Algunas veces el Amor es…

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío.

Parte 5 Protectora y Protegida

La palabra "Prometida" había perdido totalmente su significado real con el paso de los días desde que el par de chicas comenzaron su viaje. Cada que Nagisa decía esa palabra para referirse a ella misma o a Honoka, sonaba más como si se llamara a sí misma como la Protectora y a Honoka como la Protegida. Sólo así, Nagisa fue capaz de pensar en esa palabra sin sentirse rara. Honoka la dejó ser, después de todo, no era como si se fueran a casar, solamente era una manera de mantenerse a salvo.

Tenía sentido que Nagisa viera su relación desde ese punto de vista.

Por supuesto, Honoka también prefirió trabajarlo así apenas los pobladores comenzaron a acercarse a Nagisa para agradecerle su trabajo. Les pidió a los padres de Nagisa que mejor no mencionaran sobre el asunto de su compromiso matrimonial con la gente del pueblo. Después de todo, ese era un simple trato y lo mejor era no hacerlo más grande.

Sólo así, Nagisa estaba cómoda llamándose a sí misma "Prometida".

Otra cosa que Honoka le pidió encarecidamente a los pobladores, era que no preguntaran ni mencionaran sobre el asunto del sacerdote espiritual que ayudó a reparar el daño, la excusa que les dio fue que no quería meterlo en problemas con la Orden. Todos lo comprendieron y decidieron mantener el asunto con discreción.

"Oh, ¿entonces tienes como nuevo trabajo proteger a la señorita Yukishiro?" Preguntó Rina, una de las mejores amigas de Nagisa.

A Nagisa, por cierto, le gustó esa versión de la historia. Básicamente porque así era, se trataban de una protectora y su protegida. Asintió con orgullo.

"Estaré con ella durante un año, así que me tendré que ir en un par de días y acompañarla a donde deba ir", explicó Nagisa.

"Por favor, cuida bien de nuestra Nagisa, es muy descuidada y una glotona, te hará gastar mucho en comida, señorita", dijo Shiho, la otra amiga de Nagisa, en tono de broma.

"Nagisa es muy fuerte pero muy bruta, no la vayas a despedir por favor", una divertida Rina continuó el ataque.

"¡Hey!" Nagisa se quejó. "¡No le digan esas cosas a Honoka!" Miró a su Prometida con gesto desesperado. "¡No les hagas caso, ya has viajado conmigo!"

Honoka parpadeó un par de veces y se echó a reír con esa linda risa que siempre dejaba a Nagisa con un gesto tonto por un instante.

"Nagisa hasta ahora me ha cuidado bien", dijo Honoka a las chicas. Le agradaron mucho apenas su Prometida se las presentó. "Yo también la cuidaré tanto como pueda, pueden confiármela", agregó con una sonrisa bastante linda.

Shiho y Rina se miraron entre sí y luego a la protegida de su amiga, y de inmediato se pusieron cariñosas a propósito, rodearon a la chica con un apretado abrazo. Honoka no pudo liberarse ni reaccionar, Nagisa se enfadó más por culpa de la pena.

"¡Señorita Yukishiro, eres maravillosa!" Exclamó una contenta Rina.

"Cuida de nuestra Nagisa, por favor, la vamos a echar de menos cuando te la lleves", Shiho incluso frotaba su mejilla contra la de la chica.

Honoka no estaba acostumbrada a tanto contacto físico. Sus padres solían abrazarla mucho pero hacía años de ello, su abuela a lo mucho le daba un cariño en la cabeza, el asunto que tenía con Nagisa, cualquiera que fuera, era asunto aparte. Sus Prometidos anteriores quisieron intentar algo con ella en afán de ganarse la simpatía de la chica, pero sólo lograron que ella los rechazara de manera poco pacífica. El abrazo que le daban esas chicas era amistoso, exagerado, casi molesto pero no desagradable. Sólo sonrió suavemente y se dejó hacer por ellas.

"Lo haré", respondió Honoka y eso le ganó más abrazos y un juguetón y ruidoso beso en la mejilla de parte de Shiho.

Nagisa reaccionó de inmediato al ver eso.

"¡Hey, ya déjenla!" Exclamó Nagisa de inmediato y recuperó a Honoka con un veloz movimiento pero sin ser brusca. Lo que sí hizo, fue rodearla con un brazo por los hombros. "¡Ella es mi Prome─!"

"¡Protegida! ¡Soy su protegida!" Corrigió Honoka de inmediato con una sonrisa tensa.

Nagisa finalmente reaccionó y se llevó la mano libre a la nuca mientras reía nerviosamente. Honoka suspiró de alivio. "¡Eso! ¡Mi protegida, exacto!" ¡No puedo creerlo, casi lo digo!

Shiho y Rina quedaron un poco confundidas, pero no tardaron en seguir la conversación.

"¿Y cuándo parten?" Preguntó Shiho enseguida.

"En dos días, queremos que los caballos descansen adecuadamente antes de regresar a la Capital", respondió Honoka con recuperada calma. Aún tenía el brazo de Nagisa encima, no sería ella quien se separara del contacto, no todavía.

"¡Oh, bien! Entonces tenemos tiempo de mostrarte el pueblo ahora que está más hermoso que nunca", dijo Rina y miró a Nagisa. "Anda, ya suéltala, no le vamos a hacer nada".

Al escuchar eso, Nagisa soltó a Honoka de inmediato y casi en pánico, tenía las mejillas ardiendo. Se aclaró la garganta de inmediato.

"Quiero mostrarle las minas y los ríos primero", dijo Nagisa apenas se recuperó de su sonrojo. "¡Oh! Y llevarla a ver las canteras más de cerca".

"¡Genial, genial, genial! ¿Vamos a las minas ahora mismo?" Propuso Shiho y miró a Honoka. Ella era la invitada después de todo. "Ahora mismo los mineros están revisando las estructuras. Cuando comiencen a trabajar será más incómodo recorrer la mina, ahora es el momento perfecto".

"Me encantaría", respondió una entusiasmada Honoka.

Nagisa miró a su Prometida con algo de preocupación. No tenía mucho de haber despertado de su siesta. "¿Segura? ¿No estás cansada?" Preguntó.

Honoka sonrió dulcemente. "Ya estoy mejor, gracias. Además volveremos a dormir en unas pocas horas y me recuperaré bien gracias a la comida de tu mamá", respondió y siguió al par de amigas de Nagisa en cuanto comenzaron a caminar. Sin pensarlo, tomó la mano de su Prometida para animarla a andar.

En serio es cálida, pensó Nagisa, recuperando rápidamente el paso. No soltó a Honoka.

"¿Estás cansada por el viaje?" Preguntó Rina luego de escuchar lo que la visitante decía.

"Un poco, no estoy acostumbrada a viajar mucho, pero quise venir personalmente para ver que el sacerdote hiciera un buen trabajo", explicó Honoka, las mentiras le salían tan naturales como respirar.

Nagisa sonrió por lo bajo, tener un secreto con alguien era emocionante. "Y lo hizo, mira cómo quedó todo. Yo creo que hizo un excelente trabajo", dijo, mirando a Honoka de reojo.

Honoka se ruborizó ligeramente y miró al frente, lo que sí hizo fue estrechar con un poco más de fuerza la mano de Nagisa.

"Muchas gracias por la ayuda, señorita Yukishiro", dijo Rina pero no pudo continuar, la visitante la interrumpió.

"Pueden llamarme por mi nombre", dijo Honoka y eso puso feliz al otro par.

Iba a oscurecer en un par de horas así que decidieron que visitarían solamente la mina por ese día. Al día siguiente tenían planeado llevar a Honoka a un picnic cerca del río más grande de la zona luego de mostrarle todo el pueblo. Por supuesto, todos los habitantes con los que se cruzaron en el camino agradecieron a Nagisa por su buen trabajo y a Honoka por su apoyo, se corrió la voz más pronto que tarde que la visitante fue la que consiguió un sacerdote espiritual fuera de temporada.

Y también todos se enteraron que Nagisa viajaría con ella para protegerla durante un año completo, por lo que le encargaron mucho que cuidara de Nagisa… Sólo para molestar a Nagisa, claro.

Los mineros, encantados, le mostraron el interior de la mina a Honoka y ésta estaba maravillada por las increíbles estructuras que sostenían todo el interior de la mina. Le impresionaba la manera en que habían aprovechado las cavernas naturales para poder acceder al interior de la montaña sin arriesgar su integridad. Una entusiasmada Honoka hizo tantas preguntas que los mineros quedaron encantados y respondieron a todo.

Nagisa estaba feliz de ver a Honoka feliz. Tan feliz, que fue Honoka la que monopolizó la conversación durante la cena en casa de los Misumi y les contó todo lo que había aprendido en la mina gracias a los mineros.

"¿Ahora te gustaría ver cómo trabajo yo?" Preguntó Takeshi y sonrió al ver a la chica asentir. "Entonces puedes ir mañana conmigo a la herrería un rato mientras Nagisa y las chicas preparan las cosas para el picnic".

A Nagisa le parecía una gran idea que Honoka pasara tiempo con sus padres, ya que no tenía a los suyos. "Esa es una gran idea, pasaremos a recogerte cuando esté todo listo".

"Muchas gracias", agradeció Honoka con sincera alegría.

Luego de la cena, permitieron que Honoka se bañara primero para que pudiera descansar apropiadamente del viaje.

Luego de un rato, mientras Nagisa se bañaba, Honoka esperaba en la cama. Usaba ropa para dormir de su Prometida y eso la tenía particularmente contenta. La ropa de Nagisa era cómoda y que oliera a ella le daba un extra que la hacía mucho más cómoda. Suspiró hondo y se tumbó en la cama mientras miraba el techo.

Nagisa no tardó mucho en entrar a su dormitorio, terminaba de secarse el cabello con una toalla chica. Notó a Honoka en su cama y de nuevo fue atacada por un ligero sonrojo por culpa de la visión de las piernas de Honoka. Quizá no fue buena idea prestarle uno de sus shorts para dormir. Bueno, sólo usaba shorts para dormir. Se aclaró la garganta.

"¿Cómoda?" Preguntó Nagisa, procurando naturalidad.

"Sí, tu cama es bastante suave", respondió Honoka.

"Lamento que sea un poco estrecha, no es amplia como las camas de tu casa", dijo Nagisa mientras colgaba la toalla mojada en una silla y comenzaba a apagar las lámparas. Debían acostarse ya para que Honoka pudiera descansar. "Puedo dormir en el suelo para que estés más cómoda", dijo en cuanto vio de nuevo lo estrecha que era la cama para dos personas.

"Nagisa, no te voy a sacar de tu cama", dijo Honoka con tono serio. "Además, dormimos juntas cuando acampamos", agregó mientras se encogía de hombros. No veía el problema en compartir una cama apropiadamente.

"Bueno, sí, pero cuando acampamos tenemos todo el suelo disponible", respondió Nagisa mientras se sentaba en la orilla del colchón sin mirar a Honoka.

"Lo sé, más de una vez amaneciste con medio cuerpo fuera de tu manta", comentó Honoka con una risilla y se levantó de la cama para abrirla. Sonrió al ver que Nagisa hizo lo mismo. "Sólo estaremos un poco más juntas que de costumbre", se acomodó bajo las cálidas mantas. "Somos amigas, ¿o no?"

Nagisa rió nerviosamente y terminó de apagar todo para poder acomodarse a su lado. Estaban hombro con hombro.

"Sí, lo somos".

"Y supongo que has estado en casa de tus amigas para pasar la noche, ¿verdad?"

"Sí, las llamamos 'Noches de Chicas' y son muy divertidas".

"¿Ves? Esto es como una noche de chicas".

La cama en serio era estrecha.

Ambas suspiraron al mismo tiempo y, al darse cuenta, se echaron a reír también al mismo tiempo.

"Te divertiste mucho hoy", comentó Nagisa apenas calmó sus risas.

"Sí, me divertí mucho, siempre quise visitar una mina y no puedo esperar a ver qué me van a mostrar mañana", respondió Honoka, girándose sobre su costado para poder mirar a Nagisa.

Nagisa hizo lo mismo. Sus caras quedaron peligrosamente cerca y ambas lo percataron, pero decidieron hacerse las desentendidas y seguir platicando. Eran amigas después de todo, ¿verdad? Una amistosa noche de chicas.

"Los trabajos de papá son muy finos, te van a gustar. Y también te va a encantar el río, comeremos ahí y si quieres podemos nadar. No sería mala idea llevar una muda extra de ropa por si nos mojamos", dijo Nagisa mientras se aferraba a la manta. Encogió sus piernas para acomodarse bien y sus rodillas rozaron las de Honoka. "Ah, lo siento".

Honoka negó. "No te preocupes".

"Ahora me da miedo golpearte si me muevo dormida", comentó Nagisa, apenada.

"Entonces tendré que mantenerte quieta", respondió una juguetona Honoka mientras la rodeaba con sus brazos con fuerza, o al menos toda la que fue capaz de reunir. Estaba imitando uno de los tantos abrazos que las amigas de Nagisa le prodigaron durante la tarde.

Nagisa así lo entendió y se echó a reír.

"¿A eso llamas abrazo?" Preguntó, burlona.

Honoka infló las mejillas con infantil reproche. "Te abrazo tan fuerte como puedo para mantenerte quieta", y apretó todo lo posible el abrazo pero poco logró, sólo ponerse bastante roja por culpa del esfuerzo.

Nagisa rió más y no tuvo problemas en liberarse de los brazos ajenos y ésta vez ser ella quien abrazara a Honoka con firmeza pero sin ser brusca, rió mientras lo hacía. Honoka se sonrojó por culpa del enojo.

"¡No es justo, eres más fuerte!" Reclamó la invitada mientras luchaba por liberarse, incluso sus brazos quedaron atrapados

"Por supuesto que soy más fuerte, tú eres una señorita de casa y yo soy una chica de trabajo duro", Nagisa asintió con orgullo y sin aflojar el abrazo. Era lindo verla luchar.

Honoka miró a Nagisa con gracioso coraje.

"¿Ya te rendiste?" Preguntó Nagisa con malicia.

"No", respondió una terca Honoka y su siguiente ataque hizo respingar a su compañera.

Lo último que Nagisa esperaba era que Honoka decidiera abrazarla por el torso y pegarse a su cuerpo con firmeza.

"¡Ho-Honoka! ¡¿Qué haces?!" Ésta vez fue ella la que entró en pánico e intentó liberarse, pero los brazos de Honoka parecían estar amarrados a su cuerpo.

"Si te sostengo así ya no me vas a golpear como tanto temes", dijo Honoka con seria voz, o al menos tan seria como podía porque tenía el rostro contra el cuello de Nagisa. Sus manos se aferraron a las prendas ajenas, sus piernas casi se enredaron con las de su compañera en un intento de pegarse todo lo posible a ésta. Respiró fuerte para mantener sus fuerzas. El dulce aroma de Nagisa le llenó las narices y eso la sonrojó intensamente.

Por su lado, Nagisa fue inundada por un calor que no conocía y por ese aroma que le era agradable pero que ésta vez llegó más como una tormenta que como una suave brisa. Los brazos de Honoka en su cuerpo se sentían… Se hacían sentir. Pudo percibir cómo le respiraba en el cuello, su piel se erizó. ¡No puedo creerlo! Gritó para sus adentros.

"¡Se siente muy raro! ¡Suéltame, por favor!" Pidió una Nagisa en pánico, su voz ahogada sin darse cuenta, y de pronto sintió que los brazos de Honoka la dejaban ir de golpe. Se confundió un poco. Vio a Honoka separarse para acomodarse en su lado de la cama y mirarla con vergüenza y el rostro rojo como carbón ardiente. "Ah… ¿Honoka?"

"Lo siento, no quería hacerte sentir incómoda", dijo Honoka, tan avergonzada que no podía sostener su mirada más de dos segundos.

"Ah… Yo…" No era que Nagisa estuviera incómoda, solamente fue una sensación demasiado intensa. Se encogió de hombros sin saber qué decir. De hecho no pudo hablar por largos segundos, lo único que pudo hacer fue evadir ligeramente la intensa mirada de Honoka. Que la Luna iluminara lo suficiente su habitación poco ayudaba. Honoka se veía muy bonita iluminada con la luz de la Luna que se colaba entre las cortinas. Su cuerpo aún resentía ese apretado abrazo.

"Creo que… Estos jugueteos están un poco más allá de lo permitido, me disculpo por ello, no volverán a repetirse", Honoka siguió hablando a falta de una respuesta por parte de Nagisa. Como pudo le sonrió para suavizar el ambiente. "Descansa, Nagisa. Buenas noches". ¡Debes calmarte o ella estará incómoda a tu lado! Se regañó a sí misma y se giró para acomodarse de costado y darle la espalda a Nagisa.

Nagisa de nuevo sintió pánico, pero ésta vez ante la idea de haber hecho sentir mal a Honoka. Suspiró muy hondo y decidió al menos aclarar ese punto.

"No me molestaste", respondió al fin una apenada Nagisa. Quiso tocar su espalda pero su mano se detuvo antes de hacer contacto.

"Me alegra saberlo", la voz de Honoka sonaba tensa y apenas audible. Estaba tan apenada como Nagisa y comprendía que ésta quisiera ayudar a componer el ambiente.

Ninguna de las dos pudo decir más, culpa de la pena y lo extrañamente intenso de toda la situación. Honoka se portó juguetona e hizo más contacto del permitido. Nagisa siguió el juego y de pronto sintió algo que la sobrepasó por completo. Lo mejor era tomarse las cosas con calma antes de hacer un lío innecesario.

Ambas tardaron en conciliar el sueño.

~o~

Para cuando Nagisa abrió los ojos, estaba sola en la habitación. Pudo escuchar risas y voces desde fuera de su cuarto y perezosamente se sentó en la cama. Aún era temprano, su cuerpo se lo decía… ¿Por qué debía levantarse tan temprano?

Se quedó viendo el muro tres segundos antes de reaccionar.

"¡Cierto! ¡La salida con Honoka!" Exclamó Nagisa y la sonrisa que se iba a formar en su boca no se completó. "Oh, cierto…" Se cubrió el rostro con ambas manos. Lo de anoche fue raro y al parecer ya habían puesto un límite entre ambas, pero eso estaba bien, ¿verdad? Es decir… Si Honoka la abrazó fue de manera juguetona, estaban jugando después de todo, pero seguía sin entender por qué se sintió tanto. No era como cuando sus amigas la abrazaban e incluso le besaban las mejillas. Con Honoka todo se sentía raro. ¿Será porque sé que a ella le gustan las chicas? Se preguntó Nagisa mientras se frotaba el rostro y el cabello por culpa de la confusión.

Era posible, no estaba segura. Quizá era culpa de su relación como Prometidas que no era en serio pero había ocasiones en las que se preguntaba cómo era posible que una chica fuera tan bonita. Lo más seguro era que Honoka simplemente se dejó llevar por el jugueteo como con Shiho y Rina que se portaron muy físicas y quiso recrearlo con ella y… Bueno, no logró el efecto deseado.

Tal vez no fue un lío de Honoka si no de ella misma. Seguramente estaba aún confundida con todo ese asunto. No debía, era claro que no se iban a casar y sólo estaba protegiendo a Honoka de esos sujetos del Consejo. No debería ser difícil pero Honoka no lo hacía fácil.

No debería ser tan linda, me hace las cosas más difíciles, reprochó Nagisa en su cabeza mientras se decidía a cambiarse de ropa, tender la cama e ir a la cocina donde se escuchaba un pequeño escándalo, las risas de su madre más que nada… Y las lindas risas de Honoka.

Por su lado, Honoka decidió por mantener sus muestras de afecto físicas de lado, no debía pasar el límite con Nagisa. La relación que tenían era una amistad recién nacida y a la que le hacía falta crecer, no era profunda como la que su Prometida tenía con sus amistades del pueblo; muy normal considerando que los dedos de las manos les sobraban para contar los días que llevaban de conocerse. Se dejó llevar y olvidó por completo que sus tratos con Nagisa tenían límites bien marcados. Honoka sabía que podía tomar las manos de Nagisa durante las prácticas de meditación y de vez en cuando si la situación lo pedía, pero nada más allá de ello.

Subió muchos escalones de un salto y ahora debía bajar al punto de salida.

Al menos Nagisa no estaba enfadada, era cuestión de controlarse y no olvidar que Nagisa solamente la estaba escudando gracias a un acuerdo. No debía abusar del voto de confianza de Nagisa y de su familia. Y de todo el pueblo, vaya, ya todos sabían que Nagisa sería su protectora durante todo ese año.

Sí, eso debía hacer, mantenerse respetuosa y a distancia. Estarían juntas por un año, debía comportarse y no hacer que las cosas se pusieran tensas. Honoka pensaba en ello mientras ayudaba a la mamá de Nagisa con el desayuno y platicaban de mil y un cosas. A momentos, Honoka no evitaba el fugaz pensamiento de que hubiera hecho actividades como esa junto a su madre si estuviera con vida. Amaba a su abuela, ella era su única familia, pero había lugares que no se podían reemplazar.

Rie supo leer eso en el rostro de su invitada, le dejó una canastilla con verduras en las manos, le sonrió.

"Pica éstas verduras, por favor, la sopa estará pronto gracias a tu ayuda".

"Me gusta ayudar" Honoka de inmediato se puso a trabajar.

"Eres una buena chica, pequeña Honoka", dijo Rie con cariño y siguieron cocinando.

Nagisa bajó no mucho después, más despierta y compuesta luego de una noche de sueño y un extraño despertar. Incluso arregló su cuarto a conciencia para despejar su mente, se sentía nerviosa por encarar a Honoka, pero la vio muy contenta picando verdura.

"Buenos días, mamá", saludó Nagisa mientras se estiraba un poco. "Buenos días, Honoka", trató de sonar casual como siempre. De hecho vio una sonrisa en los labios de Honoka que de alguna manera la tranquilizó.

"Buenos días, Nagisa", respondió la invitada con su sonrisa afable de siempre y siguió picando la verdura como se le pidió.

"Buenos días", fue el turno de Rie de responder.

"¿Necesitan ayuda?" Preguntó Nagisa al verlas bastante ocupadas. No era la mejor en la cocina pero sí podía picar lo que le pidieran.

"Honoka ya me está ayudando bastante, pero puedes ir por el pan de una vez antes de que se acabe el recién horneado", dijo su madre y le dio unas monedas. "Trata de no comerte el pan en el camino", advirtió.

"¡Mamá, no soy una glotona!" Se quejó Nagisa mientras iba por una canasta que estaba colgada en el muro.

Honoka estuvo a punto de decir que sí lo era pero decidió callar, se quedó con la palabra en la boca y siguió con lo suyo. Se repitió a sí misma que debía medirse en sus tratos, se lo estuvo repitiendo desde que despertó y lo cumpliría. Puedo hacerlo, se animó a sí misma y mantuvo su atención en la verdura.

"Lo eres, ahora anda, ve por el pan", Rie sacó a Nagisa de la casa y la escuchó refunfuñar. Miró a Honoka. "Así es siempre aquí en casa, somos muy ruidosos en el desayuno", explicó la madre con una sonrisa. "Y espera a que mi esposo y mi hijo se unan, espero que no te sientas incómoda", se disculpó por anticipado. Seguramente las horas de la comida de esa chica y su abuela eran más bien silenciosas.

Estaba en lo cierto.

Honoka negó. "No estoy acostumbrada a ambientes tan animados pero no me molestan, al contrario, son muy divertidos" de ver, eso último sólo lo pensó. Por lo mismo que no estaba acostumbrada, le costaba mucho integrarse y terminaba en calidad de testigo y no de participante. Ya Nagisa lo había comentado durante su viaje, la casa de Honoka era muy tranquila y silenciosa.

"Te acostumbrarás si nos sigues visitando, eres bienvenida aquí cuando quieras, no lo olvides", dijo la madre de familia con cargado cariño. Entre ambas siguieron con el desayuno. "Sé que lo que tienes con Nagisa es sólo un trato, pero no te olvides de venir de vez en cuando, ¿de acuerdo?"

"Oh, estaré viniendo, tampoco quiero alejar a Nagisa de ustedes por tanto tiempo, vendremos aquí tanto como nos sea posible", era todo lo que Honoka podía prometer, dependía de lo que el Consejo tuviera planeado. Obviamente ellos no la dejarían ir tan fácilmente. Tomó aire de manera discreta.

Rie sonrió suavemente al ver el gesto serio de Honoka, le dio un cariño en la cabeza.

"Nagisa te mantendrá a salvo, te lo garantizo", dijo la mujer con voz segura.

Honoka miró a la ama de casa con seriedad. "Y a cambio yo cuidaré de ella y la traeré personalmente a casa cuando todo esto acabe".

"Gracias, pequeña".

Compartieron una sonrisa.

No mucho después, y justo como dijo Rie, el desayuno fue bastante escandaloso. Honoka no se integraba en el alboroto pero se notaba divertida y bastante entretenida, sonreía y les daba la razón tanto como podía. Lo que hizo, por otro lado, fue mantener una sonrisa más neutral. Procuraba mantenerse dentro del límite que ella misma se impuso. Nagisa lo notó.

Sigue afectada por lo de anoche, pensó Nagisa entre bocados. Debía aclararle a Honoka que no la molestó, simplemente la tomó por sorpresa, pero esa era una plática que requería estar a solas con ella y no lo estaría al menos por ese día. Tendría que esperar hasta el anochecer.

Justo como estaba planeado, Honoka se fue con el padre y el hermano de Nagisa a la herrería a verlos trabajar. Nagisa fue con sus amigas a preparar todo lo que necesitaban para el paseo de ese día. Fue lindo ver a Honoka entusiasmada luego de visitar la herrería y preguntar mil y un cosas como era su costumbre. Y justo como el día anterior, Nagisa notó a Shiho y a Rina igual de juguetonas y físicas con Honoka. Honoka no se veía incómoda.

"¡Apresúrense o las dejaremos atrás!" Gritó Rina mientras subía una empinada colina junto con Shiho. Esa era la ruta más corta a las canteras y el sitio con mejor vista de toda la región. Normal que su invitada estuviera más atrás, no tenía mucha condición física.

"¡Enseguida las alcanzamos!" Respondió Nagisa y sólo negó con la cabeza al ver que sus amigas se adelantaban. Ellas llevaban las canastas con la comida. Miró a Honoka. "¿Estás bien? Podemos tomar un descanso", sonrió con cierta gracia. Honoka estaba agitada y no la culpaba. "No vayas con prisa, no les hagas caso a esas tontas".

"Estoy bien, gracias, sólo debo mantener el paso y respirar bien", dijo Honoka pero sus palabras y su estado no concordaban. Respiró hondo y siguió caminando con paso firme. "Quiero ver el paisaje del que me contaron".

"Es hermoso, te va a encantar", aseguró Nagisa y sin pensarlo le tomó la mano con todas las intenciones de apoyarla. "Vamos, ya casi llegamos a la cima", pero no pudo avanzar ni dos pasos, sintió a Honoka tensa y la miró. "¿Honoka?"

"Puedo caminar sola, no te preocupes", dijo la chica mientras se soltaba gentilmente de Nagisa. Tampoco era tonta y sabía exactamente cuál era el asunto que ambas estaban arrastrando. Lo mejor era ser directa y sincera. "Sé que me he estado tomando demasiadas confianzas contigo, sobretodo anoche. No se repetirá, lo prometo".

"Honoka, eso…" Pero Nagisa de pronto no supo qué decirle, el gesto de Honoka parecía calmado pero pudo notar un fugaz dejo de tristeza en sus ojos. "Yo…"

Honoka le sonrió dulcemente. "Estaremos juntas por un año, así que pondré todo de mi parte para que nuestra asociación sea lo más cómoda posible, tienes mi palabra", continuó. "Eres mi protectora y yo tu protegida", esa era su relación en realidad. La palabra 'Prometidas' estaba un poco fuera de lugar a decir verdad.

Nagisa sintió esas dulces palabras cual golpe directo al estómago.

CONTINUARÁ…