-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "I'm Free" de Dua Lipa para Sakura, "Somebody to Die For" de Hurts para Sasuke, "Roar" de Katy Perry para Sarada, "See What I've Become" de Zack Hemsey para Hinata, y "One Day I´ll Fly Away" de Nicole Kidman para el contexto del capitulo.


Lisboa, Portugal

Si bien las noticias sobre la situación de Castilla llegaban a Portugal sin falta, cortesía del embajador castellano Kakashi Hatake, nada parecía preocupar a la reina Sakura quien cumplía ya cinco meses de su segundo embarazado y sin dejarse perturbar por absolutamente nada, siempre amable y sonriente a sus doncellas aunque echara en falta la presencia de su amiga Karin Uzumaki quien estaba lejos de la corte junto a su esposo lord Suigetsu Hozuki para cuidar de su hijo que había nacido hace poco y también para acentuar su vida como familia. Asintiendo al encontrar su mirada con la de su amiga y doncella Moegi, Sakura dejó que la ayudaran a cubrirse con un elegante vestido marrón oscuro con opacos bordados cobrizos, de escote alto y cuadrado que se ceñía bajo su busto, con mangas dobles; unas inferiores que se ceñían a las muñecas y sobre estas unas acampanadas que casi llegaban a cubrirle las manos, con falda amplia que le permitía sentirse cómoda y sus largos rizos rosados caían tras su espalda por obra de un tocado portugués marrón claro decorado con encaje, destacando los pendientes de oro en forma de lagrima como el medallón que colgaba por sobre su pecho y contenía un retrato de su esposo en su interior. Observándose al espejo y acomodando su cabello mientras Moegi terminaba de cerrarle el vestido, Sakura volvió la mirada al escuchar que las puertas de su habitación se abrían.

—Alteza— llamó su doncella Temari, reverenciando respetuosamente a su soberana. —Noticias de Castilla— tendió la carta que sostenía en sus manos.

Tras la partida de Karin, Sakura había dado a entender que no la entrañaría más de la cuenta o que podría continuar como si nada sin ella pero la verdad es que extrañaba muchísimo a su mejor amiga, mas Temari era de su entera confianza y había sustituido a Karin como su camarera y jefa de sus doncellas, y por supuesto que la portuguesa se sentía profundamente honrada por lo mismo. Entusiasmada como siempre ante la idea de tener noticias de sus padres cruzando la frontera, Sakura volvió la mirada hacia Moegi agradeciendo su ayuda para vestirse y recibió la carta de manos de Temari, apresurándose en romper el sello y desdoblar el documento que estaba firmado por su padre el rey Pein. Pero para tristeza o preocupación de Sakura no fueron noticias lo que leyó al estudiar la carta sino una propuesta; una breve reseña de su padre sobre la situación que vivía Castilla a causa del desinterés de su hermana Hinata por aprender a gobernar y una propuesta sobre que ocupara su lugar como heredera de la corona castellano-aragonesa si todo salía mal. Sobrepasada emocionalmente, Sakura tembló como una hoja mientras releía las palabras del documento, sabía de la situación de su hermana Hinata pero…¿acaso sus padres no les habían enseñado a Hinata, ella y Mirai que habrían de deberse a sus maridos y confiar en que ellos se encargaran de todo? Nunca les habían enseñado a ser reinas pues no era ese su destino.

—¿Qué sucede, mi señora?— preguntó Temari con preocupación al verla tan pálida.

—Necesito ver al rey— fue todo lo que Sakura pudo contestar con un hilo de voz.

Carta en mano, Sakura se sujetó la falda del vestido para no tropezar mientras se dirigía hacia las puertas de su habitación y que no dudo en abrir por su cuenta, abandonando sus aposentos, y conduciéndose por los pasillos con toda la dignidad que tenía fue reverenciada a su paso por los nobles que se encontraban en los pasillos, mas ella no tuvo tiempo para nada más que asentir al verlos en señal de reconocimiento y continuando con su camino. Cuando había alcanzado la edad apropiada para entender lo que la rodeaba, Sakura y el resto de sus hermanas habían sostenido una conversación con sus padres en que ellos les habían explicado que Sai y Takara gobernarían como herederos directos de la corona pero Hinata, ella y Mirai básicamente solo serían esposas de reyes, ¿por qué todo tenía que cambiar ahora? Sakura no quería ser reina de Castilla, solo quería amar a Sasuke y a sus hijos, no quería poder ni lo ambicionaba, ¿por qué su padre si? El corazón de Sakura latió aún más rápido cuando finalmente divisó la entrada del salón del trono donde sabía que Sasuke se encontraba reunido a esa hora de la mañana, necesitando comunicarle las noticias y saber qué hacer, pero se detuvo a un metro del umbral al ver a un grupo de tres nobles abandonar la estancia, los que detuvieron su andar al verla.

—Alteza— los nobles bajaron la cabeza y no dudaron en reverenciar a su reina.

—Señores— asintió Sakura al verlos, esbozando una ligera sonrisa, —¿el rey está despachando?— consultó ocultando sus nervios lo mejor posible.

—No, Alteza, se encuentra solo— contestó el noble al frente del grupo.

—Gracias— sonrió la Haruno, un tanto más tranquila y a la vez más nerviosa.

Infinitamente más tranquila con la respuesta de los nobles pues lo último que desearía seria importunar o interrumpir a su esposo y soberano mientras se encontraba lidiando con los asuntos que atañían a su reino, Sakura inclinó la cabeza ante los nobles a quienes permitió seguir con su camino pero tan pronto como los sintió pasar a su lado y sabiendo que nadie se encontraba cerca suyo, Sakura bufó para sí al liberar el aire que una y otra vez contenía en sus pulmones a causa de su preocupación, alzando la mirada hacia el cielo, pidiendo entendimiento al altísimo y sintiéndose verdaderamente perdida. Una y otra vez en su infancia su amada madre la reina Seina a quien tanto idolatraba le había relatado su juventud y la forma en que, no siendo la heredera para el trono castellano, el camino le había sido allanado por el altísimo quien había tomado las vidas de sus hermanos para volverla reina de Castilla; para una niña pequeña esos relatos eran epopéyicos, habían forjado su imaginación y su camino como persona pero eso no quería decir que desease vivir lo mismo, ya había perdido a Sai y Takara, y no se atrevería a luchar con su hermana Hinata solo para convertirse en reina, no lucharía contra su hermana por nada ni nadie, antes prefería morir de la peor forma…¿pero que quería Dios que hiciera?, ¿qué era lo correcto a hacer en este caso?

Trémula, Sakura dirigió sus pasos hacia el umbral del salón del trono.


Las mañanas tendían a ser solitarias para Sasuke, a solas en el salón del trono a esa horas y en espera de que llegara su esposa Sakura para que pudieran despachar juntos como cada día y para que ella le diera propósito a su existencia; en este embarazo Sasuke no se había preocupado en exceso por Sakura, ya sabía que ella podía lidiar con lo que fuera y asumir sus responsabilidades, solo necesitaba darle tiempo extra para despertar por las mañanas y luego podían continuar con su jornada como si nada. El rey portugués vestía una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas que se ceñían en las muñecas, por sobre la camisa un jubón de seda marrón oscuro estampado en bordados dorados que replicaban el emblema de la familia Uchiha a lo largo de toda la tela, de cuello redondo y mangas ceñidas a las muñecas aunque ligeramente holgadas, con largo faldón hasta las rodillas y cómodos pantalones negros, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. De pie junto a los ventanales en ese momento, Sasuke observó la vista de su ciudad, Lisboa, la Roma que él día con día trataba de crear para convertir el reino que había recibido hace años en un Imperio y lentamente lo estaba logrando, lo que Sakura tanto admiraba de él, esbozando una sonrisa de admiración al ingresar en el salón del trono pero también al darse cuenta de que su esposo no había advertido su presencia.

—Sasuke— llamó Sakura, sobresaltando a su esposo que volvió la mirada al escucharla.

—Sakura— reconoció Sasuke, alejándose de la ventana al instante y acercándose a su esposa a quien saludó con un beso en la frente. —¿Qué sucede?— inquirió preocupado, sintiéndola temblar bajo su tacto y no favorablemente.

—Han llegado nuevas de Castilla, dirigidas a mí…a ambos más bien— comunicó la Haruno, sin poder evitar que temblara su voz. —Mi padre está preocupado, como sabéis se pretendía educar a mi sobrino Boruto en Castilla pero Naruto no lo ha permitido— recordó, viendo asentir a Sasuke quien no disimuló su desacuerdo con el actuar de su cuñado. —Además han surgido rumores sobre la "poca cordura" de mi hermana Hinata, y la ambición de mi cuñado no es precisamente alentadora— los rumores llegaban a ella pero Sakura sabía que eran exagerados.

—Pero vuestra hermana fue jurada heredera ante las cortes— contrarió el Uchiha tratando de dimensionar del todo lo que ella le estaba contando. —Castilla ya la reconoció como futura reina y eso nadie puede cambiarlo— en teoría las cortes eran quienes decidían quien podía o no podía gobernar.

—Conozco a mi padre y sé que aquello no es impedimento para él, no dejara Castilla y Aragón en manos...de una loca, aunque eso implique ir contra la ley— fue todo un reto para Sakura mencionar la palabra loca, aunque solo fuera para ejemplificar la situación y no porque creyera que su hermana realmente lo estuviera. —En la carta me confiesa que desea que yo sea la reina de Castilla y vos, como mi esposo, rey consorte— reveló finalmente, entregándole el documento a Sasuke y esperando su reacción.

Hinata siempre había sido diferente dentro de la familia; Takara había sido la devota, Sai el caballeroso, ella la aburrida y Mirai la hija solicita, Hinata era la entusiasta porque vivía enamorada de la idea del amor pero a la vez asustada del futuro, era muy emocional y espontanea pero no loca sin importar lo sensible que fuera, además Sakura había compartido sin falta correspondencia con ella y sabía que las palabras que usaba su hermana no eran propias de loca sino de alguien perfectamente cuerda. En su última carta, Hinata le confesaba el pavor que sentía de ser recluida contra su voluntad pues sus padres no la dejaban regresar a Flandes y la trasladaban de lugar en lugar intentando que amara su reino y no volviera con Naruto, detonando los temores de Hinata, lo que Sakura sabia haría estallar de los nervios a su hermana en cualquier momento. Incrédulo por lo que oía y que sonaba a todas leguas como una propuesta desatinada, Sasuke leyó velozmente el documento en sus manos…corroborando las palabras de Sakura para su estupor, ¿cómo era posible? Brevemente, Sasuke recordó la ocasión en que había sido jurado heredero de Castilla como esposo de la fallecida Takara, pero ella había sido la primogénita mientras que Sakura estaba detrás de Hinata en la línea sucesoria, eso sería una traición e incluso implicaría una guerra civil, ¿en qué demonios estaba pensando su suegro al sugerir semejante cosa?

—Estaba en vuestro animo unir Portugal y las Españas, bien lo sé— habló Sakura al no obtener una reacción de parte de su esposo y no pudiendo evitar recordar los días en que él había sido el esposo de su hermana Takara.

—Eso era antes— protestó Sasuke volcando su atención hacia ella, preocupado por el rumbo de sus pensamientos, —¿cómo puede vuestro padre considerar apartar a su propia hija del trono?— cuestionó, superado por semejante idea.

—Todo lo que le importa es el poder— diferenció la Haruno sin problemas y conociendo muy bien a su progenitor, —sé bien que, si pudiera, nombraría heredera a mi hermana Mirai quien se parece más que nadie a mi madre— todos pensaban eso de su adorada hermana menor a quien ella tanto extrañaba.

—El Emperador Minato no permitiría semejante afrenta a su linaje, y Naruto tiene el apoyo de Francia— reflexionó el Uchiha en voz alta. —Esto acarrearía una guerra civil— previno, teniendo igual que ella un panorama muy claro de la situación.

—Lo que iría en contra de lo que mi madre ha buscado desde que se convirtió en reina; los reinos de las Españas de nuevo se separarían— consideró ella con la voz quebrada por los nervios. Dándose cuenta de lo que eso significaba para ella, Sasuke no dudo en envolverla en sus brazos, intentando sosegar sus preocupaciones lo mejor posible. —Sé que quizás yo podría hacer algo de convertirme en reina de Castilla, pero no puedo traicionar a mi hermana ni a mi madre— confesó con total honestidad.

—No hacéis nada malo negándoos— aseguró él besándola en la frente, furioso porque su suegro la angustiara innecesariamente. —Esperaremos la decisión final de vuestros padres, por igual, pero antes nos dejaremos asesorar por los grandes de nuestro reino— determinó pues ya tenían un reino por el cual velar y no podían arriesgarlo. —No podemos tomar esta decisión sin cavilar profundamente en ello— había demasiado en juego y él no permitiría que a ella le ocurriese nada.

Hasta ahora y sin importar lo difícil que pareciera, Sasuke había logrado mantener cierto equilibrio en su reino y no lo decía políticamente sino a nivel emocional, todo estaba en equilibrio porque el primer embarazo de Sakura había sido tranquilo y el segundo también lo estaba siendo, procuraba todo para que ella fuera feliz y no tuviera que preocuparse por nada mas ahora su suegro estaba desbaratándolo todo, sentía a Sakura temblar en sus brazos aunque en menor medida mientras la abrazaba y en el alma sentía el temor de que estas noticias pudieran adelantar el parto o peor aún provocarle un aborto. De ocurrir algo así, partiría a Castilla a enfrentar a su suegro porque con Dios como testigo que no permitiría que nada ni nadie entristeciera a Sakura si él podía impedirlo, y aunque no estuviera en su mano lo haría de todas formas pues su deber como esposo era impedir que ella tuviera un solo motivo por el cual llorar. Sujetándose de los hombros de Sasuke y sintiéndose mucho más tranquila gracias a él, Sakura rompió lentamente el abrazo y alejó lo suficiente su rostro del de su esposo para verlo a los ojos con claridad, había tenido un atisbo de inseguridad sobre que él quisiera que se convirtiera en reina de Castilla y siguiera los pasos de su fallecida hermana Takara, temía revivir los fantasmas del turbulento pasado de ambos pero ahora se daba cuenta de que ese pasado estaba enterrado y que todo cuanto importaba era el presente que tenían juntos y lo mucho que se amaban.

—Gracias por comprender mi sentir, Sasuke— apreció Sakura profundamente, sabiendo poder confiarle todos sus temores e inquietudes.

—No, gracias a vos, Sakura, por compartirme vuestras preocupaciones— diferenció Sasuke, acunando cuidadosamente el rostro de ella entre sus manos. —Debemos ser uno en todo— se habían jurado acompañarse en lo bueno y lo malo.

—Y compartir los mismos fines— asintió ella, recordando sus votos matrimoniales.

Al casar con Sasuke, en el altar y ante Dios como testigo Sakura había jurado ser una fiel compañera para él en la prosperidad y adversidad, en la ventura y la enfermedad, en lo que sea que ocurriera mientras duraran sus vidas y lo cumpliría, pero en el fondo seguía siendo esa niña de trece años insegura y romántica que temía que él se diera cuenta de que no era la joya más brillante del mundo y volviera a amar a su hermana Takara aunque estuviera muerta…pero increíble y curiosamente este pequeño bache les había servido a ambos, pues ahora Sakura podía enterrar ese pasado para siempre y continuar de cara al futuro, dejando que su fallecida hermana descansara en paz, envolviendo sus brazos alrededor de Sasuke y abrazándolo amorosamente. Correspondiendo al abrazo de Sakura y besándole el costado del cuello, Sasuke se sintió como un tonto, había sentido la inseguridad de su esposa pero cuando había sido tarde y el mal estaba hecho, habían estado a punto de revivir el pasado y ser separados otra vez pero él no volvería a permitir que ocurriera; estaba seguro de sus sentimientos, su corazón era de Sakura, su vida, su alma y su ser por completo le pertenecían, solo despertaba cada mañana por ella, ella era su alma gemela, el amor de su vida y su razón de existir. Descendiendo una de sus manos al vientre de su esposa, Sasuke sintió a su hijo o hija patear contra su tacto, mucho más tranquilo al sentir que la pequeña vida en camino era fuerte, tanto como su esposa y él…


Reino de Castilla

La carta con la respuesta de la reina de Portugal llegó a Castilla poco más de una semana después y fue chocante para el rey Pein enfrentarse a la realidad de que su hija Sakura en quien tanto confiaba no está dispuesta a luchar por el trono, porque si bien era lo que se esperaba de ella resultó una decepción para él, y lo fue más la carta adjunta que llegó de puño y letra del rey Sasuke quien le advirtió muy severamente que no volviera a escribir una carta similar pues podría acarrear que Sakura perdiera su embarazo o entrara en prematuras labores de parto, y entonces él tendría que contestar con algo más que palabras. Si bien la respuesta de su yerno complació a Pein pues probaba que cuidaba de su esposa y su próximo hijo en camino, también lo decepcionaba su falta de ambición política. Enlutado perpetuamente como toda la corte, reunido a solas con lord Hidan Akatsuki en el salón del trono—en tanto su esposa la reina Seina continuaba delicada de salud y confinada en cama—, el rey Pein vestía una holgada camisa gris claro de cuello alto con mangas ceñidas a las muñecas y que terminaban en cortos holanes, por sobre la camisa un sencillo jubón negro de cuello alto y redondo, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero como sus botas, con largo faldón hasta las rodillas y mangas abullonadas hasta los codos desde donde se ceñían hasta las muñecas, con su rebelde cabello pelirrojo ligeramente revuelto.

—¿Cómo pudo negarse Sakura?, ¿Acaso solo yo soy consciente de lo que nos aguarda? Hinata le cederá el poder y Naruto reinara— señaló Pein en voz alta, tratando de convencer al mundo de seguir la misma dirección que él. —Tanto esfuerzo durante tantos años, ¿para acabar así?— entregarle todo a su enemigo era algo que no haría. —Yo debería gobernar en Castilla y no un extranjero— si tan solo Seina tuviera el ceso para dejarlo claro…pero traicionar a su hija era algo que sabía no haría.

—Señor, os recuerdo que la reina aun descansa en vuestra alcoba, y los castellanos hemos de cumplir fielmente su voluntad— recordó Hidan para nada de acuerdo con esa última declaración pues él le era incondicionalmente leal a su reina.

—¿Para que gobierne un traidor?— cuestionó el aragonés, no pudiendo creer que considerase aquello.

—Bien sabéis que no— difirió el Akatsuki al instante, —pero si no respetáis la ley, llevaréis al reino a una guerra civil— y llevaban casi treinta años buscando la paz.

—Esperaba más de vos, Hidan— negó Pein para sí mientras observaba al gran amigo de su esposa. —Seina es mi esposa, Hinata mi propia hija, ¿acaso las amáis más que yo?— cuestionó en caso de que se estuvieran poniendo en duda sus sentimientos. —Gobernando con los sentimientos y no con la razón, no podremos cumplir con lo que Dios nos ha encomendado— recordó pues debía primar el deber de reyes a sus sentimientos humanos. —No os llevéis a engaño, Hinata no está ya en esta partida; o gana Naruto o gano yo— dejo en claro para que cesara de dudar de una vez.

Hasta ahora y pasara lo que pasara, Pein había estado dispuesto a todo con tal de preservar la paz de la corona y su unidad pues mal que mal era el sueño que Seina y él habían tenido el común en su juventud y por el cual se había unido, ¿pero para qué? Hinata insistía una y otra vez allá a donde la enviaran que todo cuanto quería era volver a Flandes junto a su esposo y sus hijos, era absolutamente incapaz de pensar como soberana sino que solo lo hacía como mujer, esposa y madre, ¿qué clase de futuro les aguardaba? Uno en que serían gobernados por un maldito usurero extranjero y traidor, leal a Francia pues eso es lo que era Naruto cuyos ojos y ambición estaban en el trono castellano. Ya nada se trataba de si Hinata reinaba o no, se trataba de que si Pein no hacía algo para impedir que su hija se convirtiera en reina, seria Naruto quien gobernaría Castilla, y aunque Hidan Akatsuki lo sabía no pudo coincidir con lo que proponía su rey, ¿cómo hacerlo? Se trataba de hacer pasar por loca a la princesa Hinata a quien él había visto nacer, crecer y convertirse en madre, se trataba de difamarla y ensuciar su imagen…pero ciertamente ir contra ello implicaría hacer que el reino cayera en la anarquía y la incertidumbre otra vez, y aunque Hidan sintiera que estaba mal, tuvo que admitir que en cierto modo el rey Pein tenía razón.

Había que elegir uno de dos grandes males.


24 de Octubre de 1503/Lisboa, Portugal

Los próximos meses de embarazo fueron tan felices para Sakura como lo había sido el primero, Sasuke siempre estaba a su lado y complacía cualquier capricho que tuviera, además y sin importar que su vientre creciera más con el paso de los meses, Sakura podía continuar realizando sus deberes de reina y encargándose de iluminar la corte como su esposo decía que solo ella podía hacer, ayudada por lord Sasori Akatsuna que creaba obras y poemas que se estrenaban en la corte para gran júbilo de todos. La mañana del 24 de Octubre comenzaron las contracciones al mismo tiempo que Sasuke se levantaba de su lado para comenzar su jornada diaria, y aunque a Sakura le habría encantado tenerlo a su lado en el trance del parto, insistió en que estaría bien y confió en que él lidiaría con los asuntos de estado, pues bien sabía que no podían esperar. Recostada sobre su cama y con un velo blanco cubriendo su rostro para impedir que alguien viera su dolor, la reina de Portugal vestía un holgado camisón de gasa blanca de cuello redondo, larga falda hasta los tobillos y mangas que se ceñían en las muñecas finalizando en cortos holanes, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda. Sosteniendo su mano se hallaba su cuñada Emi quien no cesaba de infundirle animo en tanto sus doncellas Temari y Moegi ayudaban a su físico lord Dan Kato en el proceso del parto, y las demás se encargaban de ir y venir con lienzos y agua caliente.

—Ya casi, un último empujón— alentó Dan viendo la cabeza del infante a punto de nacer.

De inmediato Emi repitió aquellas palabras a Sakura, instándola a continuar pujando pues ya había soportado lo más difícil todos estos meses, ahora solo le quedaba entregar sus fuerzas en un último empujón y tendría un nuevo hijo que amar y mimar en sus brazos, un nuevo príncipe a quien el reino entero adoraría, pero ese pequeño necesitaba que su madre lo ayudara a nacer. Inhalando aire por la nariz, Sakura apenas y escuchaba las palabras que salían de los labios de su cuñada Emi o de su siempre confiable físico, su mente estaba entrelazada en la alegría de tener un nuevo hijo y con en el temor muy real de morir en el proceso, mas su cuerpo parecía recordar por cuenta propia su primer parto pues todo cuanto hizo fue pujar fuertemente. Sosteniendo firmemente la mano de su cuñada Emi, Sakura gritó con todas sus fuerzas mientras sentía a ese pequeño ser abandonar su interior, dejando caer la cabeza sobre la almohada y quitándose el velo que la cubría por su cuenta, jadeando en busca de aire mientras sus doncellas sonreían y celebraban entre sí; el nuevo bebé era fuerte, robusto y sano, con buenos pulmones como indicaba su llanto y cortos cabellos azabaches como su padre…pero la alegría y sensación de celebración lentamente se desvaneció cuando el físico reconoció el sexo del bebé, mas nada de ello intereso a Sakura que sonrió al ver a su bebé siendo envuelto en una manta.

—Mi bebé…mi príncipe— llamó la Haruno, sentándose mejor sobre el colchón mientras su cuñada Emi se aproximaba al físico y recibía al bebé. —Dádmelo— pidió anhelante por poder cargarlo en sus brazos y alimentarlo.

—Es una niña— anunció la Uchiha, volteando a ver a su cuñada, —una niña preciosa— añadió esperando que Sakura no se decepcionara por el sexo del bebé.

El segundo embarazo de la reina había transcurrido tan perfectamente como el primero y provenía de una familia muy fértil en embarazos, tanto como el propio rey Sasuke que había tenido cinco hermanos mayores, todos habían esperado que el bebé en camino fuera un niño y sin duda resultó toda una sorpresa—no una decepción, pues se trataba de un bebé sano y fuerte—contar con la recién nacida princesa que lady Emi, la hermana del rey, acunó en sus brazos al acercarse a su cuñada. Lo que Sakura sintió no fue decepción sino estupor e incredulidad, estaba tan concentrada en ejecutar perfectamente su papel de reina que solo había considerado que tendría un niño, mas en cuanto su cuñada Emi se sentó a su lado cargando a esa pequeña de cortos cabellos azabaches como los de su esposo, Sakura reemplazó su expresión de sorpresa por una inmediata sonrisa, recibiendo a la pequeña en sus brazos y acunándola contra su pecho. Con sus cortos cabellos azabaches y ojos de color indeterminado pues se encontraban cerrados, el primer pensamiento de Sakura fue a su hogar en Castilla, pensó en su madre la reina Seina y en su fallecida hermana Takara en quien pensaba casi todos los días, pero también pensó en su abuela materna Sumiye que había provenido de Portugal antes de convertirse en reina de Castilla…que glorioso seria que su pequeña hija llegara a lograr lo mismo, y Sakura casi lo vaticinó al observarla, decidiendo que su hija merecía tener el nombre de una reina.

—Mi princesita, mi Sarada— arrulló Sakura, inclinándose para besar la frente de su hija.

Sonriendo, Emi observó a su cuñada hacer a un lado la sorpresa y volcarse completamente a la maternidad, dejándola mucho más tranquila a ella así como al físico y las doncellas que procedieron a retirarse de la habitación para dar un momento a solas a su reina y su hija recién nacida, así como para preparar la muda de ropa y asear la habitación tan pronto como fuera posible. En ese momento y atrayendo sus piernas hacia su pecho para sentarse de forma más cómoda, sintiendo las almohadas tras su espalda, aun con el cabello húmedo y la piel ligeramente impregnada de sudor ante el esfuerzo del parto, Sakura sintió como si la vida no pudiera ser más perfecta, adoraba a su pequeño Itachi con toda el alma y no podía estar muchas horas separada de él pero eventualmente sabía que cuando su pequeño príncipe creciera ambos tomarían caminos diferentes, Itachi siempre estaría destinado a ser el rey de Portugal lo quisiera ella o no, pero su pequeña Sarada en sus brazos—pues estaba decidida a nombrarla así, por su madre y su amada hermana—sería distinta. Esa pequeña de cabellos azabaches y piel blanca como ella, que emitió un extraño sonido entre gimoteo y gorjeo mientras dormitaba en sus brazos seria su viva imagen, su compañera y su igual; hermana, hija, nieta y bisnieta de reyes, y como madre Sakura se juraba buscar el mejor futuro para ella. Para su pequeña Sarada…


Los cotilleos reinaban en los pasillos, todos trataban de saber si había nacido un Infante o no, mas Emi se condujo por los pasillos hacia el salón del trono con la frente en alto y sin comentar nada. La hermana del rey portaba un elegante vestido granate—debajo una enagua blanca de escote en V con largos holanes que casi le cubrían las manos—de escote redondo con un recorte de seda cardenal con bordados ónix que replicaba el emblema de la familia Uchiha en el centro del corpiño y en la falda inferior del vestido, ceñido a su esbelta figura, con mangas abullonadas que se ceñían desde los codos a las muñecas y falda de dos capas, con sus largos cabellos azabaches cayendo tras su espalda formando una trenza, destacando el guardapelo en forma de rosa decorado por un rubí que reposaba alrededor de su cuello y a juego con unos pendientes en forma de salamandra. Reunido a solas con sus consejeros que lo informaban de los problemas entre los judíos y musulmanes en su reino, Sasuke vestía un jubón de seda oliva—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—con cuello alto y en V, mangas abullonadas que se tornaban ceñidas con muñequeras bordadas en hilo de plata y largo faldón hasta las rodillas, pantalones verde oscuros y botas de cuero marrón oscuro como el fajín que cerraba su jubón, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado.

—Alteza— llamó Emi al cruzar el umbral de la estancia, bajando la cabeza y reverenciando a su hermano.

—Podéis retiraros— despidió Sasuke a sus consejeros de inmediato, levantándose del trono al encuentro de su hermana. Tan pronto como vio al último de sus estadistas abandonar la sala, Sasuke reemplazo su máscara de inalterabilidad por una expresión de inmediata preocupación. —¿Qué sucedió, Emi?, ¿Sakura está bien?— interrogó, deseando acudir junto a ella de inmediato y comprobarlo con sus propios ojos.

—Perfectamente, el parto fue perfecto y tranquilo— asintió ella, permitiéndole respirar con normalidad. —Sois el padre de una hermosa niña sana— reveló aunque su hermano no hubiera preguntado por el bebé sino que solo por Sakura.

La expresión de Sasuke al escuchar la noticia fue muy similar a la de Sakura, como si no hubiera esperado que naciera una niña y era verdad, pero lejos de decepcionarse lo que Sasuke más anhelo fue ver a Sakura a los ojos, recordarle cuanto la amaba y conocer a su hija, por lo que besando en la frente a su hermana abandonó el salón del trono a paso veloz, peinándose nerviosamente el cabello y recorriendo los pasillos llenos de cortesanos curiosos que lo reverenciaron a su paso pero él no tenía tiempo de siquiera reconocerlos, todo cuanto quería era encontrarse al lado de Sakura. El camino hasta los aposentos de su esposa pareció eterno pero Sasuke lo transitó con gusto aunque algo impaciente, agradeciendo internamente cuando los guardias le abrieron las puertas y permitieron ingresar, sin detenerse en la sala de recepción sino que continuando hasta la habitación privada de su esposa, mas deteniéndose en el umbral. Sentada sobre la cama y ya cambiada de ropa, Sakura acunaba en sus brazos a su hija recién nacida, vistiendo un camisón blanco de escote redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas bajo una bata de seda anaranjada con bordados dorados y mangas acampanadas, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros y enmarcando sus mejillas sonrosadas…Sasuke creyó contemplar a una diosa, porque cada vez que la veía le parecía más hermosa que antes.

—Mi pequeño ángel…— suspiró Sakura enteramente concentrada en su pequeña hija que dormía en sus brazos, —nunca os dejare porque solo nos tenemos a nosotras en la vida, sois parte de mi corazón y mi alma— prometió sin poder apartar sus ojos de ella. —No estéis triste, vuestra madre no está decepcionada, os adoro— aseguró pues sabía que su pequeña no era lo que todos querían. —Espero que vuestro padre también os ame— esperaba que Sasuke no estuviera decepcionado.

De ser ese el caso, Sakura lo sentía muchísimo pues aunque amara a Sasuke con todo su corazón nada ni nadie la volvería contra sus hijos, ellos eran parte de su carne y su sangre, moriría por ellos si Dios se lo pidiera y no podía decepcionarse, ¿qué importaba que el trono necesitara otro heredero? Ella aún se sentía sana, fuerte y Dios mediante tan pronto acabara la cuarentena podría volver a intentar concebir a otro príncipe, pero su hija era irremplazable y punto, nada ni nadie la haría elegir a un niño por encima de su Sarada. De pie en el umbral de la habitación, casi al costado y oculto para que Sakura no pudiera verlo, Sasuke sonrió ladinamente para sí no solo por admirar la belleza de su esposa sino por escucharla; ya amaba a esa niña aunque no la conociera aun, era su hija, hija de Sakura y que esperaba llegara a ser igual de hermosa que ella en todos los sentidos para pensar en su esposa cada vez que la viera, para él era mil veces más importante que Sakura estuviera bien y que tuvieran un bebé sano que si este era niño o niña. Sintiendo que había ocultado su presencia lo suficiente, Sasuke ingresó en la habitación para sorpresa de Sakura que alzó la mirada, acunando a su pequeña en sus brazos y acercándola más a su pecho como si intentase protegerla de la decepción que su esposo y rey pudiera sentir pero también para infundirse valor, observando el rostro de Sasuke pero no sabiendo cómo interpretar su expresión.

—Sasuke— saludó la Haruno con el corazón en vilo, viendo a su esposo acercarse y tomar asiento sobre la cama, frente a ella. —Perdonadme si os he decepcionado, tuve una niña y no un varón— se disculpó anticipadamente, bajando la mirada.

—No estoy decepcionado, Sakura— negó el Uchiha con una sonrisa ladina. —¿Me veo decepcionado?— cuestionó tomando el mentón de su esposa y haciendo que alzara la mirada para encontrarla con la suya. —Estoy orgulloso de vos; un varón seria para el trono de Portugal, pero esta niña es solo nuestra— hasta que tuviera que casarse.

No queriendo pensar en ello pues era demasiado pronto y mucho habría de ocurrir para que su hija se convirtiera en una mujer y tuviera que unirse en matrimonio a alguien más, Sasuke se sintió más tranquilo y feliz al ver sonreír a su esposa; se había casado con Sakura por política y el bien de su reino pero el suyo era un matrimonio de amor verdadero, sus hijos eran fruto de ese amor y no importaba su sexo sino solo que estuvieran sanos y crecieran siendo personas de bien, ya Dios decidiría lo demás. Viendo extinguidos sus temores y sabiendo que no tenía nada por lo que preocuparse, Sakura acomodó a su pequeña hija en sus brazos y se la entregó a Sasuke que la cargó con idéntico cuidado como hacía con Itachi, aunque algo era diferente esta vez, Sasuke tenia cierto brillo en los ojos al observar a su pequeña hija y que hizo sonreír a Sakura al notarlo, era como si esa pequeña hubiera conquistado su corazón de la misma forma en que ella lo había hecho desde hace tanto tiempo, la veía con la misma alegría con que la veía a ella. Hasta hoy, Sasuke había creído que sería imposible sentir que existía otro ser tan perfecto como Sakura en el mundo, pero en cuanto enfocó su atención en su pequeña hija a quien acunó en sus brazos se dio cuenta de que si el día de mañana algo terrible pasara, Sakura viviría en su hija; eran idénticas, pese a no tener el mismo color de cabello si tenían los mismos rasgos y hasta la misma presencia, y Sakura se la había dado, era una nueva prueba latente de lo mucho que se amaban.

—Decidí nombrarla Sarada— comentó Sakura, llamando la atención de su esposo que alzo la mirada hacia ella. —Por mi madre y mi hermana, pero entiendo si no os gusta el nombre— quizás él quisiera nombrarla Mikoto por su madre.

—Es un hermoso nombre, por dos grandes mujeres— asintió Sasuke, completamente de acuerdo pues además simbolizaba que el pasado era pasado. —Que tengáis días felices, hija mía— deseó, inclinándose para besar la frente de su hija. —Se parece mucho a vos, ¿la princesa Sarada será tan inteligente y hermosa como su madre?— se preguntó en voz alta, haciendo sonrojar a su esposa. —¿Cómo podría no amarla?, los niños y las niñas son iguales para mí y sé que ella será tan grande un día como Itachi— su hija había nacido para ser reina, justo como Sakura. —Quien sabe, quizás nuestra pequeña un día presida un Imperio— se atrevió a considerar aunque fuera pronto.

—No la alejéis de nosotros tan pronto, al menos esperad hasta que sepa hablar— regañó ella ligeramente, queriendo tener tiempo junto a su hija.

La sonrisa en el rostro de Sakura no hizo sino crecer pues, como si sus mentes estuvieran conectadas—y no se trataba de pura ambición—, Sasuke había sentido lo mismo que ella; su hija estaba destinada a algo mucho más grande que lo que ellos estaban viviendo, es como si supieran que más que reina de una corte o un lugar el mundo, su pequeña niña estaba destinada a ser la joya de un imperio, una Emperatriz a quien el mundo pudiera aclamar y adorar. Sintiendo irónicamente que libraba una batalla perdida contra la única mujer que tenía la última palabra en su vida, Sasuke negó en silencio mientras regresaba a su pequeña Sarada a los brazos de Sakura, acercándose más a su esposa, no pudiendo estar lejos de ella, observando con idéntica fascinación que ella como en su inocencia su hija intentaba articular lo que parecía una sonrisa, haciendo que Sakura y él se sonrieran entre si y regresaran su atención a ella. Siempre impaciente y dedicada a su labor de reina, Sakura tuvo el impulso—al alzar el rostro hacia su esposo—de decirle a Sasuke que el próximo hijo que tuvieran seria varón, pero prefirió no comentar nada en el último minuto, acercando su rostro al de Sasuke y encontrando sus labios en un beso breve pero apasionado que habría de consolarlos a ambos hasta que finalizara la cuarentena, regresando sin premura la mirada hacia su hija que por ahora era su mayor alegría, justo como su Itachi.

La pequeña Sarada Uchiha estaba destinada a grandes cosas.


8 de Noviembre de 1503/Castillo de la Mota, Medina del Campo

La paciencia de Hinata había llegado a su límite, su hijo Minato había nacido en Marzo del año pasado y aunque ella se había repuesto bien del parto y este año estaba a punto de terminar, sus padres no le permitían partir a Flandes junto a su amado esposo y sus hijos como era su deber de mujer, y para intentar aplacar sus ansias le habían permitido trasladarse a Segovia desde donde podría comenzar su viaje, pero no importa los meses que pasaran ella continuaba presa en los reinos de sus padres. Nuevamente y para sosegarla la habían trasladado al Castillo de la Mota en Medina del Campo junto a su pequeño hijo Minato, pero tras días eternos Hinata se sentía más irritable que nunca; había recibido una carta de Naruto quien la añoraba en Flandes como sus hijos, y estaba decidida a partir a pie rumbo a su hogar de ser preciso. Descalza, vistiendo únicamente un holgado camisón marfil decorado con holanes en el cuello redondo y en las mangas que se ceñían en las muñecas, con el cabello suelto y cayéndole sobre los hombros, Hinata recorrió los pasillos del castillo en completo sigilo y salió al patio frontal del Castillo, avanzando a paso decidido hacia la verja de acero que le cerraba el paso y que tontamente intento mover con sus manos, sin ver que esta cediera en absoluto. No había querido creerlo, pero verse encerrada como una prisionera la hizo estremecer y desató en ella algo que nunca había sentido.

—No, no…¡Dejadme salir!— gritó Hinata a todo pulmón, aterrada. —¡Abridlas!, ¡abridlas!— clamó, esperando que alguien la escuchara y obedeciera.

Se sentía como un animal de exhibición, como un perro de caza excepcionalmente veloz o un maldito mono traído del nuevo mundo y que era contemplado como algo exótico pero que al mismo tiempo tenía el derecho de ser empleado como un juguete por el divertimento o los deseos pueriles de otros, ¡Era una persona!, ¡Tenia sentimientos!, ¡No podía seguir encerrada! Hinata había aprendido algo importante en Flandes; allá las emociones y exageración eran algo normal, solía gritar escandalosamente en sus partos para que Naruto la oyera y supiera que pasaba, solía besarlo delante de todos para que supieran de su amor y comentar de su vida íntima con desparpajo porque estaba orgullosa, y ahora sin dudarlo chilló mientras halaba de la verja de metal y gritaba para que alguien la abriera por ella, no sabía que más hacer y todo lo que quería era que escucharan y entendieran su dolor. El Castillo de la Mota era completamente seguro, no hacía falta que los guardias custodiaran la verja de acero que cerraba el paso pues sabían que nadie se acercaría sin permiso, pero cuando comenzaron a escucharse gritos desde aquella dirección, los guardias que custodiaban la longitud del Castillo no dudaron en acercarse para ver qué pasaba, contemplando con incredulidad y confusión a una mujer en camisón y descalza aferrada a la verja de acero, observándose con extrañeza entre si antes de acercarse más.

—¿Qué ocurre?— interrogó el capitán, haciendo que la joven mujer volteara a verlo y revelara su identidad.

—Sacadme de este encierro, abrid las malditas puertas— ordenó Hinata de inmediato, enfureciendo ante la espera.

—Devolvedla al castillo— ordenó el hombre a sus subordinados que asintieron torpemente.

—¡Obedeced!, ¡soy la princesa de Asturias!— protestó la ojiperla, incrédula ante su desobediencia.

Jamás le había resultado necesario a Hinata decir quién era o hacerse obedecer, siendo la hija de los Reyes Católicos todo cuanto bastaba era quedarse en su sitio y los demás actuaban en consecuencia a su ascendencia, incluso en Flandes a pesar de que le hubiera tomado tiempo acostumbrarse a dicha corte, pero ahora y aunque sonara arrogante estaba decidida a imponerse a cualquier precio; no iba a esperar, no iba a escuchar nada más, todo cuanto quería era volver a su hogar y junto a Naruto, e incluso lo haría dejando atrás a su pequeño Minato que sabía quizás fuera demasiado joven para tan agitada travesía. Su deber de mujer era estar al lado de su esposo y cuidar de sus hijos, ser la esposa del archiduque de Austria y heredero del Imperio de la casa Namikaze y lo cumpliría, para ello había nacido y para ello la habían educado sus padres aunque ahora parecieran haberlo olvidado. Sin alcanzar a entender lo que exigía su Alteza, y reservado a ser un súbdito leal a la corona que debía obedecer órdenes en base al bienestar de sus Católicas Majestades, el capitán de los soldados se acercó lentamente a la princesa Hinata en espera de sosegarla y hacer que regresara dentro del Castillo, pero cuando el soldado se acercó lo que Hinata hizo fue alargar la mano y desenfundar su espada de su cinturón, presionando el filo de la hoja contra su cuello a modo de amenaza, ¡no iba a moverse de ahí y era definitivo!

—Si me movéis de aquí, ¡me mato!— dejó en claro Hinata, dispuesta a todo con tal de partir.

—Atrás— ordenó el capitán a sus hombres, sorprendido hasta la medula ante aquel actuar.

¿Por qué nadie podía entender que su corazón se desgarraba de dolor por cada minuto de cada hora de cada día que pasaba sin su amado Naruto?, ¿es que nadie pensaba en sus pequeños Fuso, Boruto y Hayami? Minato era demasiado pequeño, ni la extrañaría al partir pero sus otros hijos la necesitaban, necesitaban su amor tanto como Naruto, ¿por qué nadie entendía que su deber de mujer era estar con los suyos? Su deber no era ser reina, no estaba capacitada ni la habían instruido para ello en ningún momento. El capitán de los soldados volvió la mirada hacia sus hombres, instándolos a permanecer atrás pues él mismo no hizo sino alzar las manos al aire en señal de paz para que su Alteza no intentase hacerse daño…jamás la habían visto así, había llegado hace semanas al Castillo, tan lucida, templada, melancólica y serena a la vez que ahora parecía que estuvieran contemplando al mismo diablo, ¿Qué le habían hecho para enfurecerla así?, ¿Qué demonio la estaba poseyendo? Un tanto más tranquila al saber que no le impedirían aquello que ella tanto deseaba, Hinata retrocedió hacia la verja a la cual se aferró con una de sus manos y con la otra mantuvo la espada cerca de su pecho, evocándola como amenaza y estandarte. Había escuchado que sus doncellas la llamaban loca pero no estaba loca, estaba más cuerda que nunca en su maldita vida y estaba cansada de ser gobernada por otros…


—Se ha aferrado a la verja del portón, dice que no dará un paso atrás que la aleje de Flandes— informó el capitán como se le había ordenado.

La princesa de Asturias no había partido sola a Medina del Campo sino que a ella se había unido el Arzobispo de Toledo Hiruzen Sarutobi y en los últimos días lord Hidan Akatsuki leal amigo y súbdito de la reina Seina, ambos eran de su entera confianza y del rey de Aragón, conocían a la joven princesa desde que era niña y sabían tratarla con cariño mas el actuar que estaba teniendo esta noche superaba todo cuanto pudieran haber imaginado, reunidos en uno de los salones del castillo con el capitán de los soldados y que había atestiguado el proceder de su Alteza. Como clérigo, Hiruzen Sarutobi siempre había creído que toda alma perdida podía volver al buen camino, y desde que había emprendido la travesía a Medina del Campo junto a la Princesa Hinata se había dado cuenta de que era una mujer de naturaleza apasionada en cuanto a sentimientos pero de corazón y alma pura, alguien que aspiraba a la introspección y la calma pero que se veía forzada a actuar como noble sin haberlo pedido, mas actuaba como se esperaba que hiciera por naturaleza, no sabía ser egoísta pero quizás ahora ella misma se había encontrado con su propio limite, ¿Sería posible?, ¿Era aquella la explicación tras este comportamiento? Al no recibir nuevas órdenes, el capitán se retiró dejando a solas al Arzobispo y a lord Hidan que suspiraron sonoramente mientras reflexionaban como actuar, mas pronto Hiruzen dispuso abandonar la habitación para escribir una carta a su reina cuanto antes.

—Prometí a la reina que daría cuenta de cualquier incidente— anunció el Arzobispo únicamente antes de cruzar el umbral y salir de la estancia.

—Intentemos solucionarlo antes de informar— protestó Hidan, haciendo que el clérigo se detuviera y volteara a verlo. —Hablad con ella, dijisteis que converso serenamente con vos— recordó en espera de que todo tuviera solución.

—¿Y si no nos fuese posible hallar solución?— cuestionó el Sarutobi, considerando todas las aristas posibles.

—Evitaríamos el disgusto a la mujer, pero a la reina estamos obligados a contárselo— asumió el Akatsuki, conociendo bien el carácter de su amiga y soberana.

Como súbitos tenían el entero deber de actuar las ordenes de su reina, pero como amigos tanto el Arzobispo de Toledo como lord Hidan debían intentar suavizar todo posible semejante golpe emocional, y aunque Sarutobi entornó los ojos y deseó protestar, asintió en silencio y continuó con su camino hacia sus aposentos desde donde tomó una manta de piel que reposaba sobre su cama y prosiguió hacia el patio del Castillo, abrazándose a sí mismo y ataviado en su hábito ante la fría brisa nocturna del otoño, imaginándose aquello que sobrellevaba la princesa en el exterior pero nada pudo prepararlo para lo que vio. Que Hinata tuviera determinación no significa que no fuera consciente del clima, mas ello no la hizo moverse de su lugar, sentándose sobre el suelo de roca del patio y pegada básicamente a la verja de acero a la cual se aferraba con una de sus manos, sintiendo el aire helado recorrerla mas abrazando de todas formas y con las fuerzas que tenía la espada contra su pecho en caso de que alguien quisiera apartarla de su camino, dispuesta a matar o herir de ser preciso. Bajando los escalones de la entrada hacia el patio, el Arzobispo Sarutobi no podía creer que aquella mujer de actitud demencial fuera la misma princesa de mente centrada y loable que le había abierto su alma en sus confesiones, reflexiva cual filosofa o erudita.

—Dios santo…cubríos por lo que más queráis, señora— jadeó Hiruzen al acercarse a la princesa que retrocedió por inercia. —Sé que vuestro corazón ansia volver al lado de vuestro marido, sois una esposa amante y ello es digno del mejor elogio, pero necesitáis reposo, Alteza, que vuestra alma recupere la paz— se arrodilló ante la princesa, aproximando a ella la manta que traía. —Sois el bien más preciado de la corona, y todos nos desvivimos por vuestro bienestar— intentó sosegar amablemente.

—Bellas palabras, dignas de un traidor— acalló Hinata, quitándose la manta de encima pues no la quería. —Lo sois, señor, como todos; el viaje a Flandes era embuste, como en Segovia, ¡este Castillo es mi prisión!— gritó, aterrada de la idea de ser recluida. —¡¿Por qué nadie entiende que es regresar lo que necesito?!— cuestionó sollozante, desesperada por ser entendida y por volver junto a su esposo y sus hijos.

—Señora, por favor, volved al Castillo y abridme ahí vuestra alma— imploró el Arzobispo, sin desistir en tratar de convencerla o en intentarlo.

—Jamás volveré a esa cárcel y no daré un paso que me aleje de mi esposo, ni uno solo— protestó la ojiperla, presionando el filo de la espada contra su cuello a modo de advertencia de lo lejos que estaba dispuesta a llegar para ser oída.

Había hecho todo cuanto le habían dicho hasta el día de hoy; había partido a Flandes para casarse con un extraño y gracias a Dios había podido amarlo, habían tenido cuatro hermosos hijos juntos y encontrado la complacencia en sus abrazos mutuos así como la felicidad, mas ello se había evaporado tras las muerte de sus hermanos Sai y Takara y la muerte de sus sobrinos, ahora era la heredera al trono de Castilla y Aragón ¡Pero no quería serlo! Todo cuanto quería era amar a su esposo, ser una esposa fiel, ver crecer a sus hijos, ver la vida pasar y vivir tranquila, y si para ello debía parecer loca, ¡sea! Porque verdaderamente la estaban volviendo loca al imponerle algo que no quería ni aceptaría, ¡no iba a ser la reina de Castilla!, ¡No quería ser la reina y no lo seria! Hiruzen Sarutobi se sintió como un fracaso en ese momento más que en cualquier otro de su vida, sintió como si la vida le arrojase una cubeta de agua helada, no había actuado mal pero si había actuado como un ciego, había sabido desde el principio que no era correcto mantener prisionera en el reino a la fuerza a la princesa Hinata pero de todas formas había callado la voz de su conciencia y obedecido tanto a la reina Seina como al rey Pein, primando el bien de la corona por sobre los sentimientos de aquella mujer enamorada y ahora se daba cuenta de que si la futura reina llegaba a tener fama de loca seria únicamente por causa de ellos.

Ellos la estaban enloqueciendo.


Corte de Castilla

Cuando las noticias de lo ocurrido llegaron a oídos de la reina Seina, su inmediato impulso fue levantarse de la cama pese a lo débil y exhausta que se sentida, siendo ayudada por su leal amiga lady Miso para vestirse, necesitaba acudir al lado de su hija Hinata y librarla de aquella cerrazón, necesitaba pedir su perdón porque lo que había hecho como madre no tenía nombre; había tratado de obligar a su hija a amar al reino de Castilla y cumplir con su deber a costa de traicionar sus sentimientos por su esposo, lo que iba en contra de todo cuanto ella le había enseñado, ¿Cómo podía llamarse madre siquiera? Recorriendo los pasillos del palacio hacia el exterior donde la esperaba un carruaje ya preparado, la reina portaba un sencillo vestido negro de escote en V—debajo una enagua gris claro de cuello alto y cerrado con mangas holgadas que terminaban en cortos holanes—y mangas ceñidas, por sobre el vestido una chaqueta de tafetán de escote en V anudado en el frente, ceñido a su cuerpo por un fajín, con mangas holgadas que se abrían desde los hombros y falda lisa, con una cofia gris claro cubriendo su cabello y enmarcando su rostro. Sentía como le temblaban las piernas, se sabía débil pero nada la detendría de ir junto a su hija, y Pein se encontraba atendiendo sus propios asuntos en Aragón por lo que ni siquiera él podría impedirle nada, ya había sido suficiente debilidad de su parte, necesitaba auxiliar a su hija a quien estaban tratando como a una loca.

—Mi señora, con el debido respeto es insensato que partáis en vuestro estado, el galeno dice que un viaje con este tiempo puede ser fatal— protestó Miso, intentando que su amiga y reina entendiera el peligro que corría.

—Más segura será mi muerte si me quedo aquí sabiendo el trance por el que está pasando mi hija— acalló Seina sin importarle nada más. —No debí hacer esto a Hinata, que Dios me perdone— había empujado a su hija a la desesperación y lo sabía.

Había escuchado rumores en los últimos meses, la gente a su alrededor cotilleaba día sí y día también que Hinata estaba desequilibrada, que era demasiado emocional e inestable desde que su esposo el archiduque Naruto había regresado a Flandes y Seina sabía que ella tenía la culpa, le había prometido a Hinata que podría volver a Flandes junto a su pequeño hijo Minato tan pronto se recuperase del parto pero luego había cambiado de opinión tras hablar con su esposo el rey Pein y llegado a la conclusión de que lo mejor sería tratar que Hinata permaneciera en el reino por todos los medios y aceptara su deber, mintiéndole y diciendo que la mar estaba demasiado agitada para emprender una travesía. Ahora la habían enviado a Medina del Campo con la argucia de acercarla a Flandes pero en realidad la habían aislado para tratar de que el aire campestre la ayudara a entender lo que ellos querían transmitirle, mas Hinata había probado ser más lista y se había dado cuenta de que todo eran mentiras, sentía que estaban tratando de enloquecerla y que todo cuanto querían era encerrarla y alejarla de su esposo y sus hijos en Flandes. Apoyándose en la pared a su costado para caminar, Seina se sintió más débil pero nada le impidió continuar con su camino con la frente en alto, no como reina sino como madre que esperaba pudiera ser perdonada por su hija, pues solo la había herido más con su amor…


Castillo de la Mota, Medina del Campo

La tenacidad de la Princesa Hinata no fue sino admirable pues aunque aquella noche fue muy fría y ella nada pudo hacer para no castañear los dientes, permaneció aferrada a la verja de acero con una de sus manos y abrazando la hoja de la espada hacia su pecho con la otra, con la espalda pegada a la verja y manteniendo una expresión digna de una reina; frente en alto y gran ferocidad en su mirada. Ciertamente no era el estereotipo que los soldados del Castillo hubieran esperado de una reina, pero aunque su conducta era extraña y sus arrebatos muy curiosos y confusos de entender, el capitán hizo a un lado toda prudencia y tras realizar un concienzudo análisis en su cabeza no dudo en acercarse hasta la joven princesa que si bien se mostraba despeinada, ojerosa y pálida, no era menos hermosa a ojos de cualquiera que la viera. Hinata había permanecido en aquel lugar durante días, y apenas había cerrado muy brevemente los ojos, tenía hambre, se sentía casada y deseaba dormir pero temía que alguien la llevara al interior del Castillo, por lo que se esforzó por mantenerse despierta, su alma clamaba a Naruto y sus brazos añoraban a sus demás hijos, probablemente su pequeño Minato llorara al interior del Castillo pero una nodriza podría alimentarlo, no la necesitaba a ella. Aunque meditabunda, Hinata reaccionó cuando vio al capitán de los soldados arrodillarse delante de ella, dejando en el suelo un vaso con chocolate caliente que le resulto muy apetitoso.

—Tomad, os hará bien— aconsejó el soldado, pero Hinata no hizo sino observarlo con recelo. —Estáis muy débil, podría quitaros esa daga sin esfuerzo, mas no lo haré— aclaró para confusión de la princesa que frunció el ceño con extrañeza. —Si vuestra voluntad es no dar un paso que os aleje de Flandes, la respetaré— era admirable para él ver tanto compromiso, más si de amor se trataba. —La garita de los guardias está a igual distancia de vuestro esposo que esta verja, cobijaos ahí, no habréis cedido en vuestro empeño y recuperareis salud para vuestra partida— aconsejó para que ella se repusiera y cesara en aquel empeño casi demencial de huir.

El capitán era un hombre curtido, casado y con familia, entendía hasta donde se podía llegar por amor y no dudo en tener empatía con la princesa que al margen de toda su emocionalidad y actitud casi infantil no dejaba de ser una mujer enamorada, esposa devota y madre amorosa que merecía ser escuchada, y si ella estaba tan volcada en su empeño de partir a Flandes él no iba a hacerla cambiar de opinión sino que en su lugar solo le tendió la mano para ayudarla a levantarse, pues la garita de los guardias sería un lugar mejor para ella. Sorprendida y sin acabar de entender lo que pasaba, Hinata aceptó la ayuda del soldado que la ayudo a erguirse, afirmándose en su brazo para dar sus primeros pasos hacia la garita de los guardias, sabía que no era un lugar digno de una princesa pero estaba igual de cerca de Flandes que la verja de acero y quizás ahí podría amamantar a su hijo si acudían a decirle que lloraba por ella, sintiéndose más sosegada al ser escuchada y entendida. Tras dejar a la princesa en la garita de los guardias y acompañada por uno de sus hombres de mayor confianza que vigilaba que se alimentara, el capitán se dirigió al interior del Castillo para informar a lord Hidan Akatsuki y al Arzobispo Sarutobi que no dudaron en ordenar a las doncellas de la princesa que acudieran a ella con ropa limpia y con el príncipe Minato que debía extrañar a su madre. Mas eso no quería decir que hubieran olvidado la actitud arrebatada de su Alteza y que era digna de todos los reproches posibles.

—¿En la garita de los guardias?— repitió Hidan tras recibir el informe del capitán.

—Ahora mismo es un mal menor, unas horas más al raso y hubiera sucumbido— sosegó Hiruzen, sabiendo bien que aquel lugar no era digno de su Alteza.

—Os agradecemos la buena obra, mas prometed que no daréis cuenta a nadie de lo sucedido— pidió el Akatsuki, reconociendo tan buena acción.

—En nuestro silencio podéis confiar, pero el cuento ha llegado a las aldeas cercanas— avisó el capitán para sorpresa y temor de ambos hombres. —Los gritos alertaron a los vecinos, y no han sido pocos los que se han acercado a distancia para verla— sus hombres habían intentado alejar a la gente pero el mal ya estaba hecho.

—Los habréis espantado— quiso creer Hidan, imaginando la macula que ello traería sobre su Alteza.

—Al momento— asintió de inmediato el hombre pues su lealtad era incuestionable.

—Pero la vieron— dedujo el Arzobispo, pudiendo leer entre líneas con facilidad.

—E hicieron burla de ella— aceptó el capitán con pesar, habiendo tratado de evitarlo.

—¿Qué dijeron?— preguntó el Akatsuki, necesitando saber la verdad cuanto antes.

—Siento que ofendo al decir como la llamaron— suspiró el hombre, no viendo gracia alguna en repetir aquellas palabras.

—¿Cómo?— insistió el noble con el fin de ponerle remedio, de ser posible claro.

—La Loca; Hinata la Loca— nombró el capitán, tal y como había escuchado decir a los campesinos.

Aquel apodo aunque cruel e irracional resultó profético para lord Hidan Akatsuki, él había conocido a la madre de la reina Seina, lady Sumiye esposa del rey Itachi y que tras su muerte y la de lord Hanzo Amegakure—fiel amigo y consejero del rey—había entrado en un estado de culpa propio de una penitente, suspirando el nombre de aquel hombre como si lo viera durante sus años de exilio en Arévalo, tanto que muchos la habían apodado "La Reina Loca" aunque todos quienes verdaderamente la hubieran conocido supieran que nunca había estado loca sino que sentía un perpetuo remordimiento de haber tenido que ver en la muerte de aquel hombre. Y ahora por maquinaciones, intrigas y complots como en aquel entonces, el mote de "La Loca" regresaba y caía sobre una mujer enérgica, tenaz, fuerte y decidida que simplemente era arrojada al rango de futura reina sin haberlo deseado, justo como la fallecida reina Sumiye, ¿Estaría también condenada al mismo destino?, ¿A vivir enclaustrada y convertirse el fantasma o la burla de los ignorantes? La repuesta no llego puesto que tras una eterna espera y tan pronto como su madre la reina Seina hubo llegado al Castillo de la Mota días después—prontamente alcanzada por su esposo el rey Pein—, la princesa Hinata abandonó Medina del Campo el 1 de Marzo de 1504 rumbo a Laredo, desde donde pudo regresar a Flandes, dejando a su hijo Minato al cuidado de sus amados padres y sin voltear ni una sola vez.

Pero el cruel mote "Hinata La Loca" la perseguiría siempre.


PD: Saludos mis amores, no me maten, ya se lo que piensan pero he aquí la actualización semanal como de costumbre, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "A Través de las Estrellas", luego "Kóraka: El Desafío de Eros", y "Más que Nada en el Mundo" si me es posible, además de "La Reina Olvidada", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (21 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (34 años)

Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Temari Sabaku como Beatriz de Melo (32 años) -Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila (22 años)

-Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (21 años) -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (23 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (24 años)

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (18 años) -Karin Uzumaki como Amalia Ulloa (21 años)

-Sai Yamanaka como Juan de Aragón -Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón -Sumiye Uchiha como Isabel de Portugal

-Hidan Akatsuki como Gonzalo Chacón -Hiruzen Sarutobi como el Arzobispo Francisco Jiménez de Cisneros

-Sarada Uchiha como Isabel de Portugal -Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Fuso Uzumaki como Leonor de Austria

-Boruto Uzumaki como Carlos V de España -Minato Uzumaki como Fernando de Austria -Hayami como Isabel de Austria

-Sasori Akatsuna como Gil Vicente -Minato Namikaze como Maximiliano de Austria -Kakashi Hatake como Pedro Ochoa de Isasaga

Una Pequeña Princesa & Una Locura Legendaria: Al comienzo del capitulo represento la reacción de Sasuke y Sakura a la propuesta de convertirse en los futuros Reyes de Castilla y que rechazan, volcados a proteger su reino y mantener la paz, sabiendo que ello involucraría a una guerra civil. Finalmente el 24 de Octubre nace la primera hija de ambos, quien se convertiría en esposa del Rey de España y Emperador de Alemania, una niña hermosa que de inmediato es adorada por sus padres y esto es verdad, Isabel—nombrada así en honor a su abuela materna y su tía, primera esposa además de su padre—era la joya de su padre quien siempre destino para ella solo lo mejor, y es quien sin duda se parecía mas a María, lo que su peso en la historia es mayor ya que me base en sus representación para darle forma a su madre. Y llegamos a una parte de la historia que ansiaba representar, el 8 de Noviembre en que se cuenta Juana salió al patio del Castillo de la Mota y clamo por volver a Flandes, nada indica que esto fuera prueba de locura sino de una mujer desesperada a quien no dejaban volver al lado de su esposo ni el resto de sus hijos, trasladándola de lugar en lugar para calmarla, pero sin darle nunca lo que necesitaba, obligándola a aceptar un cargo que nunca pidió, y a quien la historia a tratado muy injustamente.

Disculpas: Queridos míos, antes de que piensen en como matarme o hacerme brujería, acepten mis mas sinceras disculpas pero realmente este es un pésimo momento para mi si de actualizar historias se trata; mis clases finalizan el 15 de Marzo y hasta entonces estoy abrumada con exámenes y trabajos escritos por lo que si he actualizado "Kóraka: El Desafío de Eros", "La Reina Olvidada" y la próxima semana "A Través de las Estrellas" es solo porque ya tenia escritos los capítulos en una ventana de tiempo pero realmente no he podido escribir ninguna de las otras actualizaciones aunque si las tengo contempladas. Me temo que cualquier historia nueva o actualización deberá esperar hasta Enero, se que les pido mucho pero por favor ténganme paciencia, estoy tratando de obtener tiempo para escribir pues aprecio todos sus comentarios y me encanta escribir para ustedes y para desestresarme, por lo que por favor tengan compasión de este humilde y pobre intento de escritora, eso es todo cuanto les puedo pedir. Muchísimas gracias, besos, abrazos y hasta la próxima.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3