-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Capital Letters" de Hailee Steinfeld para Sakura, "My Escape" de Ravenscode para Sasuke, "Freeze You Out" de Sia para para Mirai y "For You" de Rita Ora & Liam Payne para el contexto del capitulo..
Durante las próximas horas de la mañana, Sakura escribió una carta a su madre la reina Seina para relatarle como transcurría su embarazo—una costumbre que tenía desde que sabía de su hijo en camino—y pedir su consejo en asuntos del corazón en caso de que Sasuke quisiera tomar una amante; su madre era una mujer experimentada en el ámbito del matrimonio y Sakura quería creer que nadie más que ella podía darle respuesta a sus inquietudes, aunque también le había escrito para saber cómo se encontraba de salud ya que en su última carta le había dicho que comenzaba a sentirse muy cansada y fatigada, lo que preocupaba a la reina portuguesa. A solas en sus aposentos, acompañada por sus doncellas, Sakura se encontraba sentada ante un gran tapiz que estaba bordando personalmente para un convento del que era benefactora, volviendo la mirada por sobre su hombro y sonriendo al ver ingresar a su cuñada Emi, quien portaba un exquisito vestido de seda granate—debajo una enagua blanca de escote redondo—con opacos bordados negros y que exponía ligeramente sus hombros con el contorno de color negro, mangas ceñidas a las muñecas y que finalizaban en largos holanes blancos, corpiño ceñido como un corsé, falda larga y lisa, y su largo cabello azabache caía tras su espalda peinado por una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla, haciendo resaltar la guirnalda de oro y rubíes alrededor de su cuello y de la que pendían lágrimas de perlas.
—Perdonad mi demora, me encontré con una fila de cortesanos obstruyéndome el paso— suspiró Emi nada más entrar, espontanea como siempre.
—Eso para mí es pan de cada día— minimizó Sakura, absolutamente calmada y adaptada a su propia rutina.
—No sé cómo lo soportáis, menos estando embarazada— negó la Uchiha ingresando en la estancia. —Yo ya habría brincado por una ventana— sobre todo estando embarazada y con los cambios de humor que su cuñada disimulaba muy bien.
Admirando a su joven cuñada, siempre tan alegre, entusiasta, responsable y al mismo tiempo inocente en muchos sentido, Emi no cesaba de preguntarse casi todos los días—visitándola sin falta, aunque fuera solo para saludarla en caso de que no contase con más tiempo al cuidar de sus hijos—¿cómo es que Sakura no se volvía loca? Un grupo de nobles acababa de abandonar sus aposentos y Sakura se encontraba como si nada; en nada era extraño que Sasuke estuviera tan enamorado de ella, ese ánimo siempre dispuesto y resuelto era precisamente lo que alimentaba a la corte cuyos nobles eran más leales a su rey que nunca, incluso su propio primogénito Kagen el duque Braganza ahora era emisario del rey en las provincias del reino, y cuando regresaba la reina Sakura siempre lo trataba con gran amabilidad. Sonriendo ligeramente, Sakura entornó los ojos mientras negaba en silencio; Sasuke insistía en quitarle responsabilidades de encima estando embarazada para que no se estresase innecesariamente, pero ella de una u otra formaba acababa encargándose de todo, era su rutina y no le placía descuidar las obras de caridad que hacía, ni sus responsabilidades de reina ni las de futura madre, ni mucho menos las de esposa, una reina hacía de todo y Sakura amaba la sensación de ser útil, no conocía otra forma de vivir y tenía que hacer algo ya que tras el parto tendría que guardar reposo absoluto.
—Venid— llamó Sakura, mientras una de sus doncellas situaba una silla a su diestra para que su cuñada se sentase. —Si acabamos hoy el bordado, mañana podremos ofrecerlo a las hermanas del convento— había prometido aquel donativo y lo cumpliría.
Sujetándose la falda del vestido para no tropezar, Emi se apresuró en sentarse a la diestra de su cuñada, murmurando un gracias cuando la doncella que había dispuesto su asiento le tendió una aguja e hilo para unirse a la labor de la reina; tan pronto había cumplido cinco meses de embarazo, Sakura había comenzado aquel tapiz de seda marfil repleto de finos y elaboradísimos bordados florales, y Emi no había dudado en unirse a tan noble labor y que una vez finalizada seria donada a un convento, de hecho y desde que Sakura había descubierto su embarazo, realizaba un tapiz nuevo cada mes, cada uno para un templo religioso en particular, no solo para Lisboa sino para cualquier iglesia o templo del reino, especialmente para los más humildes. Quizás como una coincidencia, la doncella que había situado la silla en que Emi se sentó a su diestra y que le tendió la aguja e hilo que su cuñada procedió a enhebrar...fue Tenten; Sakura se había pasado gran parte del día tratando de ignorar el sentimiento o inquietud que había despertado en ella esa mañana al recordar la mirada que Sasuke le había dirigido, pero ahora y mientras su cuñada Emi estaba enfocada en enhebrar su aguja y estudiar el bordado, Sakura no pudo evitar observar a Tenten por el rabillo del ojo y seguir cada uno de sus movimientos mientras la veía sentarse junto a sus otras doncellas y regresar al bordado que estaba realizando en su bastidor.
—Debemos poner más azul y verde aquí, así las flores resaltaran más todavía— consideró Emi en voz alta. —¿Vos que opináis?— preguntó a su cuñada, frunciendo ligeramente el ceño al no tener respuesta. —¿Sakura?— volvió la mirada hacia su cuñada que volteo a verla al instante.
—Lo siento, estaba distraída— se disculpó Sakura, tratando de ocultar lo que acababa de pasar y que esperaba Emi no hubiera notado. —¿Qué decís?— consultó, regresando su entera atención al bordado.
—Os preguntaba que deberíamos añadir al bordado, para que luzca más— reiteró la Uchiha, regresando su mirada al bordado con expresión pensativa.
—¿Quizás algún hilo plateado alrededor de las flores?, ¿en los bordes?— sugirió la Haruno, siguiendo el contorno de las flores con su dedo.
De acuerdo con la idea, Emi asintió con ánimo entusiasta y Sakura le tendió el carril de hilo plateado junto a unas tijeras para comenzar a trabajar cuanto antes: al margen de lo que pudiera pensarse y si bien la labor de bordar si era algo propio de las mujeres, no por ello era algo fácil de ejecutar, requería mucho esfuerzo y dedicación, materiales muy apreciados no solo entre las mujeres sino entre los grandes palacios de todo el mundo, al fin y al cabo cuanto mayor fuera su laboriosidad y la selección de sus materiales, más riqueza demostraban y por ende más cotizados eran, de ahí que Sakura y Emi se esforzaran tanto en realizar aquel tapiz y entregarlo a un convento o iglesia, ya que los religiosos que los administraban o habitaban sin duda sabrían como emplear el recurso una vez terminado. Pero que Sakura enfocase su atención en otra cosa no significaba en absoluto que hubiera olvidado la preocupación que tanto la atañía, sino que simplemente la había relegado por ahora al fondo de su corazón, no sabiendo con quien hablar del tema o tan siquiera si sería prudente hacerlo, sintiendo como una daga se clavaba lentamente en su pecho ante la sola idea de imaginar a Sasuke con otra mujer, teniendo que apartar la mirada y soportar en silencio como si nada, ¿acaso él se lo pediría o mantendría en secreto sus posibles amoríos? Ninguno de los escenarios tranquilizaba su corazón ni la hacía sentir menos herida…
La reina Sakura había despedido a su cuñada Emi que necesitaba regresar al lado de su esposo y sus hijos, y aunque encontrarse sola le permitió pensar como había deseado hacer, también la sumió en la angustia y la melancolía al pensar en la posibilidad de que su esposo la estuviera engañando o pensara en hacerlo, por lo que en un intento por distraerse decidió salir a dar un paseo por los jardines—eso aún lo podía hacer—en compañía de sus doncellas, pero observando por el rabillo del ojo y de vez en vez a Tenten, no pudiendo sacarse de encima la maldita sospecha. Caminando a la diestra de la reina se encontraba Karin a quien la soberana siempre daba un lugar especial como su gran amiga, portando un sencillo vestido de seda purpura y escote en V—debajo una enagua malva suave de escote redondo con largas mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—decorado en el contorno y la caída vertical a lo largo del vientre por encaje violeta, cerrado por una serie de pequeños botones dorados, ceñido a su silueta y con mangas acampanadas que casi le cubrían las manos, con falda abierta en A bajo el vientre revelando una falda inferior lila suave, y su largo cabello rojo caía tras su espalda peinado en una trenza mariposa, haciendo destacar el dije en forma de rosa con un diamante en el centro y que pendía la cadena de oro alrededor de su cuello.
—Alteza, ¿qué os ocurre?— preguntó Karin, dándose cuenta de cierta tensión en su amiga. —Habéis decidido pasear por los jardines para tomar aire— recordó en caso de que hubiera cambiado de opinión o no se sintiera cómoda.
—Sí, lo sé…— suspiró Sakura, deteniendo su andar y haciendo que tanto Karin como el resto de sus doncellas también lo hicieran. —Dadnos un momento, por favor— solicitó al resto de sus doncellas, tomando de la mano a Karin y retomando su andar, marcando las distancias para que pudieran hablar con privacidad. —Estoy muy nerviosa, Karin— confesó con complicidad, sabiendo que a ella podía decirle todo.
—¿Por qué motivo, Alteza?— consultó la Uzumaki, controlando su preocupación para no pecar de alarmista. —Podéis confiar en mí, lo sabéis— recordó con una amable sonrisa, siempre presente para ella como su amiga.
—Lo sé— asintió la Haruno, quitándose un pequeño peso de encima y sabiendo que podía ser honesta. —Un rey tiene sus necesidades— inició con voz calmada y seria, —sé que soy la esposa del rey, la madre de su heredero— lo dijo tanto para poner a su amiga en contexto como para tratar de hallar sosiego.
—¿Pero?— inquirió Karin, suponiendo que debía haber un pero en aquel tema.
—¿Y si quiere buscar lo que yo no puedo darle?— cuestionó Sakura abiertamente, quebrándosele la voz de solo pensar en ello.
Hasta el día de hoy nunca había pensado en tal posibilidad, tras su noche de bodas Sasuke y ella habían comprendido que más allá del afecto que sintieran el uno por el otro—y que ahora comprendían era amor, pues de ello había sido concebido su hijo en camino—, había una atracción natural y que estaba por encima de la religión, de su deber, era el sentir natural entre un hombre y una mujer, ello hacia que el coito y la intimidad propia entre un esposo y su esposa jamás fuera monótona, porque siempre había algo nuevo que descubrir en brazos del otro. Pero ahora todo había cambiado; ya hacían dos meses desde que Sasuke no frecuentaba su cama con ese propósito, Sakura había querido creer que sería romántico y noble de su parte mantenerse fiel y esperar a que ella se recuperase tras el parto, ¿pero cómo pedírselo?, ¿no era rey y hombre?, ¿por qué habría de prohibirle a su esposo lo que cualquier rey del mundo hacia a su antojo? Frunciendo el ceño, confundida, Karin entrelazó su mano con la de su amiga y reina, sintiendo como Sakura la aferraba fuertemente contra la suya, reprimiendo sus emociones pero tratando de dejarlas salir al mismo tiempo, hecha una tormenta que parecía próxima a desatarse en cualquier momento, ¿en qué momento su amiga se había llenado de estas preocupaciones?, ¿qué lo había detonado? Nada de eso importaba solo tratar de ponerle remedio.
—Es un esposo devoto, tierno y apasionado, pero tonta sería si no me lo hubiera planteado— Sakura comprendía que sería egoísta pedirle a Sasuke guardar su deseo por tanto tiempo, aunque ello la hiriera profundamente. —Quizás debería sugerirle una de mis doncellas— reflexionó en voz alta, recordando a su madre la reina Seina.
—Alteza…— jadeó Karin, incrédula de que su amiga y soberana pensase en semejante cosa.
—No os escandalicéis, Karin, mi madre soporto indiscreciones mucho peores— sosegó la Haruno, determinada a cumplir con su deber por encima de todo.
Su madre la reina Seina incluso había tomado bajo su protección a los hijos bastardos de su padre el rey Pein como parte del acuerdo de su testamento, entre ellos al joven arzobispo de Zaragoza y velaba también por Konan Amegakure la madre de dicho bastardo; Sakura había crecido escuchando y sabiendo toda su vida que hasta los hombres de la iglesia tenían hijos y que no ocultaban sino que nombraban cardenales, era parte de la naturaleza masculina ser proclive a la infidelidad y ella debía aceptarlo, ¿de qué le serviría pelear en esas circunstancias, embarazada y necesitando dar a Portugal el heredero que el trono necesitaba? No iba a ganar, siempre se toleraría y perdonaría la infidelidad de un hombre, pero si una mujer no sangraba la noche de bodas o engañaba a su esposo, merecía ser quemada como bruja o lapidada...era frustrante. En la aristocracia la falta de fidelidad o lealtad en el ámbito del matrimonio era algo normal, Karin había sido preparada para ello, el prestigio y el peso de un apellido o la riqueza era muchísimo más importante que el hecho de que una de las partes traicionara sus votos matrimoniales, por lo que sabía o presentía que quizás un día habría de volver la mirada a otro lado para desentenderse de los actos de quien sería su esposo, mas no había querido pensar en ello y no había pensado que su amiga y reina lo haría, ¿pero qué lo había provocado?, ¿quién había sido el o la responsable?
—¿Desde cuándo pensáis en esto?— preguntó Karin con el debido tacto, necesitando más información.
—Desde esta mañana; Tenten dejo caer algo por accidente y el rey se inclinó para recogerlo, me pareció que la observó mucho tiempo y ella se sonrojo— contestó Sakura, avergonzada en caso de que se estuviera imaginando cosas. —Tal vez imagino cosas pero en mi estado no puedo competir con ninguna mujer, y me odio por hacerme sentir mal— estaba siendo paranoica y tonta, pero no podía evitarlo. —Me jure que no me convertiría en una mujer dominada por los celos, como mi madre o mi hermana Hinata, y lo cumpliré aun si mi corazón se rompe en el proceso— los celos eran problema de familia, pero ella lucharía con ello hasta las últimas consecuencias.
No era ninguna tonta y se mantenía en contacto con sus padres en Castilla a través de cartas, al menos eso podía hacerlo embarazada como estaba; su hermana Hinata finalmente se encontraba en Castilla y había sido jurada heredera de los reinos de su amada madre con su esposo el archiduque Naruto como consorte, por ahora—nuevamente—solo faltaba que jurase Aragón y Dios sabía que eso habría de tomar tiempo, pero aun en los reinos de sus amados padres Hinata le escribía para contarle los celos que sentía al pensar que Naruto la engañara, claro que eso no pasaba de discusiones verbales pero era un recordatorio constante para Sakura. Su madre la reina Seina había padecido de ataques de celos por las infidelidades de su padre el rey Pein y se creía que Hinata había sido la única en heredar ese mal…pero ahora Sakura sabía que ella también, se le destrozaba el alma de solo pensar que Sasuke estuviera con otra mujer pero no iba a enfurecer por ello y sabía que solo podía resignarse. Dejando libre un suspiro de admiración y preocupación entremezclada, Karin negó en silencio, ¿es que su amiga podía ser mejor reina? Cualquier mujer en su condición estaría melancólica, desesperada y hasta hirviendo de ira, ¿quién soportaría impasible la posibilidad de que su esposo estuviera con otra mujer? Ninguna en el mundo, solo una verdadera reina antepondría su deber a sus sentimientos de mujer.
—Creo que hay una solución, Alteza— consideró Karin finalmente, haciendo que su amiga volviera la mirada hacia ella, —discutid el asunto con el rey, decidle que estáis dispuesta a aceptar que tomé una amante, y juzgad por vos misma cuál es su reacción— todos en la corte sabían que el rey no mentía a su esposa ni podía callarse nada con ella. —Los ojos son las ventanas al alma— o eso decía el refrán.
—Gracias, Karin, sois mi mejor amiga— sonrió Sakura, teniendo una razón para respirar en paz. —No sé qué haría sin vos— confesó, estrechando la mano de su amiga, incapaz de sentirse sola teniéndola a ella a su lado en tan difícil momento.
Su hermana Hinata le escribía para contarle que ni siquiera sabía si podía o podría confiar en sus propias doncellas o sirvientas, temiendo que alguna sedujera a Naruto o se dejara enamorar por él, salvo su camarera lady Natsu y que era una mujer de ya cuarenta años, viuda y de aspecto severo, y no es que Sakura quisiera enorgullecerse ni nada parecido pero por Dios que se sentía agradecida por poder confiar en sus doncellas como si fueran sus propias hermanas—incluso en Tenten y que sabía no se volvería amante de Sasuke sin decírselo, o eso esperaba—, partiendo por Karin que había crecido junto a ella y siendo su mejor amiga desde que tenía memoria, pero no solo por deber sino porque en el camino habían trabado un vínculo único. Honrada por tener la confianza de su amiga, a quien admiraba por su templanza y sentido del deber así como por su belleza y amabilidad para con todos, Karin estrechó la mano de Sakura contra la suya, cuanto no daría por eliminar cualquier amenaza para que su amiga pudiera tener el embarazo tranquilo que se merecía, pero al no poder hacerlo—estando limitada por su posición—solo podía aconsejarla en base a lo que le decía su corazón, y confiando o queriendo confiar en que el rey Sasuke sería un hombre honesto y digno de la confianza y amor que le profesaba su esposa.
Tenían que dar un voto de confianza.
Armándose de valor y cuando comenzó a atardecer, libre de responsabilidades, Sakura se retiró a su habitación privada para descansar pero en un esfuerzo extraordinario se negó a irse a dormir hasta que Sasuke llegara, comenzando a contar el tiempo desde que el sol se ocultó en el horizonte, de rodillas en su reclinatorio y con las manos cruzadas a la altura de su mentón, murmurando una plegaría ante el crucifijo sobre su altar, pidiendo paciencia y fuerza para soportar el peso de la conversación que tendría lugar, vistiendo un bello camisón de seda y encaje beige suave que cubría holgadamente su figura, de cuello alto y en V cerrado por cuatro botones gemelos de oro con una perla en el centro con mangas ceñidas hasta los codos que se abrían para exponer los brazos, y sus largos rizos rosados caían como una cascada tras su espalda. Los guardias abrieron las puertas de los aposentos de la reina al rey Sasuke, quien ingresó dirigiendo una breve mirada a las doncellas de su esposa y que estaban terminando de ordenar la habitación como al final de cada día, reverenciándolo a su paso, mas Sasuke no les presto mayor atención digiriéndose hacia la habitación privada y cuyas puertas abrió por su cuenta, negando en silencio al encontrar a su esposa de rodillas ante el altar, cerrando las puertas tras de sí y acercándose para ayudarla a levantarse, tomándola de la mano y envolviendo la otra libre bajo su vientre, reprendiéndola en silencio al encontrar su mirada con la suya.
—Sakura, sabéis que no necesitáis hacer esto, se cuan preciadas son las horas de descanso para vos— regañó Sasuke sin apartar la mirada del rostro de su esposa.
—Pero no sería yo si no lo hiciera— contestó Sakura con una pequeña sonrisa. —¿Un día ajetreado?— consultó como siempre, separándose de él y acercándose a la cama.
—Como no tenéis idea, a punto estuve de mandar todo al diablo para poder estar con vos— el Uchiha entornó los ojos al recordarlo, despojándose del jubón y dejándolo sobre la silla más próxima, —pero me obligue a tolerarlo o vos os habrías enfadado conmigo— aseguró, abrazando a su esposa por la espalda pero dándose cuenta de cierta tensión en el ambiente y en ella. —¿Qué sucede?— preguntó, ya que ella no había actuado así por la mañana.
—Hay algo de lo que quisiera hablar con vos— inició la Haruno, casi titubeando a causa de los nervios, —es importante, para mí— acotó en caso de que él se encontrase demasiado cansado para escucharla.
—Lo que es importante para vos, es importante para mí— contesto él con sinceridad, —¿de que ese trata?— inquirió, invitándola a hablar y compartir sus preocupaciones.
Aunque no lo dijo, Sasuke esperaba que Sakura no hubiera descubierto que estaba revisando personalmente su correspondencia, no porque dudara de ella o espiara que información compartía con sus padres sino temiendo que alguna de las cartas que llegaban para ella contara con malas noticias, que—Dios no lo quisiera—pudieran provocarle un aborto o que se adelantara el parto; les había tomado tanto tiempo poder tener un hijo que perderlo sería un dolor inconmensurable y que ninguno de los dos quería experimentar, y si él podía evitarlo, lo haría…ya le contaría todo a Sakura tras el parto, pero por ahora esperaba que ella no lo odiara y entendiera sus buenas intenciones tras estos actos, aunque afortunadamente y hasta ahora no habían llegado nuevas preocupantes de Castilla para interceptar dichas cartas. Cruzando las manos por sobre su vientre, Sakura observó los ojos de Sasuke, buscando algún signo de evasiva en tan profundos pozos ónix, esperando que en un momento él apartara la mirada por vergüenza como si tuviera algo que ocultar, pero no fue así, Sasuke no apartó su mirada de la suya y mantuvo esa mirada especial que siempre tenía para ella, como si fuese lo único verdaderamente importante para él, ¿sería posible que se hubiese equivocado? No quería creer que Sasuke la engañara o pensara en engañarla, pero si tenía apetitos que satisfacer con alguien más, lo aceptaría, para ella era mucho más importante pensar en el bien de su esposo que en el propio.
—Sasuke, os venero mucho— inició Sakura con absoluta sinceridad, —venero lo que hacéis y lo que sois, incluso cuando no podemos…estar juntos— bajo la mirada al decir esto último, sin poder evitarlo. —Y sé que tenéis apetitos que no puedo satisfacer, por ahora— volvió a alzar la mirada para encontrarla con la de Sasuke, manteniendo su dignidad. —Si queréis yacer con otra mujer, lo entenderé— sosegó o eso intentó.
—¿Otra mujer?— repitió Sasuke, frunciendo el ceño e interiormente preocupado porque ella hubiera pensado en eso.
—Pero preferiría que me lo contarais— prosiguió Sakura, esforzándose porque su voz no se quebrara. —Si lo compartierais conmigo…se convertiría en algo de los dos, algo nuestro, por nuestro amor…no quiero dar lastima a nadie— sabía que Sasuke la amaba y que nada cambiaria eso, pero necesitaba mantener su dignidad. —Sé que lo que compartimos es solo nuestro, y que eso solo sería carnal, pero si lo hacéis preferiría enterarme por vos— tanto si ya la había engañado como si lo haría, quería saber la verdad únicamente por él.
Lo había dicho, ahora solo restaba esperar a que Sasuke reaccionara y dijera lo que ella se temía; que ya tenía una amante, o en el mejor de los casos que agradecía su intervención y que tomaría una amante entre las mujeres de la corte, pero de manera discreta para no ofenderla…tener que apartar la mirada y cerrar los ojos para no salir lastimada seria doloroso, más que nada que Sakura hubiese hecho pero era lo que su madre la reina Seina había hecho, incluso se contaba que su hermana Hinata celaba a su marido el archiduque Naruto porque él la engañaba, y teniendo todo esos antecedentes, ¿por qué Sasuke habría de ser distinto? Sorprendido porque Sakura tocase ese tema, en que él ni siquiera había pensado y no tenía porque, Sasuke sonrió interiormente; quizás el resto de los hombres se pasaban el día pensando en llevarse a la cama a una mujer pero él no, por un lado estaban los valores que su madre y su padre le habían inculcado en su infancia, y por otro lado que hasta la muerte de sus hermanos mayores había sido maestre de la Orden de Cristo, un cargo que exigía ser célibe, por lo que si sus hermanos no hubieran muerto, jamás se habría casado, además nunca podría engañar a Sakura porque lo que sentía por ella era algo que sabía nunca sentiría por nadie más en su vida, la amaba y ella a él, estaban hechos para estar juntos, ¿por qué iba a desear a otra mujer? Solo la deseaba a ella, y si había esperado tanto para que ella fuera su esposa, esperar unos meses más seria poca cosa.
—No tengo nada que contaros, Sakura, no soy esa clase de hombre— contestó Sasuke finalmente, tomando del mentón a su esposa y haciendo que alzara la mirada para encontrarla con la suya. —Puedo esperar por vos, ya lo hice para desposaros— recordó con una ligera sonrisa, guardando su deseo por ella hasta después del parto y la cuarentena respectiva, —esperar unos meses para volver a compartir vuestro lecho no será nada, porque os amo— valdría más la espera, porque sería dulce para ambos.
No iba a negarlo, soportar los próximos cuatro meses que restaban para que finalizara el embarazo de su esposa y la cuarentena posterior serian la prueba más grande que había enfrentado desde que Sakura y él eran marido y mujer...pero valdría la pena, no podría estar con otra mujer ni mucho menos desear a otra, ¿cómo si ella era a sus ojos el ser más perfecto sobre la tierra? Incluso ahora y embarazada como estaba se veía más hermosa que nunca y la deseaba aún más, pero esperaría hasta que pasara el tiempo prudencial, honrando la confianza y lealtad de su esposa, y nada ni nadie podría quebrar su palabra. Las palabras de Sasuke sonaban tan perfectas que el primer impulso de Sakura nada más escucharlas fue dudar o negarse a creerlas, ¿por qué Sasuke iba a serle fiel? Nadie lo culparía por tomar una amante, era derecho de reyes…solo lo haría si realmente la amara y respetara. Con un nudo en la garganta producto de la emoción al entender que sus miedos habían sido injustificados, Sakura sonrió plena de alegría, eliminando cuanto antes toda distancia entre Sasuke y ella, abrazándolo con todas sus fuerzas y enterrando su rostro contra su pecho, ante lo que Sasuke envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo y apoyó el mentón contra su coronilla, acariciando con veneración sus largos rizos rosados. La lealtad era el principio de quien amaba, y ambos siempre serian leales el uno al otro…
Abril de 1502/Londres, Inglaterra
La vida no había sido precisamente compasiva o misericordiosa con la pobre Mirai, pues aunque había encontrado la paz y alegría al lado de su esposo Konohamaru, su felicidad solo duro cinco meses tras su boda cuando en el principado de Ludlow una fiebre inesperada los hubo afectado a ambos, ella logró recuperarse pero no Konohamaru quien murió sin haber cumplido siquiera dieciséis años, dejando a la joven princesa española viuda y devastada. Ante todas las pérdidas que había experimentado en su vida, Mirai había creído que las desgracias se sucedían una tras otra pero ahora estaba convencida, de regreso en Londres tras el funeral de su esposo y siendo visitada por su joven y amable cuñado Kiba de diez años, y que tanto se había preocupado por ella más que nadie. La Infanta Mirai portaba un sencillo vestido negro de escote cuadrado—debajo una enagua negra de cuello en V—con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y falda lisa, y por sobre el vestido una chaqueta de aspecto rígido, de cuello alto y cerrado en V con cortas mangas ceñidas hasta los codos, con falda abierta en A y finos bordados plateados en el contorno de las mangas, la línea vertical en el corpiño y el contorno de la falda, con su largo cabello azabache cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, sobre su cabello llevaba un tocado de seda negra con velo y alrededor de su cuello un crucifijo de oro.
—Agradezco vuestra visita, Kiba— apreció Mirai con una expresión solemne y melancólica, —aunque breve fue la convivencia con vuestro hermano, el príncipe de Gales, ambos compartimos el dolor ante su perdida— ese sentimiento los había unido ahora y quizás siempre lo haría.
—¿Abandonareis el reino?— consultó el príncipe pelicastaño, temiendo que la respuesta fuese sí.
—Solo sé que mi destino no lo decidiré yo, pero temo que así sea— asintió la Infanta, resignada a obedecer lo que decidieran sus padres. —Ya amaba este reino— había crecido escuchando de Inglaterra y aquella tierra ya era parte de su corazón.
—E Inglaterra también os ama a vos— aseveró con entusiasmo Kiba, tratando de convencerla de quedarse.
Solo habían pasado cinco meses y más de la mitad del tiempo Mirai había estado en Ludlow junto a su fallecido hermano Konohamaru, pero Kiba no dejaba de pensar en ella, sabía que estaba mal pero se estaba enamorando, ¿cómo no hacerlo si ella era en todos los aspectos la mujer más perfecta que hubiera conocido? Hasta antes de la muerte de su hermano mayor se suponía que entrase en una orden religiosa como el hijo segundón de la familia, pero ahora era el futuro rey y todo había cambiado, ¿cómo dejar que Mirai se fuera, regresara a las Españas y no volvieran a verse nunca? Enternecida por la amabilidad de su joven cuñado, a quien había aprendido a ver como el hermano menor que nunca había tenido al ser la menor de su familia, Mirai esbozó la que era su primera sonrisa en días aunque fuese ligera, alzando una de sus manos para acariciar la mejilla de Kiba quien se sonrojo pero no apartó sus ojos de ella, era un niño adorable y tierno, pero no dejaba de ser solo un niño. Las puertas de la habitación se abrieron, haciendo que ambos jóvenes se separasen, volvieran la mirada y vieran ingresar al rey Genma Shiranui y su bellísima esposa la reina Yugito Nii, y junto a ellos la madre del rey lady Biwako Sarutobi con su temple tan rígido y sobrio.
—Dejadnos, Kiba, vuestras hermanas os esperan— ordenó el rey a su hijo, que asintió y se retiró en silencio, no sin antes reverenciar a la Infanta Mirai. —En este momento, teneros aquí es un gran consuelo para nosotros— declaró tan pronto como su hijo se hubo marchado, enfocando toda su atención en su nuera viuda.
—Sois nuestra hija, y es nuestro deseo que permanezcáis a nuestro lado como tal— recordó la reina Yugito a su nuera, aproximándose a ella para estrechar sus manos.
—Haré lo que vosotros, y mis padres decidáis— dio a saber Mirai con profundo respeto hacia su nueva familia.
—Como sabréis, habremos de dejar pasar unos meses antes de encarar vuestro futuro, quizás crezca en vuestro vientre un hijo del príncipe y nada haya que hablar— mentó lady Biwako en nombre de su hijo y rey. —Entonces seríais Lady Madre del rey, justo como yo— comparó con una sonrisa, pues no era mal futuro.
—Ese sería un consuelo con el que de seguro no podemos contar— suspiró la Infanta con gran melancolía.
—Ni vos misma podéis saberlo, hasta que no pase un tiempo prudencial— protestó la dama por experiencia propia, hasta una sola vez en el lecho bastaba para ello.
—Intacta llegue a vuestro reino, y así sigo en él— declaró Mirai con avasalladora seguridad, dejando clara la situación.
No era algo de lo que Mirai quisiera jactarse pero así era; Konohamaru y ella no habían consumado su matrimonio, ambos eran jóvenes y su conocimiento de la intimidad propia entre un esposo y su esposa era casi nulo, además ella sabía de su salud frágil y no tenían prisas, sus padres así se los habían dado a saber a ambos, claro que en la privacidad de su habitación habían existido ciertos actos...íntimos y para generar placer en el otro, con inexperiencia y ternura, pero no habían concretado nada y Mirai debía hacérselos saber a sus suegros, o perderían el tiempo esperando algo que nunca sucedería, querría ser madre y tener un hijo en el vientre pero no era así ni lo sería. Siempre adusta y reservada, como un cuervo que observaba cuanto la rodeaba para planear y planificar, lady Biwako abrió los ojos con sorpresa ante aquella revelación y como también hicieron su hijo el rey Genma y su esposa Yugito que voltearon a verse con incredulidad y preocupación; habían dado su beneplácito para que el matrimonio no se consumase inmediatamente, Konohamaru siempre había tenido una salud frágil y quizás eso cambiara a medida que creciera, ¿pero no haber hecho siquiera un avance en cinco meses? Debía haber otra explicación, quizás solo lo habían hecho una vez…o quizás, y lady Biwako lo pensó, la Infanta estaba mintiendo, ¿pero con qué propósito?
—¿Vuestro matrimonio no fue ha consumado?— cuestionó el rey Genma, absolutamente incrédulo.
—Konohamaru y yo sabíamos que no había prisa, y su debilidad no lo hizo posible— justificó Mirai, sin saber que más decir al respecto pues era algo privado.
—Siendo así todo cambia, y se torna más sencillo— consideró lady Biwako en voz alta.
—Esperemos a ver que dice la comadrona— mencionó el rey, necesitando estar seguro.
—Mi señor, nunca he mentido y no veo a donde podría llevarme hacerlo ahora— determinó la Infanta, ofendida porque pensaran que estaba engañándolos.
—No penséis que dudo de vuestra palabra— aclaró Genma con voz suave para no imponerse ante su joven nuera viuda, —pero comprended que si lo que decís es cierto, no podéis cobrar vuestra pensión de viudedad— sus declaraciones sonaban frías, como las de todo político. —No hay viuda si el matrimonio es nulo— reglas eran reglas y en este caso habrían de seguirse a cualquier precio.
No era intención de Genma ser tacaño y dejar desamparada a su nuera, pero la realidad se imponía con dureza y habiendo sido invadidos por Francia en el pasado, lo último que los ingleses podían permitirse era flaquear y se encontraban en una situación económica difícil, necesitaban que los padres de Mirai—los Reyes Católicos—pagaran su dote, y que no lo hicieran solo traería nefastas consecuencias, principalmente para la inocente Infanta que observó en silencio a su antes suegro. ¿Por qué todos creían que mentía?, ¿era tan extraño que tras cinco meses junto a un joven a quien solo había conocido por cartas, este no le hubiera generado pasión suficiente para consumar su unión? Lo más importante en un matrimonio no era la pasión o lujuria sino el respeto y deber entre ambos conyugues, así habían educado a Mirai y así es como ella había actuado con Konohamaru y viceversa. Mordiéndose el labio inferior, muchísimo más noble en sentimientos y habiéndole tomado un gran afecto a Mirai desde su llegada a Inglaterra, la reina Yugito Nii deseó decir algo para ayudarla en tan difícil situación pero no podía hacer nada ni nadie vería a bien que interviniera, embarazada como estaba de un nuevo hijo que quizás estabilizara la sucesión y le permitiera a su pequeño Kiba crecer como un niño libre y no como el heredero que todos tanto necesitaban para asegurar el trono inglés.
Todo pendía de un hilo demasiado delgado.
Mayo de 1502/Lisboa, Portugal
Los meses continuaron pasando en una sucesión infinitamente serena esta vez, cualquier temor o inseguridad de Sakura se había aplacado totalmente cuando Sasuke le había prometido que jamás estaría con una mujer que no fuese ella, y lo estaba cumpliendo; dormía cada noche en su cama y la abrazaba mientras velaba su sueño, haciéndole sentir lo mucho que la amaba y hablando de todo como siempre. Mientras sus doncellas terminaban de tender su cama, Sakura se aproximó para contemplar la ciudad a través de los ventanales de su habitación, ataviada en un elegante vestido color salmón—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y formaban cortos holanes—de escote cuadrado y estampado en bordados beige suave que continuaban a lo largo de la falda de una sola capa, y los laterales eran de seda carmesí formando una falda superior, ciñéndose bajo el busto por un margen de pasamanería dorada para enmarcar su vientre de casi nueve meses, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y abrían a los lados, y su largo cabello rosado estaba recogido tras su nuca y peinado por una trenza cintillo, destacando unos pendientes de oro en forma de lagrima con un rubí en el centro a juego con la cruz alrededor de su cuello, acariciando su vientre por sobre el vestido al sentir como su hijo se movía en su vientre en busca de espacio.
—Los jóvenes de la corte son descarados, sus ojos siempre están sobre mi pecho, incluso durante la misa— comentó Moegi mientras ayudaba a las demás a tender la cama.
—Parecéis disfrutarlo, Moegi— comentó Tenten sarcásticamente, prefiriendo ignorar esos temas.
—No los culpo, pero mi esposo es el agraviado…— aclaró la dama con aparente altivez.
—Moegi— interrumpió la reina Sakura, volviendo la mirada por sobre su hombro. —Siento algo de nauseas, ¿podríais traerme un poco de lavanda, por favor?— solicitó con voz dulce y una amable sonrisa.
—Sí, Alteza, enseguida— asintió ella, reverenciando respetuosamente a su reina.
El deber de cada doncella de una reina era asistirla como su embajadora o servidora de mayor confianza y en el proceso lograr entrar en un buen matrimonio, por ello Sakura había traído de Castilla a sus doncellas más leales, casar con nobles portugueses de renombre era un gran honor y de hecho por fin ellas ya se encontraban casadas, salvo Karin quien estaba siendo cortejada por lord Suigetsu Hozuki—uno de los consejeros y aliados más fieles del rey Sasuke—, y ahora llegaba el turno de sus doncellas portuguesas, excepto Temari que ya estaba casada al igual que Moegi, por lo que su madre la reina Seina había prometido que le enviaría más nobles castellanas jóvenes para asistirla a falta de aquellas que ya se habían casado y estaban liberadas de su servicio. Moegi se retiró en silencio; pese a estar casada continuaba asistiéndola y obteniendo gran atención, ya que muchos nobles trataban de ganar su favor, ya fueran hombres casados o jóvenes solteros, pese a encontrarse casada. A diferencia de sus doncellas, que eran objeto de gran atención por parte de los caballeros solteros de la corte, ya sea que estuvieran casadas o no, Sakura nunca había experimentado nada similar, había llegado a Portugal para convertirse en la esposa del rey Sasuke y ningún hombre podría haber dejado en evidencia si era objeto del deseo de alguno de ellos o aquello por si solo sería causa de muerte, pero no le molestaba, el único hombre que quería la deseara y sintiera pasión por ella era Sasuke, y ella sentía pasión por él.
—Recemos para que capture la atención de uno de sus admiradores, y la retrasen— comentó Sakura con un deje de burla para aligerar el ambiente.
—Creo que solo existen en su mente— difirió Tenten desde un enfoque más neutral.
—Para aliviar el dolor de que su esposo no la acompaña en la cama— respaldó Hanabi, sabiendo que su amiga tenía admiradores pero no tantos.
—Acompaña a cualquier mujer menos a ella— mentó Temari, hasta entonces en silencio.
—No fue bendecida con felicidad en su matrimonio como vos, Alteza— aclaró Karin, acomodando las almohadas sobre la cama al terminar su labor.
—Entonces debemos ser indulgentes con ella— asintió la Haruno, teniendo en cuenta lo que ellas le decían para ser ecuánime con Moegi desde ahora.
Por su madre—a quien admiraba tanto—y su hermana Hinata se hacía ideas de lo que sucedía en un matrimonio en que hubiera infidelidad o faltas de respeto entre esposo y esposa, y se lamentaba profundamente pero también agradecía que ni Sasuke ni ella conocieran esa situación, siempre dialogando y teniendo una relación en que eran amigos y amantes antes que rey y reina. Todos los días en sus oraciones rogaba a Dios por los pobres y los necesitados, así como porque tantas mujeres como fuera posible experimentaran la misma o una felicidad casi tan grande como la suya, no teniendo nada que pedir en ese momento de su vida ni a futuro, claro que de haber sido su deber se habría casado con otro rey en su día y habría podido vivir sin amor, pero Dios sabía que todo hubiera sido mucho más difícil, y sin duda tenía mucho que agradecer a día de hoy. Sintiendo a su hijo removerse en su interior en busca de espacio, Sakura masajeo su vientre por sobre el vestido, alejándose de los ventanales y haciendo una señal a Karin antes de dirigirse hacia la habitación contigua y que albergaba su armario, zapatos, vestidos, joyas y demás; hacia un día hermoso como para quedarse dentro del castillo, aunque frio a esa hora de la mañana, por lo que necesitaría cubrirse con algo más abrigador, su hijo se movía tanto porque necesitaba que ella se moviera, además pensaba mejor a esa hora de la mañana sobre sus propios pies…
—Su Alteza— saludaron con respeto y admiraron los nobles al ver a su reina pasar.
Acompañada por sus doncellas, la reina inclinó la cabeza ante los nobles que la reverenciaron a su paso, cubriendo su vestido con un elegante abrigo rojo sin mangas y forrado en piel blanca, con una boina negra cubriendo su cabello, lista para salir al jardín y respirar aire fresco como exigía su hijo. Cuando las mujeres se acercaban a su último mes de embarazo solían entrar en confinamiento, es decir que se relegaban a permanecer en sus aposentos y no correr riesgos moviéndose en exceso, pero Sakura ya estaba por cumplir los nueve meses—lo haría en dos semanas—y no tenía intención de enclaustrarse, así se lo había hecho saber a Sasuke, ejerciendo en toda regla su deber de reina; su hijo en su vientre se movía todo el tiempo y le hacía sentir que descanso era lo último que necesitaba. Sakura esbozó una radiante sonrisa tan pronto como vio aparecer en el otro extremo del pasillo a Sasuke en compañía de lord Suigetsu Hozuki, vistiendo un jubón gris con detalles azulados, de cuello redondo—debajo una holgada camisa de cuello alto y mangas ceñidas en las muñecas—, cerrado por seis botones hasta la altura del abdomen, con mangas abullonadas y abiertas en los lados, faldón hasta las rodillas, ceñido por un cinturón de cuero negro como sus botas y pantalones negros, y sobre el jubón un abrigo de piel gris claro sin mangas, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre.
—Sakura— Sasuke se detuvo frente a su esposa, tomando una de sus manos y besando caballerosamente el dorso de esta, —¿cómo os sentís hoy?— consultó ya que cuando se habían despedido un par de horas atrás, ella dormía profundamente. —Iba camino a veros— mencionó, desviando su mano libre hacia su vientre, y ante lo que su esposa la entrelazo contra la suya mientras le sonreía.
—Vuestro hijo despertó con buen ánimo, como cada día— contestó Sakura, encantada de darle aquella noticia. —Dice que quiere aire y ejercicio— mentó, pasando junto a él para continuar con su camino hacia los jardines.
—Sakura, debéis descansar, lo recomendaron los galenos— regañó el Uchiha ligeramente, siguiendo los pasos de su esposa que caminaba velozmente.
—Es hijo de su padre, no me concede descanso— declaró la Haruno con orgullo, queriendo que todos lo escuchasen. —Es un rey en proceso— estaba segura de que era niño, se lo decía su corazón.
—Y tiene la voluntad de su madre— negó Sasuke para sí, viendo que el niño en camino tenia tanto de él como de Sakura.
No pudiendo negarle absolutamente nada a Sakura, menos ahora que se veía más hermosa que nunca a sus ojos, todo cuanto Sasuke pudo hacer fue acelerar el paso y alcanzarla, ante lo que su esposa le dirigió una radiante sonrisa y se sujetó de su brazo al caminar; los físicos más veteranos y experimentados aconsejaban descanso a Sakura pero ella insistía en que no se sentía cansada ni fatigada, es más, seguía despachando con los embajadores como en sus primeros meses y tratando cualquier asunto de estado a su lado, solo que dormía más por las mañanas y comía más, pero eso era por su hijo en camino y que ambos anhelaban llegara cuanto antes…mas el parto los asustaba a ambos, pero Dios mediante todo saldría bien. Este embarazo era un cansancio dulce pero del cual Sakura no podía quejarse, se sentía tan ligera como siempre, los vestidos que le hacían las modistas no le sentaban nada mal y Sasuke no le quitaba los ojos de encima ni de día ni de noche, pero en cuanto a su hijo en camino se refería, incluso por las noches no dejaba de sentirlo moverse, lo que según su físico y amigo Dan Kato era prueba incuestionable de que era un niño sano y que se desarrollaba con fuerza, y que la llenaba de alegría y paz; primero Sasuke no le daba descanso en su pasión y deseo por ella, y ahora su hijo en camino le dificultaba dormir por las noches o permanecer sentada durante el día, ¿existía mejor contradicción?
El futuro rey de Portugal sería tan grande como su padre.
La situación de Portugal era más estable que nunca, ¿qué más se podría pedir? Tenían un rey que se encargaba de los asuntos de estado con gran justicia y magnanimidad, no haciendo diferencia entre cristianos, judíos—aquellos que se habían quedado en el reino—o moros, ni tampoco la reina Sakura que tenía la bondad de un ángel, donando grandes sumas de dinero para los necesitados, y lo mejor de todo es que había un heredero en camino y que daba todas las señales de ser sano, definitivamente mas no se podía pedir. Sujetando el brazo de su esposo al caminar, sintiendo como Sasuke entrelazaba su mano contra la suya, Sakura inclinó la cabeza con una sonrisa ante los nobles que transitaban por el jardín a esa hora de la mañana, sintiéndose mucho mejor ahora que podía moverse, teniendo el mismo pensamiento que su esposo; su hijo sería un apasionado de la equitación y la caza, justo como ellos, porque a todas luces no parecía tener intención de ser un niño tranquilo. De hecho, Sasuke ya estaba hablando con los encargados de los establos para que prepararan la cruza de los mejores caballos a fin de que su hijo en camino tuviera solo lo mejor a futuro. Tras la reina Sakura se conducían Temari y Tenten, haciendo que Karin brillara por su ausencia ya que se encontraba en otro lado del jardín hablando con el señor Hozuki que la estaba cortejando apropiadamente antes de decidirse a pedirle matrimonio.
—¿Qué tenéis que compartir conmigo hoy?— preguntó Sakura tras tan prolongado silencio, queriendo ponerse al corriente al estar despierta.
—Noticias del señor Morino— contestó Sasuke, extrayendo del interior de su jubón un sobre sellado y que le tendió a su esposa. —Por la carta de vuestro padre, que la acompaña, sé que son nuevas que no os agradaran— advirtió, viendo como Sakura rompía el sello y leía el documento.
—Por Dios— negó la Haruno nada más leer las primeras palabras. —Mirai dice que el consejo de Westminster ha de decidir sobre su virginidad, porque su matrimonio no se consumó— detuvo su andar, apretando la carta con la mano que la sostenía, —¿cómo pueden ser los ingleses tan necios? Mirai ni siquiera goza de su pensión de viuda…— se calló al sentir una punzada en el vientre.
—No os angusties, no es bueno para vos— sosegó el Uchiha, situando una de sus manos sobre su vientre al advertir su malestar.
—Estoy bien— tranquilizó Sakura, entrelazando su mano libre contra la suya, —pero entendedme, Sasuke; Mirai es mi hermana pequeña, crecimos juntas— de serle posible desearía traer a su hermana a Portugal y protegerla del mundo entero.
—Os entiendo— aseveró Sasuke, teniendo dos hermanas a quienes protegería con su vida de correr peligro o estar en dicha situación, —y si os tranquiliza, enviaremos caudales suficientes para que pueda mantenerse hasta que vuestros padres decidan que regrese a Castilla, o ese rey mercenario tenga un ápice de humanidad— haría todo lo que Sakura le pidiera, incluso ir a la guerra con aquel avaro rey inglés.
—Qué más quisiera, pero Portugal no puede involucrarse en conflictos y asuntos que no le competen— recordó ella, pensando objetivamente y como reina. —Soy vuestra esposa, pero me debo a Portugal, no a Castilla— en su vientre crecía el próximo rey y debía tener más claro que nunca a donde pertenecía.
Aunque Sakura había sido educada por sus padres para serles leales primero a ellos antes que a nada o nadie en el mundo—excepto a Dios, él siempre estaba primero—, al llegar a Portugal había comprendido que en realidad el deber de toda mujer era ser leal a los intereses de su esposo o acabaría convirtiéndose en una traidora o espía, pero eso no quería decir que olvidara sus raíces, jamás podría olvidar de donde venía y tenía la ilusión a futuro de emparentar su descendencia con la de sus hermanas para mantener la paz—Dios mediante—, pero ese momento no era hoy y aunque lo quisiera no podría ayudar a Mirai como haría una hermana normal porque primero estaban las dinastías o monarquías a las que pertenecían; Mirai era Infanta de Castilla y Aragón, pero ahora Sakura era por encima de todo reina de Portugal. Las comparaciones habían pasado hace ya mucho tiempo, Sasuke ya no pensaba en su fallecida esposa Takara más que como un recuerdo, alguien a quien había creído amar pero por quien en realidad había sentido un ingenuo enamoramiento, mas ahora se encontraba boquiabierto y admirando la fortaleza de Sakura, que era capaz de anteponer el bien de Portugal por sobre el de su familia de una forma en que—estaba seguro—Takara jamás habría podido hacer, pero más allá de eso y acunando cuidadosamente el rostro de su esposa, el Uchiha podía ver que ella estaba sufriendo.
—¿Qué puedo hacer para aliviar vuestra angustia?— preguntó Sasuke, solo necesitando que ella lo dijera y él haría todo por ella.
—Abrazadme, Sasuke, por favor, hacedme sentir vuestro calor— rogó Sakura, apoyando su rostro contra sus manos y refugiándose en su amor.
No es como si Sakura se atreviera a volver a culpar a Dios de sus problemas o sufrimientos, había cometido ese error una vez y pese a todo el altísimo la había perdonado, y no volvería a pensar así, pero estar en Portugal—en su Edén—y siendo feliz junto a Sasuke había hecho que se olvidara de que el resto del mundo no experimentaba la misma felicidad, prueba de ello era su hermana Mirai que había enviudado a los pocos meses de casarse y que sufría de la diplomacia entre Inglaterra y Castilla por cobrar una dote que nadie quería pagar, y lo peor es que ella no podía hacer nada para ayudar a su hermana, ahora se debía a Portugal, no a Castilla y Aragón como su hermana se habría debido a Inglaterra de no enviudar. Asintiendo en silencio, Sasuke envolvió sus brazos alrededor de Sakura, apoyando su cabeza contra su coronilla e inclinándose para besarla en la frente, había pensado en retrasar esta noticia, no quería que ella sufriera, se angustiara o temiera por nada, era tan feliz que no quería que nada borrara esa sonrisa que ahora era una expresión de latente preocupación, pero se había dado cuenta de su error y confiaba en que Sakura supiera contener sus sentimientos, manteniéndola al tanto de todo pero estando ahí—como ahora—para abrazarla y recordarle lo mucho que la amaba, recordarle que ella nunca experimentaría tristezas así otra vez, porque él solo vivía por hacerla feliz...
Teniendo presente a su hermana Mirai en todo momento, Sakura sintió como el resto de los acontecimientos de aquel día transcurrían velozmente, incluso su hijo dentro de su vientre pareció dejar de moverse, marcando presencia con una que otra patadita ocasional pero no más, y cuando el sol comenzó a ocultarse, Sakura se excusó de la reunión que sostenía el rey con sus consejeros, alegando que se sentía cansada y regresando a sus aposentos. A esa hora de la noche la reina vestía un bello camisón beige suave de escote corazón decorado por encaje en el contorno, ceñido bajo el busto para dejar en evidencia su notorio vientre, falda de gasa de múltiples capas y mangas traslucidas que llegaban a cubrirle las manos, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros mientras escribía una carta sentada delante de su escritorio, revisando cada palabra para no cometer ningún error, y tras estar satisfecha procedió a doblar el documento. Karin, de pie a su diestra, vertió sobre la unión del documento el lacre suficiente y su reina lo cerró con su sello personal, escribiendo al reverso su nombre: Sakura reina de Portugal; no había muchas cosas que pudiera hacer por su hermana Mirai, pero esto sí, tendiéndole a Karin no solo el sobre sino una pequeña nota escrita por ella misma para autorizar que el embajador Idate Morino retirara determinada suma de su tesorería para su hermana menor en dificultades.
—Karin, haced entrega de esta carta al señor Morino y decidle que sin demora la haga llegar a Inglaterra junto con esta suma— delegó Sakura con voz seria, viendo asentir a su amiga. —Nuestro embajador ha de ponerse en contacto con el señor Maito Gai cuanto antes, y entregarla a mi hermana Mirai— desearía poder hacer mas pero por ahora esto habría de bastar.
—Sí, Alteza— acató Karin, reverenciando respetuosamente a su amiga para proceder a retirarse.
De su madre la reina Seina, Sakura había aprendido que una mujer debía ser primeramente leal a sus propias convicciones y a su patria, pero al mismo tiempo también a su esposo, su madre lo había hecho velando por el bien de Aragón tanto como por el de Castilla como esposa del rey de dicho reino y Sakura en nada iba a ser diferente, cierto era que añoraba Castilla con todo su corazón y desearía poder volver a abrazar a sus hermanas, pero aunque no pudiera hacerlo, permanecería leal al reino de su esposo y que sería su hogar hasta su muerte, así como con su familia, con nadie sería una traidora. Viendo partir a Karin, Sakura apoyó ambas manos en el escritorio para erguirse lentamente, llevándose una mano al área baja de la espalda a causa del peso de su vientre y que no se había dado cuenta parecía haberse tornado mayor. Deteniéndose en el umbral de la habitación, Sasuke sonrió ligeramente al observar en silencio a su esposa, siguiendo cada uno de sus movimientos mientras la veía rodear el escritorio y dirigirse hacia la cama, acariciando su vientre con su mano libre; se decía que no existía mujer más hermosa que la mujer en cinta, pues dar hijos al esposo era prueba de amor, Sasuke no sabía si creerlo pero desde que Sakura estaba embarazada le resultaba más hermosa y deseable que nunca, quizás a causa del brillo en sus ojos y que creció cuando ella volvió la mirada por sobre su hombro y reparó en su presencia.
—Espero que estéis más tranquila— manifestó Sasuke sin apartar la mirada de su esposa al cruzar el umbral.
—Un poco, pero ya lo estaré cuando sepa que mi hermana está a salvo— asintió Sakura sin apartar su mirada de la suya. —Perdonad a vuestra esposa, que ocupa su mente con tantos asuntos que apenas y puede quedarse quieta— masajeó su vientre por sobre el camisón al sentir patear a su hijo, tan inquieto como ella.
—Así os amo— obvió el Uchiha, no teniendo nada que perdonarle. —Quería comunicaros algo, iba a comentároslo antes pero estabais tan turbada por las nuevas de vuestra hermana, que no quise importunaros— mencionó, deteniéndose frente a su esposa y situando su mano por sobre la suya.
—¿Vos?— cuestionó la Haruno con una carcajada. —Si es vuestra voz, vuestra mirada y vuestras dulces palabras todo cuanto puedo necesitar— garantizó, entrelazando sus manos y acercando su rostro hasta sentir su respiración.
—Os deseo tanto…— gruñó Sasuke por lo bajo, rosando su labios y complemente seducido por ella. —Pero hemos de esperar— recordó, desviando sus labios para besarla en la mejilla, si llegasen a mas Dios sabía que no podría contenerse.
—Cuando nuestro hijo nazca, le reprochare esta maldita cuarentena— bufó Sakura, bajando la mirada hacia su vientre.
—Valdrá la pena— aseguró él, tratando de convencerse de ello y soportar el tiempo que restaba.
Tener que evitar la intimidad propia de una pareja era algo extremadamente difícil y casi agónico para ambos, más ahora cuando habían descubierto el inmenso placer que podían sentir al ser uno y amarse como marido y mujer, pero por ahora el bienestar de su hijo o hija en camino era muchísimo más importante y de cualquier forma era igualmente significativo para ambos poder estar juntos y a solas en la habitación, hablando de todo y siendo totalmente honestos. Apretando los labios en un infantil puchero, atrapando la mirada de Sasuke que se inclinó para besarle la frente, Sakura contuvo un suspiro al rememorar las incesantes recomendaciones o casi imposiciones de parte de los galenos y físicos sobre que no mantuviera intimidad con su esposo porque aquello podía poner en peligro a su hijo en camino, ¿entonces por qué ella no lo sentía así?, ¿por qué ahora más que nunca deseaba que le hiciera suya?, ¿por qué él mismo tenía que reprimir su deseo por ella?, ¿es que estaba mal que experimentaran lo que todo hombre y mujer que se amaban debían poder compartir? Sonriendo ladinamente e intuyendo los pensamientos de su esposa y que eran los propios, Sasuke envolvió sus brazos bajo las rodillas de Sakura que se sujetó de sus hombros mientras se aproximaba a la cama con ella en brazos, escuchándola reír mientras la depositaba cuidadosamente sobre el colchón, sentándose frente a ella.
—Decid, ¿Qué habéis pensado?— invitó Sakura sin perder el eje de su conversación y jurando pícaramente con el cuello de la camisa de su esposo.
—Voy a apoyar vuestra causa, el monasterio que habéis ideado— dio a saber Sasuke, sorprendiendo a más no poder a su esposa.
—¿Lo haréis?— la Haruno apenas y pudo creer lo que escuchaba, hasta que Sasuke asintió como prueba. —Sasuke, gracias— no dudo en abrazarlo con todas sus fuerzas, incapaz de trasmitirle con palabras lo que eso significaba para ella.
—Pero sabed que eso traerá consecuencias— advirtió el Uchiha rompiendo el abrazo para verla a los ojos, sabiendo lo que pensaría la gente.
—Os reconocerán como promotor de la idea solo a vos— afirmó Sakura, sin importarle en lo más mínimo. —No me importa, todo lo que quiero es ayudar a otros, a nuestro pueblo y nuestra gente, de ello tratara la orden de los Jerónimos— el monasterio que quería crear era para ayudar a los necesitados y para ello no precisaba de reconocimiento. —Dios sabrá la verdad, dejemos que los hombres crean lo que quieran— desestimó, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello.
—Y piensen puerilmente como los novillos que son— concedió Sasuke con idéntico tono, apoyándose en su brazo derecho para no aplastarla y acariciando su vientre con su mano izquierda.
El resto del reino podía pensar lo que quisiera, que Sakura no tenía incidencia en la política—daba esa imagen a la mayoría de la gente para no dar a entender que controlaba a su esposo ni nada parecido, pues no era ese su deber—, pero la verdad es que Sasuke no podía hacer más que admirar infinitamente a su esposa, acunando su dulce rostro entre sus manos y prendado del brillo de sus ojos, ella terminaba de hacer una obra de caridad y ya planeaba otra, despachaba con un embajador y luego recibía a uno de sus asesores o los nobles, ¿cómo no iba a ser una política enérgica y astuta? Agradecida por contar con el apoyo de Sasuke en cada una de sus decisiones, Sakura envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo y lo abrazó contra su pecho, no podían pasar de un beso inocente o serian presas de un torrente del que no podrían escapar y que podía ser perjudicial para su hijo o hija en camino, por lo que por ahora este abrazo habría de bastar, besando la frente de Sasuke que apoyó su cabeza contra su pecho, inspirando su perfume y disfrutando ella de su aroma. Sakura solo quería ayudar a los pobres y necesitados, ayudar, ¿qué importaba que no reconocieran lo que hacía? Había más en su corazón que anhelos de reconocimiento, lo que tenía era mucho amor para dar y sabía que había decenas de cientos de pobres hombres, mujeres, niños y ancianos que la necesitaban más que los poderosos.
Era el ser más importante en la vida de Sasuke, y para ella eso lo era todo.
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 aunque me encuentro bajo un gran estrés como les había comentado, como siempre les prometo que no abandonare ninguna de mis historias, se los prometo :3 las próximas actualizaciones serán (esta vez sin falta) "Reina de los Vampiros", la segunda parte de "Kóraka", nuevamente "La Reina Olvidada" y por último "A Través de las Estrellas" y "Más Que Nada en el Mundo", lo prometo :3esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (19 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (32 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro –Emi Uchiha como Isabel de Viseu
-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (19 años) -Temari Sabaku como Beatriz de Melo (31 años)
-Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (21 años) -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval (26 años)
-Tenten Namiashi como Luisa de Peral (24 años) -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)
-Idate Morino como Diego de Silveira -Maito Gai como Rodrigo González de la Puebla
-Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos -Takara Uchiha como Isabel de Aragón
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (21 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (22 años)
-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (16 años) -Konohamaru Sarutobi como Arturo Tudor (15 años)
–Kiba Inuzuka como Enrique VIII (10 años) -Biwaki Sarutobi como Margaret Beaufort
-Genma Shiranui como Enrique VII –Yugito Nii como Elizabeth de York
Amor Verdadero & Realidad Histórica: la labor de María de bordar un tapiz para un convento es algo propio de la época, ya que hasta hoy se conservan colecciones de valor incalculable por la riqueza de su elaboración, y que si bien era una labor femenina, era de las mas apreciadas de su tiempo. La alusión de Sasuke revisando la correspondencia de Sakura para ocultarle alguna mala noticia esta tomada del libro "Las Damas del Rey" de María Pilar Queralt y que representa muy bien algunos aspecto del matrimonio entre Manuel de Portugal y María de Aragón. Para la época, los reyes tenían todo el derecho de tener amantes si querían, pero algo rescatable del matrimonio de Manuel y María, y que prueba que se amaban, es que él nunca le fue infiel con ninguna mujer durante todo su matrimonio, algo que ningún otro rey de la época hizo. En cuanto al contexto histórico se refiere, como señalo Juana escribía a su madre en cartas que esperaba poder superar el problema de sus celos, y que no era la locura que tanto se ha difundido con el paso de los siglos, y que espero esclarecer. Mirai ya es viuda de Konohamaru y comienza a ser victima de las negociaciones políticas entre Castilla e Inglaterra, y lo seguirá siendo durante los próximos años, no puedo decir si Catalina de Aragón era realmente virgen de su primer matrimonio, pero dado que es muy difícil que hubiera mentido, elijo creerle y representarla como creo que fue realmente.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
