¿Hasta qué punto había llegado su vida como para permitir que lo obligasen a fingir ser un ladrón?

Su cabello, ese que tanto había cuidado como lo hacían los nobles, ahora corto, se enroscaba sobre sus hombros, dándole un aire melancólico y desaliñado, como el de un amante despechado.

Miró su reflejo en el espejo, parecía un desconocido, un ladrón, vestido de negro, oculto en la noche.

Así era su amor, una criatura mutilada, dolida, humillada, un amor que solo podía quedarse en la oscuridad, en la clandestinidad…

Era gracioso, de cierta forma era igual al ladrón que iba a suplantar, oculto por las sombras de su amor, invisible para el corazón de su amada, atormentado por el dolor de su propia clandestinidad.

̶ ¿André? – Escuchó la voz de Oscar, girándose para mirar su hermoso rostro. – Ya es hora, vamos.

Asintiendo, se colocó el antifaz, ocultando su congoja bajo una mueca de hastío.

El plan de Oscar iba a funcionar.

Y como dicen, no hay primera sin segunda, así que ahora viene otra minihistoria basada en una imagen que vi en el grupo de facebook Lady Oscar Peru - LA.

Nos leemos pronto :)