Por fin. Las puertas de Konoha se lograban ver a lo lejos, mientras una sombra caminaba entre los árboles. Por fin había regresado a su hogar. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Dos o tres años? Realmente no lo recordaba.
Un rayo del sol chocó con el rostro del joven que caminaba en los bosques que rodeaban la aldea oculta entre las hojas, o mayormente conocida como konoha, el hogar de Uzumaki Naruto, el hijo del Yondaime Hokage Namikaze Minato, y la Habanero Sangriento Uzumaki Kushina; hermano mayor de Uzumaki Naruko y Uzumaki Menma.
Dos brillos plateados se vieron bajo la capucha blanca del joven. Pero por desgracia para él y su familia, Naruto Uzumaki debería estar muerto. Se suponía que Naruto Uzumaki había muerto cuando tenía diez años.
El joven por fin había llegado a la entrada de la aldea, cuando entró, dos Chunins se pusieron frente a él. El joven se detuvo y esperó a que uno de los Chunins hablara.
—¿Cuál es su asunto en la aldea? —preguntó uno de los Chunins con tono respetuoso, pero firme.
—Vengo a ver a Hokage-sama —dijo con tono neutro.
El Chunín se lo quedó viendo por unos segundos con una mirada analítica, hasta que suspiró y se hizo a un lado.
—Te guiaré hasta Hokage-sama —dijo, esperando a que él avanzara.
El joven avanzó mientras decía:
—Gracias Chunin-san.
El Chunin asintió y empezó a caminar junto a él a la Torre del Hokage. Minutos después, ambos estaban frente a una puerta, el Chunin tocó tres veces y entró después de escuchar un pase desde adentro.
—Buenos días Hokage-sama. —Dio una breve reverencia—. El joven aquí quiere hablar con usted.
El joven dio un paso adelante y vio al Hokage de la aldea: era un hombre rubio de ojos azules, con dos flequillos enmarcando su rostro, usaba el uniforme de Jounin de élite. Él sabía muy bien quién era él, era Namikaze Minato, su padre.
El Chunin se fue después de que el Hokage lo despidiera.
Minato lo vio con detenimiento, aunque no podía ver su rostro bajo la capucha de su gabardina blanca, era muy llamativa, pero era un regalo y él la apreciaba bastante.
—Buenos días. ¿Sobre qué desea hablar conmigo? —preguntó Minato guardando unos documentos.
—Buenos días a usted también, Hokage-sama, vengo con la intención de unirme a su aldea como un shinobi —dijo el joven con tono neutro, pero respetuoso.
Minato se quedó un minuto pensándolo con detenimiento, hasta que suspiró y asintió.
—Está bien, pero primero tengo que saber quién eres —dijo, entrelazando los dedos frente a su rostro.
—No hay problema Hokage-sama —dijo con el mismo tono neutro.
El joven llevó sus manos a su capucha con la intención de quitársela y revelar su rostro, la capucha se deslizó tras su cabeza, revelando su cabello blanco plateado. Las manos del joven cayeron a sus costados y unos ojos color plata vieron al Hokage, pero lo que más llamó la atención de este, fue una cicatriz en el ojo izquierdo del joven.
El joven separó los labios, y con una mirada y tono neutro, dijo:
—Me presento, soy Son Naruto.
El instinto de un Ninja.
Capítulo 1.
De vuelta en Konoha.
Uzumaki Naruko estaba aburrida, faltaba solo un mes para que se graduara y se convirtiera en Jenin, pero eso tenía una consecuencia, las conferencias de Iruka sensei eran más intensas.
Distraídamente comenzó a jugar con una de sus dos coletas, a ella realmente le gustaba su cabello rubio, le recordaba a su hermano que en paz descanse, le recordaba su sonrisa y que siempre estaba dispuesto a jugar con ella, pero también recordaba cómo lo vio por última vez.
Su hermano con sangre cayendo de su cabeza, un brazo roto y una horrible herida en su ojo izquierdo, pero lo que más recordaba era esa sonrisa, a pesar de que él sentía un gran dolor, él estaba sonriendo para que ella no llorara.
Naruko cerró los ojos y trató de alejar esa imagen de su mente, realmente no quería ponerse a llorar en medio de la clase, pero en uno de esos extraños silencios de su salón, se escuchó que alguien tocaba la puerta.
Alzó la mirada hacia la puerta y vio como Iruka sensei se acercaba a ella y la abría. No logró ver con quién estaba hablando Iruka sensei, pero logró vislumbrar un par de mechones blancos.
Iruka sensei asintió, cerró la puerta y se dirigió a los alumnos.
—¡Silencio! El día de hoy tendremos una incorporación inesperada...
—¡No es justo! —gritó Inuzuka kiba, molesto por cualquier cosa—. ¡Nosotros tuvimos que pasar por toda la academia!
—¡Silencio! El chico acaba de llegar a la aldea, pero tiene los conocimientos como para estar aquí. Bueno, ya que nadie va a hablar, ¡adelante!
Naruko vio como la puerta se abrió y dejó ver a un adolescente de cabello blanco plateado, piel un poco pálida y con ropas un poco extrañas, era un kimono de batalla blanco, con una camiseta negra debajo, con el cinturón negro, pantalón igual negro y botas de combate blancas.
Pero lo que sin duda cautivó su mirada fueron sus ojos, unos hermosos ojos color plata que reflejaban una fría calma, cuando sus miradas se cruzaron, algo brillo en esos ojos color plata.
—Preséntate. Di tu nombre, gustos, disgustos y metas —indicó el profesor.
—Mucho gusto, Mi nombre es Son Naruto; me gusta el ramen, entrenar y dormir; me disgustan un par de cosas, y mi meta es… nunca he pensado en eso —Naruto se presentó con tono neutro.
—Bueno Naruto, puedes buscar un asiento.
Naruto asintió y empezó a buscar un asiento libre, encontró uno detrás de Naruko y se dirigió a él. Cuando Naruto pasó a un lado de ella, Naruko vio algo que no había visto antes.
Naruto tenía una cicatriz en el ojo izquierdo, justo el ojo donde su hermano tenía esa herida, y no solo eso, su nombre también era el mismo.
Naruto se sentó en el asiento detrás de su hermana, se sentía feliz de poder verla, pero triste al tener que fingir que era otra persona, Uzumaki Naruto estaba muerto, y tenía que ser así por un tiempo.
Su hermana se dio la vuelta en su asiento, y con una sonrisa le dijo:
—Mucho gusto, soy Uzumaki Naruko —se presentó la chica rubia de ojos azules, con tres marcas de bigotes en las mejillas, dándole una gran sonrisa.
—Mucho gusto, soy Son Naruto —se presentó con una sonrisa tranquila.
Era un poco fastidioso estar siempre tranquilo, pero era esencial para mantener la técnica, no podía esperar para entrenar y conseguir su propio estado, pero tenía que saber utilizarlo en batallas reales.
—Mucho gusto, ¿quieres ser mi amigo? —preguntó Naruko con una gran sonrisa.
—… sí, por qué no —dijo con la misma sonrisa tranquila.
La sonrisa de Naruko pareció crecer aún más, pero Naruto no se dio cuenta de las miradas hostiles que le lanzaron la mayoría de hombres, los únicos que parecía no importarles fueron, un chico de lentes de sol, un chico con un peinado de piña, un chico que estaba comiendo y un pelirrojo.
—¡Atención! El día de hoy vamos a practicar el lanzamiento de shuriken y kunai, vamos al campo de entrenamiento.
Todos dieron un grito de alegría, rápidamente salieron del aula y se dirigieron al campo de entrenamiento de La Academia. Minutos después, todos estaban en una fila frente a diez blancos.
—Primero serán los shuriken —dijo Iruka dejando varios juegos de shuriken en una mesa.
Así comenzó la práctica. La mayoría de civiles acertaron entre seis y cuatro shuriken, la única excepción fue una chica de pelo rosa que acertó siete shurikens.
La mayoría de herederos de clanes acertaron entre ocho y seis shurikens, las excepciones fueron, Uchiha Satsuki, qué acertó nueve shurikens; Namikaze Menma, qué acertó todos los blancos; Uzumaki Naruko, qué acertó nueve shurikens, y por último él.
—Por último, Son Naruto, venga y tome los shurikens.
Naruto se acercó y tomó los shurikens, se acercó al lugar de tiro y se preparó. Todos lo estaban viendo, algunos con la esperanza de que fallara y la princesa Uzumaki ya no se fijara en él, otros solo para ver su habilidad, y otros observaban su extraña vestimenta.
Naruto se preparó para lanzar, observó sus objetivos y calculó la distancia, velocidad y fuerza para lanzar. Con fuerza y firmeza lanzó el arma, el shuriken voló y acertó en el blanco, repitió la acción en todos y en todos acertó.
La mayoría de los alumnos se sorprendieron, pero algunos se enojaron por no quedar en ridículo, pero Naruko estaba alegre de que su amigo acertara todos los blancos.
En la práctica de tiro de kunai fue casi igual, con la diferencia de que Uchiha Satsuki acertó todos y Namikaze Menma acertó nueve, pero Naruto aceptó todos los blancos.
De vuelta en el salón, todos estaban platicando entre sí, Naruko le estaba contando a Naruto como le había hecho una broma a los Hyuga.
—Y toda su ropa quedó de color rosa. —Naruko se estaba riendo con alegría, y Naruto se estaba riendo tranquilamente, aunque por dentro se estaba riendo a carcajadas.
—Eso sí fue gracioso Naruko, ¿cómo se te ocurrió? —preguntó Naruto.
—Escuché que a algunos Hyuga no les gustaba el color rosa y... —Naruko dio una sonrisa más amplia—. El destino los pintó de rosa.
—Deberíamos hacer una broma juntos algún día —dijo Naruto con una sonrisa tranquila.
—¿En serio? ¿Haces bromas? —preguntó Naruko emocionada.
Naruto sonrió con un poco de orgullo.
—Obvio, no por nada de donde vengo me dicen Kami no Jōdan, (Dios de las Bromas).
—¿En serio? —dijo Naruko con emoción—. Oh maestro, enséñame el antiguo arte de las bromas. —Dio una reverencia de cabeza.
Ambos chicos se empezaron a reír con alegría, bueno, toda la alegría que Naruto puede demostrar.
El fin de clases había llegado, Naruto y Naruko estaban caminando mientras platicaban, cuando salieron de La Academia, Naruto vio a una pelirroja esperando afuera. Cuando Naruto se iba a despedir de Naruko, ella lo tomó del brazo y lo jaló hacia la pelirroja.
—¡Mira mamá! —Jaló a Naruto a un lado de ella—. Este es mi nuevo amigo.
—¿Por qué me jalas?
—Mucho gusto, soy Uzumaki Kushina —lo saludó con una sonrisa.
—El gusto es mío Uzumaki-san, soy Son Naruto —le devolvió el saludo con una sonrisa tranquila.
Kushina se lo quedó viendo por unos segundos.
—Oye, ¿no nos hemos visto antes? Tu cara se me hace familiar —preguntó Kushina.
Naruto se sujetó el mentón para pensar.
—Bueno, yo he estado de pueblo en pueblo, así que quizás nos hemos topado alguna vez —dijo Naruto con calma.
—Sí, creo que sí. ¿Acabas de llegar a la aldea?
—Oh, si. Llegué esta mañana —dijo Naruto—. Perdón, pero tengo que ver a Hokage-sama, adiós Naruko, adiós Uzumaki-san.
—No, llámame Kushina.
—Entonces, adiós Kushina-san —dijo Naruto empezando a irse.
—Adiós Naruto-kun —dijo Naruko alegre.
Naruto se detuvo un momento, pero luego siguió como si nada. Mientras tanto, Kushina y Naruko se quedaron unos minutos más para esperar a Menma.
Naruto abrió la puerta de su nuevo apartamento, el Hokage fue muy amable de ayudarle a comprar un departamento y darle algunos consejos para que no lo engañen; era un poco pequeño, pero era lo suficiente para vivir en él.
El departamento ya tenía varias cosas en él, una pequeña mesa de madera, una pequeña cocina y dos sofás con una mesita entre ellos.
Metió una mano en una bolsa de su ropa y sacó media docena de papeles con un sello en ellos. Los había comprado en una aldea de paso, eran sellos de almacenamiento, pero eran muy básicos, sólo podía llevar un objeto o varios del mismo tipo.
Tomó el primer sello de la pequeña pila y de él sacó una estatua de dragón de siete cabezas, con la boca abierta, fue una de las cosas que le regaló su maestro antes de irse. De otros sello sacó siete esferas amarillas, con diferentes cantidades de estrellas rojas dentro de ellas.
Con cuidado, Naruto empezó a meter las esferas en las bocas de las cabezas del dragón, al terminar, vio como cada cabeza de dragón tenía una esfera en sus fauces. Lo vio con una sonrisa tranquila.
Tomó otro sello y aplicó un poco de su chakra, del sello salió un báculo rojo que a simple vista no parecía nada especial, pero él sabía, sabía que este báculo era, sin duda alguna, el báculo más especial que habrá en la historia.
Dejó el báculo en la mesita y de otro sello sacó su contenedor, era bastante simple, una funda roja con una cuerda blanca para que no se cayera. Tomó el báculo y lo metió en su contenedor, y este mismo lo dejó acostado en el sofá.
Guardo los otros sellos en sus ropas, esos tenían cosas más simples, ropa, las últimas cuatro Semillas del Ermitaño que existen, y sus pesas. Después de organizar todo en su nueva casa, Naruto se acostó en uno de los sofás, ya era un poco tarde, la compra del departamento había abarcado gran parte de la tarde, y el sol estaba a punto de ocultarse.
Y sin más, Naruto cerró los ojos y dejó que su conciencia descansara.
Fin del capítulo 1.
NA: Buenas, el primer capítulo de "El instinto de un Ninja" ha terminado, espero que les haya gustado y que dejen su voto…, follow…, Review…, comentario, lo que sea que demuestre su apoyo.
Nos leeremos pronto.
PS: perdón por las faltas de ortografía.
