-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "I Still Believe" de Hayden Panettiere para Sakura, "Defying Gravity" de The Veer Union para Sasuke, y "I´m Alive" de Celine Dion para el contexto del capitulo.


Alteza, ¡el rey Tajima ha matado a mi hijo Itachi, ha encarcelado a toda mi familia!

Cada vez que regresaba a Castilla por el motivo que fuera, Mikoto recordaba con profundo dolor como una vez hace tantos años, cuando se había encontrado en suelo castellano, había llegado a ella desde Portugal la noticia de la muerte de su amado hijo Itachi, entonces heredero del ducado de Viseu tras la muerte de su primogénito Rai…ni siquiera había podio despedirse de él ni abrazarlo, solo llorar su muerte con el corazón destrozado, acompañada por su adorado hijo Sasuke, que se había convertido en su única razón para vivir. Era curioso como ahora Mikoto regresaba a Castilla, y nuevamente experimentaba una perdida, habiendo sido informada de la muerte de la esposa de su hijo, una tragedia para Portugal, pero nada la había detenido de subir a un carruaje y emprender rumbo hacia donde estaba su hijo. Cargada de los usares propios del luto, lady Mikoto portaba una elegante capa de piel negra, cerrada a la altura del cuello y con bordados dorados para formar dos hebillas falsas a la altura de un broche que la cerraba, con una sencilla diadema de seda negra con bordados cobrizos de la que pendía un largo velo que caía tras su espalda, sin otra joya salvo unos aretes de oro en forma de tulipán, y su cabello azabache estaba recogido tras su nuca. Habiendo sido informada de donde se encontraba la reina Seina tan pronto como había llegado, lady Mikoto se detuvo ante las puerta de sus aposentos, que abrió sin demora, encontrando a su sobrina la reina de Castilla sentada junto a la cuna en que yacía su ahora nieto, y a su lado se hallaba su esposo el rey de Aragón.

—Altezas— reverenció Mikoto, dedicando una triste sonrisa a su sobrina. —Sobrina— serena como siempre, la reina Seina se levantó de su lugar al encuentro de su tía, a quien abrazo afectuosamente. —Vuestro dolor es el mío, bien lo sabéis— consoló con un nudo en la garganta antes de romper lentamente el abrazo.

—Habéis viajado rápido— celebró el rey Pein, intentando aligerar el ambiente.

—La impaciencia por conocer a mi nieto, parecía dar alas a los caballos— contestó ella con una sonrisa, pues se sentía dichosa por ser abuela finalmente.

—Pues no demoréis vuestro deseo— consintió la voz de su hijo Sasuke, que ingresó en la habitación cerrando las puertas tras de sí. —Aquí tenéis a Yosuke de Portugal, quien también será rey de Castilla y de Aragón— presentó, entrelazando una de sus manos con las de su madre, guiándola hacia la cuna para que conociera a su nieto.

Intentando dejar atrás el luto y el golpe que había significado para él la muerte de su esposa Takara, que en su lecho de muerte había afirmado no haber podido amarlo, Sasuke se había volcado completamente hacia su hijo, cuidando de él a la par que lo hacían los Reyes Católicos, pues era el heredero que Portugal necesitaba, y era su sangre, su hijo, ¿cómo no preocuparse por él? Encantada, Mikoto apoyó sus manos en el borde de la cuna, sonriendo al observar el sereno rostro durmiente del tierno bebé de cabellos castaños, pequeño, inocente y dulce, su primer nieto, y esperaba que no fuera el único. Con las manos cruzadas a la altura de su vientre, la reina Seina—con su esposo el rey Pein apoyando una de sus manos en su hombro—observó en silencio el conmovedor cuadro de una abuela conociendo a su nieto, mas interiormente insensible tras todas las pérdidas que había sufrido, las campanas del reino aun doblaban por la muerte de su hija Takara, y los habitantes de los reinos de las Españas empezaban a preguntarse: ¿qué maleficio pesa sobre nuestra casa real?, ¿qué seguirá ahora? La muerte del príncipe Sai había sido una tragedia, el nacimiento de una hija mortinata había sido una catástrofe, y la muerte de su hija la reina portuguesa era aterradora, ¿qué pasaría ahora?, ¿qué tragedia sobrevendría al reino? Primero mi hijo, luego mi nieta, ahora mi hija, se lamentó interiormente la reina Seina, oh, Dios de los cielos, ¿cómo podéis olvidaros así de mí?


Los castellanos eran gente que se jactaba de vivir apropiadamente del luto, lloraban a sus muertos, pero al mismo tiempo intentaban desligarse del pesar y continuar con sus vidas, que es lo que se esperaba que hicieran, así que no fue nada extraño que tras celebrar las exequias cotidianas por su hermana y habiendo dejado pasar los días de recogimiento pertinentes, la infanta Sakura decidiera abandonar palacio, reuniendo a sus conocidos más cercanos y a sus doncellas, organizando una partida de caza, en la cual jinetes y amazonas por igual cabalgaron por los verdes campos de Castilla tras un escurridizo venado, que tras una prolongada persecución, parecía haber conseguido escapar de ellos. Montada sobre el lomo de su caballo, un hermoso purasangre ibérico de pelaje y crin negra, y ceñida al luto, la infanta Sakura portaba un bello pero sencillo vestido negro de escote alto y cuadrado, con corpiño que se anudaba en el frente y que debajo tenía una capa blanca en A hasta la altura del vientre, con holanes negros a modo de hombreras que continuaban en holgadas mangas blancas con bordados negros y marrón oscuro que recreaban mariposas y capullos de rosa, ceñidas a la altura de las muñecas, y falda doble; una superior de color negro y una inferior color blanco, sus largos rizos rosados caían tras su espalda, peinados por un sombrero negro con una pluma blanca, además de guantes de cuero con las que sujetaba las riendas, y botas de montar también hechas de cuero.

—Deberíamos volver, Alteza, ese venado ha huido— aconsejó su doncella Karin, su amiga más cercana.

—¿Os rendís tan pronto, Karin?— cuestionó Sakura, divertida por su falta de espíritu aventurero, —esa pieza ya era nuestra— señaló sin fatigarse. —¡Sigamos!— decidió, alzando la voz para que sus compañeros de cacería la escuchasen.

—Sois la princesa más obstinada que he conocido— rió su amiga, acompañándola en todo como siempre, —compadezco al rey Utakata— si su Infanta así lo deseaba, el rey escocés conocería el cielo o bien el infierno al tenerla por esposa.

—No es obstinación, sino perseverancia— diferenció la Infanta, sin ofenderse, —y el escocés tendrá que aceptar lo que le toque en suerte, como habré de hacerlo yo— él compromiso aun no era oficial, pero era mejor hacerse a la idea.

—El rey Utakata es un partido más que adecuado para una infanta de Castilla y Aragón— consideró Karin, intentando animarla, —serían una pareja apropiada, si permitís mi atrevimiento— sabía que podía hablar libremente con su amiga, pero esta no dejaba de ser una Infanta de Castilla y Aragón.

—Sí, es adecuado, cualquier mujer querría desposarlo— asintió Sakura, sin pensar mucho en las palabras que salían de su boca.

—Aunque, el rey Sasuke…también es un gran partido— mencionó su amiga pícaramente, pues todos en la corte alababan la gallardía del rey portugués.

—Eso sí es atrevido, Karin— regañó la Infanta, prefiriendo no tocar ese tema.

—Ruego me disculpéis, Alteza— se lamentó Karin, no deseando ofenderla.

—Olvidadlo, soy yo quien ha de pediros perdón, y agradeceros por soportarme— sosegó Sakura con una ligera sonrisa.

—Han sido días difíciles, Alteza— recordó ella, comprendiendo el por qué para sus contradictorios pensamientos. —Pero estoy convencida de que pronto todo será mejor— el luto y las tragedias no podía durar para siempre.

Intentando animarse, Sakura solo asintió con una ligera sonrisa, casarse con el rey de Escocia beneficiaria a Castilla y Aragón, así apoyaría a su hermana Mirai quien sería reina de Inglaterra dentro de unos años, además en el proceso le quitarían un aliado a Francia, cuyo rey había casado con la duquesa de Bretaña, viuda del anterior rey…Sakura sospechaba que el posible compromiso con el rey Utakata de Escocia no duraría, la alianza con Portugal era más importante para Castilla y Aragón que ninguna otra, mas a pesar de todo no quería casarse con Sasuke, a menos que sus padres se lo ordenaran, entonces tendría que obedecer. Concentrada como estaban ambas damas en sus propios pensamientos, eran ajenas de una víbora que se arrastraba silenciosamente sobre la hierba, mas no fue así para sus caballos, que se alzaron sobre sus patas traseras, Sakura consiguió controlar a su corcel, mas no así Karin cuyo caballo procedió a correr a causa del susto. A varios metros de donde las damas se encontraban, refugiados bajo dos enormes árboles se encontraba el rey Sasuke reunido con un pequeño sequito de sirvientes y nobles, a él también le había parecido un buen día para salir de caza, pero pronto fue arrancado de sus pensamientos al escuchar los gritos de una dama cuyo caballo comenzó a correr, sin darle tiempo más que a sujetarse de las riendas, el primer impulso de Sasuke fue dirigirse hacia donde estaba su caballo para auxiliarla, pero un susurro se lo impidió:

—Es la infanta Sakura…— reconoció por lo bajo uno de los mozos tras él.

Sorprendido por aquella revelación, y por finalmente tener ocasión de ver a tan noble dama, el rey Sasuke enfocó su mirada en la joven mujer que a toda velocidad galopó en su caballo para auxiliar a su amiga, aferrada al lomo de su corcel, con su largo cabello rosado cayendo tras su espalda como una cascada de rizos y que resalto aún más cuando el sombrero negro con pluma voló de su cabeza, sujetando férreamente las riendas y presionando la espuela de su montura para que el corcel galopara aún más rápido y poder alcanzar a Karin, esbozando una sonrisa ante la adrenalina de moverse y ser libre en aquel ambiente, alargando una de sus manos al aire cuando el caballo de su amiga se encontró a su alcance, halando de las riendas de este, que se resistió a causa del susto dado por la víbora, dejando como única opción a la infanta Sakura abandonar la montura de su caballo y colgarse del lomo del fúrico corcel, sujetando las riendas con ambas manos mientras aterrizaba sobre el suelo, sin importarle enterrar sus botas y manchar la falda de su vestido con tierra o lodo en el proceso, halando de la riendas con todas sus fuerzas, hasta que el brioso corcel amaino su galope y se detuvo lentamente bajo las ordenes de la Infanta, permitiéndole a la dama sobre su lomo recuperar el aliento, y a Sakura sonreír por lo bajo.

—Alteza…— jadeó Karin, observando el aspecto alborotado de su Infanta, —¿estáis bien?— preguntó, bajando cuanto antes del lomo de su corcel.

—Solo es lodo, Karin— desestimó Sakura, reparando en la expresión de culpa en el rostro de su amiga. —Sí, estoy bien— sosegó con una discreta sonrisa.

Además estaban en una cacería, se suponía que era inevitable ensuciarse, y Sakura prefería pensar en otras cosas y no en si tenía lodo en la falda o las botas...quizás debería haber elegido un traje menos elegante, pero lo hecho, hecho estaba, y Karin parecía mucho más tranquila, lo que sereno a la Infanta, completamente ajena al hombre que la observaba desde la distancia, absolutamente perplejo y asombrado de lo que acababa de presenciar. Decirse impresionado era poca cosa para Sasuke, que hubo contemplado todo boquiabierto, jamás había visto a alguien montar a caballo de esa manera, mucho menos a una mujer, él mismo era un apasionado por la equitación y la caza, lo que en el último tiempo había tenido que abandonar, ya que su difunta esposa Takara había perdido a su anterior marido tras caer de un caballo. La incredulidad de Sasuke desapareció, y dio paso a la admiración, reemplazando su estupor con una sonrisa ladina mientras estudiaba desde lejos a aquella mujer, bella y digna, con el cabello ligeramente revuelto y las mejillas sonrosadas…ella la mujer a quien una vez había rechazado:

La infanta Sakura.


—Esto os ha enseñado una lección, Karin; sois excelente manteniéndoos sobre un caballo— reflexionó Sakura burlonamente, viendo avergonzada a su amiga. —Ayudadla, dadle algo de beber y preparen todo, volveremos a palacio cuanto antes— ordenó a uno de sus sirvientes, queriendo que su amiga se recompusiera primero.

Despidiendo temporalmente a su amiga, que fue escoltada por uno de sus sirvientes hacia donde pudieran darle algo caliente de beber para regresar mucho más calmada a palacio, sin tener que hacer un alboroto por lo ocurrido, la infanta Sakura se volvió hacia el espacio que sus sirvientes habían preparado para ella, y donde para su sorpresa la esperaba el rey Sasuke. El rey portugués vestía un sencillo jubón negro de cuello alto, —debajo una camisa de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—, cerrado por botones cobrizos y mangas ceñidas, encima un largo abrigo negro plagado de bordados cobrizos, con hombreras de piel y cortas mangas hasta los codos. La Infanta se mantuvo tan serena como siempre, lo que le permitió al rey portugués contemplarla mientras se acercaba a él, o la mesa sobre la que yacía un recipiente con agua que uno de los sirvientes procedió a servir, mientras la Infanta se desojaba de los guantes y lavaba sus manos. A ojos de Sasuke, Sakura era todo lo que Takara no había sido; alta, más que cualquier mujer que hubiera conocido, de tez blanca como el alabastro, grandes y gatunos ojos esmeralda adornados por pestañas perfectas que le daban un aire seductor y cadencioso, cejas naturalmente arqueadas dejando ver parte de su agudo ingenio, y largos rizos rosados que caían como una cascada sobre sus hombros y tras su espalda, hasta las caderas.

—Alteza, es honor conoceros finalmente— saludó Sasuke, sintiéndose como un tonto por estar nervioso de solo hablar con ella.

—Lo mismo digo, Alteza— contestó Sakura, secándose las manos en una toalla que el sirviente le entregó. —Sabed lo mucho que lamento la muerte de vuestra esposa, mi hermana— admitió, aun sufriendo profundamente por la muerte de Takara.

—Os lo agradezco— asintió él, aliviado por el desarrollo de la conversación. —Aunque agradezco que nos hayamos encontrado fuera de las miradas de la corte, siento que nuestro primer encuentro sea tan sombrío— desearía que pudieran haberse visto antes y hablar con mayor soltura.

—Sombría ha sido la causa para vernos, pues sin la muerte de mi hermana, jamás habríais tenido necesidad de ver mi rostro— refutó ella fríamente, sosteniéndole la mirada, —¿o me equivoco?— llevaba tiempo deseando decirle aquello.

Como una de las hijas de la reina Seina, quien era un ejemplo para la cristiandad entera, Sakura había crecido sabiendo que el perdón era signo de grandeza, y que como ser humano que era, debía ser magnánima y perdonar, no odiar, sin embargo y a pesar de esto era una mujer rencorosa, la biblia no decía que el rencor fuera pecado y Sakura pensaba que al olvidar, no aprendía una lección importante. No odiaba a Sasuke, pero tampoco podía olvidar todo lo que había sucedido, como él la había rechazado hace tantos años y elegido a su hermana Takara en su lugar, y no podía olvidar como eso la había condenado a la muerte aunque no fuera su intención, ¿cómo escuchar sus palabras y dejarse enamorar o seducir fácilmente?, una Infanta de Castilla y Aragón era mucho más que una novicia enamorada. Siendo el rey de Portugal, Sasuke en cierto modo era una figura intocable, la gente se pensaba las cosas antes de decírselas, para no ofenderlo, así había sido desde que había ascendido al trono, pero nunca en su vida una persona le había hablado con tanta indiferencia y dureza, tajante y transparente, tanto que Sasuke lo sintió como una especie de golpe o bofetada, chocante al principio y hasta hiriente, pero no era nada que no mereciera y eso tenía claro, inspirando aire profundamente y sin apartar la mirada de los intensos ojos esmeralda de la Infanta Sakura, aceptando lo que ella quisiera o tuviera a bien decirle.

—Alteza— interrumpió un sirviente, haciendo que la Infanta voltease a verlo, —todo está preparado— informó tras haber cumplido con sus órdenes.

—Gracias— sonrió Sakura, dejando atrás la discusión, eso era lo mejor. —¿Karin esta mejor?— consultó, volviendo a colocarse los guantes.

—Sí, Alteza— asintió el sirviente, presto a recibir más ordenes suyas.

—Mi caballo— indicó la Infanta a un mozo, que no dudo en acercarse sujetando las riendas de su corcel.

—¿Os ayudo?— se ofreció Sasuke, dado que las mujeres siempre necesitaban ayuda al subir a un caballo.

—No será necesario, Alteza— desestimó Sakura con un deje de superioridad, —usó una silla de montar que no lo precisa— dicho esto y con gran maestría, apoyo las manos en la montura y subió al lomo del caballo con un solo movimiento.

—Tengo curiosidad— admitió él, observándola atentamente, —sin hombre del que sujetaros, ¿cómo pretendéis sosteneros sobre el caballo?— tanto en Castilla como en Portugal, las mujeres tendían a montar acompañadas para mayor seguridad.

—Con mis muslos, Alteza— contestó ella, encogiéndose de hombros despreocupadamente.

Era una mujer fuera de lo común, por así decirlo; la mayoría de las mujeres en Castilla montaban acompañadas, efectivamente, y de lado que era la forma femenina de mantenerse sobre un caballo, sin embargo Sakura había aprendido a montar al mismo tiempo que su hermana Hinata, y dado que le era incomodo montar de lado, lo hacía con una pierna de cada lado, algo más práctico y para lo cual usaba una montura de hombre, de ahí que fuera particular, y quizás algo arrogante, esbozando una sonrisa de superioridad mientras sujetaba las riendas e indicaba a su corcel que se moviera, lo que el purasangre ibérico no dudo en hacer, dirigiendo la comitiva de damas y nobles castellanos que pronto siguieron a la Infanta, que galopo al frente de estos, con la frente en alto. De pie en el mismo lugar, aun pareciendo embelesado—o eso sentía que estaba dando a entender—, Sasuke se llevó una mano al mentón y parpadeo con incredulidad, siguiendo con la mirada a la Infanta Sakura, que mujer, pensó sin aliento, jamás habiendo titubeado en hablarle a alguien, excepto ahora, Sakura lo había dejado literalmente sin palabras, más con esa última postilla sobre su forma de montar, porque por un instante deseo ver bajo la falda de su vestido y corroborar su forma de montar, o si solo estaba burlándose de él…


Ya habían tenido lugar las cortes de Zaragoza, en Aragón, y el pequeño príncipe Yosuke había sido jurado heredero de ambos reinos, pero el rey Sasuke no esperaba que tras esto le exigieran o impusieran dejar a su hijo para que fuera educado en Castilla, lo que su madre no había tardado de informarle a su regreso a palacio, claro que lo consolaba y tranquilizaba que la reina de Castilla y el rey de Aragón se juraran tutores del infante, pero Sasuke no quería dejar a su hijo en otro reino, sin poder verlo crecer ni participar en su vida, ¿acaso no era padre?, ¿no tenía derecho de velar personalmente por el bien de su hijo? Mas descansado y relajado tras la partida de caza, teniendo aún muy presente a la Infanta Sakura en sus pensamientos, el rey portugués se dirigió hacia los aposentos de la reina Seina, ataviado en un sencillo jubón negro—debajo una camisa blanca de cuello redondo y mangas holgadas ceñidas en las muñecas—de cuello redondo y doble capa, con mangas ceñidas—una superiores cortas a la altura de los codos y unas inferiores más claras y ceñidas a las muñecas—, ceñido a su cuerpo por un cinturón, largo faldón hasta las rodillas, pantalones negros, botas de cuero, y alrededor de su cuello un toisón dorado, abriendo las puertas de la estancia e ingresando sin miramientos, encontrando a la reina a solas y sentada ante su escritorio, quien se sorprendió por su abrupta irrupción.

—¿Cómo os atrevéis a pedirme que deje a mi hijo en corte extraña?— demandó saber Sasuke cuanto antes.

—¿Extraña?— repitió la reina Seina al superar su sorpresa inicial. —¿Os sentís así entre nosotros?— de ser el caso, debía saber que no era esa su intención.

—Con esta petición demostráis, que con cien ojos habré de velar por mis intereses y por los del príncipe en Castilla— acusó él, determinado a no dejar a su hijo atrás.

—Castilla es uno de los reinos que heredara— recordó ella, igualmente inamovible.

—Como también lo es Portugal— contrarió Sasuke, dispuesto a enfrentarse a ella de ser preciso.

—Siempre que podáis defender la corona hasta que llegue su hora— consideró la reina Seina, recordándole su difícil situación. —No consentiré poner en peligro al heredero, para afianzaros en vuestro trono— y esa situación era muy real.

—Tan soberano soy como vos, y Portugal en nada es menos que Castilla— defendió él, en caso de que lo pretendiera fuera ningunearlo.

—Nadie lo discute— suspiró ella, sin poder dar otra respuesta ni deseando ofenderlo.

—Pero sobre todo ello, me asiste mi derecho de padre— discutió Sasuke, decidido a proteger a su hijo y llevarlo a su reino, donde habría de crecer. —Yosuke vendrá conmigo a Portugal— decidió, sin consentir que ella determinase lo contrario.

—Lo último que oí de labios de mi hija, fue que cuidase de él— respondió la reina Seina con su voz cargada de pesar, —y no dudéis que lo cumpliré— su nieto estaría primero que cualquier otra cosa para ella, era una promesa.

Había cometido un error en el pasado, debería haber dejado que su amada hija Takara tomara los votos, se alejara del mundo y convirtiera en una monja de claustro tras la muerte de su adorado esposo Izuna, pero por su tozudez de forjar una alianza para la corona había hecho que su hija muriera de forma trágica, mas no cometería ese error con su pequeño nieto, a quien prometía cuidar con sumo cuidado y devoción, y no solo ella sino también su hija Sakura, que parecía haber tomado el rol de madrastra para el pequeño, visitándolo varias veces al día cuando ella no podía, e interrogando a sus nodrizas o niñeras en todo momento para que no se pasara ningún detalle por alto. Sin otro remedio, y consciente de que aquella era una batalla de voluntades que no ganaría, Sasuke únicamente frunció el ceño y aparto la mirada de los intensos ojos ónix de la reina, pues lo que ella deseaba era el bienestar de su hijo, lo mismo que él, ¿no expondría a su hijo al peligro por regresar con él a Portugal si ni siquiera tenía claro de que era capaz su sobrino el duque de Braganza? Ni siquiera tenía claro que sucedería a futuro, pues le gustara o no, muchos lo presionarían para que volviera a casarse y tuviera más descendencia, pues Yosuke no era suficiente.

Guardaría silencio, por ahora.


Con una mano en la cadera y la otra en el mentón, paseándose frenéticamente ante las ventanas de sus aposentos, Sasuke se asemejaba a un león enjaulado, debatiéndose entre su deber de rey y su deber de padre dada la imposición de la reina Seina, ¿cómo dejar a su hijo en la corte de Castilla?, ¿cómo padre no era su derecho llevar a su hijo a su reino y supervisar su crianza?, ¿por qué habría de dejarlo en Castilla? El rey portugués vestía una camisa blanca de cuello alto y cerrado, con mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas, encima un jubón negro, con mangas de cuero con holanes blancos y detalles de cuero en el contorno del cuello, largo faldón hasta la altura de las rodillas, alrededor de su cuello yacía un toisón de oro, y sobre sus hombros un abrigo de terciopelo negó con dobladillo dorado, a juego con la hebilla de su cinturón, además de botas de cuero, y su rebelde cabello azabache estaba ligeramente despeinado como siempre. Irrumpiendo en sus pensamientos, su madre Mikoto finalmente ingresó en sus aposentos, dedicándole una amable sonrisa, ataviada en un elegante vestido negro de escote cuadrado con detalles plateados en el centro y los laterales, mangas ceñidas a las muñecas con elegantes holanes y falda lisa, con un manto de terciopelo sobre sus hombros, y sobre su cabeza un velo de seda negro con bordados plateados, ocultando su largo cabello azabache azulado recogido tras su nuca, con una guirnalda de diamantes y ónix alrededor de su cuello y largos pendientes a juego, claramente desconcertada por la expresión de su hijo.

—¿Qué cuentas habéis de saldar con Seina para secundar sus planes?— interrogó Sasuke cuanto antes.

—La defensa de mi familia casi me cuesta la vida— recordó Mikoto en su defensa, —nada hay más importante, por eso haré lo que sea necesario, por vuestro bien— era lo mínimo que le debía a su fallecido esposo, y a sus hijos. —Necesitáis a Seina y Pein a vuestro lado para defenderos de vuestros enemigos— obvió, intuyendo que había evocado la discordia en él.

—Salí de Portugal para ser el rey más grande la cristiandad, ¿he de volver humillado?— cuestionó él, incapaz de compartir su opinión. —Mi debilidad acrecentara su ambición— todos siempre ambicionaban más, y seguramente los Reyes Católicos no serían excepción.

—No, pues volveréis siendo mejor rey— negó ella, acercándose para sostener las manos de su hijo, instándolo a entender su estrategia. —Presentad la decisión de dejar al príncipe como propia, y regresad sin él, pero con una reina— el príncipe Yosuke no era suficiente, su hijo necesitaba más herederos y una nueva esposa.

—¿Qué estáis proponiendo, madre?— preguntó Sasuke pese a intuir la respuesta.

—Que el príncipe se eduque en Castilla hasta que tengáis más descendencia y aseguréis la dinastía— explicó Mikoto con voz serena, —para ello obtened de los reyes el compromiso de entregaros una nueva esposa; la Infanta Sakura— manifestó con una sonrisa triunfal, pues estaba a favor de esa boda.

Hace años atrás, Mikoto había considerado que la Infanta Sakura sería una gran reina para Portugal—incluso por encima de su fallecida nuera Takara—, por su templanza, su carácter y educación, así como por su corazón, y ahora era la reina que Portugal tanto necesitaba, su hijo no podía ni debía rechazarla esta vez, ofender a Castilla no era una opción ni mucho menos descuidar la sucesión, un rey siempre necesitaba engendrar varios herederos, mas lejos de aceptar sus palabras, su hijo soltó sus manos y se alejó de ella, llevándose una mano al mentón y dándole la espalda, en conflicto consigo mismo sobre el hombre que era y el rey que debía ser. No era la primera vez que Sasuke oía la palabra matrimonio, en los primeros días tras la muerte de su esposa—antes de que su madre llegase a la corte—, los Reyes Católicos le habían sugerido entre líneas que volviera a casarse, y que de hacerlo ellos aún tenían una hija disponible; la Infanta Sakura, entonces Sasuke no había aceptado ni rechazado el ofrecimiento, no era sensato hacerlo dada su situación, pero a decir verdad no tenía intención de volver a casarse, hasta que había conocido a la Infanta Sakura días atrás, y su determinación, convicciones, ardor, temple y belleza lo habían embelesado, literalmente no podía dejar de recordar su breve encuentro durante la cacería del día anterior, pero, ¿convertirla en su esposa?, ¿y más tan pronto?, Sakura no quería casarse con él, se lo había dejado muy claro, y él no pensaba obligarla.

—Ya había pensado en ello, mas no creo que tal enlace suceda— espetó Sasuke finalmente, más porque era demasiado pronto para volver a casarse.

—¿Por qué motivo?— cuestionó Mikoto ante su negativa, —¿acaso no deseáis desposar a tan noble mujer?— no encontraría esposa mejor en toda la cristiandad.

—No se trata de eso— protestó él, ya que eso estaba fuera de discusión. —Sabéis que salí a cazar ayer…y ambos nos encontramos— su madre se sorprendió ante esto último, pues él no le había dicho nada. —Me dejó bastante clara su postura con respecto a mí, con palabras educadas pero duras— nadie jamás le había dicho palabras tan duras a la cara, ni siquiera su madre o sus hermanas. —Y no la culpo por odiarme, primero la desprecie y si ahora me acerco a ella es porque necesito una esposa— a decir verdad le sorprendía que no fuera más arisca o mucho menos educada.

—Es hija de reyes, sabe cuál es su deber— sosegó ella si eso preocupaba a su hijo.

—Pero yo no quiero que lo haga por deber— discutió Sasuke, alzando la voz para sorpresa de su madre. —Cuando estuve casado con Takara, viví con una mujer que no me amaba, era amable, dulce y atenta, pero no sincera. Si agradeció la muerte no fue por librarse del dolor, sino porque su vida fue sombría— amar a alguien y no ser correspondido era doloroso, insoportable incluso. —No me amó ni yo a ella— no quería volver a experimentar eso, quería sentir como un hombre normal.

Tonto, hasta iluso e ingenuo de su parte, a Sasuke no le importa lo que dijeran, ya se había casado por política una vez y el resultado—agradecía a Takara el nacimiento de su hijo Yosuke—había sido desgarrador, sintiendo que la muerte de Takara era culpa suya, pues de no haberse casado con él, no habría muerto, mas ahora lo que Sasuke más deseaba era casarse compartiendo un sentimiento en común con la mujer que se convirtiera en su esposa, no por deber, ¿cómo pedirle a la Infanta Sakura que no rechazara convertirse en su prometida? La había rechazado en el pasado, la había ofendido y despreciado, claro que cuando la había conocido se había sentido fascinado, pero, ¿con qué derecho? Era el deber de un rey tener descendencia, y él sabía que si no se apresuraba en volver a casarse, el trono peligraría a manos de su sobrino duque de Braganza, pero no quería pensar como rey sino que como hombre. Conmovida por el sentir de su hijo, Mikoto sintió como si el tiempo volviera atrás, cuando siendo muy joven ella había tenido las mismas inquietudes, entonces había sido loable pues pese a pertenecer a una familia noble, no había sido princesa cuando la habían comprometido con su amado Fugaku, y había querido que el hombre con quien se casara la amara y ella a él, afortunadamente el amor había nacido entre ambos, y nadie mejor que ella comprendía lo que su hijo estaba sintiendo, pero si alguien podía amar a una mujer y hacerla feliz, ese alguien era Sasuke.

—Dadle tiempo— contestó Mikoto con voz dulce y maternal, —conquistad su corazón y hacedle ver la felicidad que puede experimentar a vuestro lado— estaba convencida de que su hijo haría sentir dichosa a cualquier mujer.

No podía decirle otra cosa, salvo pedirle ser paciente, pues si la Infanta Sakura era la mujer indicada, amaría a su hijo por quien era, y él a su vez la amaría a ella, porque el amor no se podía forzar, eso bien lo sabía ella. En vida, Sasuke había ofendido mucho a las mujeres importantes de su vida; a su hermana Miso por delegar en ella la carga de ser la heredera hasta que él tuviera hijos varones, e incluso hasta hace poco, a su hermana Emi por tener que obligarla a enemistarse con su propio hijo y ser leal a la corona así como a él, ¿ahora habría de ofender también a su futura esposa? Desde niño, la mayor obligación que le habían impuesto su padre y su madre había sido convertirse en un hombre recto, digno y respetable, un caballero en esencia, y un buen esposo, alguien que pudiera hacer feliz a la mujer que llegase a ser su esposa, y quería creer que había hecho feliz a Takara durante el breve tiempo que habían estado casados, ¿pero conseguiría hacer feliz a Sakura? Ella era muy directa, si algo no le parecía no dudaba en decirlo, algo a lo que él no se había enfrentado hasta ahora, pero le agradaba su sinceridad, así como su ingenio, arrojo, pasión y belleza…


Intentando dejar atrás parte del luto y las exequias por su amada hija Takara, los Reyes Católicos habían decido celebrar un banquete tras ser informados de que su hija la archiduquesa Hinata—en Flandes—se encontraba embarazada, y con motivo de aquella noticia, todos estaban reunidos en una modesta celebración, un banquete bien abastecido para todos, con la mesa principal encabezada por la reina Seina y el rey Pein, sus hijas las Infantas Sakura y Mirai a su diestra, y al lado opuesto el rey Sasuke y su madre lady Mikoto. Era costumbre de Sakura vestir sencillamente en tiempos de luto, minimalista, opaca y sin joyas, pero esta vez su madre la reina Seina había preparado un ajuar especial y que ella no había podido rechazar; constaba de un vestido de seda negra azulada de escote alto y cuadrado—favorecedor para una joven de su edad—, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, encima una chaqueta del mismo material, de profundo escote en V que terminaba casi bajo el busto, con bordados dorados en el contorno, y en los bordes de las cortas mangas, por encima de los codos, y falda lisa, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, peinados por una diadema de oro decorada por perlas, y alrededor de su cuello una guirnalda de oro con cuentas ónix y un voluminoso dije en forma de rosa, más hermosa que nunca a ojos del rey Sasuke.

—Mirai, ¿queréis danzar?— invitó Sakura, rompiendo con el molesto silencio. —Por nuestra hermana Takara, para celebrar su vida y sus logros— sugirió dada la mirada de su hermana menor, habitualmente sombría y melancólica. —Solíamos hacerlo de niñas, a Takara le encantaba— ella adoraba que bailaran desde pequeñas.

Indecisa, la Infanta Mirai desvió la mirada hacia sus padres, pidiendo su aprobación, a lo que ellos no dudaron en asentir, permitiéndole levantarse de la mesa junto a su hermana Sakura, pues los reyes no querían que sus hijas se amargaran por el luto que imperante. Es que hay tantos desastres, solía decir Mirai con profunda tristeza; ya veréis que, más adelante suceden muchas cosas buenas, todas juntas, contestaba Sakura, intentando aferrarse a la esperanza y no hundirse en la fatalidad y la melancolía. Los españoles eran conocidos por llevar a cabo el luto con todo el boato y recogimiento que se esperaba, atendiendo debidamente a sus huéspedes, con una danza sobria y más que cautivante para quienes se relegaban a permanecer en sus asientos como espectadores, y tener ocasión de ver bailar a las últimas dos Infantas de Castilla y Aragón era sin duda un privilegio; de las dos jóvenes, era sabido que muchos en la corte preferían a la Infanta Mirai, digna hija de la reina Seina a quien se parecía más que nadie, sin embargo los ojos de Sasuke no podían apartarse de su posible futura esposa, la Infanta Sakura. Si Sakura se resistía tanto a la boda con el rey Sasuke, no era solo por un resentimiento justificado, sino porque además del rey Utakata de Escocia, tenía como pretendiendo al duque de Calabria, heredero del rey de Nápoles, una alianza más que beneficiosa para el reino de Aragón.

—Vuestra hija es una bailarina magnifica— celebró Mikoto, encantada con lo que veía.

—Es uno de sus muchos talentos— aseveró la reina Seina con orgullo, —Sakura no da a conocer sus logros, pero es una mujer extremadamente completa— todas sus hijas habían sido educadas para ser dignas embajadoras en cualquier corte, —domina el deber de una esposa, pero también el de una reina y política— mentó, desviando su mirada hacia el rey Sasuke, que no dejaba de observar a su hija.

—Como su madre— sonrió ella, confiando en la veracidad de sus palabras.

Halagada por las palabras de su tía, la reina Seina sonrió, teniendo un motivo para ser feliz en el último tiempo dado el posible nacimiento de un nuevo nieto, que quizás fuese sano y fuerte, a diferencia del pequeño Yosuke, callado y frágil, una alegría que sus hijas compartían, pues Sakura pronto había escrito una carta a Hinata en Flandes, felicitándola por su embarazo, en su nombre, en el propio y en el de Mirai. Ajeno a la conversación, Sasuke mantuvo su atención en el espectáculo que tenía ante él, no era el tipo de hombre que se entregaba a juegos y divertimentos, la danza no era algo que le apasionara, tenía cosas más importantes en que pensar, pero desde que era consciente de quien era la infanta Sakura, no podía dejar de reparar en su belleza, grácil, delicada y elegante. Era hasta fascinante la forma en que la bella joven evadía su mirada y se concentraba en bailar con uno de los nobles castellanos, y que tenía uno de sus brazos alrededor de su cintura, mientras ella sonreía con aparente coquetería, con su melena de rizos rosados cayendo tras su espalda y rebotando ante el movimiento de sus graciosos pasos, con sus manos ocupadas en sujetar hábilmente la falda de su vestido, sin cometer error alguno en sus pasos, tanto que pronto otro caballero pidió bailar con ella, que no presento objeción alguna en bailar con ambos a la vez, es más, ni siquiera pareció inmutarse ante el reto, mientras cada uno de los galantes caballeros sujetaba una de sus manos.

—¿Preocupado?— indagó Mikoto, siempre pendiente de su hijo y soberano.

—¿Cómo no estarlo?— cuestionó Sasuke, volviendo la mirada hacia su madre. —Ve a cualquier otro menos a mí, y tiene a otro rey disputando su mano— era difícil asumir que tendría por esposa a una mujer que no lo quería como esposo.

—Eso he oído, el rey de Escocia y el duque de Calabria— nombró ella, cuidando su tono de voz. —Pero, ¿acaso están prometidos?— inquirió, arqueando una ceja, —y aunque lo estuvieran, eso no es desposados, hay un largo trecho hasta el altar, hijo mío— ella bien lo sabía, el compromiso cerraba un acuerdo, ya que solo este conducía a la boda. —La reina Seina me ha dado su palabra, Sakura será vuestra esposa, no lo dudéis— aseguró, y aquello era lo importante.

Objetivamente, Mikoto comprendería la preocupación de su hijo si tal compromiso con el rey escocés o el duque de Calabria se hubiera concretado, pero no siendo así, no tenía nada que temer, y ella tenía la promesa de una alianza entre Castilla, Aragón y Portugal, su sobrina la reina Seina se lo había garantizado ese mismo día, ¿qué más pruebas necesitaba su hijo? Portugal pronto tendría una nueva reina, y Dios mediante, más herederos que un día pudieran llevar la corona y expandir el dominio portugués sobre Europa. Sintiéndose mucho más tranquilo gracias a las palabras de su madre, un bálsamo en momentos tan difíciles, Sasuke regresó su mirada hacia la Infanta Sakura al mismo tiempo que la música terminaba de sonar, contemplando como la bella dama sujetaba la falda de su vestido y realizaba una profunda reverencia a los caballeros que había bailado con ella y que no dudaron en imitarla, mas en un arrebato de debilidad, Sakura alzó la mirada hacia donde estaba el rey Sasuke, como si desease conocer su opinión sobre su persona, y la respuesta que no tardó en llegar cuando el rey portugués se levantó de su asiento y fue el primero de los presentes en aplaudir, prontamente imitado por los Reyes Católicos, así como por su madre lady Mikoto, haciendo sonreír discretamente a Sakura, que a nada estuvo de sonrojarse, lo que provoco que Sasuke se hiciera una promesa; iba a ganar su corazón.

Quería enamorarse de ella y que ella se enamorara de él.


El luto aun reinaba en la corte, y reunidos en el salón del trono tras celebrar las exequias cotidianas por el alma de la fallecida primogénita de los Reyes Católicos, llegaba la hora de tratar el asunto más importante; la futura boda entre el rey Sasuke y la Infanta Sakura, porque ahora era un hecho, así se lo habían informado los reyes a su hija. Aun ceñida a las galas luctuosas, la Infanta portaba un elegante vestido de seda negra azulado de escote alto y cuadrado—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—, con mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas, encima una chaqueta del mismo material, de profundo escote en V que terminaba casi bajo el busto, con bordados dorados en el contorno así como en los bordes de las cortas mangas por encima de los codos, y falda lisa, llevando además sobre el vestido un abrigo de terciopelo negro que permanecía abierto, con mangas ceñidas hasta los codos—con bordados dorados en el contorno—, donde se abrían como lienzos, y sus largos rizos rosados caían tras su espalda, peinados por una sencilla diadema de oro que representaba granadas—el emblema familiar—y rosas, con pequeños pendientes de diamante a juego. Acompañado por su madre, lady Mikoto, y ahora teniendo más claro el futuro, el rey Sasuke se encontraba aún más incapaz de apartar sus ojos de la bella infanta, que aparentemente estoica e indiferente al lado de sus padres, no dio entender que el enlace fuera de su agrado, y parecía no importarle.

—Os ha de consolar saber que con Sakura recuperareis la ilusión, y más hijos vendrán— intentó animar la reina Seina, ante la prospera promesa que representaba su hija.

—Vuestro matrimonio refrenda la alianza entre nuestros reinos— secundó el rey Pein, pues aquello era de vital importancia.

—Me consuela oíros— contestó Sasuke, agradeciendo contar con su apoyo, —pues mis enemigos insisten en que mis días en el trono están contados— y cada día eran más los que lo querían fuera del trono.

—¿La noticia del compromiso no les ha desalentado?— se sorprendió el rey aragonés.

—Más bien todo lo contrario— negó él, teniendo que ser pesimista al respecto.

—El duque de Braganza…— susurró su madre Mikoto a su lado, dándose cuenta de su llegada y que asombró a todos. —Y aquí tenéis la muestra, ¿cómo osa?— masculló en voz baja y para no ser oída.

—Creedme si os digo que no ha sido invitado— aseguró la reina Seina con idéntico tono.

—Tampoco a sentarse en el trono, y es su intención— obvió Sasuke, sin ver un solo atisbo de inocencia en su conducta.

Ataviado en los mismos usares luctuosos que la corte de Castilla, en el salón del trono y escoltado por dos de sus sirvientes, se apersonó Kagen Uchiha, el nombrado duque de Braganza que rondaba los pensamiento del rey Sasuke y lady Mikoto, su sobrino, un joven de apenas diecinueve años—diez años menor que el rey—, y que sin embargo era tan peligroso como joven, pues estaba dispuesto a todo por convertirse en el próximo rey de Portugal. En ausencia de su tío el rey Sasuke, habiéndose enterado de la muerte de la esposa de este, y dado que su tía Miso había renunciado a su derecho sobre el trono, Kagen había sido jurado heredero de la corona de Portugal, ya que los nobles y las Cortes no podían permitir que la corona cayese en manos de un rey extranjero. Desde tiempos inmemoriales, la familia Braganza resaltaba en la corte portuguesa por su importancia, era la familia más antigua y poderosa, detrás de ellos solo estaba el ducado de Coímbra, y en nada extrañaba que el único otro varón de la familia—después solo del rey—fuera considerado heredero. Como si ya fuese rey, el joven noble se acercó a los tronos en que permanecían sentados los Reyes Católicos, analizando todo cuanto lo rodeaba antes de reverenciar a los católicos soberanos, mas ignorando adrede a su tío el rey Sasuke así como a su abuela Mikoto, actuando con la superioridad con la que tenía permitido conducirse un rey, pero no un duque.

—Altezas— saludó Kagen con respeto, —lamento profundamente vuestra pérdida— lo decía sinceramente.

—Sabréis aliviar este golpe sirviendo a vuestro rey en horas tan lúgubres— supuso Pein, pues eso es lo que se esperaba de alguien de su rango.

—Haré lo que mi deber con Portugal me exija— contestó el Braganza, sin llegar a afirmar sus palabras, no teniendo esa intención.

Pese a estar preparado para escuchar esa respuesta, Sasuke sitio una gran ira naciendo de él, teniendo que tolerar que su propio sobrino fuese su enemigo, misma frustración y pesar que compartía su madre, que se mostró tan seria e indiferente como él, ¿cómo respirar o dormir tranquilo sabiendo que su sobrino, hijo de una de sus hermanas, podía apuñalarlo de noche con el único afán de quitarle el trono? Desde que su hermana Miso había renunciado a su título de heredera para vivir en paz como viuda del rey Tajima, la sucesión era un caos en Portugal, y la existencia de su pequeño hijo Yosuke no era suficiente para aplacar a sus enemigos. Observando todo expectante y en silencio, Sakura frunció el ceño mientras observaba cautelosamente al duque de Braganza, sobrino de su futuro esposo, sabiendo que ante ella se encontraba una amenaza; hasta ahora, Sakura había temido ser olvidada por el proyecto de sus padres sobre forjar alianzas matrimoniales, mas ahora todo había cambiado, y desearía poder olvidarse o desentenderse de todos los pretendientes que disputaban su mano, pero puede que se hubiera equivocado al pensar así, porque si la alianza entre Portugal y Castilla peligraba, ella estaba dispuesta a ofrecerse como sacrificio, y tragarse su disgusto para ir al altar y pactar un acuerdo duradero, por Castilla y Aragón…


—Sakura— llamó una voz grave a su espalda, sacándola de su lectura.

Reconociendo la voz del rey de Portugal, la Infanta Sakura marcó la página del libro que estaba leyendo y que cerró cuidadosamente antes de dejarlo sobre la mesita delante de ella, desviando la mirada hacia sus doncellas a quienes permitió retirarse, viéndolas reverenciarla antes de levantarse de su asiento y volverse hacia el rey Sasuke, que no dejo de observarla en ningún momento, preguntándose cómo es que le resultaba más hermosa cada vez que la veía. Esta vez y sin estar sujeta a festividades sino que solo al luto, portaba un riguroso vestido negro—debajo una enagua beige claro de cuello redondo—, de escote redondo y con bordados de oro en los laterales, el centro del corpiño y la falda, a modo de división, las mangas eran ceñidas a las muñecas pero con largos holanes que se anudaban a lo largo de las mismas por hilos de oro, y sobre el vestido llevaba una chaqueta gris oscuro, sin mangas y que acentuaba a su figura por un fajín de igual color, con bordados dorados en el contorno, sus largos rizos rosados caían sobre sus hombros y tras su espalda, enmarcando su rostro, y sobre su cabeza yacía una diadema de oro de tipo cintillo adornado con piedras ónix, a juego con un par de sencillos pendientes. Tan pronto como las doncellas de la Infanta abandonaron la habitación, el rey portugués finalmente ingresó en la estancia, sin apartar en ningún momento su mirada de la bella joven, que se sujetó la falda del vestido antes de reverenciarlo respetuosamente.

—Alteza— saludó Sakura como era debido. —Si venís a que os pida disculpas por mis palabras, tenéis razón— admitió, apretándose nerviosamente las manos. —Mi proceder no ha sido correcto, he sido cruel y me arrepiento por ello— no debería haberse dirigido a él de esa forma, aunque quizás fuera tarde para disculparse.

—Vuestras palabras no me hirieron— sosegó Sasuke, ya habiendo dejado atrás ese incidente, —pero si me aflige que, aunque valláis a serlo, no deseáis ser mi esposa— conquistar su corazón y ser digno de ser su esposo era una dura prueba.

—¿Acaso vos lo deseáis?— cuestionó la Infanta, sorprendida por tal resolución. —Me rechazasteis en su día— recordó con inevitable resentimiento, —¿por qué iba a haber cambiado vuestra opinión sobre mí?— más tratándose de una unión política.

Cuando Sasuke la había rechazado, había tenido la edad apropiada para casarse, no había sido la novia más joven de la historia ni nada parecido, y si la había rechazado entonces, ¿qué era diferente ahora?, ¿qué la conocía en persona?, ¿el rey de Portugal era tan superficial que deseaba casarse con ella solo por su belleza?, ¿acaso eso era todo lo que le importaba? No difería de los tontos nobles de la corte que alababan a su hermana Mirai por haber heredado la belleza de su madre la reina Seina, sin enfocarse en su intelecto, ¿la belleza lo era todo?, que pensamiento más básico, ella había nacido para pactar una alianza con su persona y valores, no para ser un trofeo, de ser así prefería no casarse jamás. Intuyendo los pensamientos que Sakura estaba teniendo, Sasuke esbozó una ligera sonrisa; mujeres hermosas había muchas, y ciertamente en el aspecto físico Sakura no era la más célebre de las féminas que hubiera conocido—le resultaba encantadora, eso sin duda—, pero no era su belleza lo que lo atraía, como rey, Sasuke gozaba de poder ilimitado en teoría, pero lo asechaba el peligro dada la frágil vida de su hijo el príncipe Yosuke, necesitaba a su lado a una mujer inteligente y Sakura lo era, alguien que viera a través de los engaños y mentiras, y ella lo hacía, alguien fuerte y determinada, que compartiera los sinsabores de gobernar, sus responsabilidades y sus inquietudes, y Sakura era esa mujer.

—Si case con vuestra hermana Takara, es porque en mi reino urgía un heredero— obvió Sasuke, pues aquella había sido su principal razón. —Vos aun erais tan niña…y Takara era ya princesa de Portugal— quizás y si Sakura hubiera tenido un par de años más, la habría elegido por encima de Takara, pero el hubiera no existía. —Las razones políticas eligieron por mí— así era con los reyes, y él no había sido la excepción.

—Como lo hacen ahora— puntualizó Sakura fríamente, sin dejarse engañar.

No quería ser ninguna segunda opción o premio de consolación para el rey portugués tras la muerte de su querida hermana Takara, quería que Sasuke le dijera a la cara que no iba a amarla, que el suyo sería un matrimonio por política en que ella engendraría tantos hijos como le fuera posible y él luego podría reemplazarla por una amante, permitiéndole cumplir con su deber de reina y asesora política para el cual había sido educada, no esperaba más, era realista y había visto cómo funcionaba el matrimonio de sus padres, creer que Sasuke iba a sentirse atraído por ella o que se enamoraría por el tiempo que pasaran juntos sería estúpido de su parte, era mejor para ambos que ella olvidara sus sentimientos por él, así sufriría lo menos posible. Sasuke sabía que no podía cambiar el pasado, y quizás este fuera a perseguirlo para siempre, lograr conquistar el corazón de Sakura parecía una prueba ardua e irrealizable, porque no podía pedirle que olvidara, él tampoco podría, pero tendrían que aprender a seguir adelante e intentar ser felices, que es lo que todos los hombres y mujeres de su rango podían hacer, prometiendo por su parte que haría todo por hacer feliz a Sakura y hacer que todos siempre la respetaran, porque ahora la elegía como esposa a ella, no por política, sino porque sabía que era la mujer indicada para estar a su lado, lo que hizo que eliminara parte de la distancia que los separaba y se acercara a ella.

—Sé que esta boda es precipitada, y que esta empañada por el dolor de tantas muertes, pero sí; quiero ser vuestro esposo— admitió Sasuke, pues desde que la conocía tenía claro que ella era una joya que no podía contemplar y solo pasar de largo. —Sois hermosa, dulce y sensible— elogió sinceramente, haciendo que Sakura se sonrojase y bajara la mirada, lo que le pareció adorable. —Es cierto que el destino es el que nos ha unido, pero siento que conmigo está siendo muy generoso— agradecía haber podido conocerla y comenzar a sentir atracción real antes de decidir aquello.

Su belleza no era lo más importante para él, mas no por ello era menos encantadora a sus ojos, sino todo lo contrario, porque su fortaleza de carácter, su ingenio, intelecto y sinceridad, hacían de ella una joya incomparable, una que sentía que nada ni nadie encontraría en el mundo, no se veía celebrando días de fulgor o pasión efímeros a su lado, sino que la veía como una mujer con quien siempre podría contar, una aliada y amiga, alguien que nunca titubearía en decirle la verdad y apoyarlo en sus decisiones, así como en reprenderlo cuando están fuesen erradas, ¿existía una mujer mejor para tener por reina y por esposa?, él no conocía a ninguna. Tragando saliva sonoramente, abrumada a causa de la sorpresa y por el halago de ser llamada hermosa, Sakura no supo que decir, le faltaron las palabras, con Sasuke a solo unos escasos pasos de ella, sonriendo ladinamente y sin apartar sus intensos ojos ónix de ella, haciéndole ver la sinceridad de sus palabras, y provocando que su corazón latiera vertiginosamente dentro de su pecho. Intentando descifrar si su confesión había conseguido llegar al corazón de Sakura, Sasuke dio un paso más cerca de ella y alargó una de sus manos para entrelazarla con la de ella, aceptando si se alejaba y lo rechazaba, pero lo lleno de alivio que Sakura entrelazara su mano contra la suya y encontrara su mirada con la de él, con una ligera sonrisa y las mejillas sonrosadas.

Si, aceptaba ser su esposa.


Iba a regresar a Portugal e intentar remediar el caos que había surgido en su ausencia, su hijo estaba a salvo en Castilla y dentro de poco tiempo—esperaba—iba a volver a casarse, esta vez con una mujer que correspondía a su afecto y él al suyo, en cierto modo Sasuke, habitualmente estoico e indiferente, se sentía feliz, sentía que el futuro comenzaba a tornarse claro desde su compromiso con Sakura, a quien extrañaría largamente hasta que volvieran a verse, prometiendo escribirle cada vez que pudiera, como ella había prometido hacer, y un caballero no faltaba a su palabra. Aun ceñido al luto, pero con mucho mejor ánimo desde que su compromiso se había hecho oficial, y solo hacía falta la bula papal para que la boda se realizase, el rey Sasuke vestía una sencilla camisa blanca de cuello redondo con mangas holgadas y ceñidas a las muñecas, encima una chaqueta de seda borgoña con bordados dorados a lo largo y en los bordes de las mangas ceñidas, encima un jubón de terciopelo, de cuello cuadrado con detalles dorados en el contorno, mangas que se abrían en lienzos de seda borgoña para exponer las mangas de la chaqueta debajo, ceñido a su cuerpo por un cinturón negro con hebilla dorada, faldón hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado. Próximo a partir de regreso a Portugal, Sasuke se hallaba reunido a solas con los Reyes Católicos, mientras su madre Mikoto terminaba de preparar sus pertenencias.

—Tened un viaje tranquilo— deseó el rey Pein a su nuevamente futuro yerno.

—Más sereno partiría, si mi futuro se aclarase pronto— difirió Sasuke seriamente, ya que dejar a su hijo y a su futura esposa en Castilla no era muy tranquilizador.

—¿Tanto teméis al duque de Braganza?— cuestionó la reina Seina con temple sereno. —No os deberían imponer sus bravatas, el rey sois vos— recordó para alentarlo.

—Su osadía puede pareceros ridícula, pero evidencia su falta de escrúpulos— el rey portugués no le temía a su sobrino, sino a quienes pudieran aliársele. —Si mi casamiento con Sakura fuese inmediato, sus manejos perderían importancia— la boda beneficiaria a todos, y él ansiaba que sucediera.

El enlace callaría muchas bocas, principalmente la de su arrogante sobrino el duque de Braganza, que tras su breve visita a la corte castellana, había vuelto a Portugal como si fuera el rey y no él, ¿es que existía ofensa mayor para un soberano?, que tuviera un hijo y heredero no era garantía de continuidad, un hijo no era nada ante la imprevisible realidad de morir por pestes, enfermedades o envenenamiento, mas no era solo la herencia lo que estaba en juego; Sasuke tenía casi treinta años, aún era joven, pero permanecer soltero no era una opción, no había mejor alianza que la que garantizaba un matrimonio, y Castilla y Aragón eran una potencia a la que cualquiera se sometería, eso es lo que representaba Sakura. Pero además, y sin comprender del todo que lo fascinaba tanto, Sasuke deseaba hacer a Sakura su esposa, deseaba que la corte portuguesa quedase tan fascinada por ella como él ya lo estaba, quería que todos alabasen su belleza, temple e ingenio…mas siendo viudo de su hermana, Sasuke precisaba de la bula para casarse con ella. Como un soberano maquiavélico y que no dudaba en deshacerse de aquello que se encontrase en su camino, Pein dio un paso hacia las ventanas de la estancia, con las manos cruzadas tras su espalda y una sonrisa hasta sardónica en su rostro, el duque de Braganza era un problema, pero fácilmente podría dejar de serlo si el rey Sasuke tuviera la sangre fría para ordenar su muerte, ¿qué se lo impedía?, ejecutar a un traidor no era un crimen.

—Siendo Braganza el problema...¿no habéis pensado en tomar medidas drásticas?— consideró el rey aragonés, volviendo la mirada hacia su futuro yerno.

—El derecho ampara al rey— protestó la reina Seina, para nada de acuerdo, —¿por qué un soberano habría de manchar sus manos de sangre para retener lo que ya le pertenece?— solo ensuciaría su nombre y conciencia.

—Me temo que acabar con él, alimentaria a los que le respaldan y daría alas a su rebelión— reafirmó Sasuke, habiendo jurado que no asesinaría a su propia sangre solo para mantener en el poder, de hacerlo iría en contra de sus principios.

—No lo discuto— aceptó Pein, con igual frialdad, —pero no tardaríais en aplastar una rebelión descabezada, y sin los recursos económicos del duque— para acabar con una rebelión, había que matar primero al líder de esta.

—La mejor solución a la amenaza que se cierne sobre mi trono, la única posible, es que la boda con vuestra hija sea inmediata— insistió el rey portugués, no solo por el bien de su reino sino porque también deseaba casarse con Sakura cuanto antes.

—Sabéis que es necesaria la dispensa papal al ir a casar con la hermana de vuestra anterior esposa— contuvo la reina, ciñéndose a la realidad y sus principios.

—Ya ha sido solicitada— mencionó el rey aragonés, respaldando a su esposa.

—¿Y?— cuestionó Sasuke, intentando hacerse una idea de cuánto habría de esperar.

—Nuestras relaciones con el santo padre no pasan por su mejor momento— suspiró la reina Seina, sin otra opción.

—Si las compensaciones que ofrecéis a cambio de la dispensa, estuvieran a la altura de vuestros desencuentros, pronto se resolvería el problema— obvió el portugués, pues el vaticano brindaba sus favores a quien pagara más, o fuera un mejor aliado.

—No pienso comprar el favor de quien tuvo la osadía de llamarme usurpadora— protestó la soberana castellana, indignada por su consejo.

—Entiendo— suspiró Sasuke, conteniendo su frustración y permaneciendo perfectamente calmado. —¿Pero creéis que es el momento de anteponer rencillas a la solución de problema tan grave?— él necesitaba traer estabilidad a su reino, lo que solo haría tomando otra esposa, y Sakura era la promesa perfecta para el futuro.

—Concederá la dispensa antes o después, ahora no podemos humillarnos ante el Papa— protestó el rey Pein sin dudarlo.

—O a sus ojos perderos autoridad para siempre— y esto era algo que la reina Seina no podía ni quería permitirse.

—Ya veo, así que me dejáis por tiempo indefinido, vulnerable, solo— mentó el portugués con idéntica tranquilidad, —y no puedo sino resignarme— sonó especialmente burlón al decir eso último, mas carente de todo humor.

Era irónico para Sasuke, la reina Seina y él eran primos—pese a la gran diferencia de edad entre ambos—, sus madres eran hermanas, sus orígenes se remontaban a Portugal, a la familia Uchiha de la que provenía su madre, ¿era tan fácil dar la espalda a sus orígenes?, pero otra parte de él se reprendió mentalmente por pensar así, ¿es que los reyes tenían tiempo de pensar en los sentimientos?, todos vendían sus lealtades al mejor postor, incluso los reyes, por lo que decepcionado y alicaído, el rey portugués abandonó el despacho sin más ceremonias, sin dirigir una mirada a los Reyes Católicos, sus futuros suegros, escoltado por dos de sus sirvientes. Regresaría a Portugal y esperaría, pues no tenía otra opción, pero antes necesitaba despedirse de su futura esposa, necesitaba ver a Sakura…


Decirse furioso era un eufemismo para Sasuke mientras recorría los pasillos del palacio hacia los jardines, en que según le habían informado sus leales vasallos, había sido vista la infanta Sakura, de quien quería despedirse, terminando de ceñirse un abrigo de piel sin mangas y que mantuvo abierto cuando cruzo el umbral que daba con el vergel castellano. Desde que había subido al trono de Portugal, se había prometido mantener la paz, defender sus ideales y no ir contra la ordenanza de Dios, eso incluía no asesinar a su propia familia en pro de mantener el poder, y lo cumpliría aunque se le fuera la vida en ello, ¿cómo no estar furioso con los Reyes Católicos por no comprender el gran peligro que corría su reino? Si el problema fuera propio, no dudarían en humillarse ante el Papa o pactar con el mismísimo diablo, pero no eran siquiera capaces de ponerse en su lugar, mas su ira y frustración era fútil, pues no podía cambiar la realidad, Sakura no sería su esposa hoy, ni mañana, sino que habrían de esperar a que el Papa diera su beneplácito para la boda. Tan pronto como ingresó en el jardín, el rey Portugués recorrió el lugar con su intensa mirada ónix, intentando dar con un rostro familiar que pudiera decirle donde se encontraba la infanta Sakura, y afortunadamente divisó cerca a dos de sus doncellas—conocía sus rostros por estar tan al pendiente de ella—, a las cuales no dudo en aproximarse con paso veloz.

—Alteza— saludaron respetuosamente ambas doncellas al verlo.

—¿Dónde está vuestra señora?— preguntó Sasuke directamente.

Iba a regresar a Portugal, y necesitaba despedirse apropiadamente de la mujer que pronto iba a convertirse en su esposa y reina en sus dominios, a quien debería respeto, aprecio sincero y fidelidad absoluta, además necesitaba hablar con ella y dejarle claras algunas cosas, de ahí que le resultase tan imperioso hablar en privado, lo que sus damas entendieron, señalando con su mirada el interior del jardín, donde yacía una fuente oval en cuyo borde se encontraba sentada la infanta, pensativa y con la mirada enfocada en las serenas aguas de la misma. La Infanta portaba un elegante vestido de seda negra azulada de escote alto y cuadrado, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, encima una chaqueta del mismo material, de profundo escote en V que terminaba casi bajo el busto, con bordados dorados en el contorno así como en los bordes de las cortas mangas por encima de los codos, y falda lisa, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, con una diadema de oro decorada por perlas sobre su cabeza, y alrededor de su cuello una guirnalda de oro con cuentas ónix y de la que pendía un voluminoso dije en forma de rosa. Escuchando los pasos de alguien tras de sí y suponiendo que se trataba de sus doncellas, Sakura alzó la mirada, sorprendiéndose al encontrarse con Sasuke, apresurándose en levantarse y reverenciarlo, pues no había esperado que él fuera a despedirse personalmente de ella.

—Alteza— saludó Sakura, bajando respetuosamente la cabeza ante él.

—No necesitáis reverenciarme, en privado sobran los formalismos— dispensó Sasuke, permitiéndole alzar la mirada como su igual. —Llamadme Sasuke— solicitó, ya que si iban a ser marido y mujer debían poder hablar con libertad entre sí.

—Si…Sasuke— la Infanta hubo de poner todo su empeño y no sonreír más de la cuenta ante aquello. —¿Partís?— más bien afirmo, suponiendo que había acudido a despedirse de ella.

—Esperaba hacerlo, cuando ambos ya fuésemos marido y mujer— confesó él, teniendo que regresar a su reino porque era preciso y no por otra causa, — pero por lo visto habremos de esperar por la bula— ojala aquello no tomase demasiado tiempo.

—Nada desearía más que quitaros de encima la carga que representa el duque de Braganza— manifestó Sakura, comprendiendo la amenaza que él tenía sobre sus hombros, —pero no puedo— si se convertía en su esposa, la amenaza desaparecería, pero ambos estaban atados de manos al respecto.

—Dejemos el resto a vuestros padres, ellos han de mediar con el Papa— sosegó Sasuke, agradeciendo su preocupación. —Necesitaba veros antes de irme, para hablar sinceramente con vos— Sakura no aparto su mirada de la suya, escuchándolo atentamente. —Quiero dejaros algo claro, Sakura, yo…pensaba que no tendría la suerte de casarme con alguien que me gustara de verdad, y me alegra haberme equivocado— ella por poco y dejo de respirar al oírlo decir aquello, —porque vos me gustáis, Sakura, me gustáis mucho— lo decía sinceramente, sin titubeos, ni ironías.

Tras dejar pasar los primeros días del luto y cuando los reyes de Castilla y Aragón le habían sugerido que tomara por esposa a Sakura, aún sin verla cara a cara, Sasuke había pensado en ella como una beata religiosa—dada la personalidad de la reina Seina, así como de su fallecida esposa Takara—, una mujer de carácter sumiso y dócil, que callaba sus opiniones y que sería arisca con él dado su anterior rechazo, pero lo que había encontrado lo había sorprendido por completo; Sakura era naturalmente religiosa, sentía que la fe guiaba sus pasos, pero era tolerante y comprensiva, también inteligente, muy franca y con carácter fuerte, capaz de dar a un hombre el cielo o el infierno, la digna esposa para un rey, para él que deseaba ser un digno esposo para ella. Por un instante, Sakura sintió como si su corazón latiera aún más rápido dentro de su pecho, nunca había creído que sentiría un amor tan fuerte…había sido derrotada, el hombre ante ella la había enamorado desde que había oído que sería su esposa por primera vez, hace tantos años, había intentado olvidarlo, en vano, pues ahora su deber de reina se unía a sus ansias de mujer, de convertirse en la esposa del rey a quien debería obediencia, lealtad y amor, ¿era real tanta felicidad?, Dios, tanta fortuna no podía ser sino un sueño, uno que parecía muy real y que ella quería vivir.

—¿Y yo?— preguntó Sasuke, dado el silencio de su futura esposa, —¿os gusto a vos?— nunca antes le había importado escuchar esa respuesta, salvo ahora.

Los rumores de la corte habían llegado a sus oídos, decían que era atractivo, la damas se sonrojaban cuando lo veían e intentaban llamar su atención, pero Sasuke no se interesaba en esas cosas, prefería concentrarse en los asuntos de la gobernanza, nada era más importante, y aunque su matrimonio había sido un enlace político, le había sido enteramente fiel a Takara, como también juraba serlo con Sakura, ¿pero qué pensaba ella de él?, la diferencia de edad entre ambos no ayudaba a que se sintiera seguro. En un arrebato de sinceridad, faltándole las palabras suficientes para expresar la gran atracción y amor que sentía por Sasuke a pesar de lo mucho que había intentado callar su corazón y hasta convencerse de lo contrario, Sakura aferró sus manos al jubón del rey portugués y acercó su rostro al suyo para posar castamente sus labios contra los de él, en un roce breve y efímero pero que la hizo estremecer, más tratándose de su primer beso, alzando su mirada esmeralda para encontrarla con la mirada ónix de Sasuke, Sakura se sintió nerviosa, ¿había obrado mal?, ¿había sido demasiado impulsiva? Tuvo que pasar un segundo para que Sasuke comprendiera que no lo había imaginado, Sakura acababa de besarlo, y eso lo abrumo, era la segunda mujer a la que besaba en su vida, la primera había sido Takara, no era el tipo de hombre que frecuentaba a otras mujeres, y eso hizo que disfrutara aún más del beso.

—Esto es un sí— contestó Sakura, dado el desconcierto del rey portugués. —Sí, me gustáis mucho, y gustosa me casare con vos— confesó con las mejillas sonrosadas.

Mucho había callado hasta ahora su sentimientos, se había resignado a vivir en un matrimonio sin amor y en que su único fin seria dar herederos a un hombre que quizás jamás sentiría más que respeto o afecto nimio por ella, pero quizás se había equivocado y la felicidad si podía alcanzarse, iba a descubrirlo al lado de Sasuke, en ello podía creer. Abrumado por saberse correspondido, por saber que esta vez no estaba atado a un matrimonio sin amor, Sasuke sonrió mientras se perdía en los profundos pozos esmeralda de Sakura que lo hipnotizaron por completo, anhelando el breve pero apasionante dulzor de sus labios y que acababa de probar, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de ella, acercándola para un nuevo beso al que Sakura no pudo negarse, sujetándose de sus hombros y presionando intensamente sus labios contra los de él, necesitando recordar lo más posible la sensación que evocaba en ella ese beso, para aguardar la espera que se cerniría sobre ambos hasta que la bula papal fuera emitida y consintiera su matrimonio. Rompiendo el beso para recuperar el aliento, Sasuke pegó su frente a la de Sakura, casi pudiendo escuchar el vertiginoso latir de su corazón y conteniéndose para no sonreír como un tonto por el mejor beso que había experimentado en toda su vida, pero que no pudo contener cuando Sakura sonrió al abrir los ojos y encontrar su mirada con la suya.

Tendrían que ser pacientes, pero sin duda valdría la pena la espera.


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Como siempre les recuerdo que por ahora solo puedo actualizar una historia por semana, por mis estudios y el escaso tiempo de que dispongo, pero no dejare inconclusa ninguna de mis historias, tienen mi palabra :3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: La Sombra del Cuervo", "El Sentir de un Uchiha", nuevamente "Kóraka: La Sombra del Cuervo" y por último "Más Que Nada en el Mundo" :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicandole los capitulos por lo mismo) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal

-Takara como Isabel de Aragón -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Portugal -Hinata Hyuga como Juana I de Castilla

-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa -Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón

-Kagen Uchiha como Jaime de Braganza -Utakata como James IV de Escocia

Realidad & Amor Verdadero: lo confesare, llevaba tiempo deseando escribir este capitulo, porque me quebré la cabeza carias veces realizando los diálogos y situaciones lo mejor posible, y me encanto, es uno de los capítulos favoritos que he escrito en mis historias. En la serie Isabel, se da a entender que María y Manuel solo se conocen y comprometen tras la muerte del hijo de este, el Infante Miguel, pero esto no fue así, sino que cuando la hermana de María, Isabel, murió, sus padres inmediatamente pensaron en casarla con Manuel, por eso presento que en los días tras el funeral de su hermana, los Reyes ya ofrecen a Sakura en matrimonio a Sasuke. No hay pruebas de que María de Aragón haya sido una hábil amazona, pero siendo que su hermana Juana si lo fue, y que su madre montaba a caballo incluso embarazada, dudo que María no fuera una gran amazona, mas cuando su hija Isabel si lo fue, por eso la represente en una partida de caza. Hace tiempo atrás en mi fic "El Velo del Amor", uno de mis lectores me acoto que quizás representaba el amor como muy rápido o a primera vista, pero no represento el amor rápido, sino la atracción y química, que en esa época se confundía con el amor, por lo que si bien Sakura esta enamorada de Sasuke, él aún no lo esta de ella, pero por ahora ya afirmo que ella le gusta, y mucho.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3