-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Alone" de Alan Walker y Ava Max para Sakura, "My Escape" de Ravenscode para Sasuke, "Only Love Can Hurt Like This" de Paloma Faith para Hinata, "My Love, My Life" de Amanda Seyfried y Meryl Streep para Sarada y Sakura, "Middle Of The Night" de Elley Duhe y "Hold On" de Chord Overstreet para Sasuke y Sakura


Castelo de Sao Jorge/Lisboa, Portugal

Las responsabilidades de la reina Sakura continuaron ininterrumpidamente tras levantarse de la cama, al fin y al cabo una reina hacía de todo y como prueba es que se reunió con dirigentes de las comunidades moras y judías para tratar de mediar y mantener la lealtad de estos a la corona pero sin revocar la sanción de su señor y esposo el rey contra el municipio de Lisboa. Elegante como siempre, la reina portuguesa portaba elegante vestido de seda aguamarina—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—con finos bordados plateados, de escote cuadrado ceñido a su esbelta figura, falda de una sola capa y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca y peinado en una trenza de tipo cintillo que era adornada por un broche en forma de rosa con un diamante en el centro y del que pendía una lagrima de perla a juego con unos pendientes de oro en forma de corazón decorados por lágrimas de perlas, y alrededor de su cuello reposaba un collar de perlas de dos vueltas con dos letras S hechas de oro. Recorriendo los pasillos del Castillo de Sao Jorge y de regreso en la capital, la soberana portuguesa se hallaba en compañía del embajador castellano lord Kakashi Hatake quien había encontrado ocasión para visitar la corte portuguesa ahora que servía a su hermana la reina Hinata quien lo había enviado para verla.

—Me alegra que hayáis podido visitarme, lord Hatake— apreció Sakura pudiendo ser sincera con su viejo amigo.

—Y a mí me alegra que tengáis tiempo para este humilde súbdito— correspondió lord Kakashi honrado con su amabilidad, —sé que grandes son vuestras ocupaciones— ser regente de Portugal no era poca cosa, más con cuatro hijos que cuidar.

—Una que otra, principalmente aquellas que involucran a los habitantes de las indias pues no están exentos de castigos injustos ni crueldad pura de parte de quienes están en cargos de importancia— asintió la Haruno, tantos territorios bajo un estandarte daban muchos quebraderos de cabeza, ya fueran las Indias o el Nuevo Mundo.

—Sonáis igual a vuestra madre, Alteza— reconoció el embajador castellano con admiración. —Dios la tenga en su gloria— agregó esperando que así fuera.

—Amén— suspiró Sakura con idéntico deseo. —Sea, pues solo deseó emular su reinado— aunque dudaba alcanzar tanto renombre como su madre o sus hermanas.

Al momento de despedirse de su fallecida madre hacia tantos años atrás, Sakura había manifestado su deseo de ser tan buena esposa, reina y madre como su progenitora pero en el fondo de su mente parecía tener claro desde ese entonces que la vida no le tenía preparada gloria ni reconocimiento para las próximas generaciones como a su madre, una voz en su interior le decía que tendría un papel duro mas no triunfo pero ello no le importaba, estaba en el mundo para obrar bien sobre sus súbditos y velar por los necesitados, no aspiraba a más. A la diestra de la reina portuguesa, lord Kakashi portaba un elegante jubón azul oscuro de cuello alto y cerrado por cinco botones de oro hasta la altura del vientre y entrelazados con cadenas de oro para aparentar que la tela se cerraba por quince botones, con mangas cortas hasta los codos—mostrando las de una camisa negra debajo y que se ceñían en las muñecas— y largo faldón abierto en A hasta la rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón marrón claro, pantalones negros y botas de cuero. La reina Hinata había manifestado su deseo de establecer comunicación personal con su hermana la reina Sakura, no había tenido en mente a un embajador para tal tarea sino que lord Kakashi se había ofrecido voluntariamente a ser el embajador castellano en Portugal por conocer bien a la reina Sakura así como por su deseo personal de servir lealmente a la hijas de la fallecida reina Seina.

—He sido informada de que mi hermana la reina Hinata finalmente fue jurada heredera— mencionó Sakura para continuar con la conversación.

—Sí, Alteza, la ceremonia tuvo lugar en Valladolid— asintió lord Kakashi, sonriendo ligeramente ante lo bien informada que estaba la reina portuguesa.

—Cuanta nostalgia de aquel clima, el sol, el aire, sus calles— nombró la Haruno con un ligero suspiro al recordar su infancia feliz en Castilla. —Lord Hatake, confió en vos y he de pediros un favor, pero deseo que seáis completamente honesto— solicitó concentrándose en lo verdaderamente importante para ella.

—No podría mentiros, mi señora— aseguró el castellano incapaz de traicionar a la reina portuguesa y antes Infanta de Castilla y Aragón. —Dios sabe que me condenaría— traicionar la memoria de la fallecida reina Seina le era impensable.

—Me alegra contar con vuestra total transparencia— sonrió Sakura ligeramente. —¿Vos habéis visto a mi hermana, la reina?— preguntó conteniendo el aliento.

—Tuve la fortuna de verla y escucharla cuando fue jurada reina propietaria, con su esposo como co-gobernante— contestó el Hatake como prueba.

—Decidme, ¿cuál es su estado?— inquirió la Haruno sorprendiendo al embajador por su pregunta. —No os sorprendáis, no es un secreto que no creo en lo que cuenta la gente— aclaró sonriendo para si en el proceso, —que la llamen Hinata la Loca es por los rumores, no por un hecho— sabía que su hermana no estaba ni nunca estaría loca.

Si una persona se diera el tiempo a escuchar solo los rumores escucharía cualquier locura; se comentaba que su hermana la reina Hinata daba de beber pociones de amor a su esposo Naruto para mantener su interés en ella y alejar a sus amantes, otros comentaban que el archiduque Naruto era un hombre inicuo que maltrataba a su esposa la reina Hinata, que la golpeaba y despreciaba en presencia de testigos pero esto eran solo habladurías, no es como si Sakura pudiera preguntar que ocurría en la alcoba pero contaba con espías en la corte de Castilla, antiguas amigas que ahora servían como doncellas a su hermana la reina Hinata y que le decían que era cierto y que no. Naruto era un hombre ambicioso pero a futuro iba a ser Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, ¿Quién no ambicionaría algo para sí teniendo tan portentoso futuro? Pocos hombres tenían almas tan honestas y transparentes, Sakura hablaba de ello con conocimiento pues en el pasado su amado Sasuke había estado a punto de convertirse en rey consorte de Castilla y Aragón aunque eso había quedado en el pasado junto con su matrimonio con su fallecida hermana Takara. Las personas cambiaban, pero Sakura estaba al tanto—por su correspondencia—de que su hermana Hinata seguía siendo la misma, noble, frágil y afecta de amor como siempre.

—Bueno, no soy médico, Alteza, pero os lo puedo decir— consideró lord Kakashi en voz alta y ante la reina portuguesa detuvo su andar para escuchar con atención. —Vuestra hermana no está loca— declaró feliz de poder decirlo con soltura, —pero los rumores han hecho que quienes la rodean comiencen a pensar en vender sus lealtades al mejor postor— comprar lealtades era pan de cada día en Castilla actualmente.

—Que en este caso son mi cuñado y mi padre, ¿cierto?— más bien afirmó Sakura con voz pétrea. —¿Incluso el Arzobispo Sarutobi?— preguntó y ante lo que el embajador solo pudo encogerse de hombros pues con aquel hombre nunca se sabía. —Os agradezco vuestra visita, pues mucho habremos de discutir— concluyó mucho más clara en ideas gracias a la información que él le había transmitido.

Las cosas eran peores de lo que había previsto, una cosa era cuestionar la lealtad de su cuñado el archiduque Naruto para con el amor de su adorada hermana Hinata quien apenas y estaba acostumbrándose a sus nuevas responsabilidades como reina de Castilla, pero…tener que pensar que de los grandes nobles que en el pasado habían servido a su madre la reina Seina ahora cometieran traición por el oro que se les ofrecía le resultaba repugnante, ¿Dónde quedaba la lealtad y la devoción? Apretando disimuladamente una de sus manos en un puño hasta sentir que se lastimaba la palma de la mano, Sakura se negó a dejar que sus emociones sacaran lo peor de sí misma. Desearía poder hacer algo pero intentar comprar a los nobles que ahora vendían sus lealtades no sería posible ni siquiera con todo el oro del mundo, solo podía apoyar a su hermana dando estabilidad a su reinado como aliada de Castilla y lo haría, Portugal y Castilla eran reinos hermanos y eso seguiría siendo así, la sangre en sus venas y en la de sus hijos Itachi, Sarada, Mikoto y Baru era la garantía, así como las vidas de todos los hijos que tendría con Sasuke. Sonriendo ante la invitación de la reina Sakura, lord Kakashi extendió su brazo a lo que ella se sujetó de este para continuar su recorrido por los pasillos pues aun disponía de tiempo para continuar con su conversación.

Seguía siendo Infanta de Castilla y Aragón, pero también era reina de Portugal.


Acompañada por su leal doncella Temari Sabaku quien era su camarera y mano derecha en cualquier decisión, la reina Sakura saludo con la mirada a los guardias que custodiaban los aposentos de su suegra Mikoto Uchiha y que le abrieron las puertas mientras la reverenciaban permitiéndole ingresar a ambas mujeres; la salud de lady Mikoto era mala, los doctores dudaban que pudiera llegar a Octubre pues su salud se deterioraba día a día por lo que Sakura la visitaba cada día por la mañana y antes de irse a dormir, aunque ahora lo haría por primera vez en casi una semana tras haber estado en cama por consecuencia de su ultimo parto. Saludando con la mirada a las doncellas de la madre del rey, Sakura se dirigió hacia la habitación privada de su suegra y nada más cruzar el umbral de la habitación esbozó una melancólica sonrisa al observar a tan noble y admirable mujer sentada delante de la chimenea cuando debería guardar reposo, vestía un holgado camisón blanco de escote alto y redondo bajo una bata de seda borgoña rojiza con mangas acampanadas y que permanecía abierta, con sus largos rizos azabache azulados peinados para caer sobre sus hombros por una diadema de oro de tipo cintillo decorada por diminutos rubíes y perlas. Estaba enferma pero para Sakura continuaba siendo la mujer más poderosa de Portugal.

—Lady Mikoto— saludó la Haruno con una respetuosa reverencia, —¿Cómo os sentís hoy?— preguntó genuinamente interesada por su salud.

—Podría estar mejor— sosegó Mikoto sonriendo ligeramente e inclinando la cabeza a modo de saludo, indicándole que tomara asiento en el escaño vacío junto a ella.

—Rezó cada día por vos, porque os amo y respeto, señora— aseveró Sakura, acomodándose la falda al sentarse a la diestra de su suegra, —hasta confieso que os envidió, por vuestra belleza e inteligencia— confesó haciendo sonreír a la Uchiha. —Espero ser como vos algún día, por eso siempre intentaba acercarme a vos, y siempre he agradecido el amor con el que me habéis recibido cuando llegue aquí. Me habéis amado como a una hija y a una reina, vuestras hijas han sido hermanas para mí, y nunca podré olvidar eso— atesoraba eso en lo profundo de su corazón.

Aunque había lamentado mucho que su compromiso con Sasuke se hubiera roto cuando ella era solo una preadolescente que poco sabia de la vida, Sakura recordaba la primera vez que había visto a lady Mikoto Uchiha, una mujer elegante y portentosa, digna madre de un rey en su opinión y ello no había cambiado a día de hoy, siempre había tenido a tan noble mujer en la más alta estima, todavía más pues al dejar su patria y asentarse en Portugal como esposa del rey pues ella había sido su mentora y guía, no podría ser considera realmente la reina de Portugal si no fuera por su suegra que durante largas horas de su luna de miel le había inculcado historia, geografía, política, filosofía e idioma—lo que no había podido aprender—, si amaba a Portugal era en gran parte gracias a ella. Mikoto desearía poder decir algo que alcanzara la hermosas palabras de su nuera Sakura pero no sentía que algo pudiera expresar el amor de madre que sentía por ella, porque aunque no fuera su hija había llegado a amarla como si lo fuera, admiraba la forma en que la niña que había visto llegar a Portugal era ahora una mujer de gran belleza, intelecto y fuerza a quien nadie podía oponerse, estaba feliz por la familia que había formado junto a su hijo Sasuke y por el amor que ambos se profesaban, eso le daba calma pues sabía que en el futuro todo estaría bien si ella moría el día de mañana, y era perfectamente posible.

—Deseó de todo corazón que os recuperéis, le ruego a Dios por ello cada día— declaró Sakura, esperando que el altísimo escuchara sus oraciones—. Pero estad tranquila, si sucediera lo peor sabed que Sasuke jamás estará solo— no quería pensar en ello mas era su obligación como reina y esposa del rey, —pues si Dios lo permite, yo siempre estaré a su lado, hasta mi último aliento— vivía por su amor y por Portugal.

—Sé que vuestro amor es fuerte, y confió en vos— asintió Mikoto con un nudo en la garganta a causa de la emoción, —os dejo todo, desde ahora— legó estrechando una de sus manos contra la suya y confiando en que ella sabría actuar apropiadamente.

—No digáis eso, volveréis a la corte— protestó la Haruno negándose a creer que no hubiera solución posible a la situación que enfrentaban, —aún tenéis una larga vida por delante— no era tan joven físicamente pero su espíritu seguía siéndolo.

—Tenéis un gran sentido del humor— difirió la Uchiha con voz ligera al no tener la misma visión de la situación.

—Bueno, es que la muerte hace maravillas en ese aspecto— comentó Sakura burlonamente aludiendo su ultimo parto.

En este momento no era un secreto para nadie salvo sus hijos Itachi, Sarada, Mikoto y Baru—y su amado Sasuke—todos en la corte ya sabían que había estado a punto de morir por causa de su ultimo embarazo y parto, su propio físico le había dicho que aunque el reposo había sido el idóneo su cuerpo estaba exhausto, nada decía que en el próximo parto no corriera idéntica suerte pero Sakura estaba preparada para cualquier riesgo. Cierto es que el trono de Portugal tenía un heredero que era Itachi y un sucesor de repuesto que era Baru, pero Sasuke también había tenido dos hermanos mayores y ambos habían muerto por lo que para evitar cualquier imprevisto Sakura trataría de tener tantos hijos como Dios se lo permitiera, porque necesitaba que el trono de Portugal estuviera a salvo. Riendo ante el tono bromista de su nuera a quien tanto admiraba por su fortaleza de espíritu, Mikoto se llevó una mano al centro del pecho tosiendo fuertemente, algo a lo que ya estaba acostumbrada pero no así Sakura quien hizo una señal con la cabeza a su leal doncella Temari Sabaku quien no tardo en aproximarse con un vaso de agua para la madre del rey. Agradeciendo el gesto con una mirada, Mikoto se llevó el vaso de agua a los labios, sintiéndose mejor apenas esta entró en contacto con su garganta, permitiéndole recuperar el aliento.

—Proteged a mi hijo y decidle, si no estoy viva cuando él llegue, que él es mi mayor alegría— pidió Mikoto sin estar segura de nada con respecto a su salud.

—Se lo diréis vos misma, porque sé que estaréis aquí cuando él regrese— protestó Sakura incapaz de creer que su suegra fuera a derrumbarse tan fácilmente. —Podéis dormir tranquila, lady Mikoto, pues Portugal está en buenas manos— aseguró sin apartar su mirada de la suya como prueba de que decía la verdad.

Agradeciendo las palabras de su nuera y comprendiendo que no podía seguir tentando a la suerte realizando esfuerzos impropios, lady Mikoto apoyó sus manos en el escaño para levantarse y regresar a la cama, pero leyéndole el pensamiento Sakura se levantó primero de su lugar y le tendió la mano para ayudarla a caminar, dirigiéndole una ligera sonrisa; ese simple gesto de ayudarla a caminar hasta la cama y cubrirla con las sabanas y colcha al llegar a esta reconfortaron a Mikoto pues quedó más claro que nunca que Sakura le tenía el afecto de una madre y ella a su vez la amaba como a una hija. Verdaderamente Portugal tenía a un ángel guardián en la figura de su reina. Estaba preparada para asumir la carga de gobernar Portugal sola si—Dios no lo quisiera—su suegra acababa muriendo por causas naturales, ser Regente en tanto ella se hallaba enferma le había permitido comprender eso pero también que no importa que tan malo pudiera parecer el futuro, ella estaría ahí para Sasuke apoyándolo en cada decisión que tomase o para corregirlo si estas eran eradas o necias, por ello es que apreciaba el apoyo de lady Mikoto ya que sin saberlo la había convertido no solo en la reina que Portugal necesitaba sino también en la consejera del rey, en su embajadora y emisaria más confiable, y lo seguiría siendo mientras viviera …


Roma, Vaticano

La Empresa de Portugal había sido venturosa, África y Marruecos eran ahora tierra cristiana y las conversiones a la fe verdadera eran numerosas, el rey Sasuke había deseado regresar cuanto antes a su reino para celebrar la feliz noticia cuando recibió una carta en que el Sumo Pontífice lo convocaba a Roma y en compañía de sus tropas eufóricas de entusiasmo es que se presentó en el Vaticano escoltado por la mano derecha del Papa. El rey portugués vestía una holgada camisa blanca de cuello redondo y mangas ceñidas a las muñecas bajo un ligero jubón verde oliva estampado con el emblema de la familia Uchiha, con mangas acampanadas sobre unas inferiores y ceñidas color ladrillo como el cuello inferior y en V, con largo faldón hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero de igual color que la coraza de metal oscuro que cubría su pecho, con una capa de seda y terciopelo verde oscuro sobre sus hombros, y su rebelde cabello a azabache azulado ligeramente despeinado bajo una boina negra. En la sala del trono Papal y sentado sobre su honorable escaño se hallaba el Papa Bunpuku reunido con los altos cardenales de toda Roma y que observaron al rey luso con tanta admiración como el santo padre quien esbozó una sonrisa ante la visión de tan cristiano monarca y que de inmediato lo reverenció respetuosamente.

—Rey Sasuke, es un honor para mí recibiros— saludó el Papa Bunpuku admirado de su gallardía, valor y humildad como soberano.

—El honor es mío, Santo Padre— correspondió Sasuke curioso sobre el motivo para ser convocado a Roma.

En la carta que había recibido en África se le había convocado porque el Papa deseaba honrarlo, lo que la mano derecha del Pontífice le había confirmado pero no le había dicho de que se trataba, mas Sasuke se sentía humilde al respecto pues no había esperado reconocimiento por su campaña contra los Moros ni mucho menos uno que proviniera del Santo Padre, mas esperaba estar a la altura de la opinión que lo más alto de la jerarquía romana tenía sobre su persona. Aunque y a decir verdad, el Papa Bunpuku no era lo que Sasuke había esperado, grande era su fama personal al ascender al trono de Papal pero el individuo en persona no parecía la gran cosa, alto y regio sobre su trono papal aunque avejentado como señalaba su bigote y barba blanca, con su cabeza cubierta por un pequeño gorro rojo, portando una larga túnica blanca hecha de seda, de cuello alto y cerrado con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y cuya caída le llegaba a los tobillos con una corta capa superior hasta la altura del pecho y que permanecía cerrada. Levantándose de su trono, el Papa Bunpuku avanzó hacia el soberano luso con la frente en alto y una vez se detuvo ante el rey Sasuke realizó la señal de la cruz delante del monarca dándole su bendición en su regreso a su reino y como señal de admiración por sus logros militares.

—Por vuestra valentía y astucia, por vuestra fructífera empresa encomendada a la causa de la fe verdadera— enumeró el Papa Bunpuku con una discreta pero ineludible sonrisa, —yo, el Sumo Pontífice, os hago entrega de la Rosa de Oro con la que, una vez al año, Roma reconoce al mejor de sus servidores— rebeló por fin, habiendo exigido que se mantuviera el secreto de la noticia hasta ese momento.

Sus predecesores en el trono Papal habían premiado a grandes individuos con el mismo galardón, una de ellos había sido la reina Seina La Católica a quien el altísimo tuviera en su gloria, y a Kakuzu Takigakure conocido como El Gran Capitán tras haber auxiliado a Roma en momentos de desesperación, y aunque el Papa Bunpuku desearía honrar más al rey Sasuke por tan inmejorable logro para con la cristiandad, confiaba en que este reconocimiento le daría la fama que el soberano luso merecía en toda Europa. Sorprendido aunque supo disimularlo bajando la mirada, el rey Sasuke sonrió ligeramente mientras el secretario del Sumo Pontífice se aproximaba sosteniendo la llamada Rosa de Oro, una delicada estructura en forma de un rosal con flores, botones y hojas hechos del metal precioso sobre un vaso de plata y un estuche con el escudo papal. Grandes soberanos habían sido galardonados con ella—entre ellos su fallecida suegra—y Sasuke lo sabía…sintió que no merecía semejante reconocimiento pero su deseo era brindar gloria a Portugal y a su amada esposa, y esta era una de las formas, estudiando con atención la Rosa de Oro que sostuvo entre sus manos mientras todos los cardenales presentes aplaudían en concordia con la decisión del Sumo Pontífice y para celebrar tanto el triunfo como el reconocimiento que recibía el rey luso.

—Me honráis profundamente, Santidad— apreció el rey Sasuke faltándole palabras para expresar cuan agradecido se sentía, —y a mi esposa cuyas cartas habréis leído— agregó incapaz de olvidar a su amada Sakura a quien añoraba tanto.

—Pocas mujeres tienen tanto poder de convencimiento, por lo que doblemente honrado debéis de sentiros— reconoció el Papa sonriendo el rememorar las cartas de la reina portuguesa. —Tenéis a vuestro lado a una mujer de vuestra talla— digna hija de la reina Seina La Católica. —Y vuestro merito ha sido mayor, teniendo en cuenta que habéis emprendido esta cruzada no por vuestra gloria ni la de vuestro reino, sino el bien de la cristiandad— expuso queriendo que todos lo escucharan y supieran.

—Y por ello, os he traído obsequios— anunció el Uchiha para sorpresa de todos, —esperando que tengáis presente que Portugal siempre estará al servicio del Vicario de Cristo y de Dios— su fe estaba por encima de cualquier otra cosa.

Cierto era que no había iniciado la campaña por motivaciones personales como muchos creían, e incluso puedo que en años pasados Sakura hubiera pensado igual y no le faltaban razones, sí que inicialmente había sido una empresa personal cuando había sido más joven y soñador, buscando gloria para su reino en auge pero ahora no quería nada de eso y si había acudido a la guerra había sido por y para la gloria de la cristiandad, para que la amenaza del islam no volviera a ensombrecer la península Ibérica, primero sus suegros los Reyes Católicos habían llevado a cabo aquella empresa conquistando Granada y ahora él la solidificaba al hacerse con África y Marruecos, aunque se prometía a respetar a los súbditos Moros que quisieran seguir profesando su fe así como a los judíos que aún quedaban en su reino, incapaz de olvidar la matanza ocurrida en Lisboa y que mucho lo había enfurecido. En ese momento y ante sus palabras, una comitiva ingresó en la estancia para incredulidad y admiración de todos los presentes, exponiendo parte de las riquezas obtenidas de la conquista sobre África y Marruecos, mas aproximándose al Santo Padre el rey Sasuke condicionó que se emplearan solo en velar por los pobres y necesitados, y no enriqueciendo a nadie, lo que Pontífice aceptó inclinando la cabeza ante la sabiduría del monarca.

Ahora podía volver a Portugal más fuerte que nunca.


Lisboa, Portugal/Agosto de 1506

En su regreso a Portugal, el rey Sasuke trato de no hacer casi ninguna parada a menos que fuera estrictamente necesario, anhelando regresar a su reino cuanto antes y que finalmente sucedió a medio día permitiéndole respirar con tranquilidad apenas bajo de su caballo y se dirigió a paso veloz hacia el salón del trono donde sabia lo esperaban. Sasuke vestía un abrigo de terciopelo verde oscuro estampado con el emblema de la familia Uchiha sobre un jubón de seda oliva—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—con cuello alto y en V, mangas abullonadas que se tornaban ceñidas con muñequeras bordas en hilo de plata y largo faldón hasta las rodillas, pantalones verde oscuro y botas de cuero marrón oscuro como el fajín que cerraba su jubón, con su cabello azabache azulado ligeramente despeinado bajo una boina de terciopelo negro. La imagen que encontró al ingresar en el salón del trono le quito el aliento, no reparó en los nobles presente ni en nadie salvo su hermosa Sakura que de inmediato alzó la mirada en su dirección, y por un momento aunque ambos fueran reservados en presencia de testigos Sasuke se aproximó a Sakura envolviendo sus brazos alrededor de ella ambos se fundieron en un beso apasionado y desesperado que les quito el aliento en cosa de segundos aferrándose el uno al otro, rompiendo el beso y pegando sus frentes para recuperar el aliento.

Relajando su agarre alrededor de su esposa, Sasuke examinó con fascinación como cualquier gota de ingenuidad había desaparecido de Sakura convirtiéndola en una mujer en toda regla y que le pareció irresistible de inmediato. Portaba un elegante vestido de seda carmesí—debajo una enagua de cuello alto y cerrado con un recorte por sobre del escote, y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—que se entallaba a su esbelta figura, de mangas acampanadas que se anudaban hasta los codos donde se abrían como lienzos, con el contorno del escote, los lados del corpiño, el dobladillo de las mangas y la falda de color salmón—abierta en A con una falda inferior color dorado—con decenas de pequeños cristales bordados así. Su largo cabello rosado estaba peinado para formar una trenza de tipo cintillo y sobre esta reposaba un broche de oro en forma de rosa del que pendía una lagrima de perla a imagen de los largos pendientes que casi le rozaban los hombros y alrededor de su largo cuello se hallaba una opulenta guirnalda de perlas de dos vueltas de la que pendían dos letras S…la había usado hasta su regreso como había prometido. Tratando de controlar su efusividad, Sakura rompió el abrazó sin dejar de sonreír.

—Saludad a vuestros hijos— murmuró la Haruno con voz dulce y volviendo la mirada hacia sus pequeños.

Recordándose que no había regresado solo por su esposa de quien lamentó separarse, Sasuke volvió la mirada hacia sus cuatro hijos, parpadeando con sorpresa al ver los niños en que estaban convirtiéndose y que bajaron la cabeza para reverenciarlo en perfecto orden; su primogénito Itachi de casi cuatro años portaba una camisa blanca de cuello redondo y mangas ceñidas a las muñecas bajo un jubón marrón claro de cuello alto y cerrado hasta la altura del vientre con mangas ligeramente acampanadas y encima un abrigo marrón oscuro forrado en piel con el emblema de la familia Uchiha estampado en la tela y de cortas mangas hasta los codos, pantalones beige claro y botas de cuero marrón oscuro, con su cabello ébano ligeramente largo enmarcándole el rostro. Pero quien más lo sorprendió fue su pequeña Sarada de casi tres años y que contuvo una radiante sonrisa al verlo, lucia idéntica a su madre portando un vestido de seda beige suave con bordados dorados—debajo una enagua blanca de escote en V y mangas con cortos holanes—, de escote cuadrado con perlas bordadas en el contorno, con mangas dobles, unas inferiores y ceñidas a las muñecas y unas superiores que se abrían como lienzos desde los hombros y falda larga con una pequeña cola tras de sí, con su largo cabello azabache peinado para caer tras su espalda por una diadema de oro de tipo cintillo decorada por perlas y rubíes.

No menos admirable resultó para él su hija Mikoto, verdaderamente adorable de casi dos años y que sonrió tímidamente portando un vestido de seda azul pastel de escote cuadrado—debajo una enagua gris claro de escote cuadrado—con mangas abullonadas desde los hombros a los codos y mangas ceñidas con bordados azules al igual que el corpiño del vestido y falda lisa hasta el suelo, con su largo cabello rosado cayendo sobre sus hombros y peinado por una diadema de tipo rejilla decorada por diminutas perlas a juego con el collar de perlas alrededor de su cuello. Ni menos importante fue para Sasuke la presencia de su hermana Emi quien cargaba en brazos a su hijo menor, el Infante Baru de solo meses de edad pero que se mostraba tan sano y fuerte como su hermano y hermanas mayores; la Uchiha portaba un elegante vestido borgoña—debajo una enagua blanca de escote en V con largos holanes—de escote cuadrado ceñido a su figura con mangas ceñidas a las muñecas y falda de una sola capa con opacos bordados negros que replicaban el emblema de la familia Uchiha y líneas horizontales en la falda, con su largo cabello azabache recogido en una especie de trenza que caía tras su espalda resaltando la guirnalda de pequeños dijes con rubíes en el centro y pequeñas lágrimas de perlas que reposaba alrededor de su cuello a juego con unos largos pendientes.

—Itachi, cuanto habéis crecido…— celebró Sasuke inclinándose a la altura de su hijo a quien revolvió ligeramente el cabello viéndolo sonreír con entusiasmo. —Sarada, Mikoto— ni siquiera tuvo que abrir sus brazos antes de que sus dos hijas lo abrazaran de inmediato, aunque de forma breve permitiéndole erguirse y conocer a su hijo menor. —Baru— susurró sabiendo de su hijo menor solo por cartas hasta ahora.

Acariciando los cortos cabellos azabaches de su hijo menor, Sasuke recordó el nacimiento de Itachi pues había estado aterrado de que algo le hubiera ocurrido a Sakura mas afortunadamente nada había acontecido, también había estado para felicitar y agradecer a su esposa por el nacimiento de Sarada a quien adoraba así como a Mikoto que había llegado para ambos cual presente de año nuevo…pero en el fondo de su corazón sentía algo de culpa por no haber estado junto a su esposa en su último parto y sabía que nunca podría poner remedio a ello; como si le leyera el pensamiento, su hermana Emi que cargaba a su hijo le dirigió una mirada fingidamente severa, ella había estado para suplir su presencia y acompañar a Sakura lo que lo dejó más tranquilo. Aunque sobradamente embelesado por sus hijos que mucho habían crecido durante su ausencia de poco más de un año, nada impidió a Sasuke volver la mirada por sobre su hombro hacia Sakura quien sonreía visiblemente enternecida por el momento que estaba teniendo lugar ante sus ojos. Bajando la mirada con un cándido sonrojo en sus mejillas. Sakura se sintió ligeramente avergonzada de la fuerza de su deseo por su esposo de quien había estado lejos durante todos estos meses, mas sabía que esta noche poco iba a dormir y no estaría sola…


En medio de su feliz regresó a la corte en Lisboa, Sasuke se lamentó por las celebraciones que se le resultaron eternas, comprendía que las festividades eran apropiadas mas tener que permanecer sentado a la mesa del banquete con su esposa sentada a su lado sin poder hacer otra cosa que admirarla y sostener su mano contra la suya le resultaba insuficiente, más cuando largos habían sido los meses deseando ser uno solo con ella. Glorioso le pareció el momento en que las festividades llegaron a su fin y pudo retirarse a la habitación de su esposa, sentados en la parte trasera de la cama con ella a su lado, acariciando su rostro y viéndola cerrar los ojos con deleite bajo su tacto. Sakura vestía un femenino camisón beige claro de escote redondo y cerrado por cuatro pequeño botones volviéndose holgado bajo su busto, con una falda ligeramente transparente y de mangas ceñidas hasta los codos desde donde se tornaban acampanadas hasta cubrirle las manos y encima una bata sin mangas de seda carmesí que permanecía abierta con el dobladillo repletos de bordados dorados que hacían resaltar sus largos rizos rosados que caían sobre sus hombros…era tan hermosa que Sasuke se sintió indigno de ella, acercando su rostro a su cuello para disfrutar de su perfume y sintiendo como Sakura se despojaba de su bata.

—Detesto todo lo que nos separa, hasta la tela que cubre nuestros cuerpos— confesó Sakura con un hilo de voz, suspirando al sentir los labios de su esposo contra su cuello. —¿Cómo pude vivir sin vos?— preguntó mordiéndose el labio inferior cuando su esposo apartó sus rizos de sus hombros. —Decid, ¿Cómo pude soportarlo?— larga había sido la espera por volver a tenerlo a su lado.

—Porque si vos os derrumbáis, yo no podré vivir— susurró Sasuke convencido de que nada era ni seria sin tenerla a ella a su lado.

Todos hablaban de sus triunfos en África y Marruecos contra los Moros pero poco reconocían que nada habría conseguido de no ser por la mediación y persuasión de su esposa Sakura ante el Sumo Pontífice quien había reconocido su actuar…no sería el rey que tanto se reconocía hoy de no ser por ella, no tendría el Imperio que lentamente comenzaba a alzarse en la Península desde que ella estaba a su lado, y esperaba que pronto todos los reyes de Europa pudieran verlo y admirar la joya en que se había ella convertido. Completamente embelesado por su esposa, alzando su rostro hacia el suyo para devorar sus labios, encontrando su lengua con la suya, Sasuke desabrochó rápidamente los botones que cerraban el camisón de su esposa quien se encogió de hombros para dejar que la tela resbalara por sus hombros hasta caer a su regazo. Lamentando tener que romper el beso pero siendo un mal necesario, Sakura haló de la camisa de su esposo hasta despojarlo de esta, ahogando un gemido de placer al sentir su pechos contra el firme torso de Sasuke que envolvió sus brazos alrededor de su cintura; mas ello no le resultaba suficiente a ella y sabía que tampoco a él, dejándose recostar sobre la cama con Sasuke encima suyo y apoyando su peso en sus brazos para no aplastarla, retomando el beso donde lo habían dejado.

—Otro hijo...— murmuró Sakura en medio del beso, muy segura de lo que pedía.

—¿Qué?— Sasuke rompió el beso pegando su frente a la de su esposa, no estando seguro de haber oído bien.

—Quiero otro hijo vuestro en mi vientre— reiteró la Haruno con un halito de desesperación, —quiero recordar este momento para siempre— quería saberse suya en todos los sentidos.

Cualquiera que la escuchara pensaría que estaba loca por desear algo así teniendo en cuenta cuan peligroso había sido su ultimo parto y en palabras de su físico Dan Kato probablemente el siguiente también fuera a ser, mas para Sakura ello era pan de cada día, no había que olvidar que muchas mujeres y reinas de la época morían dando a luz sin importar la edad que tuvieran o si era su primer embarazo, ¿Por qué habría de temer ella si en su familia las mujeres laboraban y criaban a la vez? Estaba lista para lo que fuera que le deparara el destino pues solo Dios sabía que ocurriría. Incapaz de sentir otra cosa que no fuera ardor, pasión y deseo por la mujer que tenía debajo suyo y que la parecía el ser más perfecto de la creación, Sasuke respondió al deseo de su esposa con un nuevo beso, encontrando su lengua con la suya mientras alzaba la falda del camisón de ella con una de sus manos y Sakura abría las piernas para situarlas a cada lado de su cuerpo, deslizando una de sus manos entre ambos para desabrocharle los pantalones haciéndolo sonreír en medio del beso. Desesperados de igual manera por aquella entrega que habían añorado por meses y ayudando a su esposo a bajarse los pantalones lo suficiente, Sakura echó la cabeza hacia atrás con un profundo gemido sintiendo a Sasuke penetrar de golpe en su interior, suspirando de placer al sentirlo gruñir contra su cuello y comenzar a moverse de inmediato.

Pasión, lujuria y deseo eran palabras superfluas para ambos, no se trataba de buscar poseer el cuerpo del otro o dominar sobre su voluntad, eso era para quienes razonaban como seres pueriles pues para ambos estaba claro que se pertenecían en alma, el destino los había llevado a unir sus caminos como uno y convirtiéndose en uno solo en aquella cama y en brazos del otro sentían una plenitud como ninguna otra porque estaban juntos y sin que nadie se atreviera a interrumpirlos, ese era el placer real que sentían y no algo meramente centrado en la carne. Pero eso no quería decir que entregarse el uno al otro no fuera satisfactorio de por sí porque vaya que lo era y mucho. Sasuke quien retuvo las caderas de su esposa entre sus manos para enterrarse profundamente en ella, deleitándose con el sugerente vaivén de las caderas de ella al encontrarse con las suyas o en su melodioso coro de gemidos que le hacían sentir que había muerto e ido al paraíso mismo. Sin sentir una gota de delicadeza sino fuego en su estado puro, Sakura arañó la espalda de su esposo a quien sintió penetrar duramente en su interior, sin emitir queja alguna sino todo lo contrario, rogándole por más mientras disfrutaba de la forma en que su piel se impregnaba de su calor y su olor, deseando experimentar tan añorado clímax hasta que se olvidarla de cualquier cosa sobre la tierra, salvo que era y siempre seria únicamente suya.

El momento era sublimemente perfecto, no podría haber sido mejor…o tal vez sí; valiéndose de su fuerza y de lo inmerso que estaba Sasuke en aquella entrega—no menos que ella cabe mencionar—, Sakura envolvió sus piernas a sus caderas invirtiendo las posiciones con un rápido movimiento quedando ella encima de Sasuke y guiando la intensidad de los movimientos así como su profundidad, entrelazando sus manos con las de su esposo y guiándolas para amar sus pechos, sonriendo al ver la forma en que sus ojos se oscurecían de deseo ante esa sola acción. Si la situación resultaba inmejorable a ojos críticos, Sasuke se sintió como el hombre más afortunado sobre la tierra cuando Sakura se inclinó hacia su rostro apoyando su peso en sus brazos a cada lado de su cabeza, encontrando desesperadamente sus labios y ante lo que él no dudo en corresponder, guiando el vaivén de sus caderas en medio del beso, absolutamente enardecido ante el roce de su torso contra los pechos de su esposa y sin que ninguno de los dejara de moverse contra el otro. Las pieles de ambos estaban perladas de sudor, ruborizadas por el calor que generaba tan apasionado encuentro pero ambos eran ajenos a ello, completamente concentrados en disfrutar de lo cerca que se hallaban el uno del otro y deleitándose ante la sensación del clímax que vislumbraba cada vez más y más cerca.

Insaciable por la hermosa mujer que era su esposa, aun debajo de ella Sasuke aceleró sus embestidas cada vez más erráticas ante la inminente cúspide del placer, sonriendo en medio del beso al sentir a Sakura temblar entre sus brazos, quien rompió el beso y pegó su frente a la suya para gemir descaradamente, golpeando y arañando el cabezal de la cama y la pared tras este, buscando aferrarse a algo que le hiciera sentir que aquello era real. Sabiendo cuan cerca estaba la cúspide del placer de ambos, Sakura retiró casi por completo el miembro de su esposo de su interior antes de dejarse caer de golpe sobre este, escuchando a Sasuke gemir bajo suyo y acercándola hacia si al sujetar sus caderas, alcanzando el clímax y acabando en su interior mientras ella echaba la cabeza hacia atrás con un grito de placer. Con las fuerzas que le quedaban, Sakura rodó para recostarse al lado de Sasuke; uno al lado del otro sobre la cama y jadeando para recuperar el aliento, ambos volvieron la mirada hacia el otro con las primeras sonrisas reales que esbozaban tras tantos meses separados, acercándose para fundirse en un abrazo y porque necesitaban unos minutos de descanso antes de continuar con tan apasionada entrega por lo que restaba de la noche.

Esta era solo la primera de muchas noches juntos, por fin juntos.


Burgos, Castilla/25 de Septiembre de 1506

Era abrumadora la forma en, que tras sentir felicidad por un breve tiempo, una persona era obligada a poner sus pies sobre la tierra y recordarse que no estaba ahí para ser feliz, Hinata tuvo que hacerlo cuando el mes de Septiembre de 1506 llegaba a su fin; Naruto y ella habían sido felices en los últimos meses desde que ella se había convertido en reina de Castilla, viajaban mucho para darse a conocer a sus súbditos y su inicial inquietud se trasformó en aprensiva preocupación que dejo de lado a medida que su vientre de embarazo crecía. Naruto estaba a su lado, pedía su opinión y consejo en todo al no entender mucho de Castilla como extranjero pero sus decisiones no eran malas, Hinata dio su beneplácito para legarle la política, manteniéndose apartada por su embarazo. Aunque flamenco, las decisiones de Naruto no era desatinadas, si, nombraba a su gente en cargos de importancia pero nada tan exagerado y prueba de ello era la presencia del Arzobispo Hiruzen Sarutobi en la corte y respaldándolos…o así fue hasta esa semana de Septiembre en que después de un juego de tenis y hallándose en la ciudad de Burgos su esposo comenzó a sentirse mal y ya a la mañana siguiente ni siquiera pudo levantarse de la cama. Según testigos había bebido destempladamente agua para apaciguar su sed tras el enérgico juego pero Hinata no creía eso.

—Dios me concede todavía un poco de fuerzas para pediros perdón— murmuró Naruto con apenas un hilo de voz.

—Callad, amor mío— silenció Hinata secándole el sudor de la frente y no queriendo que se esforzara.

—Hinata, hace mucho frio...— se quejó el archiduque con la voz quebrada, —voy a pudrirme en una fosa helada— dudaba ir al cielo si moría pues se sabía injusto. —Nunca supe amaros como merecíais— la había amado pero no tanto como ella a él.

—Os engañáis, deliráis— protestó ella acariciando con devoción el rostro de su esposo. —Os amo y vos me amáis a mí, solo eso importa— su amado no podía rendirse, tenían a sus hijos que los necesitaban unidos. —Que no puede el amor— él ya lo había dicho desde que había caído enfermo, prometiéndole que enmendaría sus errores si se recuperaba, que todo estaría bien y serian uno solo.

En las penumbras de la habitación y acompañada por sirvientes más confiables así como por lord Deidara Sunagakure y el condestable Roshi Son Goku, la reina Hinata permanecía arrodillada junto a la cama que hasta hace poco compartía con su esposo y quien estaba mortalmente pálido, jadeante a causa de la fiebre que le perlaba la piel de sudor y lo debilitaba más y más. Los galenos no habían podido descifrar la dolencia que lo aquejaba y sin importar si era contagioso Hinata insistió en cuidar de su esposo personalmente. La reina portaba un elegante vestido carmesí de escote bajo y en V, falda lisa y mangas ceñidas a las muñecas con un margen dorado en el contorno de estas bajo una capa superior color borgoña claro de escote cuadrado con un recorte en V, cerrada hasta la altura del vientre donde la falda se abría en A y de mangas acampanadas que se abrían a la altura de los codos, con su largo cabello azul oscuro recogido tras su nuca por un elegante broche de oro decorado por ónix y un crucifijo de oro se perdía en su escote. Esto no era una enfermedad y Hinata lo sabía, había escuchado a los nobles murmurar que el copero de Naruto también estaba enfermo, aquel que probaba las cosas antes que él y ante ello solo había una conclusión posible; veneno, pero nadie quería afirmarlo verbalmente, ni la misma Hinata.

—Tengo miedo, Hinata...— susurró Naruto sabiendo que su muerte estaba próxima, —dadme vuestro aliento, poned vuestros labios sobre los míos y perdonadme— rogó esperando que sus ruegos permitieran ganar su perdón. Asintiendo ante las palabras de su esposo, Hinata se acercó para besar sus labios amorosamente. —Perdón, Hinata— se disculpó sinceramente y en apenas un suspiro.

—No os valláis, no me dejéis, mi amor— imploró Hinata estrechando sus manos entre las suyas.

Incontables habían sido las veces en que—desde que había caído enfermo hace días—, Naruto le había agradecido por su preocupación y devoción al cuidar de él a lo que Hinata había dicho que ese era su deber como esposa y que lo realizaba con gusto, también le había prometido que todo sería diferente de la mejor de las formas si se recuperaba pues sus hijos emprenderían viaje desde Flandes y estarían juntos siempre...los pensamientos de Hinata fueron interrumpidos por una inhalación entrecortada por parte de Naruto quien ya de por si respiraba laboriosamente, o lo había hecho pues sin perder detalle de su esposo Hinata pronto se dio cuenta de que ya no respiraba, su pecho estaba completamente inmóvil. Las miradas de todos los presentes y que cabeceaban de sueño en la estancia se centraron en la cama donde yacía el archiduque Naruto, el silenció fue tan tensó que podría haberse cortado con una espada pero Hinata decidió no interrumpirlo; según los doctores de la iglesia el alma de una persona tardaba en abandonar el cuerpo que había habitado, por lo que inclinándose hacia su esposo para besar sus labios que comenzaba a enfriarse, Hinata decidió decir y hacer cosas que fueran de su agrado, alzando una de sus manos para cerrar sus ojos y acariciar sus labios. Eterno seria su tormento sin él…


Los preparativos para el funeral de su amado Naruto comenzaron a las pocas horas de que este hubiera fallecido, inicialmente Hinata no quiso separarse de él hasta sentir que cada ínfima partícula de calor abandonaba su ser, abrazándolo y deseando que él supiera lo mucho que lo amaba hasta que Dios mediante pudieran reunirse como uno y sin que nadie los separara. Pero ahora los galenos y físicos se hallaban preparando a su esposo para su largo camino hasta Granada donde habían acordado que serían sepultados si cualquiera de los dos moría, pero debían extirpar su corazón pues había sido deseo de su amado que este reposara en Flandes junto al de su fallecida madre la duquesa Kushina Uzumaki y en lo que Hinata no iba a objetar. Pero su sosiego llegaba hasta ahí pues alejándose de todos y despidiendo a sus doncellas, Hinata recorrió los pasillos del palacio de Burgos como un alma en pena, sus ojos estaban rojos de tanto llorar, sus mejillas sonrosadas por el llanto, los galenos habían mostrado preocupación por su salud pues estaba embarazada de seis meses pero Hinata no se sentía mal fuera del hecho de que su corazón estaba roto, desearía clavarse un puñal en el pecho para acompañar a su amado Naruto hasta la muerte pero no era tan valiente como para cometer algo así, y como católica creía que se condenaría.

—¡Mi esposo ha muerto!, ¡Mi padre quiere encerrarme!— gritó Hinata a todo pulmón y su voz se masificó ante el silencio en los pasillos. —¡Mi esposo ha muerto!, ¡Mi padre quiere encerrarme!— aunque se le quebró la voz por asumir la realidad, necesitaba gritarlo para que todos lo oyeran. —¡Mi esposo ha muerto!, ¡Mi padre quiere encerrarme!, ¡Mi esposo ha muerto!— puede que a ojos de muchos ello no tuviera propósito pero para ella sí que lo tenía.

Era incapaz de explicar lo que sentía, era un dolor tan grande que le nublaba el juicio, tenia deseos de gritar a los cuatro vientos porque no toleraba la idea de que la muerte la hubiera separado de Naruto, ¿Por qué Dios en su misericordia no se la había llevado a ella también? Llevaba un hijo de su amado en su vientre y sabía que debía vivir por él o ella pero, ¿Cómo aferrarse a la vida? Su Naruto había sido su sol, su mayor alegría, el único que la había acompañado en la ventura y la desgracia como citaban sus votos matrimoniales, pero a partir del día de hoy estaría sola. Enajenada, furiosa, desesperada y sufriente, Hinata era un cumulo de mociones que escapaban de su control y pronto la paranoia tomó el control de su mente de solo imaginar lo que vendría, Naruto muchas veces le había dicho lo que ocurriría si su padre el rey Pein Haruno recuperaba el control o hacia algo contra ambos; él estaría muerto y ella seria encerrada…lo primero ya había pasado, el cuerpo de Naruto estaba frio ahora que la vida lo había abandonado y aunque ella estuviera embarazada nada impedía que su padre se atreviera a hacer algo contra ella, ¿No había abandonado a Mirai a su suerte en Inglaterra? Escuchó susurros, los oía en las esquinas de los pasillos y podía ver a los nobles comenzar a comentar sobre ella, si estaba cuerda o enajenada, si estaba enferma o era solo el dolor del duelo lo que hablaba por ella.

—Nada de esto es verdad, son imaginaciones, antojos, antojos de Hinata la Loca— se dijo a sí misma completamente desconectada de la realidad y sumida en su dolor. —Porque estoy loca, ¿no es verdad que estoy loca?— preguntó a quienes murmuraban y la veían con confusión, lastima o incredulidad.

Sabía que era lo que todos estaban pensando, lo había sabido desde que Naruto había caído enfermo pero ahora lo tenía claro; ¿Ha de reinar en Castilla una enferma? No, había que emplear la palabra que todos tanto repetían, loca y más el apodo despectivo hacia su persona, Hinata La Loca. Lo único con lo que Hinata contaba a su favor, por decirlo de algún modo, era que el matrimonio de su padre con Konan Tanaka no había sentado bien en Castilla, se le acusaba de traicionar la memoria de su madre la reina Seina y no sin razón, mas por ahora nada de eso podía sosegar a Hinata, sabía que contaba con elementos que podían protegerla pero en su mente angustiada nada era lo suficientemente importante, no ahora que había perdido a Naruto. La única de los presentes que se atrevió a dar un paso al frente e ignorar las murmuraciones fue lady Yugito Nii, esposa del condestable Roshi Son Goku y que en los meses transcurridos en Castilla se había vuelto cercana a la reina Hinata…su media hermana, pues ella era hija natural del rey Pein Haruno. Yugito Nii veía a su reina luchando con el dolor, no estaba loca como tanto murmuraban sino desesperada por dejar de sufrir, ¿Acaso no actuarían igual todas las mujeres del mundo si experimentaran el mismo amor? Que poco empática era la humanidad al juzgarla tan duramente.

—Señora...— Yugito trató de acercarse y abrazar a su media hermana pero esta se alejó de ella, andando en círculos por los pasillos y sin importarle que dijeran.

—Loca, loca, loca, loca— repitió la reina Hinata pasando su mirada por los presentes que obraban de curiosos a su parecer. —¡Loca!, ¡Estoy loca!, ¡Loca!, ¡Loca!— gritó con la voz quebrada de impotencia y dolor.

Todos lo pensaban, todos lo repetían a sus espaldas fingiendo que ella no escuchaba o no sabía de ello pero sí que lo hacía, ¿Qué diferencia había entre que todos lo dijeran a que ella lo admitiera? Ojala y estuviera loca, así no estaría atada a su dolor, al sufrimiento de haber perdido a sus hermanos Sai y Takara, a su madre la reina Seina y ahora a su amado Naruto. Cayendo de rodillas al suelo, Hinata bajo pesadamente la cabeza entre desconsolados sollozos pero no solo por la muerte de Naruto sino por aquello por venir, no podía confiar en su padre y lo tenía claro, sabía que apenas él pusiera un pie en Castilla e incluso antes haría que quienes le eran leales la alejaran del gobierno—alejarse a sí misma era una cosa, pero ser obligada a ello otra muy distinta—y la recluyeran, si es que él mismo era lo bastante hombre o valiente como para hacerlo personalmente, cosa que dudaba. Yugito corrió a arrodillarse junto a su reina, abrazándola por la espalda y consolándola en su dolor como ninguno de los presentes de corazón frío se atrevía a hacer, y aunque la reina Hinata no dijo nada sí que apreció el gesto de la noble castellana y su media hermana, pues sabía que pronto gestos de esta clase le estarían vedados igual que la compañía, el afecto o la amistad.

Su padre pronto volvería y la encerraría, bien lo sabía.


Lisboa, Portugal/30 de Septiembre de 1506

El día que todos en Portugal habían temido llegó el 30 de Agosto de 1506, la reina Sakura ya había estado silentemente de luto al enterarse de la muerte de su cuñado Naruto para mostrar su lealtad a su hermana Hinata en Castilla…cuando su suegra Mikoto murió esa noche y no pudo estar a su lado, Sasuke lo estuvo y una vez que su progenitora hubo dado su último suspiro se encerró en sus aposentos. Al recibir la noticia, dándole una orden a su institutriz y cuidadora, la princesa Sarada de casi tres años acudió a los aposentos de su padre en camisón, bata y con su largo cabello azabache cayendo sobre sus hombros, queriendo consolarlo en su dolor pero ni siquiera pudo cruzar las puertas que eran custodiadas por los guardias, escuchando como objetos se rompían al interior, lo que no dejo de asustarla pues nunca había escuchado que su padre estuviera tan molesto. En solitario y vistiendo un holgado camisón rosa pálido de escote corazón anudado hasta la altura del vientre, con mangas que se ceñían en las muñecas—encima una bata beige suave con el emblema de la familia Uchiha bordado a lo largo de la tela—y su largo cabello rosado cayendo sobre sus hombros, la reina Sakura se detuvo ante las puertas de los aposentos de su esposo a quien no pretendía molestar mientras lidiaba con el dolor a su manera, pero si necesitaba alejar a su hija de aquel espectáculo impropio de presenciar para una niña.

—Sarada— llamó la reina a su hija que volteó a verla de inmediato. —¿Que hacéis aquí?— regañó acercándose a su hija e inclinándose a su altura. —Vamos, venid conmigo— indicó, despidiendo con la mirada a la institutriz de su hija.

La pequeña princesa quiso protestar pero nunca osaría ir contra la voluntad de su madre, por lo que cabizbaja alzó su mano para que su madre la sostuviera contra la suya y en instantes ambas emprendieron camino por los oscuros pasillos iluminados por las velas en los candeleros o la reina Sakura más bien pues su pequeña hija simplemente se dejó guiar por ella, aun sin entender bien las cosas. Aferrándose a la mano de su madre la reina, la pequeña Sarada la acompañó en su recorrido por los pasillos del Castillo de Sao Jorge sin emitir palabra aunque deseara hacerlo, ¿Por qué su padre estaba tan enojado? Ella había querido consolarlo en su dolor como hacia su madre cuando ella o sus hermanos Itachi, Mikoto y Baru cuando estaban tristes, ¿Por qué él se encerraba en sí mismo? Sosteniendo firmemente la mano de su hija, la reina Sakura dejó libre un suspiro de alivio cuando las puertas de la capilla privada del Castillo estuvieron a su alcance y los guardias las abrieron para permitir que ella y su hija ingresaran, reverenciándolas respetuosamente. El altar de la elegante pero a la vez austera capilla se encontró ante madre e hija que se aproximaron a este soltándose las manos; sin inmutarse por el frio del mármol bajo su cuerpo, la reina Sakura se arrodillo y unió sus manos para comenzar a orar, pero pronto se dio cuenta de que su hija no lo hacía sino que permanecía inmóvil y cabizbaja a su lado.

—Recemos juntas, hija mía— indicó Sakura esperando que su hija se arrodillara y rezara mas no lo hizo. —Sé que la reacción de vuestro padre os ha asustado, pero comprended que él está sufriendo más que vos y yo— debían darle tiempo al rey para que superara su dolor. —Ha perdido a su madre, y es difícil aprender a vivir sin una— era uno de los dolores más grandes de la existencia.

Todos lidiaban con el dolor de la perdida a su propia manera, Sakura lo sabía pues ella había despotricado contra el altísimo, había pensado en maldecir su nombre solo por no entender sus razones para apartar de su lado a sus hermanos Sai, Takara, a su sobrina nacida muerta y a su sobrino Yosuke a quien había amado como si fuera su propio hijo…no podía imaginar el dolor que Sasuke sentía pues su madre lady Mikoto había sido su compañera incondicional desde siempre, no había conocido otra realidad que subsistir teniéndola a ella como hasta hace un par de años la propia Sakura había coexistido con su madre la reina Seina. Aunque la princesa Sarada escuchó las palabras de su madre, no pudo entenderlas del todo, ¿Por qué su padre no podía acudir ante su madre, su esposa, para recibir el consuelo que necesitaba?, ¿Por qué no la abrazaba a ella y a sus hermanos que tan dispuestos estaban a darle amor y recordarle que no estaba solo? Cuando Sarada se sentía triste su madre estaba ahí para abrazarla y mimarla, igual que a Itachi y Mikoto, también a Baru pero él era muy pequeño para entender lo que ocurría. ¿Su padre no pensaba que todos sufrían también? Su madre habitualmente serena tenía una expresión melancólica en el rostro y estaba claro que la muerte de su abuela Mikoto también la afectaba a ella.

—No está enojado con vos, perdonadlo— insistió la Haruno conociendo lo cabezota que podía ser su pequeña, tanto como ella misma. —Ambos os amamos con todo el corazón, Sarada, nunca lo dudéis— recordó en voz baja y con tono cómplice.

Ella solo le estaba dando tiempo a Sasuke pero apenas creyera que era oportuno acercarse trataría de consolarlo como él había hecho con ella cuando había perdido a su madre la reina Seina, porque eran esposa y esposo, debían afrontar los golpes de la vida como uno solo, en especial uno como este pues era el curso natural de la vida que los padres murieran antes que sus hijos y la fallecida lady Mikoto había visto morir a muchos de los vástagos que había engendrado, solo Emi, Miso y Sasuke habían sobrevivido…cuán grande debería haber sido su sufrimiento y más tras perder a su esposo lord Fugaku Uchiha. Conociendo a su hija Sarada que tenía el mismo carácter que ella y que no callaba su disgusto ante lo que no iba de acuerdo con ella, Sakura sostuvo una de sus manos contra la suya observándola intensamente pero su princesa se mantuvo cabizbaja, mas eso no la desalentó. Incapaz de seguir enojada y más ante las dulces palabras de su madre, la princesa Sarada levantó la mirada y esbozó una tímida sonrisa que no tardó en crecer al ver que su madre le sonreía, aun había melancolía en sus ojos pero sonreía para ella y por lo que Sarada se arrodilló a su lado y unió sus manos para orar en reminiscencia de su madre. Observando a su princesa por el rabillo del ojo, Sakura oró porque el alma de su suegra encontrara la paz, porque el luto terminara pronto y porque vinieran tiempos mejores…


Esa noche Sakura no "durmió" sola en sus aposentos sino que lo hizo en compañía de su pequeña hija la princesa Sarada, y decía durmió con unas marcadas comillas pues apenas y había podido cerrar los ojos, sumergida en sus pensamientos y con grandes preocupaciones que quizás nunca tendrían una respuesta concreta como ella deseaba, pero no permitió que su hija viera eso a la mañana siguiente cuando se levantaron y desayunaron juntas. Le sorprendió que Sasuke no hubiera acudido a verla a esa hora, dejándole ver que tendría que acudir a su presencia o él no lo haría por su cuenta ya que por lo visto la situación era más seria de lo que ella había creído el día de ayer. Observándose ante el espejo de cuerpo completo de su habitación privada, la reina Sakura portaba un sencillo vestido negro—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—de escote alto y cuadrado decorado por diminutas perlas en el contorno, mangas holgadas que se ceñían por encima de las muñecas por ceñidas muñequeras de cuero con detalles cobrizos y falda de dos capas, con sus largos rizos rosados recogidos para formar una trenza de tipo cintillo sobre su cabeza y sin joya alguna, ciñéndose al luto de la corte. De pie a su lado se hallaba su hija Sarada como una copia en miniatura de sí misma, y que siempre trataba de emularla.

—Sarada, quiero que nunca olvidéis esto; sois hija de Reyes, nieta de los soberanos de Aragón y Castilla, los Reyes Católicos— declaró Sakura inclinándose a la altura de su hija que la escuchó con suma atención, —nunca habéis sido ni seréis una mujer como las demás, el acero corre por vuestras venas y une vuestros huesos— y no podría mezclarse con nadie que no fuera su igual, un hijo de reyes. —Nacisteis para ser una princesa y no quiero que jamás lo olvidéis, porque debéis ser más fuerte que yo, y quiero que hagáis lo que yo no pude hacer— creía ciegamente en que su hija sería mejor de lo que ella era, la joya de un Imperio como había dicho Sasuke.

Su destino había sido convertirse en la reina de Portugal, su destino la había llevado a extender el poder de Castilla aliándose con Portugal pero a través de sus hijos estaba segura que el destino de su estirpe sería más grandioso que nada con lo que su fallecida madre la reina Seina o su suegra lady Mikoto hubieran podido soñar, en su corazón sentía que un día Portugal, Castilla y Aragón serian un solo reino, y le transmitirá ese sueño a sus hijos, en especial a Sarada que para ser tan pequeña ya daba señales de ser una gran mujer cuando alcanzara la madurez. De pie ante su madre quien siempre le parecía la mujer más hermosa y digna de admiración sobre la tierra, la princesa Sarada portaba un bello vestido negro de escote alto y cuadrado—debajo una enagua de cuello redondo con holanes en las muñecas—decorado en el contorno por diminutos cristales ámbar formando una línea vertical hasta la altura del vientre, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y formaban hombreras abullonadas desde lo hombros hasta casi los codos, falda de una sola capa con zapatos negros debajo y su largo cabello azabache estaba peinado por una diadema de seda negra semejante a un cintillo para que sus rizos cayeran tras su espalda. Todo a lo que Sarada aspiraba era a ser tan grandiosa como su madre, no más.

—Un día, vuestro hermano Itachi será rey de Portugal, y vos y vuestra hermana Mikoto seréis emisarias de este reino— recordó Sakura habiéndoles inculcado ello a sus hijas al mismo tiempo que estas habían aprendido a hablar, —seréis un ejemplo para toda la cristiandad, y los valores morales y la dignidad deben ser lo más importante para vos— una gran reina siempre debía ser un ejemplo para todos. —¿Entendéis?— preguntó pues hablaba con una niña aunque fuera una princesa.

—Sí, madre— asintió Sarada de inmediato, comprendiendo las palabras de su madre. —Solo deseo y espero poder ser tan buena madre y soberana como vos— confesó pudiendo ser completamente honesta con su progenitora.

—Lo seréis, seréis incluso mejor que yo, lo sé— aseguró la Haruno entrelazando sus manos con las de su pequeña hija, —y todos os admiraran y aclamaran, durante siglos— su corazón le decía que su hija tenía reservado un gran futuro.

Asintiendo ante las palabras de su admirable madre, Sarada esbozó una tierna sonrisa que hizo sonreír a su progenitora quien se inclinó para besarla en la frente y envolver amorosamente sus brazos a su alrededor. Sonaba arrogante y ambicioso de su parte pero ahora más que nunca Sakura podía entender como desde su más temprana infancia su madre la reina Seina había encontrado futuros gloriosos para ella y sus hermanas, un claro ejemplo era Mirai que si bien estaba pasando penurias en Inglaterra aun podía convertirse en una reina como ninguna otra, o Hinata que si bien había enviudado seguía siendo la reina de Castilla y su hijo mayor Boruto era el heredero del Sacro Imperio Romano Germánico; Sakura previa un futuro glorioso para su Sarada si se casaba con el pequeño Boruto que también era el heredero de Castilla e incluso Aragón si su padre el rey Pein moría y de ser así su pequeña hija se convertiría en una de las mujeres más poderosas de Europa, y su pequeño Itachi se convertiría en el próximo rey de Portugal. Todo lo que Sakura deseaba era lo mejor para sus hijos, mas si ellos no estaban de acuerdo bien podían optar por la vida religiosa, Dios lo apreciaría muchísimo y ella, pero como había pasado con ella Sakura sabía que el destino de sus hijos estaba más allá de lo que correspondía a sus humildes personas.

Su hija iba a ser una gran reina un día, su corazón se lo decía.


Desde su más temprana infancia, Sasuke había aprendido a sobrellevar todo tipo de tragedias; tres de sus hermanos habían muerto cuando él ni siquiera había nacido, su hermano mayor Rai había muerto cuando él solo había tenido trece años y doce años después su hermano Itachi que había sido asesinado por orden del rey Tajima, luego había muerto Takara quien nunca había llegado a amarlo ni él a ella, ahora lo sabía, y su hijo Yosuke…tantas habían sido las perdidas y sin embargo ninguna le era mayor que la muerte de su madre. A solas en su habitación privada y observando a través de los amplios ventanales, el rey Sasuke portaba un sencillo jubón negro—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas en las muñecas—con mangas dobles; unas cortas hasta los codos y debajo unas mangas ceñidas hasta las muñecas color gris oscuro, de cuello redondo y doble capa ceñido a su cuerpo por un cinturón, largo faldón hasta las rodillas, pantalones negros, botas de cuero con un toisón dorado alrededor de su cuello, y aunque su cabello azabache azulado se mostraba ligeramente despeinado como de costumbre parecía como si hubiera perdido su brillo al igual que sus ojos. Sin importar que se hallase sumergido en sus pensamientos, nada impidió que el Uchiha escuchara que las puertas de su habitación privada se abrían, gruñendo por lo bajo al saberse interrumpido en su duelo.

—Dije que no quiero ver a nadie— habló Sasuke en voz dura y escuchando los pasos de alguien acercarse. —¿Quién osa…?— cuestionó ante tamaña desobediencia.

Si se hubiera tratado de algún noble de alguna forma lo hubiera hecho encarcelar inmediatamente e incluso si se trataba de alguna de sus consejeros, si se tratara de su hermana Emi le hablaría con voz dura y le pediría que lo dejara a solas e incluso si se trataba de Miso quien llevaba tanto tiempo lejos de la corte…pero lo sorprendió en demasía volverse y encontrar a Sakura a cuando mucho tres pasos de distancia de él, hermosa y angelical como siempre pero vestida luto de los pies a la cabeza, con una expresión serena y a la vez melancólica en su rostro y cuyos ojos no se apartaron de él en ningún momento. Por un instante, todo el dolor de Sasuke pareció desvanecerse, no por completo pero si lo suficiente como para preguntarse porque en todas las horas—casi un día—transcurridas de la muerte de su madre no había buscado consuelo y refugio en los brazos de su esposa. Habiendo escuchado las palabras de su señor y esposo el rey, Sakura se sujetó la falda del vestido sumiéndose en una profunda reverencia y abajando la cabeza, ella mucho podía porfiar y tener arrebatos de ira fuera cual fuera el motivo pero siempre seria la súbdita de su rey mas ahora él estaba por encima de ella y no iba a tratar de cambiar dicha jerarquía; había acudido a verle para saber que estaba bien y no se iría a menos que él lo quisiera así.

—Vuestra fiel servidora os pide perdón, pero necesitaba veros— se disculpó Sakura aun cabizbaja y sin atreverse a erguirse sin su permiso.

—Alzaos— consintió Sasuke de inmediato, aproximándose a ella y tendiéndole la mano para ayudarla a erguirse. Sujetándose la falda del vestido para no tropezar al levantarse, Sakura encontró su mirada con la suya en el acto. —No logro entender como vinisteis aquí, sabiendo que no volveríais a ver a vuestra madre— confesó observando a su esposa y tratando de entenderla. —Sé que suena tonto, pero tengo miedo de que sienta frio donde está— no podía ver a su madre ni saber si estaba bien.

No había forma alguna en que pudiera saber dónde estaba su madre, en el cielo como tanto se creía por su fe, o en su féretro hasta que finalizados los días propios de las exequias partiera al Monasterio de Beja que ella había fundado y donde reposaría junto a su padre Fugaku Uchiha; nada más pronunciar estas palabras y soltando la mano de su esposa, Sasuke le dio la espalda volviéndose hacia los ventanales de su habitación y enterrando el rostro entre sus mano. Iba a pecar de hereje pero no tenía idea de que hacer o sentir ahora, se sentía en un limbo, en una cuerda floja que podía cortarse en cualquier momento, en vida de su madre había creído que existía una red que lo protegería pero ahora esa red ya no existía, ¿En que se suponía que creyera? Sakura había librado sus propias tragedias en su vida; su abuela Sumiye de Portugal, sus hermanos Sai y Takara, su sobrina nacida muerta, el pequeño Yosuke, la muerte de su madre, la separación de Hinata y Mirai…y pese a todo nunca se había permitido sucumbir, ni aun cuando su madre había muerto, había respetado el luto como si se encontrase en Castilla pero había permitido que Sasuke se acercara para consolarla, mas ahora él no hacia igual sino que le daba la espalda y se alejaba…Sakura no quería darse por vencida pero si Sasuke no apreciaba su presencia, ella bien se retiraría junto a sus hijos y le daría su espacio, no iba a porfiar en ello.

—Si queréis que me vaya, solo tenéis que decirlo— dio a saber la Haruno cargada de dignidad. —Estoy aquí por vuestro bien y felicidad, si mi amor es tan barato que no tiene propósito aquí, entonces yo tampoco— su silencio no le dio a entender otra cosa. —Alteza— reverenció a su esposo y se volvió para abandonar la habitación.

—Sakura— llamó Sasuke, sintiendo la amenaza del dolor más cerca ante la sola idea de que ella se fuera. —No os vayáis, os lo suplico— rogó incapaz de verla marchar.

Hasta ahora y pese a las horas transcurridas—casi un día entero desde la muerte de su madre—, Sasuke se había empeñado en alejarse de todos sus cercanos porque se sentía endeble y vulnerable emocionalmente, en vida de su madre siempre se había sentido fuerte y capaz tanto como soberano o como individuo pero ahora solo sentía vergüenza de sí mismo, era como si temiera que algo ocurriera en cualquier momento, ¿Dónde estaba el soberano que había conquistado África y Marruecos, que había sido honrado por el Sumo Pontífice y había forjado un Imperio nuevo para la cristiandad? Sentía vergüenza de quedar como alguien débil delante de su esposa. Sorprendida por el tono de voz de Sasuke y que no se asemejaba a ninguno que hubiera expresado en los años que llevaban juntos, Sakura volteó a verlo y esbozando una triste sonrisa se acercó hasta él, teniendo su rostro muy cerca del suyo y sin dudarlo envolvió sus brazos alrededor de su cuello en un mudo abrazo, no importaba si él no le correspondía pues Sakura sabía bien que él la necesitaba, necesitaba de su presencia y de saber que no estaba solo en su posición como rey, nunca lo estaría pues Sakura se prometía estar ahí a cada paso y en cada respiro, sosegándose al sentir que Sasuke apoyaba su rostro contra el costado de su cuello y respondía a su abrazo.

—Llorad amor mío— consintió Sakura dándose cuenta de que él necesitaba vivir el dolor del duelo sin que nadie lo recriminara por ello, —estoy aquí para vos, ya he sentido este dolor y se cuan insoportable es— Dios sabía que el dolor de perder a una madre no se comparaba con nada. —Llorad, estoy aquí— instó acercando sus labios a su cuello y besando su piel amorosamente antes de acrecentar su abrazo.

Aun había ocasiones en que Sakura soñaba con su madre la reina Seina, la sentía guiar sus decisiones, sentía su voz mientras se conducía con la dignidad que se esperaba de alguien de su rango pero ello no quería decir que no la extrañara porque si lo hacía, soñar con ella y sentirla a su lado no reemplazaba sus abrazos ni amorosos consejos pero Sakura día a día trataba de conformarse con ello recordándose que la vida había respetado su curso natural; los padres debían morir antes que sus hijos y de igual modo la Haruno oraba porque un día el altísimo obrara de igual modo y se la llevase primero a ella antes que a Sasuke pues no sabría vivir sin él, y que lo hiciera antes de llevarse a cualquiera de sus hijos pues se le rompería el corazón vivir para presenciar tal fin. Envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de su esposa y apegándola hacia si en tan cálido abrazo, Sasuke enterró su rostro contra el costado de su cuello y sollozó como no se había permitido hacer hasta ahora, sintiendo las manos de Sakura subir para acariciar sus cabellos y murmurándole dulcemente lo mucho que lo amaba y como todo esto pasaría con el tiempo, el dolor seguiría ahí pero se volvería tolerable, y diciéndole que haría gran favor a la memoria de su madre convirtiéndose en el mejor rey que pudiera ser, y ella siempre estaría a hi, a su lado y apoyándolo en todo. Siempre juntos, no existía ni existiría otro camino…


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado:3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros" "El Rey de Konoha", nuevamente "A Travès de Las Estrellas" y "Queen: The Show Must Go On", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (22 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (35 años)

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Miso Uchiha como Leonor de Viseu

-Temari Sabaku como Beatriz de Melo -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)

-Kakashi Hatake como Pedro Ochoa de Isasaga -Bunpuku Sunagakure como Papa Julio II

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo

-Sai Yamanaka como Juan de Aragón -Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón

-Yugito Nii como Juana María de Aragón y Nicolás -Roshi Son Goku como el Condestable de Fernández

-Tajima Uchiha como Juan II de Portugal -Kushina Uzumaki como María de Borgoña

-Hiruzen Sarutobi como el Arzobispo Francisco Jiménez de Cisneros -Kakuzu Takigakure como Gonzalo Fernández de Córdoba

-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal -Mikoto Uchiha como Beatriz de Saboya

-Baru Uchiha como Luis de Portugal -Boruto Uzumaki como Carlos V de España -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz

Reconocimiento, Duelo & Una Futura Emperatriz: Los acontecimientos presentados en el capitulo son completamente reales, por ejemplo; en 1506 el rey Manuel fue galardonado por el Papa Julio II con la Rosa de Oro, un reconocimiento con que Roma premiaba a sus servidores más admirables y cristianos, y fue uno de los pocos soberanos que recibió dos veces este reconocimiento durante su vida. Una de mis escenas favoritas fue la muerte de Naruto y la posterior escena de Hinata, ambas escenas en la película de Vicente Aranda "Juana La Loca" que recomiendo muchísimo y representando acontecimientos reales. Mientras escribía el capitulo y si bien no lo tenia contemplado así, represente como lentamente la pequeña princesa Sarada comienza a inspirarse en la figura de su madre para crecer y definirse como persona, algo real ya que la Emperatriz Isabel de Portugal era la más parecida de la familia a su madre María de Aragón, por ello el vestido rojo que luce Sakura al reencontrarse con Sasuke es el legendario vestido con que Isabel de Portugal fue retratada en vida. El plan de casar a Boruto y Sarada también esta inspirado en la historia real pues en vida la reina María de Aragón se declaro a favor de dicho enlace.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3