Los personajes no me pertenecen son creación del gran Akira Toriyama. La trama e historia si son idea original mía.

Perteneciste a una raza antigua de pies descalzos y de sueños blancos. Fuiste polvo, polvo eres, piensa que el hierro siempre al calor es blando... - Pies Descalzos, Shakira

Desde el momento en que Vegeta subió a la nave, sintió un dolor físico en el corazón tan fuerte que inclusive sentía como le costaba respirar.

De verdad estaba asombrado de su propia debilidad ante la hembra, que tan patéticamente lo hacía querer dar media vuelta y regresar a verla, situación que lo hacía enfurecer más.

Esa maldita mujer lo tenía embrujado y sentía que estaba debilitándolo. Él era el jodido príncipe de los saiyajines y ninguna hembra lo iba a doblegar.

Odiaba las estúpidas sensaciones que ella despertaba en él.

Solamente la había escogido porque como científica podía explotar todo su potencial, para satisfacer sus instintos más bajos y porque enredándose con ella garantizaba que, al pertenecer la humana a una patética raza sentimental, involucraría sentimientos y eso la mantendría leal a él.

Solamente era eso y el hecho de que la mujer hubiera resultado preñada por culpa de su maldita tecnología de quinta que no pudo evitarlo, no significaba que algo hubiera cambiado. Solamente que adicionaba a su ejército, un futuro guerrero fuerte y más que leal que en su momento podría suplir a Nappa de ser necesario y eso era todo.

El Príncipe de los Saiyajin como todos en su raza detestaba la debilidad, fue educado creyendo que eso significaban los sentimientos, en su egolatría y arrogancia, no quiso prestar atención al raro hecho de que un guerrero de clase más baja que él, que había nacido literalmente con un nivel de pelea risible hubiera podido, no solo superarlo sino hacerse el legendario guerrero súper saiyajin.

Si hubiera dejado su vanidad y orgullo de lado y hubiera puesto atención, se hubiese dado cuenta que los momentos de catarsis que permitieron a Son Gokú llegar a ese nuevo estado, estuvieron profundamente ligados a la muerte de sus seres queridos y que fueron esos sentimientos que él creía una debilidad, los que permitieron al Saiyan más joven superarlo y alcanzar lo que por derecho le pertenecía a él: La transformación del Super Saiyajin.

No fue educado para sentirse vulnerable, ni para tener sentimientos y era eso lo que más le enfurecía de estar con la mujer, sentía que su ser cambiaba y que dejaba de ser ese cruel y despiadado sujeto al que estaba acostumbrado a ser.

Rechazaba abiertamente el sentimiento que comenzaba a crecer en el fondo de su alma, trataba de arrancarlo desde la raíz, pero al parecer este sentimiento era bastante más resistente y escurridizo de lo que creía porque cada vez que sentía que lo superaba, allí estaba ella en su mente provocándolo, recordándole lo débil que era.

Odiaba el hecho de que en cuanto pasó la primera noche en la nave sintió como las pesadillas volvían, aún no entendía que tenía esa maldita hembra que lograba que su cuerpo y alma descansaran en paz mientras dormía a su lado, ahuyentando a sus demonios.

En su soberbia dejó de lado todo lo que ella le hacía sentir, acalló la parte de su ser que protestaba ante esta nueva actitud del saiyajin y prefirió asumir que solo era el simple hecho de fornicarla lo que relajaba su mente; simple y sencillamente debía ser el sexo en sí lo que lograba que eso pasara, solamente era una coincidencia y como solo había satisfecho sus bajos instintos con ella parecía como si fuera la hembra, pero no, simplemente era el sexo lo que lo relajaba.

Ella no era más que una vulgar y simple humana sin ningún crédito extra. Estaba seguro de que, de hacerlo con cualquier otra pasaría exactamente lo mismo. Estaba furioso con él mismo por darle más atención de la necesaria a una mujer de raza inferior, pero ahora que volvía al lado de sus secuaces, sabía que esa debilidad desaparecería.

Sí, el príncipe llevaba hecho un lío el pensamiento y cuando uno no está lo suficientemente consciente de que está cometiendo un error, termina haciendo un camino fortuito de malas decisiones que para bien o para mal desencadenarán una serie de eventos desafortunados.

Pesada es la corona de llegar a ser el emperador del universo y amargos son los frutos del poder. Eso lo aprendería el orgulloso príncipe, cuando fuera demasiado tarde.

Cuando llegó con sus secuaces, solo había pasado una semana de su partida. Nappa y Radditz estaban esperándolo tan pronto descendió de la nave.

-Príncipe Vegeta- saludaron ambos con una inclinación. Recordaban lo volátil de su carácter y no querían que tan pronto se molestara con ellos por no recibirlo como debían y que les diera una brutal paliza.

El solo los miró arrogante -querían que viniera porque era muy importante según ustedes pues bien ya estoy aquí, así que más vale que mi tiempo no haya sido desperdiciado en vano o pagarán las consecuencias- Dijo cruzándose de manos y dejándoles ver una de sus ya tan conocidas sonrisas ladinas que, no auguraban absolutamente nada bueno si en verdad lo que tenían que mostrarle no despertaba el interés del príncipe. Con lo cual en un arrebato podría no solo costarles una paliza, tal vez hasta sus vidas.

Radditz se sentía más que inseguro y solo deseaba que el imbécil de Nappa de verdad estuviera en lo correcto o sería aniquilados ahí mismo por el psicópata de su príncipe.

- ¿Y bien? - Fue todo lo que dijo Vegeta aun sonriéndoles despectivamente.

-Claro que sí príncipe- fue Nappa quien habló -tenemos estupendas noticias, por favor es preferible que lo vea por sus propios ojos será más fácil mostrarlo a explicarlo- decía el Saiyajin mayor mientras se daba la vuelta y comenzaba a dirigirse hacía a la edificación que habían tomado de ese planeta y ya habían acondicionado para hacerla su base.

El Príncipe los siguió mientras Nappa comenzaba a explicarle todos los recursos impresionantes que habían hallado en ese planeta. Vegeta volteó a ver el lugar, de alguna forma le recordaba hasta cierto punto al paisaje agreste del extinto Planeta Vegita. Tenía el suelo color rojizo muy parecido al de su planeta natal, producto de los minerales ferrosos que seguramente dominaban ese planeta, un cielo gris rojizo reflejaba al fondo unas nubes de tormentas, el viento comenzaba a arreciar, esa era la principal diferencia para con su planeta, este lugar estaba plagado de planicies hasta donde su vista podía alcanzar a ver.

Su planeta tenía grandes y agresivas cadenas montañosas y algunos profundos valles y cañadas. Aun así, pensó ni su antiguo planeta ni este tenían tal vasta cantidad de recursos como había podido comprobar que existían en esa roca azul, donde había vivido en los últimos tiempos y que, aprovechando momentos de ocio había recorrido viendo la belleza que ofrecía y los importantes minerales que guardaba.

Además, el ambiente todo sombrío que se proyectaba en este lugar producto del suelo y cielo rojizo no se comparaba al azul del cielo y del mar de ese mundo perdido y menos se comparaba con los dos zafiros azules que cada noche lo esperaban. ¡Pero que carajos! Pensó con furia el príncipe, ahí estaba otra vez esa odiosa mujer colándose sin su permiso en sus pensamientos.

No podía ser tan débil, debía dejar de pensarla no era más que una pieza de ajedrez, un peón más en su próxima campaña guerrera. No era más que un excelente cuerpo con el cual fornicar. Y un cerebro inteligente que le proveería todo cuanto él necesitara. No es más que una maldita esclava y solo eso, se repetía más que furioso por su vergonzosa debilidad hacía ella.

De pronto Radditz y Nappa detuvieron su caminar, sacando al príncipe de su ensimismamiento.

-Hemos llegado, pase por favor- Fue todo lo que Nappa dijo. Unas criaturas alargadas que se asemejaban a las lagartijas terrestres aparecieron y los guiaron. De inmediato asumió que eran oriundos de ese planetucho y que por supuesto ahora eran sus sirvientes.

Se sentaron alrededor de una mesa y fue Nappa quien nuevamente habló - si bien es cierto que este sistema solar tiene planetas muy interesantes y que decidimos establecer la base en este específico planeta por los recursos naturales que posee además de que se asemeja hasta cierto punto al planeta Vegita- Comenzaba su discurso Nappa -No fue por eso por lo que osamos pedirte que vinieras sino por otra poderosa razón. Encontramos en el quinto planeta otros 3 Saiyajines, cuyos nombres son: Tooma, Toteppo y Caulifla- indicaba Nappa. Ahora si Vegeta prestaba atención sobre todo al escuchar que existía una hembra saiyajin superviviente. - Aunque son fuertes no lo son más que nosotros dos- dijo Radditz desdeñosamente.

-Ellos a su vez nos indicaron la existencia de otros dos Saiyajines más, ambos poderosos que decidieron establecerse en otro planeta de este sistema solar: Un hombre y una mujer, pensamos que serían pareja pero por lo que nos indicaron los 3 Saiyajines no era así, al parecer él era el guardián de ella, pues es una superviviente de clase alta y fue hija de alguno de los gobernadores de distrito de tu padre, el rey Vegeta- Terminó de decir Nappa, quien se daba cuenta que ahora si tenía la absoluta atención del príncipe lo cual le garantizaba que esta vez no recibiría ninguna paliza de su parte.

-Radditz y yo fuimos a conocerlos y corroboramos lo dicho por los otros 3, si estás de acuerdo puedes conocerlos en breve. Están esperando a ser presentados, aguardando nuestra señal en la habitación de al lado-

Vegeta sonrió maliciosamente, al fin el destino le estaba haciendo justicia. Ahora lo veía todo claro, esta era su prerrogativa, estaba marcado en su destino que él como el príncipe de los saiyajines, como el guerrero más fuerte, debería ser quien hiciera renacer su civilización desde las cenizas.

No solo haría resurgir su raza, si no lo haría correctamente: Teniendo a su lado una digna hembra saiyajin de clase alta -Quiero conocerla- Fue todo lo que el Príncipe dijo, a una señal de Nappa uno de los sirvientes lagartija hizo pasar a dos Saiyajines. El hombre, aunque poderoso no era definitivamente rival para Nappa, menos para él.

Y la mujer ¡Vaya! qué mujer, una atractiva Saiyajin poderosa por lo que podía sentir se presentó frente a él, hizo una profunda reverencia y le dijo con una voz sensual cual ronroneo de una dulce gatita – Bienvenido a nuevo Vegita, príncipe Vegeta- él sonrió al verla - ¿Cuál es tu nombre? - preguntó demandante – Soy Kale su majestad- fue como ella se presentó...

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Ay no! Las cosas por el lado del saiyan no se miran nada bien... No era precisamente lo que se esperaba...

Si algunos tuvieron sustos el cap pasado pensando que el cap se refería a Vegeta... este cap pudo dejarlos descorazonados... esperemos que reaccione el saiyan y no haga una tontería.