-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Middle Of The Night" de Elley Duhé para Sakura, "Right Here Waiting" de Richard Marx para Sasuke, "Antes Que No" de David Bisbal para Hinata y Naruto, y "Game Of Survival" de Ruelle para Mirai, "Him & I" de G-Eazy & Halsey para el contexto del capitulo..


Enero de 1506/Londres, Inglaterra

La vida daba muchas vueltas, uno nunca sabia a donde iba a parar, pero nunca se había aplicado mejor dicho proverbio que en el viaje de la reina Hinata y su esposo Naruto quienes en su travesía a los reinos de las Españas—más específicamente a Castilla—, eligieron saltar pasar por Francia realizando el viaje por mar solo que no contaron con que este estaría tan agitado que los haría naufragar en las costas de Inglaterra, forzándolos a realizar pequeñas reparaciones para poder continuar con su viaje. Aunque inicialmente huraña por este contratiempo, Hinata acepto amablemente la invitación del rey Genma Shiranui y tanto ella como Naruto fueron escoltados por los soldados del rey al Castillo de Windsor. Haciendo gala de su fama como amazona habilidosa y que fácilmente podía medirse con cualquier hombre, la reina Hinata montaba un bello purasangre blanco de crin dorada, y portaba un exquisito vestido de seda purpura—sobre una enagua mantequilla de cuello redondo—con mangas ceñidas hasta los codos y a partir de donde se tornaban acampanadas, anudado en el escote en V hasta la altura del vientre y falda de una sola capa, con su largo cabello azul oscuro cayendo tras su espalda y peinado por una diadema de tipo red decorada por cristales ámbar como los pequeños pendientes que parecían reflejar la luz, y sobre sus hombros reposaba una capa purpura ribeteada en piel blanca.

Tras ella o casi a su lado más bien y montando un caballo persa de pelaje marrón y crin negra se hallaba su esposo Naruto quien vestía una holgada camisa blanca de cuello alto y redondo con mangas ceñidas en las muñecas bajo un jubón verde con detalles dorados, mangas ceñidas y que se ceñía a su cuerpo por un cinturón de cuero continuando en un faldón de terciopelo más oscuro hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero marrón oscuro, portando además un abrigo marrón sin mangas de piel de marta y una boina de igual color sobre su rebelde cabello rubio. Formaban una pareja impresionante, parecían respaldarse en el plano físico y más con el sequito español y flamenco que los seguían causando gran impresión en el rey inglés y en su madre lady Biwako. Los corceles de los ahora reyes de Castilla se detuvieron al cruzar el umbral del Castillo de Windsor; el embajador castellano en Inglaterra, lord Maito Gai, se apresuró a asistir a la reina Hinata y tenderle su mano para ayudarla a bajar de su caballo pero apenas y tuvo necesidad pues siempre majestuosa Hinata se acomodó la falda con maestría al bajar de su caballo con un solo movimiento reuniéndose pronto con su esposo Naruto quien le ofreció su brazo, y ambos se acercaron al rey de Inglaterra para presentarle sus respetos y a su vez que este los reconociera a ambos como soberanos de Castilla.

—Altezas; la reina Hinata de Castilla y el rey consorte Naruto— presentó lord Maito Gai sirviendo como intermediario y traductor entre sus soberanos y el rey inglés.

—Compartimos vuestra tristeza por la muerte de la reina Seina— manifestó lady Biwako en representación de su hijo. —Por favor, dejen sus armas aquí, son nuestros invitados— solicitó asegurando su entera amabilidad al ser sus huéspedes.

Arqueando una ceja ante la solicitud de la madre del rey inglés, Hinata volvió la mirada hacia Naruto quien intercambió una mirada con ella antes de desanudar de su cinturón la daga personal que siempre llevaba consigo y tras él sus soldados no dudaron en entregar sus armas, no podían despreciar la hospitalidad de los ingleses ahora que más la necesitaban y tendrían que confiar en ellos en lo que durase su estadía, además necesitaban aliados para su causa de mantenerse en el poder por lo que bien recibidas fueran las pequeñas incomodidades. Por su parte y aunque no habló, superado por la impresión, el viudo rey Genma Shiranui no pudo despegar sus ojos de la reina Hinata quien superaba todo cuanto había imaginado; mucho se hablaba de su presunta locura pero ante él no veía a una mujer enajenada, fúrica o indigna sino una digna reina y con una belleza incomparable, alta, esbelta, curvilínea, fértil—tenía fama de haber alumbrado a ya cuatro hijos sanos y fuertes en rápida sucesión y sin problemas—y muy elegante así como deseable. Era una pena que tuviera un esposo a su lado porque de otro modo el rey inglés no dudaría en proponerle matrimonio…


Aunque había sido informada de la llegada de su hermana Hinata, la Infanta Mirai recorrió contemplativamente los pasillos del Castillo de Windsor sin presión alguna, era la primera vez que estaba en la corte en meses pues en el ultimo tiempo su enlace con el príncipe Kiba se veía cada vez más lejano, el rey Genma Shiranui no estaba tan seguro y su posición como Infanta de las Españas había decaído tras la muerte de su madre pero a pesar de todo Mirai se mantenía digna y con la frente en alto, acompañada por su leal amiga Akina Taketori. Habiendo dejado atrás el luto pero siempre austera, la Infanta Mirai portaba un vestido de terciopelo violeta—debajo una enagua beige suave de cuello en V con holanes en las muñecas—con escote cuadrado enmarcado en un tono más claro, cortes a la altura de los hombros, mangas ceñidas y falda de una sola capa, con una cruz de oro alrededor de su cuello y su largo cabello azabache cayendo sobre su hombro derecho y tras su espalda bajo un tocado español de igual color con velo. En los pasillos abundaban los cotilleos y conversaciones pero aunque ahora Mirai manejaba el inglés no le interesaron hasta que vio a cortesanos reverenciarla a su paso y llamarla Alteza, por lo que se detuvo y volvió a ver el motivo de ello llevándose una sorpresa al hallar dos pasos tras de sí a una mujer alta, esbelta, de gran belleza y rasgos muy parecidos a los suyos…llevaba tantos años sin ver a su hermana que le tomó varios segundos reconocerla.

—¿Mirai?— preguntó Hinata en un elegante español, queriendo confirmarlo.

—Hinata…— suspiró la Infanta por su parte, igualmente impresionada al verla.

—Cuanto habéis cambiado, erais una niña la última vez que nos vimos— celebró la reina observándola de arriba abajo con admiración. —Sois muy bella— siempre lo había sido, desde su infancia en Castilla.

—No tanto como vos, Alteza— difirió Mirai con una discreta sonrisa y bajando la cabeza en una respetuosa reverencia a su reina y hermana.

Aunque ambas eran hermanas, Mirai no podía olvidar que ahora no tenía ante sí a su igual una Infanta de Castilla y Aragón—aunque eso siempre lo serian como hijas de las Españas—, sino además Archiduquesa de Austria y ahora reina propietaria de Castilla, pero sin duda que realizo la debida reverencia con el máxime de los respetos pues se alegraba de llamar reina a su hermana. Los rumores de la locura de Hinata habían llegado a Inglaterra pero Mirai no los creía, sabía que Hinata pasaba momentos de amargura, lamento, tristeza y angustia pero no de enajenación, era alguien reflexiva en extremo mas no una demente en forma alguna, y Dios sabía que ello incluso lo reconocería su madre la fallecida reina Seina. Sonriendo ante la actitud siempre correcta y formal de su hermana menor y que le recordó a su ahora lejos hermana Sakura, Hinata acabó con cualquier formalismo rompiendo la distancia entre ambas con un emocional y amoroso abrazo; sola en Flandes, teniendo que ser la Archiduquesa, esposa de Naruto y madre de sus hijos, Hinata se encontraba pensando en su infancia y añorando sus días de inocencia pero ahora por primera vez no tenía que pensar en volver atrás sino en vivir el ahora y acariciar dulcemente los rizos rojizos de su hermana menor quien si bien se sorprendió no tardo en corresponderle pues había pasado largo tiempo deseado que alguien la abrazara de esa forma.

—Os extrañe tanto— suspiró Hinata antes de romper lentamente el abrazo, —¿veis?— sonrió tratando de dejar atrás cualquier posible melancolía. —Os dije que volveríamos a vernos— aun recordaba la promesa que le había dicho al despedirse años atrás.

—Debéis compartirme vuestro don para ver el futuro— rió Mirai por lo bajo ante aquella anécdota. —Hinata, ¿sabéis cómo murió nuestra madre?— preguntó habiendo esperado largo tiempo para hacer esa pregunta.

—De dolor por nuestro hermano Sai, es lo que me dijeron, años de lamento por nuestro amado hermano— contestó la reina castellana llevando a su fallecido hermano en sus oraciones. —No he sabido nada de nuestro padre, ni siquiera me ha escrito— murmuró apartando la mirada para ocultar cuanto la afectaba eso, —siempre las alianzas y el oro, nada parece importarle más— sonaba cruel pero era la verdad.

—No habléis así, Hinata— contrarió la Infanta no queriendo incumplir su deber de hija al hablar mal de su padre.

—Mirad lo que os ha hecho, no sois la hermana que recuerdo, parecéis una humilde viuda, no una Infanta de Castilla y Aragón— señaló Hinata al ver como vestía en contraste con ella misma. —Escuchad mi consejo, Mirai, sed siempre una hija leal pero ved más allá de las mentiras— Sakura había probado ser más lista que ellas. —Mas os hare esta promesa, de hermana a hermana; pagaré vuestra dote— un jadeó salió de los labios de su hermanita ante sus palabras, —enviare el dinero aquí tan pronto llegue a Castilla y sea jurada reina— haría todo cuanto pudiera para ayudarla.

—Hinata…— a Mirai simplemente le faltaron las palabras, —gracias, muchas gracias— habló finalmente, sosteniendo las manos de su hermana entre las suyas.

—No, las gracias no van de una hermana a otra— negó ella con una sonrisa, no precisando de eso, —nosotras gobernaremos cuanto queramos— merecían tener cuando menos ese derecho tras tanto sufrimiento.

—Hasta nuestras vidas— asintió la Infanta, anhelando volver a esos días de felicidad.

La tristeza le nublaba el juicio tantas veces que en ocasiones Mirai sentía que ni siquiera podía ver la luz del sol cada día, como si las nubes cubrieran el cielo y simplemente no hubiera nada más que ver pero sí que lo había, era imposible que la felicidad que había conocido solo se limitara a sus días en Castilla pues Dios sabía que nunca habría abandonado su patria de no estar destinada a vivir algo en el bello suelo inglés que ahora tanto amaba, y ahora comenzaba a entender que quizás su destino y el de su hermana estuvieran predestinados a encontrarse. Estrechando las manos de Mirai entre las suyas, Hinata reflexionó en como en medio de su mayor desesperación, angustia y preocupación las cartas de su hermana Sakura la habían hecho mantenerse fuerte y no rendirse, así había podido alumbrar a su hija Hanako a quien había nombrado pensando en su hermana quien se encontraba sola al frente del poder en Portugal ya que su esposo el rey Sasuke estaba el frente de una campaña militar. Si su fallecida madre la reina Seina podía verlas desde el cielo y esperaba que fuera así, Hinata deseaba que estuviera tranquila porque nada en el mundo haría que se dieran la espalda entre sí, Dios sabía que se protegerían por todos los medios y que harían que las Españas fueran la potencia que definiera su siglo y el futuro por venir.

Así como Sakura no la abandonaba a ella, como la mayor Hinata no abandonaría a sus hermanas, era una promesa.


Mucho más resuelta y de buen humor tras su encuentro con su hermana Mirai, la reina Hinata se dirigió a los ahora aposentos que compartía con su esposo Naruto en compañía de sus doncellas procedentes de Flandes y su camarera castellana, mas las hubo despedido con una sola mirada por el rabillo del ojo al cruzar el umbral de sus aposentos, toda una suerte pues nada más entrar se hubo hallado con que en la sala de recepción a la cual ingresó se hallaban reunidos su esposo Naruto y su siempre leal Deidara Sunagakure. Aunque el castellano debería serle leal a ella como ahora reina de Castila, su toda su presunta lealtad iba a su esposo el archiduque Naruto y juntos se la pasaban orquestando planes y maquinaciones de las que o Hinata no sabía nada o de las cuales prefería no saber más bien, pero ahora que estaba de tan esplendido humor no quería que nada arruinara aquello. Estudiando mejor el contexto en que estaban, Hinata reparó en el ceño fruncido de Naruto, cosa inusual en el último tiempo y más en el documento que sostenía y que hubo llamado su atención, ¿Es que podía tratarse de alguna mala noticia que involucrara a su padre el rey de Aragón? Aunque ella quisiera sabía que no podía mantenerse indiferente a su progenitor pues cualquier cosa que él hiciera o que le aconteciera de una u otra forma acababa repercutiendo en ella, en Naruto y por concerniente en sus hijos.

—¿Qué sucede, señores?— preguntó Hinata al tener suficiente de tanto silencio.

—El rey Genma me informó de algo preocupante, algo que sucedió en secreto para que no os enterarais— inició Naruto concentrando toda su atención en su esposa.

—¿Por qué no debería haberme enterado?, ¿De qué se trata?— cuestionó la reina cada vez más inquieta por tanto secretismo.

Sabiendo que las palabras no podrían englobar todo cuanto él quería decir en ese momento, todo cuanto Naruto hizo fue tenderle el documento a su esposa y ver como Hinata lo extendía entre sus manos y procedía a leer su contenido en tanto él ya comenzaba a imaginarse los pensamientos que inmediatamente comenzarían a rondar su mente y no era para menos. Aunque serio y debidamente formal al momento de reunirse en privado con el rey inglés—en representación de Hinata quien evitaba la política de serle posible—, Naruto por poco y había trastabillado de la impresión al escuchar de boca del rey de Inglaterra que su suegro el rey Pein se había casado en secreto el pasado 19 de Octubre 1505 con lady Konan Tanaka, sobrina del actual rey de Francia. Aparentemente, el rey aragonés parecía haber olvidado prontamente a quien había sido su excelsa esposa. Hinata leyó el documento con el dolor de la conspiración punzándole en el alma, como si una daga filosa le fuera cortando las fibras más ínfimas de carne hasta llegar a su corazón, desgarrándola; una cosa era no esperar nada de su padre en el plano emocional, pero recibir esto no se comparaba con ningún otro dolor…era por ello que le había dicho a Mirai que era fútil e ingenuo en extremo ser leal a su padre, quien a todas luces no lo era con la memoria de su difunta madre ni mucho menos con ellas.

—Vuestro padre se ha casado por poderes en Dueñas— afirmó lord Deidara por si el documento no lo dejaba suficientemente claro.

—Señora mía, Aragón tiene una nueva reina y no sois vos— respaldó Naruto sin apartar la mirada de su esposa. —Pensad en las consecuencias que trae esto, si vuestro padre engendra un varón, os privara a vos y a nuestro hijo Boruto de la corona aragonesa— esto iba más allá de sus intereses, se trataba del porvenir de sus hijos.

—No son nuevas de mi agrado, os lo aseguro— concluyó Hinata en un suspiro, entregando el documento a lord Deidara Amegakure. —Pero, es potestad del rey de Aragón garantizar la paz en sus territorios por los medios que considere oportunos— apenas y podía creérselo pero era lo que se esperaba que dijera como hija.

Era una disculpa apresurada y nada justificada pero que abandonó los labios de Hinata antes de que ella tuviera tiempo para pensar siquiera, pero sí que se reprendió mentalmente por ello aunque defendiendo a su padre cumpliera con su deber de hija, claro que estaba en contra del actuar de su padre pero no podía apuñalarlo por la espalda en respuesta, era su padre y su fallecida madre le había enseñado desde pequeña a Hinata y sus hermanas que agredirse entre familia era un pecado que ni siquiera Dios podría perdonarles, ¿Con qué moral protegería a sus hijos y les enseñaría unidad si se atrevía a cuestionar a su progenitor por esta decisión? Pensando en sus hijos, en especial en Boruto que era su heredero y en Minato quien se hallaba en los reinos de las Españas, Naruto apenas y podía creer las palabras que salían de la boca de Hinata, ¿Cuántas veces la había consolado en momentos de angustia y llanto cuando ella se sentía sola?, ¿Es que iba a continuar siendo absurdamente leal a su padre quien no era para nada leal con ella? Por supuesto que él quería que sus hijos e hijas aprendieran de lealtad y respeto por Hinata y él como sus padres pero existían los límites, él mismo los tenía con su padre el Emperador Minato Namikaze por su actitud en ocasiones distante, ¿Es que Hinata era tan cándida y dulce que no podía atacar aunque su vida dependiera de ello? Por ello la amaba y le frustraba a su vez.

—¿Así defendéis los derechos de nuestro hijo?— cuestionó Naruto haciendo amague de todo su autocontrol para no estallar de furia ante su tozuda lealtad.

—Si pretendéis que me enfrente a mi padre por esto, erráis...— insistió Hinata, esforzándose por mantenerse firme, —por grande que sea mi descontento— agregó no pudiendo desmentir lo que era evidente, que ello la afectaba y muchísimo.

Dicho esto y sujetándose la falda del vestido para no tropezar, Hinata procedió a retirarse de la sala hacia su habitación privada cerrando las puertas tras de sí, y solo en aquella instancia—a solas—dio rienda suelta a su dolor y angustia sollozando desconsoladamente mientras se recostaba sobre la cama y enterraba el rostro contra la almohada. Desearía haber podido disfrutar más de su reencuentro con Mirai pero por Dios que sus alegrías día con día se volvían menores, ¿Cómo es que todo había llegado a este punto? Aunque molesto con la actitud de su esposa, Naruto pudo anticipar que ella ya estaba llorando a solas en su habitación y tuvo el deseo de acudir junto a ella para cuando menos tranquilizarla al saber lo melancólica que podía ponerse por situaciones como esta, pero lord Deidara se lo impidió sujetándolo del brazo y negando en silencio como único consejo. Tenían mayores problemas en que pensar pues si el rey de Aragón llegaba a engendrar un heredero con su flamante y joven esposa, todas las posesiones que por herencia paterna—sean estas la corona de Aragón, sus dominios y por concerniente la unidad de las Españas—le correspondían a lady Hinata como ahora reina de Castilla, le serian arrebatadas y por ende también a su esposo lord Naruto quien ciertamente no iba a quedarse de brazos cruzados…


3 de Marzo de 1506/Abrantes, Portugal

Los meses había pasado rápidamente hasta que se cumplió el periodo del embarazo y en la ciudad de Abrantes, sede del poder ahora que el rey estaba al frente de su campaña militar, nació el cuarto hijo de la reina Sakura quien fue debidamente asistida por las parteras, su físico y doncellas, pero no solo por ellas. Cargando en sus brazos a un nuevo bebé perfectamente sano, lady Emi la hermana del ahora ausente rey Sasuke se acercó a la cama con una deslumbrante sonrisa para su querida cuñada y amiga, ataviada en un elegante vestido amarillo de escote redondo—debajo una enagua beige suave de cuello en V y con largos holanes—, corpiño ceñido a su figura, mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—con bordados ónix en el centro del escote y los nudos que cerraban las mangas así como en el centro del corpiño—donde un recorte de seda beige formaba bordados florales—, y en el dobladillo de la falda que se dividía en dos, una superior y lisa, y una inferior con bordados de rosas, y su largo cabello azabache azulado se encontraba peinado para formar una trenza de tipo cintillo sobre su cabeza y el resto caía como una cascada tras su espalda resaltando un medallón de oro y rubí alrededor de su cuello a juego con unos largos pendientes. Aunque exhausta y cansada por el parto, la reina Sakura se apoyó en el colchón bajo su cuerpo para erguirse y recibir a su nuevo hijo, esbozando una inmediata sonrisa.

—Felicidades, hermana— celebró Emi anticipadamente, sentándose sobre la cama para hacer que ella se esforzara lo menos posible. —Es un niño fuerte y sano— su hermano estaría inmensamente feliz cuando supiera de la buena nueva.

El parto había tomado horas que había parecido eternas al comenzar en plena madrugada y siendo ahora casi medio día, por poco y el leal físico de la reina lord Dan Kato había creído que tendría que intervenir pero cuando todo había parecido perdido la reina había sacado fuerzas de flaqueza y pujado incansablemente hasta que el bebé hubo abandonado su cuerpo para sosiego y alegría de todos. Con la piel aun ligeramente perlada de sudor y haciendo que el cabello se le pegara a los lados del cuello, la reina Sakura portaba su camisón favorito, de seda blanca y escote corazón enmarcado por un margen dorado, anudado en el escote, holgado bajo el busto y de mangas abullonadas, acunando cuidadosamente a su nuevo hijo entre sus brazos y examinándolo con suma devoción cuando su cuñada Emi lo depositó en sus brazos. Hasta ahora y sin importar que Sasuke y ella se escribieran de forma ininterrumpida para palear el tiempo que llevaban separados, Sakura no le había dicho nada de su embarazo para darle la sorpresa si alumbraba un varón, pero ahora confesaba que desearía poder ser un ave o una mosca y poder ver su reacción cuando le llegara su carta que sin falta escribiría dentro de la próxima hora y haría enviar de inmediato. Como había ocurrido con sus hijas Sarada y Mikoto y con su adorado príncipe Itachi, Sakura decidió de inmediato el nombre de su nuevo hijo:

—Se llamara Baru— suspiró inclinándose para besar la coronilla de su pequeño.

—Duque de Beja— asintió Emi más que de acuerdo con el nombre, —ese es el título que le corresponde— aclaró cuando Sakura alzó la mirada hacia ella.

—Además de Infante— agregó la Haruno arqueando una ceja con falsa superioridad.

No hablaba solo del suelo portugués en donde estaban, también por Castilla que ahora era quizás el único lugar del mundo que podía seguir llamando su patria ante los desatinados actos de su padre el rey de Aragón quien había vuelto a casarse…aunque había recibido la noticia estando embarazada, Sakura siempre correcta no había permitido que ello la afectara, mas ahora y acunando a su pequeño Baru en sus brazos, mentiría si dijera que no sintió melancolía y quizás hasta algo de nostalgia por los días pasados, estaba muy comprometida con Sasuke y su campaña en Marruecos pero por Dios que deseaba tenerlo a su lado en ese momento, deseaba que él la besara en la frente y le dijera lo mucho que la amaba, que cargara a su pequeño Baru en sus brazos y que ambos pudieran planear las festividades por venir. La distancia y los días sin Sasuke no podían suplirse con nada, las cartas que le enviaba casi de forma diaria—tenía que contenerse para no escribirle aún más o los mensajeros no darían abasto—no alcanzaban a dimensionar el amor, anhelo y añoranza que sentía por él, pero entendía que él estaba cumpliendo con su deber y que pronto el reencuentro seria dulce y apasionado como antes. El tacto de su adorada cuñada Isabel quien entrelazó una de sus manos con las suyas la devolvió a la realidad, pues aunque extenuada por el parto de su nuevo hijo pronto habría de regresar a sus obligaciones.

Mal que mal ahora ella reinaba en Portugal.


Marruecos, Norte de África

Lejos de su reino se hallaba el rey Sasuke, sumergido en la campaña contra los moros por la conquista de Marruecos que esperaba fuera un baluarte para la cristiandad, y aunque por ahora—tras meses fuera de su patria y lejos de su esposa—dicha campaña parecía haberse estancado, el humor del rey luso respecto de su empresa continuaba siendo positivo, ¿Cómo no serlo si desde su reino discutía y debatía activamente con su esposa quien era toda una estratega militar? Ya acostumbrado al árido y sofocante clima, el rey portugués vestía una holgada camisa blanca de cuello redondo y mangas ceñidas a las muñecas bajo un ligero jubón verde oliva estampado en el emblema de la familia Viseu, con mangas acampanadas sobre unas inferiores y ceñidas color ladrillo al igual que el cuello inferior y en V del jubón, con largo faldón hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero de igual color que la coraza de metal oscuro que cubría su pecho, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. Apenas el mensajero le hubo hecho entrega de un sobre cerrado con la firma de su esposa, el rey Sasuke se retiró a su tienda por un momento para poder leer en privado todo aquello que su amada tuviera a bien transmitirle, rompiendo el sello de lacre y desdoblando rápidamente el documento:

Mi señor y muy amado esposo, leer esa primera frase fue un dulce bálsamo para Sasuke como en cada carta que recibía de su hermosa esposa; largos son los días para mi desde vuestra partida, pero hoy os he escrito para daros una noticia que guarde solo para mí en los últimos meses de vuestra ausencia, el rey luso frunció el ceño pensativamente al leer esa frase, mas nada pudo haberlo preparado para la revelación por venir. Tenemos un nuevo hijo, nuestra última noche juntos dio fruto gracias a Dios, aunque mucho había orado porque ello fuera posible, Sasuke había acabado por conformarse con el pasar de los meses pero leer lo contrario hizo que su corazón latiera vertiginosamente a causa de la emoción. Es un niño fuerte y sano que he nombrado Baru en vuestra ausencia, y su vida me ha permitido soportar cuán lejos os hayáis de mí, sentía más añoranza que nunca por Sakura, desearía poder estar a su lado para besarla, abrazarla y decirle lo mucho que la amaba mas sabía que por ahora una carta suya debería ser suficiente al no poder acudir junto a ella. Las noches son eternas, pero los asuntos de estado se han convertido en un refugio para mi atormentado corazón; apenas duermo y cuando lo hago solo veo vuestro rostro, anhelando sentiros junto a mí, el sentir era mutuo pues no había una sola noche en que Sasuke no soñara con estar junto a Sakura y no separarse otra vez.

Sé que pasáis por un momento difícil, pero confiad en mí y en que escribiré al santo padre solicitando su ayuda para vuestra cruzada, aunque había ocurrido uno que otro revés en su soñada conquista de Marruecos, Sasuke podía respirar tranquilo sabiendo que tenía a su mayor apoyo y aliada en su reino velando porque nada le faltara para su empresa militar, y la carta de Sakura había venido a confirmar lo que él ya sabía, prometiendo interceder en su nombre ante el propio Pontífice en Roma. Siempre vuestra, Sakura; trazó la firma de su esposa cuidadosamente con uno de sus dedos, imaginando su dulce voz susurrándole al oído mientras leía y releía el documento, aunque sintió ira por un breve instante porque su esposa no le hubiera compartido la feliz noticia de su embarazo tras su partida, mas la ira se desvaneció al instante por la buena nueva de que el trono portugués tenía un nuevo y sano heredero, y él un nuevo hijo que conocería al regresar a su reino. Aunque esta campaña era necesaria para solidificar su poder militar y adquirir una victoria poderosa que amedrentara a sus enemigos exteriores, Sasuke estaba sudando emocionalmente la gota a gorda, añoraba a su esposa todo el tiempo y se juraba no volver a ir al campo de batalla con tal de no alejarse siquiera media jornada de ella, pero primero tenía que terminar exitosamente la conquista de Marruecos y entonces volvería victorioso junto a ella…


Abrantes, Portugal

Con la ciudad de Abrantes como nueva sede del poder ante la ausencia del rey y ante cualquier posible amenaza, la reina Sakura volvió a ejercer la autoridad y gobernar en nombre de su esposo apenas se hubo recuperado del parto, debatiendo en privado con los miembros del Consejo en el salón del trono. Sentada sobre su trono, la reina Sakura portaba un elegante vestido de seda carmín estampado en hojas rojo opaco, de escote cuadrado—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado que formaba cortas hombreras—con el contorno del escote de color dorado, mangas abullonadas que se ceñían en las muñecas, corsé estrecho y falda de una sola capa, con sus largos rizos rosados pulcramente recogidos tras su nuca y formando una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla. Alrededor de su cuello y hasta reposar sobre su escote se hallaba un elegante collar de perlas de dos vueltas y de cada lateral de sus hileras pendía una letra S hecha de oro como pequeños dijes, la inicial de su nombre y la de Sasuke, y que usaba sin falta desde la ausencia de su esposo, y a juego con un par de pendientes de oro en forma de rosa de la que pendían dos lágrimas de perla. Como Regente, una de las actividades predilectas de la reina Sakura era regir los monopolios de las rutas comerciales marítimas hacia el Océano Índico y el Golfo Pérsico, cortesía de lord Han Iwagakure, con quien mantenía una activa correspondencia.

—El turco nos desafía con cada nuevo ataque— estableció lord Suigetsu Hosuki mientras la reina se tomaba el mentón con expresión pensativa. —¿Hasta cuanto alimentaremos con oro y hombres su soberbia?— era frustrante tener enemigos tan perniciosos como los turcos.

—¿Los moros continúan sumándose a sus filas?— preguntó la reina Sakura, escuchándolos pero cavilando profundamente en ello.

—A ellos también se han unido ciertos judíos que abandonaron Portugal en su día— asintió lord Shikamaru Nara, suspirando pesadamente para sí. —Demuestran ser más fieles al enemigo que a su rey— no estaba a favor de sancionar a moros, judíos ni infieles pero por Dios que era desleales en momentos como este.

—No podemos permitir que se siembre la semilla de la insurrección en nuestros dominios— protestó la reina Haruno no deseando enjuiciar a sus súbditos solo por sus creencias. —Tenemos una armada capaz de igual al turco, ¿por qué no la usamos?— los portugueses eran expertos en el mar hasta donde sabia.

—Alteza, nuestros tercios son dignos de su fama, pero no podemos dejar expuestas nuestras costas— difirió lord Neji Hyuga eligiendo mantener la prudencia, —¿Cuánto tomaría al turco desviar sus fuerzas hacia aquí y atacar?— preguntó instando el buen juicio de su siempre lucida y sensible reina.

Completamente de acuerdo con las palabras de lord Neji, la reina Sakura se decidió a continuar cavilando en estos asuntos apenas tuviera tiempo en privado para sí misma pues no era algo que pudiera acordarse en un día; la situación política de Portugal era estable pero sí que en el último tiempo las comunidades judías y moras en el reino estaban inquietas, muchos se había acercado a ella para pedir su ayuda pero las tensiones continuaban con motivo de la ausencia del rey. Ojala y toda la rutina de Sakura como Regente de Portugal involucrara liderar desde lejos la campaña de su esposo, escribir al Papa, comunicarse con su hermana Hinata quien según sabia ya había emprendido su viaje de Flandes a Castilla, hacerse cargo de la caridad y mantener correspondencia con su leal Han Iwagakure…pero no, tan pronto como Sasuke había emprendido su campaña sobre Marruecos, el turco había lanzado a la mar una flota amenazando desde lejos las fronteras marítimas de Portugal, manteniendo una distancia prudente pero atenazando sobre la recientemente recuperada reina lusa quien mentiría si dijera que se sentía completamente repuesta del parto de su cuarto hijo, pero hela ahí asistiendo los asuntos del reino. Tratando de pensar en que haría su guerrera madre la fallecida reina Seina, Sakura recorrió con la mirada a los presentes miembros del Consejo en busca de ideas:

—¿Qué estrategia podemos planear en estas condiciones? Nunca sabemos dónde atacaran— cuestionó Sakura observando a los presentes que parecían tan acorralados como ella misma. —He escrito al Papa, pidiendo ayuda para la empresa del rey pero aún no ha contestado— anunció viendo asentir a sus aliados y consejeros ante su actuar. —Serían necesarios muchos hombres y barcos para mantener a raya al turco— meditó en voz alta sintiéndose inquieta, —pero me niego a quedarme sin hacer nada…— se irguió del trono para moverse y pensar mejor pero tuvo que sujetarse del mismo sintiendo que todo le daba vueltas.

—¿Estáis bien, Alteza?— consultó lord Idate Morino acercándose velozmente a ella.

—No deberíais haberos levantado tan pronto, apenas hace una semana que habéis parido— regaño ligeramente lord Shikamaru quien tenía a su esposa sirviendo como doncella y camarera de su reina.

—Fue solo un mareo, ya estoy mejor— protestó la Haruno, irguiéndose siempre digna.

Agradeciendo como siempre la preocupación de su leal amigo y embajador lord Idate Morino, Sakura le dirigió una ligera sonrisa, quizás un tanto más afectuosa que la que a posteriori dirigió a los demás miembros del Consejo invitándolos a continuar su acalorado debate en tanto ella procedía a pasearse por la habitación para pensar mejor, acompañada por el señor Morino quien le ofreció su brazo al caminar en caso de que sintiera otro mareo. Por ahora la mayor preocupación que los atañía políticamente no era solo la campaña del rey en Marruecos y África sino devolver al turco a Constantinopla propinándole una derrota o cuando menos ganar tiempo. Ojala Sakura pudiera dedicar tiempo a sus dolencias, a lo extenuada que aún se sentía de su último embarazo, tanto que le temblaban las piernas al caminar; la verdadera amenaza con que lidiar por ahora era el turco y no tanto la herejía en su reino por parte de judíos y moros, ella quería unificar a sus súbditos, no ahondar en sus almas ni en sus creencias pues Dios había que ella no era tan intransigente como su fallecida madre la reina Seina, ni severa como su padre el rey Pein o muchos otros reyes de Europa. En su infancia había leído una traducción del Corán musulmán y leído parte de la Tora judía, era tolerante respecto a la religión y como tal velaría por sus súbditos.

Trataría de dialogar con el Papa para auxiliar a su esposo.


Marruecos, África

Sintiendo el calor del inclemente sol africano, el rey Sasuke recorrió su campamento en compañía de su cuñado lord Arsen y su leal secretario y mano derecha Kimimaro Otogakure, observando a sus hombres y dialogando con ellos en su camino para estudiar su moral tras la última carta que le había llegado de Portugal días atrás. El contexto de la guerra era positivo pues el pueblo marroquí estaba recibiendo venturosamente a los portugueses ya que el Sultan mameluco Darui veía disminuido su poder ante los ataques de los lusos sobre el Mar Rojo, la pérdida de sus derechos de peajes y de tráfico, y el sometimiento de La Meca y su puerto; para los marroquíes, los portugueses simbolizaban una esperanza ahora que su Sultan caía en desgracia. El Sultan Darui había enviado a monjes de la Iglesia del Santo Sepulcro como enviados a Roma para amenazar al Papa, que de no amonestar al rey Sasuke Uchiha, destruiría todos los santos lugares cristianos. Sasuke disponía de hombres para llevar a cabo una contraofensiva pero precisaba de apoyo católico desde Roma para proteger los lugares santos de su fe, y a ello debía sumar que los gobernantes de Gujarat, Yemen y el Sultan de Egipto pretendían unir sus fuerzas, por lo que necesitaba tomar Marruecos y África pronto o sus enemigos se multiplicarían velozmente.

—¿Algún avance, señores?— preguntó Sasuke a su cuñado quien estaba al mando de sus fuerzas militares por debajo suyo.

—De momento no, Alteza— negó Arsen con pesar pues continuaban estancados.

—Llevamos meses aquí— suspiró el Uchiha deteniéndose y volteando a ver a su cuñado así como el ambiente que los rodeaba, —¿No ha habido contestación a nuestras misivas a Roma?— preguntó esta vez a su leal secretario.

—Temo que no señor— también negó Kimimaro, apesadumbrado por ello.

No quería dar por perdida la campaña que hasta ahora había resultado exitosamente, conquistando parte por parte de África para Portugal de modo que ningún otro rey había hecho antes de él, menos cuando por su parte su amada esposa tenía sus propios problemas con los que lidiar en su reino, pero tenía grandes preocupaciones que enfrentar en el frente de guerra y no se trataba de la moral de sus hombres quienes por cierto apenas y emitían queja pese al lento pasar de los meses. La principal preocupación del rey Sasuke era la instalación de una flota en el Mar Rojo, parecía ser turca, y al ser de sus enemigos los musulmanes podrían proteger las rutas marítimas de los marroquíes de los ataques portugueses retrasando o neutralizando cualquier posible avanzada de los lusos. Como prueba la ciudad de Jeddah se había fortificado como un puerto de resguardo para Arabia y el Mar Rojo también se había protegido; se trataba de una flota de cincuenta buques cortesía del Sultan mameluco Darui, pero afortunadamente los mamelucos no tenían experiencia en el mar y los portugueses sí. Justo cuando el rey Sasuke se hallaba sumergido en sus pensamientos y estudiando concienzudamente la situación, escuchó a lo lejos los gritos de alguien que se acercaba, volviendo el rostro para ver a lo lejos como el joven mensajero se acercaba a toda velocidad hacia él.

—¡Alteza!— gritó el mensajero corriendo hacia su rey, mas siendo frenado por el cuñado de este, Arsen. —Perdonadme— se disculpó el joven de cuando mucho veinte años. —Ha llegado una carta para vos— informó buscando apresuradamente en su morral el nombrado documento.

—¿De la corte?— supuso el rey Sasuke, esperando que se tratara de su esposa.

—No, señor, de Roma— negó el joven para incredulidad de todos, entregándole el sobre cerrado a su rey.

Aunque mucho había esperado tal noticia, Sasuke apenas y la creyó hasta que leyó la firma del sobre cerrado y contempló el lacre con el sello de Roma que no tardó en romper al abrir y desdoblar el documento. El actual Pontífice era un hombre juicioso con experiencia política y militar, mecenas de artistas, teólogos, filosos y toda clase de eruditos, un Papa más maleable o fácil de entender que su predecesor. En la carta, el Papa engloba los problemas en Romaña, Perusa y Bolonia, y comparaba la guerra por la fe con su campaña de Marruecos y África, prometiéndole que una flota de naves y ejércitos eclesiásticos se dirigía en su auxilio para someter al infiel y lograr la victoria. Sonriendo para sí de incredulidad, el primer pensamiento de Sasuke fue para su adorada esposa Sakura quien tanto había porfiado por interceder ante el Papa en su nombre y en el de Portugal desde hace meses, y por lo mismo es que a diario se encontraba pensando, ¿Qué Regente era su esposa si no podía tomar decisiones? Le había dado poder y libre albedrió de proceder sobre su reino en su ausencia y sin embargo en casi todas sus cartas ella siempre le escribía de las problemáticas presentes y pedía su opinión, ¿Es que podía existir mejor esposa y reina sobre la tierra cristiana?

—Señores— suspiró Sasuke alzando la mirada hacia su cuñado, su secretario y los soldados que lo rodeaban, —nuestros problemas acaban de terminar, dad gracias a la reina— declaró únicamente pues en ese momento sobraban las palabras.

Sakura era una mujer persistente y admirable por su sola voluntad, Sasuke bien lo sabía desde antes de haberse casado con ella pero era en momentos como ahora que más celebraba la maravillosa mujer que Dios había destinado a su lado, y a quien el rey luso confiaba sus reinos, a sus consejeros, su poder y a su señora madre quien se hallaba mal de salud en el último tiempo. Las palabras sobraban en momentos así pues todos los presentes—en especial los soldados que tenían a su dulce reina en sus oraciones, conociendo sobradamente su bondad, tolerancia y caridad para con todos—sabían que la reina llevaba meses insistiendo en interceder ante su santidad el Papa, por lo que nada más escuchar aquellas palabras de su rey todos los presentes procedieron a gritar de júbilo y abrazarse eufóricamente entre sí, olvidándose completamente de rangos, títulos o privilegios, llenos de esperanza a más no poder y sabiendo que con Dios de su lado pronto la campaña finalizaría y ellos regresarían a Portugal con sus esposas, hijos y familias, y más victoriosos de lo que habían sido quienes los habían precedido. Deseaba que, en Portugal, su amada Sakura pudiera festejar y disfrutar por esta feliz noticia tanto como él, y de no hacerlo él la instaría a ello en su próxima carta, abandonando respetuosamente la dicha y el júbilo entre sus hombres para retirarse a su tienda y escribir cuanto antes a su hermoso ángel…


Abrantes, Portugal

Nada más recibir contestación de sus suplicas por parte del Papa, Sakura también hubo recibido un sobre proveniente de Marruecos y firmado por su esposo el rey Sasuke, pero esperó a abrirlo y leerlo en presencia de los leales Consejeros de su señor el rey y que ahora tanto le servían a ella. Aunque fatigada en extremo por el parto pese al paso de los días, sintiéndose débil y viéndose algo pálida por lo mismo, la reina Sakura se apersonó en el salón del trono siendo reverenciada por los nobles consejeros de su esposo, ataviada en un bello vestido celeste grisáceo—debajo una enagua blanca de cuello en V y mangas ceñidas en las muñecas—de escote cuadrado con un corte en V y hombreras azules, mangas acampanadas que llegaban a cubrirle las manos y falda de una sola capa, con el contorno del escote, los hombros y el dobladillo de las mangas bordados de perlas, y su largo cabello rosado pulcramente recogido tras su nuca y peinado en una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla, resaltando el collar de dos vueltas de perlas que caía sobre su escote con dos letras S, y los pendientes de plata y zafiro en forma de lagrima que brillaban contra la luz. Cuando parecía que sus consejeros no podían esperar más, la reina Sakura abrió el sobre, desdobló y leyó el documento y luego procedió a entregárselos a quienes tan noblemente le servían.

—Dios ha sido generoso con nos, el Papa ha enviado hombres para la campaña de Marruecos— anunció mientras los sorprendidos y felices presentes se pasaban entre si el documento, —y los genoveses una pequeña flota, pero que habrá de bastar— toda ayuda era bienvenida, aunque ella fingiera superioridad con su tono majestuoso.

—Mucho hemos de agradecer— asintió lord Shikamaru Nara, completamente de acuerdo y divertido ante el buen humor de su reina.

Lidiando con los turcos en sus fronteras, y quienes en el último tiempo parecían replegarse por cierto, los portugueses agradecían como el que más tanto la ayuda del Pontífice como la de los genoveses que ahora devolvían la ayuda que los lusos les habían prestado en años pasados; cierto era que había motivos para celebrar pero el ambiente no estaba para ello, todos deseaban y buscaban que el reino se mantuviera sereno y estable en ausencia de su rey, y lo haría. Ya habría tiempo para festividades una vez que el rey Sasuke regresara y eso todos lo sabían, partiendo por su esposa la reina Sakura, aunque no era ninguna mentira que no eran pocas las ganas de celebrar. Sonriendo para sí, ya habiéndole escrito una carta a su amado señor el rey para felicitarlo y desearle lo mejor en su campaña que ahora contaba con la aprobación del vicario de Cristo en la tierra, la reina Sakura compartió la alegría de sus súbditos y leales consejeros…pero apenas esbozó esa sonrisa sintió como todo a su alrededor le daba vueltas, tanto que tuvo que dar un paso atrás para encontrar apoyo, trastabillando. Viendo palidecer a su reina—de quien siempre estaba al pendiente—como ya la había visto hacer días atrás, lord Idate Morino de inmediato dio un paso al frente para auxiliarla, incluso más rápido que cualquiera de los presentes.

—Alteza, ¿os encontráis bien?— consultó de inmediato el embajador Morino, viendo asentir torpemente a su reina quien apenas un instante después se desvaneció en sus brazos. —¡Avisad al físico, rápido!— instó a los presentes, envolviendo sus brazos alrededor de su reina para cargarla y sacarla de la habitación cuanto antes.

Nadie dijo ni preguntó nada, simplemente todos los presentes se reservaron a asentir y lord Shikamaru personalmente se retiró para buscar al físico de la reina en tanto el embajador Morino emprendía rumbo por los pasillos hacia los aposentos de su reina a quien cagaba en brazos, orando porque Dios mediante este desmayo no se tratara de nada grave…apenas la reina se hubo hallado en sus aposentos, su físico lord Dan Kato se presentó en su habitación privada para examinarla. Desgraciadamente el tiempo comenzó a pasar y de la habitación privada de la reina emergían sus doncellas y algunas sirvientas cargando cuencos con sangre; era una práctica común que ante un malestar recurrente o pernicioso, se hicieran cortes en ciertas áreas del cuerpo del paciente para provocar sangrado, que se creía extraía los humores malignos del o la afectada—en este caso la reina—, aunque lord Idate Morino no creía que eso fuera a ayudar a su reina. Naturalmente las noticias pronto se esparcieron, los pasillos del Castelo de Abrantes parecían pólvora dentro de un arcabuz, corriendo velozmente y murmurando entre sí, y en nada resulto extraño para el embajador Morino, sentado en la sala de recepción de los aposentos de su reina, que pronto se presentara en la estancia fray Jugo Otogakure, capellán y mano derecha de la reina.

—¿Cómo se encuentra la reina?— preguntó fray Jugo observando las puertas cerradas de la habitación de su soberana

—Ya la han sangrado varias veces, pero la calentura persiste— contestó lord Idate con tono y expresión angustiada, sosteniendo un rosario entre sus manos. —El físico concluye que su ultimo embarazo fue demasiado para su salud— cuatro hijos seguidos era un logro, pero también una maldición por lo visto. —Sé que es traición, pero ¿Qué haremos si muere la reina?— nadie quería decirlo pero había que pensar en ello.

—Quiera Dios que no, por el bien del reino— refutó de inmediato el Otogakure, no queriendo imaginar tal futuro siendo su reina tan joven. —Siendo el príncipe Itachi tan niño, ¿en manos de quien caería la regencia?— en lord Kagen Uchiha cuya lealtad apenas ahora era cosa segura. —¿Deberíamos informar al rey de esto?— preguntó al aire, no pudiendo ni queriendo decidir tal cosa por su cuenta.

—Esperemos a ver si el nuevo día nos trae un milagro— aconsejó el Morino, negándose a perder la esperanza, —la reina no querría ser responsable de que tan gloriosa cruzada se vea interrumpida— no ahora que tenían motivos para celebrar.

Sometiéndose a lo que seguramente aprobaría su reina, fray Jugo Otogakure procedió a realizar en el aire la señal de la cruz para proceder a rezar por el bien de su joven reina, ¿Dios realmente podía llevársela? ¡Solo tenía veintidós años! Pero cuatro hijos sanos que habían nacido en rápida sucesión entre sí, apenas y se llevaban un año cada uno cuando muchas otras reinas de Europa morían alumbrando tan siquiera a su primogénito o primogénita. Si de lord Idate dependiera, él inmediatamente informaría a su señor el rey y lo instaría a regresar, sabía que su presencia junto a la reina Sakura podría obra el milagro de recuperarla; pero no podían pedirle semejante cosa a su rey quien se hallaba guerreando en Marruecos y África por el bien de Portugal, ¿No traicionarían acaso los deseos de su reina que tanto empeño había puesto en esta empresa? La reina Sakura no querría que por su frágil salud—asociada a su talle esbelto, piel blanca y aspecto delicado—se viera interrumpida la gloriosa empresa sobre África y Marruecos, más ahora que el Santo Padre había dado no solo su aprobación sino también su apoyo militar. Aunque deseara abrir las puertas de la habitación privada y ver con sus propios ojos como se hallaba su reina, en ese momento lord Idate se reservó a orar devotamente porque Dios no la apartara de ellos ahora que más la necesitan tanto sus súbditos como sus propios hijos.

De cualquier forma tenían que esperar.


Desgraciadamente para todos en la corte portuguesa, la salud de la reina no mejoró en su primer día, ni tampoco al segundo, la fiebre se había adueñado de ella de tal modo que deliraba sobre su lecho, asistida por su amiga y cuñada lady Emi, pero no solo por ella sino por su leal Idate Morino quien apenas y se despegaba de su lado, no llegando a dormir siquiera, reemplazando a lady Emi cada vez que le era posible. Pálida, ojerosa ante la fiebre que no le daba tregua, con las mejillas sonrosadas por lo mismo y con la piel perlada de sudor, la reina Sakura se removía sobre su cama mientras lord Idate le secaba el sudor de la frente con un lienzo húmedo. Portaba un holgado camisón blanco de cuello alto y redondo decorado con encaje y mangas ceñidas en las muñecas que finalizaban en holanes, con sus largos rizos rosados cayendo desordenadamente bajo su cuerpo y sobre la almohada bajo su cabeza como un halo; aun enferma y delirante se veía como la mujer más hermosa sobre la tierra para su leal Idate Morino que se inclinó para besarla en la frente, sintiendo como aún ardía en fiebre. Era una suerte que en ese momento se hallara solo o su comportamiento seria visto como impropio, pero lady Emi se había retirado por unas horas para velar por los Infantes Itachi, Sarada, Mikoto y Baru ahora que la reina estaba postrada en cama.

—Nos os dejéis vencer por la enfermedad, Alteza, luchad— rogó lord Idate sosteniendo las manos de su reina entre las suyas. —Os necesitamos— no solo él, sus hijos, su rey, sus súbditos y su reino, todos la necesitaban.

—Sasuke…— murmuró Sakura en medio de la fiebre, deseando desesperadamente que su esposo estuviera a su lado.

Idate sabía que cometía un pecado mortal pero lentamente y desde la primera vez en que la había visto se había dado cuenta que su corazón se había embelesado con su hermosa reina, la amaba con toda su alma y corazón, toda ella; su belleza, su fiereza, fortaleza, inteligencia, prudencia y determinación. Su devoción y lealtad por ella eran infinitas pues venían del amor que sentía por ella pese a saber que nunca seria correspondido en sus sentimientos, y no tenía por qué desearlo siquiera. ¿Cómo tapar el sol con un dedo? Se preguntó Idate observando a su reina, sufriente y en cama. Cargado de miedo y angustia, elevando sus oraciones al altísimo, Idate se prometió que si su amada reina sobrevivía a esta enfermedad, él jamás le confesaría sus sentimientos, se llevaría su amor a la tumba y le serviría fielmente cada día de su vida, e incluso en la muerte la seguiría para velar por ella. Lady Emi regresó prontamente junto a la reina Sakura y continúo atendiéndola, pero ni aun así lord Idate se apartó de su soberana, orando porque al día siguiente estuviera bien. El nuevo día inició en cuanto el sol emergió en el horizonte, iluminando el rostro de Sakura quien cerró los ojos ante la sensación y lentamente abrió los ojos, viendo a lord Idate dormido y sentado cerca de la puerta, y en paralelo su cuñada Emi se hallaba sentada a su diestra, apoyada en uno de sus brazos en una incómoda posición.

—Emi— llamó Sakura con la voz ronca, despertando a su cuñada en el acto.

—Hermana— saludó la Uchiha, espabilándose lo más rápido posible, —¿Estáis bien?— preguntó viendo asentir a Sakura y palpándole la frente con el dorso de su mano. —Traeré al físico— decidió, sonriente al advertir que la fiebre había pasado. — Quedaos con ella por favor— solicitó a lord Idate quien acababa de despertar.

Lady Emi no necesitaba decirlo dos veces, pues apenas pronunció aquellas palabras y procedió a abandonar velozmente la habitación en busca del físico, lord Idate Morino se levantó velozmente de la silla en que había estado durmiendo al costado de las puertas de la habitación—pues desde ahí tenía una vista directa de la cama y del sueño de la reina Sakura a la par que mantenía la distancia—, y peinándose torpemente el cabello al imaginar el aspecto que tendría por quedarse dormido, el Morino se aproximó a la cama viendo a su bella reina sonreír ligeramente. Seguía viéndose pálida y cansada, pero ahora sus mejillas tenían un sonrojo natural, sus ojeras ya no estaban, lucia descansada y su piel ya no brillaba por el sudor sino que se mostraba lozana como siempre, indudablemente hermosa a sus ojos. Divertida por la actitud de su leal lord Idate a quien nunca había visto apenas despuntaba el alba, con la ropa arrugada y un tanto desabrochada por la posición en que había estado durmiendo, Sakura se alegró porque él y su querida cuñada Isabel fueran los primeros rostros que veía al abrir los ojos, desearía que Sasuke estuviera a su lado y pudiera abrazarlo pero haber soñado días enteros con él en medio de sus delirios le habría brindado algo de sosiego y le había permitido descansar, aunque detestaba estar en enferma.

—Señor Morino— reconoció Sakura, carraspeando para aclararse la garganta, —no debisteis aceptar servir a señora tan enfermiza, no os causo más que sobresaltos y malestares— suspiró, reprendiéndose a si misma y su débil salud.

—Una y mil veces volvería a hacerlo, Alteza— aseguró Idate sin apartar la mirada de su reina.

Desde pequeña en Castilla y aunque muchas veces callaba sus dolencias para cumplir con su deber, con lo que se esperaba de ella primero como Infanta de las Españas y ahora como Reina de Portugal, Sakura detestaba estar enferma o postrada en cama, le gustaba sentirse útil y no ser una carga para los demás, mucho menos si ello involucraba que la cuidaran, pero su querido amigo lord Idate Morino la hacía sentir infinitamente tranquila ante la dulce y amable sonrisa que le dirigió mientras la contemplaba con aquel respeto y devoción que ella tanto apreciaba de él. Era tan difícil encontrar en la vida a un amigo de verdad, alguien que fuera de la sucia y corrupta política supiera lo que era la lealtad real, el respeto y la admiración, y Sakura agradecía en el alma haber encontrado a alguien que la escuchara y entendiera fuera de su amante esposo el rey Sasuke, y en consecuencia se prometía con toda el alma cuidar de dicha amistad que en ocasiones—como ahora—sentía no merecer. Idate se sentía más pleno que nunca, pues así como Dios había escuchado su oración, él cumpliría con la promesa que le había hecho a su soberana en medio de la desesperación por temer perderla; se llevaría a la tumba sus sentimientos de amor por ella, le serviría hasta la muerte de forma incondicional y sin importar los obstáculos que pudieran presentarse en el camino, por Dios que lo haría…


Tras haber dejado pasar los días prudenciales para que su reina se recuperara lo suficiente, se volvieron a tratar los asuntos de estado aunque de forma distinta ya que su soberana aún se hallaba en cama pero despachando como siempre y los miembros del Consejo Real se reunían en privado en el salón el trono para discutir que manifestarle a su reina. Fue una sorpresa que en medio de su debate se abrieran las puertas y la reina Sakura se presentara en el salón, majestuosa como siempre al portar un elegante vestido de seda aguamarina—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—con finos bordados plateados, de escote cuadrado ceñido a su esbelta figura por un ajustado corsé, falda de una sola capa y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, con sus largos rizos rosados recogidos tras su nuca y peinados en una trenza de tipo cintillo adornada por un broche en forma de rosa con un diamante en el centro y de la que pendía una lagrima de perla a juego con unos pendientes de oro en forma de corazón decorados por lágrimas de perlas, y alrededor de su cuello reposaba un collar de perlas de dos vueltas con dos letras S hechas de oro. Tras haber pasado unos prudentes cuatro días de reposo en cama y que le habían resultado tanto reparadores como revitalizantes, Sakura volvía al siempre activo juego de la política, aunque era evidente que sus Consejeros no esperaban que volviera tan pronto.

—Alteza— todos los presentes reverenciaron a su reina visiblemente sorprendidos.

—¿Por qué os habéis levantado tan pronto?— cuestiono lord Idate Morino siempre preocupado por ella.

—Las fiebres os ha dejado muy débil— respaldó lord Shikamaru como cabeza del Consejo.

—He desatendido mis obligaciones por demasiado tiempo— menospreció la reina Sakura siempre práctica, —he de cumplir con mi deber— su esposo contaba con ello y no quería decepcionarlo en forma alguna.

Ya fuera en cama, inactiva o enferma, una reina todo tipo de deberes y Sakur se caracterizaba por ser una mujer que disfrutaba de entregarse a sus responsabilidades, prueba de ello es que apenas el día de ayer—aun en cama y apenas convaleciente—había tenido que firmar una cedula emitida por deseos de su señor y esposo el rey, quien había decidido sancionar al municipio de Lisboa ante una matanza de judíos que había sucedido en la capital del reino; claro que el rey Sasuke no sabía que su esposa la reina no se había enterado de tal acontecimiento por estar en cama lidiando con la fiebre, pero como buena esposa Sakura se relegaba a cumplir su voluntad como su reina e igual. Aunque a ello se sumaba la grata responsabilidad de nombrar a don Atsui Kumogakure como el primer virrey de la India por sus servicios a la corona portuguesa y para darle control en el Océano Indico, una decisión que la reina había tomado en colaboración con su esposo el rey Sasuke. La fiebre se había desvanecido tan rápidamente como la había azorado y ahora se sentía fuerte y capaz de lidiar con todo, pasando su mirada por sus sorprendidos y admirados Consejeros que asintieron ante su buen humor, entre ellos lord Idate Morino a quien la reina Sakura vio sostener entre sus manos un sobre con el sello de Castilla pero que se hallaba abierto; claramente todos habían esperado que ella siguiera en cama por más tiempo.

—¿Es para mí?— supuso la reina Haruno alzando una de sus manos y esperando que se le entregara aquel documento.

—Sí, Alteza, de vuestra hermana la reina Juana— contestó lord Idate entregándole el sobre a su soberana y quien procedió a leer la carta cuanto antes. —Según fuimos informados, ella y su esposo encallaron en las costas de Inglaterra y fueron recibidos por el rey Genma Shiranui— relató siendo respaldado por los demás presentes.

—Sin embargo…no veo una sola mención a mi hermana Mirai en la carta— observó Sakura tras leer rápidamente el documento. —¿Acaso ambas no se encontraron?— cuestionó observando a sus consejeros.

—Aparentemente vuestra hermana no goza del favor real, y quizás no pudieron hablar como hubieran deseado— justifico lord Neji en defensa de la falta de información en la misiva, —pero tememos no poder saberlo, Alteza— no tenían ojos en Inglaterra como para saberlo con toda seguridad.

Aunque sí que desearía tener espías en la corte inglesa, la reina Sakura se reservó a asentir en silencio mientras se llevaba pensativamente una mano al mentón al releer la carta y estudiarla en profundidad. Lo primero que pudo concluir del documento es que Hinata se mostraba tan lucida como siempre, relatándole acontecimientos de la corte inglesa, sobre su "futuro cuñado" el príncipe Kiba—"futuro" porque la posición de su hermana Mirai era cada día más insegura en Inglaterra—, sobre el padre de este el rey Genma Shiranui y por supuesto sobre el esposo de la ahora reina de Castilla, el archiduque Naruto quien daba señales de querer usurpar el poder de su esposa y reina. En la carta también le comentaba la noticia de que su padre el rey Pein se había casado en secreto con Konan Tanaka, sobrina del rey de Francia, pero Sakura ya estaba informada de ello por su leal amigo lord Idate Morino…y sí que hervía de ira por dentro de solo pensar en la traición de su padre para con la memoria de su madre, pero por las palabras de su hermana también entendía que su padre el rey de Aragón había logrado mantener desinformada de ello a Hinata y a su esposo Naruto quienes solo se habían enterado de ello al ser recibidos por el rey inglés. Estas maquinaciones e intrigas la ponían nerviosa, mas por el final de la carta su hermana estaba próxima proclamarse reina propietaria de Castilla y ello la tranquilizaba.

—Hinata dice que por fin ha llegado a Castilla y que habría de ser jurada reina en las próximas semanas— leyó la reina Sakura en voz alta, —si así lo quiere Dios y mi cuñado, o los buitres de la corte no dicen lo contrario— agregó para si doblando el documento y regresándolo a las manos del señor Morino. —Pase lo que tenga que pasar, Portugal permanecerá neutral— decretó pensando como reina de Portugal que era su deber, —yo me encargare de tratar con mi hermana o mi cuñado, o con mi propio padre si hace falta— era su deber como hija de las Españas y como esposa del rey Sasuke.

Completamente de acuerdo con la forma de pensar de su justa y prudente reina, cuyos actos siempre iban orientados en pro al bien de Portugal sin excepción, los miembros del Consejo se observaron entre sí y a la reina Sakura quien agradeció su respaldo con una ligera pero amable sonrisa. De ser por ella en ese preciso instante emprendería un ataque o cuando menos una medida preventiva contra su padre el rey de Aragón por la telaraña de influencias que estaba entretejiendo alrededor de Hinata, pero no solo él sino que también lo hacía su cuñado el archiduque Naruto cuya ambición estaba probado ser perniciosa y estúpida, pues como extranjero en tierra castellana, ¿Acaso creía que alguien le sería más leal y amable que la propia Hinata? Grande probaría ser el resultado de sus inverosímiles orquestaciones políticas si no tenía un suelo al cual asirse, y en este caso ese suelo era su esposa la única y legitima reina de Castilla. Desgraciadamente, y tenía que recordárselo a cada oportunidad para no olvidar su foco de lealtad y lo que se esperaba de ella, Sakura ya no podía considerarse únicamente hija de las Españas pues antes que Infanta de Castilla era ahora reina de Portugal, y como tal su mayor prioridad seria el bienestar de la corona lusa y por encima de todo permanecer neutral a menos que su reino decretara lo contrario.

O en este caso, hasta que su sentir de hermana le dijera lo contrario.


Valladolid, Castilla/12 de Julio de 1506

Escuchando como se abrían las puertas de sus aposentos, Hinata despidió a sus doncellas con una mirada por el rabillo del ojo, ya las llamaría cuando decidiera desvestirse pero ahora que su esposo y ella estaban a solas requería hablar cuando menos unos momentos. Aun portaba los usares de coronación al ser jurada por las cortes de Valladolid, un vestido de seda carmesí con bordados dorados que se ceñía bajo el busto ante sus ya cuatro meses de embarazo, con mangas dobles; unas inferiores que se ceñían a las muñecas con bordes dorados y otras superiores repletas de bordados dorados, abiertas desde las hombreras y acampanadas, y sobre el vestido una especie de coraza falsa hecha de seda, de escote cuadrado con un margen vertical dorado hasta el final de la misma a la altura de los muslos y sobre su largo cabello azul oscuro yacía un tocado flamenco de terciopelo negro con un margen dorado que enmarcaba su rostro y alrededor de su cuello se hallaba un crucifijo de oro. En contraste con ella y dirigiendo una mirada por sobre su hombro a las puertas que se cerraron tras de sí, acercándose a ella, Naruto portaba una cota de malla y armadura negra entrelazada con un jubón que tenía estampado el emblema de los Habsburgo y sobre sus hombros se hallaba una corta capa de piel blanca con un toisón dorado.

—Lo habéis logrado— celebró Hinata con aparente indiferencia y con voz temblorosa.

—Vos me lo habéis concedido, vos y vuestro padre— aceptó Naruto sin presumir ni jactarse por ello.

—Su renuncia más bien— corrigió la reina apartando la mirada y aproximándose a la chimenea.

—Cara le ha salido a Castilla, a decir verdad— consideró el archiduque sin olvidar cuanto había tenido que negociar secretamente con su suegro para hacer que se alejara del poder. —Poco importa ya— era y sería mejor para todos vivir el ahora.

Ahora Juana y él eran los reyes de Castilla, tenían mucho que celebrar y disfrutar, y con el pasar de los meses y una vez se asentaran las cosas harían que sus hijos Fuso, Boruto, Hayami y Hanako viajaran desde Malinas—donde estaban al cuidado de su hermana Ino—y se reunieran con ellos. Regresando a su conversación, Hinata se refría que durante la ceremonia de juramento en que los nobles y grandes de Castilla la habían reconocido como reina propietaria, ella había manifestado su deseo de ser jurada en Toledo como había hecho su madre al momento de ascender al trono en su juventud pero se habían manifestado en su contra al no querer dilatar más el proceso…los rumores de su incapacidad para gobernar eran tales que durante la ceremonia habían citado la ausencia de su padre y la necesidad de que alguien gobernara junto a ella en caso de que no pudiere o no quisiere hacerlo; aunque no sería bien visto que los reinos de las Españas quedaran en manos flamencas, Hinata sabía que en Flandes no sería costumbre que la mujer de un hombre gobernara por lo que para bien o para mal había aceptado que Naruto gobernara con ella. Claro que Naruto la necesitaría, no tenía apoyos en Castilla, no manejaba el idioma, los fueros ni costumbres pese a haber jurado por ello, así participaría ella pero lo haría más como una consorte y no como la reina que era y su madre desearía que fuera.

—Os habéis desembarazado de él, y a mí ya no me necesitáis— mencionó Hinata deteniéndose a evaluar la situación. —¿Qué destino me aguarda?, ¿Me exiliareis como mi padre quería hacer?— nadie la necesitaba, no era una esposa ni una hija.

—Hinata, sois mi esposa, os amo— recordó Naruto acercándose a ella quien no apartó la mirada de las danzantes llamas de la chimenea. —¿Cómo podría no necesitaros?— cuestionó situando sus manos enguantadas sobre los hombros de su esposa quien tembló al instante. —Por favor, confiad en mí, y no dudéis que nunca podría hacer nada para lastimaros— la amaba y eso nunca iba a cambiar.

Cierto es que tenía grandes ambiciones pero en ningún momento Hinata estaba en otro lugar que no fuera a su lado igual que sus hijos, pues Dios los había unido y seria quien los separaría, nadie más ni mucho menos el poder, el trono de Castilla, el trono del Imperio Romano Germánico que le esperaba a él ni ningún otro. Sin embargo, pese a ser un extranjero y no hablar el castellano o español, Naruto estaba empezando a entender que las Cortes eran lo suficientemente fuertes como declarar quien podía y no podía gobernar el Castilla y que necesitaba de Hinata como figura simbólica, además era su esposa y la madre de sus hijos, la amaba y no iba a deshacerse de ella pero sí que necesitaba inhabilitar su poder y si para hacerlo debía aliarse temporalmente con su odioso suegro el rey de Aragón con tal de deshacerse de él, sea, no quería deshacerse realmente de Hinata sino de su suegro pero debía hacerle creer que el camino al poder era excluirla a ella. No sabiendo si creer en las palabras de su esposo a quien tanto amaba, Hinata simplemente dejo que Naruto la abrazara por la espalda y acariciara su vientre por encima del vestido; Hinata no estaba loca y Naruto lo sabía, era emocional, nerviosa y muy reflexiva pero ciertamente—desde cierto punto de vista—le convenía que se creyera que estaba loca y Naruto no hacía nada para desmentir los rumores por lo que debía congratularse por la oportunidad que se le presentaba.

—Descansad estos días, amor mío— aconsejó Naruto acercándose para besar el costado de su sien, —pronto partiremos hacia Segovia— ahora que estaban en Castilla debían hacerse ver por sus súbditos, juntos y unidos como uno solo.

Aunque Hinata escuchó las palabras que salieron de la boca de Naruto, no emitió respuesta alguna ni se movió mientras él la abrazaba al no estar segura de en quien creer o que sentir en ese momento al estar tan vulnerable. Al margen de lo que se tendía creer, estar en el poder no era algo precisamente glorioso pues fuera de tanto portento, riqueza y presunta autoridad, existía una soledad como no había otra y que para su desgracia Hinata ya empezaba a sentir y aún más el palpito de que no podía confiar en quienes la rodeaban ni aun en su propio esposo a quien tanto amaba, sabía que Naruto la amaba también ¿Pero era eso suficiente? Ya estaba al tanto de que, antes de su coronación formal como reyes de Castilla, Naruto se había reunido secretamente con su padre el rey Pein el 26 de Junio en la villa de Benavente para pactar un acuerdo en base al que ambos se opondrían a que ella gobernara por su cuenta y que si no se sometía a lo que ambos—de común acuerdo o por separado—querían según sus intereses, bien podían privarla de la libertad o encerrarla. Todos la creían loca, ignorante, ingenua y fácil de manipular pero lo cierto es que desearía estar loca para que traiciones como esta no le rompieran cada vez más el corazón, y lo peor es que amaba tanto a los dos hombres implicados en ello que no podía hacer nada contra ellos, solo podía cerrar los ojos y esperar lo que pronto vendría…


PD: Saludos mis amores, quiero disculpar por mi prolongada ausencia fue un mal necesario por mis estudios, y espero de todo corazón que puedan entenderlo y sepan perdonarme :3 como siempre agradezco su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "A Través de las Estrellas", luego "Kóraka: El Desafío de Eros", y "Queen: The Show Must Go On", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (22 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (35 años)

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Idate Morino como Diego de Silveira

-Shikamaru Nara como Gabriel de Melo -Neji Hyuga como Luis de Cadaval -Suigetsu Hosuki como Juan Ribeiro

-Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos -Kimimaro Otogakure como Diego da Silva

-Han Iwagakure como Afonso de Alburquerque -Atsui Kumogakure como Francisco de Almeida

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón -Konan Tanaka como Germana de Foix

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (25 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo (26 años)

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (20 años) -Akina Taketori como María de Salinas -Maito Gai como Rodrigo Gonzales de Puebla

-Kiba Inuzuka como Enrique VIII (12 años) -Genma Shiranui como Enrique VII de Inglaterra -Biwako Sarutobi como Margaret Beaufort

-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal -Mikoto Uchiha como Beatriz de Portugal -Baru Uchiha como Luis de Viseu

-Fuso Uzumaki como Leonor de Austria -Boruto Uzumaki como Carlos V -Hayami como Isabel de Austria -Hanako como María de Hungría

Guerra, Apoyo Papal & Consecuencias Post-Parto: aunque me encanto hablar del entonces contexto de guerra entre los portugueses y el sultanato mameluco en África y como señale en el capitulo anterior, nada dice que el rey Manuel I de Portugal haya ido personalmente al frente de Guerra como yo retrate, por lo que fue una licencia creativa que me tomé a falta de mayor información histórica. Tan seria fue esta campaña que la reina María de Aragón escribió al entonces Papa Julio II durante meses para ganar su apoyo lo que finalmente se concreto en 1506 cuando el Papa envió a los ejércitos católicos para apoyar a las fuerzas portuguesas en Marruecos y África, pero también en esa época sucedieron otros acontecimientos como el nombramiento del Primer Virrey de la India, la visita de Juana I de Castilla y su esposo Felipe de Habsburgo a Inglaterra cuando descubrieron la noticia del matrimonio de Fernando de Aragón con Germana de Foix, y en Julio; Juana y Felipe fueron jurados como reyes de Castilla. Otra situación fue la enfermedad de Sakura a quien su cuarto embarazo empezó a pasarle factura, pero no ser la primera ni la ultima vez que roce la muerte como consecuencia de su deber, por lo que les sugiero que se preparen.

¡Estoy de Vuelta!: Queridos amigos y lectores míos, me disculpo encarecidamente por mi ausencia pues no era esa mi intención, pero hasta el lunes de esta semana me hallaba realizando mi practica profesional y era tal mi preocupación por no descuidar ninguno de mis planos actorales que elegí abandonar mi pasión por escribir temporalmente hasta que finalizara con dicha practica profesional. Claro que mis estudios no han terminado, de hecho me encuentro realizando el informe al respecto pero afortunadamente gozó de más tiempo como para volver a escribir, por lo que redacte este capitulo y lo corregí lo más rápidamente que me fue posible por y para ustedes. Naturalmente y como digo siempre, no dejare ninguna historia sin actualizar, de hecho hay varios borradores que inicie durante mi tiempo de inactividad pero también tengo planeadas historias nuevas y que no forman parte del universo de Naruto, pero aun no tengo claro cuando comenzar a publicarlas.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3