Algunas veces el Amor es…
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío.
Parte 7 Un Cambio Simple
Nagisa no sabía exactamente qué responder. ¿Por qué la propuesta hizo que todos sus pensamientos sufrieran un aparatoso accidente? Miró al guapo soldado, y de repente ya no le pareció tan guapo ni su sonrisa tan galante. ¿En serio le acababa de pedir enfrentarse a él para poder cuidar de Honoka? ¿Acaso a ese chico le gustaba Honoka? ¡A Honoka le gustaban las chicas! ¿Fujimura Shougo estaba al tanto de ese importante detalle?
Por su lado, Honoka estaba igual de sobresaltada que Nagisa. ¿En qué momento a Shougo se le ocurrió eso? Bueno, era obvio que su padre le hizo saber el asunto, después de todo ambos eran amigos de la infancia, casi hermanos, pero no era la idea de Shougo pretendiendo ser su Prometido lo que la sobresaltó. Fue la idea de ya no tener a Nagisa cerca lo que hizo que casi se le fuera el aire del cuerpo.
Al notarlas un poco fuera de sí, Shougo rápidamente se alejó de Nagisa y levantó las manos en señal de paz.
"Lo siento, no debí decirlo tan abruptamente", dijo, apenado. "¿Les parece si hablamos de esto en tu casa, Honoka?" Preguntó enseguida y ambas chicas asintieron. Para tratar de calmar el ambiente, pidió algo de comer para acompañarlas.
El resto de la hora de la comida pasó en un silencio tenso e incómodo.
Ya de regreso en la modesta mansión de los Yukishiro, los tres se reunieron en la sala de estar. La abuela decidió darles su espacio a los jóvenes, aunque sí les llevó algo de té al notar a su nieta y a Nagisa un poco fuera de sí, Shougo lucía apenado.
El muchacho ya había pasado a saludarla ni bien llegó y ella misma confirmó la información dada por su padre, por cierto.
"Honoka", la llamó su abuela antes de retirarse. Su nieta la miró y la anciana sonrió dulcemente. "Recuerda tener siempre presente lo que tu corazón quiere hacer", dijo, le dio una suave palmada en la espalda y se fue.
Honoka asintió y enseguida miró a su amigo de la infancia. "Shougo, sobre lo que dijiste…"
"Hablo en serio, Honoka", dijo el joven soldado de inmediato. "Cuando recibí la carta de papá explicándome lo que el Consejo hizo contigo, quise volver de inmediato. Estuve a punto de hacerlo pero mi comandante dijo que me acusarían por deserción y me arrestarían. Encerrado no podría hacer nada por ti, el Consejo no iba a permitir que un desertor de la Guardia Real peleara por tu mano, pero supe que un soldado con honores sí, así que me esforcé mucho para terminar mi entrenamiento y mi servicio".
"Shougo", Honoka tragó saliva. Su querido amigo siempre la procuró mucho, sobre todo después de que sus padres murieran.
Nagisa apretó los puños. Claramente él era un joven buenmozo, un soldado con honores, amigo de toda la vida, sería un mejor prospecto como Prometido que ella misma. Incluso si no se casaban, porque a Honoka no le gustaban los chicos, él estaba más que dispuesto a hacer lo que fuera por Honoka. Tragó saliva.
"Tengo entendido que la Señorita Misumi tiene un contrato contigo", comentó Shougo y miró a Nagisa. "Debe ser duro".
Nagisa se sobresaltó y no supo que responder al principio. "Un poco… Bueno… Esto de pelear contra niños mimados no me gusta pero tampoco es una molestia, Honoka es mi amiga y acepté protegerla hasta su cumpleaños", explicó Nagisa rápida y torpemente, sus manos se movían mucho, culpa de los nervios. "Tenemos un contrato pero no sólo por eso la protejo, le debo mucho", y lo mejor era no mencionar sobre el poder de Honoka, no sabía si el soldado estaba al tanto de eso o no.
"Nagisa está haciendo un buen trabajo, Shougo, no debes preocuparte por mí", dijo Honoka enseguida, tratando de salvar la incómoda situación.
"Lo sé, lo sé", Shougo trató de calmar las ansias de su amiga y de su Prometida, pero había algo que le preocupaba de ese asunto. "Estoy al tanto de que no se casarán, pero no creo que los del Consejo se queden muy contentos si ven que todo fue una tapadera si ustedes no se casan. Parte del trato es que te cases, Honoka, y si ustedes no lo hacen…"
Tanto Honoka como Nagisa abrieron los ojos, grandes, al escuchar eso. Era cierto, los del Consejo usaban la excusa de casarla con alguien capaz de "apoyarla" en sus negocios, el propio Rey estaba al tanto y por eso mismo aprobó la petición del Consejo de buscarle un esposo a Honoka Yukishiro.
"Si no nos casamos, será un problema más para Honoka, ¿verdad?" Preguntó Nagisa y el soldado asintió. Gruñó un poco. "¿Por qué no la dejan en paz?"
"Porque quieren los contratos de los Yukishiro, siguen activos a pesar de la ausencia de mis tíos", así siempre llamó con cariño a los padres de Honoka, "son gente horrible y… Bueno… Me temo que es a ti, Señorita Misumi, a quien le hagan daño luego de que te vayas y no te cases con Honoka", le dijo Shougo a Nagisa.
La guerrera tragó saliva. Honoka también se preocupó al escuchar esa posibilidad que no había considerado antes.
"Ah, disculpa… ¿Shougo?" Con la mirada Nagisa trataba de darle a entender al soldado si estaba bien llamarlo por su nombre de pila, éste asintió. "Tú… Tú sabes que a Honoka le gustan las chicas y no los chicos, ¿verdad?" La guerrera se atrevió a preguntar.
"Estoy al tanto de eso", respondió Shougo de inmediato.
Honoka negó con firmeza. "No puedo casarme contigo, Shougo. Si lo hago, entonces tú no podrás casarte con alguien que te guste", esa era la idea que más le preocupaba a Honoka.
Shougo sonrió con cierta nostalgia. "Honoka, tu y yo estamos en el mismo barco, tampoco me puedo casar con la persona que me gusta", dijo, se notaba ligeramente triste al respecto. Suspiró hondo. "Él… Él me rechazó hace un tiempo. Le confesé mis sentimientos antes de que lo transfirieran a otra base y él me rechazó. No me escribe ni responde mis cartas desde entonces".
Nagisa pronto lo comprendió. "Oh…"
Honoka sólo atinó a levantarse de su sitio y abrazar a su hermano mayor. "Siento mucho escuchar eso".
"Sé que no es tan mal visto que dos hombres o dos mujeres se enamoren y se casen, pero a él no le gustó la idea y no creo que alguien más pueda gustarme", confesó el soldado mientras se dejaba abrazar. "Eso fue el año pasado, ya no estoy afectado al respecto, te lo aseguro", sonrió dulcemente. "Pero gracias por el abrazo".
Nagisa y Honoka se miraron entre sí, ésta última sin soltar a su amigo. Era duro escuchar que habían rechazado a tan dulce chico. Shougo se soltó del abrazo y animó a Honoka a volver a tomar asiento, ésta se sentó a su lado.
"Regresando al tema", continuó el soldado, miró a Nagisa. "Permite que tenga un duelo contigo", enseguida puso un gesto apenado. "He escuchado que eres muy hábil y fuerte y que tu espada negra es invencible, así que incluso quiero atreverme a pedir que me dejes ganar, así estarás fuera de estos líos y Honoka podrá estar completamente a salvo si me caso con ella".
Honoka se sintió mareada. Nagisa también.
¿Por qué a ninguna de las dos le gustaba esa idea por muy sensata que fuera?
Ciertamente Nagisa nunca quiso meterse en esos complicados asuntos de matrimonios arreglados de gente poderosa, pero ahora que había compartido todo ese tiempo con Honoka y podía llamarla "amiga" y tenerle una estima muy especial a la chica… De repente le ofrecían la libertad de salir de problemas y volver a casa.
"Yo… Bueno", Nagisa no se sentía capaz de decidir.
"Por supuesto, no estoy hablando de pelear ahora mismo, debo atender unos asuntos con mis superiores antes de quedar completamente libre", dijo Shougo, tratando de calmar el tenso ambiente que se respiraba en la sala. "Por mientras, piensen en mi propuesta, por favor", sonrió. "Aunque a mi parecer es la opción más segura para ustedes". El soldado miró a Nagisa con genuina preocupación. "No necesito que me digan mucho para saber lo especial que eres para Honoka, eres de las pocas personas que se ha acercado tanto a ella, así que estoy al tanto que te tiene en buena estima".
Honoka se sonrojó intensamente y se cubrió el rostro con ambas manos. "¡Eres un tonto, Shougo!"
"Ah, yo…" Nagisa igualmente enrojeció y miró a un lado, tratando de evitar la divertida mirada del soldado.
"Debo ir a mi base. Por mientras ustedes dos pueden hablar del asunto y háganme saber lo que decidan, ¿de acuerdo?" Dijo y vio a ambas chicas asentir en silencio. Notó que su propuesta no fue del todo bien recibida, pero en serio estaba preocupado por la seguridad no sólo de su querida Honoka, también de esa chica que obviamente era importante para su amiga de la infancia. "Con su permiso".
"Ah, te acompaño a la puerta", dijo Honoka de inmediato y escoltó a su amigo hasta la salida de la mansión. Suspiró hondo. "Shougo, no tienes que hacer esto", dijo antes de salir propiamente de la casa. "Comprendo que sigas descorazonado por lo que pasó con Kimata", por supuesto que sabía el nombre del chico, todo gracias a las cartas que Shougo enviaba a su padre y quién a su vez le platicaba a ella parte del contenido de dichas cartas. "Pero si te casas conmigo, te cerrarás la puerta por completo y no podrás conocer a más personas".
Shougo sonrió por lo bajo. "Supongo que… Tienes razón en parte", dijo en voz baja. "También me preocupa casarme contigo y no dejar que conozcas a una linda chica que en realidad te conquiste", dijo con un tono muy casual. "El único problema aquí es que no eres una doncella normal y lamentablemente tienes a todos esos buitres detrás de ti", se puso serio. "Estás en peligro y ninguna buena intención podrá salvarte", suspiró. "A menos que en realidad te vayas a casar con esa chica Misumi…"
Honoka sintió un golpe en el pecho al pensar en eso.
Casarme con Nagisa…
¡Esa era la fantasía más presente en su corazón!
Pero no podía cumplirla y cada vez era más complicado encarar a su amiga y no imaginarse en ese loco escenario con ambas casándose. Ni siquiera le pasaba por la cabeza el besarla antes, era directamente una boda y se sentía como tonta por pensar en ello. Y más estúpida se sentía al recordar que Nagisa no gustaba de las chicas. De hecho, más de una vez durante sus pláticas, Nagisa le comentaba sobre tal o cual chico guapo que vio su pelea en turno y la apoyó e incluso la felicitó.
Chicos que obviamente no se acercaban más a Nagisa porque ya estaba comprometida con una de las solteras más codiciadas de la Capital.
Honoka suspiró hondo.
"Hablaré con Nagisa sobre esto y te daremos nuestra respuesta, te mandaré a llamar, ¿de acuerdo?" Dijo Honoka mientras abría la puerta.
"De acuerdo", respondió Shougo con una sonrisa. Hizo una educada inclinación mientras tomaba la mano de Honoka y la besaba como el caballero que era. "Estaré completamente libre en dos días".
No se dijeron más, Shougo se fue y Honoka permaneció recargada en el marco de la puerta unos segundos más antes de volver a suspirar. En serio se sentía mareada por todo lo sucedido.
"Shougo, eres un tonto", masculló Honoka entre labios mientras volvía al interior de la casa.
Nagisa no estaba en la sala de estar. La guerrera huyó a su dormitorio apenas Honoka acompañó a su amigo soldado a la puerta.
Sí, quería salir de éste lío antes, pero… Pensó Nagisa no sin algo de culpa. "Ya no es un problema", murmuró. Apretó la almohada contra su rostro y gritó con frustración. Su grito se vio ahogado por el suave material. ¿Acaso eso no era algo que había pedido antes? Una manera segura de salir de ese problema armado por gente rica y peligrosa.
Eso fue antes, se dijo a sí misma. Ahora ya no lo sentía, al contrario. Era un gusto y un placer declarar que Honoka seguía siendo su Prometida luego de cada duelo. Honoka era su amiga, una muy importante amiga no solamente porque la ayudó a reconstruir su hogar con su poder espiritual, tampoco porque ella misma estaba mejorando su propio poder espiritual gracias a la siempre paciente guía de Honoka… Mucho menos porque le iba a pagar apenas ambas terminaran su contrato.
Misumi Nagisa protegía a Honoka por voluntad propia y sincera preocupación. Honoka era su amiga antes que su prometida. Y como amiga, Nagisa debía pensar en el bienestar de Honoka. Nagisa mordió la almohada cuando sus pensamientos llegaron a un solo lugar luego de dar tantas vueltas al asunto:
Su preciada amiga Honoka estaría a salvo casándose con Shougo Fujimura.
"No puedo creerlo", masculló Nagisa entre dientes y sin soltar la almohada. Escuchó a sus pequeños amigos decirle algo. "Yo tampoco me quiero ir de aquí tan pronto, ya sé que ella también les agrada", respondió Nagisa ante el reclamo de sus compañeros espíritus. "Pero ustedes y yo sabemos que ella…"
El sonido de unos toques en la puerta del dormitorio la hizo respingar. Se sentó de golpe y se acomodó el cabello.
"Nagisa, ¿estás bien?" Sonó la voz de Honoka al otro lado de la puerta.
La guerrera no supo qué responder al principio, se aclaró la garganta.
"Estoy bien, sólo un poco cansada luego del día, es todo", dijo con la voz más animada que pudo. Falló en el intento, sonaba tan nerviosa que nadie creería esa mentira. "Yo…"
"¿Quieres que hablemos de esto después?" La voz de Honoka, pese a todo, sonaba dulce y comprensiva.
Nagisa sintió cierta culpa por haber huido así de la sala. "Sí, por favor, ahora mismo me gustaría tomar una siesta", respondió. "Tú estuviste muy ocupada todo el día, deberías descansar también, una siesta no te vendría mal. No quiero que te enfermes".
"No prometo dormir pero sí relajarme", respondió Honoka con una risa pequeña. Tenía su frente recargada en la puerta. "¿Eso te basta?"
"Sí, sé que lo cumplirás", Nagisa sonrió sin poder evitarlo. "Descansemos, hablaremos luego de la cena, ¿te parece?"
"De acuerdo", Honoka suspiró discretamente, "te despertaré a tiempo. Descansa, Nagisa. Gracias por tu trabajo de hoy".
Trabajo.
Nagisa se quedó pensando en ello mientras escuchaba los ligeros pasos de Honoka alejarse de la puerta. Quiso gritar pero no se atrevió y sólo enterró su cara en la almohada.
"Trabajo".
Eso era un trabajo después de todo.
No importaba cuánto apreciara a Honoka ni cuánto le debiera en un ámbito más personal, Nagisa aceptó que no era la adecuada para el trabajo, no lo era porque no podía asegurar el bienestar de su amiga luego de terminado su contrato. Honoka no iba a estar realmente a salvo si no se casaba como se supone debía hacerlo. Lo más seguro para Honoka era casarse con su amigo de la infancia, pero la sola idea era rara cuando a Shougo no le gustaban las chicas y a Honoka no le gustaban los chicos.
¿Acaso Shougo le permitiría tener amantes femeninas a Honoka luego de que se casaran? Obviamente esos dos no se iban a poner las manos encima y entonces ella podría ver a Honoka incluso si ya no estaban comprometidas y…
"¡¿Qué rayos estoy pensando?!" Gritó contra la almohada mientras se ponía roja y caliente como carbón al rojo vivo. Sus pequeños amigos se rieron de ella. "No es gracioso, tontos, no debo pensar esas cosas tan inapropiadas con Honoka", les riñó entre dientes y sin despegar su cara de la almohada.
Mientras Nagisa se ahogaba en sus propios pensamientos, Honoka poco y nada podía relajarse. Estaba sentada bajo el cerezo del jardín interior de la casa. Tenía un libro en manos pero no leía. Miraba la hermosa copa del árbol mientras los espíritus a su alrededor le pedían que se animara.
Honoka no podía negarse a sus pequeños amigos.
"Gracias por preocuparse", dijo la chica con una sonrisa.
"Lo que más me sorprende es que tú estés preocupada, Honoka", dijo Sanae mientras entraba al jardín y tomaba asiento junto a su nieta.
"Escuchaste lo que nos propuso Shougo, ¿verdad, abuela?"
"La casa no es muy grande y los muros son delgados, querida", respondió la abuela con picardía. "¿Por qué estás preocupada?"
"No solamente preocupada, también me siento… Avergonzada", confesó Honoka. "Debí tener en cuenta que lo de casarme era en serio, debí pensar que con pedirle a Nagisa que fuera mi escudo hasta mi cumpleaños no bastaría, pero me confié".
"Comprendo esa parte", asintió la anciana. "¿Entonces qué es lo que te preocupa?" Insistió la sabia mujer.
Honoka se sintió confundida por un momento. ¿Acaso la respuesta no era obvia?
¿No lo era?
"Ah…"
La dulce y maternal sonrisa de Sanae hizo que la más joven de la familia poco a poco dejara de sentir los hombros tensos, incluso dejó de apretar su libro. La pregunta tenía sentido. No era asunto de la respuesta, era la pregunta en sí.
¿Por qué estoy preocupada? Se preguntó Honoka en silencio mientras miraba de nuevo la copa del árbol. ¿Qué le preocupaba? No era como si dejar de ver a Nagisa fuese un gran problema, sólo eran amigas. Nagisa no tenía por qué irse tan pronto ni despedirse si terminaban su contrato, eran amigas y las amigas no debían despedirse de una manera tan innecesaria, ¿verdad? Comprometerse con Shougo no le prohibía seguir viendo a Nagisa, eran amigas.
¿Qué le preocupaba entonces?
No era como si ellas dos fueran algo más que buenas amigas, ¿verdad?
Por alguna razón, tan lógicos pensamientos no la convencía del todo y sabía exactamente porqué. Tragó saliva.
"Yo… No quiero que esto termine", murmuró Honoka.
"Todo debe moverse", respondió la abuela. Incluso el agua nunca es la misma, las hojas y los pétalos de éste hermoso cerezo no son los mismos, las personas tampoco son las mismas, todos nos movemos", dijo la abuela. "Pero no por ello las personas se separan", agregó y notó que su nieta comprendió el mensaje.
"Es… Es cierto", Honoka casi rió, ahora se sentía como una tonta. Nagisa y ella tenían una relación amistosa que nada tenía que ver con su contrato. Eran amigas, sentían confianza y jugaban a estar comprometidas por voluntad propia. Simplemente dejarían de jugar y podrían comportarse propiamente como amigas, ¿verdad?
Por mucho que le gustara Nagisa, no se iban a casar y mucho menos lograr que se enamorara de ella. Que dejaran de jugar a las Prometidas sería lo mejor para su salud mental y sentimental. Sí, era hora de moverse.
"Nada tiene porqué terminar si no queremos, ¿verdad?"
"Exacto, no tienes ninguna razón para preocuparte, Honoka".
Abuela y nieta se sonrieron y Honoka quedó más tranquila, pero no por ello Sanae se fue. Ambas se quedaron sentadas disfrutando la tranquilidad que daba el más hermoso jardín de la casa.
~o~
La cena no fue tan silenciosa, Honoka monopolizó la conversación durante la cena con temas que estuvo aprendiendo durante sus lecciones en la oficina. De hecho ya la estaban animando a escribir contratos serios con situaciones y personas imaginarias. Los mayores querían ver si Honoka ya había aprendido todo lo necesario para cuando fuera el momento de la verdad.
La abuela escuchaba con una sonrisa y Nagisa con un gesto ligeramente fuera de sí. Cuando Honoka hablaba de los temas que la apasionaban ponía un gesto muy bonito que obligaba a Nagisa a alejar la mirada constantemente. No era un síntoma reciente pero tampoco tenía una idea aproximada del momento en que empezó a contemplar a Honoka de manera tan atenta, daba igual que entendiera lo que explicaba o no. Por ejemplo, en ese momento hablaba de porcentajes de crecimiento exponencial en productos agropecuarios de una costa imaginaria que le pusieron de ejercicio en la oficina.
Nagisa no entendía nada y aun así era un gusto verla hablar con esa vehemencia y entrega. Honoka era única. Sonrió.
"¿Eso quiere decir que ya estás lista para contratos de verdad con gente de verdad?" Preguntó la guerrera.
"Aún tengo que afinar algunos detalles, pero ellos dicen que estoy casi lista para cuando al fin pueda hacerme cargo de todo", respondió Honoka con una linda sonrisa. "De todos modos no es como si fuera a encargarme de todo sola, ellos seguirán trabajando en la oficina mientras recluto nuevo personal", agregó.
"Con gusto te ayudaría, pero los números y yo nunca nos hemos llevado bien", comentó Nagisa con un gesto divertido. Ya había terminado de cenar.
"Tú ya me ayudas bastante, créeme", dijo Honoka con una voz suave.
Ambas se miraron un momento antes de que fuera la abuela la que se aclarara la garganta. "Yo limpiaré la mesa, ustedes hablen de su tema pendiente".
Ambas chicas asintieron y salieron del comedor para ir directo al jardín. Se sentaron bajo el cerezo. El silencio entre ambas duró solamente unos segundos.
"Nagisa". "Honoka".
Hablaron al mismo tiempo y se echaron a reír. Nagisa negó con la cabeza.
"Tú primero".
Honoka asintió. Gracias a su abuela el asunto ya no sonaba tan grave. Después de todo, no tenía nada de qué preocuparse. "La propuesta de Shougo nos tomó con la guardia baja", miró a Nagisa y tomó su mano. La guerrera correspondió el gesto con gentileza. "Primero que nada, me disculpo por creer que no necesitaría casarme. Pensar que podría librarme del compromiso tan fácilmente fue fallo mío. Lo siento".
"No te disculpes, no es tu culpa que esos sujetos quieran abusar de tu situación", masculló Nagisa con molestia. "¿Y qué haremos?"
Honoka estrechó con más fuerza la mano de Nagisa. "Para mantenernos a salvo, lo mejor será que aceptemos la propuesta de Shougo", dijo con un respiro pero no tuvo tiempo de siquiera preocuparse por la reacción de Nagisa, ésta respondió casi de inmediato.
"Estaba pensando lo mismo, me preocupa que te hagan daño o te fuercen a casarte con alguien más si ven que no me caso contigo", dijo Nagisa. Poner en palabras esos pensamientos les daba más sentido. Lo importante era la seguridad de Honoka después de todo. "Además, no te vas a deshacer de mi tan fácilmente", sonrió.
"Seguiremos siendo amigas aunque ya no estemos comprometidas", dijo Honoka, igualmente sonriente. "Tampoco tienes que irte tan pronto".
"Además le dejaste mucho dinero de dote a mi familia, con eso estaremos bien. No necesitas pagarme nada", miró a Honoka con seriedad mientras decía eso.
"Pero…"
"Ningún pero, con el dote que dejaste basta", la guerrera seguía seria. "Ambas estamos terminando el contrato que tenemos por voluntad propia, pero al menos yo no puedo aceptar el pago por un trabajo que no terminé".
Honoka tomó ambas manos de Nagisa y la encaró. "Lo siento, no puedo hacer eso, te pagaré por el tiempo que estuviste aquí".
Nagisa sonrió dulcemente, como pocas veces lo hacía. Fue ella la que cambió el agarre de sus manos y acunó las delicadas manos de Honoka entre las suyas. "No puedo aceptar dinero por proteger a una amiga muy querida", dijo, suave. Notó el sobresalto en Honoka y le gustó. "Tengo muchas amigas como bien sabes", las chicas le escribían seguido a casa de Honoka, "pero tú eres especial por… Por muchas cosas".
Nagisa bajó un poco la mirada al decir eso, se sintió roja de repente.
"Eso… Eso puedo aceptarlo", fue lo único que una ruborizada Honoka pudo decir.
"No es como si tuviéramos que separarnos tan pronto, ¿verdad?" Insistió Nagisa en voz un poco más alta de lo normal, culpa de un ataque de nervios.
"Exacto, simplemente tendremos una relación que no sea por contrato", continuó Honoka, "Shougo me mantendrá a salvo y tú y yo podremos pasar el tiempo sin que te estén molestando para pedirte duelos".
"Ahora me siento mal por tu amigo, tendrá que hacer todo el trabajo", rió Nagisa.
Honoka rió también y ambas terminaron riendo un rato más, sin soltarse.
Todo estaría bien, ¿verdad?
~o~
Shougo recibió la respuesta de las chicas más pronto de lo esperado, al día siguiente de hecho. No podía dejar de sonreír al leer la nota que Honoka le envió. Nagisa estaba dispuesta a dejarse ganar si la situación lo pedía. Shougo había escuchado maravillas de Nagisa Misumi y una parte de él quería ganar esa pelea sin tener que arreglar el resultado, pero si la chica era tan habilidosa como todos decían sólo le quedaba confiar en que ella se dejara ganar.
Por medio de mensajes breves enviados con mozos de confianza, acordaron el duelo un día después de que Shougo terminara sus asuntos en la base de la guardia. Suficientes días para que ambos combatientes estuvieran descansados. La hora elegida fue al mediodía.
Y finalmente llegó el día y la hora elegidos.
Misumi Nagisa y Fujimura Shougo estaban en una pequeña plaza con suficiente espacio para todos los curiosos que comenzaron a reunirse. El joven soldado iba con su uniforme puesto y su espada lista. Nagisa lucía tan casual como de costumbre salvo por su brillante espada de hoja negra. Honoka, como era de esperarse, estaba al lado de Nagisa.
"Ten cuidado, ¿de acuerdo?" Pidió Honoka en voz baja.
"Lo tendré, no te preocupes", respondió Nagisa. Pensaba lucirse y pelear en serio hasta que supiera encontrar el momento de dejarse vencer. Ese chico se veía más fuerte que el resto de los nobles mimados, era un soldado bien entrenado, la pelea sería dura. "Aquí voy".
Ya ambos oponentes estaban en el centro de la plaza, Shougo señaló a Nagisa con su espada. "Misumi Nagisa, te reto por la mano de Yukishiro Honoka", dijo en voz alta y firme.
Nagisa normalmente se mantenía seria, pero ésta vez le nació sonreír. Sólo debía dejarse ganar, ¿verdad? Según lo que Honoka le contó, siempre había mirones enviados del Consejo en cada combate. Debía mantener a Honoka a salvo de esos tipos.
"Estoy lista", declaró Nagisa y se puso en guardia.
Shougo de inmediato se lanzó a atacar a la chica. Peleaba en serio, nunca le faltaría al respeto a una guerrera que bloqueaba sus ataques con tremenda facilidad. Sonrió por lo bajo. "Eres buena, con razón nadie te ha ganado", murmuró para sí mismo mientras se mantenía a la ofensiva.
Nagisa, por su lado, hacía su mejor trabajo bloqueando los ataques del amigo de Honoka, ¡el chico era fuerte! Mucho más fuerte que cualquiera de sus anteriores oponentes. Tener al fin una pelea que le exigiera un verdadero esfuerzo comenzó a emocionarla y no tardó en ponerse a la ofensiva. Ésta vez fue el turno de Shougo de sentir la fuerza de la chica.
Oh, estás peleando en serio, pensó el soldado mientras era su turno de bloquear, evadir e incluso retroceder.
La guerrera plantó bien ambos pies y soltó un golpe firme con su espada que hizo que Shougo casi cayera al suelo. Al ver eso, Nagisa pareció despertar. ¡Se supone que me deje ganar! Se regañó a sí misma y miró a Honoka, dando tiempo a Shougo para levantarse.
Honoka miraba la pelea, frotaba sus manos entre sí por culpa de un extraño ataque de nervios. Quería que Nagisa ganara…
Quería a Nagisa como su Prometida, pero eso no fue lo que acordaron.
Las miradas de ambas chicas se cruzaron y parecieron perderse la una en la otra. Se perdieron el tiempo suficiente como para que Shougo estuviera a nada de atacar a Nagisa aprovechando su distracción.
Pero Nagisa no cayó por el ataque sorpresa.
No podía perder.
No quería perder.
No quería que Honoka dejara de ser su Prometida.
Apretó la quijada y se agachó hasta que sus rodillas casi tocaron suelo. Quedó justo por debajo de Shougo y con un veloz movimiento de su espada desarmó al soldado usando la empuñadura. Lo siguiente que hizo fue seguir el movimiento de su arma hasta que la hoja negra apuntó al pecho del soldado.
Shougo se sorprendió pero no del todo.
Honoka quedó sin palabras.
Nagisa no perdió de vista los ojos del soldado.
"Honoka sigue siendo mi Prometida", declaró la guerrera con más firmeza que nunca.
CONTINUARÁ…
