obasan, gracias por la invitación Saku-chan, nos vemos en un rato.

- Por supuesto Shisui, con gusto – sonreí ante su entusiasmo.

- Por cierto, Sakura-chan, - se acercó a mi poniendo su brazo sobre mis hombros - ¿sabes qué le gustaría tener a, ya sabes, Yugito-san?

Levanté mi ceja.

- Es serio, Saku-chan.

Lo mire intensamente con los ojos entrecerrados. Tenía cierto sonrojo en sus mejillas pero jamás me desvió la mirada, su cabello jugueton como siempre, negro cuervo, junto a su cuerpo alto, y atlético, me dio la sensación de que seguía siendo un adolescente, pero era el ver sus ojos oscuros donde podía ver la determinación de un hombre adulto. Llegue a una conclusión.

De cualquier manera, Olli sabría si seguirle o no el juego a este Uchiha.

- ¿Recuerdas ese licor cremoso que nos compartiste hace como tres semanas?

- Si, ¿cuándo desmembramos la red de drogas cerca de Otogakure?

Asentí.

- Tráele una botella de ser posible – él no parecía tan convencido – Créeme le gustará, a ella le encanta todo lo que contenga leche. No pienses ni por lejos regalarle algo picante. Lo odia.

- Muy bien, gracias Saku-chan – y se alejó levantando su pulgar hacia el jardín trasero.

- Nos vemos más tarde Sakura – se inclinó suavemente Itachi-san despidiéndose gracilmente.

- Claro, Taicho-san, los esperaremos con ansias.

Asintió y se fue por donde su primo.

Espero utilice ese favor para el cobro de la salud de su primo o la de él mismo, cualquiera de los dos necesita atención médica, uno más urgente que el otro, pero al menos atrapando a uno, puedo atrapar al otro en otro favor.


Como cada día, él llego al lugar sagrado, dejo salir un ruego, el mismo lugar donde ha estado pidiendo perdón los últimos dieciocho años.

Sólo que esta vez, este ruego estaba mezclado con esperanza cruel.

Se sentía traicionero, desleal al explicar sus razones para estar rogando esto, pero también sentía que era lo correcto. Aunque su corazón estuviera temblando por sentirse tan vulnerable.

Agradecía que Naruto no hubiera escuchado cuando por error lo llamo Sensei días antes de que llegará el ninja de Kumogakure.

Oh, ese hombre… ¿Cómo puedo pensar en agradecerle, por haber cuidado tu legado, por hacer a tu hijo tan maravilloso y risueño como es? ¿Cómo puedo pensar en qué hizo un excelente trabajo con tu chico y por ello se le debería agradecer? Hizo lo que nosotros no pudimos Minato-sensei. Protegerlo.

Las emociones llenas de travesaños peligrosos dentro del corazón de Kakashi, hacían que se le dificultara respirar por momentos, haciendo que sus suspiros fueran estridentes baterías a sus oídos.

- Así que estas aquí también – escucho la voz carrasposa detrás de él.

Kakashi no se tensó, tampoco se relajó. Tenía un evidente conflicto emocional del que no parecía encontrar las respuestas claras.

- Y veo que también piensas que ese hombre fue un buen padre para Naruto.

Kakashi giro la cabeza sin poder levantar la cabeza para mirar a Jiraiya-sama, solo alcanzo a ver sus pies mientras sus dedos continuaban tocando el nombre Namikaze Minato del cenotafio.

No pudo pronunciar palabra alguna. No había nudos en la garganta esta vez; sin embargo, la duda y la sensación de traición adoraban su lengua, atorándola.

- No está mal, Kakashi.

- … -

- Él no le inculco nada sobre lealtad a Kumogakure, se enfocó en criarlo como un buen hombre. Me temo que también tengo dudas, pero sólo debes de ver a ese chico para saber que no tiene malas intenciones contra ningún pueblo, ni siquiera contra los enemigos de Kumo. Ni siquiera a los enemigos de aquel al que llama Otousan.

- Es por eso Jiraiya-sama – murmuro Kakashi, apenas audible - ¿Cómo odiar al hombre que se hizo cargo del mayor tesoro no sólo de Konoha, sino de Minato-sensei? Su amor genuino por Naruto hace tan difícil odiarlo. Él ni siquiera… no tiene idea… de cuan grande fue él.

Kakashi sintió la mano de Jiraiya-sama sobre su hombro, apretándolo firmemente:

- La tiene Kakashi, es por eso por lo que lo crio como lo crio, porque a ojos de Killer-B, Minato era un buen hombre, un shinobi ejemplar. No quiero admitirlo, pero pudiera ser que lo respeto aun siendo de bandos contrarios. Eso explica porque a Naruto lo crio con sumo cuidado, dejando que fuera el chico que lo educara en sus formas y no a la inversa.

Y es justo por eso, que Kakashi se sentía tan desolado.

Porque de todas las cosas, Killer-B era como Minato-sensei. Un ejemplo a seguir shinobi, pero más allá de eso, B-san era un excelente padre.