Capítulo 40. Disfruta tu manzana.

Era un chico tan peculiar.

No hablaba, sólo asentía y caminaba tan mecánicamente que prácticamente podía escuchar sus articulaciones doblarse.

Aburrido y robotizado. Soldado.

Eso es lo que era.

Kakashi-taicho me trataba como siempre, sin embargo, ya no volvió a dejarme sola, por tanto, tiempo. ¿Precaución o temor? No creo que ninguna de las dos, al menos no más que el interés sobre lo que podía hacer… o destruir si me daba la oportunidad.

Pensé que su evaluación sobre mi trabajo en equipo con el equipo Kurenai, quienes se estaban decantando ante Hokage-sama como un equipo de extracción más activo, definiría al compañero con el que seríamos complementados.

Sin embargo, me informo que este chico no fue elegido por él; de hecho, me iban a asignar nuevamente al capitán Hyūga quien parecía más fascinado por mí que por nuestras pocas misiones.

Al parecer algo – o alguien – había cambiado esa organización dejándonos ver al capitán peliblanco y a mí a nuestro nuevo integrante.

Con pelo corto, negro y ojos negros, es por lejos el hombre con piel más blanca que el papel que haya visto nunca.

Lleva una chaqueta corta negra con correas de color rojo y como es costumbre de todos los miembros de la raíz tiene una marca maldita en la lengua. El resto de su atuendo consistía en una camisa de cuello alto, pantalones negros, sandalias shinobi y guantes con los dedos de su índice y el pulgar expuestos, muy probablemente para facilitar el uso de sus técnicas basadas en dibujos.

Así también lleva una pequeña mochila con su pincel, pergaminos y tinta ninja en el mismo. Su hitai-ate portado correctamente en su frente dejando su leve flequillo lateral a la vista.

Su nombre fue dicho tan mecánicamente cuando se presentó: Sai.

Kakashi-taicho y yo nos miramos mutuamente un segundo, reconociéndolo por lo que era.

Oficialmente era la primera misión Chūnin en la que participaría así que debía ir con cuidado, en esta ocasión no podría mostrar ningun aspecto del ninshu, no frente a Sai.

A los ojos de Danzo, yo seguía siendo una Chūnin con aspiraciones a Jōnin. Nada más nada menos.

Por tanto, debía ser cautelosa con lo que le mostraba a este nuevo chico, y por lo mismo, no podía ir con máscara esta vez. Incluso mi cabello debió permanecer con el mismo rosa para evitar alzar sus sospechas sobre mi nivel de habilidad.

Tan emocionada como estaba por pensar que tal vez tendría mi primera misión Anbu oficial, quede colgada en las barbas de la luna cuando se me asigno un aburrido rango B.

Nadie, con mis planes en mente, funcionaría con rangos B.

Son misiones asignadas a chūnin o superiores, consideradas misiones típicas de un ninja: espionaje, confusión, recolección de Información, asesinatos silenciosos.

Base de clasificación: en este tipo de misiones se espera que involucre la batalla con otros ninja.

Ejemplos específicos: solicitud de otros países para unirse a la guerra, guardaespaldas para particulares, trabajo de espionaje, asesinato de otros ninjas, entre otros.

Honorarios: desde 80,000 a 200,000 ryō.

Tal vez no era un shinobi, pero me estaban pagando como tal.

Sí, había riesgo de morir o perder una extremidad, pero una chica tenía sueños y los míos eran jubilarme – si es que realmente quedaba con vida al finalizar los dos años de prueba – propiamente como una damita burguesa empresarial. Podría sonar como una meta utópica, pero tenía una leve esperanza que Hokage-sama me dejara ir una vez que ya no le fuera útil.

…Oh, Seiryu-sama, realmente es una falacia.

Sin embargo, con esos honorarios, ¿cómo podré ser una emprendedora en este mundo capitalista? Tendré que trabajar muchos, muchos rangos B para apenas alcanzar a pagar el enganche de mi sueño.

Evidentemente, tocar el dinero o herencia de Otouto no es viable. Es el dinero de su familia, lo que se le debe al menos. No seré así de cruel…. ¿O si…? ¡No! Deja de pensar en el dinero de su familia muerta que no lo volverá a usar en la vida y que ni siquiera otouto conoce, dinero podría ser utilizado para algo magnífico, como inversión para mi… ¡Que no!

Nuestro destino de hoy era interceptar un pergamino de la Aldea del metal dirigido a Sunagakure. Si bien esta última había formado una fuerte Alianza con Konohagakure, Hokage-sama decidió primero supervisar lo que fuera que la Tierra del Hierro quería de la del viento. No fuera una trampa comercial, o peor, política.

Por tanto, era vital obtener el pergamino sacar una copia y regresárselo al escuadrón que lo llevaba, todo sin generar sospechas de que siquiera fue tocado, haciendo parecer que el sello no fue abierto en ningún momento.

- También podríamos invitarles té y galletitas – dije a Kakashi-taicho cuando expuso las instrucciones.

- Denegado, no debemos de hacer contacto con el posible enemigo – dijo el nuevo integrante de nuestra asociación delictiva.

- Fue una broma de Sakura-chan, Sai-san – Dice Kakashi-Taicho.

- Va en contra de las reglas hacer bromas durante las misiones, Hatake-sama. Deberá ser reportada de inmediato al regresar.

Pude sentir el suspiro interno profundo que dio Kakashi-Taicho ante tan cuadrado chico. No habíamos hallado aún al grupo diplomático de la Tierra de Hierro, por tanto, al menos para mí, mientras corríamos entre los senderos semi tropicales de la Tierra del Fuego, me permitía liberar comentarios sarcásticos, principalmente para medir al nuevo.

Después de ese comentario, el capitán peli plateado me dio una mirada que solicitaba que guardara silencio a partir de ahora.

Hallamos a nuestro jovial grupo de Hierro caminando tranquilamente en los senderos fronterizos con Kusagakure, y, por la forma tan ostentosa del carruaje del mensajero, sonaba más como un rico comerciante que como un enviado diplomático a Sunagakure.

Se nota lo poco que conocen sobre la Aldea escondida entre la Arena. Las tormentas de arena harán desaparecer prácticamente la mitad de lo que lleven dentro, las ruedas no podrán continuar por el hundimiento en las movedizas y las ropas vaporosas y gruesas de los sirvientes denotan que desconocen sobre el fuego ardiente que reina sobre Sunagakure.

Regresaran fastidiados a su hogar cuando termine su misión.

Encaramados en algunas ramas, nos propusimos a identificar sobre las propias escoltas ninjas del mensajero.

La tierra de Hierro no estaba dentro de las Cinco Grandes Naciones Shinobi, por tanto, se consideraba que el rango más alto que ellos gustaran abarcar realmente no sería mayor al de un chūnin de Konohagakure.

Quisiera decir que eso es discriminación social y marginación ninja, pero en muchos casos, es cierto. Al no tener el mismo entrenamiento shinobi ni la misma necesidad de invasión a los que se aferran en las grandes ligas, los pueblos pequeños no tienden a ser estrictos ni tan exigentes con sus shinobi como los demás.

- ¿Alguna idea para identificar números de personas involucradas? – murmuro Kakashi-Taicho mientras estábamos muy por detrás de ellos.

Estaba a punto de responder cuando Sai, se adelantó y pidió permiso a su Hatake-sama para continuar:

- Chōjū Giga – murmuro su jutsu después de haber sacado de su mochila, un pergamino largo y haberlo desplazado.

Saco un pincel grueso, grande y empezó a dibujar en él; sin embargo, apenas había dado un trazo cuando un pequeño ratón salió del pergamino y corrió en dirección del carruaje, metiéndose escurridizamente entre los pliegues de madera.

Quede maravillada ante el blanco y negro de la pequeña criaturita de tinta mirando a Sai con una nueva perspectiva.

Tantas preguntas se formaban en mi mente cuando él mismo nos informó, segundos después, que el ratón había detectado a tres ocupantes dentro del carruaje, dos cuyo nivel de chakra era mayor que el mensajero, por tanto, eran escoltas personales.

Entonces podía detectar todavía un mayor detalle con su jutsu sin necesidad de acercarse al objetivo.

Kakashi-Taicho nos indicó que lo más seguro para proceder sería un genjutsu, uno que dejaría a mi cargo mientras Sai hacía que el mini ratón tomara el pergamino y pudiéramos replicarlo.

Debía esforzarme puesto que mis genjutsu aun eran llamativos, no tan sutiles como los de Itachi-san o Shisui. Aun me gustaba distraer a lo grande; sin embargo, fue un buen reto.

- Cuando gustes Sakura-chan – dijo Kakashi-Taicho instándome cuando nos posicionamos a unos cien metros por delante, llegando a un recodo donde estaba totalmente árido.

El plan consistía en alrededor de uno o dos minutos únicamente para darle oportunidad a Sai de replicar con su jutsu de tinta maravilloso; realmente debía de ser sencillo.

Nos instalamos en el centro del cruce, coloque primero la capa de chakra protectora sobre nosotros para evitar cualquier ataque primero.

El chakra de Sai entonces reacciono por primera vez, y sentí su mirada en mi nuca.

Junte las manos de forma contraria, juntando los dedos medios con sus respectivos pulgares haciendo la señal de ilusión y deje salir mi chakra enviando el genjutsu al paraje tan desértico.

De inmediato un aire emergió desde el suelo, haciendo volar los mechones sueltos dentro de la barrera protectora y el chakra se pudo ver como una neblina aguamarina llenando poco más de quince metros a la redonda.

De ahí, no paso nada.

- Lo que sea que hayas tratado de hacer, claramente no funciono – dijo Sai con su voz plana detrás de mí.

- Eso es porque no estás viendo con claridad – conteste sin dejar de ver al frente.

- …-

Sentí como se tragó su respuesta cuando del suelo empezó a emerger la ilusión. Una ilusión muy real.

Desde margaritas hasta azucenas, lirios y alguno que otro girasol, dientes de león empezaron a volar a nuestro alrededor mientras el verde pasto brotaba de la tierra árida.

Un pequeño arroyuelo se abrió paso entre una grieta que estaba en la tierra, dejando pasar a unos cuantos peces koi; fragancias de campo se pudieron oler inmediatamente, dejándose llevar por una brisa tan fresca y húmeda como si fuera primavera.

Pequeños conejos blancos de ojos rojos saltaban a la vista mirándonos en nuestra burbuja, la cual también se había llenado de maravillosas orquídeas y pasto verde.

Sin ninguna nube en el cielo, se veía el campo completamente hermoso puesto que las flores parecían cosechadas por secciones de tal manera que se veía prácticamente un campo en el orden del arcoíris siendo el arroyuelo el límite entre el sendero y el impresionante baldío.

Un campo de preciosas gemas convertidas en flores.

Se podían escuchar ruiseñores cantar, volando de aquí para allá, saludándonos con sus alas abiertas.

- Esto se ve… se siente demasiado real – comento Sai sin tono.

Me gire brevemente para verlo; había tomado un lirio que creció bajo sus pies, tocando la textura, oliéndolo.

Mientras los pétalos tocaban su nariz, levanto su oscura mirada para observarme. Estaba evaluándome, eso es seguro.

- Buen trabajo, Sakura-chan – dijo Kakashi-taicho a la ligera, más que nada para evitar que Sai cuestionara mis procedimientos.

- ¿Cómo funcionará esto exactamente? Había pensado que tal vez confundiéndolos con respecto a un cadáver en el camino o algo parecido sería más funcional – dijo Sai realmente confuso, si es que ese leve ceño fruncido suyo era una indicación.

- Eso no funcionará – le respondí tranquilamente, a lo cual solo me dirigió una mirada plana.

- ¿Por qué?

Señale por donde se deberían de ver en breve los escoltas.

- Por el nivel de categoría que representan. Si ven a un cadáver en el camino, el mensajero únicamente querrá que lo esquiven, o peor aún, empujarlo a un lado. Sin embargo, un campo rebosante belleza, una inaudita en un lugar tan inhóspito, definitivamente querrá detenerse para según él admirarlo. A lo cual te aseguro que cortara algunas flores e incluso puede que quiera capturar a uno de los conejos. Una persona así de clasista será atraída por la belleza, no por la empatía a un cadáver.

El pelinegro se quedó pensativo, o al menos creo eso pareció por la forma en que miro al horizonte con la mirada perdida.

- ¿Cómo sabes que hará eso? – cuestiona aun confundido.

Mire a Kakashi-Taicho pidiéndole ayuda en silencio, pero sólo se hizo el loco esquivando mi mirada.

Suspire internamente.

Me gire para mirar a Sai dejando caer levemente mis parpados.

- Si vieras un campo así, después de dos días de arduo camino, en donde no te han dejado salir de un carruaje al que ya le conociste todos los detalles, ¿Qué harías?

- … Disfrutarlo.

- Exactamente, eso es lo que hará el tipo.

- Dices que con un cadáver no sería así.

- Exacto.

- ¿Por qué?

Incline mi cabeza. No sé si no me estaba dando a entender, y estaba a punto de preguntarle algo cuando escuchamos el repiqueteo de las llantas del lujoso carruaje de la Tierra del Hierro.

Me incline al oído de Sai, susurrándole:

- Mira por ti mismo.

No asintió, sólo se quedó observando, tan ocultos como estábamos dentro de la burbuja protectora de chakra que gracias al genjutsu nos volvió invisibles a los ojos de la escolta.

Escuchamos un grito entusiasmado desde adentro del carro y la puerta se abrió dejando salir primero a un shinobi, un hombre no mayor de treinta años y según la información detallada por Sai, términos similares a un chūnin; vigilo los alrededores primero antes de levantar su pulgar hacia su compañero que veía tras la puerta.

Enseguida y saliendo apresuradamente, un hombre de alrededor de los veinticinco o veintiséis, que lucía extremadamente arreglado y lleno de gemas y joyas se dejó ver, sonriendo ampliamente al lindo campo.

Un diente de león acaricio su mejilla mientras se alejaba volando por la brisa, lo cual hizo que el hombre sonriera aún más y dejara salir una risa encantada.

- ¡Mira Kabu-san, esto es tan hermoso! ¿Por qué no sabía que pasaríamos por aquí?

- Porque esto no está mapeado, Hokusa-sama – contesto el shinobi más adulto, quien era el único inteligentemente sospechando del nuevo paraje.

- Oh no importa, mira allá ¡Es un conejo blanco! ¡¿Hace cuánto no vemos uno?! ¡Son de buena suerte!

Siguió parloteando antes de que Sai a toda prisa extrajera el pergamino con su ratón del carruaje.

El genjutsu cubrió sus movimientos haciendo pasar al pergamino como un conejo más que brincaba de aquí a allá.

Cuando llego hacia nosotros, Sai saco otro pergamino, y únicamente tomando su pincel lo coloco sobre el pergamino original ya abierto, y una magia sucedió.

Las letras entintadas parecieron succionarse en el pincel para que cuando él lo colocará en el nuevo pergamino se desplegarán por si solas, creando una copia perfecta.

El pergamino original volvió a revelar la letra.

Kakashi- Taicho se encargó del sello, volviendo a dejarlo como si no hubiera sido abierto.

Sai enrollaba nuestro objetivo mientras el peliplateado le devolvía el pergamino al ratón, quien corrió a toda prisa de vuelta al carruaje.

Un plan conseguido en menos del minuto, sonreí para mis adentros. A este paso, si podía hacer una misiones rango B en unos cuatro meses podría empezar a cotizar para las parrillas y los hornos que necesitaba. Las había visto en un catálogo, pero eran tan caras, precisamente porque eran de excelente calidad, no dejaban residuos de latón y eran permanentes así que…

Mis divagaciones fueron interrumpidas por el llamado Hokusa-sama quien pidió que fuera cazado un conejo. Sentí inmediatamente la mirada de Sai sobre mí, a lo que le devolví mirándolo aburrida.

El problema que ahora teníamos es que el campo era tan precioso a sus ojos que si fuera por el mensajero tardaríamos horas aquí de pie hasta que se aburra de la belleza del campo de flores.

Así que, siendo práctica, moví mi sello manual, deshaciendo únicamente la unión de mi mano derecha, que estaba debajo de la izquierda, dejándola completamente plana.

El aire se espeso, y el cielo claro ya no lo era tanto.

La brisa se volvió un ventorral y las nubes se dejaron arrastrar mostrándose oscuras. El proceso no debía de ser tan inmediato porque levantaría sospechas al shinobi que ya veía al campo con malos ojos.

Tardo unos buenos veinte minutos todo el proceso hasta que la primera gota de lluvia cayo en la mejilla del mensajero, quien, a pesar de sus gritos, no lograron cazar a ningún conejo.

Recordando que los shinobi de la Tierra del Hierro no tienen tanta experiencia en combate como uno de Konohagakure, no se percataron de que era demasiado extraño no haber capturado a una pequeña criatura pese a todos sus esfuerzos.

Rápidamente, Hokusa ingreso a su carruaje lamentando el mal tiempo y ya no poderse quedar admirando el paisaje.

Sin más demora emprendieron el camino a Sunagakure de nuevo, pasándonos de largo por escasos centímetros.

Una vez que Kakashi-Taicho nos asintió con la cabeza varios minutos después, deje caer el genjutsu disolviendo los sellos, regresando mis manos a los costados, al mismo tiempo que la barrera protectora de chakra.

El campo se veía tal cual como habíamos llegado, ni una sola gota de humedad impregnaba el ambiente.

Las tenues y agradables fragancias habían desaparecido al igual que los misteriosos conejos blancos y el arroyuelo.

Si bien la misión no había sido para nada pesada, el control de genjutsu mostrado fue claramente superior al chūnin, sin embargo, si Sai pregunta, puedo decir que simplemente tengo afinidad para ello y por eso fui canalizada con Kakashi-Taicho.

Volví a girarme para ver a Sai, quien lucía apático, mirando el suelo.

Creí ver anhelo por un momento en su mirada, pero al tener la cabeza baja no pude confirmarlo realmente.

- ¿Estas bien Sai? – pregunto Kakashi-taicho, quien seguramente se preguntaba lo mismo que yo.

Tardo unos segundos en responder, levantando la mirada para verme, uniformemente. Ninguna expresión en su rostro.

Ciertamente él parecía un cadáver con esa mirada muerta.

Después de segundos de deliberación consigo mismo, miro a nuestro capitán para decir:

- Hai, Kakashi-sama – sin embargo, su voz no sonaba tan convencida de su seguridad.

Días más tarde, cuando regresamos a Konohagakure, para cuando entregamos el pergamino y nuestro informe, Sai me detuvo brevemente en la puerta de la torre principal.

- ¿Te molestaría…? – se interrumpió a sí mismo.

Si había aprendido algo de Itachi-san, de Sasuke, y a veces de Shisui, es que debía dejarles espacio para esperar sus palabras en lugar de presionarlos, así que aguarde en silencio por su duda.

Él esquivaba la mirada, viendo más allá de mí. De pronto, hizo algo que me perturbo demasiado.

Él dijo:

- Olvídalo, era un error – y me sonrió.

Pero no fue una sonrisa genuina, era una sonrisa mecánica, proyectada a través de años y años de ensayo para que pareciera real, pero eso solo la hacía más extraña.

Con Kakashi-taicho detrás de mí, coloqué una mano en el hombro de Sai, quien se congelo ante el contacto, y siguió tenso cuando me incline hacia él sin dejar de ver sus ojos.

Invadí su espacio personal con la intención de que entendiera lo que estaba a punto de decirle:

- Si no quieres sonreír porque realmente no estas feliz, no lo hagas, no finjas el sentimiento. Puedes decirme lo que quieras, seré yo quien decida como actuar con lo que me des, pero no vuelvas a sonreír falsamente. No te queda y no demuestra sinceridad. Si me vas a mentir, miénteme sin sonrisas, al menos sería una mentira más creíble.

Deje salir mi voz seria, contundente. Quería que entendiera que no me andaré por las ramas con falsos. Yo podría ser manipuladora pero no por ello fingía tan descaradamente. Sólo lo primordial.

Dejo caer la sonrisa lentamente mientras veía entre mis ojos; la tensión entre los dos creía gradualmente hasta que pregunte:

- ¿Quieres decirme algo? Es tu turno.

Creo que tomando valor o aprovechando el consejo dijo:

- ¿Puedo dibujarlo? – pregunto completamente serio y firme.

Incline la cabeza, porque no tenía idea de que estaba hablando; supongo que mi confusión estaba en toda mi cara porque él complemento:

- El paisaje de nuestra misión. Quiero dibujarlo – dijo entre trémulo y uniforme.

¿Cómo podría negarme a eso? De cualquier manera, era su tiempo, y su tinta, pero entonces se me ocurrió una mejor idea.

- Tengo un mejor plan – mi voz se modulo menos seria y más entretenida – Sígueme.

Me miro aun uniformemente mientras se dejaba arrastrar por mi mano que tomaba la suya.

Le di un guiño a nuestro Taicho mientras escuche su suspiro, escabulléndose a su apartamento supongo.

Luego lo compensaré con una cena. He descubierto que es un tacaño flojo; una barbacoa gratuita lo compensará.

Horas después, en la espesura del bosque, Sai me anuncio que había terminado. No me permitió ver el dibujo, pero pensé que lucía satisfecho.

Se despidió con un gracias y desapareció en la tarde bordeada de nubes naranjas y rosadas.

Supongo que se sintió a gusto aquí por un tiempo, especialmente porque dejo de dibujar desde hace horas y sólo se había quedado mirando tranquilamente nuestro propio paisaje.


Antes de dormir, en la habitación cuidadosamente limpia pero vacía, sintió los dedos punzantes, gritando con ansias por seguir pintando.

Deslizo suavemente su mano debajo del colchón raído donde guardaba su libro. Uno que había abandonado hacía años con la muerte de su hermano.

Abrió en la última página, fechada con el día de hoy.

Sus ojos oscuros miran su última obra plasmada: una agraciada cascada fruto del rio Nakano, dejando caer decenas de metros de agua azul puro, adornada en las laterales con exquisitos narcisos que se dibujaban como sendas trenzas con rollizos de verde alga, habían sido un espectáculo para sus ónix.

Tan hermoso que cada vez que lo recordaba en las imágenes mentales, no quería que desapareciera.

Desconocía como lo hacía, solo era genjutsu, pero de alguna manera se sentía tan real. Podría jurar que era otra Uchiha por el tipo de realismo impregnado con un poco de… de… no sabía cómo describirlo. Algo sustancioso que parecía vibrar en el aire, algo que se antojaba que casi podía oler de verdad, sentir la adrenalina a través de él corriendo alocadamente por su piel.

Le dijo a Danzó-sama que necesitaba otra misión, para evaluarla mejor.

No podía dar avances certeros con una sola vista.

Incluso la percepción que le otorgo su supervisión hacia Hatake-sama le hizo ver que él también estaba ligeramente impactado. Ella no era como las otras kunoichis, era algo más.

Merecía más observación. Una más cercana y minuciosa.

Se repitió eso una y otra vez mientras sus dedos llenos de callos pasaban las falanges por la magnífica caída de agua coloreando medio arcoíris con caballos de agua galopando en las caídas con fuerza y elegancia.

Hasta el día de hoy, desconocía que Konoha tuviera impresionantes postales dentro de sus muros.


Mis muñecas estaban maltratadas, cortesía de las esposas de chakra que me instalaron los ninjas de Kusagakure.

Mis pies estaban siendo arrastrados mientras mi cuerpo era jalado por dos shinobi roñosos y malolientes, apenas grado chūnin, a través de los túneles metálicos para las celdas de aquellos extranjeros peligrosos.

Mis ojos apenas despiertos miraron hacia la izquierda y derecha contando los pasos que daban los guardias.

Deteniéndose frente a una puerta pesada de metal, dejando ver una habitación medianamente a oscuras y maloliente. La única luz que se filtraba era la que emitía un foco viejo y roto justo en el centro de la habitación.

Me arrastraron dentro colocando mis esposas sobre un garfio colocado a mitad del techo. Activaron el mecanismo con un botón y subieron la cadena del gancho dejándome elevada sobre el suelo, solo jalada por mis manos atadas.

- No se parece en nada a lo que dicta el Libro Bingo, ¿estás seguro de que es ella? – se escuchaba a uno de ellos contrariado preguntar a su compañero.

- No sé si sea ella, en todo caso la máscara es la misma que la de la foto. De cualquier forma, será él quien la vea después, por eso pidió no matarla.

- Si, pero… -

- Ya no te quejes, no es nuestro problema de cualquier… ¡¿Qué crees que estás haciendo perra?!

El primer shinobi al que estrangule con las piernas cayo en el momento en que el segundo se acercaba a mí, golpeándolo con mi pie para que mis piernas lo jalaran hacia el frente y pudiera romperle el cuello entre mis muslos.

Elevando mis pies hasta el techo, trate de que mi cara quedará cerca del garfio, necesitaba sacar las esposas de chakra.

Recordando un pequeño truco de Itachi-san, imagine que las restricciones eran suiton y sólo debía modificar su forma, y con un pequeño empujón podía moldearlo para mover mis muñecas por fuera y… listo.

Caí al suelo en cuclillas, sin hacer ruido cual gato negro en una fría noche.

- Si lo único que querías era presumir, hubiéramos evitado este tonto plan desde el inicio, bruja – escuché en la esquina de la habitación.

- Eras tú quien quería ser el cebo en esta ocasión, ¿recuerdas? – Sai no puede culparme por sus decisiones.

- Podrías haberme avisado el cuándo, antes de sólo tirarme a los brazos de quince shinobi.

- Eran doce chūnin, tres jōnin, sólo uno fue el que sobrevivió apenas a tus ataques, así que no entiendo de que hablas.

- Me noqueaste.

- ¿Cómo querías ser el cebo si mataste a los que se suponían que te tenían que capturar?

Guardo silencio al momento, reflexionando sobre mi lógica, en que lo sostuve por el hombro, bajándolo delicadamente al suelo.

El pobre de Sai había sido carne de cañón para ciertos experimentos malévolos dentro de esta secta criminal.

Una que tenía por costumbre, al parecer, colocar agujas en sentido contrario de la circulación provocando dolores articulares extremos.

Le estoy retirando las agujas que incluso a mí me duele ver, sin embargo, me sorprende que Sai no muestre ninguna expresión. Simplemente está ahí, mirando… al espacio.

- Necesito asegurarme, mírame – le realizo un nuevo examen médico, pero no encuentro conmoción.

- Estoy bien, sólo termina – dice él con voz baja, esperando que nadie venga a buscar a mis dos víctimas recientes.

Mi senpai es… tal vez una de las personas más extrañas que he conocido.

Kakashi-Taicho mencionó que la ranura de Raíz, le hizo daño a su psique a tal grado que a veces pareciera no funcionar bien o no reaccionar conforme lo haría cualquier otra persona.

Una vez, mientras estábamos comiendo tranquilamente, lo apuñale en el hombro para saber cuál sería su reacción, pero él sólo me miro preguntándome si me sentía famélica de sangre esa tarde. Otro día, me enveneno, a lo cual lo felicité aplaudiéndole porque yo misma le enseñe a hacerlo, y funciono correctamente; dijo que era para confirmar si realmente funcionaba sobre aquellos ya habían sido besados por el infierno.

Por alguna razón, Kakashi-Taicho se empezó a distanciar físicamente de nosotros desde entonces.

Ahora, mi querido senpai estaba agonizando físicamente pero su mente parecía ida en algún lugar muy lejos.

- ¿Pudiste encontrar al líder? – le pregunte mientras sanaba lo último de su rodilla herida.

- Hai, su habitación está a tres metros a la derecha después de la puerta de reja dorada.

- ¿La que está a cuatro metros pasando la segunda serie de liberación de laberintos?

- Te aprendiste bien el camino, bruja.

- Era por si hombres semidesnudos paseaban por ahí.

Me miro cuestionándome si podía hacerlo.

- Sí, es aquí donde ruedas los ojos, Sai.

- Está bien – y mi senpai rodo los ojos.

Suspirando ante sus ineptas actitudes, planeamos la captura y extracción del líder de una red de tráfico de esclavos, personas cuyas cuotas mal merecidas por supuesta protección de los propios mafiosos que los engatusaban a pagar, eran encarceladas y vendidas.

Evidentemente, la trata de blancas también era un negocio redituable en esta facción. Sin embargo, dicho presidente de esta asociación de mercaderes, como se hacen llamar, está muy bien protegido por Kusagakure, siendo un primo hermano o un tío cercano de un Daimyo de nombre desconocido.

Cierto Daimyo fue el mismo que solicito esta misión en secreto, haciéndola parecer como que fue un grupo de Takigakure quien realizo el futuro asesinato, debido a los múltiples problemas que acarreaba su tóxica familia.

No se suponía que Anbu cuestionara o tuviera tanta información de sus misiones, pero Sai y yo no éramos más que curiosos, y ante un Kakashi-taicho que aparentemente adoraba sus estúpidos Icha Icha, era decirnos que estaba pasando o ver cómo sus libros ardían ante una fogata colosal.

A veces aún nos regala una mirada sucia cada vez que saca su maltrecha edición de Icha Icha Strap.

Habiendo realizado un diagnóstico de chakra, detectamos a más de cuarenta hombres, quienes hacían rotación según Sai, cada tres horas, un descanso de quince minutos y de nuevo, vigilaban las habitaciones de nuestro objetivo y el área donde dejaban a los esclavos que serían subastados.

- Voy por el líder, tú lidia con los guardias de la otra sala – le dije.

- No recuerdo que fueras Kakashi-sama, yo iré detrás del objetivo y tú de los guardias – me dice inexpresivamente, pero casi puedo escuchar el puchero en su voz.

- Ni hablar, la última vez tuve que lidiar con las mujeres llorando.

- Las callaste noqueándolas.

- Me frustraban, tú ni siquiera has liberado rehenes recientemente.

- Te libere a ti de esa gorgona que quería comerte.

Nos miramos mutuamente, levantando la tensión gradualmente hasta que levantamos nuestros puños, preparados para una batalla épica entre nosotros dos.

La tensión entre ambos se sentía en el ambiente, electricidad parecía brotar entre nosotros.

Todo se definía aquí, nuestra vida, nuestro futuro, nuestro destino.

- ¡Piedra, papel o tijera! – dijimos al mismo tiempo.

Es así como a él le toco lidiar con los mocos de las mujeres que seguramente llorarían a todo pulmón una vez que vieran a un hombre muy pálido y semidesnudo liberarlas.

El destino me sonríe de nuevo, gracias Seiryu-sama, dije mientras el rostro de Sai, apenas con signos de frustración, salió al trote.


Hace un mes, un hombre se coló a mi habitación. No se sentó a mi lado, en el suelo al lado de mi cama.

El día de ayer también estuvo aquí. Ayer no hizo nada tampoco pero hoy…

Hoy me miro por un largo tiempo, mientras que mis ojos solo veían al suelo.

Tomo mi brazo y me jalo hasta el comedor donde me sentó en un banco y se colocó detrás de mí.

No fue necesario verlo, sabía quién era.

Me había familiarizado demasiado con todo su ser tan monocromático. Con el pelo corto y ojos negros, llevaba una chaqueta corta negra con correas de color rojo, mientras que toda su piel es totalmente blanca, casi nívea.

El resto de su atuendo consistía en una camisa de cuello alto diafragma, pantalones negros, sandalias shinobi y guantes con los dedos de su índice y el pulgar expuestos, muy probablemente para facilitar el uso de sus técnicas basadas en dibujos.

La primera vez que nos pusieron en un mismo equipo, supe que era el vigilante designado de Raíz para mí, pero a diferencia de lo que la mayoría pensó, nos entendimos de inmediato. Parecía literalmente alguien en blanco, cuyo lienzo aún estaba pendiente por pintar.

Hice de mi propósito llenarlo de color.

¿Por qué? Esa mirada tan vacía - muchísimo más que los Uchiha- me dolió, algo muy dentro de mí, dolió por este chico. Y que soy, si no una tierna muchachita.

Y ahora, irónicamente, es él quien me está reponiendo.

Mechones rosas, cada vez más cortos, salen de mi cabeza cayendo suavemente al suelo, mecidos por el viento, escuchando los tijeretazos que hace.

No lloré y él tampoco pregunta. Él estuvo ahí cuando sucedió. No vio todo, sólo llego para ver el tratamiento final, cuando Danzo jalo mi lengua fuera de mi boca, cuando conecto el sello y cuando mi silencio rebelde lo enfureció tanto como para volver a golpearme. Al hombre le gustan los gritos.

Fue este pelinegro quien me saco de ahí.

Pero nunca olvidaré su mirada cuando me vio, tirada en mi propio charco de sangre y baba.

Sus ojos se expresaron por primera vez. Empatía.

Había hecho mi primer trazo en su lienzo incluso si Sai no lo sabía.


- Bien, para que quede claro, debo felicitarlos. Esta vez lo lograron estupendamente – dijo Kakashi-Taicho, mientras nos recibía en los límites del lugar de subastas en Kusagakure – esta vez no destruyeron el lugar.

Sai y yo nos miramos de reojo por un segundo, mirando de vuelta a Kakashi-Taicho quien se olio nuestra estrategia:

- Por favor, no. Habíamos acorda… -

Fue interrumpido por el enorme resplandor con forma de hongo que broto en el lugar de mala muerte, la cual no hacía sino volverse más grande a cada momento.

Incluso se podía ver prácticamente como si fuera de día, excepto por el sonido idéntico al de un barco tronándose por la mitad en el mar.

El polvo fue la primera línea de ataque, para ser perseguido por la llamarada de calor, y, por último, ser respaldados por el muro de humo generado en la explosión de cerca de 25 metros de diámetro, incluyendo algunas explosiones más atrasadas sobre los canales subterráneos que circundaban en los cuatro puntos cardinales.

Las personas esclavizadas gritando aterrorizadas y aliviadas de estar fuera de peligro. Mujeres lloraban y rezaban mientras que hubo algunos demasiado traumados y se desmayaron.

Kakashi-Taicho nos miró seriamente con los brazos cruzados. Su mirada iba y venía entre Sai y yo culpándonos de la plasta de ceniza que se impregno en su cabello y en su rostro, incluso su mascara que le cubría la boca se notaba asquerosa sacando motitas de ceniza cada vez que respiraba.

- Dijiste que el infierno debía arder – intente defendernos.

- Era una expresión Sakura y lo sabes.

- En defensa de la bruja – lo mire indignada: fue idea de los dos – no especificaste tus ideales Kakashi-sama. Para la próxima vez por favor, avísanos explícitamente con antelación cómo deseas que acabemos con el lugar. Tus órdenes a veces son confusas.

Por un momento, desee poder reírme enfrente de Kakashi-Taicho con su gesto lleno de incredulidad por las estupideces de Sai, pero el chico me estaba defendiendo. Debía respaldarlo asintiendo con la cabeza y la mirada seria hacia nuestro capitán.

Dicho capitán, nos miró como si no pudiese creer que fuéramos su equipo. Murmuro algo sobre que se estaba haciendo viejo y negando con la cabeza levemente, nos instruyó empezar a ordenar al personal liberado recientemente para entregarlos a las aldeas más cercanas.

A estas alturas, Kakashi-Taicho decía:

- Son un caso perdido, al cual me agregaron entre las cosas extraviadas de Hokage-sama. Tal vez me quiere jubilar, pero no sabe cómo decirlo…

Lo decía suspirando mientras sacaba su tonto libro para dejar atrapada su nariz entre sus páginas.

Era entonces cuando Sai me preguntaba:

- ¿Aquí bruja?

- Hai Sai, aquí es donde levantas los hombros.

- Hai – y procedió a hacerlo.

- Por cierto, senpai… - antes de que se moviera lo detuvieron mis palabras.

Abrí mi mochila para sacar un pequeño objeto.

Había tomado de referencias algunas notas de otouto, saqué sus libretas viejas de experimentación y empecé a jugar con las configuraciones. Unas líneas por aquí, dos círculos infernales por allá, un triángulo invertido celestial tanto más…

Un sello de tinta movible.

Cuando le explique el funcionamiento, Kakashi-Taicho sonrió como un sabiondo, presumiendo que ya sabía para que lo quería.

Al final, pude crear el pincel que justamente le estoy regalando a Sai. Lo miro de manera plana hasta levantar sus ojos a los míos y declarar:

- Ya tengo pinceles, bruja tonta.

- No uno como este – le dije aun con el pincel en la mano.

- ¿Verde? – pregunta aun sin tomarlo, viéndolo indignamente por encima de su nariz.

- Quéjate con el vendedor, pero es único. Mira.

Coloque mi mano izquierda con la palma hacia arriba desplegándola para que él pudiera verla, entonces coloque el pincel en el centro, dejando salir un poco de chakra. Inmediatamente, mi palma estaba llena de joyas, diamantes, esmeraldas, gemas y otras piedras preciosas que parecían deslizarse de mi palma por poco.

Inclinando su cabeza, lo miro por mucho tiempo antes de preguntarme.

- Un pincel que me hará rico, pero ¿para qué quiero ser rico? – pregunto confusamente.

Evitando por poco rodar los ojos, tuve que explicarle:

- De nuevo, mira con más atención – le señale la palma.

Para su defensa, fue bastante rápido considerando que al parecer yo era su primera compañera con afinidad al genjutsu. Para cuando lo capto, me miro sorprendido, alzando las cejas.

Esa expresión me lo dijo todo. Lo tenía en la palma. Literal y figurativamente.

- ¿Es…?

- Hai.

- Y ¿cómo…?

- Sólo debes de tener una proyección mental de lo que deseas. Como no tienes habilidad natural, este pincel fue creado para ti, inyectaras un poco de chakra, dependiendo el tamaño del genjutsu que estes intentando crear, obviamente tendrás que practicar mucho pero no es como que no tengas tiempo, según yo.

Durante toda mi diatriba él no miro el pincel. Me veía a mí. Tan sorprendido especialmente cuando le dije que fue pensado para él. Supongo que los regalos no son comunes dentro de Anbu Raíz.

Alzando mi ceja, volví a ofrecer el pincel, el cual lucía tan pequeño al lado de los demás de Sai, y, sin embargo, lo tomo con sumo cuidado, como si estuviera cargando una preciosa joya, una frágil y recién hecha.

No dijo gracias, no era necesario.

Esperaba que esto lo ayudara sinceramente. Vi lo emocionado que estaba cada vez que veía mis genjutsu, ahora tendrá la oportunidad de crear sus propios paisajes a su gusto.


Definitivamente había algo raro con estos Anbu de Konohagakure.

Primero vampiros, después pervertidos, luego aquellos que copiaban técnicas, posterior aquellos que parecían monjes ciegos – culpa de su maldita pupila blanca –, y pensé que por último estarían los tipos como Sai cuya sonrisa es idéntica a la de un acosador psicópata cuando dice que no es un acosador psicópata.

Pero este otro senpai, estaba en un nivel propio.

Es decir, sé que puedo ser interesante de vez en cuando, pero no es necesario examinarme con lupa, pienso mientras lo arrojo a través del aire con ninjutsu de sellado manual.

Sólo sirve para que reaparezca a mi lado prácticamente babeando, pidiendo seguir siendo pateado por mí.

Mi cara sólo sirve para entretener a Kakashi-Taicho, quién al parecer, debajo de esa oscura máscara en su boca, se representaba una enorme sonrisa lobuna. Baboso Kakashi.

Prácticamente parecía estar vengándose de cada travesura que le he hecho.

- Si gustas, cortaré a la bruja para que puedas ponerla bajo un microscopio.

Mire extrañada a Sai, quien se había quedado de pie en su sitio.

Sai no tenía idea aun de mis habilidades, Kakashi-Taicho dijo que aún no podíamos fiarnos de él, pero yo sabía que él chico podría aceptarlo e incluso con mucha suerte no decirle a Danzo. Eso fue hasta que el mismo Kakashi trajo a este individuo llamado Yamato-senpai: para servirles, un gusto trabajar con ustedes, aludiendo a que nos ayudaría a mejorar ciertas actividades.

Hokage-sama ya me había comentado sobre estas ciertas actividades.

Él era un usuario mokuton.

Lo que no sabe Kakashi-Taicho es que en una misión se me escapo un pequeño uso de ninshu cuando lance un sello de katōn en forma de flecha para salvar a Sai de un kunai directo a su nuca en una redada en Shimogakure. El katōn se deshizo en el segundo en que Sai volteo la cabeza, alcanzando de reojo a ver el fuego desviar el kunai. Sai sabía que mi rango era chūnin, no sería difícil creer que fui yo; el problema, es que vio mis manos aferradas al sable que tenía evadiendo el ataque entrante de un ninja de Shimo. No hubo sellos manuales, por lo que él vio mi poder real por un segundo, ups.

El pelinegro no dijo nada, yo tampoco y fingimos ignorancia; pero a cada tanto, lo atrapaba mirando mis manos. Una vez, vi su cuaderno de dibujos, tratando de representar la escena tratando de encontrarle sentido.

Taicho me permitió entonces hacerles saber a ambos miembros mi destreza con la madera. Únicamente madera, por el momento.

- Solo quisiera saber si existe otro afín como yo en el mundo – contesto Yamato-taicho, el hombre que continuaba diciendo para servirles, un gusto trabajar con ustedes.

- Te refieres al mokuton.

Él pareció sorprendido, mirando a Kakashi-san quien asintió.

- Entonces ¿sí eres una bruja? – dijo Sai luciendo indiferente a no ser por la voz interesada.

- Quienes controlan la madera no son brujos, Sai-san – dijo Yamato-senpai en automático.

- ¿Quieres una muestra? – le pregunte a Yamato-senpai.

- ¿De tus brujerías? – pregunto Sai, pero fue olímpicamente fulminado por mi mirada penetrante.

- Por favor, si no es problema… ¡Ahhh! – el grito de Yamato-senapi fue callado por una manzana que entro a su boca, saliendo del árbol manzano que había crecido a su alrededor.

El nuevo senpai se había quedado enjaulado entre el árbol el cual había crecido en espiral, dejando el tronco hueco, cuyas raíces emergían en un círculo perfecto alrededor de Yamato-taicho, llegando del tamaño de un pino regular de los que nos rodeaban en el campo de entrenamiento.

Kakashi-taicho no se había movido de su lugar, acostumbrado, saco su libro y se puso a leer, pero pude ver la fachada de Sai de reojo, quebrándose al ver la altura de un manzano salir de la nada.

Bajo la mirada lentamente de la cima hasta llegar a mis ojos, y al conectar, su expresión parecía serena, calmada.

Le sonreí arrogantemente, atrape una manzana al alcance de mi mano y se la arroje. La atrapo al vuelo, sorprendido por el inesperado fruto.

- Disfrútala – le dije solo moviendo los labios.

Regrese la mirada al nuevo senpai, quien se sorprendió cuando con un movimiento de mi mano, justo frente a mí se abrió el manzano, dejando angostas las espirales para poder ver a Yamato-senpai.

- ¿Estas bien? – pregunté cuando vi que su mano derecha estaba tocando maravillado el tronco dividido del árbol, viendo a las manzanas como crecían tan rojas y dulces.

El hombre no podía hablar, vi su boca abriéndose y cerrándose continuamente mientras miraba al árbol y después a mí, sucesivamente unas buenas cuatro veces, antes de que me aburriera y dijera:

- Kakashi-taicho, Yamato-senpai se ha descompuesto – le exclame al copia ninja quien estaba leyendo por quincuagésima vez su novela.

- Déjalo, Sakura-chan, todos nos descomponemos cuando te conocemos, estará bien en un día o dos. – contesto él sin levantar la nariz.

Fruncí el ceño.

Trate de recordar a alguien que no se hubiera descompuesto. Los Uchiha no contaban… creo. Bueno también estaba Yuki-chan allá en Yugakure… pero creo tampoco cuenta.

¡Aja! Bosu-sama no se enfermó. Sabía que no todos habían enfermado cuando me conocían.

- Tú no eres sabio…, tampoco utilizaste sellos…, entonces ¿cómo? – pregunto en murmullos Yamato-senpai anonadado.

- Ya te lo dije, es una bruja – la voz de Sai sonaba a mi lado.

Sai nos sobrepasó y tomo otra manzana. Acto seguido fue a un árbol y se sentó bajo un árbol y empezó a dibujar.

De haber puesto atención, habría visto a ambos ninjas mayores recopilar una mirada mutuamente, palabras no dichas entre ellos.

Como puse más atención a Sai, me encargué que no peleara con el equilibrio de sus dibujos, por lo que, moviendo apenas mis dedos, una raíz empezó a emerger a su lado, formando un rectángulo a la altura de su estómago y retorciéndose entre sí.

Una mesita para dibujar mientras retozaba en la sombra fue lo que descubrió en lo que se convirtió la raíz, me miro con una emoción indescriptible en sus ojos, asentí con la cabeza a la vez que le dedicaba una sonrisa muy leve.

Él no dijo ni mostro nada, pero me pareció ver que cuando bajo la cabeza para empezar a dibujar, sus labios se movieron sólo un momento.

Sí, él estaría bien.

- Sakura-san…

- Sakura – dije cortante a Yamato-senpai.

Los honoríficos de mayores hacia mí nunca me han gustado.

- Sakura, ¿podemos comenzar nuevamente? Sólo esta vez empecemos lentamente, quiero ver todo tu proceso – dijo Yamato-senpai quien parecía inclinarse peligrosamente sobre mí.

- Bien, ¿Qué quieres saber? – pregunte presuntuosa.

Horas después, agotados tanto él como yo, un Kakashi-taicho que ya iba por su segunda lectura y un Sai inexpresivo, terminamos sentados en el restaurante favorito de mi hermano siendo parlanchines junto a un amable Teuchi-san, quien nos invitó la cena. Cortesía de un rubio travieso decía.

A tu salud, Naruto.


- ¿Existen avances? – dijo la voz grave, rasposa del anciano.

El pelinegro no se movió ni un centímetro, pero los corazones de dos manzanas permanecían en su bolsillo derecho, escondidas, gritando no ser liberadas como evidencia de algo incriminatorio.

Sin embargo, su libro de cuadernos, el cual sentía bien guardado bajo un pergamino escondido entre sus pertenencias, contaba la historia fantástica de hechicerías reales, de una mujer que sin mover sus manos o sus ojos, siquiera su chakra, hacía emerger flores con deliciosas fragancias. Manzanas rojas con el más dulce de los sabores. Que le regalaba pinceles especiales para él.

Se dijo a si mismo que primero necesitaba más información, antes de otorgar cualquier informe.

- Adicional a lo que ya sabemos, nada más Danzó-sama.


- Técnicamente, no estamos ayudándote a controlar al mundo, ¿verdad? El bajo mundo me refiero – pregunta Kakashi-Taicho aun estupefacto.

- A todos nos gusta pensar que tenemos cierto control sobre nuestras vidas, y muchas veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que estamos al mando. Pero entonces pasa algo que nos recuerda que el mundo funciona con sus propias reglas, y no con las nuestras. Que sólo estamos de paso en este plano – conteste tranquilamente.

Las miradas de los tres hombres frente a mí iban desde la confusión, la incredulidad y el asco. Tardaron uno, dos, tres segundos antes de hablar todos a la vez:

- … Bruja, si ibas a ponerte en ese plan, hubieras avisado que estas en tus días.

- Sakura-chan, ¿puedes confirmarme por favor? No vamos a matar a nadie hoy, ¿verdad?

- ¿Por qué tenemos que ir embarrados de lodo y no tú?

Rodando los ojos, me giré y me volví a cargar la mini pala con el barro para continuar embarrando a Kakashi-taicho, quien aparentemente se empezaba a arrepentir por haberme hecho caso en primer lugar.

El tercer y cuarto día de octubre es muy especial para el mundo, ya que es el regreso de la fortuna por las cosechas celebradas de agosto. Atrapados en una pequeña isla dentro de Uzushiogakure, anteriormente llamada como La aldea de la longevidad, la misión era terminar con una criatura de energía maligna que estaba arrasando contra el poco ganado de los paupérrimos campesinos. La ruralidad del país no pudo costear el pago por la misión; sino que Hokage-sama lo tomo como un favor por aquellos que en algún momento fueron una nación increíblemente leal y funcional para Konohagakure. Su abuela nació y creció en Uzushiogakure después de todo.

La Aldea escondida entre las Hojas le debía mucho a este lugar. A sus ojos, fueron héroes al saber que crearon los primeros sellos para poseer a los bijuu dentro de un cuerpo humano.

Para mí, simplemente fueron los primeros que lograron adueñarse de algo que no les correspondía hacer. Tiránicos, los llamaría yo. Sin embargo, esos fueron crímenes del pasado. Hoy día, esta gente se arrepiente enormemente de haber apoyado a la Gran Aldea Shinobi.

Si no hubieran sido sus aliados, nunca habrían sido atacados por las demás aldeas cercanas en búsqueda de su poder, y no hubieran visto perecer a sus seres queridos frente a sus ojos. Sí, el karma llega tarde o temprano.

Entonces, viendo a las nuevas generaciones de Uzushiogakure, temen perder lo poco que tienen hoy día, a saber, sus cosechas y su ganado, única sobrevivencia para sus pequeños hijos.

Así que aquí aterrizo el equipo del copia ninja. Tan sólo atracar, no sólo es la peste por la hambruna y el deseo de migración lo que abunda en la nación; sino que se siente algo debajo de la tierra. Como una plaga, pero no una que se pueda percibir a primera vista.

Los fantasmas abundan por todo el lugar, dejando una energía negativa en todos los campos. Por eso no están floreciendo las plantas, por eso la gente se siente tan cansada todo el tiempo, por eso los animales no permanecen encerrados en las casas como buenas mascotas. Todo el lugar esta suciamente impuro.

Y sin embargo, hay una forma muy fácil de limpiar todo correctamente, y sin gastar una gota de sangre.

Fingir ser un paantu.

El ritual dicta que, para alejar los malos espíritus, debes de ser uno. Se deben de llevar máscaras de madera, así como ir cubierto de pies a cabeza recubierto con barro y follaje idéntico a un espíritu maligno. Las toscas máscaras y los trajes bañados en barro y vides perseguirán a todo aquel que encuentren en la calle, especialmente a los niños, cubriendo sus caritas de lodo. Atraparan a todo lo que puedan, incluyendo animales.

En Yugakure, se cree que ser tocado por un paantu de esta manera traerá buena fortuna para el próximo año.

¿Por qué?

Porque así los verdaderos demonios odiarán el trato que los falsos les darán a los humanos; ningún demonio que se respete en el bajo mundo bajo podría soportar tal comportamiento. Los aborrecerán, pero al ser demonios, los originales se alejarán del lugar y regresaran de donde vinieron.

Tan irreal como suena, funciona. Los siguientes doce meses, Uzushiogakure gustará de una mejor cosecha y nuevas crías en sus rebaños. Cien por ciento garantizado.

A menos que de plano, estos compañeros míos lo hagan todo mal.

- De nuevo, Sakura-chan, ¿Por qué estamos disfrazados y llenos de lodo hasta las cejas, menos tú?

Pregunta Yamato-senpai levantando sus brazos de monstruo del fango mirándome con reclamo en esa mirada demente suya.

- Senpai, senpai. Todos sabemos que los paantu únicamente son machos. Si yo me incluyera, todo su arduo trabajo no funcionaría.

- …. Sí claro, todos sabemos eso – su mirada simplemente se hace más confusa.

- Y de nuevo, esta cosa… ¿segura no son maquinaciones tuyas sólo para humillarnos? – me cuestiona Kakashi-Taicho, quien está muy molesto porque le prometí que sería un trabajo sencillo.

A mi punto de vista, esto es un trabajo simple. Salir y perseguir a un montón de niños ensuciándolos de barro mientras los asustan, ¿qué tiene de difícil?

- Puedes preguntarle a Otouto. Él ama hacer estas cosas – dije sinceramente, pero solo sirvió para que me diera una mirada sucia – cada año – puntualizo seriamente.

- Eso o lo obligabas – contesta.

- Obviamente, y le termino encantando al quinto año – respondí sonriendo inocentemente.

Revisando la calle, vi más gente paseando. Muy bien, a la mayoría de la gente del pueblo le comenté que los necesitaba atentos, obviamente los más ancianos ya sabían lo que estábamos por hacer. Creo.

- ¿No nos van a querer asesinar por asustarlos de la nada? – pregunto Sai con su tono plano.

- Sai, Sai, Sai, mi tonto Sai. La gente los va a amar. Estoy segura. Y si desean asesinarte, Kami-sama concederá con toda su gloria y tendrás que aceptarlo con la mayor de las dignidades.

La sonrisa sádica que desplegué hizo que todos, cargados hasta los dientes con lodo y ramitas secas, menos Sai, temblaran. Es hora.

Así que, aprovechando la tradición, grité:

- ¡Salgan, salgan a hacer sus bellas travesuras, mis lindos demonios!

Salieron del cuarto trasero donde estábamos ocultándonos, mirándome con una traviesa y abnegada mirada en sus ojos. Segundos después, dio comienzo al inicio del ritual pagano. Segundos después ya se escuchaban los resultados.

Ahhhh, el sonido de los gritos de infantes aterrorizados por ver tres demonios que los persiguen con saña y guadañas es música para mis oídos.


Una Hokage muy estresada, revisó su correo de parte del extranjero seis meses después.

Al finalizar, no pudo soportar aguantar la risa al ver la fotografía adjunta de Kusochi-san, líder aldeano de Uzushiogakure. Una foto de uno de sus escuadrones.

Un grupo de veinte personas, aunque cuatro eran caras conocidas.

Esas cuatro de en medio eran las ridículas.

Con un espantapájaros horriblemente sucio de color grisáceo, se descubría a un perezoso y sonriente Kakashi recubierto en fango, tomando por los hombros a cada lado suyo a Sai y a Yamato, quienes lucían renegadamente divertidos disfrazados de la misma manera. Los niños a sus lados estaban en distintos grados de conmoción, algunos llorando, otro pateando las espinillas, y otros saliendo, corriendo de la toma. Algunos adultos por detrás estaban muertos de la risa, se notaba la felicidad renaciendo entre la penumbra de nubes aclarándose al fondo.

Incluso, se podía ver a los shinobi, además de la paja sucia y sus ropas manchadas como pantanosas criaturas, llevaban pegadas una que otra piedra, como si se las hubieran arrojado. Máscaras horribles de madera oscura, enmohecida, las tenían sosteniéndolas en sus manos saludando a la cámara, mientras que una molesta Sakura de ceño fruncido, justo enmedio, sentada obligadamente, viéndose enojada por tener las manos de Sai y Yamato sobre su cabeza ensuciándola por completo, más de lo que toda la mugre que se ve que le lanzaron a la cara.

Así como una tonelada de retoños de narcisos, iba adherida a la fotografía, era el agradecimiento muy recalcado que ofrecía el pueblo de su abuela. Desde aquella tarde, los campos de trigo y arroz florecieron y las mujeres han vuelto a tener embarazos saludables con bebés regordetes y rosados. Los hombres ya no sienten dolores en los riñones, la comida es más rica y el agua de ríos y pozos ha clareado al grado de parecer de manantial.

Aun así, de cualquier manera, según Kusochi-san, agradece todavía más aquella tarde con cuatros extranjeros que con una estrafalaria puesta en escena hicieron milagros. Un parteaguas en su aldea.

"Arigatou, Hokage-sama, por su gratificante servicio.

El ritual paantu, aunque dudosa al inicio, se convertirá en una amada tradición que nos ofreció a la noble nación de Konohagakure.

Con agradecimiento y felicidad en el corazón, un fiel admirador de la magia de Konohagakure no Sato."


Eran cerca de las tres de la mañana.

Justo había tenido cuatro horas de delicioso sueño en mi cama acolchada cuando lo sentí.

La bola de energía verde a tan solo unos centímetros de mi rostro, cuando abrí los ojos.

Alguien me estaba llamando y a este paso, solo podían ser tres personas.

Preparándome inmediatamente con mi equipo Anbu, el propio - no esa bazofia incómoda de armadura estorbosa que llaman uniforme aquí en Konohagakure – tome mi mochila de emergencia, colocando en su lugar la máscara, y sin tardar más allá de tres minutos, tome la bola de energía aplastándola, trasladándome a donde fuera la invocación.

Había sacado un kunai por si las dudas. Una damita nunca sabía a donde sería invocada, si a un campo de batalla, un hospital o a la casa de un hombre lobo.

Apareciendo arrodillada a metros de mi invocador, primero revise con chakra la habitación.

Apenas sucia, el aire huele limpio; es un pueblo, no una ciudad.

Cuatro personas en la habitación, contando a mi invocador. Sin embargo, dos de ellas se tensaron al sentirme.

Después de detectar y oler las firmas de chakra, especialmente la de la cama, supe porque me invoco.

Tardo mucho para cobrar su favor.

- Taicho-san – mi voz baja indicando que había llegado.

Mi figura acuclillada esperando la aprobación de mi capitán Uchiha para poder levantarme a escuchar su petición.

- Onmyōji – escuche su voz uniforme y grave recorrió mi espina dorsal, apenas ansiosa.

Esa notoriedad en su tenor fue suficiente para saber que era urgente, no estaba para aceptar quejas o sugerencias. Su vibra irradiaba de él con furia, energía contenida llena de ira, pero por la forma en su postura, supe que era por su primo. Preocupación transformada en enojo.

- Hago uso de mi favor ahora, él te necesita – no dijo más, sólo siguió observándome mientras me levantaba lentamente, regresándole la mirada.

Asentí una sola vez y dirigí la mirada a la figura en la cama, caída.

Salí de la oscuridad de la esquina despejada para que la luz de la luna diera de lleno en mi perfil, confirmando que no tenía armas – en las manos – asegurando no dañar a nadie y me acerque al paciente.

Su máscara había sido retirada, y mostraba su hermoso rostro sudando. Los pocos rizos rebeldes mojados habían sido removidos de su frente. Su respiración era superficial, pero al acercarme fue cuando note el problema, sin necesidad de checarlo aún.

Sus ojos.

Aunque estaban cerrados, toda la cuenca y alrededor estaban inflamadas e incluso parecían haber rastros de sangre. Su cuerpo sufría dolores por la descarga de chakra que habían atravesado sus canales oculares, retorciéndose con ligeros espasmos.

Colocando mi mano sobre su pecho, me acerqué a su oído para susurrarle un pequeño conjuro que aprendí de Obāsan-sama:

- Jeg vil ta vare på deg.

Inmediatamente, se calmó, dejando ir la tensión por la pesadilla en la que habrá estado sumergido. Sus pestañas descansaban contra sus suaves pómulos, su cabello rizado - los tenues zarcillos de este -, parecían un desastre tanto como cualquier otra vez que lo había visto.

Su cuerpo totalmente relajado era lo que necesitaba en este momento. Si se movía, podía mover el flujo de mi chakra que estaba proyectando a través de su sien con mi mano y de ser así, podría lastimarlo más de lo que lo ayudaría.

No hubo más sonido en la habitación, no hasta que termine mi diagnóstico. El silencio, la tensión de los dos shinobi familiares, y la ira reprimida de mi taicho fueron palpables por minutos enteros.

Aunque mi rostro quedo pegado al oído de Shisui, no me moví, no hasta tener confirmación de lo que requería y cómo expresarlo.

Sólo hasta que termine percibí el olor a sangre y sudor, canela, menta, sombras, y naranja en la habitación.

Enderezándome, me dirigí sin mirar a los demás shinobi al otro lado, únicamente a Itachi-san, quien con su máscara reflejando la oscuridad de la habitación, sus ojos recubiertos en rabioso Sharingan veían cada uno de mis movimientos.

- Tengo un diagnóstico, y dos tratamientos, uno para su situación actual y el otro para largo plazo.

- Explica – su voz autoritaria.

Miré entonces de reojo a los otros dos shinobi enmascarados sólo un momento. Como dignos shinobi, ambos no habían emitido palabra alguna, aunque sus chakras parecían ciertamente alterados. Sus máscaras no eran reconocibles para mí; sin embargo, sus firmas sí lo eran.

Itachi-san no era sino cuidadoso con cada estrategia y plan. Lo sabía bien, me había convertido en uno de los suyos cuando estuve en su equipo, él no era sino detallista.

Ahora, sólo confirmando que podía hablar con ellos de frente, él confirmo:

- Son de absoluta confianza, habla Onmyōji.

- El dōjutsu ocular del paciente está absorbiendo chakra en masivas cantidades, cuando es activado durante largos periodos, luce como si el desgaste fuera de un tiempo hacia acá, un uso extendido, lo atribuyo a la última evolución de su línea de sangre; sin embargo, el paciente tendría que estar despierto para ello y solicitarle la continua activación de dicho uso para verificar la teoría.

- No podrá ser verificado por el momento.

Asentí.

- El sobre esfuerzo ocular ocurre por la excesiva canalización de chakra hacia ciertos conductos de energía a través de los ojos, cuando esos canales son básicamente venas que están manufacturadas para soportar hasta cierto esfuerzo, no se dan abasto asimismas. Imaginando que el conjunto de conductos de chakra en los ojos es un arroyo, la activación del dōjutsu se puede visualizar como el rio Nakano en una noche de lluvia, todo embocando en un pozo de dos por tres. Tarde o temprano, se desbordará todo ese poder.

El silencio fue la respuesta que recibí, pero sus ojos giraban furiosos mirando mi rostro, buscando algo. ¿El qué? No tenía idea.

- Para el tratamiento actual, es necesario desinflamar dichos canales, disminuir el flujo de chakra que está canalizando. Se puede realizar aquí mismo, no durara más allá de cuatro horas, siempre y cuando el paciente permanezca totalmente quieto para evitar molduras innecesarias al ser un lugar tan privilegiado en su cuerpo.

- ¿El efecto de duración hasta una recaída?

- Definitivamente en su siguiente activación, teorizando que sea la última evolución del dōjutsu, será inmediata la gravedad.

- Daños a largo plazo – fue una pregunta, aunque sonó como afirmación.

- Ceguera permanente.

Itachi-san no dijo nada, se acercó lentamente a Shisui mirándolo dormir pacíficamente al contrario de hace unos momentos.

- ¿Qué necesitas para la curación actual? – dijo aun mirando a su primo.

- La cabeza del paciente en mi regazo.

Levanto la cabeza de prisa y pareciendo pensarlo un poco más, inclino levemente la cabeza, aun dándome la espalda.

- Tendrás tus cuatro horas Onmyōji.

- Hai, taicho-san.

Haciendo una reverencia, espere hasta que los tres salieran de la habitación para iniciar el proceso.

Afortunadamente, él ya lo había investigado. No creo que sus preciosos ojos me los dejará tan libremente sin hacer más preguntas.

Sé que vendrá por el tratamiento a largo plazo, el cual necesito procesar más para poder corregirlo sin mayor dolencia a futuro plazo.

Colocando la cabeza de Shisui sobre mis muslos, cierro los ojos e ingreso mi chakra, desviando los canales cerebrales. De nuevo, suspiro internamente por el caos en sus cuencas oculares.

Eres un desastre, Shisui

Afortunadamente, vine descansada, de lo contrario, pudo haberme costado más chakra de lo que quisiera, y eso sería difícil de explicárselo a Kakashi-Taicho.


- Trabajo con nosotros una vez, nos dijo que debíamos procurar cada vida dentro de la Tierra del Fuego, aun si no los conocíamos. ¿Por qué? Porque dijo que era nuestro deber shinobi. A mi Kikaichū le agrada mucho ella– comento el shinobi usagi, con máscara de liebre al chico al lado de él.

- Ella es la shinobi ninfa, por supuesto que le agradan. Pero no es un médico ninja, no he visto su nombre dentro de los ninja médicos, ¿Karasu-san?

Recibió una mirada plana de Aburame Shino ante la marginación de su comentario. El chico Nara entonces suspiro ordenando las palabras, pero en ese momento escucharon la voz de barítono sin emoción de su capitán.

- Es confiable.

Fue todo, no hubo más palabras, no hubo más justificación. Simple y certero.

Entonces Shikamaru, haciendo uso de ese cerebro tan privilegiado, llego a dos conclusiones.

La primera es que Onmyōji había estado en el equipo de Itachi-san el tiempo suficiente para que hubiera ese, muy alto, nivel de confianza entre ellos. El sólo hecho de poder invocarla, un sello complicado de por si a través de ese brazalete que veía que el Uchiha se aseguraba de tener bien puesto a cada tanto, a altas horas de la noche hablaba de una complicidad entre los dos, sino es que, entre los tres, contando al Uchiha combaleciente.

La segunda es que la chica ni siquiera estaba interesada en el Sharingan, todo el tiempo hablo sobre el dōjutsu como si fuera otra nimiedad más dentro del panorama general del universo. Una tontería, casi pudo escucharla decirlo, al contrario de todos aquellos locos que se han querido hacer de uno a la fuerza o por matrimonio. De otra manera, Itachi-san jamás dejaría que el futuro patriarca de su propio clan estuviera en manos peligrosas, menos alguien que codiciará el Sharingan.

Esto abrió un mundo de posibilidades, Nara Shikamaru tenía cierta curiosidad en las formas de la ninfa, sin embargo, por la mirada tan contenida que tenía en ese momento su capitán, lo mejor sería no preguntar por ella.

De todas formas, las mujeres son problemáticas.


- En veinticinco movimientos más, fracasas, pero es tu tiempo perdido, no el mío afortunadamente.

Ambos hombres me miraron mientras reprimía un bostezo con la misma mano con la que me sostenía la barbilla.

- Al menos hubiera preferido el suspenso esta vez, Onmyōji, podría pensar que tenía una oportunidad – dijo el cabeza de piña Nara quejosamente.

- ¿Y desperdiciar tu maravilloso tiempo con las nubes?

- … - me miro entrecerrando los ojos y suspirando al verse superado – fui atrapado, me rindo.

Levantando los hombros el Nara mira a Itachi-san con cierta crueldad.

- Destrózala – le murmura inclinándose hacia el Uchiha.

- ¿Así como lo hizo contigo? No lo creo - conteste, mientras él se ponía de pie y se retiraba.

- Hai hai, mendokusai – dijo mientras se marchaba a la sombra del árbol justo en el sendero de la salida de la casa – Chica mala.

Después de haber iniciado el tratamiento con Shisui, quien se recuperó satisfactoriamente inicialmente, tuve que retirarme a otra misión con Kakashi-taicho.

Me miro uniformemente unos segundos, en lo que pareció olerme con confusión. Supongo que el fuego Uchiha quedo impregnado en mi traje, pero ni él pregunto ni yo ofrecí alguna explicación y nuestra misión procedió como debía.

Itachi-san me había prestado a Hōrai, su cuervo favorito, para utilizarlo como mensajero entre nosotros.

A su vez, le dije que cuando estuviera todo listo podría asistir con él para el tratamiento correcto para los ojos de Shisui, dándole otros dos brazaletes. Recuerdo que inclino su cabeza con curiosidad ante los dos nuevos obsequios.

Uno para completar el favor, el otro para emergencias Taicho-san, le dije y él acepto como tal.

Tuve que fingir enfermedad por mononucleosis infecciosa, para permanecer aislada de cualquier misión, ahorrarme una semana de trabajo evitaría preguntas innecesarias como: donde estuviste, con quien, porque no tienes chakra, bla bla bla… De cualquier manera, quedaré tan fatigada como si me hubiera dado tal enfermedad.

Una vez instalada en los límites del País del Fuego, donde estaba el campamento de los Nijū Shōtai, comencé el tedioso episodio de explicarle a Shisui – y una mamá gallina revoloteando en mi espalda llamada Itachi-san – que los capilares que se ocupan de llevar oxígeno y otros nutrientes a los tejidos oculares se le habían quemado por las bobinas de chakra tan sobre trabajadas por uso excesivo del sharingan.

De hecho, primero confirme que era su Mangekyō la razón de su desgaste y en efecto, ese uso desmedido de energía sobre venas que eran delicadas de por si, no tenían la capacidad para sobreponerse a tanto desarrollo, que en condiciones ideales debería de fomentarse gradualmente, así como el crecimiento infantil al adolescente y posterior al juvenil. Sin embargo, el Mangekyō parecía hacer un salto abismal de entre los primeros pasos de bebé hasta la vejez.

Shisui no se avergonzó a cada pregunta que le realice, ¿Cuándo tienes las migrañas sangras por la nariz?, ¿Nivel de dolor considerando 1 un pellizco y 10 una descarga eléctrica, sobre la activación del Mangekyō?, ¿Cuánto sangras por el ojo después de utilizarlo?, ¿Cuánto tiempo duran tus desmayos después de utilizar el dōjutsu?, y la favorita de Itachi-san quien ya estaba irradiando intención asesina por estar tan desinformado: ¿desde hace cuánto tiempo estás viendo al 65% de tu capacidad visual?

Después de eso, tuvieron una plática a puertas cerradas, genjutsu y sellos de silencio colocados en todas las paredes. Al salir, Shisui prácticamente solicito iniciar el tratamiento de forma inmediata con la mayor de las solemnidades y Taicho ya no estaba tan furioso, pero sí muchísimo más serio que de costumbre.

Pero para ello debíamos preparar su cuerpo. Debía estar alejado de todo grado de estrés, adicional a que sería un proceso de siete días de relación médico-paciente, en donde ambas partes tendríamos que descansar todo lo que pudiéramos porque el chakra a gastar sería abismal, el reposo absoluto era incondicional.

Debía estar bien alimentado, nada de esa comida basura que llaman en Anbu barra proteínicas. Así que prepare comida con antelación para únicamente calentarla mientras nuestra energía fuera pobre.

Al principio, hable claramente sobre que Shisui no necesitaba estrés innecesario, pero Taicho-san fue enérgico en que necesitábamos a uno de su equipo adicional en la excursión:

- Desiste de tu acción si no aceptas nuestra presencia – y me murmuro más cerca – y por tanto considerare nuestro favor incompleto Sakura, y no me creo que seas una persona que falta a su palabra.

Así es como nos tuvimos que mover a una casa de seguridad Uchiha a las orillas de la Tierra del Fuego y Amegakure, con Nara Shikamaru para continuar su trabajo informativo sobre Akatsuki. No hace falta decir que Bastet hizo del Nara su siguiente candidato a Seikō, pero el chico era tan condenadamente flojo que más tardaba en responder a los caprichos del neko que en que este se irritará y gustará de rasguñarlo. Obviamente todo el tiempo mi gato, estuvo en su forma ilusoria. No podíamos exponerlo a él también siendo un bakeneko.

Basta con decir que el Nara era uno de los subordinados de Itachi-san que se encontraba aquel día en la habitación del campamento de Konohagakure y el Uchiha prometió que era totalmente seguro revelar mi identidad con él. A este punto ya había conocido a tantas personas, con o sin máscara, que realmente ya no me hacía diferencia alguna, pero mi capitán no es otra cosa sino protocolario, así que sólo a su indicación me presente ante el hijo de Shikaku-sama.

Resulto ser un jovencito muy astuto, pero increíblemente flojo. Era como otro Bastet, sólo que en humano y menos sangriento. Él comento que preferiría seguir llamándome Onmyōji, para no confundirse con los nombres.

En respuesta, tome un plumón y empecé a escribir en su frente; cuando pregunto porque estaba haciendo eso, le conteste que no quería confundirlo con una piña, así que escribía su nombre para no olvidarme.

Shisui estuvo recostado en su cama muerto de la risa, mientras Itachi-san dejaba salir una pequeña risa que cubrió con su mano. Entonces el Nara me dio su aprobación, si es que la mirada astuta que me dio fue una indicación.

Y ahora estamos aquí al tercer día de sanación a los ojos inflamados de Shisui, y debería estar durmiendo porque a partir de hoy será el restablecimiento de bobinas de chakra por medio de rejuvenecimiento celular antes de iniciar con la simulación de trasplante ocular para utilizar el conjunto de conductos viales que al parecer están intactos dentro del cerebro de Shisui, y por alguna razón parecían un juego extra de capilares, así que decidí utilizarlos para tener dos conjuntos de bobinas en lugar de solo una y establecerlo con chakra medicinal, proceso que conllevará catorce horas seguidas, por lo que será tedioso.

- Si sólo querías jugar, lo hubieras mencionado; no era necesario correrlo de esa manera, Sakura – escucho el suave tenor de mi capitán, mientras tomo el asiento que el chico Nara abandono.

- Si él quisiese seguir jugando, no se hubiera rendido tan pronto, Taicho-san.

- En ese caso un poco de aire fresco le hará bien, así como a ti, antes de esta noche.

- Sabes que debo estar dormida en este momento – conteste, teniendo el honor de tener las piezas blancas iniciaba primero.

- Sin embargo, tu competitividad es primero antes que tu descanso, así tu nivel de prioridades – se llevó dos de mis piezas. Bien, te orillaré a la izquierda.

- No tengo más que una prioridad en este momento, Taicho-san – mi voz era indiferente aunque me lleve tres de las suyas. Frunció el ceño, eso no se lo esperaba.

- Hai, todos sabemos que solo la vida sana y salva de tu otouto es tu prioridad única en la vida.

- Así es, y todo lo que venga después sólo cae en orden descendente.

- ¿Podrías explicar más a qué te refieres?

- Es como el tetris.

Levanto la ceja mirándome.

- Es una perspectiva interesante, amoldar tus recursos respecto la situación que vives actualmente incluso si no combinan.

Hice los cálculos, una, y dos veces. Suspire profundamente. Moví mi ficha blanca a su fondo permitiendo que él tomará cuatro mías. El campo era peligrosamente negro a este punto totalmente a su favor.

- Taicho-san, pero por supuesto debo adaptarme, de lo contrario podría terminar… - moví mi ficha triunfalmente por todo el tablero eliminando cada ficha negra mientras las palabras salían de mi boca – …devorada.

En el tablero de go, únicamente era visible mi ficha blanca. Victoria.

- Tu objetivo actual era sólo hacer presunción de tu gusto por el juego, ¿Sakura? – su voz pregunta risueña.

- Por supuesto que no Taicho-san, era para mostrarte que aún medio dormida puedo darte guerra en cualquier momento. ¿De nuevo?

Itachi-san me miraba con brillos traviesos en los ojos. Por lo demás, su faz completamente sin expresión me saludaba, mientras preparaba otro juego. Continuamos jugando y hablando, cuando escuchamos el ronquido de Nara-san, Bastet ronroneando sobre su pecho, ambos bajo la sombra de un precioso árbol.

Mis bostezos eran cada vez más frecuentes y me encontraba dividida entre seguir escuchando la suave voz de mi Taicho o dormirme con ella precisamente de tan suave que era.

Estábamos a medio juego, cuando escuche decirme:

- El calor de Konoha llego a ti, Sakura.

Alce la vista curiosa para preguntar a que se refería.

- El rosa corto– murmuro amistosamente, señalando mi cabello ahora.

Mi ceja se alzó orgullosa.

- Por supuesto, Taicho-san, ya no podía aguantar el tener que trenzarlo a diario – dije mientras pasaba mi mano por el pelo corto lacio con más volumen en la parte superior, la nuca prácticamente rapada y un estilo bob invertido, según el artista de Sai - además Kakashi-Taicho dice que me veo más madura, acorde a mi edad, ¿opinas lo mismo?

Me mira detenidamente soltando su pieza negra en el tablero.

Sus ojos recorren la visión de mi cabello en general, cuando noto como sus ojos se trasladan a mi rostro.

Se detienen en las orejas, las cejas, la nariz, en mis labios cerrados.

Siento un cosquilleo recorrerme cuando levanta lentamente sus ojos a los míos. Se estaciona ahí, sin apartar la mirada, entrecerrando muy tenuemente la suya.

Me siento floja y tensa a la vez, por alguna razón siento mis palmas mojadas y un latido sonoro resuena dentro de mí.

Quiero pasar saliva, pero tengo la boca inesperadamente seca.

Aplano suavemente los labios, tratando de tragar, sólo para descubrir como sus orbes se dirigen hacia mi boca en automático, viéndolos durante segundos que parecen minutos. Mi labio inferior se despega sin querer de su compañero, dejando entreabierta mi boca, levemente.

Ambos ónix vuelven a subir a mis esmeraldas suavemente, casi enigmáticamente pasando por la nariz. Sombras de algo que no reconozco, pasan a través de su intensa mirada, que pareciera más oscura que hace un momento, pero no puedo despegarla, a pesar de que me hace sentir ansiosa, nerviosa.

Incluso el aire pareció encerrarse, deje de escuchar el pequeño ronquido del Nara, o el ronronear de mi gato. Las hojas de los árboles siendo removidas por un mecido aire es sólo ruido blanco alojado en la parte trasera de mi cerebro.

Sólo tengo ojos para la mirada de mi Taicho, simplemente no puedo dimitir de sus oscuros ónix. Algo cruza el centro de mi cuerpo, llevando deliciosas sensaciones tan contradictorias a lo que dice mi mente que no debería de estar ocurriendo, la piel de gallina recubre mis brazos y mi nuca.

Parecen horas en que nos miramos sin despegarnos, hablando cosas que creo entender y a la vez, no tengo idea de que están diciendo sus preciosas gemas oscuras; cuando veo apenas por abajo, sus labios abrirse un poco. Emulándolo, mis ojos se dirigen inmediatamente a su boca, pétalos rosados delgados figuran como labios, esperando ansiosa por las palabras emergidas con ese tono de voz que me atrae como abeja al panal. Veo su rostro y por enésima vez, confirmo que es el hombre más estúpidamente hermoso que haya visto jamás. Es oscuro, frío, serio, distante y a la vez, todo en él ruega por ser admirado, adorado. Los pómulos altos adornados por los lagrimales y facciones aristocráticos; de rostro suave pero varonil, y una nariz patricia, con una voz que me recuerda al chocolate oscuro derretido, y una mente tan fortalecida con sus propios ideales, tan rebelde en sus formas, tan propio y fiero con su determinación.

Ni siquiera recuerdo que le pregunte, o que esperaba que él dijera, pero tengo la sensación de que sea lo que sea que él diga, estaré… ¿satisfecha? No, tal vez… fascinada. Fascinación. La palabra llego a mi mente sin saber porque algo tan obsesivamente significativo está arraigado a este momento.

Tan deseosa como estoy, no entiendo porque su voz es tan chillona cuando al fin habla:

- Comida, cierva.

Inclino la cabeza, sin entender cómo es que, de la garganta, tan fuerte y a la vez delicada de Itachi-san, la voz de mi gato suena.

- Cuando termines de jugar a la hipnosis espontanea con el seikō, acuérdate que eres responsable de mi adorada vida y, por tanto, debes de cumplirme, ahora. Comida. ¡Ñiam! ¡Y, no croquetas!

Itachi-san baja la mirada a mi regazo al tiempo que yo misma para encontrar a un refunfuñón Bastet cuyo estomago empezó a gruñir.

Así como así, también descubrí que podía respirar. Qué curioso, no me había percatado que había estado respirando casi superficialmente.

- Deberías de ir a descansar, me encargaré de Bastet-sama – escuche la voz de Taicho, aunque por alguna razón sonó más apagada de lo normal.

Seguí acariciando en la oreja al neko, mientras alzaba la mirada hacia Itachi-san.

Su rostro no había cambiado en absoluto, pero al mismo tiempo, de alguna manera, no era el mismo con el que había trabado la mirada hace menos de cinco segundos. Su expresión estaba cerrada sin dejar ver la intensidad de hace un momento.

Por alguna razón, eso me hizo sentir decepcionada.

Asentí, dándole la razón:

- Siendo así, mi Taicho-san, me retiro a cuidar de esta mente preciosa y astuta. Y dale las croquetas, son buenas para su sistema inmunológico.

- ¡Oy! Tienes un deber conmigo, cierva malagradecida – Bastet fue detenido por un Uchiha que empezó a tranquilizarlo con caricias bajo la oreja.

- Tomare su cuidado, adelante – escuche su voz aun sin emoción alguna, mientras me levantaba.

Hice una reverencia y me retiré. Ignore como la picazón de una mirada fija se impregnaba en mi nuca y los vellos erizados de mi cuello.

Debo hacerme la prueba de la mononucleosis, la sudoración excesiva, el cansancio repentino y la piel de gallina eran algunos de sus síntomas, pude haberme contagiado de verdad.

Ahh… De cualquier manera, me esperaba una larga semana.


- Cuando atrapes a la joven, dámela.

El silencio se hizo en toda la estancia, un relámpago a la distancia se vislumbró y un segundo después, su trueno atroz se hizo sonar.

- Claro, Madara-sama.

El hombre de múltiples piercings no estaba interesado como tal en reclutar a la joven hermana del jinchūriki, pero si había llamado la atención de su real líder, tal vez sería buena idea catarla él mismo.