-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Palabras para Paula" de La Oreja de Van Gogh para Sakura, "Saturn" de Sleeping At Last para Sasuke, "Gloria Regali" de Fleurie & Tommee Profitt para Mirai, "Premonition" de Tommee Profitt para Pein, y "Falling In Love" de Cigarettes After Sex para el contexto del capitulo.
6 de Junio de 1502/Lisboa, Portugal
Tras nueve meses de larga espera y anticipado temor, las contracciones comenzaron durante la mañana del 6 de Junio, mientras la reina se despertaba para comenzar con su jornada cotidiana, relegándola a permanecer en cama mientras las parteras y su físico Dan Kato procedían a examinarla, diagnosticando que el parto avanzaba con rapidez, por lo que las doncellas de la reina se apresuraron en abrir las cortinas y ventanas para que el aire circulara, yendo y viniendo en busca de agua caliente y paños limpios. Recostada sobre la cama, confiando en su físico de confianza que auscultaba el progreso del parto examinando entre sus piernas, la reina Sakura vestía un bello camisón beige suave de escote corazón decorado por encaje en el contorno, ceñido bajo el busto para dejar en evidencia su notorio vientre, con falda de múltiples capas y mangas traslucidas que llegaban a cubrirle las manos, con sus largos rizos rosados cayendo desordenadamente sobre sus hombros, pegándose a los lados de su cuello a causa del sudor que comenzaba a impregnar su piel. Sintiendo una contracción más fuerte que las anteriores, Sakura tuvo que morderse el labio inferior y apretar los dientes para no gritar, no iba a hacer un escándalo en su primer parto, y tal era su compromiso que sin importar el pasar de las horas se negaba a dejar que grito alguno abandonase sus labios, solo plegarias por no morir en aquella labor.
—Alteza, decid, ¿qué necesitáis?— preguntó Karin, secándole el sudor de la frente.
—Un velo— murmuró Sakura, cerrando los ojos y apretando los dientes para no gritar.
—¿Un velo?— repitió la Uzumaki, confundida por aquella inesperada petición.
—Cubridme, por favor, no pueden verme así— murmuró la Haruno, apelando a su mejor amiga.
De su infancia en Castilla, Sakura recordaba como en el alumbramiento de su hermana Mirai su madre la reina Seina se había negado a gritar pese a la extenuante labor del parto, siendo liberada de aquella carga por una amable doncella que le había cubierto el rostro con un lienzo para mantener su dignidad y ella deseaba hacer igual, lo que Karin comprendió abandonando la habitación como un haz de luz para regresar solo unos momentos después con un impoluto lienzo blanco con que cubrió el rostro de su reina, arrodillándose a su lado para sostener su mano. Para inspirar sosiego a su cuñada, lady Miso—hermana del rey Sasuke—se encontraba sentada a la izquierda de la reina Sakura, rezando el rosario y dedicándoselo a su hermana en ley mientras que su hermana Emi permanecía a la diestra de lord Dan Kato para aseverar que el parto sucedía con normalidad. Cerca de las puertas de la habitación se encontraba lady Mikoto Uchiha, la madre del rey, con las manos cruzadas sobre su vientre y sosteniendo su libro de oraciones, ataviada en un bello vestido dorado de escote redondo—debajo una enagua blanca de cuello en V—estampado en rosas de hilo de oro, con falda lisa y encima una chaqueta de seda almendra que permanecía abierta y estampada en tenues enredaderas color rojo, con un tocado tipo cofia de igual color adornado por perlas como sus largos pendientes en forma de lagrima.
Mucho más tranquila al saber que nadie pensaría menos de ella si gritaba a causa del inmenso dolor que sentía, con su rostro cubierto y apretando con todas sus fuerzas la mano de Karin contra la suya, Sakura se arqueó contra el colchón y pujó con todas sus fuerzas, gritando cada vez más fuerte; al diablo con el miedo a morir en el parto, llevaba todos estos meses cargando en su vientre el fruto de su amor por Sasuke y viceversa, ¿para qué?, ¿para dar la vuelta y rendirse? Sintiendo como aquel pequeño ser parecía tratar de colaborar por salir de su interior, Sakura gritó a todo pulmón hasta sentir que abandonaba su cuerpo, desplomando su cabeza contra la almohada, lo que Karin tomó como una señal para quitarle el velo del rostro justo cuando se escuchó por primera vez tan estridente sollozo…fuera de la habitación, nervioso y aterrado a más no poder, recordando el resultado que había tenido el ultimo parto que lo había involucrado, Sasuke se paseaba frenéticamente fuera de los aposentos de su esposa como si de un león enjaulado se tratara, su madre y sus hermanas le habían impedido ingresar cuando todo lo que habría deseado seria estar al lado de Sakura, sostener su mano y recordarle lo mucho que la amaba para darle fuerzas y soportar tan duro trance, pero no, solo podía quedarse esperando. Finalmente las puertas se abrieron para que dos doncellas de su esposa salieran cargando una jarra con agua y un cuenco ensangrentado, ante lo que él no dudo en ingresar de golpe.
—Alteza…— jadearon las doncellas, sobresaltadas a causa del exabrupto del rey.
Sin importarle nada el rey Sasuke ingresó de todas formas en los aposentos de su esposa, dirigiéndose cuanto antes a su habitación privada mientras las doncellas abandonaban está cargando lienzos impregnados de sangre y otros elementos usados en el parto, poniéndolo más nervioso. El rey portugués vestía una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas a las muñecas, encima una chaqueta de seda borgoña con bordados dorados a lo largo de las mangas ceñidas, encima un jubón de terciopelo negro y cuello cuadrado con detalles dorados en el contorno, mangas que se abrían como lienzos de seda borgoña para exponer las mangas de la capa inferior y ceñido a su cuerpo por un cinturón negro con hebilla dorada, con faldón hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre. Al cruzar el umbral de la habitación, Sasuke se encontró con una escena completamente diferente a la que hubiera imaginado, en su mente permanecía la imborrable imagen de Takara tras el nacimiento del pobre Yosuke; pálida, exhausta, débil y sin fuerzas, moribunda, pero ahora y sentada sobre la cama Sakura era todo lo opuesto; estaba pálida pero una sonrisa adornaba su rostro, sus largos rizos rosados caían desordenadamente sobre sus hombros y tenía un brillo especial mientras acunaba en sus brazos a un bebé que sollozaba a todo pulmón, arrullándolo amorosamente y alzando la mirada hacia él.
—Es un varón— informó su madre Mikoto de pie junto a la cama, advirtiendo su presencia, —perfectamente sano— su sonrisa amorosa y cargada de orgullo resultaba contagiosa, después de todo su nieto le parecía el niño más bello del mundo.
La sonrisa en los labios de Sakura no hizo sino crecer mientras observaba a Sasuke quien parecía superado por la noticia, incapaz de articular palabra y no era para menos, ella misma había creído que moriría sin poder cargar en brazos a su hijo pero afortunadamente Dios había sido compasivo y no lo había permitido, su hijo era un niño fuerte y de mejillas sonrosadas que no dejaba de llorar pero porque parecía divertirle, con cortos mechones azabaches como los de su padre, aunque el color de sus ojos era un misterio que ella esperaría desvelar pacientemente. Arrullando a su pequeño hijo, Sakura apartó la mirada de Sasuke y se concentró únicamente en su hijo, besándole la frente, para ella aquel pequeño era el ser más perfecto sobre la tierra y se jugaría la vida para protegerlo del mundo entero si hacía falta. Superando su incredulidad, Sasuke avanzó lentamente hasta situarse a la diestra de Sakura y observar mejor al bebé en sus brazos, alargando con incertidumbre una de sus manos y acariciar sus cortos cabellos azabaches, ante lo que Sakura alzó la mirada para encontrarla con la suya, haciéndolo sonreír; aquel pequeño—que lentamente dejo de llorar como si supiera que sus padres estaban ahí para él—parecía irreal, más que su heredero era su hijo y no pudo dejar de observarlo mientras se sentaba sobre la cama frente a Sakura quien lo depositó en sus brazos, y él lo aceptó con anhelo.
Portugal por fin tenía un heredero, y ellos por fin eran una familia.
Londres, Inglaterra
Acompañado por lady Hikari, camarera de la Infanta Mirai—actuando casi como una institutriz—, el embajador español y enviado de los reyes Católicos lord Maito Gai transitó los pasillos del palacio de Westminster hacia los aposentos de la Infanta Mirai en los que ingresó, esbozando una ligera sonrisa al ver a la joven, siempre integra y digna. Sentada en su sala de recepción junto a la chimenea que crepitaba ligeramente, la Infanta Mirai volvió la mirada al advertir la llegada de lady Hikari y un rostro muy familiar, cerrando su libro y dejándolo sobre la mesa de junto ante de erguirse, ataviada en un modesto vestido negro de escote en V con un corpiño gris oscuro de escote alto y cuadrado debajo, a juego con unas ceñidas mangas ajustadas hasta las muñecas, encima una chaqueta superior de terciopelo negro, anudado en el frente por un fajín que se ceñía bajo el busto con cuentas doradas, continuando en una larga falda lisa y holgadas mangas acampanadas, con su largo cabello azabache cayendo tras su espalda, oculto por un tocado español de seda negra con bordados plateados y largo velo que caía tras su espalda, puede que existiera un debate respecto a su virginidad—lo que le impedía acceder a su pensión de viudedad—, pero ella seguía considerándose la viuda del príncipe de Gales y se comportaba como tal.
—Señor Maito Gai— saludó Mirai, inclinando ligeramente la cabeza con respeto. —Mucho me place veros— ya sea que el emisario trajera buenas o malas noticias, siempre era agradable para ella poder recibirlo.
—Y a mí veros, Infanta— correspondió lord Gai, reverenciándola respetuosamente.
—Sentaos, por favor— invitó la Infanta, señalando la silla frente a la suya, —y perdonadme la falta de lujos pero no paso por el mejor momento— acotó, sentándose en su lugar a la par que el embajador se sentaba frente a ella.
—No os lamentéis, Alteza, pues traigo nuevas que espero os sean gratas— aseguró lord Maito Gai, viendo a la Infanta fruncir ligeramente el ceño. —Una carta de vuestra madre, la reina— tendió, extrayendo un sobre cerrado de su jubón.
Conteniendo el aliento, Mirai recibió con gran agradecimiento la carta de lord Maito Gai; en sus cartas trataba de ser paciente y comprensiva, le manifestaba a sus padres su problemática de ver como día con día sus recursos escaseaban, como había tenido que empeñar las joyas que contenían para ella un valor incalculable—emocionalmente hablando—, y como temía que sus sirvientes, amigos y compatriotas sufrieran lo indeseable e insostenible solo por estar a su servicio y bajo un mismo techo, pero cualquier misiva o carta de sus padres seria bien recibida por ella, tanto como si pudiera escuchar sus voces o abrazarlos…cuanto desearía poder volver a Castilla, mas aquello no parecía estar en su destino, pues lo rogaba cada noche desde que Konohamaru había muerto y aun no obtenía respuestas. Sonriendo ligeramente, no por felicidad sino melancolía ante la expresión triste en el rostro de la hermosa Infanta, lord Maito Gai volvió la mirada hacia lady Hikari que solo negó en silencio y bajo la mirada, pero el embajador español no había acudido a verla solo para entregarle aquella carta sino la que procedió a extraer otra misiva de su jubón y que le había entregado lord Idate Morino, embajador de confianza del rey Sasuke de Portugal e intermediario en este caso de la hermana de la Infanta, la reina Sakura, para quien no era tolerable que su hermana menor sufriera de aquel modo.
—Pero mejor nueva no puede venir sino de la corte portuguesa— tendió lord Gai esta vez, sorprendiendo a la Infanta. —Una disculpa de vuestra hermana la reina Sakura, quien se lamenta por no poder intervenir por vos— explicó a la joven que parpadeó con confusión e incredulidad mientras examinaba la carta y rompía el sello.
—Decidle que la comprendo, pues es soberana de Portugal por encima de todo— disculpó Mirai sin dudarlo, imaginando las responsabilidades de su hermana.
—No os adelantéis, señora, pues ella os ha enviado caudales suficientes para manteneros, al menos durante unos meses— reveló el embajador, pues eso le había dicho lord Idate Morino en nombre de la reina Sakura. —Pasad— ordenó en voz alta al sirviente que había dejado esperando en la entrada.
La noticia había tomado por sorpresa a lord Maito Gai que la noche antes de partir de Castilla a Inglaterra había recibido una carta del embajador Idate Morino convocándolo a la corte portuguesa, la cual había visitado por mera curiosidad, siendo recibido por el rey Sasuke que le había interrogado sobre la realidad que vivía la Infanta Mirai—invitándolo a hospedarse en su corte por dos días, disculpando que su esposa no pudiera entrevistarse por él pero su avanzado embarazo era algo de cuidado—, y el embajador Morino lo había buscado para entregarle una carta de la reina Sakura para la Infanta Mirai, junto con un arcón repleto de caudales con el que el sirviente que lo acompañaba hizo ingresó, reverenciando a la Infanta Mirai antes de dejar el arcón sobre la pequeña mesa junto a ella. Abrumada, incapaz de articular palabra mientras veía como lord Maito Gai abría el arcón revelando su contenido, Mirai recordó a su amada hermana a quien había despedido hace más de un año para que partiera a casarse a Portugal, en sus cartas leía cuan feliz era junto a su esposo el rey Sasuke y esperando el nacimiento de su hijo—que debería haber ocurrido o estaba por ocurrir—, no había podido escribirle y contarle lo que estaba atravesando para no angustiarla…ni había esperado que su hermana pensara en ella o la auxiliara.
—Por favor, agradeced a mi hermana y hacedle llegar mi amor y buenos deseos— rogó Mirai de momento, pero prometiéndose escribir una carta a su hermana cuanto antes para agradecerle todo lo que había hecho por ella.
Con un nudo en la garganta, próxima estallar en llanto y las lágrimas a causa de la felicidad y la emoción, Mirai sintió como si el corazón se le paralizara en ese momento, ¿cómo había podido pensar que su hermana, con quien había crecido y a quien tanto amaba, se olvidaría de ella? Tantas perdidas habían enceguecido su sentido de la justicia y de la familia, estar lejos de su padres y sus hermanas le había hecho sentir que nadie pensaba o se preocupaba por ella, quizás hasta que Dios la había olvidado, pero vaya que se había equivocado y ahora el altísimo venía a hacerla reaccionar para que recordara que la bondad aún existía y que sin importar cuan terrible pareciera todo ni cuanta oscuridad existiera en el horizonte, al final el sol siempre volvería a salir e iluminarla con su luz. Mientras lord Maito Gai se levantaba de su lugar y excusaba para retirarse a sus propios aposentos y así darle a ella tiempo de escribir las cartas que deseara enviar y para pensar en profundidad, Mirai asintió y sonrió con ánimos renovados, despidiéndolo cortésmente mientras desdoblaba la carta de su hermana y procedía a leerla, porque desde ahora no volvería a rendirse otra vez...
Lisboa, Portugal
Las celebraciones por el nacimiento del príncipe heredero habían sido grandes a lo largo de aquella sola semana, tanto que dos días después del nacimiento del príncipe Itachi, el 8 de Junio mientras la reina aun había estado relegada a su cama, uno de los grandes poetas y dramaturgos de Portugal, Sasori Akatsuna, había presentado su obra Auto de la Visitación en las habitaciones de la soberana que lo había elogiado y se había mostrado conmovida por tan maravillosa labor así como el rey Sasuke, su madre lady Mikoto y su hermana lady Miso, por lo que el rey lo había nombrado responsable de la organización de los eventos del palacio ante el deleite de su esposa por el talento del hombre. Finalmente y tras dejar pasar los días pertinentes para que la reina Sakura se recuperase del parto y con todo ya planeado tuvo lugar el bautizo en la capilla del castillo de Castelo de São Jorge, oficiado por el Arzobispo de Lisboa—el mismo que había casado al rey Sasuke y la reina Sakura—en presencia de todos los nobles de la corte y sus sirvientes, entre quienes se encontraba el embajador Idate Morino, el sobrino del rey Kagen Uchiha, lady Emi y lady Miso las hermanas mayores del rey y más que nada su madre lady Mikoto, que asistía al acontecimiento con una sonrisa de orgullo que crecía al ver a su pequeño nieto.
—¿Quid petis ab Ecclésia Dei?— cuestionó el Arzobispo con voz clara y ceremoniosa.
—Fidem— contestaron todos los presentes al unísono, sin apartar la mirada del pequeño príncipe.
—¿Fides, quid tibi praestat?— preguntó el eclesiástico esta vez, acercando el pequeño recipiente con agua a la frente del infante.
—Vitam aetérnam— volvieron a contestar los nobles en perfecta harmonía.
Al recibir aquella respuesta, el Arzobispo de Portugal vacío el contenido de la pequeña fuente que sostenía sobre la frente del pequeño bebé de solo días de nacido y que era acunado por los brazos de su hermosa madre que no se separaba de su lado, contra los deseos de su físico que le había aconsejado más reposo. El parto había sido difícil, pero la reina Sakura se había recuperado bien, encontrándose otra vez en pie en menos de una semana, ataviada en un vestido de gasa y seda celeste nevado de profundo escote en V que se ceñía bajo el busto para distorsionar su aun indeterminada figura, con mangas holgadas y casi acampanadas con falda de múltiples capas, y sobre el vestido una maravillosamente etérea capa de seda plateada de escote en V ceñido bajo el busto, con falda de una capa y mangas acampanadas, bordada en hilo de oro para representar el emblema de la familia Uchiha, con un margen de armiño blanco en el contorno de su escote y una capa plateada estampada en rosas azules de contorno dorado que colgaba tras su espalda, sujeta al vestido por una serie de pequeños dijes de oro en forma de rosa, a juego con el collar de oro alrededor de su cuello, y sobre sus largos rizos rosados que caían tras su espalda reposaba la corona real de Portugal, porque ahora finalmente era una reina en toda regla.
—Et hoc signum sanctae Crucis, quod nos fronti ejus damus, tu, maledícte diábole, numquam áudeas violáre— prosiguió el eclesiástico, realizando con un poco de agua bendita la señal de la cruz sobre la frente del pequeño infante. —Per eúmdem Christum Dóminum nostrum— pronunció con gran pompa y ceremonia.
—Amen— contestó la corte, replicando la señal de la cruz sobre su pecho
De pie junto a su esposa se encontraba el rey Sasuke, sonriendo ladinamente aunque de forma apenas perceptible, orgulloso a más no poder de que tanta espera—para la corte que mucho había ansiado al nacimiento de un heredero—hubiera valido la pena y aún más enamorado de ser posible de su esposa, cuyas mejillas sonrosadas y sonrisa maternal la hacía ver más angelical que nunca, además de irresistiblemente hermosa. El rey Sasuke vestía un elegante jubón—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y cerrado, con mangas ceñidas en las muñecas—borgoña purpureo con opacos bordados dorados, de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas hasta las muñecas y faldón abierto en A hasta los tobillos, con pantalones negros debajo y sobre el jubón una chaqueta superior de terciopelo negro y cuello redondo que llegaba hasta los tobillos, con el contorno de las mangas—que no existían—y los laterales del frente forrados en piel marrón claro, ceñida a su cuerpo por un cinturón de cuero negro al igual que sus botas, alrededor de su cuello portaba un toisón dorado que le colgaba hasta la mitad del pecho y del que pendía un medallón con un rubí en el centro, y sobre su rebelde cabello azabache yacía la corona real de Portugal. Lejos del temor que había tenido porque el parto fuese ser demasiado para Sakura, ella parecía haber superado aquella adversidad como si fuera nada y él estaba feliz por ello.
—Itachi, ego te baptizo in nomine patris, et fili, et spiritus sancti— profirió el Arzobispo, citando por primera vez el nombre del Infante. —Amen— no precisó que los presentes contestasen por él, ya que Dios había aceptado la consagración del pequeño.
El nombre de su hijo había sido debatido por Sasuke y Sakura el mismo día del alumbramiento; Itachi era un nombre muy importante para Sakura fuera de cualquier discusión ya que era el nombre de dos de sus ancestros por lado de su madre la reina Seina, y también por parte de su padre el rey Pein, además había sido el nombre previsto en su momento para uno de sus hermanos que no había nacido y era el nombre del santo patrón de su familia. La fiesta de dicho santo estaba próxima en las tierras portuguesas, por lo que Sasuke no pudo oponerse a los deseos de su esposa si del nombre de su hijo se trataba, el nombre Itachi tampoco era de menor importancia para él; había sido el nombre de uno de sus hermanos mayores y que había muerto para permitirle llegar a ser rey, además de haber sido el nombre de su abuelo materno el Infante Itachi de Portugal, hijo a su vez del rey Itachi I, por lo que era un nombre digno de un rey. Inspirando aire profundamente, orgullosa y sabiendo a salvo a su inocente hijo en sus brazos, sabiendo que contaba con la protección del altísimo, Sakura acomodó a su pequeño en sus brazos para acercarlo a su pecho, inclinándose para besarle la frente en el lugar que el Arzobispo le había realizado la señal de la cruz, imitada por Sasuke a su diestra y que acarició los cortos cabellos de su hijo, de dormir sereno aunque actitud temperamental, sus llantos nocturnos eran la prueba así como su fuerza, apetito y vivacidad, digna de un futuro rey en crecimiento.
Ese sería el nombre del próximo rey de Portugal; Itachi.
40 Días después/Agosto de 1502
Las celebraciones por el nacimiento del príncipe Itachi continuaron durante semanas, todos se veían alentados a ello ante la buena salud del pequeño príncipe que crecía con fuerza y seguridad, proveyendo a Portugal por primera vez en tanto tiempo de una seguridad real y que hubo alcanzado a todos, ya fueran estos amigos o enemigos. Tras departir largamente con sus asesores al finalizar el día, el rey Sasuke se dirigió a paso veloz hacia los aposentos de su esposa la reina; finalmente hoy se cumplía el plazo, la cuarentena que había parecido eterna finalizaba y por fin podrían volver a ser marido y mujer en toda regla. El rey portugués vestía un elegante jubón verde musgo—debajo una holgadas camisa blanca de cuello redondo con mangas que se ceñían en las muñecas—de cuello cuadrado y mangas ceñidas de seda ónix con detalles dorados bajo acampanadas mangas con dobladillo oliva, largo faldón y ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro, con pantalones negros y botas de cuero de igual color, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre. Al encontrarse ante las puertas de los aposentos de su esposa, el rey Sasuke las abrió personalmente evitando a los guardias e ingresando en la habitación privada de su esposa mientras se quitaba el jubón, encontrando a Sakura de pie tras la cama, siendo desvestida por sus doncellas y únicamente vestida en un camisón de lino beige claro.
—Alteza— reverenciaron apresuradamente las doncellas, bajando la mirada.
—Podéis retiraros, señoras— despidió Sasuke, queriendo estar enteramente a solas con su esposa.
Esbozando una sonrisa ladina, Sakura volvió la mirada a sus doncellas a quienes autorizó para retirarse con un certero asentimiento, regresando la mirada hacia Sasuke a quien simplemente no pudo dejar de observar mientras ambos contenían el aliento en espera a escuchar el ligero chirrido de las puertas cerrándose, prueba absoluta de que estaban solos. Envalentonada al saber que esta vez no había nada que pudiera mantenerlos alejados, en ningún sentido, Sakura avanzó lentamente hasta estar frente a Sasuke salvo por unos efímeros centímetros separándolos y que acortó aproximando su rostro al suyo y encontrar sus labios, lo que Sasuke imitó, acunando su rostro entre sus manos y conteniéndose para no gemir ante el dulce placer que evocaban en él aquellos labios dulces que saboreo con todo el deseo que llevaba conteniendo, y que ya no tenía por qué seguir haciendo. Pegando su frente a la de Sakura, Sasuke sonrió para sí ante el sonrojo en sus mejillas, el brillo en sus ojos y la forma en que había cambiado en los meses que había durado el embarazo, seguía siendo tan hermosa...no, ahora lo era aún más y él la admiraba aún más. Deslizando su tacto por el cuello de su esposa, Sasuke se detuvo en sus hombros, sosteniendo el camisón mientras no apartaba su mirada de la suya al soltarlo y hacerlo caer al suelo cual charco a sus pies, exponiéndola por completo a sus ojos.
—Quiero guardar vuestra imagen en mi memoria— declaró Sasuke observando a su esposa con gran detenimiento y veneración, —pues larga ha sido la espera— obvió, sin alcanzar a entender cómo es que había podido soportarlo.
—Para ambos— asintió Sakura, acunando su rostro entre sus manos. —¿Me permitís hacer algo, por vos?— preguntó encontrando su mirada con la suya.
—¿Por mí?— repitió el Uchiha confundido. Mas la confusión se tornó en sorpresa cuando vio a Sakura arrodillarse delante de él y proceder a desabrocharle los pantalones. —Sakura, ¿qué hacéis?— frenó, sorprendido por su actuar.
—Dejadme daros placer— pidió la Haruno alzando su mirada hacia él, imaginándose cuán difícil sabia sido para él la espera, justo como para ella.
Sakura llevaba meses pensando en hacer aquello, pero primero había estudiado toda la teoría en base a las conversaciones o cotilleos de la vida íntima de sus doncellas, y ahora que por fin creía tener claro que hacer quería ponerlo en práctica y darle a Sasuke el mismo placer que él le brindaba a ella. Un tanto inseguro, Sasuke acabo aceptando, ayudándola al despojarse de los pantalones y el resto de su ropa; aunque hubiera mucho fragor en la pasión, una felación no era un asunto menor para la época y contexto, en una sociedad tan católica y devota que relegaba semejante intimidad a los prostíbulos y a las mancebas, por lo que Sasuke no quería aceptar pensando en su propio placer y ofender a Sakura denigrándola en forma alguna, no iba a negar que imaginarla proporcionándole placer lo hacía estremecer, pero no podría pedírselo ni tampoco negarse a nada de lo que ella le pidiera. Absteniéndose de sonreír divertida ante el evidente recelo de Sasuke, Sakura sondeó el terreno al situar sus manos sobre el abdomen de su esposo, quien contuvo la respiración cuando ella lentamente rodeo su miembro con sus manos, provocando que el Uchiha cerrara los ojos y dejara escapar un ligero suspiro, para él su tacto era lo más celestial que pudiera existir, ello y su dulce voz, echando la cabeza hacia atrás al sentir como Sakura deslizaba sus manos a lo largo de su miembro con movimientos uniformes y firmes.
Con incertidumbre y tanteando las aguas por así decirlo, Sakura acercó su rostro al miembro de su esposo, probó la punta con su lengua y lentamente se desplazó a lo largo de este, envalentonada ante la evidente tensión de Sasuke que enredó sus manos en sus largos cabellos rosados, cubriéndose los labios con una mano para ahogar un gemido; más decidida ante la reacción de su esposo y que era justo lo que ella había esperado lograr, Sakura retrocedió y envolvió sus labios alrededor de su miembro, introduciéndolo lentamente en su boca, probando sus propios límites y hasta donde podía llegar. Abrumado, Sasuke apretó los dientes para acallar un gemido, bajando la mirada ante la abrupta acción de Sakura de introducirlo en su boca, y ella alzó su intensa mirada esmeralda para encontrarla con la suya, mucho se había negado él a permitirle hacer aquello por temor a ofenderla pero ahora no podía negar que el placer que estaba sintiendo no se parecía a nada que hubiera sentido y todo era gracias a ella. Alentada por la respuesta de Sasuke a sus acciones, Sakura acomodó su cabeza de manera que pudiera introducirlo en su garganta lo más posible, lo que hizo a Sasuke gemir de inmenso placer, sentía como sus piernas comenzaban a temblar mientras ella se movía más rápido sobre él, el calor de su boca era abrumador y sorprendente a la vez, y sentía que estaba comenzando a alcanzar sus límites.
Incapaz de pensar de manera coherente, Sasuke se encontró gimiendo, temblando y jadeando bajo las atenciones de su esposa, deslizando sus manos de sus largos rizos rosados a su cuello, sus hombros y sus pechos que amasó con ambas manos, deseando retribuir el placer que le estaba dando. Separándose para recuperar el aliento, pero sin alejar sus manos del miembro de su esposo, Sakura esbozó una dulce sonrisa al encontrar su mirada con la suya embelesando de nueva cuenta a Sasuke; perfectamente inocente, tentadora y maravillosa, y era su esposa. Sakura regresó su lengua y sus labios al miembro de su esposo, recorriéndolo minuciosamente, ya no era ninguna mujer inocente en la mecánica del sexo pero si en lo que concernía a una felación y quería hacerlo bien. Sintiendo que Sakura volvía a introducir completamente su miembro dentro de su boca, Sasuke echó la cabeza hacia atrás y gimió roncamente, completamente abrumado por la ráfaga de sensaciones que lo invadían, aferrándose al poste de la cama a su diestra para mantenerse de pie, a punto de perder la cabeza y sintiendo el clímax cada vez más cerca, apretando los dientes para no gritar al alcanzar aquella cúspide, a lo que Sakura se sujetó de sus caderas, gimiendo contra su miembro y tragando hasta la última gota de su esencia, separándose para recuperar el aliento y relamiéndose los labios con gusto, levantándose lentamente.
—Os deseo tanto...— suspiró Sasuke pegando su frente a la de su esposa, besando el costado de su cuello y acunando sus pechos entre sus manos, sintiéndola arquearse contra él, —no puedo aguantar más tiempo— advirtió, a punto de cometer una locura.
Buscando los labios de su esposo en respuesta, Sakura aceptó sus palabras pues eran justo lo que ella tanto deseaba, ahogando un jadeo que convirtió en sonrisa cuando Sasuke la cargo en sus brazos y la depositó sobre la cama con él encima suyo, sintiendo los almohadones a su espalda...pero para gran sorpresa suya, su esposo le dio la vuelta, ¿acaso…? Sintió un satisfactorio escalofrió al sentir a Sasuke encima suyo de esa forma, no iba a negar que la voz de la cordura en su cabeza le decía que aquello estaba mal y que una posición así debería estar reservada para una mujer de actitud reprobable, pero la verdad es que su instinto no le decía que aquello estuviera mal sino todo lo contrario. Temiendo haber ofendido a su esposa por su lívido por ella, Sasuke le acomodó cuidadosamente el cabello para despejar su rostro ante lo que en respuesta Sakura volvió la mirada por sobre su hombro, y le hizo saber con su sola mirada que su deseo era el suyo, haciéndolo sentir mucho más tranquilo. Anticipando lo que iba a llegar, Sakura sostuvo con todas sus fuerzas uno de los almohadones justo antes de sentir a Sasuke penetrar de golpe de su interior y a lo que correspondió con un grito ahogado a causa de la sorpresa pero también al volver a acostumbrarse a la sensación, al igual que Sasuke a quien sintió jadear contra el costado de su cuello, temblando al entrelazar una de sus manos contra la suya y besar su espalda.
Su matrimonio les había permitido a ambos saber que le daba placer al otro, los lugares que más desperraban su pasión y los hacían suspirar con el más tenue roce, pero era maravilloso el hecho de que aun tras tanto tiempo—casi dos años casados—aun hubiera tanto por descubrir juntos, especialmente en la intimidad que tanto los unía, desde el principio había sido así. Tan pronto como ambos se acostumbraron, Sasuke se retiró lentamente y volvió a penetrar en su interior para la entera satisfacción de Sakura que gimió bajo él, aunque la verdad es que se sentía un tanto incomoda, la sensación de dejar que él la hiciera suya de esa forma era única pero deseaba verlo a los ojos, por lo que en medio de las embestidas de su esposo se removió bajo suyo y consiguió acomodarse con ayuda de sus brazos para poder volver el rostro hacia él, acunando su rostro con una de sus manos y encontrando sus labios como tanto quería hacer, sintiéndose absolutamente plena. El cambio en la posición por obra de Sakura fue exquisitamente perfecto para Sasuke, por un lado podía permanecer sosteniendo una de sus manos contra la de su esposa y por el otro no existía nada mejor que ver esos hermosos ojos y la lujuria impresa en ellos, el ardor y su placer, retirándose solo para volver a penetrar en su interior, jadeando contra su cuello y dejando un sendero de besos que hizo estremecer a Sakura.
Haciendo a un lado su cabello y acomodándolo sobre su hombro izquierdo, Sakura le dio más acceso a Sasuke a su piel, quien le presto mayor atención en respuesta, susurrándole lo mucho que la amaba y cuanto había deseado poder estar así con ella durante tanto tiempo; sintiendo a Sakura acunar su rostro entre sus manos y buscar sus labios, Sasuke se olvidó por completo de cuanto había esperado para que Sakura y él volvieran a compartir aquella intimidad, nada de eso importaba ahora sino remarcar cada poro de piel como suyo y grabarse a fuego el sonido de sus gemidos así como la sensación de su cuerpo contra el suyo. De forma casi escandalosa, sin importarle nada más, Sakura se arqueó bajo Sasuke y gimió sonoramente, sintiéndolo embestir cada vez más rápido, relegada solo a sentir bajo su cuerpo, apretando fuertemente las sabanas y absolutamente enardecida al sentirlo llegar más profundo en su interior y con más fuerza, sosteniendo sus caderas entre sus manos, tan cerca, cada vez más cerca...en aquel momento, el termino satisfacción completa era un eufemismo para Sasuke recostado sobre la cama con Sakura tumbada encima suyo y observándolo con adoración mientras trazaba distraídamente el contorno de sus músculos con una de sus manos en tanto él que trazaba cada curva de ella a su paso, jugando con sus largos y sedosos rizos rosados, ambos temporalmente agotados de aquella actividad que tanto habían añorado, disfrutando del placer post coito y sin dejar de verse a los ojos.
—Nuestro triunfo ahora es completo— suspiró Sasuke, sintiéndose realmente libre y todo gracias a ella. —Ya nadie volverá a dudar de nuestro poder— y ahora su esposa estaba segura en su posición de reina, lo cual lo dejaba infinitamente tranquilo.
—¿Cómo podrían?— cuestionó Sakura pícaramente, recargándose sobre el pecho de su esposo. —Sois el rey, el amo y señor de estas tierras, el elegido de Dios— recordó aproximando su rostro al suyo hasta solo estar separados por unos muy escasos centímetros. —Y os prometo, que os daré otro hijo, tantos que apenas cabrán en esta habitación— esto solo era el principio de su felicidad, era una promesa.
—Me habéis leído el pensamiento, porque deseo una familia muy numerosa— advirtió él únicamente, obnubilado por ella y por sus hermosos ojos.
El pasado no importaba ya, no importaba si una vez él había sido tan tonto para para despreciarla sin haberla conocido o si las condiciones en que había surgido su amor habían sido adversas, todo cuanto hoy importaba era que estaban juntos, que eran felices y que su amor solo crecería con el paso del tiempo pues su hijo era la prueba de ello, y lo serian todos los que tendrían en el camino...aunque para ello mucho debían esforzarse. Sintiendo los pechos de Sakura contra su torso y aun recostado sobre la cama, Sasuke envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su esposa para acercarla hacia si, a lo que en respuesta Sakura encontró sus labios con idéntica desesperación que antes, deseosa por más y por cumplir la promesa que acababa de pronunciar, no podía explicarlo pero sin importar cuan doloroso hubiera sido el parto todo cuanto ahora quería era darle otro hijo a Sasuke, y luego otro, los que fueran precisos. Sonriendo contra los labios de Sakura ante su deseo y que era el propio, Sasuke trazó cada curva de su cuerpo con veneración, acomodándose entre sus piernas...
Cinco meses después, Febrero de 1503
La corte de Portugal ya había sido alegre y llena de boato antes del nacimiento del príncipe Itachi gracias a la influencia de la reina Sakura, pero sin duda lo fue todavía más tras el alumbramiento y con el paso de los meses, porque todos tenían razones para celebrar que Portugal volvía a ser un reino estable, participando noche tras noche en las fiestas que se organizaban y en que no todo eran música y baile sino también representaciones de obras y poemas. Esa noche y siempre admirable por su elegancia, la reina Sakura adornaba el salón de baile de la mano de su esposo el rey Sasuke, ataviada en un exquisito vestido de seda dorada estampada en hojas de laurel carmesí con contorno de hilo cobrizo, de escote cuadrado—debajo una enagua blanca de escote en V, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—, ceñido a su esbelta figura recuperada gracias a su talento como amazona por un fajín dorado adornado por esmeraldas y perlas, como el contorno de la capa superior de su vestido hecho de seda y que permanecía abierta, de escote cuadrado, con mangas acampanadas que hacían resaltar los brazaletes de oro y zafiros que adornaban sus muñecas, como el tocado de seda zafiro con velo que cubría su largo cabello rosado recogido en una elegante coleta, con una lluvia de lágrimas de perlas entrelazadas con sus cabellos, a juego con un par de pendientes y una guirnalda alrededor de su cuello.
—Arsen— llamó lady Emi a su esposo, agotada por la fiesta, —quedaos si queréis, yo me retiro, estoy cansada— dio a saber, ya que la fiesta continuaría sin ella.
—Iré con vos, creo que bailamos más de la cuenta— secundó su esposo Arsen, terminando de beber su copa de vino y entregándosela a un sirviente para seguirla.
Fiestas como aquella sucedían casi todas las noches sin falta, su querida cuñada y hermana era una persona que tenía el don de agradar y entretener a todos con todos sus actos, y Emi sabía que Sakura la entendería, ella misma quizás se retiraría pronto para descansar y cuidar de su pequeño hijo que insistía en dormir de día y llorar de noche…vaya niño. La hermana del rey, acompañada por su esposo Arsen cruzó la multitud de personas que bailaban o festejaban rumbo a la salida del salón, ataviada en un bello vestido de seda ámbar ceñido a su figura, de escote cuadrado—debajo una enagua beige suave de escote redondo—estampado en delicadas flores de jazmín, con mangas ceñidas a las muñecas y falda de una sola capa, y por sobre el vestido una capa superior de seda aguamarina que enmarcaba los lados de su corpiño, falda abierta bajo el vientre y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas formando cortos holanes y abiertas a los largo de los brazos, con su largo cabello azabache peinado en una coleta que caía tras su espalda resaltando una diadema de oro decorada por esmeraldas y perlas a juego con unos pendientes en forma de lagrima y una elegante guirnalda que enmarcaba su cuello. Mientras Emi y su esposo abandonaban el salón, la música se detuvo de golpe y todas las miradas se volvieron hacia el centro del salón, pero ni la dama ni su esposo pudieron ver qué pasaba.
—Por amor de Dios…— jadeó lord C Kumogakure, no creyendo lo que veían sus ojos.
—¿Qué ha pasado?— cuestionó Emi, apoyándose en su hombro y tratando de ver lo mismo que él.
—La reina se ha desmayado— contestó el Marques, volviendo brevemente la mirada en su dirección.
—¿Qué?— jadeó la Uchiha, palideciendo de miedo e incredulidad, ¿cómo era posible?
Sakura tenía una compleción delicada y grácil pero también una salud fuerte, ninguna inquietud había despertado en la corte antes de ni después de su embarazo, ¿Por qué se desmayaría? Los nobles lentamente se hicieron a un lado para permitir al rey abandonar el salón, cargando en brazos a su esposa que se encontraba inconsciente y apoyando su cabeza contra su hombro, única y enteramente concentrado en ella por quien se mostraba visiblemente preocupado, seguido por las doncellas de su esposa y que se hubieron adelantado para preparar su habitación privada y permitir que el físico la examinase. El rey Sasuke vestía un elegante jubón—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y redondo con mangas ceñidas en las muñecas—granate de cuello alto con el contorno del cuello hecho de hilo de oro y largo faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero como sus botas, con pantalones marrón oscuro como el abrigo de piel que vestía, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado y su rostro presa de una expresión de angustia, incapaz de apartar los ojos del rostro pálido de su esposa, escuchando el latir de su corazón, agitado y nervioso, aterrado. Todos estos meses tras el nacimiento de su hijo habían sido perfectos, esta noche había sido de fiesta y alegría, y esperaba que tanta felicidad no estuviera a punto de ser interrumpida, no lo soportaría…
Cuando Sakura por fin abrió los ojos, se encontró de regreso en sus aposentos, despertada por el ligero gimoteo de su hijo cuya cuna se encontraba al costado de su cama para que pudiera amamantarlo en plena noche si lloraba o calmar su llanto, la hacía sentir más tranquila y en ese momento la hizo reaccionar de las penumbras en que se encontraba. Al abrir los ojos, el primer pensamiento de Sakura fue Sasuke, volviendo la mirada hacia su amiga Karin de pie en la parte trasera de la cama junto a su físico de confianza lord Dan Kato, pero la Uzumaki le contesto que aunque el rey había permanecido junto a ella hasta la llegada del físico, sus consejeros lo habían forzado a entrevistarse con ellos ante la llegada de noticias del Nuevo Mundo y que no podían esperar, lo que Sakura entendió naturalmente ya que ella habría hecho igual en su lugar. Confundida por lo que había provocado su desmayo en plena fiesta, Sakura se dejó examinar por su físico de confianza y contesto a todas sus preguntas, ya habiendo perdido la vergüenza sobre sus consultas sobre sus cursos femeninos o sobre la frecuencia de intimidad entre su esposo y ella, ¿por qué habría de tener vergüenza? Era una mujer satisfactoriamente casada y también era madre, como lo sería su leal amiga Karin que desde hace ya cinco meses era una mujer casada y ahora embarazada.
—¿Es grave?— preguntó Sakura finalmente, orando porque no se tratara de algo así.
—En absoluto, Alteza— negó Dan con una ligera sonrisa. —Claro que no podréis montar a caballo durante algún tiempo— aconsejó, pues podría resultarle perjudicial como hace un tiempo atrás también se lo había desaconsejado. —Es un gran sacrificio, pero no hay más remedio— la espera valdría la pena.
—¿Es que me perjudica eso?— cuestionó la Haruno, meditando a conciencia. —Decid, ¿qué me ocurre?— interrogó, queriendo saber de qué se trataba.
—Permitidme felicitaros, Alteza— contestó el físico, sin hacer desaparecer su sonrisa.
—No…— jadeó la reina con una sonrisa, levantando la cabeza de la almohada, —¿estáis seguro?— preguntó sin poder creerse lo que él aludía.
Viendo asentir en silencio a su físico pues todos los síntomas lo aseveraban, Sakura se apresuró en levantarse de la cama de la forma menos digna, casi pateando las sabanas y colcha sobre su persona, tomando la bata que permanecía colgada junto a la cuna de su hijo, sonriendo al verlo y corriendo hacia su físico a quien abrazó con todas sus fuerzas a modo de agradecimiento por tan feliz noticia antes de abandonar la habitación descalza y colocándose la bata, ignorando a sus doncellas que la observaron con confusión y sorpresa, excepto Karin que sonrió para sí. La bata que la reina Sakura se ciñó en el camino estaba hecha de seda aguamarina verdoso en tono pastel, decorada por encaje rosa pálido en el contorno de las mangas, a la altura de los codos y en el dobladillo así como en el escote en V, con sus largos rizos rosados revueltos y rebotando contra sus hombros mientras corría por las pasillos ya vacíos en dirección hacia los aposentos de su esposo. Los guardias que custodiaban la entrada de los aposentos del rey se observaron disimuladamente, sorprendidos y ruborizados al ver a su reina en camisón y despeinada, abriendo las puertas a su paso en completo silencio e incapaces de articular palabra, lo que Sakura agradeció en silencio continuando con su carrera hacia el interior de la estancia en busca de su esposo, escuchando el eco de una conversación en la sala de recepción a la que ingresó velozmente:
—Sasuke…— Sakura se detuvo en el umbral, encontrando a su esposo reunido con sus asesores que la reverenciaron al instante y bajaron la mirada. —Oh, disculpadme— se excusó con una sonrisa nerviosa y recuperando su compostura, —mi señor, he de hablaros urgentemente— comunicó, teniendo la completa atención de su esposo.
—Luego seguiremos, señores— despidió Sasuke, ante lo que sus consejeros se retiraron en silencio y sin cuestionar su decisión. En todo momento, Sasuke no apartó la mirada de su esposa, analizando en silencio su aspecto y agradeciendo el sonrojo que habían recuperado sus mejillas. —Sakura, ¿qué sucedió?, ¿el físico ya dio su diagnóstico?— preguntó cuanto antes, acercándose a su esposa velozmente.
—Sí, y estoy perfectamente— sosegó la Haruno, acomodándole a su esposo el cuello del abrigo. —Solo que...no podré montar a caballo durante un tiempo, y dijo que los malestares continuaran— acotó con una pícara sonrisa.
—¿Dijo el motivo?, ¿es algo serio?— cuestionó el Uchiha, confundido y claramente preocupado.
—No— negó Sakura, sonriendo radiantemente al ver que él no entendía sus señales. —Sasuke, vamos a tener otro hijo— confesó finalmente en voz baja, cómplice.
—¿Estáis segura?, ¿lo decís de verdad?— preguntó Sasuke, conteniendo el aliento ante cualquier posible respuesta.
—Sí, es verdad— asintió ella de inmediato, conteniendo una risa ante su reacción.
Ella tampoco había podido creerlo cuando lord Dan lo había aludido, sus cursos femeninos ya de por si habían sido irregulares antes del nacimiento de su Itachi y lo habían sido más tras el parto ya que el primer mes no había sangrado y apenas llevaba unos meses volviendo a acostumbrarse al sentir de ser una mujer "normal", por lo que no sangrar el mes pasado apenas y le había provocado extrañeza, pero ahora entendía que había una razón tras aquello y que ella había ignorado u olvidado, ensimismada en cuidar de su hijo y ser siempre una esposa devota y amante; le había tomado tiempo quedarse embarazada la primera vez pero ahora parecía que ese pequeño problema había desaparecido por completo. Al escuchar aquellas palabras de labios de su esposa, Sasuke sintió como si su corazón diera un brinco a causa de la incredulidad, de todos los escenarios posibles aquel era el que menos había esperado, su mayor temor había sido que Sakura enfermara seriamente y que toda la felicidad que habían compartido comenzara a evaporarse, pero en realidad se trataba de todo lo contrario; iba a tornarse aún mayor, ante lo que él saliendo de su estupor no dudo en envolver sus brazos alrededor de su esposa y acercarla a su pecho, inclinándose para besarla en la frente y enterrar su rostro contra su cuello, inhalando su dulce perfume para creer que aquello no era un sueño sino la realidad, y lo era, ella era su realidad.
Serian una familia grande como habían soñado.
Londres, Inglaterra
Los meses habían pasado, Mirai había podido permanecer en la corte pese a su estatus de viuda—pero no podía ostentar el título de Princesa de Gales ya que su matrimonio no se había consumado—, o al menos había podido hacerlo en tanto la reina Yugito Nii había estado embarazada ya que ella había sido una mediadora con el rey Genma y la había protegido, en tanto había vivido pues hacía ya cuatro meses que había muerto tras dar a luz a su ultimo bebé, una niña a quien había nombrado Mirai en su honor; pero al igual que la madre, la niña había muerto poco después. El rey Genma quizás habría sido compasivo con ella, pero se había alejado de todos tras la muerte de su esposa, y su adusta madre lady Biwako había gobernado la corte con puño de hierro, desterrando a Mirai a una modesta residencia de la iglesia, y que la Infanta tenía que pagar como una súbdita más del reino, sin disponer de recursos, empeñando poco a poco sus joyas y enseres valiosos para pagar los impuestos, comprar alimentos y ropa con que mantenerse y a su cuantioso sequito, atrapada en las relaciones diplomáticas entre ambos reinos pues sus padres no querían pagar su dote ni Inglaterra devolverla. Mirai se encontraba sentada frente a la chimenea, envolviéndose con un abrigo negro, acompañada por su leal doncella y amiga Akina Taketori en quien tanto confiaba.
—Es la última leña que nos queda, los nuestros no se calientan hace días y el hambre comienza a pesar— comentó Akina, atizando la chimenea. —¿Cómo puede el rey Genma ser tan mezquino?— se preguntó, sabiendo que podía hablar con confianza.
—No debéis hablar así, es el rey— reprendió Mirai en voz baja, al fin y al cabo el rey había sido su suegro.
—No es propio de reyes permitir que una princesa viva privada de todo lo indispensable— obvió la doncella, volteando a verla. —Pensar que si vuestro matrimonio hubiese sido consumado, por nada de esto pasaríamos— era imprudente hablar así, pero cuan distinto seria todo si la Infanta hubiera mentido para salvarse.
—Pero no lo fue— suspiró la Infanta con tristeza, recordando a Konohamaru y pensando en cuan perfecto habría sido todo de estar vivo y a su lado.
—¿Y qué importancia tiene, señora?— inquirió Akina, recordándole la oportunidad que tendría si mentía al menos ahora. —No sería impedimento para otros esponsales, y al menos viviríais en vez de perecer de hambre y frio— su fallecida hermana la princesa Takara había vuelto a casarse siendo viuda como ella.
—No voy a mentir, Akina, aunque haya de perder la vida jamás perderé la dignidad ni pecaré— declaró Mirai con voz clara y tajante. —Me someteré a la voluntad de mis padres, y si ellos y Dios quieren…volveré a Castilla— no creía que ese fuera el plan de Dios, pero su deber como hija de las Españas era obedecer a sus amados padres.
—¿Y de no ser así?— preguntó lady Taketori al aire, pues necesitarían otro plan en caso de una emergencia.
—Habré de esperar hasta que mi destino se aclare— contestó la Infanta, igual de inamovible en sus convicciones. —Vine aquí para traer la paz y lo haré— su deber como Infanta de Castilla y Aragón estaba por encima de sus sentimientos.
Había crecido escuchando los relatos de su madre sobre Inglaterra y las fabulas de los embajadores, leyendo las cartas que sus suegros—Dios tuviera en su gloria a la reina Yugito—, aprendiendo el idioma con gran esmero, luego leyendo las cartas de Konohamaru y convirtiéndose en su esposa, amando a sus hermanas y hermano como propios, la tierra del reino, todo cuanto la rodeaba…quería creer que el plan de Dios era que se convirtiera en reina de Inglaterra, haberse pasado la vida entera siendo preparada para ese propósito no le permitía pensar de otra forma, pero la ambición política no era algo propio de ella, la humanidad proponía y Dios disponía, y si su deber estaba en otra parte, sea; aceptaría. Había pensado en escribir a su hermana Hinata en Castilla, pero no quería angustiarla, tampoco a su hermana Sakura en quien pensaba a diario por las cartas cargadas de felicidad que había recibido de ella, ¿cómo trastocar la felicidad de sus hermanas por su propia desgracia? Estremeciéndose ante el clima inglés y envolviéndose más con el abrigo que portaba, Mirai se apretó las manos y se negó a claudicar, ¿qué cristiana seria si diera la vuelta ahora, rindiéndose ante la adversidad? Prefiero vivir infeliz que ser feliz para siempre y olvidar a Dios, pensó la Infanta cual mantra, asiéndose a su deber y a lo que su madre la reina Seina le había enseñado, aunque supiera que su fiel Akina Taketori tenía razón…
Junio de 1502/Reino de Castilla
Si bien Portugal tenía grandes razones para celebrar, no así Castilla en que nada había cambiado tras la partida de la Infanta Sakura y las preocupaciones de la reina Seina ahora eran más grandes que nunca, por un lado estaba su adorada hija Mirai que permanecía en Inglaterra tras haber enviudado y el pasar de los meses no auguraba que fuera a regresar, y por otro lado estaba Hinata quien había dado a luz un nuevo hijo y a quien Aragón no había tratado de la mejor forma ya que había abandonado el juramento de las cortes tras su marido el archiduque Naruto quien había acudido al lecho de muerte de su querido amigo el arzobispo Jiraiya. Tras ello Naruto había sido enviado a Francia para negociar la paz y había regresado a Flandes solo ya que Hinata había estado muy embarazada para acompañarlo. Ahora y tras el parto de su hijo que había sido nombrado Minato, Hinata que no había sido educada para ser reina rehuía de las responsabilidades que intentaban adjudicarle, solo queriendo volver junto a Naruto. Sentada junto a la chimenea, la reina Seina volvía a estar en pie tras tan prolongado reposo dada su frágil salud, vistiendo un sencillo camisón gris claro de cuello alto y mangas abullonadas que se ceñían en las mangas, ceñido bajo el busto y por sobre el camisón una bata de tafetán negro con mangas acampanadas, teniendo su cabello cubierto por un largo velo blanco; apartando la mirada de las llamas y volviéndola hacia la puerta, Seina vio ingresar a su esposo el rey Pein.
—Hay noticias de Inglaterra— anunció el aragonés aproximándose para besarle la frente, —sabéis que el rey Genma ha enviudado en el último tiempo— recordó, viendo a su esposa asentir en respuesta, —pues ahora pretende desposar a la Infanta Mirai— reveló finalmente, apartando la mirada con disgusto ante la idea.
—¿Qué?— la reina castellana estaba horrorizada ante lo que escuchaba. —Triplica su edad, y es el padre de su fallecido esposo, ¿qué le mueve a tal desatino?, ¿acaso ve peligrar nuestra alianza?— eso debería estar fuera de discusión.
—Genma desea desposarla para no tener que devolver a la Infanta ni por tanto restituir la dote— la boda era el único camino, además Mirai era joven y sería un desperdicio dejarla esperando por…¿cuánto tiempo?
Los meses continuaban pasando y las negociaciones entre Castilla e Inglaterra literalmente se habían estancado, por su parte Inglaterra se renegaba a restituir una dote que alegaban necesitar pero paralelamente Aragón—Pein era quien lideraba las negociaciones—tampoco estaba dispuesto a ceder y tolerar que se le impusiera pagar el resto de la dote por un matrimonio que no se había consumado. Seina estaba cansada en ese punto de su vida, enlutada por las muertes de sus hijos Sai y Takara, así como por la muerte de su nieto Yosuke y su nieta nacida muerta; su salud estaba resentida, la asolaban las fiebres y poco o nada podía hacer salvo levantarse un par de horas de la cama, ¿cómo podría ayudar a su hija? Además, Pein alegaba con fundamento defendiendo los intereses de su reino en tanto que Castilla no precisaba de aquel dinero. La serenidad había vuelto brevemente a la reina y la había alentado a levantarse de la cama ante las cartas de su hija Sakura que había alumbrado un hijo varón hace ya varios meses y ahora estaba nuevamente embarazada, ella había encontrado la felicidad y estaba en paz…pero ojala y todos también pudieran respirar tranquilos. Preocupado por la salud de su esposa, Pein observó a Seina en espera de una respuesta viéndola palidecer ante sus noticias, no iba a ceder en lo que respectaba a la dote pero tampoco podían abandonar a su hija Mirai.
—Ya retiró la pensión de viudedad a Mirai, ¿qué más quiere?— cuestionó Seina intentando hallarle algún sentido a la situación. —Esto es indigno, ¿acaso es mi hija su rehén?— empezaba a sentir verdadero terror por el destino que aguardaba a su hija.
—Quiere forzar nuestra decisión— comprendió Pein, tomando asiento en el escaño vacío frente a su esposa. —Mirai ha de quedar en Inglaterra como princesa viuda o como reina— él también estaba de acuerdo aunque no de idéntica forma.
—Pein— reprendió la reina a su esposo, endureciendo su voz, —quiero a mi hija de vuelta, no aceptaré otra cosa— estableció sin tener en cuenta objeción alguna.
Había cometido un error imperdonable en el pasado con su queridísima hija Takara que viuda le había rogado comprensión para poder entrar en un convento, ¿y qué había hecho? Descuidar su sufrimiento como todos, y no iba a cometer el mismo error con Mirai, quería que su hija regresara como la digna Infanta que era y una vez en su reino tener en cuenta su opinión para encontrarle otro esposo o no, siempre velando por su bien. Inglaterra y las negociaciones políticas con cualquier otro reino podían esperar, por ahora todo cuanto importaba a la reina Seina era el bien de sus hijas, Hinata ya estaba a su lado, Sakura estaba muy próxima en Portugal cruzando la frontera, pero Seina no estaría realmente tranquila hasta que Mirai no estuviera a su lado otra vez. Asintiendo en silencio y no pudiendo prometer nada pues le estaría mintiendo a la cara a su esposa, Pein frunció el ceño para sí mientras apartaba la mirada con aire pensativo y decidido; Mirai podía esperar, por ahora lo más apremiante era Hinata quien a todas luces no era la reina que él ni el reino habían esperado. Para Pein no se ganaba nada gobernando con los sentimientos, y aunque entendía a su esposa, él estaba decidido a mantener el orden en Castilla.
Y para ello quizás necesitaban a otra reina.
Dado el delicado estado de salud de la reina Seina, era su esposo el rey Pein quien realmente mandaba en Castilla para disgusto de su yerno el archiduque Naruto quien esperaba por el regreso de su esposa Hinata en Flandes, quien por su parte nada quería saber de asuntos de estado para frustración de su padre. Reunido en la sala del trono junto al arzobispo Hiruzen y el leal amigo de su esposa lord Hidan Akatsuki, el rey Pein vestía un sencillo jubón negro—debajo una holgada camisa gris claro de cuello alto, con mangas ceñidas en las muñecas y que terminaban en cortos holanes—de cuello alto y redondo, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero como sus botas, con largo faldón hasta las rodillas y mangas abullonadas hasta los codos volviéndose ceñidas en las muñecas, y encima un abrigo negro sin mangas, largo hasta los tobillos y con pantalones negros debajo. El motivo de Pein para haber reunido a Hiruzen y Hidan tras la conversación que había sostenido con su esposa era claro; Hinata era demasiado abnegada, parecía dispuesta a dárselo todo a Naruto y hacerlo todo por él, no veía más allá de su amor y eso era un problema para Pein, pero si tenía otra hija que tenía el ánimo templado y toda la dignidad que se esperaría de una reina, y tenía por esposo a un hombre que había sido jurado futuro consorte de Castilla.
—Lady Hinata es la princesa de Asturias, y tiene hijos fuertes y sanos— recordó Hidan tras escuchar la propuesta del rey, —¿proponéis apartar a sus herederos, que son los vuestros, de su destino?— lady Hinata ya tenía cuatro hijos, era desatinado privarla de su justa herencia a esas alturas.
—Nombremos heredera a Sakura; ella ya parió un varón sano y está embarazada, en nada es diferente de Hinata y está incuestionablemente cuerda— aclaró Pein, sintiendo predilección por su astuta y muy cauta hija. —Uniríamos así nuestros reinos al de Portugal— un sueño que Seina tenía y que él apoyaba con vehemencia.
—Alteza, ¿la reina sabe de esto?— preguntó el arzobispo Sarutobi con el debido respeto.
—No, y nada ha de decírsele— protestó el aragonés, observando severamente a ambos hombres. —Hidan, ¿cuento con vuestra lealtad?— cuestionó al querido amigo de su esposa, no queriendo cometer error alguno.
—Señor, sabed que el bien de Castilla es lo primero para mí— aseguró el Akatsuki sin trastabillar en su lealtad, —y también ha de serlo para la corona— solo quería estar seguro de que el futuro que su rey planteaba fuera el mejor posible.
—Lo es— aseveró Pein de inmediato, —¿quién si no Sakura estaría más capacitada para ser la reina? Sasuke conoce Castilla y no es un usurero traicionero como Naruto— había tratado a su yerno y sabía que Sasuke no ambicionaba sino la paz y la grandeza para su reino. —Y mi hija no es una novicia enamorada que se deja embaucar como Hinata— no tenía reproches en cuanto a Sakura se refería.
Inicialmente todos habían temido que la unión con Portugal no diera frutos; por un lado Sakura había tardado casi un año en embarazarse y por otro estaba el rey Sasuke que al sentir en paz sus dominios había pretendido ir a la guerra, afortunadamente ambos asuntos se habían resuelto al mismo tiempo y hoy tenían un nieto llamado Itachi que Dios mediante se convertiría en rey de Portugal, además de un bebé en camino y que nacería antes de que acabara el año—su hija debía tener cinco meses—, pero por encima de todo llegaban cartas de puño y letra de su hija quien era una embajadora sin título velando porque se mantuviera la alianza pactada, ¿por qué no hacer de su leal hija la reina que Castilla y Aragón merecían tener? Todos habían creído que tras el alumbramiento del infante Minato, lady Hinata entraría en razón y tomaría las responsabilidades que debía asumir como heredera pero en lugar de ello estaba inconsolable y deprimida, suspiraba y rogaba que se le permitiera volver junto a su esposo pero sus padres trataban de postergar el asunto lo más posible, mas estaba claro que en la princesa no estaba el ánimo de ser reina y sacrificarlo todo por el reino…y no se le podía culpar si no se le había educado para ello. Pero volviendo a la política y dejando de lado los pormenores sentimentales, despojar a la princesa Hinata de su herencia era algo fácil de decir mas no así de hacer.
—El Emperador Minato no permitiría que su linaje fuera privado de su justa herencia— previno Hidan, recordándole los peligros que traería aquel plan, —y a vuestro yerno no le faltaría el apoyo de Francia— apostilló dado que hace poco había firmado la paz con sus vecinos personalmente y en su nombre.
—Podríamos con ellos— insistió Pein tercamente, no queriendo renunciar a la idea.
—Majestad, ocupaos de garantizar la paz para con vuestros estados en vez de provocar una guerra de imprevisibles consecuencias— recomendó Hiruzen hasta entonces en silencio, solo buscando lo mejor para Castilla.
—Así se hará, Eminencia— aseguró el aragonés con el ánimo más sereno o eso parecía.
—Ahora, con vuestro permiso veré a la reina— se disculpó el clérigo con aire solemne, reverenciando al rey.
El rey Pein asintió, dando permiso al Arzobispo de Toledo para retirarse y asistir a confesar a su esposa la reina quien dada su frágil salud requería de los oficios religiosos más seguido que antes para su preocupación, ¿es que estaban a puertas de algo peor? Yo debería gobernar en Castilla, pensó Pein al ver marchar al Arzobispo, temiendo que todos sus años de esfuerzo fueran al traste por causa de su yerno Naruto quien era una víbora ponzoñosa. En caso de que su hija Sakura se negara—Pein esperaba que no, pero debía considerarlo—a tomar el trono de Castila cuando llegara el momento con su esposo el rey Sasuke como consorte, Pein tenía otro plan en mente; su nieto Minato. Ahora el niño era solo un bebé con meses de edad pero podía ser una amenaza para Naruto quien tenía en sus manos a su hijo mayor Boruto, Hinata podía volverse reina pero eso sería nada si a futuro la sucedía uno de sus hijos y para lograrlo Pein estaba dispuesto a hacer pasar por loca a su hija cuyos celos eran tan conocidos como lo habían sido los de su esposa la reina Seina en su juventud. Su esposa la reina Seina se opondría y él bien lo sabía, pero era preciso de hacer con tal de mantener la unidad de la corona, de otro modo sus reinos se volverían un auténtico caos, por lo que—viendo a Hidan reverenciarlo para retirarse—Pein se dio cuenta de que había llegado la hora de jugar a todo o nada.
—Hidan, esperad— frenó Pein, impidiéndole al Akatsuki retirarse. El rey aragonés buscó en el interior de su jubón y extrajo un sobre sellado. —Enviad con discreción esta carta a Portugal, necesito saber si Sakura estaría dispuesta a lucha por convertirse en la próxima reina de Castilla— tendió al noble que la recibió con sorpresa, —es imperativo saber si hemos de seguir temiendo por el futuro, o saber si podremos enfrentarlo con fuerza— y su hija seria crucial en ello, si aceptaba.
Aunque Hidan albergase serias dudas sobre si la decisión de su rey era la correcta o no, no se atrevió a protestar con mayor vehemencia al no saber que les auguraba el futuro, asintiendo en silencio y recibiendo su carta, reverenciándolo en silencio antes de proceder a retirarse, dejando libre un suspiro en el proceso. La Castilla pacifica que él recordaba hace apenas unos años ahora era una sombra, su querida amiga y reina parecía encontrarse en sus últimos días y él sentía que su lugar en la corte ya no tenía sentido, ¿pero qué debería hacer? Sentado en el trono, a solas, Pein esperaba que su hija Sakura viera que la propuesta escrita en su carta era lo mejor para Castilla y Aragón, y que luchase por ello convirtiéndose en reina, de ello dependía el futuro y esperaba que su yerno Sasuke también lo entendiera, porque Pein no quería tener que llegar al otro extremo con tal de alejar a su yerno Naruto del trono de Castilla pero lo haría de ser necesario. Si algo había aprendido Pein con el pasar de los años es que el fin justificaba la vileza de los medios, claro que era horroroso que como padre estuviera dispuesto a usar todos los recursos a su alcance para declarar loca a su hija con tal de asegurarse el poder o el futuro del reino, pero los reyes no pensaban como los demás hombres, para ellos primaba la ambición y él deber, y Pein siempre se había enorgullecido de ser un hombre ambicioso por encima de todo…
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros", luego "Más que Nada en el Mundo" y nuevamente "La Reina Olvidada", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (20 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (33 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro –Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Miso Uchiha como Leonor de Viseu
-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (20 años) -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)
-Idate Morino como Diego de Silveira -Maito Gai como Rodrigo González de la Puebla
-Sai Yamanaka como Juan de Aragón -Takara Uchiha como Isabel de Aragón
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (22 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (23 años)
-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (17 años) -Akina Taketori como María de Salinas
-Konohamaru Sarutobi como Arturo Tudor -Biwaki Sarutobi como Margaret Beaufort
-Genma Shiranui como Enrique VII –Yugito Nii como Elizabeth de York
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón
-Hidan Akatsuki como Gonzalo Chacón -Hiruzen Sarutobi como el Arzobispo Francisco Jiménez de Cisneros
-Jiraiya como Francisco de Busleiden -Minato Namikaze como Maximiliano de Austria
-C Kumogakure como Fernando de Meneses (Marqués de Vila Real) -Sasori Akatsuna como Gil Vicente
-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz
-Boruto Uzumaki como Carlos V de España -Minato Uzumaki como Fernando de Austria
Amor Verdadero & Ficción VS Realidad: lo primero que represento en el capitulo es el primer parto de María de Aragón y del que se sabe poco, pero si se sabe que cuando su hija Isabel de Portugal dio a luz dijo Felipe II, dijo; "Moriré, mas no gritare", y se cuenta que le cubrieron el rostro con un velo como se dice hicieron con su abuela la reina Isabel de Castilla, además en el libro "Las Damas del Rey" de María Pilar Queralt del Hierro se alude en el caso de María de Aragón. Y paralelamente, apenas pasa la cuarentena obligada, ambos vuelven a concebir otro hijo, alguien muy importante en la historia de las Españas. Todo lo que menciono sobre las festividades en honor al nacimiento el príncipe esta tomando de crónicas oficiales, y el ritual del bautizo esta en latín como se hacia en la época. La pobre Mirai continua sufriendo por las negociaciones entre Castilla e Inglaterra, pero como muchos que investigamos su historia sabemos que su tormento apenas esta comenzando, por lo que prepárense para lo que vendrá. Por fin y lentamente, en el próximo capitulo prometo que aparece mas explícitamente, veremos el complot que se hizo en la época para despojar a Juana de su herencia y vilipendiar su imagen al hacerla pasar por loca aunque nunca lo estuvo, y ya en este capitulo vemos que su padre esta pensando en quitarle el trono y reemplazarla por una de sus hermanas, Sakura, y que de hecho fue algo que si se barajo en la historia real.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
