-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Shed My Skin" de Within Temptation para Sakura, "Not Strong Enough" de Apocalyptica para Sasuke, y "Bring Me To Life" de Evanescence para el contexto del capitulo.
Sintra, Portugal
El luto había terminado en Portugal, el rey Sasuke había regresado a sus dominios hace poco más de un mes, exigiendo que todos en la corte le jurasen lealtad, para probar cuantos enemigos con nombre o sin nombre tenia, por lo que ahora no resulto nada extraño que el soberano, sentado sobre su trono, ya no luciera como un viudo, vistiendo una vistosa camisa de seda azul oscuro y cuello cerrado, encima un jubón de tafetán azul metálico de cuello V a la mitad del pecho—ceñido a su cuerpo por un fajín azul más claro—con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, y faldón hasta las rodillas, pantalones azul oscuro y botas de cuero, reunido en el salón del trono junto a su familia. A la diestra de su hijo el rey, lady Mikoto se veía tan soberbia como siempre, siendo la dama más importante de la corte, portando un espléndido vestido de seda plateada, ceñido a su figura por un corpiño de escote cuadrado con bordados dorados y perlas prendidas de este, con un corto faldón a la altura de las caderas y larga falda lisa, con mangas ligeramente ceñidas a las muñecas para formar holanes de encaje, y sobre el vestido una capa o manto de seda con bordados dorados que cubría sus hombros, con su largo cabello azabache azulado impolutamente recogido tras su nuca, resaltando el imponente tocado sobre su cabeza—con detalles de inspiración española—hecho de plata y decorado por perlas en forma de lagrima, como los largos pendientes que usaba, y como la cruz alrededor de su cuello.
De pie junto al trono del rey de Portugal esta vez también se encontraba presente lady Emi, una de sus dos hermanas mayores, la madre del duque de Braganza, con su rostro sereno poblado de una ligera expresión melancólica, por tener que enfrentarse a su hijo, ataviada en un elegante vestido amarillo brillante de escote redondo, de corpiño ceñido a su figura, mangas holgadas que se ajustaban hasta las muñecas—con bordados ónix en el centro del escote y los nudos que cerraban las mangas, así como en el centro del corpiño—donde un recorte de seda beige formaba bordados florales—, y en el dobladillo de la falda que se dividía en dos, una superior y lisa, y una inferior con bordados de rosas, con largos holanes en las muñecas, y su largo cabello azabache azulado se encontraba peinado para formar una trenza de tipo cintillo sobre su cabeza y el resto caía como una cascada de ondas tras su espalda, con un medallón de oro y rubí alrededor de su cuello, y largos pendientes de oro con un rubí al final en forma de lagrima. La expresión melancólica de Emi se endureció, siendo reemplazada por una de completa lealtad hacia su rey y hermano, cuando en el umbral del salón del trono apareció su hijo el duque de Braganza, a quien no podía controlar, ya se había alejado de su lado hace mucho tiempo, y aunque Emi no permitiría que muriera o fuese herido de cualquier forma—de estar en su poder impedirlo—, no podía aceptar que estuviera contra su rey, por ello estaban en bandos opuestos.
—Alteza— reverenció Kagen a su tío, mas solo por cumplir, —agradezco que hayáis aceptado verme— hasta ahora su tío había pospuesto su encuentro, y sabía porque.
—No me habéis jurado obediencia y rechazasteis mi invitación a formar parte de la corte— comentó Sasuke, habiendo evitado este encuentro, pues su sobrino no le había mostrado la lealtad que como rey exigía, —vuestra presencia aquí está de más, pero, mi querido duque, Portugal necesita paz y hemos de dársela, zanjando nuestras disputas— estableció, ya que antes que rey y duque, eran tío y sobrino. —Os tiendo la mano, y doy por olvidada la deslealtad que me habéis mostrado hasta hoy— ofreció, alargando una de sus manos al aire para que él pudiera postrarse como súbdito.
—Agradezco vuestras buenas intenciones, pero no es suficiente, y no solicite audiencia por ello— replicó el duque, ignorando su ofrecimiento. —Considerad un gesto de lealtad que venga a informaros de mi resiente matrimonio; he desposado a la hija del duque de Medina Sidonia— se había casado con la hija de uno de los nobles más poderosos de Castilla, por ello había regresado antes a Portugal.
—Casad con la dama que gustéis, no hace sombra a mi inminente enlace con la infanta Sakura— desestimó el rey sin inmutarse, pues ninguna dama igualaba a su futura esposa. —El vicio del rencor corresponde a los débiles, y mi reinado ahora es más sólido y próspero que nunca— cuando el Papa diera su consentimiento para la boda, Sakura y él harían de Portugal el reino más próspero de toda la cristiandad.
—Estaréis al corriente de los descubrimientos de nuestros navegantes en las Indias— acotó lady Emi, sosteniéndole la mirada a su hijo.
—Todo un continente, inmenso y de gran riqueza— asintió Kagen, admirando cada nuevo logro de Portugal, como hacían todos.
Hasta hace poco más de un año atrás, todos habían creído que el descubrimiento del navegante Ebisu Tokubetsu en nombre de Castilla—cruzando el océano—había sido una nueva ruta a las Indias, pues tal había sido el propósito que lo había echado a la mar, mas ahora todos los hombres doctos y experimentados en el estudio de la cartas de navegación daban cuenta de un continente completamente nuevo y cuya existencia nadie había podido siquiera concebir, un continente nuevo que Portugal pretendía explorar, enviando a sus mejores marineros, como Hayate Gekko que tenía gran experiencia en el mar, para asegurar que los nativos, hombres, mujeres, niños y viejos al otro lado de la mar-océano pudieran conocer la fe católica y formar parte de la gloria de Portugal como súbditos de su rey. Portugal era un reino cada día más rico y poderoso, lo que Sasuke disfrutaba de presenciar y patrocinar, habiendo crecido en una corte cultivada que había sido su prisión durante su adolescencia, pero ahora era su propio teatro en que exhibir su poder ante los tontos de mente pequeña, como su sobrino el duque de Braganza, que le sostuvo la mirada—y viceversa—con una sonrisa ladina. Kagen agradecía el engrandecimiento de Portugal, así podría confiar en que el reino un día fuera superior al de otros reyes de Europa, una vez le quitase el trono a su tío Sasuke, porque no iba a dejar en sus manos semejante destino.
—Querido tío, me temo que ese matrimonio nunca tendrá lugar— vaticinó Kagen con superioridad, —la dispensa papal no os será concedida, y la infanta Sakura no será vuestra esposa— él se encargaría de sacar a su tío del trono sin demora.
—No tenéis influencia suficiente en Roma para impedirlo— despreció Mikoto, pues si bien su nieto era poderoso, no podía detener la voluntad de su Santidad misma.
—¿Acaso creéis que estoy solo en este empeño?— cuestionó el duque con una sonrisa de autosuficiencia. —Sois vos quien lo está— señaló para incredulidad de su abuela y su madre. —Así pues, sed sensato y levantaos de ese trono, os prometo buen trato si lo hacéis sin demora ni resistencia— ofreció alargando su mano al aire como su tío había hecho antes, ofreciéndole ser su súbdito.
—¡No os atreváis a dar órdenes a vuestro rey!— acalló Emi de inmediato, incrédula por la osadía de su propio hijo.
Era simplemente inaudito para Emi lo que estaba presenciando, se sentía avergonzada como nunca, ¿exactamente que había hecho mal?, ciertamente la sucesión de Portugal peligraba ante la frágil vida del príncipe Yosuke que permanecía en Castilla, más encontrándose su hermano el rey viudo, y era el deber de ellos como familia preocuparse por el futuro del reino que habían heredado—aun siendo las hermanas del rey, era deber de Miso y Emi apoyar a su hermano, como hacia su madre Mikoto—, pero no por ello estaba justificado que su hijo Kagen pretendiese reclamar el poder y deponer a su tío que aún era joven y fuerte para aferrarse a la corona que había llegado limpiamente a sus manos, ¿cómo podía el poder haberlo corrompido tanto siendo tan joven? Por inercia, Sasuke volvió la mirada hacia su hermana Emi, agradeciendo que acudiera en su auxilio y no dudara en manifestarse en contra de su hijo, a quien alzó la voz, pero él no podía pedirle que se enemistase contra su propio hijo solo por serle leal, ¿qué hermano le pediría eso a su hermana? Emi no tenía la culpa de que su hijo fuera un ser carente de escrúpulos y a quien el poder ya había enceguecido, como a muchos, mas no a Sasuke, quien continuaba tan perfectamente lucido y humano como al subir al trono, jurando proteger a su familia, no derramar sangre injustamente, y tomar a Sakura como esposa tal y como había dicho que haría, porque no la dejaría esperando otra vez.
—Aprovechad mi ofrecimiento, o dejareis el trono igualmente, pero de manera mucho menos agradable para vos— aconsejó Kagen a su tío, sin retractarse.
—¿Osáis amenazarme de muerte?— más bien afirmo Sasuke, levantándose de su trono. —Podría ordenar que acabaran con vos ahora mismo— recordó, acercándose a su sobrino hasta estar cara a cara.
—Pero no lo haréis, pues también vos os condenaríais— recordó el duque, ya que compartían la misma sangre, y un rey inteligente no cometaria semejante crimen.
—Fuera de mi presencia— ordenó el rey, sin tolerarlo más, pero su sobrino no hizo sino permanecer en su lugar y sosteniéndole la mirada. —¡Marchaos!— gritó con furia, dispuesto a llamar a loa guardias para que lo sacaran a rastras de ser preciso.
Sin que la cólera de su tío lo intimidase, aferrándose a la seguridad que le proveía su matrimonio con la hija del duque de Medina Sidonia, Kagen abandonó el salón del trono sin necesidad alguna de reverenciar al rey portugués, como si él fuera el rey y no su tío, indignando aún más a su madre Emi, que bajo la mirada y negó en silencio, preguntando que había hecho mal para que su hijo fuese así, mas su madre Mikoto pronto la consoló, situando sus manos sobre sus hombros y apegándola hacia si en un silente abrazo, no pudiendo culpar a su hija por lo que ocurría, Kagen había dejado de ser un niño hace tiempo y lo que hiciera no era ni jamás podría ser su culpa. Dándole la espalda a su hermana, pues no se sentía capaz de verla a los ojos, y tratando de pensar en qué hacer, Sasuke se volvió hacia su trono, apoyando ambas manos en los apoya brazos mientras dejaba libre un suspiro, entre furioso y preocupado, ¿algo de lo que su sobrino había dicho era cierto?, ¿realmente contaba con apoyo en su plan para quitarle el trono?, ¿tenía medios para evitar que Roma diera la bula y permitiera su matrimonio con Sakura?, suspirando por lo bajo, Sasuke se llevó una mano al mentón en un gesto pensativo, pero también desesperado y angustioso.
Se sentía atrapado.
Habiendo crecido en una corte lujosa, pero que de una u otra forma lo había hecho sentir prisionero, recluso y sin libertad, solo, Sasuke había disfrutado estos años como rey de Portugal, sintiendo que en cierto modo era libre, tenía responsabilidades pero al menos ya no temía que alguien fuera a asesinarlo por orden del rey Tajima, porque ahora él era el rey...pero ahora toda aquella libertad que había sentido se estaba evaporando, y a solas en sus aposentos vio caer la noche, con las manos cruzadas tras su espalda, sin saber qué pasaría con su reino el día de mañana y si es que despertaría con vida, por causa de su propio sobrino. Aunque a solas en sus aposentos, el rey Sasuke se paseó frenéticamente en círculos cual león enjaulado, ¿cómo no sentirse frustrado?, hace solo unos meses había pactado su compromiso con los Reyes Católicos, Sakura y él iban a casarse, ¿qué deshonor le causaría convirtiéndose en un rey derrocado por su propia familia, o muriendo en el peor de los casos? Observando en silencio a los guardias que custodiaban las puertas de los aposentos de su hijo, Mikoto se sujetó la falda del vestido cuando estas se abrieron para permitirle ingresar, dirigiendo de inmediato su atención a su rey e hijo, podía comprender la gran frustración que sentía, como propia, porque aun estando relacionados con Castilla a través de lazos familiares, ahora se sentían solos cuando más necesitaban ayuda, haciendo peligrar al reino que habían heredado hace menos de cinco años.
—He ordenado a cien soldados que guarden mis estancias, he cancelado mis salidas— comentó Sasuke ante la llegada de su madre. —Soy el rey y habré de vivir como un recluso, temiendo la muerte a manos de ese traidor— gruñó furioso, sin saber qué hacer, —y todo porque el maldito orgullo de los Católicos impide mi enlace— si sus futuros suegros tuvieran un ápice de empatía, acudirían en su auxilio.
—Vuestra boda daría al traste con las ambiciones del duque— recordó Mikoto a su hijo, pues no existía mejor esposa para él que la Infanta Sakura, —y aunque él este impidiendo que se conceda la dispensa, está en manos de Castilla resolverlo— ellos nada podían hacer para cambiar la situación, ya que estaba fuera de su control.
—En sus manos, mas no en su ánimo— discrepó el rey con indiferencia. —Poco les importa que mi vida este en juego— probablemente los castellanos irían a la guerra cuando su sangre ya hubiera sido derramada, no antes.
—Han de presionar a Roma con urgencia— suspiró su madre, llevándose una mano a las sienes y negando por lo bajo mientras intentaba pensar.
—Se los rogué y me ignoraron— insistió Sasuke, intentando no dejarse enceguecer por la rabia y la impotencia que sentía al estar básicamente atado de manos.
Deseaba casarse con Sakura, un hombre no presentaba una propuesta de matrimonio para solo negarse sin más tiempo después, al menos él no era así, iba muy en serio, por ello había insistido a los Reyes Católicos en que presionasen a Roma para obtener la dispensa, después de todo su Santidad el Papa les había dado a los Reyes de Castilla y Aragón el título de soberanos católicos, y había reconocido sus reclamaciones sobre las nuevas tierras descubiertas, ¿qué no haría Roma si sus futuros suegros lo pidieran?, pero no hacían nada de eso, estaban resignados a esperar a que Roma diera la dispensa para la boda cuando la curia romana quisiera, sin mediar en nada, en tanto él intentaba que el reino que gobernaba no hiciera agua como un barco a punto de naufragar. Era doloroso para Mikoto ser una espectadora de la desgracia y el sufrimiento de su hijo durante cada día, sin poder hacer nada para cambiar la situación que su familia estaba viviendo—su hija Emi teniendo que estar enemistada contra su propio hijo, el duque de Braganza—, pero existía un medio de negociación que no habían considerado, y que Mikoto estudio mentalmente, recordando hace más de una década atrás—cuando lady Demiya había vivido en la corte portuguesa—, el miedo y la inquietud que había visto en su sobrina la reina Seina, por perder el trono o tener por enemiga a la Bastarda, sentimientos que no había vuelto a mostrar ante nadie.
—Quizás rogar no sea apropiado— sugirió Mikoto, tras una breve reflexión, viendo a su hijo fruncir el ceño al no entender que pasaba por su cabeza. —Dadles a entender que necesitan ese enlace tanto como vos— aclaró finalmente, con gran determinación.
—¿De qué forma, madre?— cuestionó Sasuke, sin entender la estrategia de su mayor aliada. —¿Que podría causarles una inquietud igual a la que yo siento?— los soberanos Católicos gozaban de paz en su reino, en lo que a su sucesión se refería.
—Hay un nombre ante el que la reina Seina tiembla, un nombre que hace resurgir sus peores fantasmas— evocó su madre con una sonrisa ladina. —Demiya la Bastarda— reveló por fin, disfrutando del impacto que causaba su solo sonido.
Ni aunque se hubiera anticipado a escuchar semejante propuesta, Sasuke no consiguió disimular su sorpresa e inmediata indignación, ¿amenazar a la reina Seina con la mujer que una vez había disputado su trono?, raro seria que la soberana castellana no le declarase la guerra, pero ellos mismos ya se encontraban en guerra con el duque de Braganza y sus partidarios, aguardando que llegase ayuda de Castilla, una ayuda que no parecía llegar nunca, y él necesitaba el apoyo de la potencia ibérica, así como a su futura esposa a su lado cuanto antes. Era un estrategia muy osada, quizás demasiado temeraria, y Mikoto lo sabía mientras observaba el rostro de su hijo y su inmediata reacción de estupor, que no supo disimular, pero ya mucho habían callado con respecto a este acuerdo matrimonial, que a todas luces daba para largo si no hacían algo, y ahora, para acelerar las cosas. Tal amenaza habría de ser suficiente, por ahora…
Reino de Castilla
Furiosa era un eufemismo para la reina Seina, que ingresó en el despacho real sujetando la falda de su elegante y sobrio vestido negro, llevando en su otra mano la carta que su primo el rey Sasuke le había escrito, informando que deseaba posponer su enlace con la Infanta Sakura para casarse en su lugar con lady Demiya—para dar a Portugal otro heredero—, la ahora encerrada princesa que todos conocían por el apodo de "La Bastarda". Seguida por su leal aliado y amigo, lord Hidan Akatsuki, la reina de Castilla portaba un riguroso vestido negro de escote en V—anudado al frente del corpiño, y además teniendo debajo un falso escote cuadrado, debajo una enagua gris oscuro de cuello alto y cerrado—, ceñido a su cintura por una especie de falso fajín, con mangas holgadas que se abrían desde los hombros para exponer las ajustadas mangas debajo y que terminaban en holanes gris oscuro, con falda lisa, y la rigurosa cofia gris claro que ocultaba su cabello y enmarcaba su rostro. Hasta ahora, todas las energías de la reina católica habían estado centradas en preparar a sus dos hijas menores para el futuro, a su pequeña Mirai que dentro de un par de años habría de partir a Inglaterra para desposarse con el príncipe Konohamaru, y a Sakura cuya boda solo debía ser aprobada por el Papa, ¿y ahora pasaba esto?, ¿qué clase de hombre era el rey Sasuke?, ¿cómo osaba desear desposar a lady Demiya?, ¿acaso carecía de ceso para ver lo que aquello significaría para Castilla y Portugal?
—Ha de ser una chanza— intentó convencerse la reina, deteniéndose junto al escritorio y volteando a encarar a su leal amigo, —¿y esa misiva viene sellada por el rey portugués?— se burló secamente, no sabiendo que esperar de su primo y que a futuro habría de ser su yerno.
—Así es, Alteza— contestó Hidan, pese a que no fuese necesaria su respuesta.
—¿Cómo osa amenazarme con desposar a La Bastarda?— cuestionó la soberana, estampando duramente la carta sobre el escritorio. —Respaldamos a Sasuke como rey, le entregamos a nuestra hija, y responde con esa bajeza…— ni siquiera pudo terminar de hablar ante la rabia que sentía, negando en silencio para sí.
—Para que sedamos ante Roma, estoy seguro— contestó el Akatsuki, pues pese a ser una estrategia desesperada, no carecía de sentido, —dudo que pretendan que entre Portugal y Castilla renazcan conflictos resueltos hace tantos años— un rey en tan riesgosa situación no querría entrar en guerra en esas condiciones.
—Poco importa lo que pretendan, el agravio es intolerable— protestó la reina Seina, necesitando velar por el bien de sus hijas, especialmente el de Sakura ahora.
—Calmaos, Alteza— sosegó Hidan, rompiendo con el protocolo y acercándose a su reina, viéndola como haría un padre con una hija, pues la amaba como tal, —yo mismo iré a la corte portuguesa para zanjar este absurdo— si eso la dejaba más tranquila, iría incluso a Roma y negociaría con el corrupto Papa.
Conocía a la reina Seina desde que había llegado a la corte de su hermano el rey Hikaku Uchiha siendo apenas una niña de alrededor de diez años, y siempre había admirado su templanza, así como su carácter fuerte, pero que en este momento era un problema, pues necesitaban resolver esta situación con la cabeza fría, no a través de los sentimientos sino del estoicismo, Hidan podía garantizar aquello, negociando en nombre de su reina, únicamente buscando el bien de Castilla por encima de cualquier otra cosa, habiendo sido testigo de sus largos años de lucha por equilibrar y enriquecer el reino que había heredado. Esforzándose por recobrar la calma y no dejarse guiar por sus sentimientos de madre, que anhelaban a cualquier costo una explicación ante lo que el rey Sasuke estaba pensando hacer; habiendo sido esposo de su hija Takara, y ahora prometido—o lo había sido, en caso de que decidieran romper el compromiso—de su hija Sakura, la reina de Castilla retrocedió para sentarse a la mesa, dejando libre un suspiro de preocupación. Necesitaban una aclaración, necesitaban saber qué es lo que buscaba Sasuke con esta amenaza, para saber si el compromiso debía ser roto en toda regla y si Castilla ahora habría de considerar a Portugal no un reino hermano ni aliado, sino enemigo, para declararle la guerra, y nadie querría llegar a eso otra vez, porque si Castilla había ganado en el pasado, volvería a hacerlo ahora.
Necesitaban respuestas, y ojala fueran buenas.
Nunca era fácil para una madre darle una mala noticia a una de sus hijas, menos tratándose de su futuro esposo, y que puede que ya no lo fuera más, por lo que la reina Seina se detuvo a las puertas de los aposentos de su hija—habiéndose cerciorado, preguntando a otros si realmente se encontraba allí—, observando las puertas cerradas y a los guardias que las custodiaban antes de decidirse a darles instrucción de abrir y permitirle ingresar, llevándose una sorpresa nada más cruzar el umbral. A solas en sus aposentos, salvo por su leal doncella Karin que era su mejor amiga, la infanta Sakura se paseaba frenéticamente, como una leona enjaulada, incluso había arrojado al suelo el libro que estaba leyendo, conteniéndose para no revolver sus largos rizos rosados que caían sobre sus hombros y tras su espalda, ataviada en un sencillo vestido de seda malva, de escote alto y redondo—debajo una enagua blanca de idéntico escote, pero unos centímetros más alto—anudado en el frente del corpiño de forma renacentista, con falda lisa y de una sola capa, mangas ceñidas a las muñecas que se anudaban a lo largo para formar holanes lila azulado, y alrededor de su cintura yacía un largo cordón dorado adornado por cuentas. La reina Seina había visto a su hija enojada pocas veces, Sakura sabía contener sus emociones, pero ahora parecía como si pudiera destruir todo a su paso.
—Sakura— llamó la reina a su hija, haciendo que volviera escasamente la mirada. —¿Qué sucede?— preguntó, pudiendo ver la furia que ardía en sus bellos ojos.
—Su Alteza ha descubierto que el rey Sasuke pretende desposar a la excelente dama…— contestó Karin en nombre de su amiga e Infanta.
—La Bastarda, en nada duele decirlo— completó Sakura, pues todos sabían quién era lady Demiya. Ahogando un suspiro de frustración, la Infanta volteó a ver a su madre, sujetándose la falda del vestido al acercársele, necesitando de su presencia y consuelo en tan duro momento. —¿Qué hombre es Sasuke? Extiende su propuesta y luego plantea otra— contuvo su furia para que su voz no se quebrase a causa de la gran decepción que sentía, —¿va a rechazarme de nuevo?, ¿eso me espera?, ¿su pasión un día y su desprecio al siguiente?— cuestionó, necesitando una respuesta concreta.
Los rumores iban y venían en una corte como la de sus padres, y no había tomado ni siquiera media jornada para que Sakura se enterase del cambio de planes de su antes prometido—ya no estaba segura de querer casarse con él—, que ahora quería deposar a su prima lady Demiya, llamada por todos "La Bastarda" dada su cuestionable legitimidad…Sakura sentía deseos de arrancarse el corazón, quería dejar de tener estos sentimientos tan tontos por Sasuke, ¿de qué le servía amar a un hombre tan miserable y cambiante? Ni siquiera había pasado medio año desde que estaban separados, y él ya quería reemplazarla por otra mujer, Sakura podía imaginarse noches enteras esperando sola en su cama, por un marido que nunca vería y que no la amaría, y no quería ese destino, pues otros hombres la querían más que el propio Sasuke. Por más seria que fuese la situación, la reina Seina tuvo deseos de sonreír ante la decisión de su hija y su actitud directa, pues no era muy diferente de ella misma en su día, cuando había escuchado de la reputación de mujeriego que tenía su esposo el rey Pein antes de que se casaran, y que no había cambiado en nada; ahora Sasuke ya no parecía un aliado, sino un posible enemigo, pero tan pronto resolvieran este problema, para bien o para mal, Seina no permitiría que su hija fuese al lado de un hombre que no la mereciera, ya sea que este fuera Sasuke o el rey Utakata de Escocia, que había vuelto a extender su propuesta de matrimonio, al igual que el duque de Calabria.
—Sosegaos, no hay necesidad de que os amarguéis innecesariamente— contestó la reina Seina a su hija, sujetándola de los hombros, instándola a calmarse al sostenerle la mirada. —Encontraremos un buen esposo para vos— sosegó, pues pasara lo que pasara, su hija se casaría y formaría su propia familia.
—Confió en ello, madre— asintió Sakura, creyendo en la palabra de su madre por encima de cualquier otra, —pero tengo dignidad, merezco defender mi honra, pues si Sasuke no me quiere, el rey de Escocia sin duda me querrá, y sé bien que cualquier otro— recordó, pues como Infanta de Castilla y Aragón, nunca le faltarían posibles esposos. Sujetándose la falda del vestido, Sakura se acercó a su escritorio, de donde tomo un sobre cerrado. —Hacedle llegar esta carta, ahí está lo que pienso de sus cambios de humor— tendió a su madre, necesitando que le hiciese ese favor.
Desde su más tierna infancia, Sakura había crecido sabiendo que su felicidad no importaba, era la hija de la reina de Castilla y el rey de Aragón, sus sueños de adolescente nunca importarían y estaba de acuerdo con ello, el bien de la corona y los reinos de sus padres siempre habría de estar primero, y confiaba en que ni su madre ni su padre harían jamás nada que la perjudicara, incluso si ello implicaba casarla con el aliado de Francia, Escocia, porque ahora su compromiso con el rey Utakata se reanudaba y ella estaba de acuerdo, necesitaba un seguro si Sasuke no la quería por esposa, y aun si la quisiera, el Uchiha necesitaba un recordatorio de aquello cuanto podía perder. La reina Seina asintió, estando completamente de acuerdo con su hija, recibiendo la carta de sus manos, prometiéndole sin necesidad de palabras que haría que su leal amigo Hidan Akatsuki se la entregase personalmente al rey...
Sintra, Portugal
Naturalmente, y cuando el rey Sasuke fue informado de la llegada de lord Hidan Akatsuki a palacio, interpreto su premura de ser recibido como un signo de que su plan había funcionado, y que había provocado en Castilla y su prima la reina Seina la reacción que había esperado, el órdago de su posible compromiso con la Bastarda había sembrado alarma entre los castellanos, justo como su madre había previsto. Sentado sobre su trono cuando el emisario castellano ingresó, y con las manos cruzadas a la altura del mentón, el rey Sasuke portaba un elegante jubón marrón rojizo—debajo una camisa blanca de cuello alto y redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—con bordados dorados, de mangas acampanadas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro con hebilla dorada, faldón hasta las rodillas forrado con piel de marta en el dobladillo y en el borde de las mangas, pantalones marrón oscuro y botas de cuero, con un toisón dorado alrededor de su cuello. De pie a la diestra del trono se encontraba su madre Mikoto, ataviada en un elegante vestido de tafetán gris azul con bordados plateados—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—, con detales de piel de marta en el escote en V, en los borde de las mangas acampanadas y en el dobladillo de la falda, portando alrededor de su cuello una gargantilla de oro decorada por zafiros, y su largo cabello azabache azulado se encontraba peinado en una trenza que caía tras su espalda.
—¿No deberíais estar en Roma y no aquí?— cuestionó Sasuke con aparente arrogancia.
—No elevaré el tono, acatando así la voluntad de mi reina— previno Hidan con gesto adusto. —Creo adivinar que vuestra intención no es amenazar a Castilla, sino forzarla a obtener la bula papal por cualquier medio a su alcance— supuso, habiendo considerado con anterioridad la posible estrategia del rey Sasuke.
—Cierto es que prefiero desposar a Sakura que a Demiya— aseveró el rey portugués sinceramente, —mas la espera se está haciendo insoportable, y Portugal necesita un heredero— la intimidación era su camino para acelerar su matrimonio con Sakura.
—Sabed que nada obtendréis de mi señora intentando amedrentarla, pues es tarea imposible— advirtió el castellano, siempre con voz calmada. —No obstante, ya que vuestra idea ha sido tan ofensiva como inconsciente, os hare saber las consecuencias de vuestro matrimonio con lady Demiya— anticipó, para que el rey supiera lo errado de sus planes y lo que podría acarrear si continuaba por ese camino.
Como rey que era, Sasuke se esforzó por permanecer impasible e indiferente, como si aquel tema no le importara, pero por dentro sintió un escalofrió y presagio un revés en la estrategia que tanto había considerado, ¿había cometido un error que no estaba a tiempo de resarcir? Nunca había sido su deseo desposar a lady Demiya, que tenía varios años más que él y era una monja que vivía en cautiverio—dado el acuerdo firmado hace más de una década atrás entre Portugal y Castilla—, pero no conocía otra forma de causar inquietud y miedo en Castilla, seguía deseando que la apasionada y determinada Sakura se convirtiera en su esposa a la mayor brevedad posible, pero el tiempo comenzaba a pasar, su hijo Yosuke debía haber cumplido casi cinco meses en Castilla, y meses de cartas que habían transcurrido entre Sakura y él, pero Roma continuaba sin dar señales de permitir su matrimonio, ¿qué se suponía que hiciera?, ¿quedarse sentado, viendo como le quitaban el trono y la mujer que había elegido por esposa era entregada en matrimonio a otro hombre? Dejando libre un suspiro, teniendo claro que decir al rey portugués, sin ser alarmista ni dejando pasar detalles por alto, Hidan Akatsuki se preparó para la reseña que habría de dar, todo por el bien de Castilla y de su soberana la reina Seina, habiendo presenciado su lucha contra Demiya la Bastarda, y no pudiendo permitir que algo similar volviera a ocurrir.
—Os escucho— permitió Sasuke sin otro remedio, necesitando tener muy claro si había errado en su estrategia y en qué grado.
—El primer conflicto lo tendríais con Roma, que decidió la reclusión de aquella a la que pretendéis desposar— expuso el Akatsuki, sin dar mayores detalles al principio, —pero el enojo que causaríais en el Vaticano seria mínimo frente a la ira de Castilla— puntualizó, ya que su señora y reina no dudaría en hacer que se alzaran las armas contra el reino portugués para defender la paz, y la honra de su hija. —Ese matrimonio sería respondido con algo más que palabras— anticipó con sencillez.
—¿Estáis amenazando a Portugal con una guerra?— más bien afirmo el rey portugués, incrédulo porque se atrevieran a tanto por una propuesta de matrimonio.
—Lady Demiya no ha de concebir hijo alguno que pueda reclamar un día el trono— declaró el castellano duramente, —jamás permitiremos que pueda traer al mundo un vástago con sangre real— por ello es que aquella mujer había sido recluida, no podían hacer peligrar de tal modo la sucesión castellana, ni la unión de las Españas.
—¿Hasta dónde estaríais dispuestos a llegar para impedirlo?— replicó Sasuke, desafiante y sin permitirse flaquear, antes muerto que parecer débil.
—Esa mujer erró hace veinticinco años y provocó una guerra; hoy mi señora no dudaría en responder del mismo modo— advirtió únicamente Hidan, pues sobraban las amenazas explicitas. —Los reinos de Castilla y Aragón, que hasta ahora han sido vuestros aliados, se tornarían en enemigos y como tales, apoyarían a vuestro rival— lo importante era lo que fuera mejor para Castilla, aun si ello implicaba apoyar a un aspirante a hacerse con el trono de Portugal, como lo era el duque de Braganza.
—Vuestros señores en nada comulgan con el duque de Braganza— refutó Mikoto, asustada y sintiéndose culpable por haber aconsejado mal a su hijo, sin saberlo.
—En tales circunstancias, el duque sería mejor que…un aliado que devino en traidor— calificó el castellano, sin deseos de ofender al rey portugués. —Retractaos en este preciso instante, o no solo tendréis a Castilla y Aragón como enemigos, sino que la infanta Sakura será entregada en matrimonio al rey de Escocia, que ha vuelto a extender su propuesta de matrimonio, y con ello vos perderéis el trono— emplazó con severidad, citando la amenaza hecha por la propia Infanta.
La amenaza de perder el trono a manos de su sobrino el duque de Braganza ya de por si fue algo que caló profundamente en Sasuke, significaba que si cometía el más leve error amenazando a Castilla, toda la gloria de su reinado desaparecería antes de empezar y él quedaría en ridículo, pero escuchar que su compromiso con Sakura se rompería y que ella sería entregada en matrimonio a otro hombre, provocó que el Uchiha sintiese un escalofrió desde la nuca...el rey de Escocia nuevamente estaba en su camino, y otra vez por su estupidez existía la posibilidad de perder a Sakura, por quien ya sentía una profunda admiración, respeto y cariño, ¿en que había estado pensando? Como si supiera cuales eran sus pensamientos, su madre Mikoto se mordió distraídamente el labio inferior, lamentado haber aconsejado a su hijo para mal, no habiendo imaginado que llegarían a este extremo, y no pudiendo alzar la voz para ayudarlo, pues habían pasado ese punto de retorno. Sin necesidad de ahondar en los pensamientos del rey portugués, Hidan bajo la mirada y extrajo del interior de su abrigo un sobre cerrado, con el cual se acercó al trono del rey Sasuke, tendiéndole el sobre que contenía una carta escrita de puño y letra de la Infanta Sakura y que la reina Seina le había pedido entregase al rey, que la recibió con incertidumbre, leyendo el nombre de Sakura escrito sobre el lado opuesto al que estaba cerrado con lacre.
—¿Y de hacerlo?— quiso saber Sasuke, intentando no decir aquello con un hilo de voz, dada la preocupación que sentía de perder a su futura esposa.
—Vuestro compromiso con la Infanta seguiría vigente, y el respaldo de Castilla con él— garantizó Hidan, no viendo maledicencia en los ojos del rey. —Olvidaremos esta ofensa, tan pronto lo hagáis vos— si se retractaba, nada habrían que lamentar.
—Tenéis mi palabra— determinó finalmente el rey portugués, ya que casar con Sakura era muy importante para él, —esperare lo necesario para desposar a Sakura— el resultado de tan larga espera habría de ser dulce, como la voz de su futura esposa.
—Confiemos, no obstante, en que la dispensa llegue antes que el duque al trono— manifestó Mikoto con un amargo suspiro.
Comprendiendo la difícil situación que vivía Portugal, que ahora confirmaba seguía siendo aliado de Castilla, Hidan Akatsuki solo contesto con un silente asentimiento, pues como todos desconfiaba de que el Papa favoreciera los intereses de Castilla y Aragón, brindando la bula que permitiese la boda entre la Infanta Sakura y el rey Sasuke, sin exigir una gran compensación a cambio. En ningún momento había sido intención de Mikoto aconsejar mal a su hijo y casi provocar una guerra buscando solo su bien, pero Portugal estaba en una situación crítica y que si bien podía parecer estable—dado que el infante Yosuke continuaba con vida, en Castilla, siendo la esperanza más directa para la sucesión, pese a ser demasiado joven—, no lo era, el rey necesitaba tener una nueva esposa que pudiera darle más hijos y sanos, o que por sí misma significara una alianza con un reino vecino que lo apoyaría si corría algún peligro, esto último era lo más imperativo por ahora. Dirigiendo una breve mirada a su madre, Sasuke eligió cerrar la reunión de esta manera, lo último que necesitaban era entrar en guerra con Castilla y Aragón, ni mucho menos él perder a su futura esposa que—suponía—le había enviado duras palabras en la carta que él examino en sus manos, pudiendo distinguir la forma fina pero seca en que se había realizado su caligrafía en relación al suave y cadencioso trazo que siempre realizaba…esperaba que pudiera perdonar haber adelantado su boda sin su consentimiento, y sin éxito.
Esperaría, y trataría de ser digno de Sakura.
Las horas del resto del día parecieron eternas para Sasuke, pues la reunión con el noble Hidan Akatsuki había sido lo más urgente y llamativo de su jornada diaria, a ello lo habían seguido la reunión con el consejo que lo asesoraba como gobernante, las típicas entrevistas con sus embajadores extranjeros, los informes sobre los navegantes que habían viajado al nuevo continente que debía ser explorado, y por ultimo sus continuos debates con los nobles portugueses, de los cuales la mitad le juraban lealtad indisoluble, y la otra mitad se alzaban contra él sin necesidad de palabras, pues él bien sabía quiénes estaban del lado de su sobrino duque de Braganza. Sin embargo, y durante cada hora trascurrida, Sasuke llevó consigo la carta de Sakura, muy cerca de su corazón—debajo de su jubón, para leerla tan pronto tuviera ocasión—, pero no se atrevió a abrirla y dejó que las horas pasaran, deseando estar a solas cuando rompiera el lacre que sellaba el sobre, y más de una vez se vio tentado de ir contra toda prudencia y abrirla sin más, deseando saber qué es lo que su futura esposa tenía que decirle, y que sin duda haría referencia a su impudente decisión de intentar adelantar su enlace amenazando a Castilla. Pero ya sea que las palabras escritas en la carta fueran hirientes, Sasuke deseaba leerlas, deseaba que Sakura diese su opinión, que le dijera que estaba enojada o no, deseaba mantener el contacto con ella y conocer mejor la fascinante mujer que era, y que lo tenía embelesado.
Escuchando las puertas cerrarse tras de sí tan pronto ingresó en sus aposentos, pudiendo finalmente estar solo tras horas que le habían resultado interminables, con la luz de las velas iluminando la habitación, Sasuke extrajo el sobre del interior de su jubón y releyendo el nombre de Sakura, rompió el sello, teniendo cuidado de no rasgar el sobre mientras extraía la carta, que desdobló, leyendo velozmente el contenido: Mucho me ha decepcionado vuestro ánimo y cambiante sentir hacia mi persona, ¿tan poco valiosa soy para vos? Me habéis pedido que abriera mi corazón, ¿y para qué?, Sasuke hubo de detener su lectura, soltando un suspiro y reprochándose el no haberle escrito antes a Sakura para mantenerla al tanto de sus planes, pues con su silencio la había ofendido de modo que nunca hubiera deseado hacer. Hoy sois rey, Sasuke, pero yo soy hija y nieta de reyes, pues si vos no queréis tenerme como esposa, se de otros reyes que si querrán y que menos me han ofendido que vos, sin necesidad de alusiones, en esa amenaza estaba el rey de Escocia que insistía en querer desposar a Sakura, y que era su rival más concreto por el corazón de la belleza de cabellos rosados, mas le sacó una sonrisa ladina el recordatorio de Sakura de que descendía de reyes, y que no iba a rogarle afecto, era una mujer consciente de su deber, de su poder y posición, no estaba dispuesta a callar sus opiniones sino a defenderlas, y eso le encantaba, porque jamás había conocido a una mujer con tanta determinación y arrojo.
¿Por qué debería ser leal a un rey que no mantiene su palabra conmigo?, sin soltar la carta, Sasuke se acercó a la cama, sentándose en el borde de esta, sintiéndose cada vez más apesadumbrado y culpable, pues aunque su enlace hubiese sido pactado como una unión política, en pro de lo mejor para Castilla, Aragón y Portugal, Sakura había conquistado su corazón, no tenía claro lo que sentía por ella ya que el amor estaba vedado para los reyes, pero sentía más que respeto y admiración, estaba fascinado, y se sentía realmente mal por haberla ofendido. Espero que comprendáis que estás y otras señales, me hacen cuestionar si merece la pena esperar por la bula papal o entregarme en matrimonio al primer rey que se muestre amable y no me engañe como vos, durante su estadía en Castilla, Sasuke había buscado ganarse un lugar en el corazón de Sakura, que parecía haber estado resignada a casarse por deber, mas anhelando la misma felicidad que él, y ahora todo eso era más frágil que nunca, todo por haber sido demasiado imprudente e impaciente. Sakura, Infanta de Castilla y Aragón, el trazo de su caligrafía era fino y elegante como siempre, pero ahora no era detallada y suave, la carta no había sido escrita con esmero y dedicación, sino con ira e indignación, y Sasuke comprendía que se merecía que Sakura pensara así de él, e incluso peor, pues habría de pensar en una buena respuesta que darle para intentar merecer su perdón, y para que ella no renunciase a ser su esposa.
Sentado sobre su cama, sin soltar la carta de Sakura, Sasuke soltó un profundo suspiro, contemplando la inmensidad de sus aposentos y que por primera vez le parecieron demasiado grandes para él solo, más allá del lujo que se esperaba de un rey, sentía que no tenía nadie con quien compartir su tiempo, fuera de su madre y sus hermanas, siempre estaba solo, incluso al discutir los asuntos políticos, el trono destinado a una reina siempre estaba vacío, y esperaba que Sakura pudiera ocuparlo, porque día con día anhelaba más que se convirtiera en su esposa, y que sus vidas fueran una y la misma. Pero por ahora, esperaría, le escribiría, y trataría de ganar su perdón de la única forma que conocía y se prometía tratarla siempre, con admiración, respeto y cariño, puede que más que cariño…
Frunciendo el ceño, y dejando libre un quejido, Sasuke abrió los ojos, confundido al enderezarse lentamente sobre el colchón, dándose cuenta de que se había quedado dormido tras leer la carta de Sakura, vestido…¿estaba tan casado de lidiar con los asuntos de estado que ni siquiera había podido desvestirse y meterse debajo de las sabanas?, el trabajo comenzaba a pasarle factura, y no era una broma, sonriendo ladinamente para sí mientras se levantaba de la cama y acercaba a su escritorio, donde yacía una jarra de agua, cuyo contenido sirvió en un vaso para aclararse la garganta. ¿Qué hora era?, no tenía idea, solo que debía ser muy tarde, pues no había atisbo de luz, salvo las estrellas del firmamento y que observó a través de las ventanas de sus aposentos, frotándose la parte posterior del cuello ante la incómoda posición en que se había quedado dormido, dejando el vaso sobre el escritorio mientras se dirigía hacia las puertas, que abrió con sorpresa, no encontrando a los guardias que garantizaban su seguridad, mas por muy extraño que fuera, lo prefirió así, ya se sentía sofocado y lo último que necesitaba era que lo siguieran, dejando las puertas abiertas tras de sí mientras transitaba los oscuros pasillos—iluminados solo por los candeleros cuyas velas encendidas dotaban al palacio de una luz dorada—, necesitaba aire y el único lugar en que sentía que podría encontrarse libre era el jardín, hacia donde dirigió sus pasos, dejando tras de sí el eco de la suela de sus botas.
Su vida corría peligro, su sobrino el duque de Braganza no desaprovecharía cualquier oportunidad de quitarle el trono, sin embargo esta noche Sasuke no sentía miedo mientras cruzaba el umbral del jardín, en el cual se internó, es más, ni siquiera se le hizo extraño recorrer el palacio y no ver a ninguno de los guardias que habrían de custodiar que no fuera atacado, y no le importó, contemplando en su lugar el sereno estanque en el centro del jardín, y que a su alrededor estaba rodeado de toda clase de arbustos florales, que su madre había hecho sembrar tras su subida al trono. La calma de Sasuke se tornó en desconcierto cuando vio un destello blanco en el otro lado del jardín, pero que lentamente se acercó hasta él, fue difícil distinguir que era, pero cuanto más se acercaba se dio cuenta de que se trataba de una mujer, y no cualquier mujer; era Sakura. La bella pelirosa vestía un sencillo camisón de seda blanca, con bordados en tono damasco que formaban finos bordados en forma de rosas y capullos, elegante con las mangas holgadas que se ceñían a la altura de sus muñecas, y ceñido bajo su busto para formar una falda hasta el suelo, con un…llamativo y profundo escote en V, decorado por encaje en el contorno, cerrado por dos pequeños botones, y que dejaba poco a la imaginación, permitiéndole hacerse una idea de su figura bajo la tela, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda.
En su último encuentro, Sakura lo había saludado con una reverencia, siempre tratándolo como el rey que era, como hacían todos, pero esta vez y tan pronto como se detuvo frente a él, cara a cara, no lo reverenció, sino que le sostuvo la mirada mientras un suave y encantador sonrojo se adueñaba de sus mejillas, y una sonrisa de sus tentadores labios rojos, haciendo brillar sus ojos esmeralda, intensos y profundos, ella era verdaderamente hermosa, él lo había sabido desde aquel primer encuentro, pero ahora mismo se sentía más hipnotizado que nunca, todo el tiempo que habían pasado separados había provocado que a ojos de Sasuke fuese la mujer más hermosa que hubiera podido contemplar, porque no quería ver a ninguna otra. Sasuke entreabrió los labios, para preguntarle a Sakura como es que estaba ahí, delante de él, ¿acaso había llegado junto a lord Hidan y nadie se lo había dicho? No tuvo tiempo de hacer pregunta alguna, pues sin bajar la mirada, ella llevó sus manos al escote de su camisón, cuyos botones desabrochó, encogiéndose de hombros para hacer que la tela se deslizase por sus hombros sin miramientos, hasta dejarla caer al suelo, exponiendo ante los ojos del Uchiha su silueta desnuda, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, sin disimular su esbelta figura, ni sus pequeños pechos que hacían ver aún más elegante su silueta, que continuaba en caderas sugerentes, cintura estrecha y muslos firmes, por la hábil amazona que era.
Su belleza era grande, más cuando Sasuke poco y nada había tratado íntimamente con muchas mujeres en su vida—su fallecida esposa Takara había sido muy recatada y pudorosa, casi en exceso—, pero el brillo en los ojos de Sakura le hizo sentir algo inexplicable y hasta entonces desconocido, en los profundos pozos esmeralda de ella brillaba el deseo más evidente y la lujuria más grande que jamás había visto, por él, y nunca antes una mujer lo había mirado así, ¿que era este sentimiento?, ¿por qué esta mujer lo hacía sentir así? Con una sonrisa ladina adornando sus labios, y haciendo destellar sus brillantes ojos esmeralda, que en ningún momento se apartaron de los suyos, Sakura acercó sus pasos hasta encontrarse a efímeros centímetros de distancia de Sasuke, que ni siquiera era capaz de moverse—demasiado asombrado por su gran belleza—, acunando el rostro del Uchiha entre sus manos y acercándolo hacia si para unir sus labios como hace meses atrás, en su primer beso, alejándose para encontrar sus ojos con los de Sasuke y así estudiar su reacción, con una sonrisa antes de iniciar un nuevo beso, deslizando su lengua entre sus labios para encontrarla con la suya con lentitud, esperando a que él reaccionara y aceptara que había deseado esto tanto como ella, porque la espera a la que ambos se habían visto sometidos era demasiada para un hombre y una mujer, que habían sentido la llama del deseo nacer entre ambos desde su primer encuentro.
¿Quién era realmente esta mujer?, ¿por qué lo hacía sentir así?, a Sasuke dejo de importarle, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de Sakura, encontrando vorazmente sus labios con los de ella, buscando saciarse del adictivo dulzor de sus labios y que sin embargo parecía no tener fin, haciéndolo desear más, extasiándolo, más cuando Sakura rompió el beso y deslizó sus labios desde sus mejillas a su mentón y su cuello, haciéndolo estremecer mientras apoyaba su cabeza contra el cuello de ella, embriagándose con su dulce y seductor perfume, abrazando el esbelto cuerpo de Sakura contra el suyo, deseando volverse uno con ella, ¿por qué diablos había esperado tanto?, deberían haberse encontrado así hace mucho tiempo…sumergido en tal ola de placer y éxtasis, Sasuke se sobresaltó y abrió los ojos al escuchar algo caer estruendosamente al suelo, irguiéndose con las manos apoyadas sobre el cochón, encontrando a uno de los mozos, que como cada noche avivaban el fuego de las chimeneas, y la suya ya casi se había apagado, dejando caer accidentalmente un leño al suelo, cuyo sonido despertó al rey portugués. Sasuke había estado tan fascinado que ni siquiera había podido concebir que todo era demasiado maravilloso—Sakura en Portugal, a su lado, actuando como si ya fuera su esposa cuando la boda ni siquiera se había celebrado aun—como para ser real, haciéndolo suspirar únicamente mientras enterraba el rostro entre sus manos.
Más vale que el Papa les concediera la bula y la boda se celebrase pronto, o partiría a Castilla, trayendo a Sakura como su esposa, a como diera lugar.
Realizando la señal de la cruz ante su reclinatorio y contemplando el crucifijo que reposaba sobre su altar, a solas en sus aposentos a esa hora de la noche, cuando sus doncellas se encontraban profundamente dormidas, Sakura se encontró meditando sobre las mil y un cosas que daban vueltas por su mente; su hermana Hinata había dado a luz una niña que había sido nombrada Fuso, su hermana Mirai y ella le habían escrito para felicitarla y darle sus mejores deseos, y paralelamente había recibido una carta de Sasuke, pero no había querido leerla, sino que la había guardado sellada en su joyero, prefiriendo no dejarse embaucar por sus dulces palabras, que sabía eran todo cuanto ella deseaba escuchar. La Infanta portaba un sencillo camisón blanco de escote redondo decorado con encaje en el contorno, ceñido a su figura y cerrado por doce pequeños botones color mantequilla, con mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas para formar holanes de encaje, sobre sus hombros reposaba un mantón color ocre con bordados dorados, y sus largos rizos rosados caían sobre sus hombros y tras su espalda. Debería haberse ido a dormir hace ya varias horas, pero estaba tan enfrentada entre su deber de Infanta y sus deseos de mujer, que no sabía qué hacer, quería escribir una nueva carta a Sasuke pese a no haber leído la que él le había enviado, pero sabía que de hacerlo estaría dando a entender que perdonaba su afrenta a su orgullo como mujer, y eso no podía permitírselo.
Apretando su agarre alrededor del rosario que tenía envuelto entre sus manos, apoyando sus labios contra sus manos cerradas, Sakura se esforzó por rezar por fortaleza al altísimo para poder cumplir con su deber como Infanta de Castilla y Aragón, subyugando sus deseos de mujer y los anhelos de amor que su corazón le pedía. Concentrada en sus oraciones, Sakura se sobresaltó al escuchar que llamaban a su puerta, volviendo la mirada por sobre su hombro y frunciendo ligeramente el ceño, ¿quién podía ser?, un mozo ya había acudido a avivar el fuego de su chimenea, sus doncellas se habían retirado hace varias horas, y ninguna tenía deber de informarla de nada hasta la mañana siguiente, a menos que fuera urgente—lo cual dudaba—, mas esperando que no se tratase de ninguna mala noticia, la Infanta realizo la señal de la cruz para finalizar sus oraciones, sujetándose la falda del camisón al erguirse, pronunciando un cortes "adelante", acercándose al altar, donde a los pies del crucifijo yacía un pequeño cofre de porcelana, al cual regresó su rosario, acomodando el manto sobre sus hombros, en espera de que quien desease verla ingresara. Pero grande fue su sorpresa cuando las puertas se abrieron, revelando un rostro que llevaba meses sin ver, y que la dejo sin aliento, tanto por su ineludible gallardía y atractivo, así como por lo absolutamente inesperada que era su presencia para ella.
—Sasuke…— reconoció Sakura, sorprendida a más no poder. —¿Qué hacéis aquí?—preguntó titubeante, pues nadie le había avisado de su llegada.
—Necesitaba veros— contestó el Uchiha, cerrando las puertas tras de sí, —y quería pediros perdón por mi comportamiento, no quería ofenderos, y me arrepiento de haberlo hecho— su mirada y los sentimientos que reflejaba, hicieron que el orgullo de Sakura trastabillara. —Perdonad a este hombre, en cuyo pecho habéis hecho brotar un mar de amor, por vos— pidió con abrumadora sinceridad, acercando sus pasos hasta encontrarse a escasos centímetros de distancia de Sakura.
Dicho esto, y observando los intensos ojos esmeralda de Sakura, que ni siquiera fue capaz de pronunciar media palabra a causa de la sorpresa y la emoción que sintió, Sasuke inclinó su rostro hacia el suyo, cerrando lentamente la brecha entre sus rostros, arrebatándole el aliento sin darse cuenta, y Sakura se sintió impotente por no poder moverse ni negarse al beso que estaba a portas de concretarse, ¿qué tipo de poder tenía Sasuke sobre ella?, por fin sus labios se encontraron, y el simple contacto hizo que Sakura cerrara los ojos y soltase un gemido, arqueando el cuello y ofreciendo completamente sus labios a los de Sasuke, que acunó su rostro entre sus manos y deslizó uno de sus brazos hasta envolverlo a su cintura, acercándola hacia sí, sin encontrar resistencia. Cuando el beso ya de por si parecía satisfactorio, Sakura abrió los ojos con sorpresa y gimió de placer al sentir la legua de Sasuke deslizarse entre sus labios y encontrarse con la suya, haciendo que sus piernas temblaran y sintiera que iba a desmayarse, sujetándose de los hombros del Uchiha para no desmayarse. Sin romper el beso y no sabiendo porque, Sakura retrocedió a hacia la cama, podía guiarse en su propia habitación sin necesidad de ir a tientas ni estudiando lo que ahí había, trazando un seguro camino hacia la cama, dejándose guiar por Sasuke para recostarse lentamente sobre el colchón nada más sentir este tras sus rodillas, dejando libre un profundo jadeo al volver a respirar cuando el beso se rompió.
Mordiéndose el labio inferior y alzando su mirada para encontrarla con la de él, viendo en los ojos del Uchiha—que no apartaba su mirada de ella, como si fuese lo más fascinante sobre la tierra—una mirada que nunca antes había visto, Sakura se sintió desnuda pese a encontrarse completamente vestida, como si él pudiera ver todo de ella y lo que era, reprendiéndose mentalmente, pues siempre le habían enseñado que ceder su poder era algo que nunca habría de hacer, que debía mantenerse cuerda y centrada en sus convicciones, pero no tuvo oportunidad de luchar contra las emociones que latían desbocadamente dentro de su pecho y por las que simplemente se dejó guiar, bajando la mirada a la serie de pequeño botones que cerraban su camisón—el manto que había llevado sobre los hombros había caído al suelo en su camino hacia la cama—y que desabrochó hábilmente, deteniéndose por una fracción de segundo cuando desabrochaba cada uno, hasta que la tela se deslizo por su torso y cayó a la altura de su cintura, exponiendo su desnudez ante la intensa mirada ónix de Sasuke, mas pese a que esta fuera la primera vez que se encontraba desnuda ante un hombre, u otra persona que no fueran sus doncellas que la ayudaban a bañarse, Sakura no sintió deseos de cubrirse, porque solo quería que él viese todo de ella.
Con una sonrisa ladina, apartando uno de los largos rizos rosados de Sakura y que había caído sobre su hombro derecho, Sasuke alargó una de sus manos para entrelazarla con la de su futura esposa, besando devotamente el dorso de esta en señal de respeto, lo que hizo sonreír a Sakura y provocó que sus mejillas se sonrosaran al tomar conciencia de la situación en que estaban y lo que iba a ocurrir, haciéndola ver aún más hermosa a ojos del Uchiha, que solo la veía a ella, nada más era importante. Sin romper el vínculo entre sus miradas, Sasuke se despojó de su camisa y que arrojó al suelo, sin apartar en ningún momento su atención de Sakura, recostándose cuidadosamente sobre ella y alzando la falda de su camisón con una de sus manos, apoyando su peso en la otra para no aplastarla. Tragando saliva sonoramente, deseando decirle a Sasuke que se detuviera, pues no se suponía que hiciesen nada hasta de esto hasta que el Papa concediera la bula que validara su matrimonio, y una vez estuvieran casados, Sakura batalló contra sus propios deseos, desechando aquella idea y dejándose recostar sorbe la cama, envolviendo sus brazos alrededor del cuello del Uchiha y acercándolo aún más hacia si para fundir sus labios con los de él en un nuevo beso que la dejo sin aliento, soltando en el proceso un ligero gemido de placer al sentir sus pechos chocar contra el firme torso de Sasuke, deslizando sus manos de sus hombros a su espalda y envolviendo sus piernas a sus caderas...
—Alteza— llamó la voz de Karin a lo lejos, confundiéndola.
Apretando los parpados con pereza, apenas y sintiendo las piernas, Sakura abrió los ojos y alzó la mirada encontrándose con el rostro de su leal amiga y doncella Karin, que envolvió su brazo tras su espalda para ayudarla a levantarse, permitiendo que la Infanta se diera cuenta de que había sido tal su devoción la noche anterior, que se había quedado dormida ante su reclinatorio, clamando porque sus oraciones fueran escuchadas por el altísimo, lo que le paso factura, haciendo que erguirse fuera una ardua tarea al apenas sentir sus rodillas, apoyando sus manos en el reclinatorio y soltando un jadeo de dolor, sin soltar su rosario que permanecía envuelto alrededor de su mano derecha. Karin se preocupó por ayudarla a llegar a la cama, dando instrucciones a otra de sus doncellas para que preparasen una bañera con agua caliente, con rosa y lavanda, sus esencias favoritas, pero la Infanta Sakura estaba mucho más concentrada en su propia incredulidad, sintiendo como todo su cuerpo ardía, rememorando cada momento del sueño que había tenido, y que había sido escandalosamente real, ¿su primera vez sería igualmente intensa y perfecta?, con una distraída sonrisa, apretando su rosario contra su pecho, Sakura dejo que Karin la ayudase desvestirse mientras sus otras doncellas y las sirvientas hacían traer la bañera y el agua. La espera se estaba haciendo insoportable…
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Les recuerdo que por ahora solo puedo actualizar una historia por semana, por mis estudios y el escaso tiempo de que dispongo, pero no dejare inconclusa ninguna de mis historias, lo prometo :3 las próximas actualizaciones serán "Más Que Nada en el Mundo", "Kóraka: La Sombra del Cuervo", nuevamente "La Reina Olvidada" y por último "A Través de las Estrellas" :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicandole los capitulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal
-Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz -Mikoto Uchiha como Beatriz de Portugal
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón
-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa -Emi Uchiha como Isabel de Viseu
-Hidan Akatsuki como Gonzalo Chacón -Kagen Uchiha como Jaime de Braganza
-Demiya como Juana la Beltraneja -Utakata como James IV de Escocia
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla -Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón
-Ebisu Tokubetsu como Cristóbal Colón -Hayate Gekko como Vasco da Gama
Datos Históricos & Pasión Ardiente: el compromiso de Manuel y María fue relativamente largo, duro casi dos años debido a los meses que trascurrieron entre las celebraciones propias del luto por su fallecida hermana Isabel, y el regreso del rey portugués a su reino, y los enemigos con que debía lidiar, como su sobrino el duque de Braganza, pero la dispensa papal no se obtendría hasta Mayo y Julio de 1500, y durante este capitulo nos encontramos a fines de 1598 e inicios de 1599, por lo que aun falta para que suceda la boda. No encontré pruebas de que, para amenazar a Castilla y apresurar su boda, Manuel haya dicho que quería casar con Juana la Beltraneja, pero esto si se represento en la serie Isabel y leí en una ocasión que tal enlace se considero, de ser ventajoso para Portugal, pero finalmente se descarto y Manuel insistió en casar con María. Tampoco se sabe de que María haya enviado alguna carta a Manuel reprochando su actuar, por lo que eso es ficción de mi autoría, imprimiendo parte de mi carácter y como reaccionaria de encontrarme en esa situación. Mucho de las ultimas escenas del capitulo, bastante subidas de todo, están inspiradas en "The Tudors" y "The Spanish Princess" que juega mucho con la atracción y la química sexual, que es algo que destaca en la relación de Manuel y María, que los embajadores comentaban y que yo representare a lo largo de la trama.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
