Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.
Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Repito, ninguna tiene una unión entre sí.
Dulces sensaciones.
Quinta Historia: Juntos II
Era uno de esos malditos días en los que solo quería desaparecer y hacerme mierda para convertirme en maloliente tierra y no existir más. Ugh, un día asqueroso en donde mi pasado me perseguía y cada vez que cerraba los ojos para intentar dormir las imágenes me acosaban.
Siempre eran las mismas escenas, primero veía a niños pegándome por ser diferente y mi madre llorando al verme llegar todo moreteado, después le seguía una donde huía desesperado de unos monstruos que me querían comer, para ese tiempo ya estaba solo… luego cuando Kikyou me enterraba la flecha y entonces una y otra vez se volvían a repetir.
Abrí los ojos de un sopetón arto del acoso de esas pesadillas, por mera costumbre miré desde mi árbol hacia la ventana de la cabaña esperando encontrarla ahí durmiendo… pero la desilusión me llegó como una patada de monstruo hediondo cuando recordé que Kagome se había marchado a su época por la mañana.
Eso estaba mal… lo único que me levantaba el ánimo y me calmaba era poder ver su rostro, ella siempre dormía con tanta tranquilidad…
Kagome…
La necesitaba para dejar de sentirme de esa forma, tan agobiado y abrumado, mi cuerpo se movió por el bosque con el solo objetivo de llegar al pozo, la verdad no medité ir ahí… no me gustaba pensar… lo consideraba un esfuerzo inútil.
Salté hacia el interior con el corazón agitado, la única que podía darme lo que deseaba para poder sentirme bien conmigo mismo era Kagome. Ella me había mostrado que no era malo que yo fuera Hanyou y que si podía tener amigos. Kagome me había enseñado todo lo que yo era ahora y por eso mismo solo con ella yo podía plantarme con mis miedos y temores así como podía reírme a grandes carcajadas. Si… la tonta Kagome me daba felicidad… ¿Quién iba a pensar que esa idiota niña que siempre andaba sonriendo me iba a atrapar así?
Cuando aparecí por el otro lado del pozo me quedé unos segundos estático sintiéndome de pronto inesperadamente nervioso. Tenía demasiadas sensaciones y emociones guardadas en mi interior que jamás las había dejado escapar pero podía sentir como querían salir de mí. Mis ojos se humedecieron ante mi incredulidad.
-¡No seas tonto InuYasha!-Me reprendí molesto, no necesitaba eso yo no podía hacerlo. No encontraba nada más patético que llorar y por sobre todo solo… sin que nadie te consolara, era por eso que cuando Kagome lloraba yo no sabía qué hacer porque nunca a mí nadie me había abrazo y dicho todo estará bien… jamás.
Me enfrenté a la noche iluminada por esas luces artificiales que habían en el mundo de Kagome, corrí la poca distancia que había de la pagoda a su casa y salté hacia la ventana tan rápido que yo mismo me sorprendí.
Tenía que verla.
Abrí la ventana sin tener que hacer esfuerzo, ella no la había cerrado del todo…
Entré con mucho cuidado de no hacer ruido, cerré suavemente la ventana tras de mí… me acerqué a ella sigilosamente inclinándome a su lado quedando mi rostro cerca del suyo. Quería apreciar cada pequeña facción de ella.
Por primera vez en vez de calmarme al verla me vinieron unas ganas de llorar fuerte a su lado, de gritar y sacar de mí toda la mierda que me estaba pudriendo.
Confundido decidí tomar distancia sentándome a los pies de su cama observando la pared con gran atención, las imágenes de mí perturbada vida llegaron a molestarme con más fuerzas, querían salir de mí y hacerme derrumbar, yo luchaba contra ellas para que desaparecieran de mi mente, estaba totalmente concentrado en eso que no me percaté de que ella se despertó.
-InuYasha-Murmuró en la oscuridad de la habitación con voz adormilada, yo me resistí unos segundos a mirarla, temía que si lo hacía viera todo el vació que tenía, no quería que se preocupara… además sentía que mis mejillas se habían puesto rojas. Kagome me había pillado en su habitación en medio de la noche… ¿Se enojaría por eso? Keh… aun así escuchar su voz me producía mil sensaciones que me hacían cosquillas en el estómago y me ponían con una sonrisa tarada.
Lo mejor que podía hacer era seguir mirando la pared con atención.
-InuYasha… déjame ver tu rostro-Me dijo en tono dulce, pude escuchar que se movía, imaginé que se estaba sentando en la cama eso me hizo tensarme… sus palabras, sus movimientos todo en ella me estaba haciendo perder el control de mi mismo… era como una invitación a abrirme completamente, a dejar salir toda la mierda que me llenaba día tras día sin permitirme tomar un respiro tranquilo de alegría. Tenía que lograr mantener la compostura, debía hacerlo--InuYasha… solo quiero que te desahogues… que dejes salir lo que por tanto tiempo te ha consumido.
Mi mente quedó en blanco, volteé mi rostro hacia Kagome mientras mis ojos se abrían enormemente ante las palabras de ella que salían de sus labios con tanta sinceridad. Pensé que era un buen actor ocultando mis emociones pero recién en ese instante me di cuenta que Kagome siempre se había percatado de todas ellas. Kagome… solo Kagome… la necesidad de querer gritar, explotar, chillar y llorar en mi aumentó peligrosamente.
-Está bien si lloras-Susurró suavemente, con esa oración pude percatarme como mi mascara de apoco dejaba de existir. Las palabras salieron de mis labios sin yo poder llegar a pensarlas si correspondía decirlas.
-¿Está bien… si yo hago eso…?-Le pregunté con las mejillas algo acaloradas y llevando mi vista al suelo para contener las ganas de acortar la distancia y abrazarla. Pude percibir como Kagome se acercaba a mí desplazándose por la cama para sentarse a mi lado. Nuestros hombros se rozaron débilmente. Yo perdía cada vez más la voluntad de retenerme…
-Si…
Eso era lo único que necesitaba escuchar, lo que una parte de mi inconsciente siempre había deseado oír, sin poder evitarlo la abracé fuertemente contra mi cuerpo ubicando mi rostro en el hueco de su hombro y cuello… entonces sin poder evitarlo las lágrimas vinieron a mis ojos dispuestas a salir como siempre habían querido hacerlo y ya no hice el esfuerzo de evitarlo… porque quien me acariciaba tan gentilmente era Kagome.
-Está bien InuYasha… todo estará bien-Me dijo mientras pasaba su mano suavemente por mi cabello y con la otra tocaba mi espalda… jamás había pensando que llegaría el día donde yo sería el que fuera protegido-Nosotros juntos… construiremos un hermoso futuro y bellos recuerdos…-Sus dulces palabras llegaron a mis orejas caninas, me separé unos centímetros de ella mucho más calmado tras haber dejado salir toda la porquería que me había guardado por años, sus ojos me hipnotizaron.
-Juntos…-Repetí.
-Si InuYasha… juntos-Me sonrió amablemente y yo le respondí de la misma forma, al parecer aun quedaban unas lágrimas en mi cara porque ella acercó su dedo y las retiró, guiado por un impulso imposible de manejar giré mi rostro para besar la palma de su mano, al instante sentí mis mejillas ardiendo, pero no me arrepentía de lo que había hecho.
-Juntos-Volví a repetir tomando de su mano esta vez con más seguridad y besándola otra vez.
Fin.
Bien esta era la segunda parte de la historia que había subido pero desde la perspectiva de InuYasha.
: ) Besitos.
