-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Tourner Dans Le Vide" de Indila para Sakura, "Latch " de Kodaline para Sasuke, "Odio Amarte" de Ha-Ash para Mirai y "Wrong Direction" de Hailee Steinfeld para el contexto del capitulo


18 de Febrero de 1516/Londres, Inglaterra

—Puje, su Majestad— animó una doncella a la reina, no queriendo que se rindiera. —Ya viene, casi llega— muy pronto podría sostener a su hijo en sus brazos.

—Un esfuerzo más— secundó la partera entre las piernas de la reina.

Todos estos meses de embarazo habían pasado lenta y pacíficamente para gracia de Dios a ojos de Mirai, luego de tantas y tan dolorosas perdidas personales en el pasado, de hijos que habían muerto a los pocos meses, fallecido dentro de su vientre en abortos o nacido muertos, la reina de Inglaterra volvía a tener fe y esperanza, puede que ahora fuera una mujer mayor con ya treinta años para las estadísticas de la época, pero Dios había decidido bendecirla en ese punto con un hijo, entrando en labor de parto en el mes de Febrero, en pleno invierno que lentamente habría de dar paso a la primavera, como si fuera una señal. Luego de pasar lo que parecieron horas sentada en la silla de gemir—donde se esperaba que el parto progresara hasta el inminente momento del alumbramiento, que podía tardar horas—esa madrugada, la reina Mirai fue guiada hacia la cama apoyándose en sus doncellas para recostarse sobre el lecho que había sido bendecido anteriormente para la ocasión y respirando uniformemente como le indicaban las parteras; la reina vestía un holgado camisón blanco de cuello alto y redondo decorado con encaje en el contorno y de mangas ceñidas en las muñecas que finalizaban en holanes, con sus largos rizos azabache cayendo desordenadamente bajo su cuerpo y sobre sus hombros, estrechando fuertemente las manos de una de sus doncellas contra la suya mientras otra le secaba el sudor de la frente, y pujando una última vez hasta sentir que algo abandonaba su cuerpo entre un profundo gemido de dolor.

—Ya está aquí— celebró la partera antes de revisar el sexo del bebé. —Es una niña, Alteza— anunció con menor jubilo y temiendo que su reina se decepcionara.

Intentando erguirse sobre el colchón con ayuda de sus brazos y solo queriendo cargar en sus brazos a su pequeño hijo, que se veía más fuerte y rollizo que sus niños anteriores que habían vivido unas semanas o nacido muertos, mientras lloraba en los brazos de la partera que lo había recibido al llegar al mundo…o la había recibido más bien. Mirai no pudo evitar sentir la noticia como una bofetada en el rostro mientras observaba a su pequeña; interiormente siempre se había dicho que no tendría un niño, no había pensado siquiera en el sexo mientras llevaba a la criatura en su vientre, pero sabiendo las consecuencias que aquello tendría, Mirai no dudo en extender sus brazos pidiendo a su hija de brazos de la partera y recibiéndola dulcemente, meciéndola en sus brazos con una sonrisa tierna. El trono ingles necesitaba un heredero, un príncipe y no una niña, pero en ese momento su pequeña hija fue perfecta para Mirai, aunque no pudo evitar estremecerse en el momento en que las puertas de su habitación privada se abrieron y su esposo el rey Kiba ingresó aún vestido en camisón de dormir y con una abrigadora bata carmesí con bordados de la casa Inuzuka, forrada en piel beige, esbozando una inmediata sonrisa mientras se detenía al pie de la cama y observaba a su esposa con un bebé sollozante en sus brazos y cuyo llanto fue amainando mientras ella lo mecía dulcemente en sus brazos. El pequeño se veía igual de bello y aún más fuerte que sus hijos anteriores.

—Mirai, ¿Cómo está mi hijo?, ¿Es un niño saludable?— interrogó el Inuzuka de inmediato y con gran fascinación.

—Mi señor, os he fallado— protestó la azabache con la mirada baja. —Es una niña— expuso antes de alzar la mirada hacia su señor y esposo.

—¿Una niña?— repitió Kiba con sus facciones pasando de la alegría a la evidente decepción mientras veía asentir a su esposa. —¿Esta sana?— inquirió volviendo la mirada hacia la partera en busca de una confirmación.

—Absolutamente, Alteza— asintió la mujer enfocando su mirada en la bebé en brazos de la reina.

—Bien— asintió el rey disimulando su decepción, intentando convencerse de que ello no era un problema. —Si tenemos una hija sana, podremos tener un hijo igual— lo importante por ahora era que la criatura gozaba de buena salud.

Una niña no entraba en sus planes ni en los de su fallecido padre Genma, la dinastía Inuzuka había sido forjada por un hombre y solo sería afianzada por uno, no por una mujer ya que para empezar Inglaterra nunca antes había tenido una reina, ciertamente en el pasado múltiples mujeres habían intentado hacerse con el trono como hijas de reyes, pero el pueblo no lo había aceptado y lo que había sucedido tras su ascensión había sido una guerra civil, mismo estado en que había florecido la dinastía Inuzuka. No, en la mente de Kiba no era aceptable en lo absoluto que la niña en brazos de Mirai—y a quien lentamente se acercó, rodeando la cama—pudiera convertirse un día en su sucesora, sino que interiormente se prometió que todos los títulos, festejos y grandes celebraciones que añoraba experimentar en su mente solo fueran para un niño, un niño que naciera de él y que un día se convirtiera en el gran rey que él sabía podría ser. Una parte de Mirai se calmó y contentó en cuanto Kiba se sentó junto a ella sobre la cama, observando a su hija y luego a ella, inclinándose para depositar un beso sobre las respectivas frente de ambas y permaneciendo en la estancia por lo que pareció una hora antes de retirarse para que su esposa e hija fueran aseadas, para descansar por separado ya que el alba aun no comenzaba y para encargarse de las celebraciones correspondientes por el nacimiento de su hija. Las celebraciones serían menores porque su alegría era efímera, pero si habían podido tener una hija sin duda podrían tener un niño igual.

Por lo menos Kiba pensaba así.


Marzo de 1516/Lisboa, Portugal

Levantándose de la cama y alisando la falda de su vestido, la reina Sakura se irguió lentamente mientras veía a la partera guardar su instrumental; debería haberle dicho la verdad a Sasuke, pero luego de su primera noche en el mes de Enero había vuelto a abrirle su lecho y piernas para dejar que tomara su cuerpo y la hiciera suya cuanto y como quisiera, orando en silencio ante el altar cada día porque su vientre se hubiera vuelto estéril, pero ahora y tras dos meses de su primera noche comenzaba a presentar nauseas matutinas, sus cursos mensuales se habían interrumpido y sus pechos se encontraban sensibles, para lo que solo había una explicación. Portaba un elegante vestido de seda carmín estampado en hojas rojo opaco, de escote cuadrado—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado que formaba cortas hombreras—con el contorno del escote de color dorado, con mangas abullonadas que se ceñían en las muñecas, corsé estrecho y falda de una sola capa, con sus largos rizos rosados pulcramente recogidos tras su nuca y formando una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla. Alrededor de su cuello y hasta reposar sobre su escote se hallaba un elegante collar de perlas de dos vueltas y de cada lateral de sus hileras pendía una letra S hecha de oro como pequeños dijes, la inicial de su nombre y la de Sasuke. Inspirando aire para mantenerse serena, a solas en su habitación privada y habiendo pedido privacidad a sus doncellas, la reina se volvió hacia la partera en busca de una confirmación para sus grandes dudas y temores.

—¿Estoy en cinta?— preguntó la Haruno pese a intuir la respuesta en su mente.

—Así es, Alteza— confirmó la partera, dichosa de dar tan buena nueva a su soberana.

—Muchas gracias— asintió la reina Sakura con una sincera sonrisa. —No le digáis a nadie, quiero ser yo quien se lo diga al rey— solicitó con tono amable pero también serio.

No viendo problema alguno en ello y no teniendo porque objetar si su reina lo pedía, la partera reverenció a su soberana quien se acercó brevemente a su escritorio tomando una pequeña bolsa con monedas de oro y que entregó a la partera, tanto por sus servicios como por recibir tan gloriosa noticia y tras lo que la experimentada mujer se retiró en silencio de la habitación, dejando a solas a su reina quien se encontró en silencio por largos minutos, a solas fuera de la presencia de las velas que bañaban su piel y ropas con una luz dorada, etérea, y que fueron las únicas testigos de las lágrimas que se vislumbraron en sus ojos y que pronto resbalaron por sus mejillas mientras se acercaba a la chimenea con andar tembloroso, sujetándose la falda del vestido para no tropezar. Sabía lo que pasaría con ella sin que nadie se lo dijera, lo sentía en el fondo de su corazón desde sus últimos partos cuyo cansancio había sido ineludible pese a que siempre se mostrase fuerte y sonriente, queriendo complacer desesperadamente a su esposo y a su reino, queriendo cumplir con su deber para con la alianza que se había pactado hacía ya tantos años y mediante la cual su fallecida madre la reina Seina había buscado la gloria de Castilla, así como la paz con Portugal. Pero ella no era como su madre, ella era débil y esa noche cuando su esposo acudiera a su habitación por lo mucho que la amaba, Sakura lo recibiría con los brazos abiertos, siempre amable y cariñosa para con él, mas ella seguiría incapaz de decirle el dolor que habría de provocarle si moría durante el parto.

—Dios mío, perdonadme por favor, lo amo tanto— sollozó Sakura apoyando una de sus manos sobre el dintel de la chimenea. —Llevadme a mí, os lo imploro, pero perdonad a mi hijo, perdonadme...— sin tan desgarradora profecía habría de cumplirse; fuera, pero de ser posible no con su hijo. —Reina Seina, madre y señora mía, si como afirman todos, estáis en la gloria de Dios, interceded por esta hija infeliz que dejasteis en la tierra— imploró mientras se desplomaba de rodillas frente a la crepitante chimenea. —Pedidle a Dios misericordia para mí y para mi hijo, no me abandonéis— ahora más que nunca echaba en falta la experiencia y sosiego que solo su madre podría brindarle.

Desearía haber tenido más tiempo con su fallecida madre, desearía haberle hecho más preguntas ya que su fallecida progenitora había experimentado partos que rozaban la muerte—el de ella misma entre ellos—y logrando sobrevivir a ellos, reinar y disfrutar largos años con su esposo…pero en abstinencia, pensar en ello provoco nauseas en el estómago de Sakura y que sintiera como su corazón se dividía en dos, porque por muy egoísta que fuera su mente y corazón no concebían imaginar a su amado Sasuke teniendo en brazos a otra mujer, diciéndole que la amaba a ella pero no pudiendo demostrárselo salvo con besos castos en la frente y momentos compartidos en reuniones, cenas o festejos, viendo los años pasar y presenciando como el amor de la carne entre esposo y esposa era un efímero recuerdo. Enterrando su rostro entre sus manos y sintiéndose desdichada como ninguna otra mujer en la tierra, conflictuada entre lo que se esperaba que hiciera y lo que su corazón de mujer deseaba, Sakura se abrazó a sí misma, sintiendo frio pese a estar ante la chimenea, conteniéndose para no sollozar con aspavientos y para no llamar la atención, decidiéndose interiormente a revelar la feliz noticia al día siguiente mientras intentaba calmarse y secaba las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, irguiéndose lentamente y con torpeza de la chimenea para lucir lo más presentable que fuera posible ante su esposo y no demostrar señal alguna de pensar o tristeza, siempre queriendo hacer felices a otros en tanto tuviera vida que exhalar...


Esa noche Dios había sido benévolo con las inquietudes que reinaban en la mente de Sakura, ya que su esposo no había podido pasar esa noche con ella, agobiado por asuntos de estado que no podían aguardar y por lo que le había enviado una disculpa con uno de los sirvientes, dando a la Haruno tiempo para calmarse y pensar; esa mañana recibiendo a su esposo al momento de desayunar juntos al día siguiente como de costumbre y luego de visitar los aposentos de sus hijos, deseando pasar el mayor tiempo posible con ellos, la reina Sakura convocó a una reunión en el salón del trono, ambos ocupando sus respectivos lugares en los tronos y dando la bienvenida a todos los nobles. La reina Sakura portaba un elegante vestido de seda dorada—debajo una enagua blanca de cuello y cerrado con bordados dorados—y ceñido a su esbelta figura, de mangas abiertas como lienzos desde los hombros, con falda abierta en A bajo el vientre exponiendo una falda inferior color mantequilla repleta de bordados dorados con patrones florales como el centro del corpiño de escote cuadrado y las mangas inferiores ceñidas a las muñecas, con sus largos rizos rosados recogidos tras su nuca y en una trenza cintillo sobre su coronilla, resaltando unos pendientes de oro en forma de corazón de los que pendían tres lágrimas de perlas; alrededor de su cuello y hasta reposar sobre su escote se hallaba un elegante collar de perlas de dos vueltas y de cada lateral de sus hileras pendía una letra S hecha de oro como pequeños dijes, la inicial de su nombre y la de Sasuke.

—Tengo curiosidad— inició Sasuke aguardando a que ella comunicase el motivo tras aquella inesperada reunión. —¿Por qué solicitasteis esta reunión?, ¿Os sentís mal?— inquirió ligeramente preocupado por su esposa.

—No os inquietéis— sosegó Sakura con una sonrisa y estrechando una de sus manos contra la de su esposo antes de levantarse de su trono para hablar, obteniendo la atención de todos. —Escuchad, nobles señores— solicitó haciendo el silencio en la estancia, —plasmad alegría en vuestros rostros, pues el corazón de un nuevo hijo de vuestro rey ya late en mis entrañas— comunicó liberando por fin el aliento que había estado conteniendo mentalmente desde la tarde del día anterior.

Durante la tarde y noche anterior todas las preocupaciones de Sasuke habían sido los asuntos de estado y políticas navales que estaban sucediendo consecuencia de la muerte del Almirante Han Iwagakure, y de hecho el día anterior había discutido hasta la madrugada con sus consejeros sombre como velar por la familia del mejor Almirante que Portugal había tenido en su historia y al mismo tiempo como honrar al hijo y heredero de tan nobles títulos y prestigio, pues sabía que había tratado con demasiada dureza al fallecido Almirante, mas afortunadamente tendría ocasión de remediar su pasada conducta con el hijo de este, Hiro Iwagakure. La expresión de sorpresa que se adueñó del rostro del rey Sasuke—como de los rostros de todos los nobles presentes—lentamente dio paso a una sonrisa de inevitable emoción, feliz por la noticia que su esposa le estaba dando y maravillado al ver que la vida continuaba floreciendo entre ambos y que su amor aún tenía más regalos que brindarles el uno al otro; el rey luso vestía un elegante jubón verde musgo—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas que se ceñían en las muñecas—de cuello cuadrado y mangas ceñidas de seda ónix con detalles dorados bajo acampanadas mangas con dobladillo oliva, largo faldón y ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro, pantalones negros y botas de cuero de igual color debajo, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre y sin dejar de observar a su esposa que lentamente volvió a sentarse.

—Muchísimas gracias, Sasuke— apreció el Uchiha infinitamente, prendándose de nueva cuenta de su esposa. —Dios os bendice; nos bendice a ambos— declaró alzando una de sus manos para acariciar el contorno del rostro de ella. —Os amo tanto— pronunció sin dejar de observar los hermosos ojos de tan sublime belleza.

—Y yo os amo a vos— secundó la Haruno con la mayor sonrisa que le fue posible, —y me alegra haceros feliz— esa era casi siempre la fuente de su felicidad.

Por un momento todos los miedos y temores que Sakura había tenido desde hace meses se esfumaron, solo poder ver la sonrisa en el rostro de su esposo y el brillo de la alegría en sus ojos la hizo sentir como la mujer más maravillosa sobre la tierra, sonriendo a su esposo que sostuvo una de sus manos contra la suya y la acercó a sus labios, inclinándose para besar el dorso de su mano tanto en señal de respeto como de devoción mientras escuchaban los aplausos de los nobles a su alrededor, celebrando la feliz noticia…Despidiéndose de su esposo quien había ordenado un banquete para esa misma noche y poder celebrar debidamente el nuevo embarazo que se esperase brindara otro heredero al trono, la reina Sakura se levantó de su trono y reverenció respetuosamente a su esposo antes de retirarse y tomar su propio camino hacia sus aposentos para cumplir con sus responsabilidades, sorprendiéndose en el momento en que Sasuke la atrajo hacia si en el último momento, besándola en la mejilla y susurrándole al oído lo mucho que la amaba, siguiéndola con la mirada hasta verla desaparecer y solo entonces sumergiéndose de nueva cuenta en los asuntos de estado, mas teniéndola en su mente en todo momento. Pero la línea de alegres pensamientos de Sakura se vio obstaculizada por la soledad en su camino a sus aposentos en compañía de sus doncellas, eso y los pasos de su leal confesor Fray Jugo Otogakure que sabía la seguía intentando alcanzar sus pasos, mas ella no se lo hizo fácil en ningún momento y no queriendo oír sus reproches.

—Alteza— llamó fray Jugo haciendo que la reina ralentizara sus pasos, pero no que se detuviera. —¡Alteza!— insistió y ante lo que la reina finalmente se detuvo y volteo a verlo. —Estáis desafiando a Dios— declaró en voz baja pero molesta y aprovechando que nadie circulase por aquel pasillo en ese momento.

—¿Por atender la sucesión del reino?— cuestionó Sakura seriamente y observándolo con decisión.

—¿Y si morís en el parto?, ¿Qué habrá ganado el reino?— interrogó el religioso intentando entender semejante despreocupación e indiferencia por su persona.

—Un infante— contestó la Haruno intentando convencerse de que ello merecería la pena. —Mi vida está en manos de nuestro señor, pues solo sigo su voluntad— como siempre, confiaría en que él sabía lo que hacía ya sea que tomara su vida o la dejase vivir.

—¿Su voluntad o la vuestra?— inquirió fray Jugo retadoramente y no sabiendo que pensar de ella ante su actuar.

—La que prefiráis, pues ambas debéis acatar— respondió Sakura elevando la voz y ya siendo tarde para poner remedio a su condición.

—Rezare por vos— fue todo lo que el religioso pudo concluir, no pudiendo serle desleal ni abandonarla en forma alguna.

—Gracias— asintió la Haruno sintiéndose un poco más tranquila. —Y por favor, sed muy discreto; nadie ha de saber una palabra de esto, menos el rey— pidió suavizando su tono y hablando como mujer en lugar de como reina.

Quizás fuera la mayor locura luego de haberse quedado embarazada, pero por ahora Sakura elegía callar el mayor tiempo posible y guardarse la dolorosa verdad para sí misma, solo quería que Dios y sus más fieles súbditos como fray Jugo y sus doncellas lo supieran, nadie más, ni siquiera sus hijos a quienes tanto amaba, porque permitirse ser débil era algo que no podía darse el lujo de hacer y se le rompía el corazón de solo imaginar en hacer sufrir a Sasuke y más con un tipo de muerte que él ya había experimentado con su primera esposa. Viendo a fray Jugo asentir antes de reverenciarla, la reina Sakura se sujetó la falda del vestido para no tropezar y, volviendo la mirada hacia sus doncellas Temari, Moegi y Hanabi que solo la observaron sin necesidad de articular palabra—manifestándole su lealtad de ese modo—antes de que ella continuara con sus caminos hacia sus aposentos, deseando tener un poco de privacidad para rezar y tratar de calmar sus miedos, porque sí que necesitaría su fuerza para los días venideros y para llevar el embarazo hasta el final. Habiendo seguido el camino de su querida hermana y deseando poder felicitarla en privado y personalmente por su inminente nueva maternidad, lady Emi Uchiha—hermana del rey Sasuke—se detuvo y ocultó tras la esquina del pasillo, no queriendo importunar la conversación entre Sakura y fray Jugo, cubriéndose los labios y llevándose una mano al centro del pecho ante lo acababa de escuchar, sintiendo oprimida su alma por solo pensar en perder a su querida hermana.

Emi nunca había sentido tanta presión en su vida.


Septiembre de 1516/Lisboa, Portugal

El dolor en su momento al escuchar tan desgarradora noticia había sido devastador para Emi, desde la muerte de su fallecida madre el circulo privado de la familia se había visto reducido a ella, Sakura y Sasuke, su hermana Miso estaba lejos y vivía del recogimiento, y aunque sus sobrinos eran niños dulces y adorables, no dejaban de ser demasiado jóvenes y tanto Sakura como ella buscaban protegerlos de la dura realidad, y en contraste su hijo Kagen Uchiha tenía su propia familia, así que Emi siempre había sentido que podría contar con Sakura pasara lo que pasara y por lo que eligió no decirle la verdad a su hermano en espera de que ella lo hiciera…pero tras ya seis meses estaba claro que eso no sucedería, y ella no podía esperar más. Recorriendo los pasillos del Castillo en busca de su hermano el rey, la Uchiha portaba un elegante vestido verde oliva de estilo portugués—debajo una enagua blanca de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—de mangas acampanadas con cortes que se anudaban a los lados de los brazos, pero mucho del vestido pasaba desapercibido bajo una chaqueta superior de seda y terciopelo gris oscuro con opacos bordados cobrizos y que cubría holgadamente su figura, de escote alto y cuadrado, con su largo cabello azabache recogido en un moño tras su nuca para formar una trenza que resaltaba la guirnalda de perlas alrededor de su cuello, ingresando en el salón del trono pero no encontrando a su hermano.

—Kimimaro— saludó Emi al secretario de su hermano y que este se encontraba ordenando unos documentos sobre el escritorio de trabajo del soberano.

—Alteza— reverenció el peligris antes de seguir con lo que estaba. —¿En qué puedo ayudarla?— preguntó de estar en su poder hacer algo por ella.

—¿Dónde está su Majestad?— preguntó la Uchiha en respuesta, apretándose nerviosamente las manos.

—Ese debe ser él— contestó al escuchar el eco de cascos de caballos en el exterior, —su Alteza había acudido a cazar con el Marqués C— comentó ya que su señor debía de haber regresado o debía estar por hacerlo.

—Gracias— apreció la azabache inclinando la cabeza en señal de respeto y abandonando velozmente la estancia.

En una imagen bastante poco digna de la hermana del rey, Emi se sujetó la falda del vestido y abandonó el salón del trono a toda prisa, casi corriendo a la par que observando el exterior a través de los cristales de las ventanas, confirmando que su hermano acababa de llegar y viéndolo bajar de su caballo antes de ingresar al Castillo tomando inmediato rumbo a los aposentos, y no conociendo un atajo que hiciera menos largo el camino hacia los aposentos de su hermano, Emi solo pudo suspirar ante el largo camino que se vislumbraba, volviendo a correr lo más rápido posible, inclinando la cabeza ante los nobles que pasaban por su lado y no pudiendo detenerse para dirigirles palabras más atentas o corteses, sin detenerse, doblando en la esquina que tanto conocía y finalmente llegando a las puertas de los aposentos de su hermano. Despidiéndose del Marques C Kumogakure quien le había dado la idea de brindar el título de "Han" a Hiro de Iwagakure como heredero de su fallecido padre, y dándole las gracias, el rey Sasuke se volvió hacia las puertas de sus aposentos y que le fueron abiertas por los guardias; el rey luso vestía un jubón gris oscuro—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y mangas ceñidas en las muñecas—de cuello alto y cerrado con mangas abullonadas que se tornaban ligeramente ceñidas desde los codos, encima un abrigo de igual color forrado en un margen de piel oscura con un toisón de oro alrededor de su cuello, pantalones y botas de cuero negro, con una boina negra decorada con una pluma sobre su cabeza.

—Marques— saludó Emi pasando junto al noble que la reverenció al verla pasar a su lado. —Majestad— llamó a su hermano que no detuvo sus pazos al cruzar el umbral de sus aposentos, —Majestad, por favor deteneos un minuto y escuchadme— rogó deteniéndose para recuperar el aliento y sintiendo las puertas cerrarse a su espalda.

—Eso puede aguardar, hermana, primero debo asearme— desestimó Sasuke, quitándose la boina que dejo sobre una de las sillas, queriendo ver a su esposa y pasar tiempo con ella luego de haber dedicado tiempo para sí mismo mediante la caza.

—No, no puede aguardar— insistió la Uchiha con un hilo de voz y entornando los ojos al ver a su hermano dirigirse hacia su habitación privada. —Deteneos, Sasuke— insistió acercándose a su hermano y sujetándolo de los hombros para detenerlo, tuteándolo.

—¿Cómo osáis?— increpó el Uchiha volteando a ver a su hermana a quien sujeto de la muñeca, recordándole que antes que su hermano era el rey.

—Me atrevo y debéis escucharme, es de vida o muerte— insistió ella sosteniéndole la mirada y zafándose de su agarre, encontrando su mirada con la suya.

Desde que el rey Tajima los había tenido delante a ambos, ella siendo una mujer y Sasuke un chico de catorce años, tras haber hecho asesinar a su hermano Itachi por considerar que la familia Uchiha se había vuelto demasiado importante y digna de considerar como una amenaza, Emi se había jurado que protegería a su hermano menor y velaría por su felicidad sin importar lo que pasara, por lo que en primer lugar nunca había ido en contra de sus decisiones y había velado porque fuera dichoso y pleno, aun cuando no hubiera estado de acuerdo con su elección de la fallecida princesa Takara como esposa hacía ya tantos años y que había terminado con la muerte de esta durante el parto del fallecido infante Yosuke, luego había respaldado a su hermano en la boda con Sakura y la había recibido con los brazos abiertos…pero ahora y viendo peligrar su felicidad, Emi tenía algo que decir porque no quería que su hermano siguiera ignorando los peligros, porque quería que él valorara los momentos que aún tenía con su esposa si esta fallecía en el parto. Observando en silencio a su hermana tras escuchar esas últimas palabras que salieron de sus labios y sabiendo que ella no exageraba al decir que algo era importante, Sasuke inclinó la cabeza en señal de disculpa por estar tan aprensivo en el último tiempo; Sakura ya tenía ocho meses de embarazo, aun no tenían un nombre en mente ni un título para su hijo, y los asuntos de estado lo mantenía alejado en lugar de junto a ella, y estaba de mal humor por eso…pero su hermana no tenía por qué pagar los platos rotos.

—¿De qué se trata?— preguntó Sasuke con voz serena e invitando a su hermana a hablar.

—Hermano mío, bien conocemos las mujeres de esta familia el dolor que implica perder al ser amado— inició Emi no sabiendo cómo expresarse claramente, —y os aseguro que no es uno que deseemos compartir con vos— nadie debería sentir ese dolor.

—¿Qué insinuáis?— inquirió el Uchiha frunciendo el ceño, no gustándole el tono de sus palabras.

—Que la vida de vuestra esposa corre peligro por este nuevo embarazo— espetó la Uchiha no teniendo como suavizar la verdad y viendo la incredulidad plasmarse en los ojos de su hermano. —Escuche una conversación entre Sakura y Fray Jugo; el cuerpo de vuestra esposa está agotado y lord Dan Kato asegura que este embarazo será su límite, si no muere en ello— justificó, no pudiendo retractarse de sus palabras.

—¿Estáis segura?— inquirió él, pálido de miedo y viendo asentir a su hermana. —¿Por qué no me lo dijo?— se preguntó en voz alta, retrocediendo para sentarse sobre la silla junto a la chimenea, sintiendo que el suelo desaparecía debajo suyo.

—Porque os ama, y porque es posible que muera pariendo, algo que vos ya habéis presenciado— respondió ella pudiendo entender el proceder de Sakura. —Si he callado todos estos meses, eso se debe a que esperaba que ella os lo dijera personalmente, pero ahora veo que a Sakura le falta valor y teme fallaros— solo eso justificaba su silencio, aunque no dejaba de ser admirable su temple para mantener la mentira. —No llenéis vuestra mente de cuestionamientos que escapan a nuestro control; lo que debéis hacer en este momento es ir con vuestra esposa y no alejaros a menos que sea preciso— aconsejó, no queriendo que perdiera el tiempo con trivialidades.

El tiempo le había arrebatado a su querido esposo por el curso natural de la vida y siendo este ligeramente mayor que ella, pero el dolor siempre continuaba ahí para Emi, siempre pensaba en él y lo veía en todas partes durante cada hora de cada día, continuar con la vida fingiendo que no lo había perdido era un tormento…un tormento que no quería que su amado hermano experimentara, o que de tener que hacerlo, Sasuke al menos pudiera atesorar recuerdos que pudieran sosegar lo más posible su pena. Sintiendo el dolor de la noticia hasta lo más profundo de su alma, Sasuke agradeció estar sentado o se habría desplomado de rodillas en una imagen muy indigna de un rey, aunque eso no pudo importarle menos, no sintiendo la culpa pesar sobre él porque era él quien de una u otra forma había guiado a su esposa en la intimidad hasta llegar a cada nuevo embarazo, debería haberse cuestionado interiormente si tener hijos tan seguidamente entre si—con cuando mucho un año o dos de diferencia entre sí y meses de diferencia como mínimo—era seguro, pero estabilizar el trono de Portugal había sido tan importante en sus inicios que luego de los primeros cuatro embarazos—en que habían nacido Itachi, Sarada, Mikoto y Baru—, que sin darse cuenta ambos habían adoptado un ritmo que no habían podido ni querido frenar por la gran pasión que sentían el uno por el otro y que ahora probaba ser tan perniciosa como el veneno, al menos para Sasuke que sintió el peso de la realidad hundir sus hombros y el temor de perder a quien amaba adueñarse de su corazón…


Tras ser consolado por su hermana quien no se había apartado de su lado hasta saberlo lo suficientemente sereno como para no cometer la primera locura que se cruzase por su pensamiento, Sasuke eligió quedarse a solas por lo que le parecieron horas, sentado delante de la chimenea y observando el crepitar de las llamas, no moviéndose siquiera un ápice ni aun cuando uno de los sirvientes encargados se presentó en la estancia para avivar el fuego, no sabiendo que hacer ni estando preparado para la realidad, no queriendo perder a su esposa y orando incansablemente en voz baja en espera de que todo lo que estaba viviendo solo fuera un sueño, un sueño del que iba a despertar…pero no importa cuánto tiempo pasara ni que se pellizcara para salir de dudas, seguía presente en aquel cuadro lleno de letanía, viviendo un anticipado luto por la idea de perder a quien tanto amaba, viendo el sol cruzar el cielo y comenzar a perderse en el horizonte, cuando finalmente una idea cruzó su mente. Por medio de uno de los guardias que custodiaban las puertas de sus aposentos, el rey hizo llamar a su presencia al físico de su esposa; lord Dan Kato, esperando que él le diera la respuesta médica y definitiva que necesitaba para hundirse en la desesperación o bien volver a respirar con tranquilidad…pero al llegar este no hizo sino confirmar lo que su hermana había dicho, el cuerpo de su esposa tan seductor y perfecto a sus ojos, tan fértil y sublime hasta el momento presente estaba absolutamente extenuado luego de tantos y tan sucesivos como fructíferos embarazos.

—Sois físico, quizás el mejor que yo haya conocido, pese a nuestras discrepancias— habló Sasuke por fin y observando el exterior a través de los cristales de las ventanas. —¿Nada puede hacerse?— preguntó con contenida desesperación y volteando a ver al físico.

—La vida de la reina está en manos de Dios— contestó lord Dan con la voz cargada de pesar, —aunque todo saliera bien esta vez, otro parto seria ser fatal— era cosa segura.

Pese a toda su experiencia como físico y habiendo visto cuadros dantescos y absolutamente terroríficos como protagonistas de partos que él mismo había asistido, Dan Kato no dejaba de estar sorprendido de la resistencia de la reina Sakura pese a su esbelto físico y constitución grácil; muchas mujeres de la época morían en su primer parto como era el caso de la fallecida princesa y reina Takara, su propia hermana, porque un parto era más mortífero que la batalla más sangrienta y más abrupto que el peor veneno para una mujer. Sin embargo la reina Sakura había soportado hasta ahora nueve embarazos en que encima de todo había alumbrado a niños perfectamente sanos que traerían ventura al reino, pero en contraste nunca había parecido importarle el arriesgar su vida cuanto fuera preciso, y ahora se manifestaba el precio de dicho actuar, mas no dejaba de ser sorprendente que casi estuviera llevando a término este decimo embarazo y casi sin aparentes complicaciones, aunque sí que se mostraba más débil, teniendo que guardar reposo y dejar de lado múltiples obligaciones para encontrarse bien. Cerrando dolorosamente los ojos, Sasuke se reprochó de nueva cuenta el haberse entregado tan egoístamente a sus pasiones y venerado tan lujuriosamente la belleza de su esposa en tantas noches, por supuesto que lo había hecho por lo mucho que la amaba y no tanto por engendrar heredero tras heredero, pero si habían llegado a ese punto era en gran parte por su causa, aunque Sakura nunca le hubiera reprochado nada.

—¿Qué haríais vos, si se tratara de vuestra esposa?— preguntó Sasuke en caso de que su esposa sobreviviera de milagro a este embarazo como había hechos a otros antes.

—Rezaría con todo mí ser, y si Dios no la llamase a su lado, haría todo para que no volviera a quedar embarazada— contestó lord Dan Kato, siendo muy claro en lo que ello implicaba. —Sé que es tarea dolorosa y difícil para un hombre que ama, pero la abstinencia es la única solución— era eso o perder al ser amado.

—No os justifiquéis— sosegó el Uchiha no teniendo como contrariarlo. —Más dolorosa y difícil seria la existencia si no la tuviera a mi lado— declaró pudiendo ser sincero y sabiendo que el físico de su esposa era alguien de confianza. —Gracias, lord Kato, por todo— apreció situando una mano sobre el hombro del respetable hombre.

Igual que Sakura en sus inicios, Sasuke no había estado muy de acuerdo en tener entre sus leales vasallos a alguien tan…peculiar como Dan Kato, alguien que no dudaba en saltarse cuanto creyera necesario el protocolo con tal de hacer su trabajando, tratando a su reina como haría con cualquier mujer sin importar su condición ni sangre noble, lo que era tanto desconcertante como innovador y polémico en partes iguales, y que había provocado que Sasuke tuviera sus reservas con respecto al físico desde el principio, pero con el paso de los años y el innegable talento que el físico tenía a la hora de atender a su esposa y sortear todos los riegos de la muerte para salvarle la vida de los partos, Sasuke le había dado su respeto y confianza, más que a muchas personas que conocía y sabiendo que lord Dan siempre buscaría el bienestar de su reina casi tanto como él, y en especial en este caso. Esbozando una sonrisa y agradeciendo infinitamente el poder gozar de la confianza de su rey a quien admiraba y respetaba a partes iguales por la gloria que había traído al reino así como por lo tolerante que era con otras religiones—como la reina Sakura—, respetando a las personas antes que a los credos y eso era invaluable, muchos amigos suyos podían practicar el judaísmo o el islam sin temor a ser denunciados o convertirse en víctimas de la inquisición y eso era merecía reconocerse…de todo corazón, Dan rezó porque Dios tuviera piedad y decidiera no llevarse a la reina, no si el rey habría de sufrir tanto por amarla como hacía, ni mucho menos el reino entero.

Ojalá Dios atendiera sus oraciones.


9 de Septiembre de 1516/Lisboa, Portugal

Había hecho falta un día entero de deliberación luego de reunirse con lord Dan Kato para que el rey Sasuke finalmente se decidiera a hablar con su esposa, había algo tan desgarrador en saberla tan cerca y al mismo tiempo tan frágil de apartar de su alcance que temía ir a su lado aunque su corazón lo desease desesperadamente, no fue una decisión fácil sino que fue probablemente lo más difícil que había hecho hasta ese punto de su vida, cruzando en silencio los pasillos del Castillo hacia los aposentos de su esposa y sin reparar en nadie más; el rey luso vestía un jubón negro de seda con bordados dorados que representaban el emblema de la dinastía Uchiha bajo un abrigo de piel negra que permanecía abierto; pantalones y botas negras con un toisón dorado alrededor de su cuello. El ligero eco de carcajadas le dio la bienvenida al cruzar las puertas e ingresar en la sala de recepción, donde las doncellas de su esposa leían poesía, bordaban o tocaban el laúd mientras Sakura sonreía distraídamente y leyendo junto a la chimenea, pero paulatinamente se hizo el silencio cuando las doncellas advirtieron su presencia en la estancia, levantándose de sus lugares y reverenciándolo respetuosamente antes de que Sakura volviera la mirada en su dirección y cerrando su libro lentamente se levantara de su asiento para voltear a verlo, con evidente dificultad debido a su prominente vientre de embarazo—cuya realidad se enterró como un cuchillo en su pecho—, pero siempre teniendo una deslumbrante sonrisa para él y que hizo estremecer al Uchiha.

—Mi señor— saludó Sakura con una ligera reverencia y dejando su libro sobre la pequeña mesa junto a ella.

—Acompañadme, por favor— solicitó Sasuke con voz queda a su esposa, queriendo hablar en privado.

Asintiendo torpemente y no pudiendo negarse, Sakura se volvió hacia su camarera Temari Sabaku que la reverenció apresuradamente y se dirigió hacia la habitación privada, regresando unos momentos después con una capa piel blanca que coloco sobre los hombros de su reina para protegerla del frio clima del exterior, y tras lo que Sakura se acercó a su esposo, sujetándose de su brazo y abandonando la estancia. La Haruno portaba un elegante vestido de seda gris oscuro con opacos bordados de hilo plateado, de escote cuadrado—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado que formaba cortas hombreras y mangas holgadas—con el contorno del escote de color cobrizo, con mangas ceñidas hasta las muñecas con cortes en las muñecas y anudadas a lo largo de los brazos, corpiño ceñido bajo el busto ante su prominente vientre de embarazo de ocho meses, con sus largos rizos rosados pulcramente recogidos tras su nuca y formando una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla decorada por un broche de oro en forma de rosa con una gema ónix en el centro y de la que pendía una lagrima de perla a juego con un par de pendientes. Alrededor de su cuello y hasta reposar sobre su escote se hallaba un elegante collar de perlas de dos vueltas y de cada lateral de sus hileras pendía una letra S hecha de oro como pequeños dijes, la inicial de su nombre y la de Sasuke. Ambos cruzaron en silencio los pasillos del Castillo hacia el exterior, hacia los jardines tinturados de un hermoso dorado y ámbar por el otoño, con las hojas cayendo de los árboles.

—¿Qué sucede, Sasuke?, ¿Qué os inquieta?— preguntó Sakura tras un prolongado silencio entre ambos desde que habían abandonado sus aposentos.

—Lo sé todo, Sakura— contestó Sasuke únicamente, deteniendo sus pasos y volviendo la mirada hacia su esposa que palideció, titubeando y no sabiendo bien como preguntarle el cómo sabia de ello. —No preguntéis cómo lo sé, solo lo sé— interrumpió, dolido al confirmar por su silencio lo que otros ya le habían aseverado. —¿Por qué no me frenasteis?— cuestionó, no pudiendo más con la culpa que sentía.

—Porque os amo y porque me falto valor— respondió la Haruno con la luz quebrada de emoción y no existiendo otra respuesta. —Creí que acallando mis temores podría eliminarlos y quería evitaros mi angustia— por ello no le había dicho la verdad.

—Vivo por vos, amaros y protegeros es mi deber más sagrado en esta vida— obvió el Uchiha, lamentando no haberle dado la confianza suficiente para decirle lo que tanto la había asustado. —Solo mis ansias y pasiones masculinas os empujaron a esto— concluyó apartando la mirada, furioso consigo mismo. —Perdonadme, por favor— rogó cerrando los ojos y no pudiendo verla a la cara.

—Mis ansias y pasiones femeninas tampoco ayudaron mucho— protestó ella alzando una de sus manos para acunar su rostro, haciendo que volteara a verla. —Y se sumaron ciertos temores— añadió avergonzada y en voz baja.

—¿Qué podíais temer?— inquirió él frunciendo el ceño con confusión, no pudiendo entenderla.

—Haber sentido vuestra ultima caricia, y que otra me reemplazara en vuestro lecho— señaló Sakura apartando la mirada con vergüenza de sus faltas humanas. —Soy codiciosa, siempre he deseado ser la única en vuestra vida, como vos en la mía— aclaró, aun siendo aquella chica que se había enamorado de la idea de ser su esposa hacía ya tantos años. —Cada vez que alumbraba a un nuevo hijo, deseaba que viniera el siguiente, incluso cuando tras el parto ni siquiera podía recordar mi propio nombre; vuestro amor me llenaba y era la razón para desear volver a compartir vuestro lecho cuanto antes— el precio había sido grande, pero ella nunca había rechazado pagarlo. —No os culpéis. Si, este embarazo es un riesgo, pero si volviera a vivir, elegiría el mismo destino— declaró sin titubeo alguno. —Porque os amo— reafirmó con una sonrisa y lágrimas de emoción en sus ojos.

—Y yo os amo a vos, con toda mi alma— secundó Sasuke acercando su rostro y pegando su frente contra la suya. —Os aseguro que nunca seréis reemplazable para mí, y os juro que siempre estaré con vos, pase lo que pase— prometió, para calmar los temores de su esposa.

Envolviendo sus brazos alrededor de su esposa quien reposó su cabeza contra su hombro, Sasuke se recordó lo fuertes que eran estando juntos y cuan capaces eran de enfrentarse a lo que sea que los atacara o amenazara desde que eran uno solo, ¿Es que no podrían con esta nueva amenaza? Él se negaba a hacerla a un lado, se negaba a desestimar esta peligrosa situación y por encima de todo se negaba a dejar de amarla, algo tan fútil como el no poder volver a compartir la cama íntimamente era una nimiedad, sí que seguía sintiendo pasión y deseo por Sakura, pero no era algo que no pudiera controlar y que necesitara saciar con otra mujer de no poder hacerlo con ella, eso nunca; Sakura era única e irremplazable para él y eso no cambiaría. Sintiéndose infinitamente a salvo y protegida en brazos de su esposo, sintiendo por fin que todas sus preocupaciones pasadas no habían tenido sentido ni mucho menos el vivirlas en soledad, Sakura se dejó estrechar por los brazos de Sasuke quien le susurró al oído lo mucho que la amaba, haciéndola sonreír ligeramente…pero pronto toda la alegría y consuelo que sentía volvió a dar paso al temor tan pronto como sintió una especie de punzada o calambre en el abdomen y ante lo que ella tuvo que morderse el labio inferior para no gritar de dolor, sintiendo la falda de su vestido humedecerse de golpe, haciéndola temblar de pies a cabeza porque sabía lo que estaba pasando y porque le aterraba tanto el nuevo parto como la idea de perder a su hijo, faltando aun aproximadamente un mes para que fuera prudente dar a luz.

—¿Sakura?, ¿Qué pasa?— preguntó Sasuke rompiendo lentamente el abrazo y sintiendo estremecer a su esposa, notando su expresión de dolor.

—Por favor, por favor…— sollozó Sakura ignorándolo, situando una mano sobre su vientre y la otra entre sus piernas a través de la tela de su vestido.

—¡Guardias!— gritó el Uchiha dándose cuenta de lo que pasaba. —Rápido, llamad a las parteras— ordenó tan pronto como dos de los soldados que custodiaban el jardín se acercaron hasta donde estaban el rey y la reina.

No era prudente dar a luz entonces, puede que uno que otro de sus partos anteriores se hubiera adelantado una semana o quizás dos, pero más que eso lo que había sucedido es que ella no había calculado bien la fecha de gestación en relación con la fecha del parto...pero no ahora, los cálculos habían sido precisos tanto por su parte como de su físico y por lo que Sakura no pudo evitar romper el llanto, angustiada, prefiriendo pagar el precio que fuera preciso por su desobediencia hacia Dios, pero no queriendo que le sucediera nada a su hijo, negando en silencio y deshaciéndose en oraciones desesperadas por piedad. Sin embargo, ello no impidió a la Haruno sobresaltarse cuando Sasuke envolvió uno de sus brazos tras su espalda y el otro bajo sus piernas, cargándola en brazos sin dudarlo y abandonando velozmente los jardines de regreso hacia el interior del Castillo, con su atención dividida entre el camino a recorrer ante él a la par que tratando de no equivocarse, así como en la preciada carga en sus brazos que era su esposa, cuyos sollozos hacían latir más rápido que nuca su corazón a cada veloz paso que daba, agradeciendo que los nobles en su camino se hicieran a un lado y luego los guardias en las puertas, permitiéndole ingresar sobresaltando a las doncellas de su esposa que si bien jadearon de sorpresa, no dudaron en adoptar roles inmediatos; preparando la habitación privada, yendo en busca de los elementos necesario y otra de ellas yendo en busca del físico cuanto antes. El infierno estaba a punto de desatarse…


—Alteza, la reina quiere veros— comunico lady Temari Sabaku al rey, sobresaltándolo.

Luego de dejar a su esposa sobre su cama en su habitación privada, el rey Sasuke había tenido que dejar su lado para guardar fuera, en la sala de sus aposentos ya que a un hombre le estaba prohibido estar presente en un momento tan íntimo y frágil, por lo que se reservó a aguardar, intentando tranquilizarse cuando el físico Dan Kato pasó junto a él e ingresó en la habitación para atender a su esposa. Momentos después, lady Temari Sabaku—camarera principal de su esposa—abrió las puertas que separaban la sala de la habitación privada y lo invitó a pasar, sorprendiendo al rey Sasuke que se congeló por un momento antes de seguirla, escuchando las puertas cerrarse tras de sí mientras enfocaba toda su atención en su esposa sobre la cama. Cambiada de ropa para tan difícil trance como era el parto, la reina vestía un holgado camisón color marfil de cuello redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas con largos holanes que casi le cubrían las manos, y la silueta de la tela no se entallaba a ninguna parte de su anatomía en una larga falda, con su largo cabello rosado cayendo desordenadamente sobre sus hombros y pegándose tanto a su frente como a los lados de su cuello, una imagen que Sasuke nunca había visto y que lo descolocó enormemente, corriendo a arrodillarse junto a la cama de inmediato, alzando una mano para acariciar el rostro de su esposa que se encontraba poblado de una expresión de dolor, quien lo observó con lágrimas en los ojos, angustiada pero también lamentando que hubieran tenido que llegar a ese punto.

—Perdonadme, perdonadme— sollozó Sakura terriblemente asustada. —No os vayáis, por favor— suplicó, no arrepentida pero si lamentando el desenlace que sabía ocurriría.

—Nada va a apartarme de vos— prometió Sasuke sosteniendo una de las manos de su esposa entre las suyas como prueba.

—Tengo tanto miedo, tengo tanto miedo…— jadeó la Haruno siendo interrumpida por una nueva contracción e intentando no gritar por el dolor. —¡No!— gritó a una de sus doncellas que casi le cubrió el rostro con un velo como de costumbre, pero ella no quería esta vez. —No quiero dejar de veros, no quiero dejar de veros…— rogó desesperadamente, alzando una de sus manos para acariciar el rostro de su esposo.

Siempre había sido fundamental para ella como reina mantener la dignidad, por lo que no había desteñido en apariencia en ninguno de sus partos anteriores, inicialmente no queriendo gritar pero luego comprendiendo que ello no podía evitarse, haciendo que en su lugar cubrieran su rostro con un lienzo blanco, una práctica que sabía había iniciado su madre o una de sus doncellas al cubrirle el rostro en uno de sus partos, y como su digna hija Sakura era muy asidua a seguirla, pero no en ese momento, no cuando todo lo que quería era concentrarse en Sasuke a su lado y sosteniendo su mano, intentando ser lo más fuerte posible, no pudiendo contener sus gritos antes cada nueva y sucesiva contracción, sollozando de dolor y echando la cabeza hacia atrás, intentando que el alumbramiento sucediese pronto. No sabiendo de qué forma brindar a su esposa el consuelo que ella tanto necesitaba en ese momento, y sintiendo unos escalofríos atroces mientras escuchaba sus gritos de dolor, Sasuke solo pudo observar y sostener su mano, aferrándose a creer en la gran fuerza interior que tenía la mujer que era su esposa e inclinándose para besar el dorso de su mano, cerrando los ojos y sintiendo como propio el dolor de Sakura, orando porque todo terminase rápido y prometiéndose no volver a hacerla pasar por semejante prueba, riesgo, ni dolor, si Dios no la apartaba de su lado. Aquella silente promesa coincidió con el último esfuerzo de la reina junto a un alarido de dolor, y tras lo que el físico recibió en sus manos a un sollozante bebé cubierto de sangre.

—Es un niño, Alteza— declaró lord Dan Kato entregando el pequeño a la camarera de la reina.

—Quiero que se llame Inabi— suspiró Sakura casi sin fuerzas, pero enfocando su mirada en su hijo.

—Inabi será su nombre entonces— respaldó Sasuke de inmediato, saliendo de su sorpresa inicial.

Por un lado Sasuke estaba congelado por el miedo que continuaba sintiendo, pero también por la forma en que su esposa era capaz de olvidar o ignorar todo el perfectamente traumático dolor del parto y volver a sonreír pese a lo cansada que estuviera, no dejando de observar a su pequeño hijo como si fuera la mayor maravilla del mundo, viendo como Temari Sabaku y Moegi Kazamatsuri se encargaban de limpiar de su piel todo rastro de sangre mientras el pequeño bebé se removía incomodo en un cuadro habitual y enternecedor para Sakura, que volvió la mirada hacia su doncella Hanabi Hyuga que le tendió uno de sus brazos para ayudarla a sentarse mejor sobre el colchón, emitiendo un ligero e inevitable quejido a causa del latente dolor y malestar que perduraría durante el resto del día o puede que más entre sus piernas debido al esfuerzo. Sin dejar de observar a su esposa hasta estar segura que se encontraba bien, recibiendo un ligero y cansado asentimiento de parte de Sakura, Sasuke se irguió lentamente y la besó en la frente para dirigir sus pasos hacia lord Dan Kato, no queriendo celebrar anticipadamente pero no pudiendo evitar sentir que lo más peligroso había pasado, Sakura se notaba visiblemente cansada pero a su parecer no más que en otros partos anteriores, además no había sucedido una hemorragia y por el beso dado en la frente Sakura no tenía fiebre, ¿Es que eso no quería decir que el peligro había pasado? El físico podía intuir las preguntas en la mente del rey mientras se lavaba las manos:

—Todo ha ido bien, ¿No es así?— mencionó el rey Sasuke recibiendo a cambio un suspiro y el silencio del físico. —¿Lord Kato?— inquirió no sabiendo cómo interpretar su silencio.

—No os mentiré, señor— inició el físico volviendo la mirada hacia su rey. —Vuestra esposa se encuentra muy débil, que el parto se haya anticipado es prueba de que el cuerpo de la reina no habría podido soportar que el embarazo llegase a término por completo, por lo que os anticipo que la recuperación será larga y puede que no suficiente— su resistencia era admirable, pero no podían solo depender de ello. —No os ilusionéis, mi señor, esto no ha acabado todavía— espetó teniendo que ser realista y haciendo que el rey palideciera ligeramente al oírlo. —Examinare periódicamente a la reina, pero no creo que mi diagnostico cambie— no con sus antecedentes.

Como creyente que era, Dan Kato quería aferrarse a la esperanza y a la fuerza de su reina tan digna de admiración...pero sus estudios y preparación en la ciencia humana como físico o galeno lo obligaban a ser realista, había atendido a muchas mujeres en sus partos y quienes se habían viso tan agotadas y extenuadas como su reina—sin tener tantos ni tan sanos partos en su haber—no habían conseguido recuperarse con el paso del tiempo, ni una sola de ellas y los bebés que habían alumbrado en esas condiciones solo habían vivido semanas o un par de meses, no más, pero—por delicadeza y tacto hacia su reina—Dan eligió no decir nada, volviendo la mirada hacia la cama donde su reina recibía de brazos de su doncella Tenten Namiashi a su pequeño hijo envuelto en una manta, acunándolo en sus brazos y viéndolo con inmenso amor en sus ojos...¿Cómo decirle que la vida de ese pequeño era tan efímera como la suya? Tragando saliva sonoramente y sintiendo como su corazón volvía a latir agitado, con angustia renovada pero intentando aferrarse a la esperanza de todas formas, Sasuke fingió una sonrisa de tranquilidad al regresar sus pasos hacia la cama, sentándose en el borde del colchón y observando el alegre pero cansado semblante de su esposa, así como el rostro de su nuevo hijo, ligeramente más pequeño que sus otros hijos o hijas al momento de su nacimiento, pero ello simplemente dejo de ser tan importante. Lo único importante en ese momento para Sasuke era Sakura, y preservar tanto su vida como su deslumbrante sonrisa.

Porque no podría vivir sin ella.


El parto afortunadamente no había sido tan largo ni difícil como otros que Sakura había experimentado antes, pero se mostraba igualmente extenuada por ello e incluso más, y Sasuke no podía culparla, no habiendo estado presente esta vez y sosteniendo la mano de su esposa, estremeciéndose de nueva cuenta y recostado sobre la cama junto a ella, velando su sueño mientras recordaba vívidamente la experiencia y preguntándose, ¿Cómo Sakura había podido soportar una experiencia tan dolorosa y en tantas oportunidades solo por el amor que sentía por él? Una experiencia tan cercana a la muerte y que él no había comprendido realmente hasta ese momento, rezando en silencio porque Dios tuviera piedad y no apartase a su esposa de su lado. Recostada sobre la cama y respirando acompasadamente, Sakura dormía con su bello rostro recargado contra la almohada en que reposaba su cabeza, habiendo sido bañada por sus doncellas y cambiada de ropa por su camisón favorito—y el de Sasuke—, de lino blanco y escote corazón que se anudaba en el frente formando un inocente escote corazón con un margen dorado en el contorno, ceñido bajo el busto, de mangas abullonadas que se ceñían a lo largo de los brazos y con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, enmarcando su rostro ausente del habitual sonrojo en sus mejillas que tanto tranquilizaba a Sasuke...y cuyo ausente color ahora hacía que su corazón latiese desbocado a causa de la angustia y la constante preocupación por perder a quien tanto amaba.

Lord Dan Kato había sido honesto con él al decirle que aunque el parto hubiera sido exitoso y ahora su esposa y él tuvieran un nuevo hijo—pequeño por haber nacido antes de tiempo y cuya salud no era del todo estable pese a ser naturalmente fuerte como cualquiera de sus otros hijos—, y Sakura pareciera haber soportado bien la experiencia sin atravesar por fiebre post parto, una hemorragia o algo parecido, nada quería decir que las consecuencias del parto hubieran acabado, en palabras del propio físico era un verdadero milagro que Sakura hubiera podido llevar el embarazo casi a término sin morir en el intento, y por lo que aun nadie alcanzaba a dimensionar el efecto que ello hubiera tenido en su cuerpo y el cual solo sería evidente con el paso de los días, semanas o meses y si es que realmente podría recuperarse. No sintiendo siquiera un ápice de sueño, queriendo permanecer junto a su esposa y velando porque ella estuviera bien, Sasuke acomodó la abrigada colcha sobre su esposa al verla removerse entre sueños, no queriendo que pasara frío, apartando uno de sus largos rizos rosados que obstaculizó la visión de su rostro e inclinándose para besarla en la frente, envolviendo sus brazos alrededor de ella y sintiéndola corresponder. Como nunca antes, Sasuke rezó desesperadamente porque Sakura siguiera con él en los días venideros, porque no concebía momento o experiencia que no pudiera compartir con ella, ni mucho menos una vida en que ella no estuviera, más le consolaría la muerte que ser apartado de ella por el velo de la muerte…


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros", luego "A Través de las Estrellas" y por último "Lady Haruno: Flor de Cerezo" y "Mas Que Nada En El Mundo" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi), a dickory5 (agradeciendo su consideración para con mi trabajo y dedicándole la historia en señal de afecto), a kazuyaryo (agradeciendo infinitamente el poder contar con su apoyo y dedicándole esta historia por lo mismo) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (33 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (46 años)

-Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)

-Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos -Kimimaro Otogakure como Diego da Silva (secretario del rey)

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (30 años) -Kiba Inuzuka como Enrique VIII de Inglaterra (24 años)

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Takara Uchiha como Isabel de Aragón

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Miso Uchiha como Leonor de Viseu

-Tajima Uchiha como Juan II de Portugal -Kagen Uchiha como Jaime I de Braganza

-C Kumogakure como Fernando de Meneses (Marqués de Vila Real) -Han Iwagakure como Afonso de Albuquerque

-Temari Sabaku como Beatriz de Melo -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval

-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila -Tenten Namiashi como Luisa de Peral

-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Saboya -Baru Uchiha como Luis de Portugal

-Inabi Uchiha como Antonio -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz

Inglaterra, Ultimo Parto e Inminente Desenlace: Abrimos el capitulo representando el nacimiento de la futura reina María I de Inglaterra o también conocida como "María La Sangrienta" y que si bien es recibido con aparente alegría por su padre, no deja de ser una decepción por tratarse de una niña y no un príncipe heredero, un hecho real que investigue mucho, inspirándome en la representación que nos dio la serie "The Spanish Princess" y que es bastante precisa, pero representando lo feliz que estaba Catalina en la historia real por tener una hija y sana. Para mucho del contexto emocional y de cómo Sakura vive este último y tan complicado embarazo me base en lo que experimento Isabel de Portugal—hija de María de Aragón—en la serie "Carlos, Rey Emperador" donde fue interpretada por Blanca Suarez, ya que de hecho murió igual que su madre y casi a la misma edad; lo que nos lleva al desenlace que—lo queramos o no—acabara sucediendo en los próximos capítulos, ya que quienes hayan investigado a María de Aragón sabrán cual fue su final. Pero este no será el final, ya que cuando finalice la historia comenzare a subir la secuela: "La Cenicienta de Tordesillas".

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3