-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "I Still Believe" de Hayden Panettiere para Sakura, "My Escape" de Ravenscode para Sasuke, y "Dusk Till Dawn" de Sia & Zayn para el contexto del capitulo.
Octubre de 1500/Alcácer do Sal, Portugal
Aunque hubiera aguardado por tan magnífica noticia desde hace meses, aunque el luto de la corte solo hubiera finalizado hace un par de días—debido a su matrimonio por poderes celebrado en Castilla—, el rey Sasuke se movió velozmente por los pasillos del palacio en compañía de su madre y lord Kai Ioska—hijo ilegitimo del fallecido rey Tajima, y el noble más importante de la corte—; Sakura había llegado a la ciudad de Alcácer do Sal, el pueblo había comenzado a darle la bienvenida y reverenciarla a lo largo de su camino hacia el palacio, donde él se estaba asegurando de que todo estuviera listo para recibirla como se merecía. El rey portugués vestía una camisa blanca de cuello alto y redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, por sobre la camisa un jubón verde musgo de cuello cuadrado, con mangas ceñidas a las muñecas que se anudaban a lo largo de los brazos, con bordados dorados en el frente del pecho para replicar el emblema de la familia Uchiha, y con faldón hasta la altura de las rodillas—ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro, como sus botas—, pantalones verde oscuro y botas de cuero, sobre el jubón un abrigo verde musgo con mangas hasta los codos y que permanecía abierto, y alrededor de su cuello yacía un toisón dorado, intentando en vano peinar sus rebeldes cabellos azabaches azulados y acomodando su abrigo mientras caminaba.
—¿Está todo preparado?— interrogó Sasuke, intentando ocultar su nerviosismo. —No quiero que se cometa ningún error— puntualizó con voz severa.
—Confiad en quienes os son leales, mi señor, vuestra esposa será recibida apropiadamente— sosegó su madre Mikoto, conteniendo una sonrisa.
Para nadie era un secreto todo el esfuerzo y prolongadas negociaciones que se habían efectuado con el fin de que Portugal finalmente tuviera una nueva reina, Mikoto había formado parte de ellas como prueba, por lo que entornó disimuladamente los ojos mientras seguía los pasos de su hijo hacia el salón del trono, donde—como el resto de los nobles que habían sido invitados a participar de la ocasión—habrían de aguardar para recibir apropiadamente a la Infanta de Castilla y Aragón, y pronto reina de Portugal en toda regla. Paralelamente y fuera del Palacio, en las calles, los habitantes de Alcácer do Sal se inclinaron y quitaron el sombrero—en el caso de los hombres—al paso de un imponente purasangre ibérico de pelaje y crin negra que caminaba por el centro de las calles, tanto al frente como detrás de él un numeroso contingente de sirvientes, damas y soldados, y a su diestra un corcel gris claro en que montaba el embajador Idate Morino que había acudido al encuentro de su ahora reina hace días atrás—para escoltarla—, viendo como atrapaba las miradas de todos quienes la reverenciaban a su paso; Portugal jamás había recibido con anterioridad a una dama tan noble ni que fuera acompañada por una comitiva tan numerosa, imponente sobre el lomo de su corcel, sujetando las riendas y presionando sus botas contra las espuelas para que este se moviera, con la frente en alto, hermosa, segura de su rango y posición a ojos de todos, digna de ser llamada la reina de Portugal.
Conteniendo una sonrisa, Sakura haló de las riendas para hacer que su corcel se detuviera cuando finalmente el palacio real quedo ante ella, recordándole los castillos y alcázares de Castilla, sintiéndose como en casa pese a los largos días que había viajado para llegar a su destino, sonriendo al embajador Idate Morino cuando este bajo de su caballo y le tendió la mano para ayudarla a descender del suyo, lo que ella acepto con gusto. La reina portuguesa portaba un elegante vestido de seda esmeralda—debajo una enagua blanca de escote en V—estampado en bordados florales de hilo de plata, de escote alto cuadrado ceñido a su cuerpo por un ajustado corsé, falda de una sola capa y mangas holgadas que se ceñían por muñequeras negras que finalizaban en holanes blancos, alrededor de su cuello reposaba el collar que le había obsequiado el rey Sasuke; una guirnalda de perlas de dos vueltas entre la que reposaba una hilera de cinco dijes de oro en forma de rosas con diamantes en el centro, pendientes de oro en forma de corazón decorados por lágrimas de perlas, y su largo cabello rosado estaba recogido tras su nuca por una rejilla plateada con capucha y sobre esta una elegante boina esmeralda decorada por una pluma blanca. De la mano del embajador Idate Morino, Sakura cruzó el umbral del palacio, recorriendo los largos pasillos, observando todo a su paso y conteniendo el aliento cuando llegó al salón del trono, viendo a Sasuke esperando por ella, reverenciándola y viceversa.
—Reina Sakura— saludó el rey portugués, teniendo que ceñirse al protocolo, alargando una de sus manos para sostener la suya y besar con galantería el dorso de su mano, —en mi nombre y en el de todo mi pueblo, os doy la bienvenida al que de ahora en más será vuestro hogar— la espera había sido larga, pero más que fructífera.
—Me siento profundamente agradecida y honrada por vuestro recibimiento, mi señor— correspondió la ahora reina portuguesa, inclinando respetuosamente la cabeza. —Disculpadme, he de descansar— se excusó con una nerviosa sonrisa, necesitando cambiarse de ropa y desempacar todas sus pertenencias.
—Por supuesto— dispensó Sasuke, infinitamente más tranquilo y dichoso al encontrarse ambos bajo el mismo techo, —no dudéis en hacerme saber si necesitáis algo, y lo tendréis— ahora que ella estaba a su lado, haría todo lo posible y más por hacerla inmensamente feliz en todos los sentidos.
—Gracias, mi rey— sonrió Sakura, sujetando la falda de su vestido para reverenciarlo apropiadamente.
Era la primera vez que Sakura usaba esas palabras para referirse a Sasuke, al comienzo solo lo había llamado su Alteza—que era el título de todos los reyes—, luego mi señor que era la forma de toda mujer de dirigirse hacia un hombre al que respetar, y luego Sasuke al conocerse y forjar un vínculo entre sí, pero ahora ambos eran mucho más, Sasuke podría llamarla su reina de igual forma, porque dentro de solo unas horas—al día siguiente—se convertirían en marido y mujer oficialmente. Inclinando la cabeza en respuesta, sonriendo ladinamente al haber contemplado tras tanto tiempo—casi un año y medio— el rostro de Sakura, Sasuke dejo libre un suspiro al verla retirarse en compañía del embajador Idate Morino, a quien mucho habría de agradecer por acompañarla en su viaje, así como por representarlo en su boda por apoderado, mas la oficial se celebraría como Dios mandaba al día siguiente. Desearía pasar el resto del día junto a Sakura, hablando de todo, resolviendo cualquier duda o temor que ella tuviera—aunque no lo demostrase, valiente como siempre—, pero debía dejar que ella descansara tras un viaje tan largo, se acostumbrara a su nueva vida, y preparara para la ceremonia de mañana, sin importar que lo último que él deseara fuera apartarse de ella otra vez, pero era lo que debían hacer. Aunque debía reconocer, que los meses separados solo habían contribuido a embellecer aún más a Sakura…
Sentada sobre su cama, Sakura respiró profundamente para empaparse de los nuevos aires que reinaban en Portugal, el aire no era tan frio como en Castilla ni Aragón, el sol brillaba más, y las montañas estaban cubiertas de nieve, pero la tierra era muy verde al mismo tiempo, era fácil imaginarse viviendo allí, aunque en el fondo siguiera extrañando a sus padres y a su hermana Mirai. Los apartamentos de la reina de Portugal eran encantadores, las paredes estaban estampadas de color violeta suave con cortinas purpura y borgoña, las ventanas eran amplias y permanecían entreabiertas, junto a la chimenea reposaban dos divanes con almohadones purpuras, cerca una pequeña mesa y al costado de la chimenea dos libreros atestados de textos y un escritorio idéntico al que ella había tenido en Castilla, y en su habitación privada otro libero igualmente grande, otra chimenea, ventanales amplios, un tocador con camelias frescas—sus flores favoritas—y la cama tenía colchas purpura claro, con mullidos almohadones, cortinas de encaje rosa pálido que permanecían atadas a los postes de la cama, y un espejo de cuerpo completo con marco de plata que permanecía empotrado contra la pared; todo era absolutamente perfecto. En medio del análisis de la ahora reina portuguesa, irrumpió en la habitación su leal amiga y doncella, ejecutando una respetuosa reverencia y atrapando su atención.
—Alteza, vuestras nuevas doncellas piden ser recibidas— informó Karin, pidiendo su permiso, en caso de que ella no se encontrase de ánimo para ello.
—Por favor, haced que pasen— consintió Sakura al instante, queriendo cumplir con todas sus obligaciones cuanto antes.
Levantándose de la cama y alisando la falda de su vestido, observándose ante el espejo, Sakura inspiró aire profundamente y abandonó su habitación hacia la sala de recepción dispuesta para los huéspedes, cierto era que sus damas de compañía la habían seguido hasta Portugal para permanecer en su servicio, pero las tres doncellas castellanas que tenía—entre quienes destacaba Karin, como su mejor amiga y dama de confianza—eran insuficientes para una reina, necesitaba más personas a su servicio, y claramente Sasuke o su madre lady Mikoto habían elegido a personas para que la asistieran a partir de su llegada, lo que Sakura no dudo en agradecer mentalmente. Sin embargo y por un momento, al ver ingresar a sus doncellas, Sakura recordó la tendencia de su madre la reina Seina sobre elegir solo a damas de experiencia y no particular belleza para que estuvieran a su servicio, al fin y al cabo era conocida la reputación de mujeriego de su padre el rey Pein, y por un instante Sakura quiso hacer lo mismo; sus doncellas debían tener entre cinco o diez años más que ella, pero no fue su edad sino belleza lo que casi la hizo sentir inferior, mas desechó tal pensamiento al instante, sabía que las damas a su servicio provenían de las familias más respetables y nobles de Portugal, su belleza no era lo importante sino su rango, por ello les dirigió una ligera sonrisa mientras la veía presentarse en fila ante ella.
—Temari Sabaku— reverenció al frente de la fila una belleza rubia de ojos verdes.
—Hanabi Hyuga— secundó su compañera, de liso cabello castaño y ojos perla.
—Moegi Kazamatsuri— se presentó la siguiente, de cabello naranja y ojos azules.
—Tenten Namiashi— finalizó con una reverencia una pelicastaña de ojos oscuros.
—Bienvenidas— recibió Sakura, con respeto y dulzura. —Es un inmenso placer para mí poder conoceros, sé que probablemente no me entendáis, pero espero poder aprender vuestra lengua, con el tiempo, como la reina que se espera que sea— prometió, dispuesta a dar todo de sí para lograrlo. —Hasta entonces, Karin servirá como mediadora— era una suerte que su leal amiga supiera hablar portugués.
—Alteza, no os preocupéis— sosegó Temari, tanto en su nombre como en el de sus compañeras, —todas hablamos vuestra lengua, y será un gran honor poder serviros y ayudaros en todo cuanto necesitéis o deseéis— garantizó, con el fin de alivianar su carga. —Como hicimos con vuestra fallecida hermana— añadió en voz baja, temiendo ofenderla al mentar a su fallecida hermana mayor.
Temari fue la que se atrevió a hablar a su ahora soberana, había sido una de la doncellas principales de la fallecida reina Takara, había sido la dama más importante de su sequito detrás solo de su camarera castellana, y como tal sentía que era su deber dar la bienvenida a la nueva reina y ponerse a su servicio, así como instruirla en todas la obligaciones que habría de tener, ya que quizás muchas le eran ajenas o desconocidas a día de hoy, pero tiempo era algo que había de sobra ahora que estaban bajo el mismo techo, reverenciándola respetuosamente al igual que sus compañeras. Al escuchar aquello, el primer impulso de Karin fue desviar sutilmente la mirada hacia su amiga y reina, sabía que el tema de su fallecida hermana Takara continuaba siendo delicado para Sakura, nunca podría olvidar que todos la habían amado a ella primero y que, en comparación, ella era solo una triste sombra, o eso creía, pero contrario a este pensamiento, Sakura no pudo evitar sonreír al observar a sus ahora nuevas doncellas, indicándoles en silencio que podían erguirse. Lejos de sentirse enojada u ofendida emocionalmente, Sakura se sintió feliz, se sintió a salvo sabiendo que quienes le servirían de ahora en más, le habían servido lealmente a su hermana Takara en su día, así podía confiar en que serían discretas y leales, de otro modo su fallecida hermana no habría podido encontrar la felicidad en Portugal—en lo que cabía, claro—, Sakura sabía que sin duda lo había hecho, y ella también podría lograrlo.
—Muchas gracias— sonrió Sakura finalmente, manteniéndose estoica y serena. —Si bien deseo que la corte portuguesa se distinga por su dignidad, boato y elegancia, también quiero austeridad, por tanto me gustaría que no se llevaran aceites fuertes, peinados lujosos o prendas ostentosas— nombró, incapaz de olvidar los valores que la habían forjado en Castilla. —Lo que se espera de una corte, es que sea signo de ejemplo para todos, y ese ha de ser nuestro deber— Portugal se regía por el lujo y la galantería, pero también habría de hacerlo por la religiosidad y los principios.
—Sí, Alteza— asintieron al instante sus nuevas doncellas, completamente de acuerdo.
Hasta ahora, y lo hubiera querido o no, Sakura era consciente de que en muchos sentidos se había comportado como una adolescente caprichosa—que lo había sido, al fin y al cabo—, su orgullo herido muchas veces la había llevado a actuar no como una Infanta de Castilla y Aragón sino como una novicia enamorada, pero esa conducta ya había quedado atrás, lo que se le perdonaba a una joven soltera no se le perdonaba a una reina casada, y ella ya lo era en nombre, con todas las responsabilidades que ello implicaba, y probaría estar a la altura. Dispensando a sus doncellas para comenzar con sus servicios, y ayudar a desempacar sus pertenencias y acomodar todo en su lugar, si ello les placía hacer—dirigidas por Karin, por supuesto, que mantenía su vista atenta a todo como un halcón—, Sakura regresó a su habitación privada, cerrando las puertas tras de sí para tener algo de privacidad, sujetándose la falda del vestido mientras se arrodillaba en el altar ya dispuesto junto a la puerta, realizando la señal de la cruz y juntando sus manos, bajando la cabeza y comenzando a orar. Necesitaría toda su fuerza en los días que estaban por venir, por muy prometedor y feliz que pareciera el futuro al lado de Sasuke, no podía olvidar que la felicidad no estaba destinada a los reyes o reinas del mundo, y quizás habría de afrontar pruebas incluso más difíciles de las que ya había vivido.
Pero no había llegado hasta aquí para rendirse.
Si le hubieran preguntado su opinión a Sasuke, él habría dicho que tras recibir a Sakura y darle el tiempo apropiado para instalarse en sus nuevos aposentos—los de la reina de Portugal, que él había mandado modificar en base a sus gustos, sus colores preferidos y lo que había visto de Castilla durante su visita—, habría deseado pasar el resto del día junto a ella, hablando de cualquier cosa, disfrutando de su tiempo juntos—finalmente bajo el mismo techo—, pero eso no era lo apropiado, aun no estaban casados formalmente y era impropio que se reunieran en privado, pues la honra de su futura esposa podía ser puesta a debate, lo que él jamás permitiría que sucediera. Por lo que, lejos de tan alentador paradigma, Sasuke se encontró revisando con sus consejeros los últimos detalles para la ceremonia nupcial de mañana, y cuando finalmente comenzó a atardecer, regresó a sus aposentos, encontrando a su madre esperando por él, como de costumbre, lo que inevitablemente lo hizo sonreír ladinamente. Mikoto portaba un elegante vestido purpura de escote cuadrado, decorado por encaje gris plateado y decorado por un broche de plata con una amatista en el centro, falda de una sola capa, y sobre el vestido un abrigo de terciopelo malva que permanecía abierto, de mangas ceñidas y con bordados color lila en los bordes y el contorno del cuello alto, a juego con el cintillo de perlas de dos vueltas que peinaba su largo cabello azabache azulado que caía tras su espalda, y pendientes de perla en forma de lagrima a juego, sonriendo al encontrar su mirada con la de su hijo.
—Creí que no viviría lo suficiente para ver llegar este día; nuestra alianza se consolido y estamos a salvo— declaró Sasuke, sintiéndose aliviado como nunca.
—Aun no, el matrimonio debe consumarse— puntualizó Mikoto, viendo a su hijo entornar los ojos mientras se servía una copa de vino, —recordad que Sakura es menos esposa vuestra de lo que fue Takara, pues aún faltaba que se celebre la boda— era imperativo que su hijo consumase el matrimonio, su vida dependía de ello.
—Eso ya ocurrirá, madre— sosegó él, bebiendo un trago de vino para recuperar el aliento tras tan largo día, pero sin poder ni intentar alejar sus pensamientos de Sakura.
—No insistiré más con el tema entonces— aceptó ella, encogiéndose de hombros sin otro remedio y dejándose caer ante la silla junto a la chimenea. —Sasuke— nombró, viendo a su hijo asentir en respuesta, —hasta el día de hoy habéis evitado responder a una pregunta— se percató, invitando a su hijo a sentarse, para hablar seriamente.
—¿Lo he hecho?— consideró Sasuke con sorpresa, sentándose frente a su madre.
—Decidme, ¿qué pensáis de Sakura?— interrogó Mikoto, queriendo conocer su opinión.
—Es terca, obstinada, muy ingeniosa y determinada, muy segura de su posición y dispuesta a defenderla ante todo y todos— enumeró él, sin poder contener una sonrisa ladina. —Es maravillosa, no podría haber encontrado en el mundo a mejor mujer— estaba seguro que, de volver el tiempo atrás, la volvería a elegir solo a ella.
—¿Os gusta?— preguntó ella directamente, necesitando escuchar la verdad de él.
El matrimonio entre su hijo y la Infanta Sakura era una unión política, la atracción física era un detalle menor, un gaje en el oficio de ser rey, pero Mikoto no olvidaba que su hijo no había nacido para ser rey sino duque de Viseu y Braganza hasta la muerte del príncipe Izuna, único hijo del fallecido rey Tajima, y como tal la mayor expectativa de vida de Sasuke en ese entonces había sido casarse con la hija de un duque y ser parte de la corte de un rey, pero todo había cambiado y como tal era normal que Mikoto hablara de la atracción física, porque Sasuke sentía como hombre antes que como rey. Hablando con su madre, que siempre tendía a interrogarlo en torno a cosas que él no deseaba tratar con nadie, Sasuke había esperado una pregunta más dura, pues aquella no lo sorprendió ni afecto en absoluto, porque tenía la respuesta de ello desde que Sakura y él se habían despedido en Castilla; si, Sakura le gustaba y muchísimo, jamás una mujer le habría atraído ni provocado tanto deseo y fascinación, y aunque no lo dijera, llevaba meses pensando en la noche de bodas y en como seria su vida matrimonial con Sakura a partir de mañana, y quizás precisamente no hablaba del tema porque no tenía mucha experiencia en el plano sexual y temía decepcionarla, después de todo Takara no había sido precisamente la mejor amante del mundo, por lo que con ella había aprendido lo básico, no más, pero lo suficiente para saber que lo que sentía por Sakura era atracción, y quizás algo más que aún no entendía.
—Es hermosa y con mucho espíritu, más que nadie que haya conocido— para Sasuke era más importante el corazón e intelecto de Sakura que su físico, que lo atraía muchísimo de por sí. —Sí, me gusta muchísimo— confesó, viendo a los ojos a su madre, que asintió satisfecha. —Estoy convencido de que, de volver el tiempo atrás, y conocerla como la conozco, la volvería a elegir mil veces— sentía algo completamente nuevo, y que hacía que su corazón latiera rápido de solo pensar en ella.
—Bien, será más fácil que ambos os llevéis bien— asintió Mikoto mucho más tranquila.
—¿Fue así?— preguntó él, haciendo que su madre frunciera el ceño con confusión. —Cuando padre y vos os casasteis— aclaró, deseando saber si Sakura y él iban por buen camino, y solo podía hacerlo inspirándose en el matrimonio de sus padres.
—Sí, solo que yo no pude negarme, la unión era ventajosa para mi familia— puntualizó ella, dándose cuenta de que Sakura y ella se parecían más de lo que había pensado. —Pero fui infinitamente feliz al lado de vuestro padre, pues siempre fue el mejor esposo que pude desear, y vos habéis de hacer igual— recordó, situando una de sus manos sobre la de su hijo. —Recordad que si Sakura ha sido educada para ser una buena esposa, vos también debéis de ser un buen esposo para ella— la felicidad dependía de que ambos dieran todo de sí en su matrimonio, principalmente su hijo.
—Lo haré, madre— prometió Sasuke, porque iba a ser digno de su confianza.
Como el hijo del duque de Braganza y Viseu, que era el título que su padre Fugaku había tenido en vida y que había pasado a él hasta antes de ascender al trono—ahora perteneciendo a su traicionero sobrino Kagen—, Sasuke había recibido una buena educación en muchos sentidos, ello incluía una educación completa en el plano sexual, había evitado tener contacto con el sexo opuesto debido a las intrigas y el terror existente en la corte del rey Tajima, pero pese a no haberse casado hasta después de los veinticinco años, Sasuke sabía todo lo que un hombre necesitaba saber sobre cómo ser un buen esposo y complacer a una mujer, tener dos hermanas mayores tenía sus beneficios, y se prometía pensar siempre en la felicidad, bienestar y placer de Sakura por sobre el propio, de eso se trataba un matrimonio, y él quería hacerla feliz, tanto como ella lo había hecho feliz a él hasta ahora, y sabía que lo seguiría haciendo…
Luego de cambiarse de ropa y permitir que sus doncellas desempacaran los arcones repletos de ropa, joyas, zapatos, guantes y demás, Sakura se había encargado de sentarse en su recién instalado escritorio a escribir una carta a su madre la reina Seina y solicitar a Karin que la entregase a un mensajero cuanto antes, quería que su madre supiese que su boda tendría lugar al día siguiente, que había llegado con bien a Portugal y que todos eran amables con ella, más de lo que podría haber esperado que fueran. Ahora sentada ante la chimenea y leyendo un libro en silencio, Sakura portaba un elegante vestido de seda aguamarina—debajo una enagua blanca de escote en V y mangas ceñidas en las muñecas—con finos bordados plateados, de escote cuadrado ceñido a su esbelta figura por un ajustado corsé, falda de una sola capa y mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas, con sus largos rizos rosados peinados en una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla—decorada por una diadema de oro en forma de hojas doradas de laurel—y el resto caía tras su espalda, usando pendientes de oro en forma de corazón decorado por lágrimas de perlas, y alrededor de su cuello el obsequio de Sasuke, la gargantilla de dos hileras de perlas entre la que yacía la cadena de oro de la que pendían cinco dijes de oro en forma de rosa—uno más grande y dos más pequeños a cada lado—, decorados por diamantes en el centro.
—Alteza— Karin irrumpió en la calma de su reina, saludándola con una respetuosa reverencia. —Una visita, para vos— informó, haciendo que su amiga alzara la mirada.
—¿Una visita?— repitió Sakura, confundida ya que no esperaba a nadie, mas recibiendo un asentimiento de parte de Karin. —Que pase— consintió, marcando la página de su libro para continuar más tarde con su lectura.
Levantándose de su asiento y alisando la falda de su vestido, así como acomodando su cabello con el afán de lucir presentable, Sakura se preguntó mentalmente ¿quién podría haber acudido a visitarla?, sabía que no se trataba de Sasuke, aunque fuesen a casarse mañana, ambos necesitaban pasar horas a solas con sus pensamientos, tampoco podía ser lady Mikoto, ¿entonces quién? La respuesta finalmente llegó cuando en la estancia ingresó una bella mujer de largos y ondulados cabellos azabaches que caían tras su espalda, con trenzas entretejidas a la altura de las sienes, de brillantes ojos onix, ataviada en un elegante vestido de seda granate—debajo una enagua blanca de escote en V con largos holanes que casi le cubrían las manos—, de escote redondeado—con un recorte de seda cardenal con bordados ónix que replicaban el emblema de los Uchiha en el centro del corpiño, igual que en la falda inferior del vestido—y ceñido a su esbelta figura, con mangas abullonadas que se ceñían desde los codos a las muñecas y falda de dos capas, con un guardapelo en forma de rosa alrededor de su cuello, decorado por un rubí, y a juego con unos pendientes en forma de salamandra. Era una mujer muy bella, y resuelta, que esbozo una radiante sonrisa nada más cruzar el umbral y encontrar su mirada con la suya, tenía el mismo brillo que Sakura recordaba tenían los ojos de su hermana Hinata.
—Alteza, quería pediros perdón— inició Emi, reverenciando apresuradamente a su futura cuñada. —En nombre de mi hermano, el rey, en nombre de mi madre…perdonadnos a todos, la verdad— enumeró moviendo las manos de forma espontánea y muy resuelta. —Se lo herida que debéis haberos sentido cuando mi hermano os rechazo, y quería que supierais que nadie aquí está decepcionado con vuestra presencia, de hecho, habéis alegrado a todos— ninguna mujer debería haber vivido semejante humillación, y Emi quería que su cuñada supiera que tenía en ella a una amiga. —Sois deslumbrante— elogió, considerándola toda una belleza.
Cuando Emi había sabido del deseo de su hermano menor de rechazar a Sakura en matrimonio para casarse con la fallecida Takara—hace casi tres años—, todo con el afán de unir los reinos de las Españas a la corona de Portugal, había sido la opositora más fuerte a tal enlace, no porque tuviera algo contra la fallecida esposa de su hermano sino más bien todo lo contrario, pero como mujer no le había parecido justo que entonces se rechazara a una adolescente de trece o casi catorce años, solo para llevar a cabo una alianza política, ¿dónde quedaban los sentimientos?, pero ahora que tenía ocasión e imaginándose la difícil situación que su futura cuñada estaba viviendo, Emi quería ser una amiga para ella, quería que supiera que sin importar cuan pomposa pareciera la corte portuguesa, ella estaría ahí para apoyarla. Criada en la estructurada y sobria corte castellana, que no difería mucho de la aragonesa, fue toda una sorpresa para Sakura escuchar hablar a la mujer ante ella, ni siquiera sabía quién era, pero interiormente le sacó una inmediata sonrisa, le recordaba muchísimo a su antes cuñada la archiduquesa Ino que ahora se encontraba en Flandes, y tenía la misma energía y magnetismo de su hermana Hinata, en cierto modo le hizo sentir como en casa, y por primera vez en mucho tiempo se atrevió a tocar un tema del que nadie hablaba, pero que ella no había olvidado; que en su día Sasuke la había rechazado para casarse con su fallecida hermana Takara.
—Muchas gracias— contestó Sakura, esbozando una incontenible sonrisa. —Confieso que no me esperaba tan nobles palabras, ni tan perfectas— los halagos no eran algo que escuchara seguido, ni tanta sinceridad, que le encantaba. —Sabed que no guardo resentimiento hacia Portugal, pero me alegra que alguien pueda comprender como me sentí hace tantos años, y lo manifieste. Aunque ya nada de eso importa— eso estaba enterrado en el pasado, y lo había dejado atrás para volver a empezar. —Disculpadme, pero no se vuestro nombre— señaló, no sabiendo cómo llamarla.
—Oh, que tonta soy— se reprendió Emi, absteniéndose de golpearse la frente. —Soy vuestra cuñada, Emi— se presentó con una elegante reverencia.
—Me honra conoceros— correspondió la pelirosa con una idéntica reverencia, —y saber que cuento con una amiga— eso la ayudaba a aclimatarse en su nuevo hogar.
—Eso siempre, Alteza— se comprometió la azabache, con absoluta sinceridad.
Mentalmente ya lo había dicho, pero ahora lo confirmaba; su futura cuñada le recordaba muchísimo a su hermana Hinata, que si bien era algo tímida y reservada al conocerla, tenía en su interior una chispa de vitalidad y alegría única, muy similar también a su antes cuñada Ino que era pura energía y franqueza, sinceridad…Sakura realmente tuvo que esforzarse para no sonreír como una niña, por un momento sintió como si nunca hubiera abandonado Castilla, pero al pensar en ello y si bien trato de mantener su sonrisa, sintió un nudo en el estómago; iba a casarse con Sasuke mañana, iba a ser su esposa, su reina, Portugal ahora era su hogar, y sin embargo Sakura añoraba Castilla, a su madre, a su padre y a su adorada hermana Mirai. Desde que se había hablado del inminente matrimonio entre su hermano menor y rey con la hija de los Reyes Católicos, todos en la corte no habían parado de hablar sobre la importancia de la alianza y lo que sería beneficioso para Portugal, pero aunque Emi lo había pensado, siempre se había preguntado qué clase de persona sería la Infanta Sakura, si sería de buen corazón o si haría feliz a su hermano y viceversa, y la tranquilizaba infinitamente ver que era un manojo de ternura, alegría y dulzura, sus ojos lo denotaban, pero aunque aquello le sacó una sonrisa a la Uchiha, no pudo evitar notar que en el fondo de sus ojos yacía un atisbo de tristeza, lo que la preocupo.
—Perdonad que pregunte, pero os veis triste— advirtió Emi con preocupación, —¿qué os aflige?, ¿acaso algo no es de vuestro agrado?, ¿mi hermano os ha ofendido?— de ser ese el caso, se aseguraría de reprender a Sasuke como cuando era niño.
—No se trata de nada de eso, vuestro hermano ha sido muy atento y caballeroso conmigo— protestó Sakura, no teniendo nada que recriminar a Sasuke. —Sé que soy egoísta, pero extraño a mi madre, ha atravesado por grandes adversidades en el último tiempo, como bien sabéis— aludió, ante lo que su cuñada asintió con entendimiento. —Y la muerte del infante Yosuke la ha herido profundamente— también a ella, pero eso era otra historia. —También extraño a mi hermana Mirai, pronto ha de partir a Inglaterra, para desposarse, y me habría gustado poder despedirme de ella…— su voz se quebró de solo pensar en ello, le dolía el corazón.
Sabía que era el momento más importuno para dejar que sus emociones sacaran lo peor de ella, pero Sakura no pudo evitar romper en llanto, bajando la cabeza y teniendo que cubrirse los labios para ahogar un sollozo, tenía a sus doncellas consigo, a Karin a quien consideraba su mejor amiga, pero nada reemplazaría nunca a su madre de quien jamás se había separado de tal manera, y para siempre, porque dudaba que volvieran a verse—dado el estilo de vida que llevaban los reyes o soberanos—, ni mucho menos de su hermana Mirai que siempre había sido su compañera en todo, ¿estaba mal sentirse sola?, ¿estaba mal desear que Sasuke apareciera y la abrazara?, no debían pasar tiempo a solas, pero realmente necesitaba que alguien la abrazara. El abrazo llegó en la forma de su cuñada Emi que, sintiendo como se le encogía el corazón, no dudo en envolver sus brazos alrededor de su futura cuñada, abrazándola contra su pecho como había hecho en su infancia con su hermano Sasuke, Sakura era solo una adolescente de dieciocho años que, como ella, había tenido la suerte de crecer con su familia, pero la diferencia entre ambas era que Emi nunca había tenido que separarse de sus padres, sus hermanos o hermanas, siempre había estado con ellos, y solo podía imaginar cuanta tristeza se había callado Sakura, rompiendo el abrazo y obsequiándole una sonrisa al encontrar su mirada con la suya.
—Os aseguro, que cuando desposéis a mi hermano, mañana, todo será distinto— garantizó Emi, entrelazando sus manos con las de su futura cuñada. —Y aquí, nunca estaréis sola— lo decía tanto en su nombre como en el de su madre, y su hermano. —Sé que habéis perdido a dos de vuestros hermanos, como también he hecho yo, pero aquí también tendréis una familia, que velara por vos, tened mi palabra— había llegado a Portugal, no como novia, sino como una hija que regresaba a su hogar.
Hablando como hermana, Emi sabía que Sasuke podía parecer un hombre frio y estoico en el exterior, si era así se debía a la corte en que ambos habían crecido, oprimidos por el rey Tajima, pero en el fondo su hermano menor era un hombre de corazón noble y generoso, con mucho amor para dar y que había tenido que vivir al lado de una mujer que no lo había amado pese a sus esfuerzos, mas estaba segura hallaría la felicidad verdadera junto a Sakura, que a su vez tenía mucho amor para dar y que necesitaba de ello tanto como Sasuke, estaban hechos para estar juntos, Emi podía verlo. Estaba triste y extrañaba a su familia, hasta ahora Sakura había considerado ello un defecto, quizás un signo de debilidad, pero la amabilidad de su futura cuñada Emi la hizo sonreír y le dio a entender que no estaba mal sentir, pues aunque estuviera entregada a la labor de reina, no dejaba de ser humana, y no solo eso; a partir de mañana, todo cambiaria, Sasuke y ella realmente se convertirían en marido y mujer, más que nada, ella deseaba convertirse en su esposa, deseaba dejar de callar el amor que llevaba en su corazón, deseaba traer la paz a Portugal, y deseaba hacer feliz a Sasuke, se dedicaría a ello a partir de mañana, cuando uniera su vida a la suya ante Dios, porque quería que él fuera inmensamente feliz.
A partir de mañana todo sería distinto.
30 de Octubre de 1500/Alcácer do Sal, Portugal
La mañana del día 30 de Octubre todos en la ciudad despertaron con una sensación diferente por primera vez en mucho tiempo, todo estaba preparado para la boda que finalmente tuvo lugar cerca del mediodía, y para cuya ocasión habían sido invitados los nobles más importantes de la corte, y se encontraban reunidos en el salón del trono del palacio de Alcácer do Sal, donde los tronos del rey y la reina habían sido reemplazados por un altar precedido por el Arzobispo de Lisboa que había viajado especialmente para la ocasión. En lo alto del techo habían sido colgados los emblemas de la pareja que contraería nupcias; a la derecha el estandarte de la casa de Viseu y Braganza, y la izquierda los emblemas de Castilla y Aragón. Aguardando ante el Arzobispo se encontraba el rey Sasuke, ataviado en una sencilla camisa blanca de cuello alto, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y continuaban en holanes, sobre la camisa un jubón marrón cobrizo de mangas ligeramente ceñidas a las muñecas y cuello cuadrado, que se cerraba hasta la altura del abdomen por hebillas doradas y con faldón en A hasta la altura de las rodillas, pantalones marrón oscuro y botas de cuero negro, y por sobre el jubón vestía un abrigo de tafetán y seda marrón cobrizo que tenía estampado el emblema de la familia Uchiha, con el dobladillo hecho de seda dorada, y alrededor de su cuello llevaba un toisón dorado, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado, y sobre este la corona de Portugal.
Tras una espera casi insoportable, finalmente la novia hizo su ingreso en el salón del trono, sin otra compañía que sus doncellas—no era necesario que un embajador o algún hombre la acompañase al altar—que sujetaban la larga cola de su vestido, siendo recibida por las respetuosas reverencias de los nobles a su paso hasta el altar, y que le obsequiaron sonrisas aparentemente amables, pero ninguna significo tanto para Sakura como la de su suegra lady Mikoto Uchiha y que la reverencio profundamente en señal de respeto. Portaba un elegante vestido de seda dorada estampado en el emblema de la familia Uchiha, de escote cuadrado y ligeramente redondeado que se ceñía a su figura, con falda lisa, y sobre el vestido una chaqueta superior de seda verde opaco estampada en rosas rojas y hojas de laurel, que permanecía abierta, con marcadas hombreras y mangas ligeramente ceñidas a las muñecas, alrededor de su cuello yacía una larga guirnalda de perlas de dos vuelas que sostenía un dije en forma de rosa, y sobre su largo cabello azabache azulado que caía sobre su hombro derecho reposaba un tocado de oro decorado por escamas doradas, lágrimas de perlas y rubíes, y largos pendientes a juego en forma de rombo con un rubí en el centro. Sakura correspondió a su saludo inclinando ligeramente la cabeza, lo que habría sido una respetuosa reverencia en condiciones normales.
La otra persona en el camino de Sakura hacia el altar fue su espontánea y amable cuñada Emi que le dedicó la más deslumbrante de las sonrisas antes de reverenciarla, sin dejar de observarla, como si le dijera en silencio; te vez deslumbrante, mi hermano no podrá dejar de verte, haciendo sonreír a Sakura debajo de su velo. Emi se veía radiante en un elegante vestido amarillo brillante de escote redondo, de corpiño ceñido a su figura, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—con bordados ónix en el contorno del escote, así como en el centro del corpiño—donde un recorte de seda beige formaba bordados florales—, y en el dobladillo de la falda que se dividía en dos, una superior y lisa, y una inferior con bordados de rosas, con largos holanes en las muñecas, y sobre el vestido portaba un manto borgoña plagado de bordados dorados que replicaban el emblema de la familia Uchiha y enmarcaba su vestido, y su largo cabello azabache se encontraba peinado para formar una trenza de tipo cintillo sobre su cabeza, y el resto caía como una cascada de ondas tras su espalda, adornada por una diadema de perlas que dejaba caer un rubí sobre su frente, y alrededor de su cuello reposaba una gargantilla de oro en forma de jazmines con lágrimas de rubí, y largos pendientes a juego. Conteniendo el aliento, Sakura finalmente se detuvo en el altar a la diestra de Sasuke, permitiendo al Arzobispo de Lisboa comenzar con la ceremonia, y hacer la pregunta crucial al rey:
—Volo— aceptó Sasuke sin dudarlo, deseando que Sakura fuera su esposa cuanto antes.
Aunque no lo dijera verbalmente, Sasuke sintió que se le detenía la respiración cuando Sakura se situó a su diestra, más hermosa que nunca en su vestido de novia, completamente vestida de blanco que era una moda que recientemente estaban implementando las mujeres desde que la actual esposa del rey de Francia se había casado pese a ser viuda del rey anterior, pero él se había casado con Takara años atrás viéndola vestir de gris claro, siempre cargada del luto, y en comparación Sakura parecía un ángel. El vestido era de escote alto y cuadrado, ceñido a su figura por un corsé, con una serie de broches con una gema ónix en el centro y una lagrima de perla al final, a lo largo del corpiño, mangas holgadas y transparentes que se ceñían en las muñecas, sobre estas mangas ceñidas que se volvían acampanadas y de color marfil, y falda de dos capas; una superior color blanco y una inferior color marfil al igual que el dobladillo la misma. Sus largos rizos rosados caían tras su espalda, peinados por un tocado portugués de tipo capucha hecho de seda plateada y marfil, que sujetaba un largo velo blanco que caía hacia el frente para cubrir su rostro, y alrededor de su cuello el collar que él le había obsequiado como joya de compromiso, a juego con pendientes de oro en forma de corazón decorados por lágrimas de perla. Sin poder evitarlo, Sakura volvió su rostro hacia el de Sasuke mientras el Arzobispo le hacia la misma pregunta a ella, apenas y pudiendo creer que realmente se estuvieran casando.
—Volo— contestó Sakura con idéntica certeza, volviendo la mirada hacia el Arzobispo.
—Ego conjungo vos in matrimonium— proclamó el religioso, tanto a la pareja como a todos presentes. —In Nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti— concluyó, realizando la señal de la cruz para que todos supieran que el matrimonio ante Dios estaba hecho.
—Amén— contestaron todos los presentes, replicando la señal de la cruz.
Lo que iba a suceder no era estrictamente necesario entre las parejas reales al momento de la boda, no había sucedido entre Takara y él al casarse, pero Sasuke quiso hacerlo esta vez, volteando a ver a Sakura que hizo lo mismo en respuesta, y sin apartar sus ojos de ella lentamente alzó el velo que caía hasta la altura de su vientre y que él aparto—haciéndolo caer tras su espalda, como una cascada transparente sobre sus largos rizos rosados—para contemplar su hermoso rostro, en particular sus brillantes orbes esmeralda y sus labios rojos que parecían llamarlo mientras formaban una discreta sonrisa. Sasuke acunó suavemente el rostro de Sakura entre sus manos, y se inclinó ligeramente para posar sus manos sobre los de ella, sintiendo el fuego nacer en su corazón y su garganta cuando sintió los dulces y suaves labios de Sakura contra los suyos, ambos gimiendo de forma apenas audible ante el contacto y que desgraciadamente tuvieron que romper, Sasuke lamiéndose inconscientemente los labios para disfrutar de la dulzura de Sakura, ambos encontrando sus miradas—esmeralda y ónix—mientras los nobles estallaban en aplausos y vítores, por su rey y por su reina. Sakura se sentía más feliz que nunca en su vida, estaba casada con el hombre que amaba, era su esposa, pero sin poder evitarlo su sonrisa se vio minimizada, pensando en el pueblo que aguardaba fuera de palacio y que no había podido ser parte de la boda como ella hubiera deseado.
—Abrid las puertas— ordenó Sasuke a uno de los sirvientes, como si leyera los pensamientos de su esposa, queriendo que el pueblo compartiera su alegría.
Al principio la orden del rey desconcertó a muchos, y era natural, Portugal no pasaba por su mejor momento si de estabilidad emocional se trataba, pero nada de eso le importo a Sasuke, que tendiendo su brazo a Sakura—que se sujetó de él sin dudarlo—se dirigió hacia las puertas del balcón y que los sirvientes abrieron para que la pareja real pudiera presentarse al pueblo, que se había agolpado en las calles con la esperanza de ver a su rey y a su nueva reina, una esperanza que lejos de ser insulsa, probó ser acertada, todos los hombres, mujeres, niños y ancianos estallando en vítores de forma inmediata, proclamando el nombre del rey Sasuke y la reina Sakura, que con su alegría, encanto, belleza y juventud había llegado para cambiar a Portugal, y todos esperaban que para mejor. Desde niña en Castilla, Sakura había crecido aprendiendo—al igual que sus hermanas Hinata y Mirai—que mientras el pueblo fuera feliz y supiera que sus reyes vivían por ellos, cualquier rey sería feliz y se encontraría a salvo en su trono, porque ningún rey podía preciarse del título a expensas de su pueblo, los pobres y necesitados debían estar primero, y para ella lo estarían. Estos son nuestros verdaderos invitados, dijo Sakura sin necesidad de palabras, volviendo su rostro hacia el de Sasuke que asintió en silencio, entrelazando una de sus manos contra la suya, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo por poder contemplar el brillo en sus ojos y que parecía crecer desde que estaban juntos…
Las primeras horas tras la ceremonia de boda fueron de felicitaciones por parte de los nobles, que habían sido cuidadosamente elegidos por su rango para estar presentes y besar la mano de la nueva reina, que hizo uso de su aguda memoria para escribir cada nombre en su mente y no olvidar a quienes hoy la recibían con galantería y bondad, pero luego de las felicitaciones se impuso la realidad, y tras le banquete ambos conyugues pudieron retirarse a sus habitaciones privadas para prepararse para la consumación. Sentada ante su tocador, Sakura observo su reflejo mientras Moegi peinaba sus largos rizos rosados, Hanabi guardaba sus joyas, Temari y Tenten su tocado, zapatos y vestido de novia, y su siempre leal amiga Karin se acercaba para impregnar un poco de perfume en los lados de su cuello y en su escote, para la ocasión portaba un sencillo e inocente camisón de lino blanco, de escote corazón que se anudaba en el frente y se ceñía bajo el busto, con mangas abullonadas que se ceñían a lo largo de los brazos, y sus largos rizos rosados caían tras sus espalda, no necesitaba mayor adorno para esta noche, de hecho esperaba que la ropa de dormir le durase poco tiempo puesta. Alargando una de sus manos al aire, casi en un gesto tembloroso, Sakura les indicó en silencio a sus doncellas que podían retirarse y dejarla sola, para lo que iba a ocurrir no necesitaba de compañía, solo de valor y seguridad, esperando poder estar a la altura de las expectativas de Sasuke.
La situación que vivía el rey portugués en sus propios aposentos no era precisamente diferente, su primera vez con una mujer había quedado atrás hace ya mucho tiempo, había sido con Takara, pero pese a que ambos hubieran compartido múltiples veces la intimidad entre marido y mujer con el propósito de concebir un heredero—que era lo que se esperaba de alguien de su rango—, Sasuke jamás había encontrado gran satisfacción en ello, lo había visto como solo un deber, mas esta vez no sería así, algo se lo decía mientras intentaba peinar o alisar sus rebeldes cabellos azabaches azulados, observándose al espejo cuando uno de sus lacayos lo ayudo a ceñirse un abrigo sobre el camisón de dormir, pero solo dos segundos después se deshizo del mismo, trataba de lucir lo más genuino y transparente ante el espejo, temiendo decepcionar a Sakura, que mal que mal era totalmente inexperta, ¿podría hacer de esta noche algo satisfactorio?, trataría de lograrlo, porque todo lo que deseaba es que su ahora esposa tuviera buenos recuerdos de esa noche. Las puertas de los aposentos del rey se abrieron con un ligero chirrido, permitiendo a su madre lady Mikoto ingresar con una sonrisa, indicándoles en silencio a los lacayos que se retirasen, abrazando a su hijo por la espalda y observando su reflejo ante el espejo, ahogando una risa al intentar alisar sus rebeldes cabellos y tranquilizarlo, sintiéndolo temblar bajo su tacto, estaba hecho una maraña de nervios, como nunca antes.
—Madre, ¿qué hacéis aquí?— preguntó Sasuke sin dejar de observar su reflejo, sin saber qué hacer para lucir más presentable.
—¿Acaso una madre no puede desear fortuna a su hijo, en una noche así?— cuestionó Mikoto, encogiéndose de hombros y viendo a su hijo entornar los ojos con sorna. —Os daré un consejo— advirtió, viendo a su hijo asentir en silencio; —sed delicado, hasta que ella os pida que dejéis de serlo— su hijo debía dejar que Sakura le dijese que hacer y qué es lo que disfrutaba, en ello recaía el éxito sexual de su matrimonio.
—Alteza— llamó una voz femenina, apareciendo en el umbral de la habitación.
Justo cuando Sasuke sentía que podía dejar atrás sus nervios y creer en la palabra de su madre—que había tenido un matrimonio exitoso, él bien lo sabía al nacer de ello—, sintió como si un balde de agua helada le cayese por la nuca al volverse hacia las puertas de sus aposentos y donde se encontraba Karin Uzumaki, la doncella principal y camarera del sequito de su esposa y que, según la tradición, habría de guiarlo hasta sus aposentos una vez Sakura estuviera lista, y lo estaba, ello significaba su presencia. Inspirando aire profundamente y cerrando los ojos por un momento, mentalizándose a pensar solo en la felicidad y placer de Sakura a lo largo de la noche, pues era ese su mayor deber como esposo, Sasuke volvió la mirada hacia su madre Mikoto, que en silencio entrelazó una de sus manos con la suya, deseándole buena suerte, acompañando a su hijo al abandonar la habitación y transitar los ahora vacíos pasillos hacia los aposentos de su esposa, fuera de los cuales ya se encontraba un numeroso grupo de nobles, para confirmar que el matrimonio se consumase. Moegi, Temari, Tenten y Hanabi—las nuevas doncellas de su esposa—, abandonaron los aposentos de su reina y cerraron las puertas tras de sí tan pronto como el rey ingresó en la misma, dejando a solas a la pareja e impidiendo a los juiciosos nobles saber qué es lo que sucedería al interior de la habitación.
—Prometo que no os haré daño— dio a saber Sasuke, intentando no quedarse sin aliento al estar a solas con su esposa, ambos solo en ropa de dormir, —no tiene que suceder nada, no esta noche— no si ella no se sentía preparada. —Y, si os place, dormiré en el suelo— señaló la cama con la mirada, regresando su mirada a su esposa que permanecía de pie frente a él, apretándose nerviosamente las manos.
—Eso no será necesario— sosegó Sakura con una ligera sonrisa, pero agradeciendo su preocupación y consideración. —Pero, volveos por un momento, por favor— solicitó, ante lo que Sasuke sonrió ladinamente antes de obedecer, dándole tiempo a Sakura de hacer lo que quería. —Ya podéis volveros— informó solo unos segundos después.
En un arrebato de osadía pura, Sakura desabrochó los finos cordones que cerraban el escote de su camisón mientras Sasuke le daba la espalda, y una vez hecho esto se encogió de hombros al mismo tiempo que él volteaba a verla, justo cuando su camisón se deslizaba por su cuerpo hasta caer a su pies, exponiendo en su plenitud su desnudez ante los incrédulos ojos del rey portugués, que no habría podido imaginar semejante paradigma, quedándose sin aliento, pues aunque hubiera soñado durante eternas noches con la belleza de Sakura, su piel parecía sedosa como la seda y brillante como el alabastro, su figura era absolutamente perfecta a sus ojos, sus caderas anchas, sus muslos firmes, su cintura estrecha y sus pechos pequeños. Perdiendo parte de su valor al sentir los ojos de su esposo sobre cada parte de su cuerpo, Sakura apartó la mirada por temor y nervios, temiendo no ser del agrado de Sasuke, después de todo nunca se había considerado particularmente atractiva, y en ese momento se sintió aún menos agraciada, temía que sus pechos le resultasen demasiado pequeños, pero estos pensamientos se esfumaron en cuanto Sasuke eliminó los pasos que los separaban hasta que apenas fuesen unos escasos centímetros, observándola completamente embelesado, porque para él, ella era lo más hermoso que había visto en su vida, no había nada con lo que pudiera compararla, y no quería dejar de verla.
En un intento por aligerar el nerviosismo que su esposa sentía, y al cual él no se quedaba atrás, Sasuke se despojó cuanto antes de su propio camisón, para que de sentirse nerviosos, lo hicieran los dos, porque él también temía decepcionarla o no ser lo que ella esperaba, sonriendo nerviosamente al encontrar su mirada con la de Sakura, en su primera vez con Takara básicamente ambos habían estado vestidos, ella había sido extremadamente recatada, y esta era también la primera vez que él estaba tan…expuesto ante una mujer, pero se sentía a gusto junto a Sakura, y afortunadamente ella pareció sentirse aliviada ante su gesto, sonriendo de igual modo y encontrando su mirada esmeralda con la suya. Los nervios se evaporaron en cosa de segundos mientras se observaban a los ojos, pues como si fueran dos imanes que se atraían entre sí, ambos se fundieron en un beso absolutamente desesperado, buscando estar más y más cerca del otro, conocer, probar y descubrir todo lo que nunca habían compartido con nadie más. A comparación de su primer beso, y el que habían compartido tras su boda, esta vez Sasuke presionó su lengua contra los dulces labios de Sakura, que si bien jadeó a causa de la sorpresa, entreabrió sus labios y encontró su lengua con la suya, provocando que Sasuke deslizara sus manos sobre la piel de ella para sentirla, cargándola en sus brazos y dirigiéndose hacia la cama.
En medio del beso y sintiendo las sabanas bajo su cuerpo, prueba de que su pasión los había llevado a la cama, Sakura deslizó sus manos hacia los hombros, la espalda y los brazos de Sasuke, sintiendo los músculos bajo su tacto mientras encontraba su lengua contra la suya, sintiendo como el roce de las pieles de ambos avivaba una especie de llama que los hacia sumergirse más en ese beso que se negaban a romper, como si el oxígeno se hubiera vuelto fútil y solo el aliento y respiración del otro fuese suficiente, tanto como el candor de sus lenguas que se envolvían una contra la otra. Cuando la falta de aire los hizo romper el beso forzosamente, Sasuke contempló atentamente el rostro de su esposa; sus labios hinchados, sus ojos brillantes de deseo y su cuerpo debajo del suyo, completamente expuesto, toda ella le resultaba lo más hermoso sobre la tierra, y la espera había valido sobradamente la pena, se lo confirmo a Sakura al inclinar su rostro hacia el suyo para volver a encontrar sus labios en un nuevo beso, pero más ligero, ambos ya habían probado la intensidad del deseo del otro, y lo que deseaban era más, Sasuke deseaba conocer cada rincón del cuerpo de su esposa, y viendo a Sakura morderse el labio inferior al encontrar su mirada con la suya, se dio cuenta de que aunque fuera inexperta en esto, ella también deseaba llegar hasta al final, y él le dio justo lo que quería, deslizando sus labios hacia su cuello y sus hombros, deleitándose con su perfume y sus jadeos ante el roce de sus labios contra su piel.
Sentir la respiración de Sasuke contra su cuello llevó a Sakura una nueva definición de la palabra placer, apretando las sabanas bajo sus manos, pero cuando sintió esa misma respiración contra sus pechos, solo segundos antes de que sus labios aprisionasen su pezón derecho, no pudo evitar arquearse contra la cama y gemir sonoramente, soltando las sabanas y cubriéndose los labios. Sonriendo levemente, Sasuke trazó un camino hacia el pezón izquierdo de su esposa, lamiéndolo lentamente y disfrutando el escalofrió de placer que Sakura sintió ante su acción, echando la cabeza hacia atrás y sin poder contener un nuevo gemido; no quería que se contuviera, quería escucharla, quería saber que le estaba dando placer. ¿Por qué habían esperado tanto?, ambos se hicieron esa pregunta, pero quizás más insistentemente Sakura, sintiendo a Sasuke posicionarse entre sus piernas y sin dejar de prodigar atenciones a sus pechos mientras ella se retorcía de placer bajo su cuerpo, tratando en vano de contener los gemidos que brotaban desde el fondo de su garganta. Había llegado el momento y ambos lo sabían, estaban en medio de la bruma del placer, pero para confirmarlo, Sasuke alzó su mirada para encontrarla con la de Sakura, que lentamente acaricio su rostro con una de sus manos, asintiendo en silencio, cerrando los ojos un momento y dejando libre un jadeo de sorpresa al sentirlo penetrar lentamente en su interior, pero no había dolor.
—¿Os he hecho daño?— preguntó Sasuke, temiendo que la respuesta fuese sí.
—No— protestó Sakura, solo sintiendo un ardor incontenible que suplicaba ser saciado. —Seguid, por favor…— rogó, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de su esposo para volver a sentir sus labios, clamando por más.
Sakura no podía explicarlo, debería sentir dolor, por mucho placer que Sasuke pudiera prodigarle, su madre la reina Seina le había enseñado que escapar del dolor de la primera vez era algo inevitable, ¿sería acaso por tanto montar a caballo?, se sabía de mujeres que perdían la virginidad de esa forma, daba igual, en ese momento dejo de tener importancia para ella, es más, le brindo una alegría mientras encontraba sus labios con los de Sasuke y arqueaba su cuerpo contra el suyo, quería más de él y del placer que le estaba enseñando, también quería escucharlo gemir y darle placer a él. Rompiendo el beso, corroborando que Sakura no sintiese dolor y que solo hablara para que el disfrutara de la ocasión, Sasuke apoyó su peso en sus brazos a cada lado del rostro de Sakura, para no perder detalle de sus expresiones y placer antes de retirarse lentamente y volver a empujar suevamente en su estrecho interior, gruñendo por lo bajo ante la sensación y más al escuchar a Sakura gemir en respuesta, arañándole la espalda y arqueándose contra él, rogándole por más en ligeros susurros contra su cuello. Aprovechando esta bruma de placer, que parecía enceguecerlos a los dos y que no se comparaba con nada que hubieran sentido antes, Sasuke se enterró hasta la empuñadura en el interior de su esposa, volviendo a capturar sus labios, amortiguando sus gemidos contra sus labios mientras comenzaba a moverse, lenta pero profundamente, sintiendo las piernas de Sakura envolverse contra sus caderas.
Había algo en la primitiva acción de Sasuke de abandonar su interior para solo volver a arremeter con idéntica o más profundidad que simplemente resulto adictiva para Sakura, que trató de replicar el ritmo de sus embestidas con el vaivén de sus caderas bajo el cuerpo de su esposo, lo que hacía gruñir a Sasuke, lo escuchaba mientras sus labios se encontraban, y lo sentía el trazar con sus manos la piel de sus hombros, sus brazos y su espalda, por ello envolvió con más fuerzas sus piernas alrededor de sus caderas, acercándolo aún más hacia sí, encontrando el empuje de sus caderas, y haciendo que pechos se presionaran contra su torso; cerrando los ojos, Sasuke rompió el beso y apoyo su cabeza contra el hombro de Sakura, no pudiendo creer que semejante placer fuera posible, jadeando y gruñendo contra su cuello. Objetivamente, Sakura no tenía idea de si estaba haciendo bien las cosas, si debería disimular lo mucho que estaba disfrutando del roce de su piel contra la de Sasuke, de sus labios en su cuello, en sus pechos, de su agitada respiración, de su tacto, solo pudiendo gemir con desesperación, arqueándose contra las sabanas, pero sentir que las embestidas de Sasuke en su interior se tornaban cada vez más rápidas y profundas le hizo saber que él lo estaba disfrutando tanto como ella, lo escuchaba gruñir contra su cuello, y ello elimino toda idea absurda de si aquello estaba bien o no, solo se dedicó a disfrutarlo y demostrarlo, arañando la espalda de Sasuke y gimiendo de gusto.
¿Qué debería haber esperado de un matrimonio con Sakura?, Sasuke casi ahogó una carcajada, entornando mentalmente los ojos, no importaba que hubiera imaginado, la realidad lo superaba con creces, trazando cada poro de la piel de Sakura y reclamándolo como suyo, probando el sabor de su piel, deleitándose con sus dulces gemidos y acostumbrándose a la sensación de tenerla bajo su cuerpo y hacerla gemir como nadie más podía ni podría hacer, comprendiendo entonces que no había experimentado el verdadero placer antes de conocerla a ella. El obsceno sentir de tener a Sasuke en su interior y llenándola por completo de formas que ni siquiera hubiera imaginado, era por sí misma la definición de placer, llevándola a cumbres que no habría soñado que existían, jadeando y gimiendo ante cada una de sus embestidas, más cuando sintió que estas se tornaban cada vez más rápidas, yendo y viniendo en su interior, llenándola con cada movimiento y haciéndola gemir cada vez más fuerte. Gruñendo contra el cuello de su esposa, intentando no gemir como un maldito adolescente, Sasuke penetró aún más rápidamente al interior de Sakura, incentivado por el agarre de sus piernas alrededor de sus caderas, sintiendo que perdía el control y percibiendo el clímax cada vez más cerca, pero negándose a alcanzarlo antes de que ella lo hiciera, escuchando su respiración agitada y trabajosa.
Arqueándose contra el cuerpo de Sasuke, sujetándose de sus hombros y arañándole la espalda, Sakura echó la cabeza hacia atrás y se mostró incapaz de retener coro tras coro de melodiosos gemidos, presa de una sensación desconocida y que se gestaba entre sus piernas, como una corriente eléctrica que se apoderaba de todo su cuerpo y que se hacía mayor ante cada embestida de Sasuke, rogándole por más, gimiendo contra el costado de su cuello sin saber que más hacer. Escuchando los gemidos de su esposa, cuales cantos de sirena, Sasuke retuvo las caderas de Sakura, profundizando en las embestidas, sintiendo el mismo clímax que ella y sin cesar de moverse, escuchando con deleite sus gemidos tornarse en auténticos gritos de placer mientras le arañaba la espalda, haciéndole saber que había alcanzado el orgasmo, y que él sentía cada vez más cerca, enterrando el rostro contra el costado del cuello de Sakura y mordiéndose el labio inferior para contener un ronco gemido al dar esas ultimas embestidas, cerrando los ojos y casi desplomándose completamente rendido sobre ella. Dejando caer la cabeza contra la almohada, Sakura se mordió el labio inferior mientras Sasuke apoyaba su peso en sus brazos y encontraba su mirada con la suya, como si quisiera saber que había disfrutado aquello tanto como él, a lo que Sakura solo pudo reír por lo bajo, pegando su frente a la suya y viéndolo sonreír ladinamente.
Quien hubiera dicho que el matrimonio podía ser tan satisfactorio.
Entre la realeza existían ciertas normas a seguir si de la consumación de un matrimonio se trataba, la más estricta de ella imponía que los nobles más importantes y de mayor confianza de la corte estuvieran presentes dentro de la habitación cuando el rey y la reina se metieran en la cama en su noche de bodas, para asegurarse de que la consumación sucediera y así ver las sabanas con la prueba de sangre, pero la corte portuguesa no iba a someter a semejante protocolo a su joven reina, por lo que todos los nobles tuvieron que conformarse con aguardar fuera de las puertas de la habitación. Paseándose con aire tranquilo, la frente en alto y su dignidad más incólume que nunca, quizás a muchos extraño que lady Mikoto se encontrase presente del otro lado de las puertas, escuchando los gemidos que venían del interior de la habitación, pero como madre no había cosa que no estuviera dispuesta a hacer por su hijo, estar presente en la consumación de su matrimonio era una de ellas, además quería asegurarse de que Sasuke cumpliera con su deber de esposo, y aunque resultó incomodo, valió la pena; los gemidos de Sakura hacían saber que antes que buen rey, Sasuke era buen esposo, solo una mujer que disfrutase más allá de toda duda de su primera vez gemiría de esa manera, tanto que más de uno de los nobles que la acompañaban—o los guardias que custodiaban la habitación—se mostraron visiblemente incomodos, hasta que finalmente cundió el silencio.
—Podéis pasar— informó entonces la voz del rey Sasuke del otro lado de las puertas.
Moegi y Tenten, que aguardaban fuera de la habitación como el resto de las doncellas de la ahora reina de Portugal, abrieron las puertas para que Karin pudiera ingresar como camarera de la soberana, y que se condujo con la cabeza baja para mostrar respeto y dejar a la pareja en su intimidad, recibiendo de manos del rey Sasuke el lienzo que anteriormente se había distendido sobre las sanabas para registrar la prueba de la virginidad de la reina, y que la doncella recibió con una reverencia antes de abandonar la habitación cuanto antes. Fuera aguardaban los nobles, la madre del rey, su hermana lady Emi, y el resto de las doncellas, que soltaron un suspiro de alivio y regocijo cuando Karin desdoblo el lienzo blanco entre sus manos y lo distendió para que todos pudieran ver que en cuyo centro se encontraba una mancha de sangre, ni demasiado exagerada ni demasiado insignificante, lo preciso; el matrimonio estaba consumado, y ahora todo volvía a estar en calma. Al interior de la habitación, como si nada ni nadie hubiera roto con la calma que ambos sentían, con la serenidad de ser uno solo, se encontraban Sasuke y Sakura, las cortinas de encaje la cama estaban corridas de tal modo que los aislaban de lo que sea que sucediera fuera de la habitación, ¿para qué inquietarse? Recostada sobre el pecho de Sasuke, que acariciaba sus largos rizos rosados, Sakura respiró acompasadamente.
—¿Estáis bien?— preguntó Sasuke, bajando la mirada hacia su ahora esposa.
—Mejor que nunca— suspiró Sakura, sin poder contener una deslumbrante sonrisa.
—Dormid tranquila, yo velare vuestro sueño— sosegó el azabache, sería normal que ella estuviera cansada tras su reciente actividad.
—No deseo dormir, estoy en calma— protestó la pelirosa, sintiendo todo lo contrario, —solo...— se mordió el labio inferior, no pudiendo verbalizar dicho deseo.
—¿Qué sucede?— interrogó Sasuke ante el silencio de su esposa, pero sin obtener respuesta. —Sakura, sabed que podéis decir lo que queráis, y que cualquier petición vuestra será concedida— de ahora en más, solo se haría lo que ella deseara. —Decid, ¿qué necesitáis?— insistió, solo deseando que ella fuese feliz.
—Os necesito a vos— confesó Sakura finalmente, alzando la cabeza y encontrando su mirada con la de su esposo.
Quizás fuese una tontería de su parte, un deseo irrefrenable e instintivo que debería contener, más teniendo en cuenta que su hermano Sai había muerto por entregarse en demasía a las pasiones del matrimonio, pero con solo probarlo una vez, Sakura ya se había dado cuenta de que nunca podría tener suficiente de Sasuke, porque tras haber dejado pasar los minutos suficientes para recuperarse, ya deseaba más de él, de su vigor, lujuria y ardor. Presa del mismo arrebato que anteriormente la había alentado a desnudarse ante su esposo, y que sabía no tenía nada de malo, Sakura se apoyó en el pecho de Sasuke para acercar su rostro al suyo y besar sus labios, envolviendo al instante sus brazos alrededor de su cuello y rozando sus pechos contra su torso, siendo recompensada al instante con los labios de Sasuke que se movieron contra los suyos, profundizando el beso y enredando sus manos en sus largos rizos rosados, atrayéndola aún más hacia sí, deleitándose con la forma en que su cuerpo se presionaba ansiosamente contra el suyo, avivando su deseo por ella en el acto. Decirse sorprendido era poco para Sasuke, no se esperaba en absoluto que Sakura anhelase volver a compartir aquella intimidad tan pronto, había esperado que quizás lo hiciese mañana o dentro de varias horas, pero sin poder evitarlo sonrió ladinamente entre el beso, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura para hacerla quedar bajo suyo.
Ambos devoraron sus labios con fulgor y pasión inagotable, encontrando sus lenguas y acallando gemidos y jadeos de gozo que pedían aire, pero ellos no podían darse tregua, solo concebían entregarse a este fuego recién descubierto; Sakura abriendo sus piernas para situarlas a los costados del cuerpo de Sasuke que apoyo su peso en sus brazos para no aplastarla, teniendo sumo cuidado al deslizarse en su estrecho interior, gimiendo contra el costado de su cuello, y Sakura arqueándose bajo su cuerpo, recibiendo con gusto la sensación de ser llenada por él. Rompiendo el beso y dejando pasar un instante, encontrando su mirada con la de su esposa, recibiendo un asentimiento como única respuesta, Sasuke se retiró para volver a penetrar en su interior, sintiéndola arquearse y arañarle la espalda mientras él jadeaba contra su cuello, amasando sus pechos que se aplastaban contra su torso y delineando sus muslos, en tanto—sabiendo que no tenía nada que temer o por lo que contenerse—Sakura echaba la cabeza hacia atrás, gimiendo sin disimulo, rogando por más, arañándole la espalda y envolviendo sus piernas a su caderas, reteniéndole en su interior, lo que hizo sonreír ladinamente a Sasuke, acelerando el ritmo de sus embestidas y deleitándose con los dulces gemidos de su esposa. Desde que tenía memoria le habían enseñado que debía ser un buen esposo, y mal esposo seria si dejara insatisfecha a su esposa…
Por la mañana, y tan pronto como el sol emergió en el horizonte, Sasuke se encontró haciendo algo que jamás había imaginado: recostado sobre la cama, apoyándose en su brazo izquierdo, con expresión pensativa y totalmente embelesado, el rey portugués fue simplemente incapaz de apartar la mirada de su deslumbrante esposa, que yacía recostada boca abajo a su lado, con sus largos rizos rosados arremolinados en torno a sus hombros, como un halo, y su figura desnuda apenas cubierta por una sabana, guardando cierto recato inconsciente, pero que a su vez la hacía ver como el ser más tentador sobre la tierra. Parecía haber dormido bien, su rostro tenía una expresión dulce, cándida y absolutamente serena, las actividades de anoche parecían haberla agotado en su primera vez, ya que ni siquiera noto la luz del sol iluminar la habitación, y no era para menos que se encontrase cansada, él mismo apenas y podía creer que todo lo ocurrido anoche fuera real y mucho más asimilar la gloriosa mujer que ahora era su esposa, una mujer como ninguna otra que hubiera conocido, en el mejor de los sentidos, porque si bien ya se había sentido fascinado con ella hasta apenas ayer, volverse uno con ella y compartir la cama como marido y mujer lo había dejado sin palabras. De ambos se esperaba que concibieran un heredero cuanto antes, y las cinco veces que se habían entregado a tal causa durante la noche quizás hubieran bastado para ello, pero seguirían intentándolo, él se comprometía a ello.
Su esposa había resultado ser una mujer de naturaleza apasionada y una amante extraordinariamente generosa, que temblaba bajo su tacto, que gemía ante el roce de sus labios y que parecía alcanzar cumbres de placer igual de altas que él cuando eran uno solo—lo que lo llenaba de orgullo, mal hombre seria si no pudiera satisfacer a su esposa—, y desinhibida sin duda, ya que mientras que su primera vez con Takara había sido monótona...relativamente satisfactoria, también había sido extraña, dado que por pudor y religiosidad Takara siempre—hasta en intimidad—había insistido en permanecer vestida; en tanto Sakura no había tenido reparos en revelarle su desnudez y demostrarle su deleite, exponiendo sus deseos—que eran los propios—, presa de un torrente de lujuria al que él se había hecho adicto desde que había probado sus labios. Su inocencia e insólita perfección hipnotizaron a Sasuke, que sonrió ladinamente y sin apartar sus ojos de ella, viendo completamente embobado como su piel de alabastro era bañada por la luz del sol, como sus largos cabellos rosados se arremolinaban contra sus hombros y sobre la almohada, y como su cuerpo desnudo parecía seducirlo con el acompasado latir de su corazón, ¿cómo no hacerlo? Sentía como si pudiera pasarse así la vida entera, solo observándola y admirando entre suspiros todo lo que ella era, y que avivaba un deseo hasta entonces desconocido en su interior.
Su primera noche como marido y mujer—tras dejar atrás sus nervios, el pudor y cualquier duda—había sido absolutamente maravillosa, la mejor noche de su vida hasta la fecha, al menos para Sasuke, sin discusión, pero aunque ahora estuviera casado con Sakura, no alcanzaba a entender lo que sentía en su corazón, que latía vertiginosamente cada vez que la observaba y admiraba, o pensaba en ella. ¿Qué tenía Sakura que la hacía tan diferente, desde la primera vez que había posado sus ojos en ella?, ¿qué era esta extraña sensación en el centro de su pecho?, ¿por qué no podía apartar los ojos de ella? Si, era hermosa, pero Takara había sido más excepcional, avasalladora...Sakura era bella en el sentido discreto, no era la mujer que más llamaba la atención al verla, juzgándola por su apariencia, mas había algo mágico en ella que la hacía única, y esa magia lo estaba seduciendo incluso con la mundana acción de dormir, deseando probar su piel y sus labios, deseando volver a hacerla suya hasta el cansancio. Sasuke sonrió ladinamente ante este pensamiento, ese era su primer día juntos como marido y mujer en todo el sentido de la frase, como uno solo, y tenían tiempo de sobra para disfrutar del otro, ¿qué les esperaba a futuro? Estudiando la sonrisa que esbozó Sakura, como si estuviera soñando algo agradable, Sasuke solo negó para sí, ansioso por ver como se desarrollaban sus días a partir de hoy, porque confiaba en que Sakura sería la mejor de las compañías.
Como mujer y como reina, como su reina.
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Les recuerdo que por ahora solo puedo actualizar una historia por semana, por mis estudios y el escaso tiempo de que dispongo, pero no dejare inconclusa ninguna de mis historias, lo prometo :3 las próximas actualizaciones serán "El Origen del Clan Uchiha", luego "Kóraka: La Sombra del Cuervo" y nuevamente la "La Reina Olvidada" lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camina a la Corona", y agradeciendo sus palabras) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (18 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (31 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu
-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Izuna Uchiha como Alfonso de Viseu
-Idate Morino como Diego de Silveira -Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (18 años)
-Temari Sabaku como Beatriz de Melo (30 años) -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval (25 años)
-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (20 años) -Tenten Namiashi como Luisa de Peral (23 años)
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein como Fernando II de Aragón
-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (15 años) -Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (20 años)
-Ino Yamanaka como Margarita de Austria -Kai Ioska como Jorge de Lencastre
-Tajima Uchiha como Juan II de Portugal -Kagen Uchiha como Jaime I de Braganza
Matrimonio e Intimidad: Todos los acontecimientos que enumero a lo largo del capitulo son reales, la boda oficial de Manuel y María tuvo lugar el día 30 de Octubre del año 1500 en Alcácer do Sal, donde la pareja pasaría su Luna de Miel, y como no surgieron anécdotas tras la boda, es de especular que como sucedía con las parejas lea, las sabanas se mostraron en la noche de bodas para confirmar la virginidad de la novia, que era una tradición de la época. Como dato, Ana de Bretaña, esposa de Luis XII de Francia, cembro el precedente según el que las novias se casarían de blanco, por ello lo aludo en el capitulo. Según Joanna Bouza Serrano, María de Aragón siempre fue una mujer "bien casada", eso significa que su esposo y ella tenían mucha química sexual y se la pasaban en la cama, prueba de ello fueron sus continuos embarazos, casi un hijo cada año. María siempre tuvo una buena relación con Leonor e Isabel, las hermanas mayores de su esposo, por eso quise representar una escena en que ambas cuñadas pudieran conocerse, Isabel apoyando a María en su llegada a Portugal, y sonriéndole durante la ceremonia de la boda. Además, la ceremonia de la boda esta llevada a cabo en un antiguo rito en latín, por ello los conyugues dicen Volo en lugar de Acepto.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
