-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "My Immortal" de JONBRO para Sakura, "Comatose" de Skillet para Sasuke, "Bring Me To Life" de Evanescence para el contexto del capitulo y "Nara" de E.S Posthumus para la escena final entre Sasuke y Sakura.
Julio de 1501
Habían transcurrido ya dos meses desde que la reina en secreto había comenzado a dejarse ver por el físico Dan Kato, primero para tratar la dolencia que la había aquejado en los pechos y ahora para hacerse revisar una vez por semana, sin lograr quedar embarazada pese a sus grandes esfuerzos; sin embargo los nobles, que no sabían de esto, no tenían nada que reprochar a su bella reina que era absolutamente perfecta, como en ese momento y reunida en los jardines del castillo en una exhibición de arquería. La reina Sakura portaba un elegante vestido de seda jade grisácea—debajo una enagua de escote redondo y bajo—que representaba el emblema de la familia Uchiha y cubría holgadamente su figura, de cuello alto y redondo que formaba un escote en V enmarcado por pasamanería dorada, falda inferior jade más claro y falda superior en A que se abría bajo el vientre, con mangas holgadas de paño de oro y arremangadas para exponer mangas ceñidas a las muñecas, color jade más claro con pasamanería dorada en los bordes, usando guantes color mantequilla para proteger sus manos, y un largo cinturón de cuentas doradas que caía hasta la altura de sus rodillas, a imagen de los hilos de oro que pendían de la boina color jade que reposaba sobre sus largos rizos rosados que caían tras su espalda. Tensando su arco, Sakura soltó la flecha que impacto velozmente en el centro del blanco a varios metros de ella, haciendo que los nobles la aplaudieran con admiración.
—Perfecto, Alteza— celebró Kai Ioska, siendo el primero en aplaudirle a su reina.
—Tenéis una gran puntería— coincidió el embajador Morino, prendado de la perfección de su soberana.
—Disculpad que pregunte, Alteza, pero ¿quién os enseño a disparar así?— preguntó educadamente C Kumogakure, Marqués de Vila Real.
—Mi madre adora la caza, desde pequeña en Arévalo, y mi padre es un soldado consumado— contestó Sakura con una ligera sonrisa. —De niña la caza era un juego para mí; aún lo es— acotó con una ligera sonrisa, haciendo reír a sus espectadores.
Nadie era mejor que su madre la reina Seina en la caza, quizás solo su padre el rey Pein y porque tenía más momentos libres en su día a día, y siendo la hija de dos apasionados por la equitación—su madre se había pasado embarazos enteros montando a caballo como si nada—y la caza, era normal que Sakura supiera desenvolverse a la perfección en ese ambiente, recibiendo otra flecha de parte de su leal amiga Temari y que tensó en su arco, apuntando directamente hacia el siguiente blanco a unos ocho metros de ella, había impuesto esa distancia ya que menos no haría del triunfo ningún reto. Desearía haber pasado el día junto a Sasuke, para él también la arquería y la caza eran deportes sumamente interesantes, en ocasiones podían pasarse casi una semana en los cotos de caza y recorriendo a caballo los lugares silvestres de la capital…pero últimamente Sasuke pasaba más y más tiempo reunido con sus asesores, y no por la situación política o la estabilidad del trono, había algo más…pero Sakura prefería no preguntar, si Sasuke quería compartir algo con ella, lo haría, ambos no se callaban nada. Con esa elegancia y maestría que tanto la caracterizaba en todo lo que hacía, Sakura acomodó su postura y cuando estuvo segura, soltó la flecha que impacto en el centro de su objetivo, haciéndola sonreír ladinamente y más cuando los nobles aplaudieron en respuesta, más que extasiados.
—¿Hay algo que no sepáis hacer, Alteza?— preguntó lord C, pues aquello era lo que todos pensaban.
—Hablar portugués— contestó Sakura con sorna, absteniéndose de reír como si hicieron los presentes.
Aquello sonaba como una broma, pero no lo era, no importa cuánto empeño pusiera Sakura en aprender el idioma de su reino, no lo conseguía, podía sostener conversaciones sencillas pero no aquellas que necesitaran un lenguaje más complejo, mas nadie la juzgaba por ello, es más, ya que no podía hablar su idioma, se fomentaba una multiculturalidad en la corte, mezclando matices de la corte castellana y matices de la tradicional corte portuguesa, toda una novedad. Curiosamente, una de las doncellas de la reina que no se encontraba presente en ese momento—cosa rara—era Karin Uzumaki, su camarera principal y que finalmente apareció en la entrada del jardín, sujetando la falda de su vestido para caminar más rápido, teniendo algo de suma importancia y absolutamente urgente que comentar a su reina y amiga. Portaba una bello vestido de seda rosa—debajo una enagua malva de escote cuadrado, con mangas holgadas que se ceñían en las muñeca—que se ceñía a su cuerpo, con escote cuadrado y el centro del corpiño forrado en seda violeta así como la falda inferior, decorada por cinco líneas horizontales de color rosa, y sus largos cabellos rojos caían tras su espalda, peinados por una diadema de oro y perlas que sostenía un broche en forma de rosa con un diamante a la altura de su frente, a juego con el collar alrededor de su cuello. Excusándose y separándose de sus espectadores con una sonrisa, Sakura se aproximó a su amiga, que llegó casi corriendo a su lado.
—¿Qué sucede, Karin?— preguntó Sakura, extrañada por la prolongada ausencia de su amiga.
—El señor Hozuki me envió con un mensaje para vos— dio a saber Karin, llevándose una mano al centro del pecho para recuperar el aliento. —Durante el consejo, el rey expuso su deseo de ir a la guerra contra los moros, en África— comunicó, más recuperada.
—¿Qué?— la Haruno sintió como si le dieran una patada en el estómago, —¿es cosa segura?— quería creer que había un error, Sasuke no podría haber decidido esto sin decirle nada, ¿cómo podría si nunca se guardaban secretos?
—No os lo diría de otro modo, mi señora— obvió la Uzumaki, hablando con conocimiento de lo que ello implicaba, —y no es la primera vez que el rey toca el tema— la reina encontró su mirada con la suya, sorprendida por aquella alusión pues ella no tenía conocimiento de nada de eso. —Sabéis lo que esto implica, si el rey va a la guerra ahora…— era su deber velar por el bienestar de su reina y amiga.
—Sin que yo lleve aun un hijo suyo en el vientre, ni existiendo otro heredero que asegure la sucesión, mi matrimonio habrá servido para nada— completó Sakura por ella, cubriéndose los labios con una de sus manos, angustiada por la sola idea.
Llevaba nueve meses casada, menos de un año y lo peor es que no estaba embarazada aún, si lo estuviera comprendería que Sasuke planeara una cruzada a donde fuera, porque tendría un heredero que se convertiría en rey si algo malo le sucedía a su esposo, que quizás esperaría al nacimiento para saber si era un varón o si debían continuar intentando…pero no, Sakura aún no estaba embarazada y la enfurecía descubrir esto, ¿realmente Sasuke había planeado todo a sus espaldas y sin decirle?, ¿cuántas noches habían compartido la misma cama en medio de este despropósito? Apretando su arco en su mano derecha, Sakura se contuvo para no romperlo ni gruñir como una leona enfurecida, llevándose en su lugar una mano a las sienes en un gesto contenido, queriendo creer que Sasuke solo estaba planeando aquello y que no iba a llevarlo a cabo, no ahora, no sin que tuvieran un hijo nacido y en sus brazos. La alianza no podía romperse ahora, si sucedía ella tendría que regresar a Castilla como su hermana Takara en su día; viuda, dolida y teniendo que entrar en un nuevo matrimonio con un hombre que dudaba fuera como Sasuke, ¿cómo es que él no pensaba en ello? Manteniéndose serena, Sakura volvió la mirada hacia sus agradables acompañantes, excusándose educadamente al decir que estaba cansada y necesitaba regresar al interior, inclinando la cabeza con respeto y abandonando el jardín en compañía de sus doncellas. Necesitaba hablar con su esposo…
Con la frente en alto y sin compañía, el rey Sasuke abandonó el salón del trono donde se había encontrado reunido largamente con sus asesores y hombres de mayor confianza, ahora que era poco más de medio día y tenía una ventana de tiempo, todo lo que quería hacer era dirigirse hacia los aposentos de su esposa y pasar tiempo con ella. El soberano portugués portaba una elegante jubón de terciopelo verde musgo—debajo una camisa de cuello alto y redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—de cuello redondo con un recorte de seda carmesí con bordados de oro hasta la mitad del pecho en caída en V, con mangas abullonadas que se ceñían desde los codos a las muñeca, y faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro como sus botas y pantalones verde oscuro, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre. Llevaba semanas e incluso meses planeando marchar sobre África y conquistar Marruecos, mermando las fuerzas de los musulmanes y turcos que eran casi vecinos suyos, quería luchar por la cristiandad y obtener una gran victoria para su reinado, porque ahora que tenía a Sakura a su lado y su reino estaba en paz, todo lo que quería era engrandecer a Portugal, no le había comentado nada a ella para no preocuparla pero era ya decisión tomada, y estaba seguro de que como buena esposa que era, ella acataría su voluntad.
—¿No será cierto?— interrogó una voz femenina a su espalda, haciendo que detuviera su andar.
Habían transcurrido muchas horas desde que Sasuke había visto por última vez a su esposa esa mañana, durante el desayuno, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa ladina nada más verla, prendado con su belleza y como de la cabeza a los pies le resultaba más hermosa cada vez que la veía, el brillo de sus ojos esmeralda, sus largos rizos rosados, su piel blanca como el alabastro y sedosa como la seda más fina eran una tentación para él, que se quedó observándola mientras la veía acercarse hasta él con andar cadencioso y elegante. Sabiendo el auténtico estado de animo de su señora, las doncellas de la reina—entre ellas Karin—se mantuvieron cinco pasos detrás de su soberana, siguiendo sus pasos cuando se situó a la diestra del rey Sasuke, caminando a su lado en su trayecto hacia donde él tuviera pensado dirigirse. Aunque en el fondo estuviera furiosa ante la sola idea de que Sasuke hubiera planeado ir a la guerra contra los moros sin decirle nada, Sakura no iba a entrar en cólera, necesitaba escuchar la verdad de sus labios y verlo a los ojos para saber que creer, pero quería asirse a la idea de que él sería incapaz de abandonarla y traicionarla, no ahora que su paz seguía siendo frágil, no ahora que tanto necesitaban un hijo que sellara la alianza entre Castilla, Aragón y Portugal, y que ellos representaban, se negaba a creer que él fuera a hacer algo así, sonriendo al volver su mirada para encontrarla con la suya.
—Dicen que albergáis la idea de marchar a África para conquistar a los moros; les he dicho que no es cierto— inició Sakura observando el rostro de su esposo, que desvió ligeramente la mirada, —que jamás seríais tan insensato como para arriesgar vuestra vida, que no partirías porque sabéis que aquí hacéis falta, en este reino que os quiere al mando, y a mí, a quien no condenarías a temer por vos— alegó, queriendo creer en que él no haría algo así. —¿Cómo va a marchar?, les digo— simulo una carcajada al decir esto, deteniendo su andar. —No, es imposible, me ha dado su palabra de permanecer a mi lado, y no hay orgullo ni ambición en este mundo que lo llevasen a faltar a su palabra— su esposo era ante todo un hombre de palabra y jamás rompía sus promesas.
Sasuke se reprendió interiormente, ¿cómo no había imaginado que de una u otra forma alguien acabaría comentando sus planes de ir a la guerra? Había sido ingenuo de su parte creer que Sakura permanecería ajena a sus planes secretos para siempre, era una mujer excepcionalmente inteligente y que ahora conocía a la perfección el proceder de la corte portuguesa, estaba claro que en un momento iba a descubrir lo que él había querido ocultarle, y lo peor es que ahora Sasuke no podía mirarla a los ojos y decirle que no iría a la guerra, no podía mentirle mirándola a los ojos, ¿qué hombre haría eso? Pero tampoco podía postergar sus planes de expansión para Portugal y que ya había tenido en mente al momento de casarse con Takara hace años atrás, solo que entonces no había podido concretarlos. Cuando comenzaron a pasar los segundos y Sasuke se mantuvo en silencio, sin responder nada y apartando la mirada, Sakura sintió un escalofrió en la nuca...no era ninguna mentira como ella había querido creer, Sasuke realmente había planeado abandonar Portugal e ir a la guerra a sus espaldas, sin decirle nada, haciéndola quedar como una tonta e hiriéndola en lo más profundo de su corazón, ¿por qué no le había dicho nada?, ¿dónde estaba su sinceridad?, ¿cómo había podido ser tan falso? Por primera vez tras su boda, Sakura pensó que su amor no era suficiente y deseo no amar a Sasuke como lo hacía.
—Por lo que veo en vuestros ojos, tal cosa no es mentira— comprendió Sakura en voz alta, recibiendo el silencio de su esposo como respuesta. —Sabed que los nobles se oponen a vuestra decisión, no solo yo— si el señor Hozuki la había informado, es porque no estaban de acuerdo con la decisión del rey. —Sasuke, por favor, entrad en razón— era un hombre juicioso e inteligente, debía comprender que estaba errando.
—Nos os involucréis en esto, es decisión tomada— protestó Sasuke, habiendo esperado mucho para decidir esto, —y ni vos ni nadie me hará cambiar de opinión— valoraba y respetaba a Sakura pero no retrocedería en esto, ni siquiera por ella.
—Sea— aceptó ella con voz fría, retrocediendo para alejarse de él. —Si marcháis de Portugal ahora, me perderéis, me considero viuda desde ahora— declaró con voz clara y sosteniéndole la mirada. —Cuando mis padres demanden que vuelva a Castilla, lo haré con gusto y me casaré con otro hombre, alguien que si me ame, no como vos— pudo ver la ira en los ojos de Sasuke, ofendido por su tono y sus palabras, pero no le importo. —Sois un traidor, lo fuisteis antes y lo sois ahora— acusó dolida, arrepentida de haber tenido que llegar hasta ahora para descubrir cómo era reamente.
Ella, siempre resuelta, compuesta y digna, ahora no tuvo reparos en decir aquellas palabras sin importar que hubieran nobles presentes en el mismo pasillo en que Sasuke y ella se encontraran, porque quería que todos lo supieran; no era una diatriba sin importancia, no eran meras palabras, por Dios como testigo que desde ahora se consideraba viuda y no volvería a siquiera dirigirle una mirada a Sasuke hasta que él cambiase su decisión, y de no ser así...para evitarse el dolor del duelo y que su fallecida hermana Takara había vivido en su día, prefería retornar a Castilla y olvidarse para siempre de Sasuke. Queriendo creer que Sakura estaba hablando solo desde la emoción y para que él cambiase su decisión, Sasuke se negó a darle el gusto, ¿cómo se atrevía a llevarle la contraria?, ¿a él que durante todo ese tiempo solo había velado por su felicidad y bienestar?, ¿es que no podía estar de su lado? No necesitando una respuesta a sus palabras, Sakura le dio la espalda a Sasuke y se dirigió a paso veloz hacia sus aposentos, seguida muy de cerca por sus doncellas, especialmente por Karin que le tendió una de sus manos para entrelazarla con la suya en un gesto de camaradería. Observando la partida de su esposa, deseando alcanzarla y dialogar con ella, no queriendo que tuvieran su primera pelea cuando eran tan felices, pero él negó para sí, inamovible en su postura y decidido a llevar a cabo sus metas personales.
Sakura no hablaba en serio, no podía hacerlo.
En lo que paso del día, Sakura hizo que sus doncellas se excusasen con los numerosos nobles y damas de la corte que habitualmente visitaban sus aposentos, haciéndoles saber que no se sentía bien y que necesitaba unos días a solas con sus pensamientos y en sus aposentos para descansar, pero que en realidad habrían de ser su plazo para que Sasuke cambiara de opinión, o ella tuviera que regresar a Castilla; pero cuando anocheció y quedo claro que él no iba a visitar sus aposentos, a lo que encontrándose sola en su habitación, Sakura tomó una decisión, levantándose de la cama. La reina Sakura abandonó sus aposentos en solitario, haciéndoles saber con la mirada a los guardias que custodiaban sus aposentos que saldría a tomar un poco de aire, pudiendo conducirse sola y sin problemas, ataviada en un sencillo camisón de lino blanco, de escote redondo y que cubría holgadamente su figura, de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y larga falda hasta los tobillos, y sobre el camisón una bata de terciopelo borgoña de profundo escote en V que anudaba a la altura de su vientre, sin mangas y con un contorno plateado a todo lo largo y en el dobladillo, con sus largos rizos rosados cayendo sobre su hombro derecho y tras su espalda, usando pantuflas color crema y conduciéndose con sigilo por los pasillos del castillo.
Sujetándose la falda del camisón para no tropezar y apoyando su mano en el barandal al llegar a las escaleras hacia el piso de abajo, Sakura volvió la mirada por sobre su hombro para cerciorarse de que nadie la hubiera visto o la estuviera siguiendo, porque en ese momento sentía que verdaderamente no podía confiar en nadie, apoyando con cuidado un pie en cada escalón y casi sin emitir un solo sonido hasta llegar al final de las escaleras, esbozando una ligera sonrisa al encontrar a lord Idate Morino esperándola; le había pedido a Karin que hablase con él y le pidiera que se encontrase con ella durante la noche, porque necesitaba hacerle llegar a sus padres los Reyes Católicos una carta detallando la situación en que se encontraba, y la única persona de confianza para hacerlo era su leal amigo y embajador. Ya no había ruido o actividad en la corte, pero en ropa de dormir y bata, con el cabello revuelto y encontrándose a solas con su reina que vestía de igual modo, Idate sabía que si alguien los hubiera visto o encontrado, habría significado todo un escándalo, pero si ella le pedía que hiciera algo, no podía negarse, ¿cómo hacerlo? Él también estaba en desacuerdo con la decisión y los planes del rey, era algo demasiado apresurado y si él podía ayudar a Portugal a mantenerse en paz, lo haría, sabía bien que la reina Sakura velaba por el bien del reino, por lo que recibió la carta sellada con lacre que ella le tendió, prendado de la expresión suplicante en sus brillantes orbes esmeralda.
—Haced llegar esto a mis padres, por favor, y decid que espero su respuesta— encomendó Sakura, sabiendo que podía confiar en el embajador.
—Sí, Alteza— asintió Idate sin dudarlo, prometiendo honrar la confianza que depositaba en él.
Quizás fuera visto como traición que fuera contra las ordenes, voluntad o deseos de su rey, siendo precisamente su embajador de confianza, pero los Morino eran una familia conocida en Portugal por ser leales no a su rey sino a los principios de la corona, y el más importante era velar por el bien de Portugal, y para que el reino se estabilizara era preciso que naciera un heredero, las conquistas militares podían venir después y serian bienvenidas, pero por ahora la reina Sakura tenía toda la razón, era su deber obedecerla y lo haría; Idate reverencio respetuosamente a su soberana, pidiendo su permiso para retirarse a sus aposentos, prometiendo enviar su carta a Castilla a primera hora. Sonriendo ligeramente al embajador Morino, Sakura le permitió, retirarse, apretando sus manos una contra y orando en silencio; en su carta había hablado como política, una hija leal a Castilla y Aragón que hablaba de que su esposo planeaba ir a la guerra contra los moros en África y conquistar Marruecos eclipsando las conquistas de sus amados padres, para que su padre el rey Pein tuviera claro que necesitaba su interferencia, pero esperaba que su madre leyera entre líneas y se diera cuenta de que esta situación era de naturaleza emocional, porque era una mujer enamorada que necesitaba a su esposo a su lado, sin tener siquiera un hijo que amar si quedaba viuda, amando demasiado su nuevo hogar como para regresar a los dominios de sus padres los Reyes Católicos, y porque siempre seria la reina de Portugal…
Reino de Castilla
La carta llegó a Castilla solo unos días después, y cuando la soberana de Castilla la tuvo en sus manos, pensó que se trataba de la noticia que tanto anhelaba; su Sakura estaba embarazada, pero al abrirla se dio cuenta de que no, y agradeció que su esposo el rey Pein estuviera a su lado en sus aposentos, sentados uno delante del otro ante la chimenea, sobrecogiéndose por la decisión de su yerno, muy impetuosa y apresurada. La reina Seina portaba un sencillo vestido negro de escote en V—debajo una enagua gris claro de cuello alto y cerrado, con mangas holgadas que terminaban en cortos holanes—y mangas ceñidas, por sobre el vestido una chaqueta de tafetán de escote en V anudado en el frente, ceñido a su cuerpo por un fajín, mangas holgadas que se habrían desde los hombros y falda lisa, con una cofia gris claro cubriendo su cabello y enmarcando su rostro. El rey Pein vestía un sencillo jubón negro—debajo una holgada camisa gris oscuro de cuello alto, con mangas ceñidas en las muñecas y que terminaban en cortos holanes—de cuello alto y redondo, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero—como sus botas—con largo faldón hasta las rodillas y de mangas abullonadas hasta los codos, volviéndose ceñidas en las muñecas, y encima un abrigo negro sin mangas, largo hasta los tobillos y que permanecía abierto, y pantalones negros, revolviendo con frustración su rebelde cabello naranja.
—¿Cómo es posible tal cosa?, ¿en qué piensa el rey Sasuke?— se preguntó Seina en voz alta, sin esperar una respuesta concreta.
—En engrandecer su reinado, es obvio, no es el primer rey que piensa en arrojarse al campo de batalla para ganar gloria— contestó Pein, habiendo tenido esa edad y pensado en lo mismo. —El fragor y destello de un triunfo militar enriquece a cualquiera— era una prueba de vigor y valentía, un logro grandioso para su reinado.
—O lo empobrece— refutó la castellana siempre seria y juiciosa, —lo sabemos nosotros que guerreamos durante años— sacrificando todo por la paz.
—Aun lo hacemos— acotó el aragonés, habiendo tenido que soportar el peso de la armadura incluso en esos días.
Quizás ya no eran tan jóvenes como hace casi treinta años atrás, cuando se habían casado para unir los reinos de Castilla y Aragón—el sueño por el que vivían—, engrandeciendo ambos reinos y expandiendo la fe verdadera en sus dominios, expulsando a los moros y a los judíos, preservando las enseñanzas de Dios y manteniendo su lealtad a los principios del catolicismo, ¿el Papa les había dado reconocimiento? Sí, pero ese no había sido su objetivo, sino el proteger sus reinos y a sus pueblos. Sintiendo nostalgia de esos días, recordando ocasiones como aquella en que había montado a caballo en el campamento durante la Guerra de Granada, Seina alargó su mano para entrelazarla con la de su esposo Pein, quien le sonrió ligeramente, ¿cómo olvidar esos días en que habían sido la Reina Guerrera y el Rey Soldado? Hoy eran venerados y admirados por jóvenes monarcas en toda la cristiandad, como lo era su yerno el rey Sasuke que aspiraba a superar sus conquistas, pero Seina decidió que eso no sucedería a costa de Sakura, que aún no llevaba un hijo en el vientre y que tenía todo el derecho de disfrutar de su matrimonio tanto como cualquier mujer sobre la tierra, y si Seina podía hacer algo para asegurar la felicidad de su hija, lo haría.
—Sakura nos pide que tratemos de mediar con Portugal— dio a saber la reina finalmente, decida a intervenir por su hija.
—Sensata es nuestra hija— celebró el rey, orgulloso de la inteligencia de Sakura, —pues incluso en los dominios de su esposo, vela por el bien de Castilla y Aragón— el lenguaje de su carta era el de la digna hija de su padre.
—Lo hace, pero no solo por eso— obvió Seina, tendiéndole la carta a su esposo. —Mucho nos importa la alianza con Portugal, y que a casi un año de consumada aun no produce heredero— recordó, sin atención de culpar de ello a Sakura, —si Sasuke partiese a la guerra…— no quería imaginar a su Sakura viuda y de regreso en Castilla.
—La historia de Takara se repetiría; nuestra hija volvería viuda y volveríamos a donde empezamos— completó Pein, leyéndole el pensamiento y no queriendo tener que enfrentarse a ese escenario y sus consecuencias.
—Y de morir Sasuke, el duque de Braganza ocuparía el trono— acotó ella, y eso sin duda era lo último que necesitaban, lidiando ya con su yerno Felipe.
Hasta ahora, la alianza con Portugal se había mantenido en esencia gracias a Sakura, pero no solo por ello sino también porque Sasuke era primo de Seina, porque sus madres habían sido hermanas y porque a su vez él tenía una especie de deuda de vida por aquellos días en que el fallecido rey Tajima había espoliado a la familia Uchiha, persiguiendo a sus miembros, y tanto Sasuke como su madre Mikoto habían sido acogidos en Castilla hasta que la situación se hubiera estabilizado...el duque de Braganza era ajeno a todo ello y no tendría razones para entablar relaciones precisamente amistosas con Castilla y Aragón, era más probable que se aliara con Francia y entonces todos sus esfuerzos habrían servido para nada. La reina Seina sintió como su corazón se encogía dentro de su corazón, dando un salto de angustia al solo imaginar a su pobre Sakura regresar a su lado como Takara hace tantos años; viuda, vestida de luto, con los ojos rojos de tanto llorar y el alma apesadumbrada...Dios, no quería volver a vivir eso, claro que deseaba que su hija volviera a su lado y poder abrazarla, pero no a costa de su felicidad; mentalizándose, Seina pensó en su tía Mikoto, una de sus grandes aliadas en momentos críticos en la corte portuguesa, y a quien necesitaba escribirle para que intercediera y convenciera al rey Sasuke de quedarse y esperar a que naciera el heredero que sellaría la alianza entre sus reinos.
—Escribir directamente al rey Sasuke sería peligroso— consideró Pein, analizando la situación, —dejaríamos en evidencia a Sakura, y arriesgaríamos su posición en la corte, si se sabe que nos informa de lo que allí acontece— su hija necesitaba de estabilidad y ellos debían proporcionársela.
—Escribiré a mi tía discretamente, preguntando por Sakura, alegando que no nos ha escrito carta alguna— sugirió Seina, recibiendo un asentimiento de parte de su esposo, —ella nos dirá la verdad, e intercederá en nuestro nombre ante Sasuke— era mejor no hablar de la carta que Sakura les había enviado en secreto, para protegerla.
El acto de su hija de informarles acerca de los planes de Sasuke podía ser visto por sus súbditos y los nobles portugueses como traición, después de todo una mujer se debía primero a su esposo y luego a sus padres, y ellos honrarían profundamente su confianza interviniendo discretamente en este asunto para no implicarla. Pese a haber sido convocados hace tiempo, su yerno Naruto y su hija Hinata habían retrasado su venida a Castilla para ser jurados herederos debido al tercer embarazo de Hinata—que estaba atravesando por sus últimos días—, y negociar o tratar de mantener relaciones amistosas con su yerno siempre era difícil, por no decir imposible, y lo último que necesitaban era tener de enemigo a Portugal o a su hija en una situación incierta. Necesitaban darle estabilidad a su amada hija Sakura para que finalmente pudiera concebir el heredero al trono portugués—tanto desde el punto de vista emocional como político—, y si para ello tenían que enviar embajadores para persuadir al rey Sasuke o declararle la guerra, lo harían; Seina no podía olvidar cuan fatalista había sido Sakura en el pasado, en contraste con su hija alegre y dichosa que le escribía varias veces al mes para hacerle saber de su gran felicidad, y que no permitiría fuese efímera, con Dios como testigo que haría lo que fuera preciso y más.
Protegería a su amada Sakura.
Lisboa, Portugal
Tras su discusión con Sakura y que era su primer desacuerdo o enfrentamiento como pareja, Sasuke había vuelto a dormir solo a regañadientes, despertándose de mal humor al día siguiente, pensando en Sakura y en cuan distinto era tenerla a su lado y poder abrazarla...pero no cedería, se negaba a dar su brazo a torcer y trato de convencerse de ello, dejando pasar varios días y esperando a que ella se disculpase y todo volviera a la normalidad, pero eso no paso al segundo día, ni al siguiente, transcurriendo una semana sin que se vieran ni dirigieran la palabra. Sasuke había llegado a su límite, y aunque solo fuera para saludarla y marcar presencia, se dirigió a los aposentos de su esposa esa mañana, dejando que los guardias le abrieran las puertas, vistiendo un jubón marrón oscuro—debajo una holgada camisa de cuello redondo y mangas ceñidas en las muñecas—estampado en el emblema de la familia Uchiha, con faldón de hasta las rodillas y ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero—como sus botas—, y encima un largo abrigo de terciopelo de igual color que permanecía abierto, con mangas ceñidas y pantalones marrón oscuro, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado, paralizándose a causa de la sorpresa nada más cruzar las puertas y respirar un aire muy diferente; las cortinas de color habían sido reemplazadas por unas de color negro, y que permanencia cerradas.
Las damas sentadas en la sala de recepción vestían de negro y sin joyas, levantándose para reverenciarlo con respeto y regresando a sus bordados en tanto él se dirigió hacia la habitación privada de su esposa, encontrando el mismo escenario, con las cortinas cerradas y sobre su tocador había un jarrón con camelias ya marchitas, se respiraba el aire del pesar y la melancolía. Sentada en silencio delante de la chimenea, Sakura parecía una persona completamente diferente, sumergida en su propia letanía, leyendo su libro de oraciones, cambiando la página con aire solemne y monótono, luciendo como una autentica viuda, ataviada en un sencillo vestido de negro, de escote cuadrado—debajo una enagua gris oscuro de escote en V— y falda lisa, que pasaba desapercibido bajo un manto o chaqueta superior de terciopelo negro, de escote en V con dobladillo, ceñido a su cuerpo bajo el busto por un fajín, con falda holgada y mangas acampanadas que casi le cubrían las manos, con un larga cadena de oro alrededor de su cuello y de la que pendía una cruz de oro, y sencillos pendientes de oro en forma de lagrima con cristales ónix, y sus largos rizos rosados estaban recogidos tras su nuca y peinados en una trenza cintillo sobre su coronilla, pálida y desganada, casi irreconocible para su esposo. Fue imposible para el Uchiha no recordar las palabras de su esposa: me considero viuda desde ahora…no había bromeado.
—¿Qué es esta penumbra? Apenas se puede respirar— señaló Sasuke con tono relajado, intentando que su esposa se abriese y pudieran hablar.
—Lo quiero así, no tengo ánimo— contestó Sakura estoicamente, sin apartar la mirada de su lectura, —y no deseo ver a nadie— mencionó, prefiriendo que él se marchara.
—¿Acaso vuestro esposo debe pedir audiencia?— cuestionó el Uchiha, sorprendido por su respuesta.
—Dije que no deseo ver a nadie, y menos a vos— insistió la Haruno, las puertas estaban abiertas para que se fuera.
—Sakura, sosegaos, por favor— pidió él, rodeando su silla y arrodillándose delante de ella para verla a los ojos, —comprended mis razones para que pretenda partir— era su esposa y debería entender sus motivaciones para proveer de un triunfo a Portugal.
—No las comprenderé nunca— protestó ella, alzando la mirada para encontrarla con la suya, —y vuestras mentiras no me convencerán— no tenía por qué creerle.
—No os miento— aseguró el portugués, herido porque dudase de él. —Me entristece esta separación entre ambos, y que ya dura más de lo que la decencia aconseja— una semana separados ya había sido demasiado.
Se sentía herido porque por primera vez y con casi un año casados, Sakura dudase de él, pero la verdad es que habiéndola mantenido al margen de sus planes, no podía pedirle que confiara en él, y sin duda no mentía con esa última alusión; una semana separados había sido con diferencia el infierno en la tierra para él, fuera del aspecto mundano que quizás cotillearan los nobles de la corte día sí y día también, él no dormía cada noche en la misma cama que Sakura porque la desease únicamente o porque un aspecto de ella en la intimidad lo tuviera embobado, sino porque su presencia era tan magnética que necesitaba tenerla a su lado, necesitaba abrazarla y sentirla, y una semana separados había sido demasiado. La parte más emocional de ella, la que amaba a Sasuke con todo su corazón, le rogaba que soltase su libro de oraciones y envolviera sus brazos alrededor el cuello de él, pegando su frente a la suya y rogándole que se quedara, dispuesta a hacer todo cuanto él le pidiera…pero la parte racional de su mente, que recordaba como Sasuke la había rechazado en el pasado, y ahora en su ímpetu e imprudencia cometía errores lo quisiera o no, lo que la hizo mantenerse estoica, ¿tenía sentido amarlo de la forma en que lo hacía? Sasuke ni siquiera la amaba, ella se lo decía todos los días y se lo demostraba, le había entregado su persona, su alma y su cuerpo, ¿y él?, ¿qué había hecho Sasuke por ella?
—Sakura, nuestro señor nos hizo reyes— recordó Sasuke, alargando una de sus manos para encontrarla con la suya, pero ella lo rechazó. —Vos tenéis vuestras obligaciones, y yo he de cumplir con las mías; vos como mujer, y yo como hombre— sus responsabilidades eran distintas, al igual que sus metas.
—¿Solo eso diréis para pedir mi perdón o para que entienda vuestras razones y sumisamente acate lo que vos ya decidisteis?— cuestionó Sakura con decepción. —No me retractaré, como sé que vos tampoco— él no había venido a verla para pedir su perdón ni tranquilizarla, sino a sí mismo. —Os ruego que salgáis, quisiera continuar con mi lectura— solicitó con voz educada, pero siempre distante e indiferente.
Hasta ahora, otros siempre habían decidido por ella; sus padres los Reyes Católicos habían planeado su matrimonio con Sasuke, él la había rechazado para casarse con Takara y sus padres lo habían permitido, sus padres y Sasuke habían negociado que se casara con él, el Papa había dado su permiso y ahora Sasuke decidía marchar a la guerra y sería ella quien pagaría los platos rotos si él moría y enviudaba, ¿quién querría a una mujer usada, viuda y que no había conseguido engendrar un hijo tras casi un año de casada? Si ahora iba a errar o acertar en su decisión de mantenerse indiferente, sea, pero al menos seria su decisión y nadie la haría cambiar de parecer. Estoica y digna, Sakura regresó su atención a su libro de oraciones con tanta indiferencia, que Sasuke lo sintió como una daga que se clavaba en su pecho, como si estuviera muerto y Sakura estuviera viviendo en su ausencia, cargada de pesar, y todo por su causa. Sasuke deseó zarandear a su esposa y decirle que estaba ahí para ella, que no se iría...pero las palabras no salieron de su boca y no tuvo otro remedio más que retirarse en silencio, necesitando pensar en lo que debería hacer y no pudiendo pedirle a Sakura que lo escuchase cuando ni siquiera él quería hacerlo. Escuchando los pasos de Sasuke alejarse, Sakura observo todo por el rabillo del ojo, suspirando y desenfocando su mirada al volverse hacia las llamas de la chimenea. Amar era demasiado duro…
Cuando Sasuke regresó a sus aposentos, lo primero que hizo fue patear con todas sus fuerzas una pequeña mesa en su camino y que cayó al suelo, detonando aún más su furia y no contra su esposa sino contra sí mismo, paseándose en círculos cual león enjaulado, aproximándose a su escritorio de trabajo y arrojando al suelo cada documento, cedula, libro o carta de navegación, ¿qué relevancia tenían los asuntos de estado en aquel momento?, ¿cuál de todas las maniobras políticas que conocía le permitiría ganar el perdón de Sakura?, ¿cómo no había anticipado que ella reaccionaría así? Enterró el rostro entre sus manos, buscando desesperadamente una solución en su mente, rememorando una y otra vez la imagen de Sakura sentada a solas en sus aposentos, vestida como viuda y actuando como una, sola y triste…no podía imaginarse llevándola a tal destino por su impertinencia y premura, pero ¿por qué su mente se empeñaba en dirigirlo hacia todas esas metas y sueños que habla tenido al ascender al trono, y su corazón le rogaba que abrazara a Sakura y le jurara hasta el cansancio que nunca la dejaría sola?, ¿es que no había un punto muerto entre ambas aristas? Las puertas de los aposentos del rey se abrieron a su paso y, nada más ingresar, lady Mikoto se llevó una gran sorpresa al ver el desastre que su hijo había hecho en sus aposentos; por lo visto, Sakura y él aún no se reconciliaban.
—¿Habéis llegado a un acuerdo?— preguntó Mikoto con tacto, intuyendo la respuesta.
—Es imposible hacer tal cosa— contestó Sasuke, hirviendo de furia, —Sakura me rehúye desde hace días, se niega a compartir la mesa conmigo, y la cama ni se diga— no sabía cuanto más podría soportar aquella situación.
En ese punto Sasuke no sabía que le causaba más furia; si el actuar de Sakura, si la idea de morir y dejarla como una viuda sufriente, o que toda la tensión y frustración acumulada tras una semana entera durmiendo solo y su deseo no consumado por ella estuvieran sacando lo peor de sí, porque nunca antes se había enfurecido tanto, no con ella que era un ángel, sino contra sí mismo por llevarse a ese punto, y por no saber cómo remediar las cosas. Mikoto se mantuvo seria y elegante como siempre, ataviada en un bello vestido celeste suave—debajo una enagua blanca de cuello alto y redondo—, de escote alto y redondo con un recorte marrón con bordados celestes en el centro del corpiño y la falda inferior del vestido, con mangas ceñidas a lo largo de los brazos para formar largos holanes blancos, y sobre el vestido un manto verde musgo, con su largo cabello azabache cayendo sobre su hombro derecho y tras su espalda, adornado por un tocado portugués de seda dorada, decorado por zafiros y perlas a juego con unos pendientes en forma oval, cruzando las manos sobre su vientre con una ligera sonrisa, empatizando con el sufrimiento de su hijo pero no pudiendo avalarlo. Nada detesta más un esposo que oír que no tiene la razón, salvo si viene de labios de su esposa, quien ha de velar por su bien por encima de los demás, Mikoto sonrió para sí, porque Sakura había aprendido bien y su proceder era justo.
—Razones no le faltan— consideró ella, pareciendo ajena al sufrimiento de su hijo.
—Madre…— inició Sasuke, sabiendo lo que su madre iba a decirle y que él no quería oír.
—Se cual es vuestro deseo y apoyó la causa— acalló Mikoto con su autoridad de madre, haciendo que su hijo alzara la mirada para encontrarla con la suya, —mas pensad en una cosa; Takara, vuestra anterior esposa, enviudo a meses de casarse, ¿queréis ese destino para vuestra esposa?— había visto el amor de Sakura por su hijo y no quería que este se perdiera por un arrebato ideológico.
—Sakura es reina— diferenció el Uchiha, pues Sakura tenía una posición sólida en Portugal.
—Ahora, ¿pero y la descendencia?— cuestionó la Uchiha, ante lo que su hijo apartó la mirada. —Sé que mucho empeño habéis puesto en este matrimonio, tanto como ella, pero imaginaos que pasaría si vos murieseis— determinó, haciendo que su hijo pusiera los pies en la tierra. —Portugal no solo perdería a su rey, sino a su reina, que sin herederos volvería a Castilla donde pronto prepararían otros esponsales para ella— la realidad se impondría ya sea que su hijo la quisiera ver o no.
—Eso jamás— protestó Sasuke de inmediato, incapaz de concebir que otro hombre tuviera a Sakura por esposa.
—Entonces sed cauto, postergad vuestros planes al menos hasta que vuestra esposa dé a luz un heredero, o dos— sugirió Mikoto, sin pedirle que renunciara a sus sueños porque nadie tenía ese derecho. —Luego ya podréis marchar, y al menos dejareis un motivo para que su amor por vos crezca en lugar de desaparecer— con un hijo, Sakura y él se amarían aún más y Portugal tendría al heredero que tanto se necesitaba.
Su sobrina la reina Seina le había escrito una carta preguntando por su hija Sakura, quien llevaba días sin escribirle, pidiéndole que cuidara de ella como una madre cuidaría de una hija, y Mikoto no había sabido que decirle pues le había dado días en solitario a su nuera para pensar tanto como a su hijo, y ambos seguían sin solucionar sus problemas, pero la culpa no era de Sakura quien solo quería a su esposo a su lado y no quería perderlo, un sentimiento loable y que Mikoto defendió al hacer reaccionar a su hijo, porque de no rectificar ahora, acabaría perdiendo a su esposa para siempre y era una realidad. Imaginar a Sakura viuda ya de por si era insoportable, pero pensar en que la casaran con otro hombre hizo hervir de furia a Sasuke, no por considerar que ella era su propiedad ni nada parecido, sino porque sabía que nadie velaría por ella como él, nadie sentiría lo que él sentía con ella, era una certeza, Sakura se merecía ser feliz, y él quería que lo fuera aún más de lo que quería la vida y su trono. En ese momento Sasuke se dio cuenta de algo en lo que ni siquiera había pensado en todo ese tiempo; no podía comer si Sakura no estaba a su lado, los días eran monótonos, las noches frías, se sentía vacío, la vida misma perdía color y alegría si ella no estaba a su lado, se sentía miserable y fúrico con todo y todos...porque la amaba, finalmente entendía ese deseo desesperado cuando estaba con ella, tanta veneración, admiración y pasión.
Amaba a Sakura.
Esa noche, Sasuke no pudo dormir, dio vueltas en la cama una y otra vez, pensando en Sakura y diciéndose una y otra vez que no importa cuanto lo intentara, ahora que sabía cuan maravilloso era tenerla en sus brazos, dormir solo sería imposible, por lo que a la mañana siguiente y después de pensarlo mucho, se dirigió a los aposentos de su esposa para confesarle lo que sentía, esperando que no fuera demasiado tarde, habiendo tenido que dejar pasar casi un año de casados para darse cuenta de que la amaba, que ella era la razón de su vida. Apresurado, el rey portugués transitó los pasillos en solitario hacia los aposentos de su esposa, vistiendo un jubón de terciopelo y seda esmeralda—debajo una camisa de cuello redondo con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—y con un recorte de seda dorada en caída en V hasta el centro del pecho, de mangas ceñidas y anudadas a lo largo de los brazos, con largo faldón hasta las rodillas y que se ceñía a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas, y pantalones negros, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre. Tan pronto estuvo ante las puertas de los aposentos de su esposa, Sasuke abrió personalmente las puertas, sin darles tiempo a los guardias e ingresando de golpe, pero encontrándose con un profundo silencio y solo dos de las doncellas de su esposa presentes, que se sobresaltaron ante su abrupta aparición.
—Alteza…— saludaron ambas doncellas, reverenciándolo apresuradamente.
—¿Dónde está la reina?— preguntó Sasuke, dudando que Sakura siguiera durmiendo a esa hora. El silencio, y la mirada que ambas doncellas compartieron lo hizo sentir un escalofrió, —hablad— ordenó ya que el silencio no era una respuesta aceptable.
—Su Alteza ha salido de caza— contestó Tenten en voz baja, tomando el valor para hablar.
—¿De caza?, ¿sola?— interrogó el Uchiha, temiendo que le sucediera algo de ser así.
—No, Alteza, Karin y Temari la han acompañado— detalló Moegi, ya que las demás estaban haciendo unos recados pendientes.
Los señores Kai Ioska y C Kumogakure habían invitado a la reina a un recorrido por los bosques de Lisboa—celebres por su belleza—, sabiendo que ella se había aislado de todo y todos en la última semana, encerrada en sus aposentos y sin salir siquiera a los jardines del castillo, algo inaceptable para dos miembros leales de la corte y que tenían el deber de velar por su reina, y como ella no se había rehusado, habían partido temprano aquella mañana en compañía de dos de sus doncellas más leales; Karin y Temari que vigilarían con miradas de halcón que la honra de su reina no corriera peligro alguno. Un tanto más tranquilo con esa respuesta, pero precisando hablar con su esposa cuanto antes, Sasuke abandonó la estancia y se dirigió a paso veloz hacia sus aposentos de donde tomó un abrigo de cuero marrón oscuro forrado en piel y que se ciñó mientras se dirigía hacia los establos, el día había comenzado frio y estaba seguro—esperaba—que Sakura también habría usado algo de abrigo para ir a cazar, si tenía suerte—y conociendo los bosques de Lisboa como la palma de su mano—encontraría a Sakura a tiempo para poder hablar, porque tenía una idea de dónde podía estar. Uno de los mozos que atendían los establos estaba dando de beber a los caballos cuando el rey se presentó, ante lo que el hombre lo reverenció apresuradamente con profundo respeto y casi soltando el balde cargado de agua.
—Ensillad mi caballo, rápido— ordenó Sasuke al hombre, que asintió de inmediato.
Dejando el balde a un lado, el hombre reverencio al rey y se retiró para cumplir con lo que este le había ordenado, ajeno al torbellino emocional que su soberano estaba viviendo, y era mejor que siguiera así. Una ligera sonrisa ladina estuvo a punto de adueñarse del rostro de Sasuke, pensando o queriendo creer que quizás Sakura había salido tan temprano no solo porque quisiera tomar aire, sino porque ambos tenían la costumbre de salir a montar temprano cuando hacia buen tiempo—justo como hoy—para recorrer la ciudad, en ocasiones la costa, otras veces los bosques hasta casi pasar días enteros fuera del castillo, quizás ella también estuviera tratando de estar cerca de él justo como él ahora quería estar cerca de ella, y lo estaría pronto, porque era una promesa de rey que antes del final del día le diría que la amaba y le pediría perdón por su estupidez. Tan pronto como el mozo regresó junto al rey sosteniendo las riendas de su caballo ya ensillado, Sasuke dio las gracias al hombre, subió velozmente a su caballo y abandonó los establos a toda prisa, sin dejar un mensaje, sin importarle el castillo y la corte que dejaba atrás, galopando hacia los bosques que estaban fuera de la ciudad, únicamente deseando ver a su esposa y ganar su perdón, esperando que ella lo perdonara y que no fuera demasiado tarde...
El corazón de Sakura continuaba de luto, durante la noche apenas y había conseguido dormir; cerraba los ojos y se removía sobre la cama de forma agitada, viendo imágenes que la angustiaban; Sasuke muerto, ella viuda y forzada a regresar a Castilla, y posteriormente era casada con otro hombre, siendo infeliz para siempre...había estado al borde de las lágrimas durante gran parte, por no decir toda la noche. Fue una autentica vía de escape que recordase a la mañana siguiente que los señores Kai Ioska y C Kumogakure la habían invitado a ir de caza, pero ella no había dicho que si ni que no, y se apresuró en vestirse apropiadamente esa mañana y encontrarse con ellos en los establos, acompañada por Karin y Temari, dirigiéndose hacia los hermosos bosques a las afueras de Lisboa. Montada sobre el lomó de su caballo que transitaba por la espesura del bosque, la reina Sakura portaba un sencillo vestido color almendra con opacos bordados cobrizos, de escote cuadrado—debajo una enagua beige suave de escote en V—, entallado a su esbelta figura, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y falda lisa de una sola capa, y encima vestía un largo abrigo rojo forrado en piel en el dobladillo y el contorno, con capucha que caía tras su espalda y mangas abullonadas que se ceñían desde los codos a las muñecas, con guantes color almendra que cubrían sus manos y a juego con la boina que cubría su largo cabello rosado recogido tras su nuca, resaltando unos pendientes de rubí en forma de lagrima.
—Nos alegra que os hayáis animado a abandonar palacio, Alteza— celebró lord C, habiendo estado preocupado por la reticencia de su reina.
—Tenía que hacerlo, hacia tanto que no tomaba el aire…— suspiró Sakura, inhalando aire profundamente y sintiéndose infinitamente mejor, —ya había olvidado hasta el calor del sol, y ni se diga de la sensación de estar sobre un caballo— alargó una de sus manos para revolver la crin de su caballo, a quien mucho había descuidado.
—Nos complace haber podido proporcionaros una alegría, Alteza— asintió lord Kai, mucho más tranquilo al saberla de mejor humor.
Quizás fuera entendible o loable que la reina Sakura desconfiara de lord Kai Ioska, al fin y al cabo se sabía de su habilidad en la política como el hijo bastardo del fallecido rey Tajima que tanto había hecho sufrir a su esposo en el pasado…pero era el segundo noble más importante de la corte y tenía muchos contactos, además había probado ser un súbdito leal al rey desde el inicio de su reinado, y si Sasuke no tenía razones para dudar de él, Sakura no sería la primera en hacerlo, agradeciendo sinceramente la preocupación de los dos caballeros sobre su persona cuando nadie más había reparado en ello. Montar a caballo era casi una segunda naturaleza para Sakura, su hermana Hinata y ella habían aprendido casi al mismo tiempo, solo que a diferencia de su hermosa hermana, Sakura nunca había atraído la mirada de los mozos o instructores ecuestres con solo sonreír, ni podría ser una amazona tan habilidosa que se volviera una con su caballo—una pasión que, según sabia, su hermana ya no podía disfrutar porque la madre de su cuñado Naruto había muerto tras caer de un caballo, y Hinata había tenido que dejar de montar por su justificado temor a que le ocurriera lo mismo—, pero en momentos como ese, halando ligeramente de las riendas y haciendo que su caballo trotara ligeramente; Sakura podía sentir que no había mayor libertad que la que se sentía sobre el lomo de un corcel, era como volar cuando alcanzaba verdadera velocidad, sorprendiendo a sus acompañantes cuando se alejó de ellos.
—¿Qué hacéis, Alteza?— preguntó con preocupación lord Kai, temiendo que el caballo de su reina se hubiera asustado por algo.
—¿Qué os parece una carrera?— sugirió Sakura con una sonrisa, sorprendiendo a sus acompañantes por su ímpetu, —¿teméis ganarme?— se burló con aire arrogante. —¡Vamos!— animó, señalando con la mirada el bosque que tanto deseaba recorrer.
Aunque se mantuvo en su lugar al oír aquello, Karin sonrió genuinamente por primera vez en días ante el ánimo entusiasta de su amiga y reina, que había permanecido melancólica y abatida a lo largo de aquella semana, ella la había visto y había tratado de hablar con ella, solo que para variar Sakura no quería escuchar, y si ahora su amiga quería galopar, olvidarse de todo, ser libre—o tratar de serlo—y distraerse, ella sería la primera en apoyarla, halando de las riendas y haciendo que su caballo se moviera para seguir a su amiga cuanto antes. Hacia tanto tiempo—debido a su autoimpuesto luto y enclaustramiento en sus aposentos—que no montaba a caballo, que sin dudarlo y tanto si sabía que la acompañaban como si no, Sakura presionó sus botas contra los estribos de su silla de montar, ante lo que su caballo se irguió sobre sus patas traseras con un relincho entusiasta y procedió a galopar a toda velocidad, siendo recompensado por una afectuosa caricia por parte de su amazona que se inclinó y apoyo su cabeza contra su cuello, asiéndose firmemente de las riendas, desviando muy sutilmente la mirada hacia la ballesta que reposaba contra su silla de montar, la había traído solo por si acaso, pero sería muy divertido volver a cazar tras tanto tiempo, necesitaba volver a sentirse viva en caso de que toda la felicidad que había creído experimentar estuviera destinada a acabar bruscamente.
Vivir o morir; quería disfrutar de la realidad ahora.
El día no había sido precisamente provechoso para Sakura, todas las presas que había encontrado en su rango de visión habían acabado por escapar, pero ella no se molestó o enfado por ello, sino que lo atribuyó a la suerte; quizás Dios no quería que tomara la vida de un pobre animal ese día, al fin y al cabo había comida de sobra en el castillo, mejor que los pobres se alimentasen de las presas que ella no había podido matar; mantuvo una sonrisa en su rostro, sintiéndose viva sobre el lomó de su caballo y corriendo por el bosque, dejando atrás a sus acompañantes en más de una oportunidad, pero su carrera se detuvo cuando al llegar a un claro en el bosque se encontró con la persona que menos esperaba ver. Con una mirada tranquila, no teniendo razones para seguir disgustado o enojado con Sakura—lo había estado consigo mismo y no con ella, aunque solo ahora lo entendía—, Sasuke observó en silencio a su esposa, analizándola de arriba abajo ahora que no llevaba los usares del luto y concluyendo aquello que siempre pensaba; era hermosa, para él lo era más que ninguna mujer sobre la tierra, porque él no quería ver a ninguna otra, sin importar que en ese momento Sakura frunciera el ceño y lo observara con indiferencia, prueba de que continuaba enojada y con justa razón. Justo cuando los acompañantes de Sakura se acercaron, Sasuke decidió bajar de su caballo y hablar con ella, o intentarlo.
—Me atrevo a presentarme ante vos, pues nada se ha perdido aún, sino que todo está por ganarse— estableció él sin apartar la mirada del severo rostro de su esposa. —Podéis volver, dejadnos a solas— concedió al sequito de su esposa, pues para lo que iban a hablar necesitaban estar solos.
Dispensando a sus acompañantes, que grata habían hecho su mañana ahora que se acercaba el medio día, Sakura volvió la mirada por sobre su hombro y asintió en silencio, permitiéndoles partir y a sus doncellas que se vieron tentadas a quedarse; sabía que no podía postergar esta conversación por más tiempo, por fin sabría si se quedaba en Portugal o partía de regreso a Castilla, porque si Sasuke insistía en partir a la guerra, ella prefería regresar a su antiguo hogar y no mirar atrás. Sakura insistió en permanecer sobre su caballo aun cuando su sequito hubo partido, recelosa por largos segundos y viendo a Sasuke acercarse y tenderle la mano, que ella aceptó a regañadientes, bajando de su caballo y encontrándola con la suya, pero cuando ella creía que Sasuke solo lo había hecho para ayudarla, este la guio para internarse en el resto del bosque hacia otro claro a varios metros de distancia, en que se reflejaba la luz del sol y que desembocaba en un camino, uno que estaba del otro lado de aquel por el cual había llegado a ese bosque, y que salía de Lisboa hacia la frontera con Castilla. El bosque en que se encontraban estaba en las afueras de Lisboa, que era rodeada por la costa y el mar, el bosque conducía hacia la frontera con las ciudades que a la larga llevaban a Castilla, al lugar donde había conocido a Sakura y a donde la dejaría partir si ella no podía perdonar su ceguera y lo errado de sus acciones.
—Teníais razón, no era sensato de mi parte desear ir a la guerra ahora, habiendo estado casados por tan poco tiempo y sin tener un hijo que me suceda— aceptó Sasuke, no porque necesitase un heredero sino porque no quería perderla a ella. —Os doy mi palabra de que respetare vuestra decisión, y haré que todos la respeten siempre— desde ahora siempre escucharía su opinión por sobre la de cualquier otra persona. —No concibo la idea de que volváis a Castilla, si muero, y que os desposéis con otro hombre, porque no quiero perderos— confesó con total honestidad.
—No podría desposar a nadie más, aunque me obligasen a ello— contestó Sakura con un nudo en la garganta, habiendo deseado escuchar eso durante todos esos días.
Muchas habían sido sus amenazas hacía ya una semana, había dicho que de enviudar o no y regresar a Castilla, casaría con otro hombre que sin duda fuera más digno de tenerla por esposa que él…pero la verdad es que había hablado por hablar, jamás podría sentir nada por otro hombre que no fuese Sasuke Uchiha, rey de Portugal, lo había sabido en el momento en que a los trece años había oído que se convertiría en su esposa, sin importar que él la hubiera rechazado, que hubiera tardado en verla, porque el amor no elegía, nacía y crecía; ella había sido derrotada desde el primer momento, había unido sus deberes de Infanta de Casilla y Aragón con sus ansias de mujer, y en ello había perdido su vida, porque no podría vivir sin Sasuke. Todas estas noches y sin darse cuenta, Sasuke había pedido piedad a Dios, porque no importaba si al morir iba al cielo o al infierno, para él ambas cosas serían iguales sin tener a su lado a la razón de su vida, por quien latía su corazón, su alma gemela, su todo en el mundo, y ahora; estrechando la mano de Sakura contra la suya, sabiendo y viendo—en sus ojos—que su amor por él no había desaparecido, Sasuke tuvo esperanza, y sintió alegría y dicha por primera vez en tantos días, sintió que el peso que oprimía su pecho se disipaba y que el futuro se tornaba claro, pues tiempo para conquistas y triunfos militares había de sobra, pero ahora todo lo que quería era estar junto a Sakura y decirle hasta el cansancio lo mucho que la amaba, y demostrárselo cada día.
—Sé que no soy digno de vos, y si mis palabras no son suficiente para convenceros…— Sasuke señaló el camino en que desembocaba el claro en que estaban. —Ahí está Castilla— ofreció, dejándole el camino libre si lo que deseaba era irse, —y aquí un sueño compartido en que haremos por ser todo y uno, si sois capaz de perdonarme— comprendía si sus sentimientos habían cambiado y se rendía con él.
—Sabéis que solo imagino mi vida a vuestro lado— sosegó Sakura, incapaz de abandonarlo sin importar cuanto lo intentase, porque lo amaba con toda su alma.
—Os amo— declaró él con una sonrisa, sorprendiendo a Sakura que jadeó ante lo que acababa de oír. —Os amo con todo mi corazón— reafirmo, acunando su rostro entre sus manos y sin apartar sus ojos de los suyos. —Solo lamento haberme dado cuenta ahora y no antes, pero os juro que siempre os amaré— había nacido para conocerla y vivir este amor, ahora comprendía que era nada sin ella y todo a su lado.
Respirando profundamente, Sakura sonrió como nunca antes lo había hecho, precisamente ella que tendía a ocultar sus emociones bajo una máscara, porque sentía que tenía todo cuanto podría haber deseado, ella que nunca había aspirado a la felicidad o al amor; lo había encontrado, no podía pedir más en su vida, y la expresión en sus ojos mientras su rostro era acunado por Sasuke fue todo lo que él pudo pedir para sentirse realizado, acercando su rostro al suyo para encontrar sus labios, gimiendo con deleite cuando los labios de ambos se encontraron tras días de angustia y desolación, Sakura envolviendo sus brazos alrededor de los hombros de él para acercar su cuerpo al suyo y viceversa. Lo que sucedió durante el beso tomó por sorpresa a Sasuke y a Sakura, pero sobre todo a él, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de ella y haciéndola retroceder hasta arrinconarla contra un árbol a su espalda, profundizando el beso y encontrando su lengua con la suya, transformando aquel romántico beso de amor en algo aún más apasionado. Sasuke sentía la lujuria nacer como un torrente dentro de él tras las declaraciones que acababa de hacer a su esposa, porque por fin entendía la razón para sentirse tan desesperado cuando estaba junto a ella; porque la amaba, porque eran felices juntos, y eso lo era todo para ambos. Deslizó sus manos por la cintura de ella, hasta ascender a sus hombros, despojándola de aquel largo abrigó rojo y que descarto sobre la hierba…
Sin romper el beso, Sakura tembló bajo el tacto de Sasuke, a quien pronto sintió buscar a tientas el cierre de su vestido y que desabrochó hábilmente, ¿era correcto? Estaban en el bosque, a plena luz del día, se suponía que aquella intimidad solo debería de estar relegada a la habitación, pero obnubilada por el amor de él rodeándola, Sakura se encontró imposibilitada a decirle que no, es más, envolvió sus piernas alrededor de las caderas de él cuando Sasuke comenzó a alzarle la falda del vestido, despojándolo de su abrigó, y buscando a tientas su cinturón con el único afán de desabrocharle los pantalones, igual si es que no más desesperada que él, sintiendo el aire quemarle en la garganta en medio del beso. Rompiendo el beso al sentir que a ambos les faltaba el aliento, Sasuke deslizó sus labios por el cuello de su esposa, apartando el sombrero que hasta entonces había cubierto su cabello, deshaciendo el recogido tras su nuca para hacer que sus largos rizos rosados cayeran sobre sus hombros, terminando de desanudar afanosamente su vestido, deseando hacerle saber en cuerpo y alma lo mucho que la amaba. Sintiendo que el vestido solo se aferraba al cuerpo de su esposa al estar diseñado a su esbelta silueta y apartando aquel molesto corsé, Sasuke la desnudó desde la cintura hacia arriba mientras sus manos ascendían por sus costillas para amasar sus pechos, sacándole jadeos que pronto murieron en medio del beso.
Sakura sintió su espalda desnuda, a través de su larga melena de rizos, chocar contra la corteza del árbol detrás de ella, y sintió algo muy duro presionar contra el valle entre sus piernas mientras las envolvía a las caderas de Sasuke, sonriendo en medio del beso al saber lo que era, dejándose amar dócilmente por él, entregada al torrente de pasión que él le había enseñado a disfrutar y del que deseaba más. Envolviendo uno de sus brazos alrededor de la cintura y el otro tras la espalda de su esposa, Sasuke hizo jadear a Sakura al cargarla en brazos y depositarla sobre el suelo del bosque, ¿qué importaba si aquello era correcto o no?, ¿qué importaba si era inmoral? Se amaban, eso era lo único que importaba, y compartiendo aquel pensamiento, Sakura se entregó de llenó a ello, desabrochando el cinturón de su esposo y batallando por quitarle el jubón. Sin romper el beso, Sasuke se mostró dócil a los deseos de su esposa, ayudándola y despojándose del jubón al igual que de la camisa, apoyándose en ambos brazos para no aplastarla con su peso, rompiendo el beso para estudiar el sonrojado rostro de ella y sus ojos esmeralda brillando de lujuria, pero también de amor, el mismo amor que él sentía por ella. Mas, en ese momento una idea vino a su mente; ya estaban básicamente a punto de hacer el amor en el lugar más descabellado e indigno que una pareja real pudiera encontrar, ¿había algo de malo en variar un poco?
La posición estándar para que una pareja tuviera intimidad—establecida por la iglesia que hasta en ese aspecto alargaba su poder—, era el hombre arriba y la mujer abajo, pero desde que Sasuke conocía a Sakura había aprendido a ver las cosas de manera diferente, todo se sentía diferente, y quería que todo fuera diferente, no deberían seguir reglas para amarse, solo sentir y es lo que él tenía pensado hacer desde ahora. Esperando por algo que no llegó, Sakura se sorprendió cuando Sasuke sostuvo sus caderas y la ayudó a erguirse…para sentarse a horcajadas sobre su regazo, lo que la desconcertó y sorprendió enormemente, porque nunca habían intentado—hasta ahora—otra posición en la intimidad salvo la estándar, con él encima y ella debajo; pero si bien la sorprendió, no se negó ni objeto a ello, buscando el equilibrio para guiar el miembro de él a su interior. Arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás al sentirlo penetrar lentamente en su interior, Sakura sintió algo extraño y curioso al tener el control y el ritmo al estar arriba, con Sasuke recostado debajo de ella, y con sus manos en sus caderas para guiarla en un ritmo tan intenso que a ella misma la sorprendió, mientras sus labios liberaban profundos y claros gemidos de placer. Las manos de Sasuke, ascendieron de las caderas de su esposa hasta sus pechos, los cuales no dejaba de ver mientras ella movía las caderas de adelante hacia atrás sobre su regazo, una parte de su anatomía que a él le encantaba.
Poder contemplar sin disimulo la perfección del cuerpo de su esposa era una experiencia insuperable para Sasuke, y en el fondo llevaba mucho tiempo fantaseando con hacer el amor teniendo a Sakura encima de él, pudiendo verla arquearse de placer, pero la realidad probó ser aún más satisfactoria, impulsándolo a sentarse y envolver sus brazos a la espalda y cintura de ella, acariciando sus largos rizos rosados mientras sus labios besaban con deleite su cuello y el valle entre sus pechos. Bajando la mirada, Sakura encontró sus labios con los de Sasuke, moviendo con más fervor y avidez las caderas, obligándolo a volver a recostarse mientras ella hacia todo el trabajo. Mordiéndose el labio inferior para no gritar, Sakura se estabilizó apoyando ambas manos sobre el pecho de Sasuke, buscando equilibro entre el torrente de placer que los recorría a ambos, mientras él amasaba sus pechos. Sasuke no conseguía saciarse de ella, la deseaba más y más a cada instante, a cada hora, a cada día, verla sucumbir al placer que él podía darle solo intensificaba el fuego que latía en su interior; había esperado tanto para que ella fuera su esposa…y no correría el riesgo de hacerla una viuda ahora, no dejaría que otro hombre la tuviera, no moriría hasta saber que dejaba atrás a una reina, la madre de su heredero, y no abandonaría Portugal hasta que del vientre de su esposa naciera el fruto de su amor, era una promesa.
Sakura por su parte, sentía algo de culpa y vergüenza por sí misma, jamás había hecho algo semejante, solo por Sasuke, ¡Por Dios! Estaba desnuda—o casi, dando que la falda de su vestido aun la cubría parcialmente—sobre él, montándolo, sin que pareciera importarle en el lugar en que estaban: un bosque donde cualquiera podría transitar y encontrarlos, amándose como animales, ignorando cualquier decoro o recato propio de su rango, y lo peor era que no le importada, solo quería tenerlo en su interior desesperadamente, hacer cuanto fuera que él quisiera para confirmar que el deseo que sentían el uno por el otro fuera ecuánime e igual, y engendrar de ese amor el hijo que él y el reino necesitaban, aunque se le fuera la vida en ello. Sintiendo el clímax cada vez más cerca, Sasuke envolvió uno de sus brazos de la cintura de Sakura y la hizo quedar bajo su cuerpo para tomar el control de todo; el ritmo y la velocidad, sorprendiéndola a causa del exabrupto, pero ella no tuvo tiempo de protestar por el cambio de posición, encontrando sus labios con los de él, aferrándose a sus hombros, jadeando cuando lo sintió penetrar más profundamente en aquella posición teniendo las piernas de ella casi a la altura de sus hombros. Los jadeos de Sakura se convirtieron en gemidos de goce puro mientras él acariciaba la cara interna de sus muslos, haciéndola echar la cabeza hacia atrás, duplicando la velocidad de las embestidas.
Echando la cabeza hacia atrás y gimiendo descaradamente, Sakura intentó decir algo, mas sus palabras solo sonaban como incoherentes gemidos que expresaban su disfrute total, gimiendo debajo de Sasuke totalmente abnegada y dispuesta, recibiendo sus acaricias y anhelando los besos de él. Sasuke enterró su rostro en el valle entre sus pechos, acariciando devotamente aquellos montículos mientras ella, perdida entre el mar de sus caricias, arqueaba desesperadamente la espalda al sentir maximizada la velocidad e intensidad de las embestidas. Sentía el clímax más intenso que nunca a punto de llegar mientras los labios de Sasuke se posaban en su cuello, y sus gemidos pronto se volvieron chillidos que calaron profundamente en él, que no ceso el ritmo ni por un solo instante, ambos sintiendo el inmenso grado de tensión solo crecer y crecer más. Enterrando el rostro contra el costado del cuello de su esposa, Sasuke sofocó el gruñido que apenas fue capaz de contener al alcanzar el clímax, escuchando a Sakura gemir su nombre al experimentar la misma cima, sintiendo como se arqueaba debajo suyo y le arañaba la espalda, siempre enalteciendo su ego al hacerle saber que experimentaba el mismo placer que él, ¿por qué?, porque se amaban, nada podía compararse con ese sentimiento, y realmente era una lástima que solo ahora lo entendiera, pero mejor tarde que nunca…
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "Reina de los Vampiros", luego "Kóraka: La Sombra del Cuervo" y nuevamente "La Reina Olvidada" lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (19 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (32 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro –Idate Morino como Diego de Silveira
-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (19 años) -Temari Sabaku como Beatriz de Melo (31 años)
-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (21 años) -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval (26 años)
-Tenten Namiashi como Luisa de Peral (24 años) -Suigetsu Hozuki como Juan Ribeiro
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón
-Kai Ioska como Jorge de Lencastre -C Kumogakure como Fernando de Meneses (Marquês de Vila Real)
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (21 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (22 años)
-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (15 años) -Dan Kato como Alonso Torres
-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Sai Yamanaka como Juan de Aragón
Discusión, Reconciliación & Amor: la discusión de pareja entre Sasuke y Sakura es uno de los pocos datos que se conocen del matrimonio de Manuel y María, y consiste en que cuando María aun no estaba embarazada y no habían cumplido un año de casados, Manuel planeo ir a la Guerra en África para conquistar Marruecos y enfrentarse a los Moros, algo a lo que muchos se oponían, entre ellos María quien habría escrito a sus padres al respecto, y diciendo en presencia de testigos que "desearía no haber casado con Manuel" si es que él pretendía hacerla viuda al ir a la guerra. Se sabe que la discusión terminó poco tiempo después, cuando Manuel aceptó la voluntad de María, desistió de ir a la guerra y tras esto nunca volvió a hacer nada sin contar con su aprobación, por lo que aproveche este dato histórico para señalar el momento en que Sasuke habría aceptado que amaba a Sakura y le habría pedido perdón. La escena final en el bosque, y que califica como una de mis favoritas, rompe con el canon de la época en que por ley de la iglesia, esposo y espos debían yacer; hombre arriba y mujer abajo, para dejar claro que lo que imperara y predominara desde ahora en el matrimonio de Sasuke y Sakura será el amor.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
