Capítulo 39. Préstame tu lengua por favor.
No hubo manera de despedirse de ellos. Las palabras no querían salir de ni de sus labios ni de los nuestros.
Hubo momentos en que vi la boca de Otousan temblar y por las cejas fruncidas tan cruelmente, realmente le estaba costando contenerse.
- Me enorgulleces, Musume – me decía al oído al abrazarme fuerte, mientras el nudo en la garganta lo sentí bajar lentamente.
- Arigatou, Otousan – murmure aun presionada contra su pecho, sin querer dejarlo ir.
La última vez que los vimos, fue hace cinco años y no estábamos en peligro mortal, al menos no tan mortal como ahora. No sabía si volvería a verlos.
La vida es ciclar, sabía que los vería en esta u otra vida, pero las emociones presentes me hacen dudar sobre alejarme de él.
- No te dejes de la Senju, aunque esta de buen ver, no subestimes el poder de su ninja y lo que pueden hacerles a ustedes – me murmuraba amenazante.
- Lo sé, estoy tomando medidas – me separe ligeramente para verlo a las gafas.
Me dio un último abrazo y continuo hacia mi hermano quien lo vi ligeramente enrojecido de sus ojos.
Cuando padre llego a él, no tuvo oportunidad. Realmente, soltó la lagrima atrapada en su mirada.
Fue el turno de despedirme de Olli, quien a su vez estaba apenas conteniéndose.
- Jamás entenderé porque elegiste este lugar entre todos, pero me alegra saber que siguen juntos al menos, y al parecer cuidados hoy día.
- No dudes en que me vuelva una hime real algún día.
- En Kirigakure ya te creen así, mocosa, no dudo que aquí también lo hagan pronto – me abrazo más fuerte y supe que estaba llegando a su límite cuando se separó inmediatamente de mí.
A Olli no le gustaba llorar y menos frente a extraños.
Si bien nos habían dado espacio, el escuadrón Anbu de vigilancia estaba a decenas de metros de distancia, pero estarían atentos a cualquier movimiento.
Una Hokage-sama con una resaca celestial de dos días renuentemente nos había permitido crearle un portal a Olli y a Otousan para acercarlos a Yugakure, es lo más lejos que podía canalizarlos, al menos se ahorrarían más de media semana de camino.
Empacados con regalos, comida y fotografías de nuevos recuerdos, ambos portaban sus mochilas a sus espaldas.
Olli sospechosamente cargaba una licorera muy familiar de cierto Uchiha. Uno de cabellos rebeldes.
Naruto y Otousan parecían no tener fin en su abrazo final, así que, jalándome, Olli nos guió hacia ellos terminando abrazados los cuatro. Permanecimos así hasta que los brazos se acalambraron y más allá. Sentí besos repartidos a mi cabeza, de varias direcciones; algunos con gotas saladas cayendo a mi cabello.
Naruto y yo nos tomamos de la mano mientras en la parte baja del río Nakano, procedí a abrir el portal.
Eleve mi mano por sobre el agua antes de abrirlo.
El portal con tres metros de diámetro se abrió en la superficie del río, los árboles perennes de los terrenos colindantes con Yugakure saludando amistosamente al otro lado.
Con la ceremonia más silenciosa de despedida, ellos se acercaron a la orilla del portal, regresándonos la mirada.
Otousan entonces alzó su puño a la altura de su pecho.
La respuesta fue inmediata. Todos chocamos el puño con el de él.
Sonrisas hechas muecas por el impulso de llorar tanto por Naruto como por Yugito, mientras que Otousan y yo parecíamos más regios, discretos con el conocimiento de esperar a volver a reunirnos alguna vez.
- Si muero… - dijo Otousan.
- ¡Te veré en la otra vida! – respondimos los demás.
Esa había sido nuestra señal para despedirnos cada vez. Siempre nos había tocado ver sus espaldas desaparecer cada vez, y esta vez no fue la excepción.
Tomando la delantera Olli, mando un beso con sus labios y se arrojó al portal. Otousan nos dirigió una última mirada.
Aprete la mano de Naruto mientras éste dejaba salir una lágrima rebelde mientras mantenía la postura gallarda.
Otousan lo miro con una sonrisa, mientras mi hermano le regresaba una mueca rota parecida a una sonrisa de respuesta; cuando me miro a mí, me asintió. No olvidaré su propuesta, de irnos a Kumogakure cuando terminen los dos años de prueba. Asentí de vuelta, asegurándole con la mirada que nos cuidaríamos.
Sonrió por última vez y haciendo una pequeña reverencia, dio media vuelta y se fue por el portal, este cerrándose segundos después.
Inmediatamente, sentí la frente de mi hermano, mocosa y húmeda, en mi hombro.
Sus sollozos contrastaban con el silencio del aire y la canción de los grillos.
- Los volveremos a ver, ¿verdad?
Preguntaba mi rubio favorito mientras lo abrazaba; sabía que él no me estaba preguntando, buscando la verdad, él sólo buscaba seguridad, aunque fuera detrás de una falacia.
- Cada vez que los necesitemos estarán allí para nosotros y nosotros para ellos. Sí, los volveremos a ver, ya sea en esta o en otra vida, pero los volveremos a encontrar.
Se soltó más a llorar, atrapado en sus emociones tan fluctuantes en él.
Había estado tan feliz de tenerlos aquí con nosotros, pero sabía también de los peligros que corrían si se quedaban más tiempo aquí. No sólo eso, corrían peligro si Akatsuki se recomponía o cualesquiera otros que buscaran su poder, y trataran de capturarlos para hacerles lo mismo que a Gaara-kun.
El orgullo de Olli y Otousan cuando vieron su rasengan por primera vez o cuando Bastet les conto sobre cuánto ha mejorado en el fūinjutsu, lo tuvieron por encima de las nubes de la alegría y la adrenalina.
Ahora, veo a mi pobre otouto sufriendo, queriendo tanto remover su dolor. Aunque el mío no es tan peligroso de controlar como el de Naruto, me entristece no la partida de mi familia, sino el frío paramo en el que al parecer hemos sido arrojados desde niños.
Cuando vemos a niños de Konohagakure corriendo por el parque, con sus padres al lado esperando por un helado o la simple felicidad, nunca nos hemos reflejado Naruto y yo en ellos.
Pero tampoco es algo agobiante. En Kumogakure, no existen apellidos precisamente porque la mayoría de los ciudadanos de las nubes en algún momento fueron huérfanos extranjeros, personas que buscaron refugio en lo alto de las montañas nebulosas, y los niños fueron abandonados a su suerte, y a su vez recopilados por ninjas de Kumogakure, para ser criados duros, pero como iguales entre sí.
En Kirigakure, ni que hablar, ahí no existía, hasta hace unos años, la infancia. Hoy día es un lugar más tranquilo, pero en el periodo de la Niebla Sangrienta, no todos los niños podían tener un funeral digno o alguien que reclamará su cuerpo.
Mi dolor solo puedo derrotarlo así, recordando que hay tantas figuras sin padres allá afuera cuyas vidas han sido tratadas peor que la mía. Al menos nosotros tuvimos la fortuna de tener algo llamado Otousan, Olli o inclusive Obāsan-sama.
Personas que nos amaron por quienes somos, y así nos eligieron.
Entonces mis emociones dejan de ser tan angustiosas, y justamente todo mi razonamiento se lo comento a Naruto.
- Somos afortunados, otouto y es por ello por lo que debemos de agradecer. Tal vez en otra vida, hubiéramos quedado huérfanos, sin conocernos, criados a las maneras shinobi sin mayor motivación que los ideales de líderes que pudieron o no ser corruptos. Al menos, Obāsan-sama se encargó de darnos una opción frente a eso.
- Mira lo que terminamos haciendo, Sakura-chan – me dice él mientras se limpia las gotas saladas – nos unimos no sólo a una Aldea, sino a la Aldea más grande de ninjas, dispuestos a ir a la guerra, si así quieren, por ellos.
- Puede que parezca eso a primera instancia, pero no es así, Otouto. Impusiste tus condiciones y aun estas a tiempo de decidir si no quieres esto. Otouto, respaldaré cualquier cosa que desees, pero conozco tu corazón Naruto.
Sostengo su rostro entre mis manos, mirándolo a los ojos tan enrojecidos que siento los míos suavizarse:
- Tú no abandonas, en especial a tus convicciones. Son tus lealtades tan fuertes contigo mismo y esa terquedad por defender lo que crees que es correcto, que incluso si el mundo dice que no es así, lucharás por demostrar lo contrario. Si esta o cualquier Aldea te propone una guerra, sólo irás si realmente crees que será para un bien mayor, no porque esa educación te la hayan taladrado en el cerebro desde niño. A ti y a mí nos dieron opción para pensar sin estar jugando en el parque de juegos de cualquier aldea.
- Ahora son ellos los que buscan que juguemos con ellos – murmura él.
- Así es, y si no queremos, no podrán hacer nada. Si buscan obligarnos, no podrán y entonces conoceremos sus verdaderos colores, ¿entiendes?
Asintió mientras terminaba de limpiarse:
- Aun así, voy a extrañar a ese viejo y sus reumas.
Sonreí porque yo también extrañaría eso. Solté un suspiro cansado a lo que Naruto interpreto como tristeza y me abrazo fuertemente.
- Siempre nos tendremos mutuamente, otouto.
Sentí su cuerpo congelarse de repente ante mi comentario y descongelándose medio segundo después.
Tarde otouto, me di cuenta. Y lo sabes.
- Dime – mi voz tranquila, pero curiosa - ¿qué te acongoja ahora?
- Verás… le dije al viejo algo que me propuso el Ero-sennin, y él dijo que sería una excelente experiencia y no sólo eso, tendría mayor oportunidad de controlar la totalidad de las colas…- me dice mientras no deja de abrazarme.
- Dilo ya, Otouto.
- Ero-sennin dice que estoy listo para aprender el Modo Sabio, quiere que aprenda justo como él, Senpō, el Arte Sabio, pero para ello es necesario aprender de la fuente, recomienda que lo estudie directamente en el Monte Myōboku, el país de los Sapos.
- ¿Cuándo te vas? – mi voz amortiguada por su camisa asfixiándome.
Me tomo por los hombros, separándome de él y mirándome convincente y algo alegre:
- Me iré en cualquier momento de este mes, Ero-sennin dijo que terminaría de entregar unos chismes a Senju-Obāsan, y nos iríamos enseguida, debido a que se tarda un mes en llegar allí.
- ¿Sabes por cuanto tiempo te iras?
- Él dijo que dependería totalmente de mí, de lograr canalizar la energía natural necesaria para el jutsu y según lo que me ha contado, conlleva mucha paciencia.
- Algo en lo que no estas tan disciplinado, ¿todo un reto eh, otouto? – sonriéndole un poco, animándolo.
Era obvio, desde que lo conoció, que se lo llevaría pronto. Desde que Shisui me había comentado sobre como Jiraiya-sama utilizaba su habilidad Senjutsu Chakura, estaba intrigada e hice mi investigación por aparte. Bastet era una fuente muy útil de información cuando le prometías el salmón suficiente como pago.
Si eso le ayuda a mejorar a controlar las tres colas que le hacen falta, bien, me encargaré de que nadie pueda detenerlo.
- Si trata de hacerte algo indebido cuando estén a solas, sólo golpéalo.
- Saku-chan, ahora es mi sensei, no puedo hacer eso.
- Lo llamaste Ero-sennin.
- … Sakura-chan -
- Empaca el pica nueces de la cocina. – dije determinada.
- … Sakura-chan.
- Lo empacaré por ti.
- ¿Estarás bien aquí?
Lo mire interrogante a lo que él solo suspiro.
- Me da la impresión de que a veces eres peor que ese bicho erizado de Bastet, esperando que salgan bandidos de entre las esquinas. Si te dejo sola, ¿puedes prometer no causar caos por favor?
- Sabes que no puedo prometer eso.
- ¿Puedes prometer…?
- No te puedo prometer nada.
- Sakura-chan – dice cansado.
Suspire profundamente, mirando del suelo a su rostro esperanzado.
- … Puedo intentar no causar caos – es lo mejor que podía ofrecer. Él sonrió ampliamente.
Camine de regreso hacia la casa del clan Namikaze:
- Bien, de cualquier manera, te estaré enviando mensajes pronto, al parecer hay un sapo muy pequeño que puede hacer entregas de mensajes entre ese mundo y este, una curiosidad, de verdad.
- Naruto.
- Dime Sakura-chan.
- Aishiteru yo, Te amo
Inmediatamente volvió a abrazarme, quedamos así por mucho tiempo hasta que un cuervo grazno en la lejanía. Cuando nos separamos, vi su rostro brillar con lágrimas de felicidad, su mirada lo decía todo: Yo también a ti.
Tomados de la mano, regresamos a casa.
Me estaban entregando a otro equipo.
Al parecer, Taicho-san era un dios shinobi con una agenda muy ocupada y mi entrenamiento había sido causal para el retraso de varias de sus actividades. Por tanto, aquí estamos, siendo entregada a Kakashi-san, quien pasa a ser Kakashi-Taicho.
Sin embargo, ante mis habilidades superiores para asesinar a rebeldes ninjas, pero no así como socializar correctamente o algo así, Tsunade-sama decidió asignarme como refuerzo ante un caso forense junto a otro equipo igualmente en entrenamiento sólo que de menor rango.
Supongo que, ante habilidades extrañas, evaluaciones aún más extrañas.
Una mansión en territorio abierto de la Tierra del Fuego, perteneciente a un famoso señor feudal de la región, quien fue masacrado junto al resto de su familia dejando la mansión en una cascada de sangre y tripas. El lindo candelabro que cuelga de la sala cuya vista es más occidental que tradicional es un testigo inmutable con toda la sangre que cuelga de él.
En el lugar estaban tres chūnin junto a su sensei, supuse que estaban siendo entrenados en la materia, y era su primera vez, o aun no terminaban de acostumbrarse a las masacres por el asco y miedo que mostraban sus rostros. En cambio, yo ni siquiera me conmoví ante los rompecabezas humanos.
Una mujer jōnin, de cabellos sedosos ondulados negros y ojos rojos, se acercó al cadáver del dueño. Tan intrigada como yo estaba por la escasez de kunoichi dentro de Konohagakure, me enfoque en las órdenes de Taicho-san.
Mi máscara bien colocada, y en base a que sólo Anbu podía tener máscaras para ocultar su identidad, los chūnin se abrían paso con cada nuestro, si era por miedo a los muertos o a nosotros, no tenía idea.
La Jōnin, ligeramente embarazada, examinaba el rostro de uno de los jōnin guardia que tenía instalado el señor feudal en su mansión, la tristeza invadió sus ojos.
- Nunca pensé que veía el día. Él fue mi mentor – con otro suspiro la hermosa kunoichi se levantó.
La expresión de su cara cambio para permanecer cerrada, como si el tipo que la había entrenado no se encontrase muerto delante de ella. Reprimí el impulso de inclinar la cabeza. Sabía que shinobi no debía de mostrar emociones, era una de las reglas principales, sin embargo… Durante medio segundo me imaginé a Itachi-san muerto en el suelo en lugar de él. La calma hubiera permanecido en mi rostro evidentemente, pero habría salido en la búsqueda de la venganza inmediata de su asesino.
Independiente de si me ha entrenado dos días o dos años, él me procuro de alguna manera. Por tanto, merecía justicia en su nombre. Suspire internamente. Conociéndolo, Taicho-san me diría que no busque derramar sangre bajo su justificación. Pero siendo realistas, nadie puede asesinar a Taicho-san.
Lo había visto asesinar sin una gota de sudor o incluso sin moverse de su lugar prefiriendo ir a lo seguro con genjutsu. Poco a poco se había vuelto invencible a mis ojos, posicionándolo cercanamente a Obāsan-sama y Otousan.
Totalmente poderoso. Ahora si tal vez no estuviera enfermo, su potencial sería magnificado.
- Detalla la ejecución de los homicidios – ordeno Taicho-san mirándome, ordenándome con su voz amortiguada por su máscara.
Seis pares de ojos aparte de Taicho-san me dedicaron su atención. Con los hombros cuadrados, los pies juntos y manos abrazadas por detrás, dirigí la mirada a la ventana primero:
- Hay cuatro puntos de entrada, por lo menos cuatro posibles involucrados. Por el número de piezas de platos rotos esparcidos, la familia tenía visitas en el momento. Tres de las víctimas eran niños que abarcaban de los seis a los trece años, dos jōnin de Konohagakure, y siete adultos, la mayoría arriba de los treinta años sin experiencia shinobi. Si fueron cuatro ninjas atacantes, eran Jōnin o chūnin.
- ¿Cómo atraparon a los Jōnin vigia? – incitó Itachi-san.
- Rompieron la regla del custodio. En una casa, tan grande especialmente como esta, ambos debieron hacer el recorrido nocturno eliminando sospechosas señales; sin embargo, debieron irse por distintos caminos. Posterior a ello: Veneno – señale con la punta del pie los dedos verdosos del tutor de la kunoichi – Las marcas de venas envenenadas surgen desde el interior de su guante, por tanto, el senbon utilizado fue retirado una vez confirmada la muerte. No murieron aquí, aquí solo fue donde trajeron sus cuerpos, seguramente para que en la mañana alguien evitara gritar cuando los vieran desde la reja afuera.
- ¿Por qué no renegados rango Anbu? – continuo el interrogatorio a lo cual lo mire.
- Anbu no deja huellas – fue mi respuesta inmediata.
- ¿Por qué romperían la regla del custodio? – pregunto un chūnin de lentes oscuros. Un chakra curioso corría a través de él, debajo de su gabardina.
- Costumbre – dije en automático.
El trío de chūnin, una niña de cabello negro con brillos morados de ojos blancos, un chico con marcas rojas sobre sus mejillas luciendo como un salvaje junto a un enorme perro y el chico de la gabardina y gafas oscuras me miraron curiosos.
- Estas celebraciones seguramente se realizaban con frecuencia, por tanto, en su rutina consideraron que era otra noche común y corriente por lo que adelgazaron un poco la guardia. Eso significa que alguien dentro de la misma mansión conocía la rutina, fue quien los vendió – Contesto Kakashi-taicho.
Itachi-san simplemente cabeceó como una señal de aprobación y el grupo continuó analizando la escena.
Cuando llegué al cuarto de baño de la familia principal, un hombre muerto con la sangre seca contrastaba contra los azulejos blancos impolutos. En el espejo unas palabras, presumiblemente hechas con la sangre del difunto.
"Otros les seguirán"
Oh, tenemos a un poeta aquí.
Taicho-san le entregaba algunas indicaciones a Kakashi-taicho; al parecer a Tsunade-sama le interesaba mi método deductivo y, por tanto, debía ayudar a este pequeño grupo a resolver el acertijo.
Una vez que reuní suficientes detalles, me dirigí directamente a Taicho-san, quien sólo me aviso de su retirada.
- Hazle caso a Kakashi-san. Puede que no lo parezca, pero es un excelente capitán y sensei. – se ganó una mirada indignada de parte del peliplateado – él fue mi mentor también.
Mi mirada gano interés ahora en Kakashi-taicho, quien se sintió ofuscado por mi repentino interés en él.
- Oh, gracias Itachi-san por tus sanas palabras, ahora me mira como si fuera un trozo de deliciosa carne.
- Eso es porque lo eres para ella desde ahora, Kakashi-san, me retiro. Onmyōji, pórtate bien y hazle caso en todo lo que te diga.
Por un momento me sentí como una niña en su primer día en el colegio en lugar de la candidata a Anbu que tanto me habían recalcado que era. Asentí delicadamente.
- Ne, ne, Itachi-san, adelante, estará bien aquí conmigo y con sus amigos nuevos, ve a hacer tus cosas de super shinobi – dijo a la ligera Kakashi-Taicho.
El sentimiento fraternal de estar separándome de mi hermano mayor en mi primer día de escuela solo se intensifico cuando Taicho-san parecía no querer irse.
Al final con un simple asentimiento de él, se teletransporto lejos en su jutsu de cuervos.
Suspire internamente dirigiendo la mirada a mi nuevo Kakashi-Taicho.
Bien, veamos como eres nuevo Sodai.
- ¡Shino-san, envíalos ahora! – exclamé al Aburame.
El enjambre salió disparado furioso en venganza por lo que le ocurrió a Akamaru.
- ¡Hinata-san, número de firmas encontradas! – ordene al tiempo que ella encendía el Byakugan.
- ¡Siete a la izquierda, seis a la derecha, doce más al centro y uno donde creo es el sótano!
- ¡Estas olvidando al último situado justo arriba de ti apuntándote con shuriken!
- ¡¿Nani?!
En el vuelo antes de que siquiera el shuriken tocara el espacio personal de Hyūga Hinata, tome el arma y lo reenvié acabando con ese ninja perdido.
- Para la próxima, comienza entornando, me parece que tienes mejor panorama espacial así – le indique al tiempo que señalaba que enviaba una ráfaga de kunai para cubrir a Shino-san al otro lado del almacén disfrazado de bar.
Me acerque al caído Akamaru, Hinata-san se arrodillo prácticamente llorando por la pérdida tan grande de sangre que sufría el can. Su dueño estaba perdido en el dolor peleando con cuanto ninja se le aparecía enfrente.
Posicionándome por encima del mejor amigo de Kiba-san, aplique jutsu medicinal. Hinata-san jadeo cuando la herida empezó a cerrarse y pude ver por el rabillo del ojo que estaba a punto de preguntarme cuando miré como un enorme katōn venían a por nosotros.
Alce la mano y con un movimiento de esta, desvíe el muro de fuego, directo al otro ninja que quería atacar a Kiba-san por detrás. La carne quemada empezó a olerse en las afueras del edificio.
El plan sinceramente tenía muy buenas ventajas, había algunas debilidades, pero nada que no se pudiera corregir en el proceso. Sin embargo, se me olvidaba que a veces trataba con jóvenes no tan concentrados como a mí me encantaría. Por ejemplo: Un Kiba-san que salió corriendo junto a Akamaru cuando los poetas homicidas amenazaron con asesinar a la pequeña niña que habían raptado de casa de otro de sus objetivos.
El equipo Kurenai como se hacían llamar, era un equipo muy completo de verdad. Me sorprendió su trabajo en equipo tan complementario en cuanto al rastreo.
Era un equipo de mucho esfuerzo, ya que se nota que trabajaban arduamente por superarse a sí mismos. Bastante equilibrados, y perfecto para rastrear al enemigo a la perfección ya que utilizaban el olfato de Kiba-san para localizar al enemigo, la visión de Hinata-san para localizar el punto exacto del enemigo, los insectos de Shino-san para espiar al enemigo y el Genjutsu de su sensei, Kurenai-san, para atrapar al enemigo. Por el embarazo de Kurenai, Kakashi-taicho estaba tomando temporalmente sus custodias como chūnin; sin embargo, el ninja copia empezaría a trabajar conmigo a nivel Anbu, retomando sus funciones según lo que dijo el mismo.
Aun así, eso no explica él porque creyó necesario dejarme encargada mientras él fingía ayudar a Kurenai-san cuando esta sintió apenas agotamiento en su estado.
Ahora, se supone que el equipo era de rastreo, nunca fue extracción o de recuperación y la misión en si no era sino únicamente localización e informe sobre la pandilla criminal con nociones de Robin Hood a la mala. Robando a ricos para dárselo a mafiosos.
Hasta ahí llegaban las órdenes del equipo Kurenai. Sin embargo, Kakashi-taicho fue muy vago con sus instrucciones para mí, así que decidí que tenía carta abierta para todo lo que deseara. Y eso contaba manipular a este equipo.
Cuando localizamos a toda la pandilla de ninjas renegados en un bar de mala muerte, alrededor de unos 27 cuyos protectores de frente lucían lustrosamente rasgados, idee el siguiente plan de acción sólo para ser detenida por Aburame Shino quien parecía receloso de abrir su abrigo, a pesar de que hacía calor.
- ¿A dónde crees que vas? Debemos regresar a informar – dijo mientras de cualquier manera continue caminando al bar.
- Onmyōji-san, por favor, debemos volver – murmuraba tímidamente la chica Hyuga que retorcía sus manos entre su holgado suéter lila.
- A ver a ver, regresa con nosotros y no reportaremos esto ante Hokage-sama – gruño colocándose frente a mí el chico salvaje Kiba-san y su perro fiel, Akamaru.
Fue poco lo que evito que los durmiera. En ese caso, sí sería reportada.
Entonces trate de emular del encanto de mi hermano sobre las personas utilizando su Jutsu de Conversión.
- ¿Esto es todo? ¿Es su única aspiración? – pregunte en voz plana mientras volteaba a verlos a todos.
Sus cejas alzadas y fruncidas cuestionaron de que estaba hablando.
- Esos hombres asesinaron niños. Ciudadanos inocentes de Konohagakure. Esos hombres, esos de quienes pueden escuchar las carcajadas, llenándose los estómagos con alcohol, disfrutando de la vida, hace menos de un día aprovecharon para ingresar en la intimidad de una comunidad, una familia, y los destazaron como puercos. ¿Adivinan el por qué? – cuestione retóricamente sin moverme de mi lugar hablando indiferentemente.
Manos a los costados, sin dejar abierta mi guardia:
- Por su codicia. Un concepto tan superficial que llena sus obstruidas mentes con algo tan banal como el dinero, porque a los ojos de ellos cada uno de nosotros, cada niño que nazca dentro de la Tierra del Fuego tiene un precio a quien lo desee pagar y no dudaran en tomarlo si eso es necesario para su supervivencia. Ustedes no conocieron a esas personas. Yo tampoco. Pero no esperare a que sea alguien que conozco para enfadarme y pelear por ellos.
Silencio.
Guardaron silencio mirándome, estupefactos por tanto tiempo, que pensé que se habían atrofiado.
Este discurso no era nuevo; esto era algo que se les debió inculcar en el cerebro desde el nacimiento, especialmente considerando que los tres son de clanes militares shinobi, por tanto, fueron quemadas en fuego estas palabras en su mente infantil.
El problema es que estaban conflictuados entre lo que se les enseño, en donde ellos sólo tenían una función. Rastreo. Jamás estarían en acción real, no al menos en grado chūnin.
Un shinobi de clan, por favor, vive para la adrenalina. Es lo que más sueña.
Por muy buenos que fueran rastreando de vez en cuando necesitaban jugar con fuego real.
- Pueden ayudarme a buscar la justicia que Hokage-sama no podrá encontrar nunca, entre toda la burocracia de por medio, toda la política entre países que seguramente ocurriría tan solo para juzgarlos por sus crímenes. ¿Tienen idea de cuánto tiempo tardarían siquiera en buscarles audiencia? Para ese entonces, es seguro que nadie recuerde siquiera el nombre de las víctimas. – baje más la voz, aun sonando dura en los bordes - Estoy muy segura de que, si fuera mi familia, lucharía con uñas y dientes para evitar que eso ocurra.
Me gire por completo hacia la entrada del bar, dejando que vieran mi espalda, antes de proseguir:
- Podemos hacerlo juntos y tomaré la responsabilidad por cualquier cosa. O pueden regresar y reportarme. Pero eso es lo único que ocurrirá. Tal vez un mes de castigo, dos a lo mucho, porque realmente no es injusticia lo que haré, pero al menos mi conciencia quedará tranquila al saber que alguien lucho en nombre de esa gente. Para eso existe el shinobi: Para cuidar de los suyos, incluso si no los conocemos.
Giré mi cuerpo con determinación. Caminé con firmeza hacia el bar, entre mis silenciosas huellas, conté internamente.
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Fue en el séptimo paso que escuche los pasos sordos de los otros tres, antes de girar y verlos acercarse tímidamente. Aun inseguros. Cautelosos.
Pero fue una de esas veces en que alcance a ver la flama arder en sus brillantes ojos: La famosa Voluntad del Fuego.
- Son veintisiete ninjas, tú lo dijiste rango Jōnin, mínimo. ¿Cómo planeamos hacerlo? – dijo el niño colmilludo ganando un ladrido de su compañero.
Afortunadamente, mi rostro enmascarado ocultaba la sonrisa lobuna que emergió tras su decisión.
Buenos chicos.
Así es como llegamos a esto.
Una guadaña de agua se acercaba rápidamente hacia mí, solo para atraparla y empezar a arremeter contra el propio usuario creador.
Inyecté chakra para que dependiera del mío y no se disolviera.
Llegue hasta donde Shino-san cuando uno de los hombres utilizando katōn había penetrado la barrera de Kikaichū, cuando apenas el chūnin estaba girando la cabeza, el Nukenin estaba posicionando su kunai contra la garganta.
La sangre impregno el rostro de Shino-san cuando la guadaña de agua atravesó desde el otro lado al renegado que mate.
Tenía sangre en varias partes de su abrigo, por lo que, aunque lucía pasmado, procedí a revisarlo rápidamente sin siquiera tocarlo. Su Kikaichū empezó a dirigirse a mí en formación de ataque ante el chakra invasor al cuerpo de su portador.
Los años de instinto generado me hicieron soltar una descarga de fūton para capturarlos sin lastimar a ninguno; sólo privándolos momentáneamente inyectando un poco de ninshu para que se tranquilizaran suspendidos en el aire.
Aquí yo no era el enemigo, y necesitaba que se enfocarán en eso.
- ¿Cómo hiciste eso? – murmuro Shino-san elevando las cejas en señal de sorpresa.
Itachi-san me va a matar. Me dijo que no llamará la atención.
- Irrelevante, Shino-san, ¿heridas de gravedad? – dije señalando su abrigo manchado de sangre.
Negó con la cabeza sin dejar de ver sus pequeños escarabajos.
- No te preocupes, tus Kikaichū están a salvo. Sólo necesito que se enfoquen en seguir con el plan, ¿entendido?
- ¿Cómo sabes lo que son? Casi nadie se interesa por ellos… - dijo todavía más sorprendido.
- Tontos ciegos, obviamente, eres afortunado de pertenecer a una familia tan unida, que te consideren como a un miembro más, aun siendo humano – le dije seriamente, sin dejar de mirar sus gafas oscuras.
Pude ver como se enderezo ante mis palabras. Aplane mis labios. Seguramente este chico había sufrido discriminación por sus preciosos insectos. A mucha gente le asqueaban e incluso podían asesinarlos, como mi caso con las cucarachas –esas merecen morir a toda costa –; sin embargo, era sincera cuando le dije que era afortunado. Esos escarabajos harían lo que fuera por él.
Ya quisiera yo que Bastet me diera la hora del día en un buen día sin pedirme galletas de hormigas a cambio.
- No te desconcentres, estas haciendo un excelente trabajo – continue diciéndole mientras revisábamos la posición de los demás.
- Pero Kiba… - dice cuando veíamos que el chico perro se había vuelto rebelde y estaba destrozando lo que estaba a su paso, tomando la sed de sangre de un shinobi –
- Me ocupare, ¿aun tienes identificada a la Kikaichū hembra? – me miro impresionado.
- ¿Cómo…?
- Te lo dije, a mis ojos eres afortunado, ahora, ¿la hembra?
Su enjambre, ya suelto y más tranquilo volaba serenamente a su lado, contándole secretos a su dueño.
Supongo que muy pocos realmente sabían que el Kikaichū hembra podía emanar un cierto aroma, es por ello por lo que Shino-san había enviado sigilosamente a la hembra a ocultarse entre las ropas de la niña rehén.
De esa forma Shino-san, iría tras la rehén, mientras los demás lo cubríamos.
- La tengo. Está en el sótano.
- Bien, te abriré paso – dije dándole la guadaña de agua al tiempo que me lanzaba al frente.
Aplicando shushin llegue al frente de Kiba-san y apoyándome en sus hombros agite mis pies hacia adelante para dar una patada doble a su contrincante.
El impacto fue tan fuerte que no volvió a levantarse.
Apoyándome de nuevo en Kiba-san, gire mi cuerpo al otro lado, atacando al que llegaba con katana en mano sólo para detener el ataque con mis botas y girar su brazo, así como su cuerpo en el movimiento.
Tome la katana y le corte el cuello.
Me gire para encontrarme los ojos salvajes de Kiba-san molesto porque interferí, así que antes de que pudiera refutarme cualquier cosa, le comente:
- Akamaru sano y salvo, Shino-san requiere llegar al sótano. Instrucción: despejar el camino para él, ¿entendido? – mi tono fue mandatorio, aunque intente que no sonará así, no era el líder de este equipo. No oficialmente.
Al principio parecía tan sorprendido que no reacciono, hasta que tome su hombro, hice que se agachara en un giro y envié balas de suiton tras la ráfaga de kunai que nos habían enviado desde un flanco abierto.
Volví a girarlo cuando por detrás sentí el ataque de fūton actuando como arma filosa, alcé un doton antes de que llegara a dos metros de nosotros sólo para inmediatamente dejar salir filosas agujas de la pared de piedra con dirección a nuestro atacante.
Una explosión que sonaba dolorosamente cercana a las escaleras hacia el sótano hizo reaccionar a Kiba-san.
- Hai, correcto – se enderezo antes de gritar - ¡Akamaru!
El enorme perro llego corriendo con Hinata-san encima de él.
- Cubriré la retaguardia, protejan a Shino-san, les mandaré protección hasta que lleguen a la rehén – le dije a Kiba-san mientras veía llegar a Akamaru a todo galope.
- De acuerdo, nos vemos en la salida – dijo él con un suspiro de alivio cuando miro a su perro hermano lleno de sangre en su pelaje, pero totalmente funcional.
Se subió en la carrera mientras Akamaru pasaba junto a nosotros, y roce con las puntas de mis dedos el pelaje del perro antes de soltar un escudo protector de chakra sobre ellos.
Comprendía que para ser chūnin de rastreo se detuvieran ante el pensamiento de asesinar a alguien. Sin embargo, algo debió tocar las fibras de cada uno cuando vieron a una pequeña niña de seis años, maltratada en sus mejillas y con un vestido roto, así como sus mallas blancas que ahora eran grisáceas, y más arriba, sangre de su entrepierna.
La idea de lo que le pudieron hacer un montón de renegados cuya vida la ven como una mercancía de compra-venta, llevo al equipo Kurenai a dar su extra.
Con ellos fuera del campo de visión fue más fácil terminar el trabajo; al menos no tenía razones para retenerme ahora.
Con mi garra, desgarre mi palma para activar mi sello favorito.
El anillo del que tantas veces se burló Sasuke que figuraba como de casada, realmente era el sello de almacenamiento de mi maravilloso tesoro; la sangre era la llave para abrir el sello.
Una espada que me pide a gritos alimentarla.
Bien, Kubiki-chan, es tu turno.
Aún quedaban cerca de veinte hombres. La mayoría dentro del bar habían quedado acorralados a las ventanas pensando que podrían apuntarnos de mejor manera, hasta que se dieron cuenta que no podían dispararnos, gracias al genjutsu de intercambio de lugares que incluí.
Alzando mi impresionante tesoro asesino, la escuche maullar pidiendo comida.
Afronte con el primero que encontré, rebanando a la altura de los ojos, cortando limpiamente el cerebro; el segundo, no sintió el momento en que pise su pie para que abriera la boca y le incrustara la espada hasta la nuca; el tercero, grito con dolor cuando su mano derecha dejo de estar en el lugar de siempre sólo para que fuera su pierna izquierda la siguiente es desmembrarse, cuando se arrodillo, lo degollé.
Paso a paso, las vísceras se abrieron camino formando un pequeño arroyuelo de sangre.
Algunos quedaron con rostros de inmenso dolor plasmados en su cara; sin embargo, fueron muy pocos, a la mayoría lo arrolle desde la cabeza ya que es la manera más fácil de terminar con alguien.
Algunos otros fueron cortados limpiamente por la cintura, inclusive parecían entrar en shock al ver de su cintura para abajo justo al lado de ellos y no entendían que había ocurrido.
El último fue un niño prácticamente. Doce años.
Tan joven y, sin embargo, ya se creía tan rudo junto a estos renegados.
Me miraba buscando piedad, soltando sus armas que a duras penas sabía controlar. Cuando vio que me detuve frente a él y no lo mate de inmediato, sus sollozos se descontrolaron hasta que empezó a tartamudear su nombre, su verdadera afiliación, sobre su familia, sobre sus hermanas menores, sobre cómo ser el hombre de la casa.
Cuando me quede inmóvil por más tiempo, él pensó que le estaba dejando huir y echo a correr.
Fue cuando Kubiki-chan reacciono. A ella no le gustaban las presas fáciles.
¿Qué disfrute podía existir en una caza donde la presa se entrega tan sencillamente?
Tenía tal vez unos quince metros delante de mí corriendo desesperado antes de llegar a cualquiera que fuera su destino, antes de que la espada quedara incrustada en su espalda. Cayo ante el espantoso dolor y el desgarre de su médula espinal. El ataque hizo que la punta filosa llegará hasta su corazón.
Murió por el desangramiento.
Cuando ronroneo por el degusté de la sangre, retraje a Kubiki-chan con la sangre que salía de mi palma, con lo que nos unía a ella y a mí.
Estaba satisfecha antes de decidir su momento para regresar al anillo del sello.
Espere afuera hasta que los pequeños pudieran rescatar a la preciosa niña.
A pesar de que mi discurso de motivación tenía la mitad de verdad, la mitad de mentira, la verdad completa es que se me había enseñado que si tenías la oportunidad para aniquilar las alimañas, debías hacerlo. No había tiempo de reflexión porque no sabrías cuando vendrían por ti y tu familia. Con Obāsan no había puntos medios. Actuabas o actuabas.
Hubo una sola vez que creímos que podíamos dejar ir a un hombre, uno que nos dijo que guardaría silencio sobre el secreto de Naruto. Éramos muy jóvenes, justo antes de cumplir los seis otoños.
Fue una fortuna que Obāsan estuviera vigilándonos. El hombre ya estaba enviando un pergamino a su líder sobre nuestra ubicación. Aprendimos a la mala, pero fue una buena lección.
Todo este tiempo, bajo el escrutinio de Itachi-san, no tuve oportunidad de refinar mis habilidades a no ser que fuera con los Akatsuki, pero esos no valían. Se me había olvidado esto. El estiramiento de los músculos, sentir la brisa secando la sangre de mis mejillas, el peso de la espada en mi mano, el desafío en general.
Ohh… Naruto diría que al fin he enloquecido. Me he vuelto emocional y nostálgica.
Cuando sentí sus firmas de chakra cercanas, a punto de salir, sentí una última. Una pesada y repugnante desde el ático.
Era el líder aparentemente por la forma tan alterada en que brincaba su firma.
Aplicando teletransportación, me situé en la ventana del ático, apenas para alcanzar a ver como estaba reuniendo suficiente pólvora para volar el lugar hasta Konohagakure.
Revise de nuevo con un sondeo de chakra. No lograrían salir si este tipo hacía explotar el lugar.
Aplicando nuevamente teletransportación aparecí en la esquina más alejada de la luz, donde la oscuridad prevalecía, de esa forma no sería capaz de captarme con mi chakra escondido.
Gruñidos y maldiciones salían de él, hasta que se dio la vuelta, dándome la espalda, por lo cual aproveche para presionar los puntos blandos entre los hombros y la espalda.
El resultado fue paralizante e inmediato, sus rodillas colapsaron debajo de él. No podía mover cualquier parte de su cuerpo más que sus ojos que volteaban a cualquier parte que estaba en su rango visual boca abajo.
No lo desmaye, simplemente desconecte sus cervicales, por tanto, era como si su cuello estuviera roto.
Fácil y sin dolor.
Necesitaría al menos entregar a un criminal ante Tsunade-sama, para el registro o tener un criminal, en lugar de parecer un mártir, por tanto, quien mejor que el supuesto líder.
Me miraba con odio en los ojos que bajo la luz baja se veía mugriento con leve olor a otra fragancia en su cuerpo.
Algo más… fresco.
Incline la cabeza tratando de olisquear mejor. Sangre joven en sus pantalones, sangre que no era de él.
Ah… mire planamente al hombre… La pobre niña no se salvó de la desgraciada lujuria de este hombre.
Sabía que no había necesidad de patearlo, lo hecho hecho esta, pero… una pequeña pesadilla para este hombre no le haría mal.
Coloque mis dedos en sus ojos inyectando un poco de genjutsu. Sus gritos duraron horas bajo las continuas violaciones y apuñaladas de cientos de agujas dentro de la ilusión.
De cualquier modo, no pude sonreír ante la cruda venganza porque un crimen así nunca tendrá la justicia para solventarlo, de ninguna manera, incluso si él termina creyendo que es la pequeña niña.
Ninguno sonreía incluso si la -no- misión había sido un éxito.
El olfato de los miembros Inuzuka detectaron el almizcle mal logrado en los jirones del vestido y mallas de una niña de seis años.
Bajando la cabeza en son de vergüenza, permitieron que fuera cargada por Shino-san hasta el hospital más cercano donde la van a examinar.
Hinata-san, sollozaba en los brazos de su compañero, quedamente. Su fuerza moral que en un inicio había sido de protección había quedado deshecha.
Era una buena señal, al menos se enfocaba en ella y no en el número de muertos regados en el bar.
Cual escolta fúnebre fuimos hasta el hospital caminando lentamente mientras Shino-san no permitía que la pequeña maltratada se sobresaltara.
Al final, cuando llegamos a la entrada del pueblo, fuimos recibidos tanto por Kurenai-san mirando impactada como la sangre empapaba las ropas de los chicos y un Akamaru venía arrastrando cual verdadero cerdo al traumado líder de la banda criminal. Sus ojos se llenaron de horror al ver el estado de su equipo tan joven.
Por otro lado, Kakashi-Taicho estaba viéndome seriamente.
Sí, culpa y recriminación se veía en su único orbe gris oscuro, pero debajo de eso, ahí escondido lo vi bien: interés.
Antes de que la menor fuera tomada de los brazos del Aburame, quien también la apretó tiernamente, lo miro a los ojos tan golpeada como estaba.
Bajo los moretones y los rasguños que dejarían evidencia en su carita infantil, ella alcanzo a ver las gafas oscuras de Shino-san con agradecimiento y dolor.
Vi mover sus pálidos y pequeños labios suavemente, diciéndole algo a Shino-san, antes de que el chico que la cargaba se dejara caer en una tanda de sufrimiento.
Ella se levantó por apenas para ver hacia atrás del hombro tanto a Hinata-san como a Kiba-san para dejar salir la misma dolorosa palabra.
Los chūnin quedaron completamente congelados, entendiendo por completo porque se derrumbó su compañero.
Arigatou.
Akamaru se acercó con cautela, tratando de no asustar a la pequeña, quien, parecía más viva que nunca cuando abría sus brazos hacia el enorme peludo blanco y se dejaba abrazar por ella impregnándose de más sangre.
Incluso el perro se llevó el tierno gesto.
Kurenai-san empezó a llorar discretamente, seguramente más por las hormonas del embarazo que por su la situación tan triste.
Los chūnin dejaron ir a la pequeña quien se iba en los brazos ahora de un enviado del Daimyo de la Tierra del Fuego hacia el hospital.
Las manos de Shino-san las poso en la tierra y se encorvo, llorando quedamente, sonando más como un gruñido de guerra contenido. Poco después sintió el abrazo de sus compañeros.
Kiba-san tenía un brillo peligroso en los ojos que prometía venganza para todos los renegados.
Incluso, la mano de Hinata-san se apretaba rudamente contra si misma, con un brillo atemorizante en la mirada.
Sonreí para mis adentros.
Sentí la mirada de Kakashi-Taicho, mirándome con intriga.
Gire la cabeza para que pudiera ver mis ojos ocultos bajo la máscara de liebre negra.
- Si querías probar mi trabajo en equipo, espero haber superado tus expectativas, Kakashi-Taicho – le dije en lenguaje de señas.
No contesto. No fue necesario.
Él sabía de lo que podría ser capaz al lograr que uno de los equipos más nobles de toda la aldea haya sucumbido ante mis manipuladores encantos.
¡El maldito se había atrevido a hacerlo! Ese bastardo fue y se acercó a ella cuando nadie estaba viendo.
Pero de nuevo, todo era parte del plan.
Eso no impedía que la Senju tuviera la sangre hirviendo como lava a través de sus venas al ver a la pelirosa frente a ella.
La niña no habría pronunciado palabra, pero era evidente que había sido torturada.
- ¿Qué más? – dijo la rubia, su voz peligrosamente baja.
- Más allá de los hermosos tonos verdes que adornan su cara, seikō, se logró el primer objetivo.
Cualquiera pensaría que el neko, dueño de esta niña aparentemente, mostraría más empatía por su cuidadora de los últimos quince años, pero el gato únicamente baña sus patas, mientras ofrece su informe.
Tsunade sentía su boca llena de pegamento mientras ordenaba:
- Déjame ver.
Sakura, huérfana de Yugakure, hermana del jinchūriki del bijuu más vigoroso, peligrosa como poderosa, entrenada en las artes Shinobi, buscada por tres países a estas alturas, llamada bruja en algunos otros, mostro la evidencia de su triunfo inicial al ingresar a Anbu Raíz, la división traidora de la Aldea Oculta de la Hoja, abriendo su boca y sacando la lengua.
- ¿Ves, seikō? Ahí, la preciosa marca que buscas.
El puño de la Senju parecía fantasmal de tanta fuerza que estaba aplicando.
Sí, Sakura, un activo muy valioso sorpresivamente, no le quitaba el ser una chiquilla de dieciocho años.
Una niña, cuya lengua ha sido perforada con Zekka Konzetsu no In. El sello maldito de Raíz.
El portapapeles voló a centímetros de la cara de dicha niña por la frustración de la Senju. El objeto volador se detuvo en el aire y regreso tranquilamente al escritorio de la Hokage, cortesía de la magia de la pelirosa.
Sabía porque estaba tan enojada, pero eso no quitaba que le parecía tan cruel e injusto.
Habían acordado que era necesario detener a Danzo, especialmente porque Tsunade había sido informada por ciertas actividades que se considerarían traición en cualquier época de la historia.
A saber, su fuente fue su propio sensei, el Sandaime Hokage, a través de cartas que escribió específicamente para ella como su sucesora, que sólo podían leerse una vez declarado su fallecimiento.
La Senju nunca entenderá que pasaba por la cabeza de su maestro, cuando perdono a "su mejor amigo" por tantos delitos. Ni siquiera delito podría ser la palabra correcta.
Apoyar a Orochimaru con el rapto de más de 70 niños de Konoha para experimentación a través de uniones con células de Senju Hashirama, algo imperdonable, aún más nefasto considerando que sólo un niño logro sobrevivir a dichos experimentos de rata de laboratorio y lo utilizaron para ser un miembro de Raiz durante años.
Eso hace odiar y decepcionarse cada vez más de su otrora compañero Sennin, aunque eso es harina de otro costal.
El hecho de un intento de asesinato de Danzo al propio Hiruzen, utilizando a Kakashi; por favor, más tonto el hombre al perdonar al autor intelectual de ese crimen.
La tortura, los abusos infantiles y autoritarios, el posible encubrimiento de Orochimaru y apoyo a éste durante los exámenes Chūnin de hace cinco años, sólo son algunas cosas que ni siquiera abarcan el 50% de los delitos que se le sospechan como creador estratega.
El problema, es que la lealtad tanto de Itachi, Shisui como de Kakashi, hacen que estos dos no sean factibles para ingresar a espiar a Danzo. Tenzou no es bien visto dentro de Raíz, por tanto, no era opción tampoco.
Sin embargo, cuando una pelirosa por la cual no tenía ninguna atribución, propuso ser su espía, no sólo había dudado de ella, sino peor. Lo había considerado seriamente.
Desde que Naruto y Jiraiya se fueron al Monte Myōboku hace tres meses, Sakura había sido recluida en misiones de rangos A y Superior.
Los Uchiha se habían quedado fuera de ella un tiempo, considerando que su periodo de prueba había finalizado y el escuadrón Nijū Shōtai, los requerían con mayor urgencia para la búsqueda de Akatsuki.
Por ello, ella había sido repelida entre asesinatos y espionaje.
Tres meses en los que sus compañeros de equipo tuvieron un éxito arrollador del 100%, así como lesiones mortales sanadas sin cicatriz alguna en tiempo récord competente al Uchiha.
De hecho, empezó a circular un ridículo rumor entre sus Anbu sobre estar preparados con dientes de leche, hojas de ruda, infusiones de canela, ancas de rana disecadas, aceite de almendras y más, entre sus cartuchos de senbon. Tsunade no quería ni siquiera empezar a entender la razón.
Como logra eso una chica que literalmente hizo estallar un volcán para minimizar con un campo lleno de cannabis, es algo que la Senju no tiene idea.
De lo que tiene idea, es de los informes de los dos capitanes, más allá del Uchiha, que han estado a cargo de ella. A saber, el más intenso, el Hyūga, quien solicita su presencia en cada ocasión desde la primera vez que trabajo con ella.
¿Su justificación? Al parecer ella puede hacer explotar la cabeza de doce hombres en tres segundos sin siquiera mover un dedo. O también aquel en el que puede curar a un compañero de equipo en un rango de tres metros, haciendo emerger su chakra traslucido fuera de su cuerpo. O su favorito personal, al parecer a los peces les fascina tanto su canto que caen a su canasta de pesca por si solos, Hokage-sama, había dicho el chico Anbu sin entender como sucedía tal cosa.
Eso para un Hyūga, quien tiene una obsesión por obtener lecturas de chakra, la niña era una lista inimaginable de productos y servicios a favor del chakra.
Sin embargo, a este capitán le va a tener que rechazar la siguiente misión con su bruja-médico favorito, porque justo la niña acaba de ser contactada por Danzo, quien debió de aburrirse de vigilarla y procedió a actuar para reclutarla.
No pudo capturar a Naruto en su momento, y con su ausencia, aprovechará para hacerle un lavado de cerebro a la pelirosa para traicionar a su propio hermano y entregarlo al Elder.
No sería la primera vez que escucha una historia así y cuyo final, lamentablemente, es donde el bastardo tuvo éxito.
Pero ahora, los buenos ciudadanos de Konoha, tienen una vía de entrada a Anbu Raíz.
Necesitan encontrar las pruebas, todo aquello que incrimine a Danzo y no lo tenían. No, hasta ahora.
- ¿Cuándo te traemos su cabeza, Seikō? - dijo el neko sentado en el escritorio de la rubia.
Sakura sería el señuelo, quien ya ha sido marcada por el sello: Erradicación Lengua Maldita, con el propósito de evitar que los marcados revelen información sobre su líder o la organización, evitando que caigan en manos equivocadas que pongan en peligro a la Raíz. Ella no podría hablar, no sin medio morir en el proceso.
Aquí el secreto es el neko. Bastet.
Siendo un bakeneko, tiene la especialidad de esconderse detrás de sus genjutsu, ilusiones de invisibilidad aprobadas tanto por Itachi y Shisui, maestros en su ciencia; además de que, en cualquier momento lograrían hacerse con el cuerpo de alguno de los traidores Anbu y el gato podría tomar su cuerpo.
Sin limitaciones para el informe del felino, él sería el encargado tanto de recopilar la pesquisa, mientras la sospechosa más obvia sería su cierva, quien sería altamente vigilada. Como justamente se esperaba.
Un plan que francamente le pareció atrofiado al inicio, pero hasta el momento ha funcionado aparentemente.
Aun así… aun así… eso no significa que le guste.
Para poder atrapar a Sakura, Danzo debió probarla con sus propios métodos de tortura.
La lengua marcada en negro con la forma de tres líneas continuas y dos líneas quebradas desde la parte posterior de la lengua hasta la punta de ésta sólo es el inicio.
Fue atrapada entre varios shinobi, y según el gato, utilizando apenas lo básico para no revelar todo su poder, de taijutsu y ninjutsu - con sellado manual - logro enfrentarlos, tras pasarlos, el mismo Danzo fue quien realizo su examen de ingreso a su "área".
Los moretones son evidencia de las malas curaciones que le realizo algún idiota dentro de la organización tratando de tapar los desgarros musculares, las puñaladas, y al parecer, muchos golpes en el rostro.
Fue precavido al no romper huesos. Raíz no cuenta con un médico oficial y sería difícil explicar en el hospital como una ciudadana catalogada como civil resulto tan malherida.
Su cabello rosa puede que haya sido lo más dañado; el maldito bastardo seguramente le quiso enseñar a la niña algo sobre la vanidad femenina.
Viéndola, con sus ropas apenas manchadas de sangre, el rosa mal cortado, la nuca visible con puntos rojizos erizados en furia, los labios planos, las manos llenas de tierra, hematomas por brazos y hombros visibles en distintas etapas de coagulación, parecía que acababa de ser arrastrada por el fango. Pero los ojos. Ahhh… Delicadas esmeraldas sin ninguna marca rojiza alrededor, ninguna marca en absoluta en ellos que no fuera la determinación y un deseo de venganza absoluto, fueron lo que hizo que la Senju tomará una decisión.
Tsunade se levantó y abrió un cajón escondido de su pequeña biblioteca.
- Debo suponer que has quedado sorda, o retardada de tanto sake, seikō. Te hice una pregunta.
- Basta gato – le dirigió una mirada sucia a Bastet – y deja al sake en paz.
- Entonces responde, ¿Cuándo debemos reponer el daño a mi producto?
Rodando los ojos ante el gato materialista, le entrego un diario a la pelirosa, quien no se había movido de su pose shinobi.
Aprende muy rápido, era muy astuta, y aunque habían chocado al inicio, Tsunade admitía, a regañadientes, que ella es un buen ninja. De las mejores con las que ha trabajado, mejor dicho, nunca había trabajado con una Kunoichi así. No, no kunoichi. Una shinobi hecha a si misma. Una excelente.
Le hubiera encantado fijarla permanentemente al hospital. Con ese potencial, ella tendría futuro en el campo médico, pero, así como Shikaku y como Ibiki, sabía que ahí afuera, en las vastas tierras del fuego, ella sería más útil. Por el momento.
Así que le brindará lo único que puede darle, algo que incluso ha tenido expectativas sobre si podrá lograrlo desde hace tiempo, su propio tesoro.
- Le daré a tu producto, gato roñoso, algo que puede serle funcional. De esto, niña, quiero ver los avances pronto.
Sakura extendió su mano, tomando el diario, asintió y se lo coloco en la parte posterior de su cuerpo, regresando sus manos a su espalda.
- Reponte, fingiremos que he sido yo quien te cura para despistar a tu compañero allá afuera – dijo la rubia regresando a su lugar.
- Hai Hokage-sama.
- Ahora tú, bola de pelos, habla.
- En tiempos de tu abuelo humano, ciertamente las palabras tendían a ser más cultas y educadas – decía el neko, mientras se sentaba correctamente y entregaba su informe.
Al terminar su reunión, después de un informe lleno de bastantes metáforas de juguetes rotos y platos de atún, pudo ver apenas por la luz atravesada en su puerta a un pelinegro extremadamente pálido acercarse a la pelirosa.
Apenas tuvo dos misiones con ella, y ya está pegado como una garrapata. Únete al club, niño ombligo.
Ahora, esperemos a ver si la mocosa puede hacerlo. De cualquier manera, si no es factible, no habré perdido nada.
La Hokage sonrió mientras volteaba su vista al panorama de su querida Aldea.
Pero si lo logra, la niña entonces será la tercera persona en la historia de conseguir el Byakugō no In.
Es lo menos que puedo hacer por poner su vida en peligro.
