-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Destino o Casualidad" de Ha*Ash & Melendi para Sakura, "La Correcta" de Nabález & Morat para Sasuke, y "Shine" de Cassidy Ladden para el contexto del capitulo.


Febrero de 1501/ Castelo de São Jorge, Lisboa

Si alguien hubiera preguntado a los nobles como era la corte de Portugal hace cinco meses atrás, habrían dicho que era un lugar sombrío y apagado, que había soportado la muerte de la primera esposa del rey y luego de su hijo en veloz sucesión, donde reinaba la intriga y la traición…pero eso había sido hace cinco meses, porque luego de que el rey Sasuke casara con la Infanta Sakura, la corte había cambiado completamente y para bien; tras su luna de miel y habiéndose instalado de regreso en la corte de Lisboa, la nueva reina lo había inundado todo de color y brillo, organizaba fiestas y bailes casi sin falta cada semana, había hecho traer—con el beneplácito del rey—a grandes eruditos y pensadores de Castilla, y sus propias doncellas castellanas eran toda una sensación en Portugal, tanto que en los sucesivos meses tras su boda muchos problemas le habían traído con las esposas de algunos caballeros que les coqueteaban. Esta noche era solo otra de esas en que la música se escuchaba hasta largas horas de la noche—habían muchas razones para celebrar y beber—, y en que los nobles usaban los elegantes salones para bailar y departir a su gusto, las damas con sus bellos y brillantes vestidos, y los caballeros con su estampa galante, formando parejas encantadoras a ojos de aquellos presentes que elegían no bailar y se dedicaban a observar o cotillear, pero sin duda ninguna pareja podía ser más encantadora que la que formaban el rey Sasuke y la reina Sakura, más unidos que nunca cada día.

Elegante como siempre, la reina portaba un exquisito vestido de seda dorada—debajo una enagua blanca de escote cuadrado con mangas que se ceñían en las muñecas—, con falda lisa y escote cuadrado adornado por perlas en el contorno, y sobre el vestido una chaqueta de seda celeste que se entallaba a su esbelta figura por un corsé, de cortas mangas hasta los codos con un dobladillo color salmón, y cuya falda se arremangaba con el elegante dobladillo hasta la altura de las rodillas, en las muñecas llevaba brazaletes de oro adornados por rubíes y perlas a juego con la gargantilla alrededor de su cuello, y sobre su cabello llevaba un velo de encaje dorado con bordados de diamante. El rey no se quedaba atrás, vistiendo un elegante jubón marrón oscuro—debajo una camisa de cuello redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—con bordados de oro que replicaban el emblema de la familia Uchiha, con mangas ceñidas a las muñecas—por sobre estas lienzos lisos que formaban mangas abiertas desde los hombros—y largo faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas, y pantalones negros, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado. Cuando la música termino, todos los presentes procedieron a aplaudir, y cuando la siguiente pieza comenzó a sonar, la reina Sakura le tendió la mano a su esposo el rey para invitarlo a bailar.

—¿Conocéis este baile?— preguntó Sasuke, ligeramente asombrado. —Creía que solo se ejecuta en Portugal— y no recordaba habérselo enseñado aún.

—¿Y no es ahí justo donde nos encontramos?— obvió Sakura pícaramente, sin apartar su mirada de la suya.

Solicito y no teniendo nada que objetar, Sasuke se dejó guiar por su esposa hacia el centro del salón, con todos observándolos, mas ambos no hicieron más que ignorar y olvidar al resto del mundo. Tan pronto como el rey y la reina abrieron el baile, los numerosos cortesanos se unieron a ellos, admirando—tanto como el rey—la forma elegante y perfecta en que la reina se movía al compás de la música, tanto o más que cualquier dama nacida en Portugal, interpretando aquella danza como si la hubiera realizado mil veces y haciendo que el rey Sasuke sonriera ladinamente de orgullo, ¿es qué su esposa podía ser más perfecta? Entre los presentes que observaban admirablemente a la pareja real se encontraban lady Mikoto y su hija Emi, ambas sonriéndose cómplices entre sí; Sakura ahora era sin duda la reina de Portugal, todo rastro de la Infanta de Castilla y Aragón había quedado atrás, y podía interpretar su rol de reina a la perfección. Con una maestría y soltura admirable, Sakura se desenvolvió a la perfección al compás de la música, sin dejar de sonreír al rodear a su esposo y entrelazar su mano con la suya, mientras Sasuke—tan seducido como los demás presentes—no apartaba sus ojos de ella. Tan pronto como la música termino y los presentes estallaron en vítores, Sasuke realizó una reverencia a su esposa antes de besar su mano; si la corte estaba encantada, él lo estaba aún más.

Tras aquello, el rey y la reina no permanecieron mucho más tiempo en la fiesta, mientras esta se desarrollaba según lo acostumbrado, con las damas y caballeros permaneciendo ajenos al modo en que sus soberanos daban rienda suelta a sus deseos, besándose con desesperación apenas y se hubieron encontrado a solas en los pasillos mientras todos los demás celebraban, y dirigiéndose hacia su habitación tan pronto como pudieron, comenzando a desabrochar y jugar con la tela de su ropajes; casi llevaban cuatro meses casados, pero en momentos así les parecía llevar juntos una eternidad, una eternidad de placeres compartidos que los hacia más y más adictos el uno del otro cuanto más tiempo pasaba. Esta noche ni siquiera los guardias custodiaban las puertas de los aposentos de la reina y sus doncellas disfrutaban de la celebración, por lo que tenían la noche entera para ellos dos, Sasuke cerrando prácticamente de un golpe furtivo las puertas mientras apoyaba a Sakura contra ellas, ambos devorando los labios del otro, embriagándose con su tacto, perdiendo el aliento y deshaciéndose entre suplicas por más mientras trataban de despojarse de sus ropas. Haciendo caminar a su esposa delante de él, Sasuke se alejó de la puerta y dirigió hacia la habitación privada de ella, tratando de desabrochar el corsé de su vestido y arrancándole el velo que cubría sus largos cabellos, amasando sus pechos a través de la tela del vestido, devorando la piel de su cuello e inspirando su perfume.

—Sasuke...mis doncellas aún no me han desvestido— regañó Sakura, mordiéndose el labio inferior para ahogar un gemido ante la sensación de sus labios contra su cuello.

—No vais a hacerme esperar a las puertas— reprendió Sasuke a su vez, con la voz ronca de deseo por ella.

Si la desesperación de Sasuke por romper el ceñido corsé del vestido de su esposa y que le impedía sentir su sedosa piel era grande, sin duda la desesperación de Sakura no se quedaba atrás, volviéndose y rompiendo los cordones que cerraban el jubón de su esposo hasta despojarlo de este, apresurándose por desabrocharle los pantalones lo más pronto posible. Sasuke se dio casi por vencido al forcejar con el corsé del vestido de su esposa, cargándola en brazos y recostándola sobre la cama con él encima, alzando su falda y exponiendo sus muslos, encontrando a su esposa siempre dispuesta y envolviendo sus piernas a sus caderas ¿Qué importaba que estuvieran medio vestidos? Arqueando la espalda y gimiendo de gusto, Sakura sintió a su esposo penetrar en su interior hasta la empuñadura, aferrando sus manos a su camisa pero no resultándole suficiente, despojándolo de ella y aferrándose a su torso y espalda, jadeando contra su cuello y envolviendo con mayor firmeza sus muslos a sus caderas, rogándole por mas, sintiendo la respiración agitada de Sasuke contra su cuello ante el placer que solo ella le provocaba, sintiéndolo batallar por desanudar el corsé de su vestido, que finalmente cedió e hizo a un lado, arrojándolo al suelo y deslizando el camisón por sobre la piel de su esposa hasta exponer su perfecta desnudez, sintiendo sus pechos contra su torso, piel contra piel y alma con alma, por fin siendo uno solo.

Los nobles de la corte se la pasaban especulando sobre como a cuatro meses de la boda, el rey y la reina aún no habían concebido un hijo, no cuestionaban la hombría del rey que a los pocos meses de casado con la fallecida reina Takara había concebido a su fallecido hijo el príncipe Yosuke, pero tampoco podían cuestionar a su joven reina que si bien no daba señales de estar embarazada, en todos los otros aspectos de su cargo era la reina perfecta. Y para Sasuke…sonriendo ladinamente y guiando las caderas de su esposa hacia las suyas, yendo ms profundamente en su estrecho interior, siendo recompensado por sus dulces gemidos y sintiéndola arquearse de placer bajo su cuerpo; Sasuke no tenía replica que hacer a su esposa, ¿cómo podría? No había sido verdaderamente consciente de cuan maravillosa podía ser la vida hasta que ella había llegado para iluminar su camino, como el sol, como un ángel caído del cielo, ¿qué importaba que aún no tuvieran hijos? Ya los tendrían, tantos que nadie en Portugal podría quejarse al respecto, era una promesa. Como si pensase en lo mismo que Sasuke, y sabía que era así, Sakura se arqueó contra la cama, estrujando las sabanas bajo sus manos y echando la cabeza hacia atrás, sintiendo el clímax cada vez más cerca y rogando por mas con la misma vehemencia e ímpetu con que rogaba cada día por cumplir ese pequeño aspecto de su rol de reina que aún no lograba; concebir un hijo, pero Sasuke no tenía prisa, y hacerlo feliz era su principal deber.

Sintiendo a Sakura arañarle la espalda y gemir debajo de él al dar una última estocada, Sasuke gruñó contra el costado de su cuello, alzando el clímax al mismo tiempo que ella, bajando su mirada para encontrarla con la suya, sonriendo ladinamente al verla sonreír solo para él, pegando su frente a la suya. Ya habría tiempo para hijos, por ahora solo se necesitaban el uno al otro…


Reino de Castilla

Las cosas no habían cambiado mucho en Castilla tras la partida de la Infanta Sakura, el luto seguía tan inamovible como cuando el príncipe Sai había muerto hacia años atrás, pues la reina Seina no podía olvidar el dolor que ello le había provocado, mucho menos cuando muerte tras muerte y desgracia tras desgracia se había cebado sobre su familia, sobre ella, sobre su esposo y sobre sus hijas; le llegaban noticias de Flandes, su hija Hinata le escribía carta tras carta hablándole de sus ataques de celos por causa de su encantador esposo Naruto, pero le decía que esperaba poder aprender a lidiar con ello con el tiempo, los celos eran problema de familia después de todo. La soberana portaba un sencillo vestido negro de escote en V—debajo una enagua gris claro de cuello alto y cerrado, con mangas holgadas que terminaban en cortos holanes—y mangas ceñidas, por sobre el vestido una chaqueta de tafetán de escote en V anudado en el frente, ceñido a su cuerpo por un fajín, mangas holgadas que se abrían desde los hombros y falda lisa, con una cofia gris claro cubriendo su cabello y enmarcando su rostro. La reina de Castilla se encontraba a solas en sus aposentos cuando lord Kakashi Hatake—embajador de Castilla en Portugal—pidió ser recibido y ella no pudo negarse, pues anhelaba saber de su hija Sakura, recibiendo al emisario con una ligera sonrisa.

—Alteza— saludó lord Kakashi reverenciándola respetuosamente, feliz de volver a su hogar.

—Señor Hatake, es una gran alegría teneros de regreso— correspondió la reina Seina, permitiéndole erguirse e invitándolo a sentarse en el escaño vacío frente a ella.

—Placentera ha sido mi estadía en Portugal— reconoció el peligris con una sonrisa al sentarse, —pero la reina Sakura insistió en que regresara, me habría subido personalmente al caballo de haber podido— la soberana portuguesa no olvidaba sus raíces castellano-aragonesas, ni a sus padres los Reyes Católicos.

—No lo dudo, conozco el temple de mi hija— sonrió ligeramente la reina, añorando a su hija cuyo carácter y fuerza le recordaba su juventud y aquellos días felices.

Todos en la corte siempre se la pasaban hablando, diciendo que su pequeña y adorada Mirai era aquella de sus hijas que más se le parecía, digna y elegante; pero se le parecía en su faceta de reina victoriosa y segura de sí, en tanto Sakura le recordaba sus días de juventud, cuando había sido la insignificante Infanta de Castilla y hermana del rey Hikaku Uchiha, que había luchado contra todo y todos por la estabilidad de su reino y por la creencia de que Dios la había elegido para gobernar Castilla, ya que su hermano había muerto sin descendencia, había casado con Pein por esas convicciones y había guerreado como cualquier hombre para mantener la paz, de ahí su apodo de "La Reina Guerrera", y no dudaba que Sakura había estado a la altura de las circunstancias al convertirse en reina de Portugal, ¿pero era feliz? Solo eso importaba a la reina Seina, que ahora velaba por su adorada Mirai…hasta que partiera a Inglaterra. La corte de Portugal era luminosa, elegante, llena de fastos y gloria, muy diferente de la corte de Castilla, que ahora era solo luto, pesar y melancolía, y fue un agudo contraste para Kakashi Hatake, pero no había regresado a Castilla con el propósito únicamente de visitar a los suyos sino también de entregar en manos de la reina Seina un fajo de cartas escritas por su hija la reina Sakura, así como por su yerno el rey Sasuke y la madre de este, lady Mikoto Uchiha, todas con sus mejores deseos.

—¿Qué tenéis que decirme de la corte portuguesa?— preguntó la reina Seina finalmente, deseosa de ser informada de la vida de su hija.

—No mucho, después de la boda y como os informe, se ha asentado una rutina más que amena en la corte— recapituló Kakashi, habiendo partido hacia poco más de un mes a Portugal para entregar cartas de sus católicas majestades a su hija. —Los aposentos de la reina siempre se encuentran abarrotados de nobles que piden hablar con ella— apenas y pudo contener una risa al rememorar el ajetreo de la corte portuguesa.

—¿Para pedir favores?— inquirió la soberana, frunciendo el ceño y temiendo que fuese así.

—Algunos, pero la mayoría lo hace para disfrutar de su compañía, es una magnifica anfitriona— aseguró el Hatake, habiéndolo presenciado de primera mano. —Además, sus doncellas son famosas en la corte portuguesa por su belleza y encanto, tanto como la propia reina— la reina de Portugal era alabada por su elegancia y encanto al vestir, así como por sus joyas. —El rey Sasuke apenas y puede estar media jornada separado de ella, y cuando llegan enviados a la corte, ambos siempre se encuentran juntos— siempre que el rey se reunía con sus asesores, la reinaba estaba presente a su lado.

—¿Mi hija es feliz?— cuestionó directamente la reina Seina, queriendo oír la verdad.

—Mucho, Alteza— garantizó el embajador, para que su soberana no lo dudase, —la reina de Portugal es una mujer digna de admirar, tanto personalmente como en su matrimonio— era una reina joven pero muy admirada por su pueblo, —siempre se encuentra...bien casada, es rara la noche que el rey no pasa con ella en el lecho, y cuando no lo hace es por estar agotado con las cuestiones de estado— aunque no se hablaba de que el rey hubiera pasado alguna noche solo, no que él supiera.

—Temo sonar escéptica, mas creeros es cuestión de fe— consideró la soberana, no sabiendo si creerle o no.

—Si no me creéis a mí, leed esta carta de vuestra hija— tendió Kakashi, extrayendo de su jubón el fajo de cartas que tanto había cuidado hasta ahora, —la reina Sakura me la entregó especialmente para vos— rompió el nudo que cerraba el fajo y le tendió la carta de la reina portuguesa por sobre las otras.

Creyendo o queriendo creer en las palabras de lord Kakashi Hatake, la reina Seina recibió la carta de su hija de sus manos, levantándose de su lugar y dejando en su asiento el fajo con el resto, sosteniendo entre sus manos el sobre cerrado con lacre, observando y delineando la caligrafía de su hija Sakura en el exterior del sobre y cuyo sello de lacre no tardo en romper, aproximándose a la chimenea mientras desdoblaba el documento, esbozando una sonrisa al leer las primeras palabras: Querida madre, nada me complace más que haceros saber cuan dichosa y feliz me siento mientras os escribo, bien sabéis que partí a Portugal con el corazón atenazado por las dudas y los miedos, mas el amor que latía entonces en mi corazón no ha hecho más que crecer día con día, Seina sintió latir con fuerza su corazón, feliz de forma incomprensible al leer esas palabras y que eran un bálsamo para sus preocupaciones. Sabed que, a día de hoy, volvería a casar con Sasuke una y mil veces, esas palabras sosegaron su corazón de madre y le hicieron saber que las palabras de lord Kakashi eran ciertas, que su añorada hija había encontrado la felicidad, lo que toda madre rogaba. Debo daros las gracias a vos, madre, y me disculpo con Dios nuestro señor, por haberme anticipado experimentar la gloria del paraíso, antes de que él me juzgue merecedora

Ahí estaba su hija, religiosa y devota pero con una alegría palpable y contagiosa para Seina, que sintió las lágrimas en sus ojos a causa de la emoción, deseando poder estar a su lado y abrazarla para decirle que su felicidad era la suya. No puedo pedir mayor felicidad que la que ya siento, madre, mis días son olas acompasadas de placer y alegría, no me falta nada, y espero de todo corazón que esta carta de mi puño y letra logre haceros sentir al menos la mitad de la felicidad que yo siento, lo había hecho, era la primera vez en todos los meses transcurridos desde la partida de su hija que la reina de Castilla sonreía de genuina felicidad, y todo por su hija a quien añoraba con el alma. Vuestra hija Sakura, reina de Portugal, Seina trazó el contorno de su firma y título, el mismo trazado que había leído en su caligrafía, siempre elegante y fina, muy delicada, prueba de que su niña seguía ahí, su hija e Infanta de Castilla y Aragón, en nada había cambiado tras su partida, solo que ahora era verdaderamente feliz. Doblando cuidadosamente la carta, deseando guardarla y atesorarla para tener presente a su hija cada vez le hiciese falta, la reina Seina alzó una de sus manos hacia su rostro para secar las lágrimas que había resbalado por sus mejillas, cerrando los ojos y siempre recordándose mantenerse inalterable como la reina que era, volviendo solo entonces la mirada hacia lord Kakashi, obsequiándole una ligera sonrisa de agradecimiento.

Su Sakura era feliz.


Lisboa, Portugal

Los nobles que cotilleaban por los pasillos de la corte se hicieron a un lado cuando vieron al rey pasar cerca de ellos, siguiendo el trayecto que lo llevaría a los aposentos de su esposa la reina, siendo apenas medio día pero necesitando verla desesperadamente, agradeciendo para si cuando vio a un grupo de nobles abandonar los aposentos de su esposa, dejando las puertas abiertas y permitiéndole pasar. El soberano portugués vestía un elegante jubón de seda naranja opaco con bordados marrón oscuro, de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—debajo una camisa de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—, con el cuello en V y el dobladillo del faldón hasta las rodillas forrado en piel, cerrado a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas y pantalones de igual color. Sentada delante de la chimenea junto a sus doncellas, la reina Sakura cerró su libro de oraciones, alzando la mirada con sorpresa al ver a Sasuke aparecer en el umbral; la reina portaba un bellísimo vestido de seda beige suave con bordados dorados, de escote cuadrado—debajo una enagua beige suave de escote cuadrado—, calzado a su esbelta figura, con falda en A abierta bajo el vientre, y retazos de seda purpura en las mangas ceñidas a las muñecas, y en la falda inferior el vestido, con una cadena de perlas alrededor de su cuello y de la que pendían dos letras S, a juego con la corona decorada por perlas y que reposaba sobre sus largos cabellos rosados.

—Alteza— reverenciaron apresuradamente las doncellas de la reina.

—Señoras, dejadnos a solas— ordenó Sasuke a las damas presentes, necesitando estar a solas con su esposa.

—Podéis retiraros— consintió Sakura, tanto sorprendida como curiosa por el motivo tras la visita de su esposo.

Sin protestar, las doncellas de la reina reverenciaron con respeto a su soberana y no tardaron en abandonar la estancia, dejando tras de sí un silencio que podría haberse cortado con una espada mientras la reina Sakura se levantaba de su asiento al encuentro de su esposo, no sabiendo cómo interpretar su visita pues hasta ahora jamás había acudido a verla a esa hora, aunque sí que en el último tiempo pedía verla o tenerla a su lado frecuentemente para palear las horas que pasaban separados antes de la noche y de la…intimidad. Tan pronto como las doncellas de su esposa se retiraron y cerraron las puertas tras de sí, y sabiendo que nadie habría de importunarlos, Sasuke dio rienda suelta a sus deseos, eliminando cuanto antes toda distancia entre su esposa y él, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y devorando desesperadamente sus labios, ya no era suficiente tenerla a su lado en las reuniones políticas, en las cenas, los bailes y demás, la necesitaba a su lado a cada momento y de todas las formas que ello implicaba, ella lo volvía completamente loco, lo tenía en la palma de su mano. Sorprendida por tan placentero arrebato, soltando una ligera risa que murió contra los labios de Sasuke, Sakura se abstuvo de entonar los ojos, sintiendo como los guiaba a ambos hacia su habitación, ¿no bastaban las cinco veces que lo hacían durante la noche? La verdad es que a ella también se le hacían escasas.

—Sasuke, estaos quieto, por el amor de Dios, es de día— reprendió Sakura con una irrefrenable sonrisa.

—No hay nada malo en lo que hacemos— obvió Sasuke encogiéndose de hombros, —¿vos podéis esperar a la noche?— el deseo que sentía por ella no podía esperar.

—No, os necesito ahora— afirmó ella, incapaz de negar lo que su propio cuerpo sentía.

Complacido con esa respuesta que tanto anhelaba escuchar, Sasuke cargó sorpresivamente en brazos a Sakura, que solo tuvo tiempo de envolver sus brazos alrededor de su cuello para asirse de él mientras se dirigían hacia su habitación privada, sin molestarse en cerrar las puertas—pues estaban solos—tras de sí, dirigiéndose hacia la cama sobre la cual recostó cuidadosamente a su esposa, encontrando su mirada con la suya al apoyar su peso en sus brazos y no aplastarla. Sakura observó el rostro de Sasuke con una ligera sonrisa, el pudor y la vergüenza habían quedado atrás hace ya tiempo, ¿qué habría de reservarse? Sasuke era su esposo y ella su esposa, no había más noble deber que hacerlo feliz y viceversa, ni más dulce; mas frunció el ceño cuando en lugar de besar sus labios, Sasuke descendió sin previo aviso, deslizando sus labios hacia su cuello, hacia su escote y más abajo, alzando la falda de su vestido para exponer sus muslos pero no de la forma usual, abriendo suavemente sus piernas para contemplar su feminidad y haciendo que ella se sonrojara, pero ni siquiera pudo protestar o preguntarle que iba a hacer, porque Sasuke ya se encontraba entre sus piernas, acomodándolas sobre sus hombros y pronto sus labios devoraron aquella parte de su anatomía con idéntico fervor con que degustaban sus labios, ante lo que Sakura no pudo contener los gemidos de placer que no tardaron de abandonar sus labios, arqueándose sobre la cama.

Sakura apretó las sabanas bajo su cuerpo mientras se arqueaba, sintiendo un placer como no había imaginado hasta ahora, sintiendo la lengua de Sasuke penetrar en su interior, usando sus brazos para intentar erguirse solo para ver a Sasuke enteramente dedicado a darle placer, un placer que no hacía más que aumentar, obligándola a volver a recostarse sobre la cama, alargando sus manos hacia el cabello de Sasuke, guiándolo hacia su interior y rogando por más. Aunque no alzó la mirada para estudiar el rostro de Sakura, saboreándola con deleite y sin prisa, Sasuke no pudo contener un gruñido al sentir las manos de ella sobre su cabello, estimulándolo, no creyendo que sentiría placer semejante solo por hacer feliz a su esposa. Echando la cabeza hacia atrás y gimiendo sin disimulo, Sakura no supo que la estremeció más, si el sentir de la lengua o la respiración de Sasuke contra su feminidad o sentir sus manos amasar sus pechos aun a través del ceñido corsé del vestido, apretando sus piernas sobre sus hombros, haciendo que María se mordiera el labio inferior para no gritar, hundiendo aún más sus manos en aquella maraña de cabellos azabaches y acercándolo hacia sí, dejando escapar un profundo gemido desde el fondo de su garganta. Presto al cambio de tono en los gemidos de su esposa, Sasuke le separó más las piernas, deslizando uno de sus dedos en su estrecho interior y siendo recompensado con más de esos gemidos y casi gritos de éxtasis…Sakura estaba cerca, lo sabía y quería escucharla.

En vano—pues en el fondo sabía que no tenía sentido—, sintiendo que todo su cuerpo se estremecía y como aquel agudo placer aumentaba hasta un punto insoportable, Sakura echó la cabeza hacia atrás y gritó como nunca antes lo había hecho el nombre de Sasuke al sentir el clímax y sus oleadas extenderse sin parar dentro de su cuerpo, pero sin sentir que Sasuke detuviera sus atenciones, prolongando el placer de tal manera que Sakura juraría que sintió un segundo orgasmo a los pocos segundos después…aunque francamente en ese punto ya nada le sorprendía. Al alzar la mirada para contemplar la reacción de Sakura y cuyos gemidos de placer lo habían obnubilado, Sasuke se asustó al ver lágrimas deslizarse por las mejillas de su esposa, dándose prisa en soltar sus piernas y recostarse sobre ella, acariciándole la mejilla y secando sus lágrimas, ¿lo qué había hecho no había sido de su agrado? Solo había seguido un consejo que había oído de su cuñado Arsen—esposo de su hermana Emi—, de haber sabido que no le provocaría placer no lo hubiese hecho. Aunque sintiera que el corazón le iba a estallar de alegría, Sakura por poco y esbozó una sonrisa cuando Sasuke acunó su rostro entre sus manos, tenía los ojos brillantes de deseo y el cabello revuelto, y se relamió los labios sin darse cuenta; se veía tan feliz como cuando eran uno solo, ¿y solo por darle placer a ella? Dios…¿dónde había aprendido a hacer eso?

—¿Qué ocurre?, ¿os lastime?— preguntó Sasuke cuanto antes, angustiado de ser así.

—No...— sosegó Sakura con una ligera sonrisa, —es solo que jamás imagine que sería tan dichosa— la voz se le quebró al hablar, porque tanta felicidad la superaba.

—Si vos sois feliz, yo también lo soy— garantizó el, sin apartar sus ojos de los de Sakura. Alargó una de sus manos para encontrarla con la suya y guiarla hacia su pecho, sobre su corazón. —¿Sentís? Late por vos— aún no estaba seguro de si podía decirle que la amaba, pero si podía y quería demostrárselo a su manera.

No tenía del todo claro lo que sentía por Sakura, quería decirle te amo, pero ¿y si no sentía eso por ella? Lo último que quería era mentirle o decir esas palabras solo por cumplir, y Sakura lo entendió, sonriéndole para tranquilizarlo, lo único importante era que estaban juntos en su propio Edén, nada era más importante, eso y la concepción de un heredero, labor que no podían olvidar; ya sentía que su cuerpo lo deseaba de nuevo, en su plenitud, a pesar de haber sido arrasada por un torrente de placer gracias a él hace solo unos minutos, y podía sentir que él también la deseaba a ella, sonriéndole radiante de alegría y viendo como pegaba su frente a la suya, ¿por qué esperar? La repuesta llegó con un nuevo beso, en medio del cual Sakura sintió como la lengua de Sasuke rozaba contra sus labios, pidiendo un acceso que ella no pudo negarle, encontrando un sabor nuevo y cuyo origen advirtió de inmediato, sonriendo para si en medio del beso. Sin romper el beso y recargando su peso en uno de sus brazos al costado del rostro de Sakura, Sasuke se desabrochó los pantalones y guio su miembro hacia su interior, ambos rompiendo brevemente el beso para soltar un ronco y suave gemido respectivamente, encontrando sus miradas cargadas de placer antes de fundirse en un nuevo beso; Dios...cuanto veneraba y deseaba a esta mujer, no podía ni jamás podría tener suficiente de ella, y era una afirmación irrefutable.

Tras dejar pasar un efímero instante para que ambos se acostumbrasen y disfrutaran de la sensación de volver a ser uno solo, Sasuke comenzó a moverse, retirándose para volver a penetrar en el interior de su esposa, que gimió al arquear sus caderas y hacerlas coincidir con sus embestidas, encontrando sus labios con los de Sakura mientras se sujetaba de sus hombros, y él afianzó ambas manos a las caderas de su esposa, haciendo que el contacto entre ambos fuera absoluto, salvo por la ropa que aún conservaban y que en nada los afectaba. A Sasuke no dejaba de sorprenderle la insólita habilidad que tenía su esposa para parecer la dama más admirable y regia a ojos de todos en la corte, por eso siempre la quería a su lado…pero en privado estaba seguro de que no existía mujer tan erótica, apasionada y sensual, cual sirena; su alma gemela, su todo en el mundo. Esta vez y aunque fuera de día, ambos se tomaron su tiempo, entregándose el uno al otro con lentitud, sin prisas, disfrutando del sentir del otro, alma con alma, Sakura envolviendo sus brazos alrededor de su cuello en medio del beso, y deslizando sus manos por sus hombros y espalda, arañándolo a través de la ropa, en tanto Sasuke amasaba sus pechos a través del ceñido corsé de su vestido y que deseó romper con el único fin de contemplar su belleza, enredando sus manos en sus largos cabellos rosados mientras profundizaba el beso, ambos avocados y centrados únicamente en sentir cada parte del otro…


Tres Meses Después/Mayo de 1501

Los días en la corte portuguesa pasaban en una sucesión inmutable de fiestas y celebraciones, no había motivos para no estar menos que feliz cada día, el reino prosperaba, su rey tenía ideas de modernizar la ciudad y hacer de ella la nueva Roma; estaba reunido en ese momento con los arquitectos estudiando que modelos o estilos de construcción emplear para un nuevo palacio que tenía en mente y un monasterio, planos que Sakura había visto junto con las cartas de navegación que les había compartido el propio Hayate Gekko a quien había tenido el honor de conocer…su amado Edén resplandecía más cada día. Reunida a solas con sus doncellas en su primer momento libre de visitas durante aquel día, la reina Sakura portaba un elegante vestido de seda dorada—debajo una enagua color mantequilla con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas para finalizar en cortos holanes—, perfectamente ceñido a su figura cuya esbeltez resaltaba por un fajín mantequilla, como las hombreras, que continuaban en mangas ceñidas hasta las muñecas, abiertas a la altura de los codos, falda superior abierta en A bajo el vientre—rebelando una falda inferior color rosa suave—, y su largo cabello rosado estaba recogido en una coleta trenzada que caía tras su espalda, adornada por un tocado portugués de seda dorada, con una guirnalda de perlas alrededor de su cuello y de la que pendían dos letras S, y aretes de oro en forma de corazón decorados por lágrimas de perlas, absolutamente hermosa.

—Alteza— una desconocida voz masculina hizo que la reina volviera la mirada por sobre su hombro, encontrándose con un hombre desconocido. —Es un placer conoceros— saludó, bajando la cabeza con respeto ante ella.

—¿Quién sois vos?— interrogó Sakura, sorprendida porque se hubiera atrevido a presentarse ante ella sin permiso.

—Es Dan Kato, el físico que os recomendé, Alteza— dio a saber Moegi, atrapando la atención de su reina. —Creí que era un buen momento, y le hecho llamar— sabía que su reina estaba comenzando a preocuparse por sus problemas para concebir.

—Agradezco vuestro interés, Moegi, pero no deberíais haber actuado sin mi permiso— recordó la Haruno, no queriendo airear esos temas tan delicados.

—La reina no ha de ponerse en manos de cualquiera— secundó Karin, no sabiendo sin confiar en aquel dichoso físico.

—Decid, Alteza, ¿tenéis problema para quedar preñada?— cuestionó Dan directamente, no queriendo irse con rodeos.

Hasta ese punto de su vida, habiendo presenciado toda clase de cosas, Sakura se había enfrentado a pruebas muy duras y circunstancias que la habían llevado al límite, pero nunca nada ni nadie la ofendió tanto como en ese momento, observando con furia e indignación a aquel físico llamado Dan Kato, ¿había oído bien lo que le había dicho?, ¿qué si tenía problemas para quedar preñada?, ¿acaso era un animal que comprar o vender? Nadie jamás le había hablado de ese modo, y lo habría echado a rastras de la habitación si no fuera educada...y si en el fondo no necesitase de los servicios de un físico. Faltaban cinco meses para que se cumpliera un año desde su matrimonio con Sasuke y todo continuaba siendo muy placentero, pero por más que Sakura compartiese sin falta la cama con él cada noche—excepto durante sus cursos mensuales, y aun así dormían en la misma cama—, no había podido quedar embarazada, ¿la razón? No tenía idea, su hermana Takara se había quedado embarazada a los pocos meses de casada con Sasuke, y a Hinata le había tomado medio año de estar casada con Naruto, ¿acaso había algún problema con ella? No, se dijo Sakura, sin considerar esa posibilidad, pues provenía de un linaje sumamente fértil al igual que Sasuke, quien había tenido un hijo en el pasado; pero lo cierto es que si la corte no la había presionado hasta ahora, si lo haría en algún momento.

—¿Cómo osáis hablarme así?— increpó Sakura, levantándose de su siento y enfrentándolo con furia.

—Si os han recomendado mis tratamientos, será sin duda para que os ayude a concebir, es mi mejor talento como físico— se defendió el Kato con buen ánimo.

—Y ¿creéis poder ayudarme?— preguntó la Haruno, sin dar a entender que confiara del todo en él.

—Por supuesto— garantizó el físico, viendo como la reina relajaba su postura y asentía para permitirle hablar y probar lo que decía. —Decid, Alteza, ¿vuestros cursos son regulares o irregulares?— consultó, necesitando saber tan crucial detalle.

—Algo irregulares, pero sangro sin falta cada mes— contestó ella, tragándose su vergüenza por hablar ese tema con alguien que no fuera su madre o sus doncellas.

—Eso es bueno— asintió él con una sonrisa, despejando una duda de su lista. —¿Creéis comer algo que pueda evitar que concibáis?— algunas hierbas evitaban el embarazo si se comían con o sin conocimiento.

—No que yo sepa, y mi madre solía cuidar muy bien de mis hermanas y de mí, en Castilla— mencionó Sakura, comenzando a creerle por la seriedad con que hablaba.

—En ese caso, solo queda algo que hacer, ¿me permitís examinaros?— consultó Dan, haciendo que la reina frunciera el ceño con desconfianza. —Sera para despejar toda duda de que vuestro claustro materno no presente complicaciones— lo hacía con todas sus pacientes para resolver dudas de naturaleza física.

—Esperad fuera, necesito cambiarme— respondió la reina únicamente, pues no perdía nada con intentar.

Conforme, pues la reina no se había negado a que él la examinara, y estudiara a fondo la o las razones que le habían impedido concebir hasta ahora, Dan Kato reverenció a la bella soberana y abandonó en silencio sus aposentos para esperar fuera de las puertas, en tanto Sakura dejaba libre un suspiro y se masajeaba las sienes; ¿en qué me metí? Se preguntó, pensando solo en el bien de Portugal y en cuan necesario era un heredero, si ella tenía problemas para tener hijos era mejor saberlo cuanto antes, el rey necesitaba un heredero y ella no quería ser un bache en el camino para que Portugal alcanzara la gloria que tanto buscaba Sasuke. Tan pronto como el presunto físico llamado Dan Kato abandonó los aposentos de la reina, comenzó una autentica disputa ideológica entre las doncellas de la soberana portuguesa, algunas reprendiendo a Moegi por actuar sin autorización y otras defendiéndola por haber pensado en el bienestar de su reina aunque de forma impetuosa, pero sin duda quien más protesto y alegó fue Karin, cuestionando una y otra vez a su amiga y reina si creía que esta decisión era sensata, a lo que Sakura contestó que , pidiendo que la ayudasen a cambiarse mientras se dirigía hacia su habitación privada. Siempre—lo quisiera aceptar o no, dado el pensamiento de la época—la responsabilidad de engendrar un hijo y sano seria de la madre, incluido si era varón o no, y ella no había llegado tan lejos para fallar.

Lo haría por Sasuke, por Portugal, y por Castilla y Aragón.


—Aun estáis a tiempo de echaros atrás, mi señora— recordó Karin, dirigiendo una mirada a su soberana.

—Hacedle pasar— contestó Sakura, infundiéndose el máxime valor posible para lo que ocurriría.

No había llegado hasta este punto porque realmente deseara que un físico la examinara, pero el punto en cuestión es que era necesario si quería seguir intentando tener hijos con Sasuke, por lo que no acepto replica alguna de parte de Karin, que indicó con la mirada a Temari y Hanabi que dejaran pasar al dichoso físico. Para la ocasión, la reina de Portugal había elegido uno de sus camisones menos halagadores; de gasa blanca, cuello alto y redondo que cubría holgadamente su figura, larga falda hasta los tobillos y con mangas que se ceñían en las muñecas y finalizaban en cortos holanes, con sus largos cabellos rosados cayendo tras su espalda. Era el tipo de camisón que usaba cuando estaba en sus cursos mensuales y no quería provocarle nada a Sasuke—aunque eso no daba resultado, podía usar su ropa menos halagadora y él la deseaba de igual forma—, justo lo que necesitaba ahora, aproximándose a su cama y metiéndose debajo de las sabanas en espera a que el físico procediera. Cargando con su botiquín y arsenal—acompañado por Tenten y Moegi que trajeron una jarra de agua y un recipiente que dejaron sobre el escritorio—ya ataviado en su uniforme de físico color negro y blanco que cubría sus ropas, Dan dirigió una amable sonrisa a la reina a quien vio recostada sobre la cama, sin señal de que tuviera miedo o estuviera nerviosa, algo admirable ya que él había atendido a otras personas que a los pocos instantes estaban gritando sin haberles hecho nada aun.

—Os noto muy dispuesta, Alteza— celebró Dan, admirando la templanza de su soberana.

—Nada es más importante que engendrar al heredero que el rey necesita— contestó Sakura, enteramente concentrada en su labor de reina.

—Me alegra saber de vuestra entrega al reino— reconoció él, dándose cuenta de que bajo de su fachada de mujer seria reposaba un alma evocada a su deber.

Sakura había conocido a físicos, en su infancia su madre había tenido a su servicio a un judío de nombre Reto Sunagakure, un gran profesional a quien Sakura recordaba con afecto…hasta que el pobre había partido de Granada tras la expulsión de los judíos, no queriendo traicionar a los suyos, lo que era perfectamente loable para ella, y por lo mismo albergaba buenos recuerdos del hombre que la había examinado en su infancia, cuando había cundido la amenaza de la Peste; esperaba que este desconocido llamado Dan pudiera ser su hombre de confianza justo como Reto lo había sido para su madre la reina Seina. Intuyendo el miedo de su soberana, aunque no lo demostrara, Moegi—quien había hecho llamar al físico— se situó a su diestra, tomándola de la mano y prometiéndole con una mirada que se quedaría a su lado y velaría por su seguridad, recibiendo a cambio una ligera sonrisa de su soberana como agradecimiento. Recelosa, vigilando al dichoso físico y custodiando la seguridad y bienestar de su amiga y reina, Karin se mantuvo con las manos cruzadas a la altura de su vientre y examino hacia donde lord Dan dispuso su instrumental de trabajo, sobre el escritorio de la reina, abriendo un estuche cargado de objetos de aspecto filoso y que a ella le parecieron terroríficos, ¿con esos artefactos pretendía examinar a su reina?, ¿y si la hería?

—¿Qué sois?, ¿un físico o un matarife?— cuestionó Karin, tensa como un arco y casi paranoica.

—No os preocupéis, asustan más que daño causan— sosegó Dan, mientras extraía un pequeño frasco de su botiquín.

—¿Y ese brebaje?, ¿qué yerbas son?— interrogó la Uzumaki, sin dejar pasar nada por alto.

—Así me va a ser difícil conservar el pulso, Alteza— consideró el físico en voz alta, conteniéndose para no reír.

—Karin, esperad fuera— solicitó Sakura, conociendo el carácter de su amiga y que se negó a moverse. —Por favor— insistió, hablándole como amiga y no como reina.

Conociendo a Karin y lo buena amiga que era, así como una persona que frecuentemente realizaba pregunta tras pregunta cuando no entendía algo, era imposible para Sakura pedirle que se quedase ahí con ella y solo observando lo que ocurría, por ello le dio dispensa de retirarse y lo que la Uzumaki acató a regañadientes, abandonando la habitación y dirigiéndole una última mirada lacónica al físico, pero permaneciendo en la estancia contigua. Hablando honestamente, Dan no supo si reír o sentirse honrado, ¿en serio inspiraba tanto miedo o desconfianza su persona y el arsenal que empleaba en su trabajo? Pues era la primera vez que una dama reaccionaba así, y le resulto hilarante; la reina tenía a mujeres con tanto temperamento como ella a su servicio, y le sorprendía que la corte no comentara tanto su carácter como su belleza. No queriendo tener a nadie presente por obligación, Sakura también dispensó de quedarse a las doncellas que no quisieran estar presentes, quedándose con Moegi a su diestra y sosteniendo su mano, además de Temari y Tenten que permanecieron de pie en el umbral de la habitación, vigilantes como halcones, observando tanto al físico como a su reina. Listo para proceder, Dan se aproximó a la cama, tendiendo a la reina el pequeño frasco que contenía la dormidera que emplearía en su examen y que la reina observó con curiosidad y desconfianza.

—Bebed esto, Alteza, os relajara y evitara toda vergüenza— indicó Dan, pero dándose cuenta de la duda en los ojos de su reina. —Así mantendréis vuestra dignidad, y vuestra doncella lo garantizara— normalmente una reina no se sometía a transes como ese.

—Os lo juro, mi señora, nada os sucederá mientras yo esté aquí— se comprometió Moegi, inamovible en su sitio.

Ella había llevado a su reina a esto con el único propósito de ayudarla y despejar toda duda de si podía tener hijos o no, y prometía honrar su confianza, estrechando su mano derecha y prometiéndole que estaría ahí hasta el final, lo que Sakura tomó como un impulso, destapando el pequeño frasco y bebiendo de un trago el contenido, devolviéndole el recipiente al físico, sintiendo nauseas ante el sabor contra su lengua, pero que curiosamente dejó de parecerle importante con el pasar de los segundos; Sakura comenzó a asustarse cuando sintió que las cosas a su alrededor comenzaban a dar vuelta, ¿qué le estaba pasando? Moegi volvió la mirada con preocupación hacia el físico, pero Dan negó en silencio para tranquilizarla, pues era necesario dormir a la reina, nadie se sometería a ese procedimiento consciente, sería demasiado incómodo y él prefería evitarle cualquier mal rato…cuando Sakura volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que todo había pasado, el físico Dan Kato estaba lavándose las manos ante su escritorio en el recipiente con agua en que Tenten vertió el contenido de la jarra sobre el mismo, mientras que Temari le tendía una toalla; pidiendo el permiso de su reina, Moegi le soltó la mano y se aproximó al escritorio para llevarse el recipiente con agua ahora que el procedimiento había terminado. Sakura estaba sorprendida, no había sentido nada, no recordaba nada; la verdad es que Dan Kato era un gran físico.

—Sois muy hábil— felicitó Sakura, carraspeando para aclararse la garganta. —Gracias— había pensado que todo sería peor, y ni siquiera recordaba nada. —¿Habéis encontrado algún problema?— indagó, casi habiendo olvidado el propósito del examen.

—En absoluto, Alteza, vuestro cuerpo es idóneo para concebir— determinó Dan con una sonrisa. —Si no lo habéis hecho ya, ha sido por voluntad de Dios, pero tenéis todo lo necesario para lograrlo— joven, activa, casada y fértil. —Sufrís de una dolencia en los pechos, según me han dicho vuestras doncellas, pero sanareis muy pronto, les he explicado cómo preparar unas tizanas especiales— mencionó, sorprendiendo a Sakura que se había olvidado del reciente mal que la aquejaba. —Os aseguro que, si ponéis tanto empeño en vuestro matrimonio, como en vuestros deberes como reina, tendréis un hijo en brazos más pronto de lo que os imagináis— toda la corte hablaba de ello, y era fácil saber que pronto habría un hijo en camino.

Su joven reina era—valga la redundancia—joven, estaba próxima a cumplir diecinueve años, pero si de una futura maternidad se trataba, tenía una anatomía más que adecuada; caderas anchas—no en exceso, solo lo necesario—muslos firmes por montar a caballo según habían dicho sus doncellas, se alimentaba bien y era una mujer activa, con una salud estable y antecedentes familiares de alta fecundidad, por lo que era evidente que no tenía problemas para concebir, además y como se cotilleaba por toda la corte, su vida íntima era muy frecuente y apasionada…quizás las presiones emocionales la habían superado y su propio cuerpo necesitase estabilidad y relajación para albergar vida, pero no más. Aun recostada sobre la cama, pero sintiéndose infinitamente tranquila, Sakura cerró los ojos por un momento y se dio el lujo de respirar profundamente; no tengo nada malo, se permitió reconocer, sintiendo que un peso se desvanecía de sus hombros, porque si un profesional se lo decía estaba claro que podría tener hijos, que podría cumplir con su deber, solo necesitaba tiempo y seguir intentándolo, lo que pondría en práctica esa misma noche. A su mente vino una frase del físico de su madre, Asuma Sarutobi; comprobado esta que yacer sin amar da menos fruto, ella amaba a Sasuke y sabía que él le tenía un profundo afecto, se lo había dicho, y era solo cuestión de tiempo para que un hijo creciera en su vientre…


El alma de una persona alcanzaba la verdadera paz y felicidad no con frivolidades, placeres mundanos o bienes materiales, sino a través de verdaderos actos de amor y bondad para con sus semejantes, con aquellos que eran pobres de cuerpo o bienes pero ricos de espíritu, por lo que la reina Sakura dispuso abandonar el castillo y dirigirse a la ciudad de Lisboa en su carruaje, dejándose acompañar solo por tres de sus doncellas de mayor confianza; Karin, Temari y Moegi. Quería conocer en profundidad a su pueblo, y no era la primera vez que abandonaba el castillo para visitar la ciudad, ya muchas veces—casi sin falta una vez al mes—asistía a la iglesia más modesta de la ciudad y rezaba de rodillas ante el altar, recibiendo la sagrada comunión y dejando una generosa limosna para que los sacerdotes que atendían la casa de Dios alimentasen a los pobres y a tantos como pudieran, y además destinaba grandes sumas de su tesorería personal—cortesía de su amado Sasuke—a las madres y los huérfanos, pero esta vez deseaba conocer personalmente las necesidades de su pueblo. Había vivido en Castilla, en la opulencia y como hija de reyes, pero en nada era ajena al sufrimiento de los más pobres, su madre siempre había hecho que sus hermanas y ella pensaran en los más desfavorecidos y necesitados al menos una vez al día, y no había olvidado en absoluto sus enseñanzas ahora que estaba en Portugal.

—Alto, parad el coche— ordenó Sakura, habiendo encontrando el lugar indicado.

Con diferencia, las calles de Lisboa sin duda eran más luminosas y frescas que las de Castilla, el aire marino de la costa colindante limpiaba el ambiente y fue maravillosamente grato para Sakura descender del carruaje, seguida de cerca por sus leales doncellas, siendo observada con curiosidad por aquellos que la vieron, pero que no la reconocieron. Para pasar desapercibida, la reina portaba un sencillo vestido de seda roja—debajo una enagua blanca de cuello alto y en V, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas formando holanes—, entallado a su figura por el estrecho corsé, con una falda inferior decorada por cinco líneas horizontales color cobrizo y falda superior lisa, con mangas con idénticos bordados que se ceñían hasta las muñecas y se abrían a la altura de los codos, y sobre su vestido una capa de seda marrón oscuro con detalles cobrizos, anudada sobre su escote y con capucha tras su espalda, rebelando su brillante cabello rosado recogido en una coleta peinada por una rejilla color cobrizo, haciendo destacar unos largos pendientes de oro en forma de rombo con un rubí en el centro. No era la dama más ricamente vestida que los portugueses habían visto, pero la gente humilde y de a pie se detuvo para verla, murmurando entre si y preguntándose si era o no quien creían, recibiendo sonrisas amables de parte de la reina Sakura que recorrió tranquilamente las calles.

—Mi señora, deberíamos haber traído guardias— acotó Temari, no sabiendo si aquel era un lugar seguro.

—¿Y por qué?— cuestionó Sakura, volviendo brevemente la mirada por sobre su hombro. —Este es mi pueblo, y quiero conocer sus necesidades— ese era su principal deber. Sorprendida, Sakura se detuvo al ver a un hombre alto y corpulento transitaba por la misma calle de ella. —Perdonadme— se disculpó cortésmente, haciéndose a un lado para permitirle pasar, continuando con su camino con toda su gracia y encanto.

—Pero, mi señora, arruinareis vuestro vestido— advirtió Karin, caminando tras ella y señalando el suelo cubierto de tierra y en algunos puntos de lodo y Dios sabe que más.

—Tengo más, Karin, ellos no— recordó la Haruno, incapaz de pensar en esas frivolidades.

Tenía un armario repleto de vestidos que las modistas le confeccionaban cada mes, con brocados de plata, armiño y pieles, con joyas incrustadas y de la seda más fina…pero esta gente, su pueblo, no tenían casi nada salvo la ropa desgastada que ya llevaban, y zapatos rotos, ni siquiera juguetes, por lo que María ni siquiera se molestó en sujetarse la falda del vestido al caminar, ¿qué importaba si su ropa se ensuciaba? Era un precio menor y que ella pagaba gustosa, manteniendo la frente en alto mientras transitaba las calles que había conocido en sus viajes a caballo o en el carruaje, sabiendo a donde se dirigía. Las casas en su camino eran sencillas, de dos pisos y en que ella sabía no vivía solo una familia sino múltiples, sintiendo un dolor en el pecho al imaginar cuanto necesitarían, ella había vendido para ayudar a tantos como pudiera, pero por ahora su principal objetivo fue una gran casona semejante a un monasterio pero que no era ningún un templo religioso, sino un gran orfanato para ayudar a los necesitados y que era asistido por monjas clarisas y sacerdotes de la orden franciscana, su confesor y amigo fray Jugo Otogakure le había hablado del lugar y ahora ella lo visitaba personalmente. En las puertas, una monja de aproximadamente treinta años se encontraba barriendo la entrada, tarareando por lo bajo cuando una figura de elegantes ropajes se detuvo ante ella y, a quien reconoció nada más verla.

—Alteza...— reverenció la religiosa, apenas y pudiendo creer que su reina se encontrase allí.

—¿Puedo pasar?— preguntó Sakura dulcemente y con una sonrisa, —quisiera conocer a los niños— acotó, volviendo la mirada hacia sus doncellas que cargaba tres cestos repletos de ropa, juguetes y comida.

Demasiado sorprendida como para negarse, la religiosa se hizo a un lado con una reverencia para permitirle a su reina pasar junto a ella, ingresando con la frente en alto y una sonrisa, observando con ojos críticos cada parte de la estructura, pensando en que podía hacer para mejorar el lugar, partiendo por el generoso donativo que brindaría tan pronto regresara al castillo y que saldría de su propio bolsillo, para hacer buenas obras no necesitaba pedir dinero a Sasuke, sus rentas como reina eran más que suficientes…aunque mentiría si dijera que a veces no se tornaban escasas por todos los donativos que hacía a diversas instituciones, incluido un albergue, una escuela y un hospital que estaba patrocinando. Un tanto más tranquilas al encontrarse bajo techo y no en la incertidumbre de las calles apelotonadas de gente y donde ellas—que provenían de la aristocracia—no conocían a nadie, Karin, Temari y Moegi, ingresaron en el orfanato cargando cada una un cesto con los presentes y donativos que su reina había traído para los niños. Sorprendida por la llegada de la reina Sakura, que se había ganado el amor del pueblo portugués con su corazón bondadoso y su generosidad para con los más necesitados, la religiosa se persignó con lágrimas en los ojos, saliendo de su estupor y apresurándose en seguir a su soberna.

Un alma tan generosa debía ser admirada.


En Sakura siempre habían quedado muy marcadas las enseñanzas de su madre; las visitas a orfanatos y hospicios siendo una niña de menos de diez años, y en que durante cada navidad elegía sus juguetes preferidos y los donaba a los necesitados, así como sus ropas viejas y que apenas tenían dos o tres posturas, pues ella siempre trataba de donar cosas en perfecto estado, y a una edad temprana había aprendido a cocer ropa en persona, fabricando camisas, jubones, vestidos y pantalones que donaba a la caridad, misma actividad que había replicado tras su llegada a Portugal, pero deseaba hacer mucho más. Los más humildes no son distintos de los más encumbrados, si se les da una oportunidad y se les trata con el corazón abierto, ese era el proverbio de Sakura para llevar a cabo actos de caridad con la misma naturalidad con la que ejecutaba su papel de reina, por lo que tras observar y estudiar la estructura del orfanato en que vivían aquellos pequeños, se entrevistó con los religiosos y religiosas a cargo, y les solicitó que reunieran a los niños en el salón más grande, procediendo a hacer entrega de un cesto repleto de ropa nueva para cada niño o niña, y tras escucharlos gritar y chillar de emoción, la reina se arrodillo entre los pequeños, repartiendo pan y fruta con ayuda de sus leales doncellas Karin, Temari y Moegi, deleitándose con las sonrisas y el brillo en los ojos de tan adorables pequeños.

—Mi padre era soldado— contestó una pequeña niña de nombre Tami cuando la reina le pregunto sobre sus orígenes, —fue enviado lejos a una batalla, pero nunca regreso— la reina comprendió lo que ello implicaba, sintiendo profunda lastima.

—¿Y vuestra madre?— preguntó Sakura con voz suave, sin apartar la mirada de tan adorable pequeña.

—Murió al parirme— suspiró Tami, bajando la mirada al no poder recordar siquiera el rostro de su madre.

Al escuchar aquellas palabras, Sakura recordó a su fallecida hermana Takara en cuyo difícil parto había colaborado, había estado presente en sus últimos momentos y la había visto morir, había llorado durante días por ello, y había cuidado con amor y gran entrega de su hijo el pequeño Yosuke, a quien había llegado a amar como si fuera su propio hijo, y había llorado con idéntico pesar que si lo fuera su muerte repentina, y aún hoy lo recordaba con dolor y nostalgia, pensando en lo que podría haber sido. Sakura alzó la mirada hacia sus doncellas, asintiendo en silencio y permitiéndoles cargar el tercer y último cesto que quedaba y que contenía toda clase de juguetes que procedieron a entregar a los pequeños, tendiendo a la reina la figura de un soldado con espada; al igual que el pequeño Yosuke—Dios lo tuviera en su gloria—todos esos niños, que aceptaron los juguetes que sus doncellas les entregaron, necesitaban amor, afecto, protección y atención, esos pequeños niños y niñas ni siquiera recordaban a sus madre o a sus padres, ¿quién podía abandonarlos y descuidar su futuro? Ella no, esbozando una amable sonrisa al observar a la pequeña delante de ella y tendiéndole la figura de aquel valiente soldado; desde pequeña había aprendido que una mujer podía guerrear como cualquier hombre, su madre lo había hecho y estaba segura de que la pequeña Tami también podría, si era fuerte, valiente y bondadosa.

—Tami, vuestro padre murió creyendo firmemente en la causa por la que peleaba; era un héroe, hacen falta hombres con fuerza y voluntad en este mundo— reconoció Sakura, haciendo que la pequeña sonreír a la pequeña. —Mi padre es un soldado, y como él vela por mí, sé que el vuestro os cuida desde el cielo, Y quiero que, cuando veáis a este soldado, recordéis a vuestro padre, enorgulleciéndoos de él— entregó el juguete a Tami, quien lo recibió y observó con atención. —El deber de todos en este mundo es proteger al débil y velar por el bien, no lo olvidéis— el rico y el pobre tienen esto en común, a ambos los ha creado el señor; eso decía la biblia de los humanos.

Su padre el rey Pein era un hombre incomparable, de haber nacido hombre Sakura quería creer que habría seguido sus pasos y se habría convertido en un guerrero en los campos de batalla ya sea como general de un ejército o bien como un soldado más, habría puesto su granito de arena por el bien de Castilla y Aragón…pero dado que había nacido mujer, su deber era guerrear en la política y mantener la paz con su fuerza de voluntad, para eso se había casado con Sasuke, no solo porque lo amaba sino porque así sellaría la alianza entre los reinos de sus amados padres con la corona de Portugal cuando naciera un hijo suyo. Cada persona nacía con un propósito; algunos para batallar contra la injusticia, otros para pecar y aprender tardíamente del peso de sus errores, otros para gobernar, otros para ser humildes, ¿y ella? No lo sabía, le dejaba a Dios esa información, prefería vivir y no saber su propósito, solo asirse a lo que creía que era su deber y ser reina, como su amada madre la reina Seina a quien tanto admiraba. Sin desvanecer su sonrisa, Sakura acarició los cabellos castaños de Tami, inclinándose para besarla en la frente y recibiendo una luminosa sonrisa a cambio; la reina portuguesa desvió la mirada hacia el resto de los niños, observando que todos tenían casi la misma edad—salvo contadas excepciones—y le fue fácil comprender que debían haber perdido a sus padres de manera similar.

—¿Cuántos más aquí tenéis padres soldados?— preguntó Sakura, conteniendo un suspiro cuando más de la mitad de los niños alzaron sus manos en respuesta. —Todos debéis enorgulleceros de ellos, y de vuestras madres que murieron dándoos la vida o trabajando incansablemente, esperando que vosotros tuvierais un futuro mejor— aseguró, haciendo que los pequeños sonrieran ante sus palabras. —Como reina, os prometo que siempre velare por vosotros, por todos ustedes, tenéis mi palabra— ahora que sabía cuanto la necesitaban, no los desatendería nunca.

Espontáneamente, todos los niños se levantaron de sus lugares y se aproximaron para abrazar a la reina, lo que los religiosos y religiosas pretendieron evitar, pero Sakura alzó una de sus manos para impedírselos, abriendo los brazos y permitiendo que los niños la abrazaran, y ella a ellos, disfrutando plenamente de aquella sensación, teniendo tanto que dar y ellos tanto que recibir; a nadie nunca antes le había importado en demasía lo que ella hiciera, sus actos de caridad eran habituales en Castilla y pasaban desapercibidos, pero aquí lo que hacía tenia importancia y la motivaba a desear hacer más. Cuando los pequeños invitaron a la reina a quedarse y cenar con ellos, Sakura no pudo negarse aunque la comida fuera ligera; una sopa sencilla y té caliente, además de pan, pero que con tanta generosidad e inocencia significaba todo, obsequiándoles radiantes sonrisas a los pequeños y haciéndoles saber que todo cuanto hacían la complacía y honraba profundamente. Las horas pasaron rápidamente, Sakura jamás había pensado que un día lejos del castillo transcurriría aún más velozmente de lo que lo hacía en la corte y rodeada de los nobles ambiciosos y avariciosos, pero cargando en brazos a una pequeña que se abrazó afectuosamente a ella y tomando de la mano a un niño entusiasta que le daba un recorrido por el orfanato, en nada le extraño que estar rodeada de almas inocentes y corazones puros le proporcionara tanta felicidad le provocara quedarse para siempre.

—Acudid a mí si necesitáis algo de comer, para vestirlos o donde alojarlos— dio a saber la reina, volviendo la mirada hacia uno de los sacerdotes en su camino, —directamente a mí— insistió, dándole potestad de presentarse en la corte.

—Gracias, Alteza— reverenció el clérigo, profundamente honrado con su amabilidad.

Aunque agradecía la gran labor que los religiosos y religiosas estaban llevando a cabo, administrando aquel orfanato y velando por aquellos pequeños, Sakura se daba cuenta de que necesitaban mucha ayuda, y ella estaba más que feliz con proporcionárselas, lo pidieran o no, porque una buena acción no necesitaba otra recompensa que la sonrisa de un niño o una mirada alegre de aquel que recibía el amor que tanto merecía; Sakura no iba a culpar a los religiosos, que ya de por si hacían una gran obra de caridad protegiendo a esos niños, dándoles techo y alimento, eran huérfanos y no tenían a nadie, y ellos ya hacían todo cuanto podían para cuidarlos, pero desde ahora esos niños estarían también bajo su protección y con Dios como testigo que no les faltaría de nada. Los religiosos observaron en silencio a la reina Sakura, decir que se encontraban sorprendidos sería un eufemismo para los religiosos y religiosas presentes y que solo pudieron contemplar con admiración la amabilidad y generosidad de su reina, el pueblo ya la amaba desde su llegada y boda con el rey Sasuke hace ya casi un año, cuando ambos habían hecho de su boda una celebración para el reino entero, pero con tanta bondad fue difícil para los clérigos y monjas presentes no comparar a su reina con un ángel; solo hacía falta que tuviera una aureola y alas…


Pasar el día con los huérfanos había sido tan maravilloso para Sakura, que la sorprendió que ya estuviera anocheciendo cuando regresó al castillo, ahogando un bostezo dentro de su carruaje y como también hicieron sus doncellas, riendo por lo bajo entre sí; el día sin duda había sido agotador, pero había valido la pena y las sonrisas en sus rostros eran la prueba irrefutable. Tan pronto como el carruaje se detuvo a las puertas del castillo y la reina bajo de él, se despojó de la capa que había cubierto su vestido y que cargo bajo su brazo, ingresando en su hogar y transitando los pasillos con el digno andar de la reina que era, siendo reverenciada a su paso por los nobles leales que la admiraban y por aquellos que solo lo hacían por cumplir, pero ante quienes ella se mostró ecuánime y amable, siempre dedicando amables sonrisas y llamándolos por su nombre, porque los conocía a todos. Uno de los presentes la reverencio con excepcional respeto, un hombre vestido con el humilde habito de un religioso, de color negro y con un pequeño gorro sobre la cabeza, su confesor fray Jugo Otogakure, un gran hombre que no enaltecía su bondad y logros, y que la estaba ayudando tanto en la caridad que destinaba a los pobres, los huérfanos y las viudas, e incluso más; Sakura estaba comenzando a planear la fundación de un monasterio que atendiera a los más necesitados en Lisboa, y él era su principal asesor y consejero.

—Fray Jugo— saludó Sakura, inclinando la cabeza con respeto nada más verlo.

—Alteza— reverenció respetuosamente el clérigo, siguiéndola en su camino. —Espero que vuestro día haya sido productivo— sabía a donde había ido su reina y la admiraba aún más por su generosidad y gran corazón.

—Muchísimo— sonrió la Haruno de solo recordar a los niños del orfanato, —espero poder compartir con vos todos los detalles, mañana— desearía hablar ahora, pero realmente se sentía cansada y todo cuanto deseaba hacer era irse a la cama.

—Acudiré a vos tan pronto me solicitéis— recordó el Otogakure, siempre marcando su presencia y haciéndole patente su amistad. —Que tengáis buenas noches, Alteza— deseó, reverenciándola respetuosamente para permitirle seguir su camino.

—Igualmente vos, Eminencia— asintió la reina, dedicándole una sonrisa a modo de temporal despedida.

Dedicándole de igual forma una sonrisa, fray Jugo continuó con su camino en la dirección contraria, era una persona muy querida para Sakura, le recordaba al amigo y confesor de su madre fray Asuma Sarutobi, cuyo fervor religioso mucho la había marcado a ella y a su fallecida hermana Takara, así como a su hermana Mirai; de él y de su madre la reina Seina había aprendido de la importancia de la piedad y caridad, visitando orfanatos y albergues para hacer regalos y donaciones a los necesitados o entregar limosnas, distribuyendo su ropa entre los sirvientes y donando las sobras de las fiestas a los hambrientos para que nada se desperdiciara. Cuando las puertas de su aposentos estuvieron ante ella, Sakura volvió la mirada hacia sus doncellas, despidiéndolas y permitirles retirarse a dormir, ella podría desvestirse sola, asintiendo cuando los guardias le abrieron las puertas y diciendo adiós a sus amigas cuando las puertas se cerraron tras de sí. Dirigiéndose hacia su habitación privada, Sakura se sorprendió gratamente al cruzar el umbral y encontrar a Sasuke esperándola, vistiendo un jubón gris con detalles azulados, de cuello redondo—debajo una holgada camisa de cuello redondo y mangas ceñidas en las muñecas—, cerrado por seis botones hasta la altura del abdomen, con mangas abullonadas y abiertas en los lados, faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro como sus botas, y pantalones negros, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado.

—Esto es un ultraje— se quejó Sakura con un falso tono dramático, ya que nadie debería entrar a sus aposentos sin su permiso.

—Lo que es un ultraje, es que llevéis tantas horas separada de mí— diferenció Sasuke con voz ronca, acercándose lentamente a su esposa, sin apartar sus ojos de ella.

—Una reina tiene grandes responsabilidades, mi señor— recordó la Haruno con perfecta inocencia. —Apenas tengo tiempo para mí— no había estado lejos de él por placer sino por su deber, justo como cuando él se separaba de ella durante el día.

—Espero entonces, que al menos podáis seguir concediéndome vuestras noches— suspiró el Uchiha con resignación, acunando delicadamente el rostro de su esposa.

—¿No se quejan vuestros consejeros de la atención que me prestáis?— preguntó Sakura con una pícara sonrisa. —Pensaran que estáis descuidando vuestras obligaciones— a veces él dejaba todo de lado solo para verla, o la llamaba a su lado.

—No tengo obligación más importante y dulce, que estar con vos— declaró Sasuke, acercando su rostro al de su esposa hasta sentir su suave respiración. —¿Os estáis cansando de mi compañía?— inquirió, temeroso de que la respuesta fuera .

—¿Cómo podría?— cuestionó Sakura, sosegando los temores de su esposo. —Os amo tanto— más que a su propia vida y nunca se cansaría de decírselo.

Si por ella fuera, se pasaría días enteros encerrada en esa habitación junto a Sasuke, no necesitaba nada más que estar entre sus brazos y saber lo mucho que él la veneraba y deseaba, eso y haciéndole sentir lo mucho que lo amaba más y más cada día, ¿quién no podría vivir solo del amor? Era lo más esplendoroso sobre la tierra; pleno con esa respuesta, que era justo lo que necesitaba escuchar, Sasuke envolvió sus brazos a la esbelta cintura de su esposa para acercarla hacia sí, habiéndola añorado a lo largo de todo el día, pegando su frente a la suya y sintiendo su dulce perfume que eliminaba todas sus preocupaciones. Aferrándose a los hombros de Sasuke, inspirando profundamente para dejarse envolver por su aroma, que le hacía tanta falta desde que se despedían por las mañanas hasta que volvían a verse, Sakura acercó su rostro al de su esposo para encontrar sus labios con los suyos, deseando más con ese simple roce y viceversa, lo sintió tan pronto como Sasuke la elevó del suelo y en respuesta ella envolvió sus piernas alrededor de sus caderas, sosteniéndose de sus hombros y sabiendo que él no la soltaría. Sakura dejó escapar una pequeña risa cuando Sasuke la arrojó sobre la cama, tendiéndose sobre ella de inmediato, buscando alzarle la falda del vestido, tantas horas separados le resultaban insoportables, ¿por qué debía pasar tiempo con sus asesores y no en compañía de su dulce y hermosa esposa?

Justo cuando Sasuke sentía que tenía su victoria, Sakura invirtió los papeles, usando su fuerza—y que lo sorprendió a más no poder—para hacerlo quedar bajo suyo y subirse a horcajadas a su regazo, desabrochándole rápidamente el jubón, sin encontrar resistencia por parte de Sasuke; aquella era una vista incomparable, tenerla a ella encima suyo, pero no podía pedirle que hicieran algo así, la iglesia tenía sus reglas incluso en el aspecto de la intimidad que compartía una pareja; el hombre arriba y la mujer abajo, era una norma. Sabiendo esto, pero queriendo variar un poco, Sakura se levantó de encima de Sasuke y retrocedió, bajando de la cama para llevarse las manos a la espalda y desanudar el ajustado calce de su vestido y el corsé bajo este, deslizando la tela por sobre su cuerpo y sin apartar sus ojos de los de Sasuke, que procedió a desvestirse cuanto antes para encontrarse en igualdad de condiciones. Una vez hecho esto, Sakura se encogió de hombros para que el camisón o enagua que le restaba se deslizara por su cuerpo y cayera a sus pies, regresando a la cama y recostándose sobre esta mientras Sasuke se situaba sobre ella, llevando una de sus manos a sus largos cabellos rosados para quitarle el broche y rejilla que mantenía su peinado en orden, no necesitaba nada de eso, para él era perfecta así como estaba, desnuda y con sus largos rizos cayendo sobre sus hombros, la representación misma de la belleza.

Incapaz de no sentirse casi como una diosa—pues Sasuke la hacía sentir como poco menos que un ángel caído del cielo—, Sakura envolvió sus brazos alrededor del cuello de Sasuke, acercando su rostro hacia el suyo para encontrar sus labios, recorriendo su boca con su lengua y viceversa, sintiendo el deseo avivarse en su interior, alargando una de sus manos hacia el abdomen de Sasuke hasta dar con su miembro y guiándolo hacia su interior, necesitando que la hiciese suya; desesperado por sentir cada centímetro de ella, Sasuke se mordió le labio inferior para ahogar un ronco gemido al hundirse en el estrecho interior de su esposa, escuchando a Sakura gemir bajo su cuerpo, pegando su frente a la suya y sin perder detalle de su rostro; si ella sentía placer, él también, y lo sellaron encontrando suavemente sus labios mientras Sasuke comenzaba a moverse. Sakura apretó con fuerza sus piernas alrededor de las caderas de Sasuke en medio del beso, encontrando su lengua con la suya, arañándole parcialmente el torso mientras deslizaba sus manos sobre su piel, delineando sus músculos, intentando aferrarse a su espalda mientras se arqueaba bajo su cuerpo, gimiendo con deleite y encontrando sus caderas contra las suyas, replicando el ritmo de sus embestidas, gimiendo más y más fuerte ante cada una, anhelando sentirlo profundamente en su interior y llegar hasta el final, ahora que sabía que cada intento significaba una esperanza de dar un heredero a Portugal, lo necesitaba y deseaba.

Como si pensara en lo mismo que ella, Sasuke afianzó su agarre en las caderas de Sakura, penetrando más profundamente en su interior al sentir el clímax cada vez más cerca, a lo que Sakura gimió sonoramente y le arañó la espalda, compartiendo el mismo sentimiento, echando la cabeza hacia atrás y gritando su nombre, escuchando a Sasuke gruñir el suyo contra el costado de su cuello, acabando juntos; siempre juntos. Usando sus brazos para sostener su peso y no desplomarse sobre su esposa, Sasuke no se retiró del interior de Sakura, sino que envolviendo sus brazos alrededor de ella se recostó sobre la cama, arrastrándola a ella sobre su torso para que se encontrase a horcajadas encima suyo, pero no para volver a entregarse a esas pasiones, para ello primero necesitaban recuperar el aliento, sino porque quería admirar cada parte de ella, venerándola y adorándola como siempre. Observando plácidamente el rostro de Sasuke, Sakura acarició su faz con una de sus manos, jugando con sus rebeldes cabellos azabaches mientras sentía las manos de él deslizarse de su rostro hacia su cuerpo, vagando por sus costados, amasando sus pechos y siguiendo el contorno de sus caderas, no con lujuria sino como si quisiera asegurarse de que ella era real, regresando sus manos al rostro de Sakura para enredarlas en sus sedosos rizos rosados y acercar su rostro al suyo en un nuevo beso, al que ella correspondió gustosamente.

La vida era maravillosa, juntos, siempre juntos.


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: La Sombra del Cuervo", nuevamente la "La Reina Olvidada" y "Reina de los Vampiros" lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (19 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (32 años)

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu

-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (18 años) -Temari Sabaku como Beatriz de Melo (30 años)

-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (20 años) -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval (25 años)

-Tenten Namiashi como Luisa de Peral (23 años) -Kakashi Hatake como Pedro Ochoa de Isasaga

-Dan Kato como Alonso Torres -Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (21 años) -Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (15 años)

-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Sai Yamanaka como Juan de Aragón

-Asuma Sarutobi como Hernando de Talavera -Reto Sunagakure como Lorenzo Badoz

-Hayate Gekko como Vasco da Gama -Hikaku Uchiha como Enrique IV de Castilla

Felicidad & Fertilidad: el capitulo abre con una fiesta en plena noche, pues se sabe por registros históricos de la gran algarabía y lujo que imperó en la corte desde que Manuel se caso con María y como ella llego a devolver la vida a Portugal con su boda, además el buen humor de nuestra protagonista se nota en la cata que escribe a su madre, relatándole lo feliz y dichosa que es, pasando solo momentos felices al lado de Sasuke, que siente mucha pasión y devoción por ella. Algo verdaderamente curioso al estudiar la vida de María de Aragón es que habiendo tenido una vida sexual tan apasionada con Manuel, le tomó casi un año entero quedarse embarazada, mientras que el resto de sus hermanas quedaron embarazadas de sus respectivos esposos a los pocos meses de casadas, por eso represente que se dejara tratar por un físico, porque de hecho si lo hizo aunque por una dolencia en los pechos que menciono y fue un hecho real. Como me he encargado de recalcar hasta ahora, no representare a Hinata como loca porque la verdadera Juana I de Castilla no lo estuvo, sino que todo fue una campaña en su contra y que continua explicando en los próximos capítulos, y la breve mención que hago a sus celos es históricamente exacta. La escena de Sakura en el orfanato es una de mis favoritas, me encanto crearla y refleja muy bien la personalidad de la verdadera María de Aragón y su corazón caritativo para con los pobres y los huérfanos, así como con las viudas.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3