-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Whisper" de Evanescence para Sakura, "Someone You Loved" de Lewis Capaldi para Sasuke, "Faded" Sara Farell para Hinata, "Lithium" de Minniva para Mirai y "Lost In Paradise" de Evanescence para el contexto del capitulo.


1504, Reino de Castilla

En los meses transcurridos tras la partida de su hija Hinata, la reina Seina había permanecido en Medina del Campo, incapacitada de desplazarse y día con día, semana con semana veía cada vez más próxima su hora. Las noticias que llegaban a ella no eran precisamente venturosas; se contaba que tras regresar a Flandes junto a Naruto y tras haber descubierto que él tenía una aventura con una mujer, Hinata había cortado los largos cabellos dorados de la susodicha hasta dejarla calva en un arrebato de cólera, absolutamente enajenada pero, ¿Seria cierto? Seina debía reconocer que en su juventud y de haber estado en el lugar de Hinata—terriblemente celosa como había sido—habría hecho lo mismo, pero no quería juzgar a su hija sin pruebas concluyentes y no sin haber presenciado la escena en sí. Levantada de la cama por primera vez en semanas, la reina Seina se encontraba sentada ante la chimenea esforzándose por convalecer de su enfermedad, vistiendo un sencillo camisón gris claro de cuello alto con mangas abullonadas que se ceñían en las muñecas, ceñido bajo el busto y por sobre el camisón una bata de tafetán negro con mangas acampanadas, teniendo su largo cabello castaño peinado en una trenza que caía tras su espalda y cubierto por un velo blanco. La reina de Castilla bajo la mirada hacia sus manos, observando un sobre cerrado y que sostenía cuando su esposo ingresó en la habitación.

—Al menos hemos encontrado forma de resolver la situación de Mirai— suspiró Seina sin necesidad de volver la mirada hacia las puertas.

—¿Algo que no os place?— preguntó Pein tomando asiento en la silla vacía junto a ella.

—Pensaba ver pronto a mi hija, pero puede que nuestro embajador haya encontrado la mejor solución para todos— consideró la castellana tendiéndole el sobre a su esposo y esperando a que él desdoblara el documento para continuar. —Sugiere que propongamos desposar a Mirai con el príncipe Kiba— el embajador Maito Gai había logrado un acuerdo único y que protegería a Mirai por ahora.

—¿El hermano de su esposo?— cuestionó el aragonés no sabiendo si sorprenderse o escandalizarse.

—Sasuke de Portugal casó con dos de nuestras hijas— comparó ella, sonriendo al pensar en su hija Sakura.

¿Cómo tener escrúpulos? Su Takara ya viuda había clamado por convertirse en monja y tomar los hábitos pero ellos habían desoído sus ruegos y la habían obligado a entrar en un nuevo matrimonio con el rey Sasuke, que no importa como quisieran verlo la había llevado a la tumba, y luego habían unido a su hija Sakura al rey Sasuke para mantener la alianza con Portugal más para incredulidad de todos había resultado de ello un matrimonio perfectamente armonioso, apasionado, incondicional y ejemplar. ¿Por qué no habría de ocurrir lo mismo con Mirai? Esto ya no solo se trataba de mantener la alianza con Inglaterra y que para Seina era lo de menos en ese punto sino que se trataba de proteger a su adorada hija menor que merecía y debía encontrarse en una posición segura. Teniendo una opinión un tanto diferente, Pein negó para sí volviendo su mirada hacia el fuego de la chimenea; el aragonés vestía un sencillo jubón negro—debajo una holgada camisa gris claro de cuello alto con mangas ceñidas en las muñecas y que terminaban en cortos holanes—de cuello alto y redondo, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero como sus botas, con largo faldón hasta las rodillas y mangas abullonadas hasta los codos volviéndose ceñidas en las muñecas, y encima un abrigo negro sin mangas, largo hasta los tobillos y con pantalones negros debajo. Aquel compromiso le parecía demasiado incierto de cara al futuro.

—Kiba es un niño, ¿qué años tiene?— objetó Pein, sin estar del todo seguro de ese enlace.

—Once, seis menos que la Infanta— contestó Seina, siempre perfectamente informada.

—Habrán de pasar años para que veamos el fruto de esa unión— bufó el aragonés quien hasta ahora había exigido la devolución de la dote, sin éxito.

—Es la mejor solución, pues en todo Mirai recuperara rango e influencia; será princesa de Gales y después reina de Inglaterra— aclaró la castellana, decidida a que este enlace tuviera lugar. —Pein, vos no la dejareis volver sin la dote y ellos no quieren sino que paguemos, a lo que vos os oponéis— él no se lo había dicho pero había sido más que fácil para ella entenderlo. —No van a devolvernos a nuestra hija, y solo nos debe guiar el bien de Mirai— a ella en especial, él ya vería que hacía.

Ante la fiera mirada de su esposa y que no había cambiado en nada a pesar de todos los años transcurridos y el hecho de que ya no era tan joven como cuando la había visto librar sus primeras batallas y en que todo se había centrado en su poder de convencimiento y fuerza de voluntad, Pein no tuvo otro remedio más que suspirar, bajar la mirada y asentir pues sabía que ya la había hecho rabiar en demasía y débil como estaba no podía continuar haciéndolo pues no quería aceptar que ella moriría antes que él. Un tanto más tranquila ante la silente respuesta de su esposo, Seina volvió la mirada hacia el fuego de la chimenea; hasta ahora había dejado las negociaciones a su esposo confiando en que él lograría el mejor acuerdo por el bien de sus hijas pero no podía tolerar por más tiempo que Mirai se encontrase abandonada a su suerte y siendo tratada como poco menos que una pordiosera, ¡Era su hija, una Infanta de Castilla y Aragón! No importa el tiempo que tardara en tener lugar este enlace, Seina sabía que así su hija menor estaría a salvo si a ella le ocurría lo peor y moría antes de verla convertirse en reina de Inglaterra, porque necesitaba que Mirai al igual que Sakura estuviera a salvo...


Palacio de Westminster, Inglaterra.

Tras meses de negociaciones aparentemente infructuosas, la Infanta Mirai fue convocada al Palacio de Westminster por deseos del rey Genma y sabia porque; su madre le había escrito una carta en que le rebelaba que tras una prolongada reflexión habían decidido proponer que se casara por su antes cuñado y hermano de su fallecido esposo Konohamaru, el príncipe Kiba que acababa de cumplir once años hace poco y que era el heredero al trono de Inglaterra tras su padre. Aunque se mantuviera estoica e imperturbable en presencia del rey Genma, Mirai se había escandalizado en su momento, ¡Kiba era solo un niño de once años! Tendrían que pasar años antes de que la boda tuviera lugar…pero si era lo necesario para mantener la alianza con Castilla, ella bajaría la cabeza e iría al altar como novia incorrupta. Sentado sobre su trono en el imponente salón real, reunido a solas con su hijo Kiba a su diestra y su madre lady Biwako a su izquierda, el rey Genma portaba un jubón de seda negro—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y cerrado con mangas que se ceñían en las muñecas formando cortos holanes—de cuello alto y cerrado con mangas holgadas que se ceñían desde los codos a las muñecas y que formaba un corto faldón en V, debajo pantalones negros y botas de cuero de igual color, y sobre su pecho colgaba un toisón plateado decorado con gemas gris claro, con su cabello perfectamente peinado.

—Infanta Mirai, os hemos convocado para comunicaros la decisión a la que han llegado vuestros padres con respecto a vuestro futuro— comunicó el rey Genma sin dejar de observar a la Infanta. —Retiró mi propuesta de casamiento hacia vos, y en su lugar seréis prometida a mi hijo Kiba, príncipe de Gales— determinó sin necesidad de volver la mirada hacia su hijo. —Sus herederos garantizaran la paz continua entre nuestros reinos. Le escribiré al Papa para solicitar la dispensa y si la otorga podrán casarse, pero solo cuando vuestros padres paguen vuestra dote— condicionó el soberano, levantándose de su trono para acercarse a la Infanta. —Vuestro futuro depende de Castilla— eso no había cambiado ni cambiaria para él.

Con las manos cruzadas sobre su vientre, la Infanta Mirai portaba un bello vestido azul pastel de escote cuadrado—debajo una enagua blanca con mangas holgadas y que formaban holanes por sobre el vestido—con un margen de pasamanería marfil en el escote y en el centro del corpiño, con mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían continuando ceñidas hasta las muñecas y formando cortas muñequeras, con falda abierta en A y corto faldón superior por sobre la falda y debajo una falda color marfil con cinco líneas horizontales, y sus largos rizos azabaches caían tras su espalda peinados por una diadema de oro decorada por perlas a juego con la cadena de perlas alrededor de su cuello y de la que pendía un dije en forma de granada, su emblema familiar. Tragando saliva, Mirai asintió y bajo respetuosamente la cabeza cuando el soberano ingles paso junto a ella en compañía de lady Biwako…sabiendo a su madre enferma, Mirai no había podido exigirles o rogarles a sus padres que pagaran su dote, ni aun cuando su vida y la de su sequito estuviera pendiendo de un hilo, aun cuando su rango no hiciera sino caer en esa solitaria isla, si sus padres creían que haría un bien al convertirse en reina de Inglaterra, entonces lo haría. Ya a solas en el salón del trono salvo por lady Hikari su camarera y su leal amiga Akina Taketori, Mirai esbozó una sonrisa cuando su ahora prometido Kiba se acercó observándola con fascinación.

—En unos años, seréis mi esposa— celebró Kiba sonriente y exultante, —y yo el hombre más dichoso de Inglaterra— estaba seguro de que ella sería una gran reina.

Incluso con la gran diferencia de edad entre ambos, Kiba se había embelesado de la princesa española desde el primer instante. Anteriormente cualquier vínculo entre ambos más allá del de hermana y hermano en ley habría sido imposible, Mirai iba a ser la esposa de su hermano Konohamaru y Kiba no soñaría con ambicionar ganar su corazón. Pero ahora era su deber casarse con Mirai y cada vez se sentía más emocionado por ello, ansioso porque el tiempo pasara, él fuera un adulto y pudieran comenzar su vida juntos. Sonriendo muy ligeramente, Mirai no supo cómo responder a las declaraciones de Kiba, ¿Cómo debía verlo? Era un niño en comparación con ella, no podía ver como algo serio su compromiso aunque lo fuera pero el joven príncipe le dejo muy claros sus sentimientos tomando una de sus manos con respeto, acercando el dorso de su mano a sus labios y besándolo con profundo vasallaje, sin apartar sus ojos de los suyos. Sorprendida por la profundidad de los sentimientos que veía en los ojos de su prometido, Mirai volvió la mirada por sobre su hombro hacia lady Hikari que se encogió de hombros y Akina que sonrió con ternura. Decidiendo confiar en el plan de Dios y dar todo de sí en el matrimonio que un día tendría lugar, Mirai sonrió al volver la mirada hacia Kiba, reverenciándolo como el rey que un día seria.

Hija de Castilla y Aragón, y un día reina de Inglaterra, se dijo Mirai tratando de aferrarse a la esperanza.


26 de Noviembre de 1504/Medina del Campo, Castilla

La mañana del 26 de Noviembre de 1504 fue oscura y sombría haciendo que pesara sobre el reino entero una profunda tristeza pues todos sabían que la reina estaba muriendo, prueba de ello era que el único sonido que se escuchaba dentro de la habitación, que comenzaba a ser iluminada por el sol que emergía desde el horizonte, además de las plegarias era la dificultosa respiración de la reina Seina cual reloj a punto de detenerse. Todos quienes rodeaban el lecho de su reina lloraban, algunos abiertamente, otros por lo bajo y sollozantes en tanto otros bajaban la mirada tratando de ocultar las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, ¿Qué haría Castilla sin su amada soberana? Recostada sobre su cama con los ojos cerrados, sin fuerzas, la reina Seina estaba preparada para partir, había vivido una existencia larga, venturosa y aguerrida, y a pesar de todo al final estaba en paz con Dios; ya no podía hacer más por sus amadas hijas, no tenía fuerzas para tratar solidificar sus destinos. No tenía fuerzas para pedirle perdón a Hinata, para instar a Sakura a seguir siendo ella misma ni aconsejar Mirai a mantenerse fuerte ante las adversidades…pero si empleaba sus últimas fuerzas en rezar por ellas y en que pasara mucho tiempo antes de que tuviera que verlas allá a donde iba. Quería aferrarse tanto a la vida pero ya no tenía fuerzas, estaba demasiado débil, tenia cincuenta y cuatro años, había sido reina desde hace treinta, ¿Qué más podía pedirle a Dios a esas alturas? Fue así que dejo de respirar…

—La reina ha muerto— comunicó Pein con voz clara pero casi sin aliento.

Las declaraciones del rey Pein sonaban repentinas y anticipadas, casi como si estuviera esperando que su esposa muriera para anunciarlo pero la verdad es que al estar a la diestra de su esposa, sentado junto a la cama, Pein fue el primero en advertir que su la reina había dejado de respirar causando en él un profundo dolor: velaré por vuestros logros y guardaré memoria del inmenso amor que siempre os he tenido, prometió Pein para sí, decidido a preservar su legado con toda su alma. De pie a su lado se encontraba la mejor amiga de su ahora esposa, lady Miso, pero aunque todos los grandes amigos y aliados de su esposa se encontrasen presentes en esa habitación, Pein se sentía angustiado y no solo por el colosal luto que sentía su alma por la muerte de su esposa, su compañera de vida; habían engrandecido sus reinos, Aragón y Castilla, de ellos era el honor de la reconquista, los reinos de las Españas eran cristianos, ellos habían desembarazado sus reinos de judíos y moros, habían expandido su poder de formas en que otros soberanos solo podían soñar, ¿Y para qué?, ¿Para que todo acabara en manos de un traidor usurero? Aun había tanto por hacer, tanto podría lograrse si él pudiera retener el poder en sus manos…y puede que lo haga, se dijo Pein con decisión, levantándose de su silla y dirigiendo sus pasos hacia donde se encontraba el Almirante Toneri Otsutsuki que de inmediato bajo la cabeza al verlo.

—Disponed que alguien capaz de cabalgar sin tregua lleve la noticia a mis hijas— ordenó el rey aragonés, sin contemplar protesta alguna.

Puede que ya no fuera el rey de Castilla, la muerte de su esposa inmediatamente lo despojaba de al menos la mitad de los privilegios que el rey aragonés había tenido a lo largo de todos estos años como consorte de su esposa, pero le gustara o no a los nobles de reino continuaba siendo el esposo de la ahora fallecida reina Seina y por encima de todo rey de Aragón, Nápoles y Sicilia. Sin dudarlo, el Almirante Toneri bajo la cabeza y se retiró de la habitación no sin profundo pesar, lo cual conmovió a Pein aunque no lo demostró, estoico e interpretando el perfecto papel de doliente, regresando a su anterior lugar tomando asiento a la diestra de su esposa. Su Seina había incluido de último minuto una clausula en su testamento, una cláusula que en caso de que su hija se encontrase delirante o enajenada de tal modo que no pudiere o no quisiere gobernar, le facultaba a él gobernar en su nombre al tener experiencia y conocer las leyes y fueros de Castilla. Pein no quería que todo cuanto había logrado en vida se perdiera, y si para ello debía hacer pasar por loca a su propia hija; sea, decidió volviendo la mirada hacia la mortaja de su esposa, esperando que ella comprendiera allá donde estuviera que todo cuanto hacia era por su memoria, y por la paz de sus reinos…


Lisboa, Portugal

Cuando el embajador castellano Kakashi Hatake pisó la corte portuguesa, lo hizo ataviado en el más solemne luto, recorriendo los pasillos junto a la ahora camarera principal de la reina Sakura, lady Temari Sabaku, sin emitir palabra cuando los guardias que custodiaban las puertas de sus aposentos les permitieron el paso. La reina entretenía a los nobles como de costumbre, bailando junto a las otras damas con los galantes caballeros mientras los músicos armonizaban el ambiente. La reina Sakura portaba un bello vestido de seda dorada—debajo una agua blanca de cuello en V con mangas ceñidas en las muñecas formando cortos holanes—con hojas de laurel estampadas, falda de una sola capa y mangas ceñidas en las muñecas, abiertas a los lados donde se anudaban por hilos de oro, por sobre el vestido una capa superior de seda carmín de escote cuadrado—con el contorno hecho de hilo dorado y decorado rubíes—, ceñido bajo el busto por un fajín blanco dejando en evidencia su tercer embarazo de casi nueve meses, con falda abierta en A con dobladillo de oro y mangas abiertas como lienzos desde los hombros, también con contorno dorado. Alrededor de su cuello reposaba una guirnalda de oro de la que pendía un rubí en forma oval a juego con unos largos pendientes y sus largos rizos rosados se encontraban peinados en una trenza que caía tras su espalda bajo un tocado portugués con velo de encaje.

—Sed bienvenido, señor— habló la reina Sakura al advertir la presencia del embajador, —mucho os hemos extrañado en la corte— comentó sonriente, tendiéndole la mano y que el noble besó respetuosamente en tanto sus invitados dejaban de bailar y los músicos dejaban de tocar. —Hablad, ¿qué ha pasado en Castilla?— sabía que él no estaría de visita en la corte de otro modo.

—Temo ser portador de malas noticias, Alteza— anticipó Kakashi cabizbajo, extrayendo una carta del interior de su jubón. —Castilla se ha quedado huérfana— comunicó con voz aparentemente pétrea pero con un tinte de indiferencia.

Como buena hija, Sakura había seguido el progreso de la enfermedad que había experimentado su querida madre la reina Seina, escribiéndole casi sin falta cada semana y de no ser a ella si lo había hecho a su padre el rey Pein o incluso a lord Hidan Akatsuki, no queriendo que se le ocultara ninguno detalle, pero su felicidad a diario era tal que Sakura sintió la noticia como una dolorosa bofetada, temblando como una hoja en el viento. A pesar de todas las reservas de sus médicos, Sakura estaba embarazada otra vez, era su tercer embarazo y estaba a portas de terminar, Sasuke era más inseparable que nunca de ella, su pequeño Itachi crecía con salud y vitalidad, su adorable Sarada era la joya de su mundo y su esposo la adoraba con su alma, el bebé en su vientre era fuerte y siempre activo. Su corte resplandecía de lujo, prosperidad y paz, sus cuñadas y su suegra eran felices y los pobres de su reino tenía un lugar en sus obras de caridad y oraciones todos los días...había estado tan sumergida en su idilio familiar que se había olvidado que el resto del mundo no era feliz como ella. Tragando saliva, no queriendo creer la noticia que acababa de recibir, Sakura tomó la carta de manos del embajador Hatake que solo entonces se irguió del suelo y aun así permaneció cabizbajo en tanto la Haruno abría, desdoblaba y leía el documento, examinando cada letra escrita por su padre el rey Pein para asumir la noticia.

—Duque— llamó Sakura a lord Kagen duque de Braganza presente en la estancia, —anunciad el luto de la corte— delegó, sin advertir el momento en que su sobrino la reverenciaba y se retiraba en silencio. —Gracias es poco para vuestro esfuerzo, mi señor; gracias— apreció volviendo la mirada hacia lord Kakashi Hatake. —Quiero estar sola, por favor— solicitó a los demás nobles presentes, esbozando una apenas perceptible sonrisa de cortesía.

Lentamente cada noble presente se retiró en silencio y reverenciando a su reina, entendiendo su dolor, pero el último en hacerlo fue precisamente el embajador Hatake que observó en silencio la dignidad y templanza de la reina portuguesa, tan idéntica a la de la fallecida reina Seina, reverenciándola con gran respeto antes de retirarse para dejarla a solas con sus doncellas. De no tener un control tan restrictivo sobre sus emociones, Sakura estaba segura de que estallaría en llanto, furiosa con el mundo entero, con cada ser viviente, con su reino que tanto amaba pero que le había impedido estar junto a su madre al momento de morir, con su esposo que era el rey, con los nobles, con sus hijos y su bebé en camino que la anclaban al lugar en que se encontraba...pero no podía hacerlo. Suspirando, cerrando los ojos y tratando de no estallar en llanto, Sakura se volvió hacia su habitación privada con andar lento y tambaleante, sintiendo como las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas, ¿Cómo seguiría sin su madre? Su razón de vida había sido hacer su voluntad, honrarla, ser digna de la vida que ella le había dado, ¿Cómo seguir viviendo sin su presencia? Sakura se detuvo tras su cama, sintiendo los pasos de su camarera principal situarse tras ella y comenzar a desabrocharle el vestido para cambiarse a los usares del luto.

—Sabéis lo que estas nuevas significan— susurró Temari, resbalando la tela del vestido por los hombres de su reina, —vuestra hermana lady Hinata y su esposo son ahora los reyes de Castilla— el futuro se previa más incierto que nunca.

—Dios nos ayude…— oró Sakura con apenas un hilo de voz, igualmente preocupada.

No es que dudase de la cordura de su hermana Hinata sino todo lo contrario, pero las preocupaciones de su fallecida madre ya habían sido grandes hasta en su último aliento, angustiada al no saber qué clase de futuro esperaba a Castilla, mismo temor que ahora también preocupaba a Sakura quien se aferró a la última voluntad de su madre como si su vida dependiera de ello, admirándola en vida y ahora idolatrándola en la muerte. Su madre había sido humana, había cometido errores, no era perfecta pero Sakura no se sentía con el derecho de juzgarla sino de replicar sus triunfos y virtudes y entender sus errores para no cometerlos, eso es lo que se esperaba de una reina. Inmóvil, dejándose hacer por sus doncellas que ingresaron en la habitación con un vestido negro y que la ayudaron a despojarse de sus joyas, Sakura no se permitió sollozar sin importar cuanto se lo implorase su corazón, escuchando a Temari—tan leal y amable con ella—arrullarla mientras la ayudaba a cambiarse de ropa. Puede que hasta ahora Sakura siempre se hubiera volcado en cuerpo y alma en ser la perfecta reina para Portugal como su madre y su padre le habían enseñado, anteponiendo los intereses de su esposo a los propios, pero en el fondo continuaba siendo una Infanta de Castilla y Aragón, siempre lo seria, y como tal se cubriría del luto el tiempo apropiado por la memoria de su madre le pesara a quien le pesara.

El duelo por la muerte de su madre se viviría igual en Portugal que en Castilla.


En medio del bullicio habitual de la corte, lady Mikoto Uchiha recorrió los pasillos hacia los aposentos de su hijo que estaba reunido con emisarios de los principados del reino, inclinando la cabeza ante los guardias que abrieron las puertas a su paso. La madre del rey portaba un elegante vestido de seda cardenal con corpiño bordado de oro y escote cuadrado con cortas mangas ceñidas hasta los codos, falda de una sola capa con líneas horizontales cobrizas, doradas y plateadas que replicaban el emblema de la familia Uchiha y sobre el vestido una capa superior de seda verde musgo oscuro estampada en hojas rojas y doradas, con cuello alto y que permanecía abierta, con hombreras y mangas ligeramente ceñidas hasta las muñecas. Su largo cabello azabache estaba peinado tras su nuca para resaltar una corona de oro decorada por gemas ónix, con largos pendientes de oro y rubí de que pendía una lágrima de perla, a juego con la guirnalda de oro y rubíes alrededor de su cuello. Sentado delante de su escritorio, el rey Sasuke vestía un jubón de terciopelo marrón oscuro—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—que formaba una chaqueta superior con bordados que replicaban el emblema de la familia Uchiha y faldón hasta las rodillas, pantalones de igual color, botas de cuero y por sobre su ropa un abrigo de piel ante el frio aire invernal, con su cabello ligeramente despeinado.

—Alteza— reverenció Mikoto anunciándose, obteniendo la inmediata atención de su hijo. —Debo hablar con vos, urgentemente— comunicó sin mayores detalles.

—Dejadnos, luego seguiremos— despidió Sasuke a sus emisarios al instante, levantándose de su escritorio al encuentro de su madre, pero no realizando pregunta alguna hasta que los emisarios hubieron abandonado la habitación. —¿Qué sucede, madre?— interrogó temiendo que le hubiera ocurrido algo a su esposa.

—Querido hijo, voy a ser yo quien os de la nueva— inició la Uchiha viéndolo asentir. —Ha muerto la reina Seina— comunicó viendo a Sasuke palidecer de inmediato ante lo que ello significaba. —La hermana de vuestra esposa, la archiduquesa Hinata, es ahora la reina de Castilla y su esposo Naruto es el rey consorte— sus vecinos ya no serían tan confiables como hasta ahora y ello había que tenerlo en cuenta.

—Dios…— suspiró él enterrando el rostro entre sus manos, pensando en cuan devastada debía encontrarse Sakura, si ya sabía de la noticia.

—Os aconsejo que vayáis al lado de vuestra esposa, pues en esta hora es cuando más os necesita— asesoró ella con tono maternal pero comprensivo.

Con esa sola mención por parte de su madre, Sasuke comprendió que Sakura ya sabía de la noticia y eso basto para que asintiera y abandonara la habitación sin mayor explicación hacia los aposentos de su esposa. Sakura era una mujer fuerte y Sasuke lo sabía, pero con ya ocho meses de embarazo seria cosa rara que una noticia como esta no la afectara, estaba en su derecho, se trataba de su madre, ¿Qué haría él de estar en su lugar? Ni siquiera quería pensar en ello. El camino a los aposentos de su esposa resulto breve, apenas y advirtió a los nobles en su camino ni a los guardias que le abrieron las puertas para permitirle el paso o a las doncellas de su esposa que ya estaban vestidas de luto. La camarera de su esposa, Temari Sabaku, le impidió el paso para poder advertir a su reina de la presencia de su señor el rey, que en otra instancia se habría molestado u ofuscado porque le impidieran ver a su esposa, pero en ese momento no lo hizo sino que aguardo. Respetuosamente, Temari abrió las puertas de la habitación de su reina e ingreso con sigilo, entristeciendo de inmediato al verla recostada sobre la cama y llorando desconsoladamente; Sakura suspiró con pesar al escuchar pasos de alguien en su habitación, volviendo la mirada por sobre su hombro y reconociendo a Temari, ¿acaso no había dicho que quería estar sola?

—Alteza, el rey está aquí— comunicó Temari a su reina, rápida y eficiente en su labor.

Al escuchar aquello, Sakura se sentó sobre la cama al instante, alisando la falda de su vestido y acomodando su cabello aunque no se encontrase frente a un espejo, pellizcando sus mejillas para adquirir algo de color y tratando en vano de limpiar las lágrimas que habían dejado surcos en sus mejillas. Abocada al luto como correspondía a una Infanta de Castilla, Sakura portaba un vestido de seda y tafetán negro de escote cuadrado—debajo una enagua mantequilla claro de cuello alto y cerrando con mangas que se ceñían en las muñecas formando cortos holanes—con el contorno de color dorado, ceñido bajo el busto ante su vientre de embarazo con un fajín de cuentas doradas colgando sobre su falda y finalizando en un broche en forma de rosa con un rubí en el centro y del que pendía una lagrima de perla, falda de dos capas, una lisa que tenía estampado el emblema de la familia Uchiha en vertical hasta el final de la tela y otra superior lisa, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas. Su largo cabello rosado estaba recogido tras su nuca, adornado por una diadema de oro y escamas de plata con una serie de broches que tenían un rubí en el centro y un broche en forma de lagrima que caía sobre su frente, sosteniendo un velo traslucido que se cruzaba sobre su escote por un broche. Asintiendo, Sakura permitió a Temari abandonar la habitación, y apenas un instante después ingreso su esposo el rey.

—Siento no haber estado con vos cuando recibisteis tan funestas nuevas— se disculpó Sasuke nada más ver a su esposa en ese estado.

Sentada tras su cama y vistiendo como lo que ese esperaba de una mujer de su rango, muchos no dudarían en admirarla más él ya lo hacía, y podía ver más allá de las apariencias; sabía que sus ropas en sí mismas eran un emblema del pesar que de ahora en más cargaría su corazón, eran una declaración, pero acercándose a su esposa para sentarse a su lado Sasuke veía los surcos que las lágrimas habían dejado en sus mejillas, veía que sus ojos estaban rojos de tanto llorar, sus mejillas estaban pálidas y no hacía falta tener el don de la profecía para que él supiera que ella deseaba continuar llorando, y no iba a culparla. Sin más, sentado al lado de su esposa, Sasuke eliminó la distancia que los separaba cunando el rostro de Sakura con sus manos, inclinándose para besarla en la frente y envolver sus brazos alrededor de ella. Al resto del mundo podía ocultarle su dolor, podía ser la reina perfecta que todos tanto amaban pero con él podía ser mujer por encima de todo y afortunadamente ella lo entendió, sollozando débilmente contra su hombro, aferrándose a sus hombros y espalda de forma desesperada, tratando de encontrar sosiego de cualquier forma posible. En ese momento, Sasuke sabía que no podía hacer nada para eliminar el dolor y la pena de su esposa, pero si le preocupaba como pudiere ello afectar a su hijo o hija que estaba a tan poco tiempo de nacer, ¿esto le perjudicaría en algo?

—El mundo no volverá a ver mujer tan excelente— suspiró Sakura con la voz quebrada. Conteniendo su dolor, rompió el abrazo para ver a Sasuke a los ojos. —Lo lamento, no quería que me vierais así— se disculpó secando sus lágrimas o eso intento.

—¿Cómo podría no hacerlo?— cuestionó Sasuke secando por su cuenta las lágrimas que veía resbalar por sus mejillas. —Os amo, y es mi debe estar con vos en momentos como este y consolaros— habían jurado estar juntos en lo bueno y en lo malo. —Llorad todo lo que necesitéis, no me alejare de vos hasta saber que estáis bien— prometió volviendo a abrazar a su esposa contra su pecho y decidido a quedarse a su lado cuanto hiciera falta, incluso si ella no lo quería así.

Aferrándose a los hombros y espalda de Sasuke en medio del abrazo, Sakura se sintió más sola que nunca, a lo largo de estos años su madre había sido su leal confidente, a ella le había contado todo como no podía hacer con sus hermanas, no con Mirai lidiando con sus propios problemas en Inglaterra, con Hinata siendo víctima de maquinaciones políticas y con su padre tratando de aferrarse al poder sin importar el precio. Se sentía sola porque su madre ya no estaría ahí para hacerla sentir a salvo, pero si estaba Sasuke que con su solo abrazo espantó sus temores. En medio de tan dolorosos sollozos, Sakura se dijo con firmeza; me recuperare de esto, tenía que hacerlo pues sabía bien que su madre no querría que se arrojase sobre la cama y llorase como una magdalena durante días enteros, querría que se limpiara las lágrimas del rostro tras llorar lo que era necesario, que continuara vistiendo el luto si ese era su ánimo—su madre nunca había abandonado el luto como prueba—pero que ejerciera su deber pues habían muchos que dependían de ella y la necesitaban fuerte e integra, en especial en momentos como este. Para eso he nacido se recordó Sakura, abrazándose al pecho de Sasuke que admirando su fortaleza pero también su sensibilidad acarició sus espalda acompasadamente, ahí presente para ella siempre que lo necesitara, porque ella siempre sería lo más importante para él...


Tras horas de llanto extenuantes y en que Sakura había rememorado a su madre desde su más tierna infancia hasta hace una semana atrás cuando le había enviado su última carta, la Haruno fue vencida por el cansancio y pese a sus propias protestas dejo que Sasuke la ayudara a quitarse el vestido reemplazándolo por un camisón y se metiera en la cama, sin que él se apartara de su lado tan siquiera un instante. Su pequeño Juan dormía en la habitación contigua, pero Sasuke ordenó a las doncellas de su esposa que trajeran a Sarada que durmió inocentemente entre sus dos padres; Sasuke lo había hecho porque sabía cuan profundo era el vínculo entre su hija y su esposa. Mientras dormía profundamente, sabiendo a Sasuke a su lado, Sakura sintió una caricia en su rostro, frunciendo el ceño con extrañeza y abriendo los ojos, viendo a su Sarada y a Sasuke dormir a su lado, levantándose de la cama con cuidado al creer haber visto algo. De pie tras su cama se encontraba una mujer, lo cual la sorprendió pero más su apariencia; era esbelta, con piel blanca como la leche, largos rizos castaños que caían sobre sus hombros peinados por la corona de Castilla y portaba un magnifico vestido de seda verde oliva con bordados plateados, de escote cuadrado adornado por cuentas doradas y un broche ámbar, con una línea vertical hasta la altura del vientre, mangas que finalizaban en muñequeras de piel, falda lisa y sobre esta un fajín dorado.

Madre…sois vos— reconoció Sakura esbozando una inmediata sonrisa, —os extrañe tanto— sin más se arrojó contra su progenitora con un inmediato abrazo. —No puedo creer que estéis aquí— suspiró, absolutamente maravillada por este milagro.

¿Cómo es que Sakura reconocía a su madre pese a estar delante de ella como una mujer joven de su edad o puede que menor? Era bastante sencillo, podía reconocerla porque su madre se veía igual a un famoso retrato que le habían hecho de sus primeros años como reina, el vestido, su aspecto físico, sus largos cabellos castaños y la forma en que sonreía tan característicamente, todo era tal y como era ella, no podría tratarse de nadie más. Apesadumbrada por el luto y por haberse enterado de la muerte de su madre apenas el día de hoy, Sakura abrazó a su progenitora con todas sus fuerzas como no había hecho desde su infancia, aferrándose a su cuerpo y su perfume maternal como el que ella recordaba, igual que su tacto que acarició sus largos rizos rosados. Sonriendo ante la actitud inusualmente eufórica pero afectuosa de su Sakura, la reina Seina sonrió en medio del abrazo, habiendo añorado largamente poder tenerla en sus brazos y ver la mujer en que se había convertido en todos estos años, además y abriendo los ojos Seina se maravilló de su pequeña nieta que dormía sobre la cama, su Sarada y que sabía un día sería una reina tan o más grande que ella. Rompiendo lentamente el abrazo, Seina observó a su hija como tanto había anhelado, seguía físicamente igual a como ella recordaba solo que más madura y embarazada otra vez, maravillada por cómo había cambiado y como a la vez continuaba siendo la misma.

Estoy orgullosa de vos, Sakura, seguís siendo la hija que críe— celebró la reina Seina con una deslumbrante sonrisa. —No olvidéis vuestro deber, lo que se espera de vos, ni vuestras responsabilidades— era un recordatorio pero que quizás su hija no precisara.

Nunca lo haré, os lo juro— asintió Sakura al instante, sonriendo cuando su madre alzó una de sus manos para acariciar su mejilla.

Crie una hija maravillosa— alabó la reina castellana con orgullo, —creedme, quizás el mundo no os reconozca hoy, pero vuestra estirpe gobernara Castilla, Aragón y Portugal— el altísimo le permitía ver cuán prósperos serían sus reinos a futuro. —La crueldad crece rápido, Sakura, no dejéis que vuestro corazón se ciegue, y seguid siendo exactamente como sois ahora— encomendó la reina, viendo asentir en el acto a su hija. —Hasta que nos volvamos a ver— se despidió, al menos por ahora.

A la reina Seina le cargaba de pesar que Mirai se dejara embargar por la melancolía con tanta facilidad, que Hinata no luchara por aquello que le correspondía, pero le tranquilizaba que su Sakura siguiera siendo su hija adorada, así podía pasar a ser espectadora de los años venideros, no protagonista, y podía partir tranquila...sollozando entre sueños, Sakura intentó aferrarse a la presencia de su madre, apenas había recibido la noticia de su muerte ese día y ahora volvía a verla, no podía dejarla ir o moriría de dolor, ¿Cómo continuar sin ella?, ¿Cómo seguir sin sus consejos y enseñanzas? Angustiada y dormida, Sakura no se dio cuenta de que sus sentimientos pasaron con gran facilidad a su hija Sarada de apenas un año que dormía a su lado, y que frunció el ceño articulando un quejido antes de estallar en llanto de una forma en que su madre se contenía pero que ella no sabía hacer al ser tan joven. Al tener el sueño ligero, Sasuke abrió los ojos de inmediato escuchar llorar a su hija, sentándose sobre la cama y volviéndose hacia Sarada, arrullándola al cargarla con uno de sus brazos y tratando de hacer que volviera a dormirse, dividiendo su atención para volver la mirada hacia Sakura que sollozaba entre sueños. Sasuke deseó despertar a su esposa pero no podía imaginarse que soñaba que la inquietaba de esa forma, ¿no empeoraría todo de despertarla? Pero tampoco podía dejar que llorara.

—No os vayáis, madre…— murmuró Sakura entre sueños, removiéndose contra la cama.

—Sakura, despertad, es una pesadilla— llamó Sasuke finalmente, zarandeándole el brazo ligeramente y logrando que abriera los ojos de golpe. —¿Qué soñabais?— preguntó preocupado por que la había angustiado tanto.

—Mi madre vino a verme— contestó la Haruno con la voz quebrada, —pero…no quiso quedarse— le pesaba no tenerla a su lado más de lo que podía expresar.

—Vuestra madre se fue, pero yo estoy aquí— diferenció el Uchiha con voz dulce y atenta. —Por favor, dejad de llorar, solo fue un sueño— consoló acariciando el rostro de su esposa y secando sus lágrimas. —Yo siempre estaré con vos— prometió como cada vez que la veía angustiada. —Sarada, ¿también lloráis? Vuestra madre y yo estamos aquí— consoló regresando su mirada a su hija en sus brazos y que parecía empeñada a llorar como su madre, —¿Quién es el bebé? No sé si debo consolaros a vos o a ella— suspiró indeciso y con toda intención de hacer reír a su esposa.

A menudo Sasuke sentía no ser suficiente para su esposa dado su turbulento pasado y que tanto le costaba dejar ir, se sentía indigno pero nunca la dejaría sola en ningún momento sin importar cuan devastada se sintiera ella, no podía dejarla sola con su dolor. Riendo ante las palabras de Sasuke, Sakura le pidió a Sarada que acunó en sus brazos con amor, sintiendo los brazos de Sasuke envolverse a su alrededor casi al instante…Sakura se sentía tan frágil emocionalmente que se había olvidado que se veía frágil, la vehemente preocupación de Sasuke era la prueba y la enterneció profundamente. El sueño había sido tan maravillosamente perfecto y había estado tan inmersa en ello que cuando Sakura abrió los ojos, apenas y pudo creer que lo primero que viera fuera Sasuke, su expresión preocupada e intensos ojos ónix la hicieron estremecer y le recordaron la realidad, ella no estaba sola y el llanto de su hija en sus brazos cumplió su función haciéndola reaccionar. Sonaba duro de su parte pero había soñado con el pasado, su madre estaba muerta lo quisiera aceptar o dejar ir o no, su madre era el pasado y su hermana Hinata era ahora la reina de Castilla, pero más importante que todo es que Sasuke era su presente y su futuro, tenían un hijo en camino y que la necesitaba fuerte al igual que su reino. Debía continuar…


Corte de Flandes, Países Bajos

El mismo día que la reina Seina había muerto, el rey Pein se había despojado de su corona t declarado reina a su hija lady Hinata como indiscutible heredera…pero en los días y semanas sucesivos su el rey trato de invalidar el juramento de su hija a las cortes para que Hinata no ascendiera al trono, sabiendo que de convertirse en reina seria su yerno Naruto quien gobernara, ¿Cómo? Presentando un diario en que presuntamente se registraban los trastornos, pasiones y enajenaciones que la aquejaban, lo que tenía furioso al archiduque Naruto. Por designio del rey Pein, el embajador Raido Namiashi se presentó en la corte de Flandes para hablar con su yerno que se había proclamado rey junto a Hinata en Brúcelas y no en Castilla como se esperaba que hicieran. Sentado sobre su trono en el salón del palacio de sus dominios en los Países Bajos, respetando el periodo de luto el archiduque Naruto portaba un sobrio jubón negro—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—de cuello cuadrado y mangas abullonadas a lo largo de los brazos, con faldón hasta las rodillas y detalles dorados en las inmediaciones de las mangas que se abrían a los lados, en el contorno del cuello y el dobladillo del faldón, continuando en pantalones negros, botas de cuero de igual color, y por sobre su ropa un largo abrigo de piel sin mangas color gris claro que permanecía abierto, con un toisón dorado alrededor de su cuello y su cabello rubio ligeramente despeinado como de costumbre.

—En nada mejorara la relación con vuestro suegro saber que os habéis proclamado en Bruselas— aseguró Raido observando seriamente al archiduque.

—He seguido el ejemplo de su difunta esposa, la reina Seina— comparó Naruto con una sonrisa aparentemente inocente y segura.

—No conviene que los reyes de Castilla emprendan viaje en pleno invierno— defendió lord Deidara, —¿por qué demorar su proclamación?— preguntó pues solo perderían el tiempo y alentarían a sus enemigos como lo era el rey de Aragón.

—Incluso un traidor como vos sabe que corresponde a las cortes jurar a sus reyes— diferenció el embajador castellano con veneno, —y así lo han hecho en Toro— el juramento en las cortes ya se había efectuado, en ausencia de sus herederos.

El rey Pein se había decepcionado cuando habiendo transcurrido un mes de la muerte de su amada esposa la reina Seina, su hija Hinata y su esposo aún no habían partido camino al reino de Castilla para ser jurados herederos como se esperaba hicieran, sino que para escándalo de todos habían organizado una ceremonia en Santa Gúdula, Brúcelas, en que habían sido declarados reyes de Castilla, Hinata jurando como reina propietaria y su esposo lord Naruto caminando tras ella sosteniendo la espada de la justicia. A la diestra del trono del archiduque Naruto se encontraba lord Deidara Sunagakure, un noble castellano que en su día, cuando Hinata había llegado a Flandes, se había puesto al servicio del archiduque y que velaba en todo momento por los intereses del flamenco, de la ahora reina de Castilla y de los propios. Decirse furioso era un eufemismo para Naruto; Hinata esta descorazonada por la muerte de su madre la reina, alejada de la corte y encerrada en sus aposentos, negándose a ver a nadie y aún más humillada tras haberse enterado que su padre la estaba declarando loca ante sus vasallos…Hinata no pelearía con su propia familia ni aunque su vida dependiera de ello, pero Naruto si iría a la guerra con su suegro de ser preciso, no solo por su ambición por convertirse en rey de Castilla sino también por el honor de su esposa.

—Las cortes, ante las que mi suegro no ha dudado en airear los trastornos de su hija para asegurarse el gobierno con malas artes— juzgó Naruto furioso, ofendido en lo más profundo por la afrenta que se había hecho al honor y dignidad de su esposa.

—¿Llamáis malas artes a dejar en evidencia la relación de pasiones que la aquejan?— cuestionó Raido, validando el actuar de su señor el rey de Aragón.

—Por la honra de sus hijos y sus nietos debería haberse callado— protestó el archiduque, pues los intereses de Hinata eran los propios. —La afrenta que le ha hecho mi esposa y a mí es imperdonable— y por Dios que le devolvería el golpe.

—Admitís entonces que mi señor tiene fundamento en sus acusaciones, y que por ende vuestra esposa es incapaz de gobernar— meditó el Namiashi en voz alta, tomando nota de todo en favor de su señor el rey Pein.

—Basta— acalló Naruto, más que harto de aquella diatriba sin sentido. —Fuera de mi vista, marchaos— ordenó señalándole a puerta con aire despectivo.

—Exijo ver a la reina— discutió Raido, tratando de cumplir la orden de su rey.

—Pero ella no quiere veros a vos— protestó el archiduque no porque quisiera aislar a su esposa como algunos contaban sino porque Hinata no quería ver a nadie, —y en lo sucesivo no oséis poner los pies en palacio— determinó sin contemplaciones.

—¿Os atrevéis a negar el acceso a un enviado de la corona?— cuestionó el embajador incrédulo.

—¡Yo soy el rey de Castilla!— gritó el rubio, con la paciencia colmada, —y no recuerdo haberos enviado a lugar alguno— agregó aferrándose a su autoridad. —Echadlo de aquí— ordenó a sus guardias, sabiendo que lo obedecerían.

Dos de los guardias que custodiaban la sala del trono asintieron ante la orden del archiduque Naruto y sujetaron de ambos brazos al embajador Namiashi que si bien intento resistirse solo pudo dirigir una mirada iracunda—ante la ofensa que estaba cometiendo contra un enviado de la corona de Castilla—al archiduque que lo observó con superioridad. En Castilla su suegro podía organizar las farsas que quisiera, pero él no le haría fácil el usurpar el poder de Hinata, su suegro era el pasado mientras que Hinata y él eran el futuro, porque un día y uniendo a los reinos de las Españas el Imperio Alemán de los Austria que Naruto heredaría, se convertirían en los dueños del mundo y de no hacerlo ellos si lo haría su hijo Boruto. Viendo como sacaban del salón del trono y de su presencia a aquel bellaco traicionero que debería serle leal a Hinata y no a su padre, Naruto comenzó a planear y maquinar en su mente para adelantarse a lo que sea que su suegro pensara en hacer, habiendo visto en su estadía en Castilla—al ser jurado heredero—de que podía ser capaz y de su forma de pensar. Si no luchaban por sí mismos y sus ambiciones, debían hacerlo por sus hijos; porque Fuso y Hayami fueran dignas reinas de un estado-nación poderoso, porque su hijo Minato regresara a su lado y luchara por su familia, y en especial por su primogénito Boruto.

El futuro Rey de las Españas y Emperador de Alemania.


Aunque sola en sus aposentos y cargada de una profunda pena, acompañada por sus hijos Fuso, Boruto y Hayami que jugaban sobre la alfombra vigilados por una de sus doncellas, Hinata se mantuvo imperturbablemente tranquila dentro de su habitación privada escuchando las noticias que le daba su esposo que se paseaba frenéticamente, furioso cual león en tanto ella se llevaba una mano al mentón y pensaba como actuar. La ahora reina de Castilla portaba un elegante vestido de tafetán negro—debajo una enagua gris claro de escote redondo y mangas que terminaban en cortos holanes—de escote cuadrado con margen dorado perfectamente entallado a su figura, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, falda abierta en A con dobladillo de oro rebelando una falda inferior de paño de oro con bordados cobrizos, de su escote pendía un broche de oro con una perla en el centro y otra en forma de lagrima debajo, alrededor de su cuello un medallón de oro en forma de lagrima y una cadena de cuentas de oro que colgaba sobre su vientre, a juego con el fajín que pendía sobre su falda. Y su largo cabello azul oscuro estaba peinado en una trenza bajo un tocado de seda flamenca con bordados dorados de un tono opaco y que enmarcaba su rostro en forma de M. Aunque su padre trataba de despojarla de su poder y declararla loca, en su aspecto general Hinata ya se conducía y actuaba como una reina.

—Os trata de loca en las cortes, vuestro propio padre, ante vuestros vasallos— insistió Naruto fúrico y tratando de no alzarle la voz, —¿acaso no veis lo que ambiciona?— necesitaba hacer que ella entendiera el peligro que corrían.

—Lo veo, veo que quiere conservar la corona, no soy ciega— suspiró Hinata esforzándose por mantener la calma. —Pero, ¿qué puedo hacer?— se preguntó en voz alta y no pudiendo descuidar el bien de sus hijos.

—Luchar, defender vuestros reinos que un día serán de nuestro hijo— contestó él pese a que Hinata no le pidiera opinión. —Hinata, sabéis que jamás he pretendido despojaros de lo que os pertenece, como hace mi suegro, sino compartirlo— su ambición era grande pero no lo suficiente como para pasar sobre ella. —Escribid una carta a los grandes de Castilla, decid que solo vuestro amor hacia mi perturba vuestro juicio, el afán por sabedme vuestro, los celos, ponedlo por escrito— así pondrían remedio a esta infausta situación. —Que vuestro padre sepa que es esa y no otra la causa de vuestras pasiones— él sabia la verdad y los demás necesitaban saberla.

Aunque existieran todo tipo de rumores que lo retrataban como un maltratador que humillaba a su esposa, que no le era fiel, que siempre tenía mujeres con que ocupar su tiempo en lugar de ella y que veía a sus hijos como piezas de ajedrez, Naruto no era el hombre desalmado que se pensaba; amaba a sus hijos con todo su corazón, amaba a Hinata desde la primera vez que la había visto y siempre lo haría, aunque a veces pareciera ofuscado lo extasiaban sus celos pues eran prueba de lo mucho que lo amaba, ella no se molestaría en demostrar semejantes arrebatos de cólera si no le importara, y aunque su ambición por ser el juez de Europa era grande, amaba a Hinata con todo su corazón y no permitiría que nadie osara llamarla loca. Hinata suspiró para sí al escuchar a Naruto; que fáciles se escuchaban las cosas planteadas como él las decía, y que fácil seria para su padre declararla loca de igual modo pues habían físicos y galenos estúpidos que le aconsejaban reposo, oración y una vida en el campo para serenarse...matad a la gente, señores míos, tal es vuestro derecho, ¡para enterrarla viva aun no tenéis licencia! Reflexionó Hinata con disgusto. Conocía a una lista de nobles que estarían de su lado por lealtad a su madre, pero había otros que podrían comprar a un buen precio, mas Hinata no quería entrar en guerra con su progenitor.

—No sé si deba hacerlo, no quiero entrar en guerra con mi padre— mentó Hinata en voz alta, indecisa y angustiada. —¿Por qué hace esto? Tiene que haber otra forma— no podía ni jamás podría lastimar a su propia familia.

—Temo que no la hay— dejo en claro Naruto, entendiendo sus razones pero no pudiendo quedarse sin hacer nada. —Hinata, jamás os aceptaran en el trono de Castilla si no demostráis cordura— aclaró en caso de que ella no lo hubiera entendido.

—Lo harán, acatando la voluntad de mi madre— protestó ella, aferrándose a su destino como elegida de Dios para reinar en Castilla.

Como hija de la reina Seina, Hinata no quería dudar de que los vasallos y nobles del reino le jurarían fidelidad y le servirían tan lealmente como habían hecho con su progenitora, ese era el ideal, pero en su camino al trono—pese a haberse proclamado heredera en Santa Gúdula junto a su esposo—existían innumerables variables siendo la más importante de ellas el hecho de que su padre no quería a Naruto y que haría todo cuanto estuviera en su mano con tal de aferrarse al poder. Sonaba mal de parte de Hinata decirlo, pero sabía bien que su padre adoraba el oro y el poder por encima del amor y los lazos familiares, de otro modo no habría abandonado a Mirai a su suerte en Inglaterra ni sugerido a Sakura quitarle el trono; si, Sakura le había escrito para contárselo todo, lo que Hinata agradecía en el alma. Qué más quisiera Naruto que creer en las palabras de Hinata pero ni ella se las creía, flaco favor les había hecho la cláusula que la reina Seina había añadido a su testamento poco antes de morir; Ordeno y mando que si mi hija la princesa Hinata no estuviera en mis reinos, o estando en ellos no pudiera o no quisiera gobernar. El rey, mi señor, rija, administre y gobierne dichos reinos por la dicha princesa mi hija, hasta que el infante Boruto, mi nieto, tenga la edad legítima, de al menos veinte años cumplidos, para regir y gobernar, y suplico al rey, mi señor, quiera aceptar dicho cargo de la gobernación.

—Ved como están las cosas, Hinata; vos sois una loca y yo vuestro verdugo, así se contara— estableció Naruto diciendo lo que ni ella ni él querían aceptar, —vuestro padre está escribiendo la historia, y si lo permitís un día yo estaré muerto y vos seréis su prisionera.

Hinata no quería creer que su padre la traicionaría, no quería creer que el hombre que le había dado la vida junto a su fallecida madre la apuñalaría por la espalda solo para aferrarse al poder, y sabía que aunque lo que Naruto vaticinara ocurriera ella nunca haría nada, ¿Qué clase de hija seria si fuera contra sus padres? Su deber de hija era obedecer y ser leal a ellos por encima de todas las cosas, ¿Cómo hacer todo lo contrario y luchar aunque fuera por su dignidad, por sus hijos y su esposo? En un arrebato de miedo y cólera pura, Hinata le volteó el rostro a Naruto con una seca bofetada que resonó en la habitación; al darse cuenta de lo que había hecho, Hinata se cubrió los labios para contener un jadeo de sorpresa al no haber sido su intención lastimar a su esposo que pese a su ambición por el poder no dejaba de velar por su bien y el de sus hijos. Aunque furioso por la fuerza del golpe recibido, Naruto se mordió el labio inferior para ahogar un quejido de frustración y dolor entremezclado, cualquier hombre se enfurecería por recibir bofetada tan desproporcionada pero al regreso de Hinata desde Castilla y habiendo presenciado como dejaba calva a una mujer con la que había coqueteado y tenido una breve aventura, Naruto entendía que Hinata estaba más sensible que nunca, la estaban atacando de todos lados y no podía luchar para defenderse a costa de lastimar otros, ella no era así.

—Lo siento mucho, yo...— tartamudeó Hinata, reprendiéndose mentalmente por actuar con él de forma tan destemplada.

Jamás soñaría con lastimarlo, se le estrujaba el corazón de solo pensar en pasar un día sin él, le faltaban las palabas para pedirle perdón por su arrebato emocional, pero afortunadamente Naruto lo entendió y supo dar una respuesta a ello, envolviendo sus brazos alrededor de Hinata, porque la perdonaba, ella podía golpearlo como quisiera o insultarlo pero él no la trataría como menos de lo que era; su esposa, la madre de sus hijos y de ahora en más su reina. Besándola en la frente, Naruto arrulló sus angustias y espantó sus preocupaciones, acariciando de arriba abajo su espalda, sintiendo a Hinata entregarse al abrazo y suspirar contra su pecho. Sus hijos necesitarían verlos más unidos que nunca, porque cuando partieran a Castilla a ser jurados herederos tendrían que dejarlos en Flandes a cargo de su hermana Ino, también necesitaban mostrarse unidos ante sus súbditos, sus vasallos y todos aquellos enemigos que creyeran poder usurpar el poder que solo a ellos pertenecía. No podían bajar la cabeza ni claudicar ahora, pero estaba claro que en los libros de historia no se contaría la verdad porque el rey de Aragón ya la había escrito; Naruto el maltratador, Hinata la loca...


PD: Saludos mis amores, anteriormente no pude desearles una Feliz Navidad pero ahora si les deseo un prospero Año Nuevo a todos ustedes y a los suyos :3 como siempre agradezco su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "A Través de las Estrellas", "El Siglo Magnifico: El Sultan & la Sultana", y nuevamente "Kóraka: El Desafío de Eros", lo prometo :3esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (21 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (34 años)

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Kakashi Hatake como Pedro Ochoa de Isasaga -Temari Sabaku como Beatriz de Melo (32 años)

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (24 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (25 años)

-Deidara Sunagakure como Juan Manuel de Belmonte -Raido Namiashi como Gutierre Gómez De Fuensalida

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (19 años) -Kiba Inuzuka como Enrique VIII (11 años)

-Genma Shiranui como Enrique VII de Inglaterra -Lady Biwako como Margaret Beaufort

-Lady Hikari como Doña Elvira (camarera de la Infanta Catalina) -Akina Taketori como María de Salinas

-Hidan Akatsuki como Gonzalo Chacón -Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Toneri Otsutsui como Almirante Alfonso Enríquez

-Sarada Uchiha como Isabel de Portugal -Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Fuso Uzumaki como Leonor de Austria

-Boruto Uzumaki como Carlos V de España -Minato Uzumaki como Fernando de Austria -Hayami como Isabel de Austria

Realidad & Nuevos Tiempos: el capitulo parte con el compromiso de Mirai y Kiba quien entonces tiene 11 años y ella diecinueve, que parece muy romántico y venturoso ahora pero que tendrá un final muy convulso y turbulento. El fuerte sentimentalismo de Sakura en el capitulo esta orientado a representar la cita histórica de que "el duelo en Portugal por la muerte de la reina Isabel se vivió igual que en Castilla". Además, el sueño en que aparece una versión joven de la reina Seina se inspira en un famoso retrato de la reina Isabel en su juventud, hecho por el pintor de Michael Sittow uno de los artistas favoritos de la reina. Las dos escenas finales del capitulo y que retratan a Naruto y Hinata están tomadas de la película "La Corona Partida" que continua narrando la serie tras la muerte de la reina Isabel, y refleja como Hinata ya siendo reina, ve amenazado su poder a causa de su padre el rey Pein que intenta declararla incapaz de gobernar. El vestido que lleva Hinata además esta tomado de un retrato oficial de Juana de Castilla, y dicho vestido aparece además en la película "Juana La Loca" de Vicente Aranda. A partir del próximo capitulo se vera la lucha de Hinata por ocupar el cargo que tanto ha buscado evitar, como Sakura da a luz un nuevo bebé y ha de enfrentarse a una amenaza que o considera o pondrá en peligro su vida.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3