-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Rabbit Heart (Raise It Up)" de Florece & The Machine para Sakura, "Tears of An Angel" de RyanDan para Sasuke, "In Cold Blood" de Alt-J para Hinata y "Him & I" de G-Eazy & Halsey para el contexto del capitulo.


Lisboa, Portugal/31 de Diciembre de 1504

Las contracciones comenzaron la noche del 30 de Octubre, despertando a la reina Sakura quien estaba superando lentamente la muerte de su madre, y aunque habría deseado que su amado Sasuke se encontrase a su lado durante tan dolorosa labor, comprendió que las parteras y su físico Dan Kato no le permitirían el paso como tampoco hizo su cuñada Emi, quien le secó el sudor de la frente durante largas horas aquella noche. Con la habitación a oscuras salvo por las velas que iluminaban los rincones de la estancia con una luz dorada, las horas transcurrieron lentamente entre los gritos de dolor de la reina Sakura cuyo rostro se hallaba cubierto por un velo blanco para ocultar sus expresiones y mantener su dignidad en todo momento, hasta que finalmente y tras horas aparentemente eternas, la pequeña criatura abandonó el vientre de su madre cuando el sol despuntó dando paso al alba. Agradeciendo el momento en que su cuñada Emi le quitó el velo del rostro, Sakura lentamente abrió los ojos y casi sin fuerzas, se sentía más débil que nunca y apenas pudo observar a las parteras moviéndose por la habitación con cuencos y lienzos manchados de sangre, en tanto su físico Dan Kato le tendía a su cuñada Emi un bebé que la Uchiha acunó con sumo cuidado en sus brazos, volviéndose hacia ella con una radiante sonrisa.

—Es una niña— anunció Emi, aproximándose a la cama para tenderle a la bebé, —completamente sana— su nueva sobrina era igual de hermosa que su hermana.

La hermana del rey portaba un bello vestido de seda verde oliva—debajo una enagua beige suave de escote alto y en V con mangas ceñidas en las muñecas—estampada en bordados ocre apagados, de escote alto y redondo con un falso recorte en V ribeteado en un margen de encaje—al igual que el borde del escote—por encima del vientre, mangas abullonadas desde los hombros a los codos donde se volvían acampanadas y falda lisa que enmarcaba sus caderas, con su largo cabello azabache azulado peinado en una coleta entrelazada con una trenza que caía tras su espalda, haciendo resaltar una cadena de oro alrededor de su cuello y de la que pendía un dije en forma de orquídea. Quizás una nueva niña no fuera lo que todos querían, pues era necesario otro heredero en caso de que—Dios no lo quisiera—el pequeño Itachi muriera, pero Sakura no pudo sentir decepción en forma alguna, alzando sus brazos con las pocas fuerzas que tenía para recibir a su pequeña hija y que acercó a su pecho, sonriendo al verla. A diferencia de su pequeña Sarada, la nueva bebé tenía su mismo cabello rosado y Sakura sabia—rememorando el nacimiento de su pequeña Sarada—que Sasuke no sentiría decepción alguna lo que permitió a la reina portuguesa dejar libre un profundo suspiro mientras no dejaba de sonreír; el dolor del parto era dulce así.

—Quiero que se llame Mikoto— decidió Sakura, alzando la mirada hacia su cuñada. La salud de su suegra era delicada y estaba en cama muy seguido últimamente, pero ella la honraría nombrando a su nueva hija en su honor. —Hacédselo saber al rey cuanto antes, y presentádsela— encomendó, tendiéndole su recién nacida a su cuñada.

Asintiendo ante la decisión de su querida amiga, aunque preocupada por su palidez y la escasa fuerza que tenía—apenas y podía cargar a su recién nacida al entregársela y ella lo notó—, Emi reverenció a su reina, hermana y amiga antes de proceder a abandonar la habitación cargando a la nueva y pequeña hija de su hermano Sasuke. Ya podía imaginarse lo que pensarían los estadistas o políticos al saber que había nacido otra niña y no un nuevo heredero pero eso no importaba, Sasuke estaría igualmente feliz por el nacimiento de su nueva hija ya sea que esta fuera una niña y no un varón porque era parte de él y de Sakura, además tiempo era algo que había de sobra y estaba claro que el empeño de su hermano y su cuñada por tener descendencia no tenía fin. Siguiendo con la mirada a su cuñada Emi hasta verla desaparecer en el umbral de la habitación, Sakura dejó libre un suspiro y su cabeza cayó pesadamente sobre la cama, no estaba inconsciente pero si se sentía muy cansada, jamás se había sentido tan débil y lo más extraño era que el parto ni siquiera había sido tan difícil como para extenuarla así. La reina portuguesa abrió los ojos e indicó a su leal doncella Temari Sabaku que se acercara, quien le tendió sus brazos y la ayudo a erguirse de la cama para tratar de levantarse; necesitaba cambiarse de ropa y asearse para que su físico pudiera examinarla, y antes de que Sasuke apareciera…


Fuera de la habitación privada de la reina, en la sala de sus aposentos, se hallaba el rey Sasuke quien se paseaba frenéticamente en espera de noticias; las doncellas de su esposa o las mismas parteras iban y venían con cuencos de agua y lienzos ensangrentados poniéndolo nervioso, sabía que Sakura era una mujer muy fuerte—como pocas—, pero no dejaba de temer que un parto resultara demasiado para ella. El monarca portugués vestía una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas, por sobre la camisa un jubón de seda marrón oscuro estampado en bordados dorados que replicaban el emblema de la familia Uchiha a lo largo de la tela, de cuello redondo y largo faldón hasta las rodillas que se ceñía a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro, con mangas ceñidas aunque ligeramente holgadas y unas dobles mangas superiores que se abrían desde los hombros, cómodos pantalones negros y botas de cuero, y su rebelde cabello azabache azulado se encontraba ligeramente despeinado como de costumbre. Quizás estaría más tranquilo si otros miembros de su familia estuvieran con él pero su madre estaba en cama y delicada, y su hermana Miso residía en el palacio de Enxabregas donde llevaba una vida de recogimiento y realizaba trabajos de caridad. Solo su hermana Emi estaba acompañando a Sakura como él desearía poder hacer en ese momento.

—Hermano— llamó Emi al cruzar el umbral, abandonando la habitación de su cuñada y captando su atención de su hermano y rey de inmediato, quien dejo de pasearse y volteó a verla. —Es una niña— anunció aproximándose a su hermano con una sonrisa.

Presionado por sus consejeros y asesores que una y otra vez a lo largo de aquella mañana—como había ocurrido en el último mes—le habían reiterado las celebraciones que se tenían planeadas de nacer un niño, un Infante, Sasuke se acercó lentamente hasta estar frente a su hermana Emi que sonrió y alargó sus brazos para tenderle a la pequeña bebita que cargaba envuelta en una manta blanca; acababa de nacer hace unos momentos, aun se hallaba ligeramente cubierta de sangre y sin embargo Sasuke no tuvo miramientos en sostenerla entre sus brazos y observarla detenidamente como si fuera lo más maravilloso del mundo, y lo era para él. Tenía cortos cabellos rosados como Sakura, su misma piel sedosa y al verla abrir ligeramente sus ojos—se veía adorable dormitando entre sus brazos—su alegría fue mayor porque también tenía los mismos orbes esmeralda de su hermosa esposa. ¿Qué importa que fuera una niña? Sasuke desearía solo tener hijas de saber que serían igual de hermosas que Sakura, ella era perfecta y merecía dar más de sí al mundo; pero con respecto a sus consejeros y asesores, Sakura y él aun eran jóvenes y sus dos hijos anteriores a su ahora recién nacida eran perfectamente sanos y fuertes, ¿No era prueba suficiente de que cualquier varón que naciera a futuro sería igualmente sano? Eso habría de bastar por ahora.

—Es perfecta— concluyó Sasuke, regresando a su hija para su disgusto a los brazos de su hermana, —¿está sana?— consultó acariciando sus cortos cabellos rosados.

—Perfectamente— asintió Emi, sosegando las preocupaciones de su hermano.

—¿Sakura eligió un nombre para ella?— preguntó él pues no se le ocurría uno apropiado.

—Sí, Mikoto como nuestra madre— asintió ella, viéndolo esbozar una sonrisa ladina.

Aunque no lo hubiera dicho en su momento y cuando Sakura había decidido el nombre de su sobrina recién nacía, Emi se sentía honrada e intercambiando una mirada con su hermano supo que él también. Acariciando una vez más los cortos cabellos rosados de su hija Mikoto que dormitó en los brazos de su hermana Emi, Sasuke pasó junto a ella y continuó con su camino hacia la habitación privada de su esposa, viendo a las parteras abandonar la estancia en su camino. Sonriendo para sí, Emi acomodó a su sobrina en sus brazos mientras dos de las doncellas de su cuñada; Moegi y Hanabi, ingresaban en la sala y dejaban sobre una mesa cercana un cuenco en el cual vertieron agua para limpiar a la recién nacida en brazos de la Uchiha que se acercó para tener el honor de prepararla, vestirla y regresarla a los brazos de su madre. Volviendo a recostarse sobre la cama, Sakura sonrió cuando su doncella Temari acomodó una almohada tras su espalda, a lo que su físico Dan Kato se acercó para proceder a examinarla; la reina portuguesa portaba un bello camisón de lino blanco y escote corazón que se anudaba en el frente, ceñido bajo el busto lo cual lo hacía muy cómodo para ella tras el parto, con mangas abullonadas que se ceñían a lo largo de los brazos y sus largos rizos rosados caían tras su espalda haciéndola parecer un ser casi etéreo.

—¿Cómo me encuentro?, ¿Cuándo podré volver a estar en pie?— preguntó Sakura, sin inmutarse cuando su físico le alzó la falda del camisón para examinar sus piernas. —La corte no espera— su hija había nacido el día de año nuevo y como tal ella quería participar de las festividades y visitar a su suegra cuanto antes.

—Alteza…— suspiró Dan, retrocediendo y haciendo que la doncella de la reina cubriera a su señora con las sabanas, —deberéis armaros de paciencia, y esperar cuando menos tres semanas— advirtió, esperando que ella pudiera entender.

—¿Qué?— se sorprendió la Haruno, frunciendo el ceño con extrañeza, —yací mucho menos tiempo que ese por mi hijo el príncipe Itachi, y por la infanta Sarada— una semana y unos días más, pero solo eso. —¿Qué ha cambiado ahora?— cuestionó, agotada pero convencida de que se recuperaría pronto.

—Todo, Alteza— protestó el físico, acercándose a ella, apartando las sabanas y alzando la falda del camisón de su reina. —Vedlo vos misma; vuestras piernas están muy inflamadas y no dejan de temblar— señaló con preocupación, ante lo que la reina tuvo que aceptar que quizás necesitaba descansar para recuperarse. —Habéis vuelto a concebir demasiado pronto, una prueba dura para vuestro cuerpo— tres embarazos seguidos y con solo meses de diferencia entre si le estaban pasando factura.

—La sucesión necesita herederos— justificó Sakura, no olvidando que solo tenía un príncipe y dos hijas, y por tanto era imperativo que volviera a concebir cuanto antes.

—¿A costa de vuestra salud?— increpó Dan, haciendo que ella bajara la mirada. —Alteza, ni la mejor de las reinas puede evitar el trance de morir pariendo, y vos estáis tentando a la suerte— su propia hermana había muerto en ello. —Sabéis cuál es la única forma de no quedar preñada, y os la impongo— la abstinencia y Sakura lo sabía, apartando la mirada pero asintiendo a regañadientes. —Debéis dejar que vuestro cuerpo descanse, al menos por tres meses— dictaminó sorprendiéndola en demasía.

—¿Tres meses?— repitió la Haruno, creyendo que su físico se estaba excediendo.

—Vos decidís— contestó el físico, encogiéndose de hombros y dejándolo en sus manos.

Los temores de lord Dan Kato eran acertados; por muy fuerte que fuera cualquier mujer, ninguna estaba exenta de los riesgos que provocaba un parto, y si bien hasta ahora su reina se había mostrado como una mujer que gozaba de buena salud al alumbrar tres hijos sanos en sucesión y sin mayores complicaciones, el agotamiento y la hinchazón en sus piernas eran prueba de que, de no tener más cuidado de no descansar por al menos tres meses sucesivos podría hacerla correr un peligro mortal. Aunque deseó discutir, Sakura recordó a su fallecida hermana Takara, había estado en su parto y la había visto morir de agotamiento tras casi dos días de labores de alumbramiento, y aunque hasta ahora ella había dado a luz con facilidad y normalidad, tampoco quería tentar a la suerte pero, ¿Cómo esperar cuando el trono necesitaba que diera a luz otro varón para asegurar la sucesión? Sakura no lo dijo pero una voz en su cabeza le dijo que un día tendría que elegir entre su propia vida y la sucesión al trono portugués, porque ese era su deber como mujer; dar hijos a su esposo y rey. Interrumpiendo en el tenso silencio, el rey Sasuke ingresó en la habitación abriendo las puertas y haciendo que el físico Dan Kato se volviera y lo reverenciara; sonriendo al ver a su esposo, Sakura se recostó sobre las almohadas y se sonrojó cuando Sasuke se sentó a su lado, sostuvo sus manos entre las suyas y la beso en la frente.

Trataría de seguir el régimen impuesto por su físico para no preocupar a su esposo.


Luego de que el rey Sasuke ingresara en la habitación, el físico de la reina lord Dan Kato se retiró en silenció pero dirigiendo una última y severa mirada a su reina quien solo asintió sutilmente para no llamar la atención de su esposo, quien en cosa de segundos—ya sentado a su lado—la besó desesperadamente como incuestionable señal de lo agradecido que estaba por el nacimiento de su hija, de lo feliz que se sentía por saberla a salvo a ella y de cómo su amor no cesaba de crecer día con día, y más ahora que tenían una nueva hija. Minutos después fue su cuñada Emi quien ingresó en la habitación tendiéndole a su hija recién nacida, tras ser lavada y cambiada de ropa a Sakura que finalmente pudo observarla mejor junto a Sasuke, ambos a solas y sin que nadie los molestase. Con Sasuke sentado a su lado, Sakura acunó a su hija en sus brazos y sin miramientos procedió a amamantarla; las reinas no acostumbraban a dar el pecho a sus hijos, se consideraba que era indigno y que esa era labor de una nodriza, pero Sasuke no había podido negarle tan natural labor a su esposa, aunque la mayoría de las veces y para guardar las apariencias es que una nodriza ingresaba en los aposentos de la reina y se encargaba de los pequeños infantes hasta que Sakura los cargaba en sus brazos y desanudaba el corsé de su vestido, alimentándolos personalmente, y casi siempre Sasuke estaba presente, era un momento del día que trataba de no perderse, ¿es qué su esposa podía tener algún defecto?

—Dejad de verme así— regañó Sakura con una irrefrenable sonrisa al sentir encima suyo la mirada de su esposo, quien parecía observarla como si fuera una deidad.

—No puedo evitarlo, os veis hermosa— se defendió Sasuke, alzando una de sus manos para acariciar su rostro. —Me encanta que alimentéis vos misma a nuestros hijos, todas las otras reinas tienen nodrizas— para él todo cuanto su esposa hacia era perfecto, no tenía ni podría tener defectos a su entender.

—No podría hacerlo, seria incómodo— justificó ella con naturalidad. —Este es solo uno de mis muchos deberes— agregó con fingida prensión.

Al principio y cuando su adorado Itachi había nacido, siendo el heredero del trono de Portugal, Sakura había intentado tener una nodriza pero ello había sido terrible; sus pechos le molestaban todo el tiempo por no alimentarlo y no quería ser ordeñada como una vaca para deshacerse de aquello que podía alimentar a su hijo por lo que solo días después de contratar a la nodriza hubo comenzado a alimentar a su hijo por su cuenta y luego con su adorada Sarada quien crecía fuerte y hermosa de igual manera como haría Mikoto, Dios mediante. Su madre la reina Seina había tenido nodrizas cuando enfermaba tras sus partos y no podía atender a sus hijos, pero normalmente los amamantaba como debería hacer toda madre, pues era la acción más natural del mundo. Serena, dulce, sensible y con un alma que no parecía tener macula alguna, Sasuke cada día se encontraba más y más enamorado de su esposa, su belleza y encanto la hacía desearla aún más cada día, su dulzura lo embriagaba por completo y su serenidad le daba paz a su alma; cada día se preguntaba cómo es que había podido vivir realmente antes de conocerla y le hacía comprender que solo había sobrevivido, porque desde que la tenía a ella es que podía apreciar la vida, con su hijo Itachi y sus dos hermosas hijas Sarada y Mikoto. Y por cierto, Mikoto en especial se parecía mucho a Sakura; los mismos ojos, el mismo cabello, el mismo semblante…

—Tiene vuestros ojos, iguales a los de un halcón— comparó Sasuke, absolutamente prendado de su hija.

—Oh, creo que ya quiere ir de caza con vos— bromeó Sakura, pues a pesar de lo pequeña que era Sarada ya quería salir con su padre y Mikoto sería igual.

—Tendré que encontrarle un caballo— correspondió el Uchiha, decidido a ello aunque sonara como una broma ahora.

—Sasuke— rió la Haruno, mas aclarándose la garganta para ponerse seria. —Quería comentaros algo— mencionó, volviendo la mirada hacia su esposo quien asintió en respuesta. —Tenéis mi permiso— comunicó, mas su esposo frunció el ceño con extrañeza al no entender a que se refería. —Podéis comenzar a planear vuestra cruzada a África, contra los Moros— explicó, habiéndose prometido que daría su aprobación cuando tuvieran un hijo...y ahora tenían tres.

—Sakura…— susurró él, apenas y creyendo lo que estaba escuchando de sus labios.

—Solo esperad a que me recupere del parto— condicionó ella, queriendo intentar concebir un último hijo antes de su partida. —Antes no quería que partierais porque temía verme sola, pero ahora ya nunca estaré sola— aclaró dado el estupor de él y que no dejaba de observarla. —Solo prometedme que tendréis cuidado— no quería convertirse en viuda, no podría soportar una existencia en que él no estuviera.

—No os prometo solo eso, sino también que os dedicare todas y cada una de mis victorias, os lo prometo— aseguró Sasuke, superando finalmente su sorpresa y decidido a honrarla a ella. —Sakura, ¿cómo podéis ser tan fuerte?— preguntó, absolutamente maravillado con todo cuanto ella era.

—El mundo se ha derrumbado a mí alrededor muchas veces, pero Dios siempre consigue echarme una mano— contestó Sakura con una distraída sonrisa, bajando brevemente la mirada hacia su hija recién nacida como prueba.

La vida la había golpeado muchas veces; su abuela la reina Sumiye, su hermano Sai a quien aún adoraba, su sobrina que había nacido muerta y a quien había ayudado a venir al mundo, su cuñada Ino que ahora vivía en Flandes y a quien se mantenía unida por cartas, su hermana Takara a quien siempre tenía en sus oraciones, su sobrino Yosuke a quien había amado como si fuera su propio hijo y su madre la reina Seina quien era su ejemplo a seguir…tantos golpes debían haber envilecido el corazón de Sakura, haberla enloquecido y sin embargo seguía ahí con la ayuda de Dios, no se había rendido ni lo haría, tenía un rol que cumplir en el mundo aunque fuera pequeño y nadie la recordara, pero ese era su deber y lo cumpliría con orgullo y bondad. Sonriendo ladinamente, Sasuke se recordó porque amaba tanto a Sakura; había cometido el imperdonable error de rechazarla una vez hacía ya tantos años y sin conocerla, embelesado por la idea de un amor que nunca había sido real, solo él había creído en ello pues el amor verdadero lo había conocido al verla por primera vez, ella era todo lo que necesitaba en su vida, su compañera de alegrías y penas, su miga, su confidente, su amante, su razón para respirar, su mayor alegría y apoyo, su salvación, su ángel con forma humana y cuyo rostro acunó entre sus manos, enamorándose de nueva cuenta de esos hermosos ojos esmeralda y del sonrojo de sus mejillas.

—Gracias, Sakura, por todo— apreció Sasuke, faltándole palabras para expresar cuan feliz era gracias a ella y cuan maravillosa era su vida por tenerla a su lado.

Políticamente hablando y de no ser por ella, el torno de Portugal seguiría sumido en la inestabilidad, hasta podría estar teniendo lugar una guerra civil pero juntos ambos habían logrado que la paz llegara a su reino y no solo para los nobles, los clérigos o ellos mismos sino que a su pueblo, a los hombres y mujeres de a pie, a los niños, a los ancianos, a todos quienes tanto los necesitaban, y habían traído la tolerancia porque aun habían judíos y moros en su reino, que podrían quedarse en tanto se convirtieran a la fe verdadera y de no hacerlo no alentasen el sectarismo. Portugal realmente se estaba convirtiendo en un Edén, su pequeño paraíso, y con su familia creciendo lentamente es que seguiría siéndolo. Pegando su frente a la de su esposa, Sasuke encontró sus dulces labios que le resultaban tan adictivos, forzado a romper el beso pero entreabriendo los ojos para observar la perfección que ella representaba, todo lo inocente y puro en su mundo, toda la belleza, la dulzura y la benevolencia; ella era su mundo entero y solo podía ser feliz porque la tenía a ella. Inevitablemente y aunque fuera pecado, Sakura deseó más de ese beso tan apasionado pero ambos debían esperar a que pasara la cuarentena pertinente y, Sakura en particular, quizás un tiempo más, aunque la Haruno trató de idear en su mente una forma de decírselo a Sasuke sin hacer que se sintiera preocupado o temiera por su vida. Vaya odisea…


Lisboa, Portugal/Enero de 1502

Aunque debió permanecer en cama más días de lo acostumbrado para recuperarse de tan extenuante parto—tranquilizando a Sasuke al decirle que era solo una precaución estipulada por su físico, no queriendo angustiarlo—, Sakura siguió actuando como la reina que era desde su lecho, levantándose para recibir a los nobles que habitualmente entretenía con exhibiciones, bailes y lecturas en sus aposentos y como siguió haciendo pero ayudada por su querido Sasori Akatsuna junto a quien mantenía la corte siempre radiante de alegría y positividad. Por su parte Sasuke se encargó de preparar cuanto antes su campaña contra los moros para sorpresa pero también alegría de sus consejeros pues ahora Portugal era un reino idóneo para enfrentar una guerra; las riquezas traídas desde las indias y las tierras que ahora pertenecían a Portugal en el Nuevo Mundo propiciaban cualquier conquista territorial, y a ello debía sumarse que tenía por reina a una mujer con gran intelecto y lealtad a Portugal, un infante saludable—de ya dos años—que pudiera heredar el trono de ocurrir lo peor así como dos jóvenes infantas igualmente sanas. Tampoco había olvidar que lord Kagen, sobrino del rey y duque de Braganza ahora era bien recibido en la corte por el rey Sasuke y la reina Sakura, por lo que se le podía tener en cuenta como una voz en el gobierno de tener lugar una regencia dada la minoría de edad del infante Itachi.

Pero los planes de guerra de Sasuke no tuvieron lugar únicamente en sus propios aposentos y acompañado por sus asesores pues, cuando finalizaba su jornada de trabajo, se retiraba a los aposentos de su esposa, recostándose a su lado en la cama y consultando su opinión sobre la campaña que tenía planeada; no podía olvidar que Sakura había sido una niña durante los días de la guerra de Castilla por conquistar Granada, estaba curtida en las adversidades y era una hábil estratega que si bien no tuvo reparos que hacerle, si le dio ideas que Sasuke apunto punto por punto, agradeciendo que su amada Sakura fuera una defensora de sus planes expansionistas y su ideal de conquistar La Meca y Medina, así como una defensora de su guerra contra los moros. Mientras la maquinaria de guerra portuguesa cobraba forma y en los astilleros y armería se preparaban todos los implementos a utilizar en la campaña surgió otro problema: no podían olvidar que ahora—y solo Dios sabia hasta cuando—Castilla y Aragón eran reinos distintos, por lo que a inicios de 1502 y ya estando en pie otra vez, Sakura escribió una carta a su intrigante padre el rey Pein de Aragón para llegar a un acuerdo que ratificara los acuerdos que Aragón había firmado con Portugal al momento de su boda…pero ya llegaría el momento de hacer lo mismo cuando su hermana Hinata llegara a Castilla y fuera jurada reina propietaria.

Portugal se mantendría en paz, Sakura se ocuparía de ello.


Los días pasaron velozmente hasta que antes de que Sakura pudiera darse cuenta se hubieran cumplido los cuarenta días de reposo usuales tras los que Sasuke y ella podían volver a intimar como marido y mujer; enfocada en seguir la indicaciones de su físico, Sakura fue sorprendida—a solas en su habitación privada y sentada delante de la chimenea—por Sasuke quien ingresó cerrando las puertas tras de sí y envolviéndola en un abrazó apasionado, buscando sus labios con desesperación y apenas dándole tiempo de responder. Acunando el rostro de su esposa entre sus manos y enredando sus manos contra sus sedosos rizos rosados, Sasuke profundizó el beso con toda la vorágine y anhelo que había contenido a lo largo de todos estos meses—siempre deseaba a su esposa, su sola presencia evocaba en él un fuego que escapaba de cualquier entendimiento—, envolviendo su lengua contra la suya y sintiéndose pleno al escuchar los melodiosos gemidos de su esposa comparables al canto de una sirena. Jadeando para recuperar el aliento cuando el beso se rompió, Sakura pegó su frente a la de su esposo quien sonrió ladinamente y se inclinó para deslizar sus labios por su cuello para inhalar su perfume en tanto sus manos buscaban velozmente los cordones que cerraban su vestido y que desanudó con maestría, haciendo reaccionar a la Haruno quien comprendió como estaban subiendo de tono las cosas:

—Sasuke, no…— jadeó Sakura, esforzándose por protestar pese a sentir los labios de su esposo contra su cuello.

—¿Por qué no?— preguntó Sasuke en un susurro contra su oído. —Ha pasado demasiado tiempo, os deseo…— recalcó sosteniendo la estrecha cintura de su esposa y acercándola hacia si…pero no recibir la respuesta habitual lo confundió. —¿Qué os sucede, Sakura?, ¿os he ofendido?— inquirió, separando su rostro para encontrar su mirada con la de ella de ser ese el caso.

—No es eso— negó la Haruno, no queriendo que su esposo pensara en eso.

—¿No me deseáis?— cuestionó el Uchiha, rozando su nariz contra la suya apenas y conteniendo el inconmensurable deseo que sentía por ella.

—¿Cómo podría no hacerlo?— suspiró ella, bajando la mirada y no hallando las palabras correctas para decirle la verdad.

—En ese caso, ¿qué ocurre?— insistió él, mas ella no supo que contestar y negó en silencio como una respuesta. —Decidme que no anheláis mis caricias, y pararé— determinó, apoyando su cabeza contra el hombro de su esposa y acercando su respiración al costado de su cuello haciéndola temblar de anticipación.

—Lo anhelo, pero…— Sakura entornó los ojos para sí, incapaz de articular las palabras correctas para poner fin a esa situación. —Sed dulce, como nunca— pidió únicamente en un quedo suspiro, esperando que ello bastara por ahora.

No podía pedirle a Sasuke que se detuviera, no cuando ella misma no había hallado las palabras apropiadas para decirle la verdad, para decirle que de concebir otro hijo antes de que se cumplieran tres meses de reposo tras el parto podrían poner en riesgo su vida…pero queriendo creer que todo estaría bien pasara lo que pasara y confiando en Dios como buena cristiana, Sakura sostuvo las manos de su esposo entre las suyas entrelazándolas lentamente y acercó su rostro hacia el suyo en busca de un nuevo beso, más lento y dulce pero no menos apasionado sino que aun más profundo. Asintiendo ante las palabras de su esposa, Sasuke lentamente se separó de ella para rodearla y situarse de pie a su espalda, apartando sus largos rizos rosados y desanudando los cordones del vestido que deslizó sobre los hombros de su esposa hasta verlo caer como un charco a su pies; volviéndose hacia Sasuke, Sakura se encogió de hombros y dejo que el camisón que la cubría cayera a sus pies y la expusiera a los ojos de su esposo quien se acercó para besarla otra vez, pero ahora fue ella quien se lo impidió al desabrochar lentamente los botones de su jubón que él termino de quitarse por encima de la cabeza mientras Sakura le desabrochaba los pantalones...de la mano de su esposo, quien fue tan dulce como en su primera vez, Sakura se dejó recostar sobre la cama con Sasuke tumbándose sobre ella un instante después.

Habiendo pasado tantos meses desde la última vez que habían hecho el amor, Sakura inevitablemente envolvió sus brazos alrededor del cuello de su esposo y acercó su rostro al suyo esperando por esa embestida que lo guiaría a su interior como ambos tantos anhelaban...pero ello no sucedió, sino que besándola en la mejilla, Sasuke lentamente descendió sus labios por su cuello, el valle entre sus pechos y su vientre hasta llegar a su feminidad, acomodando sus piernas sobre sus hombros y devorando su intimidad de tal manera que Sakura se encontró gimiendo desesperadamente contra la cama, revolviendo el cabello azabache azulado de su esposo y con el que jugó entre sus manos. Hombre generoso si de intimidad se refería, Sasuke no cesó en su empeño de brindar placer a su esposa hasta sentir que Sakura temblaba bajo su cuerpo ante sus atenciones y gemía sonoramente al alcanzar el clímax, haciéndolo sentir infinitamente satisfecho mientras se separaba para verla a los ojos y relamía sus labios para recostarse sobre ella, apoyando su peso con ayuda de sus brazos. La mayoría de los hombros se quejaban de la abstinencia que debían soportar mientras sus esposas se hallaban embarazadas, pero pocos pensaban en las mujeres y Sasuke sabía que si su anhelo por esta intimidad había sido grande, el de su dulce Sakura—que se arqueó bajo su cuerpo y acunó su rostro entre sus manos—no se quedaba atrás.

Sonriendo al tener tan cerca el rostro de Sasuke, mordiéndose el labio inferior para no gemir ante las difusas olas de placer que aun sentía en su cuerpo pero aprovechando lo embelesado que él se encontraba observándola, Sakura usó su fuerza para hacerlo quedar debajo suyo; bajando del regazo de Sasuke para recostarse a su lado y estar en igualdad de condiciones, recargando sus pechos contra el costado de su torso y feliz de tener toda su atención, Sakura deslizó una de sus manos para rodear el miembro de su esposo que cerró los ojos de inmediato y pegó su frente a la suya. Feliz por obtener la reacción que buscaba y ya no siendo nada tímida sobre tomar el control en la intimidad, Sakura lentamente se deslizó lentamente hacia el regazo de su esposo y guiar su miembro al interior de su boca, echándose el cabello hacia atrás y tomándolo lenta pero completamente en su boca, sonriendo para sí al escuchar a Sasuke soltar un profundo suspiro de alivio por experimentar el placer que tanto había añorado durante todos estos meses como ella, acariciando los sedosos rizos rosados de su esposa. Alzando la mirada para encontrar sus profundos pozos esmeralda con los orbes ónix de su esposo, Sakura retrocedió y comenzó a mover sus labios para envolver su miembro y darle mismo placer que él le había dado a ella momentos atrás, deleitándose al escucharlo gemir por lo que solo ella podía darle.

Incapaz de tener suficiente de las atenciones de su esposa, pero deseando estar dentro de ella, Sasuke se sentó sobre la cama, sujetó a su esposa de la muñeca e hizo que se detuviera, halándola para hacer que se sentara a ahorcajadas sobre su regazo, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura para estabilizarla encima suyo y lentamente guio su miembro a su interior, experimentando el verdadero placer y teniendo el rostro de Sakura delante del suyo para ver como una expresión de completo placer se adueñaba de su rostro y un dulce gemido escaba de sus labios. Sintiendo un doloroso placer al volver a ser una con su esposo, Sakura envolvió sus brazos alrededor del cuello de Sasuke y dejó que él sostuviera sus caderas para marcar el ritmo y comenzara a moverse, haciendo que ella sintiera lugares de sí misma que había olvidado que existían, jadeando y gimiendo contra los labios de su esposo y que busco en un nuevo beso, desesperada por la cúspide de aquel placer que ambos tanto conocían. Sintiendo la abrasadora presión crecer nuevamente en su interior, demasiado pronto tras su primer clímax hace solo minutos atrás, Sakura movió sus caderas contra el agarre de Sasuke, olvidándose completamente de la delicadeza, solo deseando que acabara rápido, sintiendo el orgasmo cada vez más próximo y gimiendo sin disimulo mientras le arañaba la espalda a su esposo.

Deseando sentir más profundamente a su esposo, Sakura apoyó sus manos tras su espalda para recostarse sobre el colchón y ante lo que Sasuke—notando su intención—la sujeto de las caderas, sin dejar de penetrar en su interior mientras cambiaba de posición; arqueando su cuerpo contra el de su esposo con mayor facilidad, chocando sus pechos contra su torso y arañándole la espalda, Sakura movió sus caderas al encuentro de las de su esposo al sentir el clímax cada vez más próximo. Apoyando su peso en sus brazos para no aplastar a su esposa y mordiendo el labio inferior para ahogar un gemido, Sasuke no perdió detalle del rostro de su esposa, por supuesto que ser uno con ella, hacerle el amor y estar en su interior era un placer como no existía otro en el mundo pero cualquier sentir individual era nada comparado con lo que podía provocar en su esposa, solo escuchar sus gemidos y contemplar sus expresiones lo acercaban al clímax de forma descomunal pero trató de retardarlo al desear que su esposa lo alcanzara primero. Sintiendo una potente embestida que la hizo arquearse bajo su esposo, Sakura echó la cabeza hacia atrás y pronunció el nombre de su esposo al alcanzar el clímax, arañándole la espalda a Sasuke y chillando su nombre mientras movía sus caderas contra las suyas, montando las olas del clímax y sintiendo que la tensión volvía a acumularse en su interior en lo que parecía ser un segundo orgasmo mientras sentía como Sasuke aun penetraba en su interior.

Sintiendo el clímax cada vez más cerca pero deseando brindar a su esposa un placer como ambos no habían podido experimentar desde hace tanto, Sasuke gruñó y enterró el rostro contra el costado del cuello de su esposa cuyas caderas sostuvo para que sus estocadas penetraran profundamente en su interior, sonriendo ladinamente para si y permitiéndose sentirse orgulloso como hombre por escuchar como su nombre era pronunciado cual mantra por los labios de su esposa que envolvió con fuerzas sus piernas alrededor de sus caderas, haciéndolo llegar más profundamente en su interior. Arqueando la espalda dolorosamente y sintiendo que no podía más con semejante placer, Sakura echó la cabeza hacia atrás y se dejó hacer, chillando desesperadamente al arañar la espalda de Sasuke, rogándole que acabara rápido y, con un gruñido más fuerte, Sasuke propinó las ultimas y menos coordinadas estocadas hasta detenerse, acabando satisfactoriamente en el interior de su esposa. Apoyando su peso en uno de sus brazos para no aplastar a Sakura bajo suyo, Sasuke abandonó el interior de su esposa y se recostó a su lado, ambos jadeando pesadamente y luchando por recuperar el aliento; como si se leyeran el pensamiento, Sasuke y Sakura volvieron por igual sus miradas hacia el otro, sonriendo ligeramente al observarse y acercándose para compartir un último y cansado beso…


A esa primera noche le siguieron muchas otras; Sakura se olvidó completamente de la advertencia de su físico sobre lo peligroso que podría ser volver a concebir antes de tan siquiera tomarse un descanso de tres meses para dejar que su cuerpo se reestableciera, aunque no del todo pues una vez por semana hizo que una partera la revisara y la reina Haruno respiró aliviada cuando día con día y semana con semana seguía sin encontrarse embarazada hasta que se cumplieron los nombrados tres meses de reposo y no había señal de embarazo a la vista. Había sido peligroso y temerario de su parte arriesgarlo todo y entregarse a sus pasiones, incapaz de negarse a que Sasuke visitara su cama, pero lo volvería a hacer pues para ella su deber de esposa estaba por encima de todo ya que ello estaba unido a su deber de reina. Pero esa no fue la única preocupación de Sakura quien a través de su amigo lord Idate Morino envió cartas a Flandes para comunicarse con su hermana Hinata la ahora reina de Castilla, manifestándole su lealtad de hermana y asegurándole que de necesitar su ayuda siempre la tendría para todo lo que necesitase. La sorprendió de sobremanera recibir una carta suya semanas después, una carta en que dejaba en evidencia su paranoia y melancolía por tener que aceptar un rol que no quería, por vivir una situación que Sakura nunca podría haber imaginado y que la dejó helada:

A mi regreso a Flandes, Naruto estuvo con otra de sus amantes, mi dama de compañía más cercana y mi amiga; dejarla calva fue su castigo, como seguramente habréis escuchado, Sakura dejó libre un suspiró mientras leía la carta de pie frente a la chimenea de su habitación en tanto sus doncellas bordaban sentadas a su espalda. Me llaman "loca", porque quieren arrebatarme mi poder; ahora, Naruto le escribe a nuestro padre, diciendo que él mandara en mi lugar, quiere que las monedas se acuñen con su rostro junto al mío, quiere ser el rey de Castilla y nuestro padre hace lo mismo, quiere robar mi reino, sonaba loco pero no imposible y ello hizo hervir la sangre de Sakura a causa de la ira, ¿cómo podían osar ambicionar quitarle su poder a una reina legitima, ungida por Dios y que había llegado al trono por voluntad divina, no por intercesión de terceros? Era indignante. Lo único que todos a mi alrededor ven es el poder que quieren y que sé, tomaran. Solo soy un hueso de pollo por el cual se pelean, no una reina, no una esposa...ni una hija, Sakura casi pudo escuchar la voz de Hinata quebrándose, abandonada y desesperada, sintiendo que no podía confiar en nadie. ¿Soy una hermana? Hinata reina de Castilla; la carta terminaba con esa frase y la firma de su hermana, tocando emocionalmente a Sakura quien sintió un nudo en la garganta y se dirigió a su habitación privada para escribir cuanto antes una respuesta.

Inspirando aire para serenarse y escribir correctamente, Sakura tomó asiento ante su escritorio, agradeciendo que papel y tinta se hallaran dispuestos para ella como de costumbre y respondió a la carta de su hermana Hinata cuanto antes; Querida hermana, vos sois la reina, la corona de nuestra madre es vuestra y nada ni nadie podrá cambiarlo. Nadie tiene derecho a decir lo contrario, para los castellanos leales como ella misma solo existía una reina y no podría haber ningún hombre que la opacara. Yo sé la verdad, sé que no estáis loca, quienes esparcen esos rumores son tontos porque no os conocen ni saben cuan fuertes sois, pero yo si lo sé y os ruego que no os rindáis, no podéis, si otros la llamaban loca entonces Sakura y Mirai también debían estar locas si afirmaban tal cosa como licita, pero no solo su hermana estaba "loca", Hinata no era culpable de nada. Sois una reina, hija de la reina Seina, hija y nieta de reyes, por favor no os rindáis, os lo ruego. Quizás no pueda ayudaros desde donde estoy, dada mi posición, pero sabed que tenéis en mi a una aliada incondicional, todos y todas tenían sus propias obligaciones que cumplir, sin excepción. Jugamos la mano que nos toca en suerte, pero las hermanas siempre se ayudan entre sí. Vuestra hermana, Sakura reina de Portugal, finalizando así la carta, Sakura cerró el documento con lacre y una vez este se hubo enfriado regresó a la sala de recepción donde le pidió a su doncella Tenten que la hiciera llegar al señor Morino quien sabría cómo enviarla.

Desde su lugar como esposa del rey de Portugal, reina consorte y madre del heredero al trono así como primera dama del reino, habían muchas cosas que Sakura no podía hacer, en cierto modo sus restricciones personales como antes Infanta de Castilla y Aragón no habían hecho más que aumentar en muchos aspectos pero se habían vuelto flexibles en otros pues al contar con su esposo que la amaba con veneración, lujuria y anhelo único, podía saltarse ciertas reglas la mayoría de las ocasiones. Pero Sakura no iba a aprovecharse de ello, el lugar de Mirai era en Inglaterra mientras esperaba convertirse en esposa del joven Kiba Inuzuka, el rol de Hinata era ser la reina de Castilla le pesara a quien le pesara y a su vez el propio rol de Sakura era ser la esposa del rey de Portugal, su consorte, la madre de sus hijos y el símbolo de la caridad en su amado Edén…aunque lo deseara de todo corazón, ya no era importante en Castilla ni en su familia, pero si llegaba a escuchar otra vez que intentaban quitarle el trono a su hermana o hacerla sentir inferior, Sakura sabía que tendría que golpear la mesa y decretar un alto, porque estaba decidida a que un día el destino de sus hijos estaría vinculado a Castila, y no viviría tranquila hasta saberlos felices.

Silente y sumisa por ahora, Sakura tenía muy claro lo lejos que estaba dispuesta a llegar por los suyos.


Los días pasaron hasta convertirse en semanas en que lentamente la fecha para que el rey Sasuke partiera se tornó clara pero Sakura trató de ignorar la desolación que sentía por saberse privada de quien tanto amaba; su esposo partiría mañana a primera hora y habiendo dejado que atendiera los asuntos de estado en solitario esa mañana en tanto ella se ocupaba de sus hijos—teniendo poco tiempo para sí misma con tres niños que cuidar—, pero ahora y sin necesidad de tener a sus doncellas siguiéndola, la reina portuguesa recorrió los pasillos del palacio hacia los aposentos de su esposo, sonriendo ligeramente para si cuando las puertas estuvieron ante ella y los guardias que las custodiaban. La reina Sakura portaba un bello y femenino vestido de seda celeste claro con escote cuadrado—debajo una enagua blanca de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y con hombros caídos—con opacos bordados de hilo de plata, un contorno dorado enmarcando su escote y del que pendía un broche en forma de cruz con un zafiro en el centro y del que colgaban tres pequeñas lágrimas de perlas, cortas mangas ceñidas hasta los codos y falda de una sola capa. Su largo cabello rosado estaba recogido tras su nuca para despejar su rostro, formando una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla y resaltando unos largos pendientes de oro con forma oval y de los que pendían dos perlas en forma de lágrimas.

—Alteza— saludaron ambos guardias, reverenciando respetuosamente a su reina que se detuvo a las puertas que ellos custodiaban.

—¿El rey está en sus aposentos?— consultó Sakura, no extrañándole que no fuera así.

—Temo que no, Alteza, está en la armería— contestó uno de los guardias, manteniéndose cabizbajo y tratando de no quedarse embobado observándola. —Si queréis, puedo…— se ofreció, sabiendo que ello podía ser considerado impropio.

—No os molestéis, se dónde está— sosegó la Haruno con una sonrisa, mas agradeciendo su amabilidad.

Inclinando la cabeza a modo de despedida, agradeciendo la cordial respuesta de los guardias, Sakura se retiró en silencio y dirigió sus pasos hacia la armería del palacio que se hallaba a igual distancia que los establos, saludando con la mirada a quienes encontraba en su camino y que la reverenciaron más ella apenas y lo notó, ensimismada en hallar a su esposo y en pasar tanto tiempo con él como fuera posible. Respirando más tranquila al llegar a su destino, Sakura se detuvo en el umbral de la armería y asomó su cabeza para observar lo que allí ocurría, esbozando una inmediata sonrisa ante lo que vio; aunque inexpertos en el arte de la guerra, el rey Sasuke y su leal amigo lord Idate Morino chocaron espadas uno contra el otro de forma encarnizada, no como si fueran amigos sino como si estuvieran librando una batalla en que había todo que ganar, de los dos solo el rey iría a la guerra pues al tener en tan alta estima al señor Morino, Sasuke le había pedido que se quedara y protegiera a su familia como si fuera él mismo. Ambos hombres se notaban extenuados, llevaban largos minutos—si es que no horas pues no llevaban la cuenta—entrenando y el sudor les cubría la piel mientras se observaban con audaz competitividad, sintiendo que ninguno de los dos ganaría aquel enfrentamiento; ingresando finalmente en la armería, Sakura aplaudió sonoramente, obteniendo la atención de ambos hombres.

—Bravo, señores, sois formidables— elogió la Haruno, sinceramente impresionada con lo que había visto.

—Quizás no tanto como nuestra reina— correspondió lord Idate Morino, reverenciándola respetuosamente. —Si me permitís, Majestad, quisiera asearme— mencionó a su rey en caso de que su entrenamiento hubiera terminado.

—Tenéis mi permiso— asintió Sasuke, creyendo que ambos ya habían tenido suficiente.

—Alteza— se excusó el embajador, bajando la cabeza ante su reina.

—Señor Morino— sonrió Sakura, siempre feliz de poder ver a su querido amigo.

Acostumbrado a mantener las formas en presencia de su reina, resultó un tanto bochornoso para lord Idate que su reina lo viera en camisa, sudoroso y despeinado por lo que el embajador a nada estuvo de sonrojarse al pasar junto a su reina, sintiendo como su corazón latía desbocado por solo estar en su presencia…sosegaos, se dijo el Morino, suspirando y abandonando la armería aunque deseara permanecer junto a su reina. Sonriendo pícaramente, caminando con las manos cruzadas tras su espalda, Sakura se aproximó a tomar una de las espadas dispuestas en un rincón, observando por el rabillo del ojo a Sasuke quien se revolvió el cabello ligeramente húmedo a causa del sudor como su propia piel; vestía una holgada camisa blanca de cuello en V con mangas ceñidas a las muñecas pero que se le pegaba al torso a causa del sudor, pantalones marrón oscuro y botas del cuero. Quizás fuera un pecado de lujuria pero Sakura no pudo evitar recorrer a su esposo con la mirada y Sasuke a su vez hizo igual, recorriendo cada aspecto de su bella y angelical esposa con su mirada, cada vez más enamorado con solo verla, deseando abalanzarse contra ella desesperadamente, besarla y hacerla suya para llevar tantos recuerdos suyos como fuera posible, pero hasta él mismo reconocía que sudoroso como estaba acabaría incomodándola por lo que sería mejor que antes se diera un baño.

—Soltad eso, Sakura, os lastimareis— aconsejó Sasuke al ver a su esposa tomar una espada y temiendo que le resultase demasiado pesada.

—Esta espada esta desafilada, pero aun puedo heriros— juzgó Sakura empuñando firmemente la espada y volteando a enfrentar a su esposo que bloqueo su golpe con la hoja de su espada, sorprendido. —Es mejor entrenar con alguien que solo— aconsejó volviendo a mover la espada en un ataque que su esposo bloqueo otra vez. —No me veáis como una mujer, me enseñaron a pelear y no seré blanda con vos— mentó con arrogancia pues su madre la reina Seina le había enseñado a usar una espada.

Habiendo nacido antes de la conquista de Granada y crecido en tiempos de guerra, Sakura como sus hermanas Takara, Hinata y Mirai había aprendido a sostener una espada por deseos de su madre para saber defenderse y luchar de ser preciso, por lo que con una sola mano—maniobrando la espada como si su peso fuera insignificante—osciló la hoja de su espada hacia Sasuke que si bien inicialmente se mostró sorprendido, chocó su hoja contra la suya sonriendo ligeramente, ambos sin emitir palabra y solo escuchando el acero chocar, moviéndose a lo largo de la estancia como si fuera un campo de batalla. A diferencia de Sasuke, a quien juzgo con ojos críticos para probar si era un guerrero como debía ser, Sakura tenia sangre guerrera—hija de la reina guerrera y el rey soldado—, sabia de la sangre y la guerra, moviéndose con maestría y rodeando a Sasuke, aprovechando cada ventana de espacio entre ambos para confrontarlo y haciendo que el Uchiha tuviera que mantener su guardia en alto en todo momento. Chocando sus espadas, Sakura y Sasuke se encontraron frente a frente y con sus rostros a muy escasa distancia, observando en los ojos del otro como cierta llama no hacía sino crecer por tener algo más en común que compartir; Sasuke a veces olvidaba que su esposa no era una mujer convencional, no era ninguna flor delicada sino una rosa tanto con filosas espinas y perfume dulce.

—Necesitareis más que espadas para ir a la guerra— mencionó Sakura, sabiendo de la guerra, —lanzas, mosquetes, y cañones— enumeró, queriendo llevar un recuento para que nada le faltase a su esposo mientras estuvieran separados.

—Tenemos todo eso, llevo años planeando esta empresa— asintió Sasuke sosteniéndole la mirada con arrogancia.

Retrocediendo para evaluar mejor a la adversaria que tenía delante, Sasuke trató de no desnudarla con la mirada, y no quedarse prendado con su andar seductor, la fiereza con la que sostenía la espada o como sus orbes esmeralda intentaban analizar cualquier debilidad para atacar, ¿Cómo es que a menos de media década casado con esta mujer aun no la conocía por completo? Ingeniosa, astuta, valiente, bondadosa, compasiva, política indispensable, reina dulce, amante generosa, amazona consumada y ahora guerrera experimentada, ¿Cuánto aún tenía que conocer para seguir enamorándose aún más de ser posible? Sabiendo que tenía delante a su igual, Sasuke se lanzó para atacar a Sakura pero ella bloqueó la hoja de la espada con la suya de tal manera que ambas espadas se entrelazaron y haló de su brazo para hacer que los filos presionaran contra el suelo en tanto ambos se hallaban cara a cara, casi nariz con nariz; sonriendo con superioridad, Sakura alejó a Sasuke con un seco golpe en el pecho que le quito el aliento por un momento pero que también estuvo a nada de hacerlo reír, ¿Qué clase de maravilla era su esposa?, ¿Había algo que no supiera hacer? Oh, sí, hablar portugués, aunque a él no le molestaba hablar en castellano ni tampoco a la corte. Queriendo cobrar venganza a su esposa, a quien vio momentáneamente distraída, Sasuke chocó su espada contra la suya, haciéndola retroceder.

—Excelente postura, lucháis como un soldado real— elogió Sakura, mucho más tranquila al saberlo preparado para una guerra pese a su inexperiencia militar.

—Lo soy— afirmó Sasuke, apreciando su reconocimiento como ningún otro, —y tengo mis propias ideas sobre nuestra fuerza militar— ideas que concordaban totalmente con las de ella, cabe añadir.

—Sin embargo, no olvidéis algo muy importante; toda armadura tiene puntos débiles— mencionó la Haruno, bajando su espada y observándolo analítica antes de proceder a rodearlo. —Aquí— usó la hoja de su espada para golpearle el costado superior del muslo, donde la mayoría de la armaduras no protegían, —aquí— indicó con uno de sus dedos el espacio entre su brazo y su torso, también fácil de atacar, —y…— Sakura iba a señalar su yugular, pero prefirió no hacerlo, sintiendo que ambos eran atraídos uno hacia el otro de forma invisible, por la fuerza de sus sentimientos.

Sabiendo que Sasuke no tomaría la iniciativa, sudoroso como estaba y siempre tratando de no incomodarla, Sakura soltó la espada cuya hoja de acero resonó al caer y sujetó a su esposo de la nuca para besarlo de forma abrupta, y aunque Sasuke trató de resistirse al estar empeñado en darse un baño antes de que ambos compartieran aquella intimidad, negarse a su esposa era algo que no podía hacer y por lo que soltó su espada—que también chocó contra el suelo—y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su esposa, profundizando el beso y encontrando su lengua con la suya, retrocediendo hacia una mesa que se hallaba a unos pasos de donde ambos estaban. Gimiendo de gusto contra los labios de Sasuke al sentirlo corresponder a su beso, mostrándose solicita ante lo que mejor pudiera hacer en aquel lugar y sabiéndose a solas, pues nadie los buscaría a menos que fuera urgente, Sakura dejó que su esposo la cargara en brazos y la sentara sobre la mesa, acomodándose entre sus piernas y alzándole la falda del vestido; rompiendo el beso, observando aquellos pozos esmeralda con deseo latente y como si fuera una diosa o ángel con forma humana, Sasuke se desabrochó los pantalones en tanto Sakura se llevaba las manos a la espalda y desanudaba el cierre de su vestido haciendo que la tela resbalase por sus hombros y abrió las piernas sin apartar sus ojos de los orbes ónix de su esposo.

Cara a cara, separados por efímeros centímetros que se fueron acortando cada vez más, Sasuke se inclinó para capturar los labios de su esposa en un nuevo beso, envolviendo su lengua contra la suya pero aun así escuchando a Sakura gemir en medio del beso cuando penetró completamente en su interior, hasta la empuñadura, comenzando a moverse un contra el otro de forma natural, ya no teniendo nada nuevo—no particularmente—que descubrir pero si grabar a fuego todo del uno en el otro hasta hartarse y disfrutarlo lo más posible. Rompiendo el beso para recuperar el aliento, Sakura haló de la camisa de su esposo hasta despojarlo de esta, arañándole la espalda en busca de más contacto, desesperada por saberse suya como nunca antes…quizás por temor a dejar de serlo, pues si su amado moría en la guerra—Dios no lo quisiera—su vida sería el luto, nada tendría sentido sin él y no quería volver a sentirse completamente sola, no podría vivir sin él. Experimentando el mismo sentir de su esposa, no pudiendo imaginar una vida en que sus destinos no pudieran enfrentarse de la mano, Sasuke deslizó el camisón por sobre sobre los hombros de su esposa para hacer que resbalara por su torso mientras penetraba impecablemente en su interior, deslizando sus labios a lo largo de su cuello hasta llegar a sus pechos, sintiendo a Sakura temblar, gemir y arquearse contra él al capturar sus pezones entre sus labios.

Echando la cabeza hacia atrás y gimiendo sin disimulo Sakura era incapaz de contener el inmenso placer que sentía no solo porque su esposo la estaba haciendo suya sino por la delicadeza de sus atenciones, sintiendo sus labios contra sus pechos y su tacto, no dejando un solo sin tocar a su paso; Sasuke siempre decía que saber que ella sentía placer le daba placer a él pero no era sino en momentos como ese que Sakura realmente lo creía, entregándose de lleno a sentir y disfrutar de su más profunda y honesta demostración de que la amaba. Sintiendo a Sakura envolver sus piernas alrededor de sus caderas, aumentando el contacto físico entre ambos, Sasuke regresó su mirada a ella, sujetándola de la nuca y volviendo a encontrar sus labios con ardor en tanto su otra mano afianzaba su agarre sobre su cadera, marcando el ritmo de sus estocadas, gruñendo en medio del beso al sentir los pechos de su esposa contra su torso en tanto sus melodiosos eran ahogados en medio del beso. Rompiendo el beso, arañando la espalda de su esposo y tratando de no alejarse en forma alguna, Sakura echó la cabeza hacia atrás, gimiendo y sintiendo como su aliento se estancaba en su garganta, moviendo sus caderas contra las suyas y rogándole por más desesperadamente, mordiéndose el labio inferior y esbozando una sonrisa al sentir a Sasuke enterrar su rostro contra su cuello y gruñir, penetrando más rápida y profundamente en su interior, haciendo que ambos gimieran más fuerte.

Siempre era un deleite para Sakura tener a su esposo en su interior, respirando laboriosamente y gimiendo sin disimulo el placer que experimentaba ante cada una de las estocadas de Sasuke en su interior, ambos incapaces de tomárselo con calma o suavemente aunque lo quisieran; sintiendo como el clímax se acercaba ante cada penetración, el ritmo se tornó cada vez más áspero, descoordinado y brusco, dejándolos a ambos sin aliento, encontrando sus labios de forma lujuriosamente salvaje. Sasuke afianzó su agarre situando ambas manos sobre las caderas de su esposa para penetrar más profundamente en su interior, ambos piel contra piel y alma con alma en tanto Sakura encontraba sus caderas contra las suyas y le arañaba la espalda, ambos sintiendo por igual como cada fibra nerviosa de sus cuerpos se tensaba, rompiendo el beso y gimiendo ante el orgasmo que se adueñó de ambos, encegueciendo temporalmente sus visiones y haciéndolos jadear sonoramente. Apoyando su cabeza contra el hombro de Sasuke a quien sintió hacer lo propio contra su hombro e inhalando su perfume, Sakura susurró el nombre de su esposo en un melodioso gemido, plena con la sensación post coito y por tenerlo en su interior, por poder ser una con él que consiguió recuperarse primero y rompió el abrazo para encontrar sus miradas, pegando su frente a la suya y diciéndole os amo sin necesidad de articular palabra alguna, sin ironías, romanticismos ni cursilerías, solo honestidad...


Luego de aquella apasionada entrega y siendo plenamente conscientes de que solo les quedaban unas breves horas juntos, pues a la mañana siguiente Sasuke partiría y ella se quedaría para actuar como Regente en su lugar con ayuda de sus asesores; por lo que en nada fue extraño que ambos se retirasen a la habitación de Sakura para disfrutar las horas que les restaban en una intimidad que solo ambos conocían y que no podrían disfrutar hasta que se volvieran a ver. Aunque no lo pareciera, dado todo el empeño que había puesto en ello desde el principio, Sasuke había tratado de evitar por todos los medios el tener que separarse de su esposa; si, la cruzada contra los Moros era algo de suma importancia para él, llevaba planeando aquella misiva desde que su reinado había comenzado, y lo había pospuesto muchas veces pues en una ocasión ello había provocado su primera discusión seria con Sakura. Primero por su fallecida primera mujer, Takara—Dios la tuviera en su gloría—, luego por las amenazas contra su trono y por el infante Yosuke—su fallecido hijo—, y ahora por su esposa Sakura que mucha resistencia había puesto con tal de lograr hacer que permaneciera en Portugal, al menos durante el tiempo suficiente para engendrar a su primogénito y heredero, luego a sus dos hijas con apenas un año de diferencia entre sí, y ya le había prometido que de volver a embarazarse esta vez sí nacería otro varón.

No es que Sasuke no estuviera feliz con su vida tal y como era ahora; Itachi era su heredero y su primer hijo con Sakura, era irreemplazable para él tanto como Sarada quien era su joya por su deslumbrante belleza y su gran parecido con Sakura, y sabía que ocurriría lo mismo con Mikoto pues sentía gran debilidad por ella, ¿Era necesario tener un varón? Para asegurar el trono y en caso de—Dios no lo quisiera—que Itachi falleciera o no pudiera convertirse en rey, sí, pero como hombre Sasuke estaba satisfecho con su vida mas nuevamente era Sakura quien siempre estaba abocada a su deber y le recordaba el propio, era la parte responsable y oligárquica de su persona, su otra mitad. Sumado a ello, Sasuke estaba seguro de ir a la guerra esta vez pues contaba con la aprobación de su esposa, lo que quizás no hubiera tenido en mente de no haber ocurrido nada y seguir casado con su fallecida primera esposa, Takara, pero Sakura no era como Takara, era una mujer entregada a la labor de gobernar, incansable amante de la caridad, y una devota esposa que sabría mantener el reino en orden durante su ausencia, Sasuke tenía fe en ello pues conocía a su esposa. Mientras había estado casado con Takara, las responsabilidades habían sido para Sasuke una especie de escape, ella podía haber sido su esposa sin embargo había existido tal vacío y tensión entre ambos que ser un matrimonio había sido muy difícil.

Pero con Sakura…desde el principio había quedado claro para Sasuke que Sakura se había casado con él voluntariamente y que tenía sentimientos muy fuertes por él, era hija de reyes y probablemente habría aceptado de buen grado desposar a otro rey de haber sido necesario pero ella había sido prometida a él siendo apenas una niña y aunque él la había rechazado entonces, en el fondo ella había continuado esperando por la posibilidad de ser suya, había esperado por él y le había entregado su amor como una dama honorable e intachable, una reina modélica a la cual la corte le había tomado afecto de forma inmediata y que admiraba a día de hoy por su lealtad a Portugal, ¿Cómo no hacerlo? Era perfecta, Sasuke día con día se encontraba estudiándola concienzudamente en espera de hallar un defecto que la hiciera más humana y menos etérea pero nunca lo encontraba, y eso lo hacía sentir más afortunado. La habitación privada de la reina se hallaba sumida en penumbras a esa hora de la noche salvo por la luz de las velas que iluminaban tenuemente la estancia y a quienes dormían sobre la cama, aunque más que dormir lo que Sasuke estaba haciendo en ese momento era reflexionar; pudiendo meditar sobre toda clase de cosas en ese momento de la noche, cómodamente recostado sobre la cama, con uno de sus brazos tras la nuca a modo de almohada y cavilando profundamente.

Sin poder dejar de pensar en Sakura, queriendo rememorar cada aspecto de ella para sentirla a su lado aun a través de la distancia mientras estuvieran separados, Sasuke volvió su atención hacia su somnolienta esposa recostada boca abajo a su lado, con el rostro parcialmente apoyado contra la almohada y su exquisita silueta desnuda apenas cubierta por una sabana desde las caderas hacia abajo, permitiéndole alargar una de sus manos y acariciar sin disimulo la suave piel de su espalda, escuchando un dulce gemido brotar de esos dulces labios rojos que se curvaron entre sueños para formar una sonrisa. Agotada por el torbellino de amor, pasión y lujuria de hace unos momentos, y que la había dejado temporalmente satisfecha, Sakura movió una de sus manos para entrelazarla con la de su esposo, haciendo sonreír a Sasuke ya que incluso entre sueños su amor por él era incondicional, tan natural como su acompasada respiración. Lo extrañaría infinitamente cuando partiera dentro de unas horas pero estaba tratando de ser lo más codiciosa posible y demostrarle cuanto lo amaba una y otra vez, anhelando que cada vez que hacían el amor él pudiera dejarla embarazada, ansiaba poder aminorar su ausencia con un nuevo hijo o hija, era egoísta pero lo necesitaba desesperadamente para no sentirse vacía, aunque apenas y hubiera acabado de recuperarse después de su último y extenuante embarazo.

Aunque su físico Dan Kato le hubiera dicho que su ultimo embarazo había extenuado su cuerpo y que debía tomarse un descanso o podía correr peligro, aunque Sakura hubiera tenido que ser muy cuidadosa con no embarazarse en un plazo de tres meses—ya cumplido—pese a no haber cumplido con la cuarentena estipulada, le habían inculcado desde muy pequeña su deber como mujer, esposa de un rey e Infanta de Castilla, su propia madre la reina Seina había tenido hijos hasta que sus físicos le habían dicho que de volver a embarazarse acabaría muriendo, y como digna hija de reyes Sakura estaba dispuesta a sacrificar su vida para lograr lo que se esperaba de ella, y para bien o para mal hacía falta otro heredero al trono portugués, tantos como fueran posibles para asegurar la sucesión, y si debía pagar un precio para lograrlo…sea, era un honor morir para mantener el reino en pie. Ajeno a los pensamientos o preocupaciones de su esposa, quien había tenido sumo cuidado de ocultarle los riegos de un nuevo embarazo al no saber—inicialmente—como decirle que la cuarentena debería haber durado tres meses y no cuarenta días como había acabado ocurriendo, Sasuke se inclinó para depositar un cálido beso sobre la espalda desnuda de su esposa, abrumado por cómo habían cambiado las cosas; sabía que debía partir mañana y sin embargo una parte de él le pedía que no lo hiciera.

—Os amo— murmuró Sasuke contra el cuello de su esposa.

—Os amo— correspondió Sakura en un susurró, muy adormilada.

Estaba satisfecha pero necesitaba un pequeño descanso antes de continuar tan apasionada entrega por lo que restaba de la noche y Sasuke respondió recargando su peso sobre el colchón a su lado y apoyando su cabeza contra su espalda, sonriendo ladinamente mientras cerraba los ojos justo como Sakura que volvió a recostar su cabeza sobre la almohada; ambos necesitaban un pequeño descanso antes de continuar. Su corazón instaba a Sasuke a quedarse en Portugal hasta al menos tener la certeza de que su semilla había hecho germinar una nueva vida en el vientre de su esposa, que a su regreso tendrían otro nuevo hijo o hija y luego otro, y así sucesivamente, todos serían una prueba del amor que Sakura y él compartían…qué más quisiera él que entregarse al amor y las pasiones como los hombres normales pero era rey y debía pensar en engrandecer su reino. Sakura se había empeñado en hacer que permaneciera en Portugal hasta que al menos tuvieran tres hijos que bastaran para mantener el reino en pie en su ausencia, más terca que él mismo que se había rendido a su voluntad y amor. Sasuke desearía pasar muchas noches más de esta forma, haciendo el amor con su esposa y disfrutando de su amor incondicional, pero por ahora esta última noche habría de bastar hasta que volvieran a verse.

Habría fruto de esta noche, estaba seguro, porque de un amor como el suyo solo podía nacer vida…


La mañana llegó rápidamente, quizás más rápido de lo que el propio Sasuke habría querido pero partir era inevitable y en el patio del castillo de Sao Jorge se encontraban las tropas del rey que solo lo esperaban para abandonar la capital del reino y dirigirse hacia la tierra de los moros, más enfáticamente Marruecos y África. Reunido en el salón del trono, el rey Sasuke se encontraba reunido junto a los miembros de su familia; su madre Mikoto se hallaba en cama aun pero ya se había despedido de ella, su hermana Emi que le dirigió una afectuosa sonrisa, su siempre estoico sobrino Kagen de Braganza, su leal amigo y embajador lord Idate Morino y su esposa Sakura. El rey portugués vestida una holgada camisa blanca de cuello redondo y mangas ceñidas a las muñecas bajo un jubón de seda verde oliva estampada en el emblema de la familia Uchiha, con mangas acampanadas sobre unas inferiores y ceñidas color ladrillo al igual que el cuello inferior y en V del jubón, con largo faldón hasta la rodillas, pantalones negros y botas de cuero de igual color como la coraza de metal oscuro que cubría su pecho, y su rebelde cabello azabache azulado se hallaba ligeramente despeinado como de costumbre. La corte se hallaba reunida al completo pues antes de partir y en una breve ceremonia el rey había exigido que los nobles juraran lealtad a su esposa como Regente en su ausencia, pues todo el poder recaería sobre ella y sus consejeros.

—Os dedicare cada una de mis victorias— aseguró Sasuke a su esposa, sosteniendo sus manos entre las suyas.

—Entonces, id, y venced— consintió Sakura con una triste sonrisa, lamentando tener que despedirse.

Mientras que su esposo se veía deslumbrante y fiero en su estampa de monarca y guerrero, Sakura se mostraba melancólica y hasta casi enlutada, ataviada en un elegante y muy adusto vestido de seda negra—debajo una enagua blanca de cuello en V con mangas ceñidas en las muñecas y que formaban cortos holanes—de escote cuadrado con margen cobrizo, corpiño ceñido a su esbelta figura, mangas abullonadas desde los hombros a los codos con rombos blancos y que se tornaban ceñidas desde los codos a las muñecas, y falda lisa de dos capas, una inferior y otra superior. Su largo cabello rosado se hallaba peinado tras su nuca para despejar su rostro, resaltando una diadema de oro con cuentas ónix que caían sobre su coronilla a juego con unos largos pendientes con una lágrima al final como la gargantilla de oro alrededor de su cuello. Usualmente cuando un marido iba lejos, a la guerra o donde fuera, las mujeres solían vestir sus mejores galas y embellecerse para que su amado partiera feliz y el reencuentro que tuviera lugar a futuro fuera aún más dulce...pero Sakura no podía pretender algo así, su corazón estaba de luto anticipadamente en caso de que—Dios no lo quisiera—él no volviera, y no podía vestir otro color que no fuera negro pero Sasuke lo entendió, inclinándose para besar el dorso de la mano de su esposa y encontrar su mirada con la suya, prometiéndole sin palabras que iba a volver.

—Nobles señores de Portugal, cuidad de mis bienes más preciados— encomendó Sasuke con voz solemne, esperando que todos estuvieran a la altura de su confianza.

En respuesta, todos los presentes bajaron la cabeza y reverenciaron a su rey, oportunidad que Sasuke no perdió para inclinarse y besar a su esposa que cerró los ojos y arqueó el cuello para disfrutar del beso que desgraciadamente—por la situación—tuvo que ser breve, ambos pegando sus frentes, disfrutando de la presencia del otro y tratando de guardar esa sensación. Con ese beso a modo de despedida, forzado a tener que soltar las manos de su esposa, Sasuke abandonó el salón del trono volviendo la mirada por sobre su hombro para observar a Sakura una última vez, siguiendo de largo por los pasillos en compañía de su escolta hacia el patio del castillo y ante lo que Sakura se mantuvo inicialmente solemne, con las manos cruzadas sobre su vientre pero unos segundos después se aproximó hacia las puertas del balcón con su cuñada Emi un paso tras ella, abriendo las puertas y pudiendo observar lo que sucedía en el patio. En el patio del castillo, Sasuke fue recibido por la respetuosa y leal mirada de todos los hombres que lo acompañarían en su travesía, pero sintiendo la mirada de su esposa sobre su persona fue muy difícil para él acercarse y subir a su caballo sin alzar la mirada y ver a Sakura una última vez, pero aun no era el momento aunque la voz en su cabeza se lo insistiera una y otra vez, en ese momento quienes necesitaban su atención eran sus hombres que esperaron sus órdenes.

—Caballeros— reconoció Sasuke, pasando su mirada por todos los presentes, —hoy abandonamos nuestro hogar por una noble causa— debía aferrarse a eso para no dudar y quedarse. —Que nadie ose interponerse en nuestro camino, pues Dios está de nuestro lado— su causa era y seria la fe verdadera, la extensión de la palabra de Dios. —Sometamos al turco, y mantengamos la paz en la tierra cristiana— esta batalla, no, esta guerra era en pro del Dios al que rezaban. —¡Por Portugal!— gritó, habiendo esperado largamente para emprender esta cruzada

—¡Por Portugal!— correspondieron todos los presentes, fervorosos creyentes y que esperaban poder propinar una gran derrota a los otomanos.

Solo entonces y al contar con el apoyo total de sus soldados que aspiraban a regresar a su reino victoriosos y siendo grandes guerreros—no cualquiera se oponía a los otomanos o turcos—, Sasuke alzó la mirada hacia el balcón aledaño al salón del trono, hallando allí a su esposa quien esbozó una triste sonrisa al encontrar su mirada con la suya, triste porque tenían que separarse pero interiormente resignada a tener que esperar por su reencuentro tanto como él mismo. Sabiendo que dejaba su reino en las mejores manos, Sasuke haló de las riendas de su caballo y abandonó el patio del castillo con su escolta respaldándolo, y tras él lo hizo todo su ejército en una imagen admirable y temible al mismo tiempo; los portugueses no querían nada que no merecieran o no estuviera en su derecho poseer, como antes se habían conquistado los mares hasta llegar al Nuevo Mundo, no querían someter a otros sino expulsar al infiel y extender la fe verdadera, por Portugal. Siguiendo con la mirada a su esposo hasta perderlo de vista, manteniendo su expresión solemne por temor a quebrarse y controlando sus emociones, Sakura dio un paso atrás para regresar al interior del salón del trono y ante lo que sintió un ligero mareo que la hizo llevarse una de las manos a la frente y casi perder el equilibrio de no ser porque su querida cuñada Emi se hallaba a su lado y la sujeto del brazo para impedirle caer y hacerla reaccionar.

—Sakura, ¿estáis bien?— llamó la Uchiha, preocupada de su cuñada a quien vio palidecer ligeramente.

Conociendo a su querida cuñada, que siempre controlaba tan perfectamente sus emociones hasta casi enfermar o sentirse mal por callarse todo y actuar dignamente—lo cual era admirable desde luego, pero igualmente reprochable o preocupante—, Emi temió que Sakura se sintiera mal de verdad y se lo hubiera ocultado a su hermano solo para despedirlo apropiadamente. Superando su impresión inicial, Sakura volvió la mirada hacia su cuñada asintiendo velozmente y agradeciendo por lo bajo, volviendo la mirada hacia el patio del castillo que lentamente se fue vaciando mientras soldado tras soldado de Portugal partía tras los pasos de su rey; sus padres habían preparado a Sakura para un día como este desde que era pequeña, pero en ese momento la Haruno sintió el peso del mundo sobre sus hombros y quizás algo más. Su físico Dan Kato le había estipulado tres meses de reposo o cuarentena antes de volver a intentar concebir, y que si bien Sakura no había cumplido si había tenido presentes concienzudamente para evitar un embarazo, mas una vez se habían cumplido aquellos tres meses de reposo es que no había llamado más a las parteras ni se había preocupado de quedarse embarazada otra vez o no, bienvenida fuera la noticia pues el trono necesitaba más herederos varones y era su deber como reina tener descendencia que pudiera suceder a su esposo el rey. Dios quisiera que esto fuera una señal y estuviera embarazada otra vez...


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo :3 como siempre agradezco su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros", nuevamente "A Través de las Estrellas", y "Queen: The Show Must Go On", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (21 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (34 años)

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Idate Morino como Diego de Silveira

-Temari Sabaku como Beatriz de Melo (32 años) -Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (24 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (25 años)

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (19 años) -Kiba Inuzuka como Enrique VIII (11 años)

-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Toneri Otsutsui como Almirante Alfonso Enríquez

-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal -Mikoto Uchiha como Beatriz de Portugal

Temeridad & Realidad Histórica: inició el capitulo con una realidad, que es que muchas mujeres de la época morían dando a luz a sus hijos y si bien María de Aragón llegó a alumbrar diez hijos durante su matrimonio con Manuel, se sabe que más de algún parto le paso factura, la hacia permanecer en cama, reposar para recuperarse e incluso se decía que deliraba de fiebre y olvidaba quien era, por ello su físico le dice a Sakura que si no se toma un descanso y se preocupa por si misma, acabara matándose. En la historia real no se sabe si Manuel de Portugal fue directamente a un frente de guerra como represento y eso que lo investigue concienzudamente, pero tampoco se niega que lo haya hecho, por lo que aprovechare los huecos históricos para mostrar ficción pero vinculado a hechos o acontecimientos reales, que pudieron ocurrir. Además, la escena de Sasuke y Sakura peleando con espadas esta inspirada en la serie "The Spanish Princess" y porque como hija de reyes, —igual que su hermana Catalina de Aragón—es muy posible que María de Aragón supiera bien del arte de la guerra a diferencia de su esposo, que si bien era un excelente gobernante no había participado en una guerra.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3