Algunas veces el Amor es…

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío.

Parte 3 Sus Voces

"Espera, espera un momento", Nagisa se tocó la frente, la atacaron con mucha información y le era complicado procesar tantas palabras a la vez. No que fuera tan tonta, se conocía, el problema era ¡que Honoka hablaba mucho! "Déjame ver si entendí, hace mucho tiempo la Orden Espiritual tenía dos tipos de personas, los sacerdotes y los guerreros", pudo resumirlo así, pero su Prometida decidió contarle la versión larga.

"Exactamente, los sacerdotes tenían el poder de pedir el poder de los Espíritus para bendecir las tierras, mientras que los guerreros eran capaces de pedir el poder de los espíritus para pelear", explicó Honoka, que al ver el gesto confundido de Nagisa, decidió no emocionarse demasiado con las explicaciones. Mejor mantenerlo simple.

"¿Sabes? Aquella vez que llegaron a dar la Bendición a mi región, el Sacerdote hizo pruebas en los niños para ver si alguno era adepto a los Espíritus, pero ninguno lo fuimos", Nagisa suspiró hondo y frunció el ceño. "Yo pensé que lo era, intenté mostrarle las chispas al sacerdote pero no salieron y no me creyó. Dijo que no sentía nada en mi".

Honoka se llevó una mano al mentón. "Y eso… ¿Te hizo sentir mal?"

"A decir verdad… Sí", confesó Nagisa. "Sé que les pagan bien. Y al volverse Sacerdotes, la Orden les da dinero a las familias de los que se unen. Pensé que si trabajaba para ellos, podría conseguir esa recompensa para mi familia", y al escucharse a sí misma, se sonrojó. "Eso no sonó bien, ¿verdad?"

"Creo que es noble de tu parte pensar en el bienestar de tu familia", dijo Honoka con un gesto suave que tranquilizó a su compañera.

"Gracias", Nagisa sonrió.

El par de chicas iban camino al hogar de Nagisa, cada una en su caballo. Un hermoso corcel negro para Nagisa, mientras que el de Honoka era blanco. De hecho, el de Nagisa era un regalo de parte de Honoka que Nagisa aceptó luego de poca insistencia. Ésta vez iban sin guardias ni vigilancia, Honoka dio su palabra de volver a la ciudad apenas atendiera un asunto urgente con su Prometida. Honoka a momentos miraba atrás al saber qué era lo que se había quedado como garantía de su regreso ante el Consejo.

Justamente Nagisa notó cuando Honoka miró la ciudad. Sólo atinó a acercar su caballo al de su compañera y tomarle el hombro.

"La abuela Sanae estará bien", dijo Nagisa con voz suave, tratando de reconfortarla.

"Lo sé, mi abuela es fuerte", murmuró Honoka luego de un suspiro. Miró a Nagisa para regalarle una sonrisa agradecida y volver a mirar al frente. "Gracias".

Nagisa de alguna manera ya tenía una idea de cómo devolverle su buen humor: haciéndola explicar cosas. "¿Por qué crees que no pude mostrar las chispas aquella vez?" Preguntó, esperando una larga explicación al respecto, pero en lugar de eso, vio que Honoka sonreía de una manera rara pero linda. ¿Confidente? Esa era la sensación que le daba. "¿Qué pasa?"

"Sólo hay una manera de saberlo".

"¿Cuál?"

"Preguntándoles a ellos, seguramente tenían una buena razón para negarse a salir aquella vez", explicó. "Tú tienes una buena presencia, les gustaste a los Espíritus y por eso siguen contigo", sonrió de manera linda, recuperada. "No los culpo, tienes encanto".

Nagisa sintió un intenso cosquilleo en la barriga por alguna razón que desconocía, la sensación no fue desagradable, sólo la sobrepasó por un momento. Quizá fue por la manera en que Honoka le miró, el sincero halago o algo en el tono de su voz al decirlo, el punto era que se sentía rara y con las mejillas tibias. Aclaró su garganta y miró al frente.

"¿En serio puedes hacer eso? ¿Preguntarles directamente a ellos?"

"Sí, y estoy segura que tú también podrás, sólo debemos despertar tus sentidos", dijo Honoka con una sonrisa suave. "Lo haremos cuando acampemos, necesitamos tiempo y tranquilidad", agregó Honoka con recuperado ánimo. Nagisa en serio se preocupaba por ella. "Nagisa… Lamento que te vieras envuelta en esto… Tal vez debí dejarte ir y…"

"¿Eh? ¡Hey, no digas eso!" Nagisa rápidamente puso una mano en el hombro de Honoka. "Gracias a ti, mi pueblo se recuperará del desastre. Además tampoco es tan malo estar así", eso lo agregó con más pena. La palabra Prometida se repetía en su cabeza cada vez que recordaba la verdadera razón por la que estaban juntas. "Yo… Bueno… Ah…" ¿Cómo decirle que aunque le era raro ser su Prometida, no se sentía tan incómoda en realidad? No pudo, pero el gesto de Honoka la calmó.

"Gracias, Nagisa", dijo Honoka mientras tomaba dulcemente la mano en su hombro. El tacto en serio era cálido. "Te ayudaré a despertar tus sentidos y tendrás mejor control de tus espíritus acompañantes".

"¿Y crees que yo pueda dar la Bendición a las Tierras así como tú?" Preguntó Nagisa.

"No puedo asegurar nada ahora mismo, al menos no hasta poder confirmar el tipo de poder que tienes", respondió luego de analizar a Nagisa de pies a cabeza. "¿Siempre has peleado?"

"Sí. Pero no me gusta pelear, prefiero la idea de defender a mi familia y a mi gente. No hay mucha vigilancia en la región así que los ataques de ladrones y bandidos son constantes", explicó Nagisa. "No quiero presumir, pero aprendí a pelear rápido y soy fuerte", dijo la muy presumida mientras mostraba los músculos de su brazo derecho.

Honoka se echó a reír y puso un gesto juguetón. Estiró su mano hacia ella. "¿Puedo?"

Nagisa entendió, quería tocar su brazo. No sería la primera vez, sus amigas del pueblo lo hacían seguido cuando presumía ante ellas. Un simple juego. Asintió a Honoka. "Adelante". Pero Nagisa no contaba con que Honoka no era como sus amigas.

"En serio eres fuerte", murmuró Honoka mientras tocaba con sus dedos alrededor de los músculos, delineando, casi dibujando sobre su piel. "También tienes mucha fuerza aquí", agregó, tocando en la parte inferior de su brazo. "Te has ejercitado debidamente. Además tu espalda es amplia. No amplia como la de un chico, tu figura es muy femenina y queda acorde con la fuerza de tus brazos", ésta vez presionó con sus dedos y los deslizó suavemente a lo largo de su musculatura, del codo al hombro cual caricia.

La pobre Nagisa se sintió primero nerviosa y luego en llamas. No sabía qué estaba haciendo Honoka pero fue demasiado. De inmediato retiró su brazo mientras toda ella ardía. "¡Honoka, no tienes por qué hacerlo así!" Se quejó Nagisa mientras apresuraba un poco el trote de su corcel, todo en afán de escapar de la vergüenza.

"¿No?" Honoka supo exactamente lo que le provocó a Nagisa y la idea le gustó. Si la veía molesta se retractaría, pero su compañera sólo estaba apenada. "¿Entonces cómo iba a poder confirmar la fuerza de tus músculos?" Preguntó la muy pilla mientras trataba de alcanzarla.

"¡Apretando un poco y ya! ¡O decirme que levantara algo pesado! ¡No lo sé, pero no así!" Seguía apenada. ¿Por qué con Honoka todo se sentía raro?

"De acuerdo, te lo pediré al rato que acampemos", respondió Honoka, divertida. Para enseguida poner un gesto un poco más serio. Era consciente de lo que le provocó a su Prometida. "Lo siento, no lo haré de nuevo si no te es cómodo", lo mejor era asegurarse, tampoco quería que su compañera no estuviera a gusto a su lado.

Nagisa tragó saliva. "No estoy incómoda", fue todo lo que pudo responder. El resto de sus ideas no se acomodaban, no cuando tenía a esa linda chica tan cerca.

A Honoka le regresó la sonrisa al rostro. "Me alegra, porque al rato tendrás que dejarme tomar tus manos, sólo así podré comunicarme mejor con tus Espíritus", avisó. Esa parte era cierta, no un jugueteo. Lo tomaría en serio cuando llegara el momento.

"Oh…" Nagisa se aclaró la garganta. "De acuerdo, lo haremos", le miró de reojo. "No me molestas, en serio".

Honoka sonrió.

~o~

Sólo hicieron una pausa para comer y dejar que los caballos descansaran antes de seguir su camino. Según Honoka le contó a Nagisa, los corceles que tenían estaban hechos para viajes largos, tenían buena resistencia. Gracias a ello avanzaron bastante y Nagisa lo notó. Honoka sólo conocía la región de Nagisa gracias a los mapas, por sí sola no había viajado muy lejos a decir verdad y se lo dio a saber a su compañera durante el día.

Honoka se maravillaba con todo en el paisaje nuevo, parecía contenta y a Nagisa le alegraba que Honoka ya no estuviera tan preocupada por su abuela. Nagisa había viajado un poco más que Honoka así que le contó primero cómo fue su viaje desde su hogar a la capital, así como algunos otros viajes que en su momento hizo con su familia: paseos a la montaña, a la playa, picnics en los campos.

"Suena divertido", comentó Honoka con un gesto suave. Por su lado, Honoka nunca tuvo la oportunidad de viajar con sus padres, ellos siempre viajaron lejos y ella era muy pequeña. Su abuela hizo todo lo que pudo para criarla bien, pero lo más que viajaron juntas fue a las pequeñas villas en las afueras de la ciudad.

Nagisa, que podía intuir muy bien lo falta que Honoka estaba de experiencias reales, decidió ayudarla a su modo. Se estaban ayudando mutuamente después de todo.

"Podemos hacerlo mientras estemos juntas", dijo Nagisa con una sonrisa grande. "Digo, no sé si deba permanecer a tu lado todo el tiempo o si deba quedarme contigo en la capital", se encogió de hombros al decir eso.

"En tu caso, como vives lejos de la capital, lo mejor es que te quedes en mi casa durante un tiempo", respondió Honoka, pensativa. "tampoco debemos estar todo el tiempo juntas, pero creo que te buscarán constantemente para duelos", se llevó una mano al mentón. "Además debo explicarle a tus padres toda la situación", para aligerar un poco la plática, le sonrió de manera traviesa, "debo presentarme debidamente ante tus padres y decirles que eres mi Prometida. Y debo asegurarles que cuidaré muy bien de su querida hija".

Nagisa frunció el ceño. Era obvio que Honoka trataba de bromear. Lo logró.

"¡Honoka! ¡No digas esas cosas!" Gritó Nagisa con gracioso horror, sólo atinó a pegar su cara en la crin de su caballo para ahogar su pena, tenía las manos ocupadas con la rienda.

"Hablando en serio, debo decirles la razón por la que su hija tiene que quedarse conmigo por un año mientras la retan a duelos", dijo, más seria. Miró a Nagisa apenas ésta giró su rostro hacia ella. "Me avergüenza mucho decirles que estás en problemas por mi culpa, lo menos que puedo hacer es asegurarles que estarás bien".

"Honoka…"

Nagisa tragó saliva. A momentos intentaba bromear con la situación pero era complicado. Honoka estaba en un aprieto grande contra todos esos sujetos que no la mataban solamente porque querían su poder y la necesitaban viva. Suspiró hondo y volvió a incorporarse. Lo importante era calmar a su compañera. A su Prometida.

"No quiero llevarte la contraria, pero debo ser yo la que debo decirle a mis padres que estarás bien y te protegeré", fue su turno de bromear un poco. "Daré toda mi fuerza para proteger a la señorita de casa que se sorprende con las flores de campo", la provocó un poco a propósito, el punto era que dejara de tener cara de preocupación.

Honoka se indignó.

"Puedo protegerme bien sola", reclamó de inmediato con todo el orgullo posible.

"Eso no me consta, la que tuvo que sacar la espada fui yo", continuó, contenta porque su plan funcionó. La vio sonrojarse, ¡se veía tan linda! "Es más, mis padres me regañarán como deba ser yo la deba ser protegida y cuidada, ellos me dirán que debo protegerte", asintió con toda la seguridad del mundo.

No mentía, por cierto. Los Misumi eran una familia… Especial.

Honoka se sentía caliente hasta las orejas, buscaba en su cabeza algún argumento para defenderse, pero no podía. No encontraba nada para responderle a Nagisa y no ayudaba que la sonrisa de ésta se hiciera cada vez más grande y airosa.

"Yo…"

"Ríndete, Honoka", ahora entendía por qué su Prometida gustaba de descomponerla, ¡era divertido! No sabía que alguien tan aparentemente controlada como ella pudiera poner esos gestos. "Deja que la poderosa Misumi Nagisa se encargue de ti".

Honoka hizo un gracioso gesto de niña enojada, incluso infló sus mejillas mientras seguía roja. Y de pronto un sonido hizo que ambas pusieran atención. Era un murmullo como el de un arroyo, el soplar del viento entre las copas de los árboles… Pequeñas risas. Ambas pudieron escucharlo pero fue Honoka la que pudo entenderles mejor.

"¡No se burlen, no me puso en mi lugar!" Reclamó Honoka a los pequeños Espíritus. Y al darse cuenta que dijo eso en voz alta, miró a Nagisa con su pena multiplicada por diez.

Nagisa no pudo contenerse más y se echó a reír mientras animaba a su caballo a galopar a toda velocidad. Honoka rápidamente fue tras ella.

"¡Nagisa…!"

"¡Gané!"

~o~

Ya el par había montado su campamento antes de que se metiera el sol. Tenían una buena fogata, estaban cerca de un arroyo donde los caballos podían beber agua y además había suficiente hierba en los alrededores para que se alimentaran. Honoka preparaba la cena para ambas mientras Nagisa acomodaba las mantas para dormir, una junto a la otra. Honoka le contó a Nagisa que al menos sabía acampar gracias a algunas salidas con su abuela en las afueras de la ciudad. Lo que Honoka no agregó, era que de pequeña quería prepararse para cuando pudiera viajar con sus padres.

Nunca sucedió, pero los conocimientos se quedaron.

"¿Entonces esa hierba es comestible?" Preguntó Nagisa al ver que Honoka agregó unas hojas anchas a la sopa.

"Sí, mi abuela me enseñó, además le dan un buen aroma a la comida", respondió una entusiasmada Honoka. Habían pasado varios años desde que dejó de acampar con su abuela, sobre todo por el asunto de los duelos y la propia edad de su abuela.

Nagisa olfateó un poco el aire y sonrió. "Tienes razón, huele genial", dijo Nagisa con una sonrisa inmensa. Su estómago rugió de hambre. "¿Ya está?"

"Ya casi", Honoka dejó que la sopa hirviera un poco más. "¿Cuánto tardaste en llegar a la Capital desde tu pueblo?"

"Siete días, pero tuve que tomar carretas para acortar el viaje todo lo posible", de no haberlo hecho, seguramente le habría tomado casi diez días. "Pero gracias a los caballos, estamos avanzando rápido. Estos chicos son veloces".

"Lo sé, son los mejores", Honoka sonrió.

"Por cierto, eso que me ibas a enseñar sobre despertar mis sentidos…"

"Oh, lo haremos después de cenar, será cansado si es tu primera vez. Yo ya estoy acostumbrada a hablar con ellos y escucharlos, pero en tu caso quizá te gaste energía, así que mejor come todo lo que puedas", dijo Honoka, que se había asegurado de preparar bastante comida, más que nada para Nagisa. De por sí la chica tenía un gran apetito.

"Eso no me lo tienes que decir dos veces", respondió Nagisa con una sonrisa inmensa. "En serio huele genial".

"Espero que te guste".

No le gustó, le encantó.

Honoka sólo pudo ver con sorpresa y visible admiración cómo Nagisa vació la olla por sí misma. Honoka se llenaba con poco y Nagisa podía seguir comiendo de tener la oportunidad. Saber eso hizo reír ligeramente a Honoka con marcada diversión, su prometida en serio era todo un caso.

"Honoka, cocinas delicioso. Gracias por la cena", dijo una satisfecha Nagisa.

"Me alegra que te gustara", respondió Honoka con alegría.

"Deja lavo los platos, tú ya cocinaste", se ofreció Nagisa de inmediato. "Y después… Ah… ¿Vemos eso de despertar mis sentidos?"

"Por supuesto".

Ambas compartieron una sonrisa y fue Nagisa la que lavó los trastes de la cena mientras Honoka se quitaba el calzado y un par de prendas extra para poder dormir más cómoda. Esa noche no hacía frío, además tenían una buena fogata y en todo caso los Espíritus felizmente las mantendrían cálidas si enfriaba durante la madrugada. Y en caso de algún ataque inesperado, Nagisa era guerrera y tenía la ayuda de los pequeños. Se sentía segura.

Veinte minutos después, las chicas estaban sentadas una frente a la otra con las piernas cruzadas, sobre las mantas donde iban a dormir para más comodidad, o por si Nagisa se quedaba sin fuerzas. Ésta, por cierto, estaba igualmente descalza y con ropa más cómoda.

"Ah… ¿Y ahora?" Preguntó Nagisa, nerviosa de repente.

Honoka rió ligeramente. "No será nada raro ni complicado, te lo aseguro. Sólo necesito que hagas lo que yo te diga y te relajes, ¿de acuerdo?"

Nagisa asintió varias veces. "De acuerdo, hagámoslo", respiró hondo, estaba lista.

Honoka levantó sus manos. "Toma mis manos", indicó y Nagisa así lo hizo. Sus dedos quedaron enredados y Honoka no pudo evitar la tentación de sentir el calor de las manos de su Prometida un par de segundos más antes de proseguir. "Cierra los ojos, yo haré lo mismo. Trata de respirar al mismo tiempo que yo, ¿de acuerdo? Tenemos que relajarnos y entrar en armonía", continuó mientras notaba a Nagisa asentir, se notaba ligeramente ruborizada. No sabía por qué, pero no había tiempo para averiguar demasiado, no en ese momento. Tenían un importante ejercicio por hacer.

Sus manos en serio son cálidas, fue el primer pensamiento que asaltó a Nagisa en cuanto se tomaron las manos de esa manera. Tuvo que concentrarse en las instrucciones de Honoka, quería escuchar las voces de los Espíritus y saber por qué no se mostraron aquella vez cuando el Sacerdote Espiritual hizo las pruebas.

Conforme pasaban los minutos, sus respiraciones se sincronizaron, sus manos estaban sujetas entre sí con firmeza pero con gentileza y, quizá no se daban cuenta, pero sus corazones latían al mismo ritmo. Una armonía perfecta. Las dos se sentían en paz, la comodidad era palpable. Sonrieron al mismo tiempo sin darse cuenta.

Y Nagisa los escuchó.

"¡Al fin nos escuchas!" "¡Al fin podemos sentir tus latidos!" "¡Siempre hemos querido hablar contigo!" Eran las voces que Nagisa podía escuchar directo en su cabeza. No podía explicar con exactitud la sensación, pero le gustaba.

"Y yo siempre he querido hablar con ustedes", respondió Nagisa con alegría pero sin abrir los ojos. Podía verlos en su cabeza, esas pequeñas chispas llenas de luz y de vida. Le gustaban. "Oigan, ¿por qué no aparecieron esa vez de la prueba?" Preguntó con un gracioso gesto de reproche. "Los hubiéramos impresionado a todos", agregó.

Honoka sonrió al escuchar eso. Los Espíritus de Nagisa se sentían repletos de vitalidad, justo como la propia Nagisa. "Seguro que tenían una razón, ¿verdad?"

Y luego se escucharon muchas voces a la vez, los pequeños Espíritus hablaban al mismo tiempo, en serio estaban emocionados. "Nosotros peleamos contigo". "Nos gusta cuando peleas". "Ellos no buscan a los que pelean". "Tus puños son para proteger".

"Parece que ellos siempre pensaron en ti, Nagisa", dijo Honoka con suavidad.

Nagisa asintió, tenía ganas de llorar pero resistió. "Gracias, chicos".

"Eso sólo confirma que tú eres una Guerrera Espiritual, Nagisa", dijo Honoka apenas su Prometida se compuso lo suficiente. "Tendrás que aprender a concentrarte por tu cuenta para poder hablar con ellos hasta que lo hagas naturalmente", explicó, "pero sé que podrás hacerlo, eres bastante natural por lo que veo, no te has fatigado como creí que lo harías".

"¿Soy fantástica, verdad?" Preguntó una divertida Nagisa y los pequeños Espíritus rieron también. Era lindo escucharlos. Sus voces no le eran tan ajenas, como si ya las hubiera escuchado antes. Seguramente los escuchaba cuando era más pequeña. Suspiró hondo y finalmente abrió los ojos para poder ver a su acompañante y agradecer debidamente la ayuda que estaba recibiendo pero…

Honoka seguía con los ojos cerrados, su lindo gesto concentrado, una suave sonrisa, su piel pálida iluminada por la luz de la fogata… ¡Cómo podía ser tan débil ante esa visión! Apretó los párpados mientras sus mejillas ardían. Suspiró hondo.

"¿Estás bien? ¿No te sientes cansada?" Preguntó Honoka sin abrir los ojos. Podía sentir (mejor que Nagisa) cómo la energía fluctuaba entre sus manos unidas. Ella en especial sentía un muy agradable calor en sus manos y una linda sensación en el pecho que disfrutaba a consciencia. Al menos sus Espíritus decidieron ser un poco más discretos ésta vez.

"Me vendría bien un descanso, gracias", respondió Nagisa de inmediato, como siguiera sintiendo las manos de Honoka y esa extraña sensación en su cuerpo, iba a desmayarse o algo peor. No pensaba caer en los encantos de la señorita Yukishiro. Ya suficiente era tener el título de Prometidas, le bastaba con tratar de ser amiga de ella e iban por buen camino, pero había muchas cosas que la descolocaban y eso la enfadaba un poco.

Suspiró pero no supo si de alivio o por otra cosa cuando las manos de Honoka la soltaron. Apretó sus manos luego de sentir la ausencia de las palmas ajenas. Se tumbó sobre su manta con los brazos extendidos mientras miraba el hermoso cielo estrellado. Volvió a suspirar, de nuevo escuchaba sólo murmullos a su alrededor, lo que quería decir que aún necesitaría el apoyo de Honoka, al menos hasta poder hacerlo por sí misma.

"Lo siento, no los escucho, dejen que descanse, ¿sí?" Dijo Nagisa a los pequeños y de nuevo unos murmullos zumbaron en sus oídos. "Lo volveremos a intentar mañana que anochezca, ¿de acuerdo?"

Supo que le respondieron pero no supo su respuesta exacta. La que sí lo supo fue Honoka y sus mejillas enrojecieron mientras sus propios Espíritus hacían un pequeño escándalo que decidió ignorar, para diversión de los pequeños. Su única reacción fue hacer lo mismo que Nagisa y acomodarse en su manta. No podía dejar de sonreír.

"Lo hiciste bien para ser tu primer intento", dijo Honoka mientras ignoraba a esos pequeños parlanchines. Saber de ellos que a Nagisa le gustó sentir sus manos unidas fue demasiada información. ¡Apenas se estaban conociendo! Admitía que Nagisa le despertaba sentimientos en el pecho pero no debía apresurar las cosas, lo último que quería era asustar a su Prometida con algún comportamiento inapropiado.

Además estaban juntas por un acuerdo de simple conveniencia. No debía olvidar eso.

"Lo hice bien porque me guiaste bien. Gracias, Honoka", murmuró Nagisa sin mirarla.

"Por nada, Nagisa", respondió Honoka también sin mirarla. "Estoy segura de que pronto podrás escucharlos sin mi guía".

Nagisa asintió con un monosílabo pero fue todo. Seguían sin mirarse. Honoka sonreía mientras Nagisa no sabía con exactitud qué cara poner. Lo mejor era dormir. Ya que lo percibía mejor, su cuerpo estaba cansado. El de Honoka también. Cabalgar todo el día también era cansado por mucho que ellas no corrieran.

"¿Segura que estaremos bien si ninguna vigilamos?" Preguntó Nagisa mientras se acomodaba apropiadamente para dormir. La noche era cómoda, tibia. Agradable como su compañía. "No me gustaría que un ladrón nos ataque".

"No te preocupes, nuestros amigos nos cuidarán", respondió Honoka con calma. "Si hay algún peligro cerca, ellos nos despertarán".

Si Honoka estaba tranquila entonces Nagisa también lo estaría. Ambas bostezaron al mismo tiempo, y al darse cuenta de eso, las dos rieron ligeramente.

"Buenas noches, Nagisa, descansa".

"Buenas noches, Honoka. Y gracias por tu ayuda".

"No tienes nada qué agradecer, lo hago con gusto".

Finalmente se miraron la una a la otra y compartieron una sonrisa antes de taparse y dormir.

~o~

Nagisa no sabía exactamente qué hacer y tampoco tenía ni la más pálida idea de cómo terminó en esa posición. Si se movía entonces despertaría a Honoka y quedaría en evidencia. Muy dentro de ella tampoco quería moverse de donde estaba porque era la primera vez que amanecía cómoda como nunca antes. ¿La razón de su comodidad?

Aparentemente fue ella misma la que se movió de su sitio, admitía ser muy inquieta para dormir, y quedó pegada a Honoka, quien a su vez (quizá en sueños) terminó por abrazarla y quedaron en tan comprometida posición. Nagisa contra el cuello de Honoka, Honoka abrazándola con un brazo y su boca pegada a la frente de Nagisa, Nagisa sujetando a Honoka por la cintura con su brazo y más pegada a ella de lo que debería.

¡Porqué rayos Honoka huele tan bien! Gritó Nagisa en pánico para sus adentros.

No se atrevía a moverse. Ya estaba saliendo el sol, podía percibir la luz incluso en su apretada posición. ¿Acaso sus piernas se enredaron con las de Honoka? Nagisa era consciente que gustaba de abrazar las almohadas cuando dormía, pero lo que abrazaba era a su Prometida, no a una almohada. Honoka no debería ser tan cómoda, pensó Nagisa aún en pánico. ¡No puedo creerlo!

Nagisa no era la única despierta, por cierto.

Honoka igualmente fingía dormir mientras era totalmente consciente de su posición actual… ¿¡En qué momento se abrazaron!? No estaba segura pero sus pequeños y entrometidos Espíritus acompañantes le dijeron que Nagisa la abrazó en sueños y ella correspondió el abrazo también en sueños. No que se quejara pero como no se mantuviera calmada, su corazón iba a delatarla. ¡Tenía a Nagisa tan cerca!

Y luego lo pensó mejor. Sólo era un abrazo, no había razón para entrar en pánico. Además el abrazo se sentía muy bien. Un solo suspiro bastó para llenarse del aroma de Nagisa. Un aroma cómodo. Sonrió. Si Nagisa estaba incómoda, la soltaría. No había ninguna necesidad de hacer tan grande algo tan sencillo como un cálido abrazo.

Aprisionó a Nagisa con más firmeza entre sus brazos, la sintió respingar.

"Buenos días, Nagisa".

"Bu-Buenos días, Honoka".

Silencio. Nagisa habló de nuevo, mejor dicho, balbuceó.

"Ah, yo… Esto…"

"Es cómodo".

"Ah… Bu-Bueno, lo es… Creo…"

"¿Quieres que te suelte?"

Nagisa no respondió. Honoka habló contra su cabello mientras no dejaba de sonreír.

"Lo haré si me lo pides".

La guerrera tragó saliva y ella misma se atrevió a sujetar a Honoka con más fuerza por la cintura, se sentía embargada por las sensaciones que su Prometida le provocaba. Quería soltarse, pero no se atrevía a alejarse de ella. ¡Además sólo era un abrazo! Refunfuñó un poco.

"Un rato más", fue lo único que Nagisa pudo decir. Sentía que si escapaba, quedaría como una cobarde ante su compañera. "Y… Y esto no tiene nada qué ver con que seamos Prometidas, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo", respondió Honoka con una sonrisa divertida. "Aún es temprano".

Nagisa no respondió, sólo asintió con la cabeza antes de pegar su rostro al hombro de Honoka. No pudo hablar. Honoka mantuvo su sonrisa.

Se soltaron hasta que sintieron hambre.

CONTINUARÁ…