-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "I Get To Love You" de Ruelle para Sakura, "What I Believe" de Skillet para Sasuke, "Her" de Anne Marie para Mikoto y "Noble Blood" de Tommee Profitt & Fleurie para el contexto del capitulo.
Había transcurrido una semana desde su boda y la luna de miel estaba probando ser más que placentera para Sakura, aunque también estaba acostumbrando a despertarse sola por las mañanas ya que su esposo el rey Sasuke se veía obligado a madrugar para atender los asuntos de estado y que hasta ahora eran casi un misterio para ella; Sasuke estaba supliendo muchas de sus responsabilidades—pese a no tener obligación—para que ella pudiera disfrutar de días de paz y tranquilidad durante las semanas que durase su luna de miel, antes de que regresaran a la corte en Lisboa, donde estarían constantemente rodeados de terceros que vigilarían sus movimientos como sucedía en cualquier corte del mundo. Hoy era un día muy especial en el palacio de Alcácer do Sal; inmediatamente tras su boda el rey había hecho llamar a los nobles que no le habían jurado lealtad hasta ahora o que lo habían hecho a regañadientes, y a lo largo de la semana había hecho que cada noble de prestigio le jurase lealtad tanto a él como a su esposa la reina Sakura, y hoy llegaría el último de ellos y que ciertamente se había hecho de rogar, su propio sobrino e hijo de su hermana Emi, Kagen el duque de Braganza. Hasta ahora, Sakura no había tenido ocasión de conocerlo fuera de la vez en que lo había visto en Castilla, y sabiendo el peligro que representaba para el trono de su esposo, se esmeró profundamente en su apariencia esa mañana.
Sobre el tocador, y como obsequio del rey cada mañana, reposaba un jarrón con camelias frescas, las flores favoritas de la reina Sakura que yacía sentada sobre un diván ante su tocador, siendo agasajada y arreglada por sus leales doncellas que o la asistían o perfumaban la habitación con su incienso favorito traído desde Castilla, y que ella aspiraba amenamente con una sonrisa mientras Karin difuminaba un ligero colorete carmesí sobre sus mejillas para hacerla lucir un poco más sonrosada. Sobre el tocador se hallaba un cofre abierto de par en par; las joyas de la corona de la reina de Portugal y entre las que Sakura eligió cuidadosamente para que combinasen con su vestido, queriendo lucir absolutamente perfecta en la audiencia de hoy. Asintiendo bajo las indicaciones de su reina, Hanabi colocó a su reina un par de sencillos pendientes de oro en forma de corazón, decorados por lágrimas de perlas, en tanto y de pie tras la reina, Temari terminaba de peinar sus largos cabellos rosados que caían tras su espalda, recogidos en una coleta trenzada y decorada por un broche de oro y amatista, y Hanabi impregnaba los lados de su cuello y su escote con un suave perfume de rosas y lavandas. Tenten cargó con sumo cuidado entre sus manos un fino velo de encaje y seda marfil con bordados dorados con el que cubrió el cabello de su soberana, cuya belleza quería preservar para que solo la contemplara el rey.
La reina portuguesa portaba un elegante vestido de seda esmeralda, como sus ojos, de escote redondo—debajo una enagua blanca de cuello redondo ligeramente más alto—que se ceñía a su esbelta figura por un estrecho corsé, y con un recorte de seda purpura con bordados dorados que recreaba un falso escote en V hasta la altura del vientre, falda de una sola capa y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas con finas muñequeras color purpura con bordados dorados, y sobre sus hombros vestía un manto de seda jade con bordados de oro y plata, ceñido a sus hombros por dos broches con una amatista en el centro, y que dejaban caer tres cadenas de lágrimas de oro por sobre su pecho. Por sobre el largo y elegante velo marfil con encaje dorado que cubría su cabello, Tenten colocó la corona real de Portugal, de forma circular, decorada por pequeños diamantes y perlas a lo largo, y con diez pequeños dijes que se alzaban como torres. Sonriendo ligeramente al observar a su amiga, Karin le pidió su mano derecha que la reina tendió sin dudarlo para permitir que ciñera a su dedo anular una sortija—el primer obsequio del rey al día siguiente de su boda—de oro con un rubí en forma de lagrima, enmarcado por quince pequeños diamantes y que Sakura contempló con una sonrisa, como a todas las joyas que Sasuke le había obsequiado.
Cruzando el umbral de los aposentos de la reina de Portugal y cuyas puertas se encontraban abiertas, y cargando en sus manos un pequeño cofre de tipo urna hecho de marfil con detalles dorados, lady Mikoto sonrió ante el drástico cambio de ambiente, recordando como su fallecida nuera Takara había sido sobria, religiosa, luctuosa y austera, en contraste con Sakura que era alegre, radiante, e igualmente religiosa pero muy elegante, un cambio que a su hijo el rey Sasuke le encantaba. La madre del rey portaba un elegante vestido color rubí—debajo una enagua blanca de escote en V—con detalles salmón, de escote cuadrado con el borde de color dorado, mangas ceñidas a las muñecas y falda de una sola capa, y sobre el vestido una chaqueta superior rojo cardenal de profundo escote redondo que con detalles dorados en el contorno y que formaba una línea vertical hasta el abdomen donde un fajín falso envolvía su cintura, mangas acampanadas con el mismo bordado en el contorno de las mangas, y en el dobladillo de la falda en A, con su largo cabello azabache azulado cayendo como una cascada de ondas tras su espalda, peinados por un tocado de tipo cofia hecho de seda dorada y decorada por rubíes y perlas en forma de lagrima, con pendientes a juego. Sabiéndose observada mientras se levantaba de su tocador, Sakura se volvió para encontrar su mirada con la de su suegra, saludándola con una reverencia en señal de profundo respeto, y ante lo que Mikoto no dudo en imitarla.
—Os veis preciosa, sin embargo, algo falta— apreció la Uchiha, observándola con admiración de arriba abajo. —Un obsequio del rey, para vos— presentó, extendiendo en sus manos la pequeña urna que abrió para develar su contenido.
Suegra y nuera eran muy protocolarias entre sí, realizando ceremoniosas y profundas reverencias cuando se encontraban en los pasillos, casi debatiendo por quien debía pasar primero con el fin de no ofender a la otra; Mikoto porque la esposa de su hijo era la digna hija de los Reyes Católicos y una dama que ansiaba ser una solicita súbdita del rey, y Sakura con la madre de su esposo porque era la dama más importante de la corte y muy querida por Sasuke, y por ende muy querida por ella. A esas alturas, Sakura sabía que debía estar acostumbrada a la generosidad de Sasuke y que empleaba las flores y joyas para demostrar su afecto cuando no estaba presente, pero casi sintió como si se le detuviera el corazón al extraer con sumo cuidado el contenido de la urna; se trataba de un elegante collar de dos vueltas hecho de cristales en forma de rombo de color aguamarina que reflejaban la luz, y en el lateral de cada hilera reposaba una letra S hecha de oro que colgaba como un pequeño dije, la inicial de su nombre y del de Sasuke, una nueva representación de su matrimonio y de que eran uno solo. En Castilla, su padre el rey Pein no tendía a obsequiar joyas a su madre la reina Seina sino libros, y Sasuke también ya lo había hecho con ella, pero estas joyas eran su principal regalo y el que Sakura no podía evitar apreciar, no era frívola, pero era imposible no desear presumir semejante portento ante todos los nobles para demostrar el gran hombre y rey que era; dulce, tierno y bondadoso.
—Es abrumador— suspiró Sakura sin poder evitarlo, escuchando el vertiginoso latir de su corazón.
—El rey es generoso y espera colmaros de bienes— aseguró Mikoto con una sonrisa, su hijo no había podido demostrarlo con la fallecida Takara, pero si lo haría con Sakura.
—Sé que la vanidad es pecado, pero decidle que no deje de agasajarme, por favor— rogó la Haruno, deseando más de estas muestras de afecto de parte de su esposo.
—Con una sonrisa vuestra bastara, eso y que lo luzcáis— sosegó la Uchiha, conociendo bien a su hijo y lo que ello significaría para él.
Sasuke era más bien reservado con respecto a sus sentimientos a menos que fuera muy evidente, pero solo había sido cosa de hablar con él la mañana después de la noche de bodas para que Mikoto descubriese un brillo muy especial en la mirada de su hijo y así comprobar que Sakura había ganado su corazón—aunque quizás ni él se diera cuenta de ello—, eso y escuchar de parte de algunas de sus leales doncellas que espiaban por ella, que los ruidos de intimidad dentro de la habitación se postergaban hasta bien entrada la madrugada, prueba de que la atracción física era del conocimiento de todos. Esto último era un asunto de estado, pues se necesitaba un heredero para el trono, y cuanto mayor fuese el empeño de los soberanos en tal labor, más aplaudidos serian. Completamente de acuerdo con su suegra, Sakura se aproximó rápidamente al espejo de cuerpo completo que yacía empotrado contra la pared tras su cama, seguida muy de cerca por su leal amiga Karin que la ayudó a cerrarse el collar alrededor del cuello, sonriendo mientras acomodaba las vueltas de cristales por sobre su pecho, trazando con su dedo el contorno de las dos letras S, ¿era real tanta felicidad? Su amor por Sasuke no dejaba de crecer desde que estaban juntos, bajo el mismo techo cada día, en la misma cama todas las noches, ¿él sentía lo mismo? A Sakura no le importaba, solo quería hacerlo inmensamente feliz y disfrutar a cambio de su afecto, que superaba todo aquel que hubiera experimentado antes.
—¿El duque de Braganza estará presente?— consultó Sakura mientras se observaba al espejo, sin alejar por ello su mente de la realidad.
—Todos lo esperamos— afirmó Mikoto, compartiendo sus pensamientos y esperando que todo saliera bien, debía hacerlo.
—Sea, ya es tiempo que entienda quien es el rey— suspiró la Haruno, como leal súbdita de su señor y esposo.
—Y quien es la reina— secundó la Uchiha, sin minimizar el importante rol de su dulce y joven nuera.
En el último tiempo su hijo y soberano apenas y había podido respirar tranquilo, su sobrino Kagen Uchiha y su soterrada ambición habían puesto en peligro el trono de Portugal y que había recibido hace menos de cinco años con completa estabilidad, algo que hacía sufrir profundamente a Mikoto y a sus hijas Miso y Emi—madre de Kagen precisamente—, no sabiendo que hacer para ayudar a su soberano...hasta la llegada de Sakura, porque desde que ella había llegado a Portugal, Sasuke finalmente se veía relajado, feliz y hasta más entusiasta de lo que se había mostrado nunca, y eso estaba repercutiendo en la estabilidad de Portugal, en que se respiraba una paz que a todas luces parecía ser eterna. Sonriendo ante el espejo al escuchar las palabras de su suegra, Sakura suspiró profundamente para infundirse valor, alisando la falda de su vestido y acomodando su velo antes de voltearse para abandonar la habitación a la par que lady Mikoto, permitiéndole salir antes que ella y lo que Mikoto no dudo en imitar, provocando que ambas rieran al encontrar sus miradas, decidiendo que la que diera un paso al frente saldría primero, y esa fue lady Mikoto, seguida por la reina Sakura a quien a su vez siguieron sus doncellas. Hija de Castilla y Aragón, Reina de Portugal, se dijo Sakura, decidida a cumplir con su papel y ser la mujer que se esperaba que fuera…
Todos los nobles de la corte portuguesa estaban reunidos en el salón del trono, cotilleando entre sí en susurros a cada lado de los tronos del rey y la reina que permanecían tomados de la mano y hablando entre sí en voz baja, tanto que ninguno de los presentes podía escucharlos, pero era evidente la complicidad que compartían y que complacía a la corte, porque cuanto mejor fuera su trato, más posible era la concepción de un heredero dentro de poco tiempo, que era lo que todos esperaban. El rey Sasuke vestía un elegante jubón—debajo una camisa blanca de cuello alto y cerrado, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—borgoña purpureo con opacos bordados dorados, de cuello alto y cerrado, con mangas ceñidas hasta las muñecas y faldón abierto en A hasta los tobillos, pantalones negros y sobre el jubón una chaqueta superior de terciopelo negro y cuello redondo, que llegaba hasta los tobillos, con el contorno de las mangas—que no existían—y los laterales del frente forrados en piel marrón claro, ceñida a su cuerpo por un cinturón de cuero negro al igual que sus botas, alrededor de su cuello portaba un toisón dorado que le colgaba hasta la mitad del pecho y del que pendía un medallón con un rubí en el centro, y sobre su rebelde cabello azabache azulado yacía la corona de Portugal. Era admirable como en poco tiempo la corte portuguesa había recuperado su brillo, alegría y lujo gracias a la nueva reina y su positiva influencia en el rey, habitualmente serio y estoico.
Pero quienes observaban con mayor fascinación y alegría la encantadora pareja que formaban el rey y la reina sin duda eran lady Mikoto y sus hijas Miso y Emi, y que fueron las primeras en volver la mirada hacia el umbral de la habitación cuando uno de los mozos del rey ingresó con respeto en el salón y se aproximó al soberano para susurrarle lo que todos tanto esperaban; el duque de Braganza pedía ser recibido por el rey y la reina, que asintieron casi al mismo tiempo, permitiendo el ingreso del duque. Con las manos cruzadas por sobre su vientre y una expresión entre indiferente y sutilmente derrotada, Kagen Uchiha recorrió con la mirada a todos los nobles presentes nada más ingresar, entre ellos a su abuela Mikoto, a su tía Miso y su madre Emi—volviéndose el centro de atención de todos—, y mientras se acercaba a los tronos finalmente enfocó su mirada en su tío el rey Sasuke y en su ahora tía la reina Sakura. Hasta entonces cómplices y muy cercanos entre sí, Sasuke y Sakura separaron sus manos, ambos observando al duque de Braganza pero de forma muy diferente entre sí; Sasuke con estoicismo y severidad, y Sakura con inocencia y neutralidad, ambos interpretando a la perfección su respectivo papel como rey y reina.
Tras una espera que había resultado eterna, Sasuke apenas pudo contener la sonrisa ladina que se adueñó de su rostro cuando vio a su sobrino bajar la cabeza ante él para luego arrodillarse muy lentamente…por fin dejaba de creerse superior a él, por fin era su súbdito y le juraba lealtad con esa sencilla acción y que él tanto había esperado, creyendo que perdería su vida antes de verlo, pero era justo lo contrario; estaba vivo, tenía a su esposa a su lado y su reino ahora estaba en paz. Sakura por su parte se mostró serena ante lo que veía, siguiendo con sus ojos esmeralda cada movimiento del duque de Braganza, temiendo que en cualquier momento aprovechase la cercanía con su esposo el rey para extraer una daga de sus ropas y tomar su vida, pero el pasar de los segundos la tranquilizo cuando quedó claro que no iba a suceder, haciéndole sentir a salvo, haciéndole sentir que finalmente había cumplido con su deber y que el reino convulso del que había escuchado en estos años finalmente era un mar en calma que solo esperaba que ella hiciera nacer una vida para convertirse en un Edén, el Edén que la había encantado a su llegada. Pero la reverencia del duque de Braganza no fue suficiente para el rey Sasuke, que replicando la pasada amenaza de su sobrino, extendió su mano derecha contra el aire, haciendo que su sobrino alzara la vista, a lo que el rey le indicó con la mirada que le besara la mano en señal de respeto, que se humillara y probara que tan cierta era su lealtad, pues solo así lo perdonaría.
Al comienzo, Kagen creyó que el gesto de su tío se trataba de una broma a causa de su pasada amenaza, pero cuando encontró su mirada con la suya se dio cuenta de que no se trataba de una broma, era una exigencia, y lo peor es que él no podía negarse, arriesgaría su vida si lo hacía…ante lo que Kagen no tuvo otro remedio que obedecer, besando el dorso de la mano de su tío y bajando la cabeza, sabiendo que todos lo observaban y no teniendo nada que perder a esas alturas. Manteniendo su sonrisa ladina, Sasuke se sintió infinitamente dichoso de una forma que solo se asemejaba al tiempo que pasaba a solas con Sakura, habiendo temido no deshacerse de estas cargas emocionales, pero ahora todo estaba en calma, y lo afirmó al encontrar su mirada con la de su madre y sus hermanas, pues su victoria ahora era completa. Cuando el duque de Braganza soltó la mano del rey y se volvió hacia la reina, Sakura interpretó un papel muy diferente al de su esposo, sonriendo amablemente y sin obligar a su ahora sobrino político a besar su mano hasta que él se lo solicito, para jurarle lealtad, mostrándose comprensiva y amable, pues ese era su papel; como esposa del rey debía ser la encarnación misma de la prudencia, la caridad y la bondad, y estaba preparada para ello, lo declaró al permitirle al duque levantarse, y al volver su mirada hacia Sasuke y entrelazar su mano derecha contra la suya.
Portugal estaba en paz.
Castelo de São Jorge, Lisboa/Noviembre de 1500
La luna de miel quizás debería haber sido más larga para una pareja que estaba comenzando a conocerse e interactuar entre si tras su boda, pero solo hizo falta un mes para que el rey y su nueva esposa partieran a la capital del reino; Lisboa, para que la reina pudiera ser vista por su pueblo y admirada, así como para aclimatarse a la vida en la corte. En las calles de Lisboa, sus habitantes—hombres, mujeres, niños y ancianos por igual—se agolpaban intentando ver al rey y más a su nueva esposa al pasar, deseando saber cómo era, entre ellos una pequeña niña de siete años que corría llevando en su mano derecha una rosa roja que había cortado y que deseaba regalar a su reina, ¿tendría la oportunidad? Los vítores y aplausos comenzaron cuando al frente de la comitiva marcharon los soldados reales envestidos en sus armaduras características y llevando los pendones con el emblema de Portugal, y tras ellos el rey sobre su caballo, vistiendo un elegante jubón—debajo una camisa ligeramente más clara, de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, y encima una chaqueta marrón oscuro de cuello redondo, sin mangas—de seda beige con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, con largo faldón hasta las rodillas, pantalones marrón oscuro y botas de cuero, con un abrigo color musgo de mangas abiertas a la altura de los hombros y forrado en piel marrón oscuro en el cuello, con una boina negra sobre su rebelde cabello azabache azulado.
—¡Vivan los Reyes de Portugal!
—¡Viva el rey Sasuke!
—¡Viva la reina Sakura!
Los verdaderos vítores comenzaron cuando el pueblo finalmente contemplo a la reina que montaba elegantemente sobre su corcel, un purasangre ibérico; la pequeña niña deseó ver a la reina más que nunca, y como si lo supiera un hombre a su lado la cargó sobre sus hombros, permitiéndole divisar al rey que pasó delante de ella en su caballo, serio y galante, y tras él su esposa la reina Sakura. A la pequeña niña le pareció la mujer más bella del mundo, ataviada en un elegante vestido rojo que se entallaba a su esbelta figura—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—y que era cubierto por un manto de tafetán rubí con bellos bordados dorados que recreaban flores y forrado en piel en los bordes y el dobladillo, con sus largos rizos rosados recogidos tras su nuca, bajo una boina negra que hacia resaltar unos largos pendientes de oro en forma de lagrima con una perla al final. Por un momento la niña temió que la reina no fuese a verla, pero toda duda se disipó cuando la bella soberana volvió el rostro en su dirección y alargó su mano para recibir la rosa que ella le tendía, dirigiéndole una amable sonrisa. Sakura podía escuchar el vertiginoso y emotivo latir de su corazón, conmovida en lo más profundo de su alma por el cálido recibimiento del pueblo portugués, que ciudad tras ciudad la había hecho sentir amada por ellos tanto como por su rey, y ahora había llegado a Lisboa para quedarse ahí para siempre, en su nuevo hogar.
La comitiva, conformada además por las doncellas de la reina y los miembros que integraban los sequitos de ambos soberanos finalmente se detuvieron ante las puertas del Castelo de São Jorge, Sasuke bajando primero de su caballo y tendiéndole la mano a su esposa que sonrió en respuesta, entrelazando su mano contra la suya y dejándose guiar por él mientras ingresaba en el castillo; absolutamente fascinada por la estructura de la construcción, Sakura sintió como si nunca hubiera salido de Castilla, la elegancia en las edificaciones era la misma, también la solemnidad y la prestancia en la construcción de roca, los tapices en las paredes y todo cuanto la rodeaba, era incluso aún más maravilloso de lo que había sido Alcácer do Sal. Detrás del rey y la reina avanzaban su madre lady Mikoto, y sus hermanas Miso y Emi, la estadía en Alcácer do Sal había sido algo maravilloso y perfecto para destensar el ambiente, pero habían añorado regresar a Lisboa, alejarse de sus responsabilidades no traía buenas consecuencias, ni de las posibles amenazas al reinado de su hijo y/o hermano. Estrechado la enguantada mano de Sakura contra la suya, Sasuke no perdió detalle de las expresiones en su bello rostro, deseando saber si su nueva residencia era tan agradable para ella como lo había sido Alcácer do Sal, sintiéndose mucho más tranquilo al ver su deslumbrante sonrisa, desearía haber prolongado su luna de miel, pero la situación política de Portugal los necesitaba en la capital cuanto antes.
—Es como un sueño poder estar aquí— consideró Sakura finalmente y en voz alta, obnubilada.
—Soñareis largo tiempo, porque os aseguro que nos quedaremos tanto como os plazca— declaró Sasuke, haciendo que su esposa detuviera su andar y volteara a verlo. —Tan solo quiero devolveros la belleza que vos me dais cuando os miro— si ella lo deseaba, regresarían a Alcácer do Sal siempre que quisiera, o irían a donde ella deseara.
Sintiendo que le faltaba el aliento ante lo que acababa de escuchar, pues eran palabras que habían sido pronunciadas con absoluta sinceridad, Sakura no pudo evitar temblar como una hoja en el viento, sin poder apartar la mirada de Sasuke por lo que parecieron minutos interminables, intentando ver si era sincero; y lo era, abrumándose más allá de la razón y necesitando alejarse al sentir las lágrimas en sus ojos y un nudo en la garganta, sujetándose la falda del vestido mientras huía de Sasuke y se internaba en los pasillos del castillo, necesitando estar a solas, demasiado emocional ante tanta felicidad y que parecía ser un sueño, un espejismo demasiado hermoso y perfecto. La reacción de Sakura sorprendió enormemente a Sasuke, e hizo que su corazón se oprimiera dentro de su pecho, ¿había dicho algo malo?, ¿había sonado demasiado vehemente o poético? Ni siquiera había pensado en las palabras que decía, estas solo habían salido de su boca en un arrebato de sinceridad, eran lo que siempre pensaba, en lo hermosa que ella era, ¿estaba mal? Necesitando disculparse con Sakura o saber que había hecho mal, Sakura le indicó a la comitiva que los seguía que los dejaran a solas mientras se internaba en los pasillos, haciéndose una idea de a donde había ido su esposa, acertando al llegar al salón del trono ya dispuesto, pero no sabiendo que pensar al ver a Sakura de espaldas a él.
—Ahora lo entiendo— habló Sakura con la voz quebrada, advirtiendo la presencia de su esposo.
—¿El qué?— preguntó Sasuke suavemente, incapaz de acercarse a ella por temor a ofenderla.
—Lo que sentía Takara por Izuna; la felicidad irreal, el dolor más profundo por haberla perdido— contestó la Haruno, volteando a verlo con las lágrimas resbalando por sus mejillas. —Yo nunca he poseído nada tan valioso como para temer que se malogre…lo poseo ahora— ahora entendía que su amor por Sasuke era lo más preciado que había tenido o tendría, y ya no le importaba si él le correspondía o no.
—¿Qué queréis decir?— el Uchiha lo entendía, pero no alcanzaba a dimensionar lo que implicaba.
Abrumado, Sasuke se preguntó una y otra vez; ¿qué había hecho mal?, ¿qué había dicho para provocar que Sakura llorara? El rey de Portugal sintió como se le estrujaba el corazón, deseando acercarse a ella, envolverla entre sus brazos y hacerle saber que no tendría razones para llorar en tanto estuviera a su lado, porque todo lo que Sasuke deseaba de todo corazón era hacerla feliz y verla sonreír. En el pasado, Sakura había cometido un error, había juzgado los sentimientos de su fallecida hermana Takara por su primer esposo el fallecido príncipe Izuna como un amor de palabras y que había sido olvidado...pero ahora comprendía que había sido demasiado ingenua para comprender entonces lo que realmente implicaba amar; su hermana siempre se había mostrado triste como viuda, devastada sin la razón de sus suspiros, añorándolo día a día, hablando con nostalgia y alegría de sus meses casados y en que todo había parecido perfecto, y perder el amor verdadero solo había dejado solo sombras, pesar, dolor y lágrimas cuando Izuna había muerto y Takara había regresado viuda a Castilla, sin poder ni desear quitarse el luto de encima; ahora Sakura comprendía ese dolor, porque no podía imaginarse un futuro en que no estuviera junto a Sasuke, llevaba amándolo por tanto tiempo que vivir sin amor era una existencia que no quería, no podía imaginarse perdiendo esta felicidad irreal, ni perdiéndolo a él.
—Siempre quise desposaros, desde que era niña, quería que nuestra unión fuera venturosa, que…en ella hubiera comprensión y cariño, no más— confesó Sakura, revelando sin vergüenza la profundidad de sus sentimientos. —¿Es tanta la felicidad que me espera junto a vos, o es tan solo un espejismo?— preguntó, viendo a Sasuke acercarse a ella hasta estar frente a frente.
—Me pregunto lo mismo cada vez que os miro— contestó Sasuke, deseando hacerla tan feliz como ella a él con esta confesión tan sincera.
Hasta ahora, Sasuke se había hecho muchos escenarios en su mente, temiendo haber ofendido a Sakura de forma irreparable en el peor de los casos, que escuchar de sus labios que lo amaba y que se sentía inmensamente feliz—casi de forma inverosímil como para ser real—lo tomó por sorpresa, hizo que su corazón latiera aún más rápidamente dentro de su pecho mientras observaba el rostro de Sakura, acercándola hacia sí y encontrando desesperadamente sus labios con los suyos, buscando apaciguar sus lágrimas y deseando demostrarle que de alguna forma que no entendía, compartía sus sentimientos, y que solo quería que fuera feliz. Sonriendo contra los labios de Sasuke, Sakura correspondió fervorosamente a su beso, acompasando el movimiento de sus labios mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuello, ante el que él la abrazó por la cintura, sintiéndose más feliz que nunca en su vida y queriendo disfrutarlo, ¿era irreal? A no dudar, pero era su realidad junto a Sasuke, junto al hombre que amaba. Habiendo seguido a su hermano y a Sakura, temiendo que sucediera algo malo, Emi sonrió para sí, cubriéndose los labios para ahogar una risa por lo bajo al encontrarlos en un momento tan íntimo pero que era digno de admirar, y a través del cual ella se dio cuenta de algo muy importante; Sasuke quizás no lo sabía o no se daba cuenta, pero estaba claro que estaba enamorado de Sakura…
La mañana del día siguiente, el rey postergó los asuntos de estado para poder desayunar con su esposa en sus nuevos aposentos en el castillo de Lisboa, y que eran idénticos a los que había preparado para ella en Alcácer do Sal, sentados a la mesa mientras sus doncellas los asistían con esmero. Recatada y elegante como siempre, Sakura portaba un bello vestido de seda carmín rosáceo estampado en hojas otoñales rojo opaco, de escote cuadrado—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado, que no daba lugar a la imaginación, y formaba cortas hombreras—con el contorno del escote de color dorado, mangas abullonadas que se ceñían en las muñecas, corsé estrecho que se ceñía a su esbelta figura y falda de una sola capa que enmarcaba sus caderas, y sus largos rizos rosados caían sobre sus hombros y tras su espalda, formando una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla, resaltando unos pendientes de oro en forma de corazón decorados con lágrimas de perlas. Sasuke vestía un elegante jubón rojo oscuro—debajo una camisa de cuello alto y redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—de cuello redondo, con mangas abullonadas que se anudaban a lo largo de los brazos y faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón marrón claro como las botas de cuero que usaba, y pantalones marrón oscuro, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre.
—Podéis dejarnos— indicó Sasuke a las doncellas de su esposa, queriendo estar a solas con ella.
—Gracias— consintió Sakura, dirigiéndoles una amable sonrisas a sus doncellas que se retiraron respetuosamente, cerrando las piernas tras de sí.
—¿Necesitáis algo más?— preguntó el Uchiha al encontrarse a solas. —Si no os gusta, podemos pedir otra cosa— obvió, señalando el plato del cual ella no había probado bocado.
—No, está bien— negó la Haruno con una ligera sonrisa, pero pronto se dio cuenta de que si necesitaba algo. —Quizás un poco de agua— confesó con un deje de vergüenza.
Levantándose de su asiento, Sasuke tomó la jarra de agua sobre la mesa y se acercó a su esposa para servir personalmente su copa antes de regresar a su lugar, en la privacidad de sus aposentos no necesitaban de sirvientes, menos si de disfrutar de sus momentos a solas se trataba, pero había algo más implícito en su actuar; este era el primer día de ella en la intrigante y pomposa corte portuguesa, sería un día difícil como para cualquier alma joven—lo sabía por sus experiencias personales en su día—, y él quería comenzar el día haciéndole saber que no importa que pasara, estaría ahí para ella, y que en la intimidad que compartían como esposo y esposa podían ser completamente honestos. Sonriendo a modo de agradecimiento ante el gesto de Sasuke, no pudiendo evitar sonrojarse—lo que él sin duda noto, sonriendo ladinamente—, y bebiendo un sorbo de agua que le refrescó la garganta, Sakura no podía olvidar los acontecimientos de los últimos días, era difícil encontrar un tema de conversación con Sasuke fuera de la cama y las cuatro paredes de la habitación, cuando no dejaba de recordar sus caricias, sus propios gemidos cargados de éxtasis, ambos piel contra piel entre las sabanas de la cama...era algo que no podía alejar de su mente sin importar cuanto lo intentara, y las miradas cargadas de intensidad que ambos compartían le hacían saber que él pensaba en lo mismo, pero no estaba nerviosa por la vida en la corte, al fin y al cabo había sido educada para ello.
—Esto es menos incomodo de lo que pensé que sería— reconoció Sakura, dejando la copa sobre la mesa.
—¿Os resulto incomodo? Eso es una sorpresa— consideró Sasuke ante sus palabras. —Pocos, por no decir nadie en esta corte, se atreven a decirme la verdad, les resulta más fácil mentir— mentó en voz alta, sabiendo que podía hablar libremente con ella. —Aún estamos conociéndonos, Sakura, pero me agradáis, y confió en vos— aclaró, ya que fuera de la intimidad de la habitación aún eran desconocidos entre sí. —Me mienten cien veces al día, me ruegan y engañan, se aprende a descifrar un rostro, y el vuestro es como el sol; no debería verse fijamente— comparó, sin apartar sus ojos del rostro de su esposa que se sonrojo en el acto. —¿Mis palabras os incomodan?— consultó, pues no era esa su intención sino halagarla de la forma más sincera.
—Es raro escuchar halagos, solo eso— negó Sakura con una tímida sonrisa, no sabiendo si estaba a la altura de sus elogios.
—Porque los cumplidos en vuestra familia siempre son para alguien más; vuestras hermanas mayores— dedujo él por experiencia propia. —Se lo que se siente, ser el hermano relegado, siempre bajo una sombra— comparó con un nostálgico suspiro al pensar en su infancia y adolescencia, a la sombra de sus hermanos y hermanas.
De la misma manera que Sakura—solo que siendo el hijo menor de la familia—, Sasuke había crecido bajo la sombra de hermanos y hermanas mayores; Rai que había muerto siendo muy joven, Itachi que había sido asesinado por el fallecido rey Tajima, sus hermanos Kosuke, Atsushi y Hideki que habían muerto en la infancia, luego sus hermanas Miso y Emi a quienes era tan unido, de hecho hasta los enemigos del rey Tajima jamás lo habían considerado una amenaza por lo mismo, todos siempre lo habían menospreciado e ignorado hasta muerte de sus hermanos, y del fallecido príncipe Izuna, entonces y como futuro rey había cobrado importancia, justo como Sakura tras la muerte de sus hermanos Sai y Takara, quizás de ahí que fueran tan afines entre sí, porque habían vivido lo mismo en su pasado. Sakura nunca se había molestado en expresar aquello, ¿qué sentido tenía? era la cuarta de cinco hijos y encima de todo mujer, una moneda de cambio en las negociaciones políticas de sus padres los Reyes Católicos y no podía cambiarlo, no demasiado bella ni sobresaliente, ignorada y menospreciada por todos, pero nunca había imaginado que eso la acercaría al hombre que estuviera destinado a ser su esposo, pese a saber el difícil pasado en que se había forjado Sasuke, bajando la mirada y apartándola de la suya por un momento para considerar su implicancia, ¿así de misteriosos eran los designios de la providencia, uniéndola a quien compartía su sentir e inseguridad para hacerla feliz?
—¿Os sigo incomodando?— preguntó Sasuke, reprendiéndose mentalmente de ser el caso.
—Ya no— sosegó Sakura negando ligeramente, aceptando gustosa sus sinceros halagos.
Aun sonrojada, pero esbozando una sonrisa de lo más natural y espontánea, Sakura apartó su mirada de la de Sasuke para disfrutar de su desayuno en silencio; él le decía todas las cosas que Sakura había crecido deseando escuchar, después de todo en Castilla no era demasiado hermosa, no era excepcionalmente dominante con su carácter, su habilidad en política y cultura no era brillante, y no era tan hábil amazona como su hermana Hinata o tan elegante como su hermana Mirai, pero aquí en Portugal no tenía que pensar en nada de ello; Sasuke le decía casi sin falta cada día lo hermosa que era y se lo demostraba con su actos en la intimidad, pedía su opinión en cualquier asunto para hacerla parte de la política en todo momento, la invitaba a partidas de caza para montar a caballo, como iguales, y la hacía destacar en todo…por ello y más era inmensamente feliz en Portugal. Siguiendo con la mirada los movimientos de su esposa, el brillo de sus ojos y el sonrojo de sus mejillas, Sasuke sonrió ladinamente, imitándola y regresando su atención al desayuno, pero sin dejar de pensar en ella; Sakura era hermosa, él no podía dejar de admirarla cada vez que tenía oportunidad y no podía creer lo feliz que era desde que era su esposa, no lo decía a cada hora del día ni con las palabras más claras, pero esperaba que las sonrisas de Sakura al encontrar sus miradas fueran prueba de que ella también era feliz a su lado.
Sin duda el día seria largo estando separados.
Los minutos se hicieron demasiado breves dentro de los aposentos de la reina de Portugal, donde el rey y su esposa hablaron de todo mientras desayunaban juntos, la inicial tensión se había desvanecido y aun cuando mucho tuvieran que continuar aprendiendo el uno del otro, ahora sentían que podían hablar de todo, intercambiando miradas cómplices entre sí, sentados uno delante del otro cuando las doncellas despejaron la mesa, apenas y prestando atención a ello; de serles posible ambos desearían pasar el día entero juntos, como la mayoría de la parejas...pero no podían, Sasuke tenía responsabilidades que atender y que involucraban la política en su estado puro, Sakura se acoplaría a ello pero a su debido tiempo, primero necesitaba conocer a los nobles, ganárselos y viceversa. Finalmente, sabiendo que el tiempo era preciado y que su esposo debía partir a cumplir sus responsabilidades, Sakura se levantó de su lugar, alisando la falda de su vestido y dirigiendo una radiante sonrisa a Sasuke que suspiró por lo bajo al levantarse de la silla, acomodándose la ropa, ¿realmente tenían que separarse? Sasuke deseó quedarse, deseó que Sakura lo envolviera en sus sedosos rizos rosados y le rogara que se quedara…pero no era posible, hasta él sabía que no podía postergar para siempre sus reuniones cotidianas con sus consejeros o con emisarios tanto extranjeros como de las provincias de su reino.
—Os deseo suerte— manifestó Sasuke finalmente, observando el sereno rostro de su esposa.
—Gracias— sonrió Sakura, significándole mucho sus palabras. —¿Qué debo esperar el día de hoy?— consultó con interés, ya que él sabía de la política más que nadie.
—El primer día en la corte siempre es difícil, lo sé por experiencia— advirtió el Uchiha directamente, viéndola asentir. —Muchos pedirán audiencia con vos, esperaran obtener algo siendo amables, por lo que no os dejéis engañar, pocos son sinceros— en Castilla ella seguramente había vivido libre de estas preocupaciones o intrigas.
—Lo sé, sobria y distante como es Castilla, no es ajena a la traición— sosegó la Haruno, con una sonrisa cargada de seguridad y que a él se le hizo irresistible. Su madre la reina Seina la había preparado para ser la esposa de un rey y cumpliría con su deber. —Aunque me siento en desventaja aquí, ni siquiera hablo portugués— acotó con un deje de vergüenza, habiendo tratado de aprender el idioma durante su luna de miel.
—Ya lo haréis, además nadie os presionara, creedme— tranquilizó Sasuke, acunando el rostro de su esposa entre sus manos. La verdad le encantaba su acento español, y no necesitaba dejar de hablar su idioma pues él también lo hablaba. —Y de cualquier forma, no estaréis sola, mi hermana Emi os visitara— enviaría a su hermana a acompañar a su esposa cada vez que él no pudiera hacerlo, así velaría por su felicidad.
—Sera una maravillosa compañía— correspondió Sakura con una sonrisa, habiéndole tomado gran afecto a la menor de sus cuñadas.
Su cuñada mayor, Miso viuda del rey Tajima, era ceremoniosa, reservada pero muy elegante y sabía, era casi una consejera o instructora para Sakura que pronto le había tomado profundo afecto, pero Emi era todo lo opuesto; espontanea, alegre, vivaz y coqueta, conocedora de las expectativas y usanzas de la corte portuguesa y que le enseñaba a Sakura, sabiendo cuanto quería agradar y conquistar a su nueva patria. Observando el sereno rostro de su esposa y el brillo de sus ojos esmeralda, Sasuke se inclinó ligeramente hacia ella para rozar sus labios contra los suyos; en ese momento y casi rodeados por las doncellas de su esposa—que tenían el deber de acompañarla y cuidar de su persona—, no estaban en el mejor de los ambientes si de demostrar afecto se trataba, para ello Sasuke prefería que se encontrasen a solas, rompiendo el beso al que Sakura correspondió devotamente, arqueando el cuello y acercando su rostro al suyo, rogando por más, y ante lo que él no pudo negarse, prolongando el beso y disfrutando del sabor de sus labios. Las doncellas presentes en el umbral de la habitación; Karin, Temari y Moegi, se sonrojaron y rieron de nerviosismo por lo bajo al observar a sus soberanos, apartando la mirada cuando finalmente el beso se rompió. Mordiéndose el labio inferior con deleite y viendo a Sasuke relamerse los labios, Sakura se sonrojó de forma inevitable, ya añorando a su esposo aunque aún no se hubiesen separado; si, era codiciosa, y no tenía vergüenza en reconocerlo.
—Acompañad bien a vuestra señora, y asistidla en todo— delegó el Uchiha, volviendo la mirada hacia las doncellas de su esposa.
—Alteza— correspondieron las damas, bajando la cabeza y reverenciando a su rey.
—Os deseo un buen día— manifestó Sasuke, regresando su mirada al rostro de su esposa.
—Y yo a vos— sonrió Sakura, deseando que su día fuese tan o más bueno que el suyo.
En ese momento y en privado no se necesitaba de reverencias ni muestras de respeto, por lo que Sakura sostuvo la mirada a Sasuke, dirigiéndole una última sonrisa mientras lo veía sostener una de sus manos y llevarla a sus labios para besar caballerosamente el dorso de esta, sacándole una ligera risa, ¿cuántas horas habrían de transcurrir hasta que volvieran a verse? Mientras Sasuke le soltaba la mano y se dirigía hacia las puertas para abandonar la habitación, una voz insidiosa en la mente de Sakura se preguntó; ¿y si Sasuke quedaba tan agotado por sus responsabilidades que deseaba dormir solo esa noche? Sería la primera noche que pasaría sola desde su boda y a Sakura le aterrorizo que pudiera suceder…pero la idea se desvaneció cuando Sasuke se detuvo ante las puertas de la estancia—abiertas de par en par—y volteó a verla una última vez, sonriendo ladinamente con esa arrogancia característica y asintiendo a modo de despedida, abandonando la habitación. Escoltado por su secretario personal y que se encontraba esperando por él, reverenciándolo respetuosamente y siguiendo sus pasos hacia el salón del trono, donde se reuniría con sus asesores; Sasuke sonrió ladinamente, llevando a Sakura en sus pensamientos y prometiéndose que no importa cuán cansado terminara al final del día, volvería a su lado, junto a su ángel…
Por norma escrita o no escrita en el protocolo, una reina debía ser quien llevara la voz cantante en una corte; debía ser elegante, sobria, digna, majestuosa, pero también coqueta y atenta con sus huéspedes, ya fueran de la misma corte o extranjeros, debía imponer modas, gustos y costumbres, y debía representar al reino. Ser reina únicamente no era engendrar hijos para un rey, que igualmente era una labor muy importante, pero hasta que no la hubiera llevado a cabo—y aún tras lograrla—, Sakura se proponía dejarse la vida en el cargo para el que había sido preparada, por lo que tras despedirse de su esposo el rey, había hecho llamar al embajador Idate Morino y través de él instalado a los músicos de la corte en sus aposentos, haciendo una especie de círculo privado de música, baile, lectura y todo lo que se quisiera hacer, degustación de perfumes o esencias, temas de conversación, escritores, situación política…todo, quería hacer de su corte y su entorno la joya de la corona del trono portugués. Según le comentaron los nobles, hacía tiempo ya que no había festividades en la corte, además de su boda hacía un mes, pero Sakura dispuso cambiarlo cuanto antes, solicitando a los nobles presentes y a los músicos que interpretasen las músicas clásicas o populares de la corte portuguesa y la instruyeran en sus bailes; quería un ambiente alegre en la corte, jovial pero al mismo tiempo digno y admirable.
—Derecha e izquierda— instruyó el director de la orquesta, guiando los pasos del baile.
La corte de Castilla era sobria y muy religiosa, austera y prudente, pero eso no quería decir que Sakura fuera una compañía aburrida, de hecho sorprendió a las damas y caballeros con su elegancia al bailar, así como con su veloz aprendizaje y su gran oído para la música, interpretando personalmente una sardana con el laúd mientras sus damas bailaban con algunos de los caballeros presentes y casi haciendo sentir celosas a sus esposas. En el último tiempo la corte portuguesa no tenía casi ningún motivo para celebrar, ansiosos por la concepción de un heredero que estabilizara su reino, pero durante las horas de aquel día y teniendo el placer de gozar de la hospitalidad y amabilidad de la reina Sakura, se olvidaron completamente de ello, ¿qué importaba si aún no había un heredero? Sin duda lo habría pronto. Las horas del día transcurrieron amenamente, con los nobles más intrigantes y ambiciosos haciendo peticiones o suplicas a la reina con el fin de ganar su favor, a lo que Sakura sonrió y prometió hablar con el rey en su nombre, aunque por lo bajo luego decía…algún día, disimulándolo todo con una risa encantadora, sabiendo interpretar perfectamente su papel. El día finalizó, con el sol ocultándose en el horizonte, mientras los últimos huéspedes de la reina disfrutaban de una sesión de lectura, precedida por ella y en que cada uno de los presentes tuvo a bien leer un extracto de su libro favorito, finalizando el embajador Idate Morino, cuya sátira romántica hizo reír a más de uno de los presentes.
—Y dijole también el marido; disfrutad también vos, señor, la fruta cuando está madura, porque no se puede guardar su frescura con el tiempo, y menos pensar que otros pájaros no aprovecharan lo que es vuestro, y neciamente os negáis a tomar— leyó Idate con una pícara sonrisa, cerrando su libro y realizando una reverencia.
—Sois verdaderamente un gran lector, señor Morino— celebró Sakura, siendo la primera en ponerse de pie y aplaudirle.
—No, Alteza, es solo la inspiración de un poeta para con su soberana inspiradora— elogió él sinceramente y con gran galantería.
—Sois un atrevido— acusó la Haruno al noble, como si se tratara de un hombre que le hubiera propuesto infidelidad o algo parecido,—pero no ha nacido aquel que muriera por halagar— añadió con una sonrisa burlona, haciendo reír a los presentes. —Gracias por entretener nuestra tarde— agradeció, inclinando la cabeza con respeto.
—Y gracias a vos, Alteza, y a vuestras bellas damas, por iluminar nuestra corte— elogió el embajador, sin apartar la mirada de la hermosa reina.
La corte de Portugal era muy diferente de la de Castilla, no en religiosidad ni elegancia, sino en sus maneras sensuales y galantes, en el coqueo que quizás pudiera ser malentendido pero que era propio de su gente, y Sakura se estaba volviendo una maestra en ello, interpretando a la esposa devota del rey, pero también a la seductora anfitriona que se esperaba que fuera. Uno a uno, los caballeros y damas que habían alegrado el día de la reina se despidieron de ella con reverencias o besando respetuosamente su mano, y siendo despedidos por una amable y luminosa sonrisa; ya a solas, salvo por sus damas, Sakura se desplomó sobre uno de los divanes, exhausta y riendo cuando una visita muy grata se presentó en las puertas de sus aposentos. Lady Mikoto portaba un elegante vestido rosa suave—debajo una enagua blanca de cuello redondo—de escote cuadrado, mangas ceñidas a las muñecas y falda de una sola capa, y sobre el vestido una chaqueta color rubí de escote redondo que con detalles dorados en el contorno y que formaba una línea vertical hasta el abdomen, donde un fajín falso envolvía su cintura, y mangas acampanadas con el mismo bordado en el contorno de las mangas y en el dobladillo de la falda en A, con su largo cabello azabache azulado recogido tras su nuca, bajo un tocado de tipo cofia hecho de seda dorada y decorada por rubíes y perlas en forma de lagrima, con un velo beige que caía tras su espalda.
—Lady Mikoto— saludó Sakura, apresurándose en levantarse y reverenciarla en señal de respeto.
—Alteza— correspondió la Uchiha con una profunda reverencia. —Me disculpo por no haber venido antes— como su suegra, debería haber encontrado tiempo para visitarla.
—No os disculpéis, estoy convencida de que grandes debieron ser vuestras ocupaciones— disculpó la Haruno, sabiendo que su suegra era una mujer muy ocupada en obras de caridad y como consejera del rey, —Emi supo llenar vuestra ausencia— añadió con una sonrisa, ya que su cuñada la había acompañado gran parte del día.
—Tiene ese talento— correspondió Mikoto con la misma sonrisa, orgullosa de su hija.
—¿Os complacería compartir la cena conmigo?— invitó Sakura, no habiendo probado bocado a lo largo de ese día y ya iba siendo hora de comer.
—Sera un honor, así aprovecharemos de hablar— aceptó la Uchiha, encantada de pasar tiempo junto a su nuera.
Las doncellas presentes se dividieron en dos grupos, la mitad se dirigió hacia la cocina en busca de los alimentos que las dos nobles mujeres habrían de consumir, y la otra mitad se encargó de correr las sillas ante la mesa para que nuera y suegra pudieran sentarse y charlar mientras el resto preparaba la estancia. Por muy protocolar y elegante que fuera su suegra, Sakura la admiraba profundamente, deseaba poder vivir lo suficiente para ser como ella, hermosa, valiente y admirada tanto por la gente más humilde como por los nobles, así como indispensable para su rey e hijo, ¿no debería toda madre vivir por ello? Durante gran parte de su luna de miel, cuando su esposo había estado ocupado con asuntos de estado, Sakura le había pedido a su suegra que le enseñara sobre la historia de Portugal y cómo funcionaba el reino, y si hoy podía conducirse en la corte como lo hacía era solo gracias a ella. Mikoto no pudo evitar sonreír mientras contemplaba el rostro de su nuera; para todos en la corte era evidente la sangre portuguesa de Sakura, digna hija de la reina Seina y cuya fallecida madre había sido hermana mayor de Mikoto, quien intentara ponerlo en duda se daría de bruces, por lo que la Uchiha estaba más que orgullosa de su bella nuera y de su actitud cándida, dulce para todos y más que nada para su amado hijo el rey.
Gracias a Sakura se respiraban nuevos aires en Portugal.
Desde que la nueva esposa del rey había llegado a Portugal, hasta los cocineros habían aprendido nuevos trucos; cierto era que la antes Infanta de Castilla y Aragón había viajado a Portugal con un gran sequito de personas para servirla y atenderla en todo, entre ellos un cocinero personal, pero era increíble para Mikoto que este y los demás cocineros del castillo hubieran sabido ponerse de acuerdo y mezclar recetas dando a luz platos exquisitos que entremezclaban los sabores de ambas tierras, y que no dejaban indiferente a nadie. La primera en terminar su plato fue Sakura, disculpándose por lo bajo ante su buen apetito pues no había comido nada desde el desayuno, pero Mikoto no tardo en perdonarla, sonriendo para sí pues tan buen apetito siempre era buena señal; su joven nuera era esbelta, delicada y de talle fino, pero su buen apetito auguraba buena salud en días futuros, en contraste con la fallecida Takara que siempre estaba pálida y ayunaba por sus ritos religiosos y que quizás habían puesto en peligro su vida al momento del parto; pensando en ello, Sakura rezó porque Dios quisiera que eso significara que, de tener hijos, pudiera sobrevivir al duro trance del parto y alumbrar hijos sanos, lo que toda mujer rogaba lograr. Casi al mismo tiempo, suegra y nuera se limpiaron los labios con la servilleta que reposaba a su diestra, mientras que las doncellas no tardaron en proceder a retirar los platos, cubiertos y demás.
—La cena estuvo deliciosa, gracias— agradeció Sakura a sus doncellas, que la reverenciaron antes de proceder a retirarse.
—Gracias— secundó Mikoto con una sonrisa, despidiendo igualmente a las jóvenes. —Todos en la corte hablan de vos el día de hoy— comentó, pues había escuchado los cotilleos de los nobles antes de visitarla, —y no es para menos, os veis bellísima— elogió, admirando lo bien que le sentaba el matrimonio a la joven reina.
—Muchas gracias— se sonrojó la Haruno, bajando la mirada. —Vos también— acotó, siempre fascinada por el encanto personal de su suegra.
—Gracias— sonrió la Uchiha, profundamente honrada por sus halagos pues sabía eran sinceros. —Por vuestros gestos, noto que deseáis preguntarme algo— adivinó, dándose cuenta de la forma en que su nuera bajaba la mirada, —¿o acaso os incomodo?— consultó, temiendo que ese fuese el caso.
—No, en absoluto, sois la mejor compañía que podría pedir, lady Mikoto— sosegó Sakura cuanto antes, aliviada con la presencia de su suegra.
—Me honráis, Alteza— apreció Mikoto, dispuesta a ayudarla en todo con el tacto afectuoso de una madre.
De haber sido posible y si el matrimonio entre Sakura y Sasuke se hubiera celebrado hacia tantos años atrás, Mikoto habría tomado a la joven reina bajo su tutela y la habría forjado e informado sobre la usanza de la corte portuguesa hasta que hubiera sido oportuno consumar el matrimonio…eso habría dado lugar a que nuera y suegra pudieran verse como hija y madre entre sí, pero Mikoto no estaba segura de sí eso habría cambiado algo, observando a su nuera y sonriendo al saberse admirada por ella, ¿algo en su persona era digno de admiración para joven tan encantadora y amable? Sakura era inocente e ingenua, pero tenía ideas propias, ese primer día poniendo a la corte entera a sus pies era la prueba. Sakura se apretó las manos debajo de la mesa, bajando la mirada para apartarla de su amable y dulce suegra; llevaba días deseando tratar un asunto con ella, desde su luna de miel, pero no había encontrado el valor, su suegra era una mujer de experiencia que había tenido nueve hijos y un matrimonio exitoso, que Sakura deseaba emular; Sasuke era el esposo más atento del mundo, siempre pendiente de su placer y satisfacción, ¿pero y ella?, ¿cómo podía complacerlo a él y brindarle placer? En Castilla solo había aprendido que una buena esposa era callada, sumisa y dócil, pero no tenía que callarse nada con Sasuke, sino al contrario.
—La verdad es que si, lady Mikoto, deseaba preguntaros…— Sakura inspiró aire, tratando de no titubear por vergüenza. —Decidme, ¿qué le gusta al rey?, ¿qué le disgusta?, ¿cómo puedo agradarle?— preguntó finalmente y con la máxime seriedad, deseando poder hacer tan feliz a Sasuke como él la hacía feliz a ella.
—Alteza, es fácil contentar a un esposo— tranquilizó Mikoto, presta a resolver sus dudas. —Habladle siempre con voz dulce, y recibid con entusiasmo sus ideas, más aún si estás son necias o aburridas— instruyó, alargando una de sus manos sobre la mesa para encontrarla con la de su nuera. —Cierto es, que nada detesta más un hombre que oír que no tiene la razón, salvo si viene de labios de su esposa, quien ha de velar por su bien, por encima de los demás— Sasuke siempre deseaba escuchar la opinión de quienes lo rodeaban y más lo haría con su esposa. —Y si además le besáis cuando no lo espere, se creerá amado como el que más— añadió con un susurro cómplice.
La retrograda idea de que un hombre gozaba de tener una esposa callada, sumisa y que se desentendiera de todo era una tontería, Mikoto conocía a su hijo y se había dado cuenta durante el compromiso con Sakura que lo que a Sasuke le agradaba era una mujer con carácter, determinada y que impusiera sus ideas si estas eran certeras y correctas, inteligente, astuta, apasionada, juiciosa, sabia y sincera, y Sakura era todo eso, todo cuanto debía hacer era ser ella misma y no refrenar sus deseos o impulsos en el ámbito privado, Sasuke era algo mayor como para temerle a una mujer con ideas propias en la intimidad. Sabiendo que tenía en su suegra a una amiga, Sakura no se sonrojó por sus comentarios, sino que al contrario, sonrió y se sintió feliz por haber hecho todas esas cosas durante su luna de miel…algunas de sus doncellas portuguesas, ya casadas, hablaban de ciertos actos que se hacían en intimidad por el placer del otro y que eran una novedad para Sakura, pero creía aun tener mucho por aprender de Sasuke antes de implementar dichos actos, había tiempo de sobra para ponerlos en práctica. Por ahora todo lo que podía pensar era en cambiarse de ropa por algo más cómodo, y esperar a que Sasuke llegara a su habitación, porque sabía que vendría…
—Es lo último— suspiró Sasuke, tendiéndole una cedula firmada a su secretario. —Que tengáis buena noche, señores— despidió a sus asesores, hasta el día siguiente.
—Igualmente vos, Alteza— correspondieron los nobles, reverenciando respetuosamente a su rey.
El rey Sasuke se había pasado el día entero desplazándose por el castillo, reuniéndose con algunos de los nobles más leales a su servicio, agradeciéndoles haberle brindado su ayuda y apoyo, y prometiendo que los recompensaría a futuro, cuando la situación lo ameritase, quizás honrándolos cuando Sakura y él tuvieran un hijo o hija. Luego se había entrevistado con enviados de las provincias o principados del reino que necesitaban informarlo de la situación política de cada uno de sus dominios y saber sobre que mantenerse alerta, y finalmente gran parte de la tarde se la había pasado reunido en sus aposentos con sus asesores, redactando documentos en pro del bienestar, ecuanimidad y justicia de su pueblo en base a intensos debates con los integrantes de la arista política de su reino y acompañado por su secretario. Tan pronto como sus asesores y secretario abandonaron sus aposentos, Sasuke suspiró profundamente, acercándose a su escritorio y donde reposaba una jarra de vino que sirvió en un vaso, sintiendo la garganta seca, le sorprendía no quedarse sin voz al protestar o gritar ante algunas de la ideas de sus asesores y que diferían de su proceder, pero esa era parte del oficio de un rey. Los guardias abrieron las puertas de la estancia, permitiendo el paso a lady Mikoto, la madre del rey, que observó a su hijo con una ligera sonrisa, compadeciendo sus esfuerzos y desvelos en pro del reino.
—Madre— saludó Sasuke, dejando el vaso sobre su escritorio y volteando a ver a su madre.
—Os veis cansado— apreció Mikoto, no sabiendo si preocuparse agudamente por ello.
—Sí, el día estuvo muy ocupado— suspiró él desabrochando el cinturón de su jubón, un tanto sofocado, —desearía haber podido visitar a Sakura— ya era tarde, pero solo esperaba terminar su conversación con su madre y acudir junto a ella.
—Os habrías encontrado con una fila en la entrada— informó ella con una relajada sonrisa. —Vuestra esposa ha resultado ser una gran anfitriona, conquistó a la toda la corte el día de hoy; organizó lecturas en sus aposentos, y una jornada de bailes y música, muy creativo— explicó con satisfacción y personal sorpresa, a diferencia de su hijo que sonrió ladinamente.
—Es una mujer muy inteligente, no me sorprende que haya conquistado a todos— señaló Sasuke, orgulloso de su esposa cuyo encanto había superado toda expectativa.
—¿Y a vos?— indagó Mikoto, acercándose a su hijo y viéndolo a los ojos para saber la verdad.
—Creí que ya conocíais la respuesta— obvió Sasuke, ya todos deberían saberlo pues se la pasaban cotilleando al respecto, —¿lo dudáis?— inquirió, volviendo la mirada hacia su madre.
—¿Lo duda ella?— rebatió la Uchiha, haciendo que su hijo frunciera el ceño. —Cenamos juntas, y me pregunto que podía hacer para que fuerais feliz, para agradaros— dio a saber, teniendo el deber de velar por su nuera.
Todos en la corte se pasaban día sí y día también hablando sobre la intimidad que compartían el rey y la reina, era fácil sobornar a los guardias que custodiaban las puertas de sus aposentos o a los sirvientes de más bajo rango y saber la frecuencia de dicha intimidad, junto con otros detalles privados...pero a Mikoto le eran ajenos esos rumores, tenía sus propios espías y que en este caso no eran necesarios, ¿Sakura no estaba satisfecha sexualmente? No le había dado a entender eso durante su conversación, pero Mikoto tenía el deber de cuestionar a su hijo y velar porque hiciera tan feliz a su nuera como Sakura lo hacía feliz a él. Aquella pregunta tomó por sorpresa a Sasuke, ¿sería posible que hubiera cometido semejante error?, ¿había descuidado la felicidad y placer de Sakura a tal punto que ella se cuestionaba si él era feliz?, ¿no se lo había demostrado? Olvidándose de los asuntos de estado, Sasuke suspiró sonoramente, enterrando el rostro entre sus manos, desde que había escuchado la confesión de Sakura declarándole su amor, temía no estar a la altura de sus sentimientos, porque no le había dicho lo mismo, ¿estaba enamorado de ella? Sentía pasión, ardor y devoción por ella, se pasaba el día entero pensando en ella, ¿pero era amor? No lo sabía, había creído sentir amor con Takara pero se había equivocado.
—¿Os preocupáis de que sea feliz, Sasuke?— interrogó su madre directamente, teniendo el privilegio de poder preguntarle eso.
—Constantemente, cuando estamos juntos— garantizó él, dándole su palabra no de rey sino de hombre, —solo temo que eso sea muy poco— suspiró, deseando pasar más tiempo con Sakura. —Quizás nuestra luna de miel debió durar más— Alcácer do Sal era un lugar más alegre y sereno que la corte, ajetreada y llena de intrigas.
—Sasuke, habéis heredado un reino pacifico que ha desembocado en crisis— recordó Mikoto, siempre con voz comprensiva, —es normal que estéis ocupado, y vuestra esposa lo entiende— Sakura era hija de reyes y sabia anteponer el deber a cualquier otra cosa. —Solo procurad hacerle sentir que os importa— su hijo era sensible y tierno, aunque no siempre lo sacaba a relucir, —y…gozad con ella, como ella goza con vos— acotó con una sonrisa, teniendo cuidado de su tono.
—¿Cómo lo sabéis?— cuestionó Sasuke, incomodo porque su madre tocase aquel tema.
—Una madre lo sabe todo— mencionó ella en su defensa y con una sonrisa.
No había muchas cosas en su vida de las que Mikoto pudiera enorgullecerse, llevaba muchas cargas sobre sus hombros y que se preguntaba cómo no la habían hecho envejecer, entre ellas las muertes de más de la mitad de los hijos que había tenido, pero con los que hoy vivían era la mejor madre, siempre preocupada por su bienestar y felicidad, presente para intervenir y en este caso no sería distinto; si podía hacer algo por Sasuke y Sakura, lo haría. Una parte de Sasuke deseaba sonrojarse y avergonzarse, tenía más de treinta años y su madre siempre estaba ahí para hablar de lo que no compartiría con nadie…pero así sabía que siempre contaría con una voz amiga que no lo juzgaría sino que aconsejaría, incluso cuando no quisiera escuchar, suspirando para sí mientras le sonreía ladinamente. Regresando al presente y al asunto en cuestión, Sasuke pensó en Sakura, en redoblar sus esfuerzos por hacerla feliz y demostrarle que él era feliz a su lado, habiendo contenido su deseo por ella en más de una ocasión para no abrumarla; no es que no deseara pasarse jornadas enteras en la cama junto a Sakura, porque lo deseaba, mas las responsabilidades en la corte los separaban, y él no quería parecer demasiado ansioso, la intimidad que estaban compartiendo era algo nuevo para ambos, y según tenía entendido a las mujeres no les interesaba tanto el sexo como a los hombres, pero por lo visto se había equivocado otra vez;
Sakura era diferente de cualquier mujer que hubiera conocido, y eso le encantaba.
Los pasillos del castillo estaban en completo silencio a esa hora de la noche, habían cesado la actividad y las intrigas, más ahora que el trono estaba seguro con un rey y una reina dedicados a la concepción un heredero, por lo que fue perfectamente normal para los sirvientes que encendían las velas de los elegantes candeleros ver al rey Sasuke transitar los pasillos en solitario, vistiendo los mismos ropajes de ese día, solo que ahora no vestía el jubón sino la cómoda camisa blanca de cuello alto y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas. Deteniéndose a las puertas de los aposentos de su esposa, donde los guardias que permanecían vigilantes le permitieron el paso, Sasuke se dirigió hacia la habitación privada, encontrando solo silencio ya que las doncellas de su esposa ya se habían retirado a dormir. Aun despierta, Sakura permanecía de rodillas en su reclinatorio, rezando para pasar el tiempo y sin sentir sueño para irse a la cama, vistiendo el mismo camisón que había usado en su noche de bodas y que—durante su luna de miel—había descubierto era el favorito de Sasuke, de lino blanco y escote corazón que se anudaba en el frente—pero muy escasamente anudado esta vez, para enmarcar su generoso escote y casi exponer por completo sus pechos—, ceñido bajo el busto, mangas abullonadas que se ceñían a lo largo de los brazos, y con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, una imagen que resulto etérea para el rey cuando cruzo el umbral de la habitación.
—Sakura— llamó Sasuke, sin dejar de observar a su esposa. —¿Aún no estáis en la cama?— cuestionó, sabiendo cuan preciadas eran las horas de sueño para ambos.
—Os estaba esperando— contestó Sakura, levantándose de su reclinatorio y volteando a verlo.
Aunque se mantuviera tan impoluta y lejana con aquella mascara de dignidad e inalterabilidad, Sakura se encontraba profundamente avergonzada; era religiosa por naturaleza, su madre la había educado para ser reina, mantenerse enfocada en la tarea de apoyar a su esposo y proteger su madre patria, pero si rezaba con tanto fervor era porque…no había virtud sobre la tierra que su amor por Sasuke no fuera capaz de vencer. Se había prometido a si misma que alejaría el amor de su corazón para no sufrir, para poder tener la mente clara y no padecer sus tormentos, pero tenía por esposo a un hombre gallardo, viril y vigoroso, y no tenía cabeza para dejar de desear pasar una eternidad con él en el lecho y dejando que la hiciese suya, no tenía cabeza para pensar en otra cosa que complacerlo y hacerlo feliz, ¿cómo no sentir vergüenza? Acercándose a Sakura, cerrando tras de sí las puertas que separaban el resto de las estancias de aquella habitación, Sasuke recordó las palabras de su madre, ¿sería posible que hubiera incumplido su deber de esposo y no le hubiera demostrado a Sakura lo mucho que la deseaba y cuan feliz era con ella? Debía ser así, de otro modo ¿por qué Sakura le había preguntado a su madre sobre cómo hacerlo feliz?, ¿acaso no le demostraba lo feliz que era a su lado cada noche? Estaba claro para Sasuke que estaba haciendo algo mal, pero pondría remedio a ello esta misma noche, alargando una de sus manos para acariciar el rostro de Sakura, sin apartar sus ojos de los suyos.
Sasuke deslizó sus dedos a través del delicado cuello de su esposa, hacia el escote de su camisón y que apenas se encontraba anudado, dejando muy poco a su imaginación, y tras halar ligeramente de uno de los cordones, el escote se desanudo completamente y la tela cayó al suelo, resbalando contra la piel de Sakura; solo habían pasado horas separados y sin embargo en ese momento, trazando el contorno y curvatura de los pechos de su esposa con una de sus manos y acunando su rostro con la otra, Sasuke se dio cuenta de cuanto la había extrañado, y no hablaba solo del sentido físico, ¿por qué no dejaba de pensar en ella y desearla a su lado continuamente? Reemplazando su recatado sonrojo por una ligera sonrisa, Sakura retrocedió lentamente hacia la cama, tratando de no apartar ni por un instante su mirada de la de su esposo, tumbándose sobre las sabanas, arrastrando por un hilo invisible a Sasuke. Tras horas interminables, ambos se entregaron a aquello que habían deseado hacer desde su separación esa mañana; ahogando un gemido, Sakura encontró sus labios con los de Sasuke, entregándose y dejando que él llevase el ritmo del beso, encontrando su lengua con la suya, reavivando ese fuego que crecía en su interior ante su sola presencia, en tanto ella alzaba su camisa hasta despojarlo de esta, no la necesitaría por el resto de la noche, ni sus pantalones que desabrochó rápidamente, ya habituada a ello, para lo que iban a hacer la ropa estaba de más.
Rompiendo el beso y encontrando su mirada con la de su esposa, Sasuke guio su miembro hacia el interior de Sakura, que echó la cabeza hacia atrás y se arqueó contra él, mordiéndose el labio inferior para no gritar, pero no de dolor; no, era más que placer, un placer que no podía compararse con nada sobre la tierra y que hacía que el corazón de la antes infanta de Castilla y Aragón latiese desbocado, acompasado al latir del corazón de Sasuke, y lo sentía a través de sus pechos que se estampaban contra el firme torso de él, piel contra piel, alma con alma. Dejando pasar un muy breve instante, Sasuke se retiró lentamente antes de volver a penetrar el interior de Sakura, que gimió y jadeó en respuesta, pegando su frente a la suya, suplicando sus labios y guiando sus caderas hacia las de su esposo, replicando el ritmo de sus embestidas y rogando por más, envolviendo sus piernas a sus caderas y trazando sus músculos con sus manos, arañándole la espalda. Deslizando su tacto desde los pechos a la estrecha cintura de su esposa, Sasuke afianzó sus manos a sus caderas, penetrando más profundamente en su interior y recibiendo a cambio los dulces gemidos de ella, respirando agitadamente contra el cuello de Sakura, acallando sus gruñidos contra su piel o contra sus labios, guiando el sugerente vaivén de sus femeninas caderas; el sentir sus pechos contra su torso lo tenía hipnotizado, tanto como su canto de sirena, mejor que cualquier melodía que artista alguno pudiera interpretar.
Su luna de miel les había permitido familiarizarse con cada rincón del cuerpo del otro, con sus gemidos y jadeos, con sus sentires y con lo que los complacía o deleitaba por igual, comprendiendo lo que los hacia gemir y gritar de placer, al fin y al cabo en la intimidad de la habitación y entre las sabanas podían estar en confianza y sin nadie observándolos a cada momento ni juzgando lo que hacían, podían ser ellos mismos en todos los sentidos. Pero esta era por lejos la primera vez que se entregaban el uno al otro con lujuria pura, prestos a las reacciones y el deleite del otro, entregándose con desenfreno, no con brusquedad pero si con hambre y vorágine. Sintiendo el clímax cada vez más cerca, mordiéndose el labio inferior en un vago intento por acallar su evidente deleite, halando de las sabanas bajo su cuerpo, escuchando los jadeos de Sasuke contra su cuello y sintiendo su agitada respiración contra su piel, Sakura echó la cabeza hacia atrás y gimió sin disimulo, no tenía por qué ocultar lo que sentía estando a solas con su esposo, arañándole los hombros y liberando un fuerte gritó de éxtasis cuando esa cima del placer se volvió una realidad y sintió el orgasmo más placentero envolverla por completo, con Sasuke gruñendo contra su cuello apenas un instante después, experimentando la misma cúspide, le era imposible no hacerlo cuando el clímax de su esposa le resultaba el sonido más erótico que pudiera escuchar.
Agotado—en el mejor sentido, aunque solo temporalmente—, pudiendo olvidarse de cualquier fútil asunto de estado en ese momento, Sasuke apoyó su frente contra el cuello de su esposa, inhalando su dulce perfume que le brindaba toda la serenidad que le hacía falta durante el día cuando no estaba a su lado, y le brindaba el consuelo para dormir, dormir realmente y soñar, Sakura lo sabía envolviendo sus brazos a la espalda de su esposo y abrazándolo, consolándolo en la soledad que ella también experimentaba; la de la corte y los asuntos de estado, pero que desaparecía cuando estaban juntos. Su rutina en la noche era esa, entregarse el uno al otro hasta aplacar ese deseo de estar juntos y que ahora Sasuke comprendía; amor, Sakura lo amaba, se lo había confesado, ¿él la amaba a ella? En el pasado había creído amar a su fallecida esposa Takara, pero ella no lo había amado a él, ¿podría amar a Sakura?, ya la admiraba y veneraba a cada hora de cada día, no tenía del todo claro lo que sentía por ella, pero si sabía que necesitaba un poco más de tiempo para poder comprenderlo…
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Les recuerdo que por ahora solo puedo actualizar una historia por semana, por mis estudios y el escaso tiempo de que dispongo, pero no dejare inconclusa ninguna de mis historias, lo prometo :3 las próximas actualizaciones serán "Más Que Nada en el Mundo", luego "Kóraka: La Sombra del Cuervo", nuevamente la "La Reina Olvidada" y "Reina de los Vampiros" lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (18 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (31 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu
-Miso Uchiha como Leonor de Viseu -Kagen Uchiha como Jaime I de Braganza
-Idate Morino como Diego de Silveira -Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (18 años)
-Temari Sabaku como Beatriz de Melo (30 años) -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval (25 años)
-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (20 años) -Tenten Namiashi como Luisa de Peral (23 años)
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón
-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Izuna Uchiha como Alfonso de Viseu
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (20 años) -Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (15 años)
-Sai Yamanaka como Juan de Aragón -Tajima Uchiha como Juan II de Portugal
Luna de Miel & Situación Política: parto el capitulo retratando la breve Luna de Miel de Manuel y María, que ni siquiera se registro, solo se sabe que la boda tuvo lugar el 30 de Octubre y ya antes de que ella quedara embarazada se encontraban en Lisboa, por lo que breve dio ser la luna de miel antes de regresar a la corte, pero eso no cambio nada ya que la relación entre la pareja continuo siendo afín, apasionada y llena de afecto. Una de mis escenas favoritas fue el juramento de lealtad del duque de Braganza a su tío el rey y su nueva esposa, que de hecho es la ultima escena que muestra a Manuel y María en la serie "Isabel", retratándolos como un matrimonio unido y feliz. En el capitulo anterior relate la amistad de María y su cuñada Isabel, y aquí su excelente relación con su suegra Beatriz, y que se registro en crónicas históricas como cercana y muy respetuosa entre si. La escena de María presidiendo una corte culta, con gran boato y pompa es algo real, una de las mayores virtudes que se le adjudican como reina fue forjar una corte admirable y elegante, soberbia pero digna al mismo tiempo, tanto que se registro que siempre estaba ocupada y tenía a nobles o damas pidiendo verla o gozar de su hospitalidad, hasta los embajadores de Castilla recordaban que debían casi hacer fila y esperar para ser recibidos por la reina, que siempre ara amable y dulce.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
