Algunas veces el Amor es…
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío.
Parte 6 Acuerdos y Beneficios
El paseo fue todo lo que le prometieron a Honoka y más. El paisaje era precioso, los ríos hermosos y llenos de peces, los campos reverdecidos tan repletos de vida que a Honoka apenas le alcanzaban los ojos para admirar todo. A momentos olvidaba que había sido ella quien con su poder ayudó a recuperar la zona. Sus acompañantes estaban contentas de verla tan entusiasmada, tan entusiasmada que aceptó jugar en el río y mojarse.
Ver la linda sonrisa de Honoka hizo sonreír a Nagisa también. Estaba feliz por ella, desde luego, pero algo no la tenía del todo tranquila. La joven guerrera no iba a negar sentirse muy rara por culpa de Honoka. Ya se había atrevido a muchas cosas últimamente: la había abrazado, besó su mejilla ayer por la tarde, había tomado su mano incluso sin que sea necesario, sólo por el simple gusto de hacerlo.
Aunque los gestos eran los mismos, Nagisa sabía que no era lo mismo que con sus amigas. Con Shiho y Rina incluso podía jugar rudo, empujarlas juguetonamente, despeinarlas, molestarse con ellas y volver a abrazarse a los cinco minutos. Pero Nagisa no podía hacer ninguna de esas cosas con Honoka, no se atrevía. No era lo mismo en lo absoluto, cuando tomaba su mano a veces no quería soltarla, sus sonrisas eran lindas y quería ver más, sus bromas con ella no eran pesadas y abrazarla era… Especial.
Seguramente estaba confundida, nunca había estado en una situación tan extraña y no ayudaba para nada que Honoka fuera extremadamente bonita. Quizá se tomaron confianzas demasiado rápido, con el tiempo podría recuperar esos gestos con ella sin sentirse como si estuviera cometiendo un crimen con tan sólo mirarla como lo estaba haciendo en ese momento.
No puedo creer que se vea tan bonita, reclamó Nagisa en su cabeza mientras ahogaba un suspiro que casi se le escapó.
Habían pasado un par de días desde el incidente en su cuarto y no había mejorado la situación en lo absoluto.
Por cierto, ¿qué era lo que estaba viendo Nagisa en ese momento y la tenía tan embobada?
Honoka estaba sentada sobre una roca plana en la cima de la pequeña colina que eligieron para su hora de la comida. Justamente habían acabado de comer, Shiho y Rina tomaban una siesta pero Nagisa decidió no unírseles aunque sí se recostó junto a ellas. No quería dormir, sentía que debía cuidar de Honoka incluso en el sitio donde estaba más a salvo. Se quedó mirándola, Honoka les daba la espalda.
El cabello de Honoka se movía con la brisa, los espíritus del viento la saludaban a su manera y le decían lo lindo que era su poder. Todo a su alrededor la estaba saludando y Honoka los escuchaba con una sonrisa y los ojos cerrados. Era la primera vez que podía usar su poder en una zona de ese tamaño y admitía sentirse bastante orgullosa de sí misma. Se lo contaría a su abuela llegando a casa. Partirían al día siguiente. Estaba aprendiendo tantas cosas que no podía creerlo.
Quizá la única nube gris en el buen humor de Honoka era lo sucedido con Nagisa, pero pronto pasaría ese incidente y tendrían la oportunidad de intentarlo una vez más y dejar que su relación y su amistad tomaran un rumbo más respetuoso, Honoka podría volver a subir los escalones uno por uno hasta poder bromear físicamente con Nagisa sin que ésta se sintiera incómoda. No quería que Nagisa se sintiera incómoda a su lado, la apreciaba mucho y no quería alejarla.
Honoka respiró hondo y se llenó el cuerpo del aire fresco de las montañas. Debía esperar a que sus guías despertaran, no le molestaba esperar, al contrario. Podía darse el tiempo de platicar con los pequeños que la rodeaban.
"Me alegra que se sientan más tranquilos", murmuró Honoka entre labios. De nuevo sintió la brisa jugar con su cabello. Rió suavemente. "Cuiden de las personas que viven aquí, por favor, todas son buenas y sé que ustedes ya lo saben", y los Espíritus le dieron la razón y la felicitaron por su buen trabajo. "Gracias, prometo venir después".
Mientras platicaba, escuchó pasos a su espalda, calló de inmediato y miró hacia atrás. Era Nagisa quien se estaba acercando a ella. Se relajó de inmediato.
"Pensé que tomarías una siesta también", comentó Honoka mientras hacía espacio para que Nagisa se sentara también en la roca. Volvió su vista al frente casi de inmediato.
"Puedo dormir más al rato que volvamos a mi casa", respondió Nagisa mientras se encogía de hombros. Notó tranquila a Honoka. Quizá sólo se estaba haciendo un lío innecesario en su cabeza, lo mejor era confirmarlo. Ya había pasado por malas experiencias por culpa de su manía de saltar a conclusiones como campeona con historias incompletas y rumores. "Oye, Honoka", abrazó sus propias rodillas.
"¿Mmm?"
"Estamos bien, ¿verdad?"
"Lo estamos".
"Es sólo que… Te he sentido un poco rara y… Bueno… Lo siento, creo que fui muy… Ah… Lo siento".
Honoka negó suavemente con la cabeza y miró a su protectora. "No te disculpes, al contrario. Quiero saber si hago algo que te ponga incómoda o que te enfade", respondió de inmediato, seria. "Me agradas mucho. Sé que te pagué para que me sirvas de escudo y… Y no suena bien ahora que lo digo así, ¿verdad?" Dijo con una risa pequeña y nerviosa.
"Ese fue nuestro trato… Aunque sí suena un poco raro", Nagisa también rió nerviosamente.
"En serio quiero ser tu amiga", Honoka se encogió de hombros al decir eso. "Pero como puedes ver, no tengo mucha experiencia en esto…"
Nagisa bufó con gracioso enfado. "Lo estás haciendo bien, Shiho y Rina ya te adoran".
Honoka rió otra vez. "Ellas me agradan mucho".
"Sólo no se los digas o no te las vas a quitar de encima", Nagisa suspiró y luego miró a Honoka, apenada. "También me agradas… Ah… Y lo que pasó, en serio no te disculpes, estábamos jugando y me tomaste por sorpresa, fue todo".
Honoka se ruborizó ligeramente y volvió a mirar al frente. "Yo…"
"Yo también me he tomado confianzas contigo", tan sólo recordar que besó su mejilla hizo arder su rostro.
"Pero lo de la otra noche…"
"Sólo me abrazaste fuerte y… Bueno… Me estabas haciendo cosquillas y las cosquillas no me gustan, eso pasó", fue lo único que Nagisa pudo decir. No tenía la cara ni el valor para decirle que sintió un escalofrío de cuerpo entero al sentirla respirando contra su cuello, mucho menos podía decirle que esa sensación despertó algo caliente en su cuerpo. Eso sí sería raro. "Exageré mucho, fue todo. Lo siento".
"Entonces… ¿No estás incómoda conmigo?" Preguntó Honoka sólo por confirmar.
"No, no lo estoy", respondió Nagisa de inmediato. "Y yo sé bien que no te sobran los amigos en la Capital, así que tampoco puedo culparte si haces algo raro… Ah, ya sabes, raro de… Ah…" Se rascó la nuca, incapaz de explicarse.
Honoka supo entenderla, sonrió. "Comprendo", dijo de inmediato. "Culpa mía, puedo socializar perfectamente bien pero hacer amistades no se me da, al menos no con gente de mi edad", refunfuñó e imitó la posición de Nagisa, abrazó sus piernas también. "Los únicos chicos de mi edad que se han acercado a mí ha sido para tratar de ganar mi mano. Y las chicas normalmente no se me acercan y yo tampoco me acerco mucho porque… Bueno, ya sabes".
Nagisa no pudo evitar una sonrisa incómoda. "A veces las personas son malas", dijo en voz baja. Si esas chicas de ciudad supieran que a Honoka le gustaban precisamente las chicas, quizá no todas estarían cómodas con tenerla cerca. A saber si harían algo más agresivo contra su protegida. "Pero cuando eso pasa, las personas cercanas a ti se vuelven más importantes", y claramente Honoka no tenía TANTAS personas cercanas, frunció el ceño al pensarlo. "Lo siento…"
Honoka rió. "Tengo personas así, pero que sean de mi edad… Sólo tú y quizá un chico".
"¿Chico?" La curiosidad de Nagisa despertó de inmediato, incluso se giró para encarar bien a Honoka. "¿De verdad conoces a un chico?"
Honoka no pudo responder, de pronto un par de voces se unieron.
"¿Un chico?"
"¿Te gusta un chico, Honoka?"
Shiho y Rina rápidamente se unieron a ellas sobre la roca, estaban un poco apretadas pero lograron acomodarse. Nagisa gruñó, Honoka rió dulcemente.
"No, pero el chico del que hablo es un amigo que conozco desde niña pero al que no he visto desde hace algunos años", respondió Honoka. "Es hijo del socio principal de mis padres, la persona que cuida de los negocios de mi familia hasta que yo me pueda hacer cargo de ellos".
Shiho y Rina asintieron, Nagisa no, pero estaba al tanto de que los contratos de los padres de Honoka eran protegidos por su gente de más confianza. Shiho y Rina sólo sabían que la chica era huérfana de padres, que su abuela la cuidó y que precisamente sus padres fueron los benditos mercantes que trajeron el chocolate al reino.
"¿Y es guapo?" Preguntó Shiho con emoción. "Nos lo podrías presentar si a ti no te gusta".
"Supongo que es guapo. Actualmente debe ser tan alto como su padre, siempre ha sido atlético, su cabello y ojos son castaños, su sonrisa es linda… Creo", Honoka se llevó una mano al mentón mientras hacía memoria. "Como les comenté, hace años que no lo veo, pero hasta donde puedo recordar, era bastante popular con las chicas de la ciudad. Es un año mayor que yo y fue enviado a la Academia Militar apenas cumplió la edad para ingresar", es decir, a los trece años, un dato de conocimiento general. "No lo veo desde entonces pero sé que está bien, su padre me dice que está haciendo muchos méritos".
"Guapo y con uniforme, ¡debe ser todo un galán!" Gritó Rina con emoción.
"Seguramente lo es", respondió Honoka con una sonrisa divertida.
"Lo más probable es que Nagisa lo conozca primero, un año es mucho tiempo y puede que ese guapo chico las visite", comentó Shiho mientras codeaba juguetonamente a Nagisa.
Nagisa frunció el ceño y de todos modos se sonrojó. Por como Honoka describió al chico, sonaba como alguien bastante atractivo. Se aclaró la garganta.
"Ya que despertaron, ¿seguimos con el paseo? Tenemos que ir a las canteras, es el único sitio que nos falta", por supuesto que Nagisa desvió el tema por completo. Sus amigas sabían lo mucho que ella deseaba a un lindo novio, como las demás chicas del pueblo. Y también les sorprendió que rechazara a aquel agradable y ruidoso chico, muy lindo a opinión de sus amigas. "Tenemos que aprovechar lo que resta del día, partimos mañana".
"¡Vamos, Honoka, tenemos que ir a la cantera, te va a encantar!" Shiho fue la primera en animarla a levantarse. Recogerían su pequeño picnic y seguirían con el paseo programado.
Los últimos dos días habían sido muy divertidos para Honoka.
Nagisa estaba feliz por ver a Honoka tan feliz.
Y más feliz estaban ambas luego de arreglar su pequeño malentendido.
~o~
Luego de despedirse de todos en el pueblo, Nagisa y Honoka comenzaron su viaje de regreso a la capital del reino. Ésta vez no había prisa por llegar así que viajarían holgadamente, llegarían quizá en seis o siete días. Y en las noches de cada uno de esos días, ambas siguieron practicando para mejorar la conexión espiritual de Nagisa.
Para sorpresa y alegría de Honoka, Nagisa estaba mejorando a pasos agigantados, ¡era muy talentosa!
Era su última noche acampando, llegarían al día siguiente, calculaban que alrededor de mediodía y aprovechaban cada momento de la noche para practicar. Nagisa en especial estaba emocionada porque ya podía escuchar al menos a los espíritus que siempre estaban con ella sin ayuda de Honoka. Le costaba hablar con los demás, pero sus rayitos (así llamaba cariñosamente a sus pequeños acompañantes) traducían para ella lo que decían los otros espíritus a su alrededor.
"No creo que sea buena idea que uses una técnica así en una persona", comentó Honoka con gracia mientras veía a Nagisa practicar golpes de espada ¡con su espada cargada de electricidad! ¡Pudo imbuir su arma con el poder de los espíritus! Esa claramente era la señal de que Nagisa había nacido para ser una guerrera espiritual. Estaba francamente sorprendida.
"Lo sé, pero en una situación de emergencia seguro que me sirve", comentó Nagisa alegremente.
"Te doy la razón", respondió Honoka con una sonrisa. "Creo que a partir de ahora sólo será cuestión de que medites y sigas por tu cuenta. Ahora que ya puedes entender a tus amigos avanzarás a tu propio ritmo".
Nagisa frunció graciosamente el ceño. "Prefiero meditar contigo", dijo con reproche.
"Oh", Honoka casi rió. "Supongo que podemos seguir haciéndolo por las noches, me gusta esa idea, eres la primera persona con la que tengo oportunidad de meditar así. Es agradable", agregó, tratando de controlar el calor que atacaba su rostro.
Nagisa sonrió por lo bajo antes de que una duda la atacara. "Oye, Honoka, ¿tu abuela puede hablar con los espíritus?"
"Solamente puede escucharlos, pero no usar su poder así como lo hago yo y menos como lo haces tú", Honoka se llevó una mano al mentón, buscando una explicación simple. "Nació con la habilidad de escucharlos y percibir cuando están calmados o cuando hay una anomalía, pero fuera de ello, no puede manipularlos ni pedir su poder. Muy por el contrario, son los espíritus quienes la han ayudado muchas veces", miró a Nagisa con una sonrisa. "Ella me contó que cuando era más joven que nosotras ahora, fue cuando el reino pasó por una guerra de cuatro años y dejó mucha destrucción y desolación. Los espíritus nunca la desampararon, siempre le procuraban agua y frutos y ella a su vez repartía esos recursos con los niños que había salvado".
"Wow… Tu abuela en serio es genial".
"Lo sé", Honoka sonaba orgullosa.
"¿Y los de la Orden Espiritual no intentaron reclutarla?"
"Mi abuela los evadió, fue casi como sucedió contigo, no pudieron encontrar nada en ella y la dejaron en paz. No pueden hacer nada con alguien que sólo le es agradable a los Espíritus", explicó con una sonrisa. "Como el reino seguía reconstruyéndose luego de esa guerra, mi abuela comenzó a viajar. A donde iba ella y hacía falta comida, los Espíritus daban abundancia, y a donde ella fuera y tuvieran todo, ellos no hacían nada. A los Espíritus les gustaba que ella repartiera los recursos así que daban más. Mi abuela se hizo mercante pero a veces ni siquiera cobraba por las mercancías, simplemente hacía intercambios y ayudó a que mucha gente no muriera de hambre".
"Entonces tus padres fueron mercantes gracias a ella, ¿verdad?" Preguntó Nagisa.
"Sí, pero ellos lo hicieron de la manera tradicional", Honoka rió. "Mi padre no nació con este poder pero sí con muchas buenas ideas".
"El chocolate fue la mejor de todas las ideas", comentó Nagisa con alegría.
Ambas rieron.
"Creo que ya deberíamos dormir, tenemos que llegar a la capital", dijo Honoka y su compañera asintió.
Acomodaron todo para poder descansar, sus mantas posicionadas una junto a la otra. Ya recostadas, Nagisa miró a Honoka de reojo por un momento antes de ver las estrellas que tenían encima. Se ruborizó ligeramente.
"¿Te gustó visitar mi pueblo?"
"Me encantó, es un sitio muy hermoso, espero que podamos visitarlo de nuevo", respondió Honoka y miró a Nagisa, pero ésta tenía su atención en el cielo. La imitó.
"No sé exactamente qué nos espere cuando regresemos a la capital, pero cuando podamos, vayamos de nuevo", una apenada guerrera se cubrió hasta la nariz con la manta. "Me gustó verte contenta mientras paseábamos".
"Estaba contenta mientras paseábamos", respondió Honoka con singular alegría. "Cuando lleguemos yo tendré que seguir estudiando para poder tomar el lugar de mis padres", pensó un poco. "No tienes qué quedarte conmigo todo el tiempo, eres libre de hacer lo que quieras en la capital".
"No me vendría mal entrenar, necesito defenderte de esos sujetos", comentó Nagisa con el ceño fruncido. "No me gusta estudiar pero puedo entrenar mucho y estar lista para cuando me reten".
"Será seguido, no estarás aburrida".
Ambas rieron otra vez y suspiraron al mismo tiempo.
"Buenas noches, Honoka".
"Buenas noches, Nagisa".
Hubo unos segundos de silencio.
"¿Podemos tomarnos de la mano?" Preguntó una tímida Nagisa.
"Por supuesto", fue la inmediata respuesta de Honoka.
Durmieron tomadas de las manos. Despertaron abrazadas pero ninguna dijo nada.
~o~
"¡Ella será mía!" Gritó un chico alto de cabello rubio cenizo, atacó a Nagisa con una espada delgada que manejaba con bastante habilidad.
Lamentablemente para el pretendiente en turno, no era rival para Nagisa Misumi. La espada negra de Nagisa era lo suficientemente resistente y sólida como para hacer pedazos la espada ajena de un solo movimiento. Una vez desarmado, el chico quedó a merced de Nagisa. Un golpe en el estómago con el codo bastó para que el pretendiente cayera de espaldas al piso, sin aire, derrotado.
Era el tercero de la semana. Honoka tuvo razón, Nagisa no tenía tiempo de aburrirse.
Nagisa Misumi llevaba poco más de dos meses viviendo en la mansión Yukishiro y ya había derrotado a más de treinta oponentes al hilo, ni uno solo de ellos había probado ser oponente para la chica. Nagisa podía sentirse orgullosa de ello, ninguno de esos muchachos mimados de casa se comparaban a los crueles bandidos que estaban dispuestos a abrirte el estómago con una daga oxidada a la primera oportunidad.
Estaba acostumbrada a pelear por su vida y por la paz de su hogar, enfrentarse a muchachos nobles que nunca habían tenido la necesidad de defender sus propias vidas era un juego de niños.
"Gané", declaró Nagisa con firmeza, una pizca de orgullo y un porte serio. Aunque aliviada por ganar, tampoco era del tipo que refregara su victoria en la cara de sus oponentes. Nagisa era una peleadora honorable cuando la situación lo requería. "Yukishiro Honoka sigue siendo mi Prometida", declaró, hizo un saludo a su oponente caído y se fue.
Ya casi era hora de comer, debía ir por Honoka a la oficina donde estaban los socios de sus padres y con quienes estudiaba finanzas, geografía, historia y un montón de materias más que Honoka aprendía con gusto y que mareaban a Nagisa con tan sólo numerarlas.
Nagisa se sentía particularmente contenta por cómo estaba pasando su tiempo como la Prometida de Yukishiro Honoka. Podía decir que eran amigas… Podía decir algunas cosas más pero esas aún necesitaban tiempo para poder ponerlas en palabras más exactas.
Por el momento se concentró en ir directo a las oficinas de los Yukishiro, que estaban a un par de calles de la mansión Yukishiro. Era una edificación más bien simple con una fachada en colores brillantes y el escudo de la familia de Honoka en la parte alta. Había un sótano perfectamente protegido donde guardaban archivos viejos y no tan viejos con todas las anotaciones y antiguos contratos. Ahí trabajaban cuatro personas, el socio de los padres de Honoka y tres ayudantes, dos hombres y una mujer, los tres de edad avanzada.
"¡Señor Fujimura, buenas tardes!" Saludó Nagisa apenas entró a la oficina. El que estaba siempre al frente era Kento Fujimura, un hombre ya entrado en sus cuarentas.
"Oh, Nagisa, justo a tiempo, pasa", le recibió el hombre de buena manera. "Honoka está donde siempre, ve por ella para que pueda comer algo". Kento tenía a Nagisa en buena estima y además, como allegado de los Yukishiro, se le hizo saber del trato que tenían ambas chicas y que no se casarían, estaba al tanto de que Nagisa escudaba a Honoka por voluntad propia y lo agradecía mucho.
"Enseguida voy, gracias", respondió Nagisa. El hombre era muy agradable, todos ahí lo eran y cuidaban mucho de Honoka.
"Estás herida".
"¿Esto?" La guerrera se señaló la cara, "no es nada, no se preocupe. No me pueden ganar con trampas", declaró, seria.
"Me alegra".
Honoka estaba aprendiendo administración y contabilidad, era bastante interesante y se le notaba concentrada, pero salía de su estado concentrado apenas escuchaba la voz de Nagisa.
"Señorita Yukishiro, hora de ir a comer", anunció Nagisa apenas entró. Saludó de buena gana a la mujer que le daba clases a Honoka. "Yo me encargo de que coma bien".
"Muchas gracias, pequeña Nagisa", respondió la agradable mujer y miró a Honoka. "Por hoy terminamos, ve a comer y luego a casa, anda".
"Entendido", una obediente Honoka guardó el libro que estaba estudiando en su bolso y se reunió con Nagisa, sólo para ser recibida como se estaba haciendo costumbre: Nagisa le ofreció su brazo de manera juguetona. Sonrió y se sujetó de ella. "Gracias".
"Hey, soy tu Prometida, debo mostrarme como tal", respondió Nagisa con agrado.
Honoka iba a responder algo pero se puso seria al notar el rostro maltratado de Nagisa. Se le soltó para tomarla bien de la mano y llevarla al cuarto de baño.
"Primero hay que encargarnos de éstas heridas", dijo Honoka con seriedad.
Nagisa sonrió, "como tú digas". Algo que había aprendido con el tiempo era que Honoka podía ser terca como una mula. La primera vez que se negó a que le curara las heridas su Prometida se la llevó arrastrando, Nagisa peleó un poco pero sólo logró ganarse un gesto serio y preocupado de parte de Honoka, cedió de inmediato.
Honoka usó un pequeño equipo de curación que tenían ahí. Sólo eran golpes, algunos moretones y un par de cortadas, lo primero era atender las cortadas. Lo hacía con concentración y seriedad, con la diestra curaba a Nagisa y con la zurda le sostenía el rostro por el mentón. Sus caras estaban bastante cerca.
"Te lastimaron más que la vez anterior", comentó Honoka con el ceño fruncido por la preocupación.
Nagisa también frunció el ceño, ofendida. "No me lastimaron más que antes, te lo aseguro, él quedó en el suelo", se cruzó de brazos pero fue todo. No se movía.
"¿No te golpeó en otro lado? ¿Tu estómago? ¿Tus brazos?" Preguntó Honoka mientras miraba dichos lugares.
"No", respondió Nagisa de inmediato. "O eso creo, espera…" Se despegó ligeramente de Honoka para revisarse los brazos y luego levantarse un poco la camisa y chequear su torso. "¿Ves algún golpe?"
Honoka no era inmune a lo bien cincelado que estaba el abdomen de Nagisa. Tragó saliva discretamente antes de ponerse más seria y revisarla, también en su espalda.
"No hay ningún otro golpe", confirmó Honoka y se concentró en las heridas que sí vio. Frunció graciosamente el ceño. "No me gusta cuando te hieren así", pasó sus dedos por un moretón cerca de la quijada de Nagisa.
"Hey, no es nada, en serio", a Nagisa le costaba mucho ignorar el roce de los dedos de Honoka, era demasiado suave para ser verdad. Había decidido no volver a reaccionar de manera exagerada, así que aguantaba el contacto físico con Honoka como campeona. "Sabes que peleo con gusto y no por nuestro trato, lo hago porque quiero hacerlo. Quiero que te hagas la jefa de éste sitio y puedas viajar como siempre has querido".
Honoka sonrió y se recargó en el hombro de Nagisa, ligeramente ruborizada.
"Sería lindo si viajaras conmigo…"
"Eso sería genial", comentó Nagisa en voz baja.
Ambas eran conscientes de lo cerca que estaban la una de la otra y decidieron separarse y terminar lo que estaban haciendo. Apenas Nagisa quedó curada de esas pequeñas heridas y golpes, ambas pudieron salir. Irían a comer a algún restaurante del centro de la ciudad. Nagisa adoraba la comida de la abuela pero también quería probar más cosas nuevas de la gran ciudad y Honoka solía invitarla a algún sitio nuevo un par de veces por semana.
Si no eran comedores caros, entonces eran negocios pequeños atendidos por familias, pero había un platillo en especial del que Nagisa quería probar todas las variedades. La comida emblemática de la Capital del reino: patatas fritas.
Ésta vez, Nagisa y Honoka terminaron en una pequeña taberna local que servía licor de frutas silvestres, cosecha de la misma casa, y su único platillo: un corte de carne de res con ensalada y patatas fritas preparadas con un sazonador secreto de receta familiar.
"¡Buen provecho!" Exclamó Nagisa con encanto y comenzó a devorar su comida, comenzando por las papas. "¡Están deliciosas!"
Honoka también las probó y abrió los ojos con sorpresa. "Puedo reconocer varias de éstas especias pero la mezcla completa es… Muy buena… Es ligeramente picante pero no mucho", comentó Honoka de manera analítica. "El aceite también está preparado, con razón tienen mucha clientela", y siendo Honoka una de las hijas favoritas de la ciudad, siempre tenían una mesa para ella. Y también para Nagisa, que rápidamente se ganó el cariño de la comunidad.
"Deberíamos pedir algo para llevarle a la abuela", comentó Nagisa entre bocados. No era muy amante de las bebidas alcohólicas así que el agua le bastaba. Le causaba algo de envidia que Honoka pudiera beber vino tranquilamente sin emborracharse rápido.
"Sí, les pediré al menos las papas, mi abuela procura no comer tanta carne, sólo pescado", por su edad básicamente. La carne de pescado le era más fácil de digerir. Contrario a su Prometida, que comía con alegría todo lo que le pusieran enfrente. "Si te quedas con hambre, sabes que puedes pedir más".
"Lo sé, gracias", respondió una feliz Nagisa y le ofreció una patata a Honoka, justo en la boca.
Honoka no se negó y comió el bocado con una sonrisa. "Gracias", y estaba a punto de hacer lo mismo con Nagisa, pero no pudo.
"¡Honoka, te encontré!" Exclamó una voz masculina con mucha alegría.
Quien llegó fue un alto joven de cabello y ojos castaños, enfundado en una armadura y con una sonrisa galante y llena de felicidad por ver a Honoka. A ésta le cambió el gesto por completo al verlo, se lanzó a sus brazos. Nagisa notó lo feliz que se puso Honoka al verlo.
"¡Shougo!"
"Papá me dijo que estabas por aquí, me alegra verte de nuevo, Honoka", dijo Shougo mientras cargaba a Honoka de manera juguetona. La bajó casi de inmediato pero no la soltó del todo, rodeó los hombros de Honoka con un brazo. Enseguida miró a Nagisa e hizo una educada reverencia. "¿Misumi Nagisa, verdad?" Vio a la chica asentir con un simple movimiento de cabeza. "Un placer conocerte, soy Shougo Fujimura, amigo de la infancia de Honoka. Ya conoces a mi padre", se presentó. "Quiero agradecerte por cuidar de mi pequeña Honoka".
"No soy pequeña", reprochó Honoka con infantil gesto.
"Ah… Ah…" Nagisa no podía hablar, ¡ese era el amigo del que Honoka le contó, el chico que se alistó en la guardia real! ¡Era guapísimo! Tragó saliva, se sintió caliente de la cara y se puso de pie de golpe, inclinándose igualmente. "¡Mucho gusto en conocerte, Honoka me ha hablado de ti!"
"Espero que cosas buenas", dijo Shougo con una sonrisa, pero enseguida puso un gesto más serio. "Estoy al tanto de todo, mi padre me lo hizo saber".
"Estoy en una situación bastante… Complicada", dijo Honoka con mal gesto y enseguida sonrió. "Por suerte, conocí a Nagisa y ella ha hecho que todo mejore. Además es muy fuerte".
"Es lo que he escuchado", Shougo soltó a Honoka, se sentó con ellas en la mesa. Se inclinó lo suficiente hacia Nagisa y le habló en voz baja. "Sé que la situación te ha sido un poco complicada y has tenido que pelear mucho desde que estás aquí".
"Sí, pero lo hago con gusto, quiero ayudar a Honoka a salir de éste lío", no quería decir abiertamente lo de su trato, al menos no en un sitio lleno de personas. Su sonrojo se intensificó al sentir que el apuesto joven se le acercaba más, casi le hablaba al oído.
Y ese mismo sonrojo y nervios desaparecieron de golpe al escuchar las palabras del chico. Palabras que Honoka también pudo escuchar.
"Muchas gracias por cuidar a Honoka hasta ahora, pero ya no debes preocuparte más. Yo puedo encargarme de ella, déjame tener un duelo contigo para poder convertirme en su Prometido. Así podrás ser libre".
Nagisa abrió los ojos como platos al escuchar eso. Honoka también.
CONTINUARÁ…
