Algunas veces el Amor es…
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío.
Parte 8 La Primera Chispa
Nagisa no sabía dónde esconder la cara. ¡Estaba tan avergonzada! Reaccionó a lo que hizo durante el duelo luego de que la gente que estaba viendo la pelea se retiró a atender sus propios asuntos. Al ver a Fujimura Shougo en el suelo y a Honoka con gesto incrédulo y sonrojado, Nagisa despertó. ¡Se supone que dejara ganar al soldado! ¡Ese fue el acuerdo!
"¡No puedo creerlo!" Gritó mientras se ponía en cuclillas y se cubría el rostro con ambas manos. Miró a Honoka pero no pudo mantener el contacto visual por más de un segundo, ¡¿qué acabo de hacer?! Se regañó a sí misma.
La que tampoco sabía qué decir era Honoka, pero Nagisa estaba en pánico y lo único que su corazón le pidió hacer fue ir con ella y tomarle la mano. Y eso hizo. Tomó la mano de su (aún) Prometida, logrando que ésta se descubriera parcialmente el rostro.
"Honoka… Yo…"
"Podemos hablar en casa de esto, ¿te parece?"
Nagisa asintió torpemente. Honoka siempre era tan dulce y comprensiva con ella… Suspiró hondo y volvió a bajar el rostro. Se puso de pie pero ni así se atrevió a levantar la cara al escuchar los pasos del soldado acercarse a ellas.
Fujimura se notaba divertido. No había necesidad de preguntar demasiado, y en todo caso tampoco tendría tiempo, era obvio que las que necesitaban hablar seriamente eran ellas dos. Puso una mano en el hombro de Nagisa y eso sí la obligó a encararlo.
"Yo… Lo siento mucho, sé que esto no es lo que…"
"Me alegra que Honoka esté en buenas manos", fue lo único que dijo el joven soldado con una sonrisa. "Eres muy fuerte, ahora tengo más ánimos de seguir entrenando y mejorar mi estilo de pelea, en serio eres fantástica". Miró a su amiga de la infancia. "Me alegra que alguien como ella esté contigo, Honoka".
La aludida sonrió suavemente. "A mí también. No podía pedir a nadie mejor".
Fujimura se fue, no dejó de sonreír el resto del camino. Eso sí, nadie le negaba tener el orgullo ligeramente herido. Él fue uno de los mejores de su generación y una chica que claramente no había tenido un entrenamiento formal en batalla lo había derrotado. Tenía que mejorar, debía mejorar. Suerte, Honoka, pensó el chico mientras se frotaba el rostro para sacar su propia vergüenza de su cuerpo. Su comandante lo iba a regañar tanto.
Mientras tanto, Nagisa y Honoka iban camino a la mansión de los Yukishiro. Honoka prácticamente guiaba a una Nagisa sin fuerzas y sin ánimos de levantar el rostro y caminar con dignidad, como sucedía luego de cada duelo. Los corazones de ambas chicas latían con fuerza a pesar de que Honoka se notaba relajada y Nagisa desganada. El silencioso viaje duró poco y más tarde que temprano ambas estaban sentadas lado a lado bajo el cerezo del jardín interior de la mansión. Estaban tomadas de la mano.
"Nagisa…"
"¡Honoka! ¡Yo…!"
Callaron de nuevo. Nagisa negó con la cabeza, se sonrojó. Honoka también.
"Tú primero", dijo Honoka con voz suave y dulce mientras enredaba sus dedos con los dedos de Nagisa.
"D-de acuerdo", la guerrera tomó aire de manera honda. "Lo que pasó en el duelo… Yo… Lo siento, falté al trato que hicimos…"
Honoka se recargó en el hombro de Nagisa, no dejaba de sonreír. "Seguramente tuviste una buena razón, ¿me dices cuál es?"
"No", fue la inmediata respuesta de la guerrera mientras estrechaba la mano de su Prometida con un poco más de fuerza. "Me da pena", admitió y alejó la mirada al decir eso. Sus mejillas ardían. "Y además me siento tonta… Yo…"
"Nagisa".
"¿Mmm?"
"Mírame".
"No".
A Honoka le causó más ternura que gracia que Nagisa alejara su rostro todo lo posible, pero no se soltaba ni se separaba de ella. Con su mano libre se aferró del brazo de Nagisa. La joven heredera no pudo más, necesitaba decirle lo que había estado guardando en su corazón o explotaría. Estaba viviendo el momento que no creyó que sucedería.
"Gracias por no dejarme."
Nagisa abrió los ojos como platos al escuchar eso, se puso más roja y con su mano libre apretó su propia camisa. Balbuceó un poco y finalmente se animó a mirar a Honoka, pero su lindo rostro estaba tan cerca que sus narices se rozaron. La pobre guerrera casi se atragantó con su propia saliva.
"No quería dejarte", balbuceó Nagisa con el poco aire que tenía en el cuerpo. "No quiero".
"Sabes lo que quiere decir eso, ¿verdad?" Preguntó Honoka sin despegarse de Nagisa.
"Creo… Yo…" La chica tragó saliva. "Dame tiempo, por favor…"
"Todo el que necesites", fue la comprensiva respuesta de Honoka. "A cambio de ese tiempo, ¿puedo ser caprichosa y pedirte algo?"
Nagisa no pudo evitar una carcajada al escuchar eso. "¿Tú? ¿Caprichosa?" Honoka era todo, menos caprichosa, sólo asintió torpemente. "Pide lo que quieras y te lo daré".
"Gracias", y sin perder más tiempo, acercó sus labios a los de Nagisa y pidió un dulce, breve, tierno y casto beso. Sólo eso y nada más. Se separó casi de inmediato.
Tan gentil gesto fue suficiente para que Nagisa sintiera como si un rayo la hubiera golpeado. Todo su cuerpo tembló, su corazón se aceleró como corcel en veloz galope y su respiración se entorpeció. Todos sus pensamientos fueron callados por ese lindo beso.
"Esperaré a que me digas lo que quieras decirme, Nagisa", dijo una feliz y ruborizada Honoka. "Te esperaré el tiempo que necesites", rió un poco, "aún hay tiempo, falta todavía para mi cumpleaños". Rápidamente buscó aligerar el tema para ayudar a Nagisa a salir de su estupor. "Pero me parece que falta cada vez menos para el tuyo", le sonrió y recargó su frente contra la de ella. "¿Quieres que vayamos a tu pueblo a celebrar tu cumpleaños con tu familia?"
"¡Sí!" Fue lo único que pudo responder Nagisa. Sus labios seguían temblando por culpa del suave beso. ¡Los labios de Honoka eran tan dulces!
"Haremos arreglos con tiempo, para que nadie te moleste con duelos antes de que partamos", Honoka tomó aire para calmar su propio corazón. "¿Quieres descansar un poco?"
"Sí". Nagisa en serio lo necesitaba. "¿Pu-puedo pedirte otra cosa?"
"Lo que quieras".
"Tu… Tu regazo…"
Honoka lo comprendió de inmediato, asintió y se acomodó en lo que era propiamente el césped del jardín interior. Dejó que Nagisa se recostara en su regazo y ella misma se recargó en el tronco del cerezo. La guerrera quedó con su rostro contra el estómago de Honoka, suspiró hondo y luego se sintió derretir cuando la mano de su Prometida comenzó a acariciar su cabello.
"Te lo diré todo… Sólo… Sólo dame tiempo", repitió Nagisa y pegó más su cara al estómago de Honoka. "Mi cabeza es… Es un desastre ahora mismo", tanto era el desastre en sus pensamientos que era incapaz de concentrarse y escuchar a sus pequeños amigos espirituales. "Espérame, por favor".
Dichos amigos, por cierto, estaban increíblemente divertidos por los problemas que Nagisa se provocaba a sí misma sin ayuda alguna. En serio adoraban a su chica.
"Estaré esperando", respondió Honoka mientras cepillaba el cabello de Nagisa con sus dedos. "Hasta entonces, hasta que puedas decirme lo que tu corazón desea decir, ¿puedo pedirte algunos besos más?"
"Los que quieras".
"Gracias".
Y luego de eso ya no se dijeron nada la una a la otra. No era necesario, no en ese momento. Nagisa quería paz para su corazón y orden para su mente atribulada; Honoka simplemente la quería cerca.
Se quedaron así hasta la hora de comer, de hecho Nagisa se quedó dormida.
~o~
"No puedo creer lo que hice… Lo… Lo lamento mucho, Shougo", se disculpó Nagisa por enésima vez en la noche.
Ambos estaban en una posada compartiendo tragos y cenando juntos. Fue la misma Nagisa la que fue a buscar al soldado al día siguiente para disculparse directamente por lo sucedido durante el duelo y, para complementar su disculpa, lo invitó a cenar. Estaban en una mesa del rincón y nadie les ponía atención. Tampoco necesitaban que nadie se enterara que habían arreglado el resultado del duelo (y fallado en el intento) y se corriera la voz.
"No te preocupes, me acabas de demostrar lo mucho que quieres a Honoka, así que no tengo nada que reprochar, además…"
El soldado calló y vio que Nagisa enrojecía tanto que no pudo con el peso de su rubor y se cubrió el rostro con ambas manos. ¡Se veía tan tierna! Contuvo una risa.
"Querer es una palabra muy fuerte", murmuró Nagisa con voz apenas suficiente para ser escuchada. Ya se encontraba más calmada pero su corazón seguía siendo un desastre.
Fujimura ahora sí rió. "Puedo confiarte a mi pequeña Honoka, ¿verdad?"
"¡Por supuesto! ¡Nadie me separará de su lado!" Exclamó la guerrera de inmediato mientras encaraba al soldado con recuperado fuego. Pero bastó ver la gentil mirada de Fujimura para volver a sentir que su cuerpo se volvía de trapo. "No se supone que sienta esto, ella es mi amiga", dijo mientras se recargaba en la mesa y bebía desganadamente su cerveza.
"Pero lo sientes y es intenso, ¿verdad?"
"Sí… Yo… Nunca había sentido algo así… Yo… Yo de verdad quería encontrar un chico guapo y trabajador para casarme y tener una familia como todos los demás", confesó Nagisa. Ese pensamiento no era un secreto para Honoka, por cierto.
"¿Y qué cambió?" Preguntó un paciente Fujimura.
"No lo sé… Cuando comencé a pasar más tiempo con Honoka, cuando la conocí mejor…" Suspiró hondo. Hablar con alguien que no era Honoka le estaba ayudando mucho. "Cuando supe que dos chicas podían casarse y que ella prefería casarse con una… No lo sé", se alborotó el cabello con ambas manos. "Ya no me puedo imaginar sin ella… No es como las amigas que ya tengo… Puedo estar lejos de ellas, lejos de mi familia incluso… Pero no me imagino lejos de Honoka. Ya no".
La guerrera dejó que el aire saliera lentamente de su cuerpo. Entre más hablaba más fácil le era expresar sus pensamientos, gracias seguramente a la confianza y seguridad que emanaba el soldado. Con razón Honoka lo tenía en tan alta estima, era un chico grandioso al que no le hubiera molestado tener en cortejo de ser otra situación.
"¿Ella lo sabe?"
"No he podido hablar como un ser humano normal desde nuestro duelo", confesó la chica, avergonzada. Se frotó el rostro de manera furiosa hasta dejarse la piel roja. "Pero ella ya lo sabe… De alguna manera… Y se lo quiero decir apropiadamente… Cuando pueda verla a la cara y no sentir que las piernas me tiemblan".
Shougo no podía creerlo… ¡Nagisa Misumi estaba completa y perdidamente enamorada de Honoka! Tuvo que llegar alguien que sí pudiera "quitársela" para que todo en ella se descompusiera. Al parecer, algunas veces el amor se asentaba en un corazón de manera tan natural y cómoda que la persona ni siquiera se daba cuenta. Sonrió.
"Ella te esperará".
"Sí, lo sé. Me lo dijo".
"Hasta entonces, quizá no sea mala idea que des más paseos por la ciudad con ella, o que salgan de viaje. No es como si no pudieran salir de la ciudad de vez en cuando".
"Cuando sea mi cumpleaños, iremos a mi pueblo a celebrarlo".
"Por cierto, muy pronto será el festival de la Luna Azul, deberías invitarla".
Eso no falló en despertar la curiosidad de Nagisa, incluso su semblante cambió por completo, ya no lucía tan roja como un tomate. "¿Festival de la Luna Azul?"
"Es una celebración que se hace sólo cuando hay una Luna Azul, que no es muy seguido, pasan años para que suceda y los sabios dicen que éste año habrá una Luna azul", explicó Shougo. "Será en el Templo de los Espíritus. Se dice que esa noche en especial, los Espíritus ganan más energía y dan sus bendiciones a aquellos que llegan con su corazón abierto. También se rumora que las parejas que declaran su amor esa noche, tienen augurada una vida larga y feliz", agregó, juguetón.
Nagisa se ruborizó de nuevo pero ya no bajó el rostro. "La invitaré". Quizá sus pequeños amigos ganarían más poder esa noche y podría escucharlos y sentirlos como nunca antes. Sí, eso sería genial. Y lo otro que Shougo dijo también sonaba genial. Sonrió por lo bajo.
"Le va a encantar el evento, te lo aseguro", dijo el soldado. "Y a ti también, ya están comenzando los preparativos".
"Lo comentaré con Honoka, gracias por el dato", agradeció Nagisa con sinceridad. Recuperar su humor y tranquilidad le devolvió el apetito y pidió un plato más del especial de la casa. Miró a Shougo. "¿Quieres repetir?"
"No, gracias, ya me llené".
"De acuerdo", siguió comiendo. "Por cierto, en serio eres fuerte".
"Gracias, pero tú lo eres más", el soldado sonrió ampliamente. "¿Estaría bien si entrenamos de vez en cuando? Tienes un estilo de batalla único".
"Aprendí a pelear por mi cuenta, no sé si te pueda enseñar algo", dijo la chica, genuinamente humilde.
"Precisamente por eso eres la persona más adecuada con la que podría entrenar. El entrenamiento formal de la guardia real no se compara a pelear contra alguien que ha tenido que aprender a adaptarse al oponente en turno", dijo con toda la intención de inflar el ego de la chica. No había nada mejor para alguien que peleaba que el saber que su fuerza era apreciada y reconocida por un colega que también peleaba.
Funcionó.
Nagisa se sonrojó, rió torpemente y se llevó una mano a la nuca.
"De acuerdo, podemos entrenar. También eres fuerte", dijo la guerrera con emoción. Se devoró el plato apenas se lo llevaron. La comida duraba poco en la mesa cuando estaba de buen humor. Acababa de recuperar sus ánimos gracias a Fujimura Shougo. "Por cierto… Ah… En serio lo siento".
Fujimura sonrió y asintió. Nagisa siguió hablando.
"Le diré todo a Honoka cuando pueda, lo prometo".
"A veces, cuando las palabras fallan, lo mejor es hacer algo. A veces una acción dice más que mil palabras", dijo Shougo y levantó su tarro de cerveza con toda la intención de brindar. Nagisa rápidamente correspondió su cortesía. Sonrió. "Salud por tu fuerza".
"Salud por la tuya".
Y brindaron. Ambos vaciaron sus tarros de cerveza de un solo trago. Nagisa llegó tan desesperada a la taberna que comenzó a beber alcohol sin darse cuenta. Tampoco se dio cuenta cuando éste comenzó a aligerarle la cabeza, culpa de haber bebido tanto tan rápido. Hipó un poco y luego rió.
"Debería regresar con Honoka", dijo Nagisa, visiblemente más relajada.
"Y yo debería volver con mis padres", Shougo sonrió. "Nos pondremos de acuerdo después para lo del entrenamiento, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo".
Un poco más de plática después y ambos se despidieron. Nagisa se sentía más tranquila, relajada de alguna forma pero de todos modos sentía un cosquilleo en el estómago a cada paso que se acercaba más y más a la modesta mansión de los Yukishiro. Los vecinos le daban las Buenas Noches en el camino y la felicitaban por su gran pelea, y una Nagisa más sonriente que de costumbre recibía los saludos y halagos de buena manera.
"Ya llegué", se anunció Nagisa apenas entró a la casa. Se sentía bien tener una llave de la mansión, por cierto. Por la hora, sabía que la abuela Sanae ya debía estar descansando. Honoka seguramente estaba leyendo en su dormitorio y por eso no la escuchó llegar.
Sin pensarlo siquiera, fue directo a la habitación de Honoka y tocó la puerta.
Por su lado, Honoka efectivamente leía un libro, uno de historia. Ya se había terminado su taza de café. Estaba contenta por lo que pasaba con Nagisa y también porque sabía que Shougo y Nagisa tendrían una buena plática. A su Prometida le iba a agradar muchísimo su amigo de la infancia apenas se conocieran mejor. Confiaba en ello. Calculaba que Nagisa llegaría tarde, pero no era como si ella misma se durmiera temprano. De todos sus malos hábitos, el estar despierta hasta tarde leyendo era uno que nunca se podría quitar.
A media lectura, tocaron su puerta.
"Voy", fue a abrir y vio a una sonriente Nagisa ante ella. Le permitió el paso. "Bienvenida, ¿cómo te fue con Shougo?" Preguntó enseguida aunque ya intuía la respuesta.
"Me fue bastante bien, gracias", respondió Nagisa con una sonrisa grande y fue a sentarse a la cama de Honoka. No tardó mucho en tumbarse sobre el colchón. Sentía el cuerpo ligero pero sus brazos sin fuerzas, estaba mareada.
Honoka percibió de inmediato el ligero aroma que tenía Nagisa encima. Era cerveza. Su gesto raro, su voz suelta y su cuerpo sin fuerzas confirmaron sus sospechas.
"Estás ebria", dijo Honoka con una risa pequeña mientras iba a sentarse a su lado. Acarició su cabello con cariño y dulzura. "Necesitas descansar".
Nagisa cerró los ojos y asintió, disfrutando de las atenciones de Honoka.
"Esto va a doler mañana, ¿verdad?" Preguntó una mareada Nagisa.
"Sí, pero te atenderé bien y estarás como nueva para la hora de la comida, te lo aseguro", dijo Honoka con una sonrisa y acarició su rostro. "Será mejor que te recuestes y duermas. No estás en condiciones de bañarte sola", y bañarse juntas no era una opción… Aún. Lo que no esperaba era que Nagisa obedeciera su sugerencia de inmediato, ahí mismo.
Nagisa comenzó a quitarse la ropa torpemente. Sus botas fueron las primeras en quedar a medio cuarto. Se movía con torpeza, descuidada, trastabillaba pero no caía. Miró a Honoka mientras se quitaba la camisa y los pantalones, quedando sólo en sus prendas interiores. Se tumbó en la cama de su Prometida y abrazó una de las almohadas.
"Siento que… Que ahora mismo podría decirte muchas cosas", la guerrera miró a su Prometida a los ojos a pesar de tener medio rostro cubierto por la almohada. "Pero prefiero decirte todo cuando esté en mis cabales".
"Y yo esperaré, ya te lo dije", respondió Honoka con una sonrisa. Ella ya estaba vestida con su ropa de dormir. Decidió abrir la cama y permitir que Nagisa se recostara bien. Dejó su libro en la mesa, apagó la lámpara de la cómoda y se acomodó junto a Nagisa. Estaba contenta, se notaba divertida y emocionada.
"Aún no nos casamos, no deberías estar en mi cama", dijo Honoka de manera juguetona.
"Ya hemos dormido juntas", respondió Nagisa y de inmediato apresó a Honoka entre sus brazos. Su rostro quedó enterrado en el cuello de Honoka. Olía tan bien.
Honoka tembló. Nagisa pidiendo cercanía física no era lo usual, sabía que era culpa del alcohol en su cabeza.
"Sí, tienes razón", Honoka correspondió el abrazo de manera apretada y se las arregló para poder acariciar el cabello y la espalda de Nagisa. "Pero eso fue durante nuestras acampadas, no teníamos una cama".
Nagisa tragó saliva. "Pues… Pues nadie me ganará, llegaré invicta a tu cumpleaños", declaró con ridícula firmeza. "Así que…" Apretó la ropa de Honoka, la pegó más a su cuerpo. "Éste lugar es mío".
Era cierto que Nagisa aún no se sentía capaz de declararle directamente sus sentimientos a Honoka, pero sus torpes palabras alcoholizadas bastaron para que Honoka sintiera que su pecho reventaba de genuina felicidad.
"Anda, duerme, estás ebria", dijo dulcemente al oído de Nagisa.
"Buenas noches, Honoka".
"Buenas noches, Nagisa".
Y como si la guerrera necesitara confirmar que estaba bajo la influencia de la deliciosa cerveza de grano de temporada, fue ella la que levantó el rostro solamente para buscar un dulce y casto beso de los labios de Honoka. A ésta no le dio tiempo de corresponderlo, Nagisa de inmediato volvió a esconder su rostro en el cuello de su Prometida.
Oh, Nagisa…
La joven heredera no podía pedir más en ese momento. Sólo debía esperar por la confesión de Nagisa. Después de todo, algunas veces el amor se demostraba de distintas maneras según la persona. Y Nagisa sin duda era única en su forma de expresar, sin decir nada directamente, su sentimiento de amor por ella.
"Buenas noches, mi querida Nagisa", repitió Honoka aunque Nagisa ya no fuera capaz de escucharla.
Nagisa cayó dormida ni bien se acomodó.
~o~
Habían pasado seis días consecutivos sin duelos y eso tenía un poco extrañadas a ambas chicas. Normalmente Nagisa tenía un duelo cada dos o tres días pero nadie más se había presentado. ¿Acaso su victoria contra el soldado más querido y popular de la Guardia Real fue suficiente para hacer que el resto de los pretendientes de Yukishiro Honoka decidieran dar un paso atrás? La situación era extraña.
Lamentablemente para ambas, la respuesta del porqué de la falta de retos a la actual Prometida de Yukishiro Honoka llegó pronto. Precisamente el primer chico con el que Nagisa combatió el primer día que llegó a la capital volvió a plantarse frente a ella, pero ésta vez no llegó sólo.
"Vengo a retarte por la mano de Honoka Yukishiro", declaró el joven en voz alta, pero quien dio un paso adelante fue un musculoso guerrero con pinta de mercenario y un garrote de dura madera entre sus enormes manos.
"¿De qué se trata todo esto?" Preguntó Honoka, indignada, mientras miraba a aquel chico del que incluso ya había olvidado el nombre. "Se supone que seas tú el que debe pelear".
"El Consejo recién aprobó un agregado a las reglas. Desde ahora, el Pretendiente puede elegir a alguien para pelear en su nombre", explicó el joven con una sonrisa socarrona. "Puedes preguntar tú misma, señorita Yukishiro".
Honoka enfureció. Estaba a punto de gritar un par de improperios a ese patán pero Nagisa la detuvo justo a tiempo. Tomó una de sus manos y le sonrió, de hecho se acercó a ella para hablarle al oído.
"Da igual las trampas que quieran hacer, no dejaré que me ganen", dijo Nagisa con marcada seguridad. "Ese grandulón se parece más a lo que estoy acostumbrada a combatir en casa. No pierdas tiempo y saliva con ese tipo, ¿de acuerdo?"
Honoka se contagió de la seguridad de Nagisa y su ira disminuyó lo suficiente para poder poner su atención en su Prometida y no en esos debiluchos tramposos buenos para nada.
"De acuerdo", respondió Honoka y chocó suavemente su frente con la de su Prometida. "Ve, Nagisa".
"No tardo".
Una Nagisa cargada de más confianza gracias al cariñoso gesto de Honoka encaró al enorme hombre. El mercenario (porque seguramente lo era, Nagisa conocía a los de su clase) era alto y fornido, tenía marcas viejas de batalla y un rostro duro. Emanaba un aire totalmente distinto a los niños mimados de la capital. El tipo usaba una resistente armadura de cuero, se notaba desgastada, su ropa también tenía rastros de desgaste, incluso se notaba sucio. Justo como Nagisa los conocía. Lo encaró con una sonrisa.
"Acepto el reto".
El mercenario sonrió al ver a la chica. Claramente ambos estaban en la misma línea.
"Me agradan tus ojos, niña", dijo el alto hombre y empuñó su garrote con una sola mano.
"Veamos qué tan bien sabes usar esa cosa", respondió Nagisa con una sonrisa visible, incluso mostraba los dientes.
El mercenario atacó primero y soltó un potente garrotazo que Nagisa esquivó por nada. La joven guerrera no era una chica que buscara peleas de manera activa, le gustaba entrenar y defender a su gente, pero no disfrutaba de las peleas sin sentido. Pese a ello, muy en el fondo de su noble corazón, no podía evitar una sensación de emoción al enfrentar a alguien que actualmente fuera un reto para sus habilidades. No le importaba demostrar que incluso estaba disfrutando la pelea como hacía mucho no le pasaba. Los chicos mimados de la capital eran una mala broma y los bandidos y ladrones de caminos eran una molesta plaga, pero un mercenario era asunto aparte.
El mercenario, por su parte, era rápido y sus golpes firmes y directos. Nagisa aprovechaba el ser más pequeña y rápida que él para esquivar, pero eventualmente uno de esos garrotazos casi le da y tuvo que cubrirse usando su espada negra con ambas manos.
El mercenario sonrió más. "¡Eres fuerte!" Él también estaba emocionado. Cuando lo contrataron para pelear contra una chica en edad casadera pensó que era una broma, pero dinero era dinero y además le pagaron para aceptar pelear contra una jovencita. Ahora comprendía el porqué, ¡ella en serio era hábil! Estuvo a punto de golpearle la cara con su garrote y la chica evadió inclinándose hacia atrás, sólo le provocó un corte en la frente.
Nagisa rápidamente recuperó una posición más adecuada y aprovechó la posición ajena para soltar un espadazo al abdomen del mercenario. La dura hoja negra de su espada cortó en un costado, la protección del mercenario era como mantequilla ante la filosa hoja negra. De inmediato el mercenario sintió su propia sangre caliente. No era una herida profunda.
"Hasta que uno me hace sangrar", exclamó Nagisa, lista para continuar.
"Lo mismo digo, niña", rió el mercenario y siguió atacando.
Por su lado, Honoka estaba preocupada y asombrada en partes iguales. No le gustaba ver a Nagisa herida y sangrando, pero era la primera vez que la veía tan animada en una batalla. Todos los duelos hasta el momento habían sido simples e incluso molestos, pero al parecer ahora Nagisa tenía un rival de verdad. Aún tenía la intención de encarar a esos sujetos del Consejo, ¡aprobaron una nueva regla sin su consentimiento! Eso la tenía furiosa, pero ya después les diría dos o tres cosas a esos tipos, debía estar atenta al duelo.
Las armas de los dos combatientes chocaron de manera ruidosa, pero ninguno de ellos cedía. Nagisa comenzó a sudar, estaba enfrentando a un guerrero de cuidado y lo mejor era tomar la ventaja lo más pronto posible. Luego de dedicarse a defender usando toda su fortaleza posible, finalmente vio su oportunidad. Gritó con fiereza y se coló entre los largos brazos del guerrero, pero sólo para darle tremendo cabezazo en la quijada.
Tan fuerte fue el impacto que ella también se hirió por culpa del golpe.
Tan potente fue el cabezazo que el mercenario cayó de espaldas al suelo cual costal de patatas. No estaba inconsciente pero tampoco se levantó.
Era claro que Nagisa ganó y para demostrarlo levantó su espada al aire. Los testigos del duelo celebraron la victoria de Nagisa. Honoka sentía esa victoria casi como propia, era orgullo lo que le llenaba el pecho. Miró a su ex prometido con furia, éste sólo apretó los dientes y se fue. Ni siquiera se molestó en revisar que el mercenario que contrató estuviera bien. Él estaba bien, tampoco fue un golpe mortal, pero ni siquiera tuvo esa consideración.
"Honoka Yukishiro sigue siendo mi Prometida", declaró Nagisa, le sonrió a Honoka y fue ella misma la que fue a revisar al hombre, que apenas estaba recuperando el sentido. "Hey, grandulón, ¿estás bien?"
"Mejor que bien", rió el mercenario mientras se sentaba y escupía algo de sangre. "Eres fuerte, niña".
"Y tú estás hecho de roca", respondió Nagisa mientras se sobaba la cabeza. Su rostro aún sangraba. "Lamento que no cobraras".
"Pensé que era una broma cuando me pidieron pelear contra una jovencita, así que tuvieron que pagarme para considerar pelear contigo", rió el hombre. "Me alegra que cuides mucho a tu chica, eso lo respeto mucho", comentó de manera juguetona.
Nagisa se puso roja cual tomate maduro.
"Ah, yo…"
"Será mejor que me vaya. Cuídate, niña, quizá manden a otro como yo", advirtió el mercenario, recuperó su garrote y se retiró.
Apenas Nagisa quedó disponible, Honoka fue corriendo hacia ella y la tomó cuidadosamente por las mejillas.
"¿Estás bien? Ven, vamos a curarte", dijo, preocupada. "Te llevaré con el médico".
"Vamos", respondió Nagisa pero antes de dar cualquier paso, tomó las manos de Honoka entre las suyas y le sonrió de manera traviesa. Su sonrisa era linda a ojos de su Prometida aunque no lo supiera. "Te dije que nadie me ganará, eres mi Prometida".
Honoka se sonrojó. Sin saber quién de las dos inició el gesto, ambas se besaron sin advertencia alguna, justo frente a las personas que seguían en los alrededores. Un beso dulce pero lo suficientemente largo como para que nadie se lo perdiera.
"Eres mía", dijo Nagisa entre labios, aún envalentonada por la adrenalina de la batalla.
Honoka tembló de pura emoción.
CONTINUARÁ…
