Los personajes no me pertenecen son creación del gran Akira Toriyama. La trama e historia si son idea original mía.

Inmaculado sueño mío hecho suspiro y piel, he estado esperándote {...} ¿Podré alguna vez dejar de perder el control? No puedo creer que estés llevándote mi corazón en pedazos. Tomará algo de tiempo, podría necesitar de un crimen para que estés deshecha. Ahora intentaremos mantenernos ciegos a la esperanza y miedo ajeno. Hey niña, sigue siendo más salvaje que el viento y hazme romper en llanto... ¿A quién necesitas? ¿A quien amas cuando estás deshecha? ... — Come undone, Duran Duran.

El príncipe Saiyajin maldijo a todo su linaje y a él mismo, ahora estaba más que avergonzado. Ella tenía todo el derecho a repudiarlo, y a temerle.

La ira estalló en él, pues debido a sus estúpidos celos, la había lastimado y no físicamente, pero la llevó al límite con sus odiosas insinuaciones producto de su mente plagada de inseguridades que lejos de ayudarlo a aclararse lo hicieron llevarla al límite de sus cordura.

Se sintió enfermo y asqueado consigo mismo.

«Ella tiene razón en temerme, me comporté como un animal...»

Estaba muy seguro que el colapso que ella tuvo fue por todo el estrés al que por idiota la sometió. De pronto; su mente ágil cuestionó algo más. Estaba demasiado asustada... Cómo si ya hubiera vivido una experiencia así antes. Horrorizado la contempló mientras ella descansaba entre sus fornidos brazos.

«¿Acaso alguien intentó lastimarla?»

Su pulso se aceleró y una vena a punto de explotar apareció en su cuello y en su frente. De tan solo imaginarlo se ponía mal.

—Mataré y despedazaré al malnacido que se haya atrevido siquiera asustarla...— susurró enojado.

Un sentimiento pesado que comprimió la boca de su estómago se instaló en él... Sabía que ninguno de ellos dejaría que le pasara nada malo... solo había dos opciones: que antes de conocerlo algo malo

le hubiese sucedido, o que realmente ella lo viera como una amenaza, y que lo creyera capaz de cometer un acto atroz contra ella.

Se quedó viendo ese frágil y menudo cuerpo que sostenía en forma delicada, solo tenía su ropa interior puesta, volteó a buscar el resto de la indumentaria que le había quitado antes, pero la halló despedazada en el suelo.

«Tsk, tiene razón en odiarme...»

Furioso consigo mismo, se quitó la capa, y con esta cubrió el delicado y hermoso cuerpo femenino. La acomodó en el escritorio un momento. Sentía el ki en reposo de su cachorro en la habitación de al lado. Sabía que esa habitación era insonorizada y agradecía en esos momentos que la científica se hubiera tomado esas molestias.

Sintió la vergüenza cubrirlo. Caminó hacia la habitación, junto con la presencia de su hijo sentía otro ki más, uno diminuto y eso le llamó la atención.

Al abrir la puerta se halló con una curiosa alienígena, pequeña muy blanca y de figura redondeada. Ella lo miró con los ojos bien abiertos.

Gure no tenía que adivinar quién era, el parecido con el amor de su vida era impresionante, pero este hombre tenía facciones más adustas más duras y rezumaba peligro por todas partes. A la pequeña alíen no se le pasó por alto que su ropa estaba ensangrentada, y eso la asustó demasiado.

—¿Quién demonios eres tú y qué haces en la habitación donde descansa mi hijo?— En tono suave pero exigente demandó el peliflama. No quería hablar fuerte para no despertar al crío dormido.

Gure se tragó el nudo en la garganta producto del miedo que ese hombre le ocasionó. Y a pesar de que sentía todos los músculos de su cuerpo engarrotados debido al terror que sentía crecer en ella, sabía que debía contestar, así que halló su voz perdida:

—Mi nombre en Gure, alteza. La señorita Bulma iba a presentarme a usted. Llegué como una ofrenda de buena voluntad por parte del planeta Tech Tech. El príncipe Tarble decidió aceptarme y la señorita Bulma dijo que necesitaba un ayudante para la enfermería, aunque nose qué pasó que me pidieron quedarme con el pequeño Trunks en esta habitación.

En cualquier otro momento Vegeta hubiera aventado a Gure a algún calabozo o la hubiera enviado con la servidumbre, algo en ella no le gustaba, pero se veía tan insignificante en poder que no sería un peligro ni para Bulma ni para su hijo. Además la ojiazul la quería como ayudante no haría nada que pudiera enojarla más.

—Vas a quedarte aquí hasta que llegue alguien por ustedes ¿Me oíste? Si desobedeces mis órdenes te eliminaré.

Fue todo lo que comentó con tono glacial. La pequeña alíen hizo una reverencia y salió de la habitación sin esperar a escuchar su respuesta.

Llamó a Tottepo, quien estaba ya afuera del laboratorio, el saiyan vio al príncipe salir con la mujer en brazos envuelta en su capa, no tuvo tiempo ni valor de preguntar nada. — Quédate a cuidar el laboratorio, Trunks está dormido y lo cuida una nueva ayudante que Bulma le asignó. Nadie entra, te avisaré cuando Bulma despierte para que lo lleves a la nave.

Horrorizado vio a su príncipe irse y esperaba que no la hubiera lastimado.

Vegeta entró a la habitación, la acostó en la cama mientras meditaba que era lo que haría. Necesitaba salir de ahí, necesitaba alejarse de todos para pensar sus futuras acciones a tomar.

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Caulifla llegó al área médica, un jadeo asustado salió de su boca en forma involuntaria —¡Kyabe! — corrió a socorrerlo, el saiyan estaba seriamente lastimado, la tsufur quien había sido convocada al ala médica simplemente no se daba abasto, Tooma, que era el menos afectado de ellos intentaba contribuir.

La saiyan se trago sus sentimientos y volvió a poner su cara impasible para acercarse a la científica y ayudar. No podía creer que todos esos hombres no hubieran podido hacerle frente al príncipe Saiyajin. La certeza de que su príncipe era muy fuerte pero que no estaba siendo racional, la atemorizó.

El más grave de todos los saiyans era Radditz. Lo miró preocupada, — Está muy mal, necesita ser metido al tanque de recuperación, Suzuke actívalo para que lo metamos de inmediato— La tsufur la miró asustada pero no se movió.

Molesta la saiyan volvió a verla, no entendía su reticencia —¿Acaso no me escuchaste? Radditz está muy mal, necesita ayuda urgente ¡Muévete!

Fue Tooma quien habló — La instrucción de Vegeta fue solo darle cuidados básicos— ella lo miró incrédula —¡Si no lo atendemos pronto puede morir!

Fue Kyabe quién habló — Si lo metemos a la cámara de recuperación y Vegeta se entera definitivamente morirá— el dolor se escuchaba en su voz, la mayoría de ellos estaban bastante lastimados, Tarble seguía inconsciente y Nappa, no estaba segura si estaba consciente o no.

—No podemos dejarlo morir...— angustiada comentó, la tsufur habló — Puedo ayudarlo, su recuperación será lenta pero podrá vivir, solo necesito hacerle una transfusión de sangre, aunque la mayoría está bastante lastimado, y no está en condiciones de realizarla...— No alcanzó a terminar de hablar cuando fue interrumpida por la Saiyan —Yo lo haré.

La tsufur comenzó la transfusión, todos estaban callados, mientras eran atendidos. — ¿Que pasará con Radditz, Kyabe? Vegeta está tan furioso.

— asustada cuestionaba Caulifla, jamás lo había visto perder los estribos así, su mente le decía que seguramente el pelilargo por fin había cometido una estupidez, ella sabía lo mucho que la humana lo atraía, nunca lo ocultaba, pero si se había atrevido a besarla y Vegeta los vio, entonces era un saiyan muerto, aunque aún respirara.

De pronto volteó con una feroz mirada y atrapó del cuello a la científica tsufur — Ni una palabra de esto a Kale o Paragus, ¿Me oíste? Si me entero que ellos saben, te mataré.

La tsufur la miró horrorizada y cómo pudo confirmó positivamente con su cabeza, y se alejó en cuanto pudo de la saiyajin, no quería estar en medio de ese nuevo drama.

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Bulma despertó, se sentía mareada, —¿Donde estoy? — en forma suave decía mientras se masajeaba las sienes pues un dolor de cabeza amenazaba con aparecer.

Se miró estaba vestida con un camisón largo, se levantó pero un leve mareo la detuvo. De pronto recordó todo, ella estaba en el laboratorio, recordó a Caulifla, y a... — Vegeta...— su voz salió temblorosa al acordarse de los acontecimientos recientes.

—No te levantes mujer, sigues débil, pediré que te traigan algo de comer — No se había percatado

que todo ese tiempo el peliflama se había mantenido a su lado mientras descansaba inconsciente.

A él le había dado tiempo de tomar un baño rápido y de cambiarse las ropas, no quería que la sangre en su ropa la volviera a poner mal.

Lo escuchó hablar por su localizador — Trae a Trunks, y trae comida.

Lo miró confusa — ¿Con quién hablas Vegeta? — Lo

vio con el rostro adusto, ni un sentimiento reflejaba ese serio semblante. — Te hice una pregunta — molesta exigió.

—Tottepo traerá algo para que comas y Trunks vendrá con él. Se quedará cuidándote hasta que te sientas mejor, luego vendré y hablaremos.

El enojo aún estaba a flor de piel, la peliazul sentía la rabia fluir, una risa amarga salió de de ella — ¿De qué quieres que hablemos Vegeta? ¿De como casi me violaste, maldito cobarde? O espera mejor ¿De cómo casi mataste a Radditz?

La mirada azul era helada, parecía un témpano de hielo, sin embargo él la miró de frente, se sentía cansado, saboreaba el sabor de la derrota. Había sido inmensamente feliz cuando pudo volver a probar su seductora boca, cuando acarició el cuerpo de esa ninfa azul.

Para él ese beso fue algo sublime, y ella ahora lo despreciaba y mancillaba sus recuerdos acusándolo de querer lastimarla, cuando jamás fue ese su plan.

— Nunca quise forzarte mujer, yo... — respiró profundo para preguntarse que era esa emoción abrumadora que le cerraba la garganta y oprimía el pecho —Dime la verdad Bulma.

Se acercó a ella y cuando quiso tomarla de los hombros, vio como ella inconsciente se alejaba, simplemente cerró sus manos en puños para no tocarla, temía que continuara su rechazo — Sabes que jamás te obligaría, te alteraste demasiado... ¿Mujer, alguien intentó forzarte?

Ella dio un paso hacia atrás. Sus pupilas se dilataron, su boca se secó, por un momento se vio impulsada en decirle la verdad. En contarle lo que Paragus casi hizo con ella.

«No te va a creer, además lastimará a Nappa por ocultarlo...»

A veces el dolor es un mal consejero, a ojos de la peliazul, él y solo él era el causante, el origen de todo lo malo que había sucedido. No quiso detenerse a pensar que si ella hubiera sido honesta hace mucho, Vegeta se habría enterado de lo que casi aconteció con Paragus. En su enojo no reconoció que él nunca la forzó, que todo el tiempo estaba buscando protegerla, que siempre ponía saiyans que la mantuvieran segura y que en cuánto le pidió detenerse lo hizo.

Que incluso a pesar de haberla escuchado aceptar que otro la besó, estaba ahí justificándose ante ella, preocupado por ella y suplicándole a ella.

—El único animal que ha intentado forzarme está ante mí — altiva le reprochó. Había tomado su decisión, no diría nada de Paragus.

«El culpable es Vegeta... el me trajo aquí»

Sus pensamientos corrían salvajes, cada vez más furiosos y el único que estaba ahí para poder recibir su furia contenida durante largo tiempo era el príncipe Saiyajin.

—¡Basta!— serio exclamó, pero ella continuó —¿Qué harás con Radditz, Vegeta? ¿Vas a matarlo? Porque si piensas hacer eso entonces mátame a mi también. ¡Estoy cansada de ser tu juguete!

En ese punto el saiyan se sentía muy frustrado, todo el avance que habían tenido durante su viaje y al regreso del mismo se había ido al caño. Ella estaba furiosa y lo retaba. —Radditz me traicionó, entiéndelo — trató de explicar lo más tranquilo que podía pero en esos momentos nada le importaba a la peliazul.

—¡Radditz no hizo nada malo! No se puede traicionar cuando no hay una relación que exista. Tu y yo no somos NADA Vegeta, ¿No lo entiendes? ¡Grábatelo bien! Tuvimos un hijo juntos pero lo nuestro se acabó cuando decidiste casarte con Kale. Elegiste una unión Saiyajin con ella y nada de lo que hagas podrá cambiarlo. Y me tienes obligada en este maldito lugar. ¡Déjame ir!

El dolor puede presentarse de muchas formas, existe el dolor físico, pero también el emocional. El Saiyajin había sufrido ambos tipos de dolor a lo largo de su vida:

El dolor físico no era algo que lo atemorizara. Cómo cuando había sido torturado muchas veces a manos de Freezer, o cuando luchaba por su vida a la hora que purgaba algún planeta. Incluso ahora cuando entrenaba en su camara de gravedad. Estaba acostumbrado a sentirlo desde su más tierna infancia, era algo así como un viejo amigo.

El dolor emocional era algo difícil de lograr con él, desde joven lo educaron para no tener puntos débiles, para no poder ser quebrado, incluso cuando fue notificado que su planeta estalló no demostró ningún sentimiento.

El amor era un sentimiento que hacía a la personas débiles, su padre se lo dejó muy claro muchas veces, incluso cuando Freezer mató a su madre enfrente del Rey Vegeta, este no hizo amago de que le importara.

Vegeta aún recordaba cómo lo increpó:

" Siendo un infante, había estado escondido, su intención era espiar a Freezer de cerca. Ese tipo no le daba buena espina. Lo vio cuestionar a su padre, el rey. Quién estaba incómodamente agachado, haciendo una reverencia.

— Vegeta estoy muy decepcionado de ti y de tu pueblo — la odiosa voz afeminada de Freezer resonó, el pequeño príncipe veía como la largartija increpaba nuevamente a su padre, le asombró ver que a pesar de la forma descortés del lagarto al hablarle, su normalmente arrogante progenitor se mantenía en reverencia, esperando que el maldito loco emperador se tranquilizara —Lord Freezer fue una pequeña demora de un día, no volverá a ocurrir.

—Soy un emperador magnánimo y creo que por eso abusas de mi amabilidad. Dodoria, ¿No crees que estoy siendo muy amable con los Saiyajines?— La risa afeminada de Freezer retumbó por todo el lugar,

—Es demasiado indulgente Lord Freezer, los monitos están probando su paciencia— La odiosa voz del Rosado Dodoria se escuchó.

El padre del peliflama apretó con fuerza los dientes, odiaba realmente a la bola grasosa y maloliente de Dodoria, que solo vivía para adular al lagarto.

El rey Vegeta y su reina estaban agachados en señal de respeto, nerviosos y enojados. Al menos él, ella solo estaba resignada. Sabía lo que sucedería, su tiempo estaba contando y el dichoso atraso solo era una excusa.

Freezer intentaría quebrar a su esposo, y dado que se llevaría a su primogénito para que sirviera como un esbirro más en su ejército, humillándolo de esa forma, la única forma de atacarlo aparte de tomar como sirviente al príncipe heredero era ella. Rezaba porque su esposo pudiera mantenerse en pie, estoico a pesar de lo que pasara con ella.

De pronto un rayo de ki salió de la mano de Freezer atravesando en el acto el corazón de la reina, quién se hallaba en esos momentos al igual que su esposo haciendo una reverencia, aguardando con una pierna en el suelo, arrodillada y con la cabeza gacha.

Así, fue como la encontró el poderoso rayo de Ki, todo sucedió en segundos. El rey Vegeta no tuvo oportunidad alguna, sólo escuchó el silbido de aquel rayón letal, su reina ni siquiera fue capaz de reaccionar, un leve gemido y el movimiento de su esposa cayendo al suelo, inerte. En en segundos el emperador del mal había acabado con ella.

—¿Entendiste mi advertencia Vegeta?— La voz divertida de Freezer le hablaba que disfrutaba con lo que había hecho. Su padre sin variar un ápice las emociones en su rostro, como si el hecho de que su reina acababa de ser asesinada enfrente de sus ojos segundos antes no importara, solo se inclinó más — Si Lord Freezer, no volveremos a defraudarlo.

Al infante se le quedó grabada en la memoria la escena, y la cara impasible de su padre quien no varió ni un ápice su expresión a pesar de haber sido testigo de como su esposa era asesinada enfrente de sus narices...

Cuando el emperador se retiró, el pequeño príncipe salió de su escondite, el odio, el dolor y la rabia se agolpaban en su joven pecho. Lo que más le costaba creer de todo lo que había visto, fue el ver a su madre siendo asesinada mientras su padre el gran y poderoso rey de los saiyajines. La cabeza de una de las razas mas fuertes de este universo, era humillado, atestiguando eso sin mover un solo dedo para restaurar su honor.

—Ese maldito mató a mi madre y tú no hiciste ¡NADA! — Su padre lo miró fastidiado, para después ignorarlo.

—¡Contéstame!— Un golpe certero a la boca del estómago del infante, le hizo sacar todo el aire que contenía y otro mas en el mentón, aventándolo con la fuerza del golpe al piso.

—Escúchame bien Vegeta, la muerte de tú madre fue algo que no se pudo evitar, ella cumplió su función y ya no era necesaria. Nunca más muestres que te importa nadie, NO debes de guardar emociones por NADIE, ¿me entendiste?

El pequeño príncipe se limpió la sangre de su boca,! Juramentos de odio y venganza corrían salvajemente por su mente. Haría su Vendetta personal sobre esa lagartija y sobre su padre también, por no ser más que una pusilánime marioneta del tirano.

—No te preocupes padre, no hay nadie mas que me importe ahora.

—¡Entiéndelo! Tú serás rey de Vegita algún día, no puedes ser un patético débil sentimental. NADIE te puede importar, si te importa una maldita hembra serás gobernado por ésta y ser gobernado por una mujer es ser gobernado por una debilidad. Los demás sabrán cuál es tu punto de quiebre lo usarán en tu contra y serás una vergüenza de Rey..."

A partir de ese momento su padre fue despiadado. Lo instruyó para estar por encima de los ridículos sentimentalismos, lo cuál lo salvó en muchísimas ocasiones del infierno en el que se convirtió su vida. Sobre todo en aquellas ocasiones cuando al lagarto maníaco se le daba por querer quebrar psicológicamente a sus sirvientes.

Y sin embargo toda la preparación que tuvo antes, toda la tortura a la que fue sometido por su padre y luego por Freezer, no lo preparó para el dolor que estaba sintiendo ahora.

Había cometido una estupidez que ni los más novatos o tontos cometerían. Se dejó envolver en esos sentimentalismos y ahora al escucharla rechazarlo le dolía. La voz de la mujer lo trajo de golpe a su realidad.

— La única forma en que tú y yo estaremos de acuerdo en algo Vegeta. ¡Será cuando aceptes dejarme volver con mi hijo a la Tierra! ¡TE ODIO! ¡Y ojalá y nunca te hubiera conocido!

El dolor atenazó su pecho, — ¿Entonces te arrepientes de haberte embarazado? ¿De haber tenido a Trunks? ¿Entiendes que sin mí él no existiría? — Trataba de no reflejar ningún sentimiento al hablar, ya suficiente humillación era el que la mujer que había declarado frente a todos como suya lo despreciara, y que se hubiera besado con un soldado suyo.

—No me arrepiento de mi hijo, pero si me hubieran dado a escoger hubiera preferido que él no naciera y evitarle el cruel destino que pesa ahora sobre él.

El Saiyajin no estaba seguro de poder controlarse más, la ojiazul con sus comentarios lo estaba lastimando demasiado y lo empujaba al límite de su raciocinio.

— Tottepo va casi llegando con el crío y con la comida, cuando estés lista ve al comedor — Fue todo lo que dijo pero ella ya no le contestó. Avanzó rumbo a la puerta de la habitación y antes de retirarse solo preguntó —Si te llevara de regreso a la Tierra, ¿Serías feliz?

Ella solo rió, — Es lo único que deseo Vegeta.

Salió a paso rápido, no sabía cuánto tiempo se controlaría.

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Suzuke se sentía entre la espada y la pared. No quería decir nada a Kale. Pero Sook seguía estando en poder de esa malvada Saiyajin y del horrible de Paragus. —¿Entonces porque tardaste tanto en contestarme? — Irritada cuestionaba la saiyan.

No le quedó otra que contarle todo, si bien la amenaza de Caulifla le infundía temor, prefería ponerse ella misma en peligro que hacer que lastimaran a la única persona que le importaba.

Paragus escuchó lo que la tsufur contaba, pero había mucha información faltante. —¿Que crees que haya sucedido? ¿Porque Vegeta habrá castigado tan duramente a los saiyans? — Kale le decía mientras se sentaba en sus piernas. El resto de los Saiyajines que iban con ellos estaban patrullando la zona, solo estaban él y ella en la nave. —Suzuke dijo que ahora Caulifla estaba cuidando a Chard, deberíamos llamarla y preguntarle.

Él solo se rió, esa saiyajin te odia Kale, jamás te dirá la verdad. — Preguntémosle a Celery, si su hermano fue herido se pondrá nerviosa y seguramente obtendrá la verdad.

— Podemos usarlo a nuestro favor— decía alegre ella. El Saiyajin solo negó con la cabeza. —No necesitamos hacer nada, dejemos por mientras que las cosas fluyan, mantengámonos alejados por el momento, aguardemos a ver lo qué pasa.

Paragus era un viejo lobo de mar y algo le decía que Vegeta estaba perdiendo objetividad debido a la hembra. — igual de débil que su abuelo...— en un susurro dijo.

Mientras sus manos recorrían deseosas las curvas de la perfecta saiyan que tenía sentada en su regazo.

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Se hallaba en un páramo desierto. Se había alejado de la base, voló en busca de un lugar en el cual poder descargar su furia. No supo en qué momento las cosas se torcieron tanto.

—¡Argh!— Dejó salir su ki, estaba furioso.

—¡Yo soy el maldito príncipe de los saiyajines! Las cosas no deben suceder así— Exclamaba mientras ráfagas de ki eran liberadas, destruyendo todo a su paso.

—¡Maldita sea! — mascullaba mientras destruía una impresionante cantidad de árboles autóctonos de ese planeta.

Se sentía herido, ofendido por ella. Sabía que lo que debió de hacer era matar al infeliz de Radditz. Pero ni eso fue capaz de realizar.

"...Al salir de la habitación de la científica, se fue directo a ver los saiyans que se hallaban en recuperación. Aunque la prohibición era solo para Radditz, ninguno de ellos se atrevió a usar la cámara de recuperación, a pesar de las múltiples súplicas que Caulifla les hizo. Simplemente era algo ofensivo para ellos.

Eran Saiyajines, unos cuantos golpes no los mataría. Nappa vio a Vegeta ingresar al ala médica. Cómo pudo se levantó, el resto se hallaban dormidos recuperándose de los golpes. Solo pasarían esa noche ahí, — Príncipe— No pudo decir nada más, la mirada colérica de Vegeta lo dejó sin palabras.

—Sabías todo — La voz del peliflama aún rezumaba resentimiento — Mañana ajustaremos cuentas tú y yo — para después voltear a ver donde el pelinegro descansaba inconsciente. Tenía una inmensas ganas de destruirlo con una de sus técnicas mortales. Pero en su cabeza aún perduraba la amenaza de la científica.

Apretó sus puños con más fuerza.

— En cuanto despierte y se mantenga consciente enciérrenlo en el calabozo.

Tooma quien había despertado al escuchar la voz del príncipe, con voz aún adolorida confirmó que había escuchado la orden. Tarble también estaba consciente y respiró tranquilo al escuchar eso, no dudaba que su hermano le harían pagar con creces al saiyan su ofensa, pero al menos estaba muy seguro de que el pelinegro viviría otro día para contarlo..."

El peliflama a volvió al presente. La mujer debería estar rogando por su amor, pidiendo clemencia por su mal actuar, buscando complacerlo. ¡Pero no! Ahí estaba la maldita hembra como siempre llevándole la contraria.

Quería castigarla, que ella suplicara por él. Nada absolutamente nada salía como él pretendía y para colmo, le quemaba, le dolía en el pecho, a pesar de no querer aceptarlo. Sentía el odioso rechazo de ella, sentía que la estaba perdiendo y ella se alejaba cada vez más de él.

«Tal vez lo mejor sea que la deje irse a la Tierra»

Un dolor atenazante se anidaba en su pecho de sólo pensarlo, pero no quería que ella siguiera cometiendo más locuras.

«Mi padre tenía razón no debería tener debilidades...»

No quería decirlo ni en su mente pero debía de hacerse a la idea así que, por mucho que se le secó la garganta, se obligó decirlo en voz alta:

—Es hora de dejarla ir... — Sintió como la garganta se le cerró y la voz le salió en un susurro ronco casi estrangulado. Miraba a su alrededor, mientras veía el rastro de destrucción que había dejado minutos antes cuando desataba su furia. Un cráter profundo era lo que tenía a sus pies producto del fuerte impacto de sus numerosos golpes de ki que aventó. Miró más adelante, hacia donde antes había existido una pequeña arboleda, solo quedaban restos de troncos chamuscados.

El viento arreciaba, aun así nada le importaba, su mirada se perdió en el horizonte rojizo de su nuevo planeta; a lo lejos vio una montaña con un sistema de cavernas, con el poco ánimo que tenía para volver y enfrentar a la científica, se le figuró que ese lugar era lo más adecuado en esos momentos para intentar descansar.

Miró el lugar parecía un poco lúgubre

«cómo mi estado de ánimo »

La caverna estaba en lo alto de la montaña dándole una majestuosa vista panorámica. El nuevo planeta Vegita era hermoso a su forma, con demasiadas planicies para su gusto, aún así era un gran planeta; aunque hubiera deseado que tuviera una luna que acompañase a su nuevo hogar.

«Mejor así, no tendré que preocuparme por Ozarus descontrolados»

Dudaba que la mayoría de ellos supiera dominar su forma conscientemente.

—Tal vez Paragus, aparte de Nappa y Radditz. Mejor así.

Aunque en esos momentos se le hacía atractiva la idea, descontrolarse un poco en su forma Ozaru le hubiera dado algo de alivio al dolor que sentía profundamente y que seguía negado en admitir abiertamente.

Prendió una pequeña fogata mientras se guarecía dentro de la cueva que previamente revisó para evitar que algún animal lo sorprendiera dormido. El ulular del viento parecía un lamento espectral.

— tal vez sea mi padre quejándose de mi falta de voluntad— se resignó a su destino... Alguna vez su progenitor se lo dijo e hizo oídos sordos a su consejo:

"... Algunas semanas antes de ser entregado al tirano, El joven príncipe se hallaba con su exigente padre entrenando.

A pesar del profundo rencor que le guardaba por la muerte de su madre, no volvió a recriminarle nada a su progenitor. Aún así odiaba entrenar con éste, a veces sentía que el rey se ensañaba con él a la hora de entrenar.

Hicieron un descanso en su arduo entrenamiento, mismo que el rey aprovechó para darle de alguna forma consejos a su hijo, una guía para sus años venideros —Si quieres gobernar sobre los demás no puedes mostrar sentimientos ni tener ninguna debilidad Vegeta — solemne le comentaba el rey. Mientras él siendo un infante solo le dio una sonrisa arrogante — Los sentimientos son para los débiles — fanfarrón contestó.

El rey Vegeta vio con orgullo a su hijo, sin embargo era solo un crío y a pesar de no demostrarlo lo amaba, y estaba sumamente orgulloso de él. Sin embargo, le aterraba no tener el suficiente poder para sobrevivir y ayudar a su primogénito en el destino que le esperaba.

— Espero que no se te olvide eso Vegeta, nada debe perturbarte...— fue interrumpido por su impaciente hijo — Y nada lo hace padre, no entiendo porque hablamos de tonterías.— la sonrisa de confianza del joven peliflama irritó a su padre, en el fondo sentía que su hijo estaba tomando a la ligera los consejos que intentaba darle.

—Ya has demostrado antes debilidad, cuando tu madre murió dejaste mucho que desear Vegeta. Créeme si ella fuese capaz de comunicarse desde el otro mundo, se habría sentido sumamente avergonzada de ver lo patético que te viste llorando por su muerte.

El joven príncipe vio de mala manera a su padre, mientras sus puños crispados se cerraban violentamente: le irritaba que le insinuase que él era débil. A pesar de lo que el infante creía, su padre simplemente buscaba a su forma de instruirlo para la horrible vida que le deparaba al lado del tirano.

— Escúchame bien Vegeta. Si alguna vez llegas a ser tan débil como para que te importe alguien, asegúrate de alejarte de tu debilidad para esconderla muy bien de todos, o tus enemigos conocerán tu punto más vulnerable y lo usarán en tu contra..."

Respiró resignado, dando un sonoro suspiro, — mañana hablaré con ella, debo dejarla ir...— las palabras le escocieron al decirlo en voz alta pero debía comenzar a acostumbrarse...

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Bulma se quedó sentada dentro de su habitación rumiando los sentimientos tan revueltos que tenía por culpa de cierto saiyajin. Por un largo tiempo se quedó mirando al vacío, y solo salió de su ensimismamiento cuando escuchó el suave llamado en su puerta.

Toc toc

Aún así no contestó de inmediato, simplemente sentía que todas sus energías hubieran sido consumidas, drenadas en su totalidad. Un Tímido Tottepo se asomó junto con Gure a su habitación. Apenado de entrometerse en las habitaciones de la segunda consorte de su príncipe. Sin embargo estaba preocupado, había visto salir a Vegeta de la nave de la científica con la cara desencajada, y no estaba muy seguro de lo que iba a encontrar al abrir esa puerta.

Gure fue la que habló —¿Bulma estás bien?— La dulzura en la voz de la pequeña Tech la trajo de vuelta a la realidad. Y antes de poner contestar la voz de un inquieto Trunks terminó de ubicarla en el presente —¡Mami! Tengo hambe, ¿Comamos si?— le lanzó una sonrisa orgullosa a su pequeño hijo.

¡Cómo había crecido! — Vamos a comer mi amor — fue toda contestación por su parte, ya más tarde se ocuparía de lo demás, lo primordial era que Trunks no se percatara de nada.

No supo exactamente qué cenó, su cabeza estaba en otra parte. Enojada por ser tan débil de carácter y tan ensimismada en regodearse en sentir lástima de sí misma que cuando se dio cuenta ya habían pasado más de tres horas desde que el Saiyajin se había ido.

Aprovechó que su hijo se durmió y dejó a Gure cuidándolo. — Necesito ir a ver cómo están todos — fue todo lo que la ojiazul comentó al saiyan.

A pesar de lo bien que la terrícola le caía, el guerrero no veía con buenos ojos su plan de ir a la enfermería. Sin duda si Vegeta regresaba y la hallaba ahí, está vez Radditz no la contaría además de que no podía garantizar la seguridad de la hembra si era encontrada ahí por el príncipe Saiyajin.

—No creo que sea la mejor idea Bulma, es mejor esperar...— Pero ella que ya conocía la negativa de Vegeta decidió que había tenido suficiente del saiyajin. —No me tienes que acompañar, iré por mi cuenta — fue lo que altiva dijo, el saiyan se dió cuenta de que no tendría más opción. Resignado la acompañó.

Al entrar al ala médica la peliazul dio un jadeo, y se horrorizó de lo que vio. Todos ellos estaba bastante golpeados, a simple vista se lograba detectar lo seriamente heridos que estaban; pero al menos todos ya estaban conscientes, todos excepto un solo guerrero: Radditz.

Quién se hallaba sumamente herido, ella sintió un nudo en la garganta, el desasosiego se instaló en su pecho y sus ojos se llenaron de lágrimas. Hizo acopio de valor y parpadeó varias veces para tratar de contenerlas. Inhaló profundamente antes de cuestionarlos — ¿Q-qué fue lo que qué pasó Nappa? ¿Acaso Vegeta hizo esto?

«¿Cómo pudo ser capaz de lastimarlos así? ¡Jamás va a cambiar, no le importa nada! Él y su maldito orgullo. Simplemente no tiene corazón»

El calvo saiyan sentía todo su cuerpo sumamente adolorido, decir que estaba bien era una falacia. Podía sentir algunas de sus costillas rotas. Aún así no se quejaría, el tomó una decisión y ésta era su consecuencia. Asumiría su responsabilidad.

— ¿Porqué no están en la cámara de recuperación? ¡Pudieron usarla por turnos! — la voz de la peliazul sonaba algunos decibeles más alto de lo habitual, estaba frustrada.

Fue Kyabe quién contestó — Estamos bien Bulma no son más que algunos golpes y raspones, terminamos peor en los entrenamientos— le dio una sonrisa agradable a pesar de lo doloroso que era casi hasta respirar.

Bulma respiró ruidosamente, enfadada por lo testarudos que eran. — ¡Al menos metan a Radditz en la cámara, necesita urgentemente ayuda! Se ve muy pálido...— La voz de la ojiazul casi se perdió al decir lo final, estaba asustada.

Escuchó la risa burlona de uno de ellos, al voltear a verlos se dio cuenta que fue Tooma quién aún todo golpeado la miraba sonriente— Humana esto no es nada, no nos humilles diciéndonos débiles, Radditz está estable, no necesitamos ayuda de nada para mañana la mayoría estará bien.

—Pero...— la científica quería rebatirles, hacerlos entrar en razón, Tarble fue quien esta vez la interrumpió — Pero nada Bulma, vete a descansar nosotros estamos bien.

La irritaba su condescendencia con ella, — ¡No me voy a mover de aquí! ¡Voy a ayudarlos les guste o no! — Se sentía terriblemente culpable por lo que había sucedido, pues indirectamente sentía la responsabilidad por la furia de Vegeta y la forma en que descargó su coraje sobre el resto de los saiyans. Era lo mínimo que podría hacer.

Sin embargo, la visión amable y amigable de la terrícola no era compartida de la misma manera por los Saiyajines. A veces ella olvidaba que no eran humanos con los que trataba, sino con una raza guerrera, hecha de material más resistente que su raza y por tanto más duros de carácter.

La mirada que hasta pocos segundos antes era amable por parte de Nappa, ahora estaba endurecida, — ¿Acaso no estás satisfecha con lo que ocasionaste humana? Te estamos dando la salida fácil , retírate. — su voz tenía un tono más serio, y el ambiente se hacía más denso en esa sala médica.

—Nappa yo... — Bulma quiso justificarse, sintió su garganta cerrarse, mientras trataba de que su voz no se quebrara.

— Suficiente ayuda has brindado ahora retírate, tú y yo hablaremos luego, ya es hora de que empieces a asumir tus responsabilidades — Con voz enojada comentaba el calvo saiyan. Mientra Tarble que se había mantenido descansando se sentaba en la cama — Nappa tiene razón Bulma, por favor vete a descansar, ya luego hablaremos; ahora no es buen momento para ser necia. Caulifla, llévala a la nave.

La voz del príncipe menor se escuchaba adolorida y muy cansada, como si el haberse sentado y hablar le hubiese tomado mucho esfuerzo.

Vio a la saiyan alegre dirigirse a donde estaba ella, Bulma simplemente se quedó estática sin saber que decir, le dolía la situación. Sintió cuando delicadamente era tomada del brazo y jalada con mucha suavidad

La guerrera y la científica hicieron el camino a la nave en silencio, la peliazul aún seguía en shock.

Al llegar, y antes de que entraran a la nave, detuvo a la saiyan.

– Caulifla, sé porque hiciste lo que hiciste, te lo agradezco, pero...¡No vuelvas a ponerte en peligro por mi culpa por favor!

La saiyan solo sonrió, realmente le enternecía que esa débil terrícola se preocupara por ella, le dio un guiño de ojo y antes de irse y dejarla entrar solo comentó — Debes entender que no somos la misma raza Bulma, aunque nos parezcamos. Suficiente deshonra es para ellos que tuvieron que recibir el castigo entre todos porque no son lo suficientemente fuertes para hacerle frente a Vegeta. Habla de nuestra falta de entrenamiento al nivel de él.

La ojiazul estaba por interrumpirla cuando la saiyan alzó la mano en señal de que necesitaba continuar hablando — No hay nada que justifique una acción de traición Bulma, aún así Vegeta no es el tirano que crees que es. Por favor no compliques más las cosas, hice lo necesario para evitar que él estuviera enojado contigo, aunque sospecho que aún sin mi ayuda el jamás te lastimaría. Concéntrate en arreglar tu problema y déjanos resolver nuestros problemas al estilo saiyajin. No compliques las cosas para Radditz, el estará bien.

Caulifla le guiñó el ojo para después, sonriente irse nuevamente al ala médica. Mientras Bulma ingresaba desanimada a la nave. Al entrar fue directo al cuarto a ver a Trunks quien dormía, lo tapó puesto que, como siempre el pequeño se había destapado y dormía desparramado por toda la cama.

Gure, se había mantenido en el comedor de la nave sentada, y Tottepo en la entrada, al verla entrar, salió de la misma, para custodiarla desde afuera y así darle privacidad.

Cuando Bulma salió de la habitación de su hijo, alzó su azul y triste mirada la cual se conectó a la apacible mirada chocolate de la pequeña alíen. Gure, al verla llegar al comedor y notar la desesperación en esos ojos azules tan transparentes supuso que algo iba realmente mal.

— ¿Que sucedió Bulma? ¿Están todos bien? — la mirada preocupada la hacía sentir más culpable.

Ella era la única responsable de todo lo que había sucedido, respiró y decidió ser sincera y contarle todo a Gure, sentía que en esos momentos era incapaz de mentirle.

— Todo fue mi culpa, yo solo fui para ayudar pero ellos tienen razón... — su voz se quebró.

— Todo va a salir bien Bulma, todos siguen vivos, los saiyans son una raza muy fuerte y resistente, cuando Vegeta venga podrán hablar y aclarar esto — Gure deseaba más que cualquier cosa, correr rumbo a la enfermería para ver a su saiyan, pero sabía que era imposible.

Era más que consciente que había aceptado hacerse pasar por un ayudante para la científica terrícola. Apenas por encima de un esclavo, por mucho que su corazón lo quisiera, no estaba dentro de sus prerrogativas ir a buscar al príncipe menor y velar por él.

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Despertó adolorido, sin embargo el dolor del cuerpo era nada a la confusión de pesadilla en la que su mente estaba envuelta. Y el dolor que atenazaba su corazón el cual no estaba relacionado con la deplorable condición física a la que fue reducido después de la paliza recibida.

Su mente se había perdido mucho tiempo antes que su cuerpo. Al escuchar de los propios labios de la ojiazul que la mujer a la que desesperadamente estuvo aguardando para volver a ver, a la que cada noche en sus sueños evocaba, y en los que noche a noche le hacía el amor desesperadamente, no había acudido a verlo.

Que lo había dejado plantado porque mientras para él comenzaba a volverse una obsesión, pues durante todo el tiempo que estuvieron en Zerk no hubo un solo momento en que no lo acechara detrás de cada recuerdo, de cada pensamiento, al parecer no había sido igual para ella.

«¿Acaso para ella no significó nada?»

¡No lo entendía! Cuándo se percató de la disculpa de la ojiazul y de que Vegeta escuchó por error su confesión ya era muy tarde, y aún así nada le importó.

En ese momento con el dolor lacerante que lo apuñalaba a la altura del corazón, con los celos a flor de piel de solo pensar que esa rubia desalmada estaba entregando sus mieles a otro y disfrutando con alguien más, la rabia y la desesperación le hicieron desear esa muerte honrosa a manos de Vegeta.

«Ahora te entiendo Vegeta, creo que los dioses si existen y me están haciendo pagar de esta forma haberme atrevido a besar a tu mujer, a la princesa de los saiyajin»

Para él estaba más que claro. No era más que una malísima broma cósmica, parte de ese karma por tocar lo ajeno. Y a pesar de lo sumamente lastimado que seguía estando, estaba desesperado por hablar con el peliflama. Aun cuando lo matara solicitaría su perdón era lo mínimo que podía hacer. Fue sacado de su ensimismamiento al escuchar la voz escalofriantemente calmada de Vegeta al hablar.

— Todo el mundo fuera de aquí, no tienen más que algunas pocas heridas, así que ¡Váyanse todos! ¡Nappa quédate!

Los saiyans cómo pudieron se pararon y salieron de ahí, Caulifla sintió el impulso de ayudar a Kyabe, y a pesar de todo se abstuvo de hacerlo, simplemente sería vergonzoso para él, sería visto como un signo de debilidad.

Cuando por fin quedaron a solas el ambiente se sentía sumamente tenso. Aún así no era furia la que se veía reflejada en el peliflama.

— ¿Desde cuando tienes algo con Bulma? — la mirada gélida y el tono aparentemente carente de emoción escondía las verdaderas emociones del hombre.

Radditz quién apenas si podía abrir uno de sus ojos, mientras el otro estaba completamente cerrado producto de la hinchazón, y a quien le dolía demasiado poder articular palabra alguna, pues tenía los labios partidos y tenía profundas heridas internas dentro de la boca, producto de los puñetazos recibidos a cara limpia durante la paliza dada por Vegeta.

Apenas pudo decir — Nunca tuve nada que ver con Bulma, fue solo un error, ella quería ir por unas muestras y comenzó a coquetear como acostumbra a hacer para molestar y cometí una estupidez, sé que no crees en mi palabra Príncipe pero cree en la de Nappa, cometí un error pero jamás te deshonré de la forma que piensas. Nunca lo haría Vegeta, y ella tampoco se atrevería.

—¿ Crees que de verdad me importa tu opinión maldita sabandija?— una sonrisa ladina se dibuja en ese apuesto rostro mientras la cola del príncipe oscilaba de un lado al otro como si estuviera disfrutando generar miedo psicológico al otro saiyan. El tono de mando en ella era irrefutable.

Fue Nappa quien contestó — Sé que Radditz es un imbecil pero él estaba muy dispuesto a decirte, y a morir por su error; por eso asumo mi responsabilidad, si alguien debe ser castigado soy yo, debí de avisarte. Pero estabas tan alegre entrenando con Chard que tomé decisiones sin consultarte. Pido disculpas si no fueron las correctas, asumiré mi parte del castigo.

—Tsk — fue todo lo que de mala manera Vegeta contestó.

Les dió la espalda, la realidad es que los celos lo estaban consumiendo, quería matar a Radditz, arrancarle el corazón por atreverse a tocar a la mujer que irremediablemente consideraba suya. Deseaba también masacrar a Nappa, castigarlos a ambos quitándoles la vida.

«Si lo hago ella jamás me lo perdonaría»

Se congeló al darse cuenta lo que estaba sucediendo, se estaba limitando y quería dejar vivos a los dos saiyans para que ella no lo odiará más. Se sintió asqueado de sí mismo, se sintió débil.

El coraje le nubló la vista, mientras escuchaba la

Voz de Nappa que imploraba su perdón — Príncipe, quien se equivocó fui yo... — No alcanzó a decir más mientras Vegeta riéndose, cegado por su enojo ante lo que él calificaba como su debilidad comenzó irremediablemente a golpear a ambos saiyans.

Radditz sintió cómo sus huesos crujían bajo los demoledores golpes que estaba recibiendo, no tenía ni la fuerza para quejarse, pronto el dolor fue tanto que su cerebro no resistió más y se desconectó. Y de esa forma lo último que vio antes de que todo se nublara fue a cierta rubia coqueta que le sonreía mientras él se hundía en la más profunda obscuridad.

Nappa horrorizado ante la masacre que Vegeta estaba haciendo con Radditz, se interpuso entre ambos antes de que el Peliflama terminará de hacer puré al hermano de Gokú.

— ¡Príncipe basta vas a matarlo!— trató de que su voz no sonara tan adolorida como se sentía él, mientras se aseguraba de un interponerse en el camino del enfurecido saiyan para evitar que continuara haciendo puré de Radditz.

La ira tenía consumido a Vegeta — ¡No eres más que un insecto! — Su puño se estampó fuertemente en la quijada del otro saiyan.

—Sabías lo que este miserable hizo y me lo ocultaste — su rodilla se clavó en las costillas del lastimado guerrero, quién escupió sangre, producto de los fuertes golpes recibidos.

— Vegeta no fue como crees, ¡Radditz y Bulma no tienen nada! — un puñetazo le volteó la mejilla mientras sentía la sangre escurrir.

—No merecen la piedad de una muerte rápida — Enojado continuaba golpeando al calvo saiyan hasta que éste ya no pudo resistir más, sus piernas no lo sostuvieron por más tiempo y cayó inconsciente.

Vegeta generó una esfera de Ki, pensaba lanzarla para darle a sus deshonrosos compañeros una muerte más piadosa de la que se merecían. Pero cuando estaba por hacerlo la mirada oceánica de cierta hermosa peliazul irrumpió en su memoria.

«Príncipe»

Escuchó aquella dulce voz y por un momento dudo de su cordura, buscó su ki. Aquella débil mujer estaba en la nave conforme lo acordado.

—Voy a matarlos...—

A pesar de lo enojado que estaba, algo pasaba con él estaba paralizado, seguía teniendo la esfera de ki en la mano.

«Por favor no lo hagas»

Nuevamente esa voz acechándolo, — No estás aquí sigues en la nave y no eres real y ¡Ellos deben de pagar!— discutía en voz baja consigo mismo.

«Príncipe por favor...»

La súplica de la fémina se escuchaba en su mente, jugándole una mala pasada. Cómo si de verdad estuviera ahí con él.

Estaba furioso sentía coraje contra sí mismo, ahí estaban esos infelices inconscientes. Ahí estaba él con una esfera de ki, solo necesitaba liberarla y cumpliría el propósito para lo que fue creada.

—Porqué no puedo hacerlo... No lo entiendo— sentía su pulso acelerarse, por más que lo quiso no fue capaz de terminar la acción.

«¿A quién engaño?»

En el fondo él lo sabía, no haría algo que ella reprobara en su comportamiento y que la alejara aún más.

Deshizo la esfera de ki y bajo la mano mientras las apretaba en duros puños y se encajaba las uñas en las palmas de las manos, ocasionando que la sangre comenzar a escurrir, producto de lo fuerte que se enterraba las uñas.

Suspiró resignado, salió a paso firme, afuera Tooma lo esperaba, era el único que podía mantenerse en pie sin verse tan miserable.

—Dile a Suzuke que atienda a ese dos inútiles, nada de cámara de recuperación para ninguno, En cuánto se encuentre estable Radditz, que lo pasen al calabozo.

— Como órdenes— fue todo lo que el saiyan contestó respirando aliviado al saber que ambos Saiyajines seguían con vida.

.

.

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Al día siguiente llegaría Kale junto con el resto de Saiyajines, y a Vegeta le dolía la cabeza al saber que ella cuestionaría porque Nappa y Radditz estaban siendo castigados. De tan solo pensar que tenía que lidiar también con ella un dolor taladrante lo fulminaba.

La ojiazul por su parte tuvo una larga noche de insomnio, el no saber de la salud de los saiyans la estaba desquiciando, pero se mantuvo al margen tal como se lo pidieron.

Al día siguiente estaba sentada en el comedor de su nave mucho antes de que el sol saliera, esperaba paciente el tener cara a cara a ese malnacido Saiyajin para ajustar cuentas de una vez por todas.

Sabía que Gure se había quedado dormida en el cuarto de Trunks, custodiándolo. Podía escuchar a Tooma afuera de la nave haciendo guardia.

Se sirvió una taza de café recién hecho e inhaló el delicioso aroma que de su taza provenía.

«¿No hay como un delicioso café para mejorar el ánimo...»

De pronto la puerta de la nave se abrió. Se odio por sentir demasiado nerviosismo, pues desde antes de levantar la vista sabía quien esperaba parado frente a ella. — Vegeta... — fue su simple afirmación.

El aire se enrareció, el ambiente para ella se tornó hostil, respiró profundamente mientras tomaba el valor que le faltaba y lo encaraba, conectando su diáfana mirada azul con la insondable mirada obsidiana.

Lo sintió sentarse en esa mesa y a pesar de quererse revelar, la presencia del príncipe Saiyajin imponía, y sin haber comenzado sus argumentos ella sentía que tenía una guerra perdida. Fue él quien la sacó de sus cavilaciones, cuando su varonil voz la trajo de vuelta a la realidad estremeciéndolo con el sonido atronador, y a pesar de decirlo en forma suave la convicción de la voz derribaba cualquier duda.

La ojiazul se quedó sin habla mientras esa negra mirada la paralizaba, una corazonada le decía que el saiyan estaba ahí para definir su futuro, y eso la puso demasiado nerviosa. Escuchaba esa hipnotizante voz decirle en forma suave pero decidida— Mujer, tenemos que hablar...

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¡Holaaa a todos! Miércoles ya muy noche (en realidad es jueves de madrugada /) pero lo logré :D

No sé ustedes pero que difícil es toda esta situación, al menos para mí. Yo se que muchas odian a Vegeta pero poco a poco se va viendo que no todo es blanco o negro y que si, a veces el pasado nos arrastras y nos hace cometer errores será sumamente difíciles de corregir.

¿Vegeta hará lo correcto? ¿Dejará ir a Bulma? Que andarán planeando Paragus y Kale...

Rápidamente contestó comentarios:

Xxlalalulu: jajajaja ya se ese mini yuri de Caulifla estuvo muy loco jajajajaja. De Radditz al parecer lamo te escuchó y de Bulma... no sé tu pero a mi si se me está haciendo que está acabando con el orgullo de Vegeta.

Psi Mary: Espero este nuevo cap te haya gustado también!!

Bealtr: Yo también quería que Vegeta se enterara pero Bulmita tiene otros planes D:

Ojalá me cuenten sus teorías

Nos leemos pronto