p class="MsoNormal"Avanzaron a paso ligero, y antes de que el sol se ocultara en el horizonte, llegaron a la cabaña de Arthur. Ésta se alzaba solitaria entre la vegetación frondosa del bosque, una estructura modesta de una sola planta que exhibía las huellas del tiempo en sus maderas resquebrajadas y descoloridas. Las paredes de piedra, cubiertas de musgo y enredaderas parecían fusionarse con el entorno, mimetizándose con el exuberante ambiente ominoso y misterioso del bosque./p
p class="MsoNormal"Arthur se apresuró en abrir la pesada puerta de madera, cuyos relieves revelaban vestigios de una antigua belleza tallada. Con un crujido suave, dejó paso al interior de la cabaña, —Entra, siéntate en la silla —./p
p class="MsoNormal"En el interior se encontraba casi al centro una mesa de aspecto robusto y dos sillas alrededor de ella, y una alfombra marrón adornando el piso. Al fondo, una chimenea apagada se mostraba como el corazón dormido del lugar y, sobre el suelo, varios cojines de tonos rojizos se disponían cerca junto con libros amontonados. Y a la derecha, una gran cortina de color rojo intenso se desplegaba con elegancia, revelando un patrón intrincado de lo que parecían ser flores estilizadas, cubriendo el resto de la cabaña./p
p class="MsoNormal"—Bonito lugar, — comentó el caballero, adentrándose en la cabaña y tomando asiento en la silla que se le había indicado. Arthur se movió con agilidad por la cabaña, encendiendo algunas velas dispersas por la habitación. La luz parpadeante bailaba en las paredes que competían por la atención contra el sol, que lentamente iba desapareciendo./p
p class="MsoNormal"Tomó un cuenco, rescatándolo de un balde de madera oculto detrás de la mesa, y lo situó delicadamente sobre la superficie junto al caballero. Un trapo limpio también fue colocado cerca, listo para ser utilizado. —Creo que aún no nos hemos presentado adecuadamente debido a la pelea —, comentó de nuevo el caballero y, con cautela, desprendió la armadura que protegía su brazo herido y la depositó cuidadosamente a un lado. —Mi nombre es Alfred de Hrēodland, caballero real en entrenamiento —, dijo con orgullo. Sus ojos azules irradiaban una mezcla de curiosidad y expectativa mientras miraba a Arthur andar de un lado a otro reuniendo plantas./p
p class="MsoNormal"Arthur estudió a Alfred por un momento, mirando sus ojos llenos de curiosidad. Luego, con movimientos decididos, colocó varios ingredientes sobre la mesa de madera. Allí reposaban delicadas flores amarillas y rosas, hojas sueltas, algunas de un verde intenso y otras con tonos dorados y cobrizos. También había varias ramitas, cuidadosamente atadas juntas por una cuerda desgastada, como si fueran un talismán./p
p class="MsoNormal"Mientras Alfred observaba atentamente cada uno de los elementos dispuestos, Arthur se dirigió a la chimenea. Encendió el fuego con un arco de fuego y pronto las llamas cobraron vida, llenando la habitación con una iluminación cálida. Luego, colocó un recipiente con agua sobre el fuego crepitante y finalmente se sentó frente a Alfred, tomando los ingredientes y triturándolos en un mortero./p
p class="MsoNormal"—Yo… me llamo Arthur…— mencionó en voz serena, pero con cierta titubez, arrastrando las palabras con incomodidad. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había entablado una conversación con alguien que no fuera su madre, por lo que le resultaba un tanto extraño./p
p class="MsoNormal"—¡Arthur! como el rey, ¿verdad? — respondió Alfred inmediatamente, su rostro iluminado por una sonrisa, dejando momentáneamente de lado su herida./p
p class="MsoNormal"Mientras Arthur seguía triturando los ingredientes en el mortero con calma, no pudo evitar sentir una sensación de vergüenza al ser comparado con aquel monarca. Al escuchar el sonido del agua comenzando a hervir detrás de él, decidió levantarse y añadir las hojas sueltas./p
p class="MsoNormal"—Mmh, Alfred. Tú... ¿por qué me salvaste? — cuestionó en un tono suave y bajo, aún de espaldas, tratando de ocultar su rostro y evitando el contacto visual./p
p class="MsoNormal"Alfred vaciló por un momento, buscando las palabras adecuadas para responder. —Estaba por la zona — dijo apresurado —Conoces la cacería de brujas, ¿verdad? Se ha expandido a 'Nemetona', el pueblo a las afueras del bosque. —explicó tratando de transmitir la gravedad de la situación./p
p class="MsoNormal"Arthur quedó en silencio, dejando escapar un susurro apenas audible, —… em¿expandió?/em — murmuró en un hilo de voz. Sin darse cuenta, sus recuerdos empezaron a mezclarse con el presente mientras observaba al fuego crepitante, la imagen de una hoguera y gritos horrorosos se apoderaron de su mente, recordándole los días oscuros de su adolescencia./p
p class="MsoNormal"Sacudiendo la cabeza para despejar aquellos recuerdos intrusivos, Arthur decidió volver su atención a la tarea que tenía entre manos. Con manos temblorosas, tomó dos recipientes de vidrio cuidadosamente colocados en una estantería cercana a la chimenea. Los llevó con precaución a la mesa y vertió pequeñas cantidades de miel y vinagre en el mortero./p
p class="MsoNormal"—Cuando llegué al pueblo, me comentaron sobre la presencia de emdruidas/em en los alrededores del bosque, por eso decidí venir. Me alegra haber podido salvarte — Alfred volvió a comentar orgulloso, inconsciente de la creciente paranoia en Arthur./p
p class="MsoNormal"En la mente de Arthur resonaba el constante eco de su angustia, em"no, no, no, no, no",/em se repetía internamente, esforzándose por mantenerse enfocado y alejar esa oscuridad que amenazaba por consumirlo. Sentía la necesidad de aferrarse al mundo real y, casi mecánicamente tomó el cuenco con agua que había dejado en la mesa junto con el trapo y se dispuso a revisar el improvisado torniquete que le había aplicado a Alfred./p
p class="MsoNormal"Con manos temblorosas, Arthur desató el nudo del retazo de tela empapado en sangre, y de nuevo ese malestar en el estómago lo golpeó como una estocada. Tragó saliva amarga, luchando por mantener una compostura seria, y dejó la sangrienta tela caer al suelo. Afortunadamente, la herida de Alfred ya no sangraba en exceso, pero aún requería atención./p
p class="MsoNormal"Con cuidado, Arthur limpió el área herida, intentando ocultar su inquietud tras una apariencia de normalidad. —Sostén el trapo húmedo sobre la herida —indicó, tratando de que su voz sonara firme y calmada. Observó de reojo a Alfred, esperando que siguiera sus instrucciones mientras buscaba en la estantería un gran trozo de tela limpia./p
p class="MsoNormal"Con el mortero en una mano y el trozo de tela en la otra, Arthur vertió la cataplasma en el tejido. La mezcla de las flores, hierbas y la miel desprendía un suave aroma dulce y terroso que llenó la habitación. Volvió a hacer un torniquete alrededor del brazo herido de Alfred, utilizando el trozo de tela nuevo. Un siseo escapó de sus labios en respuesta a la repentina sensación de alivio que experimentó Alfred al entrar en contacto con la mezcla./p
p class="MsoNormal"Mientras Arthur continuaba cuidando la herida, su corazón comenzó a palpitar con fuerza en un ritmo desbocado que llenaba sus oídos y no podía evitarlo. El crepitar caótico de las llamas en la hoguera parecía querer envolverlo, distorsionándose con sus recuerdos. Imágenes fragmentadas y la amenaza inminente de emalgo/em abrumaban su mente, desencadenando un sentimiento de vulnerabilidad y desesperación. Su respiración se volvió más pesada y difícil de controlar, y sus manos temblorosas se aferraron con firmeza a su capa en busca de algún consuelo, como si esta pudiera ofrecerle un escape de la realidad que se retorcía a su alrededor./p
p class="MsoNormal"em—¿Arthur? —/em Escuchó un eco confuso a la distancia, una voz que parecía mezclarse con los sonidos distorsionados de su propio tormento. Sus sentidos se agudizaron, tratando de ubicarla en medio del caos que era el humo espeso, dejándole un sabor desagradable y envolviendo la escena en una atmósfera opresiva. Levantó la mirada, sus ojos escrutando entre las sombras y la neblina que se alzaba de la hoguera. Las llamas ardían con ferocidad, crepitando y consumiendo la madera con voracidad./p
p class="MsoNormal"—emRespira/em — Volvió a escuchar, esta vez resonando en su interior. Un repentino calor envolvió su brazo derecho que, no era sofocante, sino ese confort que necesitaba y, sin saberlo aún, añoraba. Observó a Alfred con una mirada preocupada, quien lo sostenía suavemente con su mano sana, liberada de la pesada armadura./p
p class="MsoNormal"— ¿Cuál es tu color favorito? — preguntó Alfred, ofreciendo un pequeño masaje con su pulgar en un intento de aliviar la tensión que embargaba a Arthur, quién, tomado por sorpresa por la pregunta, luchó por encontrar una respuesta en medio de la tormenta que se agitaba en su interior. Sus ojos, nublados por la confusión y el peso de sus recuerdos, se encontraron con los de Alfred. Lentamente, su mente comenzó a desviar su atención hacia la cuestión aparentemente insignificante, permitiéndole concentrarse en algo más ligero y personal./p
p class="MsoNormal"em"Mi color favorito"/em. Arthur inhaló profundamente, permitiendo que el aire fresco llenara sus pulmones, y finalmente respondió en una voz suave y melancólica, —Azul... siempre ha sido el azul —. Una sensación de familiaridad y nostalgia comenzó a calmarlo, recordándole los tiempos en los que Allister, su hermano mayor, solía cuidarlo./p
p class="MsoNormal"—Allister…— murmuró sin querer, dejando escapar esa reminiscencia junto con lágrimas individuales que se deslizaban por su mejilla./p
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p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"strong.../strong/p
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p class="MsoNormal"Habían transcurrido tres largos días desde aquel estallido de emociones, y Arthur seguía atormentado por la paranoia y la ansiedad. La revelación de que su hogar había sido descubierto no le permitía encontrar paz, el miedo de que más personas, esos "cazadores" despiadados, llegaran no solo para matarlo, sino también para destruir todo lo que él y su madre habían construido, se aferraba a su mente como una sombra persistente. Cada día que pasaba, esa amenaza se volvía más palpable, y la urgencia de buscar a Allister se intensificaba en su interior. em"No, él debe seguir con vida",/em se repetía incansablemente, negándose a aceptar un destino trágico para su hermano mayor. em"Mala hierba nunca muere",/em murmuraba con determinación, aferrándose a la esperanza como un faro en la oscuridad./p
p class="MsoNormal"Mientras tanto, Alfred se había mantenido a su lado, ofreciendo su compañía y apoyo bajo la excusa de protegerlo. Arthur aceptaba su presencia consciente de que no podía enfrentar solo la amenaza que se cernía sobre él. La mirada de Alfred, bajo la percepción de Arthur, reflejaba comprensión y solidaridad, brindándole un atisbo de esperanza en su corazón afligido. En medio de la incertidumbre y el peligro que lo rodeaba, encontraba consuelo en la conexión del calor humano después de tanto tiempo./p
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p class="MsoNormal"—Arthur, ¿estas listo? — preguntó Alfred mientras terminaba de cargar la carretilla que estaba atada a la yegua del mencionado, Maeve./p
p class="MsoNormal"Arthur se volvió para mirar por última vez su hogar desde la puerta. Una sensación abrumadora de culpa y duda se apoderó de él, pesando en su corazón. El temor a cometer errores y las posibles consecuencias de sus acciones le atormentaban, sembrando semillas de indecisión en su mente./p
p class="MsoNormal"Se quedó en silencio por un instante, permitiendo que sus pensamientos se aquietaran. Observó cómo los rayos de sol bañaban la habitación, iluminando los rincones que alguna vez fueron testigos de su vida tranquila. Un torbellino de emociones lo envolvió, pero ya había tomado una decisión. Sabía que debía seguir adelante, a pesar de sus dudas y miedos. La búsqueda de su hermano era el camino hacia una promesa, de salvaguardar los recuerdos y los lazos que los unían./p
p class="MsoNormal"Con un suspiro cargado de resignación, Arthur cerró la puerta detrás de sí. Se unió a Alfred subiendo a la carretilla y lo dejó guiar el camino./p