-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Daydream" de Ruelle para Sakura, "Play With Fire" de Sam Tinnesz para Sasuke, "Gloria Regali" de Fleurie para Mirai, "Dusk Till Dawn" de Sia & Zayn para el contexto del capitulo.
El rey Sasuke y la reina Sakura regresaron al castillo cerca del atardecer, habiendo partido cerca del mediodía, y los nobles se habían asustado por la sorpresiva ausencia del rey, quien había dejado de lado cualquier asunto de estado…¿para qué?, ¿montar a caballo o salir de caza? Nadie supo responder, ni siquiera los pajes o mozos del rey y que habían permanecido en el castillo por orden suya, pero cuando finalmente el rey y la reina regresaron, el estado de alarma pasó y junto con él la paranoia. Los pasillos del castillo estaban vacíos y carentes de actividad, muchos de los nobles se encontraban en sus propios aposentos debatiendo sobre la ausencia del rey cuando este y su esposa regresaron, toda una desgracia ya que de haber estado presentes habrían presenciado un espectáculo como no había presenciado la corte durante todo el reinado de su rey, y quizás durante los reinados anteriores. Vistiendo las mismas ropas que esa mañana cuando habían abandonado el castillo, y que tenían una que otra mancha de tierra o rastros de hojas encima, Sasuke y Sakura se mantuvieron muy cerca el uno del otro mientras transitaban los pasillos, sabiendo que nadie los vigilaba ni estudiaba como sucedía diariamente, lo que hizo sonreír a Sakura quien volvió la mirada hacia su esposo, sujetando la falda de su vestido y olvidándose del protocolo, corriendo infantilmente hacia sus aposentos, no teniendo que guardar las formas.
Aunque siempre se mostrase estoico, serio y reservado, esta vez nada impidió a Sasuke seguir el juego a Sakura y correr tras ella, escuchándola reír al doblar en la esquina del pasillo y ocultarse a medias con la pared, jugando al gato y al ratón al dirigirle una sonrisa antes de volver a correr, sabiendo que él la seguiría, ¿qué importaba si estaban haciendo el ridículo y alguien llegaba a verlos? El tiempo de guardar las apariencias había pasado, desde ahora—y se lo prometía en nombre del más alto Dios—su mayor labor seria velar por mantener esa sonrisa y hacer más y más feliz a su esposa cada día. Si los guardias que custodiaban los aposentos de la reina se sorprendieron por presenciar aquella actitud cuando ambos soberanos se detuvieron a las puertas, no era importante puesto que ni Sasuke ni Sakura les hubieron prestado atención, como tampoco hicieron con las doncellas presentes al interior de los aposentos, ambos dirigiéndose directamente hacia la habitación privada, necesitando estar a solas y sin que nada ni nadie se los impidiera. Sasuke cerró las puertas de la habitación a su espalda, volviendo la mirada hacia Sakura que le sonrió al pie de la cama, quitándose la boina que cubría sus largos rizos rosados y soltando su peinado para que cayeran sobre sus hombros, hipnotizando de nueva cuenta a Sasuke con su belleza.
Sabiendo que Sasuke se encontraba prendado de ella y de cada uno de sus movimientos, Sakura se despojó del abrigo que cubría su vestido y se llevó las manos a la espalda para desanudar este y el corsé debajo, una señal para Sasuke que procedió a desvestirse mientras veía a su esposa hacer igual y sin apartar sus ojos de los suyos; en el bosque habían sellado su amor con el que por lejos era su primer encuentro como un hombre y una mujer que se amaban y amaban estar juntos, pero ahora necesitaban reafirmar su amor y compensar todas aquellas ocasiones en que se habían vuelto uno solo…sin saber el sentimiento que compartían, necesitaban compensar todo el tiempo perdido y sumidos en la ignorancia. Sonriendo ligeramente, Sakura dejó caer el corsé a sus pies y se encogió de hombros para que la enagua restante cayera a sus pies, ante lo que Sasuke se acercó a ella para cargarla en brazos y recostarla lentamente sobre la cama con él encima, no porque fuera su intención estar arriba sino solo para contemplarla, terminando de despojarse de la camisa y los pantalones, tratando de romper lo menos posible el vínculo entre sus miradas. Estando en igualdad de condiciones, de regreso en su pequeño rincón del mundo, en su habitación y en su cama como tanto habían añorado, ambos se fundieron en un beso cargado de afecto, gimiendo contra los labios del otro ante el roce de sus pieles.
Ambos rompieron lentamente el beso, entreabriendo sus ojos para encontrar la mirada del otro; ónix y esmeralda que parecieron fundirse en un pozo sin fin y en que no precisaron de palabra alguna para saber ni confirmar lo que tanto deseaban; ser uno solo de nuevo, por lo que recargando su peso en uno de sus brazos, Sasuke guio su miembro hacia el interior de Sakura, escuchándola jadear y gemir de deseo, rogando por más. Asintiendo ante las demandas de su esposa, Sasuke continuó muy lentamente para penetrar por completo en su interior, pegando su frente a la suya, apenas y pudiendo creer que semejante placer fuera real, y no hablaba del placer físico—eso quedaba fuera de discusión—sino del placer del corazón, de poder estar ahí junto a la mujer que más amaba en el mundo, siendo uno solo con ella. Después de aquel encuentro en el bosque—que la hacía sonrojar de solo recordarlo—y que habían repetido antes de decidirse a volver al castillo, Sakura creía que era imposible sentirse aún más unida a Sasuke ahora que sabía que él la amaba tanto como ella a él, pero vaya que se equivocaba, mordiéndose el labio inferior para no gemir de forma escandalosa, arañándole la espalda y aferrándose a sus músculos, sintiendo como su deseo por él aumentaba de forma exponencial y todo cuanto deseaba era llegar hasta el final, removiéndose bajo su cuerpo y envolviendo sus piernas a sus caderas.
Sakura jadeó y gimió cuando Sasuke comenzó a moverse, deleitándose como nunca antes por ser suya, porque ahora él también era suyo; eran uno solo, no solo en cuerpo sino también en alma, ambos lo sabían al observar el inmenso amor que brillaba en los ojos del otro. Llevaban casi un año casados, había aprendido de sobra lo que deleitaba al otro, lo que les satisfacía y lo que los habría gritar de placer…sin embargo esta vez no había prisas ni lujuria pura como en el bosque, sino que su entrega fue lenta y gentil, ambos simplemente saboreando la sensación de ser uno y estando más cerca de lo que jamás hubieran podido imaginar, con sus corazones latiendo como uno. Aunque el placer de hacer suya a su esposa rozara con el cielo mismo, no había satisfacción mayor para Sasuke que saber que Sakura disfrutaba de aquello tanto como él, delineando el contorno de la perfecta desnudez de su esposa con una de sus manos, pero sin apartar sus ojos de los suyos, como si le dijera sin necesidad de palabras lo mucho que la amaba y que no podía vivir sin ella, porque sabía que no había vivido realmente hasta conocerla. Disfrutando de la forma tan gentil y enternecedora en que Sasuke le hacía el amor—pues ahora por fin tenían una palabra con que definir lo que experimentaban en su intimidad—Sakura sintió un nudo en la garganta y las lágrimas en sus ojos, sin haber creído jamás que viviría para experimentar semejante felicidad, pero irreal o no, era su realidad.
Limpiando las lágrimas que vio impregnar las pestañas de su esposa y sabiendo el motivo, Sasuke depositó un beso sobre su frente para tranquilizarla y hacerle saber que sin importar lo irreal que aquello pareciera, era real, porque estaban juntos, se amaban y siempre lo harían, era una promesa. Sasuke deslizó sus labios por las mejillas de su esposa hacia su cuello, tomándose el tiempo para disfrutar de su dulce perfume y descender hacia sus pechos, escuchándola jadear, gemir y suspirar acaloradamente, lo que mayor placer podía brindarle en el mundo. Sentir a Sasuke penetrar en su interior ya de por si no se asemejaba a ninguna sensación que Sakura hubiera experimentado en su vida, pero en ese momento cada movimiento suave y mesurado de su parte se sentía incluso mejor que el anterior, sintiéndose amada y única en sus brazos, sabiendo que él la amaba con todo su corazón como ella a él, de ahí el significado real de la frase "hacer el amor". Eran solo ellos dos en esa cama, entre las sabanas, compartiendo su amor de una manera física pero tan introspectiva y de profunda intimidad y confianza que simplemente no podía compararse con nada en el mundo: ahora que sabían que se amaban, nada más importaba y ninguna reserva habría de distanciarlos, amándose sin inhibiciones y rodando por las sabanas para que ahora Sakura se encontrase arriba y Sasuke recostado contra la cama, sonriendo al sujetarla de las caderas, fascinado al contemplar toda su belleza.
Al diablo con las reglas de la iglesia y todas esas otras cosas, el amor no les pedía reglas o posturas, era su corazón, amor y deseo lo que los guiaba al moverse, solo buscando el placer y goce del otro. En esta nueva posición y que estaba aprendiendo a disfrutar, a horcajadas encima de Sasuke, Sakura se movió lentamente, disfrutando de aquel sentimiento y de poder tener el control, buscando a tientas las manos de su esposo hasta entrelazarlas con las suyas y guiándolas para amasar sus pechos, esbozando una sonrisa ladina, viendo sus hermosos orbes ónix fulgurantes de deseo por ella y que no sabía o no podía disimular. Aunque fuera fascinante contemplar a su esposa arriba suyo, Sasuke no podía negar que estaba dolorosamente cerca del clímax a pesar de la menor ficción en aquella posición, pero no quería terminar de esa forma; deslizó sus manos de los pechos a las caderas de su esposa mientras ella se inclinaba para encontrar sus labios, y ante lo que él la hizo quedar debajo suyo con un solo movimiento, haciéndolos reír a ambos, pero sin cesar de moverse, no estando tan cerca. Sintiendo a Sasuke penetrar más profundamente en su interior, olvidándose de toda delicadeza, Sakura no pudo evitar gemir sonoramente, envolviendo con más fuerza sus piernas a las caderas de su esposo y arañándole la espalda mientras se arqueaba bajo su cuerpo, alcanzando el orgasmo y escuchándolo gruñir contra su cuello solo unos segundos después, susurrando unas palabras que la hicieron sonreír:
Os amo.
Las horas pasaron hasta que la tarde dio paso a la noche; seguramente a esas alturas los nobles y damas de la corte ya debían estar informados del regreso del rey y la reina, entre ellos lady Mikoto y sus hijas—mediante sus espías, aunque no es que eso fuese malo—, y debían estar imaginándose toda clase de escenarios sobre cómo es que el rey y la reina habían pasado de una civilizada discusión matrimonial—dado que solo no se habían dirigido la palabra durante una semana ni permanecido en el mismo espacio que el otro, sin excepción—a una reconciliación tan apasionada, porque tanto las doncellas presentes en la habitación contigua como los guardias a las puertas se hubieron sonrojado e incomodado ante los gemidos de placer que provenían de la habitación. Tras largas horas de incansable y apasionada entrega, Sasuke y Sakura se encontraban en completo silencio y recostados sobre la cama, el Uchiha acariciando los sedosos rizos rosados de su esposa que reposaba su cabeza contra su pecho, trazando patrones inentendibles sobre su torso, ambos enredados entre las sabanas y disfrutando del silencio, la paz y quietud que reinaba; habían extrañado tanto poder encontrarse así, a solas en la misma cama y en los brazos del otro, respirando el mismo aire, temporalmente exhaustos del placer y lujuria que compartían y pasaba al amor y la devoción en cosa de segundos…había tanto que compartir ahora y muy pocas palabras para expresarlo todo en su plenitud.
—Estoy tan enamorada de vos, mi amor— suspiró Sakura, siendo la primera en atreverse a romper con tan perfecto silencio.
—¿Puede ser cierto, después de tanto tiempo?— preguntó Sasuke al aire, temiendo despertar y darse cuenta de que estaba soñando.
—No lo dudéis— regañó ella, alzando la mirada para encontrarla con la suya, —y no me hagáis recordároslo, no tengo fuerzas— acotó, incapaz de moverse y dar rienda suelta a aquella tormenta de lujuria que los había abatido a ambos por igual.
No tenía problema en demostrar a Sasuke lo mucho que lo amaba, pero las dos ocasiones que lo había hecho en el bosque, más las dos veces anteriores en esa misma cama le habían quitado las fuerzas por ahora, necesitaba al menos unos minutos más antes de que el deseo le nublara el juicio y la hiciera rogarle que volviera a hacerla suya, pero por ahora las palabras eran más que suficientes, eso y los pensamientos que daban vueltas por la mente de Sakura; llevaba meses tratando en vano de concebir, su vientre parecía empeñado en aferrarse al estrés y al placer de yacer junto a su esposo, pero ni sus más fervorosas oraciones y de rodillas ante el altar habían logrado que Dios le concediera el hijo que deseaba dar a Sasuke y que era el heredero que el torno necesitaba…ojala y ahora todo comenzara a cambiar y para mejor, ella también lo deseaba. Siempre serio y estoico en presencia de aquellos que pudieran juzgarlo, Sasuke rió nada más escuchar las palabras de su esposa, sonaba cansada pero no extenuada, señal inequívoca de que en menos de lo que cantaba un gallo desearía volver a compartir aquella intimidad al igual que él, aunque él también necesitaba descansar, había encontrado una mujer de su talla en el mundo, una con tanto fuego y deseo como él, con tanto carácter, convencimiento y sueños de grandeza, y al ver en sus pozos esmeralda predecía un futuro inmejorable para Portugal; todo en su vida había cambiado y para mejor desde que ella estaba en su vida.
—Os amo con toda mi alma— declaró Sasuke, sin apartar su mirada de su esposa y prometiendo decírselo hasta el final de los tiempos.
—Y de nuestro amor nacerá un hijo que reinara sobre todo el mundo— prometió Sakura, decidida a cumplir su deber y darle el heredero que necesitaba.
—Nuestro hijo...— suspiró el Uchiha, apenas y concibiendo que el futuro pudiera ser aún mejor de lo que ya era el presente, —con él y con vuestro amor, seré el rey que siempre he deseado ser; misericordioso, justo y prudente— todos sus ideales serian una realidad y su felicidad completa al tenerla a ella. —Pero por encima de todo, siempre seré vuestro— antes que rey y hombre, siempre sería su esposo.
—Y yo vuestra— correspondió la Haruno con una luminosa sonrisa, siempre leal, siempre su esposa.
Quizás debería haberse rendido hace muchos años, debería haber desistido de casar con Sasuke cuando él la había rechazado por su hermana Takara, quizás se habría casado con el rey de Escocia y ahora ya habría tenido hijos…pero ese era un pasado que en nada importaba, ¿había sufrido? Si, había llorado noches enteras y tratado de convencerse de que Sasuke y ella nunca estarían juntos, incluso cuando su hermana Takara había muerto y también el pequeño Yosuke, pero Dios había obrado de forma misteriosa y unido su vida a la del hombre que tanto amaba, y Sakura hoy sabía que en cualquier vida, realidad o mundo, su corazón siempre pertenecería a Sasuke, siempre. Sonriendo, pleno como nunca antes, Sasuke envolvió sus brazos alrededor de su esposa, necesitando tenerla en sus brazos y proclamar con su alma lo mucho que la amaba; ahora comprendía porque todos esos planes de hacer de Portugal la nueva Roma y partir a la guerra surgían con tanto fervor en su mente desde que había casado con Sakura, no era porque realmente deseara gloria y poder, no los había pedido para empezar, sino porque su amor por ella lo impulsaba a desear ser mejor hombre, mejor rey y a velar porque Portugal fuera el reino más próspero de toda cristiandad, con ella como la reina de su propio Imperio. Desde la primera vez que había visto a Sakura había sentido que la había conocido desde siempre, y ahora estaba convencido que de volver a nacer en otro tiempo, siempre la volvería a elegir…
Por la mañana y cuando el sol emergió desde el horizonte, Sakura ya se encontraba despierta y con los ojos abiertos como un gato, apenas y había podido cerrarlos durante la noche debido a la gran felicidad que sentía por saberse amada y plenamente correspondida por el dueño de su corazón, despertando a Sasuke en múltiples ocasiones para saciar el torrente de pasión voraz que clamaba dentro de su cuerpo. Apenas y podía creer que Sasuke la amara con la misma intensidad con que ella lo amaba a él, nunca le había pedido que le correspondiera, su cariño, respeto y pasión había sido suficiente, pero ahora Sakura sentía que lo tenía todo para ser feliz, solo faltaba que concibiera un hijo. La felicidad era un bien preciado por todo ser sobre la tierra—más para los reyes, para quienes la felicidad y el amor estaban vedados, entre otras cosas—, y tenía múltiples definiciones; para los pobres súbditos que trabajaban la tierra y se endeudaban con tal de sobrevivir un solo día, el pan y un techo bajo el cual cobijarse era motivo de alegría; para los nobles muchas veces el poder alumbrar hijos sanos ya era motivo de felicidad, pero para Sakura haber encontrado un amor con el que solo podría haber soñado en un matrimonio destinado a ser una alianza política más era su razón para ser feliz, era lo que hacía latir a su corazón, porque ahora se sentía realizada en casi todos los sentidos, solo necesitaba llevar un hijo de Sasuke en su vientre y todo sería más que perfecto.
Pero para ello necesitaba que Sasuke despertara, sonriendo para sí con solo pensar en tenerlo de nuevo en su interior y experimentar tan dulce placer; con ansias renovadas, Sakura aproximó su cuerpo al de Sasuke recostado a su lado, piel contra piel, sin barrera alguna que impidiera el contacto entre sus cuerpos, sonriendo pícaramente y mordiéndose el labio inferior mientras cuidadosamente alzaba una de sus manos para trazar con uno de sus dedos el contorno de los rasgos de su esposo, que yacía dormido a su lado con los ojos cerrados y su torso desnudo subiendo y bajando acompasadamente ante el ritmo de su respiración, con su cabello azabache ligeramente despeinado y haciéndolo ver aún más galante a sus ojos. Conteniendo el aliento, Sakura deslizó sus dedos sobre los labios de Sasuke, hipnotizada por su belleza, por cómo era capaz de seducirla con su sola respiración y el latir de su corazón, embelesándola e impidiéndole darse cuenta de que estaba despertando hasta que lo vio abrir los ojos. Sonriendo ladinamente al ver a su esposa nada más abrir los ojos, decirse dichoso o feliz era poco para Sasuke, ¿existía visión más perfecta al despertar? Sakura recostada a su lado, con su silueta desnuda expuesta e iluminada por la luz del sol que se filtraba a través las ventanas, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros como una cascada casi dorada que la hacía parecer una diosa.
Sasuke irguió la cabeza de la almohada para encontrar sus labios con los de Sakura que cerró los ojos y envolvió sus brazos alrededor de su cuello, pegando sus pechos a su torso, haciendo que se disipara toda bruma del sueño y que a su mente vinieran los recuerdos del día y la noche anterior; le había dicho a Sakura que la amaba y ella a él, en su matrimonio había más propósito que forjar una alianza y traer paz a un reino—que eran responsabilidades igualmente grandes—, ahora su mayor responsabilidad para con ella era amarla y demostrárselo. El rey portugués se irguió ligeramente sobre la cama, teniendo los brazos de su esposa alrededor de su cuello, recostándose sobre ella y apoyando ambos brazos en el colchón para no aplastarla con su peso, sin romper el beso, solo encontrando plena entrega por parte de Sakura que de inmediato abrió sus piernas para él y las envolvió a sus caderas dejándolo hacer lo quisiera, gimiendo sin disimulo como la amante generosa que era, haciéndole saber el gran placer que le hacía sentir y que solo engrandecía el que él experimentaba a su lado. Tan pronto como sintió el miembro de su esposo penetrar en su interior hasta la empuñadura, Sakura echó la cabeza hacia atrás y ahogó un profundo jadeo, pegando su frente a la de Sasuke, que arremetió contra su interior tras dejar pasar un breve instante.
Sasuke embistió duramente contra el interior de Sakura, quien encontró sus caderas contra las suyas, no queriendo que abandonase su interior y gimiendo deseosa por más, trazando los definidos músculos de sus hombros y su espalda con sus manos, arañando la piel a su paso. Quizás en ese momento y habiendo transcurrido tantas horas en el lecho, amándose, saboreando el sudor de sus cuerpos, encontrando sus labios, trazando y delimitando como únicamente suyos cada rincón de sus cuerpos, ya habrían de haber saciado todo deseo o lujuria hasta el cansancio, apenas y habían dormido durante la noche pero en medio de sus sueños la lujuria renacía y se reavivaba, aunque en estos meses como marido y mujer hubieran aprendido a conocer y amar cada rincón del cuerpo del otro, no conseguían saciarse, no conseguían extinguir la llama del deseo que se había encendido desde el primer momento en que habían encontrado sus miradas. Mordiéndose el labio inferior, Sakura apenas y fue capaz de acallar un profundo gemido que brotó de sus labios ante la maravillosamente obscena sensación de ser una con su esposo, de tenerlo en su interior, casi pudiendo sentir que estaba en el paraíso mismo ante cada una de sus embestidas, abrazándose a su cuerpo, envolviendo sus brazos a su espalda y sus hombros, gimiendo sin disimulo.
Gruñendo contra el costado del cuello de su esposa ante la placera y única sensación de ser uno con ella, Sasuke afianzó su agarre a sus firmes caderas que sujeto entre sus manos y acercó hacia sí, haciendo de las embestidas un ritmo corto pero profundo que fue recompensado con un coro de los melodiosos gemidos de Sakura—lo que enalteció a niveles incalculables su ego y orgullo al saber que podía provocarle tanto placer a su esposa—que removió su cabeza contra la almohada, gimiendo desesperadamente, buscando sus labios y que no dudaron en encontrarse con los suyos así como su lengua, ahogando sus gemidos ante el satisfactorio roce entre sus cuerpos, su torso chocando contra los pechos de esposa, su estrecho inferior apretando alrededor de su miembro, aumentando los gemidos de ambos y forzándolos a romper el beso, pegando sus frentes y encontrando sus miradas...varias horas después, Sakura se encontró tan satisfecha como su esposo, salvo que yacía agotada y profundamente dormida sobre la cama, envuelta en una sábana que cubría su desnudez mientras era observada por Sasuke quien terminó de abrocharse los pantalones y ceñirse las botas, esbozando una sonrisa ladina, acercándose con sigilo a la cama para depositar un beso sobre la coronilla de su hermoso ángel, impregnándose con su dulce perfume antes de abandonar sus aposentos, por ahora al menos.
Ya que era muy temprano, el rey Sasuke abandonó con tranquilidad los aposentos de su esposa hacia los suyos, sin molestarse en terminar de vestirse al cruzar las puertas y transitar por los pasillos con el torso desnudo y llevando su camisa en una de sus manos; desearía poder permanecer junto a Sakura la vida entera, no había obligación más sagrada para él que hacerla feliz, pero los asuntos de estado no esperaban. Necesitaba atender a sus asesores y hacerles saber que no iría a la guerra, que se quedaría y comandaría cualquier lucha desde la corte, hasta que Sakura diera su venia para emprender la cruzada que aún tenía en mente, porque desde ahora siempre la escucharía, además había ciertas cosas que quería hacer por ella. A esa hora de la mañana los nobles se encontraban preparándose para la rutina diaria y en los pasillos no había más que sirvientes, por lo que el rey portugués no sintió vergüenza alguna cuando finalmente llegó a sus aposentos, cerrando las puertas tras de sí y dirigiéndose hacia su habitación privada para darse un baño y vestirse, sonriendo distraídamente cuando pasó delante de un espejo; tenía la espalda llena de arañazos, así como chupetones en el cuello y partes del pecho, parecía que hubiera estado encerrado peleando con una fierra, y la comparación no era nada desacertada. Sin duda sus días estarían mucho más ocupados de ahora en adelante, porque no tendría mayor deber que demostrarle a Sakura lo mucho que la amaba y hacerla inmensamente feliz.
Y quizás pronto de ese amor por fin concibieran un hijo.
Tras la reconciliación del rey y la reina, la corte entera cambió y con ello los planes que el rey tenía en mente antes de su discusión; su primera decisión fue hacer a su esposa participe de todas y cada una de sus decisiones, estableciendo que cada día se reuniría en presencia de sus asesores solo si ella estaba presente y sentada a su diestra como su nueva consejera, después de todo y como digna hija de reyes, Sakura había sido educada para gobernar y sabia de política y estrategia militar tanto como el mejor de los soldados. Los asesores del rey y los políticos no prestaron objeción a la decisión del rey, menos cuando él había cambiado de idea sobre ir a la guerra, decidiendo que en su lugar permanecería en su reino hasta el nacimiento del ansiado heredero que el trono necesitaba o hasta que fuera imperativo que liderase a sus hombres en el campo de batalla, convencido de que se podía gobernar igual de bien desde la corte. Haciendo uso de su agudo intelecto político, fue la reina Sakura quien sugirió al rey no desatender el asunto de guerrear contra los moros y aquellos que profesaban el islam ni parecer débil ante Roma o los demás reinos de Europa, planteando la posibilidad de enviar una flota de naves y hombres para ayudar a la Republica de Génova, amenazada por el Sultan Gaara Sabaku, una amenaza que ningún cristiano podía permitir porque era una amenaza contra todo lo que conocían y contra el Dios al que rezaban.
Ningún lugar de Europa podía olvidar como el fallecido Sultan Rasa Sabaku—llamado Fatih, el conquistador—había aterrorizado a Europa al conquistar Constantinopla hace casi medio siglo, junto con territorios como Valaquia, Belgrado, Venecia, los Balcanes y territorios a lo largo del Mar Negro, además de casi tomar Moldavia…la muerte se había llevado al Sultan turco, pero su hijo el Sultan Gaara a todas luces parecía asemejarse a su padre al continuar hostigando a la República de Génova con una guerra que ningún cristiano podía permitir, por lo que por más pequeña que fuese la ayuda de Portugal, la brindarían con gusto. La noticia de que el rey permanecería en Portugal sin duda alegró a los políticos y a los nobles, y grande fue su regocijo para con la reina Sakura a quien sabían responsable, pues ella tenía una influencia sobre el rey que nadie jamás podría tener; pero esas no fueron las únicas decisiones que comunicó el rey Sasuke, sino su deseo indisoluble de que se destinara una cancillería a su esposa la reina. Una Cancillería era la autoridad y poder de mandar sobre el reino casi tanto como el rey, tener facultad para promulgar decretos, firmar cedulas, ejercer nombramientos, interceder en política e incluso ser regente; con esa decisión que sorprendió y enterneció a todos, incluida la reina, el rey Sasuke hacia presente su confianza en su esposa y dejaba en evidencia cuán grande era su respeto por ella.
Los días que siguieron fueron absolutamente pacíficos para todos en el reino, desde los más humildes a los más regios; haciendo uso de su poder, la reina Sakura solicitó diplomáticamente a Castilla pensadores, eruditos y filósofos para ilustrar la corte portuguesa, así como mujeres eruditas—recordando a la admirable Tsunade Senju—de las mejores universidades, además de ediciones de libros que no existían hasta entonces en Portugal, deseando crear todo un pilar de aprendizaje y cultura. También comenzó a reunirse con arquitectos para crear un nuevo y mejor orfanato para los niños de Lisboa, que gozara en su interior de una escuela, un hospital y un área de trabajo para jóvenes aprendices; paralelamente también se reunió con su confesor Fray Jugo Otogakure y le hizo presente su deseo de patrocinar la creación de un monasterio para la orden de los Jerónimos, aunque sabía que eso ultimo tomaría mucho tiempo antes de concretarse, mas dio todo de si por el proyecto. Pero aquello era la política, la diplomacia y los asuntos de estado, ¿qué había con los asuntos de alcoba e intimidad? Todos estarían de acuerdo en que las cosas no podrían ser mejores para el rey y la reina, parecían ajenos a la presión de tener que concebir un heredero, pasando infatigables días y noches juntos, debatiendo de todo y entregados a su amor, celebrando picnics en los jardines y largas jornadas de caza.
Dentro de la alcoba, los esfuerzos por concebir un heredero parecerían grandes a ojos de los nobles y políticos juiciosos, pero la verdad es que esos asuntos no tenían mayor importancia para el rey y la reina que compartían la cama todas las noches y casi varias veces al día para demostrarse lo mucho que se amaban, incluso en una ocasión y por premura habían empleado los establos para desfogar aquel torrente de pasión al regresar de una cacería, ¿por qué habrían de avergonzarse o limitarse? Recordando sus días en Castilla, Sakura inclusive se había atrevido a enseñarle a Sasuke una danza que había aprendido de una antigua doncella morisca que había servido a su madre, un baile no propio de una cristiana y que sin embargo a él le había encantado, como todo cuanto ella hacía. La felicidad del rey y la reina no parecía poder ser mayor, todo era absolutamente perfecto y no creían poder sentirse más plenos que amándose cada día y sin aburrirse del otro, pero todo dio un vuelco un mes después…
Septiembre de 1501/Lisboa, Portugal
A esa hora de la mañana, con el sol iluminando su habitación y aun siendo temprano, Sakura se removió sobre la cama, envuelta únicamente en una sábana, recordaba que Sasuke se había despedido de ella hace rato pero no recordaba cuanto al estar medio dormida, lo cual la sorprendía, usualmente no dormía tanto pero ahora ni siquiera tenía fuerzas para levantarse de la cama. Abriendo los ojos con fatiga, Sakura observó el techo, las ventanas y luego su mesa de noche en que reposaba una jarra con agua y que le hizo desear beber un poco; lentamente, sintiéndose muy pesada y torpe aunque sin saber porque, Sakura se sentó sobre el colchón y alargó su mano para tomar la jarra, sirviendo parte de su contenido en el vaso de junto, regresándola a su lugar y acercando el vaso a sus labios para beber un refrescante sorbo. Relamiéndose los labios y sintiéndose mejor, devolviendo el vaso a su mesa de noche, Sakura se levantó de la cama y aproximó a la parte trasera de esta donde había sido destinado su camisón la noche anterior, pero nada más terminar de colocárselo la reina portuguesa tuvo que aferrar sus manos a uno de los postes de la cama, a punto de perder el equilibrio, sintiéndose muy mareada, retrocediendo para sentarse sobre el colchón, sintiendo calambres en el estómago y unas nauseas espantosas revoloteando en su garganta, ¿por qué motivo? Había tenido lugar un banquete y fiesta la noche anterior, ¿acaso la comida le había sentado mal?, y de ser así ¿qué había sido exactamente?
—Karin— llamó Sakura sintiéndose cada vez peor, viendo a su amiga abrir las puertas de la habitación.
—Alteza— reverenció la Uzumaki, ingresando en compañía de Temari. —¿Qué tenéis?— preguntó, viendo en el rostro de su soberana que no se sentía bien.
—No lo sé, me duele mucho el estómago— contestó la Haruno, comenzando a ponerse pálida y sintiendo unas nauseas irrefrenables.
—Karin, id por el físico, yo me quedare con la reina— destinó Temari a la Uzumaki, quien asintió y abandonó rápidamente la habitación. —¡Traed un cuenco!— solicitó a cualquiera de sus compañeras fuera de la habitación.
Separándose de la reina para aproximarse a las puertas de la habitación, apremiando a sus compañeras el recipiente que su reina necesitaba, Temari no vio como Sakura inspiraba aire profundamente para tratar de mantener controlado su estómago y que no tuvo éxito, cubriéndose los labios con una mano para tratar de no vomitar, recordándose respirar por la nariz, justo a tiempo ya que en ese momento Temari se sentó a su diestra y colocó sobre su regazo un cuenco, masajeándole la espalda y alentándola a dejar salir lo que la hiciera sentir mejor. Inclinándose, Sakura tosió mientras liberaba su estómago, pero eso no la hizo sentir mejor, tampoco es como si tuviera algo que devolver, comía muy poco durante los banquetes y se iba a dormir—o Sasuke y ella se retiraban a la habitación más bien—a una hora prudente, no había comido nada en horas, no tenía nada en el estómago, ¿entonces de dónde venían estas nauseas? Sakura no lo sabía, apartando sus largos cabellos rosados de sus hombros, ayudada por Temari que le tendió un pañuelo para limpiarse los labios abanicándola con su mano libre, pero la mera sensación de aire hizo que Sakura volviera a sentir aquellas náuseas y vomitase sobre el cuenco, si a aquello podía decirse vomitar ya que Temari tampoco notaba que estuviera devolviendo nada, solo agua y que correspondía a la jarra sobre su mesa de noche.
¿Cuánto tiempo pasó en aquel tira y afloja? Sakura no podía saberlo, solo sintió que pasaban los minutos y que le faltaban las fuerzas, seguía sintiendo náuseas y le dolía el estómago pero literalmente ya no tenía nada que devolver cuando finalmente su físico de confianza Dan Kato ingresó en la habitación ataviado en su uniforme, depositando velozmente su instrumental y botiquín sobre el escritorio de la reina con ayuda de Moegi y Hanabi. Demasiado cansada y sofocada, Sakura no pudo contestar a ninguna de las preguntas que lord Dan le hizo sobre que había comido o bebido desde la noche anterior, pero Temari lo hizo por ella; con ese antecedente, Dan le tendió a su reina una pequeña cuchara con jarabe para tranquilizar su dolor de estómago, pero el aroma de la medicina detonó de nueva cuenta una oleada de nauseas en Sakura que se inclinó sobre el cuenco con agotadas arcadas, ante lo que el físico descendió la mirada hacia el abdomen de su reina y que esta no dejaba de masajear intentando frenar las náuseas—a la altura del vientre—, Dan arqueó una ceja y consideró una posibilidad que todos largamente habían ignorado. De pie en el umbral de la habitación, nerviosa, ansiosa y considerando responsable de todo al físico Dan Kato cuyos peculiares tratamientos ninguna ventura habían traído, Karin se retiró en silencio, necesitaba informar al rey Sasuke de lo que estaba pasando, ya teniendo mucho desconocimiento sobre el asunto.
Esa mañana Sasuke se había despedido brevemente de Sakura para regresar a sus aposentos y vestirse, pero cuando pretendía volver a su lado para desayunar juntos, su secretario lo interceptó para informarle que habían llegado noticias del Nuevo Mundo, cortesía de lord Hayate Gekko y que tuvo que atender, instruyendo a uno de sus sirvientes para que informase a su esposa que deseaba que ella estuviera presente…pero Sakura no llegó a la reunión sino que lo hizo una de sus doncellas—Karin—, quien le comunico al rey que su esposa se encontraba indispuesta. El rey Sasuke vestía un elegante jubón de terciopelo verde musgo—debajo una holgada camisa de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—de cuello redondo con un recorte carmesí con bordados de oro hasta la mitad del pecho en caída en V, continuando en terciopelo verde musgo, con mangas abullonadas que se ceñían desde los codos a las muñeca, y faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro como sus botas y pantalones verde oscuro, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre. Acompañado por Karin, Sasuke se dirigió a los aposentos de su esposa, angustiado por el motivo para que Sakura no hubiera podido levantarse esa mañana y porque un físico a quien él no conocía se encontrara atendiéndola, y la doncella de su esposa supo informarle de todo.
—Bien avise que ese físico solo podía traer desgracias— negó Karin en un profundo suspiro mientras el rey y ella se acercaban a las puertas de los aposentos de la reina.
—Como la haya mal herido, no tendrá tiempo de decir sus oraciones— declaró Sasuke con voz tensa, abriendo las puertas e ingresando por su cuenta, enfureciendo nada más ver al físico abandonar la habitación de su esposa. —¿Qué demonios le habéis hecho a mi esposa?— interrogó duramente, tomando al hombre del cuello.
—Alteza— sin dejarse amedrentar, Dan reverenció a su soberano con respeto. —Del estado de vuestra esposa, solo tenéis culpa vos— comunicó sencillamente, haciendo que el rey frunciera el ceño con desconcierto. —No puedo deciros más— concluyó cuando el rey le soltó el cuello, reverenciándolo para proceder a retirarse.
Acostumbrado al fuerte carácter de su reina y que podía ser comparada fácilmente con una joven y fiera leona, Dan Kato no se sintió mayormente intimidado por el rey Sasuke a quien sabia preocupado por su esposa, por lo que cargando con su botiquín se retiró en silencio y pasando junto a lady Karin que se paralizó en su lugar a causa de la sorpresa, sin saber cómo interpretar las palabras del físico. Cada vez más confundido o preocupado, Sasuke se dirigió velozmente hacia la habitación privada de su esposa al mismo tiempo que Moegi, Hanabi y Temari abandonaban el interior de esta, reverenciándolo y haciéndose a un lado para permitirle pasar, quitándose un peso de encima al ver a Sakura recostada sobre la cama y que le dirigió una luminosa sonrisa, pero la palidez de su rostro lo preocupo de nueva cuenta. Pese a las náuseas incontrolables que le habían impedido levantarse de la cama, Sakura no le había permitido a sus doncellas comentar nada, no queriendo preocupar a nadie y observando a Sasuke con una ligera sonrisa, aun ataviada en su camisón de lino marfil con escote alto y redondo que cubría holgadamente su figura, con mangas ceñidas en las muñecas y que terminaban en holanes que casi le cubrían las manos, con sus largos rizos rosados cayendo desordenadamente sobre sus hombros; desearía haberse pellizcado las mejillas para adquirir algo de color, porque dudaba que tras devolver todo lo consumido el día anterior—básicamente—tuviera el mejor aspecto.
—Sakura, ¿qué ocurre?— interrogó Sasuke con preocupación nada más cruzar el umbral de la habitación. —El físico no ha querido decirme nada— se detuvo a la diestra de la cama, sin apartar la mirada de su esposa y cada vez más nervioso.
—Lo sé, yo se lo pedí— asintió Sakura sin desvanecer su sonrisa. —Tanta espera ha probado ser justa, pues del amor que compartimos pronto nacerá un fruto— declaró, sonriendo aún más cuando Sasuke frunció el ceño con desconcierto. —Vamos a tener un hijo— esclareció, comprendiendo que él no lo entendería de otra forma.
Llevaba tanto tiempo anhelando poder decir esas palabras, que ahora que sabía eran reales Sakura no podía creer que lo fueran, sonriendo más feliz que nunca y absteniéndose de llevarse las manos al vientre para acunar a su hijo o hija que reposaba al interior de su vientre como haría durante los próximos ocho meses…si lord Dan Kato había estado en lo cierto en sus cálculos y ante la ausencia de sus cursos femeninos, había concebido a su hijo o hija el mismo día en que Sasuke y ella se habían reconciliado, cuando él le había dicho que la amaba por primera vez; su hijo había sido concebido como fruto del amor y de aquello hacía ya un mes, aunque las náuseas habían tenido que presentarse esa mañana para que se diera cuenta. ¿No era ninguna broma?, ¿era real lo que acababa de escuchar?, ¿no era su imaginación? Sasuke sabía que debía ser verdad, pues nunca había visto a Sakura sonreír de esa forma pese a lo pálida que se encontraba, desplomándose de rodillas delante de ella, sintiéndose más dichoso y maravillado que nunca, entrelazando una de sus manos con la de su esposa e inclinándose para encontrar con vehemencia sus labios con los suyos a modo de prueba de lo mucho que la amaba y agradecimiento por cuan feliz lo hacía, sin dejar de sonreír ni aun en medio del beso y que fue breve para poder contemplar el rostro de su esposa y el sonrojo que lentamente regresaba a sus mejillas.
—Hacéis tanto por mí...— suspiró Sasuke, acariciando con devoción el rosto de su esposa, —decid, ¿qué puedo hacer yo por vos?— haría todo cuanto ella le pidiera.
—Rodearme de vuestro amor— contestó Sakura, enternecida por las lágrimas que veía en sus ojos, —tal vez algún presente para calmar mi carácter— bromeó agradeciendo siempre sus muestras de amor en joyas y demás, —y que me sigáis viendo hermosa cuando mi cuerpo se ensanche— prometía recuperarse del parto, Dios mediante.
—Despreocupaos, siempre seréis la más hermosa para mí— sosegó él con sinceridad, sintiendo como su amor y deseo por ella crecía ante tan maravillosa noticia.
Aunque en el fondo aun temiera que el deseo de Sasuke por ella se desvaneciera con el pasar de los meses, cuando su vientre de embarazo ahora adorable—pues no daba señales de crecer hasta que cumpliera tres meses, cuando sería sensato anunciar el embarazo en caso de que sufriera una perdida, Dios no lo permitiera—se tornara pronunciado y quizás nada agradable, a Sakura no le importo demasiado, llevaba tanto tiempo deseando ser madre que desde ahora su mayor preocupación estaría en alimentarse bien y reposar lo suficiente para llevar a buen término su embarazo y dar a luz al próximo rey de Portugal, a su primogénito, su pequeño trozo de cielo. Sasuke no podía mentir, esta noticia era por lejos la más feliz que hubiera recibido desde que había sabido que ambos podrían casarse, hacía ya un año, y cada día agradecía infinitamente a Dios, al destino y a la existencia misma por tener a su lado a mujer tan perfecta; era tanta su dicha por vivir el presente que ni aunque deseara compartir todo con Sakura, jamás había pasado siquiera por su mente imaginarla embarazada, pero ansiaba que el tiempo comenzara a pasar para ver su cuerpo cambiar con cada día y mes, ansiaba que todos pudieran ver que la promesa que se habían hecho en su noche de bodas se hacía realidad; Portugal tendría herederos como nunca habían existido.
Pero por encima de todo, serian una familia unida y llena de amor.
4 de Noviembre de 1501/Dogmersfield House, Inglaterra
Si el viaje de la archiduquesa Hinata a Flandes para casar con el archiduque Naruto fue accidentado al casi naufragar durante su travesía, el viaje de la Infanta Mirai a Inglaterra no fue precisamente un camino de rosas; nada más abandonar Castilla—a solo un mes de cumplir dieciséis años—, Mirai fue devuelta a las costas de Laredo por una furiosa tormenta…no había sido un buen presagio, pero pese a todo, con gran voluntad y el estómago revuelto volvió a subir a la nave que la llevaría a Inglaterra tan pronto como el capitán experimentado que su futuro suegro el rey Genma Shiranui había enviado para acompañarla llegó para conducir la nave en una travesía agitada igualmente, pero tolerable. Recordando la Guerra de Granada durante su Infancia, Mirai se armó de valor y tras desembarcar en la costa inglesa lo primero que hizo fue visitar la Iglesia más próxima y dar las gracias al altísimo por permitirle llegar a su destino. Tras aquello y cuando un sequito de nobles ingleses se apersonó al lugar en que había desembarcado, la Infanta española fue llevada a Dogmersfield House,el punto de reunión elegido para conocer finalmente a su futuro esposo el príncipe Konohamaru, siendo recibida además por la abuela de este; lady Biwako Sarutobi, una mujer muy rígida y protocolaria que le recordó a Mirai a su fallecida hermana Takara y a su propia madre la reina Seina, mas solo en eso se parecían.
—Me alegra poder conoceros finalmente, Mirai— manifestó Konohamaru con timidez, volviendo la mirada hacia su futuro esposa.
—También a mí— correspondió Mirai con una sonrisa. —Sois más guapo de lo que imagine— tenía los ojos más bellos que hubiera visto nunca y la sonrisa más tierna.
Para poder hablar como pareja y seguidos por un sequito de chaperones como era costumbre, los príncipes de Gales paseaban por los campos de la propiedad mientras caía una muy ligera llovizna. Mirai portaba un bello vestido azul pastel de escote cuadrado—debajo una enagua blanca con mangas holgadas y que formaban holanes por sobre el vestido—con un margen de pasamanería marfil en el escote y el centro del corpiño, mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían continuando ceñidas hasta las muñecas y formando cortas muñequeras, con falda abierta en A con un corto faldón superior por sobre la falda y debajo una falda inferior color marfil con cinco líneas horizontales, y sus largos rizos azabache caían sobre sus hombros y tras su espalda peinados por una diadema de oro decorada por amatistas que rodeaba su frente, y alrededor de su cuello portaba una cadena de perlas con un dije en forma de granada, el emblema de su familia. A su diestra caminaba el príncipe Konohamaru, con su rebelde cabello castaño—cubierto por una boina de terciopelo negro—enmarcando su rostro y haciendo resaltar sus ojos azules, vistiendo un jubón gris verdoso de cuello alto—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo y mangas ceñidas en las muñecas—, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro como sus botas y pantalones negros, y sobre el jubón un abrigo de piel marrón oscuro.
—Vuestro país es muy curioso— comentó Mirai riendo por lo bajo, —llueve todo el tiempo— la ligera lluvia mojaba su vestido, pero no le molestaba para nada.
—Oh, no, esto no es lluvia, es llovizna— sonrió Konohamaru, alzando la mirada al cielo. —Tenemos muchos tipos de lluvia; diluvios, lloviznas, garua, goteos, lluvia a mares…por eso nuestros jardines son tan verdes— explicó, maravillado al ver crecer su sonrisa.
Tímido por naturaleza, en relación con su enérgico hermano Kiba, Konohamaru nunca había tenido gran afinidad por el sexo opuesto, prefería la compañía de los libros y su familia antes que la de desconocidos, pero ahora todo era diferente; la princesa española lo había cautivado por completo, su belleza y dulzura tenia subyugado su espíritu, pues no podía apartar los ojos de ella, de sus largos rizos azabaches que resplandecían con luz propia o de sus mejillas sonrosadas y su adorablemente discreta sonrisa, pero lambien le temía a la fuerza de estos sentimientos porque jamás había estado enamorado, ¿qué debía hacer o decir? Solo había escrito dos cartas a Mirai, el resto las había escrito su padre el rey Genma…él solo las había leído y estaba embelesado con su candor. Mirai estaba verdaderamente divertida, maravillada e intrigada, ¿existían tantas formas para que el agua cayera del cielo? En Castilla seria toda una novedad, ahí solo se veía sol, lluvia y nieve, ¿a qué paraíso había venido a parar? Mordiéndose el labio inferior, Mirai desvió la mirada hacia Konohamaru mientras caminaban, recordaba las cartas que él le había escrito, donde le confesaba cuanto deseaba tenerla en brazos hasta que su unión diera frutos, le enternecía que fuera tan tímido y dulce, pero también era un gran retroceso, sentía como si debieran conocerse desde cero, aunque eso también le provocaba gran alegría y emoción.
—Es incomodo hablar en voz baja, sin poder estar a solas— murmuró Mirai para que no fuesen oídos.
—No podemos encontrarnos a solas hasta que nos desposemos— recordó Konohamaru sonrojándose ligeramente ante semejante prospecto, —y si entramos, ellos nos oirán— por eso estaban paseando, para poder hablar sin ser escuchados directamente. Afortunadamente Mirai asintió con una ligera sonrisa, comprendiendo sus razones. —Me esforzare por ser un buen esposo para vos, siempre escuchare vuestras preocupaciones y estaré atento a vuestras necesidades— prometió ya que su boda tendría lugar dentro de solo diez días, tras su llegada a Londres.
—Y yo me esforzare por ser una buena esposa, a amaros con todo mi corazón, más que ahora— correspondió la Infanta, ilusionada de nueva cuenta con sus dulces palabras. —Oh, y trataré de aprender vuestro idioma con el menor acento posible— acotó, manejando un inglés muy básico y con pronunciado acento español.
—No— protestó el príncipe, deteniendo su andar y provocando que Mirai hiciera igual. —Vuestro acento es encantador— su voz era única, como toda ella.
Aunque todo fuera un enlace por política, que convertiría Mirai en reina de Inglaterra cuando—Dios mediante muy a futuro—él se convirtiera en rey, Konohamaru sentía o quería creer que todo sería diferente de lo que sus padres habían planeado para ellos, Konohamaru ya sentía que podría amar a Mirai…pero a su tiempo, quería conocerla en alma antes de que pudieran ser íntimos entre sí, porque nada más verla sabía que no sucedería nada la noche de bodas, ¿cómo podría? Ella era maravillosa, absolutamente encantadora, hermosa y perfecta, ¿cómo no sentir temor a desagradarle? Ni siquiera tenía del todo claro lo que sucedía entre un hombre y una mujer, había decidido saltarse esa parte de las lecciones. Fue imposible para Mirai no volver a sonrojarse ante las palabras de Konohamaru, sintiendo a su vez que un peso se desvanecía de su corazón, no tenía por qué cambiar ni dejar de ser quien era, Konohamaru no se lo pediría y eso le hacía sentir que había hecho bien su labor y ganado su corazón, esperaba; Mirai mentiría si dijera que detrás de su sonrisa no se encontraba una arrolladora nostalgia de dar la vuelta y regresar a Castilla con sus padres, pero estaba en Inglaterra, este sería su hogar desde ahora y justo como Hinata y Sakura se habían aventurado a lo desconocido, Mirai emularía sus pasos y se comprometía a ser la mejor reina que Inglaterra hubiera tenido, por su alma que se dejaría la vida en ello…
14 de Noviembre de 1501/Catedral de St. Paul, Londres
Siguiendo lo acordado, los príncipes de Gales y futuros esposos partieron de Dogmersfield House hasta Londres, donde fueron recibidos por el rey Genma Shiranui y su hermosa esposa la reina Yugito Nii, así como sus hijos la princesa Hotaru de doce años, el príncipe Kiba de diez y la princesa Hana de cinco, todos hermanos menores de su futuro esposo y que habían sido muy afectuosos al darle la bienvenida a su nueva patria; pero Mirai no se quedó en el Palacio sino que por tradición fue llevada a la Torre de Londres, en cuyos aposentos especiales permanecería hasta el día de la boda, el día catorce. Acompañada por su sequito español, la princesa Mitai abandonó la Torre de Londres a pie y marchó hacia la Catedral de Saint Paul, ataviada en un hermoso vestido de seda blanca y escote cuadrado—debajo una enagua de gasa blanca con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas— que se ceñía a su cuerpo, con hombreras abullonadas y mangas que se ceñían desde los codos a las muñecas para finalizar en cortos holanes, con una falda superior abierta en A para exponer una falda inferior decorada por encaje dorado y piedras preciosas, y alrededor de su cuello una larga guirnalda de perlas de dos vueltas que caía a la altura de su vientre, a imagen de la cofia española con velo que le caía hacia el frente para cubrir su rostro, pero haciendo resaltar su largo cabello azabache que le caía tras la espalda
Nadie podía quitarle el llevar un vestido propio de una Infanta de Castilla, a futuro trataría de ceñirse a la moda inglesa y representar apropiadamente a su gente, pero en este día y siendo reverenciada a su paso por las calles, Mirai se sintió bienvenida como una hija prodiga, nadie la juzga ni la miraba con menos que veneración o respeto, ¿era esto lo que su hermana Sakura había sentido al llegar a Portugal? Era fácil amar a esta tierra de gente humilde y trabajadora, lluvias incomparables y verdes prados. Cuando Mirai finalmente llegó a las puertas de la catedral, contuvo una sonrisa al ver a la derecha los pendones con los estandartes de Castilla y Aragón, mientras que a la izquierda estaba el emblema de la familia Tudor; la rosa roja eclipsando a la blanca, y bajo los estandartes de pie junto a la entrada se encontraba un niño de diez años, alto—tenía la misma altura que Konohamaru pese a lo joven que era en relación con él—, de rebeldes cabellos castaños y brillantes ojos oscuros, así como dueño de una sonrisa arrogante pero carismática. Se trataba de su cuñado el príncipe Kiba, un niño realmente adorable y muy entusiasta que por tradición era quien debía llevarla al altar, y que sonrió nada más ver a su futura hermana en ley—o cuñada, como prefiriera que la llamara lo haría—, una joven valiente, segura, y tan inteligente como hermosa, reverenciándola tan pronto la vio detenerse a su diestra.
—Me alegra volver a veros, Alteza— saludó Kiba sin desvanecerse su sonrisa delante de la princesa española.
—Alteza— correspondió Mirai, inclinando la cabeza al verlo y conteniendo una sonrisa.
—Sabed que aún podéis arrepentiros— susurró el príncipe en caso de que ella se viera tentada a dar la vuelta.
—¿Por qué habría de hacerlo?— cuestionó la Infanta, frunciendo ligeramente el ceño. —No le temo a mi destino— no había viajado hasta aquí para dar la vuelta.
Sorprendido por la gran seguridad de la princesa española, así como por su incuestionable belleza y voz dulce aunque grave a la vez, el pequeño Kiba carraspeó ligeramente para aclararse la garganta, extendiendo al aire su brazo derecho para que la bella Infanta se sujetase de él y pudieran ingresar a la catedral…cuan distinto seria todo si él fuera el hermano mayor y no Konohamaru, así este día seria su boda y no la de él, Mirai sería su esposa y un día su reina, pero eso era solo un sueño, uno que nunca seria pues su destino era la carrera eclesiástica y el de Mirai ser reina de Inglaterra, la mejor sin duda. Hasta hace poco tiempo atrás, sola en Castilla ahora que todas sus hermanas estaban casadas—Sakura ya estaba embarazada y le había escrito para felicitarla—, Mirai se había sentido abandonada pese a gozar del amor incondicional de su madre, deseosa de encontrar la felicidad junto a Konohamaru, mas solo ahora Mirai alcanzaba a dimensionar el peso de la responsabilidad que sería puesta sobre sus hombros tan pronto aceptara como esposo a Konohamaru ante el altar, y tenía mucho miedo; ¿y si no conseguía ser feliz?, ¿y si no era capaz de llevar a cabo el deber para el que había nacido? Hija de Castilla y Aragón, se recordó al dar el primer paso y cruzar el umbral de la catedral, esposa del príncipe Konohamaru, el príncipe de Gales seria su esposo a partir de hoy y a él debería su lealtad.
Y un día reina de Inglaterra.
Febrero de 1502/Lisboa, Portugal
Los meses pasaron más lentamente de lo que Sakura habría deseado, anhelando poder cargar en sus brazos al niño en su vientre; sus cargas comenzaron a desvanecerse cuando cumplió tres meses y finalmente Sasuke y ella pudieron dar la noticia a los nobles, pues ya se previa que el embarazo llegase a término. Lord Dan Kato—ahora su físico personal—garantizaba que el niño en su vientre crecía con salud y fuerza, sus antojos por carne y leche fresca hacían que sus mejillas permanecieran sonrojadas y su compleción firme. La reina portaba en un elegante vestido de seda marfil—debajo una enagua blanca de escote redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—con bordados dorados que replicaban el emblema de la familia Uchiha, de escote redondo y que se ceñía bajo su busto para dejar en evidencia su vientre de cinco meses, con mangas abiertas desde los hombros y debajo mangas de seda esmeralda ceñidas hasta los codos, falda de dos capas y alrededor de cuello una guirnalda de dos hileras de perlas con una letra S como dije en cada hilera, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca y sobre su coronilla a modo de cintillo haciendo resaltar unos pendientes de oro con un diamante en forma de lagrima. Mientras Sakura alargaba sus manos para calentarse con el fuego de la chimenea, las puertas de su habitación se abrieron permitiendo el ingreso de su esposo.
—Sasuke— reconoció la Haruno, sujetándose la falda del vestido y corriendo para abrazar fervorosamente a su esposo. —Hace ya tiempo que os esperaba— ahora que debía guardar reposo por su condición, no podía acompañarlo en la política.
Envuelto en los brazos de su esposa, Sasuke sintió como si hubiera muerto y llegado al cielo en cosa de segundos; se decía que no existía mujer más hermosa que la mujer embarazada, y aunque Sasuke recordaba a Takara embarazada de su fallecido hijo Yosuke, estaba convencido de que ninguna mujer podría ser más hermosa que Sakura en ese momento, era como si casi rozara la divinidad a sus ojos. El rey portugués vestía un elegante jubón de terciopelo esmeralda, de cuello alto y en V forrado en piel marrón oscuro, con mangas holgadas y abiertas que se abrían a la altura de los hombros para exponer ceñidas mangas inferiores de seda dorada, con faldón hasta las rodillas y ceñido a su cuerpo por un cinturón marrón oscuro como sus botas de cuero y pantalones de igual color, con su cabello rebelde azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. Sakura abrazó a Sasuke con todas sus fuerzas y besándolo con premura, no solo en los labios sino también en las mejillas, la punta de la nariz, la frente, los parpados...lo había extrañado tanto, que tenerlo a su lado ahora era el mayor de los placeres que pudiera existir; Sasuke sonrió en medio de aquel mar de amor, desearía no dejar sola a su esposa pero la política no aguardaba, él se ocupaba de la gobernanza sucia e intrigante, y Sakura se encargaba del área diplomática para no estresarse en demasía, pues él buscaba que pasara un embarazo tranquilo.
—Solo vine a saludaros— advirtió Sasuke, sujetando a su esposa de los hombros para marcar distancias pues era necesario. —Disculpadme, pero son muchos los asuntos que debo atender— le frustraba tener que irse, pero la política aguardaba por él.
—¿Os vais tan pronto?— se decepciono Sakura, no habiéndolo visto en toda la mañana.
—Emi vendrá para haceros compañía— trato de sosegar el Uchiha, sintiéndose culpable al ver a Sakura apartar la mirada con tristeza. —Pero esta noche nos encontraremos de nuevo— prometió, tomándola del mentón para encontrar su mirada con la suya. Aunque no pudieran compartir intimidad como la que deseaban, dormir a su lado por las noches era el placer más sublime para él. —Sed paciente— rogó ya que dentro de cuatro meses y Dios mediante, tendrían a su hijo en sus brazos.
Que no daría por permanecer junto a su esposa, pero la política de Portugal era distinta desde que se había esparcido la noticia del embarazo de Sakura; ya más de un rey de Europa extendía las manos de sus respectivas hijas recién nacidas con el propósito de sellar una venturosa alianza entre dos reinos al casarlas con su hijo en camino si era varón, ahora Sasuke departía con los embajadores y luego extendería las propuestas escritas a su esposa para que ella decidiera lo que fuera mejor para el príncipe o Infanta que crecía en su vientre, como madre ella sabría que sería mejor para el futuro de sus hijos como digna hija de reyes…además, sabría redactar el no más educado, pues solo concertarían un matrimonio para sus hijos tan pronto como estos pudieran hablar, no antes. Las cosas habían cambiado en los meses que Sakura llevaba de embarazo, durante los primeros meses Sasuke y ella habían podido mantener relaciones con normalidad, pero desde que había cumplido tres meses los galenos más experimentados le exigían reposo y abstinencia total…mas no se exigiría al rey que cumpliera lo mismo, al fin y al cabo era hombre y se le permitiría tomar una amante si así lo deseaba, pero Sakura confiaba en que Sasuke le hablaría del tema si lo quisiera así, y la situación se prestó para ello cuando Sasuke la beso en la frente y se volteó para marcharse, justo cuando Tenten ingresaba en la estancia trayendo hilos y enseres para bordar, reverenciando a su rey y dejando caer por accidente un carril de hilo.
—Permitid que os ayude— sosegó Sasuke ante la evidente vergüenza en el rostro de la doncella de su esposa.
Era poco frecuente ver a un soberano arrodillarse, y Tenten se sintió honrada cuando el rey Sasuke se inclinó para recoger el carril de hilo que se le había caído por accidente, tendiéndoselo con amabilidad y provocando que se sonrojara mientras lo reverenciaba; Sasuke sonrió ligeramente, ¿por qué todas las mujeres se sonrojaban cada vez que lo veían en el último tiempo? Encogiéndose de hombros, pues no era importante para él la actitud de las mujeres que lo rodeaban—salvo si se trataba de Sakura—, Sasuke abandonó los aposentos de su esposa, ya deseando que llegase la noche para no tener que volver a separarse de ella. Mientras veía a Tenten aproximarse al escritorio para dejar sobre este todo cuanto cargaba, Sakura sintió que se le helaba la sangre, había visto la mirada que Sasuke le dirigía a su doncella y cuánto tiempo había posado su mirada sobre ella, no había sido solo su imaginación, ¿cierto? No podía serlo, no fantasearía tontamente con algo así, pero lo cierto es que embarazada como estaba no podía competir con ninguna mujer, sabía que Sasuke la amaba y deseaba incluso estando embarazada, pero no podía consumar ese deseo con ella, los galenos lo prohibían si querían que el embarazo terminara apropiadamente, ¿acaso había llegado la hora de decir adiós a esas noches de pasión y amor para entregar a su esposo a otra mujer?, ¿otra habría de ocupar su lugar en su lecho?
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 me disculpo por no haber actualizado otras de mis historias esta semana como tenia planeado, pero mis clases me lo han impedido, mas tratare de volver a actualizar tan pronto me sea posible :3 las próximas actualizaciones serán "Reina de los Vampiros", luego "Kóraka: La Sombra del Cuervo" y nuevamente "La Reina Olvidada" lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (19 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (32 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro –Emi Uchiha como Isabel de Viseu
-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (19 años) -Temari Sabaku como Beatriz de Melo (31 años)
-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (21 años) -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval (26 años)
-Tenten Namiashi como Luisa de Peral (24 años) -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)
-Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos -Hayate Gekko como Vasco da Gama
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (21 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (22 años)
-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (16 años) -Konohamaru Sarutobi como Arturo Tudor (15 años)
–Kiba Inuzuka como Enrique VIII (10 años) -Biwaki Sarutobi como Margaret Beaufort
-Genma Shiranui como Enrique VII –Yugito Nii como Elizabeth de York
-Hotaru Tsuchigumo como Margaret Tudor –Hana Inuzuka como María Tudor
-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Tsunade Senju como Beatriz de Galindo
-Gaara Sabaku como Bayaceto II –Rasa Sabaku como Mehmed Fatih II.
Embarazo, Viaje & Celos: la verdad históricamente no puede saberse en que circunstancias se concibió al que llegaría a ser el rey Juan III de Portugal pero es algo seguro que entonces Manuel y María ya se amaban, el año que estuvieron casados antes de eso permitió que el amor naciera entre ambos, por ello elegí que el momento de la concepción fuera la declaración de amor de Sasuke a Sakura en el capitulo anterior. En el contexto histórico use información real, ya que Portugal brindo ayuda a la Republica de Génova amenazada por el Sultan Bayaceto II, y en que María recibió su propia cancillería de su esposo el rey Manuel, una prueba de su confianza. Paralelamente a los eventos en Portugal, Mirai parte a Inglaterra para casar con el príncipe Konohamaru, conociendo a su nueva familia política y siendo recibida con gloria y majestad como sucedió en la historia real, aunque su felicidad será breve y todos lo sabemos. Al final del capitulo, Sakura ya tiene cinco meses de embarazo y los galenos les han prohibido a Sasuke y a ella mantener relaciones intimas para no poner en peligro a su hijo en camino, una practica común de la época y que detona su inseguridad como me imagino podría haber ocurrido en la historia real, pero tendrán que esperar al próximo capitulo para saber que pasara entre nuestra pareja y si es que Sasuke le será infiel a Sakura o no.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
